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Pokemon Elements por Yami Stark

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Turno 08

 

 

 

—¿Qué tenemos aquí? —el campeón observó al trío con curiosidad.

 

Dante era un hombre arriba de los cincuenta, alto y de complexión menuda, su cabello y barba eran frondosos y desaliñados al igual que su ropa un tano harapienta.

 

—E-es un honor señor… —Leo tragó saliva.

—El honor es mío —Dante observó a Leo cuidadosamente, luego saltó la mirada hacia Sasha y después a Lena —. ¡Qué adorables señoritas te acompañan! ¿Cuál de las dos es tu novia?

—¡¿Novia?! ¿De él? —Sasha negó rápidamente con la cabeza —. Nunca.

 

Lena por otra parte estaba muy callada y parecía mantener la distancia con el campeón. Este último se acercó a ella y cruzaron miradas un momento.

 

—¿Nos conocemos? —preguntó Dante.

—N-no señor —respondió Lena retrocediendo.

—Ya veo —el campeón se acercó más a ella y su rostro se volvió más cálido —. ¿Eres la novia de Aiden? —preguntó directamente y de forma graciosa.

—¿Qué rayos quieres aquí? —preguntó Aiden subiendo la voz.

—¡Vamos, no seas así! —Dante pasó su brazo por sobre el cuello de Aiden —. ¿Qué tiene de malo preguntar por mi sobrino?

—¡¿Sobrino?! —Sasha quedó boquiabierta —. ¿Tú y el campeón?

—¡Si! —Dante sonrió al pegar su cara a la de Aiden —. ¿No nos parecemos?

—¡Ni un poco! —respondió Aiden antes de empujar al campeón —. ¡Tú y yo no somos nada!

—Me rompe el corazón escuchar eso —Dante se tiró de rodillas al suelo.

—¡Señor no haga eso! —dijo su acompañante.

—¡Si no tienes nada mejor que hacer vete! —Aiden demostró su enojo claramente.

—Desgraciadamente soy alguien muy ocupado y no puedo quedarme con ustedes —Dante se levantó y chasqueó los dedos —. ¡Lo tengo! Les daré su ingreso y podrán venir conmigo un rato más. ¡Su!

—Enseguida señor —la acompañante saco una pad de la bolsa en su espalda y comenzó a tomar los datos del grupo.

—¿Por qué no caminamos mientras ellos se registran? —Dante señaló el parque.

—Gracias pero…

—Aiden…—exclamó Lena casi en susurro antes que el joven pudiera negarse.

—¡Vamos!

—Lo sabía —Dante sonrió —. Ella es tu novia.

—¿Quieres venir o no? —Aiden observó una vez más a Lena y luego dio media vuelta.

—No perdamos ni un segundo.

 

Aiden y Dante se alejaron hasta perderse en el parque, tardaron en regresar un buen rato, casi hasta el atardecer y el joven no se veía más feliz que cuando partieron. Lena, Sasha y Leo recibieron sus tarjetas de liga de manos de la asistente llamada Susan y no les quedó más remedio que esperar por ellos.

 

—¡Señor, estamos muy atrasados! —dio la asistente exaltada.

—Lo sé, lo sé —Dante trató de calmarla —. Prometo no detenerme hasta cumplir con mi deber.

—Ojala pudiera creerlo señor —dijo la mujer resignada —. Hay que irnos.

—Fue un gusto verte, chico —Dante levantó la mano —. Espero mucho de ti está vez.

—Te llevarás una gran sorpresa —Aiden cruzó los brazos y sonrió.

—Eso espero.

 

Dante tuvo que ser arrastrado por Susan para marcharse y el grupo los observó fijamente.

 

—Eso fue extraño… —comentó Leo.

—S-si —Lena estaba pálida y se forzó a responder.

—¡Oye! —Aiden se acercó a Lena y la tomó de los hombros —. ¿Te encuentras bien?

—Si… pude…

—Solo dime cómo te sientes —extrañamente Aiden mostró preocupación —. No creí que me vería, fue mi culpa.

—No fue tu culpa.

—¡Si lo fue! —Aiden desvió la mirada —. Ese sujeto siempre ha estado obsesionado con nosotros, debí saber que estaría al tanto de mi presencia.

—¿Puede alguien decirme que pasa aquí? —preguntó Sasha molesta —. ¿Cómo es que el campeón es tu tío? ¿Qué le ocurre a Lena?

—Hermana… —Leo le llamó la atención por ser tan brusca.

