Siempre hay un secreto que esconder by Maeko Sendoh

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 Siempre hay un secreto que esconder by Maeko Sendoh
Summary:

Daila es la hija de un gran empresario pero su padre esconde un secreto, y es que es un jefe de la mafia america. Por eso, Daila no confía en nadie, pero habrá una persona que a pesar de ser la hija de un mafioso se enamorará de ella.



Categories: ANIME/MANGA, SLAM DUNK Characters: Ninguno

Generos: Drama, Romance

Advertencias: Lemon

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 11 Completed:Word count: 25154 Read: 2295 Published: 11/11/2011 Updated: 24/06/2013
Summary:

Daila es la hija de un gran empresario pero su padre esconde un secreto, y es que es un jefe de la mafia america. Por eso, Daila no confía en nadie, pero habrá una persona que a pesar de ser la hija de un mafioso se enamorará de ella.



Categories: ANIME/MANGA, SLAM DUNK Characters: Ninguno

Generos: Drama, Romance

Advertencias: Lemon

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 11 Completed:Word count: 25154 Read: 2295 Published: 11/11/2011 Updated: 24/06/2013 Capítulo 1 La llegada de la chica americana by Maeko Sendoh

Daila Brown era una chica de quince años que desde los cinco años, vivía en E.E.U.U.. Pero por trabajo de su padre, se maduraron a Japón nuevamente. La madre de ella era japonesa y Daila tenía rasgos japoneses y su habla nipona no era bastante mala.

Daila llegó a Kanagawa donde estaba su tía viviendo y donde ella viviría una vez que sus padres regresaran a Japón. Iba con dos amigas de Los Ángeles. En vez de ir directa a casa de sus tíos, fue al pabellón municipal a ver a su primo jugar. Pero al acordarse de que tenía las maletas, decidió dejarlas en casa de sus tíos. Al llegar, entraron pero el partido ya había empezado, de hecho, estaba acabando. Se acercaron a la barandilla.

-¿Quién es tu primo? - Preguntó una de las amigas de Daila en un perfecto inglés.

-El numero cuatro del Kainan - contestó ella en un inglés nativo.

-¡Es muy guapo! - Dijo la otra amiga también en inglés.

Ella miró a su primo. Luego empezó a buscar un asiento libre en las gradas para poder sentarse. Estaba demasiado cansada para estar de pie. Vio el asiento libre al lado de un hombre de unos cuarenta y pocos años. Se acercó y le dijo:

-Excuse me, are you free the seat?

El hombre la miró. No había comprendido bien lo que había dicho. Entonces ella dijo dejándose notar el acento inglés:

-¿El asiento está libre?

-¿Hablas japonés? - Preguntó uno de los chicos que había con aquel hombre.

-Sí, un poco - dijo con una sonrisa.

-Claro que está libre, puedes sentarse - dijo el hombre.

-Gracias – dijeron las tres amercianas.

Terminó el partido con la victoria del Kainan. Las tres chicas se levantaron y se fueron. En la puerta del pabellón, Daila se estaba despidiendo de sus amigas cuando el Kainan salía. Un miembro al verla, se acercó sorprendido.

-¿Qué haces aquí? - Preguntó aquel chico sin salir de su asombro.

-Vamos a volver a vivir aquí - dijo ella. - But my parents no ha venido aún.

-¿En serio? - La chica asintió.

-Me voy a quedar con vosotros hasta que mis padres lleguen – le respondió en inglés.

Los chicos del Kainan les miraban sorprendidos. La chica era alta, delgada, ojos claros y el pelo rubio, largo y liso. Nobunaga dijo:

-Capitán, ¿quién es esa chica?

-Es mi prima Daila - contestó.

-Encantada - dijo ella inclinándose.

No se lo creían. “¿Cómo qué son primos? No se parecen en nada” pensaban el equipo del Kainan. Antes de que los demás equipos llegaran a la puerta, ellos se fueron.

Al día siguiente Daila visitó el instituto al cual asistiría después del campeonato regional de baloncesto. Todos los alumnos al verla, se quedaron mirándola preguntándose quién podía ser aquella chica. Luego uno de los profesores del centro, le enseñó las instalaciones deportivas y donde quedaban todos los clubs, por si se cantaba por uno. Pero ella no asistiría a ninguno. Llegaron al gimnasio donde ella se quedó impresionada al ver la dureza con la que esos chicos estaban entrenando. Se quedó un rato mirándolos pensando “cómo me gustaría jugar”. El profesor le dijo:

-¿Quieres entrar en el equipo de basketball?

-Eh? No, gracias - contestó saliendo de su mundo.

-Creía que sí. ¿Te gusta el basketball verdad? - preguntó el profesor.

-Sí, pero le prometí a my father wouldn’t play - dijo mezclando el inglés con el japonés. Tardaría un tiempo en hablar correctamente el idioma.

-Ya veo. Entonces, ¿nos vamos? – Le dijo el profesor después de escuchar la respuesta de la chica.

Antes de irse, volvió a mirar a los chicos y se quedó mirando a uno en especial pero apartó rápidamente la vista. Los chicos la miraron justo antes de que ella se diera la vuelta y se fuera.

-Oye ¿sabéis quién es esa chica? - Preguntó uno de ellos.

-¿Esa no es la chica de ayer? - Preguntó otro.

-Sí. ¿Qué hará aquí? – Comentó Ueda.

-Al parecer va a venir a nuestro instituto - dijo Koshino.

-¡QUERÉIS ENTRENAR EN LUGAR DE HABLAR! - Gritó el entrenador Taoka.

Todos se pusieron a entrenar ya que cuando el entrenador Taoka se enfadaba, daba miedo.

A la semana de haber aparecido la chica, el Ryonan jugó el partido contra el Kainan. Entre ellos había una chica que nada más verla, la reconocieron. Ella estaba hablando con Maki, el capitán del Kainan. Los del Kainan aún no se creían que ella fuera la prima de Maki. Ella al ver llegar a Sakuragi, le preguntó a su primo:

-Who is he?

-Él es Sakuragi pero te aconsejo que no te juntes con él - dijo Maki.

-Why? - Preguntó sorprendida.

-Porque si no se te puede pegar su idiotez - dijo Nobunaga.

Ella lo volvió a mirar. Nunca había visto un chico tan pelirrojo como él. El partido del Shohoku finalizó y los otros dos equipos que iban a jugar eran el Kainan y Ryonan. Daila se iba a ir a las gradas cuando le dijeron:

-Daila si quieres puedes quedarte.

-Eh? No quiero molestar - dijo.

-No molestas. Además si te pasase algo, mi madre me mataría - dijo Maki.

-Así podrás ver mejor como el Kainan gana gracias a mí - dijo Nobunaga.

-Ok, I'll stay - dijo ella.

Se sentó y contempló el partido. Su mirada se dirigía en cierto chico de pelos de punta. Le fascinaba ver como su primo Maki y ese chico, luchaban para que su equipo ganase. Pero la suerte no le tocó al Ryonan sino al Kainan.

-Congratulations! - Exclamó Daila feliz.

-¿Puedes dejar de hablar en inglés? - Dijo Nobunaga.

-I’m sorry.

Los del Kainan se empezaron a reír. Por el pasillo se encontraron con el Ryonan y el Shohoku. Éstos no habían visto a la chica que acompañaba al Kainan (o al menos de cerca), pudieron percatar que ella no era japonesa cien por cien. Maki le dijo algo a ella que empezó a andar hacia la puerta pero si antes, mirar al Ryonan. Se quedó mirando a Uozumi.

-Shinichi, Who is he? He is very tall - Le preguntó ella.

-Es Uozumi, el capitán del Ryonan - contestó Jin.

En ese instante, ella recibió una llamada. Salió del pabellón y empezó a hablar. Era la madre de Maki que le estaba avisando de que ellos iban a salir.

-Vámonos Daila. Tienes que tener hambre – le dijo Maki cuando ella se acercó de nuevo a ellos.

-La verdad es que no tengo hambre. Lo que me gustaria es tomar una taza de Té – respondió ella sin quitar la mirada de Sendoh.

Solo quedaba un día para que el campeonato regional acabase cuando una chica llegó como nueva alumna a una clase de 1º grado. Ahí conoció a Hikkohichi Aida. Al principio pensó que era un poco pesado pero como iba avanzando el día, le fue cayendo mejor. Él estuvo explicando sobre las cualidades de los jugadores. Ella no podía quitarse la mirada azulona de ese chico que le había llamado la atención desde el primer día que lo había visto.

