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TEMPTING THE BODYGUARD (ShikaTema) por Yona

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Notas del fanfic:

The Gamble Brothers #3

Notas:

Hola 

Bueno se que dije que subiria el capitulo hoy pero enserio estaba un poco ocupada... ya saben que mañana es el dia de la madre asi que estube con mi hermano preparando las cosas para lasorpresa de mamá ya saben es importante...

Bueno les dejo leer el primer capitulo.

Extendidas a través de la mesa de café recién pulida, veinte cartas estaban abiertas y boca arriba. Un ligero olor a limón se quedó en el aire, un aroma que a Temari Sabaku le recordaba a la casa de su abuela. La Abuela Sabaku tenía una loca obsesión por el Pine—Sol, como si para ella fuera una versión geriátrica de la cocaína en crack. Todo, incluyendo los pisos de madera, era rociado con ese material. De pequeña, Temari pasaba muchas de sus tardes después de la escuela usando el pasillo de la planta baja de aquella silenciosa casa como si fuera un suelo donde deslizarse.

 

La Abuelita siempre mantenía todo ordenado y limpio, hasta el punto de bordear lo inquietante, lo que explicaba por qué Temari, como adulto, no podía soportar las cosas mal colocadas o desordenadas. Todo tenía que estar en orden y tener un propósito.

 

Y lo que estaba sobre la mesa de café, sin duda no era parte del plan, de cualquier plan.

 

Temari respiró hondo y soltó el aire lentamente. —Bueno, mierda en un cagadero.

 

La abuela se retorció en su tumba.

 

Maldecir era impropio de una dama, y mientras Temari se esforzaba por mantener una imagen sensible y responsable, en privado, maldecía como un matón callejero en medio de un negocio de drogas que no iba bien. Un hábito que comenzó en la escuela secundaria, y que no había sido capaz de romper desde entonces.

 

Se inclinó hacia delante y tomó la carta más reciente, la que el correo entregó ese día, la que estuvo temiendo desde febrero.

 

Después de trabajar para reparar la notoria reputación (lo cual hizo de manera espectacular, como siempre) de Sasuke Uchiha, lanzador estrella de los Nacionales, decidió quedarse en Washington, D.C. Había algo en la capital de la nación que le atrajo, y realmente no tenía nada que la atara a Los Ángeles, nada que la tuviera anhelando volver a casa mientras viajaba por trabajo. Todo lo que tenía allí era un pequeño apartamento, y además, había querido salir de la ciudad por otros motivos.

 

Como las cartas extendidas sobre la mesa.

 

En su mente, mudarse a D.C. debería haberlas detenido, porque, en serio, ¿quién pondría tanto esfuerzo para encontrarla al otro lado del país, en una zona horaria diferente? Alguien que estaba absolutamente psicótico.

 

Y, bueno, ese era el problema.

 

Suavizando el cabello suelto de sus sienes, maldijo de nuevo. Una bonita, pequeña y jugosa palabra con M. Sus manos no estaban temblando. Estaba bien. No eran más que cartas estúpidas de alguien que estaba obviamente en el lado loco de las cosas. Las cartas no podían lastimar a la gente.

 

Pero esas cartas. ..

 

Temari recogió la más nueva, sus labios comprimidos en una tensa línea apretada, que seguramente le daría arrugas prematuras. Un estremecimiento se abrió camino por su espalda mientras leía la carta por décima vez.

 

—Dios —susurró, sacudiendo la cabeza.

 

Aquella carta no era muy diferente de las diecinueve que llegaron antes. Todas habían sido molestas y un poco inquietantes, pero nada importante, porque después de todo, había hecho más enemigos que amigos en el último par de años. Pero esa la aterrorizaba. La hacía sentirse sobreexpuesta y paranoica, como si alguien estuviera acechándola.

 

—Obviamente alguien lo está, idiota —murmuró, deseando que su mano dejara de temblar.

