Ups, I did it again by GMortensen

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 Ups, I did it again by GMortensen
Summary:

Side story de "Sobrenatural"

Brooke es una profesora de Arte, simpatica y amistosa, todos sus alumnos la adoran. Su vida nunca fue fácil, pero comenzaba a pensar que todo podría mejorar cuando un nuevo profesor se integró al colegio donde trabajaba. Inteligente, amable, bello. Todo lo que ella soñaba. O tal vez no...



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Ciencia Ficción, Drama

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 1 Completed:Word count: 1893 Read: 190 Published: 30/11/2010 Updated: 30/11/2010
Summary:

Side story de "Sobrenatural"

Brooke es una profesora de Arte, simpatica y amistosa, todos sus alumnos la adoran. Su vida nunca fue fácil, pero comenzaba a pensar que todo podría mejorar cuando un nuevo profesor se integró al colegio donde trabajaba. Inteligente, amable, bello. Todo lo que ella soñaba. O tal vez no...



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Ciencia Ficción, Drama

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 1 Completed:Word count: 1893 Read: 190 Published: 30/11/2010 Updated: 30/11/2010 Oh, Brooke's Dead by GMortensen
Author's Notes:

Quizás aquellos que leyeron Sobrenatural entiendan mejor, pero tamp es necesario...

Author's Notes:

Quizás aquellos que leyeron Sobrenatural entiendan mejor, pero tamp es necesario...

 

 

Estaba en su pequeña aula de arte en el Colegio Secundario de Salem. Su rincón en el mundo.



Su hogar, el pequeño departamento que le había dejado su abuela, no se sentía como tal. Solo en el colegio, dando clases se sentía a gusto. Estaba acompañada por sus alumnos, y hacía lo que le gustaba: enseñar arte. ¿Y qué era el arte? Para ella el arte era la expresión más pura y explicativa de nuestros sentimientos, nuestras visiones e ideologías. Pensaba que con solo ver una pieza de arte se podía interpretar sin palabras los sentimientos del autor mientras confeccionaba su obra. Su perspectiva. Sus emociones más profundas. Y estaba segura de que todos eran capaces de hacer arte, incluso dibujar líneas podía desatar una emoción, pensamiento, e infinidades de cosas.



Se consideraba una mujer independiente, alegre, sin prejuicios… ¿Pero qué faltaba?



Suspiró, y terminó de acomodar las planillas de calificaciones, dando unos golpes sobre su escritorio al montón de hojas. Miró su alrededor. Era hora del almuerzo para el resto del personal y los estudiantes, y ella se encontraba sola en su aula al final del corredor.



Solo una cosa le faltaba. Amor.



Sonrió para ella misma. Desde que había comenzado el año escolar y llegaba la hora del almuerzo se ponía contenta. Alegre, porque había un hombre en ese salón de maestros, entre todos esos profesores mayores con los que había compartido varios años de camaradería, que la hacía sentir completa. Un hombre casi de su misma edad que sentía era el hombre perfecto. De cabello castaño oscuro, ojos cafés, alto, con facciones masculinas y adorables, y una sonrisa traviesa que quitaba el aliento. Pero sobre todo era un verdadero caballero, inteligente y simple.



Habían salido un par de veces, él era nuevo en la ciudad, y le había pedido un tour alrededor y también la había llevado hasta su casa en algunas ocasiones. Se había sentido cómoda y a gusto en su presencia.



Había rumores en el colegio de que había salido con modelos y que era rico. Pero eso para ella no tenía importancia. Lo quería llegar a conocer mejor sólo porque le parecía un hombre interesante y digno. Lo demás, no importaba.



Guardó las planillas en su cajón y lo cerró con llave. Se levantó y salió hacia el comedor, saludando a algunos estudiantes que se encontraban en el camino. Conocía bien a cada uno de sus alumnos, no por nada le decían que era la favorita de todos. Eso siempre la había hecho sonreír, otra de las cosas por las cuales adoraba trabajar como profesora allí.



Vio a una de sus alumnas de último año salir de uno de los salones a lo lejos. Se llamaba Mía Collins, era hermana de Evan uno de sus primeros alumnos hacía cuatro años atrás, y hacía tres que su madre había muerto. Mía le parecía una persona decidida, fuerte y divertida.



Su joven alumna no la vio y se metió a uno de los armarios de limpieza.



Se quedó parada en el pasillo. ¿Qué estaría haciendo en el armario de limpieza?



Sacudió la cabeza y siguió caminando sin darle mucha importancia. Pero luego, del aula donde había salido su alumna, salió el profesor de historia. El hombre que hacía su corazón latir de emoción. Él la vio y sonrió.



