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SEPARADOS por BolaZ

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Notas del fanfic:

Soy tonta :(, muy tonta. Estaba dentro de un capítulo, creí que si ponía borrar des de ahí, podría borrar el capítulo y volverlo a subir porqué se ha subido la mitad, pero no: SE HA BORRADO TODA LA MALDITA HISTORIA D: 

Ahora la tengo que volver a subir de nuevo... :(

 

 


 


CAPÍTULO 1


 


Ann era una pequeña niña de cinco años de edad cuando empezó a darse cuenta de la tristeza que inundaba su casa. Vivía con su madre, Ellen, una mujer encantadora de cabello castaño claro y muy largo y de ojos color azabache; con sus dos hermanos, Jack de 11 y Chris de 10, de cabello marrón oscuro y ambos con los ojos marrones. Con ellos cuatro, también vivía un hombre llamado Ben que era su padre. Ann odiaba a ese hombre con todo su corazón, era un hombre despiadado, calculador, siempre quería estar por encima de todos los demás y simplemente detestaba esa idea.


Habitaban una mansión enorme de un reino del East Blue, eran una familia de nobles, bastante poderosos que controlaban la economía de la isla. Ann no era como las demás chicas nobles que vivían en aquel reino, ni ella ni sus dos hermanos ya que los tres fueron educados con la amabilidad y humildad de su madre. Sin embargo, sus dos hermanos tenían que parecer unos nobles fuertes y astutos para ganarse el respeto de los demás aunque, a Ann eso no le importaba mucho.


La pequeña de cabello rubio, con un fleco de lado y grandes ojos esmeralda recorría la ciudad para llegar a su casa, como otro día normal, junto a su amigo Sabo que tampoco estaba muy de acuerdo con todo ese tema de los nobles. Deseaba volver y ver a sus dos hermanos y a su madre juntos pero, temía que ese hombre al que nunca había llamado papá estuviera allí.


-Ann algún día saldré al mar para ser pirata, para ser libre...- el rubio miraba el cielo deseoso de volar como un pájaro y escapar de allí-. ¿Te lo imaginas, Ann?


-Si, siempre me dices que quieres serlo y, no tengo ninguna duda de que lo serás...- dijo sonriente la pequeña-. Pero, ¿cómo lograrás salir de aquí sin que tus padres se enteren?


-Fácil. Escaparé y tu vendrás conmigo, ¿te parece?-la pequeña se sonrojó-. Bueno, todavía eres pequeña para eso.


-Oi,- se quejó la pequeña-. Solo nos quitamos dos años, eso no es mucho. Yo también quiero ser pirata pero, tengo miedo de que Ben...- entonces el rubio se detuvo y se quedó mirándola-. ¿Qué...?


-Ann no puedes depender de ese hombre...- dijo serio-. Al igual que yo, odias a tu padre. No nos dejan ser libres, solo se interesan por que estudiemos y nos casemos con alguien noble...


-Lo se...- dijo un poco triste-. Bueno, Sabo, nos vemos mañana, ¿vale?- dijo la niña sacando la llave de su bolsillo para entrar a la gran mansión. El niño solo le sonrió y se marchó corriendo hasta llegar a su casa.


Sabo y Ann eran amigos des de que tenían memoria. Eran pequeños, si, pero tenían el mismo pensar, un pensar diferente al de todos los nobles. Habían sido criados juntos, des de que eran unos bebés por sus padres quienes acordaron que de mayores se casarían.


La rubia entró a casa pero, se asustó al escuchar unos gritos, eran de su madre. Se escondió rápidamente en el armario de la entrada, no sabía lo que estaba pasando pero, tenía que asegurarse de que estaba a salvo a pesar de todo.


-Te perdoné, Ellen...- dijo el noble que estaba delante de la mujer; ésta, estaba tirada en el suelo, con algunos moretones y con una brecha en la cabeza, Ann se asustó al ver aquella imagen de su madre-. Te perdoné aquella infidelidad, con aquel tipo... Y, tu... ¿Me lo agradeces así? ¿Sin siquiera hablarme?- la mujer poco a poco se levantaba para hacerle frente.


