Dibuja de nuevo mi sonrisa by southerngirl

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 Dibuja de nuevo mi sonrisa by southerngirl
Summary:

Sam sufre cuando su novio Daniel muere de una terrible enfermedad que tenía sus días contados. Ahora, luego de 3 meses, ella sienta cabeza y comienza una nueva etapa en su vida, con el recuerdo de quien fue su primer amor latente en su mente, pero dispuesta a salir adelante.

Pero la vida nunca deja de sorprenderla. Álex, a quien odia y es catalogado por ella como su enemigo número uno, se le declara repentinamente, poniendo su mundo nuevamente de cabeza, llena de confusiones y nuevos problemas.

Por otro lado, sus amigos, que no han dejado de apoyarla en todo momento, también tienes sus propios dramas. Carla y Pablo comienzan una relación luego de años siendo amigos, esperando dejar las peleas de lado para seguir con su noviazgo. Andy, la mejor amiga de Sam, se mudó lejos, ahora ha conocido a más gente y ha hecho nuevas amistades. Pero desea descubrir el secreto de Nate que ha cambiado su actitud habitual, es un chico odioso y que siempre la hace rabiar, aunque muy en el fondo ambos se atraen y solo usan sus peleas como pretexto para conversar y pasar más tiempo juntos.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Angustia, Drama, Humor/Parodia, Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Escala de colores

Chapters: 17 Completed: No Word count: 69963 Read: 3894 Published: 19/11/2010 Updated: 30/12/2010
Summary:

Sam sufre cuando su novio Daniel muere de una terrible enfermedad que tenía sus días contados. Ahora, luego de 3 meses, ella sienta cabeza y comienza una nueva etapa en su vida, con el recuerdo de quien fue su primer amor latente en su mente, pero dispuesta a salir adelante.

Pero la vida nunca deja de sorprenderla. Álex, a quien odia y es catalogado por ella como su enemigo número uno, se le declara repentinamente, poniendo su mundo nuevamente de cabeza, llena de confusiones y nuevos problemas.

Por otro lado, sus amigos, que no han dejado de apoyarla en todo momento, también tienes sus propios dramas. Carla y Pablo comienzan una relación luego de años siendo amigos, esperando dejar las peleas de lado para seguir con su noviazgo. Andy, la mejor amiga de Sam, se mudó lejos, ahora ha conocido a más gente y ha hecho nuevas amistades. Pero desea descubrir el secreto de Nate que ha cambiado su actitud habitual, es un chico odioso y que siempre la hace rabiar, aunque muy en el fondo ambos se atraen y solo usan sus peleas como pretexto para conversar y pasar más tiempo juntos.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Angustia, Drama, Humor/Parodia, Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Escala de colores

Chapters: 17 Completed: No Word count: 69963 Read: 3894 Published: 19/11/2010 Updated: 30/12/2010
Story Notes:

Por fin puedo seguir subiendo esta parte de la serie, ya llevaba unos cuantos capitulos cuando fanfic...bueno, no seque pasó realmente, pero avisaré cuando comiencen los capitulos nuevos.

Story Notes:

Por fin puedo seguir subiendo esta parte de la serie, ya llevaba unos cuantos capitulos cuando fanfic...bueno, no seque pasó realmente, pero avisaré cuando comiencen los capitulos nuevos.

Prólogo by southerngirl
Author's Notes:

Algo cortito, pero enseguida subo el primer capitulo!!

Tambien pueden leer esta historia en: https://www.fictionpress.com/s/2865916/1/

Author's Notes:

Algo cortito, pero enseguida subo el primer capitulo!!

Tambien pueden leer esta historia en: https://www.fictionpress.com/s/2865916/1/

Prólogo



 



Sus pies la guiaron hacia la sala, estaba completamente vacía, lo cual era obvio si todos estaban almorzando. Se fue a sentar a su puesto y en eso, casi como una imagen subliminal que pasa como un rayo, vio una figura cerca de la ventana. Caminó en esa dirección con algo de miedo, pero segura de que quizás era su imaginación. Cuando se acercaba a su mesa sintió el sonido de una silla correrse pero detrás suyo, sobresaltada se dio la vuelta con todos sus sentidos alerta.



-Perdón -Se excusó Álex, el causante del ruido y de sus alucinaciones, probablemente.



-¿Cuánto tiempo llevas aquí?



-Acabo de entrar -Respondió con tranquilidad, sentándose en su puesto.



Sam fue a sentarse a su asiento y miró por la ventana, más para cerciorarse de que no estaba loca y que quizás si había algo allá afuera, pero solo estaba el árbol de siempre, nada más. Apoyó sus codos sobre la mesa y hundió su rostro entre sus manos, dando un sonoro suspiro, no era la primera vez que le pasaba aquello. Hasta había llegado a pensar que se trataba de Daniel que de vez en cuando le recordaba que estaba siempre presente junto a ella.



-Estas pálida -Álex la miraba detenidamente, sus piernas cruzadas reposaban con desgano sobre la silla de Pablo, junto a él, así que su cuerpo quedaba mirándola directamente.



-Estoy bien.



No quería sentir la mirada del chico fija en ella, pero era inevitable si eran los dos únicos en la sala y el silencio era demasiado incomodo. De todas maneras no tenía ningún tema de conversación que compartir con él, siempre se habían llevado mal.



-¿Puedes venir?



-¿Qué? -Preguntó sorprendida.



-Ven, te quiero enseñar algo.



-En ese caso ¿no puedes venir tú? -Preguntó aun dudosa, ese chico sí que era raro y no se fiaba de él.



-No te cuesta nada, ven -Sacó sus piernas de la silla y la limpió con una mano, ya que sus zapatos habían dejado un poco de tierra en ella.



Sam lo escudriño por un momento, pero no vio en sus ojos algo que la hiciera negarse, de hecho por primera vez veía sinceridad en Álex, nada de esa mirada hostil o llena de sarcasmo que ponía antes de comenzar una pelea verbal, donde siempre la molestaba y desquiciaba al punto de hacerla perder la cabeza y la paciencia. Se levantó con lentitud y desconfianza.



-¿Qué quieres? -Le preguntó con los brazos cruzados y totalmente alerta, dispuesta a mandarlo a la punta del cerro si se trataba de una broma.



-Mira esto -Por la mesa le pasó un cuaderno que tenía varios dibujos pequeños en la portada.



Sin preguntar nada, lo acercó a ella para verlo mejor, corrió la portada y vio muchos dibujos en la primera hoja, todos hechos a grafito y otros con lápiz de tinta negra. Eran todos muy detallados y algunos más abstractos, pero todos eran hermosos.



-¿Tu los dibujaste? -Preguntó sorprendida, nunca pensó que Álex tendría un talento como aquel, para ella era un simple inútil.



-Sí.



-Debiste participar en ese concurso de dibujo de principio de año -Dijo con sinceridad. -Son hermosos -Siguió hojeando y luego de pasar las primeras páginas se encontró con el dibujo detallado de una chica sonriente, parecía que bailaba. Aquella chica le pareció familiar pero al mismo tiempo como si se tratara de alguien a quien había visto hace tanto tiempo atrás, de un pasado muy lejano.



-Si participé y de hecho gané con este dibujo -Se acercó un poco a ella y hojeó otras páginas hasta llegar a un boceto en específico, una chica dibujada delicadamente a grafito y en primer plano, solo podía verse su cara. Miraba hacia un lado y mantenía su rostro serio pero con un dejo de nostalgia, su cabello largo estaba un poco desordenado producto del viento, un efecto que parecía bastante real aunque se tratara de un dibujo.



-S-soy...



-Tú, si.  



-Pero... ¿Por qué?



Aquello sin duda no se lo esperaba, se suponían que ellos dos se odiaban y resultaba que ahora, repentinamente y sin percatarse de nada, Álex se acercaba peligrosamente a su rostro, pero su cuerpo no respondía, estaba demasiado perpleja con toda esa información que estaba recibiendo y asimilando. El timbre que anunciaba el término del almuerzo se escuchó por todo el colegio, pero Álex lo ignoró por completo.



