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Escrita en el agua por LDGV

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Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Escrita en el agua

Acabando con la soledad que reinaba en aquella pequeña cabaña, una serie de pasos, haciendo crujir el piso de madera, puso de manifiesto de que el propietario de aquel sitio se hallaba de vuelta en su hogar. El sol, ocultándose lentamente al teñir el horizonte con tonos rojizos y anaranjados, le dio la bienvenida antes de irse, en tanto Shinji, con fatiga, avanzaba hacia el cuarto de baño al final del pasillo.

Cerrando la puerta detrás de él, abriendo la llave del grifo para llenar la bañera, el otrora piloto de la desaparecida Unidad 01 escuchó sus huesos crujir mientras se desvestía; asimismo, mirando su reflejo en un espejo colgado en la pared, Shinji no apartó la mirada de su rostro agotado y sudoroso. Fue un día largo y pesado, pero al ver las caras felices de los aldeanos, para Shinji, el duro trabajo, valió la pena.

Con lentitud, soltando un sonoro suspiro de alivio, Shinji se dejó consumir por la helada sensación que lo rodeó al ponerse cómodo en su tina. Poco a poco, sacándole aprovecho a la relajación que el agua fría le ofrecía, Shinji comenzó a masajear sus brazos adoloridos, sintiendo, casi de inmediato, como su espalda cansada también le exigía su atención al padecer dolores similares.

Habiéndose establecido en la Villa-3 hacía más de dos años, Shinji, con desilusión, veía como a pesar del tiempo seguía sin acostumbrarse completamente a una vida de campo, la cual, demandándole gran esfuerzo físico, evidenció que nunca fue alguien fornido. Aún así, en comparación con el pasado que dejaba atrás, Shinji, con optimismo, no se quejaba y agradecía esta nueva oportunidad que le fue dada.

Sin embargo, sin olvidar los nefastos errores que la inmadurez y el miedo le hicieron cometer, tal oportunidad significó también que debía encarar todas y cada una de las consecuencias que sus acciones trajeron para el mundo. Para su fortuna, no encontrando el aplastante rechazo y odio que temió en un comienzo, el apoyo de Toji y sus otros amigos le hizo saber que era uno más de ellos.

La ducha purifica la mente y el alma…

Como si de un lejano eco se tratase, escuchando la voz de Misato resonando en sus más profundos recuerdos, Shinji evocó cuando llegó a la residencia Katsuragi después de su batalla inaugural con el Eva 01. En aquel entonces, no estando acostumbrado a vivir con una mujer, sumado a su bajísima autoestima, para Shinji fue un gran reto convivir bajo el mismo techo junto a alguien como Misato.

Pero más allá de aquellos desafíos iniciales, convirtiéndose en lo más parecido que tuvo a una madre, Misato fue su pilar donde apoyarse cuando no contaba con nadie más a su lado. Por ello, todavía sin asimilar su ausencia, Shinji la extrañaba en demasía. No obstante, sirviéndole de consuelo, Shinji rememoraba aquel último abrazo que compartieron previo a separarse para enfrentar sus destinos.

Era por Misato y por sus padres, que Shinji, por más agotador que fuese, se levantaba por las mañanas con el deseo sincero de encontrar la mejor versión de sí mismo, tanto para él como para los demás.

Un nuevo génesis…

Viendo su ocaso llegar, Shinji le correspondió sus sentimientos a Asuka, le agradeció a Kaworu por sus intenciones y le deseó mucha felicidad a Rei. Enseguida, tan pronto como se despidió de ellos, dando por un hecho que moriría, Shinji se dispuso a sacrificarse con el propósito de reparar los daños causados tanto por él como por su padre. Empero, cambiando sus planes por completo, una silueta lo detuvo.

Incluso ahora, más de un año después de aquel día, Shinji todavía podía sentir el empujón que su madre le dio al alejarlo de la lanza con la que pretendía atravesarse a sí mismo. Hubiese querido tener aunque fuese un minuto más con ella, tenía tantas preguntas por hacerle, pero al verla sonreír, con su padre abrazándola, Shinji se vio obligado a aceptar ese súbito adiós que se estaban dedicando en silencio.

Lo que sucedió luego de eso, por más que se esforzaba en recordarlo con exactitud, continuaba encarnando un misterio casi indescifrable para él al no lograr unir todas las imágenes mentales que se proyectaron ante él. Recordaba haber visto el planeta restaurándose, cuyos océanos, pasando de rojos a azules, fueron secundados por un frondoso verdor que borró la contaminación carmesí de los suelos.

Un mundo donde todos podamos vivir…

A pesar de mantener sus labios cerrados mientras la Tierra era renovada, Shinji, oyendo su propia voz reverberando en el ambiente, acabó de observar cómo su anhelo se cumplía motivándolo a delinear una reluciente sonrisa en su faz. Pronto, notando un inusual hormigueo estremeciéndolo, Shinji, mirándose a él mismo, vio cómo iba desvaneciéndose tornándose cada vez más translúcido y transparente.

Justo cuando estaba por desaparecerse en su totalidad, alzando la vista, Shinji contempló a sus padres sonriéndole al darle su bendición antes de verlo partir. Al pestañear, siendo sólo un diminuto engranaje más en la gigantesca maquinaria que conformaba al universo, Shinji vio como la realidad misma se borraba y se escribía, en la que será, en definitiva, la experiencia más surrealista que viviese jamás.

Al recobrar la conciencia, sintiendo la vigorosa luz del sol golpeando de lleno sus ojos, Shinji se encontró tumbado en las orillas del lago que alimentaba con agua fresca a la Villa-3. No avistó señal alguna de las Unidades 01 y 13, sus progenitores tampoco se hallaban allí con él. Era cierto que no entendía ni entenderá todo lo acontecido, pero al menos para Shinji, era obvio que no verá a sus padres nunca más.

