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Como una madre por Fox McCloude

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Región de Kanto, Pueblo Paleta…

Por mucho que el Gimnasio Cerulean fuese su hogar dulce hogar, siempre había esos días en que Misty se sentía confinada a ese edificio y necesitaba salir, aunque fuese solo para estirar las piernas. Era muy afortunada de tener otros lugares donde era bienvenida y la gente siempre la recibía con los brazos abiertos.

La casa Ketchum era uno de dichos lugares, y siendo también uno de los más cercanos (junto con el Gimnasio Pewter), era también uno de los que visitaba con mayor regularidad. Las razones variaban: ya fuese que tuviera que hacer algún recado para el Profesor Oak o Tracey, una visita social para la señora Ketchum, o simplemente esperar a Ash para recibirlo luego de alguna de sus aventuras por el mundo, siempre estaba gustosa de ir.

Aquel día en particular, sin embargo, tenía otra razón para estar en ese lugar, y había solicitado un permiso para quedarse en Pueblo Paleta por un par de semanas. Normalmente sus hermanas le darían la lata por querer escaquearse sus deberes y dejarlas a ellas, pero en esa ocasión no hubo protestas. Después de todo, ellas sabían perfectamente que, por esas fechas, Misty prefería alejarse un poco del gimnasio ya que le traía recuerdos algo dolorosos.

Como de costumbre, Delia estuvo muy feliz de verla, y ya que la pilló mientras estaba probando un nuevo menú para su restaurante, la mujer la invitó a ayudarle en la cocina un poco. Aunque muchos creyeran que dejar que Misty se acercara a la cocina era como una bomba a punto de explotar, lo cierto era que era una buena ayudante de cocina.

- ¿Y bien? – preguntó Delia, viendo mientras Misty agitaba el cuenco en la olla hirviendo.

La pelirroja probó un poco del guiso que estaban haciendo y sonrió con satisfacción antes de pasárselo a la mujer. Delia también lo degustó y también sonrió con excitación.

- ¡Hmm, esto será un éxito en el menú del restaurante! – exclamó abrazándola. – Muchas gracias por tu ayuda, Misty.

- Oiga, yo solo hice lo que usted me pidió. – dijo la pelirroja, riéndose con modestia algo nerviosa.

Siempre que venía a visitarla le gustaba ayudarle en lo que pudiera, y si aprendía una o dos cosas para cocinar mejor, eso era un plus. Por eso nunca tenía inconveniente en ayudar a Delia, incluso a veces lo hacía sin que se lo pidieran.

Después de una exitosa prueba en la cocina, las dos mujeres se encontraban en la sala de la casa. Ya que Ash no se encontraba en casa en aquel momento, Delia sacó algunos de sus álbumes para mostrarle a Misty algunas fotos. Específicamente aquellas que Ash encontraría demasiado embarazosas y no le gustaría que sus amigos vieran. Así que naturalmente se moría por verlas.

- Aquí fue cuando estaba aprendiendo a caminar. – dijo Delia, enseñándole una foto de un Ash probablemente que seguramente no tendría más de un año.

- Qué adorable. – rio Misty. Tenía que admitir que se veía muy tierno a esa edad.

- Oh, aquí estamos cuando lo llevé en su primer día de escuela, O traté de hacerlo, al menos.

La foto en cuestión mostraba a Ash de unos cuatro o cinco años, sujetándose de un poste y haciendo un berrinche mientras Delia trataba (amablemente) de obligarlo a soltarse. Misty volvió a reírse; ya podía imaginárselo gritando "¡No quiero ir, no quiero ir!".

- Y mira esto, fue cuando ganó su primer torneo en el equipo de béisbol de primaria. – continuó Delia tras pasar la página.

Otra foto más, en la cual Ash ya se veía tal vez de ocho o nueve y un poco más alto, con un uniforme de béisbol completo, incluyendo el guante de pitcher. En la otra mano llevaba un pequeño trofeo, pero su expresión daba a entender que quería desesperadamente librarse del embarazoso abrazo al que su madre lo estaba sometiendo.

Misty tuvo la sospecha de que probablemente de allí viniera esa buena puntería que tenía Ash con los lanzamientos de Pokébolas. Dicho pensamiento también la hizo sonreír.

- Qué recuerdos. – dijo Delia con nostalgia. – Siempre revivirlos me ayuda a pasar el tiempo cuando Ash no está aquí.

