Fanfic Es
Fanfics en español

LA MALDICIÓN DEL AMOR por fairytailforever

[Comentarios - 2]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Notas del fanfic:

Este es un fanfic de Gajeel y Levy escrito desde el punto de vista de Lucy. Espero que les guste y dejen sus comentarios.

Gracias!! Besitos!! :3

Notas:

Espero que les guste.

LA MALDICIÓN DEL AMOR
 
 
La historia que voy a contar, ocurrió meses después de que nuestro gremio, Fairy Tail, se proclamara vencedor  de los Grandes Juegos Mágicos. Aquel verano, un intenso calor se había apoderado de la ciudad de Magnolia, por lo que casi todos los integrantes del gremio no estábamos realizando misiones por aquellos días y yo, Lucy Heartfilia, me encontraba dándole vueltas a la forma de pagar mi tan sufrido alquiler.
Aquella noche, debido al ya mencionado terrible calor, había más gente que nunca en el gremio, y el ambiente, como no, era de festejo y celebración. Yo, por mi parte, estaba tirada sobre la barra, que olía mucho a alcohol, hablando con Mirajane sobre el tema del alquiler, mientras escuchaba a mi espalda los brindis y gritos por todo el recinto. Natsu también se encontraba entre todo el gentío, discutiendo con su eterno rival, Gray, quien no había tardado muchos minutos en desnudarse.
Solo una persona quedaba ajena a todo lo que aquella noche se vivía en el gremio: Levy Mcgarden. Se encontraba sentada sobre una de las mesas intentando descifrar el contenido de un viejo pergamino, que nadie sabía entender más que ella. Sus cabellos azules, ligeramente ondulados caían sobre sus hombros a ambos lados de la cara y unas relucientes gafas mágicas de color rojo se sostenían sobre su pequeña naricilla. Delante de ella, había una pila de libros, que la tapaban y la hacían casi invisible a la vista de todos y que le hacían parecer incluso más pequeña de lo que ya era. Picada por la curiosidad, e intentando dejar atrás mis preocupaciones financieras, me acerqué a mi amiga.
- ¡Levy!- la saludé.
- ¡Lu-chan! - exclamó mi amiga, como siempre me llamaba.
- ¿Qué estás haciendo?- le pregunté, sentándome a su lado.
- Pues, intento descifrar este viejo manuscrito. Puede que contenga un poderoso hechizo. Pertenece a una antigua civilización llamada Culchichachi y tiene más de setecientos años, ¿sabes?
- ¡Vaya!- observé con detenimiento el viejo pergamino unos segundos. La tinta con la que habían sido cuidadosamente escritas las runas en el pasado estaba bastante desgastada y los bordes tenían pequeños cortes y desgarros aquí y allá. Sin embargo, intentando echar un cable a mi inteligente amiga leí: Umbeles champaqui ultramio delue uldemonium aksi, cufem nirokdakal me doni champaki. Mas chi cae querrigara campachi virrecereon alki aldivereon chachi chachi.
- ¡Lu-chan no lo leas...
De pronto, justo después de pronunciar aquellas extrañas palabras, una gran figura espectral apareció ante nosotras. Su enorme cabeza, apenas visible debido a un enorme casco que portaba sobre ella, tenía un espeso bigote blanco, y en una de sus grandes y fuertes manos llevaba consigo un cetro en cuyo extremo brillaba un corazón enorme y reluciente.
- ¿Quién osa interrumpir mi inquebrantable sueño?- gruñó.
- WAAAAAAAAAAA!!- gritamos ambas al unísono.
- Yo soy el gran dios Loverchachi y pagaréis la osadía de haberme despertado.
- Por favor, no nos hagas daño.- pedí, abrazada a mi pequeña amiga.
- Ummm...- susurró, acercando su enorme rostro hacia nosotras.- Sois bastante monas las dos... Bueno, como premio a vuestra belleza solo castigaré a una de vosotras.
- ¡¿QUÉÉÉÉ?!
- A ver...- dijo con aire pensativo el espíritu, mientras movía su brazo extendido de una a la otra repetidas veces.- Castigaré a... ti.- se decidió.
Levy pegó un pequeño grito y yo me la quedé mirando. Ella había sido la elegida, la que recibiría el castigo.
- ¿Por qué a mi?- se quejó mi amiga.
- Creo que ha sido el destino. Además me gusta lo inteligente que se te ve con esas gafas.
- ¡Qué mala suerte! !Lu-chan!
- Lo siento, Levy.- le dije, intentando calmara. Dirigiéndome al espíritu, pregunté: - ¿Qué clase de castigo le impondrás?
