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One Piece, un cambio en la historia por YukariM

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    Después de haber conseguido cruzar hacia el grand line, decidí ir a buscar provisiones para seguir con mi viaje en la próxima isla. Las personas que se encontraban en el muelle parecían amables, pero por alguna razón su mirada transmite temor. Bajé del barco con mi mochila en el hombro, caminé un poco hasta encontrar un restaurante y así adentrarme en el lugar. Todos los asientos estaban llenos, no dudé en acercarme hasta un banco cerca de la barra que se había desocupado, las miradas de los hombres que parecían ser piratas se posaban en mí y yo los ignoré comenzando a ordenar un par de cosas.

 

     — Ahorita le traemos su orden. — Musitó el mesero, una risa en un todo divertido se escuchó a mi lado lo que me hizo girar mi rostro y ver a un chico de mi edad que no dejaba de comer.

 

     — Comes mucho para ser una chica.

 

     — ¿Tú crees? Algunas veces no sabes cuándo puede ser tu última comida.

 

      Él rió por mi comentario fue entonces cuando abrió un poco sus ojos y sacó una foto de un hombre con una barba negra. — No pareces de aquí ¿Has visto a éste hombre?

 

     — No, ¿Lo buscas por una razón? — Pregunté mientras observaba con determinación la fotografía, tal vez si lo miraba podría identificarlo. El mesero no tardó en entregar mi orden, comencé a comer rápidamente cada plato que me servían y no dudaba en pedir más.

 

    —Sí, tengo unas cuentas pendientes con él. — Murmuró mientras guardaba la foto en su bolsillo y seguía comiendo.

 

    Guardamos silencio los dos, cada quien hacía sus cosas hasta que lo sentí levantarse del asiento dejando un par de monedas de oro y caminar a la salida. Cuando giré para verlo salir ya no estaba, terminé de comer sacando unos billetes y salí para seguir buscando lo que me faltaba para el viaje cuando las personas comenzaron a gritar; unos corrían en dirección al muelle, mientras que otros corrían a esconderse en los locales. Seguí con la vista a los hombres que corrían y vi como mi barco se incendiaba, sin poder evitarlo corrí hacia él.

 

     — ¡Maldición! — Murmuré mientras me metía entre la multitud que miraba una pelea entre aquel chico del restaurante y unos piratas, al llegar al frente observé fijamente a los hombres que salían volando hacia el mar cuando el chico los golpeaba. Tomé una gran bocanada de aire para así soltarlo y comenzar a correr en dirección a mi barco mientras atacaba a los hombres con mi espada, golpee a unos cuantos con el reverso provocando que el resto corriera a su barco y así huir de la isla. Cuando subí las personas comenzaron a gritarme que me bajara pero yo necesitaba sacar unas cosas antes de que terminaran mal, entré por la única puerta para dirigirme a la mesa de noche donde tenía la foto de mis padres. La tomé con dificultad ya que el humo comenzaba a asfixiarme, me giré yendo hacia la salida pero antes de dar dos pasos un pedazo de madera cae impidiendo el paso; comencé a toser y golpee las paredes para hacer un hoyo, pero me debilitaba cada vez más. Unos brazos salieron entre el fuego y me rodearon, el fuego se alejó unos centímetros dejando ver al chico de las pecas. Mis ojos se cerraban lentamente mientras observaba fijo sus labios moverse, me estaba diciendo algo ¿Qué sería? Estaba tan cansada y mi cerebro no quería reaccionar, ya no puedo más dejaré que mi suerte haga de las suyas.

 

 

 

 

 

 

     — ¿Cuándo cree que despierte? — Se escuchaba la voz de aquel chico, no estaba solo había una persona más y parecía ser una mujer ya mayor.

 

     — No tardará en despertar, sólo fue una ligero desmayo por el humo del fuego.

 

     — ¿Qué fuego? ¡Mamá, ¿Dónde está la foto de mi madre?! — Dije reaccionando a lo sucedido, la señora me tomó de los hombros haciendo presión en ellos para hacerme recostar. 

 

      —Tranquila, todo está bien. 

 

   — Tu foto está a salvo, eres una chica muy impulsiva; deberías pensar más en tus acciones no querrás preocupar a tus padres. — Habló él dándome la espalda, su cuerpo se reflejaba en una sombra del atardecer y hasta éste momento pude apreciar mejor aquel tatuaje en su espalda de un ancla con un bigote blanco, mejor conocido los piratas de barba blanca. Jamás había conocido a nadie de mi edad en la isla, mi estómago tenía una extraña sensación al pensar por un momento que era extremadamente atractivo. — ¿Qué estás mirando, pervertida?