-Aida, buena suerte en el partido de mañana - le dijo un compañero de clase.

-Gracias, Hayashi. Creo que la necesitaremos. El Shohoku se ha vuelto muy fuerte – dijo el chico que todo lo apuntaba.

-No hay de qué preocuparse, con Sendoh en el equipo, la victoria está asegurada - dijo el chico.

-Eso es cierto jajajaja. Sendoh es nuestra estrella – comentó Hikkohichi.

-¿Quién es Sendoh? – Preguntó Daila desde su sitio.

-Es la estrella de nuestro equipo y uno de los mejores jugadores de la región. En el equipo lo respetan mucho – le contestó Hayashi.

Daila estaba escuchando mientras recogía sus cosas. Aún no comprendía el motivo de su vuelta a Japón después de diez años de ausencia pero le daba igual. Estaba feliz y eso no lo iba a cambiar por nada. Siempre le había dicho a su padre que por qué se habían ido pero ahora que habían vuelto, no se lo preguntaría. No quería saber el motivo de su regreso.

-¿Vas a ir mañana a vernos? - Le preguntó Hikkohichi haciendo que saliera de su mundo.

-No puedo. Mañana tengo que ir a mi casa para decirle a los pintores como deben pintar mi cuarto - le contestó con una sonrisa.

-¿A tu casa? - Ella asintió. - Entonces ¿dónde estás ahora?

-En casa de mis tíos, en Kainan –respondió mientras ambos caminaban hacia la salida del insituto.

-¿En Kainan? ¿Es que tu casa está por esa zona? - Preguntó asombrado.

-No. Mi casa está en esta zona pero hasta que mis padres no vengan de América, debo quedarme en Kainan.

-Pues vaya. Yo quería que vieras a nuestra estrella jugar - dijo decepcionado.

-Ya tendré tiempo de verle. ¿No? Intentare no tardar mucho – le prometió. Hikkohichi le sonrió.

Él la acompañó hasta la entrada del instituto. Dos chicos de segundo grado vieron a Hikkohichi despedirse de ella, y le dijeron:

-Vaya Hikkohichi. No pensaba que tuvieras novia - dijo Koshino. -  Además es muy guapa -  dijo mientras le daba con el codo.

-No es mi novia. Acaba de llegar a mi clase y se llama Daila – le dijo a ellos intentando que no se viera que le gustaba esa chica.

-¿Daila? - Dijeron los dos chicos al unísono y asombrados.

-¿Ella es extranjera cierto? Lo digo porque no tienes muchos rasgos japoneses y el nombre es extraño – le dijo Sendoh mirando a la chica que se estaba montando en un coche negro.

-Sí. Por lo que me ha dicho, su padre es americano y su madre japonesa. Hasta ahora, vivía en Los Ángeles pero se han venido a vivir de nuevo – le contestó el asistente.

-Ya seguro. Lo que quieres es no decirnos la verdad, pero ella es tu novia - bromeó Koshino.

Koshino estuvo durante todo el entrenamiento molestando al pobre de Hikkohichi. A la mañana siguiente Daila fue su antigua casa, o más bien dicho, mansión para decirles a los pintores cómo debían pintar su cuarto y los colores que debían de ser.

-No se preocupe, nosotros se la pintamos como usted quiere.

-Está bien-dijo ella.

Miró el reloj y pensó que si deba prisa llegaría para a ver a su primo jugar. Pero llegó cuando solo quedaba un minuto para que el partido que jugaba el Kainan acabase. Espero a que terminase para sentarse. Terminó el partido y se sentó con ellos en las gradas para ver que equipo iba en segundo lugar.

Jin que estaba sentado al lado de ella, se estaba poniendo un poco nervioso y tenso. Nunca pensó en tenerla tan cerca. Le gustaba pero nunca tenía el momento para estar con ella a solas y confesárselo. Aunque la conocía de poco tiempo, se había quedado hechizado ante ella. Maki miró a su prima que estaba muy pendiente del partido o más bien, de cierto chico que en su camiseta tenía el número 7 y era del Ryonan.

-¿A qué has ido a tu casa? – le preguntó su primo Shinichi.

-A decirles a los pintores como deben pintar mi cuarto y los demás cuartos – le contestó con una sonrisa.

-Ya no hablas mezclando el japonés con el inglés, ¿ya te has acostumbrado al país? - Le preguntó Jin.

-¡Sí! - dijo sonriente haciendo que él se sonrojara.

Nobunaga se dio cuenta de que Jin se había sonrojado pero no dijo nada. “ A Jin le gusta la prima de Maki. La verdad, es que muy guapa” pensó Nobunaga. Al final del partido, dijeron el cinco ideal. Daila se acercó a su primo y a Jin. Les dijo contenta:

-¡Felicidades!

-Gracias Daila - dijo Jin un poco sonrojado. - Por cierto, vamos a ir a celebrar que el campeonato ha acabado, ¿te gustaría venir?

Maki lo miró sorprendido, luego sonrió. “Los dejaré solos para que hablen” pensó. Recordó lo que días atrás le había preguntado Jin. Se rió.

-----FLASH BACK-----

-Maki ¿puedo preguntarte una cosa? – Dijo acercándose a su capitán.

-Claro. ¿Qué pasa? - Dijo sorprendido.

-Es que…me gustaría saber si te parece bien, que le pida salir a Daila – dijo un avergonzado.

Maki lo miró sorprendido. Luego comprendió muchas cosas: por ejemplo, cuando ella iba a verle, Jin se ponía muy nervioso y no había manera de que se concentrara.

-No me importa. Además, creo que tú y ella hacéis buena pareja - dijo sin darle importancia al asunto.

-Gracias, Maki - dijo feliz Jin.

-----FIN DEL FLASH BACK-----

-Shinichi ¿a dónde vas? - Le preguntó Daila.

-Quédate un momento con Jin. Ahora nos vemos - dijo.

-De acuerdo - dijo un poco extrañada.

Al irse, Jin se puso aún más nervioso. La miró. “Sé que apenas la conozco pero, si no se lo digo ahora, no tendré otro momento” pensó mientras que caminaban hacia la puerta del pabellón.

-Daila ¿podemos hablar? - Dijo una vez fuera.

-¿De qué? – Dijo mirándolo e intrigada.

-Es que yo…yo te… - comenzó a decir Jin.

-¡Al final has venido! - Dijo una voz desde la puerta.

Los dos miraron hacia la puerta. Era el equipo del Ryonan pero quien había dicho eso, fue Hikkohichi.

-Sí. Me ha dado tiempo a decirles a los pintores cuales son los colores - dijo sonriente.

-Habéis jugado muy bien, una lástima que hayáis perdido - dijo Jin molesto.

-Gracias Jin y enhorabuena por ser del cinco ideal - dijo Uozumi.

No le contestó. Estaba molesto por haberle interrumpido. Daila se quedó callada mientras que los chicos hablaban entre ellos sobre el partido y sobre los cinco jugadores que habían sido elegidos para el cinco ideal. “¿Cuándo voy a tener otra oportunidad para declararme a Daila?” Pensó Jin mirándola de reojo.

-¿Habéis visto a Shinichi? - Les preguntó ella.

-¿Te refieres a Maki? Sí estaba hablando con el Shohoku en la puerta de los vestuarios  - le contestó Uekusa.

Ella miró a cierto chico que tenía una sonrisa preciosa y unos ojos azules. Estuvieron mirándose por unos segundos. Los corazones de ambos empezaron a latir agitadamente. Ella apartó la vista ruborizada. Entonces dijo:

-Jin ¿nos vamos?

-Pero tu primo te ha dicho que le esperes  - dijo amablemente.

-¿El Kainan también va a ir a la celebración? - Preguntó Ikegami.

-Sí, también va – le dijo Jin mostrando una sonrisa.

En ese momento, los equipos del Kainan y Shohoku salieron. Se juntaron con ellos y se fueron de celebración. Daila regresó a casa de sus tíos a hacer su tarea.

Por el camino no se podía quitar de la cabeza la sonrisa y los ojos de aquel chico. La había cautivado esa sonrisa y esa forma en la que la miraba. “¿Quién será ese chico? Tal vez Shinichi lo sepa” pensó mientras entraba en la casa.

