Fanfic Es
Fanfics en español

Festival de Hyrule por Fox McCloude

[Comentarios - 1]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

Bueno, bueno, aquí estoy de vuelta. Antes que nada, si vieron el summary, esta historia acaba de ser publicada como un tributo para mi abuelita, que falleció por complicaciones con el Covid-19 el pasado 1 de septiembre. A todos nosotros nos pegó su partida, ya que la queríamos mucho y fue la matriarca de la familia desde que puedo recordar.

Aun así, estoy seguro que ella no querría que estuviéramos tristes, de modo que busqué sobrellevar el dolor de la mejor manera que conozco: escribiendo. Ya tenía este oneshot en proceso desde hacía algunos meses, por lo que no se me hizo difícil ajustarlo para que sirviera como tributo para mi abuelita. La verdad, ella jamás se metio al internet, por lo que nunca pude enseñarle mucho de las historias que escribí en digital. Pero espero que esta le llegue dondequiera que se encuentre.

Sin más que decir, espero que disfruten la lectura, y para mi abuelita, descansa dondequiera que estés. Siempre te recordaremos pase lo que pase por todo el amor que nos diste en vida.

Ciudadela del Castillo de Hyrule…

- ¡Hermano, date prisa! ¡Ah, mira eso!

- ¡Aryll, espera! ¡No corras tú sola!

Un joven de unos dieciséis años perseguía a una pequeña niña de coletas que corría entre la gente. A primera vista cualquiera podría ver que ambos eran familia; tenían el mismo cabello rubio y ojos azules. La niña corría de puesto en puesto, mirando todo lo que había, y llamando a su hermano mayor para que viniera a ver.

- ¡Mira esto, hermano, estas máscaras se ven geniales! ¿Podemos comprar una? ¿Podemos? – exclamaba la pequeña. – ¡Por favor, por favor!

Si por él fuera, con mucho gusto le compraría todas las que quisiera. Pero haber venido hasta aquí para poder asistir al festival ya había sido un sacrificio enorme, monetariamente hablando, y por lo mismo necesitaban escatimar en lo que tenían.

Pero no quería faltarle la promesa que le hizo a su querida abuela. Ella había prometido traer a Aryll al festival, pero desde que había enfermado, el chico dudaba si la anciana estaba en condiciones de hacer el viaje, por lo que le prometió que, si ella no podía, él lo haría en su lugar. Y ahora estaba aquí. El festival duraba tres días, y durante el primero no habían podido hacer gran cosa debido a que llegaron casi al final. Ahora era el segundo, así que debían sacar el mayor partido, en la medida de lo posible al menos.

- Está bien, Aryll. Pero solo una, recuerda que estamos cortos de dinero.

La pequeña hinchó ligeramente las mejillas, pero asintió y empezó a observar. Había máscaras de toda clase de criaturas; estaba una máscara de Keaton, un zorro amarillo de orejas puntiagudas, otra con forma de pájaro con las alas extendidas, uno con forma de rana verde, y muchas otras más. Aryll se decidió por una capucha con orejas de conejo, que empezó a agitar alegremente.

- Quiero esta, hermano. – declaró, poniéndosela. Link asintió y se dirigió al hombre que atendía el puesto, un sujeto de pelo rojo con ojos de rendija y una perpetua sonrisa (que resultaba un poco escalofriante).

- ¿Cuánto por esta?

- Cincuenta rupias, muchacho. – le dijo, mientras se frotaba las manos de una manera algo extraña.

Link metió la mano en su monedero y pagó la cantidad. Agradeciéndole al vendedor, se llevó a su hermanita de la mano, dirigiéndose hacia el siguiente puesto.

Si debía admitirlo, era un poco aburrido ir solo de puesto en puesto mirando lo que había, y decir que vendrían después una vez que decidieran lo que comprarían o pagarían. Link lamentaba no tener más dinero para permitirle a su pequeña hermana comprar lo que quisiera a su gusto, pero sabía que tenía que cuidar lo que tenían.

Se detuvieron en un puesto donde había un enorme estanque de cristal, repleto de peces dorados que nadaban en su interior. Aryll corrió a poner las manos en el muro de cristal, queriendo verlos más de cerca.

- ¡Hermano, mira esto! ¡Mira que lindos pececitos!

- Por un precio puedes intentar atraparlos y llevártelos a casa, pequeña. – dijo la encargada, una mujer gorda y de pelo rubio en coleta.

- ¿De verdad? – dijo Aryll. – ¿Puedo intentarlo, hermano? ¿Puedo, puedo?

- Espera, hermanita. – dijo el chico. – ¿Cuánto cuesta un intento?

- Según el tipo de red, cinco, diez o veinte rupias. Puedes intentarlo hasta que la red se rompa.

- Asumo que, entre más pague por una red, ¿de mejor calidad? – preguntó Link, a lo cual la encargada asintió. – Está bien, que sean tres redes de veinte rupias.

