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Trébol por BolaZ

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Notas:

Aquí os dejo el capítulo 2 :)

CAP.2

 

Había llegado el gran día en el que partirían al mar con uno de esos enormes buques de guerra. Eri llegó tarde ya que quería tenerlo todo preparado y al salir de casa se le olvidaron un par de cosas pero, finalmente , llegó.

-¡Eri!- gritó su amiga Laura-. ¡'Creí que no vendrías!- dijo algo enfadada.

-Pues ya estoy aquí, tranquila...- dijo quitándose algunos pelos de su fleco de lado-. ¿Han dicho en qué buque vamos a ir cada uno?- dijo mirando alrededor y viendo uno que era un poco más grande que los demás, cosa que le hizo pensar que en ese barco habría más material médico que en el resto: se quedaría con ese.

-Todavía no ha dicho nada pero parece que ya van a indicarnos cual será el nuestro...- dijo Laura mirando también alrededor-. ¡Mira! Ahí está la profesora...-se giró hacia Eri-. ¿Copiaste mucho ayer? Lo siento, también fue mi culpa...

-Copié lo mínimo, tranquila.- dijo sonriente.

-A ver chicos y chicas, cada uno va a poder escoger el buque que más le agrade. Hay infinitos barcos preparados, así que habrá uno para cada uno- dijo la profesora mirando al mar-. Podéis empezar cuando queráis.

-¡Fantástico!- dijo emocionada Laura-. ¿A por cuál vas, Eri?- Eri miraba el buque que pensó antes.

-Ese de ahí.- volvió a la realidad-. ¡Nos vemos!- y empezó a correr en dirección al barco mientras el viento marino le daba en su cara-. Genial...- decía emocionada-. Este es el mejor, claro que si.

Todos los alumnos habían escogido un buque que estaba cerca de ellos, menos Eri. Sin embargo, nadie se dio cuenta de que ella estaba en ese barco.

-¡A ver chicos!- gritó una vez más la profesora-. ¡Solo podéis coger estos barcos de aquí delante por que los otros son para casos de emergencia! ¿Entendido? ¡Bien! ¡Nos veremos aquí cuando terminéis!

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-¡¡Genial!!- decía Eri a bordo del barco-. Es el mejor sin duda alguna- dijo dando saltos de alegría mientras muchos marines pasaban por delante de ella haciendo sus cosas-. Tengo ganas de ver lo que hay en la zona médica...- agarró su mochila y se fue directa a investigar un poco la zona, hasta que encontró una de las salas de enfermería-. Será aquí...- abrió la puerta y vio una enorme sala de color blanco, con muchas camillas y material, cosa que hizo que se emocionara bastante-. Ostras...- decía mientras miraba todo a su alrededor-. Estos materiales son muy modernos...- entonces chocó contra lo que parecía ser la jefa de la enfermería-. Ho...hola...

-Debes de ser la nueva- dijo cruzada de brazos-. Pareces muy joven... cada vez nos vais ganando terreno- Eri se extrañó al escuchar ''la nueva'', pero debía ser así como se llamaban por allí.

-Si, supongo que soy la nueva...- dijo algo nerviosa.

-Bien. Te mostraré un poco como van las cosas por aquí y luego te pondrás en tu lugar ¿preparada?- le preguntó la enfermera-. Tu cara me suena bastante...

-Si, preparadísima- dijo como un soldado-. Soy Eri, la hija del almirante Sengoku- y la mujer se sorprendió.

-¿Sengoku-san?- empezó a reír-. ¿Cómo ha podido dejar que su hija se meta en un sitio como este... Ay...- suspiró-. En fin vamos a ver lo que hay por aquí...

Se pasaron unos 30 minutos viendo las instalaciones y finalmente terminaron. Eri se emocionó bastante al ver todo aquello, le gustaba ese mundo y si algún dia trabajaba, sería de eso, no tenía duda alguna.

-Bueno y ahora, ¿qué hago?- dijo desconcentrada la niña.

-Ponerte a trabajar- dijo la jefa-. Tienes que ponerte el uniforme, toma- le lanzó un par de prendas blancas.

-¿Trabajar? ¿Cómo que trabajar?- dijo algo nerviosa-. Yo he venido aquí para...- pero entonces sonaron las alarmas, las luces se apagaban y las de emergencia empezaron a funcionar-. ¿Qué... pasa?- dijo algo asustada.