 

     — N-Nada. . . — Murmuré desviando mi vista, mis mejillas ardían y rápidamente tomé un vaso que estaba a mi lado para así aventarlo en su dirección, lástima que pudo esquivarlo. — ¡¿A quién llamas pervertida?!

 

     — A ti, hubieras visto la cara que tenías. — Habló fingiendo tener un escalofrío, se le notó que sólo fingía. 

 

     — Yo no tenía ninguna cara así, exhibicionista. — Me crucé de brazos mientras le sacaba la lengua y me giraba a ver hacia otro lado. Él rió caminando hasta quedar a mi lado, me extendió la fotografía de mi madre y padre, cuando giré a ver su rostro su sonrisa había desaparecido y ahora mantenía su semblante serio.

 

     — ¿Por qué arriesgar tu vida por una foto?

 

     — Porque. . . No quiero olvidar como era mi madre. — Murmuré tomando la foto y observar a mi madre, se miraba tan joven; su sonrisa era hermosa y aunque la persona que estaba a su lado la abandonó a su suerte yo tenía que encontrarlo.

 

    — ¿El hombre de la foto. . . Es tu padre? — Preguntó sin mirarme, era como si le fuera difícil preguntar. 

 

    — Si, aunque él no lo sabe aún. — Reí levemente, no puedo creer que mi principal motivo había sido encontrarlo.

 

    —Tú. . . ¿Tú qué piensas de que él sea un. . . — Reí amplio por su manera de preguntar las cosas, su rostro se tornó confuso por mi risa y no paré hasta que cambió a un ceño fruncido.

 

    — ¿Un pirata, un yonko? No tengo nada en contra de lo que hace. . . Sabes, él prometió volver cuando su barco recorriera la grand line y el nuevo mundo. — Conecté mi mirada con la suya, su semblante era serio pero su mirada decía comprender un poco éste sentimiento. — Pero no volvió, mamá siguió esperando y yo no supe de él hasta que encontré la carta de mi madre.

 

    — Lo siento. . . Y también por lo del barco. — Musitó soltando un suspiro, se sentó en la silla de madera y formó una mueca encogiendo sus hombros. — Ven conmigo al barco de mi padre mientras te consigo uno nuevo.

 

    Negué rápidamente, no lo dejaría hacer eso. — Claro que no, puedo buscar mi propio barco; no te preocupes.

 

    — Me sentiría más tranquilo que lo hicieras, por mi culpa tu barco se incendió. — Habló mirándome ahora con un ceño fruncido, parecía costarle decir cada palabra. Suspiré con  resignación, se miraba como un chico explosivo y poca paciencia.

 

    — Está bien, pero. . . ¿Tu padre no se molestará? No quiero ser una molestia.

 

    — Tranquila, ni él te dejará bajar del barco y dejarte a la deriva; es un buen hombre.

 

    Después de un largo silencio me levanté de la cama y me coloqué de nuevo la tela que cubría la mayor parte de mi rostro, él se levantó comenzando a caminar hacia la salida donde tomó una mochila y se la colgó en el hombro para así salir de la casa donde estábamos; yo como buena chica sólo lo seguía. El sonido del viento llegaba hasta mis oídos provocando que me diera un ligero escalofrío, las nubes eran abundantes y el clima era lo bastante bueno como para tener un picnic, pero creo que no sería buen momento para mencionarlo. Observé fijamente al chico que seguía su camino sin girar a verme, pero entonces vi de nuevo su tatuaje y me entró la gran curiosidad de preguntar, ¿Se molestará si le pregunto? Mejor no, pero. . . ¡Quiero preguntar, maldita curiosidad!

 

    — Ese tatuaje. . . ¿Eres miembro de la tripulación de Barba Blanca? — Pregunté sin dejar de ver el tatuaje, él afirmó con un movimiento de cabeza sin dirigirme la palabra; de tanta caminata ya nos estábamos acercando al puerto y a su vez se miraban los puestos donde vendían cualquier tipo de cosas de las que se pueda imaginar. — Ya que nos vamos a ver la cara por mucho tiempo me voy a presentar, me llamo Hatsue ¿Y tú?

 

    Guardó silencio por unos largos minutos, al parecer era un chico muy reservado. — Ace. . . Portgas D. Ace — Habló alto, entonces recordé la historia de mamá cuando me platicaba sobre su juventud.