Con ese pensamiento consagrándose en su mente, no sabiendo cuánto tiempo llevaba ahí tendido, Shinji ansiaba obtener respuestas a sus interminables cuestionamientos; sin embargo, el cómo llegó hasta allí dejó de importarle cuando se examinó a sí mismo, llevándose, con gran impresión, la primera de las varias sorpresas que se avecinaban para él.

¿Por qué me veo así?

Levantando una mano, sacándola del fondo de la bañera donde permanecía sumergido, Shinji recreó aquel momento, mirando, con quietud, como aquella extremidad lucía más grande de lo que solía ser. Aquella no era la mano de un niño, ni la de un adolescente, era la mano de un hombre adulto. Tal desconcertante hallazgo lo enmudeció, fue como si hubiera despertado dentro de otro cuerpo.

Y en cierto sentido, así fue.

Poniéndose de pie, notando que era más alto, las dudas que Shinji pudiese tener terminaron de despejarse al comprender que efectivamente se trataba de él, pero mucho más mayor de lo que era. Su ropa, mostrándose rasgada y rota, fue otro elemento más que confirmó su crecimiento abrupto y repentino. Tal y como sucedió con Asuka, Shinji, luciendo su edad real, finalmente alcanzó la adultez.

Pero sin darle la calma necesaria para que asimilase todos los cambios, una opresión en su garganta, dificultándole respirar con normalidad, le robó el aliento haciéndole temer que su nueva existencia sólo fuese un sueño fugaz. Shinji, palpando con sus dedos la gargantilla que traía puesta, recordando que él había aceptado ponérsela previamente a luchar contra su padre, pensó en pedir ayuda de inmediato.

Mirando en sus cercanías, no encontrando a nadie más en aquella zona, Shinji comenzó a desesperarse al creer que jamás podría quitarse ese artefacto explosivo de su cuello; no obstante, considerándolo como un verdadero milagro en la actualidad, dicho artilugio se abrió sin dificultad justo cuando trató de quitárselo. Una vez que éste se desbloqueó, Shinji, respirando con ímpetu, se lo arrancó de un tirón.

Aquel collar, siendo una representación tanto simbólica como material de su pasado como piloto, era el último vestigio de aquella faceta que, luego de un turbulento viaje, al fin podía dar por terminada. Shinji sostuvo aquel aparato por lo que le pareció una eternidad, y al estar listo para hacerlo, sin titubear, lo arrojó con todas sus fuerzas hacia el lago frente a él, cerrando, para siempre, aquella página de su vida.

No tenía la menor idea de qué pasará con él ni qué hará ahora; aún así, gozando de una libertad que nunca antes había ostentado, Shinji se mantuvo callado dándole un vistazo más minucioso al paisaje circundante que lo acogía. Observó los numerosos árboles bailando con el viento, escuchó el canto de las aves volando por encima de él y sintió la brisa acariciando sus cabellos. Era bellísimo; era precioso.

El cielo despejado, tan azul como la cabellera de Ayanami, se reflejaba impoluto y diáfano en la delicada superficie de la enorme masa de agua que yacía ante sus ojos. Precisamente, hipnotizado por aquel hermoso lienzo, Shinji caminó hacia sus márgenes mirando con curiosidad como su imagen, cada vez con más nitidez y claridad, se fue delineando en aquel cristalino espejo al acercarse.

El Shinji de hoy, comportándose como su yo de ese entonces, bajó su mirada viéndose a sí mismo al reflejarse su rostro en la bañera. Sus rasgos únicos y característicos seguían allí; empero, habiendo ganado un mentón más marcado y una expresión envejecida, Shinji creyó, por un instante, que estaba mirando a su padre. El parecido entre ambos era más que asombroso, eran casi idénticos.

Sin embargo, no eran iguales. No sólo en su apariencia; sino también, en sus convicciones. El Comandante de Nerv, incapaz de superar la ausencia de su esposa, se dejó devorar por la desesperanza arrastrando a la humanidad entera a su casi extinción en su afán de reencontrarse con ella. Shinji, en contraparte, eligió el camino de la esperanza a costa de entregarse, sin vacilar, como ofrenda.

Dicho altruismo, premiándolo con una segunda oportunidad, era la razón que lo llevó a aparecer ahí. Así pues, habiéndose hartado de sentirse solo por casi toda su vida, Shinji, sin más demoras, se dio la vuelta emprendiendo la marcha a gran velocidad hacia el corazón de la aldea. No le importó que sus ropas lo hiciesen ver como un demente, solamente deseaba asegurarse que Asuka y los otros estuviesen bien.

Mientras corría, tomando el mismo sendero que usaba a diario desde la casa de Kensuke cuando quería esconderse y no ser visto, Shinji se percató que los pilares de contención permanecían apagados al ya no ser necesarios; igualmente, el muro escarlata que delimitaba el perímetro del asentamiento de sobrevivientes y que mantenía a raya a los errantes, desapareció volviéndose no más que un recuerdo.

¿Dónde estamos?

¡Estoy vivo!

¿Qué demonios fue lo que sucedió?

Sus piernas hicieron una parada no planeada a raíz de la monumental visión que se plasmó frente a él, lo que vio una vez que tuvo al poblado a la vista hizo palidecer sus observaciones anteriores. Cientos, miles de personas, cuyas expresiones de confusión y asombro manifestaban la desorientación que padecían, se preguntaban entre sí qué había ocurrido y dónde se encontraban al ver las ruinas que los rodeaban.