-Eri, creo que tu primer día va a ser algo movidito, date prisa...- dijo la enfermera dejándola sola en la enfermería.

-Pero yo solo...- dijo mirando a su alrededor sin entender que sucedía; salió de allí y en los pasillos vio como una tropa enorme de soldados salían a cubierta gritando, con armas, con espadas y con mucho más, entonces las voces se hicieron presente en todo el barco.

-Aquí Kong, el almirante de la flota marina. Hemos divisado el barco de Roger al Oeste, cerca de una isla potencialmente económica. No podemos dejar pasar esta oportunidad, tenemos que detenerle.

Entonces Eri se asustó cayendo al suelo ¿Ese maldito barco iba a ir directo a por Roger y ella estaba allí? No, tenía que escapar, su padre le había dicho que era temendamente fuerte, ¿dónde se había metido? ¡Eso era un barco de prácticas!

-No puedo quedarme aquí sabiendo a donde vamos...- dijo corriendo por los pasillos hasta que llegó a cubierta donde pudo ver que el barco ya estaba en movimiento y fuera de la bahía del cuartel general-. No... no puedo ir... me matarán... ¡No!- gritó; de repente un marine que parecía conocerle se acercó a ella.

-¿Cuál es tu nombre?- le preguntó.

-Eri... Eri... ¡sáqueme de aquí! Yo vine para una práctica de medicina no para ir directa a enfrentarme con esos pirtas... ¡Soy la hija de Sengoku... podéis decirle que venga a por mi, ¿verdad ?!- dijo ofuscada.

-Sabía que me sonabas de algo...- dijo el marine-. No se puede detener el barco, lo único que puedes hacer es esconderte, ¿de acuerdo?- Eri temblaba de miedo.

-Si... si bueno... voy a esconderme, tiene razón... además, vosotros sois muy fuertes... ¿verdad Aokiji?- el marine la miró un poco desconcentrado.

-Ve a esconderte- Eri asintió y salió corriendo hacia una sala bastante pequeña y alejada de las grandes salas de tesoros.

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-¡Soldados!- dijo un marine que parecía ir al mando-. Podemos ver el barco de Roger, el Oro Jackson a tan solo unos km. ¡Apuntad!- los cañones apuntaro al barco-. ¡Disparad!- y salieron bolas de cañón en dirección a ese barco.

Eri escuchaba todo eso y sentía la vibración de los cañones, estaba temblando de miedo, ¿dónde se había metido?

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-Parece que estos marines no nos van a dejar en paz...-dijo el capitán del Oro Jackson-. Veámos que podemos hacer... hahahaha ¡Qué empiece el juego!- y todos los piratas empezaron a abordar el barco de la marina.

Eri estaba tan asustada, oía los gritos de los hombres y los chillidos de algunas enfermeras. Estaba atemorizada, no sabía qué hacer ni cómo actuar, hasta que de pronto escuchó como alguien abría la puerta.

-¡Te he dicho que aquí no habría ningún tesoro!- gritaba un chico de más o menos su edad, o alrededor de unos 17 o 18 años.

-Buggy, en las salas pequeñas es donde se encuentras los mayores tesoros y mapas de ellos, ¿aún no lo entiendes?- le dijo el otro chico de su misma edad; Eri los miraba atemorizada, eran piratas de verdad.

-Vamos a ver...- dijo removiéndolo todo- ¡Ajá!- dijo aquel chico de pelo azul- Esto parece ser un mapa del tesoro- dijo emocionado viendo aquel papel.

-Hay que coger algo de previsiones, nos lo han ordenado...- decía aquel pelirojo con un sombrero de paja en la cabeza-. Esto qué es...- dijo cogiendo algo del suelo...

-¡Déjame ver!- pero el pelirojo le detuvo con la mano-. ¡Shanks!

-Es una mochila...- la abrió y empezó a leer alguno de esos libros-. Parece que por aquí ha pasado alguien y por lo que parece ser, es una niña.- dijo eso y enseguida a Eri se le puso el cuerpo en tensión.

Se había dejado la maldita mochila ahí, ahora si que estaba perdida, iban a matarla, a cortarla en pedacitos, sería comida para tiburones o, peor, sería una esclava para todos ellos. Se agarró la cabeza con las dos manos y empezó a temblar de miedo.