- Yo soy el poderoso dios del amor Loverchachi así que será un castigo relacionado con su alma gemela, es decir, su espíritu afín.- el dios juntó sus manos mientras decía estas palabras de forma especialmente empalagosa. Yo mientras tanto miraba a mi amiga, que se había puesto roja hasta las orejas.- ¡QUE TODOS LOS MALES TE CAIGAN A TI, LEVY MCGARDEN HASTA QUE TUS LABIOS SOBRE LOS DEL ALMA QUE TANTO AMAS SE POSEN!- bramó el dios. Y dichas estas palabras, desapareció.
- ¡Espera!- exclamó Levy, mientras zarandeaba el pergamino del que había surgido el espíritu.- ¿Qué quieres decir con eso de "todos los males"?
- Vaya... Un beso a tu alma gemela, ¿eh?
- ¡Waaaaaaaa! ¿Pero qué dices? ¿Cómo que a mi alma gemela?
- Ya sabes lo que ha dicho el dios: "Hasta que tus labios sobre los del alma que tanto amas se posen".- repetí riendo.
- ¡No puede ser! ¿Por qué a mi?
- ¡Jajajaja! ¡No pasa nada! ¡Te ayudaré a solucionarlo!- le dije, guiñándole el ojo.
- ¡Pero eres tú la que despertó al espíritu! Y mira que te dije que no lo tocaras...
- Lo dijiste demasiado tarde, deberías haberme advertido.
- Sea como sea me he metido en un buen lío.
De pronto, vimos como una silla salía disparada hacia nosotras hasta alcanzar a Levy, a quien golpeó, tirándola al suelo. Miré como Natsu y Gray nos miraban, y comprendí que le habían dado sin querer mientras se peleaban.
- ¡Tened más cuidado!- les dije.- Levy, ¿estás bien?- le pregunté, ayudándola a que se levantara.
- ¡Ayyyyy! ¡Que de cosas malas me están pasando hoy!
Justo al decir eso, a Macao, que estaba bebiendo en una mesa cercana se le cayó la cerveza en el vestido naranja de mi amiga.
- ¿Pero qué es lo que pasa?- se quejó Levy, frustrada y llena de cerveza.
- Mmm...- dije pensativa.- ¿No dijo el espíritu que te pasarían cosas malas hasta que no besaras a tu alma gemela?
- ¡¿QUÉ?! ¡Por favor, no!
- Y ya sabes lo que eso significa.- le piqué, con tono pillo- Tendrás que besar a Gajeel...
- ¡¿Qué?! ¡¿A Gajeel?!
Vi como los grandes ojos marrones de mi amiga se trasladaban hasta Gajeel. Estaba sentado en la barra, junto con Lily, su exceed, bebiendo una cerveza llena de clavos oxidados. Mientras lo observaba, vi como a Levy se le formaba un gran rubor en las mejillas.
- Levy, no te embobes.
- ¡No me he embobado!- dijo corriendo y luego suspiró.- Jamás podré lograrlo.
Un rato más tarde, Levy se marchó del gremio para volver a su casa. Nada más atravesar el umbral, una fuerte tormenta había estallado y por el camino, tropezó y se llenó toda entera de barro.  Como pudo, llegó a su hogar, donde se dio una ducha.
- ¿Cómo podré conseguir besar a Gajeel?- se preguntó mientras se enjabonaba.
Aquella noche, Levy no se podía quitarse de la cabeza lo ocurrido y se durmió pensando un plan para acabar con su mala suerte.
Al despertar a la mañana siguiente, Levy se dirigió nada más desayunar a la biblioteca de Magnolia, que desgraciadamente, estaba cerrada. Frustrada, se fue a la librería dos calles más lejos, y tuvo que esperar una hora frente a la puerta hasta que al fin abrió. Con cautela, se dirigió a la sección de libros románticos y en un estante de arriba descubrió un libro cuya portada decía así: 10 Trucos Para Ligar: I Cómo Conseguir que te Bese. Algo ruborizada, y sin antes mirar varias veces hacia ambos lados para comprobar que nadie la veía empezó a dar saltos para alcanzar el libro, ya que era demasiado bajita y no alcanzaba el estante. De pronto, un musculoso brazo lleno de piercings se alzó frente a ella y cogió el libro que tanto había querido alcanzar.
Al reconocer aquellos piercings se ruborizó hasta las orejas. Era Gajeel, que estaba leyendo divertido el título del maldito libro. Se rio, burlón.
- ¿Buscabas esto, pequeña?
- ¡Gajeel! ¡Devuélvemelo!
- ¿Devolvértelo? ¡Encima que te ayudo! A ver, lo primero es lo primero ¿cómo se piden las cosas?
- Gajeel, no estoy para bromas.
- ¿Cómo se piden las cosas?- repitió, alzando aún más el libro.
- Por favor...
Gajeel bajó su mano hasta la altura de la chica y ésta en un rápido movimiento cogió el libro. Acto seguido lo estrechó contra su pecho y sin decir nada se dio la vuelta y empezó a alejarse de allí con paso rápido. Gajeel, sorprendido se adelantó y llegó sin dificultad junto a ella, tapando con su gran figura su camino hacia la caja registradora.
- ¿A dónde crees que vas?
- ¿Pues a pagar el libro? ¿Qué quieres que me lo lleve sin más?
Él esbozó su clásica sonrisa.
- No. Solo quiero que me digas para qué necesitas tú ese libro. No te pega nada, ¿sabes?
- Pues, ¿a ti qué te importa? Además, ¿tú que sabrás de si me pega o no a mi este libro?