—Esta bien… —Lena soltó una leve risa —. Yo…

—No es nada que deban saber, Lena —Aiden volvió a ser el de siempre —. Por lo menos sirvió para algo.

 

Aiden suspiró de agotamiento y colocó su peso sobre la pared detrás suyo.

 

—¿Quién sirvió para algo? —preguntó Sam acercándose por la calle junto con Evan.

—Uno tras otro… —Aiden torció su boca.

—¿Qué te tiene tan de mal humor hermano? —preguntó Evan.

—Pregúntale a tu tío favorito.

Evan volteó a ver a Sam y este negó algo confundido.

—El no… —Lena respiró —. Dante.

—¡¿Lo vieron?! —Evan también se mostró alterado —. ¿Cuándo?

—Hace sólo un momento —Aiden se dejó caer en el suelo —. Me hubieras sido de utilidad hace un rato.

—¿Qué quería? —preguntó Sam seriamente.

—Lo de siempre —Aiden bajó la mirada.

—¿Es qué nunca se va a rendir? —Evan quedó algo pensativo.

—No lo hizo con papá y no lo hará con nosotros —Aiden suspiró y se levantó de golpe —. ¡Cómo sea, ese es problema suyo! Hasta la próxima.

 

Aiden levantó la mano y comenzó a alejarse del grupo. Evan y Sam se cruzaron miradas por un segundo y asintieron.

 

—¿Te vas? —preguntó Lena aún cabizbaja.

—Mi trabajo sólo era traerlos hasta aquí, el resto depende del señor oficial.

—Sobre eso… —Evan suspiró profundamente.

—No me vas a convencer.

—No quiero hacerlo —Evan avanzó unos pasos hasta quedar frente a Aiden —. Puedes irte, pero antes debes darme el huevo.

—¿O qué? —Aiden parecía bastante inflexible —. ¿Qué harás si me niego?

—Chicos, no es el momento —comentó Sam.

—¡Ay no! —dijo Leo.

 

Aiden dio la espalda a Evan y trató de seguir su camino pero su hermano no lo permitió, lo sujetó del hombro y después tomó la mochila por la fuerza. Aiden sonrió y apartó el brazo que lo sujetaba con brusquedad y luego dio la espalda otra vez.

El cielo relampagueó y la lluvia comenzó a caer, un visiblemente molesto Evan tomó una pokeball de su cinturón y observó a Aiden, quién sólo bufó e hizo lo mismo. Entonces Lena se acercó y tomó el brazo de Aiden para sorpresa de ambos.

 

—Te necesitamos, Aiden —Lena sonrió levemente —. No te vayas, por favor…

 

Entonces la joven perdió el conocimiento y cayó empapada en el suelo a mitad de calle. Tanto Evan cómo Aiden quedaron atónitos un momento antes de levantarla rápidamente y llevarla a un hospital.

En cuanto fue recibida en las instalaciones, el grupo no tuvo más remedio que sentarse y esperar. Aiden mantenía la compostura en su asiento mientras que Evan daba vueltas por el pasillo inquieto, Leo y Sasha se quedaron dormidos en la sala de espera el uno junto al otro y Sam observaba caer la lluvia por la ventana.

 

—¡No puedo creer que no notaras que estaba enferma! —reprochó Evan a su hermano.

—Perdón si está ocupado vigilando nuestras huellas —Aiden sonrió cínicamente.

—¿Todo es un juego para ti? —Evan se molestó y sujetó a Aiden de la ropa.

—¡Ya fue suficiente, ustedes dos! —Sam subió el tono de voz y Evan obedeció al instante.

—¡Maldición! —Evan se quedó mirando fijamente a Aiden un momento.

 

Sasha despertó justo cuando Aiden empujaba a Evan y se retiraba por el pasillo de salida en silencio, despertó a Leo con un golpe en el hombro y los dos también se levantaron para seguir al muchacho.

 

—No hace falta que vayan tras él —dijo Sam —. No irá a ninguna parte.

—Pero… —Leo observó a Aiden salir del hospital.

—Ya volverá —dijo el oficial —. Por lo pronto. ¿Alguno tiene hambre? Yo tengo bastante.

—Paso —respondió Evan antes tomar asiento y cruza sus brazos con el seño fruncido.

—¿Qué hay de ustedes?

 

El estómago de Shasa gruñó y entonces ambos hermanos asintieron, Sam señaló la cafetería y los tres se dirigieron a ella dejando solo a Evan.

