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Entre la Realeza y la Mafia por Kia Kuchiki

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Notas:

Disfruten!! O.-/

PD: Por cierto... lo he corregido y agregado algunas cosas.

Rukia era una chica de dieciséis años, hija de un importante empresario, era muy independiente pero por consiguiente también muy terca y prepotente. En lo que respecta a su físico, ella era muy bonita, no era tan alta y esbelta como muchas de las niñas ricas lo eran pero eso era porque prefería ser una chica natural que una muñeca plástica llena de operaciones. Tenía una larga y hermosa cabellera de color miel, que hacían resaltar sus enormes ojos de color violeta-azulados, su piel nívea era tan perfecta que era la envidia de sus “amigas”, no le faltaban pretendientes pero si le faltaba tacto para rechazarlos. A pesar de ser la  típica niña rica y mimada, que todo lo tenía, ella era muy buena de corazón cuando se lo proponía, amable, sensible, inteligente... solo que muy pocas personas la conocían de esa manera, y es que ella en realidad había formado una coraza que la mantenía protegida de personas que podrían llegar a lastimarla.

- Señorita Kuchiki, el Señor quiere verla en su oficina. – un mayordomo de la mansión se acercó a ella mientras se encontraba desayunando, y antes de hablarle hizo una reverencia en señal de respeto.

- ¿Mi padre? – Eso la tomó por sorpresa, su padre jamás quería verla a menos que se tratara de algún desastre que ella hubiera causado. - ¿He hecho algo malo?

- No que yo sepa Señorita, pero no se preocupe, él no estaba molesto cuando me lo pidió. – Rukia dudó un momento en contestarle, no sabía si tomar eso como algo bueno o algo malo, la última vez que su padre le pidió algo amablemente ella... un momento, ¡nunca le había pedido algo amablemente! Lo que es más, nunca había visto a su padre ser amable con ella, desde que tenía memoria él ni siquiera le había dirigido la mirada cuando le hablaba.

- Bien... en seguida  voy. Gracias Toshiro. – Le dedicó una amable sonrisa y salió rumbo a la oficina de su padre.

Abrió las puertas de par en par y encaró a su padre mostrando seriedad extrema en su rostro.

- ¿Es que no se te ha enseñado a golpear antes de pasar? – su padre se encontraba concentrado escribiendo sobre lo que parecían ser documentos de contratación.

- ¿Por qué? ¿Temes que alguna vez te encuentre en una situación comprometedora con alguna de tus tantas secretarias de la semana? – la mujer que se encontraba parada al lado de su padre, vestida con una falda lo bastante corta como para provocar y una camisa apretada y desabrochada hasta la mitad del pecho la miró y ahogó un pequeño gemido de preocupación que no pasó desapercibido para Rukia. – Tranquila cariño, de seguro tú durarás tres o cuatro días, tu delantera te juega a favor pero no por mucho, le gustan más las de pelo corto. – y así dejó sin habla a la mujer que ahora miraba apenada el piso.

- Rukia cierra la boca. – él le hablaba con un tono de voz algo áspero y frívolo, justo como lo hacía siempre. – Señorita Inoue puede llevárselo, y dígale que no me interesan sus amenazas en lo más mínimo. Buen día. – Le entregó esos documentos que había visto al principio.

- Así lo haré. Buen día, Byakuya. – el aludido no la miró pero dejó de escribir en otro de los papeles que ahora ocupaba y un tenso silencio se formó.

- Es Señor Kuchiki ¿Qué, quieres morir tonta? – le susurró Rukia a la muchacha. A pesar de haber sido hostil con ella anteriormente, ni a su peor enemigo le desearía tal calamidad de enfrentarse a un hombre tan frívolamente horrible como su padre. Llamarlo por su nombre de pila era algo que lo haría asesinarte con su mirada en menos de dos segundos.

- Ah sí, lo siento. Buen día, Señor Kuchiki. – hizo una reverencia y se fue. Al pasar por al lado de Rukia le susurró un “Gracias y... lo siento de verdad.” Y se alejó por la puerta por donde entró.

 

- ¿Por qué me has llamado? Esta vez no he hecho nada malo.

- Y por eso te estoy agradecido. – Rukia levantó la cabeza tan rápido que le ganó a la velocidad de la luz.

- ¿Qué? ¿He escuchado bien? ¿Tú... me agradeces? Padre creo... creo que estás mal, voy a llamar a una ambulancia o algún médico privado. Quédate aquí ya regreso. – se levantó de su asiento pero la voz de su padre la detuvo.

