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La Maldición de los Elegidos por YamiKimura

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Silencio…

--Es apabullante. Jamás había sentido semejante presión en mis oídos, jamás había tenido la cabeza tan embotada, tan sobrepasada por todo…--

Sólo silencio…

--Esto debe ser lo que se llama un silencio ensordecedor… creo que jamás seré capaz de oír otra vez. Ni siquiera soy capaz de oír mis propios pensamientos. ¿Me volveré loco?--

Oscuridad…

--Todo está negro. Podría jurar que tengo los ojos abiertos pero… ¿Y si me equivoco?--

Sólo una infinita Oscuridad…

--No oigo nada, no veo nada, no siento nada… ¿Es esto morir? ¿Puedo estar muerto y ser consciente, al mismo tiempo, de mi propia existencia? ¿Qué clase de paradójica locura es ésta?--

 

De todos los sentidos que tiene el ser humano, cinco de ellos parecen haberle sido arrebatados a Yami. Los cinco más básicos, aquellos que cualquiera podría enumerar de memoria. Aquellos que son tan vitales que no imaginamos la vida sin ellos. Irónicamente, no son ni los sentidos más importantes ni los que más echa en falta Yami ahora mismo.

A Azramon… No, a Yami… Tampoco… A Él sólo le preocupa una cosa: No siente su propio ser. Se siente completamente fuera de sí, de un modo que ni siquiera en sus momentos más cercanos a la muerte había llegado a padecer. Lo único de lo que Él es consciente es de su propia consciencia.

 

--¿Habré fracasado?—

Él tenía una misión. Debía salvar dos mundos que estaban a punto de destruirse mutuamente. Miles de millones de vidas estaban a punto de perderse en una catástrofe de proporciones inimaginables… Y de todos cuantos habitaban aquellos mundos, dos seres, hechos uno, eran los únicos con la capacidad para negar semejante final.

--Todo se ha… ido a la mierda.—

Si pudiera llorar… si tan sólo pudiera derramar unas lágrimas… pero no puede. Él no puede, pese a haber sido, hace unos instantes, el núcleo de todo el poder jamás imaginado.

Pero, de pronto…

 

···

 

--Parece que está despertando… Ve a avisar a Anubismon.-- Una voz, que suena como un gruñido grave y gutural, rompe el silencio del mundo. Al mismo tiempo, una tenue luz ciega la vista de Yami y éste intenta enfocar la fuente de la voz que acaba de oír.

--¿Quién habla? ¿Dónde estoy?-- Yami se nota extraño. La sensación de ocupar un cuerpo que no le pertenece permanece y se ha hecho más intensa.

--Mi Señor, no debéis moveros… Estáis débil aún…-- Una fría mano se posa en su pecho e intenta sujetarlo. Pero Yami, desobedeciendo la escalofriante voz que le trata como si fuese alguien importante, se pone en pie con una facilidad pasmosa, como si fuese ingrávido.

--¿Qué ha pasado con los dos mundos? ¿Ha servido para algo lo que hice? ¿He salvado a todos? ¡Responde!-- Yami apenas se fija en la sala de piedra negra en la que se encuentra. Si no estuviese tan obcecado, la habría reconocido perfectamente.

--Mi Señor, habéis estado mucho tiempo dormido… Lo que necesitáis ahora es descanso y…-- Yami se está hartando de tanta preocupación por su estado. Más aún cuando viene de un pequeño ser que se oculta bajo una túnica negra.

--¡¡He dicho que respondas a mis preguntas!!-- Yami da un pisotón en el suelo y por primera vez se da cuenta, al oír el fuerte golpe metálico, de que lleva puesta la armadura de Azramon.

<<No siento a BlackGatomon conmigo… ¿Por qué soy Azramon?>>

--No es necesario que derrumbes el Templo de la Oscuridad…-- Una nueva voz anuncia la presencia de otro ser en la misma sala en la que está Yami. Y la voz le resulta tremendamente conocida.

<<¿El Templo de la Oscuridad?>>

--¿Anubismon?-- Yami se da la vuelta y ve que, en la entrada del Templo, el digimon le mira con la insondable expresión que le caracteriza.

