Lux Cordis by Aeneris

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 Lux Cordis by Aeneris
Summary:

Ya han pasado casi cuatro años desde que los Niños Elegidos derrotaran a Apocalymón y ahora ya no son los chicos que solían ser, pues combinan la lucha en el mundo digimon con los problemas típicos de la adolescencia. Sin saberlo, los acontecimientos que les sucederán les prepararán para la gran lucha final de la que dependerá el devenir de los dos mundos.



Categories: ANIME/MANGA, DIGIMON Characters: Ninguno

Generos: Misterio

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 14 Completed: No Word count: 64994 Read: 1847 Published: 13/03/2013 Updated: 03/07/2013
Summary:

Ya han pasado casi cuatro años desde que los Niños Elegidos derrotaran a Apocalymón y ahora ya no son los chicos que solían ser, pues combinan la lucha en el mundo digimon con los problemas típicos de la adolescencia. Sin saberlo, los acontecimientos que les sucederán les prepararán para la gran lucha final de la que dependerá el devenir de los dos mundos.



Categories: ANIME/MANGA, DIGIMON Characters: Ninguno

Generos: Misterio

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 14 Completed: No Word count: 64994 Read: 1847 Published: 13/03/2013 Updated: 03/07/2013 Capitulo 1: El reencuentro agridulce by Aeneris

Odaiba (Tokio, Japón), 10 y media de la mañana, entre un ajetreo de gente una chica divisa a alguien:

-Joeeee!!! Eh Joeeee!!!

-¿Sora? ¡Qué de tiempo sin verte! Vaya… ¿qué es de tu vida?

-Pues voy de camino a visitar a mi padre, que paso con él las últimas semanas de Julio, ¿y tú?

-A la academia, me quedaron dos asignaturas para poder optar a la Prueba Universitaria, así que, ya ves, un verano fantástico.

- Vaya… Oye, ¿y tu hermana? ¿Viene por fin este verano? Hace mucho que no nos escribimos…

-No, ella se queda en Nueva York un año más… tiene cosas que hacer; de hecho, mis padres viajaron allí, con Shuu, y vuelven en tres días.

-Oh… me gustaría volver a verla…

-Sí… y a mi… no la veo desde Navidades y, realmente, la casa no es lo mismo sin ella… la echo mucho de menos…

-Y yo, ojalá pudiera volver… tengo tantas cosas que contarle…

-Estaría bien… Ups, lo siento mucho Sora, pero llego tarde. Me alegro mucho de verte y, ya sabes, el día 1 nos vemos, como siempre.

-¡Genial! ¡Hasta luego Joe!

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Era el primer día de clase, un día de reencuentros entre amigos que no se han visto durante todo el verano y que, tras éste, tienen muchas cosas que contar. Cuando Sora llegó a clase, allí estaban ellos: Tai y Matt, sentados en los mismos sitios desde que empezaron la ESO y no iba a ser menos en este último año.

- ¿Qué pasa, Sora? ¿Se te pegaron las sábanas? –bromeó Tai con esa risa burlona tan característica suya.

-No, y es más, hoy no me sentaré con vosotros.

-¿Qué? ¿Por qué? – exageró Matt

-Poooorque este año soy la encargada de acomodar en nuestro instituto al nuevo alumno que llega, y, por ser el primer día, vamos a sentarnos en las primeras mesas; así que… nos vemos en el almuerzo!

-Chico nuevo, ¿eh? Vamos a tener que sacar nuestra remesa, Matty – planeó Tai.

-Si… eso parece – contestó Matt viendo como Sora se sentaba justamente delante del profesor.

Tai y Matt, que habían sido compañeros de pupitre desde el primer año de secundaria, eran expertos en poner motes y hacer bromas de forma tan natural que todos siempre caían en ellas.

- Buenos días, chicos y chicas, y bienvenido a un nuevo curso en el Instituto Taschen de Secundaria.

-¡BUENOS DÍAS, PROFESOR! – contestaron todos al unísono.

-No entiendo porque tenemos que hacer esto todos los años – susurro Tai

-Yo tampoco, yo tampoco – afirmó Matt, tan contento como entusiasmado por la similitud de pensamiento.

-…Y tras el reparto de horario, pasaremos a presentar al nuevo alumno que compartirá clases con vosotros este año. Comportaos bien – dijo el profesor repartiendo los horarios por las mesas- TODOS- recalcó cuando pasó por al lado de Tai y Matt.

-Si es pelirrojo podemos llamarlo Ginger o Zanahorio, como Izzy- propuso Matt.

-Formamos un buen equipo, lo que pasa que nadie reconoce nuestro talento – se resignó Tai

-Chicos, chicas, dad la bienvenida a vuestra nueva compañera…

-¿Compañera? Esto me gusta más – dijo Tai frotándose las manos.

-…Irenea Kido

El silencio se hizo en la clase… la chica de baja estatura, de ojos y pelo liláceos recogido en una perfecta cola alta, entró en la clase, cabizbaja, pudiendo notar un claro sonrojamiento de sus mejillas pálidas. 

-Ay….Mi…Madre….- dijo Matt recalcando claramente cada una de sus palabras – Ay, mi madre… Eyyyy –susurró saludando tímidamente con la mano.

Irenea arqueó las cejas y forzó una sonrisa tímida.

-Irenea, siéntate con Takenouchi, en la primera fila, si quieres.

-Gracias, profesor.

Cuando se sentó, ella y Sora se dieron un fuerte abrazo, del que se denotó alguna lagrimilla de alegría por el retorno de su tan preciada amiga; mientras que Matt no podía mantener su culo quieto de la silla, intentando hacer movimientos bruscos para que Irenea lo mirara. Sin embargo, Tai, bloqueado ante lo que acababa de ocurrir, se dedicó a mirar a la ventana durante esa hora, y la siguiente, hasta la hora del almuerzo.

Cuando sonó el timbre, Matt saltó corriendo de la silla hacia la mesa de Irenea, la agarró tan fuerte que hizo que sus pies se levantarán del suelo, algo que no era atípico, ya que la diferencia de estatura era considerable.

-¡Pero que de tiempo, enana! ¿Por qué no me avisaste de que volvías?

-No lo supe hasta hace una semana, mis padres volvieron a Nueva York con un billete de vuelo para mí, ¡diciéndome que volvía a casa! Sólo tuve tiempo para avisar a Sora hace dos noches, para decirle que me acompañara el primer día.

-Dios, que alegría más grande tenerte otra vez con nosotros, Kido – se sinceró Matt.

-Por cierto, ¿dónde está Tai? – preguntó Sora.

-Pues donde va a… ¿Dónde está? –dijo Matt - ¿Dónde se ha metido ese bastardo? Se ha marchado sin saludar.

-No pasa nada Matt… -se lamentó Irenea

-Bueno, ya vendrá, ¿bajamos a almorzar? Seguro que tiene muchas cosas que contarnos, Irenea – expuso Sora.

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-Ey Tai… Tai...Tai, espera joder – se molestó Matt - ¿Dónde te has metido?

-Dejame Ishida – le contestó Tai.

-Espera… Espera, joder – le dijo agarrándolo del brazo cuando por fin consiguió alcanzarle - ¿Por qué has hecho eso?

-Tenía entrenamiento de futbol – le contestó Tai haciéndole una mueca.

-Saliste como alma que lleva el diablo en cuanto la viste entrar por la puerta, no me engañes.

-No es verdad

-Sí, lo es. Lo sabes; ¿sabes lo mal que has quedado con ella?

-Me da igual, y si me dejas, tengo que ir a recoger a Kari, voy con prisas.

-Pero tío…

-Que me sueltes te he dicho – gritó Tai, consiguiendo soltarse de Matt y llamando la atención de todo el pasillo, incluido Irenea y Sora, que salieron por la puerta de clase cuando escucharon el jaleo.

Matt levantó las manos y dejó marchar a Tai, quien dirigió una mirada fugaz a las chicas y, agarrando la bolsa de deporte, salió por la puerta principal pegando un portazo.

-Tranquilas –trató de tranquilizar Matt, al ver la pesadumbre de Irenea-  se le pasará en unas horas, ya sabéis lo impulsivo que puede llegar a ser.