Misty le echó una mirada a Delia. Evidentemente la mujer tenía que lidiar frecuentemente con el síndrome del nido vacío, ya que al ser Ash su único hijo y considerando que pasaba más tiempo viajando y teniendo aventuras que en casa… no debía ser nada fácil para ella.

- Siempre lo extraña, ¿verdad? – dijo Misty, aunque realmente no fuese una pregunta.

- Siempre. Pero está bien para mí. Mientras él pueda acercarse a cumplir sus sueños, no me importa a dónde vaya. Su corazón siempre estará aquí conmigo. Además… él nunca se olvida de las fechas que son importantes para mí.

Diciendo esas palabras, las dos dirigieron la mirada hacia el calendario. Efectivamente, ya se encontraban en la segunda semana del mes de mayo, y eso significaba que el Día de las Madres estaba muy próximo.

Misty sabía perfectamente lo cercanos que eran Ash y Delia. Incluso lejos de casa el chico evitaba a toda costa perderse el día de la madre y el cumpleaños de Delia. En una ocasión mientras viajaban juntos, ella lo pilló queriendo escabullirse por la noche para enviarle una postal, y le hizo prometer que no se lo diría a nadie.

Y no lo había hecho. Ella no creía que fuese vergonzoso que fuese tan hijo de mamá, siendo que prácticamente cada uno era la única familia cercana que tenía el otro.

- ¿Te sucede algo? – preguntó Delia, sacándola de su ensimismamiento.

- No, claro que no… bueno, sí. – admitió Misty. – Es solo que… me da un poco de envidia lo cercanos que son usted y Ash, ¿sabe?

- ¿Oh? – Delia levantó una ceja. – ¿Y por qué ibas a sentir envidia?

Misty miró a los ojos a la mujer. Claramente se veía de dónde los había heredado Ash, aunque los de Delia eran un poco más claros. La mirada no era acusadora, sino más bien preocupada. Delia tenía una personalidad maternal por naturaleza, y no solo con Ash, sino prácticamente por todos sus amigos, incluyéndola a ella.

Eso le hizo sentirse en suficiente confianza para decirle por qué se sentía de ese modo.

- Mi mamá murió cuando yo era muy pequeña. – dijo finalmente. – Yo todavía no podía ni recordarla, y si no fuera por las fotos que hay en casa creo que ni sabría su aspecto. Y mi padre pasa tanto tiempo viajando que mis hermanas tuvieron prácticamente que criarme en su ausencia. Ellas sí recuerdan a mamá… pero yo no.

Nunca se le hacía fácil hablar de sus padres, y por eso prefería evitar el tema incluso cuando le preguntaban. No era que no apreciara que sus hermanas la hubiesen cuidado (con todo y que a veces pudieran ser molestas), pero ninguna de ellas era su mamá. Y eso ella lo sabía perfectamente.

- Siempre que se acerca el día de la madre me acuerdo… que yo nunca le pude hacer un regalo a mi mamá mientras estaba viva. – le dijo. – Y por alguna razón, cuando estoy en el gimnasio ese día me acuerdo más de ella, y eso me hace sentir un poco mal, ¿sabe?

- Ahora lo entiendo. – dijo Delia. – No me había dado cuenta, ¿por eso viniste a visitarme ahora? ¿Porque te dolía recordar a tu mamá?

- Mm-hm. – Misty asintió. – Disculpe, no quería molestarla con mis problemas, pero…

- Cariño, ¿por qué crees que iba a molestarme? – preguntó Delia, con tono de sentirse ofendida por eso. – Mira, si es por mí, tú y los amigos de Ash también son parte de nuestra familia. Si alguna vez vuelves a sentirte de ese modo, no dudes en venir aquí. Siempre serás bienvenida.

- ¿Lo dice en serio?

- Por supuesto. – aseguró Delia, abrazándola.

Misty no supo qué decir, así que se contentó con murmurar un "gracias" mientras le correspondía el abrazo a Delia. Trató de no llorar, pero una lagrimita se le escapó del ojo.

Con todo, la pelirroja sentía que una palabra o un gesto no sería suficiente para expresarle su gratitud. Así, resolvió que iba a hacerle un regalo, y ya tenía en mente lo que podía darle. Era lo menos que Delia se merecía por ser siempre tan buena con ella.

(--0--)


Al llegar el domingo…

Otra de las ventajas de que Ciudad Cerulean y Pueblo Paleta estuvieran relativamente cerca era que enviar un paquete en servicio de entregas exprés no tomaba mucho.

