Ultima Ratio by esyaba

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 Ultima Ratio by esyaba
Summary:

El último recurso. Finalmente el día de la batalla final contra Voldemort ha llegado. Harry, Ron y Hermione pelean valientemente contra su némesis. Pero entonces algo sale mal, y Hermione se encuentra a sí misma sola en una precaria situación



Categories: HARRY POTTER, LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Ciencia Ficción

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 8 Completed: No Word count: 65574 Read: 489 Published: 27/12/2012 Updated: 13/01/2013
Summary:

El último recurso. Finalmente el día de la batalla final contra Voldemort ha llegado. Harry, Ron y Hermione pelean valientemente contra su némesis. Pero entonces algo sale mal, y Hermione se encuentra a sí misma sola en una precaria situación



Categories: HARRY POTTER, LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Ciencia Ficción

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 8 Completed: No Word count: 65574 Read: 489 Published: 27/12/2012 Updated: 13/01/2013 Prólogo by esyaba

—Hermione, vamos. Sabes que estamos listos. —Harry intentaba tranquilizar a su amiga— ¡es ahora o nunca! Tenemos que hacerlo ya.

—Él está en lo correcto, lo sabes Hermione. —le dijo Ron mientras su brazo la rodeaba confortablemente por los hombros.

Los tres amigos estaban sentados en lo que aparentaba ser un pequeño apartamento, cuando en realidad era una tienda agrandada mágicamente. Dicha tienda se erguía en un área solitaria del norte de Inglaterra, lejos de cualquier construcción mágica o muggle.

—Pero… pero… —tartamudeó Hermione— Es mañana. Él va a atacar mañana. No podemos hacer esto.

Ella empezó a entrar en un leve estado de pánico. Se ha sentido de esta manera desde que ellos se enteraron del plan para atacar el ministerio. Había sido gracias a la pura coincidencia más la capa de invisibilidad de Harry que ellos ahora tuvieran una ventaja sobre el Dark Lord. Él iba a atacar el corazón de la comunidad mágica: el mismísimo ministerio de magia. Y si el ministerio caía, también lo haría Inglaterra. Todos morirían a los pies de Lord Voldemort. Los tres amigos sabían esto y debían actuar para asegurarse que jamás pasara. Han trabajado tan duro; desde que Albus Dumbledore murió al final de su sexto año en Hogwarts los tres amigos han vivido y luchado por un solo propósito, librar al mundo de Voldemort. Y ahora allí estaba aquella oportunidad tan ansiosamente esperada. Ellos conocían sus planes, ellos sabían que él era por fin vulnerable. Era el tiempo de atacar.

—Hermione —Harry dijo con voz calmada. —Esta es nuestra oportunidad. Debemos tomarla.

—¡Lo sé! —Hermione dijo con voz sofocada. —¡Lo sé! Pero, ¿qué pasa si fallamos Harry? Conocemos sus planes desde tan sólo cinco días. No pudimos tomar todos los escenarios en cuenta, estamos lejos de estar listos. No puedo hacer esto.

Harry se sentó en el sillón junto a Hermione. Ron estaba a su otro lado y todavía la sostenía con su brazo. Harry tomó una de sus manos y la sujetó reconfortante.

—Tienes razón Hermione. Fue hace tan solo cinco días atrás. Ese no es suficiente tiempo para idear un plan para derrotar a Voldemort. —Se detuvo cómo si estuviera decidiendo la forma de ordenar mejor sus siguientes palabras. —Pero no fue tan solo hace cinco días atrás. Fue un golpe de suerte que averiguáramos su plan de ataque para mañana, ¿Pero todo esto? ¿Hemos planeado esto por cuánto tiempo? —Harry preguntó, luego respondió el mismo—. ¡Dos años Hermione! Dos años.

Él se inclinó y susurró en su oído. —Estamos listos. ¡No te preocupes!— Luego Harry dejó libre su mano y se paró.

Hermione sabía que él estaba en lo cierto. Hasta ahora su camino había sido duro y difícil. Habían batallado para encontrar y destruir los Horcruxes de Voldemort. Han sacrificado tanto pero al final lograron triunfar. Todos los Horcruxes han sido destruidos. El diario, el anillo, el relicario de Slytherin, la diadema de Ravenclaw, la copa de Hufflepuff y la daga de Gryffindor eran ahora nada más que rotas antigüedades. Solo un pedazo del alma del Dark Lord permanecía viva y residía en su cuerpo. Pero ese último pedazo había probado ser muy difícil de alcanzar. Desde su renacimiento cuatro años atrás el poder de Voldemort ha aumentado. Su ejército de seguidores era ahora lo suficientemente fuerte para tomar el país, él estaba a solamente un paso de lograr sus objetivos. Puede que Voldemort no sea ya inmortal pero continúa siendo poderoso y peligroso. Si el día de mañana tiene éxito y tira abajo el ministerio; significaría que él es el nuevo gobernante del país. Y en ese entonces, con o sin Horcruxes, el sería intocable.

