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Revolution por Ateveg

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Notas del fanfic:

Revolution es una historia que se vale de algunas ideas del último libro de la saga, pero le da un giro a los acontecimientos del final de la original.

Notas:

Debido al tamaño del Prólogo, el Capítulo 1 está publicado aquí mismo.

Prólogo

 

 

00:25 a.m.

Kenwyn

 

El frío de la madrugada cubría la desolada calle Weedgreen y despojaba el poco calor que había en las casas que la poblaban. El débil brillo de los faroles y el ululante viento helado daban a la calle la apariencia de formar parte de la escenografía de una película de terror. Y el pequeño grupo de personas apiñado alrededor de una de las casas deshabitadas parecía estar realizando algún tipo de ritual diabólico. Uno a uno entraban a la residencia que parecía haber perdido a sus habitantes desde hacía ya varios años.

Los hombres y mujeres que se iban perdiendo tras el umbral de la vivienda parecían estar hechizados por algún extraño maleficio.

De pronto el brillo de las farolas se apagó. El viento que había estado azotando los hogares de la calle Weedgreen se detuvo, y parecía que hasta el clima helado había tomado un descanso.

Al final, un deslumbrante brillo emergió de la deshabitada casa y a los pocos instantes todo regreso a la normalidad.

 

 

 

 

Capítulo 1

 

 

Kyle Beckett era uno de los mejores policías que la comunidad de Truro había podido producir. Un policía servicial, astuto, dedicado; pero que todavía seguía: Perdiendo el tiempo con problemas de vecinos, como decía siempre que alguien estuviera dispuesto a escucharlo.

Montado en su Charger Azul, se dirigía a atender la llamada que había hecho uno de los oficiales, que había estado muy exaltado durante la charla que tuvieron. Lo que significaba que él debería estar ahí sin importar que. Viró a la izquierda por la calle Willow y la siguió hasta llegar a Malasia Avenue, allí siguió esa avenida rumbo al norte. Giró a la izquierda en Bacarat Drive y ya no había vuelta atrás, a unas cuantas calles se encontraba WeedGreen y su tercera llegada tarde a casa. No creo que me deje de hablar por cumplir mi deber, se reconfortó, y con esa idea en mente viró a la derecha y se adentró en la calle, dirigiéndose hacia las brillantes luces y al ajetreo que se veía a unos cuantos metros.

 

—Teniente, que bueno que llegó – gritó un desgarbado y flacucho policía que corría hacia el auto del recién llegado

 

El Teniente Kyle Beckett, con su característica manera de ser, se tomó todo el tiempo que quiso para bajar del auto, acomodarse el saco y reajustar el nudo de su corbata. Todo debía estar perfecto para cuando la prensa local llegara. Nada paga más que una buena imagen, y una buena publicidad, pensó.

 

—¿Qué es lo que está pasando aquí, Huges? – preguntó sin dejar de avanzar hacia la casa, mientras encendía un cigarrillo

—Asesinato señor – contestó, tratando de seguirle el paso al gigantesco Beckett – Pero eso no es lo más impactante, teniente – Benjamín Huges corrió para adelantarse a Kyle Beckett, y así poder quitar el famoso cordón de: Policía - No Pase; para que su superior no tuviera ninguna dificultad en entrar

—Las personas asesinadas, murieron de causas desconocidas

—Quiero que dirijan a todas esas personas – dijo, sin prestarle atención, mientras se detenía y miraba a través de la puerta a la muchedumbre, que batallaban en controlar los pocos policías que había – a sus hogares. No deben de interrumpir la investigación

—¿Señor?

—¿No me escuchó?

—Lo siento, enseguida teniente – y como si le hubieran dado una palmada en la cabeza, salió de la casa en dirección de los asombrados y fastidiosos vecinos

 

Kyle caminó por el pasillo de la casa mientras varios policías corrían de un lado a otro investigando todo el lugar. Pasó de largo la escalera y se dirigió hacia donde estaba la estancia, y tan pronto como entró, un puñado de paramédicos y varios detectives que se encontraban fotografiando la escena del crimen se dirigieron a él.

No podía escuchar claramente lo que estaban tratando de decirle; por un lado, estaban los paramédicos que, al parecer, querían transportar los cuerpos para realizar las autopsias; y del otro lado los policías intentaban decirle que no había ninguna señal o pista del asesino.

 

—Pueden guardar silencio un momento por favor – gritó Kyle, tirando lo que quedaba de su cigarrillo, haciendo que se formara una chistosa forma de humo sobre su rostro – ¿Qué tenemos hasta ahora? – dijo sin dejar de ver la extraña escena frente a él

—Bueno – tomó la palabra uno de los paramédicos – Tenemos siete cuerpos: cuatro hombres tres mujeres, todos de edad avanzada. Y al parecer ninguno de ellos vivía en esta zona

—Y como puede ver estaban – interrumpió uno de los policías, intentando llamar la atención – colocados en círculo alrededor de este gran…

—Marco – finalizó por él Beckett, acercándose para mirarlo mejor

—Una cosa más, teniente – otro de los paramédicos intervino en la plática, siguiéndolo, mientras Kyle se paseaba entre las bolsas de plástico que guardaban los cuerpos – Hay un sobreviviente

—¿Qué?, ¿por qué me lo dicen hasta ahora?