Se sorprendió y devolvió la sonrisa. Pensó que se acercaría a ella para saludarla e ir juntos al salón de maestros para almorzar. Pero en cambio, se encaminó hasta el armario donde su alumna había entrado, no sin antes darle otra mirada y guiñarle un ojo, divertido.



Pestañeó sin entender. ¿Era su imaginación ó el profesor y la alumna habían entrado al armario de limpieza? Quizás no. Quizás era un truco de su mente. Quizás debía volver a tomar sus antidepresivos para dejar de imaginarse situaciones que podrían sumirla en otra depresión. Pero no podía ser, ella ya estaba curada. Ya había superado la muerte de sus padres y su abuela con sesión tras sesión de psicólogos y medicamentos. Pero como su doctor le había dicho en una ocasión: La mente es nuestro peor enemigo, puede jugarnos en contra cuando menos lo esperamos, sin siquiera darnos cuenta.



¿Sería eso? ¿Un truco de su triste mente?



La curiosidad ganó y se encaminó hacia la puerta del armario. Miró a ambos lados, el pasillo estaba desierto, solo se escuchaba el lejano murmullo proveniente de la cafetería de los estudiantes. Posó sus manos en el umbral de la puerta y acercó su oído.



Podía escuchar algo, pero no distinguía qué.



Acercó su oreja hasta apoyarla contra la puerta y lo escuchó. O mejor dicho, la escuchó. Sus manos instintivamente taparon su boca con asombro y se alejó. Volvió a mirar a ambos lados sin saber qué hacer ó decir.



Había escuchado a su alumna gemir, seguido de golpes… choques… y más gemidos.



Sin creer lo que había escuchado, espió por la hendidura de la puerta. Sus ojos se abrieron de par en par. En la tenue luz del armario, podía distinguir la espalda de un hombre con un par de pierna enroscadas en la cintura dando fuertes movimientos de vaivén.



Efectivamente, estaban teniendo sexo en el armario. Una alumna y un profesor. Una joven de 17 años y el hombre que había creído perfecto para sí misma. Su estómago se revolvió y se alejó de la puerta como si de repente la hubiera quemado. Pero lo que quemaba era la decepción, el engaño, la inocencia, y quizás también la envidia.



Se sentía tonta. Tonta por haberse ilusionado con algo que evidentemente no existía. Christian estaba fuera de su alcance. Nunca la había tenido en cuenta como a una mujer a la cual podría llegar a amar. En cambio, era una estudiante, una chiquilla, quien había captado su interés. ¿Y entonces qué había sido su sonrisa y su guiño? ¿Una burla?



Debía salir de allí, debía escapar de la batalla que comenzaba a formarse. De lo inútil y vano que parecía su vida. ¿Pero cómo escapar si esa batalla se formaba desde lo más profundo de su alma? ¿Cómo escapar de ella misma?











Estaba en su pequeño departamento, sentada en el sillón de su sala, mirando televisión con la mente en blanco, cuando alguien golpeó la puerta. Puso el volumen en silencio y se levantó para atender a quien sea que fuera. Pero no se había imaginado que quien estaría detrás de la puerta fuese Christian. Su mente hizo un cortocircuito y volvió en sí al verlo allí parado, con las manos en los bolsillos y una mirada casual.





- ¿Vengo en un mal momento? -preguntó su voz masculina.



- No… no, pasa. -dije luego de unos segundos, tratando de reordenar lo que estaba sucediendo.



- Excelente, tengo algo que decirte. -Ella dio un paso al costado y dejó que pasara.



Christian entró observando todo a su alrededor y ella cerró la puerta. Luego caminó hasta la sala sonde había estado sentada y lo invitó a sentarse con una mueca con la mano. El la miró y se sentó en el sillón individual, mientras ella permanecía en el grande.



- ¿Qué quieres? -preguntó ella demasiado fría.



Había estado pensando, antes de quedar en blanco, las cosas que haría debido a su descubrimiento. Luego de ir y venir en sus decisiones, decidió que lo mejor era comunicarle a las autoridades del colegio. Debían sancionarlos. A él por aprovecharse de una estudiante y a ella por consentir. No podía creerlo de ninguno de los dos. No podía creer que Mía hiciera esa clase de cosas por sus notas, y no podía creer que Christian fuera uno de los profesores que aceptaban esos intercambios. Pero lo que más se cuestionaba era:



¿Qué tiene ella que no tenga yo?





Christian se inclinó y restó sus brazos en las rodillas.



- Quiero hablar acerca de lo que viste hoy.