Pagada la tarifa, la encargada le dio las tres redes. Link sostuvo dos de ellas mientras Aryll sumergía la tercera, tratando de atrapar un pez que nadaba cerca de la superficie. Lamentablemente este se le escurrió y logró escaparse. La niña esperó a que otro viniera antes de volver a intentarlo, pero falló de nuevo. A la tercera parecía que lo conseguiría, pero cuando logró sacarlo del agua la red se rasgó y cayó de nuevo en el tanque.

- ¡Ay, no! – se quejó la niña.

- No te aflijas, hermanita. – la animó Link, pasándole la segunda red. – Casi lo lograste al tercera, seguro que ahora sí podrás.

Eso pareció animar a la niña, que cogió la segunda red y volvió a intentarlo con más ganas, pero no lo consiguió, y los peces volvieron a escapársele. La red se rompió de nuevo por el agua dejándolos con una sola, que lamentablemente terminó sufriendo el mismo destino.

- ¡Ah, rayos! Hermano, inténtalo tú por mí, ¿sí?

- Pero Aryll, solo me quedaría para una más. – le advirtió Link.

- ¡No importa! ¡Sé que tú podrás, vamos!

Link se sentía halagado de que su hermanita tuviera tanta fe en él, pero en realidad, nunca había intentado este juego antes. Por un lado, ella se lo estaba pidiendo y él quería ceder a sus caprichos, aunque fuese por el día de hoy, y hasta donde le permitiera su presupuesto. Por el otro… era plenamente consciente que sus recursos eran limitados, y no iba a poder ir muy lejos si fallaba.

- Disculpen. – dijo una voz femenina de pronto. – Si el joven no puede pagarlo, ¿puedo hacerlo yo?

Link y Aryll se giraron, y vieron que se había acercado una muchacha que parecía cercana a la edad de él. Apenas fijó la mirada en ella, Link se sorprendió de lo hermosa que era. Llevaba un vestido sencillo azul y blanco, su cabello castaño caía grácilmente por debajo de sus hombros, enmarcando un par de ojos azules y una radiante sonrisa. Por un momento, el chico se había quedado sin habla, hasta que ella se acercó al encargado con su propio monedero.

El cual Link pudo notar, estaba bastante lleno. La joven tenía dinero de sobra, por lo que parecía, y sin miramiento alguno pidió tres redes de veinte rupias que rápidamente le pasó al chico, que aún estaba sorprendido por esa muestra de generosidad de una desconocida.

- Aquí tienes. – le dijo, sin dejar de sonreír. – Úsalas a tu gusto.

- G-gracias, pero… la verdad es que nunca lo he intentado. – dijo Link, como si buscara una excusa para rechazarlo. – No sé si pueda atraparlos.

- ¿Es así? Bueno, ¿supongo que no tendrás problemas si los atrapo yo por ustedes? Tu hermanita parece muy ansiosa por tenerlos.

- ¡¿De verdad?! – exclamó Aryll. – ¡¿Sabes cómo hacerlo?!

- Bueno, he venido al festival todos los años, y ya tengo algo de práctica. – La chica guiñó el ojo. Por un instante, el corazón del chico dio otro vuelco, pero rápidamente se recompuso.

- Pues adelante, con mucho gusto. – le dijo. No tenía sentido despreciar su amabilidad, especialmente cuando parecía una chica tan agradable.

La joven se arrodilló sobre el estanque, y observó con mucho cuidado a los peces mientras nadaban, como si buscase anticipar sus movimientos. Con un movimiento rápido, sacó a uno haciéndolo saltar por el aire, y cayendo a salvo sobre la taza que tenía en la otra mano suspendida sobre el estanque.

- ¡Wow, increíble! – exclamó Aryll aplaudiéndola.

Link tuvo que admitir que también estaba impresionado. Y no se detuvo allí: con una sola red logró atrapar tres pececitos de la misma manera antes de que se le rompiera. Con la siguiente fueron cuatro, y otros tres con la última para totalizar una decena, y solo se detuvo porque luego de aplaudir cada uno de sus intentos, Aryll le dijo que con esos ya eran suficientes.

La chica incluso fue la milla extra de comprarles una bolsa de alimento para peces, para que tuviesen con qué mantenerlos por un buen tiempo, aunque tendrían que conseguir luego un recipiente donde meterlos a todos. Tenían una vieja pecera vacía en casa, así que ahora podrían volver a llenarla con ellos.

- ¡Muchas gracias, de verdad, señorita! – dijo Aryll muy contenta.

- Sí, gracias en serio. – agregó Link. – Pero oye… ¿por qué tomarse tantas molestias por nosotros? No es que quiera sonar ingrato, pero…

- No fue ninguna molestia. – aseguró la castaña. – Fue solo que noté que tenías problemas, y pensé que podría ayudar. Además… no hay mucha gente de nuestra edad hoy en el festival, y buscaba a alguien con quién conversar.

Link echó un vistazo a su alrededor. La verdad la chica tenía razón: casi todos los visitantes del festival, al menos el primer día, eran adultos de mediana edad con sus hijos. Los adolescentes como él rara vez se interesaban en estos festivales a menos que tuviesen hermanitos menores, y sus padres no estuviesen disponibles para llevarlos.

