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(BNHA/MHA) Estrellas y sombras: Los Excepcionales por Sapphyrion

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Notas del fanfic:

Nota: Este fic tiene ilustraciones. Para verlas, podéis buscarlo en Archive of Our Own por el mismo título. Allí, al final de cada capítulo hay una ilustración de un personaje diferente, y links a playlists de YouTube inspiradas en ellos. ¡Gracias por leer!

Aquella noche, una estrella fugaz cruzó los cielos sobre la ciudad dormida.

Unos pies descalzos tocaron la azotea de un edificio, ligeramente iluminados por un brillo antinatural. La estrella inspiró hondo, saboreó el aire nuevo, miró alrededor. Todo aquello a sus pies, tan nuevo y tan familiar al mismo tiempo, le resultaba refrescante. 

Sus ojos chisporroteantes se volvieron hacia el horizonte, donde los imponentes terrenos de la UA se abrían paso como una ciudad en su propio derecho. La brillante figura se llenó el pecho de aire en una enorme sonrisa mientras una sombra tomaba forma masculina a su lado.

—¿Qué te parece, Morpher?

No hubo respuesta, pero la figura de luz no la esperaba, tampoco. Entonces atravesó andando, deslizándose, la azotea y se subió al borde, de pie frente al vacío. El hombre simplemente volvió la cabeza para mirarla, todavía en silencio.

—Estoy emocionada.

???????

La clase 1-A de la especialidad de héroe de la UA estaba tan agitada como de costumbre aquella mañana. Tenya estaba de pie frente a las mesas, gritando órdenes e indicaciones. Denki se había sentado sobre su escritorio y se reía de él con las piernas cruzadas, mientras Hanta y Eijiro compartían fotos del fin de semana apoyados en sus asientos. Si algo agradecía Aizawa de los dormitorios, es que sus alumnos gastaban la energía en la sala común, desayunando, y no cuando él tenía que dar clase. 

Por eso, en cuanto él entró en el aula, todos estaban ya en silencio y listos para empezar; menos Denki, por supuesto, que se deslizó de la mesa a su asiento con una mueca y levantó algunas risas. El profesor apoyó su material en la mesa con un suspiro y se frotó las sienes.

—Alumnos… Antes de empezar la clase de hoy, me obligan a presentaros a alguien.

Volvió la mirada a la puerta de la clase, claramente disgustado. Dudó un momento pero, finalmente, hizo un gesto con la mano a quien esperaba afuera.

Si los jóvenes estudiantes esperaban ver a alguien de su edad entrar por la puerta, sufrieron una gran decepción. Dos mujeres entraron en el aula; una debería ser algo mayor que el profesor y, la otra, poco más joven.

La primera era una mujer imponente. Alta, ancha, ropa de cuero y botas de tacón. Sus facciones, anchas y afiladas, parecían haber sido modeladas a hachazos. Tenía la piel tremendamente pálida, incluso algo amarillenta, que contrastaba con su larga melena negra. Clavaba en los alumnos sus agudos ojos rojos, mortalmente seria, pero acabó humedeciéndose los labios carnosos y volviéndose hacia su compañera. Esta, comparada con la estoica presencia de la primera, parecía una niña. Redonda en todas sus formas, sonriente como un lucero, y encogida de emoción. El cabello, de un amarillo pastel, se le curvaba en un enorme rizo que le llegaba hasta los muslos. Sus ojos de azul claro chisporroteaban de la emoción, y su piel sonrosada le daba un rubor infantil en las mejillas. En su hombro reposaba un majestuoso guacamayo rojo de vibrantes colores, que soportaba con entereza su inquietud ladeando la cabeza.

—¡Hola! —sonrió la chica. Aizawa desvió la mirada y se dirigió una vez más a sus alumnos.

—Estas mujeres son Sheziss Jones y Eleonora Star. Son representantes de una organización que ha decidido colaborar con la UA… —Suspiró pesadamente. Sheziss le clavó los ojos rojos, pero Eleonora le apoyó una mano en el brazo para calmarla —. Ellas y el resto de sus compañeros forman parte de un programa de tutores que...

Eleonora levantó tímidamente la mano. Eraser Head arqueó una ceja al verlo, pero le dio la palabra y la miró sonreír ampliamente de nuevo.

—Más que tutores… se nos puede llamar confidentes. Desde el incidente de Kamino… —Se detuvo un momento. Se mordió el labio, pero luego sacudió ligeramente la cabeza y acarició al guacamayo sobre su hombro—. Hemos estimado que los alumnos de la UA pueden necesitar a alguien con quien desahogarse. Yo me especializo en la terapia más común… ¡podéis hablar conmigo de lo que queráis! Estaré ahí para apoyaros.

