El rayo de Konoha by garou13

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 El rayo de Konoha by garou13
Summary:

La historia del cuarto Hokage

 



Categories: NARUTO Characters: Jiraiya

Generos: Accion/Aventura

Advertencias: No

Challenges: No

Series: No

Chapters: 12 Completed:Word count: 16733 Read: 4527 Published: 21/01/2008 Updated: 26/02/2008
Summary:

La historia del cuarto Hokage

 



Categories: NARUTO Characters: Jiraiya

Generos: Accion/Aventura

Advertencias: No

Challenges: No

Series: No

Chapters: 12 Completed:Word count: 16733 Read: 4527 Published: 21/01/2008 Updated: 26/02/2008
Story Notes:

CAPITULO 9

Story Notes:

CAPITULO 9

Capítulo 1: El nacimiento by garou13 

Cuenta una vieja leyenda, que ya apenas puedo recordar, pero gracias al paso del tiempo en mi propio cuerpo, aún puedo revivirla intensamente.

Hace mucho tiempo, nació un niño, llamado Minato Namikaze. Se dijo de este advenedizo que era una auténtica muestra del cielo divino, pues nació el mismo día en que la luna y el sol se cruzaron en el cielo, y una lluvia contradictoria, pues combinaba la oscuridad con la luz, cayó sobre Konoha. Un hecho bonito, de no ser porque el recuerdo y las víctimas de la última guerra ninja aún estaban en la memoria de los tristes guerreros que seguían vivos y en el pasado de aquellos que ya habían muerto.

 

Tanto su padre como su madre eran muy respetados por la sociedad de Konoha. Su padre se llamaba Taro Namikaze, y su madre Hinura Toshi.

El hombre era serio, y muy reservado. Mostraba una incipiente calvicie, y una sonrisa para todos aquellos que eran sus amigos. Entre ellos el tercer Hokage, Sarutobi.

La madre de Minato por el contrario era un auténtico dilema. Regentaba uno de los restaurantes más populares de Konoha. Su cuerpo parecía estar prohibido por la leyes de la cordura y su cara era el reflejo de la locura a la que un hombre puede llegar por estar con ella. Su cabello rubio caía lánguidamente por las curvas de su sensual cuerpo y su voz era tan dulce que casi parecía que se pudiese beber de ella.

El misterio era como una mujer como Hinura había acabado con un hombre como Taro, pudiendo aspirar a cualquier cosa.

El niño pronto acudió a la escuela para convertirse en ninja como su padre. Pero a diferencia de él, y siendo tan pequeño, mostraba unas maneras extraordinarias, para convertirse en un gran shinobi.

 

Taro se volvió taciturno con el paso del tiempo. Su hijo Minato era todo un techado de virtudes. Tenía el pelo rubio de su madre, pero levemente encrespado, y mostraba una alegría y felicidad, impropias del padre que le había criado.

Tari apenas hablaba con su hijo. Cuando se convirtió en genin, su padre le miró y le dijo:

  • - No está mal...

Estas palabras quebraron el corazón de un niño, que sólo parecía contar con el amor de su madre.

 

Un día Taro, se presentó completamente ebrio en la torre del Hokage. Su amigo Sarutobi le miró sin comprender nada.

  • - Anoche...- dijo con cierta dificultad a la hora de hablar.- Pensé en matar a mi hijo. Lo pensé...

Sarutobi le miró, en cierta forma comprendía a aquel hombre. Siempre había sido despreciado por todo el mundo. No era más que un Chuunin. Tenía una esposa preciosa y un hijo que parecía desvivirse por él. En la aldea se pensaba que el pobre diablo de Taro no merecía la suerte que corría.

  • - No habrás...- dijo el Hokage temiendo la respuesta.
  • - Me he acordado de cuanto le quiero y me ha sido imposible...

 

Tras la respuesta el Hokage se dio cuanta de que sin querer, había estado aguantando la respiración.

  • - ¿Qué es lo que quieres de mi? ¿Una especie de absolución?...los pecados debes de perdonartelos tú mismo y los que te rodean...
  • - No...- dijo decididamente Taro.- Quiero pedirte un favor. Y no me lo deniegues por favor.

Al ver como sufría su amigo, Sarutobi asintió.

  • - Debes prometerme, que uno de tus discípulos entrenará a Minato. Un sannin debe entrenar a mi hijo.

 

 

Pasó un año y Taro murió como consecuencia de una emboscada en los bosques del país del agua. Nadie vio lo que pasó. Un ninja había muerto, ni más ni menos. Una frivolidad para una aldea que parecía haber perdido el sentido y los sentimientos.

Al funeral de Taro fueron Minato y su madre. Ambos se consolaban mutuamente. Las palabras del tercer Hokage, llenas de cariño y amistad no aflojaban la angustia ni la carga que el propio Minato y su madre albergaban en el corazón. Nada podría suplantar aquella pérdida.

Ese mismo día Minato decidió caminar un poco. Quería despejarse. Tenía 9 años y su mente ya mostraba la culpa propia de un adulto que ha visto demasiado horror.

En ese mismo instante, un hombre se interpuso en el camino del chico rubio. Tenía el pelo largo y blanco a pesar de su juventud. Y dos líneas verticales de color rojo surcaban su cara.

  • - ¿No es un poco tarde para que un chico tan joven ande por estas calles?- dijo el desconocido.
  • - Konoha es libre, y cada uno va por donde quiere- respondió de manera maleducada Minato.
  • - Es cierto. Pero mañana tienes que levantarte pronto para el entrenamiento. Soy tu nuevo sensei

Minato se giró sin comprender muy bien las palabras de aquel hombre

  • - ¿Quién eres?- preguntó el chico al desconocido.
  • - Jajajaj- rió estrepitosamente el extraño.- Lo siento chico. No me he presentado. Mi nombre es Jiraiya y con mi ayuda te convertirás en un gran ninja, tal y como quería tu padre.

 

Era difícil acostumbrarse al carácter tan desenfadado de Jiraiya. Era un sensei de lo más inusual, unas veces estaba para entrenarles, y otros días se pasaba semanas enteras fuera de Konoha. No obstante, Minato estaba sorprendido del poder del sannin. Aunque no era el único, pues sus dos compañeros gennin, también lo estaban.

Había pasado medio año desde la muerte de su padre y estaba totalmente recuperado. Sabía que Taro no le odiaba. Sino que quería lo mejor para él. Jiraiya era el único sannin que había entrenado, pues Tsunade se había ido hacia algun tiempo de la aldea debido a la muerte de su hermano y de su novio, y Orochimaru era un ser extraño y errático, que era realmente una auténtica incógnita.

 

Por aquel entonces, Minato había pasado las pruebas del bosque con su equipo, pero éstos habían sido eliminados en los combates preliminares. …l era el único que seguía delante para ser chunnin en la gran batalla que se celebraría en el estadio de Konoha.

 

La luna alcanzaba los cabellos color plata de Jiraiya el cual contemplaba a Minato de forma curiosa.

 

  • - Vamos Jiraiya, no queda nada para el examen de Chunnin. Y lo que me has enseñado no pasan de ser técnicas generales que te enseñan en la academia.
  • - Estás más que preparado, te lo garantizo.

 

Minato entornó ligeramente los ojos.

 

-¿Me estás escuchando? ¿O estas pensando en mujeres como siempre? No estarás pensando en mi madre ¿no?- dijo Minato alzando el puño amenazadoramente.

- jajajaj- gritó Jiraiya ligeramente sonrojado y rascándose la cabeza.- No me atrevería a desafiar al "rayo amarillo de Konoha"

- Ya sabes que no me gusta que me llames así. Es un mote ridículo. Me gusta más el "super ninja" o el "rey ninja"

- Yo diría que esos son aún más ridículos..-susurró Jiraiya entornando levemente los ojos.

- ¿Qué has dicho?- preguntó Minato alzando de nuevo el puño de forma amenazadora.