Regresar al índiceCapítulo 2 Conociendo al chico de los ojos azules by Maeko Sendoh

A la mañana siguiente, Daila no fue a clase. Sus padres llegaban ese día a Japón y debía ir a recibirlos con sus tíos. La chica de ojos claros todavía no se había acostumbrado al cambio de hora y en coche iba durmiendose. Si no fuera por su tía ya se hubiera dormido en el coche.

-¿Por qué no te has quedado en casa durmiendo? – Le preguntó amablemente su tía.

-Porque debo estar en el aeropuerto cuando mis padres y mis dos hermanos llegen – bostezó. – Creo que me costará mucho acostumbrarme al cambio de hora.

-Ya lo puedo ver jajaja. Eres como tu madre Daila. A tu madre le pasaba lo mismo cuando viajaba a lo EE.UU o cuando venía a Japón – dijo riendo su tío Maki.

Daila no contestó. Miró por la ventanilla cerrada al paisajes que habían por donde estaban pasando. "Es todo tan diferente a Los Ángeles..." pensó la chica de bonita mirada. Llegaron al aeropuerto y tuvieron que esperar unos 20 minutos hasta que aterrizó el avión procedente de los Estados Unidos. Daila, al igual que su tía, estaba sentada en los asientos esperando a sus padres mientras que su tío esperaba de pie, andando de un lado para el otro.

-¡Aya! - Exclamó el señor Maki cuando vio a su hermana pequeña.

-¡Hachiro, hermano! - Contestó la mujer. - ¿Qué tal habéis estado?

-Nosotros muy bien. ¡Cómo te cuidas hermanita y tú también, cuñadito! - Le alajó Hachiro Maki.

De camino hacia el intituto, Daila estuvo algo pensantiva. Todavía no sabía quién era aquel chico de ojos azules y el cual,  le gustaría conocer. "Parece amigable y buena persona" pensó Daila saliendo del coche. Como cada día, era el centro de las miradas cuando se bajaba de ese coche negro. "¿Nunca han visto a una hija de un gefe de la mafia americana o qué?" Pensó molesta entrando al edificio. "Quizás estén buscando a mi padre y por eso nos hemos venido a Japón... No puedes ser" pensó Daila sin darse cuenta por donde iba chocándose con...

-Lo siento mucho, no iba pendiente - dijo ella antes de ver con quien se habia chocado.

-No te preocupes, por las mañanas nadie se da cuenta por donde se anda - le dijo la voz de un chico. Daila le miró y se quedó mirando los ojos de ese chico.

-¿Tú eres ese chico... que juega en el equipo de basketball? ¿El pelo pincho? - Le preguntó Daila.

-¿El pelo pincho? - Le miró algo confuso. - ¿De que instituto? Hay muchos chicos que están en otros institutos también tienen el pelo como yo.

-No, me refiero a este instituto. Es que todavía no me sé los nombres de los miembros del equipo de basketball - rio un poco nerviosa.

-Jajaja. Me llamo Akira Sendoh. Tú debes ser la amiga de Hikkohichi... ¿Daila, cierto? - Preguntó inseguro.

-Sí, soy Daila Brown - sonrió la chica.

Ambos caminaron juntos hasta las aulas de primer grado. Allí se despidieron sonriendo. "Así que se llama Sendoh... es muy mono" pensó antes de diriguirse a su aula. Se sentó en su sitio y miró por la ventana y en la puerta, vio a John, su guardaespaldas personal. No comprendía que era lo que hacía él ahí.

-----FLASH BACK-----

-A partir de mañana John te acompañará a donde vayas. En este país la mafía no está bien vista - le dijo su padre mientras cenaban en familia.

-Pero si John me acompaña al insituto pensarán que pertenezco a los Yakuzas - replicó Daila. Ella no le gustaba llevar alguien siguiéndola.

-Cariño, tu padre te lo dice por si te pasa algo. Si vas con John te podrá proteger de algún ataque - intervino la señora Brown.

-Ya sabes como es esto, si tu familia pertenece a la mafia, tu vida puede correr peligro - le dijo su hermano mayor Eric.

-Aunque digas que no quieres, papá te pondrá guardaespaldas - le dijo su segundo hermano David.

-----FIN DEL FLASH BACK-----

Suspiró. Estaba cansada de ser hija de un jefe de la mafia. Por culpa de eso, cuando era pequeña ningún niño se quería acercar a ella o simplemente huían cuando se enteraba que su padre era un mafioso muy famoso en EE.UU. aunque no lo aparentaba ya que se escondía bajo la fachada de ser un empresario multimillonario. Se quedó mirando a John hasta que emepezó la clase. "Espero que no sepan lo mi familia" pensó mientras suspiraba.

Después de clase, Daila se acercó al pabellón para ver al equipo entrenar pero se escondió para que no la vieran. Su vista se quedó mirando el entrenamiento con algo de nostalgia. Pero le promitió a su padre que dejaría de jugar al basketabll. Se fue de allí antes de que John la empezara a buscar. "Odio ser la hija de un mafioso" penaba Daila llegando al coche donde ya la estaba esperando.

Un día al llegar a su casa su padre estaba hablando con un hombre. Ese hombre era un viejo amigo. El señor que estaba hablando con su padre era era alto, moreno y ojos azules. El señor Brown y él se habían conocido cuando tenían diez años y desde ese entonces, eran amigos. Pero al poco tiempo, Hayden Brown regresó a los EE.UU. pero no perdieron el contacto.  El señor Brown al verla llegar le dijo:

-Daila, ven.

-¿Qué es padre? - Preguntó mientras se acercaba a ellos.

-Él es mi amigo Daisuke Rukawa - le presentó el señor Brown.

-Encantada. Me llamo Daila - se presentó ella.

-No, Daila. Es placer es mío - dijo el hombre amablemente.

-¿Se va a quedar a cenar, señor Rukawa? - Dijo Bendek, el mayordomo.

-No. Mi esposa estará pensando donde me metido - contestó el señor Rukawa.

-¿Por qué no llamas a tu esposa y a tu hijo y os quedáis a cenar? - Le propuso Hayden.

-Es una buena idea pero me parece que mi hijo tiene clase mañana - dijo Daisuke Rukawa.

-Si os quedáis a cenar, podemos seguir hablando sobre ese tema - le miró seriamente. 

-Está bien. Me harías un gran favor si me prestas tu ayuda - aceptó. - Debemos actuar pronto...

Daila había sido educada en un colegio muy prestigioso de todo EE.UU y tenía una educación que mucha gente le gustaría tener pero solo podían entrar aquellos que eran hijos de empresarios. Le enseñaban a comportarse, como sentarse en las sillas y todo lo que tenía que ver con los modales. También le enseñaban a formalizarse con las empresas para así, en un futuro, poder ser ellos los jefes de las empresas que ahora le pertenecían a sus padres.

Ambos hombres se rieron. Daila regresaba vestida con unos pantalones cortos grises y una camiseta de tirantas gruesas grises. Su padre al verla así, le dijo:

-Daila cámbiate. Hoy tenemos invitados.

-Está bien padre - y volvió a su cuarto.

Daila había sido educada en un colegio muy prestigioso de todo EE.UU y tenía una educación que mucha gente le gustaría tener pero solo podían entrar aquellos que eran hijos de empresarios. Le enseñaban a comportarse, como sentarse en las sillas y todo lo que tenía que ver con los modales. También le enseñaban a formalizarse con las empresas para así, en un futuro, poder ser ellos los jefes de las empresas que ahora le pertenecían a sus padres. Pero ella sería la próxima jefa de la mafia cuando su padre se retirase o cuando ella se casese con un hijo de otro mafioso.

Al bajar nuevamente, se encontró con un chico que al verlo, se le hizo familiar. No recordaba donde lo había visto pero sabía que lo había visto. Los dos chicos se quedaron mirándose varios minutos sin pronunciar palabra alguna. Los padres de ambos llegaron charlando animadamente hasta que vieron a sus hijos mirándose y sin decirse nada.

-¿Qué hacéis hay parados? - Preguntó el señor Rukawa.

-Nada. Papá ¿quién es ella? - Preguntó el chico.

-Me llamo Daila Brown - le sonrió. El chico se quedó embobado y se ruborizó.

-Y-yo me llamo Kaede Rukawa, encantado - se presentó el chico algo tímido.

-¿Vamos con nuestros padres? - Le preguntó ella tras un silencio.

-S-sí – tartamudeó.