-Álex ¿Qué haces? -Lo empujó por los hombros, alejándolo inmediatamente de ella.



-Tenía que intentarlo...



-¡¿Pero qué creías, imbécil?! -Se levantó del asiento perdiendo el control, dispuesta a alejarse de él raudamente.



Álex la tomó por la muñeca para impedir que se alejara, había un último asunto del cual debía hablar con ella, no podía aguantar más tiempo con aquel secreto, quizás no era el momento más indicado para hacerlo, pero como había dicho, tenía que intentarlo.



-Voy a hacer que te enamores de mi -La miró fijamente, con la promesa de sus palabras grabadas en sus ojos.



Sam quiso decirle unas cuantas cosas pero justo en ese preciso minuto algunos compañeros ingresaron a la sala. La chica tuvo que agradecer que no se tratara de Pablo o Carla, esta ultima sobre todo, que no perdería oportunidad para interrogarla. Así que aun con el rostro desfigurado por la sorpresa, caminó hacia su asiento y como siempre hacia, miró hacia la ventana.



Ahora sentía una confusión desbordante, ella estaba profundamente enamorada de Daniel, todavía. Estaba segura que nunca dejaría de quererlo puesto que había sido su primer amor. Ahora resultaba que el chico con el cual se llevaba mal, a quien odiaba desde hace mucho y no había hecho más que molestarla desde que había llegado al colegio, estaba enamorado de ella, pero Sam no estaba dispuesta a abrir su corazón así como así, se le hacía imposible siquiera pensar en su futuro lejos de Daniel.



-Entonces yo paso a buscarte antes de ir donde Pablo.



-¿Ah?



-Sam, no digas que no ahora -Dijo Carla con el rostro entristecido.



-Ah, no, claro que iré -Trató de esbozar una sonrisa pero no le salió, solo parecía una especie de mueca.



De ahora en adelante haría todo lo que pudiera para retomar su vida, tenía que volver a juntare con sus amigos con normalidad, llevarse bien con sus familiares también. Pero todo eso no necesariamente incluía a Álex, solo esperaba que las palabras que le había dicho no fueran ciertas o se tratara de una de sus tantas bromas puesto que no estaba dispuesta a enamorarse de nuevo. Eso sería algo que dejaría en manos del tiempo.



Llevó su mano al pecho y apretó el anillo con el colgante que Daniel le había regalado, nunca se lo quitaba. Entonces decidió que, por ahora, estaba concentrada en seguir con su vida, tal como le había prometido a Daniel.



 





 



Sam estaba tirada en su cama observando el techo blanco, su mente se concentraba en aquellos momentos felices junto a Daniel, habían pasado meses desde su fallecimiento pero para ella parecían años. Algunas lágrimas escaparon por la comisura de sus ojos pero tampoco se tomo la molestia de enjugárselas. No era la primera vez que hacia eso, la mayoría de las tardes se las pasaba encerrada en su cuarto luego de asistir al colegio.



Hace una semana y un día que Álex le había soltado tremenda declaración, pero desde entonces no le dirigió la palabra, es más, hiso como que nada sucedía, como si no fuera a cumplir lo que había dicho. Aunque Sam se sentía muy aliviada por ello no dejaba de extrañarle que Álex no le hablara ni la mirara, si se mandaba una declaración como que se encargaría de enamorarla de él no podía hacer como que nada hubiese pasado. Si se trataba de una broma no estaba de humor para recibirla, eso era algo que él debería saber puesto que de hecho todo el colegio se daba cuenta de su estado casi depresivo, pero tampoco iba a darle en el gusto de encararlo para que se siguiera mofando a costa suya. Sin duda que Álex, lo único que había causado, era más caos en su ya confundida cabeza.



Se levantó de golpe y se sentó en la cama. Se llevó una mano a la frente por el esfuerzo que ese rápido movimiento había supuesto. Repasó con la mirada su cuarto y recordó que hace muchísimo tiempo que no escribía en su viajo diario de vida. Fue a buscarlo donde lo dejó la ultima vez, a principio de año, sobre su armario junto a muchas revista ya olvidadas. Muchas cosas sucedieron en todo ese tiempo y no había escrito nada, tenía que ponerse al día, así que fue a tomarlo rápidamente y se sentó en el escritorio, pasó la mano sobre la capa de polvo que se había juntado en la tapa y sopló otro poco, estaba dispuesta a pasarse todo el tiempo que le tomara rellenar esas hojas con sus vivencias más importantes.



 



Sábado, 25 de septiembre de 2010.



Ahora por fin encuentro un nombre para ti, hace mucho tiempo, cuando era solo una niña me pregunté cómo debía llamarte. En ese entonces había leído "el diario de Ana Frank" entonces pensé que al igual que ella podría llamarte de algún modo más personal, porque eres mi diario.



Daniel, siempre te recordaré y cada cosa nueva que haga día a día te la escribiré a ti, como si aun estuvieras conmigo. Te escribiré como si me encontrara frente a ti conversándote de mil cosas e imaginaré tus ojos azules observándome con atención y esa leve sonrisa tuya cuando te contaba algo chistoso. No hay día que no estés en mi mente, espero que donde sea que estés también recuerdes que te amo y lo haré por siempre. Ahora empiezo una nueva etapa o espero hacerlo como te prometí, seguiré con mi vida, al menos lo intentaré, y se que estás conmigo en todo momento porque así lo siento, entonces soy capaz de juntar fuerzas para no perderme como una persona muerta en vida y seguir adelante.



Te amo, Sam.



 

End Notes:

En mi blog pueden encontrar musica de los personajes, fotos y avisos acerca de la historia! https://southernhistories.blogspot.com/

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En mi blog pueden encontrar musica de los personajes, fotos y avisos acerca de la historia! https://southernhistories.blogspot.com/

Regresar al índiceEmpezar de cero by southerngirl
Author's Notes:

Por cierto, un aviso importante:

No es necesario que lean la historia anterior, aunque sería lo ideal para que entendieran la historia completa. Como esta es una nueva etapa en la vida de Sam, también es como una historia aparte. No se perderán con los personajes ni nada, así que si comenzaron leyendo esta historia no hay problema, no quedaran colgados.

 

Author's Notes:

Por cierto, un aviso importante:

No es necesario que lean la historia anterior, aunque sería lo ideal para que entendieran la historia completa. Como esta es una nueva etapa en la vida de Sam, también es como una historia aparte. No se perderán con los personajes ni nada, así que si comenzaron leyendo esta historia no hay problema, no quedaran colgados.

 

 

Capítulo 1: Empezar de cero.

 

Sam despertó aquella mañana con el cuerpo totalmente atrofiado puesto que se había quedado dormida sobre el escritorio, con sus brazos cruzados como almohada para así apoyar su cabeza. Miró para todos lados aun somnolienta y asustada por saber qué hora era. Se había pasado todo el fin de semana escribiendo en su diario sus memorias de los últimos meses, estaba decidida a ponerse al día y lo consiguió, no se le había escapado ni un solo detalle de todas sus vivencias. Estiró sus brazos y espalda al mismo tiempo que emitía un sonoro bostezo, luego se levantó y miró el despertador que había olvidado programar para ese día lunes, así que no había sonado y ahora se estaba dando cuenta que tenía diez minutos para estar lista antes que Pablo, su mejor amigo, pasara a buscarla como de costumbre.

Corrió hacia el baño y se duchó lo más rápido que su aun dormido cerebro le permitía. Se felicitó a si misma por haberse lavado el cabello el día anterior, así no tendría que perder tiempo secándoselo o yendo al colegio con este aun mojado. Para cuando estuvo lista corrió escaleras abajo justo cuando llamaban a la puerta, maldijo en silencio porque no tendría tiempo ni de tomar desayuno, aunque al pensarlo mejor, concordó que raras veces comía por las mañanas, por lo menos desde la muerte de Daniel su dieta también había dado un cambio drástico.