Lo cierto es que Tai no volvió al día siguiente… ni al siguiente… y durante toda la semana. Tampoco contestaba a las llamadas de Matt y Sora, quienes se preocuparon por la actitud de su amigo; lo único que consiguieron saber de él fue gracias a Kari, su hermana, quien les comentó que llevaba unos días raro, no comía con normalidad y apenas salía de su habitación, pasando las horas muertas tirado en su cama escuchando música.

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Habían pasado casi 10 días desde que Tai tuvo el encontronazo con Matt en los pasillos, y sus amigos estaban preocupados de la falta de señales de vida. Sin embargo, en el camino de ida al colegio, Matt y Sora procuraron que Irenea no sintiera culpabilidad por toda esta situación, así que evitaron el tema.

-Y les dije: “Quitad vuestros asquerosos culos de allí o me los patearé uno a uno” –Explicaba Matt entusiasmado

-Pero que mentiroso eres, no seas tan crecidito – respondió Sora - ¿Tienes alguna duda de la veracidad de su historia, Irenea?

-Ninguna – contestó Irenea aguantando la risa – Chicos, tengo que pasarme por el despacho del Director a entregarle unos papeles de mi traslado, ¿nos vemos en clase?

-Vale, hasta ahora –dijo Matt con una sonrisa – Ahora en serio, Sora, ¿Qué hacemos con el caso Tai?

-No lo sé. No sabemos cuánto tiempo más va a pasar hasta que decida salir del agujero, no sé qué más podemos hacer.

-Pues creo que ha decidido salir, mira

Ambos miraron por la ventana de la clase y allí, sentado en su sitio, estaba Tai, soportando su cabeza entre sus manos y con la mirada perdida.

-Eh, tú, ¿crees que es normal lo que has hecho? – le reprochó Sora, muy enfadada.

-No he hecho nada, ¿vale? – se le veía tan decaído y desmejorado.

-Sora tranquilízate – afirmó Matt rápidamente -¿Quieres perderlo o qué? – susurró.

-Me da igual, tiene que saber que su actitud no ha sido la correcta, basta de huir como… como una nenaza.

-¿Nenaza? Ya me gustaría verte a ti en mi lugar… – dijo Tai levantándose de la silla

-¿Pero a dónde te crees que vas? – increpó Sora, sentándole en la silla- No he terminado de hablar.

-Pero yo sí, no quiero seguir hablando contigo de esto. Así que si quieres volver a dirigirme la palabra espero que sea para otra cosa.

-Venga chicos, chicas, todos a vuestros sitios, por favor… Kido, siéntese por favor – indicó a Irenea cuando entró – Delante de Yagami, junto a Takenouchi.

-Joder… - se lamentó Matt por lo bajo, cuando Irenea se dirigía a su pupitre, delante del de Tai – bueno… al menos no le ves la cara ¿no? –le preguntó a Tai, quien movía la cabeza en signo de resignación, mientras que Sora le dirigía una mirada fatal de ira por su comentario.

Cuando terminó la clase, Tai fue el primero en salir ante las miradas de sus amigos. Irenea, apenada dada la situación, no pudo disimular su dolor.

-Creo que el director me dijo que tenía que volver a su despacho, para recoger algo para mis padres, así que… nos vemos después chicos – expresó Irenea.

-Vale, hasta luego –gritó Matt – ¿Vamos con ella?

-Va al baño a llorar, idiota… ¿tantos años conociéndola y no te das cuenta? Mejor dejémosla desahogarse a gusto - dijo Sora, dirigiéndose con rapidez a su taquilla.

-¿Qué haces? – preguntó Matt.

-Tengo una idea, es algo que debí hacer hace tiempo – afirmó enigmáticamente recogiendo del fondo de su taquilla una hoja doblada - ¿sabes a qué hora sale Tai del entrenamiento?

-Pues a la hora de salida de clase, a las 6… ¿por qué?

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El reloj del Instituto marcó las seis de la tarde, cuando los chicos del equipo de futbol salían de los vestuarios, mientras Sora y Matt esperaban en la puerta.

-¿Puedes decirme ya por qué estamos aquí y que pretendes? – preguntó Matt resignado – Me tienes intrigado.

-Ehhhh NO – contestó Sora sonriente.

-¿Pero por queeee? ¿Cómo quieres que te ayude sino?

-No te he pedido ayuda

-Entonces… ¿qué hago aquí?

-Mira, ahí viene Tai…TAI, aquí!

Cabizbajo ante la reiteración de sus amigos por tomar parte en sus problemas, Tai acudió a la llamada de su amiga.

-¿Que quieres? no tengo todo el día.

-Te estás equivocando con ella

-Mira, estoy harto de que me digas que es lo que hago o dejo de hacer mal, es mi vida, mis errores, y con ello me conformo –dijo Tai girándose para marcharse.

-Pero es que… ¡TE ESTAS EQUIVOCANDO JODER! ESCUCHAME DE UNA VEZ – gritó Sora, al borde del llanto.

-A ver… Sora, tranquilízate, chillándole no vas a solucionar nada– dijo Matt.

-Tai, por favor, lee esta carta, lo entenderás todo…

-¿Una carta? ¿Crees que una carta me quitará el sufrimiento que llevo padeciendo casi dos años y medio? Estas muy equivocada, Sora, creía que me conocías más…

-No fue su culpa…

-Claro Sora… no fue su culpa. Ella, la pobre Irenea, no tiene capacidad de decisión ni opinión en su familia, únicamente calló y aceptó la situación sin decir nada a cambio; ella, ¡con su carácter!. Me parece estupendo que le tenga tanto respeto a sus padres, pero tomó una decisión en su vida que supuso un cambio importante y que, por cierto, no le afectaba a ella sola.

-Es cierto, Tai, pero tienes que creerme, si leyeras la carta…

-No voy a leer la carta –concluyó Tai, marchándose- Una carta no va a cambiar nada.

-Pero Tai…

-¡ME DEJÓ SÓLO, SORA! –gritó volviéndose hacia ella – ¡SÓLO! Y NO HAY UN SOLO MOMENTO DE ESTOS DOS AÑOS Y MEDIO EN QUE NO MALDIGA ESE PUTO DÍA.

-Tai… - intentó consolar Matt.

-¿No lo entendéis? Yo la quería, como nunca quise a nadie, y ella decidió por nosotros... se marchó… Y se acabó, ¿entendéis? No quiero saber nada de ella, nunca más.

-Por favor Tai, lee la carta – le suplicó Sora – Mira… Si tan claro lo tienes esto únicamente será una pérdida de tiempo para ti. Pero te ruego, por favor, que la leas.

Tai dudó durante varios minutos, tratando de tranquilizarse, y, tras respirar hondo, le preguntó

-¿Prometes dejarme en paz si leo lo que pone en esa maldita carta?

-Sí, te lo prometo

-Lo prometemos, yo… también estoy… aquí -apuntó Matt

-Ya… Como si no te hicieras notar lo suficiente ya día a día – le contestó Tai con una sonrisa, mientras Sora, que no cabía en sí de gozo, le ofreció el papel

Tai abrió la carta y se quedó compungido: esa persona había estado llorando mientras la redactaba… Aún así, la tinta remarcaba perfectamente esa caligrafía tan característica de chica. No estaba muy seguro del resultado que esto podría conllevar, pero aún así decidió leerla.

-¿Puedes… -preguntó Sora- leerla en voz alta? Es que Matt no la ha escuchado y creo que él podría darte otro punto de vista.

Suspiró y comenzó a leer:

“Nueva York 11 de Marzo de 2002

Querida Sora:

No sabes lo difícil que es la vida en Nueva York: hay muchísima gente y, a pesar de llevar aquí ya año y medio, no me acostumbro al trajín del metro y personas corriendo de un lado para otro, sin mirar siquiera con quienes se cruzan. La vida en Odaiba era mucho más tranquila, podías descansar en los parques sin ruidos de coches ni griterío. Además, la vida aquí se me hace más complicada sin ti aquí… te echo mucho de menos.

