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Por el tiempo que nos quede por Fox McCloude

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Ciudad Vermillion

Ash Ketchum suspiró. Él no era de las personas que le gustaba quedarse esperando en un lugar. Era más bien del tipo que estaba constantemente en movimiento y buscando lo que quería, en lugar de esperar a que lo encontrara.

Por eso estaba molesto de tener que estar allí parado esperando. Había dejado a Pikachu y al resto de sus Pokémon en el Centro Pokémon, pues merecían un buen descanso tras un largo viaje en barco desde Johto, y su último torneo en la Liga de Campeones Regionales. En otras circunstancias, con gusto habría buscado a algún entrenador para retarlo a una batalla, aunque fuese solo por pasar el tiempo.

Pero no podía distraerse. La cosa fue que apenas llegó a Ciudad Vermillion, pasó a visitar el Instituto Cerise para saludar, solo para descubrir que alguien había venido buscándolo para dejarle un mensaje. Lo sorprendente no fue que lo dejaran en una carta tradicional (aunque fuera inusual), sino quien era el remitente.

Querido Ash:

Tal vez te sorprenda recibir un mensaje de mí después de tanto tiempo, y luego de estar totalmente ausente de tu vida. Y no puedo culparte si no tienes una opinión favorable de mí.

El asunto es, muchas cosas han sucedido, y ahora que tengo una oportunidad, quisiera que pudiéramos hablar, aunque sea solo una vez. Quiero explicarte por qué me fui, y jamás intenté volver contigo y con Delia. En retrospectiva, sé que lo que hice no tiene excusa alguna, pero si vas a odiarme, al menos quiero estar seguro de que me lo merezco.

No te pido más, solo una o dos horas de tu tiempo. Si aceptas, ¿podemos vernos en la plaza de Vermillion a eso de las diez mañana?

Tu padre,

Jaycen Ketchum.

P.D: Si tienes alguna duda, puedes preguntárselo a tu madre. Ya hablé con ella al respecto.

Y así lo hizo. Apenas leyó la carta, lo primero que hizo fue telefonear a Pueblo Paleta, y Delia confirmó que efectivamente era de su padre. Ash casi habría preferido que fuese una broma de mal gusto.

- Mi padre… ¿después de tantos años y reaparece sin más?

Su padre había estado ausente de su vida desde que tenía memoria, y de hecho en su casa había muy pocas fotografías de él. No estaba seguro de poder reconocerlo ahora, aun si llegase a verlo. Por lo que sabía, simplemente un día se fue de casa, y Delia no quería hablar al respecto.

Y ahora de pronto, recibía una carta suya diciendo que quería verse con él, aunque fuese solo una vez. Ya aproximándose a sus veinte años, Ash no sabía qué podría querer un hombre que abandonó a su familia por tanto tiempo, y la verdad, él tampoco estaba seguro de por qué de pronto él sintió el impulso.

Quizás fue solo porque su madre se lo pidió, con un fuerte sentido de urgencia:

Sé que no estás muy feliz con tu padre, pero no está bien que guardes rencores sin saberlo todo. Concédele al menos esa oportunidad de hablar, es todo lo que te está pidiendo.

Esas habían sido las palabras de Delia cuando la llamó. Ash leyó y releyó la carta de su padre, preguntándose qué podría ser eso que necesitaba saber. Él no era una persona rencorosa, pero… no estaba seguro de que su padre hubiese tenido alguna buena razón para irse de sus vidas sin dejar rastro alguno.

No sabía qué hacer, Su mamá se lo está pidiendo, y por la forma en como lo dijo, había algo que ella sabía y que él (Ash) no. Y la única forma de saberlo era hablar con su padre.

Y eso era lo que no lo dejaba en paz. Por un lado, casi había deseado saltarse esa parada que hizo en el Laboratorio Cerise e irse directo a Pueblo Paleta, aunque eso seguramente solo habría retrasado el mensaje. Por el otro… algo en él le decía que, si no aceptaba, nunca se lo iba a perdonar.

Al final la segunda le ganó, y ahora estaba aquí. Ya no podía echarse para atrás, así que quizás lo mejor era salir de ello lo más pronto posible.