Su rutina habitual había cambiado cuando Daniel, su novio, había fallecido repentinamente producto de un coagulo cerebral que se había alojado en su cabeza por meses. Ella sabía que ese momento llegaría en cualquier minuto, pero nunca se puede estar preparado para afrontar la muerte de alguien tan cercano y a quien amaba profundamente. Daniel fue su primer novio, pero además él le gustaba desde hace cuatro años, cuando se había cambiado a su colegio, desencadenado la revolución hormonal entre las muchachas del establecimiento. Pero en ella no era un simple encaprichamiento, a Sam siempre le gustó su sonrisa amable y aquellos ojos azules que prácticamente la hipnotizaban, además siempre estuvo muy segura de que él era diferente al resto de los chicos, que se trataba de una persona única, buen amigo y buena persona. Y no se equivocó, de hecho Daniel era mucho mejor que eso. Luego de pasar años siendo compañeros de colegio, ya se conocían de rostro por lo menos, y de vez en cuando se saludaban en el pasillo como cortesía. Generalmente era Daniel quien le sonreía cuando pasaba a su lado, a veces la saludaba con un corto movimiento de cabeza o le decía "hola", pero Sam era incapaz de preguntarle cualquier cosa con tal de seguir la conversación.

Hasta que el primer día de clases de ese año rompió esa rutina, él la saludó como siempre, con su sonrisa tan sincera pegada en su atractivo rostro, su piel estaba tostada producto del reciente verano que aun no daba indicios de decaer. Después de unos cuantos meses todavía era capaz de recordar esos pequeños detalles. Su cabello castaño desordenado a la perfección, largo y ondulado en las puntas le llegaba a la mitad del cuello. Entonces Sam supo que era momento de dejar su timidez de lado y afrontar aquello que antes tanto miedo le causaba. Ella siempre estuvo segura que Daniel no era de esos chicos pesados que mientras más conquistas tuvieran más puntos entre sus amigos obtenían, así que decidió continuar la conversación, pasando del simple saludo a preguntarle cómo habían estado sus vacaciones. Fue entonces cuando Daniel la invitó a la fiesta que daría su amigo Javier, ese mismo viernes. Entonces comenzó todo, Sam se enamoró de él de inmediato aquel día, era todo lo que había soñado y más, aunque no dejaba de pensar que tenía mucha suerte de haber encontrado a un chico como Daniel, sin duda que era único. Por lo mismo, muy difícil de olvidar. Nunca se repondría del todo a su ausencia, pero por lo menos le había dejado recuerdos inolvidables y la había amado lo máximo posible mientras pudo, enseñándole un montón de cosas, no solamente como amante, sino que sobre todo aprendió lo que era querer a alguien que no fuera familiar o amigo, aunque siempre podía contar con él para lo que fuera. No mantenían secretos, se contaban todo porque se tenían una confianza mutua infinita, tenían gustos en común aunque de personalidades diferentes. Sam era a veces muy impulsiva, llegando a decir cosas de las cuales después se arrepentía, además contaba con una mala suerte única que siempre la metía en problemas que no dejaban de ser chistosos, mientras que Daniel siempre mantenía la cabeza por sobre todas las cosas, menos con Sam ya que ella causaba que no pensara con claridad, le había devuelto las esperanzas de pasar sus últimos días de vida con la persona amada y a su vez, Sam le había entretenido la vida con todas sus letras, haciéndola mucho más interesante, llenándola de vivencias únicas y divertidas.

Ahora, sin embargo, Sam se había convertido en un ente carente de vida, sin esa sonrisa típica en su rostro ni su buen humor característico de ella, hasta sus mejores amigos y familia ya ni la reconocían, lo habían intentado todo para subirle el ánimo y despejar su mente, pero fue imposible. Todas las noches Sam se las pasaba encerrada en su cuarto, generalmente llorando y rememorando a Daniel.

Pero aquel fin de semana se había comprometido a cambiar y a dar un giro a su actitud actual, tal como le había prometido a Daniel mientras él seguía con vida. Tampoco pensaba comportarse como si nada hubiese ocurrido, pero debía seguir con su vida, con el recuerdo de su primer amor latente pero dispuesta a salir adelante.

-Samuel, vamos a llegar tarde -Pablo, parado en la puerta de entrada chasqueaba sus dedos frente a la cara de Sam, para que se concentrara en él.

-¿Ah? -Preguntó, al mismo tiempo que pestañeaba varias veces, como despertando de una hipnosis.

Ya casi había olvidado aquel nombre, hace algunos meses atrás lo había usado como el suyo propio cuando se disfrazó de hombre para entrar en una competencia de Skate en la cual no podían participar mujeres. Aquello lo hiso para demostrar que las mujeres son tan capaces de realizar un deporte como aquel, tachado de masculino, y además para callarle la boca a sus amigos y sobre todo al idiota de Álex que se habían burlado de ella por querer ingresar al concurso. Así que, con la ayuda de su amiga Andy se inscribió en secreto y, de hecho, sacó el primer lugar, dejando a su enemigo Álex en segundo y con la cara enrabia más chistosa que había visto en la vida.

-No me digas Samuel.

-Fueron buenas épocas, Sam, no tienes porque olvidarlo.

Pablo tenía razón, eso era algo que había estado meditando todo el fin de semana, tenía más que claro que no quería olvidar esos momentos tan felices pero también era difícil no sentir esa ya típica punzada en su pecho cuando escuchaba ese nombre, tal como cuando escuchaba el nombre Daniel o cualquier hecho que le recodara esas épocas.

Miró a Pablo de reojo, iba concentrado en mirar al frente, su rostro como siempre se mantenía tranquilo y despreocupado, tal cual como él lo era. Caminaba con las manos metidas en los bolsillos y de vez en cuando pateaba algunas piedras. El siempre había estado apoyándola en todo momento, Pablo no era de muchas palabras cuando tenía que expresar lo que sentía, pero con su compañía física había bastado y su cariño y apoyo se lo demostraba con pequeñas acciones que realizaba. Como cuando casi todos los días se empeñaba en sacarla de su solitario cuarto para ir a practicar skate como antes siempre hacían, incluso a veces con Daniel, y por eso Sam se empecinaba en no poner un pie en la abandonada cancha de basquetbol donde practicaban, le traía demasiados recuerdos y eso la llenaba de tristeza, de lagrimas por las noches y de vez en cuando pesadillas que le quitaban el sueño.

Acercó con timidez una de sus manos al brazo del chico, antes siempre lo tomaba del brazo o de la manga de su suéter cuando caminaban, desde pequeños que siempre Sam hacia eso, pero con la muerte de Daniel hasta esos pequeños detalles dejó de realizar.

Pablo la miró sorprendido cuando sintió sus dedos enrollándose sobre su brazo, miró hacia abajo puesto que él era mucho más alto que su amiga y le sonrió de lado, una sonrisa sencilla pero que le traspasaba a la chica su comprensión y aprobación. Sam había decidido cambiar y estaba orgulloso de su decisión.

-¿Qué vas a hacer en la tarde? -Le preguntó Pablo.

-Tengo que ir a trabajar, pero salgo a las siete.

Los días primaverales ya se venían encima, era un hecho que el clima estaba cambiando de ser frio y lluvioso para darle paso al sol y el calor, aunque no era suficiente como para pasearse por ahí en polera y shorts pero si para usar prendas mas holgadas. Por lo mismo ya no oscurecía tan temprano y a las siete, si bien ya el sol comenzaba a desaparecer era una buena hora para juntarse con amigos.

