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Una misión trascendental. por Princesa Tsunade

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Capitulo I.

El amanecer se había hecho presente con los primeros rayos del sol, estos acariciaron de forma juguetona el rostro, de piel blanca e inmaculada, de una mujer de cabellera rubia dorada. La joven, llamada Lorelei, giró su rostro y se talló los ojos un poco molesta por la luz del día. Sin darse cuenta su mirada se clavó en el hombre que dormía a su lado, el agente especial del FBI Clinton Skye, su esposo, el hombre que amaba con locura.

Al ver que su esposo dormía profundamente y no había sido despertado por la tierna caricia del astro rey sonrió dulcemente y apoyó suavemente su cabeza sobre el fuerte pecho del agente, todo en forma lenta para no despertarlo.

Clinton había llegado la noche anterior de una agotadora misión y necesitaba descansar, Lorelei lo sabía, a pesar del poco tiempo que estaban casados, ella lo conocía como la palma de su mano.

La joven, hermosos ojos verdes, cerró sus ojos tratando de volver a dormir, inspiró con fuerza el aire, el aroma varonil de su esposo siempre lograba relajarla. Ese aroma a bosques que el hombre nativo emanaba la hacía sentirse fuerte, segura y en paz.

No era una novedad la diferencia del color de sus pieles, ni la diferencia de edad. Todo eso se veía a simple vista, Lorelei tenía ascendencia irlandesa eso la hacía de un cabello lacio, rubio dorado y ojos verdes esmeralda. Su piel blanca y cuerpo esbelto pero con peligrosas y delicadas curvas. Estaba embaraza de treinta semanas, así que su vientre a pesar de estar abultado se veía tierno y pequeño todavía. Tenía 31 años estaba en la flor de la juventud.

Clinton, en cambio, tenía una piel morena, cabello negro y ojos oscuros, tan oscuros que las personas podían perderse en ellos, todo gracias a su ascendencia nativa, el agente especial pertenecía a la Nación Mohawk. Era mucho más alto que su esposa y su cuerpo estaba en excelente estado físico. A diferencia de su esposa, Clinton tenía 43 años y estaba por ser padre primerizo.

Si ambos hubieran tenido que describir el momento en el que se enamoraron perdidamente el uno del otro dirían lo mismo. A primera vista, cuando Jess LaCroix fue a buscar a su hija dos horas más tarde a la escuela acompañado de su cuñado.

Lorelei era la maestra de Tali en ese momento, la sobrina de Clinton, más adelante les contaré lectores como la joven llegó a aquella escuela. Volviendo a aquel encuentro ambos sintieron ese cosquilleo en la panza y esa atracción imposible de controlar.

Clinton, como buen caballero, se ofreció a acompañar a la docente a su casa. Ya había anochecido y no era "seguro" para una hermosa y joven mujer andar sola por la calle. Por supuesto, Lorelei primero dudó pero su corazón fue más rápido que su cerebro y aceptó la propuesta del agente especial del FBI.

Y fue allí, en ese primer encuentro en que tanto Clinton como Lorelei, supieron que no podrían vivir el uno sin el otro. Estuvieron un año de novios, y fue el agente del FBI, quien le pidió matrimonio. Por supuesto la joven aceptó, emocionada y perdidamente enamorada. Clinton nunca había tan seguro de algo.

Desde luego, esta unión no fue bien recibida por la familia Gallagher, los padres de Lorelei y su hermano menor eran de ideologías pertenecientes a la supremacía blanca, ideologías racistas y que hija se casara con un hombre nativo, con un salvaje como ellos lo llamaban, no había sido aceptado.

Sin embargo contaron con el apoyo de Andrea y Connor, los hermanos mayores de Lorelei, Connor era un sacerdote de la rama de franciscanos que les dio una bendición el día de su boda, por más que la joven y su esposo se hubieran casado bajo los preceptos de la Nación Mohawk.

Lorelei inspiró el perfume amaderado que despendía su esposo y cerró sus ojos disfrutando del calor del contacto de sus pieles, a pesar de que le costaba conciliar el sueño nuevamente. En ese momento sintió la mano de su pareja acariciando su rostro y sonrió dulcemente.

—Creí que estaba dormido Agente especial Skye. —comentó divertida mientras se acurrucaba más contra el hombre a su lado.

Una risita divertida salió de los labios del Clinton mientras las yemas de sus dedos delineaban el contorno del hermoso rostro de su esposa.