Es por eso que en el mismo momento, en el que Harry escuchó cuales eran los planes de ataque de Voldemort, decidió que había llegado el momento de cumplir con la profecía.

Regresar al índiceCapítulo 1. Sola en el Exilio by esyaba

Un relampagueo de luz verde y Scrimgeour, el Ministro de Magia, estaba muerto. Voldemort se encontraba erguido y todavía con varita en mano en la oficina del Ministro, riendo desquiciadamente sobre el cuerpo muerto que había caído sobre el escritorio.

Hermione pudo sentir a Harry tensándose a su lado. Ellos no podían ver el interior de la oficina pero de todas formas pudieron ver la luz verdosa de la maldición asesina a través de la ventada polarizada.

—Es tiempo. ¡Deberíamos atacar! —Hermione señaló con más calma de la que en realidad sentía.

—¿Cuántos? —Harry preguntó, ninguna emoción traicionando su voz.

—Debemos encargarnos de los dos fuera de la puerta primero —dijo Ron, quien después realizó un hechizo para sentir focos de Magia Oscura y cerró sus ojos—. Cuatro dentro de la secretaria, y luego está Lestrange y Voldemort dentro de la oficina del Ministro.

Ron no tuvo dificultades para decir el nombre del Dark Lord.

—¡OK! Ron y yo derivaremos a los dos guardias en la puerta. ¡Silenciosamente! —Harry asintió hacia Ron. —Después entramos. Mientras Ron pone las protecciones en el lugar, nosotros derribamos a los otros cuatro, Hermione. Y luego… —No terminó la oración pero ellos ya sabían que era lo que vendría a continuación.

Harry y Ron realizaron una maldición en silencio. Los dos mortífagos en la puerta fueron golpeados simultáneamente por una maldición morada y cayeron al suelo sin hacer ningún ruido. Ellos caminaron sigilosamente hacia la puerta que guiaba a la antesala. Como la puerta se abre hacia adentro, Harry y Hermione se posicionaron cada uno a un lado de ésta. Ron se arrodillo al lado de Hermione para volver a cerrar sus ojos.

—Dos en el fondo de la habitación, creo que están vigilando la puerta de la oficina del Ministro. Otro parece estar sentado en alguna parte del lado izquierdo del cuarto. El último está caminando de un lado a otro. —Afirmó Ron.

—Ok, sabemos que hacer. Ron, después que termines las protecciones del cuarto ayuda a Hermione. —susurró Harry.

Hermione sintió como el miedo burbujeaba en su interior, mientras su respiración se tornaba cada vez más agitada, a estas alturas se sentía incapaz de poder aclarar sus pensamientos.

"Oh Dios, no puedo recordar ni una maldición" Pensó cayendo en pánico. En ese momento Harry cruzó su mirada con la suya y le mandó una leve sonrisa, luego susurró tan suave que apenas ella le pudo entender.

—Lo que sea que pase ahora, Hermione, hicimos nuestro mayor esfuerzo. No tenemos nada de que arrepentirnos. Existe una oportunidad de ganar.

Luego su mirada se endureció y la sonrisa desapareció a la vez que daba la señal de partir. Harry abrió la puerta violentamente con un hechizo y derribó al mortífago sentado en el sofá, el cual se suponía que era para hacer que el tiempo de espera, de los visitantes del Ministro fuera más cómodo. Ahora estaba volcado y el mortífago que lo había ocupado estaba tirado en el sueño detrás de este. La máscara se había caído de su cara y Hermione podía ver la sorpresa todavía presente en su ahora rostro sin vida.

Hermione sabía que él estaba muerto. Ellos no podían darse el lujo de perdonarle la vida. Era altamente riesgoso dejar un enemigo aturdido porque ellos siempre podían ser despertados. El trio había aprendido ésta lección de la peor manera un buen tiempo atrás. Un desagradable escalofrío la recorrió cuando recordó ese día, Neville Longbotton no habría perdido su vida si ella simplemente hubiera matado ese mortífago.

