Der Weltkrieg by LunaHimekO

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 Der Weltkrieg by LunaHimekO
Summary:

La BBA bajo nueva administración, reencontrando a todos los bayluchadores que han participado en alguno de los tres anteriores torneos, donde los Blade Breakers salieron invictos pero Kai Hiwatari ha quitado la vista de aquello que Takao le ha arrebatado desde siempre. Una nueva amenaza se atraviesa en sus intereses. 



Categories: BEYBLADE Characters: Ninguno

Generos: Ninguno

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 4 Completed: No Word count: 6158 Read: 524 Published: 03/04/2013 Updated: 19/04/2013
Summary:

La BBA bajo nueva administración, reencontrando a todos los bayluchadores que han participado en alguno de los tres anteriores torneos, donde los Blade Breakers salieron invictos pero Kai Hiwatari ha quitado la vista de aquello que Takao le ha arrebatado desde siempre. Una nueva amenaza se atraviesa en sus intereses. 



Categories: BEYBLADE Characters: Ninguno

Generos: Ninguno

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 4 Completed: No Word count: 6158 Read: 524 Published: 03/04/2013 Updated: 19/04/2013 Correspondencia. by LunaHimekO

Apenas habían pasado unos meses, casi el año, desde la última vez que Kai Hiwatari vio a sus compañeros de equipo. Tanto a los Neoborg como a Takao, Rei, Max y Kyouju. Recién habían anunciado al ganador de ese torneo, regresó a Rusia sin siquiera festejar con ellos. Había perdido; no había nada que celebrar.

Tres años pasaron sin grandes calamidades. Tres años en los que Kai fue cambiando en todos los aspectos, dejando de ser el muchacho que comenzó casi siendo un niño en el mundo del beyblade, tres años para que se convirtiera en un hombre con el mismo objetivo de toda la vida.

Desde entonces había entrenado arduamente todos los días sin en mas ligero descanso, con la sangre hirviendo a cada momento porque incluso Kai tenía su límite, y haber participado y fracasado tres años seguidos ya había sido el colmo. Fue creado para ser perfecto, un beyluchador único… según le habían metido la idea en la cabeza, para eso vivía, Y no estaba cumpliendo su cometido. No era culpa ni de Voltaire, ni de Balkov, ni de Brooklyn, mucho menos de Takao.

El rival mas fuerte que tenía era si mismo, él y su ego, él y su orgullo, él y todas sus frustraciones reprimidas era su propio Némesis.

Era un día sombrío y extremadamente frío; típica atmósfera de Invierno en Moscú.

Las 5 de la mañana, a pesar de que el calendario marcase un nuevo día parecía aun parte de la noche anterior pero el joven dueño de la mansión Hiwatari que se imponía por sobre toda construcción en ese lugar ya estaba cruzando el umbral para la salida, se disponía a ir a agotarse entrenando, creando una conexión mas fuerte con su eterno y majestuoso fénix.

Pero dos cartas en el buzón llamaron su atención. No solía leer el correo, a veces solo lo recogía, lo dejaba en la mesa y seguía su camino sin embargo el logotipo que estaba impreso en el sobre de una de ellas fue el causante de que interrumpiera por primera vez en meses, su entrenamiento.

La abrió y tal como esperaba era la invitación para el torneo que la BBA organizaba. Y la carta decía así, debajo de la fecha de ese día,

"Estimado Kai Hiwatari:

Ha sido seleccionado por su eminente experiencia en el deporte del Bey Blade, ahora en lugar de que usted nos solicite dejarle participar nos toca a nosotros esperar el contar con su apoyo para esta nueva contienda, nuevamente organizada por Bey Batalladores Asociados (BBA), ésta vez en Alemania, torneo bautizado como:

"Der Weltkrieg"

Todos los participantes han sido previamente escogidos por su anterior desempeño y participación en los años anteriores y han sido inscritos de antemano. La modalidad de este año consistirá en que cada beyluchador que acepte la invitación deberá presentar un código el cuál se encuentra ya registrado en la base de datos, así mismo cuando se tenga el conteo de todos los que asistan, los equipos se formaran al azar por la misma computadora que tratara de equilibrar las habilidades de los participantes de cada equipo.

Los resultados de las estadísticas serán revelados el mismo día del torneo:

12 de Diciembre del año en curso.

Sin mas que decir por el momento, esperando contar con su presencia"

La carta estaba firmada por el nuevo director de la BBA, tras el fallecimiento del veterano Dickenson un joven había tomado el puesto. Y por el nombre con que firmaba era, casualmente, alemán.

Otra hoja venía en el sobre de ese memorándum, un pequeño talón con la inscripción:

Hiwatari Kai -131190

Eso lo sorprendió un poco, si cada carta estaba personalizada entonces el evento sería una eminencia, verdaderamente selectiva e interesante para participar en ello. Al parecer, la llegada del nuevo director prometía mucho para el mundo del beyblade.

Una sonrisa se quería formar en el rostro del peliazul, la emoción de demostrar que ésta vez si podía, porque no cargaría con la presión de ser parte de un equipo, por mas equilibrados que quisieran ser, cada quién jugaría por su lado.

