Ven conmigo by Hela

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 Ven conmigo by Hela
Summary:

 

Ser la reencarnación del mago más poderoso del mundo no es algo sencillo, mucho menos cuando eres un niño de cinco años. Para Watanuki, esto va mas allá de simplemente conceder deseos...

 



Categories: XXXHOLIC, CARD CAPTOR SAKURA Characters: Ninguno

Generos: Drama

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 5 Completed: No Word count: 15712 Read: 1644 Published: 09/07/2011 Updated: 06/09/2012
Summary:

 

Ser la reencarnación del mago más poderoso del mundo no es algo sencillo, mucho menos cuando eres un niño de cinco años. Para Watanuki, esto va mas allá de simplemente conceder deseos...

 



Categories: XXXHOLIC, CARD CAPTOR SAKURA Characters: Ninguno

Generos: Drama

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 5 Completed: No Word count: 15712 Read: 1644 Published: 09/07/2011 Updated: 06/09/2012
Story Notes:

 

Este fic se basará en el manga de xxx Holic y el anime de Card Captor Sakura

 

Story Notes:

 

Este fic se basará en el manga de xxx Holic y el anime de Card Captor Sakura

 

Capítulo 1 by Hela

 

"El sueño de esos chicos apenas comienza, deseo para todos ellos la mejor de las fortunas"

Yuuko -Tsubasa RESERVoir CHRoNICLE (Manga)-

 

Ese día, sería un día especial.

Muy temprano por la mañana, los señores Hiragizawa se habían levantado y arreglado con el fin de comenzar con los preparativos del quinto cumpleaños de su único hijo, Eriol. Cuando salieron de su habitación, procuraron hacer una escala inicial en el cuarto del pequeño festejado; como todavía era muy temprano sabían que el niño seguiría dormido, así que entraron con todo el sigilo del que fueron capaces y se acercaron a la cama que centraba la habitación prácticamente de puntillas.

Y ahí estaba, ese pequeño ser que lo era todo en sus vidas, por ese bultito arropado entre las sábanas harían y darían lo que fuera, no había amor más grande que el que profesaba ese matrimonio por su hijo. La madre se le acercó despacito pero no pudo evitar el deseo de acariciarle la frente al verlo tan tranquilo así dormido.

Por un momento el niño pareció percibir aquel gesto y los adultos incluso contuvieron la respiración para no despertarlo, Eriol se removió un poco en la cama, se dio vuelta hacia el otro lado y siguió durmiendo. Ambos dieron un suspiro de alivio y volvieron sobre sus pasos, sin saber que el alivio debería ser el último sentimiento que cruzara por sus cabezas, pues esa sería la última vez que verían a su hijo.

Y esa sería la última caricia que aquel pequeño recibiría de su madre.

Y de ese modo se quedó el niño, solo en medio de las penumbras, más solo de lo que él o sus padres imaginarían, irónicamente con el asomo de una sonrisa que nacía a través de un singular sueño que estaba teniendo en esos precisos instantes. Un sueño donde volaba  junto a ángeles y leones, sonrisa que en mucho tiempo no volvería a formarse en su rostro, pues cuando el sol se coronara por en lo alto del cielo y el niño se levantara todavía con el vívido recuerdo de aquel hermoso sueño, llegaría finalmente la notica, las lamentaciones y la lástima.

-¡Tan pequeño! -escucharía los sollozos.

-¿Y ahora quién se hará cargo de él? -se mencionaría sin cesar.

-¡Qué terrible, que accidente tan terrible!

-¿Su padre no era japonés? ¿Tendrá en Japón algún familiar?

No lo tenía. El pequeño estaba solo.

Su casa se llenaría de gente extraña, desconocidos que acudirían a ofrecer su pésame a un niño que apenas y comprendía el significado de esa palabra. Gente que no dejaría de decir una y otra vez: "tu padre era un buen hombre" o "tu madre era tan hermosa y gentil".

¿Y es que ya no lo eran más?

¿Acaso mamá y papá no volverían nunca?

¿Quién le había explicado lo sucedido al niño?

Entre tanta gente alrededor, nadie alzó la mano para cumplir con esa tarea.

****************************

En la mañana del 23 de Marzo, el propietario de la tienda se apoyaba tranquilamente en la entrada de su hogar y negocio, fumando tranquilamente después de despedir otro cliente más satisfecho. Ese día la jornada había iniciado temprano, pensaba mientras disfrutaba fumar de su Kiseru; lo que el soñador no sabía, era que la jornada no solo fue madrugadora, sino que todavía no terminaba y que el verdadero trabajo apenas empezaba.

Soltó una bocanada suavemente por la boca formando listones de humo que lo envolvieron de una manera casi sobrenatural, sin embargo, la persona responsable de hacer aquello no puso la menor atención en las formas irregulares que sus exhalaciones provocaban, en  cambio, levantó la mirada y caminó con paso decidido hacia el jardín.

Se detuvo bajo el cerezo que reinaba el lugar y observó con atención hacia su follaje verde. Dada ésta su posición, le daba la espalda a la entrada de la casa, así que no vio cuando Mokona se acercó rebotando con alegría y se detenía justo detrás de él. La criatura observó con detenimiento a Watanuki y ladeó la cabeza.

-Los cerezos ya están floreciendo -, dijo repentinamente el propietario- este año se adelantaron un poco.

-¿Cómo lo sabes? -Preguntó Mokona extrañado- ¿No esperarás a que lo anuncien en el meteorólogo?*

Kimihiro sonrió y alzó la mano acercándose para tocar el grueso tronco del árbol.

-Solo hay que saber escuchar -al momento de decir esto,  su mano tocó al fin el tronco y sus ojos se cerraron, incluso Mokona pudo sentir un viento rodear al hombre de los anteojos y también pudo verlo, cuando sus cabellos comenzaron a moverse.

Fue solo por un momento, pero Mokona pudo darse cuenta, Watanuki había abandonado este mundo para adentrase en el de los sueños, pero como ya se había percatado, eso solo fue por un momento, pues rápidamente el aludido volvió a abrir los ojos, esta vez con una mirada más seria, incluso más misteriosa.

En  momentos como ese era cuando le parecía volver a ver a Yuuko.

-Ahora vuelvo -murmuró de pronto.

-¿A dónde vas? -inquirió Mokona con inquietud.

-Al cuarto de los tesoros.

Maru y Moro se hicieron rápidamente a un lado del pasillo cuando Watanuki atravesó el lugar tal si fuera un torbellino seguido muy de cerca por Mokona. Nunca lo habían visto actuar de esta manera, parecía que nada sería capaz de detenerlo y con mucha curiosidad lo siguieron a él y a Mokona hasta la ya conocida habitación de los tesoros.

Tanto Maru y Moro como también Mokona, se quedaron apenas en el marco de la entrada y observaron con atención como el dueño de la tienda tomaba una escalera y la colocaba al borde de uno de los estantes. Subió con presteza y apartó varias cajas para sacar otra más con forma más bien alargada, como las que se usan para entregar flores.

Observó detenidamente aquello que sostenía en sus manos y bajó de la escalera esta vez con más lentitud si no es que con pereza.

-¿A pasado algo? -Preguntó finalmente Mokona- ¿otro cliente?

Watanuki pareció salir de un raro trance, ya estando en el piso firme seguía mirando aquella caja con lo que parecía demasiado interés para solo ser una caja común y corriente, así que la pregunta de Mokona lo trajo de vuelta al mundo real.

-¿Cliente? -repitió con una expresión  que bien podía ser interpretada como confusión- un cliente -dijo esta vez mas seguro -sí, creo que me he encontrado con un nuevo cliente.

Y sin decir más, abrió la condenada caja y sacó de ella un peculiar objeto; que aunque ya sabía bien que no era "verdadero" tampoco por eso dejaba de ser hasta cierto punto, sorprendente.

-No creí que llegaría a conocerlo -dijo esta vez para sí mismo al tiempo que alzaba sobre su cabeza aquel lindo báculo rosado, el cual tenía en la punta la forma de un ave.

Mokona vio aquel objeto y torció la boca.

