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Kagami MoonDark Legend por KanonGothic15

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Notas:

Simbología sobre algunos momentos de la historia:

*** -> Flashback

&&& -> cambio de escena. Los mismos personajes cambian de lugar o se muestra otra escena con otros personajes.

+++ -> sueños/visiones de un personaje.

Por el momento, esta seria toda la simbologia con la que se va a mostrar la historia. De haber algún cambio, se avisara con tiempo :) ¡Gracias por tu atención! nwn

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Hola a tod@s!! :D

Como vi que el primer capi tiene más de 100 lecturas, de una vez, aqui les dejo el segundo nwn Muchas gracias por su apoyo!! :3 Por favor, difrutenlo! nwn

Ah, también, y antes de que se me olvide XD Quiero darles las gracias enormes por haber mostrado interés en la secuela de Kagami MoonDark! O^O!! No saben lo mucho que me emociona!!!!!! <3 MIL GRACIAS!! <3 <3 <3

 

 

 

 

Después de que la reunión con el raikage y sus subordinados se diera por terminada, HanaYasha se dirigió a su hogar. Sasuke ya se encontraba ahí. Sentado en el piso del pórtico, se puso de pie, mirando a su esposa con la duda latente en sus ojos. Pasados tres días del conflicto que se llevó a cabo entre la sacerdotisa y los mellizos, tomaron la decisión de contarle a Tsukihime la verdad. Y aunque en el fondo la idea no los convencía tanto, por el miedo a provocarle una gran desilusión a la joven, también sabían que era lo correcto. Si su decisión, consistía en abandonar la aldea para ir a buscar sus orígenes, la respetarían sin quejarse, dándole todo el apoyo que podría necesitar.

 

 

 

Ansiosos por ello, entraron a la cabaña. Mientras Sasuke servía un par de tazas de té, HanaYasha subió a su cuarto en el segundo piso. Se acercó a su mesita de noche y sacó de un cajón un objeto importante, colocándoselo alrededor del cuello. Ya en la sala, esperaron a que la joven llegara de una reunión con su maestro. Imaginándose la reacción que tendría, les era imposible conversar sobre lo sucedido en el templo Uchiha con el raikage o en las instalaciones subterráneas de Raíz con Obito, Kakashi y Orochimaru. Por fin, después de media hora, Tsukihime arribó, encontrándose con unas miradas de su parte que le provocaron miedo y confusión.   

 

 

 

&&&

 

 

 

-¿Piensas ir a buscar su tumba? – cuestionó Sasuke, viendo cómo estudiaba la llave negra. Ella sonrió, moviendo tranquilamente la cabeza de un lado a otro.

 

 

 

-No me gustaría… - musitó con tristeza, sin quitar sus ojos negros del objeto en sus manos. - saber mi origen a costa de un cadáver. – HanaYasha se acercó a ella. Rodeó sus hombros con su brazo derecho y apoyó su cabeza ligeramente sobre la suya.

 

 

 

-Cuentas con nuestro apoyo. – le susurró con dulzura, tomando sus manos.- Nunca lo olvides, ¿Si? - Tsukihime asintió.

 

 

 

Quería sonreír, pero las lágrimas volvieron a traicionarla. Ahora no lloraba por el hecho de que le habían ocultado la verdad hace años. Sino por saber que esa era la razón principal que la hacía tan “diferente”. De pronto, el matrimonio escuchó unos pasos en el segundo piso. Sin que la menor se diera cuenta, ambos intercambiaron una mirada rápida, asintiendo al mismo tiempo. Con tranquilidad, Sasuke subió las escaleras, alcanzando a ver desde el borde del primer escalón como una puerta se cerraba. Con cierta sospecha, se apresuró en volver a abrirla, dirigiéndose al final del pasillo. Para su gran sorpresa, Harumaru había vuelto de su entrenamiento. Usando solo unos pantalones negros, llevaba encima de su cabeza una pequeña toalla blanca. Y en su boca, masticaba un poco su cepillo de dientes. Supuso que recién se había salido de bañar.