Se rió. Le hacía gracia aquel chico. En el salón, estaban los padres de ambos chicos sentados y charlando muy animados, sobretodo, los dos hombres. Las dos mujeres estaban hablando de cosas de mujeres y de cuando eran pequeñas. Entonces Rukawa le preguntó a su padre:

-¿De qué os conocéis papá?

-Ambos pertenecemos a la mafia. Nos conocemos gracias a nuestros padres - le contestó como si nada.

Daila miró a otro lado. "Yakuzas" pensó la joven de ojos claros cerrando los ojos. Al abrirlos, se encontró con la mirada de Rukawa. Apartó la mirada molesta. No habló en toda la noche, solamente escuchaba a su padre y a su amigo hablando de asesinatos que habían hecho durante esos años. Había oído que la gente de la mafia se trataban como una familia y único que ella quería era ser libre y poder ser una chica normal.

-La yakuza es el equivalente japonés del crimen organizado; es una mafia japonesa que data del siglo XVII. El origen de la palabra no se conoce con exactitud, pero se dice que proviene de un juego de cartas llamado Oicho-Kabu, muy famoso entre los bakuto, en el que la peor mano consiste en un 8 (ya), un 9 (ku) y un 3 (za). La Yakuza moderna ha extendido sus actividades a la corrupción bancaria y política. Esta mafia es una de las más antiguas y poderosas y es, sin duda, la que más miembros tiene, con un número aproximado de 84.700 miembros - dijo el profesor. - En la actualidad la Yakuza está dividida en 3.000 clanes con un total de 100.000 miembros en todo Japón; el más importante es el denominado Yamaguchi-gumi, el cual se estima en un tamaño de 40.000 miembros activos, considerándose el grupo dedicado al hampa más grande del mundo, no sólo por el número de miembros sino también por su poder económico. Son también importantes los clanes Sumiyoshi Rengo-Kai y Inagawa-kai, que en conjunto con el clan Yamaguchi-gumi mueven alrededor de 15.000 millones de dólares anuales.

"Estoy harta de escuchar la palabra Yakuza y Mafia" pensó realemente molesta. Ese día el profesor explicó un tema referido con los Yakuzas y a Daila no le gustaba. Hikkohichi vio que su amiga estaba molesta por algo.

-Por una semana, nos haremos pasar por Yakuzas. Ahora nombraremos a las dos personas que serán los jefes y los demás serán los miembros de la organización - anunció el profesor.

-¿Y si no queremos participar? Es que yo no quiero formar parte de esto - dijo Daila.

-Tendrá que hacer un trabajoo de 100 páguinas sobre la corrupción - le comunicó el profesor.

Todos estaban asombrados. ¿Por qué se negaba? Hikkohichi dijo que tampoco participaría para que Daila no estuviera sola. Desde ese entonces, la gente de su clase, le dio lado pero a ella no le importó de lo más mínimo. Sus únicos amigos eran los que servían en su casa: Bendek, Brasen, Buster,Yaritza, Yarely y Naike. Esas seis personas eran con las que se había críado y aunque eran mayores que Daila se llevaba bien con ellos.

Al día siguiente había salido más tarde y como era de noche, le daba un poco de miedo. Había despistado a John para que ella se pudiera ir sola. No estaba acostumbrada estar de noche por la calle sola pero estaba a gusto. Empezó una lluvia torrencial que hizo que se empapara hasta los huesos. Se cubrió con la cartera pero aún así, se mojaba. No conocía muy bien aquella zona y eso le daba un poco de miedo.

-Daila ¿qué haces que no estás en tu casa? - Preguntó una voz masculina detrás de ella. Era Sendoh. - Estás empapada. Mi casa está cerca vamos - le dijo él.



Regresar al índiceCapítulo 3 Confesión by Maeko Sendoh

-Acabo de salir del insituto y me ha pillado la lluvia. Eso es lo malo de engañar a... de engañar a mi chófer - le contestó Daila 

-Es muy tarde para andar sola. Además, puede pasarte algo - le dijo Sendoh procurando no mostrar lo que realmente sentía.

-Ahora mismo llamaré para que me recogan - le sonrió Daila.

-¿Te gustaría venirte a mi casa? Está cerca - le preguntó pensando que ella le iba a negarse.

Daila estuvo callada durante unos minutos. "Si me voy a su casa, mi padre es capaz de hacerle luego algo" pensó Daila. Sendoh, al no tener respuesta, supo que no quería irse. Le dio el paraguas y se fue corriendo a su casa cubriéndise con la cartera. Daila se quedó mirando al chico que le había dejado su paraguas.

Al llegar a su casa, se encontró al mismo chico que estuvo cenando en su casa hacia tres días. Apartó la mirada antes de entrar. Su padre, que salía de un despacho con el padre de Rukawa, le dijo a su hija:

-Daila ¿dónde has estado? ¿Por qué llegas a estas horas?

-Lo siento mucho padre. Me entretuve por el camino - mintió Daila.

-Espero que no te hayas ido a casa de ningún chico - le miró directamente a los ojos.

-Padre, sabe que no. Que por mucho que me inviten a una casa, la hija de un mafioso no confía ni en su propia sombra - dijo seria.

Después, los dos jóvenes salieron al jardín para hablar y estar un rato solo para conocerse un poco mejor. Pero Daila no habló con Rukawa. Estuvo pensando en aquel chico de ojos azules que iba al mismo insituto que ella y que le había prestado el paraguas. "¿Por qué los nipones son así de altos? Rukawa y Sendoh son más o menos igual de altos y según he oído son más bajos" pensó Daila sentándose en un banco de mármol que había en el jardín.

-¿Tienes novio? No me extrañaría que no lo tuvieras, eres hermosa - le alagó Rukawa.

-Pues si te digo la verdad, no, no tengo. Me da miedo de que sepa que mi padre pertence a la mafia y me deje o se lo diga a la policía. Además, no suelo tener muchos amigos - le contestó. -¿Y tú, Rukawa? ¿Tienes novia?

-Todavía no he encontrado a la chica que se compatibilice conmigo - le respondió él. - Estoy seguro que mis padres no aceptarán a cualquiera.

-Ser hijo o hija de un jefe de la mafia es compliacado ¿no lo crees, Rukawa? - Rió un poco Daila y luego miró hacia el cielo estrellado.

Al entrar en su salón Hikkohichi se acercó a ella. En la mano de la joven americana-nipona tenía el paraguas que Sendoh le había prestado unos dias atrás. Llevaba puesto unos pendientes de color verde esmeralda que le había regalado Rukawa como regalo por petición de sus padres. No entiendió el motivo de ese regalo.

-Daila, ¿vendrás a vernos esta tarde? Hoy tenemos un partido contra el Shohoku - le dijo Hikkohichi sacándola de sus pensamientos.

-¿Hoy jugáis un partido? Pero ¿el camponato Regional no ha acabado? - Preguntó algo confusa.

-Sí, pero ambos entrenadores han estado hablando de jugar un partido amistoso después del Campeonato - le respondió el asistente del Ryonan.

Daila asintió con la cabeza mientras sonría. Durantes las clases, estuvo bastante distraída. "¿Por qué razón me regalaría los pendientes?" Pensó Daila mirando por la ventana.

-----FLASH BACK-----

-Daila... tengo un regalo para ti - le dijo Rukawa haciendo que la chica mestiza le mirase.

-¿Qué es? - Dijo intrigada.

Rukawa le dio un caja pequeña envuelta en papel de regalo. Antes de abrirla, miró al chico de mirada zorruna algo sorprendida.  ¿Por qué le estaba regalando aquello? Desenvolvió el regalo con cuidado de romper el papel. Al abrir la caja, vio que era unos preciosos pendientes color esmeralda. Entonces Rukawa dijo:

-Si no te gustan, puedes descambiarlos.

-¿Por qué me regalas esto? No lo entiendo - dijo algo confusa.

-Según me han dicho, a las chicas os gusta que os regalen cosas... y como me has caido bien, había pensado en regalartelos - dijo un poco nervioso Rukawa.

-Muchas gracias. Son preciosos, me encantan - le sonrió Daila. Noticias sobre apple,mac, osx, iphone,ipad,apple watch, juegos para mac y appletv Todo sobre Apple, Mac e Iphone

Detrás de ellos, sin hacer ruido, estaban los padres de ambos sonriendo. Se miraron y asintieron con la cabeza antes de volver a la casa para hablar con sus esposas sobre de lo que habían pensado. Sabían que se negarían al principio, pero acabrían convenciendolas.