-¿Lo has visto? ¿Lo has visto a él?

Watanuki lo miró a través de los cristales de sus anteojos y después de eso sonrió.

-Todavía no.

**********************

Eriol se encontraba solo en los jardines de la mansión, llevaba puesto un elegante traje de color negro y una corbata de moño también negra. Caminó con lentitud y se sentó en una de las sillas del jardín. Ahí sentado pudo verse los zapatos también negros que relucían tanto, que si se acercaba un poco, podía ver su rostro reflejado en ellos.

Pero cuando se agachó para ver su cara con más claridad, el nudo de la garganta le apretó más. Se llevó una mano al cuello e intentó quitárselo, pero estaba muy bien amarrado. Suspiró y lo dejó por la paz. ¿Por qué tenía que ponerse esa ropa incómoda y por qué tenía que estar con toda esa gente extraña?

No entendía nada.

Salvo una sola cosa: que sus padres ya no regresarían a casa.

Una lágrima escapó de la esquina de sus ojos y como todavía seguía con la cabeza agachada, la gota calló en el vidrio de sus lentes, empañando la mitad de su visión.

-Hola.

Eriol levantó la mirada pero no vio a nadie a su alrededor, incluso miró hacia atrás, pero nadie se encontraba cerca.

-¿Tu nombre?

-Eriol.

No supo por qué respondió, ni siquiera sabía a quién le estaba hablando, pero esa voz le hacía sentirse bien.

-¿Quién eres? -preguntó el niño con curiosidad.

-¿No me tienes  miedo, Eriol?

-No -, respondió- tú has venido aquí a ayudarme.

Esta vez la voz no dijo nada.

-¿Te has ido? -el niño se levantó de golpe, con la alarma en sus ojos, caminó hacia adelante y miró para todos lados- ¿también me dejas?

-Yo nunca he estado aquí, así que no puedo irme.

El pequeño relajó sus músculos, era extraño como esa voz hablaba de esa manera tan poco usual y sin embrago él lo comprendía totalmente, no como aquellas personas que hablaban y hablaban durante horas y horas y el no les entendía nada. Ninguno de ellos supo decirle por qué sus padres no regresarían. Comenzaban a hablar de cosas que pasan en la vida, de hechos desafortunados, del destino...

Pero Eriol no quería saber nada de eso, el quería ir a donde estaban sus padres.

Entonces tuvo una grandiosa idea. Si esa voz era capaz de hablar con palabras tan compresibles, entonces podía decirle lo que estaba pasando y él entendería.

-¿Tu sabes por qué mamá y papá no volverán? -Pero al terminar de hacer la pregunta otra idea maravillosa le pasó por la mente-: Me llevarás con ellos. Lo harás ¿verdad?

-No puedo conceder ese deseo.

Eriol bajó los párpados.

-Pero puedo decirte, que tus padres se han ido a un lugar al que tú todavía no puedes ir. Porque hay cosas que debes hacer.

Una arruga se formó en la frente del niño.

-¿Yo? ¿Por qué yo?

-Pero antes de eso, debes venir aquí.

-¿Ir, a dónde?

-Conmigo.

Un círculo se formó delante de las narices del niño parecía que una especie de neblina roja se encontraba dentro de aquel lugar, sin embargo, pronto se comenzaron a forman nuevos colores, hasta que pudo ver un jardín al otro lado, pero ese no era el jardín de su casa. Ese era otro lugar.

Inmediatamente después de ver el jardín pudo ver al dueño de la voz.

No importaba el que no lo hubiera escuchado aún, el sabía que esa era la persona con quien hablaba, estaba vestido con un raro traje entre morado y vino, unos listones rojos salían de una especie de joya azul que llevaba en el pecho hasta darle la vuelta sobre sus hombros. Pero eso no le llamó la tención tanto como sus ojos.

Uno era azul y el otro dorado.

Ambos se vieron en silencio por unos momentos.

-Usas lentes.

Watanuki sonrió. Solo un niño podía hacer ese comentario después de ver ante sus ojos una puerta dimensional.

-Igual que tú.

El joven extendió una mano hacia el frente, el niño se acercó sin pensar siquiera y sujetó esa mano.

Fin del capitulo

 

End Notes:

 

*¿No esperarás a que lo anuncien en el meteorólogo?  En Japón, el florecimiento del cerezo es un hecho y celebración sumamente importantes, tanto así, que el departamento de meteorología se encarga de vigilar estos árboles para dar el anuncio oficial a la ciudadanía del inicio de la temporada.

Y además: Una ¿pequeña? explicación...

xXx HOLiC y Tsubasa RESERVoir CHRoNICLE forman parte de un mundo demasiado complejo. Quienes han leído ambos mangas me entienden, necesitas leerlos muy detalladamente para atisbar la tan anhelada comprensión y aun así, las únicas conocedoras de la verdad absoluta son las CLAMP. En algún momento, a lo largo del manga de TRC, hay cierta participación de la ya conocida Sakura Kinomoto de Card Captor Sakura. La red hierve de teorías con respecto a las Sakuras y Shaorans tanto de TRC como de CCS, que si son los mismos, que si son descendientes que si son entidades distintas, que si Watanuki es Clow. En fin, yo también tengo mi teoría, después de pensar, pensar y analizar, he llegado a la conclusión que el mundo de HOLiC y CCS son dos mundos diferentes, pese a que en el principio del manga y anime de HOLiC es fácil creer que hablamos de mismo mundo y del mismo Japón. Y la segunda conclusión: Watanuki definitivamente no es Clow.

Me gustaría explicarles porqué es que llegué a estas conclusiones, pero la verdad es que éste es un fanfic y si estoy equivocada con respecto a esa cuestión, la verdad no tiene importancia porque este es mi modo de ver tanto a TRC, HOLiC como CCS. (además, me llevaría toda una eternidad)

Por último, me gustaría aclarar que este es un Crossover únicamente entre HOLiC y CCS, no se verán inmiscuidos los viajeros dimensionales (tal vez solo se hará alguna mención de ellos), solo menciono a tsubasa porque es un manga en el que Clow es un personaje sumamente importante.

Espero haberme dado a entender, si tienen alguna duda, dejen algún comentario. Intentaré responder lo mejor que pueda.

Y si los revolví mas, lo siento, jaja.

 

End Notes:

 

*¿No esperarás a que lo anuncien en el meteorólogo?  En Japón, el florecimiento del cerezo es un hecho y celebración sumamente importantes, tanto así, que el departamento de meteorología se encarga de vigilar estos árboles para dar el anuncio oficial a la ciudadanía del inicio de la temporada.

Y además: Una ¿pequeña? explicación...

xXx HOLiC y Tsubasa RESERVoir CHRoNICLE forman parte de un mundo demasiado complejo. Quienes han leído ambos mangas me entienden, necesitas leerlos muy detalladamente para atisbar la tan anhelada comprensión y aun así, las únicas conocedoras de la verdad absoluta son las CLAMP. En algún momento, a lo largo del manga de TRC, hay cierta participación de la ya conocida Sakura Kinomoto de Card Captor Sakura. La red hierve de teorías con respecto a las Sakuras y Shaorans tanto de TRC como de CCS, que si son los mismos, que si son descendientes que si son entidades distintas, que si Watanuki es Clow. En fin, yo también tengo mi teoría, después de pensar, pensar y analizar, he llegado a la conclusión que el mundo de HOLiC y CCS son dos mundos diferentes, pese a que en el principio del manga y anime de HOLiC es fácil creer que hablamos de mismo mundo y del mismo Japón. Y la segunda conclusión: Watanuki definitivamente no es Clow.

Me gustaría explicarles porqué es que llegué a estas conclusiones, pero la verdad es que éste es un fanfic y si estoy equivocada con respecto a esa cuestión, la verdad no tiene importancia porque este es mi modo de ver tanto a TRC, HOLiC como CCS. (además, me llevaría toda una eternidad)

Por último, me gustaría aclarar que este es un Crossover únicamente entre HOLiC y CCS, no se verán inmiscuidos los viajeros dimensionales (tal vez solo se hará alguna mención de ellos), solo menciono a tsubasa porque es un manga en el que Clow es un personaje sumamente importante.