- No se de lo que estás hablando. -mintió. Quizás si lo desmentía podría atraparlos en acción llevando a las autoridades y así validar su testimonio.



Christian le sonrió. Esa sonrisa no era como las demás, sino retorcida y perversa.



- No juegues conmigo, Brooke. Mi paciencia tiene un límite muy estrecho. -dijo, provocando un escalofrío en el cuerpo de ella. Un repentino sentimiento de miedo la inundó.



- Voy a hundirte. -soltó ella en un impulso. Descargando su furia, su decepción.- Voy a avisar a las autoridades de lo que han hecho. ¿¿Cómo se te ocurre tener sexo con una menor, una alumna?!



Christian soltó una risa. Ella no pudo evitar dejar salir todas sus emociones. Se levantó y se paró frente a él, mirándolo desde arriba, con su rostro serio.



- ¡¿Cómo pudiste hacer eso?!



Él alzó su rostro para mirarla.



- Como podría No haberlo hecho. -dijo sereno.



- ¡Eres un enfermo! Dime ¿fuiste tú quién ofreció levantar sus calificaciones por una cogida? ¿Te excita tener estudiantes ignorantes que se entregan por una calificación? ¿Eh? Dime. -Tentó con los puños cerrados, sintiendo sus uñas quebrar la piel interna de su mano. Christian se limitó a sonreírle.- Me das asco.



Había ido demasiado lejos. Christian se levantó en un segundo y la tomó del cuello, para luego empujarla contras la pared lejana. Brooke chocó contra la pared, y sintió toda la habitación retumbar a su alrededor. Su cuerpo rebotó contra el duro material y se deslizó por la pared hasta dejarla sobre sus rodillas. Sentía que no lo quedaban más fueras, no podía recuperar el aliento. ¿Qué le había hecho?



Con su cabeza baja, y las manos sobre el suelo, vio sus pies frente a ella.





- Te lo advertí, Brooke. -dijo él.





Ella tragó saliva y se las ingenió para levantar la cabeza con mucho esfuerzo. Su cráneo estallaría, estaba segura. Y estaba segura de que un hombre común no podría tener la fuerza como para hacerla volar en un solo empujón. Algo no estaba bien.





- ¿Qué eres? -pronunció agitada.



Su visión estaba algo borrosa, pero podía distinguir la sonrisa de sus labios. Esa sonrisa retorcida.



Luego él la volvió a parar sobre sus pies, sosteniéndola por los brazos.



- Tu peor pesadilla.



El cuerpo de Brooke tembló con mucho más miedo. No podía estarle pasando eso. No podía. Efectivamente era una pesadilla.



- Por favor, suéltame. -rogó sintiendo lágrimas rodar inevitablemente.



- ¿Juras no decir a nadie sobre mi pequeña visita y mi aventura con Mía? -preguntó amable. Brooke no contestó. No podía jurar eso.- ¡¿Lo juras?! -preguntó él, una vez más, mientras la sacudía con fuerza provocando más lágrimas de su parte.



- ¡Sí! ¡Sí, lo juro! -mintió gritando.



Christian soltó una risa.



- No te creo, Brooke. Lamento que hayas estado en el pasillo. -dijo él, con tanta compasión, que sus palabras parecían falsas. Y en realidad, lo eran. Christian no era capaz de sentir compasión ó misericordia por nada ni nadie.- Tendré que matarte.



Brooke rompió en un llanto. Su alrededor daba vueltas, sabía que su cabeza estaba partida por la mitad y ahora la matarían. No podía ser real. No podía estarle sucediendo aquello.



- Oh Dios mío ¿qué eres?



- Mi nombre es Azazel, demonio de primera jerarquía. Y cuando dije que mi paciencia tiene un límite, lo decía en serio. Tú ya acabaste con ella.



Al instante, el demonio atravesó con su mano el estómago de Brooke, sumiéndola en un profundo grito de dolor…

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End Notes:

Parece que Christian tiene varias cartas bajo la manga. Viéndolo del punto de vista de Mía, no podía "meterlo", por eso estoy colocando estos One-Shoot para explicar un poco mejor. El próximo es con la madre de Mía.

Espero les haya gustado. Una pregunta: ¿Qué creen mejor: relato en primera persona ó en tercera persona?

End Notes:

Parece que Christian tiene varias cartas bajo la manga. Viéndolo del punto de vista de Mía, no podía "meterlo", por eso estoy colocando estos One-Shoot para explicar un poco mejor. El próximo es con la madre de Mía.

Espero les haya gustado. Una pregunta: ¿Qué creen mejor: relato en primera persona ó en tercera persona?

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