 

 

 

-¿Qué tanto escuchaste? – interrogó, cerrando la puerta detrás de él y cruzándose de brazos. Harumaru se sacó el cepillo de la boca.

 

 

 

-Lo suficiente como para saber que esa chica nunca fue mi hermana. – dijo seriamente, fingiendo que se secaba el cabello y sus orejas de perro. - ¿Se lo dirán a AmeYasha?

 

 

 

-No necesita saberlo. – dio media vuelta y tomó el picaporte. No sin antes voltearse un momento hacía su hijo. - Quiero que olvides lo que escuchaste y sigas tratando a Tsukihime como tu hermana menor. – luego de que Sasuke se marchara, Harumaru bufó. Se acercó a su escritorio y abrió un cajón. De ahí, sacó una antigua fotografía que su madre les había tomado a él y a sus hermanos, cuando todavía se encontraban estudiando en la academia ninja.  

 

 

 

***

 

-¡Mira, Harumaru! – exclamó una Tsukihime de 10 años, mostrándole un inmenso ramos de flores. - ¡¿No crees que son bonitas?! – de mala manera, el Hanyou cortó los tallos con sus garras. La niña volteó un momento al piso, analizando con confusión los pétalos marchitos. 

 

 

 

-Deja de perder el tiempo y sigue practicando. – ordenó el chico de 11 años con frialdad, dándole la espalda. Apenada y dolida, Tsukihime tiró lo que quedó del ramo. AmeYasha, quien había presenciado todo, se acercó a ella.

 

 

 

-No le hagas caso, es un gruñón de primera. – le susurró en el oído, captando su atención con una mueca burlona y haciéndola sonreír. Harumaru volteó. Le era difícil comprender la facilidad con la que su mellizo se ganaba el cariño de Tsukihime. Bufó molesto y se fue a otro campo de entrenamiento, saltando por las ramas de los árboles.

 

***

 

 

 

Harumaru apretó el marco de la fotografía. Ahora que conocía la verdad sobre la joven, se sentía mal por haberla maltratado durante tantos años. Siempre teniendo la idea de que era superior en muchos sentidos, solo por saber demasiado de cada una de las disciplinas ninja. Fastidiado, guardó la fotografía con brusquedad y se dirigió a su armario para vestirse por completo. Adentro del cajón, el vidrio que protegía la foto tenía una gran grieta en medio, partiendo las caras de AmeYasha y Tsukihime.

 

 

 

&&&

 

 

 

Sin mucho ánimo, la menor de cabello y ojos negros subió al segundo piso. Aunque le quiso ayudar a HanaYasha a preparar el almuerzo, su distracción era tan grande, que terminó por cortarse un dedo. Por lo mismo, la sacerdotisa no pudo evitar enviarla a descansar. Giró el picaporte de una puerta; ubicada al lado derecho del pasillo, y entró a su habitación. Rodeada de cajas aseguradas con cuerdas, se arrojó a su cama, bocabajo, y miró con desconsuelo su dedo índice, envuelto en un trozo de tela que su “madre” cortó para curarla.

 

 

 

Ahora todo tenía sentido. Durante su niñez, nunca fue capaz de hacer las mismas cosas que sus hermanos, quienes siempre mantenían en alto el orgullo del clan Uchiha, a los ojos de los demás. Y ella, al no poder ni siquiera realizar un Jutsu básico, siempre se frustraba, hasta el punto de ser humillada verbal y emocionalmente por Harumaru. Al menos, hasta que llegó a su vida el sacerdote Rock Lee, un viajero vagabundo que combatía a los monstruos con ayuda de su fuerza física.

 

 

 

Sin su ayuda, ni siquiera se hubiera dado cuenta de que también podía usar su cuerpo completo para pelear, especializándose en taijutsu. Aun así, las cicatrices de su pasado prevalecían y eso la tenía destrozada, ya que se forzaba a convertirse en algo que jamás podría llegar a ser. Una kunoichi de excelencia, como HanaYasha, alguna vez lo fue. Se sentó en su cama y se limpió las lágrimas. Estaba bien llorar y sentirse mal. Pero tampoco podía quedarse atrapada por siempre en ese hueco.