- Nada, nada...Descansa para el combate. Es dentro de seis días.

- Yo no descanso, Ero Sannin. Practicaré una técnica que demostrará que eres mi sensei.

- ¡¿Qué me has llamado?!- gritó Jiraiya al escuchar el mote que Minato le había puesto.

 

Pero Minato ya no escuchaba. Debía practicar. El gran combate para ser Chuunin estaba a punto de comenzar.

Volver al indexCapítulo 2: El examen chunnin by garou13
Author's Notes:
Como Minato se convierte en chunnin
Author's Notes:Como Minato se convierte en chunnin

El sol resplandecía alto aquel día, seis después de que se hubiese despedido de su maestro. Era un día excelente para ganar, pero también para perder. No obstante, había tenido bastante suerte. Había ganado todos sus combates sin mucha dificultad, pero parecía que su suerte había cambiado.  

Un chico moreno, de tez ligeramente ocre, le observaba con detenimiento. Se recogía el pelo y una abrupta y enorme coleta, y su gesto parecía más bien de cansancio que de amenaza real.

El nombre de su adversario era Shikaku Nara. Sus cualidades apenas sobrepasaban las de un gennin normal y corriente, pero sus habilidades de clan, como era el manejo de las sombras, parecían empequeñecer todas las virtudes del joven Minato.

La final estaba a punto de empezar.

 

El tercer Hokage miraba hacia el cielo. Era uno de los pocos momentos de paz de los que había disfrutado tras las guerras ninja, y no pensaba perderse ni uno solo de aquellos momentos tan preciados.

Una voz grave sonó tras Sarutobi:

-         ¿Dejando que el sol tiña tu cara? ¿No eres demasiado mayor para preocuparte por cuestiones estéticas?

-         Y tú eres demasiado joven para referirte a mi en esos términos Jiraiya. ¿No llegas un poco tarde?, un alumno tuyo llega a la final y no pareces inmutarte..- respondió de manera sonriente el Hokage, observando al que fue su más singular alumno.

-         No tenía prisa. Sabía que llegaría hasta aquí…- dijo Jiraiya observando el gesto serio de Minato.

 

El viento mecía el pelo de Minato. Una calma tensa se había formado entre los dos adversarios. Su ropa de color negro y gris parecía estar amilanándose ante la presencia del ninja de las sombras, pues no hacía más que pegarse a su cuerpo.

Shikaku se agachó y dijo:

-         KAGEMANE NO JUTSU.

La sombra oscilante y temeraria comenzó acercarse a Minato, pero éste comenzó a correr hasta el extremo opuesto donde pensaba que la oscuridad no le alcanzaría.

Tras ponerse a salvo, el chico observó que Shikaku ya no estaba.

Los gritos del público le avisaron de la nueva estratagema de su adversario. Estaba trepando por una de las paredes del estadio.

Minato no tardó en comprender lo que pasaba. Las paredes eran el único sitio del estadio donde el sol no había puesto su huella, y aquella sombra sería lo suficientemente grande como para cogerle.

Una frase igual que la primera, hicieron que las sombras intentaran alcanzar al joven muchacho que se presentaba para Chuunin.

 

Minato cerró los ojos, lo que la gente entendió como un gesto de rendición. Los gritos de los espectadores se hacían cada vez más audibles. Querían espectáculo, no aquella pantomima. Querían valentía y no la mostrada cobardía.

   

Pero como un buen ninja, Minato cerró los ojos para aislarse del mundo exterior. Escuchaba sólo su respiración y su propio latido, y más tarde comenzó a escuchar como ríos de chakra lamían sus músculos, sus venas y sus arterías.

Cuando las sombras parecían alcanzar al chico de cabello dorado, unas palabras surcaron el aire:

-         SHUNSHIN NO JUTSU!!

 

En ese preciso instante, la figura de Minato se desvaneció como el propio aire.

 

Jiraiya intentaba por todos los medios no mostrarse interesado por el combate. Pero su cuerpo y su mirada delataban que estaba impaciente por ver lo que podía hacer su alumno. Cuando lanzó aquella técnica, Jiraiya casi se lanza por el palco del Hokage. ¿Cómo había podido aprender shunshin no jutsu? Había ninjas que a lo largo de su vida no podían ponerla en práctica y mucho menos perfeccionarla de aquella manera, pues Minato no había dejado ni rastro.

 

Shikaku miraba a un lado y a otro. La breve estrategia que había diseñado le podía dar la victoria, si no fallaba, y aquello era un fallo. Cuando el pensativo ninja quiso darse cuenta de lo que pasaba un cuerpo se materializó a su lado y le golpeó fuertemente de tal forma que le hizo caer al vacío.

La altura era considerable, si caí el ninja de las sombras al suelo moriría irremediablemente. De modo que tras asestar su golpe, Minato volvió a realizar su técnica para permitir que Shikaku cayera plácidamente en el suelo.

Tras hacer esto, Minato amenazó con un Kunai la integridad del cuello del chico del clan Nara.

Lo tenía tan apretado que Shikaku al tragar podía notar el sabor de aquella arma que apuntaba contra su esófago. Pero no había maldad en los ojos de su adversario. Minato sonrió y dijo:

-         Has perdido

-         Sin lugar a dudas- dijo escuetamente el marionetista de las sombras.

  

Minato miraba las estrellas, pensando que tal vez, violando todo tipo de ciencias y raciocinio, una de ellas fuera su padre y estuviera orgulloso de su hijo.

El chico no pudo evitar arrugar ligeramente sus ojos azul intenso y emitir una sonrisa que sin duda alguna se perdería en la inmensidad del universo.

 

-         Eres Chuunin y te veo aquí, mirando las estrellas como atontado…-dijo una voz que Minato conocía a la perfección.

-         ¿Y que debería hacer?- preguntó Minato

-         Deberías estar ligando con la chicas. No digo ni mucho menos que te acuestes con ellas aún eres demasiado joven para eso. Pero un pequeño beso no hace mal a nadie…- dijo Kiraiya a la vez que con un ligero ruidito se sentaba al lado de su alumno.

-         No cambiaras nunca, Ero sennin

Jiraiya miró a Minato. Recordó los momentos que había pasado con aquel chico y dijo en voz baja:

-         Yo puedo cambiar, pero tú no debes de hacerlo. Lo mío es una probabilidad pero lo tuyo es una obligación. No cambies nunca Minato. Llegarás muy lejos.

 

-         Te lo prometo sensei- dijo Minato al ver la expresión feliz del rostro de Jiraiya

 

Como si el sannin temiera mostrar sus sentimientos, se puso enseguida de pie. Y dijo de manera brusca al muchacho:

 

-         Levántate, y vete a la cama. Mañana por la tarde nos iremos a una misión.

-         ¿Tu y yo?- preguntó Minato al ver que no nombraba a sus dos compañeros que aún seguían siendo gennin.

-         Si. Es una misión especial que me ha encargado el Hokage. Tenemos que ir al país del agua. Parece que esos “crustaceos” planean algo…

-         ¿Y que tiene eso de particular?

-          Crearemos una técnica que cambiara tu modo de ver las cosas. Dentro de poco seguro que te conviertes en jounin.

-         ¿Una técnica?- pensó Minato entusiasmado

 

Jiraiya mostraba una amplia sonrisa al ver la expresión del chico. Sin duda no era consciente de todo lo que vendría a continuación.

Volver al indexCapítulo 3: Un guerrero con corazón by garou13

Gusta mucho volver a casa. Los recuerdos se avivan como si fueran una realidad que pasea ante tus ojos. Tus sentidos se agudizan para escuchar todos aquellos sonidos, y saborear y ver todas aquellas cosas que te eran familiares hace tan poco tiempo.

Habían pasado cinco años desde la marcha de Minato con Jiraiya. Las misiones llegaban en forma de misiva, con la firma del propio Hokage. El mensajero, un águila de ojos oscuros, era el único habitante que Minato había visto en cinco años de la aldea oculta de la hoja.