- Siéntate, necesito hablar contigo. – volvió a sentarse y el mundo comenzó a darle vueltas cuando por primera vez en toda su vida, en esos dieciséis años de existencia, su padre levantó su vista y la miró directamente a los ojos. – Eres mi hija ilegítima ¿lo sabías? – Rukia desvió la mirada ¿Para eso la llamaba? ¿Para recordárselo? – Eres el fruto de la aventura que tuve con tu madre hace dieciseis años atrás y debido a su muerte he tenido que criarte.

- Y dime ¿Es necesario tener que decírmelo ahora? Si quieres castigarme por algo prefiero que me quites las tarjetas de crédito o una de mis citas en Europa la próxima semana pero no desentierres el pasado, no necesito recordar mis orígenes.

- Silencio. – Rukia obedeció, a pesar de todo, a pesar de que él jamás le había tocado un pelo o le había levantado la mano, ella le temía, era la causa de sus pesadillas cuando era una niña. – Por suerte siempre fuiste independiente y nunca necesitaste de nadie para cuidar de ti misma.

- ¿Por qué me dices todo esto? ¿Iré a un internado o a la milicia? - nervios era lo que invadía su mente y un nudo en la garganta se le formó. Él no haría eso ¿O sí?

- No. Simplemente quiero hacerte saber que eres una buena niña. – Rukia derramó una lágrima, ¿Qué demonios era todo aquello? ¿Acaso iba a morirse mañana? – No pienso buscarte, te lo aseguro, pero sé que estarás bien pase lo que pase.

- ¡¿De qué demonios estás hablando?! ¿Desde cuándo ese instinto paternal? ¡Tú no eres así!

- Hoy al acostarte no te quites los zapatos, y guarda en ellos algunos billetes, te harán falta. - Para entonces, Byakuya ya no era capaz de mirarla a los ojos.

- ¿Qué?

- ¡Rukia, obedece! – él... jamás había gritado, al menos nunca a ella. Nunca había estado alterado ¿Qué ocurría? – Vete de aquí ahora mismo. – Rukia no podía moverse, se quedó estática en su lugar. – ¡¡VETE!! - ¿Por qué? ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué su padre se comportaba así? ¿Y quién era esa que se disculpó y de qué? Salió de la habitación y se encerró durante el resto del día en su habitación, no almorzó, no cenó... no quería nada, tenía el estómago revuelto por esa extraña conversación que tuvo con su padre.

 

A eso de las dos de la madrugada Rukia se despertó debido a los constantes ruidos fuera de su ventana, en el balcón.

- Me quedé dormida... – probablemente ya cansada de tanto pensar, le dolía la cabeza e intuía que eso se debía al gran estrés que se había causado en un par de minutos intentando averiguar el significado de cada palabra que había pronunciado su padre esa mañana. – Demonios, ¿Qué es ese molesto ruido? – Rukia procedió a abrir su ventanal, o eso es lo que se proponía cuando sintió que los vidrios eran rotos de un golpe. No tuvo tiempo de pensar así que simplemente comenzó a lanzar patadas y puños a todo aquel que se le acercara, sabía algo de taekuondo gracias a las clases que te Toshiro le había pedido que tome años atrás y nunca creyó que encontraría el momento adecuado en el que podría utilizarlo. Siguió peleando contra, tal vez tres ladrones, no los contaba bien en la penumbra de su habitación.

Destrozaron todo, mesa, sillas, su escritorio, hasta un pequeño estante que había sido regalo de su querido abuelo cuando ella tenía tan solo seis años. Cuando Rukia sintió que ya no podría seguir luchando llegó su mayordomo para salvarla, Toshiro podría ser dos años mayor que ella y aun así más bajo pero era increíblemente muy bueno con el taekuondo y el karate, realmente lo admiraba. En menos de cinco minutos logró desarmar a todos los ladrones que había allí en su cuarto, que ahora que los veía mejor con la luz encendida eran cinco, todos desmayados.

- ¿Está bien Señorita Rukia? – Toshiro se preocupó al ver los moretones que ella tenía por todo su cuerpo y la cortada en el extremo derecho de su frente. Le extendió su mano para que se levantara del suelo.

- No te preocupes por mí, estoy bien. ¿Tú cómo estás?

- Eso no importa, quédese aquí, llamaré a la policía y una ambulancia. – sin embargo cuando Toshiro se dirigía hacia la puerta Rukia gritó y él al darse la vuelta vio como una chica oculta bajo una máscara t+ipica de teatro, llena de mostacillas y brillo, se la llevaba luego de noquearla.

