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Las Voces Del Sol por Hikage

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Notas del fanfic:

Más adelante, tocaré temas como prostitución, violación y suicidio, no pienso ser muy explícita, pero sí los abordaré con profundidad, por lo que si estos temas son desencadenantes de traumas para ti, tal vez debas considerar no leer esta historia.

Notas:

Empecemos con el encuentro más importante de la historia, el de Ancel con los hermanos Neri.

(Universo 3, 78 años desde el nacimiento de los hijos de Junuem)

 

— Mira, Vernon, acércate a verla —lo animó su papá mientras lo empujaba ligeramente dentro de la habitación, iluminada solo por velas, en la que estaban su abuelo, su mamá y su nueva hermanita.

 

Vernon caminó hacia la cama de puntitas para intentar verla, pero con el pequeño tamaño de cualquier niño de solo 5 años, solo alcanzó a ver la sábana blanca que la envolvía en los brazos de su mamá, así que se subió a la cama desde donde descansaban los pies de ella y gateó un poco para ser capaz de sentarse a su lado, y entonces la vio... su hermana era simplemente... horrenda... no tenía dientes, estaba calva y su piel morena lucía enrojecida. Pero cuando su mamá y su abuelo lo ayudaron a ponerla en sus brazos, el pecho de Vernon se llenó de amor hacia esa pequeña cosa fea, y se dijo a sí mismo: «Vas a cuidar de ella toda tu vida». También pensó que no se podía permitir morir antes que ella, no cuando era su deber protegerla, no cuando un año después, él se convertiría en su única familia.

 

(Universo 3, 79 años desde el nacimiento de los hijos de Junuem)

 

— Tu plato —dijo Teodoro, el padre de Vernon, y estiró su mano para que éste le diera su plato vacío cuando vio que ya todos habían terminado de desayunar—. Tu plato —. Hizo lo mismo con Verónica, su esposa, con Arian, su suegro y con Vera, su hija, quien no lo tenía del todo vacío, pero ella ya había comenzado a lanzar su comida, clara señal de que estaba llena.

 

— Vernon, ¿vamos? —Preguntó Verónica mientras se ponía de pie.

 

El pequeño asintió y se fue detrás de ella.

 

Como todos los días, Teodoro, un hombre amable y alegre, aunque débil físicamente, en especial en los días soleados y calurosos, se quedó lavando los platos sucios del desayuno, Arian, de quien Verónica, Vernon y Vera habían heredado su piel morena oscura, cuidaba de la más pequeña en lo que Teodoro se desocupaba y se turnaban para cuidarla mientras el otro limpiaba la casa, casa que durante el día mantenía las puertas y ventanas cerradas para que no entrara la luz del Sol, mientras tanto, Verónica tenía una importante misión.

 

Vernon tenía 6 años en ese entonces, siendo un niño todavía, sus emociones aún eran muy explosivas y eso era peligroso, había heredado un poder extraño de su mamá, quien a su vez lo había heredado Arian, era un poder que le permitía producir espinas en todo su cuerpo, tan duras como sus propios huesos, y extremadamente afiladas, éstas atravesaban su piel sin que sangrara, y cuando se encogían, su piel se cerraba y desaparecía todo signo de haber sido atravesada.

 

Una vez en el pasado, en medio de un berrinche a los 4 años por no querer meterse a bañar, Vernon lastimó con su poder a Teodoro, desde entonces él tenía una enorme cicatriz en la palma de su mano derecha, e incluso luego de 2 años, seguía sin poder moverla como antes, fue entonces que Verónica decidió enseñarle a Vernon a mantener bajo control su poder y que así no saliera de forma involuntaria cuando tuviera emociones muy fuertes, más ahora que él tenía una personita a quien cuidar.

 

Cada mañana, ellos dos se alejaban un poco de la casa caminando hacia las colinas del oeste, porque más allá sólo había montañas, buscaban no ser vistos por nadie, ya que la ciudad más cercana a ellos era Ílio, era la ciudad natal de Arian y de Teodoro, pero esa ciudad pequeña repudiaba a las personas con poderes y los llamaban monstruos, así que ellos vivíamos en la frontera de Ílio con las montañas, donde prácticamente eran inexistentes para el resto del mundo.

 

— Piensa en cosas que te hagan enojar. Enójate, Vernon —le pidió Verónica.

 

— Hoy no puedo, mamá. Pienso que es porque estoy madurando —dijo con seriedad.

 

Ella se soltó a reír con ganas— ¿Eso qué tiene qué ver?

