Fanfic Es
Fanfics en español

Quédate conmigo por BolaZ

[Comentarios - 24]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Notas del fanfic:

Gracias por darle una oportunidad a la historia. Espero que sea de vuestro agrado. 

Había abandonado España, su país natal, hacía unos dos años para aventurarse en aquellos programas laborales que te permitían trabajar en otras naciones por un tiempo determinado; ella, tras haber investigado un poco acerca de la situación comunicativa en aquel lugar, decidió probar suerte en un pequeño trabajo en una televisión internacional de Seúl, donde se encargaba de corregir algunos guiones para los presentadores, ya que su nivel de inglés era avanzado y, lo más importante, el puesto de trabajo había quedado vacante.


Vivía cerca del centro, aunque no mucho, lo justo para poderlo llamar el centro de la ciudad. El apartamento que se costeaba gozaba solo de una habitación, un baño, una pequeña cocina y un pequeño salón, suficiente para ella, puesto que se había cansado de compartir piso con unos y otros durante aquellos dos últimos años. Aun así, a pesar de los continuos extraños con los que había vivido, había conocido a gente especial: Helen, de Perú, una chica encantadora que había conocido en una discoteca tras darse cuenta de que hablaban el mismo idioma; Erik, un noruego que habían conocido de paso en una tienda de 24 horas, al cual ayudaron a comunicarse con la dependienta; y, por último, Trevor; este último era estadounidense, y era el último en unirse al grupo.


Aquella mañana lluviosa de diciembre, Martina desayunaba en la diminuta mesa que tenía en la cocina, observando por la ventana cómo las gotas chocaban y descendían por el cristal. Hacía frío, pero, por suerte, su apartamento contaba con calefacción. Miró el reflejo de su rostro, aquella mañana estaba horrible y debía prepararse para asistir al trabajo en menos de una hora. Aun así, disfrutó de su leche de avena y un poco de fruta, hasta que recibió un mensaje al móvil; era Trevor. Muy a su pesar, Martina había tenido que evitar una y otra vez una posible conversación chisposa con aquel americano de ojos dorados y cabello castaño claro. Según Helen, a Trevor le gustaba Martina y aquello empezaba a ser tremendamente agobiante. Martina no quería novio, no quería empezar ningún tipo de relación con nadie, tan solo, amistad.


Recogió el bol de leche y se dirigió al baño. Allí, maquilló sus ojos verdes con un ligero toque marrón, puso un poco de corrector en sus ojeras, un poco de rubor en sus mejillas, al igual que brillo, un poco de bálsamo rojo sobre sus labios y, como no, la máscara de pestañas que las hacía ser más largas de lo que ya eran. Peinó su pelo castaño oscuro y lacio, sin más, ningún toque especial. Para tratarse de un día lluvioso, su outfit no era tan diferente al de los otros días: unos pantalones tipo fit-mum de color azul oscuro, una camisa blanca oversize, encima una blazer de cuadros marrones y verdes claros y unos mocasines negros de punta. Pasaría frío, sí, pero solo durante unos minutos, hasta que llegara a su empresa.


Hacía un año y tres meses que la habían cogido en una empresa de publicidad, en la que se encargaba de la producción y de los guiones de los protagonistas de los anuncios, así como de idearlos. Abrió la puerta de la empresa y vio, como de costumbre, el logo nada más entrar: KR-Marketing, muy simple, pero una de las agencias más importantes a nivel nacional. Dejó el paraguas a un lado, el segurata que vigilaba la entrada la ayudó.


—      Buenos días, Señorita Pérez— dijo en inglés aquel coreano alto, robusto y de facciones agraciadas.


—      Buenos días, Lin— respondió Martina, también, en inglés; la mayor parte del personal que trabajaba allí hablaba en aquel idioma, pero el coreano era imprescindible, por lo que la de ojos verdes estudió arduamente para tener un nivel intermedio de aquel idioma que, al inicio, le parecía un completo disparate—. Aunque eso de buenos días, es muy relativo, ¿no?


—      La lluvia hace bonito el día— fue lo único que respondió el trabajador.


Martina asintió con la cabeza, sorprendida de aquel pensamiento tan… ¿filosófico? Continuó adelante, en dirección a los pequeños despachos que compartía con dos personas más: Jessica, de Dinamarca y muy amable siempre, y Agustín, de Argentina, gracioso y carismático, el cual siempre le sacaba una sonrisa por las mañanas. Su departamento estaba formado por algunas personas extranjeras, pero, como era lógico, la gran parte de los trabajadores eran nativos de Corea del Sur.