- Ya veo. Por cierto, mi nombre es Link, y ella es mi hermanita Aryll. ¿Cómo te llamas?

- Oh, mi nombre no es importante. – replicó la muchacha haciendo un gesto con la mano. – En realidad, me escapé para venir hoy, así que quisiera protegerme un poco, ¿entiendes?

Link arqueó una ceja. Eso sonaba algo sospechoso, aunque luego de la amabilidad que les demostró, lo menos que podía hacer era no incomodarla haciendo preguntas. Así que asintió.

- Bien, ¿desean seguir disfrutando del festival? Lo que sea que quieran hacer, con gusto los cubriré.

- ¡Sí! – exclamó Aryll, agarrándolos a ambos de la mano. – ¡Vamos, hermano, vamos con ella!

Aunque a Link le habían enseñado a no fiarse de desconocidos, había algo en esta muchacha que le hacía sentir extrañamente cómodo. No pensaba que alguien fuese a mostrar semejante amabilidad con desconocidos tan abiertamente, y enfrente de tanta gente, si tuviera malas intenciones. Y si su hermanita confiaba en ella, ¿por qué no debería hacerlo él?

Era como si su abuelita hubiese convencido al cielo de enviarles un ángel de la guarda el día de hoy, para que pudiesen pasarla bien.

- Bueno, por mí encantado. Tú nos guías entonces.

- ¡Yay! ¡Vamos para allá entonces! ¡Rápido, hermano!

El resto de la tarde se la pasaron yendo de un lado al otro del festival. Había de todo lo que se pudieran imaginar: luego de atrapar peces, entraron a una galería de tiro al blanco con resortera y arco donde debían acertar dianas para ganar puntos, y si lograban suficientes podrían incluso reembolsarles el dinero junto con el premio ganado. Esto ayudó a aliviar un poco las preocupaciones de Link sobre hacer que la señorita gastase de más en ellos.

En los puestos de comida, Aryll pudo hartarse a su gusto de todos los bocadillos que había: pasteles, galletas, fruta y había incluso un puesto que venía figuritas de chocolate, que fueron las favoritas de la niña. Más que nada porque obligaba a su hermano a comérselos junto con ella, aunque estaba poco acostumbrado a comer dulces, pero como se había dicho a sí mismo, estaba dispuesto a todo para verla feliz el día de hoy.

El último juego que probaron, luego de darle vuelta a casi todo, fue algo llamado la Bolera Bombchu; un extraño juego similar al boliche donde había que derribar pinos, solo que en lugar de una bola usaban una bomba con forma de ratón, que al encenderla se iba zigzagueando y chillando, explotando a los pocos segundos o al hacer contacto con un obstáculo. Les llevó tiempo agarrarle el hilo, pero finalmente lo lograron. Su premio fue un mini-set de fuegos artificiales, lleno de cohetes, estrellitas y luces de bengala (parecía que la encargada, una mujer de pelo azul con mirada bizca, tenía una extraña obsesión con la pirotecnia).

Al atardecer, cuando la plaza se había despejado un poco y los puestos del festival estaban cerrando, el trío se dirigió a un lugar amplio para lanzar algunos cohetes antes de terminar el día. La señorita le estaba enseñando a Aryll a prenderlos con mucho cuidado, guiándole las manos luego de encender el cerillo.

- Lista, ya casi… ¡ahora! – dijo mientras prendían un cohete, que salió disparado al cielo explotando en luces de colores.

- ¡Wow! ¡Ese estuvo bueno! ¡Otro más, otro más! – exclamó Aryll.

- Ya solo quedan tres. – dijo Link observando la caja. Se estaban divirtiendo tanto que los gastaron todos sin darse cuenta.

- ¡Entonces uno para cada uno! – dijo la pequeña. – ¡Lancémoslos todos juntos!

Link rodó los ojos. A él le daba un poco de nervios manipular esos artilugios, pero por su hermanita, haría lo que fuera, así que obedeció. Cada uno eligió el suyo: Link cogió uno verde, Aryll uno rojo, y la joven uno azul claro. Colocados en fila y con las mechas estiradas, encendieron los cerillos para prenderlos.

- ¿Listos? Uno… dos… ¡tres!

Los cohetes salieron disparados casi al mismo tiempo. El de Aryll se elevó ligeramente más que los otros, haciendo que las luces rojas explotaran por encima de la verde y la azul, formando un triángulo casi perfecto. La niña empezó a aplaudir alegremente al ver esto.

- ¡Jajajaja! ¡El mío llegó más alto! ¿Lo vieron? ¿Lo vieron?

- Bien por ti, Aryll. – dijo la joven. – Wow, el tiempo ha pasado volando. Ha sido un día muy divertido.

- Y que lo digas. – replicó Link. – De verdad, no sé cómo podremos pagarte todo eso. Fuiste realmente muy amable con nosotros.