Espero haberme dado a entender, si tienen alguna duda, dejen algún comentario. Intentaré responder lo mejor que pueda.

Y si los revolví mas, lo siento, jaja.

 

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Author's Notes:

Se lo que piensan, pero no es una alucinación.  He actualizado!

Author's Notes:

Se lo que piensan, pero no es una alucinación.  He actualizado!



"¿Sabes que es la cosa más divertida que hay en este mundo Spinel?... Que sucedan cosas inesperadas..."

Eriol Hiragizawa -Card Captor Sakura-

 

 

Caminaba por la oscuridad absoluta con paso lento y desgravado, sabía que no necesitaba apurarse, pues si había algo que tuviera que ver o escuchar, sin duda eso llegaría a su debido tiempo, por lo que no se impacientó en lo más mínimo y continuó con su caminata.

-Te vez cómodo.

Watanuki giró un poco su cabeza para darse cuenta que al lado suyo un hombre estaba de pie, como si hubiera estado ahí todo el tiempo. Entonces tuvo una sensación, aquella que le decía que estaba en el sueño de alguien más poderoso que él.

-¿Fuiste tú quién me llamó? -preguntó el heredero de Yuuko.

-No lo diría así -respondió el hombre, quien sonreía con los ojos cerrados, los cuales se encontraban detrás de un par de anteojos ovalados.

¿Entonces como lo diría? Se preguntaba Watanuki, pues no había nadie más que este hombre de quien podía sospechar fuera el creador de aquel mensaje que se había ocultado tan magistralmente en el árbol de sakura de la tienda.

Cuando tocó el árbol sintió un llamado, pero ese llamado nadie lo estaba haciendo en el tiempo que recorría Watanuki, sino que era el eco de una voz, algo que se había dejado ahí tiempo atrás, justamente para que él, Kimihiro, lo encontrara.

Entonces una corazonada le llenó el pecho, un susurro de sospecha acudió a su cabeza. A pesar de nunca haber visto ninguna imagen suya y solo haber escuchado su nombre una sola vez de boca de Syaoran en esa ocasión en la que el viajero y sus otras dos existencias (siendo Kimihiro una de ellas) se habían encontrado en aquella nada a donde Fei Wang los había llevado. Pese a esto, Watanuki estaba ahora seguro de con quién estaba hablando.

-¿Eres tú, Clow?

El hombre no dejó de sonreír.

-Ese es mi nombre conocido.

-Los sueños están conectados -murmuró Watanuki- sin embargo, me pregunto cómo puedo hablar contigo si hace tiempo que has dejado este mundo.

-He dejado este y muchos otros mundos, pero sé que estás hablando de la muerte. Para responder a eso, debo decirte que en este momento, estoy en mi lecho de muerte.

-El tiempo, el tiempo en el que estás no es mismo al mío.

Clow asintió, sin borrar jamás su sonrisa.

-Me pregunto entonces, cuál es la razón por la que tomaste tantas medidas para poder verme. Dejaste ese retazo de magia en el cerezo de la tienda y es por lo estoy aquí.

-Hay dos razones -dijo finalmente- primero, esos dos futuros por los que Yuuko y yo hicimos tantas preparaciones, quería ver, cerciorarme. Y segundo, un deseo -y esta vez ya no sonreía- tengo un deseo. Hay seres que dependen de mí, seres que deberán encontrar alguien bueno, alguien que los cuide.

Watanuki frunció el ceño no sabía a lo que el mago quería llegar.

-Esa persona ya ha sido escogida -continuó el mago- sin embargo, hay cierto niño que nacerá, ese niño necesitará ayuda...

.

-¡Watanuki es una buena niñera! ¡Watanuki es una buena niñera!

Los coros de aquella canción lo devolvieron a la realidad de manera abrupta, interrumpiendo el recuerdo de esa conversación. Maru y Moro lo rodeaban bailando y cantando poniendo a Watanuki un poco contrariado, pues además de llevar sobre sus manos una bandeja con té y tazas (que tenían cierto riesgo de caérsele de las manos), le preocupaba cómo reaccionaría su pequeño invitado de ahora en más. Ese niño pequeño, quien respondía por el nombre de Eriol.

El niño que necesitaría de su ayuda.

A simple vista se veía algo serio, pero al mismo tiempo misterioso, jamás olvidaría la naturalidad con la que le había dicho "tú has venido aquí a ayudarme". No negaría que se le había puesto la piel de gallina, pues aunque ya hacía muchos años había conocido a Kohane y ella también solía decir cosas fuera de lo común para su edad, en este niño aquella sensación era sin duda mucho mayor.

Siguió avanzando con la bandeja y llegó a la habitación donde el susodicho lo esperaba, sentado en una pequeña mesa redonda para dos personas. Maru y Moro seguían saltando y cantando.

El niño, al ver la llegada de Watanuki, se puso derecho rápidamente y trató de disimular el hecho de que momentos antes analizaba el lugar con suma curiosidad.

-Aquí tienes -colocó una taza de té frente al niño y tomó asiento en la silla de enfrente. Maru y Moro dejaron de cantar y se quedaron de pie observando la escena.

El niño sujetó la taza con ambas manos y se la acercó a los labios.

-Tal vez esté algo caliente -interrumpió el dueño de la tienda-, no lo tomes muy rápido.

El niño asintió y tomó un sorbo con lentitud.

-Está muy bueno -dijo sonriente- gracias.

-¡Thank you! ¡thank you! -rieron Maru y Moro.

-¿Hu? - el niño se sorprendió -¿hablan inglés?

Watanuki sonrió.

-Solo repiten lo que dices -informó también en inglés, el idioma que el niño entendía y con el que todo ese tiempo se habían comunicado-. Ahora dime, tu apellido, es japonés.

El niño asintió.

-¿No sabes nada del idioma?

El niño negó avergonzado.

-Papá dice que es difícil y mamá no nos entendería.

Watanuki dio una cabeceada, parte del entusiasmo y curiosidad del niño se evaporaron al hablar de sus padres.

-¿Dónde estamos? -preguntó de pronto el pequeño.

-En una tienda -sonrió- una en la que se comercia con los deseos.

El niño abrió los ojos como platos.

-¿Usted puede conceder deseos?

-Solo lo que esté dentro de mis posibilidades y si el cliente está dispuesto a pagar el precio.

Eriol pareció comprenderlo.

-Parece justo -dijo, y después comenzó a mirar a su alrededor con más interés que antes. Watanuki seguía sonriendo, pues a simple vista la tienda era un lugar bastante común y sin un ojo entrenado, el niño jamás encontraría algo interesante.

-Usted me trajo aquí -su voz sonó de pronto seria, demasiado para un niño de esa edad tan corta- ¿eso es parte de algún deseo?

-Así es.

-¿El deseo de quién?

-Eres un niño muy especial. ¿Nunca te lo habían dicho?

-Mamá lo dice todo el tiempo -su rostro se ensombreció al decir aquello- ¿me dirá en dónde están mis padres?

Watanuki lo observó, pero no con lástima o aflicción, sino como a una persona pensante.

-¿Estás seguro que no lo sabes ya? -Hizo una pausa marcada poniendo atención a la reacción del pequeño-. Ellos no volverán contigo. Lo siento.

Eso pudo haber sido tomado como algo cruel, pero el niño no lo vio así. Solamente desvió su mirada hacia cualquier parte que no fueran los desiguales ojos de esa persona y pensó en lo que acababa de decirle.

Era cierto.

Ninguno de los adultos se había ocupado en tratar de explicarle o decirle cualquier cosa, pero eso no lo exentaba de escabullirse y escuchar esas conversaciones en voz baja, voces que hablaban acerca de un conductor descuidado y accidentes, todo eso sumado a las condolencias que de pronto recibía de gente desconsiderada, lo terminaron de convencerlo acerca de lo que había sucedido. Fue cuando huyó hacia el jardín, porque ahí nadie lo encontraría ni le diría lo que sucedía, había huido de la realidad. Si nadie le decía la verdad, entonces tal vez todo podría resultar ser un hermoso error y sus padres, tarde o temprano aparecerían para celebrar su cumpleaños.

