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Hyrule Warriors: Lazos del Destino por Fox McCloude

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Notas del fanfic:

Bien, acabando de comenzar con la publicación de esta historia, quisiera dirigirles algunas palabras, para aclarar algunos puntos.

Primero, como lo dice en la descripción, esta historia fue escrita en conjunto con Goddess Artemiss. A grandes rasgos, es una novelización (extendida) del juego de Hyrule Warriors, pero haciendo más énfasis en la relación de Link y Zelda, conmigo ocupándome de las secuencias de acción y combates, y ella en lo del romance y drama, que son nuestros puntos fuertes. Probablemente podrán darse cuenta de qué partes fueron escritas por mí o por ella, pues mi estilo de escritura es más narrativo y el de ella es más descriptivo, pero hemos hecho todo lo posible por mantener una consistencia entre ambos.

También, en partes avanzadas de la historia habrá algo de contenido lime, escenas un poco apasionadas e intensas entre Link y Zelda. Normalmente me reservaría de postear esa clase de contenido, pero ella sabe redactarlo de tal modo que se enfoca más en el sentimiento y no raya para nada en la indecencia (yo lo llamaría "una expresión de amor físico") y eso me gusta. Eventualmente, colocaré la advertencia cuando llegue a ese punto.

Siguiente, los primeros capítulos formarán un prólogo que no se enfoca en eventos que hayan ocurrido dentro del juego, es la primera expansión que hicimos a la historia. Aquí se insertarán algunos personajes originales, que servirán como apoyo cuando la historia arranque, pero manteniendo la trama solo con algunos cambios menores. Solo para estar claros, no hemos olvidado quienes son los protagonistas de la historia principal, nuestros personajes no los van a opacar en absoluto.

Ahora, siendo que esta es una novelización del juego, está de más decir que el fic estará lleno de spoilers masivos. Si ya jugaste el juego no hay problema, pero para quienes tengan la intención de jugarlo y descubrirlo por sí mismos, esta historia se los podrá arruinar (y por si acaso, aplica de igual manera para Ocarina of Time, Twilight Princess y Skyward Sword). Dicho eso, el prólogo solo tiene algunos detallitos menores del inicio de Hyrule Warriors, así que si lo desean pueden leer hasta allí, pero una vez que arranque la historia principal, no daremos concesiones a nadie con los spoilers. Que no se diga que no dimos advertencia.

Por último, pero no menos importante, cuando empezamos a escribir esta historia, la planeamos basándonos en la versión del juego Hyrule Warriors original, antes que siquiera se anunciara la versión de Legends. Trazamos la trama en base a eso de principio a fin, pero en el último arco se verán algunas referencias a Legends, si bien tiene un desenlace totalmente alternativo.

Ya sin más que decir, esperamos que disfruten de este relato, porque vendrá para rato. Intentaré publicar un capítulo cada dos o tres días, así que estén al tanto. Intenten comentar y díganme qué les parece, tanto Artemiss como yo se los agradeceremos mucho ^_^

 

Reino de Hyrule, año 30XX según el calendario tradicional...

 

Nuestra historia comienza en el reino de Hyrule, una tierra hermosa y próspera, que se dice fue bendecida por los dioses desde tiempos inmemoriales. Conocida por sus amplias praderas, profundos y frondosos bosques, altas montañas, aguas cristalinas, y grandes pueblos y ciudades, esta tierra ha sido el escenario que ha visto nacer muchas leyendas.

 

Relatos desde la antigüedad cuentan que siempre que la paz y la felicidad de este reino se ven amenazadas, surgirá un héroe vestido de verde que, empuñando una espada que repele al mal, se enfrentará y vencerá a la oscuridad. Las historias de estos legados heroicos han pasado de generación en generación, hasta llegar a los más jóvenes, muchos de los cuales aspiran a convertirse ellos mismos en grandes héroes.