 

— Hacer berrinches es de bebés, y como ya soy un hermano mayor, ya soy maduro y ya no me enojo cuando pienso en bañarme, y ya no me voy a enojar nunca —afirmó con seguridad.

 

— ¡Bañarte no puede ser tu único motivo de enojo, cielo! —. Se sentó mientras se agarraba el estómago de tanto reír y le hizo una seña para que él también se sentara frente a ella en el pasto—. Pero si estás tan seguro de ello, probemos hoy con otra emoción, ¿qué tal miedo~? —. Movió sus dedos frente a la cara de su hijo mientras él retrocedía riendo.

 

— ¿Me vas a contar una historia de terror? —Preguntó luego de alejar las manos de su mamá.

 

Ella asintió— Sí, es la historia de terror de tu abuelo, la mía y la de tu papá también.

 

Confundido, ladeó la cabeza— No entiendo.

 

— Nunca te he contado qué pasó con tu abuela, ¿cierto? Me refiero a mi mamá. Mi nombre Verónica lo heredé de ella, fue la única persona en todo Ílio que estuvo del lado de tu abuelo y lo defendió pese a que para los demás tu abuelo era un demonio aterrador.

 

— ¡Pero mi abuelo es el gallina más grande que conozco! —Exclamó sin poder creer que hubiese personas que le temieran—. ¡Anoche corrió a mi cuarto porque había un bicho en su cama!

 

Su mamá sonrió— Lo sé. A veces las personas son incapaces escuchar a los demás, solo piensan en ellos mismos, en sus miedos, en sus preocupaciones, y yo no digo que esté mal ver por uno mismo, es solo que también es bueno intentar entender al otro, pero supongo que eso les puede resultar difícil a algunos, o quizás lo olvidan porque están muy abrumados con sus propias emociones. Yo pienso que, a todos, o al menos a una gran mayoría de nosotros, en mayor o menor medida, nos asusta lo desconocido. Los poderes no son algo que haya existido desde siempre, y somos pocos los que tenemos poderes en comparación con los que no, así que la mayoría, quienes no saben qué es un poder y por qué hay quienes los tenemos, comienzan a asustarse y a preguntarse qué somos, se llenan la cabeza con que desconocido es igual a peligroso, se asustan y esconden su miedo cubriéndolo con agresividad.

 

Arrugó las cejas— ¿Por eso papá es el único que va a Ílio? ¿Por eso vas toda tapada cuando lo acompañas a la frontera de la ciudad? Porque no nos quieren, y si vamos, ¿nos golpearán? —. Bajó la cabeza con tristeza.

 

— No es como que fuéramos a la ciudad, nos vean y nos golpeen, pero... —, soltó un suspiro—, puede que sí lo hagan si descubrieran que no somos «normales». A tu abuelo le hicieron y dijeron cosas muy malas, tanto que ahora él piensa en sí mismo como alguien horrible, por eso es tan importante darle amor a tu abuelo, para que deje de pensar en él como un demonio como todos en Ílio le hicieron creer.

 

— ¿Mi abuela también pensaba que era un demonio? Tú dijiste que lo defendió, pero al final nos dejó, ¿no? —Dijo mientras dibujaba líneas en la tierra con una rama.

 

— Sí, ella nos dejó, pero no porque ella quisiera, sino porque la mataron.

 

Vernon levantó la cabeza y vio una expresión triste como pocas veces había visto en su mamá.

 

— A tu abuelo nunca lo mataron por temor a que se defendiera, pero tu abuela era una persona sin poderes, y jamás pudieron perdonarle el hecho de tener un hijo con el supuesto demonio, pero ellos se equivocaron al pensar en tu abuela como una mujer débil, porque ella tuvo la fuerza suficiente para protegerme cuando descubrieron su embarazo, y luego de que yo naciera y me entregara a tu abuelo, quien para entonces ya había sido desterrado de la ciudad, ella se enfrentó a ellos y no dejó que los habitantes de Ílio se acercaran a tu abuelo y a mí. Tu abuela murió protegiéndonos. Pero murió de una forma horrorosa... Cariño, cierra tus ojos.

 

La obedeció y los cerró.

 

— Imagínate esto: Vas corriendo por las colinas al este de nuestra casa, cientos de personas sin poderes te persiguen, has corrido mucho y te falta el aire, la hierba te araña los pies de lo rápido que vas, te detienes un instante para recuperar aire y colocas una mano en tu pecho mientras te encorvas, el pecho te late como nunca antes, estás cansado, pero, hijo, tienes que seguir, porque si te atrapan, las personas sin poderes te matarán. Sigues corriendo, pero sientes a las personas más y más cerca de ti, te desesperas porque tus piernas son cortas y tú tienes que dar dos zancadas para recorrer lo que algunos de ellos hacen en una. Tú mueves las piernas rápido, pero ellos reducen la distancia aún más hasta que te atrapan.