El hombre de anteojos se levantó de pronto.

-Te dejaré a solas un momento.

-¡No! -exclamó el niño devolviéndole la mirada a Watanuki.

Quien se quedó congelado al ver aquellos ojos acuosos.

-Tiene razón, yo sabía que no regresarían, yo sabía que estaban muertos -se llevó las manos a la cara y un débil sollozo comenzó a escucharse- lo siento, no quería mentir, pero por favor, no me deje.

Watanuki sintió que el corazón se le estrujó un segundo y de inmediato rodeó la pequeña mesa para llegar al lado de Eriol.

El niño no esperó ninguna otra cosa para aferrarse a la cintura de esa persona y comenzar a llorar abiertamente. Watanuki colocó sus manos sobre su espalda, tratando de reconfortarlo, sin embargo él sabía que un abrazo no sería suficiente.

De pronto, los sollozos fueron descendiendo gradualmente hasta que cesaron por completo, Eriol se soltó de repente para después quitarse los anteojos y secarse las lágrimas.

-¿Puedo hacerle otra pregunta?

Watanuki asintió.

-¿Cuál es su nombre?

-Kimihiro, Watanuki Kimihiro.

-Gracias, señor Watanuki. Por no dejarme solo.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

La vida en la tienda dio un cambio drástico. Las infantiles voces de Maru, Moro y Eriol inundaban el lugar, a pesar de que Eriol y las chicas no comprendían casi nada de lo que se decían entre sí. Sin embargo, Mokona también participaba ocasionalmente en los juegos de los pequeños y por una curiosa razón, cuando estaba presente, Eriol podía entender lo que las curiosas niñas decían.

Para Watanuki, también las cosas eran más ajetreadas, los clientes habían aumentado y en ocasiones incluso venían seres que solo pretendían conocer al nuevo "inquilino" de la tienda.

"Ahora está durmiendo", decía el dueño cada vez que preguntaban por el niño, pues Watanuki no pretendía convertirlo en alguna especie de atracción, y aunque era bueno para Eriol empezar a conocer aquel otro mundo, tampoco quería cometer errores con ese pequeño. Sin embargo, a pesar de que hacía lo posible por tratarlo como a un niño normal, el mismo Eriol era quien se encargaba de recordarle lo contrario.

El chiquillo era nada menos que imparable, por más que Kimihiro tratara de mantenerlo alejado de los clientes, el sinvergüenza se escabullía la mayoría de las veces, escuchaba las conversaciones, e incluso se presentaba ante ellos y él mismo les hacía preguntas.

Cierto día, el dueño del negocio caminaba hacia la cocina cuando escuchó a Eriol riendo, se apresuró  a llegar hasta donde estaba, siguiendo el ruido de las risas y se encontró con el pequeño sujetándose el estomago y a Mokona flotando muy cerca del techo y riendo también de la misma forma.

-¡Un mes! -le dijo a la bola de pelos negra cuando la hizo bajar del techo y mandó a Eriol al jardín- solo lleva un mes aquí y ya puede hacer eso.

Sin embargo, eso no era lo que más le preocupaba. Aquello por lo que fue contratado ocurrió tres días después, cuando Eriol jugueteaba en el salón principal a la vigilante vista de Kimihiro.

-Te ves contento -dijo Mokona rebotando hacia el propietario.

Watanuki no pudo negar eso, las risas de Eriol llenando la tienda, lo ponía de buen humor.

-¿Tu como lo vez, Mokona? -había querido hacerle esa pregunta desde hacía mucho, después de todo, las Mokonas habían sido creadas por Yuuko y el Mago Clow- ¿estás contento que esté aquí?

-¡Mokona está feliz de haber conocido a Eriol!

Kimihiro quiso seguir conversando pero algo más llamó su atención, las risas y ruidos que hacía Eriol cesaron abruptamente y el soñador vio como el pequeño se quedaba estático en medio del salón. Se puso de pie y su primer impulso fue el de correr hacia él y hacer lo que fuera por protegerlo, pero no podía hacerlo, así que se quedó inmóvil, observando con mayor atención al niño.

Eriol estaba rígido, sus dedos se retorcían de una manera extraña y de pronto se hincó en el suelo sosteniéndose la cabeza con las manos.

-¡No! -gritó de pronto- ayúdame.

Watanuki ya no resistió más ante eso y corrió. Sostuvo a Eriol entre sus brazos y cuando vio sus ojos asustados, colocó una mano sobre su frente. Al instante, el niño se quedó dormido.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Cuando abrió los ojos, estaba recostado en una gran cama rodeada de largas cortinas.

-¿Mariposas? -murmuró al ver los borrosos dibujos en las telas semitransparentes, pues no tenía puestos sus lentes y nunca antes había estado dentro de esa habitación.

-Vaya, por fin despiertas.

Dirigió su mirada con lentitud hacia la voz que había dicho aquello, sentía un dolor de cabeza enorme y cada movimiento le resultaba desgastante.

-¿Señor Watanuki?

La figura que suponía era del señor Watanuki se movía acercándose al lecho para después remover uno de los velos y sentarse en la orilla de la cama.

-¿Cómo te sientes?

-Mi cabeza...

-Cuando menos te des cuenta, se te pasará.

El niño asintió con lentitud viendo como las manos del hombre se movían hacia su cara y le colocaba de nuevo los anteojos, cuando su vista mejoró miró hacia el techo.

-¿Qué fue lo que hizo?

-Solo te ayudé a dormir, es más fácil cuando estás dormido, como si soñaras.

-Pero no es un sueño -cerró los ojos y Watanuki arrugó el entrecejo.

-¿Esto ya te había sucedido antes?

-Una vez, ese día mamá lloró.

Kimihiro aspiró profundo, sin duda la pobre mujer debió asustarse bastante si es que Eriol había tenido un episodio parecido al del día de hoy.

-¿Por qué veo estas cosas?

El momento había llegado, no podía seguir evadiendo las preguntas del niño, ni hacer como si nada hubiera pasado, el verdadero trabajo de Watanuki había empezado el día de hoy.

-Ahora escúchame bien Eriol, esas cosas que ves, son recuerdos. Tus recuerdos.

Watanuki continuó hablando, el venido de otra dimensión no dijo palabra alguna que podría haberlo interrumpido, al contrario, escuchaba atento y con demasiada tranquilidad.

Le explicó de la procedencia de sus estrafalarios clientes, de la magia (la misma que al parecer había aprendido solo) y de las reencarnaciones. Pero hubo algo que prefirió no decirle. Y eso fue la tarea que su anterior vida le había delegado, pues el mismo Eriol ya lo recordaría a su debido tiempo.

-Entonces... ¿antes yo era un mago?

-No, todavía lo eres.

-Y las imágenes que veo, son recuerdos de mi otra vida.

El dueño de la tienda dio una cabeceada de asentimiento.

-Eso es... ¡genial!

Las cejas de Watanuki se alzaron al escucharlo.

-¿Estás feliz por eso?

-¡Debo decírselo a Mokona!

Kimihiro bajó un poco la cabeza en señal de rendición, pues Eriol ya no le estaba prestando la más mínima atención, al parecer el dolor de cabeza se había esfumado o simplemente ya no le importaba, porque se levantó de una forma que ningún resorte le envidiaría y se marchó seguramente en búsqueda de Mokona. Recopilatorio de partituras para aprender a tocar la flauta dulce de forma progresiva Partyflauta: Partituras para flauta dulce

Se acomodó mejor los lentes y dio un suspiro para ponerse también de pie. Toda la preocupación que había sentido al pensar en cómo reaccionaría el niño al saber la verdad, había sido en vano. Empero, al menos algo bueno había salido de todo esto, hacer que Eriol durmiera cuando esos recuerdos atacaban su cabeza parecía ser el mejor modo de proceder.

Repentinamente, las ganas de fumar un poco le asaltaron de nuevo la mente, pero desechó la idea lo más rápido posible. Un niño tan pequeño como Eriol no necesitaba un ejemplo tan malo.