El trabajo para Sam no le resultaba del todo agotador, lo había conseguido para mantener su mente lejos de aquellos pensamientos que la llenaban de nostalgia y mucha tristeza, para mantenerse ocupada en algo más que solo pensar. Prefería sufrir en silencio y encerrada en su cuarto a que la vieran con esa pena inmensa, no estaba para generar lastima en la gente. Su trabajo consistía en vender discos de música en una pequeña tienda cerca del centro comercial, en el centro de la ciudad y, como Sam adoraba la música lo encontró un trabajo especial para ella, además no era cansador puesto que poca gente ingresaba a comprar discos de vinilos antiguos y nuevos, solo aquellos coleccionistas y amantes de la música.

-Te paso a buscar, lleva tu patineta.

Sam le sonrió en respuesta, hace mucho tiempo que no sonreía de aquella manera y con total sinceridad, puesto que la mayoría de las veces forzaba los músculos de su rostro o los tensaba en una mueca parecida a una sonrisa, pero estaba muy lejos de ser aquella que demostraba alegría.

Disminuyeron la velocidad de sus pasos, justo cuando iban llegando a casa de Carla, su otra amiga y desde hace poco más de tres meses novia de Pablo. Ellos habían sido compañeros y amigos desde pequeños, junto con Andy completaban el grupo de cuatro pero ella se había mudado a otra ciudad y ahora se veían solo ocasionalmente, cuando ellos viajaban o ella lo hacía. De todas maneras no perdían el contacto, se comunicaban por teléfono o por internet cada vez que podían.

Carla salió de su casa justo cuando iban llegando a la entrada, su casa era bastante grande y acogedora. Carla vivía con sus padres y su hermana menor, que era una versión de ella pero en miniatura, con los mismos ojos azules y el pelo rubio, con la diferencia que su hermanita lo tenía ondulado y Carla totalmente liso. La chica se acercó a ellos dando saltitos, como siempre lucia radiante, con su altura y cuerpo esbelto pasaba por modelo de pasarela y su pelo largo meciéndose al ritmo de su caminar.

-¡Hola chicos! -Saludó con una sonrisa radiante.

Sam aflojó su agarre del brazo de Pablo para que este pudiera saludar a Carla, se acercó a ella y le dio un beso mientras la chica rodeaba su cuello con sus brazos, daba la impresión de que no se habían visto en días pero tan solo habían pasado unas cuantas horas.

-Ya, ya, apúrense o llegaremos tarde -Les dijo Sam al mismo tiempo que comenzaba a caminar.

La verdad era que las demostraciones de cariño también le generaban pena, no podía quedarse ahí parada observando a sus amigos besándose puesto que esto le recordaba que Daniel siempre la esperaba a la entrada del colegio, se saludaban con ese mismo afecto, como si hubiesen pasados días sin verse, luego ambos caminaban hacia el interior del colegio tomados de la mano y el la dejaba en su sala, puesto que él era un año mayor y ya iba en el último curso. Pablo y Carla ya estaban acostumbrados a esa actitud suya que trataba de esconder, sabía que le dolía y por lo mismo trataban de guardar sus mimos para otros momentos, aunque a veces claro lo olvidaban.

Intercambiaron un par de palabras cuando iban llegando al colegio, Sam les contó que la noche pasada se había quedado dormida en el escritorio y ahora sufría de un dolor en su cuello y espalda que, al parecer, tenía todas las intenciones de acompañarla el día completo.

-También tienes algo en la cara -Mencionó Carla notando una marca en la mejilla de Sam, se acercó a ella para inspeccionarla mejor.

-¿Qué es? -Preguntó algo asustada.

Pablo comenzó a reír mientras le apuntaba la cara.

-¿Qué tengo? -Pero no obtuvo respuesta puesto que sus dos amigos comenzaron a reír.

-¿Recuerdas que a principio de año tenias una marca en tu cara? -Sam hiso memoria, era imposible olvidar algo como eso, los pliegues de la almohada habían dejado una larga marca que surcaba su mejilla, como si se tratara de la cicatriz de cara cortada. Asintió a modo de respuesta -Bueno, ahora es más o menos lo mismo, solo que no es tan grande.

-No sé cómo lo haces, pero tienes una suerte... -Comentó Pablo ironizando.

-Lo que me faltaba.

Su día de "nueva vida" definitivamente no había comenzado de la mejor manera como ella esperaba y tan solo habían pasado minutos desde que se había despertado. Agarró un mechón de su cabello con desgano y se tapó la cara, no podía darse el lujo de correr al baño porque el timbre estaba sonando en ese minuto, el profesor no tardaría en llegar.

Fue a sentarse a su puesto al lado de la ventana, seguida por Carla, mientras que Pablo ocupaba su lugar junto a Álex, quien todavía no había llegado. Aquello le pareció extraño a Sam, el siempre se encontraba en la sala o llegaba justo después que ellos, así era como siempre interrumpía esos momentos en que se quedaba en el pasillo con Daniel.

Desvió la mirada y así también los pensamientos, enfocándose en su árbol favorito, ahora estaba lindísimo puesto que sus ramas estaban repletas de pequeñas flores rosadas. El cielo estaba despejado como pocas veces, casi siempre una que otra nube rebelde arruinaba el espectáculo de un cielo limpio y perfecto, pero esta vez sí se veía así. Apoyo su cabeza en una de sus manos y así, de paso, se tapaba la marca de su mejilla.

-Oye, Sam -Habló Carla, llamando su atención -Te ves diferente, no tan...desganada... -Quiso buscar las palabras adecuadas para no causar ninguna reacción negativa en su amiga, por suerte Sam sonrió levemente, lo cual terminó por corroborar sus suposiciones.

-Sí, creo que estoy de mejor humor -Dijo Sam encogiéndose de hombros.

-Que bueno, me alegra escuchar eso, el...a Daniel también le hubiese gustado verte así.

-Lo sé, por eso quiero intentar empezar de nuevo.

En ese minuto Álex llegó a la sala casi corriendo, se le notaba agitado y justo cuando se sentó en el asiento junto a Pablo llegó el profesor. Suspiró cuando notó que había llegado a tiempo. Sam se percató que llevaba el block de dibujo bajo su brazo y ahora lo depositaba con sumo cuidado en la mesa, era su tesoro más preciado. Sintió un leve estremecimiento al pensar que la mayoría de los dibujos que contenían eran de ella.

-¿Estas mirando a Pablo? -Preguntó Carla de improviso, haciendo que por poco saltara en su asiento.

-No...eh...a...yo...

-¡Buenos días! -Saludó el profesor y todas las cabezas miraron al frente, incluso la de Carla, así que Sam bendijo su suerte por no tener que responderle a su amiga.

 

 

-¿Y a este que le pasa? -Preguntó Andy a su amiga Amanda, sentada junto a ella en la mesa de la cafetería. Nate se alejaba del lugar sin decir una palabra, había llegado en silencio y solo abrió la boca para comer, luego de eso se fue tal cual como llegó.

-Ha estado raro, el fin de semana lo llamé para salir y no quiso, cosa que nunca hace -Interrumpió Julián, recostado en su asiento y con su bandeja al frente vacía. El chico era el mejor amigo de Nate pero ni él sabía lo que le sucedía.

-Quizás tiene problemas -Sugirió Amanda.

-Con lo pesado que es con la gente no me sorprendería -Dijo Andy despectivamente. Blog sobre noticias, videos, trucos y mazos del hearthstone basado en la comunidad Hearthpwn Mazos del Hearthstone

Desde hace mucho tiempo que Andy había perdido todo contacto con Nate aparte de las veces que lo veía en el colegio o cuando Julián llegaba a buscarla y también pasaba por él, pero pocas veces hablaban y, cuando eso ocurría, siempre terminaban peleando por cualquier estupidez.