- ¡¡Señorita Kuchiki!! – Toshiro salió tan rápido como pudo de la habitación y saltó por el balcón justo como aquella mujer lo había hecho. La siguió por todo el enorme patio de la mansión pero al llegar junto a la piscina logró asestarle un golpe en la espalda que la hizo tropezar y caer, Rukia salió rodando por el césped, entonces Toshiro se enfrentó a aquella chica sin temor a dañarla.

- Te haré pagar por haberla lastimado.

- No seas tonto, si tú no me hubieras dado una patada ella no se habría lastimado.

- Tus hombres... ¿Para quién trabajan?

- Eso no es de tu incumbencia.

- Verás cómo te hago hablar maldita. – así, ambos se sumergieron en una ardua batalla que duró alrededor de diez minutos consecutivos, ninguno cedía a la fuerza del otro. Sin embargo, alguien llegó por detrás de Toshiro y con un golpe seco en la nuca lo dejó fuera de combate. Aquella mujer con la que peleaba estaba tan cansada que se desplomó por unos segundos en el piso junto a aquel muchacho, mirando el cielo nocturno que estaba nublado.

- ¿No pudiste haber llegado minutos antes? Me habrías ahorrado todo este cansancio.

 - Sí llegué antes, de hecho vi todo desde aquella silla de por allá pero preferí observar un poco como iba la cosa. Casi te deja fuera de combate - Prefirió callarse ante la furiosa cara la mujer. - ¿Crees que sea bueno llevárnoslo Hinamori?

- No lo sé. – Se sentó en el césped mirando fijamente a aquel muchacho. – Es realmente bueno en las artes marciales, aunque me pese decirlo. Pero, él es un enemigo.

- ¿Entonces?

- Tu dime Abarai. – Y lo miró directamente a los ojos reflejando seriedad en su rostro.

- Llevémoslo, si no le sirve al jefe solo lo matamos y ya.

- Bien. Tú lo cargarás ¿Dónde está Madarame?

- El pobre fue noqueado en el cuarto.

- Ese idiota...

 - ¡No hables antes de tiempo Abarai! – desde lejos se podía ver como dos hombres se acercaban lentamente a donde los otros se encontraban.

- ¡Madarame, Yumichika! Idiotas ¿Cómo se dejaron vencer por alguien como él? – Ambos iban a contestar pero fueron interrumpidos por Hiinamori nuevamente. – No me interesa, ¡¡Muévanse!! Y llévense a la chica de aquí, esta noche partiremos nuevamente a la zona del Rukongai.

- ¿Ese menordomo vendrá con nosotros?

- Siempre con tu gran sentido del humor Ikaku. – Abarai lo miraba con cara de pocos amigos – Pero sí, éste de aquí vendrá con nosotros.

- ¿Por qué?

- Porque, Madarame idiota, él fue el “menordomo” que se ha encargado de noquearlos allá arriba. – Hinamori se encontraba realmente molesta, gracias a esos inútiles habían sufrido un contratiempo de casi quince minutos y eso era demasiado para ella.

- No fue mi culpa.

 - Pero si fue tu incompetencia. – Yumichika y Abarai rieron por lo bajo. - Así que les parece gracioso ¿Eh? Bien, ¿qué tal una noche sin cena? Puedo tenerlos como a mis mascotas si quiero, recuerden que el Señor me ha dejado a cargo y me ha dicho que puedo tomar represalias en contra de ustedes. – Ante el inminente silencio de los tres hombres Hinamori sonrió, siempre sabía cómo mantenerlos a raya y por eso su Señor le confiaba misiones de alto rango como esas. – ya vámonos ¿Dónde están Kensei, Hisagi y Kaien?

- Siguen en el suelo, allá en la habitación de arriba.

-  Yo me encargaré de esta chica, despiértenlos y muévanse de una vez. Partimos en tres minutos, quien no está en la camioneta se quedará por su cuenta.

- Señorita Hinamori ¿Cómo sabremos dónde ir si nos quedamos varados en la calle? – Hinamori sonrió sobradoramente ante la pregunta de Yumichika.

- Averígüenlo por sí mismos muchachos, tienen dos minutos. – dicho esto se dio la vuelta y tras agarrar el cuerpo de Rukia con una increíble agilidad, desapareció en la oscuridad de la noche.

Mientras ellos se encargaban de desaparecer rápidamente de la mansión con algunos de sus compañeros en brazos, ninguno notaba que desde uno de los innumerables balcones un par de ojos grises había observado todo lo ocurrido con una parsimonia que a cualquier padre repugnaría.

 

ooOoo

 

Rukia despertó como si se tratara de cualquier otro día, su cabeza estaba recostada sobre algo suave y cómodo pero su cuerpo estaba sobre algo frío y duro, sin abrir los ojos estiró los brazos para agarrar alguna sábana que de seguro estaría esparcida a sus pies, sin embargo solo alcanzó a tocar lo que parecían ser papeles.