-¿Lo ves Yuuko? Yo si sé tratar a los jóvenes.

Hacía mucho que no decía su nombre en voz alta, algo en el día de hoy lo hizo sentir bien al hacerlo.

-El camino de este niño comienza desde ahora.

Fin del capítulo



End Notes:

 

Lo siento!!!

Soy de lo peor lo sé, pero me sucedió la peor de las desgracias para un fan-escritor: caí en un estanque de cero inspiración y además de eso, me enfrasque con un libro que no me permitió que lo soltara hasta que lo acabé. Ya  lo sé, no es razón para mi infinita tardanza, pero es la verdad. Soy una devoradora de libros.

En fin, aquí está el segundo capítulo, no será un fic muy largo, espero que sigan interesados.

Pd. Amo a Watanuki 

 

End Notes:

 

Lo siento!!!

Soy de lo peor lo sé, pero me sucedió la peor de las desgracias para un fan-escritor: caí en un estanque de cero inspiración y además de eso, me enfrasque con un libro que no me permitió que lo soltara hasta que lo acabé. Ya  lo sé, no es razón para mi infinita tardanza, pero es la verdad. Soy una devoradora de libros.

En fin, aquí está el segundo capítulo, no será un fic muy largo, espero que sigan interesados.

Pd. Amo a Watanuki 

 

Regresar al índiceCapítulo 3 by Hela

 

-Me asombras, hija mía -le dijo él-. Eres una fuente inagotable de sorpresas para mí, y nunca me siento tan feliz como cuando consigo hacerte feliz. Qué extraño, ¿verdad? -rió con ganas.

Kristin Cashore -Fuego-

 

Desde que heredó la tienda, los años para Watanuki pasaban sin muchos cambios. La estructura de la tienda seguía siendo la misma, Maru, Moro y Mokona tampoco cambiaban en absoluto e incluso Watanuki era el mismo desde hacía ya bastante tiempo. Para el dueño del negocio los cambios y el pasar del tiempo se percibían en las arrugas que marcaban los rostros de sus pocos conocidos humanos y en el cambiar de las ropas que vestían los clientes que también eran humanos.

Sin embargo, de una época hasta la fecha, había un indicador más que alertaba al soñador que el tiempo seguía corriendo. Y ese indicador había llegado en la forma de un demonio reencarnado...

Un fuerte golpe retumbó por toda la tienda, algo como un gran temblor, haciendo que hasta las mismas paredes se movieran.

Watanuki levantó la cabeza e hizo el ademán de ponerse en pie y ver qué demonios pasaba esta vez, sin embargo, el carraspeo ligero de su cliente lo hizo detenerse.

-El servicio de ahora no parece ser de la misma calidad -murmuró el mismo.

Watanuki sonrió lo más amablemente que pudo.

-Hasta ahora no he recibido queja de ningún cliente.

-Y sin embargo, en este momento estuvo a punto de abandonar a uno de sus preciados clientes para ir a ver a no sé quién mas.

-Lamento mucho eso -se disculpó- pero así son los niños.

-No debería aceptar trabajos que no puede realizar.

Kimihiro intentó mantener su sonrisa.

-Sigamos con lo nuestro entonces, estábamos por definir el precio...

-Así es.

-Esa cantimplora que llevas. La quiero.

El Gaki apretó el objeto mencionado que llevaba atado a la cintura.

-Siempre está vacía.

-Lo sé.

-Está bien -se rindió resignado. Estiró la mano y entregó el objeto-. Espero que la próxima vez que hagamos negocios ya se vea liberado de esa calamidad.

-Ya veremos -respondió Watanuki con calma.

Cuando el cliente finalmente se fue, Kimihiro dio un suspiro de alivio, ese Gaki nunca le había parecido uno de sus clientes más simpáticos ni mucho menos, así que siempre era un alivio el verlo salir por la puerta. Se puso en pie y fue a ver de una vez por todas que era lo que había hecho Eriol como para provocar tanto escándalo. Cuando  al fin lo encontró, alzó una ceja y se cruzó de brazos.

-¿Alguien me podría decir que está sucediendo aquí?

Eriol reía y Mokona simplemente estaba ahí de pie, porque claro, no necesitaba hacer nada más que eso para llamar la atención.

-Le enseñaba a Mokona lo que recordé la semana pasada ¿se acuerda? ¡Dormí por casi dos horas!

-Si, si -confirmó Watanuki-, claro que lo recuerdo, pero eso no era a lo que me refería.

-Lo que pasa es que aún no llego a esa parte -se apresuró Eriol aunque no se le veía para nada preocupado-. Ese día recordé como hacer las cosas más grandes ¿lo ve? -sonrió- ¡funcionó!

Mokona se tambaleó un poco sobre sus dos largos y planos pies haciendo que la madera del piso crujiera debajo de él. Era todavía mas grande que Watanuki y debido a su forma casi circular, pesaba poco menos de diez veces el peso del propietario de la tienda.

-Eso me parece muy bien -la sonrisa de Watanuki decía de todo, menos que aquello le pareciera bien, Mokona mientras tanto, seguía meciéndose y haciendo crujir la madera-. Sólo tengo una pregunta más para ti.

Eriol asintió todavía sonriente.

-¿Recordaste también cómo devolver las cosas a su tamaño original?

-Algo así -fue la respuesta escueta del niño quien ya no sonreía para nada.

-"Algo así" no es una respuesta a mi pregunta, Eriol  -insistió Watanuki.

El niño torció la boca.

-Tal vez si usted me dijera como hacerlo con exactitud, yo podría encogerlo de nuevo.

-¿Deseas aprender eso?

-Sí... quiero decir, no, no es un deseo.

Algo que Eriol había aprendido en su estancia con Watanuki era a tener mucho cuidado con sus palabras. La última vez que el dueño del lugar le había "concedido un deseo" tuvo que pagar su precio con limpiar todas las hierbas altas del jardín y trapear los pisos de la tienda. Todo aquello solo porque se le había ocurrido decir que le gustaría mucho ver cómo estaba su casa ahora que nadie vivía en ella.

Al principio Watanuki se había mostrado bastante comprensivo, había dicho: "eso puedo concederlo" y por culpa de su mente distraída no había entendido por completo lo que esas palabras significaban. Lo había llevado a una sala de la tienda y con un palangana de agua le hizo asomarse, para unos momentos después ver con entera claridad la mansión Hiragizawa.

Abandonada.

Unas enormes ganas de llorar lo envolvieron y cuando una de sus lágrimas cayó sobre la superficie líquida la visión desapareció. Watanuki se había quedado en su lugar, observándolo con esos singulares ojos y dijo: "sé que hubieras preferido un viaje, pero eso sería muy caro".

Una vez más no entendió sus palabras. Eso, hasta el día siguiente, cuando se topó al soñador en uno de los pasillos de la tienda con un rastrillo de jardín y una cubeta con trapos.  Sonriendo muy divertido.

Pero el día de hoy no caería en la misma trampa, no señor.

-Tal vez con lo que recuerde sea suficiente -dijo al fin el niño, evitándose más quehaceres hogareños.

-Entonces adelante -y con la mano, Watanuki señaló al Mokona gigante, a quien no parecía preocuparle en absoluto su precario estado.

-¿Ahora? -Watanuki asintió y Eriol inspiró hondo-. Está bien, aquí voy.

Mokona dejó de balancearse y se quedó quieto, la madera dejó de crujir y el silencio repentino hizo que Eriol se pusiera algo nervioso. La atmósfera a su alrededor cambió un poco y una débil luz se dibujó por debajo del niño, aunque más que una luz, parecía mejor dicho el fantasma de una luz, esa frágil iluminación aparentaba ser algo circular y con las imágenes del Sol, la Luna y demás figuras y líneas dentro del círculo que apenas y podían divisarse.

Tan débil era todo aquello que el único que se percató de todo esto fue Watanuki. Sin embargo, algo de lo que todos si fueron capaces de percibir, fue de la reducción en el tamaño de Mokona.