Casi un minuto después que el reloj de la plaza marcó las diez, Ash vio que alguien iba acercándose hacia él. Aunque caminaba contra la luz y no podía verle bien el rostro, no tardó en notar que dicho sujeto tenía un atuendo muy similar al estilo que él acostumbraba llevar: una gorra roja, una chaqueta azul oscuro, y un par de pantalones negros, aunque usaba botas en lugar de zapatillas deportivas. Caminaba con las manos en los bolsillos despreocupadamente, como si supiera hacia dónde iba.

Y cuando se detuvo frente a él, pudo verlo con claridad. El mismo pelo negro encrespado, aunque un poco más largo por debajo de la nuca, y las mismas marcas en las mejillas en forma de Z que tenía Ash. Aunque la barba que no tenía en las fotos y las ojeras dejaban en evidencia el paso del tiempo, y también estaba un poco más pálido que en las fotos, no cabía duda de que era él.

- Hola, hijo. – le saludó, tratando de sonreír. – Me da mucho gusto verte.

- Hola… papá. – respondió Ash. No sentía que podía corresponder a la segunda oración con total sinceridad, así que no dijo más.

- Sé que esto no va a ser fácil para ti. – dijo Jaycen. – Pero mi tiempo es limitado, y creo que es mejor que hablemos lo más pronto posible.

- Por mí excelente, entre más pronto, mejor. – dijo Ash. – ¿Buscamos un lugar más tranquilo?

Padre e hijo se fueron a una pequeña cafetería. No había mucha gente en ese momento, así que podrían conversar sin ninguna interrupción, mientras comían algo. Jaycen ofreció pagar la cuenta, pero Ash dijo que llevaba dinero y podía pagar su parte.

Después del aperitivo, finalmente empezaron a conversar.

- He estado siguiendo muy de cerca tus logros, ¿sabes? – le dijo, y Ash no pudo evitar notar un deje de orgullo en su voz. – Vi tu última batalla en el torneo de la Liga de Campeones, estuviste increíble.

- Gracias. – respondió Ash. – ¿Y qué has hecho tú en todo este tiempo? ¿Algo interesante?

- La verdad… no mucho. – admitió Jaycen. – Las cosas… han sido un poco complicadas para mí.

- ¿Complicadas? – Ash lo miró levantando una ceja. – ¿Fue por eso que te fuiste sin decirnos nada a mí y a mamá?

Ash notó que su padre desviaba la mirada con incomodidad. Había aceptado hablar con él para esclarecerlo todo, aunque ahora que lo pensaba, eso fue ser un poco demasiado directo.

- Ash, no tienes idea de cuánto me arrepiento de haberlos dejado. Era joven y muy estúpido, no estaba pensando con claridad…

El entrenador tuvo que contenerse de hacer un comentario. ¿Era joven? ¿Qué edad tenía Jaycen entonces? ¿Veinte, veintidós? No hay mucha diferencia con la edad actual de Ash, y él ya se había vuelto bastante independiente. Su carrera no le había hecho abandonar a su familia.

- Mamá sufrió mucho, ¿sabes? Cuando le preguntaba por qué no estabas, no me respondía. A veces hasta la escuchaba llorar por la noche. – agregó Ash.

Jaycen apretó los párpados e hizo otra mueca de incomodidad. Parecía que ya sabía perfectamente eso, pero Ash necesitaba decirlo, aunque le doliera todavía. Necesitaba entender lo que les había hecho pasar.

- Te lo aseguro, nunca fue mi intención hacerles daño. – le dijo Jaycen. – Sé que debí haber hecho esto antes, pero quiero arreglar mis asuntos mientras todavía tengo tiempo.

Antes que Ash pudiese preguntar a qué se refería con "mientras todavía tengo tiempo", Jaycen se sacó de entre la chaqueta una carpeta con papeles. Ash los revisó y se dio cuenta que eran del banco nacional de Kanto.

Un fondo puesto a nombre de Ash y Delia, y ascendía a una cantidad nada desdeñable. Quizás suficiente para hacer remodelaciones a su casa y al restaurante y aún quedaría para más.

- ¿Crees que con dinero se compensan todos estos años que te fuiste? – dijo Ash. – Mamá y yo estamos bien económicamente. Así que gracias, pero no necesitamos tu dinero.

- Tampoco yo lo necesitaré. – dijo Jaycen. – Prefiero estar seguro de que quede en buenas manos. Y no tengo a nadie excepto a ustedes dos.