-Ben yo... Ya te lo he explicado más de una vez yo... Estoy enamorada de ese hombre...- dijo poniendo una mano en su cabeza y mirar, luego, la sangre que desprendía ésta-. Quiero el divorcio... Te lo dije, pero tu... No me dejas ser libre...


-¿Libre? ¿Cómo ese canalla?- dijo mirándole con repugnancia-. ¿Qué quieres el divorcio...? ¿Tu sabes lo que supondría eso para nuestra familia...? ¿Sabes lo que pensarían los demás...? Por dios, Ellen, nuestro estatus de nobles poderosos acabaría solo con eso...- le volvió a dar una bofetada a la pobre mujer que seguía en el suelo, esta vez, llorando-. Acepté a Ann como mi hija, acepté todo eso y ahora tu... ¿Quieres a ese tipo?


-Quiero ser libre Ben... Libre, con mis hijos, con él...- dijo limpiándose los restos de sangre que quedaban en su boca-. Estoy enamorada de él, y no pararé hasta conseguir estar con él... Tu solo me maltratas, me agredes tu... ¡Tu no me quieres!- el noble empezó a reírse.


-Pues claro que no te quiero, eso ya se me pasó cuando me enteré de toda tu infidelidad...- se cruzó de brazos-. No vas a ir a ninguna parte con mis hijos, tenlo claro. Puedes hacer lo que quieras con tu hija Ann, no me importa y nunca lo ha hecho pero tu tampoco te irás de aquí.- se giró y la agarró del brazo con fuerza-. Somos una familia.


Ann observaba la escena asustada, temblando de miedo, sin entender lo que estaba pasando. Odiaba a ese hombre, ahora por eso, por maltratar a su madre, por ser como era, lo odiaba. Empezó a llorar silenciosamente hasta que pocos minutos después escuchó la puerta cerrarse. Eran Jack y Chris que llegaban del colegio y se sorprendían por lo que estaba ocurriendo.


-¿Qué está pasando aquí...?- dijo Jack, el mayor de los dos mirando con seriedad-. Mamá...- se acercó a su madre para intentar ayudarla-. ¿Qué ha pasado? ¡Estás llena de sangre...!- su madre empezó a limpiarse la cara, no quería que sus hijos se vieran involucrados en todo ese tema.


-No... No ha pasado nada, Jack. Es solo que he tropezado y me he caído por la escalera... Ya sabes, mamá es muy patosa...- intentó soreír pero, Ann vio a través de las rejillas del armario, la sonrisa agridulce de su madre-. Vamos, prepararé la comida...- dijo levantándose con la ayuda de su hijo mayor.


La pequeña no sabía qué hacer. Si salía y se daban cuenta de que había estado allí, seguramente la castigaría ese Ben. Pero ella no podía quedárselo callado, ella quería ayudar a su madre y no sabía cómo.


-¿Dónde está Ann?- dijo el menor de los chicos-. Debería estar aquí, ella sale más pronto que nosotros- su madre le miró asustada.


-Seguro que se ha escapado, esa niña siempre ha hecho lo que le ha venido en gana...- dijo Ben-. Iré a la escuela a por ella.- dijo enfadado largándose de la casa.


Ann respiró hondo, ya no estaba ese hombre, ya podía salir tranquila si quería pero, no podía hacerlo por que era puro nervio envuelto en llanto. No dejaba de llorar, de sollozar, con miedo a que alguien le escuchara. Pero ,¿qué podía hacer ella? Era una niña de cinco años...


Su madre escuchó un sonido que venía del armario. Se acercó, abrió las puertas y se sorprendió al ver allí dentro a su hija pequeña, sentada, con la cara empapada de lágrimas y con un semblante bastante triste. Ellen ya lo sabía, seguramente su hija había visto aquella escena y se habría asustado.