 

La ciudadela del castillo de Hyrule aquel día se estaba llenando de mucha gente. Decenas de jóvenes valientes y vigorosos habían venido a este lugar con un solo propósito: probar su valía para ingresar al ejército real. Para muchos, ese era el mayor honor posible, servir a la familia real. Los gobernantes del reino siempre se habían adherido a un fuerte código de honor, justicia y sabiduría, mismo que siempre buscaban transmitir a la siguiente generación y a su pueblo. Dicho esto, solo aquellos que demostraran tener aquellas virtudes, junto con una gran habilidad para las armas que manejaban, serían aceptados.

 

Entre las filas de los espadachines destacaba un joven de unos diecisiete años, alto y de constitución fuerte, cabello rubio cenizo desordenado y ojos azul oscuro. Su vestimenta consistía en un suéter de color beige sujeto con una especie de faja roja, pantalones de color verde oscuro y botas de cuero marrón que le llegaban por debajo de la rodilla. Cargaba colgando de su hombro un gran bolso con equipaje, y llevaba una espada en una vaina rudimentaria sujeta con una correa de cuero en su espalda. Se detuvo por un momento antes de cruzar el umbral que llevaba a la ciudadela, en medio de la enorme multitud que llenaba el lugar.

 

- Muy bien, Link, ya estás aquí. Llegó el momento de la verdad. - se dijo a sí mismo, sintiendo como las emociones lo embargaban por completo.

 

El joven, cuyo nombre era Link, tomó un profundo respiro antes de dar el primer paso a través de la gran puerta, pero cuando estaba a punto de entrar, alguien que venía corriendo en dirección contraria chocó de frente contra él. Los dos cayeron de sentón al suelo por el impacto.

 

- ¡Auch, eso duele! - dijo Link. - ¡Fíjate por donde vas!

 

- Lo siento. - dijo el otro, mostrándose avergonzado.

 

Link pudo ver bien a la persona que se encontraba frente a él, era otro muchacho de aproximadamente su misma edad, de pelo negro y ojos marrones. Usaba un traje parecido al suyo, con la diferencia de que su suéter era azul y lo llevaba sin faja, y los pantalones eran negros.

 

- ¿Cuál es la prisa, y por qué vas en sentido contrario? - preguntó Link, poniéndose de pie.

 

- Dejé mi espada en la posada, tengo que ir por ella. - respondió el joven de cabello negro, parándose también. - Lo siento, no puedo charlar ahora.

 

Y dicho esto, echó a correr de nuevo, cuidándose de no chocar de nuevo y tratando de abrirse camino hasta la susodicha posada. Por dentro, Link esperó que pudiera encontrarla a tiempo, pues a los reclutas que llegaran tarde para la ceremonia de iniciación no se les darían concesiones en absoluto. Sin perder tiempo prosiguió su camino hacia el castillo.

 

La ceremonia de iniciación se llevaría a cabo dentro de las murallas exteriores, donde había suficiente espacio para todos los aspirantes. Había mucho desorden, en medio de todo el ruido, Link apenas alcanzaba a entender retazos de algunas conversaciones entre otros aspirantes. Se sentía algo incómodo, pues era el único de su pueblo que había asistido, así que no conocía a nadie en ese lugar.

 

Fue a tomar asiento en una banca despejada mientras esperaba a que iniciara la ceremonia. Le iba a resultar muy aburrido tener que esperar sin poder hablar con nadie o algo. Al cabo de unos minutos, sacó de su bolsa una cantimplora, la destapó y tomó un buen trago.

 

- Disculpa, ¿te molesta si me siento?

 

Link alzó la mirada para encontrarse con el mismo muchacho de pelo negro con el que había chocado en la entrada. Ahora sí traía su espada consigo.

 

- Claro que no. - dijo Link, apartándose para darle lugar.

 

- ¡Uff, gracias! - El chico pareció aliviado de poder sentarse. - Por las Diosas, toda la mañana he estado corriendo de un lado al otro, ya casi no daba más.

