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Aprendiz de Diosa por EriRose27

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Prólogo

— ¿Cómo ha sido esta vez?

Itachi se puso tenso al oír su voz y apartó los ojos del cuerpo inerte tendido sobre la cama el tiempo justo para mirarla. Tsunade, su mejor amiga, su confidente, su hermana en todos los sentidos menos en el de la sangre, estaba en el umbral, pero ni siquiera su presencia le sirvió para refrenar su ira.

—Se ha ahogado —dijo volviéndose hacia el cadáver—. La encontré flotando en el río esta mañana, temprano.

No oyó a Tsunade acercarse a él, pero sintió su mano sobre su hombro.

— ¿Y seguimos sin saber…?

—Sí —su voz sonó más brusca de lo que pretendía y se obligó a suavizarla—. No hay testigos, ni pisadas, ni ningún rastro que indique que no saltó al río por propia voluntad.

—Puede que así fuera —dijo Tsunade—. Quizá se apoderó de ella el pánico. O puede que fuera un accidente.

—O puede que haya sido alguien —se apartó y comenzó a pasearse por la habitación, intentando alejarse del cuerpo todo lo posible—. Once chicas en ochenta años. No me digas que es un accidente.

Tsunade suspiró y acarició la blanca mejilla de la chica con la yema de los dedos.

—Estuvimos muy cerca con esta, ¿verdad que sí?

—Kin —replicó Itachi—. Se llamaba Kin y tenía veintitrés años. Y ahora, por mi culpa, no cumplirá los veinticuatro.

—No los habría cumplido si hubiera sido la elegida.

La furia se agitó dentro de él y amenazó con desbordarse. Pero cuando miró a Tsunade y vio su mirada compasiva, su cólera se disipó.

—Debería haber pasado la prueba —dijo con voz crispada—. Debería haber vivido. Yo pensaba…

—Todos lo pensábamos.

Se dejó caer en una silla y ella se acercó enseguida y frotó su espalda con gesto maternal, tal y como él esperaba. Itachi metió los dedos entre su cabello oscuro y se encorvó, abrumado por el peso de la culpa. ¿Cuántas veces más tendría que pasar por aquello antes de que le liberaran por fin?

—Todavía hay tiempo.

El optimismo de Tsunade le produjo una punzada más dolorosa que todo lo sucedido esa mañana.

—Todavía quedan décadas…

—Me rindo.

Su voz resonó en la sala. A su lado, Tsunade comenzó a respirar agitadamente. Tardó unos segundos en responder, y entre tanto Itachi pensó en retirar lo que había dicho, en prometerle que volvería a intentarlo. Pero no pudo. Ya habían muerto demasiadas.

—Itachi, por favor —susurró ella—. Quedan veinte años. No puedes rendirte.

—No servirá de nada.

Se arrodilló delante de él, le hizo apartar las manos de la cara y lo obligó a mirarla y a ver su miedo.

—Me prometiste un siglo y vas a cumplirlo, ¿entendido?

—No voy a permitir que muera otra por mi culpa.

—Y yo no voy a permitir que te consumas así. No, si puedo hacer algo por evitarlo.

Él arrugó el ceño.

— ¿Y qué vas a hacer? ¿Buscar otra chica que esté dispuesta? ¿Traer una candidata cada año hasta que una apruebe? ¿Hasta que alguna supere las Navidades?

—Si es preciso, sí —entornó los ojos con una expresión que irradiaba determinación—. Pero hay otra alternativa.

Itachi desvió la mirada.

—Ya te he dicho que no. No vamos a volver a hablar de eso.

—Y yo no voy a permitir que te rindas sin luchar —afirmó ella—. Nadie podrá reemplazarte por más que diga el consejo, y te quiero demasiado para permitir que te des por vencido. No me dejas otra elección.

—No serás capaz.

Tsunade se quedó callada.

Itachi apartó la silla, se levantó y desasió su mano de la de ella.

— ¿Le harías eso a una hija? ¿Traerla a este mundo para meterla en esto? —señaló el cadáver tendido sobre la cama—. ¿Lo harías?

—Si es para salvarte, sí, lo haría.

—Podría morir, ¿es que no lo entiendes?

Sus ojos centellearon y se irguió para mirarlo.

—Lo que entiendo es que, si ella no lo hace, te perderé.

Itachi se apartó de ella, intentando calmarse.

—No perderías gran cosa.

Tsunade lo obligó a girarse para mirarla.

— ¡No! —le espetó—. ¡No te atrevas a rendirte!

Él parpadeó, sorprendido por la vehemencia de su voz. Cuando abrió la boca para contestar, Tsunade lo detuvo antes de que pudiera decir nada.

—Ella tendrá una oportunidad, lo sabes tan bien como yo, pero pase lo que pase no acabará así, te doy mi palabra —señaló el cadáver—. Será joven, pero no será una necia.

Itachi tardó un momento en encontrar una respuesta y, cuando por fin contestó, lo hizo a sabiendas de que se estaba aferrando a una falsa ilusión:

—El consejo no lo permitirá.

—Ya se lo he preguntado. Como queda dentro del plazo, han dado su consentimiento.

Itachi apretó los dientes.

— ¿Se lo has preguntado sin consultarme primero?

—Sí, porque sabía lo que ibas a decir —repuso ella—. No puedo perderte. No podemos perderte. Eres lo único que tenemos y sin ti… Por favor, Itachi, déjame intentarlo.

Cerró los ojos. Si el consejo había dado su autorización, no le quedaba otro remedio. Intentó imaginar cómo sería la chica, pero cada vez que en su cabeza comenzaba a formarse una imagen, se interponía el recuerdo de otra cara.

—No podría quererla.

—No haría falta. —Tsunade le dio un beso en la mejilla—. Pero creo que, de todos modos, la querrás.

— ¿Y eso por qué?

—Porque te conozco, y porque sé los errores que he cometido. Y no se repetirán.

Él suspiró, su determinación se desmoronó mientras Tsunade lo miraba fijamente, suplicándole en silencio. Solo quedaban veinte años. Podía aguantar hasta entonces, si con ello conseguía no hacerle más daño del que ya le había hecho. Y esta vez, pensó lanzando una mirada al cadáver, él tampoco repetiría sus errores.

—Te echaré de menos mientras estés fuera —dijo, y Tsunade dejó caer los hombros, aliviada—. Pero esta será la última. Si fracasa, me rindo.

—Está bien —contestó ella apretando su mano—. Gracias, Itachi.

Asintió con un gesto y Tsunade se alejó con intención de salir, pero al acercarse a la puerta ella también miró hacia la cama e Itachi se prometió que aquello no volvería a ocurrir. Costará lo que costase, superara la prueba o fracasara, aquella viviría.

—No es culpa tuya —dijo sin poder evitarlo—. Lo que ha pasado… Yo lo he permitido. La culpa no es tuya.

Ella se detuvo en el vano de la puerta y le dedicó una sonrisa melancólica.

—Sí que lo es.

Antes de que él pudiera decir algo más, se marchó.

Notas finales:

Aclaración: Naruto, así como sus personajes, le pertenece a Kishimoto. La historia es la adaptación del primer libro “Aprendiz de diosa” del cual la autora es Aimee Carter. El uso de los personajes como la historia es sin fines de lucro y sólo con el afán de entretener. 


 

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