—Lo estaba señora Skye pero el sol me ha despertado, tal como a usted. —respondió con un leve toque divertido.

Lorelei volvió a sonreír y se enderezó para mirar a los ojos a su esposo, a esos orbes oscuros que tanto le transmitían. Con dulzura le acarició el rostro y unió sus labios a los del hombre a su lado. Lo besó con ternura, sin dejar de acariciar su rostro varonil.

—Deberíamos levantarnos Clin, hoy es el aniversario de tu hermana Angelyne. Y debemos alistarnos. —dijo la joven de larga cabellera rubia, pero sus palabras parecían contradecir sus acciones porque más se pegaba a su esposo en busca de calor.

A Clinton le parecía tierno y a la vez divertido, pero era comprensible esa necesidad de cariño por parte de su amada, ya que él había estado en una misión días anteriores y ella se había quedado sola en la casa. No necesitaba ser adivino para saber que su esposa lo había extrañado. Más ahora que se la notaba un poco más sensible por el embarazo. Aunque tenía que ser sincero consigo mismo y admitir que él también la había extrañado con locura.

—Tienes razón pero para prepararnos debemos levantarnos primero. —respondió expectante a ver si la bella mujer a su lado abandonaba la cama primero.

Clinton soltó una suave risa divertida al ver que nada sucedía y ella le sonreía jocosa. Así que decidió hacer algo al respecto. Cuidadosamente de no aplastar el vientre abultado de su esposa se colocó sobre ella y volvió a besarla. La joven correspondió muy gustosa, y dejó que sus manos recorrieran el cuello y luego viajaran por la espalda de su esposo. Adoraba a ese hombre con locura, cada día se entregaba a él y no podía estar más feliz de que fuera el padre de su hijo.

Pero las cosquillas que sintió de repente la hicieron saltar y reír a carcajadas.

—Oh Clin no hagas eso. —dijo entre risas divertidas. Finalmente sus brazos rodearon el cuello de su esposo y volvió a besarlo. —De acuerdo… vamos a prepararnos. —comentó cuando sus labios se había separado de los de su esposo.

La pareja abandonó el refugio cálido de las mantas para prepararse para la visita anual al cementerio.

Si Lorelei tendría que describir a la hermana de Clinton simplemente no podría ya que nunca pudo conocerla cara a cara. Pero gracias a los relatos de su esposo, de sus suegros y su sobrina tenía una imagen clara de cómo era la personalidad de su cuñada. Y lamentaba no haber podido conocerla.

Mientras preparaba el desayuno para ella y Clinton su mirada se enfocó en una vieja fotografía enmarcada en la pared en la que la joven y su esposo estaban junto a Angelyne el día de su boda. Claramente había sido editada por Tali, su sobrina política, para que sus tíos sintieran la presencia de su madre el día de su boda.

Lorelei sonrió al ver la fotografía, porque a pesar de no haberla conocido le tenía una alta estima y admiración. Los pasos de Clinton ingresando a la cocina la hicieron voltearse y dedicarle una cariñosa sonrisa.

—El desayuno está listo cariño. Siéntate. —le dijo en un tono amoroso mientras ella tomaba asiento y bebía un sorbo de su taza de té. Nada de café durante el embarazo.

—Maravilloso. —opinó Clinton al ver los panqueques que había preparado Lorelei y el café tal como a él le gustaba. —Gracias. —le dijo a su esposa por haber preparado el desayuno ella sola.

Lorelei le sonrió y estiro su mano para acariciar la fuerte mano de su esposo que se encontraba sobre la mesa.

—Es lo minino que puedo hacer, has tenido una misión difícil ayer. —dijo sin perder su sonrisa.

Si había algo que Clinton agradecía era la comprensión que tenía su esposa para con él. Clinton era un hombre callado, taciturno, no solía hablar de lo que lo quejaba o lo que le afectaba en el trabajo o en su vida personal. Pero Lorelei con solo mirarlo ya sabía lo que le pasaba sin siquiera preguntarle. Respetaba su espacio y no le pedía que le contara, al contrario, se sentaba junto a él y le regalaba tiernas caricias o le hacía relajantes masajes para que no pensara en lo que le aquejaba. Había una conexión espiritual entre ellos dos que ninguno había tenido con sus parejas anteriores. Esa era una de las razones por las cuales él le había pedido matrimonio tan seguro.

Clinton miró la mano de su esposa sobre la suya y con cariño la llevó hacia sus labios para besarla. Lorelei le correspondió la sonrisa y aquella contemplación que ambos compartían.