 

- ¿Quieres un trago? Te ayudará a recobrar el aliento. - le ofreció Link.

 

- ¿Es agua, o algo más? - preguntó el muchacho de pelo azabache, algo receloso.

 

- No hay licor, si es a lo que te refieres. - aseguró Link, haciendo una mueca de gracia.

 

El chico finalmente aceptó la ofrenda. Al tomar el trago, se dio cuenta que solo era agua con un ligero sabor cítrico, un poco ácido, pero resultó refrescante.

 

- Ah, gracias, eso cayó bien. - dijo devolviéndole la cantimplora. - ¿Primera vez en la ciudadela del castillo? -

 

- Sí, a decir verdad. - admitió Link.

 

- Yo ya había estado aquí un par de veces antes, pero el lugar ha cambiado mucho en estos años. - dijo el muchacho. - Por cierto, me llamo Ruisu.

 

- Yo me llamo Link, gusto en conocerte. - dijo, estrechándole la mano a Ruisu, siendo correspondido por este de la misma manera.

 

- ¿De dónde eres? A juzgar por tu vestimenta no eres de esta región.

 

- Vengo desde el pueblo de Ordon. - respondió Link.

 

- ¿Ordon? Eso queda bastante lejos, mínimo a una semana a caballo.

 

- Sí, fue un largo viaje. Pero ya estoy aquí. Siempre ha sido mi sueño ser un caballero al servicio de la familia real, así que vine en cuanto tuve la oportunidad. - indicó el joven, mostrándose orgulloso ante sus palabras.

 

- ¡Bueno, vamos a esforzarnos! - dijo Ruisu, haciendo una señal de victoria con su puño.

 

En eso, resonaron unas trompetas en la entrada del castillo. Esa era la señal que todos estaban esperando. La ceremonia de iniciación iba a empezar.

 

La gran multitud se aglomeró. Varios caballeros, vestidos con el uniforme de la guardia real, estaban parados en fila frente a la entrada del castillo, dos de ellos enmarcaban la entrada mientras sostenían los estandartes con el emblema de la familia real de Hyrule, el pájaro con las alas extendidas y los tres triángulos que formaban la sagrada reliquia de las leyendas, conocida como la Trifuerza.

 

Además de eso, habían colocado a su alrededor varios armeros llenos a tope con espadas, lanzas, arcos y flechas, y por supuesto también túnicas para soldados, cotas de malla y protectores. Dado que el castillo se ubicaba en la cima de una pequeña meseta, otorgaba una excelente vista de todo el campo a su alrededor.

 

Al cabo de unos minutos, una persona cruzó la entrada y se colocó en todo el centro de los caballeros. Desde donde estaban se podía distinguir que era una mujer, alta y de constitución atlética y musculosa. Tenía la piel algo bronceada, pelo platinado con un largo y delgado mechón que le caía por el lado derecho de la cara, y ojos rojos. Usaba un traje ajustado azul, con protectores de plata en los hombros, brazos, piernas y pecho, enmarcados con un particular símbolo, un ojo rojo soltando una lágrima, bordeado con tres triángulos arriba. Llevaba consigo una enorme espada, que a pesar de su tamaño no la hacía tambalearse por el peso ni nada.

 

- Bienvenidos. El día de hoy las puertas del castillo de Hyrule se abren para aquellos que desean probar su valía para convertirse en caballeros al servicio de la familia real. Soy Impa de los Sheikah, comandante de la Guardia Real, y seré su guía a partir de ahora. - indicó la mujer con voz fuerte y enérgica, usando palabras que emanaban un aura de respeto y autoridad, y todo el mundo lo percibió de esa manera.

 

- Impa, he escuchado rumores sobre ella. - comentó Ruisu, hablando con Link. - Dicen que a pesar de que es mujer es muy fuerte, y que pelea mejor que la mayoría de los hombres.

 

- Si es capaz de cargar una espada de ese tamaño no me extrañaría si fuese cierto. - dijo Link, observando a la guerrera con asombro.

