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La Sacerdotisa del Kraken por Fersaw333

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Notas del fanfic:

Tenai ganas de escribir algo corto y acerca de League of Leguens, y que mejor que hacerlo acerca de mi personaje favorito.

Notas:

Espero lo disfruten, es solo un One-Shot.

El ocaso se vislumbraba en el horizonte, una majestuosa vista se podía apreciar desde Aguasturbias, el mugriento e infame puerto famoso por ser el escondrijo ideal para bandidos y aquel que desee escapar de su vida.


Todo comenzó aquella tarde de verano desde la bahía de Aguasturbias, un lugar majestuoso debido a los grandes arcos rocos que la custodian a los lados, una belleza natural habitada por granujas de la sociedad. Como de costumbre los barcos cargados de tesoros y mercancías de dudosa procedencia eran descargados por las tripulaciones, en relativa tranquilidad. Los hombres y mujeres se atiborraban en los muelles angostos bajando pesadas cajas y cofres, entre maldiciones, empujones y risas el ambiente no se salía de lo común.


Todo cambió cuando una ventisca helada los atacó a todos como una brisa marina, suave. La muchedumbre se extrañó de tal cosa, en esta época del año el ambiente suele ser caluroso. “¿De dónde venía esa ventisca fría?” se cuestionaban.


Lo siguiente fue una marea brava venida de la nada y sin explicación alguna. El agua se agitó con fuerza agitando los barcos atracados en el puerto, esto a su vez causo con los muelles se tambalearán también. Mercancías y marineros cayeron al agua debido a tal movimiento. Las aguas se movían con furia impidiendo a muchos regresar a la superficie a pesar de la ayuda de sus amigos y compañeros.


Un joven se agazapó al borde del embarcadero buscando salvar a su compañero preso de la fuerza del agua. Entre gritos y maldiciones todo quedó en silencio cuando una criatura saltó del agua atrapando por el cuello al joven marinero llevándoselo en un instante al agua sin oportunidad alguna de escapar. Lo único que pudieron ver fue un cuerpo escuálido, escamoso y grisáceo.


–D-demonios del mar profundo –Musitó pálido un viejo marinero aferrado a un palo que usaba para caminar.


Helados como peces en hielo, nadie articuló palabra alguna durante los siguientes segundos. Hasta que otra criatura saltó por detrás de todos llevándose ahora a una mujer al fondo del mar dejando tras de sí solo un grito y el sonido del agua tras eso. El terror se propagó como el agua de un rio entre todos y echaron a correr en estampida, lo que ocasionó que más mercancías y personas cayeran al agua para ser presa de esas misteriosas criaturas que como un cardumen hambriento atrapaban a cada desdichado y lo sumergían tanto como se podía.


La turba aterrada de gente llegó hasta el pueblo propagando la noticia de lo que ocurría entre todo el populacho quienes no tardaron en creerlo cuando vieron al cardumen treparse al muelle y avanzar rápidamente por la avenida principal.


Eran criaturas antropomorfas con características de pez y humano. Caminaban encorvados y en dos piernas, con brazos alargados, portaban lanzas y espadas confeccionadas de coral y huesos, su piel escamosa era de color gris y por su espalda una aleta dorsal se arraigaba, finalmente su rostro era el de un tiburón con tres hileras de afilados dientes con ojos negros y pequeños. Aunque fuera de su apariencia horrible, y su nefasto hedor, lo que mas calaba en la voluntad de los marineros fue la violencia que estos seres demostraban apalizando o apuñalando a todo el que se toparan para luego arrastrarlos moribundos al agua y desaparecerlos.


Como una plaga maldita avanzaron por las calles cazando civiles inocentes, los marineros aguerridos opusieron resistencias armados con sus grandes arpones, espadas y demás armas. Defendieron la plaza central con fuerza y valor luchando entre los puestos de comerciantes y cadáveres que se repartían entre ambos bandos a cada segundo de la escaramuza, sin embargo, por cada Demonio muerto tres mas llegaban desde el mar. Al final estos nobles sacrificios permitieron a los indefensos esconderse en sus casas o en otros edificios y lograr atrincherarse dentro de ellos esperando que la invasión cesara o alguien los salvara de tal debacle.


De entre todos los aterrados ciudadanos que lograron escapar de la masacre dos de ellos no buscaron refugio en los endebles edificios de madera, corrieron tanto como pudieron lejos del puerto hacia una zona alejada, el bello y enigmático templo de Buhru.


Esta antigua construcción que se erige a medio kilometro al norte de la ciudad es hogar de los devotos entregados en cuerpo, mente y alma a la poderosa diosa Nagakabourus, La Gran Barbuda. El lugar rebosa de artes alegóricas a las serpientes y tranquilidad ordenada por la cabeza de esta fe, aquella poderosa mujer de piel morena.


