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8.8, relatos de una madrugada de febrero por Vago

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Notas:

primero que nada: no es totalmente falso, ni totalmente real, junte unas 3 o 4 historias de una revista y cree esto, originalemnte pirata.

*dedicado a los que todavia viven en mediaguas, y a los que sueñan con el pasado distante de antes del fin de ese verano*

Unos jóvenes celebraban la salida de la universidad tomando fuertes tragos de un sorbo, uno de ellos acaba de pasar la prueba
- vale, esa... esa estuvo, fuerte- dijo luego de gesticular un rato para recuperarse, luego estornudo y se paso las manos por su pelo, negro como ala de cuervo.
- si no puedes, no tomes weon- dijo Raúl al lado suyo, Raúl era el hermano de la Ana novia del hermano de Carlos, José, ellos tres, mas el mejor amigo de Carlos, Juan conformaban el cuarteto que estaba tomando tragos alrededor de un asado en Dichato. Estaban celebrando, como muchos otros, sus pocas semanas de libertad antes de entrar a la universidad. Pobres. Les espera algo malo
Habían estado tomando tragos unas… 4, 5 horas, no se acuerdan, pero la verdad es que del asado quedan solo brasas ya. –aparte, que ninguno de ustedes sabe lo que es tener un hijo, mañana tengo que levantarme temprano- termino de despedirse José, mientras se entraba tambaleándose. Sus amigos protestaron, pero no les hiso caso. Total, sus amigos siguieron tomando, ¿Qué eran ya las dos de la madrugada? No ¡que recién eran las 2 de la madrugada! Para ellos no terminaba, no les importaba mucho, total, mañana tenían que partir antes de las doce a Santiago o Marta, la dueña del lugar donde alojaban los echaba, era así de simple.
-y ustedes han visto a los hijos de la marta- dijo Carlos, -dos enanitos chiquitos, pero el más grande si lo ves de lejos es igual a mi sobrinito, ¿lo han visto?-
-mira a este weon hablando tan orgulloso de su sobrino, que no es tuyo imbécil- dijo Raúl un poco cagado de risa, Caros, por supuesto se lo tomo a mal, total, para lo atontados que estaban.
-mira o te retractas o acá mismo te mato- dijo Carlos, parándose, pero se tuvo que agachar, la coordinación le fallo. Juan, que era el que por suerte se había contenido a la hora de tomar, los logro contener. Pocos segundos después los chicos se estaban abrazando los tres junto al pancho. Entonces tocaron las 3.34.
La tierra se sacudió. 
Los pobres amigos no tenían ni idea de lo que pasaba, solo atinaron a mantenerse juntos mientras podían. Apoyados unos con otros, el temblor fue cada vez más fuerte, la tierra se sacudía, no podían casi mantenerse en pie, la barbacoa al lado suyo se tambaleaba, los cables en sus cabezas sacaban chispas, la barbacoa se cayó. La pierna de Carlos recibió el impacto del metal, y las quemaduras de las brasas.
-AAAAHAHAHAH!!- gritaba el pobre, sus amigos poco pudieron hacer hasta que paso el terremoto. Cuando le sacaron el pie, lo tenía quemado en muchas partes, en unas solo levemente, en otras, se le podía ver la carne quemada. Carlos todavía no recuerda un dolor tan grande como ese.

La Doña Marta se levanto pensando en una sola cosa. Sus hijos, había dejado al más grande con una de sus arrendatarias, , pues el hijo de ella se llevaba bien con él, al lado suyo, Felipe lloraba a todo pulmón, tenía un año y ni idea de que estaba pasando.
-ya, mi amor, ya está pasando, ya está pasando- pero en el fondo, sabía que eso era mentira.

Ana no había dormido “mucho” digamos, pues cuando llego José, digamos, que “aprovecho” el tiempo. Total, que estaba despierta, y en el baño cuando ocurrió el terremoto. Su hijo y le hijo de Marta estaban con Juan en la pieza. 
Pero ella no podía ir allí, el terremoto se lo impedía, no se podía casi mover, era impotente totalmente impotente.
José en la pieza tampoco estaba mejor, el soporte de la puerta se había caído, ahora solo pidan esperar….
Y esperar.