Aquí no he podido hacer amigas de verdad, porque las chicas me miran mal por mi color de pelo… bah, es mentira, realmente pienso que es porque no soy americana y suelen mostrarse reacias a que una japo forme parte en su grupo. Aunque, al menos, Yu no se separa de mí nunca, así no me siento tan sola como esperaba…

-¿Quién es Yu? – preguntó Matt

-Es el mejor amigo de Joe que estudiaba allí con ella – contestó Sora con rapidez y emoción– Continua…

…Me acompaña a todas partes, se muestra amable conmigo y me apoya en momentos de decaídas. Creo que siente algo por mí, algo que sobrepasa la amistad…

-¿Es necesario que yo… lea esto? –cuestionó Tai.

-Sigue –confirmó Sora, sonriente.

Suspiró

…Creo que le gusto… pero no puedo corresponderle, porque aún he podido olvidarle, Sora; no he conseguido sacar de mi mente a Tai… (Tai suspiró profundamente, sorprendido ante tal afirmación que rompía sus esquemas) Me despierto por las noches y no puedo dejar de recordar aquella tarde en la que quedamos y le dije que mis padres habían concertado una plaza en un instituto americano y su cara… No hay un solo día, ni uno sólo, en el que no me arrepienta de no haber sacado lo mejor de mí y de haber luchado por esto… Lo quiero mucho, Sora, más de lo que nunca querré a nadie. Sólo espero que no esté sufriendo tanto como yo y que encuentre a alguien que le haga sentir mejor de cómo le hice sentir yo, que pueda apreciar quien es realmente es, aunque me duela. Hasta entonces, prométeme que cuidarás de él, como lo haría yo, sabes que a veces puede llegar a ser testarudo e impulsivo…

Contando los días para volver a verte, se despide de ti tu siempre amiga fiel

Irenea”

-Nunca… nunca se ha olvidado de mí…

-Te dije que esta carta cambiaría tu visión de las cosas.

-Ella sufrió también… como yo –Tai hablaba como si por fin se hubiera quitado esa venda que lo tenía tan cegado y viera la realidad como es – Ella sufría incluso más que yo, porque no quería traicionar a sus padres… No quería decepcionarlos, porque ellos estaban haciendo un sacrificio por ella, por su futuro…

-Exacto –sonrió Sora

-Y… me quiere…

-Y tú, como un idiota, negándole el saludo y huyendo de ella –le espetó Matt

-¿Qué puedo hacer, Sora? Le he hecho daño estos días y no sé cómo arreglar mi estropicio.

-Habla con ella, Tai. Es Irenea, lo comprenderá…. Aún más si viene de ti.

Tai se quedo pensativo… de pié… mirando al suelo…

-¿Pero qué haces, chaval? –le dijo Matt, sacándole de su ensimismamiento- Corre a por ella. A esta hora… tiene que estar saliendo de clase o incluso de camino a casa… y ya sabes donde vive.

-Sí… ¡SÍ! Eso es, la alcanzaré y le diré lo que ha pasado… ¡Claro!

-Corre entonces – le indicó Sora.

-Voy… gracias Sora –agradeció Tai dándole un beso en la mejilla – Vales oro.

Salió a correr, aunque realmente no tenía idea de donde se dirigía, pero en el fondo sabía cuál sería el fin. Callejeó por todas las calles que iban desde el Instituto Taschen hasta su casa, cruzando el parque; no le detuvo el cansancio tras un duro entrenamiento de futbol, pero sí la desesperación por no encontrarla… hasta que al fin… al fondo de la calle, divisó un grupo de tres chicas y ese pelo violeta solo podría ser de…

-¡¡IRENEAAAAAA!!

Las tres chicas se giraron estupefactas por tal grito e Irenea, al ver de quien se trataba, salió al encuentro del agitado Tai, que ya apenas tenía aliento.

-Tai, ¿te encuentras bien?

-Si…. solo…. espera… un…. segundo… por…

-Sí, sí, tranquilo, no me voy a ir.

Tai inhaló aire profundamente

-Lo siento, me he portado como un idiota contigo, te guarde rencor por las cosas que pasaron y ese rencor me ha hecho comportarme como una persona que no soy y… no puedo odiarte, ni obviarte, porque obviamente estas aquí y yo…

Su discurso fue interrumpido por una tímida carcajada, pues Irenea se encontraba tan sorprendida como confusa por sus palabras.

-Pero ¿de qué te ríes? – le pregunto Tai, aprovechando la coyuntura para recuperarse de su maratón particular.

-Pues de que estas diciendo cosas sin sentido, te conozco y he captado el mensaje nada más verte venir corriendo desde el Instituto y estas aquí, como un loro, soltando un discurso tan rápido que parece tan enrevesado –contestó Irenea.

-Vaya… entonces, ¿me perdonas?

-Claro. Sería imposible no perdonarte, y aún más después del carrerón que te has metido… –le dijo Irenea, sonriendo- Anda, ven, idiota.

Y ambos se enzarzaron en un abrazo cálido en el que, siendo conscientes de ello, recuperaron los sentimientos guardados en el cajón.

Regresar al índiceCapítulo 2: Borrón y Cuenta Nueva by Aeneris

Inhaló profundamente… Era ella, siempre fue ella. La separó de sí y la observó: era perfecta, en todos los sentidos. Sonrió satisfecho por su acción y ella se acercó lentamente hacia él, acelerando su corazón… y le susurró:

-Te he echado de menos, Taichi Yagami.

(Mooooc, Mooooc, Mooooc)

Ese maldito despertador, siempre tan oportuno para todos. Tai se hallaba en su cama, boca arriba, con la respiración acelerada por tan semejante vivencia, a la vez que enfadado con su reloj, que arrojó al suelo de un manotazo. Suspiró profundamente y pasó su mano por su pelo despeinado. Parecía tan real…

-¿Pasa algo, hermano?

Levantó la mirada y Kari estaba observándole desde el dintel de la puerta de la habitación, ya vestida y lista para desayunar.

-Intenté despertarte pero tu sueño es tan pesado…

-No pasa nada Kari. Me doy una ducha rápida y te llevo al colegio.

Mientras que el agua le caía por los mechones puntiagudos, Tai pensó en su sueño y en lo que realmente sucedió: la dejó ir, sin más explicaciones que un “mañana nos vemos”, y ella se fue, sin dirigir una mirada hacia atrás. ¿Acaso no hizo lo correcto? ¿Tal vez debió decir algo más?

Tras un desayuno fugaz y el lavado de diente cronometrado que los hermanos Yagami hacían todos los días, ganando la menor, ambos cogieron los cascos de la moto y se dirigieron hacia la escuela, no sin antes desearle un buen día a su madre. Los padres de Tai, al ver lo decaído que había estado los meses atrás, decidieron regarle una Vespa por su cumpleaños, de color verde agua. No era gran cosa, pero le resultaba beneficiosa pudiendo despertarse más tarde de lo que antaño lo hacía para ir al instituto. Una vez llegó a clase, Sora estaba ya sentada en su sitio, repasando la tarea correspondiente al día de hoy.

-¿Y bien? –le preguntó

-¿Qué? – respondió Tai

-¿Qué te dijo ayer?

-Ah… nada realmente

-¿Nada? Bueno, al menos solucionasteis el problema, ¿no?

-Sí, volvemos a ser amigos.

-¡Bieeeen! –exclamó Sora, dándole un gran abrazo

-Sora, que me asfixias…

En ese momento Matt e Irenea entraron en clase hablando sobre música, concretamente sobre Rolling Stone, ya que Irenea le había regalado una pegatina con la característica marca del grupo.

-Mo-rid de envidia –afirmó Matt, tan extasiado por el regalo que apenas podía articular palabra- Es de los Rolling! Mi grupo favorito! Mirad, mirad –indicó sacando la lengua y poniendo la pegatina a ras de cara –Ej igual ¿a qué ji?

A pesar de haber firmado la paz, Tai e Irenea apenas se dedicaron palabra, notándose algo de tensión en el ambiente; hecho que cambió tras la hora de la comida, en la que volvieron a ser el grupo que siempre fueron. Al día siguiente, el profesor de biología dividió a la clase por parejas, lo que supuso un problema para los amigos, ya que, si bien tenían que formar dos grupos, el profesor indicó que Matt y Tai no podrían ponerse juntos, puesto que los experimentos a realizar en sus manos “supondría el fin de nuestra especie”

-Está bien, ¿qué os parece si volvemos a la separación por clases de primaria? Sora y Tai e Irenea y yo – espetó Matt.