Pero ahora no es el tiempo de regodearse en la culpa.

Los tres mortífagos restantes habían mientras tanto superado la sorpresa inicial y empezaban a atacar. Harry se vio forzado a conjurar un escudo mágico mientras Hermione y Ron entraban a la habitación. Hermione tenía que quedarse cerca de Ron y así poder protegerlo, mientras él levantaba los hechizos protectores en el cuarto, para evitar que otros enemigos entraran. Ella levantó su varita y la bajó en un movimiento fluido. Una hoz de luz amarilla dejó su varita y se dirigió hacia uno de los mortífagos. El mortífago había visto el ataque y levantó su propio escudo. Al chocar la luz amarilla con el escudo se detuvo y Hermione pudo ver la sonrisa de superioridad en el rostro del mortífago detrás de su máscara. Pero ella no estaba preocupada porque sabía que sus defensas eran inútiles. Sin demora la luz amarilla intensificó su luz y absorbió el escudo azuloso. Después continuó su camino como si nunca se hubiese detenido. La sonrisa del mortífago todavía permanecía en su rostro cuando la luz chocó con su pecho. Él cayó de espaldas mientras la sangre fluía de la herida. Una oleada de culpabilidad cayó sobre Hermione porque ella sabía que había terminado con otra vida.

Por el rabillo del ojo, Hermione pudo ver a Ron conjurando el último hechizo para construir las protecciones, mientras Harry peleaba con uno de los mortífagos restantes. El otro la estaba atacando a ella ahora. Ella conjuró nuevamente un hechizo escudo para proteger a Ron, las maldiciones ahora golpeando su escudo eran fuertes y Hermione se tuvo que concentrar para mantenerlo en pie.

En ese momento las puertas de la oficina del Ministro se abrieron, y caminando tranquilamente como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo, Lord Voldemort apareció. Él estaba vestido completamente de negro, su piel era enfermizamente blanca y sus ojos rojos brillaron mientras estudiaba la sala. Iba seguido por Bellatrix Lestrange cuya cara estaba contorsionada en una cruel máscara de alegría.

—Ah, sabía que harían algo estúpido. —dijo Lord Voldemort con su voz aguda y cruel. Ambos duelos se habían detenido a su entrada.

—Sus esfuerzos son inútiles. —Agregó ahora con su voz fría como el hielo y carente de cualquier emoción—. Jamás podrás vencerme, Potter.

Caminó hacia Harry, y el mortífago que antes estaba batiéndose a duelo con Harry retrocedió para darle lugar a su amo. Harry y Voldemort estaban parados a tan sólo tres metros uno del otro. Observándose mutuamente, rojo contra verde. El rostro de Harry mostrando determinación pura; por otro lado, Voldemort todavía traía una sonrisa extraña que lo hacía lucir todavía más peligroso. Hermione pudo ver como el cuerpo de Harry tenía un leve espasmo y ella supo que su cicatriz debería estar doliéndole, pero aparte del pequeño movimiento nada más delataba su dolor. Voldemort frunció el ceño y su sonrisa desapareció.

—Veo que aprendiste a proteger tu mente incluso cuando estás frente a mí. —Su voz todavía estaba carente de toda emoción, pero Hermione podía percibir la ira debajo de la superficie.

—un logro impresionante, pero no tendrá ningún uso para ti.

—No ganarás esta ocasión, Riddle. —Harry declaró con voz firme.

—¡Cómo te atreves! —Voldemort le gritó. Su cara era una máscara de ira y odio mientras blandía su varita hacia Harry.

—Sí, me atrevo. Tom Riddle. —Harry con su varita ahora apuntando a Voldemort.

—Bella, encárgate de sus seguidores. —Voldemort le ordenó a su lugarteniente, sin romper el contacto visual con Harry.— ¡No interfieras mi duelo!

Hermione no pudo continuar escuchando su conversación, ya que Lestrange y los dos mortífagos restantes empezaron a atacarlos a Ron y a ella. Pudo sentir el impacto de la maldición de Lestrange cuando el hechizo la alcanzó. Bellatrix se reía como una loca mientras conjuraba otra maldición en su dirección. Esta vez la fuerza del ataque fue demasiado y el escudo de Hermione se empezó a trizar y ella se vio obliga a retroceder un par de pasos.

—Ah, pequeña sangresucia ¿Realmente crees que puedes derrotarme? —Bellatrix se burló.