 

Apretó los puños sobre sus rodillas.

 

— Te han atrapado, tienes a un montón de personas sobre ti sujetando tus extremidades, y las que no lo hacen, te rodean. Mientras estás contra el suelo, alzas la cabeza con dificultad y notas que uno se acerca a ti con una soga, y entonces procede a pedir ayuda para amarrarte contra un árbol, tú luchas con toda tu fuerza para liberarte, pero no puedes contra tantos y al final lo logran, los ves tomar una piedra del suelo cuando terminaron de amarrarte y se alejan un poco, entonces alzan sus brazos y lanzan las piedras hacia ti con la misma fuerza con la que tú haces tu último esfuerzo de liberarte de las cuerdas antes que te golpeé aquella lluvia de rocas. Escuchas un silbido, fue una roca pasando al lado de tu oído, y sabes que no podrás escapar, así que miras hacia enfrente y ves una roca dirigiéndose directamente hacia tus ojos...

 

— ¡BASTAAAAA! —Gritó Vernon abriendo los ojos, los cuales ya se encontraban empapados en lágrimas, todo su cuerpo estaba rodeado de espinas y se asustó, igual que todas las veces que habían salido, porque eran las espinas que habían lastimado a su papá. Respiró lenta y profundamente, como siempre le decía Verónica, y pensó en cosas felices, pensó en aquella cosa ya no era tan fea que lo llamaba «Veno», y las lágrimas se detuvieron.

 

— Continuemos mañana, cariño —dijo Verónica con dulzura cuando las espinas desaparecieron por completo.

 

Cuando regresaron a casa, Vernon fue corriendo a abrazar a su abuelo y no se despegó de él en todo el día, pese a eso, fue capaz de percatarse de las repetidas ocasiones en las sus papás cuchicheaban entre ellos, como si algo les estuviera preocupando, cosa que terminó por preocuparlo también porque pensó que personas sin poderes irían a matarlos, pero llegó la noche, y luego la hora de dormir, y nada pasó.

 

Pero pasaría.

 

Fueron despertados por un olor a humo, y al abrir los ojos notaron la presencia de fuego, por lo que se acercaron a revisar las ventanas como posible medio de escape, fue entonces que vieron a decenas de personas sin poderes afuera, todas con palos y piedras en sus manos.

 

— ¡Sal, maldito demonio!

 

— ¡Sal, y paga tus crímenes!

 

— ¿De qué crímenes hablan si tu padre no ha puesto un pie Ílio en años? —Le preguntó Teodoro a Verónica mientras mojaba una sábana con el agua sucia que había quedado de cuando se bañaron—. ¡Corre Vernon, cúbrete con esto! —. Esperó a que su hijo se acercara a él y lo envolvió en la sábana.

 

— Vamos a morir, ¿verdad? —Preguntó el pequeño con miedo, pero no el suficiente como para dejar salir sus espinas.

 

— No, hijo —respondió Verónica, llena de seguridad, a la vez que miraba por la ventana de la habitación del segundo piso en la que estaban—. No esta noche. Esas personas arrebataron a tu abuela de mí y de tu abuelo, es hora de que paguen por ello.

 

— No lo hagas, Vero —le pidió Arian—. En todo caso... si hay alguien que tendría que darles la cara a ellos, soy yo, yo soy a quien están exigiendo que salga. Ustedes cuatro huyan.

 

Verónica negó con la cabeza— Ellos saben que tuviste un hijo, buscan a dos demonios y van a encontrar a dos demonios —. Se acercó a Teodoro y lo besó en los labios mientras le entregaba a Vera para que la cargara—. Teadoro, cuídalos, ¿bien?

 

— Tienes que regresar a mí —balbuceó Teodoro con voz quebrada, cerró los ojos para retener las lágrimas y luego miró a su suegro—. Tienen que regresar a nosotros, no los perdonaré si alguno de los dos muere.

 

Envueltos en sábanas mojadas, bajaron al primer piso, Verónica y Arian fueron los primeros en salir y se echaron a correr como si estuviesen huyendo, pero en realidad su propósito era que los persiguieran para que Teodoro pudiera salir con Vernon y Vera sin nadie detrás de él.