-Me parece… -comenzó a decir Irenea, pero Sora le pegó por debajo de la mesa e hizo una caída de ojos, característico de ella cuando pretendía dar pena – Bueno, ¿y si Tai y yo nos ponemos juntos y Sora y tu también? Nunca habéis formado pareja, ¿no?

-Esto…-Matt no se sentía del todo cómodo con esta propuesta, pero Tai reforzó la idea, algo sorprendente, ya que no se caracterizaba por la perspicacia precisamente.

-Me parece una buena idea, hace tiempo que Irenea y yo no pasamos tiempo juntos, y supongo que tendrá cosas interesantes que contar sobre Nueva York.

A pesar de que el comentario cogió por sorpresa a todos, Irenea asintió y se dirigieron al aula de biología, donde había mesas pequeñas y altas con grandes taburetes e instrumental especializado.

-Eh, Kido, ¿te alcanzo una escalera? – preguntó Tai mientras Matt y Sora se acomodaban al final de la clase y disfrutaban de la escena.

-No me hace falta – refutó Irenea – sólo aguántame el taburete.

Una vez estuvieron ubicados todos los alumnos en sus respectivas mesas, el profesor explicó la tarea a realizar, indicando que las parejas que fueran finalizando podrían salir a descansar hasta la próxima hora, poniendo a prueba la coordinación y combinación de las cualidades de los miembros de los grupos. A pesar de ser bastante torpe, Tai resultó tener buenos dones para la materia, por lo que él y su compañera terminaron relativamente pronto, suerte que no corrió Matt y Sora, quienes discutían formando un murmullo constante en el aula.

Ya fuera, Tai e Irenea se dedicaron a mirar por la ventana de la puerta del aula, mofándose de las torpezas de Matt y de la desesperación de Sora, a punto de romper a llorar. Pero algo rompió su divertimento: sus digivices comenzaron a sonar. Tai lo miró con desesperación e intentó llamar la atención de sus amigos, intento nulo.

-Tai, ¿Qué ocurre? ¿Por qué suenan? ¿Qué significa? – preguntó Irenea, con gran preocupación e impaciencia.

-Significa que tienen problemas y nos necesitan.

-¿Cómo?

-Te lo explicaré por el camino, coge tu mochila.

-¿Pero a dónde vamos?

-No podemos perder tiempo, ¡corre!

Ambos salieron a correr por los pasillos, de allí al patio y salieron por la puerta principal, dirigiéndose al aparcamiento para motos y bicicletas. Tai le ofreció a Irenea el casco de su moto y se montó, aunque ella se quedó quieta mirándolo.

-Quiero que me expliques que está pasando

-¿Entiendes el concepto urgencia? Nos necesitan

-¿Pero quiénes?

-Ah… No recordaba lo tozuda que podías llegar a ser… A ver, mi hermana y TK forman parte de la nueva generación de Niños Elegidos, junto con tres chicos más, y, tal y como hicimos nosotros, intentan restaurar la paz en el mundo digital. Pero, en ocasiones, ellos solos no puedes hacer frente a los problemas que surgen y nos piden ayuda a nosotros: Izzy, Mimi y hasta Joe ha intervenido en las situaciones que han sucedido y ahora, por lo que se ve, te necesitan a ti también, ¿contenta?

-No, ¿Qué problemas tienen? –interrogó en profundidad Irenea

-¡Dios! Hay un chico que se hace llamar Digimón Emperador y que intenta dominar el mundo digital a su parecer, amenazando a los digimons más vulnerables y sometiendo con anillos oscuros a los más fuertes, como a Agumón. Y, en serio, tenemos que irnos.

-Vale –indicó poniéndose el casco – vamos a patearle el trasero… Oye, ¿dónde está tu casco?

-Me encanta cuando vuelves a ser la de siempre –elogió Tai con esa sonrisa tan encantadora – Lo tiene Kari, pero no te preocupes, tengo mi propio casco peludo.

Arrancaron el vehículo y se dirigieron a toda prisa a su antiguo colegio de primaria, donde estudiaban Kari, TK y los demás. Saltaron el muro exterior y se colaron por la puerta del antiguo gimnasio, ya que, al no ser alumnos y encontrarse dentro de las horas lectivas, no se les permitía la entrada. Al llegar a la sala de informática, un chico pelirrojo que vestía el mismo uniforme que ellos giró la cabeza, asustado.

-Tardaste mucho –le reprochó Izzy – Se trata de una caso urgente. Y… perdona, ¿Quién eres?

-¿Qué pasa? ¿Te olvidaste de mí en un par de años? Pensé que tu capacidad cognitiva llegaba daba para algo más, que decepción… –respondió Irenea, con grandes aires.

-¿Irenea?!! ¡Dios mío! ¡Qué de tiempo sin verte! ¿Qué haces aquí? –preguntó abrazándola.

-Pues he vuelto a Odaiba hace menos de un mes y apenas he podido avisar a los demás. ¡Qué alegría verte! Si estás fantástico, ¡has crecido!

-Sí, aunque, bueno, no se puede decir lo mismo de ti pero… estás genial.

-Siento interrumpir el reencuentro, pero si mal no recuerdo hiciste hincapié en la palabra urgente… –afirmó Tai

-Sí, sí, perdonad –se disculpó Izzy – sacad los digivices y enforcarlos a la pantalla. Venga, iros, no hay tiempo que perder.

Ambos cogieron sus digivices, señalando a la pantalla del ordenador y fueron engullidos al instante, viéndose envueltos en un túnel en forma de espiral multicolor, hasta que pudieron divisar una luz blanca y reluciente al fondo. Cuando sus ojos le permitieron visionar, divisaron un paisaje característico. No cabía duda, había vuelto al mundo digimon. Sin embargo, no era el mundo digimon que Irenea recordaba pasear, sino que estaba corrompido: el paraje combinaba zonas de frondoso bosque verde y flores variadas con áreas negras, oscuras, de árboles desnudos y tierras secas, coronadas con altos monolitos negros.

-¿Qué ha pasado aquí? –preguntó

-Digimón Emperador. Él ha creado esas torres oscuras que impiden a los digimons que evolucionen y puedan hacerles frente. Ni siquiera nuestro compañeros pueden evolucionar, pero tenemos que ayudarlos.

-TAIIII!!!

Ambos se giraron y divisaron a Agumón, el compañero de Tai, corriendo hacia él, con una felicidad capaz de arrasar con todas las zonas oscuras. Pero no venía solo. Gatomón, la compañera de Irenea, a la que no había visto en casi tres años, le acompañaba. Ambas se abrazaron, de la misma manera que lo había hecho con Sora, ya que Gatomón era una amiga más.

-Siento mucho haber tardado tanto en volver, pero no me he olvidado de ti nunca –le dijo Irenea entre lágrimas.

-Lo sé, sé que si no habías venido antes era por motivos importantes. Pero por fin estás aquí, te he extrañado muchísimo… -confesó Gatomón, también compungida.

-Pero qué bonita estampa, ¿verdad? –preguntó Agumón a Tai

-Si… Chicas, lo siento, pero no podemos perder tiempo. Nos necesitan. Agumón, ¡ADELANTE!

Agumón digievolucionó a MetalGreymón, gracias a que no había ninguna torre oscura cercana, y los chicos y Gatomón subieron a su regazo, sobrevolando el terreno en busca de donde se encontraban los nuevos Niños Elegidos. Cuando llegaron al lugar, la batalla estaba prácticamente perdida: los digimons de los Niños Elegidos estaban agotados por la pelea contra Kimeramón, el digimón creado por Digimon Emperador que combinaban los mejores rasgos de digimons poderosos, quien divisaba su jugada desde uno de sus digimons secuaces.

-¿Así que ese es Digimon Emperador? – le preguntó Irenea a Tai cuando pisaron tierra- ¿él es el causante de este destrozo? Le haré pagar por cada uno de sus errores, deseará no haber nacido. Gatomón, ¿preparada?

-Es que… hace mucho tiempo que no lucho y no tengo energías suficientes para pelear –comunicó Gatomón, algo decepcionada.

-Vaya, pero mira quien ha venido a rescataros, chicos –se mofó Digimón Emperador desde su posición - ¡Por fin conozco a la última Niña Elegida! Es todo un placer para mí tenerte aquí el día que voy a acabar con todo.

