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Pokemon Elements por Yami Stark

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Notas:

¡Volvemos con todo para esta historia también!

Había escrito más capítulos pero por una u otra razón quedaron en borrador. Además de otras ocupaciones tenía toda mi atención y creatividad hacia Fairy que se acerca a su climax. Sin embargo no hay de que preocuparse, aun tengo imaginación para rato :u 

Pd: Eso de ser grande y tener responsabilidades está feo :'v 

Turno 010.

 

 

—Bueno… —Aiden exhaló y miró a Leo —. Admitiré que no lo vi venir.

—¿Está?

—Si…

—No pareces muy feliz.

—¿Cómo podría estarlo? —Aiden meneó la cabeza —. Mi hermanito tenía razón.

 

El huevo dejó de brillar y apareció el último titán, pequeño, color rojo con manchas café, de forma serpentina y dos ojos grandes. Observó a ambos y luego reptó por la pierna de Leo hasta su hombro derecho. Corviknight lo olfateó y el pequeño pokemon siseó para alejarlo.

 

—Es valiente —señaló Aiden.

—¿Cuál es su nombre?

—¡Geospirit! —respondió Aiden —. El titán de tierra, tipo normal y tierra.

 

Aiden observó a Geospirit antes de sujetarlo y examinarlo. El pokemon se enredó en su brazo como respuesta y lo apretó con mucha fuerza.

 

—Parece enojado —señaló Leo.

—¿Cómo estaría tú si un extraño te sujeta de la nada?

—Buen argumento —el chico tomó a Geospirit en brazos para tranquilizarlo —. Tú nombre será Geogeo.

—¿Geogeo? ¿Es lo mejor qué tienes? —preguntó Aiden —. Este muchacho algún día será tan poderoso que destruirá ciudades con un simple movimiento.

 

Leo observó a Aiden con algo de sorpresa y después sonrió. De alguna forma de daba cuenta que el muro que había construido Aiden a su alrededor se había quebrado o al menos se hizo más débil.

 

—Supongo que podría pensar en otro… —Leo sacó una pokeball roja de su bolsa.

—Esa no —dijo Aiden arrojando algo al aire que Leo tuvo problemas para atrapa —¡Usa esa!

 

Al igual que Evan a Sasha, Aiden le entregó una pokeball muy valiosa a Leo y el chico asintió sonriente. Colocó el objeto frente a Geospirit y este presionó el botón al frente por su cuenta y se dejó atrapar.

 

—¡Muy bien! —dijo Leo emocionado —. ¡Tengo un Geospirit!

—Bueno —Aiden sacudió su ropa —. Hora de irse.

—Pero aún no está Sasha.

—¿Y? —Aiden tomó sus cosas —. Dije con o sin ustedes.

—Mis cosas siguen adentro… espera un segundo, no tardo.

Aiden observó a Leo fijamente y observó el reloj en su móvil.

—Tienes treinta segundos…

—¡Rayos! —Leo salió corriendo y entró a hospital a toda velocidad.

 

Cinco minutos después, el chico regresó sin aliento. acompañado de su hermana, completamente adormilada y con el cabello despeinado.

 

—No lo veo —dijo Sasha.

—Dijo que lo haría —respondió Leo resignado —. No le creí…

—¿Hacer qué cosa? —preguntó Aiden bostezando detrás de los chicos.

 

Leo y Sasha no pudieron evitar saltar a un lado por el susto y observaron a Aiden comenzar avanzar.

 

—¿No te fuiste? —preguntó Leo sorprendido.

—¿Y dejar a ese pequeñín que me ha acompañado durante tanto? Ni loco.

—¿Pequeñín? —preguntó Sasha.

—Larga historia… ¡Ahora caminen! —ordenó Aiden —. Ya perdimos mucho tiempo.

—¿No nos despediremos? —Leo volteó atrás.

—Tuvieron tiempo suficiente para hacerlo…

—¿A dónde vamos exactamente? —Sasha observó el cielo.