- No tienes que preocuparte. Su agradable compañía fue más que suficiente. Yo también me la he pasado muy bien con ustedes. – les dijo, antes de voltear a ver a Aryll, que seguía vitoreando lo de su pequeño cohete. – Tu hermanita es realmente muy dulce y alegre. Me dan un poco de envidia, ¿sabes?

- ¿Y eso por qué? – preguntó Link.

- Soy hija única en mi familia. Siempre quise tener hermanos o hermanas menores, pero… mi madre falleció cuando yo era muy pequeña. Mi padre la amó demasiado, así que no volvió a casarse. Por supuesto, nunca se lo he mencionado, no quiero que se sienta culpable.

- Ya veo. – dijo Link. – Bueno, Aryll no siempre fue la hermanita dulce y alegre que ves ahora. Cuando era más pequeña era una mocosa malcriada que lloraba y gritaba por todo. A veces me sacaba de quicio.

- Me cuesta creerlo. – dijo la chica. – Ahora que los veo, se nota que tú harías lo que fuera por ella, mientras esté en tu capacidad, ¿o me equivoco?

Link asintió. Así era ahora; quiso que su hermanita la pasara bien en el festival, y lo consiguió. Bueno, recibió mucha ayuda, pero no se quejaría de ello.

- Estoy feliz de haber podido traerla. Nuestra abuela se lo había prometido, pero estaba demasiado enferma para viajar hasta aquí. Por eso le dije que, si ella no podía, yo lo haría en su lugar.

- Eso es ser un buen hermano. – dijo la joven. – ¿Y cómo se encuentra ahora su abuela?

Link dudó momentáneamente antes de responderle. Por un lado, era extraño que alguien que conocían apenas de un solo día hiciera ese tipo de preguntas. Por el otro, no tuvo ningún problema en decirle que era alguien que quería hermanos y hermanas, y no pudo tenerlos porque murió su madre. Siempre pensó que él y su hermana tenían buen ojo para juzgar en quién podían confiar, así que ¿por qué no decírselo?

- Ella… sucumbió hace unos dos meses. – dijo con la mirada baja.

- Oh… de verdad lo lamento.

- Estaba muy débil desde hacía tiempo. – continuó Link. – Tengo la sensación de que ya sabía que su tiempo estaba cerca. Me costaba creerlo; mi abuela era una de las personas más fuertes que conocí, pero… supongo que ninguno de nosotros puede ganarle la batalla al tiempo, ¿verdad?

La joven asintió, pues esa era una verdad absoluta. Link suspiró y miró hacia el cielo, como si esperase ver a su abuela en él.

- Creo que lo único que la mantenía aferrada a la vida fue que le prometió a Aryll traerla al festival. No quiso irse hasta que le prometí que lo haría por ella. Solo lamento no haber podido hacer más, excepto asegurarme que se pudiera ir tranquila.

- Por lo que me dices, ella los quería mucho, ¿verdad?

- Sí. – dijo Link. – Nuestros padres murieron cuando Aryll apenas tenía dos años, así que para ella nuestros abuelos fueron nuestros padres. Estaba muy apegada a la abuela, fue la que más lloró cuando se fue. No se calmó hasta que le dije que ella estaba en un lugar mejor, donde ya no sufriría más. Y que seguiría cuidándonos desde dondequiera que esté.

Link volteó a ver a la castaña, que estaba algo perpleja pero tenía toda su atención. – Sabes, no siempre he sido la persona más espiritual, pero… el que aparecieras hoy se sintió como una intervención divina. Como si mi abuela quisiera asegurarse que Aryll se divirtiera en el festival.

- ¿Por qué dices eso? – preguntó la chica.

- Después del funeral… nos quedamos casi sin dinero, obviamente. Lo poco que tenía ahorrado de trabajar con mi abuelo apenas nos alcanzó para el viaje, pero no me quedó para comprarle todo lo que ella quisiera. Fue un sacrificio enorme venir aquí hasta la ciudadela, pero quise cumplirle la promesa a mi abuela… y ver sonreír a mi hermanita. Así que… de verdad te estoy muy agradecido.

La joven se ruborizó con sus palabras, pero también le sonrió cálidamente. Parecía una persona muy empática, al ser capaz de compartir tanto su alegría como su pena con él de esa manera. Aunque solo llevaban un día de conocerse, sentía como si la conociese de toda la vida, desde hacía mucho tiempo.

La chica cogió su monedero, que todavía estaba bastante lleno y se lo pasó. El chico la miró confuso, pero ella no dejó de sonreírle.

- Para que sigan disfrutando del festival sin que tengas que preocuparte. – le dijo.

- ¿Estás segura?

- Tú lo dijiste, no es coincidencia que yo esté aquí hoy. – le dijo. – Es posible que las Diosas me hayan hecho venir porque sabían que nos encontraríamos. Además, el dinero nunca fue un problema para mí, y si puedo ayudar a quien lo necesita, tanto mejor.

Link miró a la chica, y luego al monedero. La amabilidad de esta joven, de quién todavía ni siquiera conocía su nombre, parecía no conocer límites.