Shinji no lo supo en ese momento, pero más adelante descubrirá que aquellas personas eran las que "murieron" durante los Impactos que azotaron a la Tierra casi quince años atrás. Sus almas, permaneciendo todo ese tiempo atrapadas dentro de los errantes, fueron liberadas al fin cuando sus padres, al consumarse el Impacto Final, erradicaron de la existencia a todas las Unidades Evangelion.

Los habitantes de la aldea, pasmados e impresionados por lo que presenciaban, no daban crédito a la aparición de aquella multitud. Shinji, tan asombrado como ellos, se mantuvo quieto por unos minutos contemplando a la muchedumbre congregada desde la colina donde reposaba. Era tan grande el nivel del caos que regía en la villa que nadie lo notó, su presencia pasó desapercibida como si fuese invisible.

¿Alguien necesita asistencia médica? ¡Por favor, mantengan la calma!

Hubiese permanecido allí como una estatua si no hubiese sido por la voz de Toji, quien, fiel a su profesión, intentaba apaciguar los ánimos exaltados. Shinji, al verlo, recordando a una mujer en especial, enfocó su atención en la parte más alejada del pueblo donde se erguía la residencia Aida. Por ello, necesitando volver a verla, reanudando su andar, Shinji atravesó con prisa el mar de gente ante él.

Muchos, al pasar a su lado, lo miraron con extrañeza al ver su vestimenta destrozada y maltratada. De no haber sido por la sobrenatural cadena de eventos que recayó sobre cada uno de ellos, lo hubieran tachado de un loco que escapó de su cautiverio en algún manicomio; no obstante, no dándole ninguna importancia a las miradas y a los cuchicheos dirigidos hacia él, Shinji se ocupará después de su aspecto.

¡Asuka, Asuka!

Luego de una frenética carrera por escalar la alta ladera que se elevaba en su camino, Shinji, gritando el nombre de Asuka, divisó la cápsula del Eva 13 que fungió como bote salvavidas para la pelirroja, la cual, mostrando algunos golpes leves por su aterrizaje, se hallaba tirada a un costado de la casa de Kensuke. Por ende, sin pensar en otra cosa, Shinji apretó el paso acercándose a ésta tan rápido como pudo.

Shinji, tropezando con una roca, casi cayéndose, se asomó en su vacío interior comenzando a dudar de la supervivencia de Asuka. Cuando se vieron por última vez, en aquella onírica playa al desarrollarse la Instrumentalización, trató de memorizar hasta el más insignificante atributo de su faz al creer que su muerte era más que inminente. Esperaba, con franqueza, que su rostro aliviara el dolor de morir.

¡Asuka, Asuka!

Sobrevivir no formaba parte de sus planes. No se suponía que él se encontrase ahí; él debía haber muerto pagando el precio por sus equivocaciones, pero el destino, interviniendo, tenía otros designios para él. Así pues, volvió a llamarla hasta quedarse sin voz; aunado a eso, el agotamiento lo forzó a tomar aire acallando sus gritos, lo cual, al no hacer ruido, le permitió oír el rechinido de una puerta abriéndose.

¿Quién eres tú?

A sus espaldas, mientras recuperaba el aliento, Shinji no tuvo dificultades para reconocer al hombre que le pedía identificarse. Si bien nunca se caracterizó por ser alguien hostil ni agresivo, considerando la apabullante conmoción que sacudía a la aldea, Kensuke Aida no vacilaría en defender su hogar de cualquier desconocido que, al aparecer de la nada, pudiese representar una potencial amenaza.

No quiero hacerte daño, pero necesito que me digas quién eres.

Al voltearse, todavía muy agitado, Shinji se percató de la robusta llave inglesa que Kensuke traía consigo, y que emplearía, como arma, de ser necesario.

Soy yo, Shinji Ikari…

¿Qué?

Como era de esperar, Kensuke, dibujando una expresión de absoluta confusión e incredulidad, frunció el ceño sin apartar sus ojos de él.

¿Qué fue lo que dijo? –ajustándose los lentes, mirándolo de la cabeza a los pies, Kensuke no le creyó en un principio.

¡Soy yo, Shinji! –Impetuoso, habiendo recobrado la fluidez para hablar, Shinji le reiteró su respuesta tambaleándose hacia su viejo amigo–no sé cómo llegué hasta aquí, hace un minuto estaba con mis padres y luego aparecí junto al lago.

Titubeante, preocupándose por su propia cordura, Kensuke enmudeció al intercambiar miradas con su inesperado visitante. Durante los tres quinquenios que han transcurrido desde el cataclismo que casi acabó con todos, Kensuke, a pesar de poder escribir una larga lista de cosas imposibles que se hicieron realidad, no se encontraba preparado para atestiguar algo como lo que observaba en ese instante.

Shinji Ikari, su antiguo compañero de escuela, quien, después de una prolongada ausencia reapareció como el niño que era cuando se fue, ahora, literalmente caído del cielo, se mostraba ante él como el hombre que debía ser. Shinji, por otro lado, se tomó un segundo para que Kensuke procesase su aparición, al comprender, totalmente, la sorpresa que padecía al verlo con su renovada imagen.

¿Qué ocurre, Kenken? –Siendo su turno para volver a sorprenderse, Shinji, oyendo una voz muy familiar resonando desde la vivienda de Kensuke, desvió su atención hacia la entrada que se hallaba detrás de su camarada de anteojos– ¿por qué saliste con tanta prisa de la casa?

En tanto Kensuke se giraba hacia atrás, Shinji, pronunciando el nombre de Asuka en un suave susurro, la vio cruzar el umbral de la puerta para salir. Asuka, en una de sus manos, emanando una densa columna de humo, sostenía una taza caliente de té; asimismo, abrigándose con una gruesa manta, se unió a la afonía que ambos habían creado, al permanecer, inmóvil, luego de avanzar apenas unos cuantos pasos.