-Póntelos. Seguro que te quedan bien - le dijo Rukawa menos nervioso.

Daila se puso los pendientes y Rukawa se quedó embelesado mirándola. Parecía una Diosa, no, era una Diosa de carne y hueso que estaba a escasos centímetros de él.

-----FIN DEL FLASH BACK-----

Era la hora de comer y Daila había decidido comer en la terraza para no ver a nadie, más bien, era para que Jonh no la viera a ella. "¿Por qué debí nacer en una familia de la mafia? Mi padre no sabe lo harta que estoy de pertenecer a la mafia. De verdad, lo detesto, detesto este mundo" pensó Daila saliendo a la terraza.

-Hola Daila - dijo una voz.

-Hola Sendoh. Gracias por el paraguas... luego, te lo doy. Lo tengo en la clase - dijo ella. - ¿Llegaste muy empapado?

-Un poco sí. Mi hermana me echó la bronca pero no le hice caso - se tocó la nuca mientras le sonreía.

-Lo siento, fue mi culpa - agachó la mirada un poco apenada.

-No te preocupes Daila. Fuí yo quién te lo dejó, así que la culpa es mía. Prefería mojarme yo antes de que te mojaras tú. No sé, te veo como más débil... me refiero a que pareces más débil - intentó no liarse con las palabras pero no funcionó. Daila se empezó a reír un poco.

-¿Intentas decirme que me puedo poner enferma más fácilmente que tú? - Dijo entre risas. Sendoh asintió. - No te preocupes por eso, soy fuerte aunque no lo parezca.

-Está bien, entonces la próxima vez lo pensaré y no te tratare como a una niña - le sonrió.

-Es que soy una niña - ambos se empezaron a reír.

Se sentaron en la azotea y empezaron a conversar mientras comían. Descubrieron que tenían muchas cosas en común pero en ningún momento Daila le dijo nada sobre su familia, tenía miedo de que él dejase de ser su amigo. Le había caído bien y eso era algo extraño. "Si le digo que mi padre es un mafioso, se alejará de mí como lo han echo todos" pensó Daila mirando al suelo. Luego, Sendoh le acompañó hasta su clase dónde Daila le dió el paraguas.

Cuando acabó las clases, Daila fue al gimnasio para ver el partido amistoso entre el Ryonan y el Shohoku. Por el camino, se cruzó con todos los chicos y chicas que asistían a ese instituto. Se quedó en la puerta del gimnasio apartadas de los demás. Pero al ver a Rukawa en el equipo del Shohoku, se sorprendió. No sabía que ese chico jugase al basketball. Se apoyó en la pared y observó el partido tranquilamente mientras miraba al chico de los pelos hacia arriba.

-Daila ¿qué te pareció el partido? ¿A qué Sendoh es increíble? - Le preguntó Hikkohichi cuando la volvió a ver.

-Sí, es un buen jugador y muy guapo... - se sonrojó un poco.

-¿No me digas que te gusta Sendoh? - Se acercó un poco a ella y le miró pícaramente.

-No, no me gusta - contestó completamente roja. - Es solo que me parece un gran jugador.

No habló en todo el día con Hikkohichi. Sabía que esa noche tenía que acompañar a su padre a al reunión que tenía con otro Yakuza. No quería ir, pero no podía decirle que no a su padre. Debía acompañarlo. Esa noche, también se enteraría de otra cosa que le cambiaría la forma de pensar que tenía sobre su padre. Suspiró. Detestaba todo lo relacionado con lo que hacía su padre pero no se atrevía a desobedecerle.

-Pensé que no vendría tu hija, Hayden - dijo el señor Rukawa mientras se sentaban todos alrededor de una mesa.

-Mi hija siempre me acompaña a este tipo de reuniones - miró a su hija que estaba mirando hacia otro lado. - ¿Mañana no tienes clase, verdad Daila? - Le preguntó su padre.

-No, padre. Mañana es fiesta en mi instituto - respondió Daila.

-¿En el tuyo también es fiesta, Kaede? - Le preguntó el señor Brown al hijo de su amigo.

-No, señor Brown pero no pasa nada. Seguro que me quedaré dormido igualmente - respondió el joven basketbolista.

-Esperemos que la reunión no se alarge. No quiero que mi hija se acueste muy tarde - le dijo el señor Brown a su amigo.

-Podemos hacer que nuestro hijos se queden amargen de la reunión. Seguro que si se quedan, se sentirán incómodos ¿no lo crees? - Le preguntó el señor Rukawa.

Daila y Rukawa estaban sentados en un escalón. Habían salido a la calle para no tener que estar en la reunión con sus padres. Rukawa no paraba de mirarla y ella estaba más pendiente de la gente que pasaba y estaba pensando en sus cosas. Poco a poco, se fue quedando dormida y apoyó su cabeza en el hombro de Rukawa. Él, para que no cogiera frío, le tapó con su chaqueta. Daila llevaba un precioso kimono de color morado con las flores de color blanco y el pelo suelto. "Esta hermosa con ese kimono" pensaba Rukawa mirándola.

Iba caminando hacia la casa de los Sendoh con un pastel en las manos. Estaba ilusionada por pasar el día en casa de Sendoh. Había llegado el otoño y las lluvias pero ese día hacia buen tiempo. Daila había encargado a su chef que hiciera un pastel de limón exclusivamente para él. Hikkohichi le había dicho que a Sendoh le gustaba mucho el limón y que siempre que podía, estaba con una rodaja de limón en la boca. "Espero que le guste" pensó Daila antes de entrar y tocar a la puerta.

-¡Ya estás aquí! Pensé que no querías venir - le dijo Sendoh al verla.

-¿Por qué no iba a venir? Me sorprendió que me invitaras a tu casa...¡Ah! Mi chef ha echo este pastel para ti. Es de limón - sonrió Daila.

-¡Oh, me encanta! Pero no hacía falta que trajeras nada. Te he invitado porque quería pasar un día contigo - se sinceró con ella. - Lo que quiero decir es que... bueno... nos conocemos de hace tiempo y aún siento que no te conozco del todo... como siempre que te veo estás con Hikkohichi... tenía curiosidad de saber como eras - le dijo bastante nervioso. Daila se empezó a reir.

-Si quieres preguntarme cosas, puede hacerlo, no te cortes. Pero eso sí, no me preguntes en lo que trabajan mis padres - le sonrió. - Yo... sé muchas cosas sobre ti gracias a Hikkohichi y le segiría preguntando pero hay un tope de preguntas.

-Vamos, pasa. El cielo indica que no tardará en llover - le sonrió la estrella del Ryonan.

Estuvieron viendo una pelicula en el cuarto de Sendoh. Ambos estaban sentados en la cama. En sus manos, un trozo de la tarta que había traído Daila. Pero no pudo terminarse el trozo, estaba demasiado ácido para ella. Había oído rumores de que Sendoh estaba saliendo con una tal Sanako del instituto Takezato pero no podía reprocharle nada, ya que ella no era más que una amiga para él.

-Necesito preguntarte algo... - dijo bajando la cabeza. Sendoh no contestó. Sólo la miró curioso. - ¿Tienes novia cierto?

-No tengo novia... - dijo sinceramente el chico. Daila lo miró. El chico decía la verdad, quedó asombrada y le salió una sonrisa. Sendoh no entendía nada.

-Al principio no tenía pensando en decirlo pero yo... te quiero mucho... - le dijo ella sin poder mirarlo.

No podía seguir callándolo. Quiso levantarse y alejarse para pasar la verguenza de un rechazo, pero Sendoh la detuvo. La tomó el rostro y la miró tiernamente a sus ojos. Pudieron ver que en los ojos de ambos reflejaban todo el amor que sentían el uno por el otro.

-Yo también... te amo - dijo el joven para luego besarla. Daila no podía estar más feliz. Era la primera vez, tras mucho tiempo, que se sentía de esa forma. - ¿Por qué no quieres que te pregunten por tus padres?

-Porque no me gusta. Si digo que mi padre es el empresario más importante de los Estados Unidos, intentarán hacercarse a él por medio de mí. Y creéme, que es bastante frustrante - le dijo Daila para parecer creíble.

Terminaron de ver la película pero entre los besos y esas caricias jugetonas, no prestaron mucha atención. Después, Daila llamó a su madre para que le recogiera. Ella tenía totalmente prohibido quedarse a dormir en casa de un chico o en casa de otra persona. Si su padre se enterase de que su hija había estado en casa de un chico, se enfadaría mucho y le castigaría.