- Gracias, de verdad. – dijo Link aceptando el regalo. – Entonces… ¿te veremos mañana? Escuché que la princesa de Hyrule dará un espectáculo el último día del festival. Aryll está ansiosa por verla.

- Oh, ten por seguro que me verán. – La chica les guiñó el ojo. – Fue un placer conocerlos a ambos, en serio.

Y diciendo estas palabras, se puso de pie y se despidió de los hermanos, dirigiéndose hacia la entrada norte de la ciudadela. En cuanto a ellos, se fueron a la posada para cenar y pasar la noche. Su hermanita todavía tenía mucha energía incluso después de pasar todo el día corriendo de un puesto a otro.

- Qué chica tan agradable, ¿verdad, hermano? – dijo Aryll muy alegre. – Y también es muy bonita.

- Lo sé, no tienes que repetírmelo. – replicó el chico. – Aunque sigo sin entender por qué no quiso decirnos su nombre.

- Quizás mañana lo haga. – replicó la niña. – Dijo que nos vería, ¿no es cierto? Podemos volver a preguntarle.

- Supongo.

Había sido un día mucho mejor de lo que se anticipó. El chico deseaba de corazón que su hermanita la pasara bien, y no sabía si lo iba a lograr con tan poco dinero encima. Pero gracias a esa joven tan hermosa y amable, eso dejó de ser un problema. Había planeado escatimar en gastos, pero en vista del regalo que les dejó, Link pensó que se habrían ganado un buen banquete, así que ordenó una cena completa para ambos.

(--0--)


Al día siguiente…

El tercer día del festival fue todavía más movido que el segundo. Parecía que los puestos de juegos y comida se habían multiplicado, y Aryll tenía mucho más qué probar. Aparte de eso, ahora había más espectáculos para observar: malabaristas, músicos, ilusionistas, e incluso una mujer gorda estaba organizando un espectáculo canino, aunque este se salió de control cuando un perro de la multitud saltó al ruedo para jugar con uno de ellos y por poco arruina todo el número. La mujer estaba furiosa, pero a ellos les pareció muy divertido.

Con todo, había algo que les preocupaba. La joven que encontraron el día de ayer no aparecía por ninguna parte, y ya era casi mediodía. En ese momento, estaban acordonando el sendero principal hacia la plaza, lo que significaba que la carroza que traería a la Princesa de Hyrule estaba próxima a llegar, y era el momento que todos estaban esperando.

- Hermano, ¿puedes subirme más? – preguntó Aryll, sentada encima de los hombros de su hermano, y mirando por un pequeño catalejo que Link le ganó en el último juego.

- Esto es lo más alto que puedo llegar. – dijo Link. Se había parado encima de una gran caja de madera sobre una tarima despejada para tener más radio de visión. – ¿Segura que no la ves?

- No, no la veo por ninguna parte. – respondió la pequeña. – Se va a perder el espectáculo cuando llegue la Princesa.

- Una lástima. – dijo Link, bajando a su hermanita con cuidado. – Bueno, o algo surgió y no pudo venir, o tal vez planee venir más tarde.

No le quedaba más que cruzar los dedos y esperar lo mejor. La verdad, la chica de ayer se había ido sin decirles siquiera su nombre, y él todavía quería agradecerle de alguna manera. No sabía dónde vivía tampoco, y tampoco se atrevía a preguntar a los residentes al no tener un nombre para darles.

En ese momento, comenzaron a sonar unas trompetas en la entrada norte de la ciudadela. Las puertas se levantaron y la atención de todos, incluyendo a los hermanos, se dirigió hacia allá. El murmullo de la gente comenzó a intensificarse, pues claramente todos lo estaban esperando con muchas ansias.

- Hermano, ¿cómo crees que sea la princesa? – preguntó Aryll. – Debe ser muy hermosa, ¿verdad?

- Eso dicen los rumores. – replicó Link. – Tengo entendido que será su primera aparición en público desde hace algún tiempo.

- ¡Ah, aquí viene, mira!

Y efectivamente, un grupo de caballeros a pie que actuaban de guardaespaldas comenzaron a caminar por el sendero, delante de una carroza blanca de adornos dorados arrastrada por dos caballos blancos. Link nunca había visto un vehículo tan elegante: nada que ver con la modesta carreta en la que llegaron él y su hermanita a la ciudadela.

Mucha gente quería acercarse más para ver o incluso tocar la carroza, pero los guardias no se lo permitían. Link por su parte volvió a subir a su hermanita a sus hombros mientras caminaban hacia el escenario, para que pudiese verla mejor. El paje de la carroza abrió la puerta, para que la ocupante pudiese salir.

Lo primero que Link notó fue que llevaba un vestido de color azul real con blanco, y lleno de adornos dorados. Sin embargo, no pudo verle el rostro debido a que llevaba una capucha tapándole la cabeza, y apenas salió de la carroza fue escoltada por una mujer de cabello blanco y aspecto fornido hacia el escenario. La gente seguía gritando "¡Salve Princesa Zelda, salve la heredera de Hyrule!" y similares, mientras subía lentamente por la escalinata.

