Dayal y Evangeline by Tomoe_Yukishiro

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 Dayal y Evangeline by Tomoe_Yukishiro
Summary:

 

Evangeline Mari D'Lacoste, es una joven que no cree en el matrimonio, en realidad lo aborrece, pero no tanto como a su ex amaigo Dayal Tristano Ferrantelo, el cual se fue a estudiar a Paris; Evangeline creyó que nunca más lo iba a volver a ver, pero un giro, hizo que su perfecta vida cambiara completamente... romance, comedia, en esta historia acompañraran a esta singular pareja...

 



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 3 Completed: No Word count: 9270 Read: 99 Published: 16/06/2010 Updated: 18/06/2010
Summary:

 

Evangeline Mari D'Lacoste, es una joven que no cree en el matrimonio, en realidad lo aborrece, pero no tanto como a su ex amaigo Dayal Tristano Ferrantelo, el cual se fue a estudiar a Paris; Evangeline creyó que nunca más lo iba a volver a ver, pero un giro, hizo que su perfecta vida cambiara completamente... romance, comedia, en esta historia acompañraran a esta singular pareja...

 



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 3 Completed: No Word count: 9270 Read: 99 Published: 16/06/2010 Updated: 18/06/2010 Un amargo recuerdo by Tomoe_Yukishiro

 

Capitulo 1

Desde que tengo uso de razón, mi vida siempre fue al rededor de lujo y riqueza; con personas que hacían todo por mí, desconocidos que llegaron a ser mas que simples empleados, mayordomos, sirvientas, o ama de llaves; ellos me demostraron que las personas son personas y punto, que no están en nuestras vidas, para ser obligados a esclavizarse por un sujeto determinado; me inculcaron que están allí para sernos de compañía, y hasta en algunas veces apoyo; ellos me demostraron que cada ser necesita, aunque sea diferente algo que nos iguala… A mis ocho años de edad, no tenia ni idea a lo que se referían; pero esa ideología la lleve conmigo hasta que cumplí diez… aunque con el tiempo todo esa charlatanería cambio.

-Evangeline Mari D’Lacoste- me dijo papá, a regañadientes.

-Cuantas veces te he dicho que no corras como un animalito… eres una señorita y las señoritas caminan- Al oír las duras, pero ciertas palabras de mi progenitor; me detuve en seco ante sus reprimendas y agachando la cabeza, avergonzada le expresé, jugueteando con mis manos nerviosamente:

-Lo… lo siento papá… es que como… como ya estábamos aquí… quería darle una sorpresa a Dayal-

Mi padre, un hombre severo pero cariñoso, simplemente sonrió ante mi respuesta; y entre tanto mantenía su paso firmemente, en dirección al interior de la gigantesca mansión; le vino ese pequeño sentimiento de celos que siempre lo agobiaba, este tipo de acostumbradas visitas. Ya que para mi padre yo era su mas preciado tesoro, siempre me lo vivía repitiendo; y como no, si era su única hija; mi madre que lamentablemente murió poco después de mi alumbramiento, lo dejo solo y nunca más quiso volverse a casar; constantemente me relataba esa historia, y ante ello jamás me mostró lo verdaderamente abatido que ese recuerdo lo podía. Así que ante aquel acontecimiento mi padre me cuidaba mucho más que a su fortuna; no había cosa que me negara; pero al igual había una sola cosa que esté mas odiaba; y era yo su amadísima joya, tenia ese extraño gran apego por aquel niño, llamado: Dayal Tristano Ferrantello, un jovencito italiano de 10 años, que tenia como loca a su hijita, hasta ese momento; mi padre persistentemente se repetía con afán:

-Solamente son niños… ¿Que hay de malo en todo esto? Eso no significa que mi linda Evangeline quiera mas a ese mocoso, que a su propio padre- Tantas veces había repetido aquella frase que llego un instante que ya comenzaba a creérsela enserio.

Mientras caminábamos por el espacioso vestíbulo, al fin nos encontramos con una elegantísima sala, que a juzgar por su tamaño y aspecto despampanante; hubieran entrado allí mismo dos casas entera, amuebladas al estilo de los "pobres"; era de esa forma como la dueña de aquella deslumbrante pero fina morada alardeaba ante sus amigos. Mi padre y yo como de costumbre, nos sentamos tranquilamente a esperar, así como el mayordomo nos ofreció, y sin haber pasado ni cinco minutos; la pomposa señora Ferrantello; una dama muy distinguida de la alta sociedad al igual que nosotros, pero viuda como mi padre, nos recibió en su inimaginable mansión, o “Humilde morada” como solía autollamarla; obviamente trayendo consigo su mas reciente atuendo, hecho ni mas ni menos, que por su propio diseñador de modas personal.

Mi rutina en esa casa; era comportarme como una verdadera señorita: Saludar adecuadamente, sonreír con diplomacia, y contestar elocuente, pero en tono firme lo que preguntaba; pero en cuanto los adultos no me miraban, mis pensamientos y vista se desviaban, hacia la única persona que realmente deseaba ver: Dayal Tristano Ferrantello; hijo unigénito de la ya mencionada señora. La destacada dama al acercarse se inclino primero hacia mí y muy cordialmente, expresando su más jovial bienvenida:

-¡Evangeline querida! ¿Cómo has crecido?… vaya que es cierto lo que se dice de los niños: Unos varios meses sin verlos y es como si hubiesen sido años… mira ese hermoso cabello café ya te llega a la cintura; y esos ojos tan celestes como siempre, iluminando ese hermoso rostro… ya eres toda una damita- Note un leve suspiro al resaltar esas últimas palabras.

Como claramente ya estaba acostumbrada a ese tipo de trata, respondí igual de amable pero respetuosa:

-Para mi es todo un gran honor venir a visitarla, a usted y a su hijo; siempre disfruto plenamente de la compañía del mismo-

La señora Ferrantello volvió a sonreírme pero con más énfasis, demostrando lo satisfecha que estaba con esa "amiguita perfecta" que tenía su hijito. Después de que los mayores también se saludaran con alegría e intercambiaran frases tales como: “Es toda una lindura” “Obviamente ya se convirtió en toda una señorita” “¡Claro está! Será una elegante y refinada mujer”… ese tipo de cosas las oía prácticamente todos los días, departe de los empleados de papá, o las esposas de sus empleados, o de los sirvientes, o por parte de los profesores de la escuela; por ello ya ni atención les prestaba; más bien en ese mismo instante, buscaba disimuladamente a Dayal con mi mirada, esperando que saliera de sorpresa, para alejarme de esa aburrida charla entre mayores. La señora Ferrantello dándose cuenta de mi clara distracción, se dirigió hacia mí indicándome:

-¿Creo?… que Dayal esta en el jardín posterior… aunque para serte sincera no lo he visto desde el desayuno; ¿Me pregunto en donde estará ese niño ahora?-

Involuntariamente levanté la cabeza levemente, mirando hacia el gran ventanal que daba al jardín; y sin esperar mucho tiempo, el jovencito nombrado apareció, con su típica vestimenta: saco, corbata y pantalón negro; lo cual era lo más divertido de todo, ya que odiaba tanto ese traje como comportarse educadamente con la gente. Estaba allí en pie a la puerta del jardín exactamente como lo recordaba: De cabello rubio cenizo y corto, que muy peculiarmente se acomodaba de forma inusual, pero naturalmente la cual nadie podía imitar; él siempre decía que esa era su mejor cualidad, porque lo que nunca le gusto de si mismo era el color de sus ojos: Verde oscuros, decía que para ser italiano, deberían de tener una tonalidad mas clara como azul o celeste; y aunque tuviera 2 años mas que yo, mantenía la esperanza de que el color cambiara con el tiempo.