Antes había sentido una cierta atracción hacia él, pero ahora dudaba que le gustara puesto que no habían intercambiado muchas palabras. Había algo raro en él, tampoco Andy lo conocía lo suficiente como para decir que era "especial", no era parecido a ningún chico que hubiese conocido. Nate rara vez socializaba con las personas, se veía un tipo muy seguro de sí mismo y duro, por eso las personas lo evitaban aunque en las chicas generaba otras cosas, el tipo misterioso al cual ellas quieren conocer a fondo y con suerte poder cambiarlo. Andy solo reía ante esa idea, Nate era súper llevado de sus ideas y cambiarlo sería cosa de un milagro y ella era atea y no creía en esas cosas, por lo que suponía que el chico no tenía remedio. Siempre tendría ese aspecto despreocupado, con su cabello rubio siempre desordenado al más puro estilo Robert Pattinson, además  de esa mirada seria y de superioridad. Entonces recordó aquella vez que lo escuchó reír, fue ahí cuando sintió esa atracción por él, pero ahora se estaba cuestionando aquello, no podía seguir esperando por toda la vida a que Nate le prestara un poquito de atención y dejara de pensar que ella era una niñita hija de papi, eso lo odiaba, puesto que no era ninguna estúpida. En el fondo Nate tenía esto claro pero era demasiado orgulloso como para admitirlo hasta para sí mismo.

-¿Vamos al cine más tarde? -Preguntó Amanda, sacándola de sus pensamientos.

-Que buena idea, si -Ahora estaba entusiasmada y rápidamente se le olvido todo lo relacionado con Nate.

-¡Achú! -Léa se acercó a ellos con su bandeja de comida, la cual tiró sobre la mesa al estornudar, por suerte no derramó nada.

-¿Estás bien? -Le preguntó Julián. La chica tenía la nariz roja y los ojos llorosos.

-¿Estas llorando? -Preguntó Andy alarmada, lo cual sería muy raro, nunca había visto a la chica en esas condiciones.

-Do es dada -Respondió ella con la voz gangosa.

-Las alergias la atacan, siempre le pasa en primavera -Christopher, el novio de Léa que nunca se despegaba de su lado llegó al lugar y respondió por ella, suponiendo que sus amigos no le entenderían nada de lo que hablara o respondiera.

-¡Carlitos! -Se mofó Julián estallando en risas.

-¿Ah? -Amanda lo miró con cara de no entender su broma, y de hecho estaban todos en la misma situación.

-¿Nunca vieron Rugrats? Carlitos el amigo de Tommy habla gangoso igual que tu Léa.

-Edtupidoh -Dijo la chica golpeándole el brazo con su puño.

-Toma -Christopher, siempre tan atento, le pasó un pañuelo desechable a Léa y alejó los mechones de cabello de su cara para que pudiera sonarse.

-Ustedes son únicos. ¿Dónde consigo un chico así? -Dijo Andy -Creo que estoy maldita.

-No te quejes, tienes que mirar más de cerca -Sugirió Amanda, ella sabía de sobra a quien se estaba refiriendo pero esperaba que Andy se diera cuenta sola.

-Cierto, yo siempre estaré disponible para ti -Julián apoyó un codo en la amplia mesa y la miró con una ceja enarcada, sugerentemente.

-Tonto -Dijeron Andy y Amanda al mismo tiempo.

-Deberían apurarse, la hora del almuerzo va a terminar -Anunció Amanda, mirando directamente a Christopher y Léa que comían a toda velocidad.

Andy se levantó de la mesa y fue a dejar su bandeja vacía al mesón cercano a la cocina, pensó que Amanda, como siempre la estaría siguiendo pero luego se dio cuenta que caminaba sola por el pasillo a su sala. Se dio la vuelta y solo vio a otros alumnos caminando por este, pero no a sus amigos, hasta que escuchó una voz familiar.

-¡¿Pero porque siempre yo tengo que resolver sus problemas?! ¡Ustedes tienen que hacerse cargo! -Gritó Nate, hablaba por celular y se le veía muy agitado, sobre todo muy enojado, haciendo movimientos bruscos con sus brazos - ¡Ella no es el problema, no me molesta hacerlo pero...! -Dio un suspiro, haciendo una pausa -Bien, lo haré -Dijo de mala gana y colgó la llamada.

Andy se había quedado parada a mitad del pasillo observando a Nate, el chico no se había dado cuenta de su presencia, pero tampoco tardó en hacerlo. Posó sus ojos verdes en la chica y un brillo de furia se visualizó en ellos, Andy se estremeció, aquello era muy incomodo. El chico guardó el celular en su bolsillo, dio un suspiro y se pasó la mano por el desordenado cabello, antes de caminar en dirección a Andy.

-¿Me estas siguiendo? ¿Me estas espiando?

-¿A ti...? -Lo miró de arriba hacia abajo de manera despectiva -No lo creo.

-No te metas en mis asuntos, Andy -La chica dio un leve respingo, pocas veces él la había llamado por su nombre y cuando lo hacía, se daba cuenta que ciertamente había algo en Nate que le atraía. Odió a su cuerpo por actuar antes que su mente, solo esperaba no ser demasiado obvia.

-No pensaba hacerlo, tonto, voy a la sala que, por si no lo has notado, queda por este camino.

Andy se alejó con la mayor pasividad que pudo, como si nada hubiese pasado, aunque era un manojo de nervios. Decidió seguir el camino de vuelta a la cafetería para buscar a Amanda o a Julián.

-¿No que ibas a la sala? -Preguntó Nate lo suficientemente alto para que lo escuchara.

-¿Tu vas para allá?

-Sí.

-Entonces no -Tuvo que aguantar la risa por ver el rostro enojado de Nate.

Pero, para su mala suerte, el timbre que anunciaba el fin del recreo sonó justo en este momento. Además divisó a sus amigos que caminaban en esa dirección, así que Andy hiso una mueca derrotada, se giró sobre sus talones y regreso sobre sus pasos. Nate la observaba con los brazos cruzados y una sonrisa sarcástica, tan típica de él, pero que la hacía rabiar y mirarlo como tonta al mismo tiempo.

-Quita esa sonrisita.

-¿Ah? -Preguntó Nate haciéndose el desentendido.

-Haz mutis -Le dijo meneando su mano para que entendiera que lo quería lejos y callado.

-¿Esa es tu palabra del día?

-Agh -Gruñó por lo bajo, respiró hondo unas cuantas veces tratando de calmarse, ahora Nate volvía a comportarse como siempre, atractivamente odioso.

Siguieron con sus típicas peleas y molestas palabras sarcásticas, como siempre, mientras entraban a la sala. Para suerte de Andy ya habían más compañeros sentados en sus puestos así que no tendría que soportar la silenciosa habitación en compañía de Nate. A los pocos segundos Amanda ya estaba sentada junto a ella y la interrogaba acerca de su salida al cine, finalmente quedaron en que se encontrarían en el lugar.

El profesor de matemáticas, un tipo bajito y calvo con lentes de media luna, ingresó a la sala con su usual caminar medio encorvado. Sacaron sus cuadernos y se dispusieron a poner atención a la clase, aunque la mente de Andy divagaba en aquel chico unos pocos puestos detrás de ella.

End Notes:

Y? que les pareció? como siempre un comentario es siempre bien recibido :)

Esta historia voy a subirla a mi cuenta de fictionpress, cuando este lista publicaré el link, uno nunca sabe cuando esta paginucha vuelva a fallar asi que mejor tengo un respaldo.Muchos saludos!!

 

Recueden pasar por el blog: https://southernhistories.blogspot.com/

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Author's Notes:

Un tipico día en la vida de Sam...claro que algunas cosas van cambiando.

Author's Notes:

Un tipico día en la vida de Sam...claro que algunas cosas van cambiando.

Capítulo 2: Un día en la vida.