En su última visita a Alola, tuvo una pequeña excursión de buceos con Lana, y una mujer a quien ella llamaba "maestra". El marido de esta última se dedicaba a explorar el mar en busca de tesoros perdidos, y ella había encontrado algunas gemas marinas que le parecieron muy hermosas y se las llevó de recuerdo luego de hacer algunos accesorios con ellas. Quizás a Delia le iban a gustar, así que llamó a su casa para pedirle a Daisy que las buscara, y se las enviara a Pueblo Paleta en un paquete.

- "Solo espero que no haya registrado los otros cajones." – pensó. No le importaba que vieran las joyas, pero en esos cajones guardaba otras cosas mucho más privadas.

De todas maneras, ahora que ya las tenía, se estaba preguntando cuál podría regalarle a Delia. Siendo como era ella, cualquiera seguramente le gustaría mucho. Tenía un collar, un par de aretes, unas muñequeras… quizás hasta podría regalarle todo el juego.

- Nah, eso sería exagerado. – se dijo. Delia era una mujer bonita y tampoco era que necesitara presumir con joyas para verse bien.

- ¿Qué sería exagerado?

La voz de Delia la hizo sobresaltarse, y por reflejo escondió la caja donde tenía las joyas guardadas. Al voltearse a ver vio que Delia llevaba una caja envuelta para regalo en las manos.

- Nada, no es nada. – dijo Misty tratando de cubrir apariencias.

- ¿Nada? – inquirió la mujer. – No me engañes, Misty, ¿qué escondes?

Misty solamente se rio nerviosa, pero igualmente decidió desviar la conversación, fijándose en el paquete que Delia llevaba. Tal vez eso le ayudara a ganar algo de tiempo.

- ¿Ese es el regalo de Ash? – preguntó.

- Ah sí. Mi pequeño siempre tan atento. – respondió Delia, quitando la tapa. – Vamos a ver qué me envió este año… ¡Oh, qué bien, justo lo que necesitaba!

Misty se acercó a curiosear, y vio que se trataba de un kit de utensilios de cocina. Cuchillos, espátulas, ralladores y demás herramientas que todo cocinero que se precie debía tener siempre a mano.

Sin duda el regalo perfecto para alguien como Delia.

- ¿Qué tal si los probamos ahora mismo? – sugirió Delia. – Hay otro platillo que me gustaría incluir en el menú del restaurante, y con esto podríamos hacerlo el doble de rápido.

- ¿Qué, quiere que le ayude de nuevo? – preguntó Misty.

- ¿Por qué no? Lo has hecho bien, y un par de manos extras siempre son útiles. – dijo Delia. – Y con eso aprendes a cocinar tú también, ¿o no?

Al ponérselo de esa manera, Misty simplemente no podía decirle que no. De nuevo, era imposible negarse a una petición de una mujer tan amable como Delia, de cualquier manera.

- Pero no respondiste antes a mi pregunta. – dijo Delia. – ¿Qué escondías allí?

La pelirroja sonrió de nuevo, esta vez de resignación. La verdad no había sentido en seguir ocultándolo si de todas maneras iba a dárselo. Sacó entonces la caja y se la mostró, aunque todavía sin abrirla.

- La verdad… era un regalo para usted. – le dijo. – Ya sé que usted no es mi mamá, pero… siempre que vengo me trata tan bien que es casi como si lo fuera. Solo véanos, usted me ofrece ayudarme a aprender a cocinar y todo. Las madres hacen eso con sus hijas, ¿no?

Misty abrió la caja, mostrándole a Delia los accesorios que había hecho. Por un momento no se atrevió a mirarle la cara, ya que no estaba segura de cómo reaccionaría a esa confesión. Ante el silencio, finalmente volteó a verla.

La sonrisa de Delia no había desaparecido, pero ahora había algo diferente en ella. La mujer había cerrado a medias los ojos y sus mejillas se habían sonrojado ligeramente. Parecía sentirse muy conmovida.

Sin decir nada, alargó lentamente la mano para tomar uno de los accesorios.

- ¿Los hiciste tú? – le preguntó.

- Con algo de ayuda. – respondió Misty con modestia.

- Son preciosos. ¿De verdad quieres regalármelos?

- Si usted los quiere. No serán tan útiles como esos utensilios de cocina que le envió Ash, pero…

Delia no la dejó terminar, simplemente la atrapó en un abrazo. No era la primera vez que lo hacía, siendo una mujer muy cariñosa, pero esta vez… había algo diferente.