La otra carta realmente no le importaba abrirla, ¿Qué podría ser? Nada importante de seguro, cuentas, recibos, propaganda. La tomó entre las manos y leyó que no tenía remitente y que el destinatario estaba escrito con una fina caligrafía. El detalle de ver su nombre escrito a mano lo intrigó, era una carta meramente para él. Alguien la había redactado de su puño y letra. Terminó ganándole la curiosidad y la abrió cuidadosamente.

Un escalofrío le recorrió desde la nuca, se estremeció sin razón al desdoblar la hoja, frunciendo el ceño al desconocer él mismo la razón de esa reacción suya.

Comenzó a leer:

"Kai:

Puedo apostar que estás desconcertado al estar leyendo los renglones de esta inesperada carta. Probablemente tú no me recuerdas porque todo lo que pude haber sido para ti está enterrado en lo que sucedió cuando éramos unos niños, cuando éramos rivales y amigos dentro de las paredes de aquella abadía. Fue un inhóspito lugar para vivir, carecíamos de muchas cosas materiales, pero me tenías a mi y me decías que yo te tenía a ti; entonces no nos faltaba nada.

¿Aun no recuerdas quién soy? Sé que no.

Pude haberme marchado lejos, mas bien, pudieron haberme mandado kilómetros lejos de ti pero no por eso me alejaron de esos momentos que pasamos juntos, en donde el juego no era en el plato de batalla, era en nuestro interior, la verdadera pelea siempre ha sido por ganarse a uno mismo porque eso decían esos parámetros impuestos por ese mal hombre pero hoy creo que he perdido ante lo que siento, puedo expresarlo, puedo ser humana. 

Eso fue lo que me dio el valor de tomar papel y pluma para escribirte esto, que aunque es algo corto, no tienes idea de cuanto me está costando. Estoy nerviosa, estoy temblorosa, estoy emocionada porque estas leyéndome pese a que estoy segura de que no tienes la menor idea de quién soy. Estoy conciente de la noche que sucedió el acontecimiento en ese cuarto de prácticas prohibido para nosotros, la noche en que quisiste adueñarte del arma perfecta para ser el luchador perfecto. Black Dranzer no era un juguete Kai, y tú, eras un niño aunque pensaras lo contrario a tal tierna edad. Me desperté tan asustada cuando oí el estruendo, corrí hacia la sala que sabía tanto te llamaba la atención, creí que bromeabas cuando decías que lo tomarías a escondidas. Sufrí tanto cuando te ví derribado en el suelo, desmayado, cuando te toqué el rostro y lo sentí frío casi pierdo el conocimiento también, solo que entonces me di cuenta de que no solo era el salón destruido, sino que incluso se miraba al exterior de la abadía. La brisa que se colaba en un día como éstos, de invierno, era lo que te había enfriado la cara. Aun respirabas cuando llegaron los guardias.

¿Qué fue de ti? No lo supe, mi abuelo me envió muy lejos, a tierras que muchos desconocen, obviamente después de esas tortuosas maneras de inculcarnos disciplina por haber entrado a la sala del blade perfecto. Espero que a ti no te hayan hecho nada de eso. En esos días tuve miedo de que te castigaran mucho, y muy feo. Luego me enteré de que Voltaire te había sacado de la abadía para que por fin fueras a un campeonato.

Yo seguía recluida muy lejos de ti y estaba segura de que el impacto de esa noche, tanto el golpe como la impresión dañaron muchos recuerdos.

Entre ellos, yo. ¿Ya me recuerdas, Kai?

Quería decirte que estoy en Moscú, pude salir de ese horrible sitio en que me tenían al cumplir la mayoría de edad.

Volví y espero que me puedas recibir esta misma tarde en tu casa… que digo casa, Mansión Hiwatari..

Espero poder cruzar el umbral.

¿Para que decirte mi nombre? Tal vez lo recuerdes."

La carta terminaba no menos confusa que todo el contenido en sí.

Los ojos carmesí de Kai estaban completamente abiertos, perplejos, con un sinfín de preguntas en la cabeza, que le dolía agudamente. Dudando en releer o no la carta, asi como podría aclarar las cosas podría turbarlas mas.

Era, sin duda, una carta muy impresionante y también muy reveladora, trayéndole inevitables flashazos de memorias que creía olvidadas.

Lo mas intrigante era que, probablemente sospechaba quién era, se sentía agobiado por haberlo olvidado, pero ahora estaba ansioso por que llegara la tarde. Soltó un hondo y resignado suspiro, mirando la hoja nuevamente, después el reloj de pared. Llevó una mano a su frente mientras negaba de lado a lado.

Regresar al índiceVisita (in)esperada. by LunaHimekO
Author's Notes:

Quiero agradecer a  Yuric09 por dedicarle no sólo tiempo a la lectura del capítulo anterior, sino también a dejar unas palabras ^^  

Saludos! 

 

***

Author's Notes:

Quiero agradecer a  Yuric09 por dedicarle no sólo tiempo a la lectura del capítulo anterior, sino también a dejar unas palabras ^^  

Saludos! 