Dayal se acerco en donde estábamos y realizando una leve reverencia en son de absoluto respeto, igual que un príncipe presentándose por primera vez hacia un monarca, dijo cortésmente:

-¡Buenas tardes Señor: D’Lacoste! ¡Buenas Tardes señorita D’Lacoste! Es un gran placer para mi madre y mi persona tenerlos de visita en nuestra morada-

Mi padre sonrió amablemente y devolvió el saludo de igual manera:

-Señorito Ferrantello; es un noble gesto de su parte habernos invitado-

Dayal simplemente sonrió, era aquella sonrisa suya, que lo caracterizaba cuando algo le salía como lo planeaba; repentinamente estirando su mano hacia mí, y manteniendo su amable mueca le dijo a mi padre sin quitarme los ojos de enzima:

-Señor D’Lacoste… ¿Me daría su permiso para llevarme a la señorita Evangeline, a dar un paseo conmigo, al jardín?… Si no es muy imprudente de mi parte preguntarle-

Mi padre suspirando dio su permiso y mirando a la madre de Dayal, le sonrió como para calmar sus nervios; está a su vez devolvió la sonrisa con superioridad, demostrando que todo lo caballeroso que tenía su hijo, se lo había enseñado ella. Yo en cambio me había olvidado de los mayores e instintivamente tome la mano de mi mejor amigo, el cual sin esperar me guío hacia las bellísimas parcelas de su casa; dejando solos a los mayores para que hablaran tranquilamente, de cosas tan aburridas como política, economía, salud, entre otras cosas.

Al haber cruzado la puerta y llegar a fuera; Dayal soltó mi mano bruscamente y sonriéndome con audacia adardeo:

-¿Soy impresionante? Nunca creí mentir tan bien, como lo hice allá adentro… mi amigos me enseñaron esa táctica; dicen que cuando crezca me servirá mucho con las mujeres… aunque en realidad no me interesa… lo que realmente me alegra es que al fin mi madre me dejara en paz; ya que vive reprochándome lo burdo de mi vocabulario… es increíble fui tan convincente que hasta tu me lo creíste; buuuueeeeno… pensándolo bien… tu crees todo-

Ante tal abrupta conducta de Dayal, cruce los brazos frente al pecho y fulminándolo con la mirada, aclare algo enojada:

-Yo no me creo todo lo que dices, además mentir está mal: Dayal Tristano Ferrantello le diré a tu madre que eres un gran mentiroso- Y dándole la espalda decidida me dirigí hacia el interior de la casa; sorpresivamente su mano me detuvo y sujetándome la muñeca fuertemente, detuvo mi obvio delato. Al voltear la mirada, note que en sus ojos una suplicante solicitud, de: “No lo hagas por favor, por favor, por favor”; esa era la única manera que podía ver los verdaderos sentimientos de Dayal, los cuales se expresaban en aquellos ojos verdes oscuros, como un libro abierto y que eran la única vía de saber si decía la verdad o no; y al no tener más opción, accedí a sus peticiones. Rápidamente este me soltó y dándome un suave empujón me dio la invitación para comenzar a jugar, su juego preferido: Escondidas; sin esperarme mucho comenzamos a corretear, concentrándonos en nuestro simple pasatiempo.

Sin percatarnos nos cayó la tarde; así que nos sentamos a la sombra de nuestro árbol, como lo había nombrado; y como de costumbre nos situamos uno a cada lado del gran tronco; quedándonos allí en silencio; extrañamente esa tarde algo nublada, Dayal comento aparénteme al aire:

-Me voy-

Intrigada y algo acostumbrada de sus improvisadas salidas le contesté:

-¿A donde vas? ¿Cuándo regreses te volveré a visitar? No te preocupes aquí estaré- Para Dayal salir de viaje era algo tan común en él, que en veces pasaba meses fuera del país, e incluso una vez paso un año completo en Australia; pero para mi ese tiempo fue como si hubiera sido solamente un fin de semana.

-Me voy a Francia… mi madre me inscribió en la mejor escuela de Paris; ella dice que es para mi futuro; ella quiere que sea un gran empresario como mi padre… y puede que no regrese- Sus palabras me atravesaron como una flecha directa en mi pecho; de hecho no me importaba que se fuera al fin del mundo, pero que no volviera eso era lo que me mataba; repentinamente me levante de mi sitio y acercándomele, me coloque al frente de este, algo alterada:

-Pero… pero… vas a volver ¿verdad?-

Este se encogió en hombros, como si no le importara y ladeando el rostro, sonrió levemente con aquella expresión suya:

-Tal vez, o tal vez no; ¿Quién sabe? Es igual-

Sorprendida intente no llorar, pero me fue imposible, las lágrimas brotaron de mis ojos como si hubieran abierto un tubo:

-No… no… no; no es justo, yo siempre quiero verte; eres mi mejor amigo- le dije sin consuelo; aunque aun no sabia el porque de su raro comportamiento; él jamás me trataba de esa forma, podía molestarme o inclusive ignorarme pero nunca hablarme tan fríamente. Esté quitando su sonrisa, me miro con enojo:

-¡¿Mejor amigo?! Una niña no puede ser mi mejor amiga; no seas tonta… Evangeline. Además me agrada la idea de irme, y no verte más; no te das cuenta que eres un fastidio, lloras por todo, te quejas de todo, me molestas y sigues a todas partes como un cachorro perdido… quien querría ser amigo de una niña tonta y tan fea como tú-

Mi tristeza se convirtió en ira absoluta, al oír las crudas palabras de ese patán; nadie, pero nadie en mi vida me había dicho fea; es más, me halagaban y me rodeaban de millones de alabanzas por lo hermosa que era; esto era claro que él estaba mintiendo o peor aun celoso de mi. De inmediato mis lágrimas dejaron de salir y poniendo mi cara de furia, contesté:

-Si claro… como alguien que aun se orina en los pantalones, puede ofenderme de esa forma, ni aunque pasaran mil millones de años, eso jamás pasaría-

Su rostro enrojecido de odio hacia mí, mostró su más fiero fervor:

-¡JA! Niña llorona… para que lo sepas: ¡NO ME ORINO EN LOS PANTALONES!; ¡MOCOSA FEA Y HORRENDA! ¡CON ESA HORRIBLE CARA NADIE SE CASARIA CONTIGO, NI EN MIL MILLONES DE BILLONES DE AÑOS!-

Apretando fuertemente mis manos, formando puños en cada una de ellas; me levante un poco de puntitas, para poder llegarle a la cara y devolverle los gritos:

-¡ORINA PANTALONES!-

-LLORONA- se defendió él

-MIMADO-

-ENANA-

-PESADO-

-MUERTA DE HAMBRE-

-MARICA-

En ese mismo momento, nuestros rostros se habían acercado tanto, que podía ver el fuego del odio en sus ojos, y antes de que él pudiera decir algo, agregué:

-ESPERO QUE TE PIERDAS EN FRANCIA O TE AHOGUES, LO QUE OCURRA PRIMERO-

-¡JA, JA, JA! PREFIERO ESO A VER TU ESPANTOSA CARA-

Al darnos la espalda mutuamente, nos dirigimos en direcciones opuestas.

Después de eso no lo volví a ver o hablarle; sinceramente me satisfacía la idea de no saber nada sobre él; ya que tenia esa pequeñísima esperanza que se hubiera ahogado en el rió Sena y al haber pasado 11 años, esa esperanza era una realidad… aunque solo para mi.