—Deberíamos apurarnos o tu madre nos va regañar por llegar tarde. —comentó jocosa la joven de centellantes ojos verdes.

Clinton soltó una suave risa ante lo dicho por su esposa, pues estaba en lo correcto y se sorprendió a sí mismo que a pesar de ser el aniversario de la muerte de su hermana, no sentía aquel desasosiego y melancolía que lo invadía en esa fecha.

Durante el recorrido hacia la casa de sus suegros en el coche de Clinton la paz reinó entre ellos, de vez en cuando el agente del FBI acariciaba la rodilla de su esposa y le dedicaba una mirada de reojo. Ella le sonreía dulcemente logrando hacer que el corazón del hombre nativo latiera con más fuerza.

Al llegar al cementerio, Clinton bajó primero del auto para dirigirse rápidamente a abrir la puerta del lado del acompañante y ayudar a Lorelei a bajar. No porque fuera un obsesivo sino porque así demostraba su amor por ella, además la joven estaba comenzando a sentirse pesada por el abultado vientre de embarazo. La familia Skye ya los esperaba en compañía de Jess LaCroix y su sobrina Tali.

La pareja se acercó a los presentes y los saludaron con profundo cariño. Lorelei sentía un profundo aprecio por la familia de su esposo, quienes los habían apoyado desde el primer momento en que ellos habían anunciado su relación, lo mismo le ocurría con Jess LaCroix y Tali, la niña era como una hija para Lorelei.

La joven de sedosa cabellera rubia, observó en silencio y con atención el ritual que su familia política estaba realizando. Todo el tiempo permaneció junto a Clinton, abrazada a él, dándole su apoyo. En un momento, su esposo se acercó a la tumba de su hermana Angelyne mientras que Lorelei permaneció, en silencio, en su lugar. Si bien, Clinton se mostraba entero y templado, cuando regreso a su lado ella pasó su brazo alrededor de su cintura en un cálido abrazo, porque sabía que a pesar de su dura apariencia, la muerte de su hermana le dolía en el alma.

El hombre de ojos negros le sonrió pegándola a su cuerpo y acarició el vientre abultado de Lorelei, una señal de que estaba bien y de que le agradecía su presencia. A pesar de ser un hombre duro y tranquilo, le gustaba tener a su esposa a su lado, ya que el aroma dulce que emanaba la joven (lo cual no tenía nada que ver con la marca del perfume que ella usaba) lo mantenía sereno.

Antes de dejar el cementerio, Marilou Skye los invitó a almorzar en su casa. Para Lorelei ir de visita a la casa de sus suegros era algo cotidiano, y a pesar de estar nerviosa la primera vez que los conoció, ahora se sentía parte de la familia. Ya que tanto Marilou como Nelson, los padres de Clinton, solían tratarla con estima.

Lorelei no lo sabía pero sus suegros sentían pena y amonestaban a los padres de la joven por el abandono le habían hecho. Por eso trataban de fraternizar con ella, especialmente en un momento tan especial como lo es la transición de un embarazo.

La pareja aceptó muy gustosa la invitación, especialmente después de que Tali les insistiera. La niña adoraba pasar tiempo con sus tíos. Lorelei solía ser su confidente y compartían mucho espacio y tiempo juntas. La juventud y la dulce sonrisa que Lorelei tenía, además de haber sido su maestra años atrás, hacían que la niña Tali confiara en ella. Jess LaCroix lo sabía, por eso permitía que Lorelei llevara a hija tomar helados o a beber refrescos. Incluso compartían tardes juntas, mirando tutoriales o haciendo tareas.

Al llegar a la casa de la familia Skye-LaCroix Tali tomó de la mano a su tía y tironeó suavemente de ella.

—Tía Lorelei tienes que venir a mi habitación tengo algo increíble que mostrarte. —anunció la niña con una sonrisa en su rostro.

La joven de ascendencia irlandesa le regaló una maternal sonrisa a su sobrina pero antes de aceptar se dirigió a su suegra:

—Marilou ¿Usted no me va a necesitar en la cocina? —preguntó preocupada Lorelei ya que no quería quedar mal con su suegra.

La matriarca de la familia sonrió y negó con un suave movimiento de su cabeza.

—Ve con Tali, Lorelei, aquí tengo tres hombres que pueden ayudarme.

La joven de ojos verdes esmeralda sonrió agradecida y miró a su sobrina.