—¿A dónde más? —Aiden meneó la cabeza con molestia —. Tenemos que ir por su primer medalla.

—¡Medallas! —Leo cruzó miradas con Sasha y la preocupación de reflejó en su rostro —. ¡Casi lo olvido!

—¿Entonces nos dirigimos a la próxima ciudad?

—No… para llegar a ciudad Iridio primero debemos cruzar el Monte mineral.

—¿No se supone debemos rodear el monte mineral?

 

Sasha sacó su móvil para consultar el mapa y se lo mostró a Aiden. El joven la ignoró y aceleró el paso para sorpresa de los hermanos. Cerca de las tres de la tarde llegaron a los límites de ciudad obsidiana, avanzaron por el sendero y esta no tardó mucho en quedar atrás.

Les tomó todo el día llegar a las faldas del monte mineral y sólo entonces Aiden les permitió detenerse a descansar. Llevo sus manos a la cintura y observó el lugar con cierta satisfacción mientras respiraba profundamente.

 

—¡Acamparemos aquí! —dijo con seguridad.

—Insisto, el mapa dice que debemos rodear —comentó Sasha.

—Cierto, el mapa dice muchas cosas —Aiden asintió —. Muchas cosas que vamos a ignorar.

—Te dije que era mala idea —susurró Sasha.

—Sólo hay una forma de hacerse más fuertes —Aiden les lanzó una siniestra sonrisa a los hermanos —. Mañana la van a averiguar…

 

Leo y Sasha se abrazaron por la intimidante presencia de Aiden y voltearon a ver el Monte mineral con más dudas que antes, si es que era posible.

 

—Aún estamos a tiempo de huir —dijo la hermana —. No notará nuestra ausencia hasta la mañana.

 

El estómago de Leo rugió y ambos observaron a Aiden con duda.

 

—No me vean a mi, si quieren comer tendrán que hacerlo ustedes.

 

El joven extendió una manta sobre la tierra más suelta y se recostó para contemplar las primeras estrellas en silencio. Pocas horas después quedó profundamente dormido, Sasha aprovechó para escabullirse junto a su hermano y despertar a Leo.

 

—Es nuestra oportunidad —dijo en voz baja —. Si volvemos a ciudad Titanio quizá aún podemos alcanzar a Evan y Sam.

—Yo me quedo —respondió Leo.

—¿Qué? —Sasha casi sube el volumen por la sorpresa —. Este loco no va a matar.

—Este loco como tú lo llamas es nuestra mejor oportunidad de encontrar a mamá.

 

Leo se sentó en el frío suelo y observó a su hermana dudoso. Tomó su mano y tuvo que asentir para tratar de convencerla de quedarse.

 

—¡Evan y Sam son nuestras mejores opciones!

—Evan y Sam buscan fantasmas… —Leo bajó la mirada por hablar mal de ellos aún después de que fueron tan buenos con él —. No tendrán lo necesario para hacer lo que deben si tienen oportunidad. Aiden les lleva ventaja en ese sentido. Además creo poder aprender una o dos cosas de él.

—No es una buena idea —objeto Sasha.

—Confía en mi por esta vez.

—Bien —Sasha torció la boca —. ¡Sólo está vez!

 

Molesta por la petición de su hermano, Sasha se envolvió en su bolsa de dormir, le dio la espalda a Leo y no volvió a decir nada de nada esa noche.

Aiden, quién estuvo escuchando toda la conversación cerró sus ojos una vez que estuvo seguro que los hermanos dormían.

Al día siguiente, el sonido del viento contra los árboles despertó a los hermanos. Sasha movió la boca, bostezó y buscó a sus compañeros de viaje.

 

—¿Dormiste bien? —Leo se veía agotado y sin ánimos.

—No mucho… ¿Y tú?

—Tampoco.

—¡Es una pena escuchar eso! —Aiden apareció de entre los arbustos con una fruta en su mano —. Hoy van a necesitar toda su energía… o quizá mueran.

—¿Por qué estás vestido así? —preguntó Leo.

