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La maldición Uzumaki por KanonGothic15

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Notas del fanfic:

Personajes: Masashi Kishimoto (Naruto) / Rumiko Takahashi (InuYasha).

Historia: su servidora :3 

*Nota* Como en la lista de personajes no aparecen Minato y Chiyo, por eso no pude seleccionarlos TwT

=====

Hola gente hermosa!! :D Espero que se encuentren de maravilla, porque, en esta ocasión, quiero compartirles (por tercera vez DEFINITIVA XD), mi fic, "La maldición Uzumaki".

He tratado de publicar esta historia un par de veces, pero como que nunca me convencía el giro que termina tomando o, en el peor de los casos, me quedaba sin tiempo para redactar los capitulos TwT 

Y es que, a diferencia de las dos primeras versiones, esta tercera edición, dará comienzo a un nuevo fic que estoy planeando (y que por desgracia no podré publicar todavía D:!), por lo que, definitivamente, promete ser corto, emocionante y terrorifico! >:D (Bueno, en realidad esto ultimo no lo se muy bien, mejor lo dejo a criterio de ustedes, así que si, estaré esperando sus HERMOSOS y esplendorosos comentarios! >3<).

Bien, ya sin más, comencemos con esta aventura! >:D

Notas:

¡Aquí comienza "La maldición Uzumaki"! :D

¡Espero que les guste! nwn

 


 


Al bajar del automóvil que lo llevó a la cima de una colina, lo primero que Minato Namikaze apreció, fue el largo sendero de ladrillos que daban al sanatorio de color blanco. La fachada estaba tan descuidada, que parecía que el edificio se iba a derrumbar en cualquier momento. Y el clima tampoco mejoraba la situación, puesto que era una tarde nublada con mucho viento helado. Bueno, al menos había pinos grandes y frescos en los alrededores. Acomodó su corbata. Tomó su valija y caminó hasta la entrada del sanatorio. Sin embargo, no tuvo que molestarse en tocar el timbre, ya que, oportunamente, una de las enfermeras que atendían el sitio abrió la puerta, encontrándose con una expresión atónita de su parte.


 


 


-¿E-En qué puedo ayudarlo? – interrogó con timidez.


 


 


-Soy el sacerdote Namikaze. – respondió. Al saber aquello, la muchacha hizo una reverencia y lo invitó a pasar, cerrando la puerta detrás de ella.


 


 


El lugar se veía muy diferente por dentro, ya que los pasillos y las columnas color crema que los adornaban, estaban impecables y en buenas condiciones. Como no había paredes, se podía tener una vista perfecta de un gran patio con jardín, adornado con una fuente en el centro, arbustos y rosas blancas. Cuando Minato se giró un momento para contemplarlas, vio la silueta de una niña pequeña, de corto cabello azulado, parada a un lado de la fuente. Parpadeó, llevando sus dedos al tabique de su nariz para darse un pequeño masaje. Cuando dirigió sus ojos a ese mismo lugar, la niña ya no estaba. Pensó que por el largo viaje que tuvo desde Tokio, quizás su mente ahora le quería gastar una broma de mal gusto.


 


 


-Namikaze-sama… - lo llamó la joven, con una puerta abierta de color café detrás de ella. – Entre, por favor. – el hombre asintió. Caminó hacia la habitación que le indicó la enfermera y entró en silencio.


 


 


-¿Minato Namikaze? – dijo la voz de una anciana, haciéndolo voltear al frente. – Encantada de conocerlo. Mi nombre es Chiyo Akasuna, soy la directora de este sanatorio.  


 


 


-¿Usted me llamó? – preguntó con una sonrisa, acercándose al escritorio de la mujer y dejando su valija encima de una alfombra cuadrada con patrón de rombos. - ¿A qué debo este privilegio? – la anciana cambió su expresión. Bajó de su cómoda silla y tomó de una mesa cercana una linterna, con forma de farol y una vela derretida en su interior.


 


 


-Sígame. – pidió seriamente, abriendo de nuevo la puerta de su oficina. Minato la siguió, cerrando la puerta y dejando sus cosas ahí. – Ya han pasado seis meses desde que una sacerdotisa vino a nuestro sanatorio para encargarse de esa cosa. – explicó con tristeza, manteniendo la vista fija al fondo de un pasillo. – Como su ritual no cumplió con su propósito, terminó con su vida al arrojarse desde la cima de un peñasco. – Minato entrecerró los ojos. Quizás, el fenómeno con el que tendría que lidiar, sería uno de los más caóticos que haya conocido en su existencia.


 


 


-¡Chiyo-sama! – de pronto, ambos escucharon a una enfermera gritar, aproximándose a ellos desde el otro lado del pasillo. - ¡E-Está aquí! – agregó agitada, apoyándose en sus rodillas para recuperar aire. La anciana sonrió. Le dedicó una rápida mirada a Minato y luego, ambos se dirigieron a una habitación cercana, la cual, se encontraba al otro lado del patio.


 


 


-¡Qué sorpresa! – exclamó sonriente, al ver a una chica de cabello negro sentada en una vieja banca de madera. Cuando Minato se detuvo detrás de la anciana, examinó a la joven de pies a cabeza. Cabello negro, largo hasta la cintura, piel blanca, ojos castaños. Vestida con una blusa negra de mangas cortas, pantalones de mezclilla, una gabardina azul oscuro y botas de color negro.


 


 


-Lamento haber llegado tan tarde. – comentó, haciendo una reverencia y llevando en sus manos un maletín. –Miroku no pudo venir porque está ocupado con otra misión, así que yo vine en su lugar.


 


 


-Y me alegro que lo hayas hecho, querida Kagome. – habló la mujer con satisfacción, haciéndola sonreír. – Con ustedes dos aquí, estoy segura de que esa niña podrá volver a salvo con su familia.


 


 


-¿”Niña”? – interrogó el sacerdote, recordando por un instante a la pequeña que vio cerca de la fuente.


 


 


-Hace como un año, una niña fue traída a este sanatorio porque comenzó a comportarse de forma muy violenta con sus hermanos. – explicó Chiyo, optando una expresión más triste y melancólica. - Y a pesar de que le aseguramos a sus padres que estaría bien aquí, la verdad es que ha sido difícil para nosotros poder mantenerla controlada con medicina. Por eso…


 


 


-Creen que un demonio es el responsable de su agresividad, ¿Cierto? – completó Kagome, consiguiendo que la mujer asintiera.


 


 


-Lo lamento, pero no puedo participar en esto. – dijo Minato, reflejando su inconformidad y miedo en sus ojos azules. - Me contrataron para verificar el estado de un paciente en crisis, no para exorcizar a un demonio.


 


 


-Namikaze-sama. – lo llamó Kagome, mirándolo fijamente a los ojos. - Si usted conoce la situación tan bien como yo, sabe que esa niña morirá por culpa de esa cosa, ¿Cierto?


 


 


Fin del capítulo.

Notas finales:

Sí, hay que esperar hasta que den comienzo las "partes buenas" jajaja XD

¡COMENTEN! nwn

¡Muchisimas gracias por leer, saludos a tod@s! <3

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