-Ann...- le alargó la mano para que la niña se la agarrara-. Vamos, ven con mamá...- intentó sonreír pero Ann sabía que esa sonrisa no era verdadera-. Ann, mamá está aquí, tranquila...- sintió un poco de paz interior al escuchar la palabra mamá. Aquella palabra la había tranquilizado siempre ya que su madre era dulce, amable, cariñosa con ella... Le agarró la mano y salió de aquel escondite que pareció cambiarle la vida-. Vamos a subir a tu habitación y te tranquilizarás un poco...- sus dos hermanos seguían en la cocina comiendo, no se enteraron de nada.


Llegaron al cabo de unos minutos a su habitación, una habitación blanca, bastante grande, con un gran ventanal que dejaba ver el mal tiempo que hacía ese día. Las nubes grises se amontonaban en la ciudad y, seguramente, caería una buena. La niña estaba metida en la cama, esta vez más tranquila pero siempre recordando la paliza y las palabras de ese hombre.


-Ann... ¿Qué... qué has visto...?- dijo su madre revolviéndole el pelo un poco para que pareciera una conversación normal sin embargo, no lo era.


-Mamá... mamá...- dijo agarrándose al vestido de su madre-. Estabas en el suelo y... y Ben te estaba pegando y tu... tu le decías que estabas enamorada de otro hombre y... y yo lloraba, mamá...- dijo la pequeña con unas cuantas lágrimas cayendo por su mejilla.


-Lo se. Pero, Ann... Vamos a mantener esto en secreto , ¿vale?- la niña asintió-. Se que no es nada bueno pero, no se lo podemos decir a nadie hasta que las cosas no cambien...


-¿Las cosas van a cambiar?- preguntó la niña.


-No lo se pero no siempre van a ser así...- dijo rozándole la mejilla.


-Mamá... Ben ha dicho que... que me aceptó... como su hija...- dijo un poco intrigada.


-Si. Y, es verdad. No eres su hija, Ann...- dijo mirándola seriamente-. Tu padre es ese hombre del que estoy enamorada y tu... te pareces tanto a él...- su madre entristeció un poco-. Esta bien, venga... Ahora, vamos a bajar tranquilas a la cocina, saludarás a tus hermanos y harás como si nada de esto hubiera ocurrido... Pero, Ann...- le abrió la mano-. Se que es mucho pedir pero, si ocurriera algo tienes que ir aquí... Pase lo que pase, ¿vale?- sonrió su madre para tranquilizar a la pequeña pero, esta ya sabía que algo malo se avecinaba.


Ann decidió quedarse en su habitación un poco más, no estaba preparada para salir y sonreirle a sus dos hermanos mayores. Miró el papel que su madre le acababa de dar, era una dirección, no muy lejos del lugar. Era una calle que ella solía pasar cuando volvía del colegio. Era una pequeña base de la marina, una pequeña base que ella siempre pasaba por delante... Se confundió un poco, no entendía por que su madre le había dado esa dirección pero, de algo estaba segura: si sucedía algo, escaparía sin mirar atrás hacia ese lugar.


Se detuvo en las grandes escaleras que adornaban la gran mansión y se percató que la puerta se estaba abriendo,. Era él, ese hombre al que nunca le llamó papá pero, le trató como tal, ese hombre al que ahora odiaba más y más... No sabía como actuar delante de él. La mirada de Ben, con sus ojos marrones ,que le causaban grima a Ann, se estaba fijando en ella. La pequeña actuó como habría actuado normalmente, una pequeña mueca y bajó por las escaleras reprimiendo todo el dolor y la rábia que sentía.


-¿Dónde estabas?- dijo Ben cogiéndola por el brazo derecho y llevándola al comedor junto a sus dos hermanos. La pequeña se limitó a obedecer y a pensar que eso sería lo mejor para todos, aguantar pero, ¿hasta qué punto?- He ido a la escuela a buscarte y no estabas.


-He... he llegado hace unos minutos a casa yo...- intentaba disimular-. Estaba con Sabo.


-Así que Sabo...- la soltó una vez habían entrado a la cocina-. No me gusta ese chico...- entonoces sus dos hermanos sonrieron al ver a su hermana pequeña que estaba a salvo.