- ¿Qué es lo que pasa contigo? – preguntó Ash, empezando a molestarse. – Casi creería que te estás muriendo y redactas tu testamento, o algo así.

Jaycen no le respondió verbalmente, pero la mueca que hizo tras el comentario de Ash no le pasó desapercibida. De hecho, fue como si ese silencio hubiera sido toda la respuesta que necesitaba.

- Espera… ¿no me digas que…?

- Realmente, no estoy seguro de cuánto tiempo me quede. – dijo Jaycen despreocupadamente. – Por eso quiero poner en orden todos mis asuntos, para irme sin arrepentimientos.

Jaycen se sacó de entre la chaqueta otra carpeta de diferente color. Más intrigado que antes, Ash la tomó y la abrió, encontrando un montón de papeles con términos y gráficas que él no entendió. Aun así, sabía lo suficiente como para darse cuenta que se trataba de exámenes médicos, y más concretamente sobre el corazón. ¿Cardiogramas, o algo así era como les llamaban?

Sin embargo, lo que le llamó la atención fue donde describían la condición específica del paciente.

- ¿Síndrome de Osiris? – le preguntó.

- Una enfermedad terminal. – le explicó. – Aun no existe cura, solo hay tratamientos para aliviar los síntomas y retardar su avance. Cuando me diagnosticaron, no me dieron más de cuatro o cinco años.

- ¿Cuándo fue eso? – preguntó Ash.

- … Poco después de que tú naciste. – confesó Jaycen, con un tono cargado de vergüenza.

Ash soltó la carpeta sobre la mesa, quedándose pasmado con la revelación. Todo había sucedido demasiado rápido para poder procesarlo. Primero, su padre aparece para verlo después de estar ausente por casi veinte años, luego, resulta que padece de una enfermedad terminal, y quiere arreglar las cosas aun teniendo tiempo.

La parte de Ash que seguía enojada con su padre ahora entraba en conflicto con otra que le decía que no podía simplemente pedirle que se fuera tras revelar su condición. Sin embargo, había otras cosas para esclarecer.

- Pero estás aquí ahora. – señaló Ash. – Habías dicho que te dieron cuatro o cinco años.

- Es un tratamiento experimental, pero es efectivo. No es que tenga esperanzas de una cura, pero me ayuda a aliviar las peores partes.

Jaycen se remangó la chaqueta para enseñarle un dispositivo que llevaba en la muñeca. A Ash le recordó vagamente el brazalete que Clemont una vez usó para monitorear su sincronización con Greninja. Los pitidos se movían a la par con una gráfica de su ritmo cardíaco, y otros indicadores de signos vitales.

- Si me cuido bien y mantengo la terapia, tal vez me queden unos seis años más. O tal vez seis meses. Por lo que sé podrían ser simplemente seis minutos.

- Hablas como alguien que está resignado a morir. – dijo Ash con molestia. No le gustaba para nada esa actitud.

- Solo trato de ser realista. – dijo Jaycen. – Pensé que al menos, si mi tiempo es limitado, podía hacer algo bueno con mi vida. Ayudará a otras personas con esta enfermedad en el futuro.

Ash no negaba que eso era un objetivo muy noble, pero seguía sin gustarle esa actitud resignada de su padre. Parecía que se hubiera dado por vencido sin tratar al menos de hacer algo al respecto, por ínfima que fuese su esperanza.

Y tampoco entendía qué tenía eso que ver con haberlos abandonado.

- ¿Mamá lo sabía? – preguntó Ash. – Ella jamás me dijo nada.

- Ahora lo sabe. – enfatizó Jaycen. – No tuve el valor para decírselo entonces. Supongo que… no quería atarla a un moribundo.

- Podría haber hecho algo. No tenías por qué llevar esa carga tú solo.

- ¿Lo dice el chico que ha llevado el peso del mundo entero en sus hombros? ¿Varias veces? – replicó Jaycen en tono divertido. – Sí, no creas que no estoy al tanto de algunas de tus aventuras más alocadas, joven héroe.

- Ese fue un golpe bajo, papá. – dijo él. – Además, yo nunca estuve solo. Siempre tuve a mis amigos, y a mis Pokémon para apoyarme.

- Pero eso no quita que intentaste hacer las cosas tú solo, para no poner en peligro a otros, ¿no es así?

Ash frunció el cejo, pero se encontró incapaz de replicar. Su padre había dado en el clavo: aunque no era adverso a recibir ayuda, muchas veces intentó llevar el peso él solo, solo para fallar estrepitosamente.