En la última carta, Sarutobi le decía que iba a ser nombrado jounin, y que debía presentarse inmediatamente en Konoha. Por supuesto, Jiraiya no le acompañó.

En el último lustro, no sólo había crecido fisicamente, sino también intelectualmente. Era consecuente y precavido, a la vez que alegre y provocativo. Guardaba todas aquellas pequeñas virtudes que a uno le hacen grande.

Con estos pensamientos surcando su cabeza, un chico se interpuso en su camino.

Minato no pudo evitar sonreir:

-         Dichosos los ojos que te ven- dijo el chico que había crecido, pero su forma de hablar era claramente reconocible.

-         ¡Que alegría volver a verte!- dijo Minato, agarrándose con fuerza a Shikaku, como si fuese un recuerdo que no quisiese dejar escapar.

-         ¿Dónde demonios te has metido?- preguntó el chico de las sombras.

-         Es una historia larga, mejor…

 

En ese preciso instante, una voz femenina rompió la tranquilidad amistosa entre aquellos dos amigos. Fue un grito que proclamaba a voces la consecución de una técnica:

-         KAGE BUNSHIN NO JUTSU

 

Sin saber porqué, Minato comenzó a correr en dirección a la voz. Esta persecución le llevó hasta los campos de entrenamiento de la escuela de Konoha.

Un hombre con un largo kimono negro, estaba peleando con múltiples copias de una shinobi que se encontraba a varios metros de él.

El hombre mostraba una expresión iracunda, acrecentada por la venda que tenía en un ojo.

La chica por el contrario parecía salida de otra escena, muy diferente a aquella. Su pelo era de un color mezclado entre el rojo y el castaño. Y sus enormes ojos de color azul mostraban una infinidad de sentimientos que ni el propio Minato sabía que existían.

Vestía un pantalón corto de color negro y una camiseta abrochada ligeramente con cordeles por arriba.

Su cuerpo parecía estar danzando al ritmo de una música inventada con un cuerpo que parecía casi etéreo hasta llegar a la perfección.

-         El hombre es conocido con el nombre de Danzou

Minato se giró sorprendido, al ver que Shikaku le había seguido. Ni siquiera se había dado cuenta. El chico del clan Nara siguió hablando:

-         Dicen que Danzou controla parte de los ANBU y que además ha fundado una organización oculta dentro de ella.

 

Minato asintió brevemente y preguntó:

-         ¿Quién es la chica?

 

-         Ah, vaya…ya te has descubierto Minato. Te estabas tragando toda esta información sin sentido para preguntarme por la chica..

-         No es eso- replicó enseguida Minato, dándose cuenta de la perspicacia de         Shikaku.

-         Te diré que la chica se llama Kushina Uzumaki , proviene del país del remolino y se dice que es una de las shinobi más prometedoras de toda la villa. Aunque estando tú aquí tal vez le quites el puesto…

-         ¿Por qué entrena con Danzou?

-         Parece ser que es una miembro ANBU aunque supuestamente, esas identidades deben ser secretas y sólo las conocen los miembros del consejo.

-         Ya veo….

-         Jajajaj- rió descaradamente Shikaku- Me respondes de manera corta. ¿No te llega la sangre al cerebro?

-         Maldito seas…respondió el chico rubio, pero Shikaku ya corría en dirección contraria.

 

La bienvenida no fue todo lo calurosa que Minato esperaba recibir. De hecho su nombramiento jounin fue en secreto, y Sarutobi era el unico presente junto a uno de los ancianos del consejo de Konoha.

El tercer Hokage llamó a Minato para que fuese a su despacho.

Sarutobi permanecía sentado, en su silla, observando la inmensidad de la villa y su vez se podía ver los resquicios de una guerra que había provocado grandes daños. La vida se mezclaba con la muerte en Konoha.

 

-         ¿Me llamaba?- preguntó Minato.

-         Si- dijo escuetamente el Hokage. – Necesito que entres en el ANBU.

-         ¿Entrar en el ANBU?- preguntó Minato muy sorprendido- Si acabo ser nombrado jounin…

-         Era un mero trámite Minato. Sé que eres capaz de más cosas. De hecho creo que ni tu propio padre hubiese imaginado que llegarías tan lejos.

-         Sólo tengo quince años…

-         ¿Apelas a tu juventud para librarte de esta tarea?- preguntó el Hokage de manera inquisidora.

-         No…

-         Entonces debes reunirte esta noche con un grupo que se reúne a las puertas de la villa. Su misión es investigar una serie de disidentes en la aldea oculta de la roca. Se dice que están planeando una rebelión a nivel de los diferentes países ninja…

-         ¿Una tercera guerra ninja?

-         Exacto- respondió el Hokage con una mirada en la que se podía adivinar que Minato aceptaría el encargo.

 

Esa misma noche, cinco ninjas se reunieron a la luz de la envejecida luna. Llevaban grandes capuchas que cubrían en gran parte su rostro, dejando únicamente ver las fantasmagóricas imágenes que dejaban aquellas máscaras típicas de los ANBU.

Los abrigos eran tan grandes que no se podía adivinar por sus formas si eran hombres o mujeres. Una verdadera paradoja, eran personas impersonales. Sin identidad ninguna, sin vida ninguna. Se miraban a los ojos los unos a los otros intentando descifrar los enigmas que se escondían tras la máscara de su compañero de al lado.

 

Una breve explicación de la misión, y los cinco ninjas se pusieron en marcha. Mientras saltaban de árbol en árbol, Minato miraba a sus compañeros. No había perdido la esperanza de que Kushina estuviese allí. La belleza natural de aquella chica, su agresividad en el combate ante Danzou habían cautivado al chico de cabellos rubios.

 

No tardaron en llegar a su destino. Debían espiar a unos ninjas de la roca, e intentar averiguar algo sobre sus planes. Pero se les pasó algo por alto. Un vigía, tal vez un sello rastreador, o alguno de ellos había hecho un ruido más de la cuenta. Pero les estaban esperando. La clave del factor sorpresa radica en el significado de la propia palabra y aquello sin duda alguna ya no era nada de eso.

Una comitiva los estaba esperando.

La misma voz que les informó del plan en la propia aldea, volvió a emitir un sonido en voz baja pero claramente perceptible. “HUID!!!”

 

Los ninjas de Konoha se dieron media vuelta y comenzaron a correr. Minato pensó en utilizar su técnica de teletransporte, pero eso dejaría a sus otros compañeros sin cierta protección. Todo parecía ir bien, a pesar de la intensa persecución a la que eran sometidos y a la lluvia de kunai que caían sobre ellos. Pero un momento, cambia toda una escena.

Minato escuchó como uno de sus compañeros se retrasaba. Se giró y vio como el ANBU estaba apoyado en el tronco.

El chico vio como el resto de sus compañeros seguían hacia delante sin percatarse del miembro herido. Minato se acercó y dijo:

-         Vamos maldita sea!!!, Nos van a alcanzar!!!

 

Intentó levantarlo, pero el ANBU parecía estar sin conocimiento. Pensó en utilizar el teletransporte, pero no parecía que aquel cuerpo debiera moverse. Cogió el cuerpo y lo atrajo hacia sí mismo para buscar donde estaba la herida. Notó brevemente que el ANBU poseía unas cuervas impropias para un hombre, de manera que debía ser una mujer. En ese mismo instante lo vio. Un kunai estaba clavado en la espalda. Cuando iba a sacarlo escuchó una voz:

-         Sois muy valientes viniendo hasta aquí. Pero esto ya ha acabado. Aquí se termina la misión

 

Minato sabía las órdenes que seguía un miembro del cuerpo de elite de Konoha. Si un miembro estaba herido, debía eliminarlo hasta que no quedara nada de manera que el enemigo no pudiese descubrir ningún secreto. Pero no iba a hacer eso. No era ANBU. Era Minato. Y había notado que la compañera herida aún respiraba. Sólo había una manera de escapar.