Era ella, tal y como la recordaba de su corta despedida. La Asuka cansada, delgada y con parte de su rostro cubierto por un parche, era solamente un recuerdo más. La Asuka que veía allí, resplandeciendo en libertad, era por fin la mujer que merecía ser en cuerpo y mente. Por ende, más allá de reconocer la preciosura que irradiaba, a Shinji lo que más le alegró fue comprobar que Asuka estaba viva y a salvo.

Me alegra mucho volver a verte, Asuka.

Dedicándole las mismas palabras que le dijo en aquella playa imaginaria, Shinji, hablándole directamente, miró como ella lo reconoció instantáneamente aunque ya no luciese como un mocoso. La pelirroja, abrumada por aquel reencuentro, dejó caer por accidente el vaso que sujetaba formando un pequeño charco humeante en el suelo. Enseguida, saliendo de aquel embrujo, Asuka caminó hacia él.

¿Estúpido Shinji, realmente eres tú?

– A veces me hago la misma pregunta.

Mascullando aquel comentario para sí mismo, sintiéndose de vuelta en el presente, Shinji tomó una profunda bocanada de aire antes de zambullirse completamente en el agua de su bañera. Permaneciendo sumergido, frotando sus cabellos y su cara, Shinji procuró retirar todo rastro de suciedad que trajese consigo, como resultado, de su largo día de trabajo, en los campos de cultivo.

Ser agricultor nunca fue uno de sus sueños; empero, al ser honesto, jamás tuvo sueños por los cuales aspirar. Siempre se sintió rechazado por la sociedad, pero no por obra de los demás, sino por sus miedos que le impedían unirse al mundo que lo rodeaba. No obstante, plantándose sobre sus pies con otra clase de mentalidad, Shinji anhelaba nutrirse con la calidez que únicamente otro ser humano podía brindar.

Tratándose de lo más cercano que tuvo a un padre, Kaji, por más que hubiese muerto hacía mucho, seguía representando, para Shinji, aquel ideal el cual emular en este nuevo horizonte que se extendió frente a él. Y si bien sólo fue en una efímera ocasión, sin olvidarse de aquella vez cuando lo acompañó a su huerto de sandías, Shinji quería ayudar a que la vida misma floreciese y se expandiese por doquier.

Por ello, cuando fue evidente que las provisiones de alimentos no serían suficientes para saciar el hambre de los muchísimos recién llegados, Shinji, sin dudarlo, se ofreció como un voluntario más para colaborar en las plantaciones. Igualmente, disfrutando de una las escasas actividades que lo llenaron de felicidad en su trágica niñez, trabajar como cocinero en el comedor comunitario lo bendijo con paz.

Si Toji era el doctor de la villa y Kensuke el mecánico que la mantenía en funcionamiento, Shinji Ikari, el mismo Shinji Ikari que condenó a millones con sus acciones, hoy en día, era quien más se esforzaba en llevarles comida a la mesa a cada uno de los aldeanos que residía allí. Le encantaría poder decir que todo aquello fue fácil de lograr; sin embargo, sus músculos adoloridos, le recordaban que no fue así.

Ya no pudiendo contener más la respiración, surgiendo desde las profundidades de su tina de baño, Shinji contempló gracias a una ventanilla a su izquierda como la luz del sol, menguando cada vez más deprisa, le cedía su trono a la brillante luna al caer la noche. Por más que el frío lo sacudió obligándolo a temblar, Shinji, demasiado cómodo como para salir, prefirió quedarse un poco más en las heladas aguas.

Sí, Asuka. De verdad soy yo.

El agotamiento acumulado lo indujo a cerrar los ojos, tal cosa, en consecuencia, lo arrastró de regreso hacia aquel maravilloso día cuando tuvo la fortuna de verla una vez más. En tanto Asuka se le acercaba con una mueca de total desconcierto, Shinji, dándose el lujo de mirarla con más serenidad, evocó aquellas horrendas imágenes mentales que, al llevarse a cabo la Instrumentalización, recibió sobre ella.

Al conocerla, muchos años atrás, no se demoró demasiado en entender que era una chica ruda, decidida, sin importar el costo, en ser la mejor en lo que sea. Era reservada y poco sociable, justamente como lo era él; no obstante, en ese entonces, ni siquiera era capaz de imaginar lo que se escondía detrás de ese semblante enfadado y orgulloso que, con agreste fervor, se afanaba en proyectar ante quien sea.

Incluso en ese momento, al estar cara a cara con Asuka de nuevo, Shinji no pudo encontrar las palabras adecuadas para expresarle la angustia y tristeza que sentía por el inmenso sufrimiento que ella toleró desde muy niña. Y padeciendo todavía más remordimiento al respecto, sin olvidarse que no hizo nada por salvarla cuando ella más lo necesitó, Shinji se vio instigado por la opción de atentar contra sí mismo.

Empero, rememorando el sacrificio de sus padres, Shinji comprendió que si ellos lo enviaron allí no era para lamentarse por sus pecados, aquello ya lo había hecho en demasía, sino que se hallaba ahí para seguir viviendo. Así pues, con gran timidez, un rasgo en él que quizás nunca desaparezca por completo, el otrora piloto de la Unidad 01 le obsequió la sonrisa más sincera que consiguió esbozar en sus labios.

¿Cómo es posible? –Aún sin salir de su asombro, Shikinami, como si estuviese parada frente a un fantasma, levantó una mano para tocarlo en una mejilla y comprobar que realmente fuese él–yo estaba segura que nunca más volveríamos a vernos; estaba convencida que habías muerto.