De pronto la expresión de su padre cambió, apagándose la sonrisa que tenía.

- Creo que es algo que tenemos en común tú y yo… no queremos que nadie más lleve nuestras cargas.

Ash miró otra vez a los ojos de Jaycen. Él no se definía como alguien "responsable" en el estricto sentido de la palabra, pero en las cosas que eran importantes para él, y cuando tomaba algo como un deber por cumplir, claramente no dejaba que nadie más se lo quitara.

- Después de que me fui, vagué sin rumbo alguno. – dijo Jaycen. – En ese tiempo, lo único que quería era que el dolor se fuera de una vez. No, no hablo de la enfermedad. Hablo del dolor de haberlos dejado a ti y a Delia.

- ¿Entonces por qué lo hiciste? – dijo Ash. – ¿Te avergonzaba tener esa enfermedad?

- No, no fue eso. – dijo Jaycen. – Fue porque… porque temía que tú sufrieras por culpa mía.

- ¿Yo?

- El síndrome de Osiris es una condición hereditaria. Más común en hombres que en mujeres, y según lo que averigüé, contigo era un 50/50. El pensar que le pasé mi condición a un niño inocente… ese pensamiento no me dejaba en paz. Hasta que finalmente no pude más.

Ash apretó los puños, que comenzaron a temblarle. Todo ese tiempo, su padre había estado ausente de su vida. Durante años, se preguntó por qué los había dejado a él y a su madre. No entendía por qué los habría abandonado. Se había imaginado infinidad de razones: que estaba metido en algo peligroso, que quizás se escapó con otra mujer, y hasta llegó a creer que podría haber sufrido algún accidente.

Jamás se imaginó que el motivo real hubiera sido una enfermedad terminal. O de la posibilidad de que él la tuviera. No era que él lo viera justificable… pero tampoco se sentía capaz de odiarlo por ello.

Y en aquel momento, el entrenador se acordó de algo más.

- Espera, poco antes de volver de Johto, mamá me pidió que me tomara una muestra de sangre y se la enviara. ¿Acaso eso fue…?

- Para una prueba de ADN. – confirmó Jaycen. – Determinar si había posibilidades de que desarrolles el síndrome de Osiris. Pero no tienes de qué preocuparte. Delia me dijo que el resultado fue 100% negativo.

Bien, eso era un alivio. El pensamiento de que todos estos años podría haber llevado una enfermedad sin saberlo le resultaba escalofriante.

El entrenador permaneció en silencio, tratando de asimilar todo lo que su padre le había contado. Por qué se fue, la enfermedad, el miedo de habérsela transmitido a su hijo… realmente no sabía qué hacer con todo eso.

- Escucha, no los voy a obligar a ti y a Delia a que me acepten de nuevo luego de todo este tiempo. – dijo Jaycen. – Cometí un grave error y no puedo cambiar eso. Si quieren que desaparezca de sus vidas para no atormentarlos, lo haré. De todos modos, no voy a poder estar mucho tiempo.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? – preguntó Ash. – ¿Te das por vencido tan fácilmente? Creíste que solo ibas a vivir cuatro o cinco años, pero aquí estás, ¿o no?

- Ash, entiende, aun con la terapia no podré extender mi vida para siempre. – dijo Jaycen.

- ¿Y eso qué? – protestó Ash alzando la voz. – ¿Te estás resignando a morir, como si no te quedara nada más? ¿Por qué no intentas aprovechar el tiempo que te queda, vivirlo, en vez de escapar?

Jaycen ensanchó los ojos ante la declaración de Ash. Parecía que quería replicar de nuevo, pero se frenó en seco. El chico supo que ahora él había dado en el clavo, así que siguió presionando.

- No creí que diría esto, pero ya no estoy molesto contigo porque nos hayas abandonado. – dijo Ash. – Más bien, estoy molesto porque parece que tienes miedo de vivir. Puede que sigas respirando, pero es como si ya estuvieras muerto por dentro. Y eso no me gusta nada.

- Ash…

- Quizás ahora no pueda perdonarte por dejarnos. – siguió el chico. – Pero podría hacerlo, si tú me ayudas. Aunque sea por poco tiempo… ¿no podrías al menos hacer el intento de ser mi padre?