Lejos en el mar, Don Raúl estaba pescando con Fede, en su barquito, cuando sintieron una ola rara.
-bah, ¿que será eso?- pregunto extrañado Fede. Primera vez que le pasaban cosas así. Don Raúl en cambio estaba pensativo, tenia sospechas, el estuvo en un terremoto antes, y también estuvo en altamar, y esa ola le era muy familiar.
- Fede, vamos a la costa- Fede lo miro extrañado, Don Raúl tendría aproximadamente 55 años, y tenía tres hijos, uno, con su primera esposa ya estaba en la universidad, los otros dos, estaban en casa, con Marta, su segunda esposa.
-¿porque? la pesca esta buena- Don Raúl lo miro firmemente, y dijo.
-porque eso no era una ola normal-. Fede lo miro sin entender, pero Raúl solo sabía una cosa, que su esposa Marta estaba en peligro...

Y al fin, ceso. El terremoto. En el chile no costero eran momentos de pánico entre replica y replica de que no se te cayera la casa encima, pero en un puerto como Dichato el pánico era diferente.

-mierda mi pie – el dolor era casi insoportable para Carlos, tenía la pierna con la carne afuera y graves quemaduras, pero aun así no era el peor de ese lugar. Pues dentro, José estaba atrapado. No tenia espacio para salir.
-MAMIII MAMIII- gritaba el pobre Toñito, tenía cuatro años de edad, era flaco y de pelo castaño oscuro, bastante parecido a su padre, al lado suyo, el hijo de doña marta, Andrés lloraba, era un niño gordo, pero tenía la misma cara que Toñito. Por eso se habían llevado bien.
Ya Toño tranquilo, acá viene mami- lo trata de consolar José, sin lograrlo, el niño lloraba, y José trataba de abrir una puerta casi inamovible. El soporte había caído totalmente y la pared se había derrumbado sobre la puerta, arriba había un pequeño espacio, quizás… no, era mejor quedarse juntos. Total era solo un terremoto, solo un terremoto.
-Andrés ¡hijo mío! ¡¡ANDREEES!!-gritaba marta por la casa, Andrés a su vez la llamaba y pronto se encontraron, con una puerta entre ellos, Ana también estaba, tratando de mover la puerta.
-es inútil, esperemos a los de rescate, hasta entonces les podemos dar comida y agua por el hoyito.- dijo Ana convencida, lo había hablado con José, y pensaban que era la mejor idea. Por supuesto, cuando le dijeron la idea a Marta, ella negó.
- no hija mía, tiene que salir ahora, si no, la ola-
.que ola doña Marta- grito José desde el otro lado, por supuesto Andrés supo la respuesta.
-mama, corre tu, por Felipe- grito el niñito, José y Ana estaban cada vez mas confundidos.
-¡¿pero qué ola doña marta?!- grito Ana, asustada.
- El Maremoto hija, que se viene el maremoto- dijo marta, a punto de ponerse a llorar. Ana lo asimilo. Maremoto. Estaban muertos
Fuera, Raúl y José estaban tratando de Ayudar como podían a Carlos, le echaban agua, crema, lo que encontraban, el susto les quito totalmente la borrachera. Pronto se dieron cuenta que la única oportunidad era entrar a Carlos, adentro verían que es lo que hay que hacer.
Dentro, vieron que todo era un caos, Marta empacando, apenas unos recuerdos familiares y cosas así con lágrimas, y Ana gritando al lado de una puerta derrumbada.
-¡CARLOS!-grito Ana totalmente asustada-¡QUE TE HA PASADO!- Carlos solo gimió para respuesta, Raúl lo miro, y movió lentamente la cabeza
-se le cayó la barbacoa encima, esta mas o menos no mas- dijo con voz grave. Dentro, José gritaba que le dejaran ver a su hermano, cosa imposible por supuesto. Siguieron discutiendo varios minutos, Doña marta se urgía por irse, sabía que el maremoto estaba cerca. Pero Ana no se quería ir sin si hijo., el pobre Toñito lloraba al principio, hasta que se dio cuenta de algo. Por encima de la puerta derrumbada había un hoyo, un hoyo, que nadie se había dado cuenta, por donde cabía.
-papa, yo quepo allí- dijo el niño mirándolo después de un rato, José lo miro, entre asustado y esperanzado, la única oportunidad que tenía su hijo de salvarse al parecer. No podían perder esa oportunidad.
Haciendo Apenas Fuerzas, José tomo a su hijo y lo alzo por encima de su cabeza, hacia el reducido hoyo, entre medio de raspones y suspiros, Ana lo tomo del otro lado, a salvo. Al fin podían salir de ahí. O no
-ANDRES HIJO!-grito la doña marta-¡SALE TU TAMBIEN!- pobre, no hay como, no hay manera, tan simple como que no cabe, no cabe. Pobre. Lo intentaron un rato, pero los arañazos y trabas no ayudaron, además el tiempo jugaba en su contra. Pero Marta no quería marcharse sin su hijo, no la pudieron convencer, nadie, excepto otro temblor, una fuerte replica que movió de nuevo la tierra, el miedo pudo más, y a su pesar, marta salió corriendo de edificio. Colina arriba, subiendo, alejándose del peligroso mar, 
Dentro de la habitación, La réplica empezó a mover fuertemente las paredes, José y Andrés estaban agarrados el uno con el otro, en medio del escenario apocalíptico, escuchando los crujidos de la madera, rompiéndose, sintiendo el techo caérseles encima, paso pronto, mas rápido que el primero, pero igual dejo la estela de miedo.
José miro alrededor, los cuadros caídos, las paredes trizadas, los juguetes tirados… un momento ¿las paredes trizadas? En efecto, las paredes estaban rotas en unas partes, podían salir, si podían.
-¡¡EH, ME ESUCHAN!!-gritaba para afuera-¡¡PODEMOS SALIR, VENGAN A BUSCARNOS CON UN HACHA!!-
Fuera, los jóvenes solo lo escucharon, Doña marta estaba medio sorda, por lo que paso desapercibido, pero para Raúl, Carlos y Juan, que lo habían escuchado, significaba esperanzan. Se miraron, sin saber qué hacer. Carlos y Juan no podían, pues la pierna de Carlos casi le impedía moverse, por lo que Juan lo ayudaba; y las dos mujeres estaban con sus hijos, solo quedaba Raúl, Lo discutieron entre susurros, y luego Raúl le hablo en voz baja a Ana, antes de irse, Ana lo miro, Asustada, pero no podía decir Nada, Doña Marta ni se había enterado de esto, y para cuando se enteraran , ya iban a estar arriba en el cerro, a salvo. Sin embargo, Ana miro a su hermano marcharse fuertemente dolida, Pensando que iba a perder no solo a su novio, sino a alguien que la había criado desde chica.
“lo hare por ti hermanita” todavía sonaba su voz “y por mi sobrinito, para que no esté huérfano”. Ana suspiro “pero si pudiera elegir, preferiría que fuera solo huérfano que además fuera huérfano y sin tío”.