-Pues a mi me parece que Sabo es un chico genial- dijo Jack sin dejar de comer-. Además, es muy bueno luchando.- la pequeña miraba la escena desde la silla en la que se acababa de sentar y mientras su madre le ponía un plato delante junto a un guiño inesperado de esta.


-Chicos...- dijo su madre tomando asiento-. Es hora de comer, dejad la conversación esta para más tarde, ¿os parece?- todos asintieron, sin embargo, Ann notaba en el tono de voz de su madre una tristeza enorme-. He preparado carne, es lo que más os gusta, ¿no?- esta vez sonrió intentando disimular.


Terminaron de comer y cada uno se marchó a hacer sus cosas: Ben, trabajaba en el banco de la ciudad y se pasaba las horas allí; Jack entrenaba con Chris en el jardín mientras que Ann los miraba y, Ellen, trabajaba en su consulta a unos minutos de la mansión.


Ann veía a sus dos hermanos pelear, ella también había aprendido alguna técnica que otra y no podía evitar a veces ponerla en práctica. Continuaba mirando a sus hermanos, luchaban bien, eran fuertes y felices, cosa que ahora ella no lo era.


Llegó la noche y con ella, una nueva reunión familiar en la que Ann volvería a estar cerca de ese ser que tanto odiaba. Para cenar, su madre había preparado un estofado fantástico que se podía oler a kilómetros. Se volvieron a sentar y, esta vez, la cosa no fue para bien...


-Jack, hijo- Ben miró a su hijo des de su posición-. ¿Cómo van tus notas?- le preguntó.


-La verdad es que muy bien... Pero, creo que he tomado una decisión.- todos aguardaban a la respuesta del chico-. Seré doctor, como mamá- este la miró contento y a Ellen se le conmovió el corazón al oír el futuro de su hijo.


-Está bien eso, chico... ¿Tratarás a los nobles en sus propias casas? O, incluso... Podrías tratar a los Dragones Celestiales...- le dejó caer su padre. De pronto, Jack, se levantó de la mesa, con un semblante enfadado y con las dos manos sobre la mesa.


-¿Quién ha dicho que vaya a ayudar a esos inútiles? Es que ¿ a caso no hay más personas en el mundo que los Tennryubito?- lo miró furioso-. ¿Son ellos el centro del mundo?- todos miraban la escena atentos a lo que podía pasar, todos temían lo peor, sobretodo Ellen y Ann...


-¡¡Jack!!- gritó su padre enfadado levantándose-. No puedes hablar así de ellos, son tus superiores y, además, no voy a pagar tu carrera si vas a atender a escoria, ¿entiendes, chico?- Jack empezaba a darse cuenta de como era realmente su padre. Los tres hermanos habían heredado la bondad de la noble que les cuidaba, que les amaba, de su madre...


-¿Escoria?- enfureció más-. ¿¿¡¡A quién llamas escoria!!?? ¡¡Los que no son nobles ni reyes ni nada por el estilo también tienen derecho a ser tratados por médicos!! ¡¡No importa a que clase social pertenezcan, ni la raza que sean...!! Simplemente...- se relajó-. Simplemente son humanos, como nosotros y tienen derecho a tener una buena sanidad...- de repente, Ben se encaró a Jack haciendo que este temiera la ira de su padre pero, no había desviado la mirada para nada, seguía allí, su mirada frente a la de su padre.


Y de pronto... un puñetazo se abalanzó sobre la nariz de Jack que empezó a sangrar. Estaba en el suelo, atónito por lo que había pasado, no se podía creer que su padre le hubiera propinado un puñetazo solo por decir lo que pensaba. Apoyó su codo en el suelo para tener una vista mejor, se limpió la sangre con la otra mano y recibió un abrazo consolador de su hermana pequeña.


-¿Te parece bien lo que estás diciendo?- se quedó enfrente de él y Ann recordó una vez más aquella mañana en la que Ben le había pegado a su madre-. Eres un noble, uno de los más poderosos y... ¿Dices todo eso? ¿Es que a caso no estás orgulloso de ser noble y tener privilegios...?- Jack se separó de su hermano y se enfrentó una vez más a su padre.