Ash odiaría admitirlo, pero la ausencia de una figura paterna en su vida era un vacío que siempre llevó en su interior. Claro, tuvo al Profesor Oak como una especie de abuelo substituto, pero no era lo mismo. Y para Delia no debió ser fácil tener que cumplir el rol de ambos padres en su vida.

No lo negaba; se sentía molesto con su padre, pero no quería tener más ese sentimiento. Quería poder perdonarlo, dejar atrás el enojo, y si Jaycen terminaba desapareciendo, ya fuera porque volviera a marcharse o terminaba muriendo, él jamás se perdonaría.

- Incluso después de tanto tiempo, nunca dejé de pensar en ustedes. – dijo Jaycen. – De hecho, después de Delia nunca más quise estar con nadie. En parte porque no quería arriesgarme a pasarle mi enfermedad a otro niño… y en parte porque incluso después de todo este tiempo, nunca dejé de quererla.

Por primera vez, el tono de Jaycen sonaba esperanzado en lugar de resignado. Quizás, Ash podría apelar a ello para quitarle de una vez esa actitud.

- Entonces, ¿por qué no lo intentas? Hasta donde sé, mamá nunca se divorció de ti. – dijo Ash. – Y tampoco te dio por muerto.

A pesar de que a Delia no le gustaba hablar del tema, en ocasiones cuando ella no se dio cuenta, la vio mirando las fotos donde aparecían juntos. Si hubiese querido, podría haberlas tirado o guardado, pero no lo hizo. Eso significaba que al menos una parte de ella albergaba la esperanza de que tal vez las cosas volvieran a ser como antes.

- No va a ser fácil. Para ninguno de nosotros.

- Las cosas importantes nunca son fáciles. – dijo Ash. – Si lo sabré yo.

Era obvio que no podían hacer que las cosas fueran como antes. Pero eso no quería decir que no pudieran volver a ser una familia.

Padre e hijo se miraron a los ojos nuevamente. Ash no iba a ceder un ápice. Había aceptado hablar con su padre, y arreglarlo todo con él. En aquel momento no tenía idea de cómo resultarían las cosas, pero ahora que ya tenía todo el contexto, sabía perfectamente lo que tenían que hacer.

(--0--)


Un par de semanas después…

El Coliseo de Batallas de Pueblo Paleta estaba repleto. A pesar de ser solo una batalla de exhibición, no todos los días se tenía la oportunidad de ver a los dos Cerebros de la Frontera de Kanto más fuertes en un combate, que ya estaba a punto de llegar a su punto culminante.

- ¡Regirock, Filo de Roca!

- ¡Charizard, defiende con Ala de Acero!

El titán de piedra alzó sus brazos haciendo surgir de la tierra varios trozos de roca afilada, y con un movimiento los lanzó hacia su oponente. El lagarto alado, por su parte, aterrizó en el suelo afianzándose con sus garras, al tiempo que sus alas adquirían un brillo de metal y las cerraba sobre sí mismo para escudarse.

El combate había sido feroz, tanto Ash como Brandon habían quedado con un solo Pokémon y estaban exhaustos. Todo iba a decidirse con un último ataque.

- ¡Charizard, mantén el Ala de Acero y usa Nitrocarga! – exclamó Ash.

- ¡Dispara Electrocañón ahora! – gritó Brandon.

La llama en la cola de Charizard se agrandó, rápidamente cubriendo todo su cuerpo por completo, al tiempo que Regirock juntaba los brazos para formar una gran esfera eléctrica. Regirock arrojó su ataque primero, pero Charizard salió como un bólido de fuego, extendiendo sus alas como cuchillas. Un segundo después, atravesó la esfera, y posteriormente a Regirock con un destello metálico.

Charizard aterrizó del otro lado del campo, echando chispas que evidenciaban parálisis al recibir el Electrocañón de frente. Pero justo después de eso, un enorme corte apareció en el cuerpo del gólem de piedra, que se desplomó inerte en el suelo, sellando el encuentro.

- ¡Regirock es incapaz de continuar! ¡El encuentro lo gana el Gladiador del Coliseo, Ash Ketchum!

Inmediatamente, todo el público estalló en vítores, mientras los dos entrenadores retornaban a sus Pokémon y se encontraban en el medio del campo para felicitarse por un buen encuentro.