Raúl bajo callado y saco un hacha de la leñera. Mientras, José y Andrés gritaban, para que los escucharan, los Hachazos de Raúl les sonaron a gloria, podía escucharse perfectamente.
-AGUANTA CUÑADO- le gritaba Raúl desde dentro, Mientras José lloraba de felicidad, Alzando a Andrés por encima de su cabeza, abrazándolo como si fuera hijo suyo, la alegría era casi indescriptible, se habían salvado, se habían salvado… salvados.

Afuera Raúl trabajaba afanosamente en la pared, haciéndola añicos, teniendo en cuenta la presión que tuvo estas tablas, estaban casi todas quebradas, pero a Pesar de que Raúl era bastante fuerte, nunca había antes empuñado un hacha, y la inexperiencia le pesaba mucho, la madera le resentía, trizada y todo le costaba mucho romperla, pero a mas maña que fuer4za, pronto se empezaba a armar un agujero.
Dentro, José y Andrés se abrazaban aun mas, alegres, y esperanzados, pero la alegría pronto la paro una réplica mas, ahora abrazados pero con miedo.
Afuera, Raúl tuvo que parar, asustado, ahora sobrio , vio el espectáculo aterrador, los cables de electricidad chocaban entre sí, lanzando chispas para todos lados, dándole a todo un aspecto lúgubre y apocalíptico, enfrente de él la casa bailaba, y las tablas se iban cayendo por la debilitación del hacha, al final, Raúl se quedo mirando a unos perplejos José y Antonio. La pared que otrora estaba allí, había desaparecido.

Lejos, colina arriba, Doña marta recuperaba el aliento después del sismo, luego, volvió la vista al grupo que los rodeaba, que raro, hubiera jurado que antes al salir de la casa eran más…
“cosas mías” pensó la mujer antes de seguir colina arriba, apurando a los jóvenes que estaban abajo suyo

La ciudad era un espectáculo totalmente apocalíptico y raro. en casi todas las esquinas habían edificio destruidos, terrazas caídas postes de luz quebrados, pero por si fuera poco, en las calles, personas como ellos ignoraban lo que pasaba, y seguían tomando licores, total, eran turistas… pobres, pero no se podían ocupar de ellos, estaban perdidos ya. Solo podían avanzar, lejos del mar, colina arriba.