—      Ha venido el Señor Park— le dijo Agustín—. Dice que quiere verte en su despacho dentro de…—se miró el reloj—. Quiere verte ya, vamos.


—      Entendido— Martina dejó las cosas sobre su escritorio y salió disparada hacia el despacho del jefe del departamento de publicidad; había hablado con él un par de veces, ya que fue él quien buscó y admitió a Martina en la empresa, impresionado por su limitado trabajo en la televisión.


Llamó a la puerta y pasó. El Señor Park la esperaba con una taza de café sobre la mesa.


—      Pase, Señorita Pérez. Me imagino que le apetecerá un café caliente en este día lluvioso y frío de diciembre— Martina sonrió dulcemente, no quería parecer seria ante aquel hombre, pues desconocía por completo el motivo de su llamada al despacho del jefe; tomó asiento y cogió el café con ambas manos, era un gran café.


—      Se agradece, sí. Y mucho— bebió un poco.


—      Ahora que estamos cómodos, me gustaría hablarle de algo, Señorita Pérez— dijo el jefe—. Vi su último spot publicitario para la vuelta al cole y sé que está trabajando muy duro en la campaña de navidad de ciertas marcas importantes.


—      Así es, en una semana estará montado y se podrá revisar— explicó Martina—. ¿Ha habido algún problema con el spot de la vuelta al cole…?


—      No, descuide— dijo el Señor Park—. Me gustó mucho, esa vuelta a los colores neutros, tradicionales. Claridad, simplicidad y elegancia, eso es lo que llama la atención a los clientes. Quería verla porque quería expresarle mi más enorme enhorabuena. Por el trabajo que ha hecho, pero, sobre todo, por el que hará— Martina arqueó una ceja y dejó el café sobre la mesa, algo incrédula—. Anoche recibí una llamada de Big Hit Entreteniment— continuó hablando aquel hombre de mediana edad—. Me preguntaron si queríamos ser los afortunados en grabar a su grupo de chicos y elaborar un tipo de… mini-serie-personal. Un poco para llegar más a su público. Obviamente, estaré al cargo de esa oportunidad, pero usted ya sabe que soy un poco viejo y necesito a alguien joven, que innove en técnicas y en planteamientos y, créame, creo que usted es la persona indicada.


—      ¿Yo?— se señaló Martina—. ¿De verdad?— el jefe asintió con la cabeza—. Por Dios, esto es… increíble. Es casi imposible meterse en Big Hit para hacer algún tipo de spot, llevamos tiempo intentándolo, pero…


—      Ahora tiene su oportunidad, Señorita Pérez— insistió una vez más el Señor Park—. Entiendo que es un sí.


—      Sí, claro, por supuesto— respondió ella, ilusionada.


—      Ni si quiera me ha preguntado por el grupo protagonista al cual grabará— dijo él.


—      Lo siento, es que ha sido todo… todo tan rápido. Lo siento. ¿De quién se trata? ¿Tengo que ponerme en contacto con ellos o ellas para concretar una cita?— preguntó Martina, nerviosa.


—      Esta tarde, a las seis horas, puntualidad, en el despacho del manager del grupo. Mi chófer personal la recogerá media hora antes en su casa, con dirección…—nombró la dirección de Martina y esta asintió—. Que así sea. Preparé ideas, conozca a los protagonistas y el trabajo estará hecho. Quiero un informe dentro de dos días, aquí, en mi mesa—dijo señalando el escritorio—. Puede regresar a su trabajo.


Aquella mañana fue la más inusual desde hacía tiempo. Se lo contó a Agustín y a Jessica y ambos le dieron la enhorabuena, diciendo que, aquello debía celebrarse el fin de semana. Regresó a casa bastante ilusionada, pero, tenía un problema: la ropa. Aquellas personas, se tratase del grupo que se tratase, seguramente, irían bien vestidos. Ella tenía buenas prendas, pero obviamente no vestía marcas ultra-caras. Miró en su armario y decidió probar suerte con un pantalón de cuero negro, con otra camisa oversize blanca mucho más bonita que la que llevaba puesta y un jersey sin mangas efecto chaleco de lana, de color marrón claro. Elegida la ropa, comió y decidió darse una ducha reflexiva, pensando en posibles ideas.


A las cinco y media en punto estaba bajando por el ascensor con aquellos tacones abiertos elegantes, de los únicos pares de zapatos de los cuales podía sentirse orgullosa. Al abrir la puerta del portal, el chófer del Señor Park ya la esperaba con el paraguas para acompañarla al coche. En menos de quince minutos, estaban delante del edificio de Big Hit y Martina empezó a ponerse nerviosa. La carpeta que llevaba en las manos era víctima del toqueteo de sus dedos y nadie se presentaba en recepción para atenderla. Hasta que pasó un chico, vestido de manera elegante, con pantalones de traje, pero con una camisa de manga corta de Gucci. Martina le respondió a sus “buenas tardes” y ahí empezaron sus sospechas.