- ¡Ay, no pude verle la cara! – exclamó Aryll mirando por el catalejo.

- Descuida, pronto lo haremos. – respondió su hermano.

La mujer fornida, que probablemente fuese la guardaespaldas de la princesa, se paró primero en el centro del escenario y al levantar las manos en alto, todo mundo al instante se quedó en silencio. Parecía imponer respeto con su sola presencia, y Link casi podía percibir un aura de fuerza proveniente de ella.

- ¡Su Alteza Real, la Princesa Zelda Bosphoramus Hyrule!

Hubo una gran ovación, y la heredera caminó hacia el frente cuando se apartó su guardaespaldas, echó atrás su capucha para revelar su rostro… y al hacerlo, Link y su hermanita se llevarían una enorme sorpresa.

- Hermano… ¿esa no es…?

- No es… posible…

Al verle el rostro a la princesa, al instante la reconoció. Excepto por su cabello, que ahora era rubio y estaba peinado de manera distinta, y el tono verde de sus ojos, el rostro era exactamente igual al de la joven con quien pasaron el día de ayer, y que tan amablemente les dejó su dinero para que pudiesen divertirse a sus anchas. Apenas podía creer lo que estaba viendo.

- Pueblo de Hyrule, les doy la bienvenida a este festival. Estoy muy feliz de ver que tanta gente haya venido a pasarla bien. Este festival es una tradición anual que significa mucho para la familia real, como una oportunidad de acercamiento entre nosotros. Este año he venido en representación de mi padre, que por asuntos fuera de su control no ha podido asistir, y envía sus más sinceras disculpas.

»Como algunos de ustedes sabrán, mi cumpleaños número diecisiete se celebrará muy pronto, y con él mi ceremonia de madurez. Antes de eso, sin embargo, le solicité a mi padre que me concediese una petición; podríamos llamarle un último capricho de niña antes de convertirme en adulta. Quise que se me permitiera disfrutar del festival como una más de ustedes, saber lo que se siente que todos te vean como una igual, en lugar de colocarte en un pedestal. Por eso, el día de ayer, había venido disfrazada, para ver las cosas desde su perspectiva. Y lo más importante… divertirme.

Link podría jurar que la joven heredera dirigió su mirada hacia donde estaban él y Aryll, aunque fue solo por un breve instante, antes de continuar con su discurso.

- El propósito de este festival, como dije, es propiciar el acercamiento entre nosotros, la familia real, y ustedes, el pueblo de Hyrule. Mi padre me enseñó que es el deber de la familia real servir al pueblo, y no al revés, y mi madre, que en paz descanse, me enseñó que la verdadera realeza solo se encuentra en el corazón de los seres. Es por eso que hoy quiero pedirles a todos que me vean, no como la Princesa de Hyrule, sino como una de ustedes, alguien que desea compartir su alegría. Y por ese motivo, he decidido traerles un regalo.

La guardaespaldas de la princesa se acercó trayendo una enorme arpa y un banquillo, sobre el cual la princesa se sentó, asumiendo su posición. Todo mundo se quedó a la expectativa; ¿la princesa estaba a punto de interpretar música para ellos?

- Para ustedes, este es el Cántico de la Diosa Hylia, una canción que ha sido transmitida de generación en generación desde tiempos inmemoriales.

Se hizo el silencio, y a los pocos segundos, los dedos de la joven heredera harían vibrar las cuerdas del arpa. Las notas que salieron eran dulces, armoniosas y calmantes. Como una melodía tocada por ángeles enviados desde el cielo.

Pero nada podría haberse comparado con la voz que salió de los labios de la intérprete, que comenzó a cantar al son de la melodía que tocaba:

/en da?e?u nobe? ?o?nd?/

/t?e ??t? keuænu sale?/

/en da?e?u nobe? d???/

/t?e ??t? nobe? dezu dot?e?/

- Eso es...

- Hermano, no entiendo lo que dice. ¿Qué letra es esa? – preguntó Aryll.

Link miró a su hermanita. No estaba seguro, pero había oído rumores de que la familia real estaba muy versada en lenguas antiguas. Él no era un experto, pero la letra de esa canción seguramente debía ser una de ellas.

Y aunque no la entendía... podía percibir el sentimiento que buscaba transmitir.

- No lo sé, la verdad. - admitió el chico. – Pero me gusta. Es una canción muy hermosa.

La princesa tenía un gran talento. La melodía del arpa y su propia voz armonizaban tan perfectamente, que eran capaces de llegar al corazón de cualquiera. Irradiaban una sensación de paz, tranquilidad, amor y compasión que era casi palpable en el aire.

Todo mundo parecía haber caído en un trance, y no era para menos. Una voz tan cautivadora acompañada de una hermosa melodía como esa. El propio Link se sentía más y más inmerso con cada nota que salía tanto de las cuerdas del arpa, como de los labios de la joven heredera.

