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El Demonio Carmesí por Abaddon

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Notas del fanfic:

Esta historía transcurre despues de la saga del Rescate del Kazekage, y antes de la saga del Reencuentro con Sasuke.


Este es mi prímer FanFic de esta seríe que me ha estado acompañando durante al menos diez años de mi vida. No me considero el mejor fan de Naruto, pero este me ha inspirado muchas fantasías que solo ocurren dentro de mi cabeza. Esta es una de ellas. No pienso que Kishimoto haya permitido que Naruto y Hinata se conocieran mejor. Que hayan tenido tiempo para hablar genuinamente sobre sus deseos. Sus metas. Y sobre sus gustos. A la vez que Shino jamás obtuvo el protagonismo que siempre ha merecido. Siendo este uno de sus personajes mas misteriosos nos mereciamos mas tiempo para desarrollar un extraño lazo con este loco de los insectos. A la vez que Kurenai solo sirvió para darnos una pelea contra Itachi. La cual no es objetivamente mala. Solo que necesitaba mas de Kurenai. Kiba siempre me ha interesado por su concepto detras de pelear junto a Akamaru. Por eso, este FanFic va dirigido a protagonizar a aquellos personajes que nunca se les hizo justicia. Y al envolver un poco mas la relación entre mi pareja favorita de este gran anime.

Notas:

Correción 17/10/2020

Se han corregido errrores ortográficos, así como ciertas palabras fantasmas que se colaban en algunos párrafos 

Se ha agregado un pequeño dialogo al final del capitulo que personalmente olvidé de agregar

Lamento mucho que se hayan encontrado con todos estos errores. Hare mi mejor esfuerzo para evitarlos en el futuro. Ustedes merecen lectura de calidad.

 

-¿Qué quieres? ¿Quieres pelear?

-¡A esa cantinera la estoy viendo yo! ¡Consíguete a la tuya!

La noche daba el placer de ahogar las calles llenas de luz de la luna llena que se presentaba en la Aldea de la Hierbas, una noche que suele repetir los guturales rugidos de viejos borrachos que no tenían nada mejor que hacer por tanta tranquilidad que se esparcía tal cual virus debido a los asesinatos recientes y la obligada sobriedad del silencio. Y la tranquilidad era la madre de todas las prioridades, de las reglas que los mismos pueblerinos decidieron imponerse para no hacer enojar a las autoridades de esta pequeña villa de tal vez no más 3.000 habitantes.  Como el nombre lo indicaba, la aldea exportaba cultivos de hierbas de todo tipo. Tanto medicinales. Como venenosas. La luna ayudaba también al crecimiento de estas. No podían quejarse de las vagas riquezas que les aportaba la economía, pero solo vivir de las hierbas no era un lujo que nadie se podía dar. Por eso la elite de la aldea decidió que no vivirían más a base de humildad. Los rumores corren y vuelan de los negocios extraños que se presentan dentro de esta pequeña aldea. Otros dicen que a esos soplones los acechan en las noches un gigante rojo que porta una espada tan grande como su persona. Por eso, el silencio era una prioridad. Quien no acatara las reglas, sería comida del gigante.

-¡Ella será mi esposa! ¡Tendremos hijos hermosos juntos!

-¡Pues entonces, tendrás que pelear por ella!

Digamos que la situación no era exactamente común, pero salía con suficiente regularidad para alertar al dueño del bar sobre el peligro que sería tener a dos desgraciados ensuciando de sangre y licor su dulce terreno. Ya los había echado a ambos del lugar pero estos seguían gritándose los unos a los otros. Es un milagro que la luna siguiera vigilándolos desde el firmamento superior.

-¿Ese es tu mejor golpe?

-No fui en serio. ¡Este va con todo lo que todo lo que puedo dar!

Los golpes y gruñidos de los señores sonaban dentro del bar, que se llenaba de una vergüenza ajena por parte de los dueños. Ya todos estaban decidiendo si debían separarlos o debían dejar que se mataran mutuamente. Si solo fuera tan fácil ignorarlos…

-…

Algunas pisadas extrañas se escuchaban fuera del bar. Solo se podía pensar que los borrachos se habían cansado tanto que se estaban arrastrando por el suelo.

-¡¡¡ES EL DEMONIO CARMESÍ!!

Todos adentro del bar cesaron sus actividades para empezar a alarmarse por lo que se encontraba fuera de su residencia. El dueño del bar dirigió unos gestos y la hermosa cantinera cerro con llave la puerta del bar.