Los monjes se alebrestaron cuando aquel par de jóvenes irrumpieron en el templo exclamando con exaltación el ataque a la ciudad.


–¡Atacan el puerto! –Gritaba la chica de cabellos rubios y pintura fácil de tentáculos.


–¡Son Demonios del Mar Profundo! –Agregó el joven que la acompañaba. Las similitudes entre ambos vaticinaban un parentesco.


La mayoría se alertó ante tal noticia, los mas viejos permanecieron calmos y buscaron apaciguar a los más jóvenes quienes más alterados, por no decir asustados, parecían. Se instauró una discusión sobre lo que debían hacer, unos sugerían quedarse y defender el templo, otros opinaban que debían ofrecer sacrificios y oraciones a Nagakabourus para apaciguarla, un menor grupo pensó en ir a luchar contra esas bestias.


Todos se silenció ante un golpe seco y metálico proveniente del templo. Las miradas de los devotos se dirigieron hacia el origen del sonido.


–Sí creen que aquí escondidos como ratas están a salvo, les falta estudiar más, si creen que esto es obra de Nagakabourus, les falta fe –Enunció la portadora del ídolo de oros solido en forma redonda.


Al ver a la maestra de la fe todos callaron y escucharon con atención sus palabras. Intimidados por el exabrupto que ella podría verter sobre ellos al desacatar la regla de la tranquilidad en el templo agacharon las miradas y le reverenciaron con sumo respeto.


–La llegada de estas malditas y corruptas criaturas me fue informada en sueños por La Gran Barbudo, aunque desconocía el día exacto de su llegada.


Se pasó frente a sus seguidores y discípulos con ese porte grandioso ostentado por su estatura extraordinaria y fortaleza física envidiable. Sus amarillos ojos se posaban en cada uno de sus seguidores examinándolos a ellos y sus voluntades. Con el Ojo Divino sobre su hombro se paró frente a todos para que la miraran.


–Los Demonios del Mar Profundo son aberraciones de tiempos primitivos, y no han cambiado en todos estos milenios ¡Carecen de movimiento! –Exclamó al final de su oración expresando desprecio–. La Gran Barbuda los abandonó condenados a habitar los oscuros abismos más profundos del mar.


Los murmullos iniciaron entre los mas estudiosos quienes recordaban los pasajes de viejos libros que relataban las primeras criaturas que habitaron Runaterra. Pocos escritos hablan, de forma muy vaga.


Aquella mujer dejó, por un momento, el ídolo a sus pies y levantó sus manos extendiéndolas. La brisa del mar sopló justo en ese momento acariciando su piel, bamboleando su larga cabellera y causando una enorme sonrisa en sus labios titados de rojo oscuro. Aun con su físico atemorizante y de gran tamaño muchos hombres son capaces de ver la belleza que aquella mujer posee, pues aún su ruda no puede ensombrecer los atributos femeninos que la vuelven una belleza exótica y poco común.


–¿M-maestra? –Musitó una joven al no recibir más palabras de ella.


–¡Nagakabourus avisa que no debe haber misericordia con estos seres, deben ser regresados a la oscuridad de su prisión subacuática! –Exclamó con firmeza, como una orden mas que como un aviso. Retomó el Ojo Divino y lo llevó a su hombro una vez más–. Ella está de nuestro lado y nos apoya en esta cruzada, el miedo no debe acongojar el corazón de los fieles de Nagakabourus.


Sin más que parlar se dirigió con paso firme, mirada severa y temple de hierro hacia la ciudad atacada por los Demonios del Mar Profundo, con la única premisa de que debía acabar con todo lo que se opusiera a su objetivo, el Rey del Abismo, el ser que desde la distancia comanda el cardumen abisal y orquesta la devastación de la isla.


La ciudad estaba sumida en el caos, los que pudieron escapar a la colera violenta de las criaturas del abismo se guarecieron en donde pudieron. Puertas y ventanas fueron bloqueadas con todo lo que tenían a la mano, pero esto no abatía el ímpetu genocida de los demonios que pugnaban con fiereza tratando de derribar las puertas o abrir brechas en las paredes de madera.


Los civiles indefensos, entre los cuales había niños y mujeres, permanecían lejos de las entradas esperando y orando por un milagro que los salvara. Lo infantes se aferraban a los brazos de sus padres, las mujeres sollozaban mientras que los hombres temblaban de pavor.


La taberna era uno de los lugares donde más personas lograron refugiarse, pocas ventanas y una sola puerta de entrada la hizo fácil de fortificar con las enormes mesas y cajas de mercancías, además que contaba con paredes de roca, no obstante, el techo era mas endeble de lo que ellos pensaron. Los demonios treparon encima de la construcción y comenzaron a picar con sus armas el tejado de madera que no tardó en ceder.