Sin duda, este festival le daría muchos recuerdos para compartir en casa.

Para cuando cayó la noche, Aryll había agotado tanto sus energías en el festival que cayó dormida casi de inmediato después de que ella y su hermano habían cenado. Lo único que lamentó fue que, por obvias razones, no pudieron acercarse de nuevo a la Princesa Zelda, y no pudieron demostrarle de nuevo su gratitud por lo que hizo por ellos el día anterior.

- La Princesa de Hyrule… increíble.

Apenas podía creer lo que había sucedido en los últimos dos días. Quien él pensaba que era una joven que amablemente ayudaba a un desconocido, resultó ser la heredera del trono del reino. Los trató como sus iguales, e incluso les ofreció dinero para que pudiesen disfrutar más del festival sin preocupaciones. A ellos, un par de simples y pobres aldeanos.

¿Cómo podría mostrarle su gratitud apropiadamente? Sentía que quería, no, que debía hacer algo. Pero no sabía qué, o cómo, ya que dudaba que lo dejasen entrar al castillo solo para poder hablar con ella.

*¡KNOCK, KNOCK, KNOCK!*

En ese momento, alguien tocó a la puerta de su habitación. Preguntándose qué podría ser, el chico se paró de la cama casi de un salto y fue a abrir, para encontrarse con el dueño de la posada, que lo miraba seriamente.

- Perdón por molestarte, chico, ¿tú eres el que se llama Link?

- Eh... sí, lo soy. – respondió él. – ¿Sucede algo malo?

- Hay un mensajero en la puerta que quiere entregarte algo.

El rubio se extrañó, pero entendiendo que era mejor no dejarlo esperando, le dio las gracias al posadero por el aviso y bajó para ver al susodicho mensajero. Este era un hombre alto y delgado, de uniforme blanco y gorra roja que parecía estar trotando sin moverse en la entrada y tenía mucha prisa.

- Disculpe, yo soy Link. – le dijo. – ¿Dijeron que tiene algo para mí?

En respuesta, el hombre le alargó un sobre. Este tenía un sello de oro con el símbolo de la familia real, particularmente la Trifuerza rodeada por un par de alas que era inconfundible. ¿Acaso eso significaba que...?

Sin perder ni un instante, Link abrió el sobre y leyó el contenido:

Querido Link:

Antes que nada, debo disculparme por no haberme presentado apropiadamente. Ahora ya debes saberlo, mi verdadero nombre es Zelda Bosphoramus Hyrule, princesa heredera al trono de Hyrule.

A decir verdad, no tenía permitido revelarme hasta el tercer día del festival, pero realmente quería hacer algo como una persona normal y tal vez conocer a algún amigo. Fue por eso que me acerqué a ti y a tu pequeña hermana, y cuando me contaste tu historia, me sentí tan conmovida que no podía quedarme sin hacer algo por ustedes. Era mi forma de agradecerles por pasar ese rato conmigo y que fuera tan divertido.

Si está bien para ti, ¿te gustaría que fuésemos amigos por correspondencia? Realmente me gustaría tener a alguien de mi edad con quién conversar, y si necesitas desahogarte de problemas o cualquier cosa, estaré dispuesta a oírte. Si tu respuesta es sí, por favor envíamela de inmediato junto con el mensajero que te entregó esta misma carta, junto con tu lugar de residencia para poder responderte apropiadamente.

Tu amiga sinceramente, Zelda, la Princesa de Hyrule

P.D: Me encantaría que nos volviéramos a ver alguna vez. ¿Podría ser tal vez durante el festival de invierno? Si no pueden venir, con gusto puedo hacer los arreglos para ustedes.

Link terminó de leer la carta, y se quedó casi pasmado. Una carta... una carta enviada por la Princesa de Hyrule, donde le pedía ser amigos por correspondencia. Estaba en shock, pero al superarlo, sintió una gran dicha en el corazón.

Al parecer, sí tendría oportunidad de mostrarle su gratitud.

- Disculpen, ¿alguien tiene pluma y papel que pueda utilizar? – fue lo que pudo decir una vez que pudo articular la voz nuevamente.

Afortunadamente, la recepcionista tuvo la amabilidad de coger un tintero y darle un trozo de pergamino para escribir su respuesta rapidamente. Era obvio que le daría una afirmativa; no había forma de que pudiese dejar pasar esta oportunidad, menos dejar a la princesa esperando por su respuesta.

Habiendo escrito su respuesta, y adjuntando la información pedida, Link le entregó el sobre de vuelta al mensajero, que se marchó sin tardanza. Algunos curiosos se quedaron mirándolo, pero él no iba a compartir lo que acababa de suceder con nadie más

Solo con su hermanita, y con el resto de su familia. Tendrían mucho qué contarles sobre este festival cuando regresaran.

(--0--)


Varios días después, de regreso en su aldea…

- … y luego nos enteramos que esa muchacha era, no me lo vas a creer, ¡la Princesa de Hyrule! – decía Aryll alegremente. – ¿Puedes creerlo, abuelita? ¡Mi hermano se hizo amigo de una princesa real!