-¡¡Déjenos pasar!!

Golpes se oían detrás de la puerta, golpes que se hacían cada vez más desesperados y fuertes mientras más cerca se oían esas pisadas. Los dos viejos ciertamente se unieron en son de una misma necesidad. Aunque fuera el terror físico el medio de la alianza temporal, la máxima alianza que solo el temor por la muerte los unía temporalmente.

-¡¡Por favor!! ¡¡Abran esa puerta!!

Los gritos, cada vez más siniestros, retumbaban en los odios de todas las personas que se encontraban atemorizadas dentro de la única protección que les podía confinar el edificio. Lo más inteligente era no entrometerse en las cazas de esa bestia roja que ejecutaba cada noche, en busca de desafortunados que se topaban por su camino. Y es que nadie sabía por qué esa, cosa, rondaba por las noches es busca de sangre, solo sabían que siempre estaba protegiendo al Viejo Achiho. Quien era el líder de la aldea por ciertas costumbres diplomáticas. Ahora, esa monstruosidad se encontraba afuera del bar. El Demonio Carmesí se encontraba sediento de sangre.

-…

Los golpes se apagaron. La puerta dejaba de moverse. Algo chillaba afuera del bar,  ruidos indescriptiblemente atemorizante que solo un ser de pesadilla  podría conjurar. Todos se hallaban temblando por el suceso que les tocó vivir por esta vez. No fue sino hasta diez minutos de silencio cuando el dueño del bar se armó de valor para desbloquear la puerta y poder presenciar la carroñera escena afuera de su querido bar. Dos hombres viejos encima de unos charcos de sangre inmensos. La puerta también se hallaba manchada de sangre. Esto solo podía significar una cosa. El Demonio Carmesí se había cobrado a otra inocente víctima. Una vez asesinadas sus presas, este se retiraba de vuelta hacia su cueva, aquella Mansión del Sol donde Achiho era indestructible. Cada día más sediento de sangre. Cada día más cadáveres. Me pregunto si aquel cementerio podrá albergar un cuerpo más.

  •  

La aldea oculta entre la hoja se mostraba más radiante desde la última vez que Naruto la había pisado. Desde su exitosa misión de rescatar al Kazekage, Naruto decidió pasar el tiempo en su sitio favorito de la villa. Un pequeño y humilde puesto de fideos llamado Ichiraku Ramen que este siempre visitaba cuando era joven. Había pedido el usual de siempre mientras saludaba a uno de sus más queridos amigos. El chef siempre había recibido a Naruto con los brazos abiertos; entrañando el sabor y la delicia de aquellos momentos cuando era un solitario chico. La verdad es que, Naruto siempre se ponía a comparar su pasado, turbio y oscuro, con su actual vivir. Antes, cuando no tenía a nadie, solo Iruka, que era su único consuelo en la sombría soledad, y este puesto de fideos sirvió como un hogar provisional donde siempre solía comer con su Sensei, al que lo ve como una figura paterna. Ahora, Naruto tenía amigos de verdad, salvó la aldea, y todos celebraban su regreso. Había ganado tanto en tan solo tres años, que se sentía protagonista de cuento de hadas; donde todo le podría salir bien con tan solo el chasquear de sus dedos. Todo cambió tanto que aún no se acababa de acostumbrar a la velocidad en la que todos se adaptaban.

-Muchas gracias jefe. ¿Cuánto te debo?

-¿Qué? ¿Tienes cómo pagarme?

-He estado ahorrando para pagarte todos esos años que comí gratis.

-Pues me debes cinco años de platillos de fideos hijo. ¿Tienes suficiente en ese bolsillo?

-Ahhh… Pues la verdad…

Naruto se encontraba haciendo misiones de nivel Genin para poder pagar su apartamento, además de los impuestos y la comida diaria. Su salida de la aldea de la hoja le hizo perder mucho tiempo para poder subir de nivel y realizar misiones de nivel Chunin. Su sueldo, aunque nada espectacular, perfumaba sus gastos diarios mientras este esperaba el siguiente examen para ascender de rango.

-Naruto… ¿Que no recuerdas lo que te dije hace unos años atrás?

-Por supuesto, que cuando sea rico ya te pagaré.

-Que bien que lo recuerdes.