-No...¡No!- gritó sin darse cuenta-. Mierda...- entonces la descubrieron y pudo ver claramente a esos dos chicos no mucho mayor que ella; el de pelo azul, con nariz de payaso la agarró y la levantó.

-¿Qué tenemos aquí?- dijo mirándola.

-¡¡Suéltame idiota!!- dijo dando patadas al aire.

-¿Me has llamado idiota?- dijo enfadado-. ¡No soy ningún...!- pero Eri no le dejó terminar la frase. Le dio una patada y lo estrelló contra un montón de esas cosas.

-Oi, oi...- dijo Shanks-. ¿Qué haces tu aquí niñita?- dijo el pelirojo sonriendo-. Este no es un lugar para alguien como tu...- se burló.

-¿A caso tu sabes cuál es un buen lugar para mi? Tsk- se cruzó de brazos-. Devuélveme mi mochila- dijo acercándose a él.

-¿Es tu mochila?- dijo Shanks mirandola-. Es bastante bonita, ¿no crees Buggy?- y se la lanzó al aire.

-Si, parece que es de una buena casa...- dijo el payaso.

-Se lo diré a mi padre... ¡Se lo diré a mi padre!- volvió a repetir-. Como intentéis hacerme algo, os juro que...

-¿Nos matará?- dijo el payaso-. Hahahahahahahaha, ¿a caso sabes quién somos?

-Me da igual quienes seáis, pero yo soy Eri, la hija del que un día se convertirá en el Almirante de la flota, Sengoku.

-¿Sengoku...? ¿Sengoku...?- empezó a reírse Buggy.

-Buggy- entonces miró al pelirojo- devuelvele la mochila- dijo ahora con un semblante bastante frío.

-¿Cómo que le devuelva la mochila?- dijo atontado el payaso.

-Hemos venido aquí para llevarnos las cosas no para tratar con niñas y menos jugar con ella- dijo acomodándose el sombrero de paja; Eri observaba la situación pasmada, allí en medio de los dos.

-Bueno está bien...- y Buggy le tiró la mochila con fuerza a Eri, cosa que hizo que se cayera al suelo.

-Oi...- se quejó Eri; sin embargo, antes de levantarse se topó con una mano que la esperaba para levantarla, esa mano era la de ese chico de cabellos rojos y de sombrero de paja, con camisa negra y con una gran sonrisa.

-Perdónanos, no era nuestra intención molestarte- y Eri le agarró la mano, sonriendo como una auténtica idiota adolescente.

-Si ya... claro...- y con fuerza, estiró la mano de Shanks hacia ella haciendo que el se cayera al suelo; entonces, empezó a correr en dirección a algún lugar para esconderse.

Mientras Eri corría, Shanks se encontraba en el suelo, sonriendo sin saber por qué, mientras Buggy le insultaba y se mofaba de él.

-¡¡Estás idiota!!- le gritó Buggy-. Cómo puedes dejar que una niña te haga eso... ¡Imbécil!

-Venga, Buggy... tampoco es para tanto...-se levantó y se quitó el polvo un poco-. Solo era una niña, no sabe lo que hace...- dijo con su típica sonrisa mientras se ponía el sombrero bien.

-Si se enteran el capitán y los demás se van a burlar de ti- le recordó el payaso.

-Pues me alegraré de divertirlos- y Buggy cayó hacia atrás sin creerse lo que oía-. Venga, tenemos que irnos de aquí.

-Si... no se por qué hago estas tonterías contigo- le recordó el payaso mientras se levantaba-. Venga, ¡vamos!- y empezó a correr, sin embargo Shanks se detuvo mirando una cosa que había en el suelo. Miró esa cosa que había en el suelo y se dio cuenta que era un tipo de amuleto. Se arrodilló para cogerlo y se topó con un trébol de cuatro hojas de madera. Sin embargo, no le dio tiempo a revirsarlo más- ¡¡Oi!!- gritó el payaso-. ¡¡Venga, Shanks!!

-Si, vamos...- se guardó el amuleto en el bolsillo y salieron corriendo hasta que se dieron cuenta de que por poco los dejan allí tirados.