Cuando Eriol terminó, Watanuki se agachó y sujetó a Mokona con los dedos índice y pulgar.

-Ahora sí que pareces una pequeña rata -se burló. Y es que en esos instantes, Mokona cabía perfectamente en la palma abierta de Kimihiro, y además de eso había espacio suficiente para otros dos pequeños Mokonas-. ¿Tu intensión era dejarlo de éste tamaño?

Eriol se veía pálido.

-No, yo solo intentaba...

-Tranquilo, no estoy molesto -colocó a Mokona en las manos de Eriol y le sonrió como confirmación a lo que decía- deberías seguir intentándolo. Cuando creas que esté bien hecho, ven a preguntarme -y al terminar de decir aquello, se marchó por donde había llegado.

Eriol se quedó perplejo todavía con Mokona entre las manos. Aquello le había traído un recuerdo que no tenía nada que ver con ninguna vida pasada, sino todo lo contrario, pues ante sus ojos vio aquella ocasión en que intentó hacer el dibujo del  gato de su vecino. Su primer intento había sido todo un fracaso, pero su madre al verlo abandonar la caja de lápices resignado, se había acercado a él y le había dicho: "si no lo sigues intentando nunca podrás lograrlo. Cuando termines, me encantaría verlo".

Sabía que no era lo mismo, pero también sabía que cada uno de ellos trataba de ayudarlo a cómo podían. Tanto su madre, como Watanuki, ninguno de ellos lo dejaría rendirse nunca. Sus ojos le escocieron un poco, pero esta vez pudo aguantar mejor.

-Él confía en nosotros Mokona -murmuró el niño, pues no sabía si las pequeñas orejas de Mokona se habían vuelto más sensibles con la reducción de medida-, no lo defraudaremos.

-¡Mokona dará su mejor esfuerzo!

Y con ese grito de batalla otorgado por Mokona, empezó el trabajo. El siguiente intento de Eriol resultó en dejar a Mokona del tamaño de una pelota de básquetbol, así que tuvo que empequeñecerlo una vez más, solo que ésta vez, se volvió del tamaño de una nuez. Por lo que tenía que usar otra vez el hechizo de agrandar.

Tantos fueron los intentos fallidos del niño, que hubo incluso un momento en el que llegó a hartarse de la situación y avergonzado le dijo a Mokona:

-¿Te importaría mucho quedarte así hasta mañana?

Mokona sonreía. Mokona siempre sonreía.

-Eriol debe descansar -dijo Mokona, quien ahora tenía el tamaño de una naranja.

-Gracias. Pero hey, tienes que verlo del lado positivo, esta noche tu ración de siempre al mismo tiempo será más grande.

Aunque no se necesitaba subirle la moral a Mokona, pues ningún tipo de preocupación pasaba por su cabecita, de todos modos su estado anímico se vio mejorado casi en un cien por ciento, pues no dejaba de girar, rebotar, cantar y agradecer a Eriol el haberlo dejado más pequeño de lo que era y no más grande.

Estando sentados a la mesa, Watanuki no mencionó nada acerca de los claramente infructuosos intentos de Eriol por devolver a Mokona a su normalidad. De hecho, nadie mencionó nada, ni siquiera Maru y Moro. Tan despreocupada y usual fue la cena que al instante siguiente Eriol ya se veía recostado en la cama que ahora era suya.

Se giró para acomodarse mejor, hacía tiempo que la cama había adquirido su olor y su calor, ya no le resultaba tan extraña como los primeros días, pero aún así, había muchas cosas que extrañaba de su hogar. Sin mencionar a sus personas. Y así, pensando en esas personas que tanto extrañaba, se quedó dormido, esperando tener sueños que no tuvieran que ver con su yo anterior, sino con aquellos recuerdos que imperceptiblemente su joven mente iba olvidando poco a poco con el transcurrir del tiempo.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

-Eres un buen maestro.

Haruka se encontraba recargado en uno de los pilares exteriores de tienda, iba vestido, como ya era costumbre, con una yukata mientras fumaba con movimientos perezosos. Watanuki también fumaba, sostenía su kiseru de forma indiferente, como si no le importara si daba una bocanada más o no.

-Yo no le he enseñado nada -respondió el dueño de la tienda, exhalando humo por la boca.

-No le enseñas procedimientos -confirmó el fallecido abuelo de Doumeki-, tu le enseñas algo mejor: el control.

Watanuki se encogió de hombros, restándole importancia.

-Puede que el niño esté recuperando los recuerdos de su mente y corazón anteriores -continuó Haruka-, pero los del cuerpo... esos no se pueden reponer con ningún tipo de arte. Esos solo se van creando con la práctica.

-Solo quiero que aprenda a reparar las cosas que descompone -aludió el de anteojos y Haruka rió un poco.

-Te has encariñado con él.

-Hago lo que se me pidió que hiciera.

Haruka volvió a reír.

-¿Y qué fue lo que se te pidió?

-Ayudar al niño -cayó, como si se trataran de las únicas palabras que fuera a decir, sin embargo, Haruka tampoco agregó algo más y Watanuki volvió a hablar con la voz en un eco-: protegerlo.

-¿Hay alguien que busque hacerle daño? -la pregunta sonaba importante en su voz, pero su boca la hacía ver indiferente debido a la sonrisa ladeada y despreocupada. Se acercó el cigarrillo a esa misma boca y exhaló otra humareda.

-Protegerlo de sus recuerdos - respondió alzando la mirada y observó la luna menguante, a pesar de ser un sueño, se veía hermosa-, esos recuerdos, si llegan a desbocarse, podrían volverlo loco en un mes.

-Por supuesto.

Al escuchar esto, Watanuki alzó una ceja y lo miró algo consternado.

-Tú ya sabes todo esto, ¿por qué haces éstas preguntas entonces?

-Porque todo esto tu también lo sabes, pero es mejor cuando se recuerda asiduamente.

-Pero...

Se detuvo, no por arrepentirse de seguir hablando, sino porque Haruka ya no estaba frente a él, y el propio Watanuki ya no se encontraba más en el jardín, sino que estaba recostado en cama, viendo hacia el techo.

-No pude decirle aquello.

Sintió un poco de frustración, pero no duró mucho tiempo, después de todo, en varias ocasiones los sueños que compartía con Haruka se veían interrumpidos por distintos motivos.

Al levantarse se asomó un poco por la ventana y vio que el sol había salido del todo.

-El día de hoy si que dormí hasta tarde, tal vez por eso mi cuerpo despertó. Estoy acostumbrado a levantarme más temprano.

Se encogió de hombros y se dio la vuelta para salir de la habitación y comenzar con las tareas diarias, pero al abrir la puerta se encontró con una maraña de cabellos azulosos.

-¡Creo que ya lo tengo! -Vociferaba el niño sujetando a Mokona con los brazos totalmente estirados hacia arriba- ¡mire!, creo que ya está listo.

Watanuki le dio una ojeada a Mokona, quien efectivamente había regresado a su tamaño de siempre.

-Lo has hecho bien, pequeño Eriol.

La sonrisa del niño no le cabía en la cara.

-Hoy desperté y lo intenté, y funcionó -dio vueltas con Mokona todavía entre las manos y el pequeño ser de color negro cantaba al mismo tiempo: "giro giro como un globo...", Watanuki los observaba intentando no echarse a reír.

-Fue más difícil de lo que imaginaba ¿cierto Mokona?

-¡Cierto!

-Lo que necesitaba era dormir un poco y al día siguiente todo resultó mucho mejor.

-¡Mucho mejor! -repitió Mokona celebrando- ¡Eriol se esforzó mucho!

El inglés se detuvo de pronto y se acercó a Mokona a la cara, abandonó aquel tono de festejo y dijo en un susurro:

-Ahora lo tengo.

Puso su mano encima de Mokona, un brillo rojo se vio despedido y la bola negra se vio disminuida una vez más al tamaño de una nuez. Ambos rieron y después de repetir la operación, Mokona regresó a su tamaño.

-Solo espero que no empieces a agrandarlo y encogerlo todo ahora que ya cogiste bien el truco -murmuró Watanuki-. Ahora vete y lávate las manos que ya vamos a desayunar.

