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Trébol por BolaZ

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Notas del fanfic:

Para comentarios personales, a mi gmail : hikenoace100@gmail.com

CAP.1

 

Llegó al Cuartel de la Marina como hacía cada semana después de volver de su pueblo. Dejaba atrás a su tía que la había cuidado des de que era una niña pero, des de que empezaron sus estudios, su padre decidió llevársela allí pensando que era lo mejor para ella. Sabía de sobra que allí aprendería todo lo que ella deseaba: medicina ; pero, alejarse de su pueblo, de su familia y de sus amigos no le parecía muy bien sin embargo, debía hacerle caso a su padre, él era el único que le quedaba ya que su madre había muerto a penas hacía dos años de una rara enfermedad.

Se sentó en la cama después de haber vaciado la maleta, volvía la rutina y no le importaba pero muchas veces pensó en cómo sería su vida sin que su padre fuera un almirante de la fuerza más poderosa.

Alguien llamó a la puerta e inmediatamente se abrió dejando entrar a un hombre con un pelo afro, con gafas y con una característica barba.

-Eri, cariño, que bien que hayas llegado ¿Ha ido todo bien? ¿Ninguna molestia ni nada...?-Eri lo miró sonriente.

-Claro que no, papá, ¿qué me va a pasar?- dijo Eri mientras se levantaba para darle un beso en la mejilla.

-¿Qué has hecho este fin de semana? ¿Tu tía se ha llevado bien contigo? O, ¿sigue siendo la misma de siempre?- entró, cerró la puerta y se sentó en aquella silla del escritorio.

-Sigue siendo la misma de siempre, no te preocupes...- dijo sentándose en la cama-. ¿Qué pasa? ¿Por que has venido?

-Me habían avisado de que ya estabas aquí y me he pasado para ver cómo estabas, pero como siempre, bien.- le sonrió su padre-. Tengo que ir a una reunión importante, más tarde volveré a casa, ¿de acuerdo? - Eri asintió algo triste por que no le gustaba demasiado que su padre tuviera que irse cada dos por tres de casa-. Eri...- intentó acercarse a ella.

-No, no, vale, está bien, lo entiendo, eres un almirante importante y es tu deber, lo se de sobra- intentó sonreír para que su padre se creyera lo que decía, y pareció que funcionaba.

-Me alegra que lo entiendas...- dijo sonriente-. No quiero llegar tarde, si quieres algo ya sabes dónde estoy.

-De acuerdo, no te preocupes papá...-decía algo molesta por que aún no se iba.

-Vale, vale, ya me voy, te dejo- y salió de la habitación dejando a Eri allí sentada sobre la cama riéndose ella sola.

En realidad no le molestaba volver a esa casa, con su padre se lo pasaba bien, el problema era que tenían que separarse muchas veces, pero era lo que tenía tener un padre como él.

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Llegó la noche y con ella su padre. Eri estaba comiendo cuando su padre entró hecho un fiera.

-¿Qué sucede?- dijo Eri asustada.

-Nada, cosas de mayores- le constestó de una manera tan sumamente fría que no parecía que fuera su padre.

-¡Papá!- gritó ella.

-¡Ahora no, Eri!- y se encerró en su habitación dejando a Eri allí, sin saber qué ocurría.

Decidió irse también a dormir, sabía que si su padre estaba así no iba a poder hacer nada, así que simplemente se fue y durmió ya que al día siguiente tenía que ir al instituto para continuar con sus estudios.

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Al despertar vio que su padre no se encontraba en casa ''estará en el trabajo'', pensó. Comió algo rápidamente y luego se fue derecha al instituto que estaba bastante cerca de su casa. Al llegar, su amiga ya le estaba guardando el sitio.

-Buenos días...- dijo susurrando Laura sonriente.

-Hola...- hizo lo mismo Eri-. ¿Ha dicho algo importante...?- se sentó y sacó sus libros-. ¿Algún examen en especial?

-Que va... Todavía no ha dicho nada, no se por qué pero nos va a sorprender...- dijo Laura; pero, de repente, la mano de la profesora estaba delante de sus mesas.

-¡Señoritas Laura y Eri!- y las dos se asustaron-. Creo que en todos los años que llevo trabajando de profesora en este instituto nadie, repito, nadie, ha sido tan hablador y cuchicheador como vosotras dos.

-Solo le he preguntado si había algún examen...- se excusó Eri-. Nada más...

-¡Jovencita!- volvió a dar un chillido-. ¡Creo que debes respetarme! ¡Soy tu superior!- y la miró fijamente-. Me da igual que seas hija de un almirante, ¡ te quedarás haciendo copias!- y Eri enfureció, pero sabía que no valía la pena decir nada, no quería hacerlo peor, así que calló.

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Dos minutos antes de terminar la clase, la profesora terminó de dar la lección para decir algo importante a toda la clase.

-A ver, escuchad. Hoy mismo me han anunciado que este curso podrá ir a una práctica en uno de los buques de guerra de la Marina, ¿no es fantástico?- todos tenían cara de ilusión-. Podréis ver como son allí las enfermerías y que instrumentos utilizaréis. Es una buena oportunidad.- y todos gritaron de alegría, menos Eri que iba a quedarse en clase haciendo copias-. Entregad este papel a vuestros padres para dar el consentimiento y mañana sin falta traedlo- empezó a repartirlo-. Podéis iros- y todos salieron pitando de allí.

-Que te sea leve...- le dijo Laura a Eri.

-Gracias...- dijo un poco desanimada.