 

La jornada laboral transcurría con total normalidad, apenas unos cuantos clientes que se podían contar con los dedos de las manos habían ingresado aquella tarde en su turno, pero así era siempre. En ese momento había una pareja eligiendo algunos discos de bossa nova mientras Sam, apoyada en el mesón junto a la caja leía su libro de lectura obligatoria para la clase de lenguaje. Su jefe, Tom, era un tipo joven de 23 años, amante de la música de cualquier tipo y que muchas veces se quedaba con gran parte de los discos que iban adquiriendo, Sam no entendía para qué tener una tienda si se iba a guardar la mercancía para él. De vez en cuando iba y se quedaba, más que nada para poner su música favorita en el altoparlante pero también la ayudaba con las ventas, aunque no eran muchas, y a veces él cerraba la caja por ella cuando la jornada terminaba. En resumen, era un tipo que vivía en su mundo pero por lo menos era muy conversador y divertido, así que no se aburría cuando se pasaba por la tienda. La paga no era muy buena pero el motivo por el cual estaba trabajando era para desocupar la mente y llenarla de música.

La campanilla que anunciaba el ingreso de un cliente sonó, miró con desgano hacia la puerta de vidrio y cuál fue su sorpresa cuando vio unos ojos oscuros traspasarla con la mirada. Solo podía ver la mitad de su cara porque estaba detrás de una repisa con discos pero era suficiente para darse cuenta que estaba sonriendo.

-¿Y tú? -Le preguntó.

-Yo...vengo a comprar -Dijo Álex como si eso fuera lo más obvio del mundo.

Sam achicó los ojos, no se fiaba de él. Volvió a apoyarse en el mostrador y a concentrarse en su libro, o por lo menos lo intentó porque estaba segura que Álex la observaba y no era capaz de entender qué hacia él ahí. Suspiró y fue a cambiar la música, el disco se había quedado pegado y ahora Ian Curtis repetía una letra a un ritmo más bien electrónico. Puso el disco de bossa nova que la pareja de jóvenes tenía en sus manos, así quizás se animaban a comprarlo de una vez puesto que quedaban diez minutos para las siete y esperaba cerrar por lo menos con una venta más en su jornada.

Como lo esperó, a los pocos minutos llegaron al mostrador, el chico sostenía el disco en una mano y se lo pasó para que ingresara el código de barra a través del lector. Su novia sostenía su brazo como temiendo que fuera a escaparse, sobre todo porque él no dejaba de sonreírle a Sam.

-Gracias por su compra -Sam sonrió y le dio su vuelto. Aquella sonrisa no denotaba felicidad ni alegría, era la típica sonrisa forzada pero en su rostro de niñita buena quedaba como sincera, solo alguien que conociera realmente a Sam podría notar esos pequeños detalles.

Sam recostó sus antebrazos en el mesón y miró la tienda buscando a Álex entre las repisas, pero no había rastros de él, al parecer estaba sola. Giró levemente su cabeza hacia la izquierda y casi le da un infarto cuando vio la cara de Ringo Starr del otro lado del mostrador observándola fijamente. Dio un respingo y un chillido al mismo tiempo que se llevaba la mano al pecho, como si su corazón fuera a salir disparado por el susto.

Álex bajó el disco que sostenía frente a su cabeza y dio un paso para quedar frente a Sam.

-Me llevo este -Dijo entre risas.

-Eres un tarado -Le quitó el disco de las manos y fue hacia la caja.

-¿Así tratas a tus clientes? -Preguntó haciéndose el ofendido, volvió a reír cuando Sam le hiso una mueca de disgusto y lo fulminó con la mirada.

-Toma -Sam le pasó el disco de vuelta dentro de una bolsa plástica roja y miró la hora, justo las siete.

-¿Ya te vas?

-Ahá -Sam se dispuso a contar las ganancias del día y cerrar la caja cuando notó que Álex se apoyaba en el mesón y repiqueteaba los dedos sobre la madera al ritmo de la música. -¿No te vas tu también?

-No todavía, te espero.

-Tengo cosas que hacer después...

-¿Te vas a juntar con alguien? -La interrumpió.

-Con Pablo -Sam dejó el dinero en una caja metálica con llave que fue a dejar a una pequeña habitación tras una puerta que ni se notaba detrás del mostrador. Allí guardaban de todo, desde discos rotos o demasiado viejos como para ser recordados hasta una cafetera ultra moderna que hacia un cappuccino riquísimo, por lo menos Tom tenía buen gusto. Recogió su pequeño bolso, se lo cruzó por el hombro y guardó el libro en este, luego recogió su patineta y salió de la pequeña habitación, para encontrarse con Álex, supuso que por ningún motivo se había ido.

-Te preguntaras que hago aquí ¿no? -Eso era un poquito obvio, Sam se llevaba preguntando aquello desde que lo vio entrar a la tienda.

-Sí -Rodeó el mesón y quedó frente a él.

-Iba pasando por aquí y me llamó la atención esta tienda, ¿es nueva?

-Creo que abrió hace unos cuantos meses. ¿Nos vamos ya? -Preguntó apuntándole la salida con un dedo. Se preguntaba donde rayos estaba Pablo, habían quedado en que el pasaría a buscarla pero no se imaginó que tardaría tanto, después de todo el siempre había sido muy puntual.

-Así que, ¿van practicar o así te movilizas de tu casa al trabajo? -Preguntó Álex apuntando la patineta que Sam sostenía en su mano.

-Vamos a practicar -Miró hacia los dos lados de la calle y al frente, el centro estaba muy concurrido a esas horas porque casi todos salían de sus trabajos, pero entre el tumulto no podía visualizar a Pablo y la oscuridad que ya se hacía presente tampoco le permitía ver con claridad.

-¿Hace cuanto tiempo que no haces skate? -Aquella pregunta desencajó el rostro de Sam, Álex no se lo preguntaba como si se tratara de un interrogatorio casual, más bien pudo notar por la expresión de su rostro que ya sabía la respuesta.

-Desde...hace un buen tiempo -Se acomodó el cuello de la chaqueta y dejó sus brazos cruzados, daba la impresión que se estuviera abrazando a sí misma. Álex notó que su rostro se llenaba de congoja.

-¡Sam! ¡Sam! -Pablo llegó corriendo al lugar, llevaba su patineta bajo el brazo y unas cuantas personas lo miraban con odio puesto que las había pasado a llevar con la tabla mientras se deslizaba entre el tumulto. -Siento llegar tarde... -Se detuvo un momento para tomar aire y notar la presencia de Álex, paso la mirada entre él y su amiga sin entender qué hacían ellos dos juntos -Yo...eh, Carla me pidió que la acompañara a buscar a su hermanita al colegio.

-Sí, claro -Rió Álex, golpeándolo levemente en el brazo como si lo estuviera felicitando.

-¿Tu qué haces aquí, calvo? -Sam no pudo evitar reír. No se había dado cuenta que Álex se había recortado el cabello que ya de por si era corto y ahora tendría unos cuantos centímetros nada más de largo. Pero de todas maneras, se veía más atractivo, le daba un aspecto de soldado de película.

-Vine a comprar un disco y me encontré con tu amiguita, que coincidencia, ¿no? Bueno, yo me voy, nos vemos. -Antes de alejarse del todo le susurró algo a Sam que Pablo no pudo escuchar con exactitud.

-Vamos o se nos hará tarde -Sam lo tomó del brazo, su rostro estaba serio.

-Nos vemos, calvo -Pablo rio cuando Álex, sin tomarse la molestia de darse la vuelta, levantó su brazo enseñándole el dedo del medio antes de perderse entre la gente.

Sam caminaba en silencio, en su mente no dejaba de repetir las palabras que Álex le había dicho antes de marcharse. Pablo no le preguntó nada, el ya se había acostumbrado a su silencio en los últimos meses siendo que antes ella hablaba con soltura acerca de cualquier tema. Tomaron un bus a unas pocas cuadras de ahí y se dirigieron a la cancha de básquetbol, que como siempre estaba vacía.

"Vuelve a reír así", recordó otra vez. Se quedó petrificada al escuchar las palabras de Álex cargadas de un único sentido, debía volver a ser la Sam de antes. Y en ese momento, luego de meditar esas palabras todo el camino se dio cuenta que, al parecer, Álex la conocía mucho más de lo que pensaba y eso que tan solo habían intercambiado palabras de odio todo el tiempo, pero si hasta lo había golpeado en una ocasión.