En mis diecinueve años de vida; la perfecta edad para estudiar, divertirse y regocijarse de estar soltera; odiaba pero realmente detestaba que la gente hablara del matrimonio, como si eso estuviera solo en los genes femeninos: “Una mujer de mi categoría, debería estar pensando en el futuro, y en obtener un buen marido” ¡Por favor! esa mentalidad fascista, es del siglo XIV, porque no le dicen lo mismo a los hombres, pero bueno… viviendo en una sociedad machista, como la nuestra que se puede esperar; por ello yo tenia un punto de vista, muy factible para estas situaciones: “El ciclo de la vida exige: nacer, crecer, reproducirse y morir"; no dice nada de matrimonio o de atarse a alguien, para toda la eternidad; aunque ahora existen los divorcios, cual es la gracia de perder la mitad de tus bienes, con un idiota que los desperdicio, a sus anchas y que al final tus supuestos propios bienes, se convierten en deudas o se reducen en prácticamente nada, obteniendo a fin de cuentas, ni la tercera parte que realmente pusiste en ese matrimonio; así que para mi, esa palabra estaba eliminada de mi diccionario. Desgraciadamente para mi gran suerte, alguna de mis amigas siempre tenían que sacar el tema a relucir; no había una salida en la cual una de ellas expresara, ampliamente prácticamente a gritos, al pasar frente una joyería:

-Miren que hermoso anillo de compromiso; el tamaño de ese diamante, es exactamente el que quiero- señalaba Sara Hans, mi casi mejor amiga y heredera de la cadena de hoteles H. Rivers del caribe; una billonaria fortuna la esperaba a ella y a su pequeño hermano Valentine.

Peor aun, era cuando nos encontrábamos frente a la tienda de vestidos de novia, de la retirada diseñadora alemana Edith Gersten:

-¡Hay que precioso! Ese vestido es una verdadera obra de arte y el precio es justo lo que pagaría por el mió: 100 000 euros- decía Kristy Connors; hija de un antiguo ídolo y cantante de rock de los 80, que se había ganado la vida, con giras, discos, premios y hasta un supuesto grammy; el cual para serles sincera nunca vi por ningún lado, en su despacho.

Y sin decir de los benditos departamentos de regalos, adornos, y cuanta cosa existiera para esa repugnante perdida de tiempo, como lo llamaría yo:

-Mi boda será perfecta, con miles de ramos de rosas blancas, con un vestido diseñado en Francia, y organizada por el famoso Rene Florenteli… ya lo verán… será una verdadero espectáculo; las revistas de mayor categoría de toda Inglaterra, harán fila para hacer un articulo de mi matrimonio- anunciaba Enid Thomson, la menor de los cinco hijos del juez Thomson. Ellas tres eran como se puede decir, ¡Ah si! mis amigas; las había conocido en uno de las tradicionales fiestas del señor Connors, las cuales se organizaban cada mes en su lujosa mansión; a ruegos de mi padre no tuve mas remedio que hacerme “Amiga” de esas tres, pero luego de haberlas conocido mejor me comenzaron a agradar. En cuanto alguna de ellas me pedía su opinión con respecto a la boda, yo siempre respondía evasivamente:

-Saben una cosa, tengo sed… iré por algo de beber- y me alejaba tan rápido como mis piernas respondían.

Llegue al punto de tener que idear mas de una forma, de sacarme de aquel embrollo y al final concluí en dos opciones: 1°. Cambiar el tema de conversación, lo mas rápido pero discretamente posible; o 2°. Me iba de compras improvistamente con una excusa diferente cada vez: Un helado, una bebida, una blusa que había visto con anterioridad, o cualquier cosa innecesaria, que me sacara del aquel circulo maldito. En veces ellas me decían que seguramente no quería casarme, y antes de decirles la cruda verdad en la cara, desboronando sus esperanzas en mi; decidí simplemente sonreír y negar con mi cabeza, estas ante mi obvio desinterés, me ignoraban retomando su conversación sobre matrimonios, la cual no duraba mucho tiempo. Esa faceta de actuación me estaba costando cada vez mas, ya que mis amigas me arrinconaban con preguntas mas enfatizadas, y con deseos de oír mis elocuentes respuestas; llegando a un punto que prácticamente era insoportable, así que me iba a casa, prefiriendo eso a pasar por la lamentable situación de una pelea, que a cualquiera le seria fácil pedir disculpas. Lo único que me reconfortaba en las tardes era cuando el chofer me recogía para llevarme a casa, daba gracias a los cielos por sacarme de aquel infierno.

Dando las 6 de la tarde; llegue a casa y en cuanto cruce la puerta, mi padre me recibió con una gran noticia; teniendo en cuenta que las sorpresas no eran mi fuerte:

-¡Cariño! ¿Como estuvo tu día? ¿Te divertiste con tus amigas?- me dijo alegremente

-¡Si claro! estuvo entretenido, compre algunas cosas- le respondí fingiendo una sonrisa

-Que bien… me alegro… sabes te tengo una sorpresa- repentinamente cambio el tema

Mi padre sabía perfectamente, que no eran de mi total agrado las noticias sin previo aviso, y ante mi notable desinterés sobre el tema, continuo diciéndome en cuanto el incomodo silencio lo agobio:

-La Familia Ferrantello, dará una fiesta y estamos cordialmente invitados- leyó con suma excitación, el trozo de papel que tenia entre las manos. Un repentino sentimiento me abatió al escuchar el apellido Ferrantello, fue como un balde de agua helada que me caía enzima, y aunque no lo había oído desde hacia años, un odio incondicional me regreso a la realidad:

-Ni pienses que asistiremos, porque no voy a ir- conteste cortante pero seria, mirando fijamente en el rostro de mi padre; el cual balbució una contra respuesta:

-Pe… Pe… pero princesa… hijita… no… No podemos ser descorteses, y sabes muy bien, que rechazar una invitación de esa magnitud, será perjudicante para nuestra reputación; aparte desde siempre fuiste la amiguita de Da…- Levante mi mano para cortar la frase y poniendo la mirada mas fría ordene:

-No te atrevas a decir su nombre-

-Evangeline querida… eso paso hace mucho tiempo, estoy seguro que él ha cambiado… tu sabes ha madurado y estoy completamente seguro que esta deseoso de verte y pedirte disculpas; ya lo veras, cuando hoy nos presentemos en la fiesta de los Ferrantello, él estará feliz de verte- me reafirmo seguro de si mismo.

-¡¿QUE?! ¡¿VERLO?! ¡¿HOY?! ¡NO, NO, NO, NO, NO, NO!… papá estas loco; yo no iré y menos si tengo que verle la cara a ese…- corte con mis palabras antes de decir una grosería frente a mi padre, pero con ello dejaba en claro, que mis palabras eran irrefutables y serian las ultimas que dijera. Para mi desgracia las cosas nunca salen como las planeo; no me di cuenta en que momento, estaba sentada en la limosina de mi padre, en dirección al dicho festejo, con un vestido negro, adecuado para la ocasión, el cual él mismo me había comprado.

End Notes:

Este fan fic lo tube guardado, lo voy a ir suviendo dependiendo a cuentas persona lo lean; y espero que les gueste... MUCHAS GRACIAS.

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Capitulo 2

Al arribar a la olvidada mansión; me abarroto el recuerdo de cuando yo jugueteaba por aquellos jardines con él, correteando, riendo; que por un instante tuve un pequeño pensamiento, de que tal vez en cierta forma mi padre tendría la razón y él había cambiado. Así que decidí que en vez de una velada aburrida como forma de castigo, a algo que no he hecho, la tomaría como un recorrido por el tiempo; y aunque había accedido acompañar a mi padre, a esta ridícula fiesta, decidí que no la disfrutaría; dejando bien en claro que no hablaría, con ningún presente, en especial hombres; así estaría absolutamente segura que no tuve contacto con ese vil animal.