 

Aiden había remplazado su ropa habitual por una camiseta negra sin mangas, unas botas de trabajo y su cabello estaba recogido por un listón rojo.

 

—¡Ahí adentro hace calor, por supuesto!

—Insisto que debimos rodear…

—¡Andando! —Aiden dejó con las palabras en la boca a Shasa y entró por la gran cueva que estaba frente al campamento —. Será mejor que no se les olvide nada, porque no volveremos.

 

Los hermanos recogieron sus cosas de forma apresurada y corrieron detrás de su cuestionable mentir. Se adentraron en la cueva hasta que la luz del sol desapareció y tuvieron que encender una linterna.

 

—¿Cuál es el plan? —preguntó Sasha después de un rato de caminata.

—Bueno — Aiden observó el reloj en su muñeca —. Deben salir de aquí antes del atardecer o las cosas se pondrán un poco rudas para ustedes.

—Suena como si no fueras a venir —comentó Leo apuntando el camino con la luz.

—Es correcto —Aiden volvió a observar su reloj —. En exactamente cinco segundos voy a desaparecer.

—Jaja, que boba —Sasha bufó —. Creí haber escuchado que ibas a desaparecer…

 

Cuándo los dos hermanos dieron la vuelta Aiden ya no estaba y se encontraban caminando solos. Leo apuntó la luz en varias direcciones pero no había ni rastro del joven.

 

—Ok… —dijo Leo —. Esto no es gracioso… Aiden.

 

Sus palabras hicieron eco en los túneles que atravesaban la montaña y una corriente de aire estremeció a los hermanos.

 

—¡¡NO PUEDE SER!! —gritó Sasha —. ¡¡DE VERDAD NOS DEJÓ AQUÍ!!

—Tranquila —dijo Leo manteniendo el semblante.

—¡No me pidas que me calme! —Sasha golpeó Leo en la cabeza —. ¡Todo es tu culpa! Te advertí sobre esto.

 

Leo ignoró las quejas y gimoteos de su hermana y comezón a avanzar por aquellos oscuros túneles.

 

—Por aquí.

—¿Cómo lo sabes?

—No lo hago —respondió el chico —. Sigo la corriente de aire.

—Estamos perdidos —Sasha cayó de rodillas —. ¡Lo voy a matar si salimos!

 

Entonces llegaron hasta una cámara natural, llena de minerales fluorescentes, puentes rocosos y pequeños riachuelos subterráneos. Leo contempló el lugar con asombro mientras que Sasha se resignó a seguir a su hermano.

El sonido de unas rocas cayendo llamó su atención y entonces se encontraron con montones y montones de Zubat, Roggenrola y Aron. El grupo de pokemon los observó con desconcierto un momento y luego se volvieron hostiles.

 

—Ohh no... —Leo tragó saliva y tomó rápidamente sus pokeball —. Ya sé porque estamos aquí.

—Creo que no hay de otra… —Sasha también preparó sus pokeball.

—Me preocupa qué pasará al atardecer —comentó Leo.

—¡Sera mejor no averiguarlo! —Sasha lanzó sus pokeball —. ¡Adelante, Chimchar, Eolospirit!

—¡Quilladin, Geospirit, vamos!

—¡¿Geospirit?! —Sasha quedó con la boca abierta —. Así qué es por eso que aceptó venir. ¿Cuándo planeabas decime?

—Era una sorpresa —Leo sonrió —. Pero creo que la arruinó.

—Ya verás después.

 

El grupo de pokemon salvajes se preparó para luchar y los hermanos para abrirse paso por la fuerza hasta llegar a la meta.

Aiden por otra parte llegaba a la otra salida de la montaña acompañado de Garchomp, tomó asiento frente a la entrada de la cueva con una botella de agua en la mano y se dispuso a esperar a los hermanos.

 

—Veamos si pueden conseguirlo antes del ocaso —el joven comenzó a reír burlonamente hasta que Garchomp lo golpeó en la cabeza.

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