-No estoy nada orgulloso de pertenecer a esta mierda de estatus social...- Jack empezaba a odiar a su padre con toda su alma-. Os odio a todos vosotros, odio vuestras estupideces, las injusticias que hacéis... El mundo tarde o temprano va a cambiar y personas como vosotros acabaréis peor que una rata...- Ben levantó la mano para volver a darle a su hijo, Jack cerró los ojos, no le importaba recibir más golpes si se quedaba bien soltando todo lo que pensaba. Sin embargo, no recibió ningún golpe por que alguien se metió por el medio, era... era Ann.


-No... No le pegues más... Por favor...- dijo la niña asustada tras ver a su hermano bañado en sangre. De repente, Ben la empujó, estaba fuera de control.


-Quita de ahí, niña...- Ann cayó al suelo golpeándose contra la pared y haciéndose un chichón-. No me interesa lo que pienses, Jack...


-Ann...- Jack miró hacia su hermana y vio como su otro hermano Chris iba a recogerla-. Padre , ¿qué haces? Es Ann... ¡Es pequeña! ¡No tienes por que tratarla así...!


-Me da igual Ann... No es mi hija, así que ahora ya me da todo igual, chico... Si no aprendes modales de forma fácil... Lo haremos a mi manera...-iba a volver a darle y, de nuevo se detuvo. Era Ellen, su madre, quien había frenado el golpe de su padre cogiéndole el puño.


-Basta ya, Ben...- dijo casi llorando-. Esto ha llegado demasiado lejos, esto... esto no puede seguir así... Te propuse el divorcio, un divorcio de amistad, podrías tener a los niños cuando tu quisieras pero, no voy a dejar que le pongas la mano encima de nuevo a alguno de mis hijos...


-También son mis hijos, tengo todo el derecho de hacer lo que quiera con ellos, aparta...- la apartó con fuerza haciendo que se tambalease.


-¡¡Padre!!- gritó Chris-. ¿Qué estás haciendo...? ¡¡Te estás volviendo loco!!- dijo alucinado el otro hermano.


-Te lo he dicho, Ben... No voy a dejar que las cosas acaben así...- se volvió a meter Ellen por medio, pero, esta vez, sucedió algo peor, algo mucho peor que ninguno de los presentes esperaba.


Ben apartó con fuerza a Ellen tirándola al suelo haciendo que se golpeara contra la punta de la mesa y haciendo así que su cabeza empezara a sangrar. Ann miraba la escena en los brazos de su hermano, no se podía creer lo que le había pasado a su madre.


-¡¡Mamá!!- gritó la pequeña con un mar de lágrimas en los ojos-. ¡¡Mamá!! ¡¡Mamá!!- gritó moviéndose entre los brazos de su hermano que tampoco parecía reaccionar ante lo que estaba pasando.


-Te lo advertí, Ellen...- miró el cuerpo de la mujer, el cuerpo sin vida-. Ahora irá todo mucho mejor...


La pequeña de cabellos rubios había empezado a llorar, al igual que sus dos hermanos. Su madre, su querida madre, estaba muerta... Ese idiota de Ben la había matado...


Todo el mundo de la pequeña giraba en torno a su madre, quien la había cuidado, educado, querido... Y, ahora, ya no estaba, se había ido a un lugar donde descansaría en paz y no tendría más dolor aunque, ellos ya no la volverían a ver. Los abusos de Ben habían acabado por matar a su madre y Ann sabía lo que tenía que hacer.


Ahora ya estaba todo perdido, todo había terminado para mal y tenía que hacer lo que su madre le había dicho: largarse de allí si algo pasara.


Se deshizo del agarre de su hermano mayor y salió corriendo por la puerta de la gran mansión. La noche se había hecho presente en la ciudad, al igual que la lluvia.


-Ann, ¡¡no!!- gritó Jack desesperado. Demasiado tarde, la pequeña ya había salido corriendo de allí.