Según muchos, lo que salvo a millones de chilenos de la muerte por el tsunami fue el sentido común, y la cordillera de la costa. Apenas a unos kilómetros de la costa, esta era mucho menos abrupta que al cordillera de los andes, eran cerros y montes, pero que daban una excelente protección contra el mar, ya fuera por una invasión marítima, o en este caso, una ola gigante. Sin embargo, Raúl, José y Andrés estaban todavía demasiado cerca de la costa, ellos lo sabían, lo supieron apenas Andrés dijo:
-oigan.. Eso del fondo- Raúl va a contestarle que se callara, pero dio la vuelta para ver, lo que vio, lo dejo helado.
El mar se alzaba. Se veía mucho más alto en el horizonte, no podrían, no iban a llegar. Raúl se acerco a José.
-José, mira hacia atrás-le susurro, José soltó una grosería, y miro alrededor, ambos buscaban lo mismo, un edificio algo alto, pero no tan destruido. Nada habían alrededor, lo único l suficientemente alto era unos departamentos sema destruidos que probablemente se vinieran abajo con las aguas.. O tal vez…
Si, más allá había un pequeño monte, y encima unas casas de dos pisos, si pudieran llegar al techo de esas casas.

Mar adentro, Don Raúl miraba impotente como una inmensa ola se acercaba tierra adentro, trataban de acercarse a la costa, pero no podían hacer nada, no hasta que la ola pasara.
Por supuesto, nunca faltan los frescos, Una mujer vio una casa abandonada, y vio varias carteras botadas, Perfecto. Miro a su bebe, y suspiro, tenía que alimentarlo ¿no?.
No vio la ola.
Marta vio impotente desde un cerro como la ola se llevaba su casa, y como la gente se quedaba atrapada, era como un remolino te tiraba con fuerza contra todo solo que te tiraba hacia afuera. Ana a su lado miraba, esperando ver si reconocía a Raúl o a José, Juan en cambio escuchaba la radio, donde se comentaba los tsunamis y que hacer en el caso, y esperando cuando dijeran que iban a mandar ayuda a los damnificados, que el gobierno se había enterado, cualquier cosa…
Lo último que escucho fue muy claro:
“Por fin buenas noticias, según el gobierno de chile y la ONEMI no hay alerta de tsunami, a si que oyentes de las regiones costeras, ya pueden relajarse”.
Buenas noticias

Encima de un techo de la casa Andrés oscilaba entre la vida y la muerte, Raúl y José habían logrado llegar apenas a la casa antes de que largara la ola, pero en ese momento estaban subiendo a Andrés, el pobre quedó con medio cuerpo fuera, cuando la ola golpeo, otros supervivientes trataban de aferrar al niño, con pocas opciones, quedaban segundos apenas hasta que se suelte, la ola era demasiado fuerte.
José lo miraba absorto, al otro lado de su Mano un niño estaba a punto de morir, al otro lado, Raúl lo miro y supo que es lo que tenía que hacer, se empezó a sacar la chaqueta, y los zapatos, 
-¡Raúl!¡no!-grito José, adivinando lo que iba a hacer-¡Piensa en tu hermana!- este respondió –por eso mismo lo hago, es mejor que el bebe tenga un padre a un tío- y antes de que alguien pudiera hacer nada, fuertemente aferrado de las pasadas de agua del techo, se lanzo al agua, mientras tiraba a Andrés hacia arriba.
El chorro, es solo comparable a una bomba al lado tuyo, el golpe casi no te dejaba respirar, pensó que iba a morir, pero no se rindió, Y con todas sus fuerzas tiro a Andrés esta vez soltando de de donde so agarraba para tirarlo encima, lo logro, lo tiro una fracción de segundo y cayó a salvo, el problema es que el quedo arrastrado. La ola lo tiro con violencia para abajo, pero Raúl pronto sintió que podía hacerlo, total, era buen nadador y aguantaba bastante bajo el agua.
“¿Cuánto puede durar la ola?”Se preguntaba ”total, yo he logrado aguantar varios minutos sin respirar y creo que podre salir a respirar de tanto en tanto” casi para confirmarlo, la salió al aire y dio una gran bocanada de aire ¿Cuál era el riesgo?.
Lo descubrió al ver el pie del puente acercarse demasiado rápido.
-¡RAUUUUUUL!- grito José llorando, lo vio, lo vio todo, unos pocos kilómetros más allá, en el puente encima de un rio chico, lo que quedaba de Raúl era una mancha de sangre, que pronto se borro con el pasar del agua. Cual mosca aplastada murió, 