-No le diré nada a tu padre. Has echo bien en llamarme, Daila. Pero prométeme que no te quedarás más en casa de ningún chico - le dicho su madre.

-De acuerdo madre. Pero ese chico me gusta mucho y no quiero que sepa la verdad sobre nuestra familia. Tengo miedo de que se aleje de mí por saber quién soy - dijo tristemente.

-Por mí no se enterará y espero que algún día me lo presentes - le sonrió su madre.

-Gracias mamá - le devolvió la sonrisa.

La señora Brown miró a su hija de reojo. Sonría mientras le miraba de reojo. Daila miraba por la ventana. Estaba feliz de que por fin se hubiera confesado a Sendoh y de ser correspondida. "Espero que no sepa que mi padre es un jefe de la mafia" pensó Daila sonriendo al cielo.

-Daila ¿podemos hablar un momento? - Le preguntó una voz al lado de ella.

Daila había ido al instituto Kainan para ver el entrenamiento. Jin se había acercado nada más verla entrar por la puerta. Ella le sonrió y le dijo:

-Claro, Jin. ¿Qué es lo que quieres hablar conmigo?

-Quería decirte una cosa desde hace mucho tiempo pero no te había visto hasta ahora. Nos es tan fácil de decir porque temo tu respuesta y no quiero que perdamos la amistas que tenemos. Eres una de las poca chicas con las cuales, me llevo bien y de la cual... - se calló por un rato antes de continuar. - Te quiero Daila.



Regresar al índiceCapítulo 4 Momentos by Maeko Sendoh

 

-Jin... lo siento pero yo no siento lo mismo por ti. Eres un gran amigo pero... más de eso no puedo sentir por ti - le dijo ella triste. - A parte de eso, yo... estoy saliendo con otra persona... De verdad que lo siento Jin - se disculpó sinceramente.

-Estaba seguro de que me ibas a rechazar... pero me alegro habertelo dicho. Ahora sé cuales son tus verdaderos sentimientos y espero que no dejemos de ser amigos - le sonrió el tirador de triples del Kainan.

A la mañana siguiente, Daila fue a la biblioteca nacional para poder hacer un trabajo. Había estado hasta muy tarde estudiando ya que había pasado la tarde anterior con Sendoh y se haía pasado toda la noche estudiando. No quería estar sola en la biblioteca ya que no tenía buenos recuerdos.

¿Tú eres la chica que comporta extraño? - Le preguntó una voz al lado de ella.

-¿Y tú quién eres? Es la primera vez que te veo - contestó Daila mirándole de reojo.

-Soy Sanako del instituto Takezato. Me han dicho que en el Ryonan había una chica que se comportaba muy extraño y que según un rumor, está saliendo con Akira Sendoh y quería saber si ese rumor era cierto - le respondió Sanako.

-¿Y me preguntas a mí por qué? - Le miró  después de coger el libro que necesitaba.

-Ya te lo he dicho. Te comportas fríamente con las chicas, le das miedo a los chicos y hay rumores de que estás saliendo con Sendoh. ¿Te lo digo más claro? - Le preguntó con un poco de asco.

-¿Y a ti que te importa que esté saliendo con Sendoh o no? - Le contestó un poco indiferente.

-Mucho. Porque Sendoh y yo estamos saliendo desde hace tres meses - le dijo la chica con el fin de molestar a Daila.

La chica mestiza la miró con los ojos abiertos. No podía ser cierto. ¿Por qué le había dicho que no tenía novia tiéndolo? ¿Por qué le había mentido? No quería creérselo. Sanako le dijo cuando vio la cara de Daila:

-Así que, aléjate de Sendoh. Él es mi novio.

Al llegar a su casa su padre estaba hablando con un hombre. Ese hombre era un viejo amigo. Ella sabía quién era. Era el serñor Rukawa que había ido a ver a su amigo sobre un asunto bastante turbio.

-¿Se va a quedar a cenar, señor Rukawa? - Dijo Bendek.

-No. Mi esposa estará pensando en dónde m he metido - le dijo.

-¿Por qué no llamas a tu esposa y a tu hijo y os quedáis a cenar? - Le propuso Hayden.

-Es una buena idea pero me parece que mi hijo tiene clase mañana.

-Os vais temprano. Por favor. Así se empiezan a conocer mejor – dijo con una mirada cómplice.

El señor Rukawa se puso a pensar. Después de un rato, dijo:

-Tu hijo y mi hija se harán cargo de las dos empresas, qué con su matrimonio, se fusionarán - dijo Hayden.

-Claro. Pero ¿y si no quieren casarse?

-Mi hija aceptará. Hará cualquier cosa que yo le pida. La conozco muy bien.

-La cena ya está lista.

-¿Vamos? - Preguntó el señor Brown dando una palmada.

Todos se levantaron mientras que a su vez asintiendo. Daila iba tras de su padre y al lado de su madre. Se sentía rara. Hacía mucho tiempo que no tenían invitados en casa y eso le parecía raro. Desde que volvieron a de Los Ángeles, nadie había ido a su casa para quedarse a cenar.

Quería que llegara el día siguiente para irse con Sendoh al parque de atracciones. Deseaba estar con él un día entero y no tener que regresar a su casa hasta la hora de cenar. Pero sabía que tendría que estar antes porque su padre se lo ordenaría. Ya en la mesa, el señor Rukawa comentó:

-¿Sabéis?- Tengo ganas que llega la boda.

-¿Qué boda papá? - Preguntó Rukawa sin entender mucho de lo que hablaba su padre.

-La vuestra. La boda tuya y de Daila - dijo mirando a los dos chicos.

-¿Qué? ¿Nuestra boda? - Preguntaron los dos atónitos.

-Sí, la vuestra. ¿Es que no lo veis? Sois polos opuestos y además, hacéis tan buena pareja… - contestó el señor Rukawa.

-Papá, ¿por qué no me dijiste nada de todo esto? - Le preguntó Daila a su padre interrumpiendo al señor Rukawa.

-Porque aún no era el momento. Queríamos decíoslo a los dos a la vez - contestó el señor Brown. “¿Ahora que hago? Se lo tengo que decir a Akira.” Pensó mientras apartaba la vista de su plato.

-Daila hay otra cosa que te tengo que decir - dijo el señor Brown sacándola de sus pensamiento.

-¿Qué es padre? - Le dijo sin mirarle.

-Dentro de mañana tengo que volver a los EEUU - su hija le miró de golpe.

-¿Qué? Papá me dijiste que nos íbamos a quedar en Japón - le dijo Daila.

-Lo sé hija pero las cosas cambian y debo volver a Los Ángeles. Tú y mamá os quedáis en Japón - el señor 

-... pero ¿yo no volveré a Los Ángeles... verdad? - dijo triste.

-No Daila. No tendrás que volver a Los Ángeles. Por ahora es mejor que tú y tu madre os quedéis aquí - le dijo su padre con una sonrisa

-Daila ¿ocurre algo? ¿No te encuentras bien? - Le dijo su madre.

-No, mamá. Estoy bien. Con permiso me retiro - se levantó. - Que disfrutéis de la cena.

-¿Seguro que te encuentras bien? - Volvió a preguntar su madre.

-Sí mamá. Es solo que tengo algo de sueño - mintió la ojiverde.

-De acuerdo. Puedes retirarte - le dio permiso su padre.

Una vez que ella se había ido, el señor Rukawa opinó:

-Tu hija está muy bien educada Hayden. Hemos aceptado con comprometerlos - le dijo a su amigo.

-Sí eso creo - rieron ambos hombres.

Mientras tanto en la habitación de Daila, ella estaba tumbada en su cama abrazando su cojín con una mirada triste y con ganas de llorar. Quería estar con Akira pero su padre le había comprometido con otro chico que ni siquiera conocía, bueno, lo conocía de vista. No quería romper con su novio pero debía hacerle caso a su padre y casarse con Rukawa aunque su corazón, le perteneciera a Sendoh. Se quedó dormida encima de la cama y sin tapar. Todo lo que había pasado ese día, era lo que nunca le había pasado. Sabía que cuando le viera debía preguntar por qué le había mentido pero para eso, debería esperar dos días.