Yo también pensaba lo mismo, creí que jamás volvería a verte.

Asuka trató de decirle algo más; se esforzó por lanzarle uno de sus habituales insultos, pero le fue imposible. La emoción que la embargó fue más poderosa que su voluntad, incitándola, con todas sus fuerzas, a rodear a Shinji con sus brazos para abrazarlo. Aquello, tomando con la guardia baja a Shinji, no le impidió que él también le regresase el gesto, apretándola, contra su pecho, al compartir aquel abrazo.

Ahí, sintiendo la respiración de Asuka chocando contra la piel de su cuello, Shinji la escuchó llorar con ahínco. De ser un leve sollozo casi inaudible, sus lágrimas, mojándolo con rapidez, se convirtieron en un catártico llanto que expulsó de su interior el dolor que aún llevase consigo. Aquello impresionó tanto a Shinji como a Kensuke, quienes, conociendo la fría dureza que la caracterizaba, no se esperaban algo así.

Shinji, denotando la torpeza que padecía al no saber relacionarse con otros, no sabiendo qué hacer para consolarla, meramente se limitó a mecerla como si intentase sosegar a un bebé. Recordando el cruel pasado de Asuka, teniendo muy grabado el atroz sendero que ella debió recorrer, Shinji entendió lo sanador que era para ella, liberarse, por fin, de su rígida máscara de acero para poder mostrar debilidad.

Debilidad que, indudablemente, era una prueba irrefutable de haber recuperado su humanidad.

Además, escuchándola en sus memorias confesarle que estuvo enamorada de él, Shinji no olvidó su propia confesión, al admitirle, durante la Instrumentalización, que él también llegó a enamorarse de ella cuando vivían con Misato. Los dos, suponiendo que no tendrían un mañana, decidieron despedirse el uno del otro al creer que cualquier cosa entre ellos no era más que un lejano anhelo condenado a fallar.

Pero contra todo pronóstico, curando la última herida que les quedaba por sanar, se encontraban ahí compartiendo un abrazo fraternal. La guerra contra Nerv se terminó, los Evangelion dejaron de existir y eran completamente libres para escribir, sin que nada ni nadie pudiese detenerlos, su propio destino. Lo que viniese después de ese día, sea lo que sea que les deparase el futuro, lo agradecerán por igual.

Kensuke, quien se mantenía junto a ambos, se contagió del sentimentalismo que Asuka y Shinji transmitían al volverse a ver. Bajando la vista, mirando la pesada llave de tuercas que portaba, Kensuke la dejó caer al piso, al ver, con júbilo, como uno de sus más grandes amigos estaba de vuelta. Ya llegará la hora de hacerle miles de preguntas, por aquel breve instante, ninguna de ellas tuvo importancia.

Discúlpame por no haberte reconocido, Ikari. Para mí será un placer acogerte en mi casa de nuevo.

Sin soltar a la teutona que continuaba apegada a él, Shinji, girando su cabeza a un costado, se halló ante un Kensuke Aida sonriente que le tendía una mano. Agradecido con él, recibiendo el calor que la gentiliza y la compasión humana eran capaces de ofrecer, Shinji no dudó en extender un brazo para concretar aquel apretón. Así pues, al ser guiado por Kensuke, Shinji llevó a Asuka hacia la vivienda.

Era tan irónico que por tanto tiempo le tuviese miedo a la compañía de los demás. Era verdad que en ocasiones saldría lastimado al relacionarse con sus semejantes; sin embargo, tal y como ocurría en ese instante, al sentirse bienvenido bajo el techo de Kensuke, Shinji veía que era posible gozar de la alegría que se producía por estar con otros. Ante tal lección, Shinji, en sus adentros, les agradeció a sus padres.

– Ya llegó, comenzaba a creer que no vendría hoy.

El ruido de la puerta de su casa cerrándose, haciéndole arquear una ceja, provocó que Shinji dejara de recordar el pretérito para que se enfocase en el presente. Si bien mantuvo los ojos cerrados, simulando dormir, Shinji no se inquietó ni se alarmó por escuchar que alguien entraba en su cabaña. Tal suceso, siendo muy frecuente desde hace muchos meses atrás, no le hizo preguntarse de quién se trataba.

La identidad de su visitante, sin temor a equivocarse, la conocía a la perfección.

Crujiendo al ser pisado, rompiendo el silencio que reinaba en la modesta choza, el entablado de madera resonó a causa de una sucesión de pasos que, con confianza, fue acercándose hacia Shinji. El eco de aquellas pisadas fue ganando más intensidad a medida que se aproximaba al cuarto de baño, y luego de una cortísima espera, Shinji, quien seguía impasible, oyó como la entrada de la habitación era abierta.

Manteniendo una respiración tranquila, como si nada estuviese sucediendo, Shinji escuchó con claridad como aquella persona comenzaba a desvestirse al pararse junto a la bañera. Un par de pesadas botas, siendo las primeras en ser retiradas, chocaron contra el suelo al ser arrojadas; enseguida, cayendo a su alrededor, otras prendas de vestir más acabaron por llenar el reducido espacio circundante.

Poco después, todavía resistiéndose a reaccionar, Shinji se percató de como una pierna desnuda se sumergía en la tina antes de ser acompañada por otra más. No fue hasta al cabo de un santiamén, sintiendo el peso de un cuerpo femenino reclinándose suavemente sobre el suyo, que Shinji ya no pudo seguir manteniendo su actuación y se dispuso a hablar. Empero, ella, como siempre, se le adelantó.

– ¿Cómo estuvo tu día? –Asuka, moviéndose perezosamente, no le importó derramar algunas pizcas de agua al ponerse cómoda–mientras venía hacia acá, escuché que la cosecha de patatas fue todo un éxito. Debes sentirte muy orgulloso, sé que tú y Ayanami trabajaron mucho en plantar y cuidar los sembradíos.