 

El sobre donde la carta llegó era blanco y en esa ocasión, a diferencia de todas las otras veces, el sello postal era de Arlington, Virginia. Las anteriores llegaron desde San Fernando Valley, California.

 

La carta en si era normal, de impresión barata. Delgada y sin ningún tipo de adorno. ¿No merecía al menos cartoncillo y un bonito borde floreado? Bufó, pero el humor fue de corta duración. Las palabras en el papel no eran divertidas.

 

“Perras como tú no merecen vivir cuando todo lo que hacen es arruinar vidas.”

 

Qué frase inicial tan encantadora, pensó. La carta seguía, desde allí y al igual que las otras, divagando sobre cómo no debería ser capaz de dormir por la noche, y que él o ella (supuso que era un él) estaría observándola. La gran diferencia en esta ocasión, además del hecho de que la había encontrado en DC, era el final.

 

“Te veré esta noche.”

 

Se quedó sin aliento y la presión se apoderó de su pecho.

 

No importa cuántas veces leyera la última línea. Cada vez que sus ojos se arrastraban a través de esas cinco palabras, sentía la quemadura construyéndose en su garganta. Quería gritar, y ella nunca gritaba.

 

Colocando la carta al lado de las otras en una línea ordenada, se puso de pie con las piernas débiles. Sus dedos helados y entumecidos, mientras caminaba a través de la sala, hacia la ventana que daba a la ocupada calle de abajo. Había un embotellamiento en el tráfico debido a la hora pico y las aceras estaban llenas. Ramas con unas pocas flores de cerezo que florecían tardíamente se balanceaban en la distancia.

 

Su mirada se movió de las flores de color rosa tenue hacia la gente apresurándose por la acera y caminando a través de la calle, esquivando taxis y limosinas.

 

¿Podría el estar allí en este mismo segundo, mirándola?

 

No.

 

Se detuvo a si misma de alejarse de la ventana, de hundirse en el miedo, y cerró los ojos. De ninguna manera podía permitirse pensar eso. Entonces terminaría como su madre. No dejaría que ese... ese hijo de puta le hiciera esto. Sólo ella tenía el control de su vida y sus opciones.

 

—Enfócate —se dijo, frotando pequeños círculos a lo largo de sus sienes.

 

Apartándose de la ventana, abrió los ojos. La habitación era de diseño minimalista, los colores apagados en negro y gris. Cuando era niña quería que todo fuera de brillantes colores como el arco iris. Eso fue antes de que hubiera desarrollado algo llamado gusto.

 

O antes de que terminara con un palo en el culo.

 

¿No era eso lo que Sasuke le dijo una vez durante el tiempo que trabajaron juntos? No fue el primero en decirlo. O el último.

 

Sus tacones sonaron en el piso de madera mientras se dirigía de nuevo a la mesa de café. Dejó caer las manos en sus caderas, con los ojos entrecerrados detrás de sus gafas. Tenía que arreglar eso, tomar el control de la situación. Era la única opción. Pero hacerlo requería tomar en serio las amenazas. Ignorar las cartas, como lo había hecho durante el pasado año, era como ignorar un dolor que no desaparecería. Nada bueno podía venir de esa mierda.

 

Tenía que averiguar quién estaba detrás de esas cartas, y no iba a ser fácil. La Abuelita siempre le decía que sus bolas de metal —adorable— nunca le iban a conseguir amigos o un marido.

 

Al parecer, tenía un acosador.

 

Eso tenía que contar para algo.

 

Temari tenía una lista de las personas con motivos para estar molestos con ella. ¿Pero enviarle cartas amenazadoras durante un año? ¿La última yendo tan lejos como para advertirle que la estaría viendo esta noche? Por supuesto, molestó a mucha gente con sus duras tácticas, pero esos hechos tenían que reducir la cantidad de sospechosos. Aunque poseía excelentes habilidades de detective, eso no era lo que necesitaba esa noche.