 

 

 

    " ¿Cómo conocí a tu padre? Vaya, pero si tenemos a una chica muy curiosa. Rió mamá mientras lavaba los platos. Bueno, tus abuelos son de ésta isla y yo crecí en una isla llamada Baterilla en el South Blue. Ahí tenía una mejor amiga que era como mi hermana su nombre era Portgas D. Rouge, ella tenía un novio al que amaba mucho pero él era pirata y tu papá pertenecía a su tripulación. Era muy infantil pero me gustaba que fuera así, un día tu papá llegó a mí con un ramo de rosas blancas; justo como las que me regalas tú. Tocó mi nariz con su dedo índice haciéndome reír. Pero hay cosas que no se pueden contar, así que ve a jugar con el columpio que hizo tu abuelo."

 

  

 

    — Eres. . . — No alcancé a terminar porque una señora se acercó a nosotros y tomó de mi brazo, tenía lágrimas en los ojos que amenazaban con salir. 

 

    — ¡Ayúdame, unos piratas se llevaron a mi hijo! — Mis ojos se abrieron mirando hacia donde apuntaba, era un barco que ya había zarpado.

 

    Me quité todo lo que pesaba y mis botas para así tirarme al mar, Ace me gritó pero fui lo suficiente rápida para entrar antes. Nadé hasta llegar al barco, a un costado tenían el ancla que colgaba ligeramente de una cadena enorme. Me colgué por ahí para poder subir, los gritos de los ciudadanos llegaron a mis oídos y pude sentir más caliente el clima. Cuando estuve por asomarme, una voz me interrumpió asustándome.

 

    — ¿Por qué saltaste al mar así, que no ves que hay monstruos marinos? — Habló un tanto molesto, me giré estando a punto de gritar pero me cubrí los labios.

 

     — ¡¿Qué haces aquí?! ¡Casi provocas que me dé un paro cardíaco! — Susurré golpeando levemente su hombro. — Voy a salvar a ese niño.

 

    Dicho eso terminé por subir a cubierta, todos los piratas estaban bebiendo sake y otros comían hasta reventar. Mientras no me miraran podría salvar al chico sin necesidad de pelear, caminé tratando de no hacer ruido hasta una puerta; todo estaba muy oscuro pero se escuchaban unos sollozos dentro. Intenté entrar pero la puerta estaba atascada, Ace quien me estaba siguiendo como si le causara gracia se recargó a un lado alzando una ceja; suspiré resignada y golpee la puerta con mi pie. La atención de todos se fue hacia mí, el niño que estaba dentro corrió intentando escapar con sus lágrimas derramándose pero yo lo tomé rápidamente de sus brazos.

 

    — Tranquilo, vine a rescatarte. — Giré a ver al pelinegro empujando al niño hacia él, logrando que me mirara extrañado mientras los piratas comenzaban a atacarnos. — ¿Puedes llevar al niño con su mamá? Eres un peligro, podrías incendiar el barco con nosotros aquí.

 

    — ¡Oye, ¿Por quién me tomas?! — Me gritó, pero ya me encontraba golpeando a todo aquel que se acercara. — Bien, como quieras.

 

 

 

   

 

 

     Gracias a lo débiles que eran pudimos rescatar al niño recibiendo los agradecimientos de los ciudadanos, pero por alguna extraña razón Ace mantenía su entrecejo fruncido cuando subimos a su pequeño barco. Estaba algo cansada y el silencio no ayudaba mucho que digamos, tenía que mantenerme despierta o caería fácilmente al mar. Como ya no sabía que hacer y él parecía muy concentrado en la nada, suspiré dudando en hacerle preguntas o no; así que me decidí en hacerlas no perdía nada con intentarlo ¿O si?

 

    — Dijiste que tu nombre era Portgas D. Ace. . . — Con eso llamé su atención, hizo un sonido en respuesta y regresó su vista al horizonte, el sol comenzaba a ocultarse y ya estábamos muy lejos de la isla. — ¿Tu mamá es Rouge, Portgas D. Rouge? 

 

    Después de un gran silencio de su parte suspiró, me recargué en sus piernas pues me había cansado de estar en una sola posición y no era como si pudiera moverme. — Sí, mi madre era Rouge.

 

    — Entonces, ¿Eres hijo de Gol D. Roger? — Dudé un poco al preguntar, creo que él lo notó y me miró frustrado. Seguimos en silencio, parecía querer decirme algo pero no emitió ninguna palabra, sólo me ignoró.

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