-¿En qué piensas? -Le preguntó Pablo, llegó a su lado apoyando su peso en las ruedas traseras y antes de caer pisó el suelo y la patineta quedo en posición vertical para tomarla con una mano.

-Recordaba cuando le pegué a Álex -Se rió cuando en su mente vio claramente la cara de odio que irradiaba el chico cuando ella le saltó por la espalda y ambos cayeron al suelo, fue ahí cuando Sam le asestó un puñete en la mejilla, algo que nunca pensó que sería capaz de hacer, no era una persona violenta pero si impulsiva. Pero cuando Álex quería ser molesto, lo lograba a la perfección y no había quien pudiera resistirse a golpearlo, Daniel lo hacía pero tampoco esa vez pudo contenerse. También le dio su merecido al chico por molestar a Sam quien a su vez lo golpeó en primer lugar por decirle "muérete Daniel" a su difunto novio.

-¿Tienes frio? -Le preguntó Pablo, que ya había dejado de reír.

-No, estoy bien -Sonrió, pero fue una sonrisa nostálgica. No sentía frio pero sin darse cuenta, cuando pensaba en Daniel, trataba de cobijar su cuerpo ante las descargas que causaba el dolor emocional que llegaba a ser físico, aquella típica punzada en su pecho.

-Bien, sigamos, tienes que ponerte en forma. En cualquier momento puede surgir otra competencia y con tu desempeño de la otra vez deberían incluir a las mujeres en el concurso.

Estuvieron alrededor de media hora en el lugar, haciendo piruetas de todo tipo, de vez en cuando se caían pero nada de qué preocuparse. Se dedicaron a pasarlo bien y, sobre todo, a reír.

Cuando Sam regresó a su casa se sentía con ganas de comer algo rico preparado por su madre. Hace mucho tiempo que ella de vez en cuando le preparaba comidas ricas, pero como Sam no estaba de humor ni para comer pues no lo hacía y subía directo a su cuarto, a encerrarse. Dejó las llaves en el recibidor, caminó por el angosto pasillo que al final daba a las escaleras, pero se desvió hacia la puerta a la izquierda, la de la cocina. Había otra puerta a la derecha, de hecho eran dos de vidrio granulado con marcos de madera oscura y brillante, siempre estaban abiertas y llevaban al salón y a un comedor bien grande.

-Hola, mamá -Saludó cuando llegó a la cocina.

-¿Vas a comer? -Fue lo primero que pregunto, con los ojos muy abiertos que expresaban su sorpresa.

-Sí, ¿preparaste algo rico?

-Mmmm, no lo sé, si te gusta...el pie de limón -De la encimera saco un gran plato con trozos ya cortado de pie para llegar y comer.

-¡Sí! -Gritó y se acercó a la mesa de la cocina, se sacó el bolso por la cabeza y ni siquiera se tomó la molestia de dejarlo en algún lugar específico, cayó al suelo pero su madre fue a recogerlo y a dejarlo en el respaldo de su silla.

-Está exquisito -Dijo Sam con toda la boca llena.

Su madre se sentó junto a ella y la observaba mientras comía, sentía que algo en su hija había cambiado, ya no se le veía desmotivada y con el rostro sombrío, ahora un humor diferente se visualizaba en ella. Le acarició el cabello que ahora llevaba más largo, llegándole hasta el final de la espalda.

-¿Quieres un té? -Le preguntó luego de un rato.

-¡Sí! -Iba en el segundo trozo de pie pero no se sentía para nada saciada -¿Dónde está cosa 1 y cosa 2? -Preguntó extrañada por no ver a sus hermanitos gemelos, los llamaba así aludiendo a los personajes de Dr. Seuss.

-No los llames así, Sam -No sonó para nada enojada puesto que si estaba bromeando eso quería decir, sin duda alguna, que Sam estaba cambiando, mejor dicho volviendo a ser la misma de siempre -Están arriba jugando...ahora que los mencionas, esos dos están demasiado callados, algo deben estar haciendo.

En ese minuto la puerta de entrada se abrió y a los pocos segundos su padre apareció por la cocina. Sam se fijó en las ropas de su padre, tenía ese aire juvenil todavía que no lo abandonaba, la camisa afuera con los primeros botones desabotonados y la corbata aflojada. Siempre su padre llegaba así pero ahora que había pasado por alto todos esos detalles habituales durante los últimos meses era como verlo por primera vez.

-Hola pequeña -Le dio un beso a Sam en la cabeza y luego fue hacia su esposa y, como siempre, la atrajo por la cintura hacia él para darle un beso en los labios.

Sam los miró por un segundo pero luego apartó rápidamente la vista, era demasiado doloroso ver cualquier demostración de cariño en cualquier pareja. Su madre se acercó luego para servirle el té.

-Álvaro, ¿también quieres uno? -Le preguntó a su marido.

-Sí, gracias. ¿Dónde están cosa 1 y cosa 2?

-Arriba -Respondió Sam riendo, más que nada al ver la expresión de disgusto que demostraba su madre.

-Ve a verlos o diles que bajen, estoy segura que en algo andan, están muy callados.

Su padre subió las escaleras y luego solo escucharon un golpe sordo en el suelo, como si algo de gran peso hubiese caído sobre este. Luego las risas estridentes del padre de Sam y los gritos agudos de sus hermanos.

-¿Pero qué...? -Su madre salió disparada escaleras arriba y Sam decidió seguirla, seguro sus hermanos estaba montando un espectáculo típico de ellos así que no se lo perdía por nada.

Cuando llegó al segundo piso estalló en risas, era imposible no hacerlo. Su padre estaba tirado en suelo, aparentemente había caído en la trampa que sus hermanitos le tendieron. Habían dejado muchas canicas en el suelo debajo de la larga alfombra tendida sobre el pasillo, entonces cuando las pisó se fue de espaldas y luego los gemelos corrieron desde su habitación para saltarle encima, riéndose de él. Ahora le hacían cosquillas a su padre haciéndolo implorar para que pararan.

-Al, ¿estás bien? -Preguntó su madre, hincándose para tomar la cabeza de su esposo y depositarla sobre sus piernas.

-Me dolió el culo... -Se giró levemente para sobarse la parte baja de la espalda.

-No digas esa palabra enfrente de los chicos, llámalo...trasero por ultimo.

-¡¡Culo, culo, culo, culo, culo!! -Comenzaron a gritar Lucas y Matías al mismo tiempo, dando saltos y moviendo los brazos para todas partes.

Sam se apoyaba en una pared que tenía muchas fotografías de la familia y al medio una mesita con flores, se apretaba el estomago de tanto reír, hace mucho tiempo que no se reía con tantas ganas, llegaban a salirle lagrimas. Tampoco recordaba desde cuando no lloraba por algo que no fuera pena y angustia.

-¿Ves? Si les prohíbes algo es obvio que harán todo lo contrario, mejor no decirles nada -Su padre se levantó de a poco, la miró un segundo cuando ya estuvo de pie -Pequeña, estas riendo -Se acercó a ella y la abrazó por largo rato, acunando su rostro en su pecho.

-Ya, es hora de acostarse, vamos a la cama -Su madre se llevó a los gemelos de la mano hacia su habitación aunque seguían gritando.

-¿Tanto lo querías? -Se separó un poco de ella para poder mirarla a la cara, sentía que ahora ya había pasado el tiempo suficiente como para tener esa conversación con su hija, además ahora parecía estar de mejor humor.

-Si -Respondió bajando la mirada, nuevamente sintió ese dolor en su pecho.

-No quiero verte mal como antes, cuando parecías una persona completamente diferente. Cada vez que alguien te nombra a Daniel o menciona algo relacionado con él tu mirada cambia y te aferras a ti misma, como lo estás haciendo ahora.