 

Necesitaba protección.

 

Y sabía a quién acudir.

 

Sólo esperaba que él estuviera usando algo más que un bóxer en esa ocasión. Aun así, no iba a quejarse de la vista que la había recibido cuando rastreó a Sasuke en la casa de su hermano, hace ya casi tres meses.

 

A lo largo de su carrera trabajando con estrellas del deporte y actores, conoció un montón de hombres guapos, hombres que tendrían a mujeres de todo el país dejando caer sus bragas. Pero ese hombre, el mayor de los hermanos Uchiha, era oficialmente el hombre más caliente que había visto jamás. No estaba segura de sí era por su salvaje pelo largo hasta los hombros, o esos sorprendentes ojos negros. También pudo haber sido esos increíbles hombros anchos que harían sentir a cualquier mujer menuda, o su pecho duro como piedra y esos abdominales...

 

— ¿Qué estoy haciendo? —se golpeó la frente con la palma de la mano, empujando a un lado esos pensamientos.

 

El ir a pedirle ayuda no tenía nada que ver con imaginarlo en ese bóxer, o hacer alarde de esos duros y desnudos abdominales, no importaba que tan tocables parecieran ser. Y lo último que necesitaba hacer en ese momento era joder mentalmente al hombre. Era muy poco probable que estuviera feliz de verla, pero como que le debía sus servicios.

Hizo un excelente papel de casamentera cuando se trató de su hermano y la Señorita Haruno.

 

Todavía estaba esperando la invitación de la boda.

 

Recogiendo las cartas, Temari las colocó dentro de una carpeta de archivos etiquetada como “idiota” y la empujó en su maletín de cuero. Salió del apartamento, en busca de un diferente tipo de idiota.

 

***

 

El teléfono de Shikamaru Uchiha vibró en el bolsillo de sus pantalones vaqueros, por segunda vez en la última hora. Tenía que seguir ignorándolo. Debía ignorarlo. Lo qué estaba pasando delante de él se merecía toda su atención. En cualquier otro momento, la tendría.

 

De rodillas entre sus piernas extendidas, Shiho estaba en una posición en la que dudaba que normalmente estuviera en su hora de trabajo, siendo una fiscal de distrito y todo. Pasaba las manos de arriba abajo por sus muslos, cada pasada trayendo las puntas de sus uñas pintadas de rojo al centro de sus piernas. Sus movimientos eran bien practicados. Sabía lo que le gustaba.

 

El corsé rojo que llevaba estaba atado apretadamente, empujando sus pechos de color caramelo hasta su barbilla. Algunos hombres les gustaban los senos, otros preferían los traseros. A Shikamaru le gustaba el cuerpo femenino en general. Todo ello. Pero cuando estaba con Shiho, se convertía en un hombre de pechos. Esas cosas eran del material con el que los sueños húmedos se hacían.

 

¿Pero esa noche? ¿El último par de meses? La cabeza sobre sus hombros estaba pensando más que cualquier otra parte de su cuerpo, lo cual era una lástima.

 

Shiho deslizó una mano por la parte interior de su muslo. —Te he echado de menos.

 

Se echó a reír, deslizándose más abajo en la silla grande y acolchonada, extendiendo más sus piernas. —No, no lo hiciste.

 

Sus bonitos labios hicieron un puchero. —No has venido a verme desde febrero. O a cualquier persona, por lo que he oído.

 

Una ceja se levantó. No le gustaba la idea de alguien vigilándolo.

 

—Ni siquiera has estado en el club —dijo.

 

— ¿Y?

 

—No eres así. —Ella puso sus manos en la silla entre sus piernas, haciendo que Shikamaru arrastrara sus ojos por su impresionante pecho. Por alguna razón, se imaginó pechos un poco más pequeños rellenando el corte de encaje y lazos.

 

Y había alrededor de un millón de diferentes cosas mal con eso.