—Entonces vamos Tali. —dijo con dulzura.

—No te importa que te robe a la tía Lorelei ¿Verdad tío Clin? —preguntó divertida la niña ya que le encantaba molestar a su tío cuando se trataba de la mujer de cabello rubio.

Los presentes sonrieron divertidos, ya que el lazo que las unía era visible para ellos y además porque sabían que a Tali le gustaba picar a su tío cuando se trataba de Lorelei

—Por supuesto que no. Sólo tengan cuidado con las escaleras. —respondió Clinton preocupado de que su esposa resbalara por ellas. Si Lorelei no estuviera embarazada no hubiera dicho eso, pero desde que supo que sería padre cuidaba el doble a la joven de ascendencia irlandesa.

Los presentes soltaron una suave risita divertida, Nelson y Marilou se miraron cómplices, mientras que Jess puso su mano sobre el hombro de su cuñado.

—Cariño estoy embarazada no incapacitada. Estaremos bien. —respondió Lorelei con ternura. —Vamos Tali muéstrame eso que querías que viera. —dijo la joven de ojos verdes abandonando la sala en compañía de su sobrina.

Clinton fue a responder pero guardó silencio ante las palabras de Lorelei, la mirada cómplice de los demás lo hizo sonrojarse.

—Hijo vas a agobiarla, sé que te preocupas por ella y el bebé pero ella es una mujer independiente. —comentó Marilou con una sonrisa maternal.

Clinton no respondió y miró hacia un costado. Jess apretó con cariño el hombro de su cuñado y decidió molestarlo.

—Oh vamos Bro, entiendo tu preocupación, yo también estaba muy preocupado cuando Angelyne estaba embarazada de Tali. —contaba con el hombre de ojos azules. —Pero si me comportaba como tú Angelyne me hubiera disparado. —soltó una risita. —Aunque sé perfectamente cómo te sientes.

El agente especial Jess LaCroix miró comprensivo a su cuñado había estado en sus zapatos y se había sentido igual. Con la diferencia de que Angelyne era una mujer más atrevida y audaz. Lorelei parecía más aniñada y tranquila. La pareja perfecta para alguien como Clinton, pensaba Jess.

En su habitación y desde su laptop Tali le mostró a su tía los vídeos que había subido a TikTok y los comentarios que había recibido. Así como las demás redes sociales que la niña tenía. Sabía que su tía no tenía ninguna red social a pesar de que amara fotografiarse con la familia. Nunca le preguntó porque no quería tener aunque sea un Facebook o un Instagram.

—He visto un tutorial de peinados con trenzas súper cool tía. ¿Me dejas probarlo en tu cabello? Yo no logro hacerlo en el mío. —comentó un poco desaminada porque a ella no le había salido en su cabello.

—Claro cariño mi cabello es todo tuyo. —respondió sonriente Lorelei mientras le guiñaba el ojos en forma compinche a su sobrina.

La niña, a pesar de sentir tristeza por el aniversario de la muerte de su madre, se esmeró en devolver esa cálida y amorosa sonrisa que su tía le había dedicado. Animada buscó su cepillo para el cabello y comenzó a peinar el largo, lacio y rubio cabello de su tía.

—Me encanta tu cabello tía Lorelei, lo tienes muy suave. —comentó la niña mientras peinaba con interés a su tía.

—Gracias Tali, aunque debo cortarlo o pronto pareceré Rapunzel. —respondió jocosa la mujer de ojos verdes centellantes. Podía percibir la tristeza de la niña y quería distraerla.

Al escuchar aquellas palabras Tali no pudo evitar sonreír divertida, y, por unos segundos, olvidó su tristeza.

—Cuando termine con tu cabello parecerás una princesa. El tío Clin se desmayará al verte. —comentó muy segura de sus palabras la niña.

Lorelei exhaló una suave risita divertida al escuchar a su sobrina.

—Oh… eso sería interesante de ver ya que tu tío nunca pierde su tranquilidad. —opinó la hermosa mujer mientras disfrutaba que la peinaran. Estuvo a punto a de preguntarle a Tali cómo se sentía, o si necesitaba un fuerte abrazo de su parte. Pero quiso darle su espacio, ella sabía que Tali se lo diría cuando estuviera lista.

Un suave golpe en la puerta de la habitación de la niña las hizo sobresaltarse, era el abuelo Nelson Skye llamándolas a almorzar. Tali le dedicó una cómplice mirada a su tía ya que había terminado el tutorial del peinado y había quedado preciosa.