-         Teneis razón- dijo Minato sacando rápidamente un kunai, lo que fue respondido por los ninjas que le rodeaban por un susurro metálico.

-         ¿Razón sobre qué?. Somos más de veinte y estás completamente rodeado.

-         Tenéis razón en decir que esto acaba aquí. Yo acabaré con vosotros…- dijo Minato con una total seguridad en sí mismo.

Volver al indexCapítulo 4: Una guerra abierta by garou13

Eso fue lo último que escucharon sus enemigos. Una frase definitiva, un axioma que les condenaba a muerte. En apenas unos segundos, el chico de cabellos rubios desapareció.

Las miradas cómplices de los ninjas de la roca entre ellos, hacían entender que no sabían lo que estaba pasando. ¿Había desaparecido el ninja? ¿Había huido como un cobarde?, esas eran las incógnitas que nadaban por la mente de aquellos ninjas rebeldes.

Fue un grito ahogado lo que les dio la respuesta. Unos árboles más al este, un ninja se agarraba la garganta impidiendo que un río de sangre fluyera por su cuello, pero no era el cuello lo que se agarraba, sino que quería impedir que se fuera su propia vida.

Como un peso muerto cayó del árbol. Antes de que la consternación pasara, un nuevo ninja cayó al vacío, y otro más y otro…

¿Qué pasaba? ¿Eran víctimas de algún tipo de maldición?. Más de alguno hubiese deseado que el origen de aquellas muertes fuese sobrenatural, porque cuando se percataron de lo que ocurría pensaban que era imposible.

El guerrero ANBU que les había amenazado era apenas visible unos segundos antes de desaparecer y reaparecía al lado de otro enemigo. Sus apariciones siempre se mezclaban con el desagradable sonido del desgarro de la carne y el quiebro de algunos huesos. Su kunai sjaba las gargantas de los ninjas como si estos fuesen simples guerreros que apenas habían saboreado la batalla. Mas de quince de aquellos hombres eran jounin, y la mayoria ya habían muerto a causa de aquella figura suprahumana. ¿Qué tipo de broma macabra era aquella? ¿De verdad existían ninjas que lucharan con aquella velocidad y aquella ferocidad?

 

El bosque se volvió de nuevo silencio, y sólo quedaba uno de los ninjas, o más bien decir, uno de los aterrorizados ninjas. Pensó en escapar, pero seguro que no era buena idea. Le alcanzaría aquella bestia de forma humana. Como caída del cielo, vio la solución. Un ANBU seguía inconsciente contra el tronco del árbol, le usaría como rehén.

“Pobre iluso” pensó él. Aparte de ser rápido en los movimientos era rápido adivinando las intenciones. El ANBU que había matado a sus compañeros, se colocó tras él y le puso un kunai en la garganta. Un arma que aún llevaba adheridos restos de sus compañeros en la hoja.

 

-         ¿Qué quieres?- dijo el ninja de la roca, tartamudeando, pensando que hablaba con un fantasma.

-         Te dejaré con vida, para que seas testigo de lo que has visto. No se os ocurra empezar una guerra, ni azotar la mente de otros para que lo hagan. Porque yo estaré allí, y sabré que habeis sido vosotros…

 

El ninja de la roca, al escuchar estos susurros, no pudo controlar el deseo de que el miedo se escapara de su cuerpo. Un candente liquido de color amarillo recorrió su pierna. Antes que vergüenza sintió alivio, y justo cuando se iba a ir, el ANBU le dijo:

 

-         Recuerda esto que te digo también, el rayo amarillo de Konoha acabará con vosotros.

   

Minato se cargó a la espalda a su compañera ANBU. A pesar de que sabía que no debía moverla, debía buscar un sitio para guarecerse durante la noche.

La movió sin esfuerzo, no estaba cansado tras el combate, pues apenas se había producido. El Shunshin no jutsu le había bastado para vencer a aquellos cobardes.

Al poco rato la encontró. Una pequeña gruta excavada en la dura piedra, durante siglos, Una ruta natural y un escondite perfecto.

 

Dejó a la ninja en el suelo y se dispuso a quitarle la careta y el enorme abrigo. La primera sorpresa fue la más agradable que había recibido en años. Se trataba de Kushina Uzumaki, la chica que había visto entrenar ese mismo día. Sus ojos ahora cerrados y su pelo de color rojizo infundían en ella un aspecto casi fantástico, un verdadero cuento de hadas. Fue a tocarle el rostro, acariciar cada una de sus bien delineadas facciones, cuando lo notó. Estaba ardiendo. “Maldita sea” pensó Minato. La herida debía haberse infectado.

Rápidamente le quitó el abrigo de los ANBU y le extrajo el kunai que tenía clavado en la espalda. La herida no tenía buen aspecto.

 

En sus largos años de entrenamiento con Jiraiya, recordó que el sannin le había dicho que la mayoría de hongos generaban una especie de sustancia de características antimicrobianas. Encontró unos cuantos en un pequeño promontorio cercano a la cueva y los llevó rápidamente donde estaba Kushina.

Raspó la superficie y desangró a aquellos vegetales, imprimiendo toda su savia en la herida de la chica. Más tarde, le hizo beber también el líquido.

Kushina seguía sin despertarse. En un estado semiinconsciente, pero al menos la fiebre parecía que iba bajando.

Volvió a salir de la cueva para buscar algo de agua. Minato no hacía más que otear el horizonte, en busca de posibles enemigos. El miedo no es siempre la mejor arma para aterrorizar, pues es posible que infundas más valentía a los enemigos. Pero parecía que el ninja de la roca no iba a volver por ahí.

 

Al poco rato volvió con agua, pero el estado de la chica no había mejorado.

Aún así le hizo beber un poco para evitar la deshidratación que produce la pérdida de sangre.

Se quitó su abrigo y lo puso encima de Kushina. Mirando con la misma ternura con que una madre protectora mira a su hijo.

Cogió su máscara ANBU y la arrojó el suelo. La miró durante un breve instante, recordando a aquellos ninjas que habían escapado hacía ya mucho tiempo.

“Un cuerpo de elite que carece de espíritu y de corazón no debe ser ni siquiera mencionado” pensó Minato.

 

Al poco rato, el chico se quedó dormido, custodiando a aquella chica que parecía tener un fuerte control sobre él, pero ella aún no lo sabía.

   

Pasaron unas cuantas horas. El primer rayo de luz creaba parches claro oscuros en el suelo de la cueva. Minato abrió los ojos. Pero Kushina no estaba.

Apenas tuvo tiempo de pensar en nada, pero a la vez pensaba en todo. Millones de posibilidades se abrían paso en su mente. ¿La habrían secuestrado? ¿Estaría en algún lugar lejos de allí? Utilizó su técnica para transportarse fuera de la cueva.

Y al fin todo lo que afligía a su desdichada mente desapareció, pues vio a Kushina sentada al lado de un árbol.

 

La chica parecía tener la mirada perdida en un mar de pensamientos. Sus sentidos no estaban en este mundo, lo que obligó al chico a acercarse sigilosamente por su espalda y tocarla suavemente para preguntarle:

-         ¿Qué tal estás?

-         ¿Quién eres?- preguntó friamente Kushina. Algo que era totalmente opuesto a lo que esperaba el chico.

-         Me llamo Minato Namikaze. Te hirieron y…

-         Ya sé la historia…-dijo la chica haciendo un aspaviento.-Soy bastante buena atando cabos. trucos y consejos de fitness para ponerse en forma Blog de Fitness

Minato arrugó levemente la nariz. ¿Por qué estaba así con él?

 

-         Debemos irnos a la aldea- dijo Kushina que al alzarse sintió un gran dolor y casi se cae de no ser porque Minato la cogió.

 

Las miradas de ambos se cruzaron y la superficie de sus ojos mostraba la profundidad de sus almas. Minato notó como el roce con el brazo de la chica había hecho que su corazón latiera rápidamente. Kushina permanecía quieta, como embriagada por la fuerza del muchacho. Pero fue ella la que se apartó finalmente.