Ron, quien había terminado las protecciones del cuarto, luchaba contra los dos mortífagos a la vez. Hermione sabía que ahora estaba por su cuenta al igual que Harry y Ron tenía que luchar solo.

—¡Avada Kedavra! —gritó Bellatrix.

Una explosión de luz verde se dirigió a toda velocidad hacia Hermione, ella saltó a un lado y la maldición no la alcanzó por pocos centímetros.

—Muy innovadora, Lestrange —Ahora era el turno de Hermione para burlarse, aunque no sintiera ni la mitad de seguridad que mostraba su voz.

Todavía estaba agachada en una rodilla cuando movió su varita en tres movimientos cortantes en dirección a Bellatrix. Bellatrix formó un escudo que absorbió la mayor parte de la fuerza de la maldición de Hermione, lo restante de su ataque rozó el hombro de Bellatrix y la sangre comenzó a recorrer su brazo.

—¡Maldita basura! —gritó Bellatrix furiosa.

Ella movió su varita y Hermione pudo sentir la fuerza detrás de la maldición oscura. Como no tenía tiempo para esquivar el ataque tuvo que volver a conjurar su escudo. La maldición de Bellatrix golpeó su escudo pero ninguno de los dos hechizos desapareció. En cambio, venas negras aparecieron en la superficie del escudo como una telaraña. El negro de las venas contrastaba fuertemente con el azul claro del escudo. Hermine podía sentir la red de la maldición oscura empujando contra su escudo intentando romperlo. Y ella sabía que si su escudo se rompía la maldición la envolvería a ella en su lugar y moriría. Bellatrix, con los brazos todavía levantados para mantener la maldición, soltó una risa maniática. Hermione pudo sentir como la fuerza de la maldición de doblaba, su escudo perdiendo su poder por segundos. Hermione cerró sus ojos. "Este no es el tiempo para desesperar", se dijo a sí misma. "Harry y Ron te necesitan. Si no la detienes ahora los atacará a ellos después". Con los ojos todavía cerrados se paró dejando atrás su posición arrodillada.

—Ah, ¿Ahora qué? ¿Demasiado orgullosa para morir retorciéndote en el suelo? —preguntó Bellatrix, todavía sonriendo.

Hermione la ignoró. Ella sujetó su varita con sus dos manos en frente suyo, con la punta apuntando al cielo. Llamó a toda su magia y abrió los ojos. Luego estiró sus brazos a sus lados y empujó con toda la fuerza posible su escudo y junto a la maldición oscura. Lentamente el escudo ganó volumen. Los ojos de Bellatrix se abrieron en shock mientras intentaba mantener la maldición. Pero Hermione no dejó de empujar y finalmente el escudo explotó con una luz cegadora y derribó la maldición. Bellatrix jadeó cuando su maldición se rompió, Hermione no se detuvo y le lanzó una maldición a Bellatrix. La golpeó y esta vez Bellatrix cayó de rodillas.

—¡Tu maldita mierda! —Bellatrix insultó a través de sus dientes.

En ese momento, Ron disparó una poderosa maldición a sus adversarios y ambos mortífagos terminaron en el suelo. Hermione vio que Ron les daba la espalda a ella y Bellatrix y supo lo que iba a pasar segundos antes. Volvió su mirada a Bellatrix quien tenía su varita apuntada a Ron con un gesto malicioso en su rostro.

—¡Avada Kedavra!

La luz verde voló hacia Ron.

—¡Ron, no! —Hermione gritó para advertirle.

Ron se giró y sus ojos se abrieron en shock al ver la luz verde dirigiéndose en su dirección. Era muy tarde y él no tuvo tiempo para esquivarla. La luz lo golpeó directamente en el pecho. Hermione pudo solamente mirar horrorizada como el caía de espaldas y golpeó el suelo sin moverse. Ron estaba muerto.

—¡No!, ¡no Ron! — Esta vez no era la voz de Hermione, sino la de Harry.

—¿lo ves ahora, Potter? —Voldemort dijo entretenido—. Primero dejas a tus padres morir por ti. Luego tu amigos se ponen frente a ti, muriendo uno después del otro. Tú los sacrificaste. Eres peor que yo, nunca dejé a otros pelar por mí.

Su varita estaba todavía apuntada amenazadoramente hacia Harry. Con una sonrisa en sus labios pero sus ojos fríos nunca dejando su oponente. Mientras que por el otro lado los ojos de Harry se turnaban entre Voldemort y Hermione.