El miedo cundió y todos gritaron aterrados al ver a tres de esos infames seres entrar a la taberna. Sus ojos negros fijaron a los indefensos ciudadanos que se armaron con palos y utensilios en un burdo intento por defenderse.


En ese preciso momento se escuchó un grito fuera de la taberna seguido de varios golpes muy fuertes y alaridos inhumanos, las personas dentro de la taberna no entendieron que fue eso, los demonios sí y eso los sorprendió. El mismo agujero que abrieron en el techo fue por donde tres tentáculos de energía verde irrumpieron atrapando por el cuello a los escuálidos agresores para luego sacarlo con facilidad del inmueble.


–¡Si odio algo, lo destruyo! –Exclamó risueña una mujer sobre la taberna mientras reía.


Los ciudadanos corrieron rápidamente las ventanas para ver que ocurría allí afuera y quien era esa mujer. Vieron la calle, otrora cundida de demonios, completamente vacía, un rio de líquido azul corría cuesta abajo como un rio, era la sangre de los demonios pulverizados como seviche por la furia del Ojo Divino y su portadora, la poderosa sacerdotisa que muchos de ellos habían conocido.


Ahora eran los Demonios del Mar Profundo los que se desbandaban, ninguno era capaz de hacer frente a la fuerza imparable de aquella morena. Los que osaron desafiarla enfrentaron su poderío. Con un solo vaivén del pesado ídolo de oro era capaz de arrancar la cabeza de uno de ellos, con sus puños partía brazos, piernas e incluso columnas, si caía no titubeaba en aplastarles la cabeza con sus botas.


Atacarla por la espalda era una terrible idea pues a su paso el Ojo Divino invocaba vástagos de La Gran Barbuda, espectrales tentáculos de dos metros de longitud y capacidad para golpear con fuerza tremenda a quien se acerque a la sacerdotisa por detrás, algunos escuálidos fueron aplastados por los tentáculos dejándolos estampados y destrozados en el suelo. Así la ciudad se fuer cubriendo de estos vástagos que también protegían a los civiles que eran hostigados por los demonios.


Con una voluntad inquebrantable sostenida por el poder de Nagakabourus ella avanzó hasta la plaza central donde se encontraba la mayor cantidad de demonios que se alimentaban como peste de los cadáveres allí regados. Cortaban, rasgaban y tragaban trozos enteros de humano hasta que una energía cálida y atemorizante llegó a ellos alertando que alguien de gran poder se acercaba. Las decenas de miradas negras cayeron sobre la morena de larga cabellera café.


–Mi dios no es amor –Musitó para sí misma abriéndose paso hasta el centro de la plaza, rodeándose de los enemigos quienes le miraban con cautela retomando sus armas–. ¡Es una patada en la cabeza!


Los demonios se lanzaron como jauría desesperada sobre ella, las afiladas lanzas amenazaron con asesinarla, pero ella, y su dios, fueron más rápidos.


–¡Shainas! –Con fuerza golpeó el suelo con el Ojo Divino, desatando el poder de Nagakabourus.


Decenas de tentáculos emergieron del suelo arrojando por los aires a los demonios, todo terminó cunado comenzaron a azotar el suelo con furia aplastando a todos los demonios que había, dejando una sanguinolenta guarnición en pocos minutos.


La sacerdotisa corría a gran velocidad hacia el puerto, ahora las huestes del abismo estaban destrozadas, sus seguidores bien podrían exterminar a los pocos sobrevivientes, sin embargo, él arquitecto de este ataque aun se erigía con vida en el puerto de Aguasturbias. Era ella, y no nadie más, quien debía enfrentar al Rey del Abismo.


Y allí lo encontró, de pie sobre el mulle, enorme, fétido, asqueroso y colérico ante la devastación de su ejército. Un enorme Demonio del Mar Profundo, de complexión ruda y escamas aun mas gruesas que sus súbditos, se alza con cuatro metros de altura y grandes zarpas en sus manos.


–¿Eres tú la sacerdotisa de Nagakabourus? Tu energía es incuestionable, he llegado aquí siguiéndote desde el abismo –Articuló el Rey del Abismo con espeluznante voz y sangre escurriendo de sus afiladas fauces.


–¡Yo soy la maestra! –Respondió ella sonriente ante el gran desafío que se alza ante ella–. La pregunta es ¿Para quién es la prueba, para ti o para mí?


–Portas el Ojo Divino, la herramienta que me sacará del abismo y traerá a la superficie a todos mis ejércitos, ¡entrégalo ahora! –El enorme escuálido corrió hacia ella.


La mujer le espero y atacó con el ídolo, esta vez no funcionó pues él pudo contener la fuerza y responder con un enorme manotazo que la arrojó contra los muros de edificios cercanos. Fue un golpe que la aturdió unos segundos, cuando reaccionó vislumbró al Rey del Abismo enfrente de ella pateándola sin piedad hasta incrustarla en la roca. Los labios de la morena dejaron salir sangre y quejidos ahogados.