Todo lo decía con esa típica sonrisa en su cara. Imborrable y juvenil. El protagonista se encontraba muy apenado por lo sucedido. Sacando una sonrisa pequeña pero genuina. Madurar significa pagar por lo que consumes. Y la persona que se encontraba delante de él dejaba que los viejos momentos soplaran tal cual brisa al atardecer. Esa alma tan cálida no podría ser apagada por ninguna violenta tormenta.

-Entonces… ¿Te puedo pagar otro día?

-Adelante, ya cuando seas Hokage nos volverás ricos a mi esposa y a mí.

Una voz que no guardaba prejuicios ni rencor. Una cara que no había envejecido nada. Él era el  hombre que Naruto apreciaba.

-En serio, te debo otra.

-Dale saludos a Iruka de mi parte hijo.

-Seguro, ¡Adiós!

Habiendo entregado el plato vacío, este finalmente se levantó de la silla. Sacudiéndose el sucio de su atuendo común. Ahora se dirigiría a hacer unos encargos sencillos que le agradecerían con su pago diario. Y luego se iría directo hacia su apartamento a descansar un poco. Después de todo lo sucedido anteriormente, este necesitaba un pequeño descanso de tanto alboroto reciente.

-¡Hey! ¡Naruto!

Justo al salir del puesto de fideos, una cara conocida lo llamaba y saludaba desde una esquina de la calle. Su cabello era corto y color marrón, tenía los ojos afilados y llevaba una pintura facial tribal. De mediana estatura, ropa deportiva, y un perro gigante lo acompañaba al su lado. El perro era blanco y tenía manchas en las orejas. Este era un amigo y rival de Naruto. Lucharon juntos en el pasado y se respetaban el uno al otro. Era alguien al que Naruto podría llamar un amigo.

-¡Hey¡ ¡Kiba!

Kiba era un chico del clan Inuzuka, un clan que se especializaba en la lucha junto a un canino, en este caso, Akamaru, era el ser que lo acompañaba a todos lados. Estos dos eran mejores amigos desde muy niños. No se separaban nunca y se protegían a la vez. Desde que Naruto llegó a la aldea no ha tenido tiempo para hablar con sus amigos. Ha estado tan ocupado. Y sus amigos ya se encontraban al nivel de Chunin. Un rango totalmente indispensable en su recorrido para convertirse en el líder de la villa. El Hokage. El máximo representante de fuerza, valor, e inteligencia de la aldea.

-Hey Naruto. ¿Estas ocupado?

-Ehh. Pues, necesito entregar unos pedidos y estoy libre por hoy.

-Muy bien, necesito que te reúnas con nosotros. Sensei Kurenai quiere hablar contigo.

Akamaru corría alrededor de Naruto oliéndole la ropa. Tal vez los fideos que comió Naruto era el motivo de su impulsiva emoción.

-¿C-Conmigo?

-¿Quien más tendría ese ridículo nombre? Sí, es contigo.

Kurenai era la líder del equipo ocho, un equipo conformado por el presente Kiba Inuzuka, Shino Aburame, y Hinata Hyuga, antaño fueron rivales durante los exámenes Chunin, ahora, todos se encontraban haciendo misiones de alto nivel. Naruto estaba totalmente fuera de contexto. Y que Kurenai procedía a solicitar su ayuda solo lo hacía más extraño. De todos los ninjas que ella conoce, pedirle a él era de lo más novedoso.

-P-Pues, dame unos minutos y estaré con ustedes. –Naruto intentaba apartarse a Akamaru, que ya le estaba saltando encima en busca de más comida.

-Bien, espéranos entonces en la entrada de la aldea, vamos Akamaru. –Kiba, retirándose sin antes llamar a su compañero, no hacia desdén de gustarle mucho la idea de aceptar a Naruto como compañero. No es que Naruto y él fueron mejores amigos, o fueran enemigos de por vida, pero su torpeza e inmadurez no le convencían para  nada como un miembro útil al equipo. Como ya se dijo antes, pelearon juntos, siendo Naruto el vencedor de esta contienda. Kiba conoce la fuerza que oculta el atolondrado, y reconoce que sin él, la aldea se encontraría destruida por la invasión del reino de la arena. Pero aun así, tras su rescate fallido de Sasuke, este no quería valer nunca más de la fuerza de este ingenuo ninja de nivel bajo.

Akamaru ladraba triste de no haber encontrado la comida que olfateaba, y se retiró junto a ese ninja canino, uniéndose en su caminar como siempre lo ha hecho.

-¡Kiba! –Gritaba Naruto antes de volver a trabajar- Que bueno que estés bien.