Entretanto, en los asientos VIP solo había dos personas en aquel momento, y se trataba de los padres de uno de los combatientes. Era una gran ventaja que su hijo fuese el anfitrión y dueño de ese lugar, de modo que les podía dar admisión con los mejores asientos.

- ¿Y bien? – preguntó Delia. – ¿Qué opinas?

- Wow. – dijo Jaycen. – Ya había visto sus encuentros en televisión muchas veces, pero… verlo en vivo es totalmente diferente.

- Lo sé. – asintió la mujer. – Ash ha crecido mucho en todo este tiempo, y jamás deja de sorprenderme.

- Ahora más que nunca me arrepiento de no haber estado allí para verlo crecer.

El hombre miró a su esposa, que le devolvió la mirada con compasión. Estaba muy agradecido con ella por haberlo esperado durante tanto tiempo, y más por haber criado al hijo de ambos para que se convirtiera en una gran persona.

- A lo pasado, pasado. – dijo Delia, tomándole la mano. – Lo importante es que regresaste a nuestras vidas.

- ¿Estás segura? Ya te lo dije, no sé cuánto tiempo me quede, y no quiero que ustedes sufran por mi culpa.

- No importa cuánto tiempo sea. Ya lo sabes, pero Ash ha tenido muchas experiencias cercanas a la muerte, y eso me aterra. Pero poniéndome en su lugar, él vive cada momento al máximo, para no tener arrepentimientos si es que algo le sucediera. Tú deberías seguir ese ejemplo.

Jaycen volvió a mirar a su hijo en el campo de batalla. Durante todo ese tiempo le tuvo tanto miedo a su enfermedad, o a habérsela transmitido a Ash, que sin darse cuenta también le adquirió miedo a vivir su vida. Y de haber seguido por ese camino, seguramente se habría ido lamentándose de todo lo que no hizo en ese tiempo.

- Por el tiempo que nos quede, voy a vivir por ti, y por Ash. – dijo Jaycen. – Ya no quiero tener más arrepentimientos.

Delia le sonrió, y eso le hizo sentirse aliviado. Aunque no fuese mucho tiempo, quedarse con ellos sonaba mejor que estar huyendo. Había tantas cosas que quería hacer, y decirles. Quizás no llegara a todas, pero se aseguraría de cumplir todas las que fueran posibles.

Como por ejemplo…

- Por cierto… ¿sabes si Ash ya se consiguió una novia? – le preguntó a Delia con curiosidad.

- Oh, tendremos que presentártela algún día. – dijo Delia, guiñándole el ojo. – Seguro que cuando la conozcas la amarás tanto como yo.

Jaycen sonrió al escuchar eso. Esperaba que su hijo tuviese buen gusto. Después de todo, no quería perder la oportunidad de que él y Delia pudiesen avergonzarlo delante de su novia.

FIN.

Notas finales:

¡Hola de nuevo, gentes! Bien, antes que nada, hora de aclarar algunas cosas: primera, este shot NO es continuación ni precuela del que escribí para el día de las madres con Delia y Misty, está en una continuidad diferente. Y segundo… no voy a especificar quién es la novia de Ash aquí. Podría ser Misty, podría ser Serena… diablos, podría hasta ser Angie, o Anabel. Ustedes decídanlo XD

El punto es, estoy con ganas de probar distintas versiones del por qué el padre de Ash podría haberlos dejado sin irme con los típicos clichés de que podría ser Giovanni, Red de los juegos, etc. Aquí me basé un poco en la subtrama de Remus Lupin en el último libro de Harry Potter, luego de que abandona a su esposa e hijo por miedo de pasarle la licantropía. Yo para no complicarme elegí una enfermedad ficticia: el síndrome de Osiris viene de la serie de Mirai Sentai Timeranger, aunque no se especifican los detalles más allá de ser aparentemente cardíaca (la padece el ranger azul y trata de ocultársela al resto). Las historias donde se trata el tema del padre de Ash muy rara vez buscan motivos más "humanos" para explicar su ausencia, y esa es mi intención con este shot. No tengo digamos un headcanon definitivo todavía, así que por eso estoy probando distintas versiones. Eso sí; no me quiero ir tampoco por la línea de las novelas de Shudo al 100%.

En fin, creo que no me queda más que decir. Feliz día a todos los padres (en especial al mío, dondequiera que esté ahora) y espero que hayan disfrutado de este shot. ¡Hasta la próxima!

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