 

***

La autora de aquella carta le había dicho que llegaría en la tarde pero se comenzaba a impacientar mientras veía el reloj: ¿Qué era tarde para esa persona?

Kai deambulaba impaciente por las distintas habitaciones, de la sala a la cocina de ahí subía las escaleras rumbo a su alcoba y regresaba de nuevo por los pasillos; la mansión de Voltaire era muy grande para él solo. Podía contar con sirvientes, los que cuando era niño lo llegaron a atender las contadas veces que iba a ese lugar pero había dejado en claro a su abuelo que si quería que se quedara en esa gran residencia mientras estaba ausente debía de darle trabajo a la servidumbre en alguno de los otros condominios Hiwatari alrededor del mundo y así fue.

Cuando pasaba por la mesa del comedor volvía a mirar las cartas y se detenía a verla, había leído las mismas palabras varias veces y nada se despejaba en su mente, a penas y podía recordar su infancia.

En eso tenía razón esa remitente desconocida, muchos estragos quedaron de esa noche que se decidió a robar el Black Dranzer; en su mente los recuerdos se limitaban a sentir el blade en sus manos, a girarlo y al liberar a la bit un resplandor cegador lo dejó sin noción de si mismo. La luz se apagó mientras caía al suelo pero pudo escuchar un estruendo potente.

Después… todo estaba en blanco.

El antes era algo difuso, solo los pasillos de la abadía, los cables conectados a su cuerpo para monitorear sus signos antes y después de las batallas, la celda fría en donde dormía escasas 5 horas diarias. El catre incómodo pero que era a la vez tan acogedor al final del día,

Muy pocas veces lo reprendían, no por ser nieto de Voltaire, sino por su comportamiento tan disciplinado. Recordaba a duras penas la voz de Balkov, por eso en el primer campeonato tardó tanto en reconocerlo. Había algo mas pero que no podía terminar de concluir que era.

Tenía la sensación de que no estuvo solo, de que no fue una etapa tan dura.

[…]

La mañana estaba demorando mucho en pasar, la casa se convertía en un enclaustro y su mente en un laberinto sin salida que se extendía cada vez que seguía tratando de dar con alguna mujer en la abadía.

Bueno, una niña en aquél entonces.

No recordaba haber visto vestigios femeninos durante su estancia, sin embargo no se fiaba de sus recuerdos, porque no eran muy concretos.

Se quedó dormido en el sillón, era como mediodía, con la vista cansada de ver el portón de la entrada y un fuerte dolor de cabeza que le había privado de sentir apetito desde que despertó hasta entonces,

Entre sueños se aparecía una sombra irreconocible en los corredores de la abadía. Era una persona, eso si podía dilucidar mas no podía decir quién era.

Lo acompañaba en todo momento, dándole seguridad.

Incluso soñó con el acontecimiento de Black Dranzer, porque como eso era lo que mencionaba la carta era lo que mas rondaba en su mente.

Pero estaba observando desde una perspectiva en tercera persona: se veía a él de niño, de unos 9 años tirado en el suelo, la abadía semidestruida, y una personita que corría hacia su cuerpo inerte. Agudizó la vista para ver los rasgos de ese ser, pero justo cuando la luz del exterior le dio en el rostro.

El timbre resonó en toda la mansión.

Despertó sobresaltado y agitado, molesto porque se había quedado dormido y por el ruido de la campanilla.

A penas recordaba lo que acababa de soñar… y llegó a su mente la posibilidad que si bien no la vio en el sueño justo ahora se encontraba del otro lado de la puerta; su corazón se acelero intrigado, ansioso, curioso…

¿Ya era tarde? Volvió la vista al gran reloj de pie que adornaba la sala, marcaba las 4pm.

¡¿Cómo había podido perder tanto tiempo dormido?!

Dejo de preocuparse por eso al segundo resonar del timbre. Avanzó hacia el portón, lentamente mientras escuchó el tercer timbre. Giró el pomo con el corazón palpitando casi en su garganta.

Al abrir por completo la puerta vio la figura de una persona mucho mas bajita que él. Unos grandes ojos azules, profundos e intensos, se toparon con los suyos. Bajó la mirada, viendo las demas características de esa joven. Su piel blanca resplandecía sin necesidad de la luz de sol, cosa que era curiosa en una ciudad tan sombría, porque aun con la ausencia de luz era una tonalidad pálida muy llena de vida, incluso mas brillante que sus ropas blancas. Sus formas eran perfectamente marcadas en donde debería haber curvas, su cabello tenía un color lila claro y sutil, caía en ondas largas hasta su definida cintura. Unas cuantas pecas se espolvoreaban alrededor e su pequeña y respingada nariz, sus labios estilizados y rosados se acomodaban en una sonrisa apacible.

Era una muchacha adorable.

Pero aun asi Kai no la reconoció,

Antes de que alguno dijera algo, ella se lanzó sin previo aviso para darle un abrazo fuerte, enlazada a la cintura del peliazul.

-Kai…-susurró.