 

-         No estás bien- dijo Minato con cierto tono reprobatorio- Podemos esperar..

-         NO!!- gritó Kushina. – Suficiente deshonra es haber fallado en nuestra misión y haberme mostrado débil ante los enemigos..

-         ¿Qué demonios te pasa?- preguntó el chico algo incrédulo.- Te hirieron y te he salvado la vida. Los dos estamos vivos. ¿No es eso lo importante?

-         Escucha- dijo Kushina evitando acercarse en exceso a Minato- ¿Quieres que te de las gracias? Gracias. Pero tenias que haberme dejado. He fallado en la misión.

 

Minato sintió cierta desazón interna. ¿Por qué se mostraba tan orgullosa?. Volvió a mirar a la chica. ¿De verdad era así?.

El chico se inclinó levemente.

-         ¿Qué haces?- preguntó Kushina

-         Ya que tenemos que volver al menos sube a mi espalda te costará menos el viaje y llegaremos antes.

La chica retrocedió levemente y con la cabeza alta respondió:

 

-         Mis clones me llevaran- al decir esto, utilizó la técnica del kage bunshin y sus clones la llevaron.

 

No tardaron mucho en llegar a Konoha. Al entrar en la aldea, ambos se separaron. Kushina fue a informar a Danzou y Minato al Tercer Hokage.

Nada resultó como él había esperado. La unidad ANBU no era para él. Guerreros muertos que sirven a las órdenes fervientemente. Aquello no era para él.

 

Estando en una casa designada para él por el tercer Hokage se tomó una ducha y salió a respirar el aire fresco de la villa. Mucho tiempo llevaba fuera y tal vez debía acostumbrase a los cambios, no sólo físicos, sino también de carácter. La gente cambia con los años de parecer.

Salió a la terraza. Y una voz sonó a su espalda.

 

-         Más de veinte ninjas.

Minato reconoció enseguida la voz. Una figura descansaba sobre el alfeizar de la ventana con la máscara ANBU puesta.

 

-         ¿De que hablas?- preguntó Minato a la figura que sabía que era Kushina.

-         Te enfrentaste a veinte ninjas, sólo para salvarme a mi. Eso no es digno de un ANBU- dijo a la vez que saltaba del alfeizar al balcón.

El chico rubio dejó de mirarla y respondió:

 

-         Yo no soy ANBU. Sólo soy un ninja. Si vas a echarme la bronca otra vez ya te puedes ir…

 

En ese mismo instante, Kushina le cogió la cara y se quitó la máscara, dejándola caer al suelo. Un lánguido beso se plantó en los labios de Minato. Podía notar el calido aliento de la chica en su propia boca. Minato cerró los ojos, si aquello era un sueño no debía despertar. Pero la chica se separó de él. Con una amargura opuesta a la dulzura que había acontecido el principio del beso.

Un suave susurro de la chica. En sus labios se pudo leer “Gracias” y se fue, como un embrujo extraño y encantador que desparece en la nada.

Volver al indexCapítulo 5: la vida en Konoha by garou13

No hay nada más desconcertante que el beso de una mujer. Se te nubla la vista y se incrementan los deseos. No sólo sufre la mente también el cuerpo.

Minato no hacía nada más que pensar en Kushina. Cada vez que la veía ambos cruzaban miradas que al final se escondían y besos que nunca eran recibidos por el otro.

Un cortejo invisible surgía entre ambos, y la certeza de la desesperación hacía mella en Minato.

El chico rubio no se dejó abatir, de manera que pidió al tercer Hokage misiones para mantener su inteligencia y su cordura intactas, o por lo menos, algo lejos del magnetismo de Kushina Uzumaki.

Dado que su equipo había desaparecido, pues Jiraiya se encontraba perdido en una de sus muchas fantasías, Minato tuvo que acoplarse con otros ninjas.

Fue en este periodo cuando conoció a Orochimaru. Un ser de pétrea mirada y fino rostro, con el suave e hipnótico siseo que producen las serpientes antes de atacarte.

Su cuerpo era delgado, pero su envergadura física nada tenía que ver con su potencial shinobi.

Parecía haber formado una simbiosis perfecta con su guía espiritual, la serpiente, y sus ataques se basaban la mayoría de veces en el poder de éstas.

Era una persona callada y de aspecto sombrío, por definirlo de alguna manera. Un ser terrible como enemigo, pero inestimable como amigo.

Nada hacía entender a Minato los rumores que corrían sobre Orochimaru. Se decía de él, que era el único aprendiz de Sarutobi con mal corazón y de espíritu ponzoñado.

No obstante, el chico de cabellos rubios veía en él a un ninja reservado, pero muy sobrio en sus tareas.

Otro de los ninjas con los que le tocó cumplir misiones fue con Shikaku Nara.

Era un ninja bastante hablador, pero sin duda muy inteligente. Parecía estar al tanto de todo, una dualidad extraña, algunas veces era serio, y otras veces se mostraba simpático y hablador.

Volviendo de una de las misiones, Shikaku le dijo a Minato:

 

-         Dicen las malas lenguas que te ves a escondidas con una miembro del ANBU.

Minato ni siquiera se giró para contestar:

-         Una chica preciosa Kushina Uzumaki. Lástima que sea como es…

-         ¿De que demonios hablas?- preguntó Minato, y esta vez no sólo se había parado para mirar a Shikaku sino que además se había parado.

-         Escucha chico, sé poco de ella, pero sé que es cien por cien leal a Danzou. No le quiere ni nada por el estilo, pero fue él quien la encontró en la aldea oculta del remolino. Es como una especie de padre para ella.- respondió echandose las manos a la cabeza.

-         ¿Cómo sabes tu eso?- preguntó Minato

-         Labores de espionaje

-         ¿Ah si?- dijo el chico rubio intentando cambiar de tema- Te diré otra cosa, me han dicho que alguien te aprecia en exceso, una tal Yoshino Nara

 

Shikaku miró con cara incrédula

 

-         ¡Que problemático!- dijo el chico sombra a la vez que volvía a reanudar la marcha con Minato.

 

Al cumplirse los dos años de hacer este tipo de misiones, cuando Minato casi tenía 18 fue llamado por el Hokage. Según le informó Sarutobi, esta vez su misión iba a ser distinta, en lugar de ser enseñado iba a enseñar. Le pusieron al cuidado de un grupo de ninjas primerizos.

Minato se encontraba en el bosque cercano a la villa de la hoja. Allí había quedado con sus nuevos alumnos. No podía reprimir una cierta sonrisa de satisfacción y a la vez de nerviosismo. Se preguntaba si se comportaría como el adulto que ya era, si de verdad había madurado lo suficiente como para enseñar. No puedes enseñar a nadie como comportarse si tu ni siquiera sabes hacerlo.

Con estos pensamientos fue al punto de encuentro. De lejos, lo estuvo analizando uno a uno. El primero, el que estaba a la derecha permanecía sentado, abstraído, tal vez aburrido. Tenía un traje ninja de color negro y su pelo era blanco como la luna llena. Un pañuelo tapaba el resto de sus facciones.

El segundo de ellos era otro varón, bastante gracioso y desenfadado. No hacía más que hablar con el tercer miembro del grupo. Era moreno, y tenía unas gafas que casi ocupaban la totalidad de su cara, pero no eran de vista, parecían casi de buceo.

El último miembro era una chica. Parecía vergonzosa y distraída. Miraba a un lado y a otro con deseo y hablaba con el chico moreno.

Finalmente Minato se paró ante ellos. Todos le prestaron atención, incluso el chico de pelo blanco.

-         Hola – dijo Minato a la vez que se rascaba la parte anterior de la cabeza. Mi nombre es Minato Namikaze y voy a ser vuestro maestro a partir de ahora.

 

La chica respondió asintiendo con la cabeza y el chico del pelo de plata parecía sonreír bajo aquel pañuelo. El único que habló fue el moreno que dijo:

 

-         ¿No eres un poco joven para ser nuestro maestro?