Sam se sorprendió, pensó que aquellos gestos pasaban desapercibidos para cualquier persona, pero al parecer a su padre no lo engañaba, y supuso que a su madre y amigos tampoco. Simplemente no se lo iban a decir porque eso desencadenaría mucho más sufrimiento en ella, pero ahora se sentía diferente, por lo menos no tenía las histéricas ganas de llorar ni de correr a encerrarse en su pieza.

-Nunca voy a dejar de sentir pena, siempre lo extraño pero quiero recordarlo -Miró a su padre a los ojos -Quiero recordar todos esos buenos momentos sin sentirme mal y quiero seguir con mi vida, como se lo prometí a Daniel.

-Entonces... ¿ya lo habían conversado? -Preguntó sorprendido. Era mucho más difícil y complicado predisponerse a una situación como esa, pensando en el futuro sin la presencia del otro.

-Sí, un par de veces.

-Nunca te quitas este collar -Su padre quedó mirando el anillo que colgaba de su cuello y lo tomó entre sus dedos. Aquel singular colgante era regalo de Daniel, un anillo que había encontrado en una caja de cereal cuando era pequeño pero que ahora se había transformado en uno de los objetos más preciados por Sam, además de su diario.

-Nunca me lo quitaré -Sentenció sumamente segura de sus palabras. De hecho, algunas veces hasta para dormir lo usaba.

-Debes estar cansada -Sam asintió -Has cambiado, pequeña...y ya no sé si llamarte así -Rió. -Has crecido mucho en estos meses.

-Gracias, papá. -Le dio un abrazo bien apretado y luego se fue a su cuarto. Antes de cerrar la puerta le dio un último vistazo a su padre, que le sonreía orgulloso.

Caminó hacia su ropero, donde guardaba secretamente su diario de vida. Se sentó en el escritorio y hojeó con lentitud las últimas páginas que había escrito las dos noches anteriores. Encendió la laptop para poder escuchar música, además hace mucho que no hablaba con su amiga Andy así que decidió llamarla en caso de no encontrarla conectada.

Se quedó leyendo una parte en particular, recordó cuando su abuela le había llevado muchas tartas de fruta y aquellos brownies especiales. A veces tenía la convicción de que su abuela se había quedado estancada en los años sesenta cuando no le importaba absolutamente nada más que sentirse libre y vivir en armonía con la naturaleza. Ahora que la edad le pasaba la cuenta y sufría de vez en cuando de dolores musculares y de huesos, se dio cuenta que los remedios convencionales no le causaban mejora, así que se decidió por volver a consumir cigarrillos de marihuana como en su época dorada. Su madre se ponía histérica cuando la encontraba fumando, su abuelo la adoraba y también le recordaba aquella época que pasaron juntos, su padre era indiferente frente al tema, sus hermanitos no tenían idea y ella, bueno ella entre que se reía y le parecía algo extraño. Fue ese día que sus abuelos fueron a visitarlos, cuando le pasó el evento más tragicómico de su vida.

Desayunó los brownies que su abuela había preparado, pero Sam no tenía idea que eran para sus padres y que estaban preparados con la receta especial de su abuela, con unas hojitas o especias particulares. En el colegio había hecho el loco todo el día, en el recreo se lo pasó bailando, cantando y haciendo piruetas, incluso fue capaz de darle a Daniel el primer beso entre ellos. Por suerte solo sus amigos sabían la verdad y, más tarde, se lo contó todo a Daniel, que encontró que su abuela era única.

Levantó la vista y miró la pantalla de la laptop. Tenía unos cuantos mensajes en su bandeja de entrada y una solicitud de amistad. Revisó de quien se trataba y casi se le cae la mandíbula de la impresión.  

-¿Y este idiota que pretende? -Se preguntó a sí misma.

Álex le había enviado una solicitud para que ella lo agregara entre sus contactos. Achicó los ojos y lo meditó un momento, no aceptaría de inmediato, se tomaría su tiempo, emitió una leve sonrisa maliciosa al decidir aquello.

Andy estaba conectada así que le habló de inmediato. Conversaron de todo, por supuesto que le preguntó que como se encontraba y también se percató de que estaba cambiando. Sam ya no le daba respuestas cortas como "sí" y "no", ahora agregaba más palabras y le habló acerca de su día. Omitió lo relacionado con Álex, no le tomó real importancia, además a su amiga le había gustado desde que el chico llegó al colegio, a principio de ese año, pero él nunca la tomó en cuenta.

Pero entonces Sam recordó a ese amigo o quizás no tan amigo de Andy, Nate. Al cual conoció cuando la chica la invitó a ella, Pablo, Carla y Daniel a su nueva casa. Entonces se juntaron con los nuevos amigos de Andy. Sam le preguntó cómo iban las cosas con él, porque bien sabía que su amiga mantenía una cierta atracción hacia Nate, aunque la mayor parte del tiempo se lo pasaban discutiendo por cualquier tontera y, a pesar que la junta más tarde se transformó en fiesta y duró pocas horas, fue testigo de eso.

Andy le contó los últimos sucesos, cuando había pillado a Nate discutiendo con alguien por teléfono. Entonces su pusieron a rebuscar un montón de hipótesis acerca de que sería ese misteriosos secreto del chico y que, de vez en cuando, lo hacía faltar a clases, cosa que antes nunca hacía.

-¿Drogas? -Preguntó Sam, la cosa más lógica en estos casos, cuando hay cambio de actitudes normales. Claro que en su caso se debía a la muerte de Daniel.

-No lo sé, puede ser una opción. Anda abstraído en su mundo, mucho más que antes. -Ahora que lo pensaba, podía ser una opción viable, pero esperaba que no fuera eso.

-¿Y porque no se lo preguntas?

-¡Ni loca! A mí sobre todo no me lo diría ni aunque lo amenazara y aun en ese caso yo creo que le daría lo mismo. No se lo ha contado ni a Julián que es su mejor amigo.

-Si te dedicaras a conocerlo en vez de pelear con el...

-Es un insoportable. -Andy sabía que si se comportaba toda simpática con él se reiría en su cara y no sacaría nada.

-Inténtalo.

Andy lo pensó un momento. Dejar de pelear con Nate y comenzar a actuar con madurez. La verdad, ahora que lo pensaba, no le parecía una idea tan descabellada, quizás si lograba ganarse su confianza podrían llegar a ser amigos y eso era algo que, muy en el fondo, le atraía bastante.

-Lo intentaré -Sentenció.

 

 

End Notes:

Si quieren saber como es Tom visiten mi blog, hay una entrada con una foto de como seria: https://southernhistories.blogspot.com/2010/08/tom.html

Y de Álex con cara de Ringo: https://southernhistories.blogspot.com/2010/08/alex-starr.html

Altiro subo el prox!

End Notes:

Si quieren saber como es Tom visiten mi blog, hay una entrada con una foto de como seria: https://southernhistories.blogspot.com/2010/08/tom.html

Y de Álex con cara de Ringo: https://southernhistories.blogspot.com/2010/08/alex-starr.html

Altiro subo el prox!

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Capítulo 3: Cambio de estrategia.

 

Andy estaba en la cafetería, fue una de las primeras en llegar puesto que sabía que Nate almorzaba rápidamente para toparse con la menor cantidad de gente posible, era un antisocial de tomo y lomo, definitivamente. Lo vio en la barra, miraba hacia el interior del mostrador, parecía que se estaba decidiendo por qué comer, aunque Andy ya sabía que al chico le encantaba la comida a base de muchos carbohidratos, si le ponían una ensalada y una hamburguesa con papas fritas para elegir seguramente se inclinaría por la segunda opción. Mientras pensaba todo esto en una fracción de un segundo, se dio cuenta que sabia muchos detalles de Nate de los que ni siquiera se había dado cuenta.

Suspiró, haciendo un leve movimiento con sus hombros y tomó la determinación de ir hacia la fila, no había nadie al lado de Nate, era su oportunidad de oro. Caminó con tranquilidad, pero de todas maneras se tropezó justo cuando llegaba a la barra y tuvo que

Dibuja de nuevo mi sonrisa by southerngirl

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