Por más que ya hubiese tenido con anterioridad momentos como este con ella, todavía ruborizándose con levedad al sentir el roce de sus senos contra su pecho, Shinji, con calma, levantó sus brazos de los costados para rodearla con ellos. Al abrazarla, notando la larga y empapada cabellera rojiza que la adornaba, Shinji no se resistió y recayó en un viejo hábito que adoptó desde que sus visitas comenzaron.

– Nos fue muy bien, gracias por preguntar. Y estás en lo cierto, tuvimos una excelente cosecha de patatas que debería durarnos por al menos tres meses.

Jugueteando con sus cabellos, enredando los dedos en sus hebras al girarlos con cariño, Shinji sintió en ellos, gracias al tacto, los restos de aceite y polvo que dejó el largo día de trabajo que Asuka también había tenido. Por ello, buscando una artesanal y rudimentaria barra de jabón hecha en la propia aldea, Shinji, con delicadeza, empezó con otro de sus pasatiempos favoritos: cuidar y lavar esa melena carmesí.

Cuando se conocieron, al convivir en el departamento de Misato, Shinji fue testigo de cómo Asuka adoraba cuidar su imagen personal empleando toda clase de productos de belleza al presumir su vanidad. Entre aquellos cosméticos, otorgándole una estela perfumada que flotaba en el aire durante horas, un champú de frambuesas, con excesiva facilidad, la hacía resaltar sin importar dónde estuviese.

Más allá de ser una excelente piloto, queriendo que el mundo entero supiese lo grandiosa que era, Asuka Shikinami, dejaba, a su paso, una aura casi de la realeza con tal de ser notada por los demás. Tal conducta, en un principio, pudiese haber sido tildada de ser una simple fanfarronería; no obstante, al conocerla ahora sin mentiras ni secretos, Shinji sabía que todo eso no era más que un grito de ayuda.

Era un intento sutil por ser valorada y admirada por las masas; igualmente, por dentro, era un desesperado esfuerzo, por convencerse, a ella misma, de ser un auténtico ser humano y no el mero resultado de un experimento bélico orquestado en un laboratorio militar. Desgraciadamente para ella, teniendo él una gran cuota de culpabilidad, Asuka acabó por aceptar que no era más que un arma.

Al regresar de sus casi quince años de ausencia, al vivir con ella de nuevo en la morada de Kensuke, Shinji se dio cuenta que aquel afán por ser sobresalir mediante su hermosura ya no valía nada para ella. Asuka anhelaba la muerte, la ansiaba al sentirse agotada y harta de seguir luchando, ante esto, irremediablemente, la cascada escarlata que la coronaba fue perdiendo su fulgor y su grandeza.

Cualidades que Shinji, personalmente, se esmeraba en restaurar al aceptar su obligación al respecto.

– ¿Por qué siempre pierdes el tiempo haciendo esto? –Por más que intentaba sonar enfadada, como si odiase lo que Shinji hacía por ella, Asuka ni siquiera trató de detenerlo permitiéndole continuar–sabes que mañana volveré a trabajar y quedaré cubierta de grasa y polvo otra vez, no sirve de nada que me laves el cabello todos los días.

– Sé que mañana volverá a ensuciarse, pero me gusta lavarte el cabello. Lo disfruto mucho, ojalá tuviera más que una simple barra de jabón–sintiendo la espuma mezclarse entre sus manos al masajear su cabellera, Shinji, divirtiéndose genuinamente, le afirmó–no me he olvidado que antes solías cuidarlo en exceso, siempre usabas el mismo champú con aroma a frambuesa.

– Aunque quisiera volver a hacerlo, ya no existen tiendas ni supermercados dónde comprar una botella–enterrando el rostro en el cuello de Shinji, Shikinami, relajada por las atenciones que recibía de él, tuvo que luchar seriamente por no caer dormida–ya ni siquiera las fabrican, pasarán muchos años antes que las cosas vuelvan a ser como eran antes.

– ¿Qué tal estuvo tu día? –escuchándola bostezar, demostrando su cansancio, Shinji le planteó aquella pregunta mientras enjuagaba sus mechones enjabonados.

– Como todos los días: muy atareado. Desde que tomaron la decisión de enviar más expediciones hacia el Este, la demanda de vehículos y camiones no ha parado de aumentar–respondiéndole, agradeciendo por cada segundo de descanso que le ofrecían los brazos de Shinji, Asuka le comentó–gracias a los repuestos que Kenken tiene almacenados, Cuatro ojos y yo conseguimos reparar varios automóviles que estaban tirados en la chatarra. Ahora solamente necesitamos sellar los agujeros que tienen los neumáticos e instalarles los sistemas de baterías para hacerlos andar, tal vez en unas dos o tres semanas más estén listos para viajar.

– Ya veo, Mari y tú han trabajado mucho reparando esos viejos autos. Desde que la población de la aldea aumentó de golpe, Kredit ya no es capaz de abastecernos con más equipos y recursos. No queda más opción que volver a explorar el mundo…

Escuchándose a sí mismo, en tanto no detenía su labor de restaurar el brillo del maltratado cabello de Asuka, Shinji se vio arrastrado de regreso al caótico día cuando retornó a la villa. En aquel entonces, por mucho que odió tener que hacerlo, Shinji, separándose de Asuka con lentitud, la observó lucir más tranquila al acabar de desahogar gran parte de los sentires que aún llevaba con ella.