Cuando ambas bajaron la escalera y se presentaron en el comedor ante la familia, Jess sonrió divertido al ver el delicado peinado que su hija le había hecho a su cuñada al igual que los demás. Conscientes de aquel lazo invisible que las unía.

Al ver las miradas de los presentes Tali le sonrió en complicidad a su tía.

—Te lo dije. No puede quitar los ojos de ti. —comentó con un tono bromista mientras Lorelei se tapaba la boca para reír divertida.

— ¿Qué tal? Luzco como una princesa ¿verdad? —preguntó la mujer de cabello rubio a los presentes haciendo una pose y mostrando el peinado. —Tali tiene un talento especial. —comentó mientras le guiñaba el ojo a la su familia política.

El primero en hablar fue Jess sin dejar de sonreír, a pesar del oscuro momento que estaba viviendo al sentir la ausencia de su esposa.

—Es verdad… pareces una princesa con ese peinado tan bello. Buen trabajo Tali, has dejado boquiabierto a tu tío. —opinó dándole un codazo a su cuñado y hermano de armas.

—No estoy boquiabierto. —respondió el agentes especial Skye al mismo tiempo que devolvía el codazo a Jess, como si fueran dos niños. —Pero si concuerdo que estás hermosa Lorelei. —admitió con un leve sonrojo en sus mejillas.

Lorelei le sonrió amorosamente a su esposo mientras tomaba asiento a su lado en la mesa familiar.

—Gracias amor. —comentó agradecida con su esposo.

—Es verdad Tali ha hecho un gran trabajo. —opinó Nelson mirando con cariño a su nieta.

—Es verdad. —asintió Marilou Skye.

La niña sonrió orgullosa de su trabajo y tomó la mano de su tía a su lado.

—Te lo dije tía. —comentó antes de empezar a comer.

El almuerzo transcurrió con total tranquilidad y paz. Nelson y Marilou recordaron anécdotas de que cuando Angelyne y Clinton eran pequeños, incluso la matriarca de la familia fue en busca de fotografías de sus hijos cuando eran niños pequeños y se las enseñó a Jess, a Tali y a Lorelei mientras contaba anécdotas sobre sus hijos.

Lorelei tomó entre sus manos una fotografía en la que Clinton era un niño de unos cinco años aproximadamente. La observó con cariño y luego lo miró amorosa.

—Eras un niño muy bello. Tenías carita de ángel. —opinó dulcemente.

Al agente del FBI le resultaba un tanto incómodo que su madre le mostrara fotografías suyas a su esposa, especialmente aquellas en las que estaba disfrazado. Pero su madre parecía ignorar eso o simplemente no le importaba.

—Si te gusta te puedo regalar esa Lorelei, y esta de cuando Clinton tenía un mes de vida. ¿No era un bebé hermoso? —preguntó Marilou orgullosa de su hijo.

—Oh sí por supuesto que sí. Era adorable, como dije, tenía carita de ángel. Aunque esa expresión sigue intacta en su rostro. —comentó amorosamente la joven de centellantes orbes verdes.

Clinton volvió a sentir el calor en sus mejillas y miró a su cuñado y amigo como pidiendo auxilio. Jess sólo sonrió divertido ante la situación, que él ya había vivido cuando su madre conoció a Angelyne.

—Creo que deberías guardar las fotografías Marilou antes de que Clinton le agarré un ataque de pánico.

Los presentes soltaron una suave risa que distendió al hombre de ojos oscuros y profundos.

—Creo que no hay cosa peor el ego de un hombre que el que su madre muestre fotos de él cuando era niño. —comentó Nelson con diversión.

—No debería darle vergüenza, estas fotografías son un tesoro. —opinó Marilou. —Adelante Lorelei, llévate estas dos. —dijo la matriarca mientras le entregaba las fotografías a su nuera.

— ¿Está segura Marilou? —preguntó indecisa la joven de ojos verdes. —Sé que son muy preciadas para usted.

—Estoy segura, además podrás mostrárselas a mi nieto. Estoy segura que se parecerá mucho a su padre. —respondió de forma amorosa Marilou.

Lorelei observó con profundidad a su suegra y le sonrió verdaderamente agradecida.

—Muchísimas gracias. Ahora estás fotografías serán parte de mi tesoro también. —comentó la joven mientras las guardaba en su cartera.

En ese momento emotivo para la familia, la niña Tali saltó de su silla mientras miraba atentamente su celular.

