Fanfic Es
Fanfics en español

Día de fiebre por Fox McCloude

[Comentarios - 1]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Castillo de Hyrule…

¿Por qué ahora? De todos los días, ¿por qué precisamente tuvo que ser hoy cuando la atacó esa fiebre, que la estaba obligando a quedarse dentro del castillo guardando cama?

Zelda no era una niña malcriada que hacía berrinches. Desde muy pequeña, la habían educado para mantener siempre la compostura y la dignidad propia de la heredera del trono de Hyrule. Incluso cuando le ocurrían infortunios o cosas que no le gustaban, no perdía jamás el control.

Pero eso no quería decir que tuviera que gustarle su situación. Hoy era el festival de la ciudadela del castillo, y como todos los niños de su edad, estaba emocionada por asistir. Y ahora, por culpa de esta fiebre, no podía hacerlo, pues el médico le dijo que debía descansar y quedarse en cama para evitar riesgos, o contagiar a otros niños.

- Qué aburrimiento… – dijo mientras se dejaba caer sobre su almohada. Hoy sería un día muy largo, si se lo iba a pasar en su cama, esperando a que le trajeran la comida y las medicinas, sin nada más que hacer, sin nadie con quién hablar…

*¡KNOCK, KNOCK, KNOCK!*

El golpeteo en su puerta la sacó de su autocompasión. Seguramente debía ser el médico para hacerle el chequeo habitual, así que avisó que podía pasar, sin muchas ganas, solo lo suficientemente alto para que se oyera del otro lado de la puerta.

Para su sorpresa, no era el médico, sino Impa, que al abrir la puerta parecía asomarse con cautela al cuarto, sin abrirla totalmente. Pero había algo inusual en ella; la mujer estaba… sonriendo.

- ¿Princesa? Alguien vino a visitarla. Dice que tiene un regalo para que se mejore más pronto.

- ¿Un regalo? – preguntó Zelda. – ¿Para mí?

Impa abrió la puerta del todo, y detrás de ella entró alguien más. El niño de doce años, de cabellos rubios y con un suéter verde y gorro del mismo color, llevaba una pequeña mochila en su espalda que parecía estar llena a reventar. Esa sonrisa radiante y esos vibrantes ojos azules, sin embargo, eran más que suficientes para sentir que le iluminaban el día.

- Hola, Zelda. ¿Cómo te sientes? – dijo mientras se le acercaba cogiendo una silla para sentarse junto al borde de la cama.

- Me… siento bien, dentro de lo que cabe. – dijo ella tratando de sonreírle. – ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el festival?

- Sí, pero… pensé que estarías muy aburrida aquí encerrada. Y que no era justo que fueras la única que se lo pierde. Así que vine a hacerte compañía.

Si no fuese porque no quería contagiarlo, y apenas tenía fuerzas para expresarlo, la heredera se habría lanzado a abrazarlo en ese momento de pura gratitud. Ella sabía que Link esperaba ese festival tanto como ella, y supuso que no se lo perdería por nada del mundo. Se sintió a partes iguales culpable de que el chico se perdiera el festival por culpa de ella, y conmovida de que decidiera hacerle compañía.

- Los dejaré solos. – dijo Impa dirigiéndose hacia la puerta. – Link, tienes permitido hacerle compañía a la princesa, pero limita el contacto. No quisiéramos que te enfermes tú también.

- Sí, señora.

La mujer cerró la puerta, dejando a los dos niños a solas. Link cogió una silla cercana para sentarse junto a la cama, lo más cerca que podía de Zelda sin molestarla y respetando la regla de "limitar el contacto". Mientras él se quitaba la mochila y se disponía a abrirla, Zelda tuvo que hacer un esfuerzo para decir algo. Ayer casi no podía hablar, y hoy todavía sentía algo irritada la garganta, pero sentía que debía decirlo.

- No tenías que perderte el festival por mí. – le dijo.

- Ah, la verdad estaba siendo muy aburrido ir sin ti. – replicó el chico despreocupadamente. – Te traje algunas cosas para que pases el tiempo. ¡Como esto, mira!

El chico sostuvo frente a ella un libro que identificó de inmediato por su portada. "Las Máscaras del Sol y la Luna", una novela romántica que había estado leyendo, pero no había podido terminarla, y con el festival acercándose se le había olvidado.

- Gracias, me recordaste que tengo que terminar de leerlo. – dijo mientras lo tomaba, abriéndolo y hojeándolo para buscar el último capítulo que había leído mientras Link sacaba algunas otras cosas.

El chico había traído, además de la novela, una tabla y unos trozos de carboncillo para dibujar, una cajita de música, unas figuritas coleccionables de animales y criaturas de Hyrule, y algunos dulces que se vendían en el festival. De nuevo se sintió algo culpable de ver que seguramente él habría pasado apuros reuniendo todas esas cosas solo para animarla y hacer que se sintiera mejor.

- Ah, pero este es el mejor de todos. – dijo el chico, sacando un contenedor sellado al vacío.

Al tomarlo, Zelda la sintió algo fría, y al abrirlo se dio cuenta del porqué. Adentro había un postre helado cubierto de sirope de varios colores y sabores, e incluso con una cuchara ya lista para comer.

- Cuando tienes fiebre, lo mejor que puedes hacer es mantener el frío. No sabía de qué sabor te gustaría, así que te compré uno múltiple.

- Sí, me encanta. – dijo mientras probaba un bocado. Fue muy refrescante y le sirvió para contrarrestar el ardor de su fiebre. – Seguro debiste gastar mucho en todo esto.

- Ah, no importa. Lo que sea para que mi mejor amiga se sienta mejor. – dijo con una gran sonrisa.

Mientras se comía su postre, Zelda también sonreía. El chico amablemente se ofreció a leerle la novela mientras ella comía con calma, lo que sin duda le hizo olvidarse de su enfermedad. Aun así, hizo una nota mental de agradecérselo y retribuírselo apropiadamente después, cuando estuviese bien para salir de la cama. De hecho, la novela le había dado muchas ideas de cosas que le encantaría hacer con Link, tanto en el futuro cercano, como en el distante.

Tal vez no pudo ir al festival, pero por pasar un rato con su mejor amigo de este modo, la fiebre no había resultado algo tan malo como se imaginó.

FIN

Notas finales:

¿Qué tal, gente? Bueno, bueno, aquí vengo con otro minishot. Regalito para mi querida compañera Goddess Artemiss, que estos días estaba un poco agotada y pensé en darle algo para subirle el ánimo. Seguro todos hemos tenido esos días, estamos tan enfermos que no podemos ni levantarnos, y no hablemos de cómo debe estar ahora mismo. En esos días, no hay nada como tener a alguien querido haciéndonos compañía, eso hace un mar de diferencia para hacernos sentir mejor.

Ahora, si alguien pregunta, estos Link y Zelda no son ninguna encarnación en específico, aunque quizás estuviera pensando mayormente en los de The Minish Cap, que son amigos de la infancia y toda la cosa. Y ya que tenía metido el gusanillo de los festivales (por estar trabajando en el oneshot del Festival de Invierno para Navidad), supuse que podría utilizarlo como temática para algo rápido, sencillito y dulce. Además que hace mucho que no los escribo cuando son niños, todavía algo inocentes pero ya con sentimientos que algún día florecerán cuando se hagan mayores.

En fin, espero que haya sido de su agrado. y hasta la próxima, cuídense mucho allá afuera ;)

Usted debe login (registrarse) para comentar.