Ayudándola a tomar asiento en un sofá cercano, sentándose también en una silla no muy lejos, Shinji miró su rostro en un espejo que yacía entre las numerosas herramientas que poseía Kensuke. Al igual que le ocurrió poco antes cuando despertó a las orillas del lago, viendo con incredulidad su semblante más masculino y maduro, el propio Shinji se cuestionó si todo aquello no era más que una alucinación.

Sin embargo, volteándose hacia Asuka, quien, imitándolo, se giró en su dirección, Shinji sepultó hasta la más ínfima duda que intentase sacudirlo, convenciéndose, por completo, que realmente se hallaba allí. Así pues, habiéndose reencontrado, celebrándolo con un vigoroso abrazo, tanto Shinji como Asuka no tenían ni idea de qué hacer con sus vidas ahora que eran libres de no volver a pilotear un Eva jamás.

Ambos tenían entre manos un dilema casi idéntico, al cual, a su manera, encontrarán una solución distinta. Ella nació para ser piloto; fue diseñada y entrenada para realizar esa única tarea al estar bajo las órdenes de Nerv, sin saber, ni remotamente, que para Gendo Ikari fungiría como una pieza más al concretar su plan de exterminar a la humanidad, y poder así, al fin, reunirse con su esposa fallecida.

Shinji, quien solía darse el mismo valor de un insignificante insecto, encontró en el llamado de su padre la esperanza de acercarse a él y ser aceptado como todo hijo se lo merecía. Pero cuando tomó el tren que lo llevó a Tokio-3, nunca imaginó, ni en sus más demenciales pesadillas, que se vería involucrado en titánicas peleas entre robots gigantes y monstruos espaciales que harían temblar el suelo bajo sus pies.

Aquello sonaba tan irreal y a la vez tan verídico.

Lamento mucho no tener nada mejor que ofrecerte, Ikari, pero espero que esto sea de tu talla.

Interrumpiendo la conversación silenciosa que tenían con ellos mismos, Kensuke, volviendo luego de unos minutos en su dormitorio, reapareció ante Shinji y Asuka sosteniendo en sus brazos una montaña de prendas de vestir, la cual, con prontitud, colocó frente a ambos.

También pude encontrar este par de botas viejas que tenía guardadas, confío en que puedas ponértelas.

Eres muy amable, Kensuke. No tengo cómo agradecerte por tanta ayuda, estoy en deuda contigo.

Apenado por ser una molestia, Shinji, actuando como el niño que todos conocían, agachó la cabeza en tanto tomaba las vestimentas que Kensuke trajo para él. Empero, haciéndolo sentir mejor, Kensuke le sonrió disipando cualquier incomodidad que Shinji tuviese.

Si te hace sentir mejor, entonces estamos a mano. Yo sé que pasaron cosas malas que ahora no son necesarias recordar, pero yo no he olvidado las muchas veces que nos salvaste la vida cuando éramos niños–sacando a relucir su antiguo fanatismo por los Evas, Kensuke, recordando los viejos tiempos, se vio visitado por una reminiscencia en particular–aún recuerdo aquella vez cuando Ayanami y tú lucharon contra aquel octaedro volador que atacó la ciudad. No tienes idea de lo mucho que lamento nunca haber filmado con mi cámara aquella pelea, pero la tengo grabada en mi memoria.

Shinji, quien no recordaba ninguna de sus "hazañas" con aprecio u orgullo, solamente se redujo a sonreírle mientras procedía a seleccionar el atuendo que usaría. Asuka, también con la necesidad de cubrirse, extendió una mano hacia el montón de ropa apresurándose en escoger cualquier cosa. Habiendo recobrado su pudor, la pelirroja, muy apenada por su casi desnudez, quería vestirse pronto.

Cada uno de ellos, manteniendo el silencio, se movió en busca de un sitio donde cambiarse. Asuka, al estar rodeada por dos hombres, no se tardó en entrar en una de las alcobas cercanas cerrando la puerta detrás de ella. Shinji, decidiendo quedarse en compañía de Kensuke, hizo lo propio al quitarse la camisa rota que traía encima, riéndose, de sí mismo, al recordar las caras de los aldeanos al verlo vestido así.

Kensuke, por su parte, dándole espacio a Shinji para que se vistiese, se enrumbó hacia la estufa de su cocina con el propósito de calentar la tetera y servirles una bebida caliente a sus invitados. Así pues, empezando a aclimatarse a ser más alto, familiarizándose a su nuevo cuerpo, Ikari no tuvo problemas para ponerse los pantalones antes de atarse las cintas de su calzado, al sentirse, listo, para lo que fuese.

Al terminar, levantándose de su asiento, un pensamiento poderoso e irresistible surgió en él.

Quiero darte las gracias, Kensuke…

No te preocupes, Ikari. Si yo necesitase tu ayuda, sé que me ayudarías sin dudarlo–interrumpiéndolo, viéndolo ya vestido, Kensuke se volteó hacia Shinji a su vez que la tetera comenzaba a silbar.

No me refería a mí, Kensuke; sino a Asuka–acercándosele, mirándolo cara a cara al tener casi la misma estatura, Shinji aprovechó la ausencia de la germana para sincerarse con Kensuke sobre ella–sabes mucho mejor que yo todo lo malo que Asuka ha vivido en los últimos quince años; yo sólo puedo imaginarlo, pero tú estuviste con ella mientras yo no estaba. No sé qué tanto sepas del Impacto que ocurrió hace poco; tal vez no sepas nada, pero para mí fue como si volviese a conocer a Asuka.

Kensuke, mirando de reojo hacia la habitación donde se encontraba Asuka, comprobó con un vistazo fugaz que ella continuaba allí adentro.

Supongo que debes saber, o al menos levemente, las circunstancias que rodearon el accidente que Asuka sufrió con la Unidad 03 hace mucho tiempo.