 

- Debo advertirles a todos que el camino no será sencillo. - prosiguió Impa. - Todos ustedes serán juzgados por sus habilidades, y no por su sangre. Puedo ver que hay más de cien jóvenes hombres y mujeres que han venido el día de hoy, pero solo los mejores serán aceptados dentro de la Guardia Real.

 

- Cielos, esa mujer sí que sabe cómo infundir respeto. - expresó Ruisu. - Ya empiezo a sentirme algo nervioso.

 

- Igual yo, pero he entrenado toda mi vida para esto. - dijo Link, sonando muy determinado en sus objetivos.

 

- Así que espero que todos ustedes den lo mejor, y nos muestren los resultados de su entrenamiento. Los caballeros reales tomarán su información y les proveerán de uniformes y equipamiento. Los pondremos a prueba en combate personalmente. - Dicho esto, levantó su espada en alto. - ¡Les deseo a todos la mejor de las suertes! ¡Es todo!

 

Concluido el discurso, la Sheikah retornó al interior del castillo. Todos los aspirantes comenzaron a dirigirse a la división a la que deseaban ingresar.

 

Los caballeros los dividieron según la especialidad en arma que tuvieran, así que Link se agrupó con los espadachines. A su alrededor había otros que manejaban la lanza, otros el arco y demás. El uniforme de los aprendices consistía en una túnica de color gris enmarcada por los lados con una línea azul, con el emblema de la familia real en el frente, debajo una cota de malla para protección y pantalones blancos. Los soldados tuvieron también la amabilidad de permitirles usar unos cubículos de tela para poder equiparse apropiadamente, fuera de la vista de los demás.

 

Mientras esperaba su turno, Link vio como Ruisu fue asignado a un soldado que lo superaba al menos el doble en tamaño, un hombre alto y extremadamente fornido. Armado con una pesada lanza y un gran escudo, cualquiera diría que no tendría oportunidad. Sin embargo, Link vio con interés como el joven de cabello negro se las arregló para darle vuelta y sorprender a su oponente cambiando el modo en como sujetaba su espada. Le hizo un bloqueo sujetando su arma con agarre invertido, lo que le permitió empujar a su oponente hacia atrás usando todo su peso con relativa facilidad, para luego darle un fuerte golpe directo en el casco.

 

Al reponerse, el soldado le dijo algunas palabras, y el muchacho alzó su puño triunfante. Al parecer había pasado la primera prueba sin muchas dificultades.

 

Finalmente le tocó a él. El joven rubio tragó en seco al darse cuenta que la que lo pondría a prueba era nada más y nada menos que la comandante del ejército en persona, Impa.

 

- Muy bien, muchacho, espero que estés listo. - le dijo, colocándose en postura inicial, sujetando su enorme espada.

 

- Por supuesto. - Link no estaba seguro de si podría ganar, pero tenía que dar su mejor esfuerzo. Desenvainó su espada y se preparó para atacar.

 

- Te lo advierto, solo porque esto sea una prueba, no esperes que no te tome en serio. - indicó Impa. - Más te vale que me des lo mejor de ti.

 

Link inició dando el primer golpe, el cual Impa bloqueó sin mucha dificultad, empujándolo hacia atrás para alejarlo. En efecto, la mujer era bastante más fuerte de lo que podría parecer a simple vista, a juzgar por la facilidad con que blandía su espada. Ese único movimiento le bastó al joven para darse cuenta que un ataque directo no le serviría, así que probó con otra táctica: rodear y golpear. Pareció funcionar por un momento, pero la guerrera mantuvo una férrea defensa, logrando bloquear todos sus ataques sin muchas dificultades.

 

A pesar de todo, el rubio no se daba por vencido, y mantuvo sus ojos abiertos para cualquier abertura que pudiese aprovechar.