--Efectivamente…-- Anubismon hace una reverencia a modo de saludo y continúa hablando, esta vez dirigiéndose al pequeño ser de la túnica. --Déjanos a solas, por favor.-- Las amables palabras de Anubismon son inmediatamente obedecidas y se queda a solas con Yami. --Responderé a todas tus preguntas, Yami, pero permíteme hacerte un breve resumen del Fin del Mundo.-- Yami asiente tranquilamente, bastante chocado por la forma de hablar del digimon.

 

--Bueno… antes de nada, enhorabuena. Has salvado el mundo. Y digo el Mundo, Yami, en singular, porque hiciste lo que debías y uniste el Mundo Digital y el Humano. Gracias, en nombre de todos, muchas gracias.-- Anubismon vuelve a hacer una reverencia y Yami no puede evitar sonreír… O, al menos, lo intenta. --También deberías saber, y puede que ya te hayas dado cuenta, que ya no eres humano… y que BlackGatomon ya no está entre nosotros.-- Por alguna extraña razón, las palabras de Anubismon no pillan a Yami de sorpresa. Pero no le resultan menos tristes por ser esperadas.

--Los dos moristeis el Día de la Unificación… Por decirlo de alguna manera. Puede que no fuese una muerte real, pero desde entonces la digievolución no se ha roto. Además… está el pequeño detalle… de tu rostro…-- Al oír esto, Yami se lleva la mano a la cara y no nota el yelmo que debería cubrirle toda la cabeza. El tacto de la piel es inconfundible. --Es justo lo que parece… Tu apariencia de Azramon es parcial. Si me acompañas…-- Anubismon sale del Templo con paso calmado y Yami se apresura a seguirlo. Al salir, Yami ve que están en una especie de poblado, similar a la Ciudad Prisma, pero habitado exclusivamente por Sombras. Sombras que, por cierto, se arrodillan al ver pasar a Yami.

--¿Qué hacemos aquí?--

--Verás, Yami… Decidí traerte aquí porque no consideré oportuno dejarte en medio de la nueva Kioto, a merced de miles de personas cuya primera impresión sobre ti, probablemente, fuera la de que eras el causante del Desastre. Por otro lado, tus amigos y tu esposa van a estar ocupados, y lo último que necesitan es que les causes problemas.-- Aunque duras, las palabras de Anubismon son ciertas. No importa lo que quieran Yami o los Elegidos. Tampoco importa si Yami es héroe o villano. Lo único que importa es que el nuevo mundo debe prevalecer. --La gente acabará entendiendo lo que ha sucedido y lo que has hecho… pero es demasiado pronto.-- Tras un rato caminando, Anubismon se detiene frente a un trozo de metal pulido, que parece parte de un avión.

--¿Cómo de pronto?-- Yami se acerca a donde está Anubismon, sin fijarse demasiado en el metal que éste mira con interés.

--Tres días. Los Elegidos aún buscan tu cuerpo… No te han dado por muerto, y puede que nunca lo hagan pero… Da igual, mira en qué te has convertido.-- Anubismon señala el metal y Yami echa un vistazo a su propio reflejo.

 

Está hecho un asco y se ha convertido en una monstruosidad. Su cara es completamente humana, pero al bajar la mirada, empieza a ver que partes de su cuerpo humano están cubiertas por el metal de la armadura de Azramon. Pero eso no es lo peor. Su brazo izquierdo parece intacto en su parte superior, pero al recorrerlo con la mirada, Yami ve que la piel y los músculos se van retirando y deshaciendo, dejando a la vista sus huesos hasta el punto de que su mano está completamente desprovista de carne.

--No duele…-- Yami abre y cierra la mano sin problema y sigue mirando el resto de su cuerpo. El brazo derecho está bien, salvo por el hombro, que está cubierto por Chromo Digizoid. De su torso, solo la parte superior izquierda es humana, el resto es del metal negro y toda su pierna derecha está cubierta por el mismo metal. Su pierna izquierda queda al descubierto a la altura de la rodilla y el resto tiene apariencia humana. --Soy un monstruo.-- Yami sigue mirando las uniones entre carne y armadura, pasmado por el hecho de que parezca que el metal está fundido a su cuerpo.