No conozco todos los detalles, pero sé que ella casi muere ese día cuando fue contaminada por un ángel–bajando la voz, conociendo lo delicado que era ese tema para la pelirroja, Kensuke no quería que ella los escuchase hablar al respecto–cuando Shikinami vino a la aldea por primera vez, Misato me dijo que ella estuvo en cuarentena por tres años antes de recuperar la conciencia. También me informó que una de las consecuencias más notorias de su padecimiento, era que su aspecto físico, sin importar el paso de los años, no cambiaría nunca. O eso se pensaba entonces.

Shinji, cansado de huir de sus equivocaciones, por más que le doliese, no apartó su mirada de Kensuke, sabiendo, muy bien, que él era el culpable de aquel tormento.

Shikinami siempre habló muy poco conmigo sobre su accidente; aunque lo primero que me comentó cuando la invité a venir aquí, fue que ya no necesitaba comer ni dormir. Más allá de eso, nunca le pregunté nada más.

¿Es lo único que sabes sobre ella? –Teniendo en mente un elemento muy importante sobre Asuka, Shinji, sospechando que Kensuke lo desconocía, optó por avanzar despacio midiendo sus palabras– ¿alguna vez Asuka te contó sobre su vida en Alemania o sobre quiénes eran sus padres?

No, Shikinami es una persona muy reservada. Es verdad que ella ha venido aquí de visita en muchas ocasiones, pero jamás llegó a contarme nada sobre su vida antes de viajar a Japón–si bien ignoraba muchísimas cosas sobre Asuka, Kensuke, al ver el rostro serio de Shinji, no tuvo dificultades para sospechar que aquello que le insinuaba era algo muy significativo–te confieso en que en algunas oportunidades, sin que Shikinami se diese cuenta, llegué a escucharla hablar con la muñeca que guarda muy cerca de ella. No sé quién le dio esa muñeca o qué significa para ella, pero es obvio que es muy importante.

Evocando las imágenes que la Instrumentalización le mostró sobre ella, Shinji, reflexionando sobre aquella visión onírica de Kensuke disfrazado como el títere de Asuka, llegó a la conclusión que su viejo amigo aún no entendía que ella lo consideraba como el hermano que nunca tuvo. Por un instante se vio tentado a decírselo, pero al saber que eso era algo muy personal de Asuka, prefirió que ella se lo dijese.

Hay cosas que comprendí hace muy poco sobre Asuka; cosas que me gustaría decirte, pero lo correcto es que ella misma te las diga–no sabiendo cuánto más tardaría la teutona en hacer acto de presencia, Shinji, dándose prisa, no se fue por las ramas–yo le hice mucho daño, no fue mi intención hacerlo; aún así, lo hice. Cuando la Unidad 03 fue infectada con Asuka adentro, yo pude haberla sacado de allí, pero no tuve el coraje de ni siquiera intentarlo. El único responsable de todas las desgracias que Asuka sufrió todo este tiempo, soy yo. Yo fui el culpable de su maldición.

Ensanchando sus ojos, sin saber qué responder a algo así, Kensuke eligió no decir nada.

A Asuka le debo muchísimo más que una simple disculpa, pero antes de dársela, necesito darte las gracias a ti–tendiéndole una mano, como el mismo Kensuke lo hizo cuando se reencontraron, Shinji dejó boquiabierto a su antiguo compañero de escuela al comportarse de una manera tan seria no propia de él–gracias por haber estado ahí para ella; gracias por haberle ofrecido un techo donde guarecerse y gracias por no abandonarla a pesar de su mal carácter.

Luego de varios segundos, todavía muy sorprendido por la conducta de Shinji, Kensuke, sin vacilar, le correspondió el gesto compartiendo con él otro sólido apretón de manos.

Has cambiado, Ikari. No sólo en tu apariencia, por dentro eres otra persona–liberándose gradualmente de su asombro, dibujando una leve sonrisa, Kensuke le aseveró con franqueza–cuando Toji te vea y te escuche, no va a creerlo. Estoy seguro que pensará que no eres tú realmente.

Shinji, riéndose divertido, imaginó la cara que pondría Toji cuando se viesen de nuevo, lo cual, haciéndole recordar a Ayanami y Kaworu, propició que también quisiese reencontrarse con ellos.

Ikari, hay algo más que debo decirte sobre Shikinami–apagando la estufa a su costado, oyendo como la tetera silbaba con fuerza, Kensuke deseaba tocar un último tema más enfocado en la germana–como dije antes, Shikinami es una persona muy callada que no disfruta hablar de sí misma. La mayoría del tiempo, cada vez que venía de visita, no hacía otra cosa más que pasar horas y horas jugando con su videojuego; sin embargo, al prestarle más atención a su actitud evasiva, pude darme cuenta de algo relevante.

Ahora siendo su turno para ser tomado con la guardia baja, Shinji, volviendo a examinar las escenas psicológicas que la Instrumentalización le mostró sobre Asuka, creía que ya no había nada nuevo que no supiese de la alemana. Por ende, totalmente intrigado por la afirmación de Kensuke, ansioso por escuchar lo que él tuviese que decirle, Shinji guardó silencio.

Para Shikinami toda su vida se resumía en ser piloto, era lo único por lo que continuaba viviendo–sabiendo que no le estaba diciendo algo que Shinji no supiese, Kensuke, tomándose las cosas con calma, empezó a servirle una taza de té en tanto hablaba–ella jamás ha sido una persona sociable ni que le interese estar rodeada por otros, siempre ha preferido ocultarse de los demás y no tener nada que ver con nadie.

Shinji, aún sin decir nada, no lo interrumpió.

La historia está saliendo cortada, por eso tuve que dividirla en tres partes.

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