 

Entretanto, la Sheikah se mantuvo a la defensiva, contraatacando solo ocasionalmente para alejar a Link de ella. No podía evitar pensar que este joven recluta se veía bastante prometedor, no muchos eran capaces de mantenerse frente a ella de esa manera, y eso era decir mucho. El muchacho tenía no solo habilidad, sino excelentes reflejos y mucha determinación, pues no dejaba de presionar su ofensiva, sin desaprovechar la oportunidad.

 

Impa se llevó una sorpresa cuando el joven dio un enorme salto para atacarla con un tajo desde arriba, el cual tuvo que bloquear sujetando su espada con ambas manos y agachándose para absorber el impacto y poder empujarlo. Aunque Link cayó hacia atrás, inmediatamente se puso de pie y se preparó para ir a la carga de nuevo.

 

- ¡Alto! - exclamó Impa alzando la mano para que se detuviera. - Ya es suficiente, muchacho.

 

- ¡Whoah! - Link se detuvo bruscamente ante la orden de la comandante.

 

- Creo que ya vi suficiente. Claramente tienes un don natural con la espada, y determinación tampoco te falta. - expresó Impa. - Dime, ¿cuál es tu nombre?

 

- Me llamo Link.

 

- Muy bien... Link. - dijo Impa. - Me complace decirte que has pasado la primera prueba.

 

- ¿En serio? - Link sonrió. - ¡Grandioso!

 

- Pero no celebres todavía. - lo detuvo Impa. - Como dije, esta es solo la primera prueba. Que la hayas pasado solo significa que has calificado para comenzar el verdadero entrenamiento.

 

- Lo sé. Pero he esperado durante años por esta oportunidad. - dijo Link, mostrándose serio y determinado en su confesión.

 

- Todos vienen aquí con muchas esperanzas antes de comenzar el entrenamiento. - indicó la guerrera. - Pero muy pocos son lo bastante persistentes para cumplirlas hasta el final.

 

- Pues yo no pienso irme dejando las cosas a medias. - aseguró Link. - Toda mi vida he querido ser un caballero de la Guardia Real.

 

- Tienes espíritu, muchacho, eso me agrada. - Impa sonrió. - De acuerdo, acompáñame.

 

Impa guio a Link hacia los soldados que tomaban nota, y le dijo a uno de ellos que oficialmente aprobaba al muchacho. Eso significaba que podía conservar su uniforme de recluta a partir de ahora. Del otro lado, pudo ver que también registraban a Ruisu. Se alegró por él, pues también se notaba bastante entusiasmado con poder llegar a convertirse en caballero.

 

A su alrededor, un gran número comenzaba a retirarse al no haber sido aceptados, claramente decepcionados y algunos hasta entre lágrimas, pero por lo que alcanzaba a verse más de la mitad había pasado esta iniciación. Quedaba ver cuantos más lograrían atravesar el duro entrenamiento que los aguardaba.

 

Los aspirantes aceptados fueron llevados al interior del castillo. Todos fueron ubicados en los cuarteles dentro de las murallas, y se quedarían allí a partir de ahora. En unos días, los organizarían en grupos de varios integrantes, y entonces comenzaría el verdadero entrenamiento.

 

Una vez en su cuartel, Link se acostó en su cama, ignorando por completo al resto de los reclutas con los que le tocaba compartir habitación. Algunos de ellos no hacían más que vanagloriarse por haber pasado la primera prueba, o de presumir de que se convertirían en los mejores caballeros que hubiesen existido en la historia de Hyrule.

 

No pudo evitar exhalar una pequeña risa: los más presumidos usualmente eran los primeros en abandonar. Él, por otro lado, sabía que no podía dormirse en los laureles. Por ahora, disfrutaría de esos breves momentos de descanso. El verdadero desafío para convertirse en caballero empezaría muy pronto.

 

(--0--)

 

Al atardecer...