 

Sin embargo, Teodoro no salía mucho de la casa, y cuando lo hacía, era acompañado de Verónica, no sabía cómo moverse por las montañas, y como era de noche, Vernon tampoco podía orientarse muy bien, así que erróneamente, en vez de huir, a la larga terminaron topándose con un grupo de las personas sin poderes tras unas vueltas, y por desgracia ellos los vieron al mismo tiempo que Teodoro los vio a ellos. La persecución con la que seguramente Vernon iba a tener pesadillas esa noche se hizo real, pero peor, porque no solo sería él quien moriría, esta vez corría sujetando la mano de su papá, quien a su vez cargaba a Vera.

 

Vernon corrió con toda su fuerza hasta que el aire le comenzó a faltar, entonces Teodoro lo tomó con un brazo de la cintura para cargarlo también y aceleró el paso, estaba lo suficientemente oscuro como para que Vernon no pudiera ver la cara desesperada de su papá, pero no para pasar por alto un esqueleto de vestido azul con manchas oscuras, amarrado en el tronco de un árbol por el que pasaron. Era su abuela. Fue ahí cuando Vernon se dio cuenta que estaban corriendo directo hacia el este, hacia la ciudad Ílio, donde había aún más personas sin poderes. Estaban acabados.

 

Las personas sin poderes no tardaron casi nada en alcanzarlos cuando Teodoro desaceleró el paso al escuchar a su hijo decirle hacia donde se dirigían, y descubrieron que Vera y Vernon eran hijos de «la mujer demonio» por su color oscuro de piel, así que, luego de amarrarlos de las manos, los llevaron a rastras a donde estaban los demás.

 

— ¡Cierra los ojos, Vernon! —Gritó Teodoro cuando estuvieron de vuelta a su casa, la cual seguía en llamas.

 

Vernon cerró los ojos como le pidió su papá, pero antes de cerrarlos, por un instante pudo ver ropas conocidas tiradas en el centro de las personas sin poderes, escuchó el sonido de un palo siendo balanceado con fuerza y algo fue golpeado, Teodoro soltó un jadeo y Vernon no pudo seguir cerrando los ojos, así que los abrió muy poquito y buscó qué era lo que golpeaba el palo, descubriendo así que era a su mamá, y la ropa tirada en el suelo que le parecía conocida, era la ropa ensangrentada que cubría el cadáver casi irreconocible de su abuelo.

 

Lanzaron a Teodoro al suelo junto a Arian, y las personas sin poderes que habían terminado de matar a Verónica a golpes, le dieron la espalda a ella y rodearon a Teodoro. La mirada de Vernon y del hombre más importante de su vida se cruzaron antes de que fuera completamente rodeado, Vernon nunca lo había visto tan aterrado, pero estaba bastante seguro que lo que más le asustaba a Teodoro era lo que pasaría con sus hijos luego de que terminaran con él.

 

— ¿Qué hacemos con los niños? —Preguntó un joven que se acercó a los hombres que tenían sujetado a Vernon, dejó caer el palo que sostenía en sus manos y un poco de la sangre que lo empapaba le salpicó la ropa al pequeño.

 

— Los mataremos también —respondió un anciano.

 

— ¡Pero solo son unos niños, y uno es solo un bebé! —Protestó una mujer.

 

El anciano la abofeteó, dándole una mirada severa— ¡No seas estúpida! ¡El demonio también fue un bebé! No dejaremos que sigan existiendo estas criaturas con la sangre del demonio, es mejor matarlos ahora antes de crezcan y nos hagan daño.

 

«Nosotros... ¿hacerles daño?», pensó Vernon, y sintió una furia gigantesca brotar dentro de él, fluía tanto como sus lágrimas, «Mamá dijo que ellos no nos querían porque les damos miedo, pero somos nosotros los que pasamos nuestros días escondidos por miedo a ellos. Ellos dicen que nosotros somos los peligrosos, pero fueron ellos los que incendiaron mi casa mientras estábamos dormidos. Y quieren matarnos a Vera y a mí para que no les hagamos daño, cuando ellos mataron a golpes a mis papás y mi abuelo... Voy a matarlos a todos».

 

— Es suficiente, señores. A dormir~ —dijo un hombre mientras daba un aplauso y todas las personas sin poderes se desplomaron en un instante.

 

Vernon miró alrededor y solo vio a dos personas de pie a parte de él, el hombre que había dado el aplauso, con unos ojos y cabellos dorados como el Sol, y una mujer de un deslumbrante cabello rojo, quien se las había arreglado para agarrar a Vera antes de que el hombre que la cargaba se desmayara.

 

— Perdón, niño, llegamos tarde —se disculpó el hombre dorado mientras caminaba hacia Vernon, extendiendo una mano para acariciarle la cabeza—. No pudimos rescatar a tus papás.