¿Sería a los chicos de BTS a los que grabaría? No, imposible. Aquellos chicos eran intocables, pero el Señor Park dijo que tenían aquella grandiosa oportunidad, lo cual le hacía pensar que, tal vez, sí. Se mordió el labio hasta que una joven coreana, agraciada y amable, le preguntó por su nombre y enseguida la invitó a seguirla, por el ascensor y hasta llegar al despacho del director ejecutivo Bang Si-Hyuk. Al entrar, este hombre de gafas hablaba con un joven de cabellos de color rosa, el cual se giró para ver a Martina entrar.


—      Ah, usted debe ser la Señorita Martina…Pérez— dijo el hombre de mediana edad, mientras caminaba hacia ella para saludarla—. Él es Park Ji-Min— el mencionado hizo una bonita sonrisa y dijo hola, con un inglés bastante gracioso—. Él es el manager de BTS, así que será a él a quien usted le pase los guiones y quien supervisará su trabajo.


—      Es un placer, Señor Bang— hizo una reverencia hacia aquel hombre—. Señor Park— volvió a hacer una reverencia hacia el joven chico que no había dejado de sonreír.


—      Tiene que firmar un par de contratos— dijo el Señor Bang—. No serán más de diez minutos.


Martina asintió y se sentó para observar los contratos y firmarlos. A su derecha, el joven chico le preguntaba algo en coreano al director ejecutivo de la empresa, pensando que Martina no entendía aquel idioma. La joven de ojos verdes dejó el bolígrafo sobre la mesa y, con un coreano casi perfecto, dijo:


—      Está todo correcto y firmado, Señor Bang. Ah, y, por cierto, tengo 24 años, no soy tan joven como aparento— respondió a aquella pregunta que el joven coreano le había hecho a su jefe; Jimin se quedó con la boca abierta, pues, normalmente, los extranjeros no solían hablar su lengua, pero aquel no era el caso de Martina.


El director ejecutivo le tendió la mano y continuaron el proceso; Jimin le abrió la puerta para dejarla pasar y esta asintió agradecida con la cabeza. Aquellos pasillos eran enormes, algo obvio, puesto que viendo desde fuera que se trataba de un gran edificio. Martina notaba que aquel chico, que le acompañaba a otra sala ahora, parecía un tanto nervioso, con las manos en los bolsillos y con la mirada bastante tímida. La de ojos verdes se percató de aquello, por lo que quiso borrar esa situación tan incómoda.


—      También sé coreano, no como tú, claro, pero sé bastante— le dijo en coreano Martina; Jimin la miró.


—      Tu pronunciación es distinta, pero te puedo entender a la perfección. Hablas muy bien— dijo ahora, un poco menos nervioso—. ¿Tomaste algún curso de idiomas o…— Martina negó con la cabeza—. Bueno, hemos llegado. Los demás están aquí dentro esperando.


Al entrar a aquella pequeña sala de color blanco y con las siglas de la compañía, Martina quedó impactada. Aquel color tan básico, como bien ella sabía, hacía que aquel lugar tuviese una especie de profesionalidad, de respeto, no sabía demasiado bien cómo explicarlo. Sin embargo, en aquel fondo blanco, los colores llamativos de las ropas de aquellos seis chicos que estaban sentados y hablando en voz alta, destacaban. Martina les había visto por la ciudad, en aquellos enormes edificios publicitarios, pero jamás había asistido a uno de sus conciertos; sin ir más lejos, tampoco era muy fan de su música, tan solo se sabía el estribillo de una de las últimas canciones, ya que la repetían una y otra vez en las radios. Más allá de aquello, nada. Sí sabía sus nombres y lograba identificarlos, pero no quería parecer impertinente.


Sin embargo, algo llamó su atención, más aún que los colores vistosos de aquellos chicos. Era aquella mirada, un poco distante, un poco crítica. Ella se le quedó mirando por unos segundos, era el chico que había visto entrar en recepción; detestaba que le aguantaran la mirada, es más, odiaba que alguien la mirara de aquella forma, por lo que Martina frunció el ceño un poco, sin entender aquellos ojos depositados en su persona. No obstante, Jimin empezó a hablar y ambos movieron sus ojos hacia él.

Notas finales:

¡Gracias!

Usted debe login (registrarse) para comentar.