 

Concluida la ceremonia de iniciación, los soldados se retiraron a tomar un merecido descanso por ese día. Pronto tendrían que comenzar a entrenar a los nuevos reclutas, así que tenían que prepararse para ellos. Todos, a excepción de la comandante. Impa caminaba por los corredores del castillo, dirigiéndose a una habitación en particular. Una a la cual nadie, excepto ella, tenía permiso de entrar.

 

Al llegar junto a la puerta, pudo escuchar una hermosa melodía, alguien adentro estaba tocando una lira. Casi lamentaba el interrumpirla, pero tenía que hacerlo.

 

- Princesa, he vuelto. - dijo mientras sonaba la puerta con la aldaba.

 

Un instante después la puerta se abrió. Salió a recibirla una joven que aparentaba alrededor de unos diecisiete años de edad. Aquella doncella era dueña de una sublime y magnifica belleza que contrastaba en su pálida piel, zarca mirada y largos cabellos dorados, de los cuales sobresalían dos delgados y gráciles mechones que se encargaban de enmarcar sus delicadas facciones. Llevaba puesto un vestido sencillo de color lila, y sobre su cabeza una tiara de oro con un rubí en el centro. En sus manos llevaba una lira, claramente era ella quien estaba tocando la melodía.

 

Aquella joven era la Princesa Zelda, heredera al trono y actual regente de Hyrule, pues aún no podía ser coronada como reina debido a que aún no cumplía la mayoría de edad, aun cuando sus padres habían muerto por enfermedad un par de años antes. A raíz de eso, Impa se había convertido en su guardiana legal hasta entonces, tal como había estipulado el testamento de los fallecidos monarcas.

 

- ¿Cómo estuvieron las pruebas, Impa? - preguntó la princesa, mostrándose interesada en el tema.

 

- Bueno, creo que este año tenemos a muchos aspirantes prometedores. - contestó Impa. - Es más de lo que puedo decir del año pasado.

 

La princesa se apartó para dejar entrar a su guardiana. Encima de su cómoda, frente a su espejo había un grueso libro. Su cubierta, claramente desgastada por el tiempo, era verde, y tenía escrito en Hyliano antiguo, apenas legible, el título de "Leyendas del reino de Hyrule". Este libro era el único ejemplar que existía, y solo a las herederas de la familia real se les permitía tener acceso a él.

 

- Todos los años hacemos lo mismo. - dijo Zelda con algo de melancolía en su voz. - La única razón para organizar todo esto... es para encontrarlo... a él.

 

Había abierto el libro en una de sus historias predilectas. El libro contenía muchos relatos, pero no cabía duda que los favoritos de la joven princesa eran aquellos pasajes que hablaban del héroe legendario que surgía siempre que la paz y la tranquilidad del reino se veían amenazadas por la oscuridad del mal.

 

De hecho, lo que más le llamaba la atención, era que dicho héroe siempre parecía estar relacionado con alguna de sus antepasadas, motivo por el cual, de manera inexplicada, sentía fuertes emociones invadirla por completo, provocando que sus deseos por conocer a aquel guerrero de antaño, aumentasen con el paso del tiempo.

 

- Dígame, princesa, ese sueño del que me habló... ¿aún puede recordarlo? - preguntó Impa.

 

Zelda volteó a ver fijamente a su guardiana. Por supuesto, no había forma de que pudiese olvidar un sueño como ese. Se encontraba en las praderas de Hyrule, tocando hermosas melodías con su lira mientras la tranquilidad la embargaba, pero de pronto, el cielo se tiñó de negro, y en el horizonte, ondas de oscuridad comenzaron a surgir, envolviendo toda la tierra a su alrededor, y a aproximarse hacia ella amenazadoramente. La princesa trató de correr para salvar su vida, pero fue inútil, las sombras cayeron sobre ella, arrasando con todo aquello que lograron alcanzar irremediablemente. Justo en ese instante despertó.

 

- Se ha vuelto más recurrente últimamente. - confesó la princesa. - Es la segunda vez que lo experimento este mes.