–Puedes potar el Ojo Divino, pero no eres más que una patética humana, seguir a La Gran Barbuda no te hace superior –Maldijo el Rey. La tomó por el cuello levantándola con facilidad para luego arrojarla contra la arena de la bahía.


Golpe tras golpe la sacerdotisa no podía hacer nada ante esa fuerza superior, los golpes del ídolo ni siquiera amedrentaban al enemigo. Los tentáculos que emergieron cerca de ella fueron devorados por las fauces del Rey del Abismo antes que pudieran golpearlo. Los seguidores del templo de Bahru llegaron en ese momento para ver a su maestra en el suelo, con golpes y cortes profundos sobre su piel, se arrastraba por la arena tratando de recuperar el ídolo que soltó ante el último golpe del enemigo.


–¿Será acaso que no podré superar esta prueba? –Titube ella, tosiendo sangre y gesticulando por el ardor de los cortes que re cubrían por la arena.


–Has dado una pelea digna de una sacerdotisa, pero eso no te salvará. El Ojo Divino será mío y la invasión del abismo comenzará en esta patética isla –Amenazó el rey saliendo del mar de donde había recogido su arma mas poderosa, el tridente de l abismo hecho de huesos–. ¿Tus últimas palabras, mujer?


Ella no respondió, el temor comenzó a nacer en su corazón al no ver una salida posible, su ídolo permanecía apagado al estar lejos de ella, ¿Seria en serio su final? ¿Fracasó en esta prueba? Se avergonzó de su debilidad y estuvo cerca de rendirse. El Rey se posó sobre ella y atacó con esa lanza buscando clavarla al suelo, en ese momento ella reaccionó y saltó alcanzando el Ojo Divino, aunque le costó una terrible herida en la pierna pues la lanza de hueso le atravesó la pantorrilla derecha. Gritó con fuerza ante ese terrible dolor y con esa misma fuerza arrojó el ídolo hacia atrás partiendo en dos la lanza del Rey.


–¡Imposible! –Alegó él retrocediendo. Ni el pez mas grande y salvaje del abismo había podido nunca romper esa lanza, ¿Cómo era posible que una simple humana lo hiciera? –. No fue ella, fue esa maldita diosa –Sus ojos negros se abrieron a mas no poder al ver a la sacerdotisa levantarse con un fulgor verde emanando de ella y el ídolo brillando a mas no poder.


–Como pude dudar de mí, por un momento, que vergüenza –Dijo la mujer encarando al rey, ignorando por completo la herida de su pierna donde aún un pedazo de lanza la atravesaba–. ¡Yo soy la maestra y has venido a que yo te ponga aprueba vástago maldito y corrupto de Nagakabourus!


El Rey titubeo, pero se rehízo ofendido ante esas palabras. Sin pensarlo se acercó a ella con intenciones de matarla con lo que quedó de su lanza. La prueba comenzó allí. El Ojo Divino evocó un tentáculo que atravesó el pecho del Rey y le sacó el alma, el enorme pez palideció al saber lo que ocurriría después.


–¡Afronta la prueba! –Advirtió ella golpeando con sus manos y el ídolo el alma inmóvil del Rey.


Cada golpe en su alama se recreaba en el cuerpo del escuálido, ahora las heridas se hicieron presentes en él, tambaleaba de un lado a otro con cada embate de aquella mujer, uno de los cuales le destrozó los dientes tirándolo sobre la arena. Al final el alma cedió y fue devorada por el ídolo, eso solo significa una cosa.


–No has pasado la prueba, solo te queda un camino –Afirmó la sacerdotisa cayendo de rodillas ante el tremendo esfuerzo que hizo, jadeando y escupiendo sangre, pero con la sonrisa de la victoria en los labios.


El Rey sintió miedo y trató de escapar, ya no podía hacerlo, su cuerpo estaba lento y demasiado pesado. Desde el mar mismo dos enormes tentáculos emergieron y atraparon al rey llevándolo de regreso al mar, no podía escapar al abrazo de dios.


–¡Esto no puede estar pasando! –Gritaba sacudiéndose sin cesar en un burdo intento por escapar, antes de sumergirse miro a la playa donde aquella mujer atestiguaba todo con gran alegría y satisfacción–. ¿Quién es esa humana? ¡¿Quién diablos eres?!


–¡Mi nombre es Illaoi, monstruo no lo olvides! –Profirió con gran orgullo, levantando para echar sobre su hombre el ídolo.


Solo el silencio del mar quedó tras sumergir al rey, el silencio y una enorme mancha de sangre azul en el agua.

Notas finales:

Nos vemos luego.

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