 

Irritado, frotó la palma de su mano a lo largo de su mandíbula. El rastrojo leve le pinchó la piel. ¿Qué demonios le pasaba? Estuvo en Cuero & Encaje durante casi una hora, y normalmente para ese momento, ya hubiera estado detrás de una mujer, con las manos en sus caderas, entrando y saliendo.

 

— ¿Quieres hablar? —preguntó Shiho, alejándose de la silla y cruzando las manos recatadamente.

 

Él se rio secamente. —No, cariño, pero gracias.

 

Elevando un delicado hombro satinado rosa, insistió—: ¿Estás seguro? Eres mal humorado y tranquilo por naturaleza, bebé, ¿pero desaparecer durante meses? Estaba preocupada.

 

Shikamaru se tragó otra carcajada. Eso era poco probable. Shiho estaba bien, muy bien, incluso. Y sus gustos sexuales... combinaban, pero cuando no estaba alrededor, siempre había alguien más. Al igual que él, ella disfrutaba del sexo. Un montón, realmente, excepto que últimamente, estaba recibiéndolo sólo de su mano.

 

—No quiero hablar —dijo de nuevo.

 

Espesas pestañas bajaron mientras jugueteaba con el nudo entre sus pechos. — ¿Sin hablar? Puedo hacer eso.

 

La vio levantarse de manera fluida. Shiho era una mujer alta, y en sus tacones que decían “ven y fóllame”, casi llegaba a los dos metros. Giró con gracia, y él obtuvo una mirada de su culo. El trozo de encaje entre sus nalgas revelaba más de lo que escondía mientras se balanceaba dirigiéndose hacia el sillón frente a él.

 

Era una bonita vista... una hermosa vista. La piel de Shiho era leche suave, y sabia por experiencia personal que una hora con esa mujer podía hacerte olvidar un año de vida, pero...

 

En cualquier otro momento estaría tan duro como una pared de ladrillos y listo para hacerlo... y hacerlo de nuevo, pero la lujuria agitándose en sus venas no era nada del otro mundo. Definitivamente no estaba sintiendo lo que la señorita Shiho sentía.

 

Ella echó un vistazo por encima del hombro mientras se mordía el labio. Todavía nada en absoluto. Puso una rodilla bien formada en la silla y se inclinó, plantando sus manos cerca de la parte superior de la silla, y luego levantó la otra pierna también. Agradable, muy agradable.

 

Y sin embargo, aún no había nada sucediendo en sus vaqueros.

 

Inclinándose, levantó su culo en el aire. —Creo que he estado siendo traviesa, Shikamaru.

 

El arqueó una ceja. — ¿En serio?

 

Parpadeó inocentemente. —Creo que tengo que ser castigada.

 

Bien, apenas había hilos de lujuria agitando sus entrañas. De acuerdo. Era oficial. Su pene se había tomado unas mini vacaciones a la tierra del celibato. Mierda.

 

Inclinando su cabeza hacia atrás, ahogó un gemido. ¿Qué diablos estaba haciendo allí? Era eso o pasar el rato con sus hermanos, y ¿quién en su maldito sano juicio quería hacer esa mierda? Todo sobre lo que Naruto y Sasuke hablaban eran sus mujeres. No envidiaba su felicidad, pero mierda, era como pasar el rato con dos mujeres mayores. Especialmente desde que Sasuke estaba metido profundamente en los planes de la boda.

 

Y si tenía que escuchar acerca de la diferencia entre marfil y blanco una vez más, iba a matar a alguien.

 

Maldición, si le hubieran preguntado hacía un año si pensaba que el mujeriego de los tres sería el primero en casarse, se habría reído directamente en sus caras. Pero Sasuke estaba enamorado. Y también lo estaba su hermano, el jugador profesional de béisbol, Sasuke. A pesar de la mierda con la que tuvo que crecer.