-Eh.. ahm…-se aclaró la garganta.- Supongo que eres quién escribió esa carta.-Dijo en un tono terriblemente seco que incluso él desconoció de sí.

La chica se apartó lentamente, sonrojada de una manera exagerada lo cual desconcertó a Kai, quién la observaba con una ceja enarcada.

-E-eso quiere decir que.. ¿No pudiste recordarme?

El muchacho se limitó a negar con la cabeza, con un gran pesar muy bien disimulado, rozando en la indiferencia.

-¿Y por qué me dejaste entrar?

-Entraste sola niña, fuiste tú quien…-titubeó un poco antes de decir con un dejo de hastío para puntualizar, aunque sin mirar a la joven.- …me abrazó.

-Oh…-agachó la mirada, con el rostro acalorado.-¿Quieres que me va…?-retrodeció unos cuantos pasos al compás de cada palabra que decía

Y antes de salir de la casa unos dedos se cerraron en torno a su brazo, atrayéndola con un poco de fuerza hacia adentro y se encontró cerca del pecho de Hiwatari.

-No te vayas.-dijo Kai casi con súplica tanto en la voz como en la mirada.

-No quiero irme.

Ella lo recordaba muy bien; estuvo en su mente todos estos años, sin embargo ya no era el niño quien dejó en la abadía, era todo un hombre sugestivo, enigmático, seductor.

No podía negarlo, siempre estuvo prendida de él, de esa inevitable atracción que ejercía cada que estaba a su lado, solo que cuando eran mas chicos no entendía a que se debía. Lo quiso, siempre lo quiso mucho.

Una nostalgia tremenda combinada con una enorme alegría la embargaron al estar ahí, teniéndolo de frente. Sus ojos se empaparon sin dejar resbalar ninguna lágrima.

Se estremeció al sentir la mano de Kai en su mentón, haciendo que levantara la vista para encontrarse con sus ojos carmesí.

-¿Me dirás quién eres?-susurró tranquilamente, ya sin las ansias o nervios de hacia unos minutos.

-A eso he venido.

-Bien, entonces te escucho.-Lentamente soltó su brazo, aunque hubiese preferido no hacerlo y le indicó la sala.

Ahí, mientras ella caminaba rumbo a los sillones no podía despegarle la vista, no tanto porque fuese tan bonita, sino porque le resultaba familiar. Enserio añoraba que volviera a su mente.

-¿Me puedo sentar?

-Por supuesto.

-Gracias.

Kai la imitó luego de que ella se sentó primero.

-Vayámonos sin rodeos, ¿a qué se debe que me conozcas de la abadía? Hasta donde yo recuerdo siempre ha sido solo para varones.

-Pues sí, siempre lo ha sido, soy la única chica que ha salido de ahí.

-¿Por qué?

-Verás, Hiwatari, yo estuve en la abadía solo un año, de los 7 a los 8. Te conocí cuando Balkov nos hizo enfrentarnos para probar quién era mas fuerte.

-Ja… ¿Y eso para qué?-preguntó con un énfasis soberbio en la pregunta, seguro de si mismo y su récord invicto en la abadía.

-No te dará tanta gracia al saber que la ganadora fui yo.

-Estas bromeando.

-Para nada, fui creada para ser superior a ti en cuanto al beyblade.

-¿Creada?

-Así es, de una mezcla de genes y experimentos de Balkov. Es algo complicado. -apretó los labios encantadoramente.

-Explícate.- exigió con seriedad aunque un tanto abrumado todavía.

-No aún, no del todo.

-¿No es a eso a lo que has venido?

-Fuimos amigos, quiero saber qué ha quedado de eso.- mordió su labio inferior, mirándolo hacia arriba.

-Amigos es una palabra muy fuerte.

-Pues lo éramos.-clavó su mirada en la de él.-Supuse que te pasaría algo así, que serías tan frío. Puedo decir con gusto que mientras estuviste conmigo eras todo lo contrario. Al principio me odiaste pero luego… me tenias aprecio. Kai, tú me protegías de Tala y Boris que siempre me molestaban.

-Eso no suena a mi.-la empezó a ver con desconfianza pero al encontrarse con sus ojos no podía pensar que le mentiría.

-Siempre has sido una buena persona… conmigo.

-¿Quién eres? No… no te recuerdo.- añadió esto último con un leve titubeo en la voz.

-No esperaba que lo hicieras tan pronto.

-Yo si lo esperaba.

La chica levantó la vista, sorprendida.

-Ojalá tengamos tiempo para recordar.

Permanecieron un momento en silencio, intercambiando miradas curiosas.

-Ahora, pasando a otras cosas. ¿Te han invitado al torneo?-preguntó ella.

-Sí, la invitación llegó con tu carta.

-¡Mira!-sacó emocionada el mismo sobre que Kai había recibido.- Yo también asistiré, porque… irás, ¿cierto?

-Claro que sí. Tengo que ganar por fin un campeonato mundial.