-         Obito Uchiha supongo- respondió enseguida Minato para que su autoridad no fuese puesta en entredicho- Soy más mayor que ustedes, lo que me da mayor experiencia. Eso no podemos cambiarlo. Seguro que aprenderán mucho conmigo…

-         Eres un estúpido- dijo el chico de cabello blanco acercándose a Obito.- Este chico es al que llaman el rayo amarillo de Konoha. Hace dos años se convirtió en jounin y ha completado con éxito más de 500 misiones, de las cuales unas 300 fueron de rango A. ¿Me equivoco?

-         No te equivocas, Hatake Kakashi. Veo que has estado estudiando bien mis datos

-         Hay que conocer al enemigo para saber como piensa- respondió enseguida Kakashi.

-         Es cierto, pero yo no pienso me limito a actuar- dijo Minato sonriendo, y arrancó una contagiosa sonrisa de la chica que aún no había hablado

-         Y tu mi pequeña amiga, debes de ser Rin. Una ninja médico muy habilidosa. Encantado- dijo Minato a la vez que extendía una mano hacia la chica.

-         Igualmente- respondió la chica con un pequeño hilo de voz.

 

Minato se incorporó y vio a sus tres alumnos. Formar a aquellos ninjas para que en un futuro pudiesen servir al bien de Konoha. Una tarea ardua, pero nada desagradecida.

 

-         Pongámonos en marcha- dijo Minato.- Vuestro camino ninja acaba de empezar.

  

No tardó mucho en descubrir el poder de aquellos tres ninjas.

Obito creía mucho en sus propias ideas y en el poder de su clan. Soñaba con que su sharingan despertase y por fin consiguiera un mayor poder.

Rin era una chica de lo más sacrificada. Sabía luchar medianamente bien, pero siempre estaba atenta de sus dos compañeros.

Por último estaba Kakashi. Un ninja serio, correcto con las normas y muy disciplinado. Minato no tardó en darse cuenta del potencial de aquel chico. Su ninjtsu y su taijutsu eran impecables. Y sabía manejar algunas técnicas de genjutsu. Era sin duda un diamante en bruto que era necesario pulir.

Gracias a la ayuda de Minato, los tres ninjas fueron chuunin sin problema alguno. No obstante, a pesar de la alegría del maestro por entrenar a sus discípulos, podía oler en el aire la llegada de problemas, y el futuro de ellos no sería tan placentero como Minato pensaba.

Fue una cálida tarde de Verano, cuando aún se podía oler el embriagador aroma de la estación que les acompañaba, cuando se presentó ella.

 

-         ¿Cómo estás?- preguntó Kushina a Minato.

-         Formas parte de mis sueños, pero no de la realidad. Eres un anhelo, casi un fantasma- dijo Minato melancólicamente.

-         Soy muy real- dijo la chica acercándose a Minato.

-         ¿Por qué seguimos con este juego macabro? ¿Cuándo descubrirás que yo te pertenezco?

 

Kushina acercó los labios a los de Minato. El beso acompañado de la calurosa tarde fue como un manjar sólo digno de los más grandiosos dioses.

-         Yo te perteneceré, cuando tu me pertenezcas a mi- dijo Kushina, volviendo a sumergirse en la pasión que llevaba a ambos ninjas.

-         No- dijo casi en un susurro Minato- Debes lealtad a Danzou. El ANBU absorbe toda tu vida

-         ¿Por qué dices eso?- preguntó Kushina

-         Porque noto, cada vez que no estás conmigo, que mi vida se va contigo. No hay sentido para lo que vivimos.

 

Al decir esto, Minato despareció mediante la técnica del Shunshin no jutsu, y Kushina observó el atardecer que se producía con un deje de tristeza en la mirada.

 

Muchos años habían pasado ya desde que entrenara con Jiraiya. La veintena ya había alcanzado al jounin, y no sólo le había alcanzado la edad, también la fama. Con el paso del tiempo descubrió que era tan famoso dentro de Konoha como fuera. La mayoría de historias coincidían. Corría el rumor de que existía un ninja tan rápido como el propio rayo, un fantasma de carne y hueso, de grandes habilidades. Pero como todos los bulos la tergiversación era evidente. Se decía de él que medía más de dos metros y que sus ojos eran de color rubí. Sus víctimas se contaban por cientos y su crueldad no tenía límites.

Minato se divertía escuchando estas historias. Hasta que un día dejó de hacerle gracia, pues había que hacerlas realidad. El aire se hacía denso y el cielo se ennegrecía. Aquello no era un rumor, era verdad. Las Tercera Guerra Ninja había comenzado.

 Volver al indexCapítulo 6: La muerte en batalla by garou13

No pasó ni una semana tras el anuncio de la Guerra Ninja, cuando el equipo de Minato fue designado para ir a la aldea oculta de la Hierba, que estaba siendo invadida por ninjas del País de la Tierra. Kakashi fue nombrado jounin, más bien por necesidad que por méritos propios, pues Konoha necesitaba contar en sus filas con más ninjas de élite. Minato confiaba plenamente en Kakashi y en sus habilidades, pero sin duda alguna, el ninja de pelo blanco debía mejorar respecto a su carácter. Minato pensaba que Kakashi era demasiado estricto con las normas y hay veces en las que un ninja no debe regirse por ellas.

Al salir de la aldea con su equipo, Minato notó una mirada clavada en su nuca. No debía girarse, no debía hacerlo, sin embargo lo deseaba. No la veía pero notaba el aliento de Kushina, alentando sus más profundos anhelos. Debía dejarlo pasar. Aquello sólo le haría daño. Debería vivir con la desazón de saber que nunca habrá sido feliz salvo cuando estaba con ella.

 

El chico rubio decidió adelantarse ligeramente y hablar a sus alumnos. Nombró jefe de equipo provisional a Kakashi y como regalo por su nombramiento jounin, le regaló un kunai que llevaba inscrito algo. La misión suya sería ir al frente de batalla, para amedrentar todos los efectivos enemigos que allí se encontrarán. La misión de Kakashi, Rin y Obito, era ir a la retaguardia y hacer explotar el puente de donde podían venir posibles refuerzos. La guerra no permite descanso y a Minato le provocaba cierto malestar enviar a aquellos jóvenes ninjas a una contienda tan peligrosa e insensata.

 

Una sorpresa temprana les esperó al entrar en un bosque de camino a la batalla. Uno de los ninjas rebeldes les estaba esperando, lo que aprovechó Kakashi para mostrar su nueva técnica: CHIDORI.

El combate fue breve, y Minato salvó al chico del pelo blanco de una muerte segura ante el enemigo.

Las sensaciones inundaban al chico de pelo rubio. La inseguridad comenzó a devorar parte de la confianza que tenía por aquellos chicos. Pero debía dejarlos marchar. Con un desolador pensamiento, tal vez no volvería a ver a alguno de ellos.

Kakashi era un gran guerrero, seguro que sabría defenderse. Rin también era astuta y muy buena en el equipo. Pero el que más le preocupaba era Obito.

Una lucha silenciosa se había abierto entre Kakashi y el chico del clan Uchiha. Una lucha de habilidades. Una lucha entre el corazón y la cabeza, una lucha por el amor de aquella maravillosa chica que les había encandilado, Rin.

 

Minato se despidió con cierto pesar de su grupo. Debía cumplir una misión.

Su cabeza era un cúmulo de pensamientos. Pensaba en Kushina. Pero también pensaba en la frase que le había dicho el ninja que había atacado a Kakashi. Según se decía, en un aviso, se decía a todos los ninjas de la aldea de la roca, que si veían al rayo amarillo de Konoha, las únicas precauciones que había que tomar eran sencillas: correr. De nuevo, el miedo se abría paso en la mente de sus enemigos. Tal vez podría aprovecharlo.