En cuanto la limosina se detuvo, frente a la puerta de la casa; uno de los sirvientes me abrió la puerta del carro, y como ya lo había decidido, ignore su tan atento pero acostumbrado saludo, sin tomarle la más mínima importancia. Al llegar a las escaleras, voltee a ver a mi padre, el cual muy cortésmente devolvía la bienvenida al hombre.

Entrando al salón de fiestas; la gente se acumulaba en pequeños grupos, unos en las esquinas, y otros a lo largo de la espaciosa habitación, conversando amenamente entre ellos; como siempre la decoración era elegante y alegre, pero con un toque de diplomacia. Mientras mi mente viajaba lejos de aquel sitio, buscando un lugar mas tranquilo; fortuitamente, escuche una voz muy familiar, la cual no había oído en años:

-¡No puede ser! ¡Señor D’Lacoste! ¡Señorita Evangeline! ¡Vaya que esto si es toda una gran sorpresa!- expreso la señora Ferrantello a viva voz, y acercándose donde nos encontrábamos, sonrió con tanta felicidad, que no tuve mas remedio, que fingir mi más atenta sonrisa; al mismo tiempo que enfatizaba mi actuación, escuche a mi padre responderle, con gran entusiasmo:

-¡Bellísima Señora! Es todo un deleite volverla a ver, después de tanto tiempo-

-Señor D’Lacoste igualmente para mi persona, es toda un regocijo verlo nuevamente… pero… pero esto es imposible… ¡¿Esta es la pequeña Evangeline?! ¿Cuánto ha crecido? Vaya que se ha vuelto toda una dama… no puedo creer lo que ven mis ojos- dijo la destacada señora entre sollozos, al prestarme toda su atención.

-Me alegra volverla a ver Señora Ferrantello…y es toda una consideración de su parte, habernos invitado a mi padre y a mí; a su aristocrática reunión; le doy mis más francas retribuciones- contesté obligadamente, ya que en su rostro se leía sus ansias, de una respuesta. Espontáneamente la pomposa señora dio un salto de alegría rotunda, y emocionada comentó:

-¡Espera Evangeline querida! A mi hijo también le encantara verte… ¿En donde estará?… no te muevas, iré a buscarlo inmediatamente- sin esperar a que le dijera nada, se alejo de nuestro lado a toda prisa; así que mire a mi padre a la cara, demostrándole lo enojada que estaba:

-Papá… tu sabes que…!Huy! mejor ni digo nada, tu nunca me escuchas- cruce mis brazos frente al pecho, igual a la rabieta de una niña pequeña

-Princesita… cálmate mi vida… piensa en lo que te dije; estoy seguro que él ya ha madurado, recuerda que las personas pueden cambiar- lo halagó él. Y antes de que pudiera idear una forma de escabullirme, de ese grotesco lugar; milagrosamente una de mis amigas: Sara Hans apareció como caída del cielo, a recatarme; ya que acercándose, me invito:

-Evangeline ¿Cómo estas?… sabes creí que no vendrías, pero me alegra que estés aquí… oye ¿No quieres ir a tomar un poco de ponche e ir al balcón, así podremos charlar tranquilamente?-

-¡Si claro! ¡Vamos!- para ser sincera no había prestado ni la más mínima, atención a lo que me dijo; pero en cuanto escuché la pregunta de: ¿Si quería ir al balcón con ella?, solamente le tome la mano y la hice jalada, lo mas rápido posible, alejándome de la fiesta.

Al llegar a la terraza, mi cometido estaba hecho; así que respire calmadamente el aire refrescante pero salino del lugar, y cerrando mis ojos, escuche como las olas del océano, rompían furiosamente en el muro, a unos cuantos metros mas bajo de nosotras; inexplicable me inundó una gran paz, haciéndome olvidar el sofocante lugar donde me encontraba; pero toda la serenidad fue interrumpida, por otra de mis amigas:

-Miren eso… Sara, Evangeline… ¿No creen que es demasiado guapo para ser verdad?- Anunciaba Kristy Connors, la cual ni me había dado cuenta que estaba allí. Prácticamente por instinto abrí mis ojos, y encontré a unos cinco o seis metros de mí, a un joven de 21 años o eso le calcule por su gran altura; cabello rubio cenizo corto, que extrañamente se le acomodaba de una forma inusual; unos atrayentes ojos verde oscuro, que eran opacados por su perfecta, pero deslumbrante sonrisa, en aquellos labios carnosos; complementándolo todo, con ese rostro angelical de piel perfecta y fracciones perfiladas, pero muy varoniles; él joven vestía formalmente con un saco, pantalón y corbata todo traído de Italia; obviamente eso le daban un porte único con ese cuerpo bien definido y bronceado que tenía. Aquel hombre parecía más un personaje sacado de un libro de fantasía, que una persona real; Sara volteándose rápidamente quedo boquiabierta ante aquella aparición, y hasta su rostro paso del color blanco de siempre, a rojo tomate en tan solo un segundo:

-Es tan guapo- comento entre suspiros

-¿Guapo dices? Esa palabra es un insulto, ante lo que tienes en frente- reprocho Kristy

-Bueno… bueno… disculpa… no quería ofender a esa aparición divina- se justifico Sara

-¿Cómo se llamará?- pregunto Kristy

-Quien sabe… de por si, que más da- comenté indiferentemente, ya que aquella “Aparición divina” como ellas habían afirmado, no me llamaba ni la mas pequeñísima atención; la razón era simple: Me había pasado cuatro años de mi vida, desde que cumplí los quince, los cuales mi padre insistentemente me presentaba, a ese tipo de hombres; para que según él, me enamorara de alguno de ellos, y así tener la nauseabunda idea de casarme… pero como estaba claro… ninguno de ellos era lo suficientemente maduro o simplemente hombre para mí: El primero fue Christopher Swift; muy guapo, alto, buen vestir, adinerado e increíblemente pervertido, ya que en cuando me vio… intento llevarme a la cama, sin ni siquiera habérmelo presentado aun, al oír su asquerosa propuesta, lo abofetee tan fuerte, que la mano me dolió por varios días; o el inolvidable Evans Jons, un hombre recatado, muy atento y algo estresado; en el momento que le gritó a la camarera, en la cena de nuestra supuesta cita, solo porque le trajo un platillo equivocado, al que él había ordenado, me di cuenta que era un patán machista, aparte que solo hablaba de el mismo; y sin mencionarle a Scott Argon con tan solo un año menor que yo, ya se creía el dueño de todo, sin decirles que estuve como 3 meses escondida, porque según él le pertenecía, así que no podía salir, hablar y ver a otras personas, fueran hombres o mujeres; recuerdo que al no haberle contestado, ninguna de sus monótonas llamadas, fue a buscarme a la casa y al darse cuenta que había salido de viaje, se enojo tanto que no supe nunca más de él. Así que un hombre, como los de ese tipo; los conocía bastante bien, como para perder mí tiempo, suspirando por ellos.

-¡¿QUE DICES?! ESTAS LOCA- me regaño Kristy

-Si Evangeline… ¿Cómo no te va a interesar ese joven? por favor, tan solo míralo, es… es… perfecto- continuando Sara el sermón.

-¡¿Perfecto dices?! ¡JA! solo vean como se pavonea, igual que un lobo muerto de hambre, entre ovejas jóvenes- reclame enojada, por sus comentarios

-Siempre es lo mismo; nunca ves a nadie suficientemente bueno para ti…- comento Sara, en un tono un poco irritado. Korean Beauty - 👸 💋 Descubre todo sobre el ritual de belleza coreana y los mejores productos de cosmetica coreana del mercado Korean Beauty

-Tan solo veanlo se pavonea, como un lobo muerto de hambre, entre ovejas jóvenes- me defendí.