Mokona salió disparado, rebotando todavía con la adrenalina de haber terminado bien el trabajo, pero Eriol se marchó con tranquilidad mientras se veía la mano derecha con mucha atención.

-Creí que le tomaría más tiempo -dijo para sí el hombre cuando se vio a solas.

Y entonces recordó lo que le había dicho Haruka: debía mantener en mente la labor que tenía con Eriol...

-Si quiere que lleve al niño a la tienda desde otra dimensión y además de eso le brinde mi ayuda, deberá pagar un precio.

Clow sonrió.

-Viajar a través de las dimensiones -dijo y luego suspiró- únicamente eso de por si es bastante caro.

-Solo sería un viaje -observó Watanuki.

-Te daré mis recuerdos -dijo de pronto el mago y Watanuki alzó ambas cejas de asombro.

-Usualmente soy quien dicta el precio -murmuró- , pero si así lo prefiere. ¿Cuál recuerdo me dará?

Clow volvió a suspirar.

-Uno que cubrirá mi deuda completamente contigo, te daré los recuerdos que tengo de Yuuko.

Watanuki se puso rígido al escucharlo decir aquello, incluso dejó de respirar por un momento.

Olvidar a Yuuko.

-Supongo que es más que suficiente para el viaje y también por las molestias que el niño causará -siguió diciendo Clow.

-Eso... eso significaría que los recuerdos de Yuuko no volverán al niño. El no la recordará, no sabrá acerca de su existencia.

-Así es -sonreía, pero Watanuki podía ver una arruga sobre la frente del mago- ...aún así, será lo mejor para él.

-¡Estamos esperando!

El grito de Mokona hizo que Watanuki diera un respingo.

-¿Qué dices?

-El desayuno -aludió Mokona- Eriol tiene hambre. Está en desarrollo y el desayuno es la comida más importante del día.

-Con que Eriol tiene hambre -torció la boca y siguió a Mokona a través de los pasillos- ¿no será que el hambriento es otro?

Mokona rebotaba frente a él.

-No sé a lo que te refieres -le contestó.

Cuando llegaron a la cocina encontraron a Eriol sacando platos de la alacena. Estaba subido en un banquito y tenía los pies en puntillas, sin embargo, Watanuki sabía que hasta hacía poco, ni con banco, ni estando de puntillas, Eriol era capaz de alcanzar aquella alacena.

Una vez más Eriol le hacía notar que el tiempo seguía corriendo, esta vez, al ver su crecimiento.

-Ocho meses-se dijo mentalmente.

Pero no solo era su cuerpo el que crecía. Sino que también sus poderes, maduraban con rapidez.

-Le tomó menos de dos días manejar a la perfección los hechizos para agrandar y encoger. Todo esto será mucho más rápido de lo que pensé.

Y por algún extraño motivo sintió que el corazón le daba un vuelco. Entre más rápido aprendiera Eriol. Más rápido se marcharía.

Fin del capítulo

 

End Notes:

 

Esta vez, no tengo excusas razonables para ustedes queridos lectores, ya se está haciendo costumbre que me tarde siglos en actualizar.

Por cierto, Victoria30: respondí tu comentario, pero por alguna razón, no salió en la página y ya no me dio opción para volver a responder, sin embargo lo que decía fue que el anime de TRC está inconcluso, salvo por algunas Ovas que CLAMP sacó. Si quieres ver y entender bien a TRC te recomendaría leer el manga. Está completo en animextremist :D. Gracias por tu comentario (y ya vez, si volví a tardar en publicar).

Vegenisennawa: lo siento! Soy una irresponsable, pero te vuelvo a reiterar que no dejaré este fic inconcluso.

Gracias por el apoyo y espero que sigan leyendo.

Felices lecturas!

 

End Notes:

 

Esta vez, no tengo excusas razonables para ustedes queridos lectores, ya se está haciendo costumbre que me tarde siglos en actualizar.

Por cierto, Victoria30: respondí tu comentario, pero por alguna razón, no salió en la página y ya no me dio opción para volver a responder, sin embargo lo que decía fue que el anime de TRC está inconcluso, salvo por algunas Ovas que CLAMP sacó. Si quieres ver y entender bien a TRC te recomendaría leer el manga. Está completo en animextremist :D. Gracias por tu comentario (y ya vez, si volví a tardar en publicar).

Vegenisennawa: lo siento! Soy una irresponsable, pero te vuelvo a reiterar que no dejaré este fic inconcluso.

Gracias por el apoyo y espero que sigan leyendo.

Felices lecturas!

 

Regresar al índiceCapítulo 4 by Hela

 

"El día q empezamos a preocuparnos por el futuro, es el día que dejamos atrás nuestra infancia"

Patrick Rothfuss -El nombre del viento-

.

Cuando salió a buscarlo al jardín, lo encontró rápidamente con la vista. La persona a quien buscaba estaba sentada sobre la tierra y sin preocupación alguna, entretenido con lo que parecpia una roca y una vara de árbol.

-¿Qué haces? -preguntó Watanuki al acercarse a Eriol.

-Solía jugar así cuando era niño -respondió el de otro mundo, inmerso en la tarea de empujar la roca con la vara y sin tomarse siquiera la molestia de mirar a Kimihiro.

-¿Cuántos años tienes?

-Siete -respondió de manera mecánica.

-Supongo entonces que sigues siendo un niño.

Eriol levantó la cabeza y miró a Watanuki con una expresión que bien parecía de confusión.

-Quiero decir, cuando fui niño la vez anterior -se explicó y devolvió su atención a la tarea de empujar la roca con la vara.

-¿Sabes qué día es mañana? -insistió Watanuki ante la indiferencia del pequeño. Había cambiado mucho en este tiempo.

-Veintitrés de Marzo -respondió Eriol al principio con monotonía, pero al momento siguiente dejó caer la vara como si de pronto se diera cuenta que no le gustaba hacer eso.

-¿Cómo te sientes? -preguntó Watanuki esta vez con más seriedad.

Eriol se puso de pie, pero en su rostro no se diferenciaba ningún tipo de sentimiento.

-Me siento... triste -desvió la mirada, ahora como si se sintiera culpable.

El día de mañana se cumplía un año más de la muerte de los padres del jovencito. Watanuki sabía cómo era ese sentimiento, conocía bien la sensación de estar de solo, de no poder sonreír con una madre amorosa o jugar con un padre amable. Pero aún así, no dejaba que Eriol pasara por alto aquel día, quería que lo recordara siempre, porque los recuerdos eran la posesión más importante cuando se perdía a alguien.

-Pero... -Watanuki volvió a centrar su atención en el niño al escucharlo- también me siento feliz. Pronto serán tres años que mis padres murieron, pero serán también tres años que vivo con usted, Mokona, Maru y Moro. Y eso... -bajó los párpados, avergonzado- eso me hace feliz.

-¿Por eso te vez tan decaído?

-¿No cree usted que es un sentimiento egoísta? -Preguntó el niño- Debería extrañarlos, yo debería... -agitó la cabeza de un lado a otro con molestia pero se detuvo cuando sintió una mano posarse sobre su hombro.

-Siendo así -dijo Watanuki-, me atrevería  a decir que es bastante normal. Y te aseguro Eriol, que habrá sin duda más ocasiones en las que no solo tengas dos sentimientos dentro de ti, sino muchos más. No se puede solo ser feliz, o desdichado por completo. Los humanos albergan muchos y variados sentimientos en su interior. Lo que pasa, es que hay momentos en que uno se siente más que el otro.

Eriol asintió, escuchar a Watanuki era fácil, las palabras que Watanuki dijera siempre serían palabras comprensibles para Eriol.

-Hay otra cosa -murmuró el de ojos azules- mañana es el aniversario de otra cosa más.

Watanuki callaba y lo miraba expectante.

-Mañana es... mañana es mi cumpleaños.

Los desiguales ojos de Kimihiro se abrieron otro poco debido a la sorpresa. 