-¿Acabar con todo? ¿Quieres ver cómo te pateo el culo?

-¡Pero qué carácter! –dijo Digimon Emperador soltando una carcajada- Me gustan las mujeres con carácter, por eso mismo, has sido elegida y me encargaré de acabar contigo la primera. ¡Kimeramón!, a por ella.

Kimeramón se acercaba a una velocidad vertiginosa, Gatomón no reaccionaba debido a su frustración por no poder evolucionar e Irenea se quedó plantada sin poder mover un músculo, mirando como el monstruo avanzaba hacia ella. Deseó en aquel momento haber podido tragar su orgullo, pero ya estaba todo perdido. Entonces, Tai se abalanzó contra ella, protegiéndola entre sus brazos, cayendo ambos al suelo. Fue en ese instante en el que el digivice de Irenea proyectó un haz de luz morada que abrazó a Gatomón, convirtiéndola en Angewomón.

-¿Estás bien? – preguntó Tai

-Sí… Gracias – respondió Irenea, que aún seguía en estado de shock, hasta que dirigió la mirada a su compañera, convertida por fin – ¡Sí! Bien Gatomón, ¡bien! Estoy orgullosa de ti.

Angewomón dirigió una sonrisa pícara a su compañera y, junto a MetalGreymon, redujeron a Kimeramón, y por ende a Digimon Emperador, quien huyó sin poder emitir contraataque alguno. Una vez pasada la tormenta, Tai se levantó y ayudo a su amiga a incorporarse, quien, tras dirigirle una tímida y fugaz mirada de agradecimiento, corrió a abrazar a su compañera, llenándola de elogios y caricias.

-Chicos, ¿estáis bien? – se preocupó Tai dirigiéndose al grupo.

-Sí, gracias hermano –contestó Kari –llegaste justo a tiempo, pero ¿quién es la chica que te acompaña? Parece que viene con Gatomón…

-¡Sorpresa! –exclamó Tai, haciendo un gesto hacia Irenea para que se acercara.

-Hola chicos- saludó tímidamente Irenea.

-¡IRENEAAA! –gritó Kari dirigiéndose hacia ella y abrazándola – ¡No puedo creer que hayas vuelto!

-¡Kari! –la abrazó y ambas lloraron por su reencuentro- déjame que te vea… estas cambiadísima.

-Pues anda que tú, ¿te has dejado el pelo largo? ¡Te queda genial!

-A ver Hikari, deja un poco de Irenea para los demás – espetó un chico alto, rubio y de ojos claros desde el final del grupo.

-¡TK! –Gritó Irenea, volviendo al llanto – TK, TK, TK

El chico carcajeó llegando hacia ella y la abrazó levantándola del suelo, tal y como hizo su hermano mayor. Los sollozos de Irenea retumbaron de tal manera que compungió los corazones de los presentes, ya que Irenea y Matt eran amigos desde pequeños y TK era para ella como un hermano más, al que no veía desde hace mucho.

-Venga, hombre, esto debe de ser un momento feliz –trató de consolar TK- no puedes llorar de esta manera…

-Es que… estás tan grande, tan guapo… caray, has crecido muchísimo. Estás irreconocible, pequeño.

-Sí, ya ves, mientras unos crecemos, otros os estancáis, ¿no? – bromeó con su sentido del humor, propio de la familia Ishida, mientras trataba de secarle las lágrimas a su amiga – Déjame que te presente a los nuevos Niños Elegidos.

-Verdad, me he centrado tanto en vosotros que me he olvidado de ellos, perdonad.

-¡No pasa nada! Soy Yolei Inoue, pero puedes llamarme Yolei y él es Hawkmon, mi compañero– se presentó una chica alta, de gafas redondas y pelo rosáceo mientras le estrechaba la mano

-Yo soy Cody, encantado de conocerte –dijo el más pequeño del grupo, hablando con grandes dotes.

-Y yo Armadillomón –exclamó un pequeño animalito amarillo desde el suelo

-Encantada de conoceros –sonrió Irenea, respondiendo a los saludos- ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?- preguntó al último miembro.

-Yo.. yo,yo,yo…. –el chico estaba muy sonrojado y se rascaba la nariz con impaciencia- yo, yo…

-El es Davis Motomiya – confirmó Tai – y él Veemon, su digimón.

-¡Hola! –exclamó Veemón.

-Encantada Davis y Veemon, yo soy Irenea  –le dijo dándole un beso en la mejilla, con lo que el muchacho enrojeció más ante la risotada general de sus compañeros- Me ha encantado conoceros a todos.

Mientras regresaban al lugar desde donde habían llegado Tai e Irenea, los nuevos Niños Elegidos contaron a ésta las desventuras que se habían producido en el mundo digimon desde que Digimón Emperador intentara hacerse con él. Una vez de vuelta al mundo real, tras despedirse temporalmente de Agumón y Gatomón, los chicos se dividieron en grupos para volver a casa, puesto que Irenea vivía en el bloque de pisos paralelo al de TK, Yolei y Cody, mientras que la casa de Izzy y Davis quedaba relativamente cerca de la de los hermanos Yagami. Ya en la puerta del colegio, vacío tras las clases, los viejos Niños Elegidos agradecieron la llamada de socorro y ofrecieron su ayuda tantas veces como lo necesitaran. El grupo de TK e Irenea comenzaron su andadura, mientras Tai arrancaba su moto, Kari se ponían su casco y Davis e Izzy ya caminaban de vuelta a casa, charlando sobre la nueva consola que salió pocos días antes al mercado.

En ese momento, antes de colocarse el casco de seguridad, Tai recordó la despedida que Irenea y él tuvieron hace dos días y lo que él esperaba de ese momento. Dudó sobre si volver la mirada, en busca de alguna señal que avivara sus esperanzas, pero, en el fondo no quería volver a decepcionarse de no resultar sus expectativas. “Vamos, Tai, tu emblema representa el valor” se dijo a sí mismo “no pierdes nada por intentarlo”; y haciendo caso de su instinto se giró… y se encontró con su mirada y su sonrisa: Irenea había girado su cabeza, de un modo instintivo, le dedicó una sonrisa de agradecimiento por haberle permitido acompañarle, pero en su mirada se proyectaba una serie de  sentimientos que Tai no pudo desmenuzar. Le devolvió la sonrisa, se puso el casco, subió a la moto y marchó con su hermana hacia su casa, satisfecho por la jornada.

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Los días de esa semana pasaron sin ninguna novedad, por lo que los chicos pudieron realizar sus clases y tareas con total normalidad. Tras finalizar las clases del viernes, Matt, Tai, Irenea y Sora salieron del aula. Los chicos estaban algo enfadados y criticaban la cantidad de deberes que los profesores habían enviado para el fin de semana, cuando un chico alto y con el cabello rubio despeinado que iba cargado de carpetas chocó contra Matt, cayendo los documentos que éste llevaba por el pasillo del Instituto.

-Ups, perdona –se disculpó Matt mientras ayudaba al chico a recoger – iba tan pendiente de la conversación que no me había fijado, lo siento mucho.

-No pasa nada, si yo también iba pensando en mis cosas y con prisas que no había reparado en ti, perdón.

-¿Yu? ¡Yukito! ¿Eres tú?

Todos miraron a Irenea, extrañados ante la situación, inclusive el chico, a quien le relucieron los ojos al ver a su vieja amiga.

-¡Irenea! Vaya… que sorpresa –dijo Yu mientras iba a saludarla - ¿qué haces aquí?

-Estudio aquí, la pregunta es qué haces tú aquí. Pensé que habías seguido con tus estudios en Nueva York.

-Jajajajaja no, acabo de pedir el traslado, porque mis padres no pueden seguir haciendo frente a lo que cuesta mantenerme estudiando fuera y me han ofrecido una plaza en este instituto, aunque sólo sea un año.

-¿En serio? ¡Volvemos a estudiar juntos! Bueno, aunque tú estés en dos cursos más avanzado que yo pero… -en ese momento reparó en que sus amigos la miraba atónita – Perdón, ¡que despiste! Yu, te presento a mis amigos: con quien te has chocado es Matt, ella es Sora y él, Tai.