-Pero si lo que dices es cierto, mi quería amiga Evangeline… entonces que a mi me considere como una oveja más, porque yo me dejaría comer por un hombre como él… ja, ja, ja, ja, ja- se río feliz Kristy, ante mi aparente broma.

-Bueno entonces que sean dos- agrego Sara, cambiando repentinamente de actitud.

-Digan lo que quieran, pero en algún momento me darán la razón, cuando vean lo realmente insoportable que son ese tipo de personas- aclare defendiéndome, mirando a un lado.

-Miren, miren… viene hacia acá- exaltada afirmo Kristy, prácticamente sin aliento.

-¡Buenas noches hermosas señoritas!- dijo sonriéndonos en cuanto estuvo cerca de nosotras; su voz era sensual, algo gruesa y firme, con un toque de amabilidad, envuelta en coqueteo.

-Bu… bu… buenas noches señor- tartamudeo Sara; pero gracias al disimulado codazo que Kristy le dio, en las costillas; las últimas palabras le salieron fluidas.

-Buenas noches señor… es un placer conocerlo; soy Kristy Connors- rápidamente y sin perder tiempo mi amiga, se presentó.

-Y ella es Sara Hans, y estamos completamente abiertas a sus órdenes… señor- continuo diciendo, pero esta vez con un tono muy atrevido y juguetón. El joven simplemente sonrió pero con satisfacción, bueno eso fue lo que noté; y dando su más respetable inclinación, igual a un príncipe; contestó al saludo mis amigas:

-El placer es todo mió señorita Connors, señorita Hans; para mi es un regocijo, escuchar sus atentas palabras… y disculpen mi atrevimiento, si les digo… que jamás había estado ante tanta belleza, ya que ni las obras de Picazo, han tenido tanto esplendor como ustedes, ilustres damas- inmediatamente besó cálidamente la mano de Sara y luego la de Kristy, las cuales casi se desmayaron; porque tuvieron que sujetarse del borde de piedra del balcón.

Mientras que yo era la espectadora numero uno, de aquel burdo y farsante acto, algo me vino a la mente; exactamente no sabría como explicarlo, pero se podía decir que era algo así como un dejavú. Sin esperármelo el joven se dirigió hacia mí, con aquella fingida sonrisa seductora:

-Discúlpeme por mi mala educación señorita; como he sido tan grosero para ignorar a tan radiante mujer, la cual si no he sido tan aprovechado; he de decirle, que la luna tan solo es una simpleza ante su belleza- precipitadamente estiró su mano hacia mí, manteniendo aquella perfecta sonrisa. Al verlo desenvolverse de esa forma, definitivamente no tuve la menor duda de que esto lo había vivido antes, pero a como lo recordaba era con menos adulaciones.

Haciéndome la indiferente, quité mi vista de aquel joven y dándole prácticamente la espalda, mire hacia el océano, el cual era mucho más interesante. El distinguido muchacho, al ver mi reacción, retiró educadamente su mano y aun manteniendo su gesto, expresó:

-Lo entiendo… y no se preocupe por ello… ¿Señorita?-

Al sentir un leve golpecito, en mi espalda por parte de Sara, la cual con cara de pocos amigos; me hizo recordar mis modales, no tuve más remedio que contestarle y volviéndome hacia él, di mi más ejercitada sonrisa, acompañada por un tono de voz dulce y amable:

-Evangeline Mari D’Lacoste…es un placer conocerlo-

Insólitamente el joven cambió su rostro perfecto; primero fue como de sorpresa, y luego frunciendo el ceño se enojó. Mis amigas al notar ese cambio repentino, le preguntaron en coro algo, preocupadas:

-¡¿Se encuentra bien?! ¡¿Señor?!-

-Vaya… vaya… así que has crecido Evangeline… aunque como veo sigues solterona- respondió minutos después, ignorando completamente la pregunta de mis amigas; y poniendo un tono burlón en sus palabras. Me quede fría de la impresión, y entre más cavilaba el asunto, no llegaba a la conclusión de quien era aquel desconocido.

Mis amigas en cambio muy confundidas me veían a mi como esperando que les explicara lo que pasaba.

-Aunque… buuuueeeno, noto que sigues creyendo todo lo que escuchas…- continuó burlón pero friolento, mostrando una sonrisa audaz, algo parecida a la de malicia. Al haber escuchado esas insultantes palabras, inmediatamente me vino a la mente aquél aborrecible innombrable; y luego de unos momentos de ensimismamiento y de tranquilizarme para no gritarle a la cara, dije incrédula:

-¡¿Dayal… Tristano… Ferrantello…?!-

Sara y Kristy se miraron mutuamente, mucho más confundidas que antes, y volteándose hacia mí, repitiendo a coro:

-¡¿Dayal Tristano Ferrantello?!-

-¡¿Se conocen?!- dijeron al mismo tiempo, mirándose una a la otra.

-¡¿Lo conoces?!- volvieron a decir sincronizas, que hasta parecía que lo habían ensayado.

-Vil animal… eres un… - ignoré a mis amigas, y suspiré para calmarme antes de levantar más la voz.

-¡Claro!… ahora me llamas “Vil animal”- expreso este sarcásticamente.

-Pero no hace ni un minuto que me decías “Es un placer conocerlo”… noto que realmente estas desesperada- continuo diciendo, con voz algo enfurecida e imitando la mía.

-¡Si claro!… me crees tan entupida como para tragarme ese poco de idioteces que dices, además no sabia que eres tú y ellas me obligaron a decirte mi nombre…- me defendí igual de enojada y grosera.

Hasta ese momento se me había olvidado por completo, la presencia de Sara y Kristy, y al voltear mi mirada, para ignorar a “Esa cosa”, nombre perfecto para el engendro de Satán; note que en sus rostros se reflejaba la confusión, extrañeza, miedo y algo parecido al apuro de salir huyendo; así que para tranquilizarlas les dije:

-No se preocupen… Sara, Kristy; solo es Da…yal, el hijo de la señora Ferrantello; ante todo deben ignorarlo y no creer lo que dice; porque es un miserable engendro-

-¡¿MISERABLE ENGENDRO?!- precipitadamente exclamo en grito; lo cual hizo que las personas, que se encontraban en la terraza, dejaran repentinamente sus conversaciones, y voltearan a vernos.

Sara y Kristy más que atónitas, no reaccionaron ante la obvia pelea, las cuales parecían estatuas, de lo rígidas que estaban. En cuanto el cuerpo de la joven Connors al fin respondió, tomó apresuradamente el brazo de mi otra amiga, y sonriendo nerviosa, se dirigió a nosotros, apurada:

-E… este… bueno… fue un placer conocerlo… señorito Ferrantello… y… han… Evangeline nos vemos después… nosotras… es decir… yo… necesito algo de tomar; así que ¡Vamos Sara acompáñame!- la joven Hans que no salía de su asombro, se fue arrastrada por Kristy, ya que era como una muñeca de trapo, fácil de manipular.

En cuanto ellas se alejaron, y nos dejaron solos; comencé a reírme ligeramente, del ridículo que había hecho Dayal, hace un minuto; y esté al notar mi evidente burla, algo frustrado expresó:

-¿De qué te ríes adefesio?-

Mi risa se detuvo en seco, ante sus insultos:

-¿Adefesio?… por favor mira quien lo dice, aberración orina pantalones- lo fulmine con la mirada.

-Retira lo que has dicho inmediatamente, mugrienta solterona horrenda- ordeno mucho más enojado.

 

-Así que ahora te refieres a mi como: “Mugrienta solterona horrenda”… ¡Ja! no me hagas reír; ya que si no lo recuerdas, hace un instante me decías, como era la frase: ¡Ah sí! “La luna tan solo es, una simpleza ante su belleza”- argumente con brusquedad.