Los dos hermanos en ese momento se encontraban frente a la tumba de su difunta abuela. En vez de ser llevada al cementerio de la aldea, la anciana había pedido ser sepultada en las cercanías de su hogar, para estar lo más cerca posible de su familia. Eso les facilitaba las cosas, ya que al volver a casa la pequeña estaba ansiosa de contarle todo lo que habían hecho durante el festival, sin dejarse absolutamente nada por fuera.

Era bueno ver que siguiera tan alegre, y que hubiera encontrado una manera de sobrellevar el dolor. Link casi podría jurar que escuchaba a la abuela respondiéndole a todo lo que decía su pequeña hermana, y que estaba muy feliz por ello.

- Por lo que veo, ambos lo pasaron muy bien. – dijo la voz de su abuelo detrás de ellos. – Pero de verdad estoy sorprendido; ¿la Princesa de Hyrule?

- Lo sé, a mí también me cuesta creerlo. – dijo Link. – Yo pensaba que los nobles eran personas frías y distantes, o peor, presumidos y arrogantes. Pero ella era tan… cálida y amable. Fue como si la hubiesen enviado del cielo.

- Bueno, si me lo preguntas es probable que tu abuela haya hecho amigos en lugares altos. – sonrió el anciano. – Entonces, ¿ella quiere que sean amigos por correspondencia?

- Eso fue lo que dijo. – respondió Link. – En la carta también mencionó la posibilidad de vernos en el festival de invierno. La verdad… me gustaría ir, y Aryll también, pero…

- ¿Te preocupa que me quede solo aquí? – completó el abuelo. – No te preocupes por mí, muchacho. Alguien tiene que vigilar el fuerte después de todo. Y para que tu abuela no se sienta sola mientras ustedes se divierten.

Los dos observaron la lápida, mientras Aryll continuaba contándole todos los pormenores del festival y lo emocionada que estaba de poder ir al de invierno. El muchacho sentía que era como si le estuviera pidiendo permiso, incluso a sabiendas de que no iba a negárselo si se encontrara aquí.

Ella quería que ellos fueran felices, que no se preocuparan por su partida física, después de todo.

- Aún faltan meses, así que habrá tiempo para prepararlo todo. Hasta entonces, trabajaré más duro para que el dinero deje de ser un problema, abuelo. – prometió Link.

- Eso lo apreciaré mucho, hijo. – replicó el abuelo, poniéndole la mano en el hombro. – Yo también haré lo que pueda para apoyarte. Después de todo, si su nueva amiga los estará esperando, no sería justo dejarla plantada cuando llegue el día, ¿verdad?

Link asintió estando de acuerdo, y mientras Aryll seguía hablándole a la tumba de su abuela, Link observó hacia el cielo. Por un momento, pudo ver entre las nubes la imagen de la dulce anciana, sonriéndole y saludándole con la mano como lo hacía siempre en vida. Link respondió de la misma manera, y notó que su abuelo también lo hacía.

Observadores exteriores podrían pensar que estaban saludando a la nada, pero a ellos no les importaba. Si solo ellos podían verla significaba que solo se estaba mostrando para ellos, dándoles su bendición como siempre lo hacía. Ahora Link no tenía ninguna duda; en su visita al festival la abuelita movió algunos hilos para que ellos pudiesen pasarla bien.

- "Abuelita… muchas gracias. Por eso, y por todo lo demás."

FIN

Notas finales:

Bien, eso fue todo. Por si alguien pregunta, la premisa está basada parcialmente en el capítulo de los fuegos artificiales del manga/anime Go Toubun no Hanayome, ya que la idea original simplemente era "Link quiere ser un buen hermano llevando a Aryll a un festival para que se divierta, y en él conoce a Zelda". También, las letras extrañas que están puestas allí se supone que son el lenguaje hyliano del Cántico de la Diosa, las encontré por allí y pensé que sería un buen detalle. No hay mucho más que decir, pues esta historia era más por hacer algo corto y dulce, sin dramas ni complicaciones, e incluso manteniendo lo del tributo espero que al menos haya sido disfrutable para ustedes. La verdad necesitaba sacarme esto ya que no he escrito más nada en los últimos días desde el fallecimiento de mi abuela (fuera de capítulos que había terminado o traducido antes de eso), pero creo que luego de esto, en uno o dos días más me sentiré de nuevo en forma para volver a mis otras historias.

En fin, gracias por leer, y aprovecho de agradecer especialmente a Goddess Artemiss, mi querida compañera escritora y gran amiga que no solo me ayudó con algunas sugerencias para este oneshot, sino que me dio una dedicatoria en uno de sus capítulos recientes expresando su apoyo y condolencias, cosas que para mí no tienen precio. Y como aquí quedó abierta la puerta para una secuela, pueden estar seguros de que verán ese festival de invierno cuando llegue Navidad, si todo sale bien. Hasta la próxima.

Usted debe login (registrarse) para comentar.