-¿Para qué? La experiencia no te la dan los títulos que hayas ganado, sino las veces que has competido. Recetas de comidas rapidas y fáciles de preparar, con ingredientes ecónomicos y baratos Comidas rápidas

-Si es cierto que estuviste con Balkov sabes que la experiencia no lo es todo sin un buen reconocimiento.

-Nunca estuve deacuerdo con las normas de mi abuelo.

Kai volteó a verla, ahora si que mas que sorprendido.

Reconoció ese característico tono en su cabello.

-¿Eres nieta de Balkov?

-Mi nombre es… Katherine… Balkovna. –dijo su apellido en un susurro. Como si se avergonzara de el.

-¿Ese hombre tuvo familia? -una chispa le brilló en los ojos al creer comenzar a comprenderlo todo.- Por eso podías estar en la Abadía, porque tu abuelo la manejaba y seguramente como no tuvo un nieto puso sus ambiciones en ti.

La joven rió al escuchar las conjeturas que sacaba Kai, mientras él la veía, aun deslumbrado por su presencia, pero un tanto ofendido por su risa.

-No precisamente, he ahí donde se complican las cosas, Hiwatari.

Su llegada no estaba aclarando las cosas, pero las hacía interesantes. Se trataba de la nieta de Balkov.

¿Qué relación tenía con ella?

 

End Notes:

El rollo de la nieta de Balkov nació a raíz de un capítulo de la primera temporada de Beyblade: "Drawn to the darkness" cuando vi esta escena:

https://25.media.tumblr.com/807e058abd6fbb81d32e919fb0dfd449/tumblr_mlc3gmM6gZ1rz4394o1_400.gif

no pude evitar preguntarme quién ocupaba esa celda, a quién pertenecía ese oso raído.

 

Nos vemos ^^ gracias por leer.

End Notes:

El rollo de la nieta de Balkov nació a raíz de un capítulo de la primera temporada de Beyblade: "Drawn to the darkness" cuando vi esta escena:

https://25.media.tumblr.com/807e058abd6fbb81d32e919fb0dfd449/tumblr_mlc3gmM6gZ1rz4394o1_400.gif

no pude evitar preguntarme quién ocupaba esa celda, a quién pertenecía ese oso raído.

 

Nos vemos ^^ gracias por leer.

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La nieta de Balkov estaba frente a él y si ese hombre fue capaz de formar una familia ya nada podía sorprenderlo más, quizá sólo el hecho de que estaba involucrado de cierta manera con esa jovencita de cabello lavanda a la cual comenzaba a ver de diferentes maneras. Su cabeza comenzó a resentir tantas palabras lanzadas sin una explicación realmente buena por parte de esa chica que acababa de llegar destruyendo su rutina.

-Vamos Kai, reconstruyamos el pasado.

Ante la sugerencia de la chica, Kai no respondió de inmediato, seguía con la mirada en un agujero negro que atravesaba su infancia sin recuerdos y su presente tan insípido. Los rostros de sus conocidos se contorsionaban caprichosamente dejándolo solo. Lo único que lo acompañaba era el eco de la voz de Katherine, que insistentemente llamaba su atención.

-Puedo explicarte muchas cosas, muero por aclarar y compensar esos años perdidos pero quiero saber si estás listo o si prefieres que sigamos adelante.

 -¿Con qué objeto?- dijo por fin fuera de su trance.

-Pues… estar juntos, como antes al menos. Te he extrañado tanto que sólo quiero recuperarte, porque te he visto Kai, he visto tus batallas y se ha perdido mucho lo que fuiste antes de la abadía, tu verdadero potencial.

-Eso ha quedado en el pasado ya, niña Balkov.-gruñó optando por no dejarse manipular, pensando que así tendría el control sobre esa situación que se le estaba saliendo de las manos. 

-Pero Kai…- Katherine lo miró, anonada por el cambio tan brusco de ánimo. Con una amargura observó cada movimiento de él hasta que le dio la espalda y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran.

-Lo mejor será que no insistas.-se puso de pie.- Tú y yo no tenemos nada de que hablar. Vienes aquí como si me conocieras más que yo mismo. No tienes derecho.

Ante tales palabras la chica no pudo contener más el llanto, primero se le escaparon las lágrimas, que caprichosas se deslizaban por sus mejillas, con un nudo en la garganta, sintiendo como aquello que amenazaba por explotar desde el momento en qué escribió aquella carta y había aumentado su intensidad al pararse frente a la puerta de la mansión detonaba de manera devastadora en su interior. Ocultó su rostro con sus manos y poco a poco fue empapándose de su propio llanto; todo lo que en la abadía le inculcaron en cuanto a la ausencia de expresiones y la frialdad en todo momento no había anidado en ella, el orgullo que caracterizaba a los egresados de Biovolt no le dejó huella y su naturaleza humana la venció ante los sentimientos que inundaban su pecho. En silencio se quedó quieta en el sillón, a espalda de Hiwatari.