-Tú crees, que si me hubiera que eras tú, jamás te había dicho nada- volteo su mirada, dirigirla hacia unas jóvenes que hablaban muy animadamente entre ellas: -“¡Si, sí! Richard me propuso matrimonio”; “No puedo creerlo… que romántico”; Dayal bajando inmediatamente la mirada, mostró una leve sonrisa en su rostro; la cual se escuchó más bien como una ahogada carcajada, y comentando para si mismo, en voz baja pero audible, expreso burlón:

-¡Que estupidez! Matrimonio… ¿Quien pensaría en eso?-

Lo mire fijamente con curiosidad, y en cuanto este se dio cuenta, comentó con sarcasmo:

-¿Que?… No me digas que tú… eres de esas… que espantoso… él que quisiera casarte contigo, de seguro seria ciego o idiota-

-No seas ignorante… semerendo imbécil, tu crees que desperdiciaría mi vida con alguien igual a ti; ni en broma… crees que soy como tu; bueno… aunque como tu no hay comparación- afirme orgullosa.

-Ja, ja, ja, ja… si fueras como yo, tendrías novio o ¿Me equivoco?- me indico frívolo y altanero

-¿JA? Si fuera como tú… no dejaría que esa diminuta cosa impotente; guiara mi lengua, como insatisfecho por la vida- señale a su entre pierna, con completa naturalidad. Entre tanto dentro del salón; el señor D’Lacoste, hablaba muy amenamente con la señora Ferrantello; y hasta por su forma de comunicarse, se podía decir que estaban disfrutando de su plática; llegaron a un punto, que solamente dijeron conjuntamente, tomándose de las manos y sonriendo radiantes:

-¡ES UN TRATO!-

Asimismo un sirviente de la casa, se acerco a las gigantescas puertas del balcón y tomando las perillas plateadas de las mismas, anunció solemnemente:

-Disculpen… señores y señoritas… la dueña de la casa, la señora Ferrantello, dará un anuncio muy importante, dentro de unos minutos; si así lo desean pueden pasar al salón-

Las personas que se encontraban en la terraza, inmediatamente y sin hacer preguntas entraron; mientras que nosotros continuábamos la pelea, sin tomarle importancia a la susodicha noticia:

-¡Si claro!… creo que si lo vieras, estarías ansiosa por tenerlo entre tus manos… mmmmm- entre ligeras risas de maldad pura, expresó Dayal esas impúdicas palabras. Dando media vuelta, le di la espalda y furiosa, le respondí:

-No perderé mi tiempo con impertinentes, insolentes, y pusilánimes; hijos mimados... Buenas noches-

Inmediatamente me dirigí a paso firme, en dirección a la puerta del balcón, la cual extrañamente se encontraba cerrada; creo que esto sucedió cuando el sirviente, anunciaba que se daría una noticia, y como era costumbre en esa familia, siempre se cerraban las puertas, al rededor del salón, para dar según ellos más dramatismo. Al tomar la perilla y girarla, me percaté que estaba con llave; algo confundida, volví a mover la manija insistentemente; y olvidándome de aquel engendro, dije en voz alta:

-¡¿Está cerrada?!-

-¡¿CERRADA?!… ¡Ba!… no seas tonta; déjame probar a mí- ordenó Dayal en tono arrogante, mientras se acercaba hasta donde estaba, y quitándome del medio, con un no tan disimulado empujón; el cual hizo tambalearme hacia la izquierda, dándole el espacio suficiente, para que ejerciera su gran hazaña del héroe. Entre tanto él semejante inútil, batallaba con el cerrojo de la puerta de vidrio; dentro del salón, la señora Ferrantello, daba las gracias a sus invitados por haber asistido, a su aristocrático festejo; lamentablemente no logré escuchar nada más, ya que su necedad y orgullo de supuesto hombre, hacia imposible, que la voz de la mencionada señora, se oyera más allá del escándalo, al golpear el vidrio; y aunque habían pequeñas ventanas abiertas, en lo alto del muro, no oía ni una sola palabra.

Pero en cuanto le iba a decir, a esté que se diera por vencido; claramente como el agua, aquellas palabras traspasaron el concierto, de solo que esté se tenía. Nunca olvidare la cara que puso Dayal y creo que tampoco la mía, al escuchar a viva voz lo que mi padre y la madre del inepto, casi que decían a coro:

-Está fiesta… es para celebrar el regreso de mi hijo Dayal; e igualmente demostrar lo orgullosa que estoy, al saber que ya es todo un hombre. ¡Se ha graduado con los más altos honores, en La Universidad de París “VI Pierre et Marie Curie”!- expresaba emocionada, casi a llanto, su madre.

-Además de anunciarles… el compromiso con su adorable novia, Evangeline Mari D’Lacoste- decía mi padre con tanta alegría, que no cabía en si mismo.

-Su boda se realizará dentro de 6 meses, y todos están cordialmente invitados- exaltados los dos anunciaban a coro.

End Notes:

MUCHAS PERO MUCHAS GRACIAS, A LAS PERSONAS QUE COMENTARON SOBRE DAYAL Y EVANGELINE... ME HAN ALENTADO A SEGUIR ESCRIBIENDOLA, YA QUE NO LA HABÍA TERMINADO... MUCHAS GRACIAS 

Y SIGUAN COMENTANDO

End Notes:

MUCHAS PERO MUCHAS GRACIAS, A LAS PERSONAS QUE COMENTARON SOBRE DAYAL Y EVANGELINE... ME HAN ALENTADO A SEGUIR ESCRIBIENDOLA, YA QUE NO LA HABÍA TERMINADO... MUCHAS GRACIAS 

Y SIGUAN COMENTANDO

Regresar al índiceCamino al cielo by Tomoe_Yukishiro
Author's Notes:

Continuan las peleas de Dayal con Evangeline... ahora sus padres quieren que se casen, pero ellos se niegan; como pasarán esta dura prueva y ante todo ¿Quien ganará al final?

Author's Notes:

Continuan las peleas de Dayal con Evangeline... ahora sus padres quieren que se casen, pero ellos se niegan; como pasarán esta dura prueva y ante todo ¿Quien ganará al final?

Capitulo 3

 

Dayal deteniéndose en seco, dejo en silencio total la vacía terraza; su rostro me pareció, de un color blanco papel; aunque ni siquiera le preste atención, ya que tuve que apoyarme en la pared, para no caer al suelo de lo mareada que estaba, me faltaba el aire; y aunque el fresco viento salino golpeaba mi cara furiosamente, tenía esa desesperación, igual a la de cuando uno nada y nada pero nunca llegaba a la superficie; repentinamente exhale una bocanada de aire, que lleno mis pulmones y así al fin logré mover mi inerte cuerpo, en dirección al idiota que estaba conmigo; el cual aun no salia de su asombro. El tiempo que me tomó volver en mi misma, me pareció de unos veinte a treinta minutos; pero el lapso real, no había sido mayor a unos tres minutos, los cuales le tomo a los presentes dar sus ovaciones. En el instante que Dayal regreso a la realidad, comenzó a golpear frenéticamente la puerta de vidrio, con el puño cerrado; hasta llegué a jurar que esta se iba a ser añicos a sus pies; desgraciadamente sus inútiles esfuerzos fueron en vano, ya que al mismo tiempo, que esté daba un desesperado alarido, acompañado con violentos forcejeos, de la no cediente puerta; las personas, dentro del salón, daban sus más efusivos y alegres aplausos; así que no importaba el escandalo que él hiciera, nadie lo oiría.