 

La cosa era, y contrariamente a la suposición de todos, incluyendo la de sus hermanos, que Shikamaru no tenía ningún problema con la idea de sentar cabeza. Para los que no tenían conocimiento de la crianza de los hermanos Uchiha, Shikamaru era el menos afectado por ella. A pesar de sus... hábitos y el hecho de que rara vez se quedaba con una sola mujer, la verdad era, que tenía el suficiente sentido común como para saber que no todas las relaciones eran como la de sus padres. Pasar tiempo con la familia Hyuga —la familia de la prometida de Naruto— le ayudó a demostrar que los hombres y las mujeres podían vivir felices juntos y toda esa mierda. En realidad, siempre había sido el menos afectado por el bastardo de su padre y el desastre de su madre.

 

Sólo que no había conocido a la mujer con la que quisiera estar más de un par de horas de aquí para allá, o involucrarse en cualquier aspecto de su vida.

 

Si, lo has hecho, le susurró una voz molesta como el infierno. Si, iba a empujar ese pensamiento fuera de su cabeza.

 

Realmente debería largarse de ahí. La falta de interés era una de las razones por la que no frecuentaba Cuero & Encaje últimamente. Y ese era el único lugar en el que haría algo así. Nunca llevó a una mujer de regreso a su casa. De hecho, la infernal ex publicista de Sasuke fue la única mujer en poner su bonito pie a través de la puerta principal.

 

Su celular empezó a vibrar de nuevo.

 

Jesucristo.

 

Echándose hacia atrás en la silla, metió la mano en el bolsillo y sacó su celular. Curiosidad asomándose al ver que era el número de su oficina.

 

— ¿Choji?

 

—Gracias por contestar el teléfono en el momento oportuno —dijo una voz profunda y ronca.

 

Los labios de Shikamaru se elevaron en las esquinas. —He estado ocupado. —Lo que era una absoluta mentira, ya que todo lo que había estado haciendo era estar sentado allí, mirando a una mujer medio desnuda, con la polla más flácida de la ciudad—. ¿Qué pasa?

 

—Una mujer estuvo aquí, buscándote.

 

Arqueó una ceja mientras Shiho miraba sobre su hombro desnudo de nuevo y se lamía los carnosos labios rojos. — ¿Te dijo lo que necesitaba?

 

—Me imagino que estaba buscando contratarnos. En realidad, a ti— respondió, y el sonido de dedos yendo a través del teclado hizo eco en el fondo—. Preguntó por ti directamente.

 

Extraño. La mayoría de las personas que iban en busca de sus servicios no preguntaban por él. Poseía y manejaba CCG Seguridad, y en casos muy raros, tomaba el trabajo en lugar de dejar que su equipo lo manejara. Muy raro. — ¿Cómo era su nombre?

 

—No lo dijo.

 

— ¿Y no se lo preguntaste? —sus cejas bajaron.

 

Choji resopló. —Por supuesto que sí, pero no me lo dijo. Y antes de que preguntes, se marchó antes de que pudiera mover mi culo rengo de la silla y seguirla para preguntarle su nombre.

 

Hacía ya unas tres semanas, Choji había obtenido un horrible disparo de bala en la pierna durante un servicio de seguridad en Chicago, y ahora estaba en trabajo de oficina por lo menos otras tres semanas. Mierda que pasaba. Shikamaru tenía una herida de bala a juego en su brazo y muslo, de un incidente hacía unos años atrás.

 

Sacudiendo su culo cubierto de encaje hacia él, Shiho ronroneó suavemente.

 

Está bien. Eso logró llamar su atención. Sus vaqueros se apretaron en la menor medida, pero aun así. Se puso así de duro cuando vio un Dodge Charger de 1969 en perfecto estado.

 

Mierda.

 

Tal vez tenía que ver a su médico por baja de testosterona o algo así.

 

— ¿Cómo lucía? —preguntó, deslizándose hacia delante en la silla mientras le enviaba una mirada de disculpa a Shiho.

 

Choji suspiró. —Mezquina.