Una calidez proveniente de la mujer que no podía explicar, pero no le desagradó en absoluto. Era una sensación maravillosa. ¿Sería así como se sentía el cariño de una madre?

- Gracias, muchas gracias, Misty. – le dijo cuando finalmente la soltó. – Es muy dulce de tu parte. A decir verdad, yo también tengo algo qué confesarte.

- ¿Ah sí?

- No lo niego, Ash es la luz de mi vida y lo amo, pero si hubiese tenido una hija… me habría gustado que fuese como tú.

- Oiga, no bromee con eso. – dijo Misty.

- No es broma. – aseguró Delia. – Mira, tú y Ash tienen mucho en común. Siempre aventureros, leales, y determinados a cumplir sus metas pase lo que pase. Mi hijo siempre ha sabido elegir bien a sus amigos. ¿Por qué crees que los consideramos parte de la familia?

Misty no supo qué contestarle. Ahí estaba otra vez, tratándola como a una hija a pesar de que no fueran parientes biológicas. Ella era solo la mejor amiga de su hijo.

Pero pensándolo bien, ¿eso realmente importaba? Tantos años de conocerse habían forjado un fuerte vínculo de afecto entre ellas. Para Misty, siempre que pensaba en su mamá inevitablemente terminaba pensando también en Delia.

Quizás no fuera intencional, pero Delia había llenado al menos en parte ese vacío que le quedó por la muerte prematura de su madre biológica.

- Por supuesto, si quieres hacerlo oficial, tienes toda mi aprobación. – continuó de repente Delia.

- ¿Oficial? ¿Qué quiere decir con…?

Misty de pronto se congeló. No estaba sugiriendo… "eso", ¿verdad?

- Ya sabes lo lento que es Ash, así que puede que necesite un empujón. – dijo Delia despreocupadamente. – ¿Puedo dejar eso en tus manos?

- O-oiga, espere, yo jamás dije…

- No hace falta que lo digas, cariño. El deber de una madre es conocer a sus hijos mejor que ellos mismos. – Delia luego le puso una mano en el hombro y se le acercó para susurrarle al oído. – Incluyendo a los no-biológicos, si me entiendes.

Fue por un segundo, pero a Misty le pareció ver que Delia le guiñaba el ojo. No pudo más que quedarse allí, y la única sensación en la que pudo concentrarse fue el ardor que de pronto surgió en sus mejillas una vez que terminó de procesar todo lo que Delia acababa de decir.

No fue sino hasta que Mimey pasó barriéndole por encima de los pies que salió del trance.

Al final no pudo más que reírse. No era que estuviese adversa a la idea de hacer "oficial" ser parte de la familia Ketchum, pero para eso tendría que dar el paso primero con Ash.

De todas maneras, saber que contaba con la aprobación de Delia era muy alentador en ese aspecto. Pero eso sería otra historia, para otra ocasión.

FIN

Notas finales:

¿Cómo están, gentes? Decidí traer algo para el Día de las Madres. En realidad este shot fue escrito para esta misma fecha el año pasado, pero ya que estaba aquí, pues dije qué rayos. Quizás lo más obvio habría sido tal vez un oneshot entre Delia y Ash, pero en ese momento quise intentar algo un poco diferente. Debo decir, Delia en muchos sentidos me recuerda bastante a mi propia mamá, así que disfruté mucho de escribir sobre ella. Por eso se lo dedico, es una forma de regalarle algo.

En fin, sé que hay mucha gente que le gustan mis historias con Ash y Misty, y eso lo aprecio, pero hay ocasiones en que me gusta aventurarme a que interactúen con otras personas y no solo entre ellos (digo, no es como que estén solos en el universo). Y aunque aquí mismo agregué un poco de PokéShipping al final, no es el foco central de la historia. Les diré algo; hace tiempo leí en un libro de autoayuda que las relaciones son la base de la vida para cualquier ser humano, y creo que podríamos estar de acuerdo que en las historias eso también aplica hasta cierto punto. Pero no hablo solamente las relaciones románticas; las familiares y de amistad también son importantes, y me deprime un poco que en el fanfiction estas dos sean tan infravaloradas en favor de la primera. No digo que no disfrute de leer (buen) romance, pero en serio, me gustaría que las relaciones familiares y de amistad fuesen un poco más apreciadas.

Como sea, creo que eso ya es todo. Espero que hayan disfrutado este mini-shot, y feliz día a todas las madres allá afuera (pero especialmente a la mía).

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