Kai, firme e inexorable, mantuvo la vista en el muro que quedaba frente a él. Sabía que la visión de ella sería infinitamente más impactante que el lamento que rebotaba en las paredes, sin embargo sucumbió a emociones inusitadas en él y movido más por el instinto que la razón giró hacia Katherine, atestiguando eso que fue tan amargo como esperaba; el cuerpo de la joven daba  respingos a causa de estarse desmoronando por dentro y era enteramente su culpa mas no podía remediarlo. Ella llegó pretendiendo tantas cosas que debía ponerle un alto.

-¿Katherine?-preguntó en un susurro pero no obtuvo en respuesta más que los sollozos que escapaban de aquellos labios delicados.

Así transcurrió un tiempo que parecía haber quedado suspendido en el espacio. Las convulsiones que alteraban la frágil anatomía de la chica parecía ponerla en peligro de desarmarla. Entonces, con la cabeza un poco más fría, Kai sentía un atisbo de ganas por rodearla en sus brazos para tranquilizarla, seguramente por la culpa pero no fue capaz de tocarla siquiera, a penas y la miraba, con angustia, con pena, con una serie de sensaciones que no podía describir.

Ella evitaba mirarlo, no podía con ese fantasma que usurpaba el cuerpo del hombre con que tanto soñó encontrarse al paso del tiempo, era cruel la realidad en la que ella no existía para el motivo de su existir. Poco a poco fue menguando el ritmo de sus sollozos hasta reducirlos a un suspiro entrecortado.

-Lamento haberte importunado.-fue lo único que ella le dijo al avanzar con pasos pesados hacia la puerta. Ni siquiera le dedicó una mirada.

-¿Qué fue eso?

-Eso, Kai, fueron 10 años de mi vida esperando encontrarte para llegar a darme de topes contra la pared. Esas fueron las piezas que me correspondían para armar la infancia que nos arrebataron, eran las respuestas a las preguntas que tantas veces te hiciste. Eso fue Katherine Balkovna de la mano con Kai Hiwatari aterrados en una celda aguardando por sus respectivos castigos. Eso fue lo que fuimos.

La chica apretó fuertemente los puños y conforme hablaba también la mandíbula, tratando de impedir que volviera a derrumbarse en ese sitio. Un nudo en su garganta se fue aflojando mientras decía aquello y al finalizar respiró hondamente y mandó sus grandes ojos azules hacia ese chico que no reconocía.

-Aún las necesito.-reclamó.- Me debes explicaciones si es que eres quien dices ser.

-Recógelas de tu alfombra, trata de interpretar el eco que quedó en tu casa.

-Katherine, yo no quería…

-Claro que no querías y sé bien lo que ahora quieres, pero también sé lo que no te lo voy a dar. Me dejas claro que perdí mi tiempo al llegar aquí, que perdí mi tiempo esperándote.

-¿Y adónde irás? -quiso saber con actitud desafiante, exigiendo respuestas.

-Prefiero quedarme en la intemperie que causar más molestias a un extraño que me echo de su casa. Con su permiso Señor Hiwatari,  yo me retiro.

La chica llegó hasta la puerta y por segunda ocasión le fue interrumpida su salida, no por una mano ahora sino por una mirada arrepentida. Sólo que ésta vez se resistió y miró fijamente a su opresor; los ojos de éste se desconcertaron, vaciló ante el azul profundamente triste de aquella mirada que le decía un adiós forzado y, sin más, la agachó.

-Rompe mi carta, vuelve a olvidarme. Hagamos como si esto no hubiese pasado, cosa que se te da muy bien.

Katherine se encaminó hacia las calles, sin mirar atrás, con los brazos cruzados en el pecho; ese sitio en donde tanto se había calmado su pulso que a penas y era apreciable un ligero palpitar.

Kai se sintió verdaderamente solo en ese momento. Demoró unos minutos antes de comprender, en lo posible, la situación recién suscitada. Un calor enervante le caló los músculos y dio una patada al portón para que se cerrase, caminó en círculos unos momentos y se desplomó en un sillón, inclinado hacia adelante con la cabeza palpitando rápidamente de manera insoportable.

Era ella lo único en qué podía pensar y mientras más pensaba en ella más vulnerable se sentía, no sabía con exactitud quién era Katherine, sólo sabía que quería que volviera.

Era ella, sólo era ella y, al parecer, siempre había sido ella.

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Author's Notes:

¿A dónde has ido, Katherine Balkovna? El hombre que esperaste tantos años te da la espalda... 

Author's Notes:

¿A dónde has ido, Katherine Balkovna? El hombre que esperaste tantos años te da la espalda... 

Las calles de Rusia no podían ser más melancólicamente familiares; tan blancas de una manera deprimente como sólo a los ojos de ella podían ser. Las risas de los transeúntes le resultaban un eco difuso, las personas parecían traslúcidas, como fantasmas que asediaban un pueblo tenebroso.

Sin pensar hacia donde se dirigían sus pies a pesar de tener la vista clavada en ellos, Katherine se lamentaba por lo tonta que fue, había vivido años en una fantasía color de rosa, en donde ella volvía a reencontrarse con el amor de su infancia y pensaba que después de hacerle recordar ambos querrían estar uno con el otro y ser felices por siempre. Era una inmensa estupidez, ni siquiera una niña hoy en día creía en esos cuentos de felicidad absoluta que se avecinaba luego de encontrar al amor de tu vida. Kai nunca fue más que una ilusión utópica de los deseos más profundos de su vida, no conocía en lo más mínimo a ese chico que había ascendido hasta puestos mundiales en el deporte para que había nacido.