- Yo lo sé todo sobre todo.
- ¿Entonces por qué no sabes para qué he cogido este libro?
Gajeel lo meditó unos segundos tras los cuales frunció el ceño y volvió a empezar:
- ¿Para qué lo necesitas entonces?
- Ya te he dicho que eso a ti no te importa.
- Venga, ¿para qué?
- Bueno, pues...- Levy se quedó un instante observando al chico. Lo miró de arriba abajo: su larga cabellera oscura y desgreñada, su gran cuerpo alzado varios centímetros por encima de ella, sus brazos anchos y musculosos, llenos de piercings y arañazos, sus ojos gatunos y por último, sus labios. Se imaginó por un momento besando a Gajeel, y no pudo evitar ponerse roja como un tomate y apartar la mirada. Jamás podría hacerlo.- Deja de preguntar.
Levy salió corriendo, evitando a Gajeel, quien se quedó observando como la chica pagaba rápidamente y salía disparada de la tienda.
Levy se lo alejó a máxima velocidad y pensando que ya estaba lo bastante lejos se dirigió al gremio. Allí, se sentó en una mesa y empezó a leer el libro.
Después de varias horas, la noche se había apoderado de la ciudad de Magnolia y el gremio estaba lleno de gente y con mucho ambiente. Mirajane estaba cantando en el escenario, ya que tenía una voz muy bonita, y la balada que interpretó nos encantó a todos. Ya era bastante tarde cuando la gente empezó a marcharse del gremio.
Levy también se marchó bastante tarde. Había conseguido terminar de leerse el libro, pero sus esperanzas de besar a Gajeel eran tan incrédulas como las que tenía al comprarlo horas antes. Al salir del gremio, la tormenta estalló de nuevo, y se preguntó si se había convertido en la nueva Juvia. Paso por delante de una papelera y tiró el libro mientras exhalaba un profundo suspiro.
Soy tonta, ¿cómo pude pensar que ese estúpido libro me ayudaría? He perdido el tiempo.
- ¿Por qué lo tiras?- preguntó una voz grave a su espalda.
Levy se giró rápidamente.
- ¡Gajeel! ¿Qué haces aquí? ¿Ahora me sigues?
- No, que va.- miró el libro en la papelera.- ¿Por qué lo has tirado?
- Digamos que no me parece que sirva de mucho.
Él sonrió.
- ¿No has aprendido nada?
Ella movió lentamente la cabeza hacia ambos lados.
- Solo que los lugares más románticos son un parque, que siempre lleve chicles de menta dentro del bolso y que no sea babosa.
Él sonrió más.
- ¿Eras babosa antes?
Levy se rio.
- Creo que no.- repuso- No sabría decir.
Levy se quedó contemplando a Gajeel unos segundos. El silencio de la noche era interrumpido por la lluvia que caía sin cesar a su alrededor. La melena del chico estaba totalmente deshilachada y mojada y la ropa se le pegaba al cuerpo con bastante apego. Levy se mordió los labios y avanzó poco a poco hacia él. Entonces se puso de puntillas y cogió al chico de su camiseta, haciendo que se agachara y pegando su rostro al de él, juntó lentamente sus labios.
Parecía que el tiempo se había parado. El mundo había quedado sumido en un bucle eterno. Las gotas ya no repiqueteaban sobre la acera, los relámpagos del cielo eran tan solo una tenue luz a lo lejos y cada transeúnte que pasaba furtivo bajo la potente lluvia nocturna era simplemente un destello que pasaba rápido como un parpadeo o una brillante estrella fugaz. 
Levy no apartó sus labios de los de Gajeel por unos segundos. Eran gruesos y tenaces y le pareció degustar un cierto sabor a metal que la hizo sonreír para sus adentros. Pasado este tiempo, la chica se fue alejando de él con cuidado, apartando sus pequeñas manos del cuello de su camiseta y colocando sus pies en el suelo. Entonces volvió a escuchar todos los sonidos del mundo. El tiempo había vuelto a seguir su inevitable curso.
Gajeel se pasó el dedo pulgar de su mano izquierda por sus labios y miró a Levy, sorprendido. Después le dedicó una sonrisa extraña, que se debatía entre una cierta tristeza y algo más que Levy no supo interpretar.
- Me parece que te has aprendido bien la lección.- dijo Gajeel.
Levy sonrió, pero apartó los ojos, ruborizada.
- Gras-Gracias…- dijo.
Gajeel  extendió su mano izquierda hacia ella, quien la aceptó mientras le sonreía. Y así, ambos prosiguieron su camino y la maldición del amor fue resuelta.
¿O no?
 
 
FIN

Notas finales:

Espero que les haya gustado. Gracias por leer y por favor dejen sus opinios en los comentario.

Gracias!!

Usted debe login (registrarse) para comentar.