 

— ¿Mezquina?

 

—Mezquina como acunar tus pelotas, es una dama aterradora.

 

Una sensación extraña se arrastró hasta la parte posterior de su cuello. — ¿Qué aspecto tenía, Choji? ser un poco más descriptivo, si tienes tiempo.

 

—Tenía el pelo claro, rubio claro, a juego con ojos Jades. Llevaba gafas —continuó, y la mano de Shikamaru se apretó alrededor del delgado teléfono—. Usaba traje de pantalón negro y zapatos de tacón negros. Te podría decir que se veía normal, pero también como el tipo de mujer…

 

— ¿Dejo algún numero o algo? — Lo interrumpió, esa extraña sensación  ahora se arrastraba hacia su cráneo. Los músculos en su estómago se apretaron.

 

—No. Se fue cuando le dije que no estabas aquí.

 

Su boca se abrió, pero no hubo palabras. La imagen que le vino a la mente fue la de la Señorita Sabaku. Sonaba como ella, pero eso no tenía sentido. No había ninguna razón por la cual lo buscaría. No como si no supiera donde vivía su hermano Sasuke, su antiguo cliente.

 

No podía ser ella.

 

—Llámame inmediatamente si regresa —dijo.

 

Choji se echó a reír. —Eso es lo que he estado haciendo. Trata de contestar el teléfono la próxima vez.

 

No había mucho que Shikamaru pudiera decir a eso. Colgó, deslizando el teléfono en el bolsillo. Su mente estaba todavía en la conversación, en la bizarra posibilidad...

 

— ¿Estás bien? —preguntó Shiho, sorprendiéndolo.

 

Parpadeó y asintió.

 

—Pues ven y únete a mí. Me estoy sintiendo sola por aquí.

 

Sin pensarlo, se levantó y lentamente se dirigió hacia el sillón. Cuando miró a Shiho, no era ella quien vio. ¿La imagen que se formó en su mente? Bueno, le gustaría decir que salió de la nada, pero no lo había hecho. La había visto un par de veces desde que esa molesta publicista apareció en su puerta, buscando a Sasuke.

 

De rodillas sobre el sillón estaba la Señorita Sabaku. Vestida en el maldito traje de pantalón negro. Excepto que su pelo estaba suelto, cayendo alrededor de su cara en ondas rubias. Las gafas puestas. Le gustaban las gafas.

 

Y ahora Shikamaru estaba duro como ese maldito muro de ladrillo en el cual había estado pensando antes.

 

¿Buenas noticias? Su pene funcionaba.

 

¿Malas noticias? Mierda. Había muchas cosas malas en esto.

 

La mirada de Shiho cayó por debajo de su cinturón, y sus ojos se iluminaron. — ¿Eso es para mí?

 

Eh. No.

 

Abrió la boca, pero la puerta se abrió de forma inesperada y su mentón se irguió, sus ojos entrecerrándose. Nadie en este club irrumpiría en cualquiera de las habitaciones a menos que se les haya invitado. Existían reglas, por el amor de Dios, y...

 

Santa Mierda

 

En el tenue resplandor rojo de la pequeña luz de arriba, una ligera forma apareció como una aparición, directamente desde las sombras y sus fantasías.

 

La Señorita Sabaku estaba justa dentro de la habitación, apretando un archivo contra su pecho como si fuera una especie de escudo. Detrás de sus gafas, sus ojos se movieron de él a Shiho y viceversa. Un rubor rosa coloreó sus mejillas, y mierda, se puso más duro.

 

Su expresión se mantuvo calmada, sin embargo, mientras se aclaraba la garganta. —Tenemos que hablar.

 

Notas finales:

Bueno se que estaba desesperada... pero algo incomodo de bueno ya saben encontar... Bueno mañana subire temprano el segundo cap(o almenos espero poder hacerlo) ya saben que los domingos no subo capitulos pero como hoy empeze la historia...

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