No muy lejos de ahí, el bote de don Raúl no tenia pasajeros, ambos se habían bajado para ver que había quedado de la Casa del pobre viejo, Fede soltó por lo bajo –ay dios, mirá lo que paso- en un tono cantadito de argentino, la casa estaba totalmente derrumbada. Raúl corrió, asustado, mirando por debajo de las paredes, Fede lo imito
-Don Raúl yo no veo cadáveres- dijo el chico, tratando de animarlo, hasta que sacando una piedra unas tablas se cayeron, y vio los restos del pecho de una mujer ya mayor. Soltó un grito y Raúl vino a mirar, con esfuerzo, lograron quitar lagunas piedras.ahi lo vio, definitivamente era Marta, tenía cerca suyo el cadáver del bebe. No podía ser verdad. – ¡Al bote!- grito Raúl, Fede dudo pero le obedeció ¿Qué más podía hacer?.
Raúl lo miro, y saco solo una cosa un revolver algo oxidado, Fede ahogo un grito
- ¡Pero don Raúl! ¿Qué piensa hacer?-pese a que era muy obvio –no lo haga, ¡no tiene porque!-
-Fede, mírame tengo cuarenta y cinco años, viví con mi mujer veinte años, durante los que pensamos que nunca íbamos a tener hijos, hasta que nacieron mis retoños… eran mi vida Fede- el viejo lloraba, miro alrededor, El agua en gran parte de la ciudad seguía ahí, y había mucha gente en algunos techos. –tu llévate el barco, y saca a la gente de los techos, yo, yo ya no quiero hacer nada-
Fede lo observó en silencio, pero no dijo nada en contra, solo lo obedeció, que mas podía hacer.

Arriba, en la colina, Marta casi llora de placer al ver el barquito de su esposo, el agua paraba unas colinas más abajo, aunque la ola estuvo bastante cerca, pero se salvaron, miraron como el barco sacaba gente de los techos, y vieron cuando se acercaba, mucha gente se paro, y gritaba nombres mientras iba corriendo a buscar unos supervivientes. Carlos lo vio primero, y grito
-¡JOSEEEE!- hizo ademan de pararse, pero la pierna se lo impidió, Juan a su lado lo volvió a tirar al suelo, total, Ana corría por él.
-ay, José, pensé que te habías ahogado, y mírate Andrés, estás vivo-le dio un beso- vas a ver qué feliz se pondrá tu madre… y Raúl?- el hombre negó con la cabeza y ella se cubrió los ojos, llorosos y tristes ahora. Fede los miraba, pensativo. Entonces la mujer que menos se esperaba salió de la nada para abrazar al pequeño, Fede se quedo mudo, conmocionado, pero la mujer no se detuvo allí, fue y Abrazó con fuerza a Fede, sonriendo
-Ay, Fede, que me hace bien verte- Entonces Doña marta reparo en lo confuso y asustado que estaba-¿pasa algo malo?-
-doña marta… don Raúl está a punto de cometer un grave error-


Colina abajo, Don Raúl miro al cuerpo inerte de la que pensaba que era su mujer, y suspiro, al final, se había salvado para nada, pero que más le iba a hacer, empezó a recordar unos versos de Neruda, de esos que le cantaba a marta en su juventud, pero ya la memoria no es lo mismo que antes, y apenas se acuerda de la melodía con la que lo hacía, pero el recuerdo fue dulce, tan dulce, que reencontrarse con ella parecía tan bonito.
Incluso aunque tenga que morir.
Feliz, apuso el cañón en su sien y apretó el gatillo.


El disparo resonó en el monte, y marta se tiro al suelo, llorando. Era demasiado tarde, demasiado tarde, no lo entendía.
¿Por qué?
¿¡Por qué!?
¿¡POR QUE!?

No había respuesta. 
La muerte de su Hijo la asimilo con valor, porque era lo que debía hacer, por su hijito menor, Toño. La muerte de Raúl también, era buen hombre, pero salvo a alguien. La muerte de su esposo… ¿Por qué fue? No tenía sentido, pareciera que el destino le hubiera jugado una broma macabra, con un final cargado de dolor.
Y mientras tanto, amanecía, y el mundo le daba la bienvenida al 27 de febrero, y a la despedida de muchas vidas


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