-Encantado de conoceros, soy Yukito Izawa – respondió Yu

-Igualmente – contestaron al unísono.

-Así que vosotros sois los fantásticos amigos de los que tanto me ha hablado esta señorita –comentó Yu haciendo que Irenea se sonrojara- no podéis imaginar cuanto me ha hablado de vosotros y cuanto os ha echado de menos.

-Y nosotros a ella –dijo Sora abrazando a su amiga.

-Seguramente te hablaría de alguno más que de otros, ¿verdad Yu? –preguntó Matt, con su sonrisa pilla de intenciones claras.

-Ehmmm… realmente, no –contestó Yu, saliendo del paso ante pregunta tan incómoda y exclamó mirando el reloj – Lo siento chicos, pero se me hace tarde y tengo que pasarme por el despacho del director para entregar unos papeles. Nos vemos el lunes, que paséis un buen fin de semana, y dale recuerdos de mi parte a Joe.

Beso la cabeza de su amiga y salió a correr por el pasillo.

Regresar al índiceCapítulo 3: Las respuestas a tus preguntas by Aeneris

El tiempo pasó con una rapidez insólita, pues casi había terminado Octubre, llevándose con él las primeras lluvias del año. Los chicos comenzaron a convalidar la vida estudiantil con la nueva misión en el mundo digimon: por fin los nuevos Niños Elegidos consiguieron derrotar a Digimon Emperador, que volvió a ser Ken Ichijouji, e intentaron restaurar todo el daño que había ocasionado, por lo que pidieron ayuda de los demás para tan ardua tarea.

En el Instituto Taschen, la llegada de Yukito Izawa revolucionó a las chicas, ya que se trataba de un joven atractivo, simpático y risueño con grandes dotes para los estudios; a pesar de que no tenía problemas para relacionarse con los demás, Irenea sentía que debía saldar con él la deuda que tenía por lo bien que se comportó en Nueva York, con lo que todos los días compartían con un rato de su tiempo libre, ya fuera en la comida o en el descanso entre clases.

-¿No te cabrea? –preguntó Matt a Tai durante la comida, mientras observaban a Irenea, sentada en otra mesa junto a Yu.

-¿El qué? –respondió su amigo.

-Que esté tan pendiente de él.

-No, ¿por qué tiene que molestarme?

-A ver: ella es tu ex y sabemos por la carta de Sora que él está por ella…

-Te equivocas –interrumpió Sora- en la carta ella dijo que creía que sentía algo por ella.

-Exacto –dijo Matt, señalándola con el tenedor- hablamos de sentimientos, Sora, está claro. Mira como la mira, como la trata…

-Matt, no –contestó Tai- No a todas tus preguntas referidas a este tema: no estoy celoso ni me voy a poner a pelear por ella. Irenea es mi amiga y eso es lo que siento por ella, simplemente amistad y cariño; además, bastante nos ha costado llegar a tener esta relación como para echarla a perder por otro amigo.

Lo cierto era que, después de todo, Irenea y Tai volvieron a ser grandes amigos, olvidando los acontecimientos pasados y centrándose en su amistad. Sin embargo, a Matt parecía escocerle la relación entre su amiga y Yukito, a quien criticaba y cuestionaba constantemente.

-Vale, vale –se resignó Matt, al ver que se encontraba en una posición ajena a la de sus amigos- pero espero que no lamentes el haber movido ficha en su día.

-Recordaré tus sabias palabras – se mofó Tai.

-Hola chicos – saludó Irenea, reincorporándose a la conversación- ¿tenéis algún plan para este fin de semana?

-¡Ah! Gracias por el comentario –indicó Tai- Kari me dijo que los chicos habían planeado pasar el sábado en el mundo digimon, en plan picnic, para poder terminar de derribar las torres oscuras cercanas a la Ciudad del Comienzo

-Me parece una fantástica idea –apuntó Sora - Voy a enviarle un mensaje a Izzy.

-Y yo avisaré a Joe para que venga, seguro que prefiere este plan antes que estudiar.

Así, todos quedaron en encontrarse en la puerta del antiguo colegio de primaria a las 10 de la mañana del sábado, para poder colarse y trasladarse al mundo digimon. Hacía un día especialmente soleado y caluroso, por lo que los Niños Elegidos pudieron disfrutar, junto a la compañía de sus amigos digimon y tras cumplir con sus tareas, de una agradable reunión, en la que contaron experiencias pasadas del primer viaje ante la atenta mirada de los nuevos miembros, quienes no daban crédito ante tales historias. Tras la comida, los chicos decidieron jugar un partido de futbol mientras las chicas prefirieron relajarse con la suave brisa que corría entre los árboles, aunque no perdían detalle de lo que ocurría en el juego, mofándose a escondidas de las peleas y trampas que Tai y Matt le hacían a Izzy y Joe; pero más tarde, acabaron tan exhaustos de las actividades que había realizado que no pudieron evitar caer en la tentación de acompañar en las chicas en su descanso.

Tai aprovechó ese momento, en el que todos estaban dormidos, para dar un paseo por los alrededores, recordando las vivencias que tan feliz le habían hecho antaño, experiencias que se hicieron más presentes cuando alcanzó el lago situado en una de las fronteras de la Ciudad del Comienzo. Se sentó a sus orillas y disfrutó del paisaje, aunque su tranquilidad duró poco, pues Davis, extrañado por el comportamiento de su amigo, decidió seguirle.

-Ey, Tai, ¿por qué no estás con los demás? –preguntó.

-Tenía ganas de pasear, este lugar me trae muchísimas historias que deben ser recordadas.

-Ah… ¿quieres que te deje sólo?

-No, no pasa nada. Quédate. ¿Sabes? Este mundo ha sacado lo peor que había en mi interior: me costó bastante aceptar mis limitaciones y mis defectos; pero también me ha permitido descubrir lo mejor que había en mí: gracias a la experiencia se quién soy y pude comprender la importancia que tiene la amistad y el compañerismo. Descubrí sensaciones que pensé que jamás podría experimentar… 

-Vaya…

-Y este lago me trae aún más recuerdos. Aquí tuve la primera pelea fuerte con Matt –relató mientras sonreía – y todo fue por culpa de mi insensibilidad a la hora de decir las cosas. Recuerdo que Matt solía ser muy protector con TK e Irenea, siempre se han tratado como familiares, y yo reñía constantemente con ella: era una chica con mucho carácter y solía plantarme cara ante todas las decisiones que yo proponía. Desde que despertábamos estábamos peleando por cosas que no tenían sentido… No sé si TK o Kari te lo habrán dicho, pero Irenea y yo fuimos novios un tiempo.

-No –se sorprendió Davis- no lo sabía.

-Pues sí. Fue durante nuestro primer viaje aquí. Solíamos discutir diariamente… lo extraño es que ambos sentíamos esa necesidad de enfadar al otro, pero no paramos a pensar el verdadero motivo de ello. Fue entonces, cuando Myotismón atacó Odaiba en busca del noveno Niño Elegido y secuestró a todos los chicos del barrio en el edificio de la televisión pública, ¿recuerdas?

-Sí, yo estaba allí.

-Ella le plantó cara, sin importarle las consecuencias que podían ocurrir… Gatomon no era lo suficientemente fuerte para acabar con él, tenían todas las de perder. Fue en ese momento en el que pensé en que, si Irenea no estaba, mi vida no tenía sentido, y descubrí que, realmente, estaba enamorado de ella. Salí en su busca, intentando poder parar su absurda idea, y cuando por fin di con ella se negaba a desistir y a comprender que no podía hacerlo sola; sabía que, de no dejar que los demás la ayudáramos, moriría, así que, en medio de la batalla, la besé. Gracias a ese impulso, recapacitó y comprendió que, no era una simple amistad lo que sentía por mí.

-Guau… pero, ¿vosotros…ahora…?

-No… después de nuestra aventura, al final del verano, me dijo que sus padres habían conseguido plaza para ella en uno de los institutos más privilegiados de Nueva York y que no podía rechazarlo, porque sus padres querían lo mejor para ella, y lo mejor, según pensaron, estaba allí. Claro que esto lo entendí no hace mucho, porque en un primer momento me enfadé muchísimo, le dije cosas que no pensaba y ni siquiera me despedí de ella… Me costó mucho asimilar que se había ido y no saber si volvería a verla alguna vez; pero bueno, ahora vuelve a estar aquí, y eso es lo que verdaderamente importa.