 

Minato no tardó en llegar a la posición que le había sido designada. Una gran barricada separaba un enorme ejército de uno mucho más pequeño. No hacía falta ser un genio para adivinar cual era el más reducido. Konoha había sufrido grandes bajas.

 

Sin previa presentación, Minato se presentó ante ellos. El ejército estaba maltrecho y devastado. Las fuerzas apenas acompañaban. El enorme contingente de los ninjas del país de la tierra parecían comer más y más terreno cada segundo.

El que parecía más entero se presentó ante Minato:

-         Sabía que Konoha enviaría refuerzos, pero no sabía que serías tú. Me alegro de verte.

-         Yo también Fugaku Uchiha.

 

Minato se alegró de ver al lider de la policía militar de Konoha. Había sido hace poco padre de un niño llamado Itachi.

 

-         Disponen de catapultas y material de asalto. Respecto a su número no sabía precisarlo…

-         No os preocupeis- respondió enseguida Minato, intentando dar moral a las tropas. Cubridme en la retaguardia. Yo me encargaré de ellos.

-         Son demasiados, ni siquiera yo he podido…-dijo Fugaku tragando algo de saliva.

-         No te preocupes, yo cuento con un arma sin precedentes. Me tienen más miedo que a la propia muerte.

 

Minato oteó brevemente el campo de batalla. Cogió un kunai y se hizo una herida, con la sangre aún en su mano dijo:

KUCHIYOSE NO JUTSU.

Un perro apareció ante el sorprendido grupo de ninjas. Su pelo era de un color marrón y su aspecto hacía pensar que Dios era en ocasiones cruel con algunas muestras de su creación. El rostro del perro era achatado y mustio. No obstante la mayor sorpresa estaba por venir:

-         ¿Qué quieres de mi?- dijo el perro, dirigiéndose a Minato.

El asombro creció en la multitud. El perro hablaba.

-         Pakkun, coge estos sellos- dijo Minato sacando una serie de sellos explosivos de su mochila- Y colocalos de manera dispersa en el campamento enemigo.

-         ¿Por qué no lo haces tu? ¿No se supone que eres un rayo?

-         No lo hago para entretenerlos mientras tu lo haces- dijo Minato frunciendo el entrecejo- ¿Para algo que te encargo no eres capaz de hacerlo?

-         Dame esos sellos. Te demostraré de lo que soy capaz.

 

El perro de aspecto abandonado, despareció enseguida de la vista de los ninjas y Minato comenzó a trepar por la barricada. En apenas unos segundos se encontraba arriba. Observando la inmensidad del ejercito enemigo.

Los gestos de asombro corrieron tanto como los rumores sobre quien era aquel ninja que se atrevía a ponerse a la vista del enemigo. Continuos siseos se escuchaban, el sonido de las palabras recorriendo los oídos y las imágenes formándose en las cabezas de aquellos ninjas. Los que ya sabían quien era aquel chico de pelo rubio no podía ocultar su desasosiego y su malestar.

 

-         Mi nombre es Minato Namikaze.- empezó hablando el jounin- Pero me conoceis como el rayo amarillo de Konoha.

La muchedumbre no hablaba, sólo escuchaba atentamente.

  

-         Idos ahora- continuó diciendo Minato, y si sois lo suficientemente rápidos, la muerte no os alcanzara. Si por el contrario seguís aquí, es porque habeis aceptado lo que os depara el destino.

 

Sólo se escuchó un sonido. Una sonora carcajada. Lo que acompañó a toda una retaila de sonrisas despectivas. No obstante el que se atrevió a hablar sólo fue uno.

 

-         Eres muy atrevido rayo de Konoha. ¿Acaso sois ciego y no veis el alcance de nuestro ejército?  Confiáis demasiado en vuestras habilidades…

 

Un gorgoteo surgió de la garganta del ninja. Un kunai atravesaba su garganta, y el arma empuñada por Minato parecía estar oxidándose con la ponzoña de aquella sangre.

No hubo tiempo de perjurios ni exclamaciones. Sólo gritos.

Minato comenzó a bailar con aquella macabra técnica que le daba la velocidad de la luz, con aquella sensación extraña que provoca en un enemigo estar impotente ante aquel ataque.

Las muertes se sucedían, una tras otra. Algunos empezaban a correr esperando una salvación más allá de todo aquel horror.

Finalmente, Minato paró.

Casi un centenar de cadáveres rodeaban la orgullosa postura del ninja de pelo rubio. El sol daba de pleno en el protector que llevaba en la frente. Aquellos reflejos parecían mostrar la majestuosidad de Konoha.

Minato miraba a un lado y a otro. Nadie se acercaba, algunos ni siquiera le miraban.

Una suave caricia llegó a su pierna. Pakkun había sorteado los cadáveres ejecutados por la devastadora técnica de Minato. El perro hizo una señal de que todo estaba listo.

 

-         Escuchadme bien!!!- gritó Minato para que su voz pudiese oirse por encima de los lamentos de aquellos que únicamente habían resultado heridos.- Konoha es libre, y jamás será tierra de confabulaciones y malnacidos como vosotros. Diciendo esto gritó: GATTS!!!!

 

Los sellos que habían sido colocados por Pakkun explotaron a los alrededores. Los ninjas ya no debían mostrarse valientes ante la adversidad. Debían salvar sus vidas. Todos corrieron hacia el puente.

 

Minato observó el horizonte y vio como el puente se derrumbaba. Su equipo había cumplido. Pero algo no marchaba bien.

Utilizó su técnica Hiraishin no jutsu, para llegar por medio del kunai que le había regalado a Kakashi hasta donde ellos estaban.

El horror de la guerra le devolvió a la realidad. Se encargó de los ninjas que aún quedaban y observó la mirada de Rin. Abatida. Observando un cielo mortecino que había visto derramarse demasiada sangre en su hermana, la tierra.

Obito había muerto. La guerra se había tragado una vida más en el alma de Minato.

Volver al indexCapítulo 7: El espíritu ANBU by garou13
Author's Notes:
El regreso del guerrero. La muerte de un alumno y una vida para siempre.
Author's Notes:El regreso del guerrero. La muerte de un alumno y una vida para siempre.

La vuelta a casa fue aún más triste que el propio día en sí. Te da tiempo a pensar en todo lo que ha ocurrido, y como cualquier herida, al dejar enfriarla duele aún más.

Minato miraba a sus cabizbajos alumnos. Rin y Kakashi.

Kakashi había recibido un inesperado regalo de Obito, el poderoso sharingan. Tal vez aquel obsequio le hacía aún más culpable.

El chico de pelo rubio cogió a sus dos alumnos y los acercó, intentando demostrar un contacto íntimo, quería estar con ellos.

 

-  Sé que cualquier cosa que os diga sonara a un burdo ánimo por mi parte- dijo Minato, agarrando fuertemente a sus dos alumnos.- La vida es una fortuna de dos caras. Las alegrías y las tristezas parecen ir cogidas de la mano, y nunca va la una sin la otra.

La muerte de Obito nos ha enseñado aún más que cualquier misión de las que hayamos hecho.

 

Kakashi asintió enérgicamente, dejando que la teoría de su sensei empapase su fuero interno. Pero Rin no hizo ningún movimiento. Seguía fría, mirando el suelo, como áquel que va sin rumbo fijo.

 

La llegada a la aldea fue aún peor. El humo se elevaba a los cielos augurando algún desastre en la villa. Todo el equipo no tardó en empezar a correr. Cuando llegaron, un grupo de ninjas parecían estar reparando las puertas de la aldea. Uno de ellos era el inestimable Shikaku.

- ¿Qué ha pasado aquí?- preguntó Minato, al ver que ciertos edificios de la entrada habían resultado dañados.

- Una invasión a gran escala- respondió el chico de las sombras- Pero no debes asustarte

- ¿Asustarme de que?- preguntó Minato algo desconcertado acompañado de las miradas inquisitivas de todos los que allí estaban reunidos.