 

Las mujeres de la familia real de Hyrule habían sido bendecidas con muchas capacidades mágicas y psíquicas. Una de ellas era la capacidad de poder tener visiones de acontecimientos futuros en sus sueños. La primera vez que la regente había soñado eso fue hacía aproximadamente tres años. En ese momento no le dio importancia, pues creyó que solo había sido una pesadilla, y no lo compartió con nadie, pero había sido tan vívido, tan real, que aún podía recordarlo claramente.

 

Hasta un año después de eso, que volvió a experimentar exactamente el mismo sueño. Fue entonces, que se lo dijo solo a sus padres, y cuando les confesó que ya lo había tenido anteriormente, el rey y la reina se mostraron realmente preocupados. Si su corazonada resultaba ser cierta, ese sueño podría ser un presagio, una señal de que tiempos oscuros se aproximaban. Siendo así, encomendaron a Impa la tarea de buscar al héroe legendario, aquel cuyo espíritu renacía una y otra vez a través de las eras cada vez que las sombras los amenazaban, aquel digno de llevar los ropajes verdes y de empuñar la espada capaz de repeler al mal. Las pesadillas se iban por un tiempo, pero eventualmente regresaban, y el intervalo entre ellas era cada vez menor.

 

- No tenemos forma de saber cuánto tiempo nos quede. - dijo Impa. - Pero estoy segura de que aparecerá. Así lo han designado las Diosas.

 

Zelda abrió uno de los cajones de la cómoda. Dentro de él estaban unos ropajes verdes, doblados con mucho cuidado. Sobre estos se encontraba a su vez una bufanda azul, en cuyo extremo estaba bordado el emblema de la familia real en rojo, con la Trifuerza en dorado. Esta había sido una adición personal de ella, no solo como un objeto decorativo, sino porque también había decidido imbuirla con algo de su propio poder mágico, para darle algo de protección a quien lo llevara.

 

Curiosamente, de manera inexplicable, tejer aquella prenda la llenaba de inmensa dicha, como si fuera un regalo para alguien especial para ella, hecho que la hacía sentirse confundida, pues no conocía al legendario guerrero.

 

- Espero pronto poder entregárselos. Personalmente, si es posible. - dijo la princesa con un tono algo anhelante, mientras tomaba la bufanda con mucho cuidado.

 

A pesar de que ese sueño presagiaba que tiempos oscuros y desgracias se aproximaban, había otra cosa en la mente de la princesa. Las leyendas del héroe legendario siempre hablaban de que tanto él como la princesa de su tiempo unían fuerzas para derrotar a la oscuridad, y que de alguna manera, las almas de ambos estaban conectadas desde tiempos inmemoriales. Era muy normal que tuviera esa clase de pensamientos, pues después de leer todas esas historias sobre sus antepasadas, ¿no tendría sentido que ella deseara poder encontrar a su propio héroe?

 

Deseaba vivir las emociones de sus antecesoras, aquellas que no solo había leído en los escritos de aquella reliquia que se encontraba sobre su escritorio, sino en otros textos, a los cuales solo ella tenía secreto acceso.

 

Impa no se atrevió a contradecirla. Podría ser la princesa por fuera, pero su corazón era tan puro e inocente como el de cualquier joven de su edad, y como tal anhelaba conocer nuevos sentimientos y experimentar sublimes emociones.

 

Poco sabían en ese momento, que el destino pronto pondría al héroe frente a la princesa, más pronto de lo que esperaban...

 

Esta historia continuará...

Notas finales:

Bien, ese fue el comienzo. Si alguien ve similitudes con la saga de Fire Emblem, no es coincidencia; el prólogo extendido está bastante basado en el juego de Fire Emblem: New Mystery of the Emblem para DS.

Ya sin más, los veré mañana para el siguiente (espero que no me traicione el internet).

P.D: Sigo todavía sin saber cómo insertar los tags de personajes, géneros y demás. ¿Alguien me podría ayudar con eso?

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