--No eres un monstruo. Pero es evidente que no controlas tu ser.-- Anubismon mira fijamente a Yami y éste se da la vuelta. --Con un poco de práctica, estoy seguro de que podrás cambiar tu apariencia a voluntad.--

--¿Por qué me ha pasado esto? ¿Por qué no soy, simplemente, Azramon?-- Yami da otro pisotón en el suelo y nota cómo éste se resquebraja un poco.

--Bueno… Me gustaría poder contestarte a esas preguntas pero… no conozco las respuestas.-- Yami hace una mueca de fastidio y se gira para volver a mirar a Anubismon.

--¿Y cómo es que siento el poder de Azramon?--

--Porque eres Azramon. Pero también eres Yami… Es difícil de entender.-- Anubismon ve que su respuesta no le ha servido de mucho a Yami y decide, antes de que éste pueda interrumpirle, proseguir. --Sin embargo, Yami, lo que más me preocupa ahora es mantenerte seguro y lejos del resto del mundo. Por tu bien y por el suyo.--

--No voy a volver… Así que no te preocupes. Para los humanos y los digimons, Kurayami Kimura está muerto y Azramon también. No va a llegar el día en el que mi regreso no suponga una terrible amenaza para el mundo.--

 

···

 

Yami está parado frente al gran trozo de metal pulido. Ahora mismo tiene una apariencia completamente humana.

<<Vamos a ver…>>

Yami alza su mano derecha hasta que ésta queda a la altura de sus ojos y empieza a concentrarse. La piel de la mano va oscureciéndose y endureciéndose gradualmente, convirtiéndose en un metal negro brillante. Poco a poco, el metal va sustituyendo la piel de todo el brazo, el torso y el resto del cuerpo de Yami. Hasta que el reflejo de Azramon sustituye completamente al del humano.

<<Bien… parece que lo voy controlando. Pero necesito que sea más rápido, casi instantáneo.>>

Yami vuelve a concentrarse y, esta vez, el metal se retira de su cuerpo a una velocidad mayor, dejando la piel al descubierto.

<<Bien…>>

--Los Elegidos te han dado por muerto públicamente.-- La voz de Anubismon hace que Yami se gire rápidamente y agarre el periódico que el digimon le acaba de lanzar. --Muy buenos reflejos. ¿Te vas acostumbrando a tu nuevo cuerpo?--

--Este cuerpo siempre ha sido el mío… Después de todo, Genai lo dejó bien claro en su día. Los compañeros de los Elegidos nacieron a partir de los datos de los humanos. BlackGatomon y Kurayami Kimura simplemente han recuperado su verdadero ser.-- Yami agacha la mirada y, en un instante, vuelve a convertirse en Azramon. Lo ha conseguido.

--Si verlo de esa manera te ayuda a superarlo… Supongo que está bien.-- Anubismon se da media vuelta y se dispone a marcharse.

--Quiero pedirte un favor.-- El anuncio de Yami consigue detener a Anubismon. –-Quiero que seas mis ojos y mis oídos en el Nuevo Mundo.-- Durante unos segundos, tanto Yami como Anubismon se quedan en silencio. Uno espera una respuesta, mientras que el otro intenta asimilar el alcance de la petición que acaba de hacerle.

--¿Qué?-- Anubismon, completamente bloqueado, no encuentra nada que responder.

--Quiero que vigiles a los Elegidos. Y quiero que empieces lo antes posible.-- Yami concreta más su deseo y Anubismon le mira aún más sorprendido que antes. Ante el silencio del digimon, Yami decide continuar. --Han pasado 3 meses desde que desperté. No voy a quedarme aquí para toda la eternidad, pero necesito conocer la situación del Mundo si quiero seguir en el anonimato.-- Yami da un paso hacia Anubismon y endurece su mirada y su tono. --Tienes que volver con ellos y fingir que he muerto.-- Viendo que no va a obtener una respuesta inmediata, Yami camina, pasando al lado de Anubismon, hacia el Templo de la Oscuridad.

 

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