No era Kai lo que había visto, él se había ido con todos sus anhelos, con todo lo que era. Katherine era de Kai de una manera increíble, pero ahora sin él , ella no estaba segura de ser alguien.

Detuvo su marcha y se dio cuenta de que había llegado al lugar más tenebroso de su vida, el sitio en donde había pasado los años más duros hasta entonces, las paredes que se alzaban de aquél edificio le provocaban un escalofrío que recorría desde la nuca hasta el final de su espala. Tanto tiempo fuera de esos confines y al volver le regreso al cuerpo el encogimiento que siempre la acompaño durante la infancia. Sacudió la cabeza para volver en si, encontrándose con la joven que era, haciendo a un lado a la chiquilla asustadiza que se tenía que mantener impávida ante sus miedos. Alzó la frente y se acercó al portón, simplemente para leer la inscripción de su apellido en aquella placa que camuflajeaba ese reclusorio experimental disfrazado de una inofensiva abadía.

Estar de vuelta en Rusia era un viaje en el tiempo a los momentos más desagradables de sus 18 años. No había nada que valiera la pena para estar ahí, por ello dio media vuelta para tomar un avión que desconocía su rumbo pero que la llevaría lejos de todos los fantasmas que la rodeaban.

-¿Katherine?

Esa voz no provenía de sus pensamientos, era de alguien que conocía su nombre; sin duda alguien de su pasado. Al mirar atrás encontró el rostro inexpresivo de Yuriy, con un extraño brillo en los ojos que no supo descifrar pero la dejó paralizada, a expensas de los pasos con los que él se acercaba hasta llegar frente a ella y acariciarle una mejilla. Fue entonces cuando reaccionó y detuvo esa mano ajena.

-No puedo creer que hayas vuelto.

-Yo tampoco, pero ya me iré.

-Nada de eso.-la tomó en un repentino y agresivo movimiento del cuello para atraerla a él,- No huirás de nuevo.

-¿Qué… haces?

-Regresarle a Biovolt una de sus ovejas perdidas, supongo que la única que volverá. No sé si fuiste muy lista o todo lo contrario.

-Suelt…

Katherine comenzó a forcejear de manera inútil contra la fuerza descabellada que ahora poseía Ivanov, nada comparado con el flacucho niño que había sido cuando era ella quien le superaba en estatura. Los fríos ojos del pelirrojo penetraron en la mirada asustada de la nieta de Balkov,

-No sabes cuánto me dolió que te fueras. No te dejaré ir nuevamente…-susurró apenas para que ella escuchara y luego de eso alzó un ademán para llamar a otros dos Neoborg.- ¡Sergei, Boris!

Al llegar la colosal presencia del cuerpo de Sergei tomó por los brazos delgados a Katherine, quién inhaló con tremenda fuerza luego de que Yuriy la soltó.

-¡¿Qué te sucede?!

-Haz que se calle.-ordenó a Boris Kutnetzov, quien avanzó hacia la chica con un artefacto electrificado similar a una picana pero de un minúsculo tamaño que clavó sin preámbulos en el cuello de ésta y encendió una descarga.

Ella se desvaneció al instante, Sergei la llevó en brazos mientras seguía al pelirrojo y Boris iba al final.

-¿A dónde la llevamos?

-Primero a mi habitación, después la llevaré con Balkov.

-¿No crees que pueda pasar antes por nuestra habitación también?.-preguntó Boris con una lasciva sonrisa en el rostro a lo que obtuvo una gélida respuesta negativa.

El más alto de los tres gruñó mientras sentía el peso de pájaro de ese cuerpo delicado que traía en brazos; no tenía nada que le atrajera así que no titubeó al momento de dejarla a merced de Ivanov en aquellos aposentos.

-Ninguno dirá absolutamente nada.

-Eso te costará dejarla conmigo unos momentos…

-Para los dos minutos que necesitas...-expresó con saña a Kuznetzov.-No estamos negociando, la llevaré a su abuelo en cuanto despierte. Fuera de aquí.

Sin rezongar sus compañeros salieron rumbo a los cuartos de entrenamiento; realmente les importaba un comino lo que sucediera entre aquellos dos.

Katherine yacía con una calma catatónica en la cama de Yuriy, con una fragilidad que perturbaba al chico pelirrojo. Él se sentó al borde del colchón y la observó con la misma ternura de hacía tantos años atrás; nunca fue capaz de comprender lo que le provocaba su presencia pero le gustaba ese revoloteo en las entrañas, una agitación diferente a la que le causaba estar en combate.

Era cierto, la mayoría de los internos de Biovolt eran homosexuales pero no él. No conocía algún tipo de sentimiento que no fuese la soberbia, la ambición y la humillación, pero había algo que emanaba desde sus latidos que era responsable de que sus ojos se entornaban, sin pestañear, confundidos hacia la visitante improvisada en su lecho.