—Y, por supuesto —interrumpió Sheziss. Su voz, grave y áspera, retumbaba en el pecho. Su mirada afilada recorría a cada uno de los estudiantes con una confusa mezcla de desdén y curiosidad—, toda conversación con vuestros tutores es estrictamente confidencial, salvo que nos contéis algo que requiera atención médica urgente.

Una mano se levantó entre los alumnos como un resorte. Aizawa dio permiso a Tenya para hacer su pregunta.

—¡Señorita Sheziss! ¿En qué se especializa usted?

Ella le clavó tal mirada que la rigidez de su brazo perdió fuerza. Sin embargo, luego esbozó una sonrisa torcida y se pasó la lengua por un colmillo inusualmente largo.

—Te encantaría saberlo, ¿a que sí?

—...El tutor que os atienda —interrumpió Eleonora con un gesto cordial— dependerá de cada uno y de la petición que tengáis. Uno de nuestros compañeros, por ejemplo, se especializa en terapias más físicas, que pueden pasar por un gimnasio o peleas de práctica. Salvo que pidáis uno de nosotros en concreto, os asignaremos el que vuestros profesores crean que es mejor para cada uno de vosotros. ¡También podéis ver a más de uno! Lo importante es que estéis cómodos…

—Menuda memez —siseó Katsuki, apoyado contra la ventana. Sheziss volvió a sonreír, pero Eijiro Kirishima se le adelantó llevándose un puño al pecho.

—¡Confiar en otros y pedir ayuda es algo muy masculino! —exclamó—. Es una idea genial.

Eleonora pareció encantada. El loro en su hombro aleteó, y Koda se revolvió en silencio en su silla.

—¡Exacto! Incluso si solamente queréis a alguien con quien hablar de la serie que estáis viendo, o ir a ver esa película a la que no queréis ir solos, o si solamente queréis pegaros con alguien, nosotros estamos aquí. Esperamos… que nuestra intervención pueda ayudar a aliviar a los alumnos. La situación actual es estresante, y es mejor cuidar de la salud mental de uno sin miedo a ser juzgado. Os esperamos.

Les dedicó a los alumnos una educada reverencia, que el guacamayo aprovechó para abrir sus alas y presentarse en su grandiosidad a los presentes. Mina soltó una exclamación ahogada de impresión.

—¡Qué bonito!

Eleonora le guiñó un ojo.

—Lo es. ¡Puedo presentároslo luego!

—Como parte del protocolo —continuó el profesor— y por seguridad, se instalarán en los dormitorios. Eleonora y su… acompañante —añadió, mirando de arriba abajo al pájaro— estarán en el nuestro, así que os pediré que os comportéis con ellos.

Ella asentía, emocionada.

—¡Nos veremos luego! Pasaos por la sala de profesores o enviadnos un correo si queréis cualquier cosa.

Sheziss ya lo había apuntado en la pizarra. Sus movimientos, a pesar de su aspecto, eran sinuosos, medidos, y su letra elegante y cuidada. Se sacudió las manos de tiza y volvió sus ojos carmesí hacia Katsuki.

—Nos vemos, extras.

Se despidió con la mano y, antes de que Bakugo pudiera reaccionar, se había ido del aula. Eleonora esbozó una sonrisa de disculpa y fue tras ella mientras el estudiante estallaba en maldiciones. Por suerte, no tenían que presentarse en todas las clases… ya que los tutores se habían partido la responsabilidad de hacerlo, y a ellas solamente les pertocaba la especialidad de héroes y la general.

Una vez terminaron, Eleonora se marchó a los dormitorios a instalarse. Sheziss, por su lado, entró en la sala de profesores y dejó su mochila en su nuevo puesto. Era la hora de comer, así que la mayoría de docentes se habían ido ya. Los únicos que seguían allí eran All Might, que la miraba sin demasiado disimulo, Ectoplasm y Vlad King, que entraba por la puerta en ese momento. Al pasar junto a la recién llegada, apoyó una mano en la mesa e inclinó el cuerpo sobre ella.

—Así que estarás en el dormitorio de la clase B.

Ella no lo miraba. Había abierto su bolsa y rebuscaba en ella. Finalmente, encontró la cantimplora que buscaba y hundió los dientes en la boquilla especial para ello. Cuando se separó el recipiente de la boca, un reguero de sangre asomó a sus labios, pero ella se lo lamió antes de que goteara.

—¿Te intimida compartir piso conmigo?