La profesora se plantó delante de ella con un folio en la mano.

-Llénalo por delante y detrás con: Seré más respetuosa, ¿de acuerdo?- dijo la profesora; Eri asintió sin decir ni una palabra y ésta le entregó el folio-. Eres buena chica, no se por qué te tienes que comportar así...

-Pero solo he...- se proponía a poner una escusa ahora, pero pensó que tal vez sería peor-. Nada...- para su sorpresa, la profesora sonrió levemente.

-Eri... Eri, Eri...- se sentó delante de ella-. Me recuerdas a tu madre- entonces Eri dejó de escribir ya que la mano le había empezado a temblar tras escuchar eso-. Eres buena, pero tienes un carácter fuerte... además, físicamente te pareces mucho a ella...-Eri levantó la mirada para verla hablar-. Tienes su pelo marrón oscuro... y sus ojos grises...

-¿Has conocido a mi madre...?- dijo sorprendida.

-Claro que la conocí, éramos muy amigas hasta que...- la profesora se calló al ver a Eri algo triste-. Ella y tu padre eran la envidia del cuartel, una bonita familia con una pequeña niña. No vivía aquí, pero muchas veces se pasaba para vernos. Era una buena mujer, si, muy buena- se paró y se apoyó delante de la pizarra-. Anda, vete y ve a tu padre, siempre habla de ti cuando tu no estás- y se sorprendió.

-¿Es... enserio? ¿Me puedo ir?- y la profesora asintió-. Gracias... profesora...- y se levantó como un cohete en dirección a su casa.

Iba por los pasillos cuando pasó por delante de dos chicos, mayores que ella, unos 18 años, que iban hablando sobre un tema bastante interesante.

-Tío, mi padre me ha dicho que Roger es un monstruo... que es tan fuerte que podría derrotar a un mismísimo Rey Marino...

-¿Enserio?- dijo el otro chico-. Esta haciéndose famoso ese maldito pirata...

Y Eri pasó por delante escuchando esa conversación, era bastante interesante pero tenía prisa por volver a casa y ver a su padre.

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-¡Ya has llegado!- dijo Sengoku mientras preparaba algo para comer-. ¿Has tardado un poco no crees, Eri?- Eri se sorprendió ya que la noche anterior su padre había entrado hecho un fúria.

-Si, es que bueno...- dijo dejando la mochila en el sofá y acercándose a la cocina-. Teníamos que leer una cosa y bueno...

-Va, va, siéntate, he preparado un estofado riquísimo...- dijo poniendo dos platos en la mesa.

Comieron y salió el tema de la autorización que le habían dado en clase.

-Papá... tienes que firmar esto- le entregó un papel-. Es para ir a un barco de la Marina y ver las instalaciones médicas y todo eso...

-Si, ya estoy al corriente de eso...- dijo firmando-. Toma, espero que te toque un buen barco.- dijo su padre.

-¿Me toque...?- dijo sin entender y cogiendo el papel-. ¿No vamos a ir todos en el mismo?- su padre elevantó una ceja.

-¿Juntos? ¡Hahahah, no, Eri! Váis a ir cada uno en un barco, si váis todos juntos no aprenderéis nada.

-Ah... no lo sabía...- dijo extrañada guardando el papel en la mochila.

-Voy a descansar un poco, cielo, ha sido un día muy pesado.- pero por la mente de Eri pasó aquella conversación de aquellos chicos y decidió preguntar.

-Espera papá...- y su padre se sentó de nuevo-. Cuéntame... cuéntame algo de... Roger, ese pirata...- entonces su padre se puso nervioso.

-¿De Roger? ¿Para qué quieres saber tu cosas de ese hombre?- dijo molesto.

-He oído por ahí que... es tan fuerte como un Rey Marino...- dijo recordando las palabras de aquellos chicos-. Y bueno, que está haciéndose famoso y no se...

-¿Quién te ha dicho que es tan fuerte cómo un rey marino?

-Pues lo he oído... dos chicos lo estaban diciendo y bueno...

-Díles a esos chicos que no saben de qué hablan. Roger no es para nada un hombre que me agrade, pero es uno de los más fuertes y temibles de todos los mares. Nosotros, los marines, tenemos el deber de perseguírlo y detenerlo y ya sabes lo que solemos hacer con los piratas.- le explicó su padre-. Ahora tendrías que descansar tu también, déjate de preguntas.

-Está... está bien...- se quedó sorprendida tras las palabras tan serias que su padre le acababa de decir.

Subió a su cuarto para descansar pero, no podía dejar de pensar en lo de Roger. Eran piratas, se suponía que ella había sido educada como una Marine más ya que en un futuro se convertiría en una de sus doctoras. Pero sentía cierto respecto por ese pirata y su tripulación. Si que había oído hablar de él, infinitas veces en las que su padre y su tío Garp discutían sobre qué hacer cuando se encontraran con él.

-Será mejor que me vaya a dormir...- dijo entrando en la cama-. Espero que me toque un buen buque mañana...- ya estaba entre las sábanas-. Buenas noches- giró su mirada hacia la mesa de noche para ver una foto de su madre- mamá.

En esa misma foto aparecían tanto ella como su padre. Eri en los brazos de su madre, una mujer de cabello marrón claro y ojos grises, a su lado, un hombre que ya conocía bastante bien, y en brazos de esa mujer, una pequeña niña de 4 años que era ella. Pasar por la muerte de su madre había sido un calvario, con solo 13 años la había perdido, pero debía dar gracias a su padre y a su familia por haberla cuidado mientras ella no estaba.

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