Había quedado con él en el parque. Llevaba los dos días en su cuarto pensando en lo que iba ha hacer. No quería perderlo pero le había mentido cuándo le preguntó si tenía novia. Iba tan sumida en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que el coche se había parado en la puerta del parque. Se bajó del coche mientras suspiraba. Estaba cansada y también algo preocupada. La visita de hace dos días del señor Rukawa decía que algo no andaba bien y el repentina urgencia de que su padre regresara a Los Ángeles, le daba una sensación extraña. "Espero que no le pasa nada malo a mi padre" pensó ella mientras se sentaba en uno de los bancos.

Pasaron cuatro horas y Sendoh todavía llegado. Cogió el móvil y lo llamó pero le salió el buzón. Sus empezaron empezaron a humedecer. ¿Lo suyo con Sendoh alguna vez existió? ¿O era solamente en sus sueños? Definitivamente, debía olvidarse de él y dejarlo con esa tal Sanako.

Una tarde, Daila había quedado con Rukawa en el parque para darse una vuelta. Éste llegó un poco tarde a la cita. Ella que todavía estaba algo mal por haberle dejado con Sendoh, le dijo:

-Llegas quince minutos tarde. ¿Por qué has tardado tanto?

-Lo siento mucho, pero es que he ido a comprarte una cosilla - se excusó el jugador del Shohku. - ¿Eres de esa chicas que no le gustan la impuntualidad?

-¿Qué es? – dijo llena de curiosidad. - No es eso, es que nunca he tenido una cita arreglada por mis padres y me siento un poco mal.

-No tienes que sentirte mal. Esta cita es para conocernos mejor. Ahora cierra los ojos - le dijo con una sonrisa.

Rukawa sacó de su bolsillo una pulsera de plata y se la puso en la muñeca a Daila. Ella al abrir los ojos vio la pulsera y dijo:

-¡Es preciosa! Me encanta. Muchas gracias Rukawa.

-De nada, lo he hecho porque te quiero mucho – era la primera vez que Rukawa se lo dechía.

Esa cita había sido arreglada por los ambos padres. Aunque Daila no estuviese en su mejor momento, debía disimular y hacer que estaba a gusto con el chico que sería su esposo. Esa palabra hacía que le diera escalofríos. "Matrimonio concertado ¿eh? Esto solo me pasa a mí" pensó Daila mientras miraba la pulsera deteminadamente.

Estando sentada en su pupitre, a dos días de que diesen las vacaciones de Navidad, Hikkohichi se acercó a su amiga y le dio una nota. Al principio se extrañó. Cuando iba abrir la nota, el profesor entró impidiendo a Daila que la abriera. Mientras que el profesor explicaba la lección, la chica yakuza miró lo que ponía en la nota. En la nota ponía:

Durante la hora de comer, por favor, sube a la azota. Tengo que hablar contigo. Y a parte de eso, quiero que sepas que te echo de menos Daila.

Sendoh

 

Regresar al índiceCapítulo 5 Una dolorosa despedida by Maeko Sendoh
Author's Notes:

Hola de nuevo!! Aquí os dejo un nuevo capítulo de "Siempre hay un secreto que esconder." Espero ansiasa que os guste y siento las molestias.

Author's Notes:

Hola de nuevo!! Aquí os dejo un nuevo capítulo de "Siempre hay un secreto que esconder." Espero ansiasa que os guste y siento las molestias.

Se quedó mirando la nota durante unos minutos. Ella también le echaba de menos pero no sabía si debía volver con él. No quería estar separada más de él y fue entonces, cuando se dio cuenta de lo que lo amaba. Sabía que si ella quería podía estar con Sendoh sin que su padre se enterase pero debía hacer caso a su corazón en lugar en lo que le mandase su padre. Ella era la única que podía decidir con quién estar, a quién amar y con quién casarse.

-¿Qué es lo que querías Sendoh? - Dijo Daila cuando llegó a la azotea.

-Por favor, no creas lo que te dijeron de mí. Yo solamente estaba contigo y no con esa chica. A la única que quiero es a ti - le dijo Sendoh. - Cuando empezamos a salir, cada día te demostraba que eres tú quién me importa y quién quiero. Desde que me dejaste, te extrañaba cada día, extrañaba estar contigo, ver tus raras manías  y ver esos ojos que me encantan desde el primer día que los vi.

Daila se quedó mirándole sin poder decir nada. Le miró sorprendida y atónita. Quería creer lo que le estaba diciendo pero tenía miedo de que pronto supiese sobre el compromiso entre ella y Rukawa. Se acercó a él y lo abrazó conteniéndose las lágrimas. Se separaron un poco y se besaron intensamente. Se miraron mientras se sonreían. Sendoh la tenía cogida de la cintura haciendo que sus pies se quedasen a unos centímetros del suelo.

Esa noche debía ir a cenar con Kaede Rukawa. Ella se negó desde un principio alagando que al día siguiente tenía un examen. Casi había llegado las vacaciones de Navidad y las cosas con Sendoh ya estaban arregladas. Él no sabía nada sobre el prometido de su novia, ni siquiera sabía que estaba comprometida. Cuando ambos llegaron al restaurante, Daila le dijo:

-Rukawa quiero que sepas que si he aceptado tú invitación es por mi padre. Yo quería cenar con una persona pero estoy aquí. Solamente cenamos como amigos.

-Lo sé. Sé que te negaste pero al menos estás esta noche aquí conmigo – le sonrió Rukawa.

Se sentaron donde nadie podía verlos y así no preocuparse de que Sendoh le viera con él. A la mañana siguiente se despertó a las once. Se duchó y bajó a desayunar. No quería creer lo que había dicho el señor Rukawa la noche anterior. No podía creérselo y menos, imaginárselo pero al ver a su prometido entrar en el comedor, supo que no era mentira. Se levantó y salió del comedor. No quería verlo aunque él no tenía la culpa, sino de su padre por no decirle nada hasta la noche anterior. Tocaron a la puerta de la casa y ella la abrió. Era Sendoh.

-¿Te ocurre algo Daila? Te ves desanimada - preguntó el chico.

-No. Solo que acabamos un poco tarde y tengo sueño - mintió.

-Parece que te preocupa algo.

-No es nada, no te preocupes. ¿Nos vamos? - Cerró la puerta mientras salía de la casa.

El chico movió la cabeza positivamente y comenzaron su día. Por el camino Sendoh no paraba de hacerle cosquillas para que riera y lo estaba consiguiendo. Ella estuvo algo rara durante todo el día. No quería decírselo pero tarde o temprano se lo tendría que decir, aunque no sabía cómo se lo iba a tomar. Estando montados en la noria, ella no lo miraba. Él le dijo:

-¿Qué te pasa Daila?

-Nada, solo que estoy cansada – mintió ella.

-¿A qué hora terminasteis anoche? - Le cogió la mano y empezó acariciársela.

-No lo sé, no miré la hora pero era tarde.

-¿Ocurrió algo anoche?

-No, nada - mintió.

Permanecieron en silencio durante unos minutos. Cada uno miraba la puesta de sol pero no se miraban mutuamente. Sendoh se levantó y se sentó al lado de ella. Aún tenía su mano entre las suyas.

-Sé que te pasa algo. ¿Qué es? - Le cogió del mentón para que lo mirase.

-Te he dicho que no es nada - sonrió forzosamente.

-No quiero que me mientas. Además, tú no eres así, eres más animada.

-Mi abuelo está enfermo y no sé cómo está - mintió.

Él la abrazó y ella apoyó su cabeza en su hombro. “Perdóname, Akira pero no te puedo decir la verdad” pensó ella.

-Me tienes aquí para lo que sea, ¿lo sabes? – Le cogió de la mano y le dio un pequeño beso en ella.

-Sí, lo sé. Te quiero Akira – le sonrió tiernamente.

-Mi corazón es y será tuyo - contestó él.

Se besaron muy tiernamente. La noria paró y se bajaron. Luego caminaron de vuelta a casa cogidos de la mano y hablando muy animadamente. Pasaron por al lado de una cancha que había cerca de la playa y vieron a Rukawa peleándose con Sakuragi.

-Ahora vengo - dijo ella acercándose a Rukawa.

-¿A dónde vas? - Preguntó.

-Tengo que hablar con Rukawa.

Se acercó a Rukawa ante la mirada de Sendoh. No quería que Sendoh le viera cerca de él porque sabía que luego le haría preguntas. Cuando estuvo cerca de su prometido, le dijo:

-Rukawa, ¿a qué hora os habéis ido?

-Mis padres están en tu casa. Me han dicho que te busque para decirnos algo más - contestó acercándose más a ella. Ella se separó para que Sendoh no le preguntara nada.