 

Minutos después de haberse medio calmado, busco con la mirada, una forma rápida y discreta de entrar en el recinto; luego caminó de un lado a otro, como león enjaulado, sin tener éxito alguno; obviamente en situaciones distintas, me hubiera reído de él, pero en vez de eso tragué fuertemente, para no llorar. Estaba en el mismo infierno que ese bastardo, así que sin más ánimos, tuve que mantener la calma; pero me era imposible, con tan solo verlo actuar así, ya era desesperante, emanaba un aura de: ira, frustración y locura; al final tuve que distraerme, hallando una salida por mi propia cuenta, así mantenía mi mente ocupada, de aquella vocesita, que se repetía como disco rallado: “Lánsate del balcón, es la única salida rápida e indolora de escapar”, y de la cual una parte de mí, no quería que esta me terminara convenciendo.

 

Al primer intento, mi ojos se posaron en una ventana abierta de par en par, a unos tres o cuatro metros arriba de mi; allí estaba mi entrada, lo malo era que no sabia como llegar hasta allá, busqué tranquilamente hasta que ¡Bingo!; mi atención se situó en una bella enredadera de rosas blancas, las cuales subían entrelazadas, por una casi invisible escalera de madera; con ello las hermosas flores tomaban un camino perfecto, al rededor de la puerta, dándole un elegante efecto. Si mis cálculos eran correctos; al lado izquierdo, bordeando la gruesa baranda de piedra del balcón, se situaba la ya mencionada ventana, la cual daba a unos no más, de metro y medio de la escalera de flores. Sin pensarlo mucho me dirigí a toda prisa, hacia mi futura libertad; pero Dayal, él cual creí que se había lanzado al vacío, se colocó al frente mio y mostrándome una cara de pocos amigos, afirmó a seca voz:

 

-¡Ni lo pienses! Iré yo primero-

 

-¡¿QUE?! Estás loco... yo vi esa entrada antes que tu- reafirme mi prioridad de investigadora.

 

-!OH NO, NO, NO, NO, NO, NO! Ni creas que me dejaré intimidar, por una espantosa abominación; mi palabra siempre es la última y si yo digo que iré primero, entonces lo haré y tomarás mi mandato- expresó autoritariamente.

 

Lo que me extrañó de mi comportamiento, en ese instante; fue que en lugar de seguirle el juego, y enojarme con él o al menos gritarle una grosería, por haberse expresado tan ineptamente; lo que opté por hacer, fue darle mi mas ancha sonrisa de satisfacción, y extendiendo mi mano en dirección a la enredadera, le expresé serenamente, pero ocultando mi sarcasmo:

 

-Como digas... adelante; no te estorbare ni un minuto...-

 

Este en lugar de ver mi obvio interés, de que si algo fallaba, sería enteramente su culpa, a lo que nadie me acusaría, si él cayera al vacío, por digamos... un pequeño resbalón; pero en vez de meditarlo, la cosa esa, se acercó a la escalera de flores, y sujetándose fuertemente de ésta comenzó a subir; para mi desdicha no pasó nada en particular, solo en un instante que pensé ver mi sueño realizado... tieso como piedra; pero... fue falsa alarma, este solamente se había espinado unos cuantos dedos de la mano. Sin esperarme; el imbécil desapareció de mi vista, así que tuve que empezar la escalada, ya que así él no tendría la ventaja. No fue fácil llegar hasta la ventana, pero con mi mayor esfuerzo logré entrar; al caer al duro suelo, y escuchar las carcajadas del vil animal; suspire tratando de calmarme, y en cuanto preste atención me encontraba en una habitación desconocida, nunca en todo el tiempo que estuve de visita en esta mansión, había visto esa rara habitación; la cual con el tiempo, supe que pertenecía a la señora Ferrantello. Era de elegantes, finas y lisas cortinas, al estilo hindú, tanto al rededor de los ventanales, como de la extraña cama colgante, la cual era sujetada por gruesas cadenas, incrustadas en el techo; una alfombra persia la cubría enteramente; su iluminación, me hacía sentir como si estuviera en la India; ya que hasta los muebles que tenía eran de ese país.

 

Dayal abriendo la puerta de par en par; y dándome la espalda, inició su caminata en dirección al salón de fiestas, creo yo, que con el fin de acabar con aquella ridiculez, de espectáculo que hacían nuestros padres. Al lograrlo alcanzar, caminamos algo así como juntos, pero en completo silencio por los pasillos; ninguno de los dos quería comenzar la conversación. Hasta que el idiota se perdió, “¿Que persona razonable se pierde en su propia casa... por Dios? Solo un retrasado”.

 

Nuevamente nuestra olvidada pelea, reiteró en donde nos quedamos:

 

-¿Te has perdido... idiota?- comenté algo incrédula.

 

-La idiota eres tu; yo sé por donde ir...-argumentó con su orgullo intacto.

 

-Bueno si lo sabes... ¿Por qué te detuviste?- sarcástica lo bombardee.

 

-Porque estoy harto, de que me sigas como un maldito perro pulguiento... ¡LARGATE!- me terminó gritando al saber que había ganado, ya que estaba cien por ciento segura, de que se había perdido.

 

Comencé a reír sin parar, ya que lo único que se le ocurría a esa escoria, era gritar en momento de desesperación; este irritándose más, despectivamente me tomo de la mano, como intentando demostrar su supuesta varonilidad; inmediatamente me resistí, pero en cuanto pude soltarme, habíamos cruzado una puerta a la zar; lo que para terminar con broche de oro, el día mas oscuro de mi vida, era la entrada que daba exactamente, al pequeño pero espacioso escenario, del salón de fiestas. Mi padre al vernos, sonrió tan ampliamente, que sus labios casi tocaban sus orejas; y levantando la mano hacía nosotros, dijo a lo invitados por el micrófono:

 

-¡Halos aquí! ¡La feliz pareja!... Y como muestra de absoluto compromiso, los novios darán su primer baile juntos...-

 

Los presentes aplaudieron con mucho mas énfasis, y emoción.

 

Mientras que mi padre me daba un fuerte empujón, dirigiéndome al centro de la pista, yo aun no salía de mi estado paralizante; un brusco golpe con alguien me regresó a la realidad, para la desdicha de aquella noche, había chocado con Dayal, él cual al sentirme cerca, se apartó lo mas rápido posible; su madre acercandosenos, lo regaño con diplomacia:

 

-Si no bailas con ella, tu cabeza rodará por todo el salón... entiendes querido- movió sus párpados rápidamente, expresando las ultimas palabras.

 

-Evangeline querida... o bailas o te iras a vivir permanentemente con tu tía Severinos- indicó mi padre a regañadientes.

 

Para ser sincera a estas alturas, cambiaría gustosa la horrenda casa de mi tía Severinos, que siempre olía a mo, y por todo me regañaba: “No toques eso Eva” me decía “Comete toda la comida Eva” “No te rías Eva” “No te sientes de esa manera tan vulgar Eva” “Responde cuando te pregunto Eva” era insoportable, por ello le dije a mi padre que nunca más me enviara a esa espantosa casa. Pero pensándolo mejor, vivir con ella sería una tortura, y este castigo del baile solo duraría unos minutos; así que accedí.

 

Los músicos comenzaron a tocar. Dayal sin perder el tiempo; sujetó mi cintura, pegándome a él y tomando mi mano derecha, la levantó en lo alto, empezando a dar un paso a la vez: atrás, adelante, atrás, adelante y luego variaba con algún giro, o giros que me hacía dar. En cuanto estuve consiente de que estaba danzando con esa cosa, me enojé tanto con mi padre y a la vez conmigo, por no haber dicho nada a mi favor, tanto fue mi irritación, que lo dije en voz alta:

 

-Maldita sea, mi vida está arruinada-

 

-¡Tú vida!... Crees que tener, que estar atado a un esperpento, se llama vivir- igual o peor de enojado me regaño Dayal.