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Llegó el anochecer y los piratas de la tripulación de Roger se habían reunido para comer. Shanks y Buggy estaban discutiendo, como siempre, mientras que los demás se divertían a su alrededor. Por un momento, Shanks sacó de su bolsillo el amuleto para volver a observarlo. Era, sin duda, de aquella chica, tenía ese intuición. Parecía estar bien tallado, lo estaba analizando hasta que...

-¡Oi, oi!- dijo Buggy que estaba a su lado-. ¿Has cogido eso de la mochila de aquella niña?- dijo burlandose mientras los demás nakamas los miraban.

-No se lo he cogido, solo le ha caído y lo he tomado prestada, nada más...- dijo mientras se disponía a guardarselo, pero de repente Buggy se lo arrebató de las manos-. ¡Oi, oi!

-''No se lo he cogido, solo le ha caído y lo he tomado prestada...'' - se mofaba de él-. Bla, bla, bla... Hahahahahahahha.

-Devuélvemelo... - y se tiró encima de él, pero el payaso logró esquibarlo-. Te lo advierto...

-¿Qué pasa aquí?- se metió Rayleigh por el medio.

-Me ha quitado una cosa y no me la quiere devolver.- se quejó Shanks.

-Tampoco es tuya...- dijo el payaso.

-Buggy, dame lo que le has quitado a Shanks- y abrió la mano esperando a que se lo diera y, así fue: le entregó el amuleto y Rayleigh se quedó un poco cofuso-. ¿Qué es esto? ¿Un trébol de cuatro hojas?

-Si es...eso, un trébol de madera, nada más.- dijo Shanks algo avergonzado.

-¡Eso ya lo se!- gritó Rayileigh-. ¿De dónde lo has cogido?

-Lo encontré en aquel barco de la marina, no sabía de quién era así que lo cogí-dijo Shanks escondiendo la verdad; si sabía que era de la hija de un almirante, tal vez se enfadaría con él.

- Tonterías. Ese trébol le pertenece a una niña que había en aquel barco, dijo algo de un almirante- dijo Buggy finalmente. Entonces Shanks le miró con cara de asesino, rezando a todos los dioses para que Rayleigh no se enfadara con él.

-Hahahahaha-para su sorpresa, vio como Rayliegh se reía sin entender por qué-. Me temo que aquí tenemos a un pequeño problemático...- esta vez sonrió-. Toma, chico. Intenta no perderlo, se dice que los tréboles de cuatro hojas dan mucha suerte- y Shanks lo agarró, volviéndolo a guardar en su bolsillo.- Cuídalo.

-Si, lo intentaré...- y miró con cara de asco a Buggy-. Cómo vuelvas a quitarme algo mio... te juro que...

-Lo siento, estar enamorado debe de ser más complicado que recibir un balazo- empezó a burlarse.

-No estoy enamorado...- dijo algo avergonzado-. Me sabe mal que haya perdido esto, tal vez sea de alguien importante para ella... algún día se lo devolveré- y le vino a la mente cuanto tiempo tardaría en volver a saber algo de aquella chica, quizá ya nunca más.

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En el cuartel de la marina, el buque de guerra que había ido en busca de Roger apareció en la bahía con unos cuantos heridos. Al ver que ya habían llegado, Eri bajó disparada buscando entre la gente a su padre, que la esperaba allí.

-Papá, papá...- corrió hasta abrazarle.

-Eri, cariño, ¿estás bien verdad? ¿No te han hecho nada no? ¿Estás sana y salva...?- dijo mientras le buscaba alguna herida.

-Si, si... no... no me han hecho nada, estoy bien tranquilo...- y recordó a aquel chico de cabellos rojos que le había dejado marchar.

-Mejor... ¡No se lo hubiera perdonado nunca! Anda- dijo empujándola un poco por la espalda-. Vamos a casa, estarás cansada...

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Al llegar a casa, cuando llegó la noche, se encontraba tan sumamente cansada. Dejó la mochila encima de la cama y empezó a quitar los libros y las cosas que había lelvado durante el día. Pero, de repente, se dio cuenta de que faltaba algo.

-No... maldita sea, tiene que estar por aquí...- decía mientras rebuscaba en la mochila-. No puede ser que la haya perdido...- la vaciaba una y otra vez, pero había nada más ahí dentro-. No...el trébol de cuatro hojas que me regaló mamá...- y se echó hacia atrás, apoyándose en la pared, mientras se maldecía por haberlo perdido.  

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