- Verás, muchos estábamos en misiones y tardamos en llegar. El ninja más cualificado que aún quedaba en la villa era Kushina…

- ¿Kushina?- dijo Minato agarrando a Shikaku- ¿Dónde está?

- Está en el hospital, descansando de sus heridas…- dijo el chico del clan Nara en voz baja, como si una verdad dicha con poca voz fuese una verdad menos dolorosa.

- Maldita sea…- bufó el jounin y comenzó a correr hacia el hospital de Konoha.

  

Al entrar en el hospital, el chico de pelo rubio pudo sentir como la enfermedad se adhería a su piel. Las paredes blancas de aquel centro amarilleaban como consecuencia del tiempo y del mal uso. No tardó en averiguar donde estaba Kushina.

Fue corriendo, esperando encontrarla sola, pues no tenía familia en la villa, sin embargo vio otra cosa.

Allí, frente a su cama, se encontraba el Hokage, que apenas miró a la puerta para ver al recién llegado.

La mirada de Minato pasó rápido de un cuerpo a otro y sus ojos se pararon en Kushina.

Su rostro reflejaba la brutal paliza a la que se había visto sometida. Centenares de golpes maquillaban de manera cruenta su fino rostro de porcelana.

 

Minato cogió la mano de la chica y empezó a llorar. No había sido capaz de proteger a nadie. No pudo proteger a Obito, y tampoco pudo proteger a Kushina.

Las lágrimas acariciaban la mano de Kushina, que estaba inconsciente y conectada a lo que parecía un suero salino.

Minato notó como una mano le agarraba por el hombro. Intentando sentir y compartir el dolor.

-Yo no llegué a tiempo. Muchos ninjas enemigos intentaron entrar en la escuela y tuve que proteger a los niños- dijo Sarutobi.

 

Minato no contestó. Sólo podía mirar el rostro de aquella a la que había amado y aún lo hacía.

- Nunca vi a un ANBU luchar de esa manera. Sólo pensaba en proteger la villa a toda costa. No entró ni un solo ninja. Kushina utilizó su replicación de sombras una y otra vez. A pesar de la cantidad de golpes que castigaron su cuerpo seguí levantándose e invocando aún más clones. No se rindió. Vi en ella lo que veo en ti ahora mismo.

 

Minato se giró y miró a los ojos del Hokage:

- Igual que veo en ti el espíritu guerrero de Kushina Uzumaki.

  

Los médicos no dieron falsas esperanzas a Minato. Tal vez se recuperaría o tal vez no. Todo dependía de la fuerza de ella, de lo que aún quisiera permanecer en esta vida.

 

Al día siguiente, Minato quedó con sus alumnos para ir a ver a los padres de Obito y darle el pésame por su hijo.

No obstante, llegado el momento, Kakashi fue, pero Rin no se presentó.

Minato sabía la respuesta, pero debía escucharla de los labios de Kakashi, el cual ocultaba con su protector de la villa el ojo en el que tenía el sharingan.

 

- Rin se ha ido. No volverá- dijo Kakashi, intentando mostrar cierta entereza ante Minato que parecía realmente abatido.

 

- Tal vez haya hecho lo correcto. Pero del dolor no se puede huir…-dijo Minato cogiendo del hombro a Kakashi y dirigiéndose al barrio de los Uchiha.

 

Con el paso del tiempo la leyenda siguió creciendo. El rayo amarillo de Konoha se hacía más fuerte entre sus enemigos. Pero no sólo eso. Al rayo le acompañaba un chico de pelo blanco, con una habilidad asombrosa para ver lo invisible. De ser, lo que no existe. Decían que era el colmillo blanco de Konoha que había vuelto a la vida.

Pero no. Eran los guerreros con los que contaba Konoha para terminar con aquella guerra.

Pero no sólo ellos. Los tres sannin volvieron a unirse para acabar con aquellas masacres.

Todo acabaría muy pronto.

 

Un día, volviendo a la villa, se encontró con un chico que corría hacia él.

Minato olía a sangre y su aspecto era desaliñado y triste. Un guerrero muy fuerte físicamente, pero muy débil espiritualmente.

Su mente divagaba segundo tras segundo, pensando en Kushina. Minato no podría vivir así durante mucho tiempo.

El chico llegó a su altura.

- ¿Eres tú el Minato Namikaze?

Minato asintió y el chico continuó hablando

- Me han pedido que venga a buscarte. Una chica en el hospital se ha despertado y no hace más que preguntar por ti.

 

El rostro de Minato se iluminó y comenzó a correr. En apenas unos segundos llegó al hospital y vio que Kushina estaba despierta y además sonreía.

Minato apenas podía hablar. De manera que empezó Kushina.

-         Vaya ninja estás hecho, cuando abro los ojos me encuentro con un chico que has enviado aquí para vigilarme para ver cuando me despertaba…

-         ¿Cómo estás?- preguntó Minato, sonriendo seguramente como sólo los enamorados primerizos lo hacen

-         Jaja- rió Kushina- Deja de poner esa cara que pareces un estúpido

Minato no dejaba de mirarla y la contempló con gesto serio. Se preocupaba por ella y se reía de él. ¿O era una forma para quitar hierro a aquel asunto?. Minato no podía entenderlo. Estaba a punto de irse cuando dijo Kushina:

- ¿Sabes porque defendí tan ferozmente a la villa?. Pensé en ti, en lo mucho que quieres esta aldea. No podía permitir que algo a lo que amabas tanto sufriera ningún daño.

Minato se giró, contemplando el rostro de Kushina se acercó lentamente.

-         ¿Por qué eres así?- preguntó el chico rubio. ¿Porqué intentas alejarme de tu lado?

-         Todos los que están cerca de mi acaban sufriendo- dijo finalmente Kushina

-         Deja que yo elija mi destino…sufriré si es lo que hace falta para que estemos juntos.

 

El beso que se dieron terminó por sellar un acuerdo silencioso que habían firmado ambos. Estarían juntos para siempre. Se casarían nada más terminase la guerra.

  

Así fue como al cabo de un mes, la increíble eficiencia de los ninjas de la hoja obligó a los enemigos a firmar una paz forzada. A pesar de que no contaban con gran cantidad de ninjas, Konoha era abiertamente la aldea ninja más poderosa.

Unos días más tarde, Sarutobi llamó a Minato.

Sarutobi permanecía en su despacho, con el rostro resplandeciente de felicidad. Los sabios de Konoha, cada uno a un lado del Hokage, escrutaban con la mirada a Minato.

Aquello parecía algo extraño. Pero pronto supo el porqué de aquella reunión.

Minato Namikaze sería el cuarto Hokage de la villa oculta de la hoja.

 

Tras el encuentro con Sarutobi, un kunai cayó cerca de Minato. Llevaba un papel atado. Era Rin, que le pedía reunirse con él en el bosque cercano a Konoha.

Minato fue al bosque, suponiendo que estaría en el mismo lugar que cuando se conocieron. Pero no fue así, en su lugar, había una oscura figura que llevaba una capucha que le cubría completamente el rostro.

-         Veo que el nuevo Hokage ha recibido mi carta- dijo una estraña voz que arrastraba las palabras.

-         ¿Dónde está Rin?- preguntó Minato a la figura.

-         Ni lo sé ni me importa- dijo aquel hombre arrastrando un suave siseo al final de las palabras- Lo único que me importa es saber como has engañado al viejo para que te nombre Hokage.

-         Orochimaru…-susurró Minato al ver el rostro que cubría la capucha.

-         ¿Puedes explicarme como es posible que te nombren Hokage? Yo he sido alumno de Sarutobi, me he desvivido por esta maldita aldea. Y ha preferido a un niñato antes que a mí. Voy a matarte y a demostrar a esta aldea quien soy.

-         Ya sabemos quien eres- respondió Minato con firmeza.- Conocemos tus actos y la vileza que hay en ellos. Conocemos la maldad que rige todos tus pensamientos.

El rayo de Konoha by garou13

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