-Vaya… y después de tanto tiempo, ¿la sigues queriendo?

Esa era la pregunta que Tai se llevaba cuestionando desde que Irenea y él hicieran las paces… si su corazón había sanado del todo o si, por el contrario, el regreso de su amiga había hecho reavivar los sentimientos que sentía por ella. En ese momento, Matt llegó corriendo avisando de que se estaba produciendo un ataque donde se encontraban y necesitaban la ayuda de ambos, ya que la mayoría de los compañeros digimon no podían evolucionar y era necesario unir las fuerzas.

Cuando llegaron al escenario de la batalla, divisaron a sus nuevos enemigos: se trataba de una mujer, de pelo largo blanco, y un hombre, del que solo era visible su ojo izquierdo por su indumentaria. Pero no venían sólos: los Cuatro Amos Oscuros le acompañaban.

-¿Qué hacen ellos aquí? –preguntó Tai a Matt mientras corrían hacia el grupo- Pensé que habíamos acabado con ellos.

-Y lo hicimos. Éstos son copias creadas a partir de torres oscuras.

-¿Quiénes sois? ¿Qué pretendéis hacer aquí? –les preguntó Yolei.

-Soy Arukenimon –se presentó la mujer- y él es mi compañero, Mummymon, y bueno… a ellos son los Amos Oscuros, aunque para algunos no hace falta que os los presente.

-¿Qué queréis de nosotros? –cuestionó Sora

-De vosotros, nada –contestó Mummymon – Vamos a dominar el mundo digimon y, para empezar, vamos a destruir la Ciudad del Comienzo, plagiando la idea de los Cuatro Amos Oscuros, para someter a todos a nuestros dominios.

-Y quienes mejor para destruirla que las fantásticas copias de ellos –continuó Arukenimon –Así que, decidid, ¿os unís a la destrucción o preferís morid?

-Jamás nos uniremos a vosotros –espetó Davis- Guárdate algo de chulería para cuando acabemos con vosotros y supliquéis piedad.

-Sólo era una pregunta retórica. A ver cuánto tardáis en arrepentíos de vuestra decisión –exclamó Arukenimon – Chicos, ¡adelante!

Con su grito de guerra, los Amos Oscuros retomaron sus ataques mientras los digimon intentaban combatirlos, aunque la diferencia de poder era enorme. Así, los chicos decidieron reunirse mientras sus compañeros luchaban e idear una táctica que pudiera desarmarlos; sin embargo, uno de ellos había decidido comenzar su propia estrategia sin tener en cuenta al grupo.

-No destruiréis la Ciudad. Dedicamos muchos días a la reconstrucción cuando ellos la destruyeron, ¿qué pensáis hacer con los digimon bebe? No os lo permitiré, tendréis que pasar por encima de mí.

-Irenea, ¡NO! –exclamó Matt mientras Tai y él corrían para perseguirla, aunque su intento fue frustrado por el ataque de MetalSeadramon, quien trazó un círculo de fuego alrededor de los chicos, quedando aislados de su compañera, de la que sólo pudieron oír como animaba a su digimon a evolucionar en Angewomon.

-Tenemos que hacer algo, Matt –indicó Tai- si no conseguimos salir de aquí, acabaran con ella. Porqué tiene que ser siempre tan independiente…

-No podemos hacer nada, Tai –dijo Sora- Si no conseguimos reducir este fuego, no podremos salir de él.

-¡Maldita sea! –maldijo Tai

Tenía que rescatarla, si los demás no podían usar sus cualidades para salvarla, lo haría él; no importaba si tuviera que atravesar un círculo de fuego o un muro de piedra, tenía que hacerlo. “Tengo que ir a por ella, pero… ¿y si no llegó a tiempo para salvarla? ¿Y si ya es tarde? Tengo que rescatarla, sea como sea”. En ese momento, las llamas se abrieron formando una gran separación y apareció MetalGreymon, la evolución del compañero de Tai gracias al emblema del Valor. Subió a su espalda y el fuego se cerró tras ellos cuando emprendieron el vuelo; sobrevolaron la zona y descendieron en picado cuando localizaron a su amiga.

Tai fue corriendo a auxiliarla, ya que se encontraba cansada por los esfuerzos de proteger a su digimon de los ataques que estaba recibiendo, y la cogió por detrás, evitando que saliera a correr otra vez hacia su compañera.

-Suéltame Tai, tengo que ayudarla.

-La hubieras ayudado más si te hubieras estado quieta a nuestro lado, no haciendo que sus fuerzas se dividieran entre atacarlos y protegerte.

-No podía, esta zona era la que Gatomon protegía, somos nosotras las que tenemos que luchar, no os corresponde a ninguno de vosotros.

-¿Cómo que no…? ¿Pero es que quieres morir y llevarte contigo a Gatomon?

-Si con ello evitamos que destruyan la Ciudad del Comienzo y a los digimon bebe, sí. Y suéltame de una vez.

-No te voy a soltar, no si sigues con esas ideas. Irenea, nosotros somos un equipo, todos nos apoyamos, cuando tenemos problemas nos ayudamos los unos a los otros, y estamos aquí para ayudarte. Sé que Gatomon y tú os sentís responsables porque esta es vuestra zona, pero el enemigo es el mismo para todos.

-No intentes convencerme Tai… si alguno de vosotros sale dañado por esta batalla, no me lo perdonaré jamás…

-Ni nosotros no haber hecho nada por evitar tu muerte y la de Gatomon. Te necesitamos en el grupo… Yo… yo te necesito a mi lado.

Con esas palabras susurradas al oído, Irenea dejó de luchar por escapar de los brazos de su amigo y se giró sobre sí misma, encontrándose con sus ojos. Ambos se miraron, manteniendo una lucha interna contra sus sentimientos, pero no podían dejar de mirarse. Sus miradas hicieron que se parara el tiempo para ellos: no escuchaban el ruido de los ataques, las risas de los enemigos ni los gritos de sus compañeros mientras coordinaban a sus digimon para poder paliar el fuego.

-Dilo otra vez –le dijo Irenea.

-Te necesito a mi lado, nunca he dejado de necesitarte… -le reiteró mientras se inclinaba lentamente. Tai dejó caer sus brazos, agarrando fuertemente su cintura y besándola con extrema suavidad, mientras Irenea agarraba su camiseta con fuerza y levantó su cabeza para poder alcanzar mejor sus labios. En ese momento sus corazones volvieron a recordar vivencias que tan felices les habían hecho, pero su momento fue interrumpido por un fuerte estruendo provocado por una explosión cercana a ellos.

-Déjame ayudarte, por favor –susurró Tai, separándose unos centímetros de ella- por favor, no me perdonaría si te pasara algo.

Irenea asintió con la cabeza, aún aturdida por lo que acababa de ocurrir, y se giró hacia la batalla, descubriendo que el poder de Angewomon había aumentado considerablemente, más de lo común para su evolución, posiblemente debido al poder de su emblema de la luz.

-Acabaremos con ellos… –le respondió Irenea y añadió cogiéndole de la mano- juntos

-¡A por ellos, MetalGreymon! –animó Tai

-¡No tengas piedad, Angewomon!

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-¿Te pasa algo, hermano? –preguntó Kari, entrando en la habitación – Es que no has dicho nada desde que volvimos del mundo digimon.

-No pasa nada –contestó Tai, no sonando muy convincente.

-Llevas unas semanas muy raro… y estoy bastante preocupada por ti –le dijo Kari y, dirigiéndose hacia la puerta, añadió- bueno, sabes que puedes contarme todo lo que quieras, ¿vale?

-Hikari… cierra la puerta y siéntate, necesito que me escuches…

La chica se sentó en el suelo, frente a su hermano, sentado en la cama, quien parecía muy preocupado.

-Es que… no sé por dónde empezar.

-Puedes empezar diciéndome que es por Irenea, por ejemplo –le dijo su hermana, sonriéndole.

-¿Qué? ¿Cómo lo sabes?

-Taichi, soy tu hermana. Te conozco muy bien. Además, llevas así desde que ella volvió a Odaiba.