 

Vernon golpeó la mano del hombre y retrocedió un paso, mirándolo con confusión— ¿Quiénes son ustedes...? Acaso... ¿ustedes tienen poderes?

 

El hombre se puso en cuclillas y lo tomó de las manos, entonces sonrió con tanta amabilidad que el corazón de Vernon se calmó en un instante— Los tenemos. Escuché que tu mamá tenía uno, ¿qué hay de ti y tu hermana?

 

Asintió— También.

 

— ¿Quieres venir con nosotros? —Le preguntó la mujer pelirroja luego de haberse acercado a ellos.

 

El pequeño bajó la cabeza, miró los cuerpos de sus papás y sintió formarse un nudo en su garganta a la vez que sus ojos volvían a derramar lágrimas—... No sé.

 

El hombre dorado le soltó las manos y se puso de pie— Vamos a enterrar los cuerpos de tus papás y el de tu abuelo, es lo menos que podemos hacer —. Miró el horizonte—. No tarda mucho en amanecer, ¿podrías buscar algunas flores con Maisha mientras yo empiezo a cavar? —Le preguntó mientras él se agachaba para recoger un pico que había soltado uno de los hombres desmayados.

 

Vernon dio un respingo al escuchar la palabra «amanecer» y jaló ligeramente el brazo de la pelirroja, quien se encontraba arrullando a Vera para hacerla dormir— ¡No podemos dejar que Vera se exponga al Sol!

 

Ella ladeó la cabeza— ¿Qué? ¿Por qué?

 

— ¡Le dolerán los oídos! —Explicó.

 

Maisha intercambió una mirada con el hombre dorado— Ancel, ellos deben ser hijos del hombre de los rumores.

 

Ancel asintió— Hicimos bien en traer los tapones para oídos. Bueno, vayan por las flores.

 

— Vamos, pequeño —le dijo Maisha con una sonrisa mientras caminaba hacia adelante.

 

Mientras caminaban, Vernon vio que Maisha sacaba unos tapones que luego le puso con mucho cuidado a Vera en los oídos, la cubrió completamente con las mantas y siguieron caminando por los alrededores para buscar flores, un rato después, el Sol salió y Vera comenzó a llorar cuando las mantas que la cubrían fueron tocadas por los primeros rayos, Vernon ya tenía los brazos llenos de flores, así que se apresuraron a regresar con Ancel, y tras dejar las flores a un lado de los hoyos a medio hacer, Maisha le dio a Vernon a su hermana para que la cargara y ella fue a ayudar a terminar de hacer los hoyos.

 

Maisha y Ancel cargaron con mucho cuidado los cuerpos de la familia de Vernon antes de dejarlos caer cada uno en uno de los hoyos que habían hecho, junto al desastre de escombros en los que se había convertido su casa cuando se apagó el fuego, y luego procedieron a poner tierra sobre ellos hasta que quedaron completamente cubiertos, eso hizo que Vernon se diera cuenta que de verdad su familia había muerto y nunca los volvería a ver.

 

Así que, acompañado de los fuertes lloriqueos de su hermanita, Vernon se permitió llorar con fuerza para dejar salir la tristeza y el miedo que lo dominaban, pero teniendo cuidado de no dejarse llevar demasiado y así sus espinas no salieran, porque si salían, él no podría ni siquiera tener el poco de consuelo que le daba abrazar a Vera.

Notas finales:

Vale chicos, para los lectores que nunca han leído otra historia mía y ésta es la primera a la que le echan un vistazo, quiero comentarles que todas mis historias se encuentran en el mismo mundo, si se meten a mi perfil, explico esto con mucho más detalle, y tranquis, que si solo quieren leer ésta, no hay problema, le van a entender incluso si no se leen las demás ;D

Ahora, en cuanto a cada cuándo subiré capitulo, los subiré los sábados cada dos semenas, a veces me emociono y empiezo a publicar más seguido, o sea, he llegado a publicar hasta 3 capítulos a la semana, pero por ahora lo haré cada dos semanas. Por cierto, yo siempre acabo todas mis historias, a ninguna la abandono hasta que está terminada, así que pueden empezar a leer ésta sin ese temor.

En fin, estoy muy emocionada por empezar a publicar esta historia, es la que más trabajo y tiempo me está tomando, y creánme que hago todo con mucho cariño, tipo, tal vez los temas que trato no son lo más bonitos, pero me esfuerzo por entregarles un buen trabajo que destruya satisfactoriamente sus corazones uwu.

Gracias por leer.

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