Hermione vio que Harry estaba perdiendo su foco. No podía dejar que eso pasara, Harry necesitaba concentrarse pero no lo haría mientras ella estuviera en peligro. Dejó de mirar a Harry y se fijó en Ron, quien todavía se encontraba donde cayó. Ella no podía creer lo vacío que lucía su rostro, como si se hubiese ido hace mucho tiempo y no existiera forma de regresar para él. Hermione sintió una tristeza descorazonadora en su pecho.

"No ahora", se dijo a sí misma "¡contrólate!"

Respiró profundamente y sus ojos dejaron a Ron para fijarse en Bellatrix. A medida que sus ojos se movían de Ron a Bellatrix, su tristeza se transformó en una furia que nunca había sentido antes.

—¡Lo vas a pagar! —Hermione dijo suavemente, cada una de las silabas impregnada en frio odio.

En esta ocasión Bellatrix no se burló de ella, sino que levantó su varita y le lanzó una maldición a Hermione. La más poderosa lanzada en el duelo hasta ese momento. Hermione no creó un escudo, ni lanzó un contrahechizo. Simplemente dejó que la maldición oscura volara en su dirección. En el último minuto antes que la maldición la alcanzara, ella levantó su varita y la movió con fuerza hacia el camino de la maldición oscura y cambió su curso, haciendo que golpeara el suelo a pocos metros de su posición. Utilizando el mismo movimiento con el que desvió la maldición conjuró una propia.

—¡Inflammo!

Bellatrix quien estaba totalmente desprevenida para el súbito ataque, no tuvo tiempo para defenderse. La maldición la golpeó y la bruja oscura fue envuelta por llamas color violeta. Bellatrix no tuvo tiempo de gritar cuando fue reducida a cenizas. Hermione cayó de rodillas al sentir su magia debilitándose drásticamente. Miró a Harry a los ojos y asintió.

Hermione se sentía muy mareada, apenas podía enfocar su mirada. Habían puntos negros bailando frente a sus ojos y se sentía enferma. La inconsciencia era una posibilidad muy tentadora en ese momento, simplemente se tenía que rendir ante ella y desaparecería todo el dolor y la desesperación. ¡Pero no! Eso sería solamente temporal. Y Harry estaba batallando contra Voldemort en ese preciso momento. Hermione tomó una bocanada de aire y luchó contra el malestar. Al abrir sus ojos nuevamente intentó concentrarse en los dos magos en la habitación.

—y por supuesto la daga de Gryffindor. —Hermione escuchó a Harry decir—. ¿Realmente creíste que nadie iba a encontrarlos, Riddle? En realidad esos escondites no eran exactamente muy originales que digamos.

Hermione estaba orgullosa. Él se estaba enfrentando al mago más oscuro vivo y Harry estaba siendo muy valiente.

—¡Lo pagarás Potter! —Voldemort escupió furioso—. Te mataré a ti y a cada uno de los que sigan tus ideas delirantes.

—El único delirante eres tú, Riddle. —La voz de Harry era todavía segura.

Hermione, cuya visión había regresado a la normalidad, podía ver a los dos magos que continuaban parados en el mismo lugar de antes, y aún se apuntaban el uno al otro con sus varitas. Pero hasta ahora ninguna de los dos había conjurado una maldición. Aunque Hermione podía sentir una extensa cantidad de magia oscura irradiar de Voldemort, la fuerza de dicha magia hizo que se le pusieran los pelos de punta.

—Podrás haber destruido mis Horcruxes, ¿Pero qué bien te hace eso a ti?

Hermione notó que la voz del Dark Lord había regresado a su estado de calma y contenía nuevamente el odio. Eso resultaba mucho más perturbador que los gritos.

—Puedo crear nuevos. Pero primero, Potter, tú vas a morir. —Cada palabra del Dark Lord se sentía como el corte de una daga—. Y te prometo que tu muerte no va a ser tan fácil como la de tus amigos—. Voldemort señaló el cuerpo caído de Ron.

—Tú nunca ganaras, Riddle. Porque sé algo que tú no. —Dijo Harry con confianza.

Hermione estaba impresionada de cómo Harry podía soportar el poder oscuro y salvaje que emanaba Voldemort, que impregnaba todo el cuarto y volvía el simple hecho de respirar dificultoso.

—¿De qué estás hablando? ¿De verdad crees que tienes una ventaja sobre mí? —Voldemort bufó, pero no atacó, Harry lo tenía cautivado.

—Esa varita tuya, ¿es nueva? —Harry preguntó fríamente.