-Igualmente... –El ninja feral le devolvía el saludo mientras salía por el mismo sitio del que entró. -Vamos, apúrate Akamaru.

Tal vez no todos estén celebrando el regreso monumental de Naruto. Ciertas costumbres no se actualizan con el tiempo. No se podía quejar. Le alegra que al menos alguien lo pueda encontrar útil. Y que estas personas aún siguieran en la villa. Desde que salvaron a Gaara, Naruto ha empezado a considerar mejor sus amistades. Que en cualquier momento se pueden desvanecer.

  •  

El punto de reunión se encontraba lleno de mercaderes y de ninjas novatos que buscaban cumplir su misión, la mayoría de ninjas se encontraban acompañados de sus respetivos senseis, los cuales actuaban bajo el rango de Jonin, un rango aún más alto que el Chunin, y muy respetado por todos los extremos inferiores que aspiran un puesto alto en sus vidas extraordinarias. Los guardias protegían cada esquina del gran portón, y el movimiento de gente era masivo, tanto turistas, como ninjas de demás aldeas vecinas se encontraban entrando y saliendo de una de las villas más importantes del continente. Naruto ya se encontraba preparado para encontrarse con el grupo Kurenai. Este se trajo un pequeño bolso de herramientas con un par de kunais, una hilera de shurikens, algunos explosivos, y comida. No sabría si fuera tan serio como para no prepararse tanto, no podría afondar una hilera de herramientas extras. Era la comida o su misión. Este confiaba suficiente en sus nuevas habilidades que daría todo por resguardar su reputación.

-¡Naruto! ¡Por aquí!

El ruido provino de un grupo que se encontraba justo al lado de unos dos tipos con máscaras de gato y ropa ligera. Estos eran los Anbu. Un grupo de elite el cual cumplía órdenes directas del Hokage, y servía principalmente para misiones de espionaje y exploración. Al contrario de lo que parece, el rango Anbu no era indispensable para llegar al rango de Hokage, pero te podías considerar afortunado si realmente solicitaran tu persona para este grupo muy reducido de personas. El grupo de Kurenai se encontraba en espera de Naruto. Todos los miembros parecían listos para salir. Llevaban mochilas en sus espaldas y pequeñas bolsas en sus caderas.

-¡Hey! ¡Sensei Kurenai!

El grupo era bastante diverso y no era difícil de notar su presencia. Todos sus integrantes parecen sacados de algún lugar turbio. Empezando por el ya mencionado Kiba, junto con su compañero Akamaru. Luego se encontraba este tipo de pocas palabras que encuentras afuera de las academias dispuesto a venderte dulces de dudosa procedencia. Este era Shino Aburame. Cabello corto, lentes de sol, y un chaleco con capucha que le cubría casi todo el cuerpo. Este poseía el poder de controlar insectos, al igual que todo su clan. Estos insectos cumplían diversas funciones útiles para atacar, defender, espiar, e incluso comunicarse. Naruto nunca tuvo mucha conexión con este sujeto. No parece una buena persona. A Naruto no le molestaba compartir equipo con Shino, ya que sabía que era un miembro indispensable para el funcionamiento de este equipo. Pero un tipo como él no transmite confianza alguna. Menos cuando no puedes comunicarte con alguien tan reservado.

También se encontraba la segunda mujer del grupo. Hinata Hyuga. Naruto la recordaba muy tímida e inadvertida. Recuerda aquella vez durante los exámenes Chunin, cuando Naruto estaba a punto de renunciar, esta Hinata le ofreció su examen sin dilación alguna. Tal vez tenga alguna enfermedad, porque cuando este la vio por primera vez desde que llegó, esta se desmayó en el suelo. Si esta está enferma, sería un inconveniente para la realización de la misión. Conocía su fuerza al pelear. Principalmente por su rama de sangre.

El clan Hyuga se caracterizaba por sus nulas pupilas en la región ocular, teniendo así unos potentes ojos blancos que procedían de un poder especial llamado el Byakugan. Este permite al portador atravesar la carne del oponente y visualizar su entorno trescientos sesenta grados. Además de contemplar los puntos vitales del oponente, haciéndolos extremadamente versátiles a la hora del ataque cercano. Tener a un Hyuga en el equipo les otorgaba una ventaja inmensa. Por eso no podía dejar que su prejuicio atacara a la chica. La cual se veía distraída con la presencia de los Anbus. De mediana estatura. Cabello largo. Vestía una chaqueta azul y blanco. Pantalón azul. A Naruto se le hacía un poco difícil verla a los ojos. Por un par de razones que sobresalían bastante a pesar de la ropa pesada que portaba.