-No sé qué hacer con esto, Kari. Cuando estoy a su lado, me siento completo,  siento esa felicidad que hace tanto que no recordaba… Es como si el tiempo que ha estado fuera no hubiera existido, todo está como antes. Además, hoy durante la pelea nos besamos… y no sé si estas sensaciones son sólo mías o si ella se siente igual que yo, aunque, después de tanto tiempo, posiblemente ha pasado página…

-No lo ha hecho Tai –contradijo su hermana- Os he visto juntos, como hoy, y os buscabais con la mirada, no lo niegues, y no sólo la buscabas tu, sino que ella te buscaba a ti! Se nota esa fuerza cuando estáis juntos, y si, además me dices que os habéis besado…

-¿Qué puedo hacer, Kari?

-Pueeees…- dijo su hermana, mirando su reloj – queda algo más de una hora para que mamá ponga la cena.

-¿Qué tiene eso que ver con mi problema?                

-Pues que tienes tiempo para ir a su casa y decirle cómo te sientes. Si no enfrentas esta situación así, desahogando tus sentimientos con ellas, jamás podrás saber si tus creencias son correctas. Si sólo ella conoce las respuestas a tus preguntas, ve a por ellas entonces.

-Gracias, hermana –dijo Tai, besando a su hermana en la frente.

Salió rápido de su habitación, se puso los zapatos y cogió su chaqueta de cuero negra.

-Taichi, ¿a dónde vas a estas horas? Vamos a cenar en un rato – dijo su madre.

-Tranquila mamá, estaré aquí para la cena. Hasta luego.

-¿Pero sabes que le pasa a tu hermano? –le preguntó a Kari.

-Ohhh l’amour –susurró mientras cambiaba de canal.

No podía esperar el ascensor, así que bajó a toda prisa por las escaleras y salió a correr por la calle principal. La casa de Irenea se encontraba bastante lejos, pero se sentía con fuerzas de correr hasta allí y, mientras lo hacía, su cabeza no dejaba de proyectarle recuerdos y pensamientos.”¿Qué le iba a decir? ¿Cómo se lo iba a decir? ¿Qué pasaría si no sentía lo mismo que él?” Cuando volvió a la realidad, se encontraba atravesando ya el parque, y podía divisar ya el edificio a lo lejos.

Una vez se encontró a los pies del bloque de pisos, miró hacia arriba: podía ver perfectamente las ventanas del salón y de su habitación; pero no sabía que podía hacer para contactar con ella, ya que no había traído el móvil y no le parecía correcto subir a su casa dada las horas que eran. Su desesperación parecía no tener fin, hasta que localizó una cabina que se encontraba a escasos cincuenta metros…

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(riiiing, riiiiing, riiiiiing, riiiiiing)

-Casa de la familia Kido, al habla Joe.

-Joe, soy Tai. ¿Está tu hermana en casa?

-Hola Tai. Sí, espera un segundo.

-Vale, gracias.

-¿Tai?

-¿Irenea?

-Sí, dime, ¿qué ocurre?

-Eh… ¿estás en casa?

-Estas llamando a mi casa, Tai.

-¿Puedes asomarte al balcón del salón, por favor?

-¿Al balcón? Espera un segundo… ¿pero qué haces ahí?

-¿Puedes bajar un segundo? Necesito hablar contigo.

-Vale, bajo ahora. Chao

Tai estaba inquieto, sabía que ya no había vuelta atrás, iba a conseguir por fin sus respuestas, fueran cuales fueran. Se sentía demasiado nervioso para mirar si la luz del portal se encendía o no, a lo mejor no quería bajar… Así que se dio la vuelta, mirando hacia el parque, mientras su cabeza le aconsejaba mil consejos a la vez, algunos contradiciendo a otros. “¡Para ya!” se dijo a sí mismo “Tranquilízate joder, si no es para tanto…” Pero basto dos toquecitos en su espalda para que el corazón volviera a latirle a un ritmo insólito.

-Hola –le dijo Irenea, quien estaba levemente sonrojada.

-Hola… -contestó. Estaba tan bloqueado que no le salían las palabras.

-¿Qué pasa, Tai?

-Pues veras, Irenea –comenzó a decir con la cabeza agachada por la vergüenza- yo he venido porque quería decirte una cosa… una cosa importante, pero no sé cómo voy a poder decírtela porque no sé cómo explicarla… Verás, yo quería decirte que…

-Sé porque estás aquí –le interrumpió Irenea- llevo mucho tiempo esperando a que vinieras…

Tai levantó la cabeza y se encontró, una vez más, con sus ojos; acercó la mano poco a poco a su cara, acariciándola, mientas ella le sonreía dando un paso hacia delante y colocaba sus manos en su pecho, pudiendo notar cómo le latía el corazón. No podían apartar sus miradas y, poco a poco, sintieron como la pasión les jugaba una mala pasada por segunda vez en el día. Tai rodeó la cintura de Irenea con el otro brazo y levantó su cabeza delicadamente con la otra mano, mientras ella agarraba las solapas de su chaqueta; estaban tan cerca que podían sentir sus respiraciones aceleradas.

-Te he echado de menos, Taichi Yagami –le susurró mientras no dejaba de sonreírle y, tras suspirar profundamente, ambos cayeron en un beso tan apasionado como profundo, escondidos tras la cabina.

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-¿A dónde había ido, hija? –preguntó la Señora Kido.

-Una compañera tenía una duda con la tarea del lunes y ha venido a ver si podía ayudarla.

-Ah, perfecto, cariño. Ve a cambiarte de ropa, vamos a cenar en breves.

Irenea fue a su habitación, cerró la puerta y se apoyó su cabeza en ella pensando en lo que acababa de ocurrir: ¿significaría ese beso que Tai la amaba? Claro que significaba eso… No podía explicar con palabras lo feliz que se sentía, sólo podía sonreír como una idiota mientras inhalaba su sudadera, que aún olía a él.

-Ha sido un gran beso, digno de las mejores películas.

Sorprendida, se giró y vio como sus dos hermanos, Shin y Joe, estaban sentados en su cama, sonriéndole. Los miró y miró a la ventana de su habitación: no cabía duda alguna de que habían estado espiándole.

-¿Habéis estado espiándome? –preguntó enfadada.

-Sí –contestó Shin- oye, a partir de ahora ¿debemos llamarlo cuñado?

-¡Sois lo peor! ¡Iros de mi habitación ahora mismo! Hubiera preferido mil veces tener hermanas antes que tener unos hermanos cotillas.

-Oh, venga –dijo Joe- sólo queremos saber con quien anda nuestra hermanita.

-Por si tuviéramos que actuar para aclararle que pasa si no te respeta – continuó Shin

-Suena enternecedor, pero os quiero fuera de aquí ya, me gustaría tener un poco de intimidad en MI habitación –dijo Irenea, abriendo la puerta. Una vez que se fueron, no pudo evitar la risa ante esta situación. Sin duda, tenía los mejores hermanos del mundo.

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-Tai, hijo, ¿por qué has tardado tanto? –preguntó su madre, desde la cocina.

-Lo siento mamá, Izzy tenía problemas con su portátil y fui a su casa a ayudarle. Enseguida pongo la mesa.

Dejó sus zapatos y la chaqueta en la entrada y fue hacia su habitación ante la atenta mirada de su hermana, quien seguía viendo la tele, ahora con la compañía de su padre. Kari se sentó de rodillas, mirando hacia la habitación y susurró “¿qué tal fue?”, a lo que Tai le guiñó un ojo y le dirigió su característica risa burlona mientras cerraba la puerta de su habitación. Kari explotó de júbilo, abrazando a su padre con tanta fuerza que casi lo asfixia.

 

 

Regresar al índiceCapítulo 4: La luz caída del cielo by Aeneris

Con el fin de las Navidades, el tiempo destinado a las asignaturas tuvo que aumentar considerablemente, por lo que los amigos apenas conseguían verse fuera del instituto; sin embargo, esto no afectó en la relación emergente entre Irenea y Tai, quienes aún no habían comentado nada entre sus amigos y se veían a escondidas entre las horas de clase o eventualmente en un pequeño parque infantil a mitad de camino entre ambas casas.

Un día, durante la clas

Lux Cordis by Aeneris

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