Él miraba la cantimplora que ella todavía tenía en la mano.

—Así que bebes sangre.

Ella esbozó una sonrisa afilada y, ahora sí, lo miró a los ojos mientras se repasaba los colmillos con la lengua.

—¿Creías que nos habían puesto juntos por casualidad?

—Lo que quiero —continuó él. No quería caer en sus provocaciones— es que mis alumnos estén a salvo. Si uno solo de ellos se siente amenazado, o tienen la más mínima queja, o haces el menor movimiento sospechoso, no dudaré en actuar.

All Might se crispó. Ectoplasm se levantó de su silla con un gruñido.

—Sekij-

—No —interrumpió Sheziss, levantándose lentamente para encararse a él, a su altura, y atravesarlo con la mirada. No dejó de sonreír—. Me gusta tu actitud. Haces bien. Pero mi objetivo es protegerlos tanto como tú… Sekijiro Kan.

Ectoplasm se acercó a ellos y les apoyó la mano en el brazo para relajar la tensión.

—Sekijiro. El director Nezu habló con ellos y los aprobó. Si están aquí, es por el bien de sus alumnos.

—Lo entiendo —continuó la tutora—. Estamos todos tensos desde el incidente… y tenéis muchas razones para no fiaros de nosotros. Por ahora… pido disculpas por mis formas. Al fin y al cabo, estoy aquí para proteger a nuestros estudiantes.

Le ofreció la mano a Vlad King. Él la miró fijamente, pero finalmente suspiró. Su cuerpo entero se relajó cuando bajó la mirada y aceptó la mano de la mujer.

—Supongo… que tienes razón. Trabajemos juntos.

All Might suspiró de alivio cuando todos volvieron a sentarse en sus puestos. Estuvo mirando a la mujer beber calmadamente de su cantimplora, donde hundía los colmillos.

—Perdona que pregunte, Jones… Pero…

Ella levantó la mirada, pero esta vez su sonrisa fue menos provocadora.

—Soy hematófaga. No puedo comer ni beber nada más. Espero que no incomode a nadie… prometo que la obtengo de forma legal.

All Might sonrió también cuando la oyó reír. Al menos… se había relajado el ambiente. Vlad King se había puesto a trabajar en su sitio tras la mujer, y ella miraba con interés los correos que iba recibiendo. Cualquiera diría que recibirían tantas solicitudes en apenas unas horas… y eran de lo más variopintas. Un alumno quería hablar de algo considerablemente oscuro —y tal vez necesitara un psicólogo tras su sesión con su tutor—; otro quería a alguien con quien ir de compras, porque le daba vergüenza salir solo; otro quería solamente conocer a uno de los tutores; otro…

Oh.

Tras las clases, Sheziss salió la primera y se dirigió a los dormitorios de la clase 1-B para dejar sus cosas. ¿Debería dejar una nota para avisar de que no debían preocuparse de la sangre embotellada en la nevera? Sí, probablemente. Pero no lo haría todavía.

Salió luego al portal, donde se encontró con Katsuki Bakugo. El chico, al verla, se crispó visiblemente.

—¿Tú?

Ella soltó una carcajada.

—¿No esperabas verme a mí? Mala suerte, haberlo pedido en tu solicitud.

Él serró los dientes y lanzó una explosión de advertencia al aire.

—¡No te rías de mí!

Ella levantó una mano y le mostró al chico unas llaves. Después de haberse tragado el ego para pedir una sesión, no le extrañaba que el chico se pusiera a la defensiva. Tendría que ir con tacto.

—No lo hago. Un descapotable, carreteras sin radares. Si te portas bien, te lo dejaré llevar. ¿Hace?

Él resopló, pero acabó haciéndole un gesto para que le mostrara el camino.

En uno de los pabellones de entrenamiento, el eco hacía resonar los jadeos de dos hombres. Se oyó un golpe, un quejido, y alguien voló por el suelo. Eijiro se acercó corriendo a su oponente, preocupado, desactivando inmediatamente su singularidad.

—¡Perdón! Perdón, ¿estás bien, Irwin?

El hombre en el suelo aceptó su mano y se levantó con un gruñido. Igual que el estudiante, el tutor iba sin camiseta, aunque su torso era incluso más grande que el del propio Red Riot. Músculos crecidos a marchas forzadas, bañados de cicatrices, una figura trabajada y ligeramente demasiado ancha. El joven se pasó una mano por el alborotado pelo negro y se lo peinó hacia adelante con cuidado de no enredárselo en los cuernos plateados que le brotaban de la nuca.