 

-Si claro como ser la esposa de un ignorante, me hiciera saltar de emoción- refunfuñe.

 

-¡ja ja ja ja ja! Lo que me alegra de todo esto, es que si algo sucede será tu culpa-

 

-Mi culpa dices... maldito parásito-

 

-Di lo que quieras pero si todo fracasa, tu seras la responsable, porque lo que yo digo es irrefutable y punto-

 

-Solo porque lo dices, no significa que sea cierto... ¡Idiota!-

 

-¡Mocosa llorona!-

 

-Mimado-

 

-Esperpento-

 

-Frustrado-

 

-Solterona-

 

-Orina pantalones-

 

-¡MUERTA DE HAMBRE!-

 

-¡MARICA!-

 

Sin habernos percatado, habíamos bailado tan esplendorosamente, que al terminar la música, la gente nos homenajeo; y hasta creyeron que nos decíamos faces dulces de amor, pero aunque parezca extraño, en cuanto dijimos las últimas palabras, la balada había terminado; así que enfurecidos nos miramos, echando rayos por los ojos y segundos después nos dirigimos en direcciones opuestas, uno a la izquierda y el otro a la derecha.

 

Al terminar la fiesta, aunque no supe cuando, ni cómo; ya que estaba en la cocina escondiéndome de mi padre, más enojada que un tigre hambriento; ignore o prácticamente fulmine con la mirada, toda pregunta, acercamiento o insinuación, que me hacían los camareros, los chef o empleados del lugar, llegando en un momento determinado, en el que nadie se me acercó mas; así que solamente me senté en una pequeña silla blanca, que estaba allí por casualidad, y cruzando las piernas y luego mis brazos frente al pecho, miré fijamente a la pared, con los ojos envueltos en llamas de odio total, a tal punto que no prestaba atención a mi alrededor.

 

Pasado un rato escuché a alguien decir:

 

-¡Ah si! La del vestido negro... se encuentra por allá señor; pero yo que usted no me le acercaría, creo que es asesina o algo parecido-

 

Instintivamente desvié la cabeza, para ver quien preguntaba por mi, y francamente no me sorprendió saber que era mi padre; esté arrodillándose a mi lado, se expresó con su mas sumiso tono de voz:

 

-¡Mi cielo! Te he estado buscando por todos lados... me alegra haberte encontrado...-

 

Sabia perfectamente que ese tono, lo usaba regularmente cuando quería algo de mí, pero esta vez estaba tan furiosa que nada me haría contentarme; por ello ni le respondí.

 

-Mi vida... Evangeline por favor... escucha lo que te tengo que decir...- suspiró y luego continuó:

 

-No es nada fácil... pero tengo que hacerlo; mira lo que sucede, en realidad, es que nuestra compañía esta teniendo mas perdidas que ingresos, dentro de unos meses nos declararemos en absoluta banca rota, he hecho hasta lo imposible para solucionarlo... pero nada ha funcionado... así que...-

 

-Así que me comprometiste con ese bastardo, solo para salvar la compañía ¿Verdad?- termine su frase con una voz tan fría como el hielo.

 

-No lo veas como algo obligatorio, sino como algo que te estoy diciendo que hagas ... bueno, aunque en realidad así es... lo que trato de decirte es que, piensa en el centenar de personas que conservarían sus trabajos, cuando te casaras con Dayal Ferrantello; ten en cuenta que este puede ser la única manera, de no llegar a comer en un basurero- concluyo él.

 

No esperaba esa charlatanería barata, pero por alguna razón no funcionó como él esperaba; y suspirando baje la cabeza, sin tener nada que decir. Según mi padre para animarme, se expresó seguro de si mismo:

 

-Cuando te cases con Dayal, si quieres divorciarte... o has lo que quieras, por mi esta bien... ya que después de hacerme este favor, no te pediré nunca más nada; ¡Te lo juro!- colocándose la mano derecha en el corazón y la otra manteniéndola en lo alto, sonrió amablemente, esperando que yo dijera que sí; pero aun así me negué rotundamente.

 

Aunque parezca raro pero familiar, increíblemente me encontré sentada en un sillón del vestíbulo, de la casa de los Ferrantello; claramente pegada al extremo derecho de este, ya que al otro lado se encontraba, aquella peste andante o mejor dicho vil animal; frente a nosotros estaban la señora Ferrantello y mi padre, los cuales muy juntos se miraban, como a la vez nos miraban mutuamente, con caras de preocupación, al denotar lo mal que nos llevábamos.

 

-Muchachos... muchachos... por favor; ya paren esta ridícula discusión; saben muy bien que desde ahora están comprometidos, serán futuros esposos... por favor... por favor, por lo que mas quieran, arreglen sus diferencias- solamente salían suplicas de parte de la señora Ferrantello; ya que mi padre nos miraba como si fuéramos a la horca y el fuera el ejecutor; ya estaba cansado de nuestras peleas, así que cruzando los brazos frente a su pecho, perdiendo la paciencia; nos dijo:

 

-Si no arreglan sus diferencias ahora mismo, no tendremos mas remedio, que llegar a esto; ya que se dice: “Que para serios problemas, soluciones extremas” así que no tenemos mas que obligarlos a asistir-

 

Mire sumamente confundida, a las dos personas frente a mí, y poniendo cara de intriga, pregunté:

 

-¿De que están hablando?-

 

Como ya se me había olvidado ese vil animal, recordé su presencia cuando este preguntó al mismo tiempo que yo, sonando los dos a coro; y mirándonos mutuamente, volvimos a preguntar aun sin tener respuesta:

 

-¿DE QUE HABLAN?-

 

Dos semanas después, estaba en el asiento de la limusina, en direcciones a un lugar o mas bien retiro llamado: “Camino al Cielo”; cuando vi por la ventanilla, el gran letrero arqueado en color negro, que se extendía por toda la entrada de madera en forma de arco iris; cruce nuevamente mis brazos, enfurecida; mientras intentaba matar a Dayal con la mirada, el cual estaba casi al frente de mi, igualmente mirando por la ventana y con un aura de furia incondicional; me di cuenta que esta semana infernal, habría de cambiarla gustosamente por irme a vivir eternamente con mi tía la insoportable; pero ya era demasiado tarde, nuestros padres nos habían inscrito a este retiro, de matrimonios en conflictos, mucho antes de que nos diéramos cuenta. No había marcha atrás, teníamos que hacer bien o si no, nuestros progenitores nos matarían; para empeorar las cosas era un sitio de pobreza o en otras palabras gente pobre a nuestro alrededor, aunque a mi no me incomodaba la idea de pasar con personas de esa clase, Dayal hubiera preferido cortarse la lengua a cruzar palabra con ellos. En cuanto el automóvil arribó, suspire para tranquilizarme y así actuar lo mas civilizadamente posible, esa faceta ya era característica de mi persona, así que seria fácil; abriendo la puerta, no tuve otra opción que pensar en mi propio bienestar.

End Notes:

NUEVAMENTE MUCHAS PERO MUCHAS GRACIAS POR LEER MI FAN FIC, SE LO AGRADESCO DE VERDAD... ^^

 

ESPERO QUE SIGUAN LAS HISTORIA DE dAYAL Y eVANGELINE Y ANTE TODO ESPERO QUE LES GUSTE...

 

MUCHAS GRACIAS

End Notes:

NUEVAMENTE MUCHAS PERO MUCHAS GRACIAS POR LEER MI FAN FIC, SE LO AGRADESCO DE VERDAD... ^^

 

ESPERO QUE SIGUAN LAS HISTORIA DE dAYAL Y eVANGELINE Y ANTE TODO ESPERO QUE LES GUSTE...

 

MUCHAS GRACIAS

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