-No irá muy lejos...- Ben cogió su escopeta y se disponía a seguirla-. Este secreto no se puede desvelar, a nadie... Y no será ella quien lo haga...- Jack intentó detenerle pero, volvió a darle con la punta del arma haciendo que perdiera el conocimiento.


La pequeña de ojos esmeralda corría y corría por las calles hasta que escuchó un disparó. Nadie la escucharía, eran las 12 de la noche y a esas horas los nobles ya estaban dormidos. Se giró y, acertó lo que sus pensamientos le estaban diciendo, era Ben, quien la perseguía con su arma. Seguramente querría matarla a ella también para que no le dijera nada a nadie, además, le daba igual ya que ella no era su hija...


Lloró mientras corría, lloró mucho mientras escuchaba los disparos que por poco le iban a alcanzar. Hasta que, por fin, llegó a la calle indicada. Una calle bastante empinada donde al final podía ver la base de la marina. Tenía que llegar hasta allí, si su madre le había dicho que fuera allí, seguramente estaría a salvo.


Le costaba subir la calle escarpada, hasta llegó a resbalar a causa del suelo mojado haciendo que sus rodillas se pelasen y empezaran a sangrar. Luchaba por llegar viva a aquel lugar, estaba ya a punto de llegar, pero Ben, la agarró por la camisa apuntándole con su arma. Ann no quería mirarle a los ojos, los ojos de quien había asesinado a su madre, no quería aceptarlo y se odiaba a si misma por no haber hecho nada al respecto pero, solo le quedaba huir...y ahora había sido capturada.


-¿Te creías que escaparías tan fácilmente?- le ponía el rifle en su pecho-. ¿Te crees que es tan fácil joderle la vida a un noble...? Hahahahha- empezó a reírse- No, Ann... No es así... He aguantado todo esto por tu madre pero tu... tu no me importas nada- la pequeña se armó de valor y habló. Si esos eran sus últimos minutos de vida, no iba a pasárselos en silencio.


-¡¡Me da igual que no te importe por que...!! ¡Tu tampoco me importas! ¡Jamás lo has hecho! Eres.... malvado...- dijo la niña llorando intentando salirse con la suya.


-¿Eso crees...? ¿Malvado...? Bien, niña, no voy a aguantarte más, que te vaya bien con tu madre por allí...- la pequeña cerró los ojos esperando recibir un balazo en su pecho. Lloró desesperadamente hasta quedarse sin aliento, sentía la lluvia caer, sentía su cuerpo frío e inútil.


Pero nada le sucedió.


Sintió el suelo frío y mojado de la calle empinada. Sintió como se había caído y nada le había pasado. Abrió poco a poco sus ojos esmeralda para poder contemplar lo que había sucedido y se percató de que Ben estaba en el suelo, inmóvil, no estaba muerto pero si inconsciente. Su rifle estaba unos metros a la derecha y delante de él había un hombre, bastante alto que llevaba un abrigo de plumas de color negro, con un sombrero de orejeras que acababan en forma de corazón...


 


Ann seguía en el suelo contemplando aquella escena que había acabado satisfactoriamente para ella. Tocó sus rodillas, todavía en sangre. Había percibido que el peligro se había acabado, que estaba bien, que estaba en aquella baste de la marina que su madre le indicó pero, ¿quién era aquel hombre?


Aquel hombre alto, se giró y le mostró su rostro a Ann. Tenía el pelo rubio, pintado con maquillaje, y estaba fumando. Ann no sabía qué hacer ni cómo actuar delante de aquella situación.


-Gr...gracias...- dijo un poco triste la pequeña-. Gracias por, salvarme...- se levantó rápidamente para dirigirse hacia las largas piernas de aquel hombre a las que aferrarse y empezar a llorar.


Todo sucedió muy rápido: la pequeña de ojos esmeralda se desmayó después del cansancio acumulado, allí, agarrada a las largas piernas de ese señor que la acababa de salvar. No entendía lo que estaba sucediendo, no sabía por qué su madre le había indicado aquel lugar en el que podía refugiarse, solo sabía que estaba fuera de peligro...


 

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