 

 

 

Se golpeó las mejillas y salió de la cama, más determinada que antes a seguir esforzándose en su camino ninja. Sin embargo, cuando abrió la puerta, se encontró de frente con Harumaru, congelándose de golpe. Él, pasando por el lado contrario del pasillo, se le quedó viendo, anonadado. Por alguna razón, ahora sus ojos negros le parecían hermosos. Ella, por el contrario, pensaba que sus ojos de color negro plateado eran lo suficientemente intimidantes como para quebrarle el alma a cualquiera. O mejor dicho, la suya.

 

 

 

-Jamás serás aceptada por él. – fue lo primero que pensó, bajando la mirada y perdiendo de golpe su buen humor.

 

 

 

Harumaru, notando su tristeza, recordó como su voz se rompió al haber platicado de su origen con sus padres. Sin darse cuenta, había colocado su mano izquierda sobre su cabeza, consolándola. Sorprendida, Tsukihime alzó la mirada. Parecía imposible, pero los ojos de Harumaru; en esos segundos, no solo tenían un brillo especial que nunca antes había visto. Sino que también le impresionaron por ser preciosos. Apenada por ese último pensamiento, porque era a su hermano mayor a quién se estaba refiriendo, se sonrojó y bajó la vista de nuevo. El joven, sin entender muy bien su reacción; creyendo que continuaba triste, deslizó su mano por uno de sus largos mechones de cabello negro y continuo su camino hacia las escaleras. En esos pequeños segundos, Tsukihime sintió que el corazón se le saldría del pecho por la vergüenza. Con Harumaru, sucedía algo similar, aunque ella ya no lo pudo ver.

 

 

 

&&&

 

 

 

-Mmm… - con una mueca de inconformidad absoluta, HanaYasha caminaba de un lado a otro en la sala de la cabaña. El reloj marcaba alrededor de las 6 de la tarde y el exterior era iluminado con los colores anaranjados del cielo, los cuales, se reflejaban en los muebles de la habitación.

 

 

 

-¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAA! – de pronto, sus orejas de perro captaron un par de gritos, por lo que salió apresurada al pórtico.

 

 

 

-¡¡TE DIJE QUE ERA MALA IDEA LANZARLES EL PLÁTANO!! – exclamó AmeYasha Uchiha, corriendo con una mueca de espanto en su rostro.

 

 

 

-¡¡Y YO TE DIJE QUE DEBÍAMOS HUIR CUANDO SE PUSIERON A GRITAR COMO LOCOS!! – replicó Boruto Uzumaki, siguiéndolo por su lado izquierdo y agachando la cabeza para esquivar una piedra.

 

 

 

Detrás de ellos, había un grupo de monos correteándolos con frenesí, ensuciando el territorio del clan Uchiha con las huellas de sus manos y pies. Eran tan similares a una estampida que, por poco, la sacerdotisa los confunde con un grupo de rinocerontes. No paraban de quejarse y, lo peor era, que lanzaban rocas y ramas como si fueran la reencarnación de una lluvia violenta. En eso, vio como AmeYasha se detuvo en medio del sendero para hacerles frente, pero sin éxito, ya que, antes de que pudiera tranquilizarlos a su modo, fue noqueado por una enorme estatua que le dio directo en la cara. La marca en su rostro quedó tan roja que el rubio, parado a su lado, palideció. Y cuando uno de los animales le lanzó una piedra, en medio de un chillido tortuoso, HanaYasha saltó a tiempo. Se paró frente a él y tomó la roca con su mano derecha, destruyéndola en su puño.

 

 

 

-¡H-HanaYasha-sama! – gritó el hijo de Naruto, atónito.