-Naruto. Me alegra que hayas venido. –Kurenai Yuhi. Una de las ninjas más respetadas de la aldea. Capaz de ver dentro de la psique de sus oponentes. De ojos rojos. Cabello largo. Alta y llevaba vestido blanco corto, de líneas negras y mangas rojas cortas que la hacían resaltar bastante de cualquier otro ninja. Decían que sus ilusiones no tenían igual. Y su inteligencia era comparable con la propia Hokage de la aldea. Una verdadera maestra en todo sentido.

-Kiba me dijo que usted quería hablar conmigo.

-Así es Naruto. Kakashi me ha estado hablando bien de ti. Y pensé que necesitaríamos de tus habilidades para completar con éxito nuestra misión.

-Ese Kakashi… Muy bien ¿Que vamos a hacer?

Naruto se hallaba emocionado por las recientes palabras de su superior. Además de encontrar fresca la idea de realizar una misión con otro equipo la presencia de los Anbus lo hacía pensar que trataría de una misión de mayor nivel al Genin. Por lo tanto la recompensa incluiría mayores sumas de dinero. No  podía perder esta oportunidad para serle útil a alguien.

-¿Ni siquiera lo dudas? Esta misión no es para niños. ¿Es una misión muy peligrosa, sabes? –Kiba se encontraba burlándose del ninja naranja. Su obvio nivel de Genin era objeto de burlas por parte de todos alrededor. Y sabiendo que el equipo ocho se conformaba de Chunin, a pesar de Shino y Kurenai los cuales eran Jonin, Su despreocupada e impulsiva emoción no confirma sus sospechas despectivas de un cambio necesario para era infantil personalidad.

-Ya verás. Me he vuelto mucho más fuerte desde que salí a entrenar.

-Sí, sí, sigue fanfarroneando. –El ninja canino se hallaba cruzando los brazos. Mirando de vuelta a los Anbus que los acompañaban. No representaban una compañía habitual. Y a cualquiera lo pondría nervioso de tan solo acercarse a un grupo tan restringido de individuos. Llevaban armas en la espalda y bolsas dentro de sus pantalones.

-Me gusta tu confianza, Naruto. Pero Kiba tiene razón. Esta misión será bastante minuciosa y tendremos que calcular precisamente cada acto. –Kurenai volvía a hablar con los Anbus -Entonces, con él ya está el grupo listo.

-Muy bien. Les explicaremos más detalles. Vámonos de la aldea. No queremos atraer miradas extrañas a nosotros. –Uno de los Anbus rompió el silencio y se dirigió al equipo completo, mientras que el otro sacaba un pergamino de una pequeña bolsa en su cintura.

El grupo de ninjas, entonces, partió con destino desconocido fuera de la aldea. El grupo en general parecía un poco extraño, y tenso, pero bajo el liderato de Kurenai la misión sería un éxito desde el mismo inicio.

-Oh. Una cosa más. Naruto.

-¿Si? ¿Sensei Kurenai?

-Qué bueno que hayas regresado.

Naruto sonreía de oreja a oreja, el saber que alguien se alegra por su retorno lo hacía sentir melancólico. De una vez en cuando es necesario unas palabras bien dichas para cambiar la situación. Los Anbus lideraban el curso. Después iban Kurenai. Shino. Kiba. Hinata y Naruto de últimos. Este último encontraba miradas extrañas viniendo de unos tipos con capucha en las afueras de la aldea. Debido a la misión decidió ignorarlos. Le preocupaba más que Hinata era la única del grupo que no se atrevía mirarle a la cara directamente. Como una especie de monstruo aterrador viniendo de su interior. Capaz de desollar tan solo con una mirada. Temeroso de devorar las piezas que la mantenían equilibrada.

-N-Naruto… -Hinata susurraba en poca medida a su nuevo compañero temporal. Sus labios apenas se abrían y se hallaba perdida en sus pensamientos. Finalmente, tomo aíre y exhaló. –Me alegra que hayas vuelto… -Todo con la sonrisa más genuina que podría expresar. Naruto se encontró sonriendo de aún más que antes. Tal vez alguien si celebraba su regreso al final de todo. No de la manera en la que pensaba. Pero viniendo de alguien con la que apenas pasó tiempo juntos, este no podría pedir nada más.

Notas finales:

-Continuará-

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