Además de saber su nombre, ahora también conocía su cumpleaños. Hasta ahora nunca se lo había preguntado, el cumpleaños era algo importante, al menos en este negocio, y sin embargo, ahora entendía mejor por qué Eriol tampoco lo había mencionado nunca antes, pese a que a los niños les encantaba celebrar dicho evento.

-Entonces mañana será un día importante -dijo finalmente el propietario de la tienda y sintió como Eriol se encogía en su lugar.

o-o-o-o-o-o-o-o

Cuando abrió los ojos y vio el mundo a través de una bruma borrosa pero a la vez brillante, supo que la noche se había esfumado y que la mañana tenía tiempo de haber llegado. Se dio la vuelta y se cubrió con la sábana hasta la cabeza.

No quería levantarse, no quería tener que pasar este día, entonces pensó, que si se quedaba más tiempo en cama, eso equivaldría a unas cuantas horas menos de aquella horrible fecha.

Ya decidido esto, apretó los ojos en la oscuridad que las sábanas le regalaban e intentó dormir. Pero no tenía sueño, así que solo se quedó muy quieto, tal vez si aparentaba estar dormido, en algún momento llegaría a estarlo de verdad.

El plan iba viento en popa, solo que hubo un pequeño factor que el pequeño Hiragizawa había olvidado.

Los constantes brincos de Mokona sobre el colchón.

La cabeza le rebotaba una y otra vez sobre la almohada y Mokona no dejaba de saltar. No  pudo seguir por mucho tiempo de esta forma así que se enderezó con rapidez.

-¿Qué sucede Mokona? -Preguntó algo molesto- quiero dormir otro poco.

Y se dejó caer al mismo tiempo que volvía a cubrirse otra vez la cara con la sábana.

-¡Inaceptable! -gritó Mokona y le quitó la sabana de encima.

-¡Oye!, ¡¿Qué estás haciendo?! Por estas fechas todavía hace frío por las mañanas.

-Si Eriol no se levanta ahora, no podrá comer el desayuno que Watanuki preparó -canturreó empezando a saltar de nuevo sobre el colchón.

Eriol dio un suspiro, alargó la mano a la mesa de noche en donde dejaba sus anteojos y se los puso, para después apoyarse sobre el codo y así ver mejor como Mokona seguía saltando y con esa eterna sonrisa suya.

-¿Sabes Mokona? Me gustaría mucho ser tan feliz como tú lo eres siempre.

La bola negra se detuvo en su brincoteo.

-El desayuno -repitió sin hacer mención del último comentario del niño.

-Claro, claro -puso los pies sobre el piso y se levantó- en un minuto estaré ahí, ahora debo cambiarme.

Mokona lo observaba, evaluando si eran ciertas sus palabras o si solo se trataba de una treta para que lo dejara de nuevo a solas en su habitación.

-¿Qué sucede? -preguntó Eriol, al ver que Mokona no se movía de su lugar.

-Nada.

Pero los temores de Mokona al parecer no habían tenido fundamentos, pues al poco tiempo Eriol estaba listo para el desayuno. Watanuki apareció con una bandeja en las manos y la colocó en el centro de la mesa.

-Beacon y huevos -murmuró el niño y levantó la vista hacia un indiferente Watanuki.

-Creí que sería bueno cambiar un poco el menú -respondió el hombre a la pregunta en los ojos del niño.

-Solía desayunar esto casi a diario -dijo Eriol y entonces sonrió.

Pero esa no era la sonrisa que Kimihiro conocía, era una muy distinta, como si ésta fuera la verdadera sonrisa del niño y todas las que había visto a lo largo de estos tres años se trataran tan solo de copias baratas de la original.

Mientras Watanuki cavilaba en los secretos de su pequeño huésped, Eriol se relajaba, pues el día no era tan malo como él había creído que sería. Además del desayuno ingerido con tenedor y no con palillos, como ya se había acostumbrado, Watanuki no tuvo ningún cliente y se pasó toda la mañana con él.

Mokona también estaba con ellos y fue cuando la bola negra terminó de cantar una extraña canción que trataba de arroz y tofu, que Kimihiro cambió su expresión relajada por una más seria, incluso hasta se podría decir, misteriosa.

Eriol lo notó. Eriol siempre lo notaba. Cuando Watanuki cambiaba su actitud, cuando estaba preocupado, cuando le era indiferente lo que tenía delante, cuando estaba feliz, cuando trataba de hacer sentir bien a un niño en su cumpleaños, aparentando que nada de eso era planeado y solo se trataban de coincidencias...

-Ya lo he decidido -dijo el dueño de la tienda de improviso-, te daré un obsequio.

Eriol abrió los ojos con alarma.

-No es necesario, no le dije que era mi cumpleaños para recibir algo. En serio, no tiene por qué hacerlo.

-Dije que ya lo decidí -repitió Kimihiro con el ceño un tanto arrugado- ahora ven, sígueme.

Aquello hizo callar a Eriol, siguió a Watanuki en completo silencio por el jardín delantero hasta llegar a la parte trasera, donde un viejo pozo de agua atraía la atención de quien pusiera un pie en el lugar, pero Watanuki lo pasó de largo hasta que se detuvo en el centro del patio.

Entonces Eriol vio algo que lo maravilló.

Ya muchas otras veces el niño había tenido la oportunidad de ver a Watanuki conceder todo tipo de deseos. Lo veía recostarse y entrar a lo que Mokona le dijo una vez era el mundo de los sueños. También lo había visto utilizar su magia para la creación de protectores, o en su defecto, eliminar maldiciones, pero esas y otras muchas cosas quedaban pequeñas en comparación con lo que sucedió ese día.

Lo primero que llamó su atención fue un cosquilleo en la yema de los dedos, lo segundo fue una luz azul tan brillante que lo obligó a entrecerrar los ojos, pero aún así fue capaz de ver perfectamente como las alargadas mangas de Watanuki oscilaban de un lado a otro empujadas por lo que parecía un viento inexistente, pues donde el niño se encontraba parado, ni una ligera brisa le movía un solo cabello.

Entonces Kimihiro levantó una mano mostrando la palma de frente y un circulo de la altura del mismo Watanuki se formó delante suyo. Eriol dio un paso al frente, indeciso pero al mismo tiempo curioso, y se asomó para ver mejor lo que había en el centro del circulo, o mejor dicho, dentro de él.

A primera vista distinguió lo que parecía una singular niebla roja que se revolvía de un lado a otro, pero al dar otro paso más, esa imagen desapareció en un parpadeo y vio con perfecta claridad otro jardín.

-Eso es...

-Es mi regalo -dijo el de los ojos desiguales- tienes hasta el anochecer para volver.

Eriol lo miró asombrado, pero al minuto siguiente asintió y se apresuró a cruzar la puerta dimensional. Lo último que Watanuki vio de Eriol fue su espalda y una maraña de cabellos azules, el portal se cerró detrás suyo y Watanuki se sentó allí mismo, cruzado de piernas.

Mokona llegó de pronto y se sentó a su lado.

-Oh, aquí estabas -comentó con tranquilidad el soñador- ¿Lo viste todo?

-Sí. ¿A dónde lo enviaste? -preguntó Mokona.

-De vuelta a su hogar -desvió la mirada hacia el cielo despejado, tomó aire lenta y profundamente -¿sabes? Me agradaría mucho fumar un poco -bajó la mirada y sonrió de lado-. ¿Te importaría...?

Mokona torció la boca.

-¿Quieres que lo traiga?

Watanuki sonrió más abiertamente.

-Si querías fumar, debiste pensarlo desde antes y traerlo tú mismo.

El soñador juntó las cejas y suspiró al mismo tiempo que apoyaba el codo sobre su rodilla y el mentón en su mano extendida.

-Bien, bien. No lo traigas entonces.

o-o-o-o-o-o-o-o-o

Al poner ambos pies de nuevo en su mundo, Eriol sintió humedad en los tobillos. Echó una mirada a su alrededor y vio que el césped estaba muy crecido y que hacía poco había caído una ligera lluvia, pues todo estaba coronado por una capa de pequeñas gotas, aunque sin formar charcos propiamente d

Ven conmigo by Hela

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