-Yo me voy a adelantar. ¿Sabes dónde es, no? – Sonrió ella.

-Sí, pero me tengo que ir contigo. No puedo dejar que te vayas sola – le dijo Rukawa con intención de acompañarla.

-No me voy sola. Me voy con una amiga de mi instituto - dijo ella.

-¿Tú no eres la chica que siempre iba con Maki del Kainan en el regional? - Preguntó Sakuragi metiéndose en la conversación.

-Sí. Maki es mi primo y hasta hace unos meses, estaba viviendo en su casa - sonrió. - Bueno, Rukawa. Yo me voy. Nos vemos luego - se despidió de los dos chicos.

Y se fue de nuevo con su novio. Rukawa no había visto a Sendoh ya que le tapaba unos arbustos. Sendoh vio como su novia hablaba con Rukawa y parecían conocerse de hace tiempo.

-¿De qué conoces a Rukawa? - Dijo cuando ella regresó.

-Akira ¿estás celoso? - Preguntó mirándolo a los ojos.

-No, claro que no – mintió.

-Estás celoso de que conozca a Rukawa. No me mientas – le dijo con unas pequeñas risas.

-Ya te lo he dicho. Solo estoy un poco molesto. Rukawa no paraba de acercarse a ti - dijo serio.

-No te preocupes, prometo que no se me acercará más - dijo mientras le ponía la mano en alto y se reía.

-Aún no me has contestado – le dijo medio serio.

-Mi padre y su padre son amigos y anoche cenaron en mi casa - contestó.

La abrazó por la cintura y la atrajo para él. De camino, estuvieron besándose y dejar sin separarse del otro. Se querían mucho y no pensaban separarse nunca. Cuando estaban cerca de la casa de ella, Daila se separó de él y le besó.

-Ya me voy sola desde aquí - dijo ella y le dio un beso a su novio.

-¿Estás segura? – Le volvió a preguntar.

-Sí, no te preocupes. No pasará nada - sonrió ella.

Se despidió de él y corrió hasta la casa. En la puerta se encontró con Rukawa que la estaba esperando, sentado apoyando su espalda en la pared. Se levantó nada más verla. Ella tocó al timbre y la puerta se abrió. El mayordomo de la casa recibió a los dos jóvenes. A ella la idea de estar comprometida con otro chico que no fuera Sendoh no le gustaba para nada. Sabía que tarde o temprano, él se enteraría o tendría que romper con él. Solo con pensar en eso, le daba una impotencia por no poder hacer nada.

-¿Dónde estabas hija? - Preguntó el Sr. Brown haciendo que ella volviera a la realidad.

-He estado con una amiga en el parque de atracciones. ¿Qué querías? Rukawa me ha dicho que nos tenéis que decir algo más - dijo ella sentándose al lado de su madre.

-Así es. Lo que queríamos deciros, es que vais a pasar una semana juntos para que os conozcáis - comentó el Sr. Rukawa.

-¿Una semana? ¿Cuándo? – Preguntaron los dos jóvenes.

-La semana que viene os iréis a la casa de campo, Daila. Allí os podéis conoces y estar solos para que nadie os moleste - intervino la Sra. Brown.

-Pero la semana que viene he quedado que iría con unas amigas a la playa - replicó ella.

-Tienes que cancelarlo. Piensa que ahora en adelante, debes pasar más tiempo con Kaede y no con tus amigas - dijo serio el Sr. Brown.

-Pero… - se iba a quejar pero su padre le interrumpió.

-No hay más peros que valga, Daila. Lo harás si o si - le ordenó.

-De acuerdo - dijo triste y bajando la mirada.

-Pero ¿estaremos los dos solos o estaréis vosotros? - Preguntó Rukawa.

-Estaremos nosotros pero durante el día, estaréis solos en la casa-contestó Sr. Rukawa.

-La semana que viene, tengo dos exámenes, no puedo ir - dijo Daila mirando a su padre, -  y usted siempre ha dicho padre, que los estudios son lo primero y luego está la diversión.

-Ya lo sé, Daila. Pero aun así, irás - dijo.

Daila estaba molesta con su padre. Sabía que cuando su padre tomaba una decisión, no había manera de que cambiase de opinión y eso era lo que más odia de él. Esa noche lloró como nunca lo había hecho desde que se murió su mascota, su hámster Ikuru y había pasado cuando ella tenía solamente ocho años. No le gustaba la idea de irse una semana encerrada en su casa del campo con una persona que apenas un día conoció.

A la mañana siguiente se levantó más temprano de lo normal, se duchó, se puso su uniforme. Se acercó a la cocina y se cocinó algo para comer y se fue. No esperó a desayunar con sus padres. Se paró en el parque que había cerca del instituto. Se sentó y esperó a que se hiciera la hora de entrada. Estuvo pensando en muchas cosas. Una de ellas era que pronto tendría que volver a los EE.UU para siempre y que volvería a ver a Sendoh. Otra sobre su compromiso con Rukawa. “Él seguramente tampoco querrá casarse” pensó miraba al cielo. Suspiró y se levantó. Comenzó a andar mientras que sus pensamientos volaban. Iba tan metida en su mundo, que no se dio cuenta de que Sendoh estaba al lado de ella y le estaba hablando. Hasta que él dijo:

-¡Daila!

Ella miró para su lado izquierdo. Preguntó extrañada al ver a Sendoh:

-¿Desde cuándo estás ahí?

-Pues desde que te he visto salir del parque. ¿Te ocurre algo? - Preguntó.

-No, solo que tengo muchas cosas en la cabeza. ¿Querías algo?

-Te estaba diciendo que la semana que viene el equipo va a jugar un amistoso con el Shohoku. ¿Vendrás? - Ella bajó la mirada triste. “Si voy a Shohoku y me encuentro con Rukawa ¿qué haré para que no se me acerque y para que no diga nada?” pensó mientras entraban en el instituto.

-¿Daila? - Le llamó su novio.

-No sé si podré. La semana tengo que hacer muchas cosas – contestó algo triste.

-Pues vaya. Podrías dejar libre ese día para ir – replicó él.

-Ya me gustaría pero no puedo, lo siento - dijo apenada. - Pero podemos ir mañana a Danny’s para tomarnos algo. ¿Qué te parece?

-Bueno, suena bien - sonrió él.

Se despidieron con un pequeño beso en los labios y cada uno entró en sus respectivos salones. Durante la semana, Daila intentaba esquivar a Sendoh pero no lo conseguía. Iba a cualquier lado del recinto, y ahí estaba él. Por otra parte, Sendoh se estaba empezando a preocupar pensando porqué lo esquivaba. Un día, se habían encontrado cerca de las pistas de fútbol. Él se acercó a ella y le dijo:

-¿Qué te pasa? ¿Por qué me estas esquivando?

-Yo no te estoy esquivando - dijo intentando no parecer nerviosa.

-Daila, no me mientas. ¿He hecho algo? - Preguntó triste.

-No eres tú, es mi padre. Lo siento. Estoy pagando contigo mi enfado - le dijo mientras cogía su mano.

-¿Me diría el motivo de tu enfado con tu padre? - Dijo cogiéndole de la cintura con la mano libre.

-No es seguro todavía pero…mi padre quiere volver a los EE.UU - dijo triste.

Sendoh la miró incrédulo. No quería que se fuera de su lado. Prefería morir antes de que ella se fuera lejos de él.

-¿No te puedes quedar? - Preguntó. Ella negó moviendo la cabeza hacia los lados.

-Si mis padres deciden volver, me tengo que ir con ellos - se separó de él.

-¡No quiero que te vayas! - La abrazó muy fuerte y a punto de llorar.

-Aún no es fijo. No te pongas así - dijo para tranquilizarlo.

-Pero con solo de pensar de perderte…

-Y no me perderás. Aunque esté lejos, te seguiré amando - le dijo con dulzura.

Se estaban acercando para besarse cuando una amiga de Daila llegó interrumpiéndolos.

-Daila te están buscando - dijo la amiga.

-¿Quién? - Preguntó separándose.

-Tu padre. Dice que os tenéis que ir a no sé dónde.

-Dile que ya voy. Recojo mis cosas y voy - le dedicó una sonrisa.

La expresión de la cara de Daila cambió, de alegre a triste. Sendoh le dijo:

-¿A dónde vas?

-A mi casa de campo.

Siempre hay un secreto que esconder by Maeko Sendoh

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