—Bueno, es que no estábamos seguros de sí podríamos mantenerlo estable. Cuando lo encontramos estaba a punto de morir

—Espero que ya lo estén transportando a un hospital. Es de vital importancia que sobreviva

—Una de nuestras ambulancias ya lo está llevando en estos momentos

—En ese caso ustedes ya pueden llevarse los cuerpos. Averigüen sus identidades, si tienen parientes vivos, e infórmenme de ello lo más pronto posible – Kyle estaba dirigiéndose hacia la salida

—A la orden – dijeron en coro

 

Kyle Beckett ya estaba algo cansado como para tratar de especular la razón de tan extraño asesinato. Solo le quedaba pensar en un crimen de origen ritualístico, Una gran y jugosa nota para la prensa y para mí, pensó, y de pronto se dio cuenta de algo. ¿Por qué no habían llegado?, era bien sabido por todos que en la mayoría de los casos ellos son los primeros en enterarse. ¿Por qué habría sido diferente esta vez?

 

—Teniente, teniente – gritaba Benjamín Huges, apareciendo repentinamente a través del nacimiento de la puerta – Hay unas personas que…

—La prensa – adivinó Beckett, y salió con paso galante empujando al diminuto Huges

 

Hasta que aparecieron. Y con ellos mi oportunidad de ser la estrella, le gritaron sus ambiciones. Solo unos cuantos casos más, y seré ascendido a un cargo mucho más cómodo que el de un simple teniente, decía Beckett para sus adentros, mientras se dirigía hacia los reporteros. Pero cuando logró llegar hasta la salida de la casa, decepcionado, no pudo encontrarlos. ¿Y dónde se supone que están?, se preguntaba, sin dejar de ver a ambos lados de la calle.

 

—Señor, esas son las personas que lo buscan y… me temo que no son reporteros – dijo con dificultad Huges, ya que claramente había llegado corriendo

—¿Qué?

—Sí señor, son ellos – tratando de recuperar el aliento, señalaba débilmente a una pareja que estaba a escasos metros de donde estaban, junto a un Ibiza negro

—No puede ser

 

Kyle Beckett nunca había visto semejante mal gusto en la selección de las ropas. Estaba claro que aquella pareja encontraba bastante correcto vestir abrigos sobre un traje de torero. Nada más extraño le había pasado en toda su vida.

 

—Dicen que son de un Departamento de Investigación, y que ellos se encargaran de todo a partir de ahora

—¿Qué?, esto debe ser una broma – exclamó alterado, mientras volvía a tirar su cigarrillo, (estaba vez sin consecuencias graciosas), y comenzaba a andar hacia esos payasos

—Me pueden decir de que se trata esto

—Señor Beckett

—Con que sabe mi nombre – sin disminuir el volumen de su voz, dio una mirada más cercana a la rara combinación de ropa

—Así es. Y mire, este asesinato, como decirlo…

—¿Quiere que nos retiremos? – el tono de Beckett fue de la burla al enojo

—Justamente. Qué bueno que lo comprende – el hombre, bastante feliz, hacia algunas señas al otro, hasta que el segundo abrió una de las puertas del Ibiza y varios individuos igual de mal vestidos comenzaron a salir del automóvil. Kyle alcanzó a escuchar a aquel hombre balbucear algo como: Ya saben qué hacer. ¿Qué tontería tenían pensada ese grupo de locos?

—Esto es una broma verdad

—Claro que no. Es solo que este tipo de situaciones están fuera de sus manos

—¿Fuera de mis manos?  Veo que no sabe con quién está hablando después de todo

—Claro que sí, y si me acompaña le puedo mostrar a que me refiero

—¿No me diga? – Cuestionó, con sorna – Espero que me pueda mostrar alguna identificación de su… departamento

 

El Teniente Beckett no podía creer semejante estupidez. ¿Pero que se creía ese grupo de tontos mal vestidos? Ahora deberían estar intentando entrar a la mansión por las paredes, pensaba. (Si es que sus hombres lo permitían, por supuesto). Nunca había imaginado conocer a semejante sarta de chiflados. Y ahora que seguía al que parecía el más grave de ellos, al frente del Ibiza en el que habían llegado y veía como el hombre ahora tenía una vara de madera en la mano, imaginaba que la demencia de aquellos tipos no tenía límites. ¿Qué era lo que pensaba hacer con esa vara? Tal vez esa era su arma, o mejor aún, esa era la identificación de su agencia.

Kyle Beckett no sabía que dentro de unos instantes no recordaría nada de lo ocurrido esa noche.

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