 

 

 

Los monos, al ver cómo había destruido la piedra, saltaron frenéticos y le gritaron enojados. Bastó con que abriera un poco más sus ojos dorados para silenciarlos de golpe. El menor parpadeó anonadado. Gracias a las historias de su padre, sabía que era una Hanyou, pero no tenía idea de hasta donde llegaba su nivel de intimidación. Cuando la sacerdotisa dio un paso al frente, los monos retrocedieron. Comenzó a gruñir, enseñándoles de a poco los colmillos. Y al seguir avanzando, con el ceño fruncido, los animales huyendo despavoridos. HanaYasha bufó victoriosa. Se giró y se acercó al mellizo de Harumaru. Sus ropas; una camisa sin mangas de color rojo, unos pantalones y sandalias ninja de color negro, estaban cubiertas de polvo y hojas. 

 

 

 

-¿Se puede saber en dónde se metieron? – preguntó, dirigiéndose al rubio.

 

 

 

Boruto Uzumaki, el primogénito de Naruto y Hinata, se parecía físicamente al rubio, con las únicas diferencias de que sus ojos eran de un azul más claro y los mechones de su cabello estaban peinados hacia arriba. La chamarra que utilizaba con frecuencia, sus pantalones y sus sandalias eran de color negro, despegándose por completo del estilo que su padre solía usar en su juventud. La playera de mangas cortas que llevaba debajo era blanca. En su cuello; al igual que en su espalda, portaba el símbolo del clan Uzumaki con una cadena.

 

 

 

-F-Fue mi culpa. – confesó apenado. – C-Creí que sería buena idea sobornarlos para que me obedecieran. – al escucharlo, la mujer soltó una carcajada.

 

 

 

-Son monos salvajes. Nadie puede controlarlos. – comentó con una sonrisa, al mismo tiempo que AmeYasha abría los ojos de golpe.

 

 

 

-¡¡MALDITOS SIMIOS!! – gritó enojado, incorporándose y con dos círculos blancos en lugar de ojos. - ¡LOS VOY A…! – antes de poder continuar, sintió una punzada en su costado izquierdo.

 

 

 

-Eso te pasa por levantarte tan rápido… - dijo la hibrida con una mueca.

 

 

 

-¡¿Pero qué clase de madre eres tú?! – interrogó AmeYasha, girándose hacia ella con una vena punzante en la frente. - ¡Se supone que tienes que curarme cuando estoy herido, no admirar mi sufrimiento! – pensando en sus palabras, la sacerdotisa entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.

 

 

 

-Muy bien, te pondré como nuevo. – dijo con una sonrisa, alegrando al menor. - Pero a cambio, tendrás que ayudarme en la cocina.

 

 

 

-¡¿Qué?! – interrogó, cambiando su expresión por una llena de terror puro.

 

 

 

-Fue un gusto saludarte, Boruto. – siguiendo con su tono alegre, HanaYasha se levantó y tomó a su hijo de los tobillos, dejándolo bocabajo. - ¡Nos vemos!

 

 

 

-¡¡E-E-E-Espera!! ¡¡Cambié de opinión!! – suplicaba, arrastrando sus garras en la tierra para resistirse al agarre de su madre, quien, con gusto, caminaba hacia la entrada de su hogar. - ¡¡Te ayudaré con otra cosa que no sea la cocina!! ¡¡AUXILIOOOOOOOOOOOOO!! – y con sus ojos derramando lágrimas en forma de cascadas, la puerta se cerró. Boruto la apreció unos segundos con una gotita de sudor bajando por su cabeza. Suspirando aliviado, saltó por los tejados de las cabañas para volver con su familia.

 

 

 

&&&

 

 

 

-¡Waaaa! ¡Qué noche tan fresca! – exclamó Kasumi, estirando los brazos hacia arriba. Yorumaru, quien caminaba con demasiada seriedad a su lado izquierdo, no se inmutó ante sus expresiones. - ¿Pasa algo malo? – el joven suspiró.

 

 

 

-No quería decirte esto, pero… - habló avergonzado, llevándose una mano a la nuca. La sacerdotisa lo miró expectante. – tienes labial en los dientes. – Kasumi parpadeó. Sacó un espejo de sus ropas y soltó un chillido.