—No puedo creerlo. "Batalla contra zombies" la película que quería ver y de la que todos hablan van a quitarla del cine. Papá ¿Podemos ir a verla mañana? —preguntó suplicante. —Todos mis compañeros ya la vieron menos yo. —dijo con una dulce e inocente mirada.

Jess observó contrariado a su hija y luego miró a sus cuñados.

—Mañana tengo una reunión con mi jefa Isobel Castillo. No creo que pueda hija. —comentó apenado.

—Pero mañana es su último día en cartelera. —murmuró decepcionada la pequeña.

Lorelei observó con pena a su sobrina y compartió una mirada cómplice con su esposo.

—Si no te parece una mala idea Jess, Clinton y yo podemos llevar mañana a Tali al cine. Claro, si nos das permiso. —dijo la joven compartiendo la mirada con su esposo.

—Así es bro, Lorelei y yo podemos llevarla. —opinó Clinton con una sonrisa.

A Tali le brillaron los ojitos y le sonrió a su padre entusiasmada.

— ¿Verdad que puedo papá? —pregunto juntando sus manitos.

El agente especial Jess LaCroix sonrió divertido y asintió con un movimiento de su cabeza.

—De acuerdo tienen mi permiso. —accedió finalmente, iba a pedirles a sus cuñados que cuidaran a su hija pero se lo guardó para sí porque sabía que eso no hacía falta. Lorelei era maestra, estaba acostumbrada a cuidar niños, y Clinton era el mejor agente del FBI que había conocido, además de ser en quien más confiaba.

—Gracias papá. —dijo Tali abrazando a su padre, después de abrazar a su padre le dedicó un amoroso abrazo a su tía Lorelei y a su tío Clinton. —Gracias a ustedes también.

—De nada cariño. —respondió dulcemente mientras le correspondía el abrazo y besaba los cabellos de la niña de forma maternal. Clinton le dedicó unas palabras en su lengua nativa a su sobrina, que Lorelei no comprendió pero que después él le explicó.

Había sido un día triste porque conmemoraban el aniversario de una muerte pero a la vez alegre. Porque al pasarlo en familia, con anécdotas y compartiendo el tiempo y el espacio todo se hacía más ameno.

Mientras volvían en el auto a sus casas, Lorelei observaba con cariño las fotografías que Marilou le había regalado. En ellas su esposo era un niño de profundo ojos oscuros, tenía el cabello largo y negro y un rostro perfecto que parecía salir de una pintura.

Clinton observó de reojo a su esposa para rápidamente volver la vista al camino:

—Con que carita de ángel ¿Eh? —preguntó con tono jocoso. — ¿Cómo sería una carita de ángel señora Skye? —siempre que bromeaban entre ellos Clinton la llamaba por su apellido de casada, cosa que en vez de disgustar a la joven, le encantaba.

Lorelei clavó sus hermosos y expresivos ojos verdes en su esposo.

—No sé cómo explicarlo, pero supongo que me refiero a que tienes una expresión en tu rostro de niño bueno, cuando me miras o compartimos situaciones, sé que siempre estaré a salvo contigo y que puedo confiar en ti con los ojos cerrados. —explicó pensativa, finalmente le tocó suavemente la mano y agregó: —Además no puedo negar que eres extremadamente guapo. —dijo mientras le guiñaba el ojo en forma complice.

El agente Skye soltó una suave y jocosa risita y continuó:

— ¿Más guapo que Leonardo DiCaprio? —preguntó divertido.

Lorelei lo observó con profundidad y apoyó su mano sobre la pierna de su esposo.

—Mucho más. —respondió con seguridad y con una seductora sonrisa.

Ambos compartieron una mirada y finalmente sonrieron divertidos, Clinton sabía que Leonardo DiCaprio era más guapo que él, al menos así lo percibía, sin embargo para Lorelei el amor no se trataba solo de ser guapo, para ella su esposo era uno de los hombres más apuesto que había conocido pero había otras cualidades por las cuales jamás lo cambiaría y que, por supuesto, lo hacían escogerlo ante todo.

 

Notas finales:

Hola! Me presento, soy Princesa Tsunade, espero que les haya gustado el primer capítulo. Esta historia surgió de un raro sueño que tuve, por supuesto tuve que adaptarlo a una historia y surgió esto.

Gracias a todos y a todas los que pasan por aquí y dedican un tiempito de lectura a mi historia.

Los saluda con cariño, Princesa Tsunade.

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