El efecto del sedante que le había solicitado a Boris poco antes de interceptarla estaba pasando, con movimientos lentos que de vez en cuando le provocaban una sacudida a Katherine al momento en que abría los ojos y parpadeaba tratando de reconocer la habitación. Se sentó en la cama y el olor que se filtraba por debajo de la puerta la invadió hasta causarle nauseas que no pudo disimular.

-Déjame ir, por favor.

-¿A dónde?

-Lejos de aquí.

-Este ha sido tu único hogar, ¿no te da gusto volver a donde perteneces?

-¡NUNCA! Si a ti te gusta vivir aquí es algo totalmente aparte a lo que yo siento estando dentro de este lugar.

-¡No tienes nada allá afuera!

-¡Tampoco aquí!

-Podemos revindicarte en Biovolt, será cuestión de unas cuantas sesiones de entrenamiento, chequeos durante una semana a lo mucho, y…

Antes de poder terminar la mano de Katherine le abofeteó el rostro, dejando un escozor en su mejilla y sus palabras enmudecidas.

-No, yo no volví, me has arrastrado de vuelta pero no será definitivo.

Se levantó apresuradamente de la cama y alcanzó la puerta, abriéndola para poner un pie en el pasillo giró la cabeza para mirar al silencioso pelirrojo.

-Lo único que me ataba a este sitio ha desaparecido y si yo no lo pude traer de vuelta, mucho menos tú…-comentó con desprecio especial en ese último monosílabo y salió.

Yuriy simplemente agachó la mirada, apretando los puños e inmerso en pensamientos que sólo él podía escuchar.

Corriendo con el corazón a la altura de la garganta, Katherine trataba de ignorar el gris oscuro de las paredes de donde provenían demonios que trepaban desde sus tobillos con intenciones de detenerla pero ni el peso de ellos podía retenerla, al contrario, aceleraba su paso para sacudírselos del cuerpo. Agitada como hacía tanto no lo experimentaba huía nuevamente de su destino, rebelándose contra la matriz que la albergo antes de ser creada en un laboratorio como los que se encontraban del otro lado de los muros. Era algo que no solía recordar; su condición sobrehumana de la que nadie tenía conocimiento pero que a ella la perseguía cuando más quería escapar de ello.

Escuchó las ondas que sólo los estudiantes podían captar dentro de la abadía; un método de tortura que destrozaba sus nervios, mas no sus tímpanos, lo cual hubiera sido preferible. Increíblemente, tras los años que estuvo lejos aun percibía aquello. Eso le dejó en claro que aun pertenecía a esa estirpe.

Ese ataque silencioso la obligó a detenerse, recargada contra una pared y soportando los alaridos agónicos que se atoraban en su garganta. Si gritaba darían con ella, estaba claro que su búsqueda era el motivo de haber activado el desgarrante silbido apaciguador, pero el efecto era penetrante y como una serie de explosivos detonaron uno a uno los chillidos de los internos más vulnerables.

Sin embargo ella no aulló de dolor a pesar de los electrochoques que recibía su cerebro, hasta que sus extremidades se entumecieron y sus músculos se tensaron fue que profirió una queja que llegó a oídos de los guardias.

Dos hombres llegaron a ella justo cuando cesó todo, la tomaron de un brazo que parecía de hule y la zarandearon con violencia, todo el cuerpo parecía pequeño animal remojado, a veces daba espasmos y su mirada se perdía en un punto en la pared.

-Es ella, no la lastimes, Balkov la quiere completa.-dijo uno de los guardias, el otro sólo soltó un gruñido mientras levantaba el cuerpo de trapo que tenía sujeto de una mano.

-No quiero saber que les hace esa cosa.-Comenzaron a caminar con la chica sujeta por la cintura.

-Los deja como vegetales, ¿no la ves?

-¿Crees que sientan algo?

-Son tan raros estos chicos que lo dudo.

-Hmm…-miró con curiosidad al muñeco que debía creer que era una jovencita y la llevó contra la pared, le propinó una bofetada con gran fuerza, pero ella no reaccionó. Tal cosa le arrebató al hombre encapuchado una sonrisa y esta vez le golpeó el abdomen con una diversión retorcida.

-¡Basta! Si le encuentran un morete…

-No te preocupes por eso, es decir, como si Balkov no fuera a tomar represalias contra ella.

El otro sujeto se encogió de hombros y siguió andando mientras su compañero golpeaba a la chica en la cara y repetidas veces en el estómago. Cuando un hilo de sangre emanó de la comisura de sus labios se detuvo y continuó su camino.

Detrás de un escritorio un hombre mayor de cabellera lavanda observaba la puerta con impaciencia, un chico de ojos azules le hacía compañía, recargado en una esquina debido al recién pasado ataque a sus sentidos.

-Levantate de ahí.

-Si… si Balkov.-contesto Yuriy aturdido, haciendo un gran esfuerzo por mantenerse de pie.

Alguien abrió la puerta de un golpe y el anciano sonrió al ver lo que traían en brazos aquél par de monigotes.

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