 - Señorita Kuchiki ¿Cómo... cómo se encuentra?

- Toshiro alcánzame las sábanas hace frío, y si puedes hacer cambiar este maldito colchón mi espalda te lo agradecería. – Toshiro no podía comprender lo escuchaba ¿Había olvidado lo que había pasado?

- Me encantaría poder hacerlo pero... Señorita Kuchiki, usted ¿recuerda algo de la noche anterior?

- ¿Y esa pregunta? Claro que... – los recuerdos se agolparon en su mente como si fueran martillazos fuertes de su inconsciente.

 

- Gracias y... lo siento de verdad.

Ooo

- Te estoy agradecido.

Ooo

- ... quiero hacerte saber que eres una buena niña...

Ooo

- Hoy al acostarte no te quites los zapatos, y guarda en ellos algunos billetes, te harán falta.

Ooo

- ¡¡VETE!!

Ooo

- ¿Está bien Señorita Rukia? ... llamaré a la policía y una ambulancia...

 

Se sentó de golpe y abrió los ojos con tanta rapidez que la luz de la habitación o... donde sea que estuvieran la mareó y por poco se cae de no ser por Toshiro que la agarró por los hombros.

- Oh por Dios, no puede ser... ¡Oh por Dios! – Se giró y miró suplicante a su mayordomo. – Por favor, dime que no es cierto, ¡TOSHIRO DILO!

- Lo siento señorita...

- No puede ser, no... no puede ser...

- Señorita Kuchiki cálmese por favor, todo va a estar bien pero solo si se tranquiliza.

- Es lo peor que puedes decirle a alguien que no está tranquilo Toshiro.

Pasaron dos horas según lo que Rukia estimaba, ambos inspeccionaron el cuarto, era pequeño y solo había en él una cama toda roída, una mesa y una silla, ambos de madera y también deterioradas, y un cuadro roto colgado en la pared que poseía la horrorosa imagen de una rata partida a la mitad y su sangre fluyendo por el vacío. Había una pequeña ventana en una de las paredes pero estaba asegurada con barrotes por los que apenas pasaría una mosca y por ella se podía ver literalmente un campo de extensión indefinida, y la puerta... bueno esa no era una opción, estaba hecha de hierro, un hierro puro y por lo que aparentaba ser, demasiado grueso como para si quiera hacerle un rasguño. Todo estaba perdido, al menos eso era lo que Rukia decía.

- Señorita Rukia, lo siento por no haber podido protegerla yo...

- Primero Toshiro, ya no me digas Señorita Rukia o Kuchiki ¿Bien? Solo dime Rukia, ya no soy la hija de Kuchiki Byakuya, y segundo no te disculpes por algo que no se podía evitar, tal vez si yo me hubiera dado cuenta antes... - La culpa se había hecho presente en ella y un nudo insoportable en la garganta quizo ahogarla.

- ¿De qué habla? ¿Y a qué se refiere con que ya no es la hija de Byakuya Kuchiki? – Ella sonrió tristemente.

- Él... la conversación de ayer por la mañana... él sabía que esto pasaría, por eso me recordó que no era su hija legítima y me advirtió que no... que no me ayudaría. – una pequeña lágrima de tristeza e impotencia rodó por su mejilla al recordar.

 

- Señorita Inoue puede llevárselo, y dígale que no me interesan sus amenazas en lo más mínimo. Buen día.

Ooo

- No pienso buscarte, te lo aseguro, pero sé que estarás bien pase lo que pase.

Ooo

- Hoy al acostarte no te quites los zapatos, y guarda en ellos algunos billetes, te harán falta.

Ooo

- ¡¡VETE!!

 

- No se preocupe, nada malo le pasará, yo no lo permitiré. – Él la miraba con ojos decididos y ella confiaba en su mayordomo y mejor amigo de la infancia como en ningún otro. – Es una promesa.

Rukia estaba aterrada, jamás le había pasado nada parecido y en nada se asemejaba a las películas de acción que ella veía. Abrazó a Toshiro y comenzó a llorar desconsoladamente; en el momento que salieran de ese lío, y juraba por la memoria de su madre que así sería, metería a la cárcel a su... progenitor y lo dejaría que se pudra ahí mismo. Se vengaría de Byakuya Kuchiki costara lo que costara y aunque fuera lo último que hiciera en su vida.

Notas finales:

Bueno... Anímense a criticar o darme consejos... Comentar qué les pareció nunca está de más y me agrada. :3

 

Nos leemos pronto!! Bye!!! O.-/

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