 

 

 

-¡Cáspita…! – se llevó sus dedos a la boca y con las yemas comenzó a frotarse hasta remover la pintura. - ¡¿D-Desde hace cuánto los tenía manchados?!

 

 

 

-Toda la tarde… 

 

 

 

Al escuchar su respuesta, Kasumi se sintió tan apenada que se llevó las manos a las mejillas. Ahora comprendía mejor todas las señas que Guren le hacía mientras conversaba con Aome en la sala de la mansión del clan Higurashi. De pronto, sus ojos de colores diferentes observaron el cielo nocturno. No había estrellas. Solo una gigantesca luna roja que simbolizaba desgracias y muerte.

 

 

 

-Tiene el color de la sangre… - murmuró, antes de caer desmayada en los brazos del Youkai.

 

 

 

&&&

 

 

 

-¡La cena está servida! – anunció HanaYasha, golpeando una cacerola con un cucharon mientras subía al segundo piso.

 

 

 

En sus habitaciones, Tsukihime guardó unos pergaminos que le faltaban en una caja mientras que Harumaru dio un respingo que lo hizo caerse de su cómoda cama. Como Sasuke ya estaba acostumbrado al escándalo que su esposa hacía a veces, continuo leyendo el periódico como si ella no estuviera saltando de un lado a otro. AmeYasha, completamente agotado y con una nube negra sobre su cabeza, se encontraba recostado bocabajo en el sillón más grande de la sala. 

 

 

 

-¡Wow! – bajando las escaleras, los ojos de Tsukihime se iluminaron al encontrar tanta comida en la mesa. Desde mariscos y fideos, hasta ensaladas demasiado decoradas.

 

 

 

-¿Y a ti qué te pasó? – interrogó Harumaru, acercándose a su mellizo. En respuesta, le mostró un plumero que tenía escondido debajo de su pecho, tomándolo con fuerza con su puño izquierdo. – Ah, ya veo. Como no quisiste ayudarla a cocinar, te puso a limpiar la casa, ¿No? – el joven asintió con un ruido extraño, moviendo su cabeza de arriba hacia abajo sobre un cojín.  

 

 

 

-¡No se queden ahí! ¡Vengan! – exclamó la sacerdotisa, tirando la cacerola y el cucharon, para tomar a Tsukihime de los hombros y sentarla apropiadamente. Harumaru las siguió. Y AmeYasha, quien continuaba tan tieso como una tabla, tuvo que ser llevado en brazos por su madre, poniéndolo en una silla frente a su hermana menor. Al ver la cantidad descomunal de comida, sus ojos resplandecieron, retirando con su luz el aura maligna que lo había rodeado por más de una hora.   

 

 

 

-¿No exageraste un poco? – le preguntó Sasuke, acercándose a la mesa mientras sus hijos empezaban a servirse.

 

 

 

-¿T-Tú crees? – dijo nerviosa, antes de recibir un pequeño beso en la mejilla por parte de su esposo. Harumaru tomó un sorbo de agua, mientras que AmeYasha hacía una mueca para burlarse de sus papás, haciendo reír a Tsukihime. De pronto, escucharon como alguien le daba fuertes golpes a la puerta de la cabaña. La primera en reaccionar fue HanaYasha, quien corrió al vestíbulo, acompañada por Sasuke.

 

 

 

-¡¡HanaYasha, ayúdame!! – gritó Yorumaru, teniendo en sus brazos a Kasumi.

 

 

 

Fin del capítulo.

Notas finales:

NOOOOOO!! Kasumi!! D:!!

Como pequeña nota aclaratoria, quienes son de la generación de Harumaru y AmeYasha tienen 17 años. La verdad es que cuando escribí esta parte, se me olvidó por completo que Boruto también había crecido y le dejé la misma ropa jajaja XD (Ya si le cambiamos la ropa que llevaba a los 13 años, bueno, ya no hay tanto problema jajaja).  

COMENTEN!! nwn

Muchas gracias por leer! :D Saludos calurososos tod@s!! nwn (Porque acá en mi país... HACE MUUUUCHO FRIO!! XD).

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