 

—¿Lena se va a recuperar? —preguntó Leo apenas tomó asiento.

—Tiene una severa infección y agotamiento, pero pronto estará como nueva.

—¿Y ellos? —esta vez fue Sasha la que preguntó —. ¿Debemos dejarlos así?

—Esos dos —Sam rascó su cabeza —. Es muy difícil decirlo con certeza. Antes solían llevarse tan bien.

—Eso no lo creo —respondió Sasha burlonamente.

 

Sam bajó la mirada y su rostro se ensombreció al instante. Leo notó que no había probado ni un solo bocado de su comida y el café a lado del plato ya estaba casi frío.

 

—¿Qué pasó con ellos? —preguntó el chico —. ¿Qué fue los que les ocurrió en realidad?

—No… —Sam suspiró —. Aiden tiene razón, no deberíamos involucrarlos más de lo que ya están.

—¿Cómo podríamos estar más involucrados? —Sasha dejó los cubiertos sobre la mesa y se levantó molesta —. Mi madre fue secuestrada y unos tipos vienen tras de mi. ¿Qué otra cosa podría ser peor para nosotros?

—Hermana —Leo trató de detenerla.

—¡Está bien! —dijo Sam —. Supongo que no se equivoca, pero no me corresponde a mi contarles. Cuándo ellos lo crean correcto lo harán.

—Eso espero… —Leo se recargó en la silla y observó el techo de la cafetería.

 

Mientras tanto, Sasha salió del hospital y se detuvo en el barandal de la entrada, miró arriba y contempló las estrellas mientras su enojo pasaba. Entonces una lata de jugo frío tocó su mejilla izquierda y está saltó a su derecha por reflejo.

 

—Nada mal —Evan se burló y luego ofreció la lata de jugo —. Tienes buenos reflejos.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó una molesta Sasha.

—Te veías tan descuidada que me pareció una muy buena idea —Evan mostró una cálida sonrisa

—Ya veo… —ella tomó la lata de mala gana y trató de arrojarla en venganza.

—Espera, espera—Evan se cubrió con las manos —. No lo volveré a hacer, lo juro.

 

Sasha le lanzó una mirada penetrarte al muchacho por un momento y luego giró la cabeza muy orgullosamente y no dijo más.

 

—¿Cómo está Lena? —preguntó luego de un momento de silencio.

 

Antes de recibir una respuesta Sasha vio como Evan apretaba los tubos del barandal fuertemente, volteó en la misma dirección que él y vio a Aiden regresando al hospital. Los gemelos cruzaron miradas e hicieron un gesto de desagrado el uno por el otro, a la chica le costaba mucho entender cómo podían ser tan idénticos y opuestos a la vez.

 

—¿Dónde estabas? —preguntó Evan.

—Por ahí —contestó Aiden indiferente.

—Tenemos que hablar.

—No tengo nada que hablar contigo, Evan.

—Hablé con el doctor —Evan apretó los labios —. Lena no saldrá de aquí en varios días.

—Nada nuevo —respondió Aiden fríamente.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—¿Qué? —Aiden bufó —. ¿No es obvio? ¡Voy a buscar a esos sujetos!

—Leo y Sasha —Evan volvió la mirada hacia su hermano.

—Ya te lo dije, no son mi problema —Aiden respondió la mirada con una aún más fría —. Yo cumplí con mi parte. ¡No lo volveré a repetir!

—Parece que tú y yo siempre estaremos en desacuerdo —Evan tomó una pokeball nuevamente —. Creo que sólo hay una manera de hacerte entrar en razón.

—¿Está seguro de esto, Evi?

—Nunca me llames así otra vez —Evan lanzó la pokeball —. ¡¡Ve, Hydrospirit!!

 

Un pokemon azul, muy semejante a un hipocampo salió de ella, volteó a su alrededor y sacudió la cabeza.

 

—¡¿Hydrospirit?! —Sasha quedó impresionada —. Es uno de ellos.

—Te preguntaré una vez más —dijo Aiden aún dudoso —. ¿Estás seguro de esto?

—Esta vez Lena no se interpondrá, hermano.

—Como quieras —Aiden movió un poco su abrigo y tomó una pokeball colgada de su cuello —. ¡Hagámoslo!

—¡Sabes de sobra que el fuego no puede vencer al agua!

—¡Ya lo veremos! —Aiden besó su pokeball —. ¡Ve… Pyrohawk!

—¡¿Pyro qué…?! —preguntó Evan incrédulo.

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