—Nada, nada —sonrió Irwin. Se apoyó los dedos en un cuerno, esperando a que dejara de vibrar, sus ojos verdes distraídos en otro punto del gimnasio—. Me han dado palizas peores. No te sientas así, hombre, que me distraes.

Kirishima dio un paso atrás con una carcajada.

—A veces me gustaría tener tu singularidad, ¿sabes?.

El otro arqueó una ceja, pero acabó dándole un golpecito en el pecho.

—Ya tienes empatía, Eijiro. No necesitas una singularidad que la acentúe.

Él bajó la mirada. Saber que Irwin notaba su culpabilidad lo hizo sentir mejor y peor simultáneamente. El tutor se agachó un poco para ponerse a la altura de su compañero y le apoyó una mano angulosa en el hombro.

—Sé que crees que eres egoísta. Pero no tiene nada de malo trabajar en los sentimientos de uno mismo, solucionar los propios problemas, para poder ayudar a los demás después. Cada uno necesita su propio espacio. —El chico suspiró—. ¿Qué, seguimos?

Kirishima se rascó la cabeza. Acabó quitándose las guardas de la cara.

—Prefiero que vayamos a tomar algo frío.

???????

Aquella noche, los alumnos de la clase 1-A se reunieron en la sala común para conocer a Eleonora. Hanta, que ya había tenido una sesión con ella, hablaba animadamente a su lado para dinamizar la situación. El guacamayo de la chica se había instalado de nuevo en su hombro, pero parecía algo inquieto. Denki se acercó a ella, inusualmente tímido, y la tutora se sentó a su lado.

—Tenemos nuestra sesión mañana —le dijo ella en voz baja—. Pero, si quieres… podemos hablar después de cenar.

Él asintió en silencio, y ella le sacudió el pelo con una risita. Para sorpresa de todos, Katsuki no se había ido a dormir todavía. Se había acomodado en uno de los sillones y apoyaba los pies en los reposabrazos con expresión ausente. Izuku, que llegaba tarde, corrió a sentarse en uno de los sofás, libreta en mano.

—¡Star! Qué bien que estés con nosotros. ¿Tú tienes singularidad?

Ochako le dio un golpe en el brazo para reprocharle su impulsividad. El resto de alumnos, sin embargo, saltaron al tren de preguntas:

—¿Cuántos años tienes? —exclamaba Toru.

—¿Cuánto tiempo estarás con nosotros? —inquiría Eijiro.

—¿Podemos tocar al loro? —saltó Mina.

La chica se echó a reír y les pidió calma con las manos. En la oscuridad de la noche, la superficie de su piel parecía brillar ligeramente, pero tal vez fuera una ilusión de su blancura.

—En primer lugar, prefiero que me llaméis Eleonora o Lea. Mi singularidad… es el control de la luz. —Ante los ojos maravillados de los alumnos, la chica creó entre sus dedos una tímida esfera luminosa. Después, esta se convulsionó y se convirtió en un minúsculo cervatillo—. Puedo crear todo tipo de ilusiones.

—¡Como yo! —saltó Toru. La tutora rio suavemtente.

—¡Sí, algo como tú! Pero no soy una heroína, así que no debería usarla demasiado. Luego… —hizo una pausa e inspiró profundamente, ojos azules mirando a todos los presentes—. No me gusta hablar de mi edad, pero soy mayor que vosotros —rio— y planeamos quedarnos con vosotros hasta el final de este curso. Luego valoraremos si funciona, y si nos quedamos o no. Y, bueno… no, mejor no toquéis al loro. No es un loro, ¿sabéis?

Hubo un pequeño momento de duda. Ella levantó una mano, y el ave se colocó en su muñeca. La tutora se volvió hacia Koda, que evitaba la mirada del pájaro a toda costa.

—Supongo que tú te has dado cuenta, ¿eh, Koji? No nos han dado permiso para que tome ciertas formas, pero… 

De repente, el animal perdió solidez sobre el brazo de Eleonora. Se derritió en la mano de la chica en una pasta líquida de lodo negro, y chorreó por su piel hasta caer al suelo con un chasquido amortiguado. Hanta retrocedió con una exclamación. Poco a poco, sin embargo, el charco oscuro se levantó como una sombra y tomó forma humana. El joven, vestido con ropa gris, de inexpresivos ojos violetas y piel translúcida, se estiró y echó un vistazo alrededor, mortalmente serio. Un mechón negro le cayó frente al rostro, y Eleonora le cogió una mano.

—Os presento a mi compañero, Morpher.

  

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Irwin Silver

Edad: 20

Don: Empatía

Altura: 1,83m

 

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