Hermione sabía la respuesta al igual que Harry. Esa varita una vez perteneció a Dumbledore y era una de las reliquias de la muerte.

Voldemort se tensó cuando Harry concluyó—. La Varita de Saúco.

—¿Así que lo sabes? ¿Y todavía eres lo suficientemente idiota para desafiarme? —Voldemort frunció el ceño—. Sí, tienes razón. Yo soy el dueño de la Varita del Destino. La tomé de las mismísimas manos muertas de Dumbledore.

—Quizás, pero no eres quien derrotó a Dumbledore. ¿Lo eres? —Harry dijo—. Así que esa varita no te pertenece a ti.

—¡Niño idiota! —Voldemort bufó—. Snape lo derrotó, por supuesto. Yo le ordené que matara al viejo idiota. Y después maté a Snape. Ahora la lealtad de La Varita de Saúco me pertenece.

—Oh, pero verás, puede que Snape matara a Dumbledore, pero quien lo derrotó antes de eso fue Draco Malfoy. —Dijo Harry—. La lealtad de la varita nunca estuvo con Snape.

—¿Pero eso que importa? —Voldemort estaba ahora enojado—. Nos enfrentamos a duelo con sólo habilidad entonces. No puedes ganar, Potter. Y después de matarte iré por Malfoy.

—Muy tarde, Riddle. Yo llegué primero. Derroté a Draco meses atrás.

Hermione pudo ver los ojos del Dark Lord agrandándose en shock al escuchar las palabras de Harry.

—¿Entones qué crees? ¿Eso me haría a mí el maestro de la Varita del Destino?

Hermione no lo había visto venir, pero justo cuando Harry terminó la oración, Voldemort atacó.

—¡Avada Kedavra!

Obviamente Harry lo había previsto, porque realizó su propio hechizo.

—¡Expelliarmus!

Hermione pudo ver La Varita de Saúco abandonar las manos de Voldemort. Se giró y luego atacó al que amenazaba a su dueño— Voldemort fue golpeado por su propia maldición asesina. Él se cayó de espaldas y golpeó el suelo, sus ojos vacíos mirando el techo.

Hermione sintió un gran alivio. ¡Lo habían logrado! ¡Finalmente! ¡Todo había terminado! Ella se paró trabajosamente y luego caminó lentamente hacia Harry. Necesitaba abrazarlo. ¡Había terminado! La mayor amenaza para el mundo mágico, no, para el mundo en general, estaba acabada. Lágrimas de alegría empezaron a humedecer sus mejillas.

Pero en ese momento Hermione lo vio. Algo no estaba bien con Harry. Él estaba sintiendo dolor. Y... se estaba apretando la cicatriz.

—¡Ocho! Ocho, Hermione. —A Harry luchó para decir estas palabras.

Sus manos dejaron su cara y miró a Hermione directamente a los ojos, ella podía ver su dolor y miedo. Luego él arrojó su varita lejos. Golpeó el suelo unos metros detrás de Hermione con un sonido fuerte, luego rodó una corta distancia hasta que se quedó quieta. Hermione observaba a Harry impresionada y preocupada.

—Lo siento, él es muy fuerte. ¡Mátalo! Parecía que le tomaba un esfuerzo terrible decir cada palabra.

Sus ojos permanecieron conectados por unos segundos. Luego Harry cerró sus ojos y sus manos otra vez sujetaron su frente mientras todo su cuerpo temblaba. Hermione no sabía que estaba pasando. ¿Qué ocho? Ella no entendía. Harry estaba bajo dolor pero ella no sabía cómo ayudarlo.

De repente el temblor cesó. Harry removió sus manos lentamente de su cara. Pero cuando volvió a abrir sus ojos estos no eran ya verdes, eran de un rojo brillante.

Hermione se congeló en su lugar mirando a Harry. Eso no podía ser posible.

"Él no puede poseer a Harry". Hermione no podía creer lo que sus ojos veían, la desesperación creciendo dentro de ella. "Harry nos dijo el día que Sirius murió". Pero esa postura arrogante, esos ojos sin piedad, no podía ser su Harry.

—Qui... ¿Quién eres? —Hermione susurró aterrada.

—Oh, creo que sabes perfectamente quien soy, sangresucia. —Él contestó con la voz de Harry, pero al mismo tiempo no era la voz de Harry. Ella nunca había escuchado a su amigo hablar de forma tan fría y con tanto veneno. Estaba asustada.

—¡Regrésalo! —Hermione chilló.

—No lo creo, él se ha ido y tú lo seguirás. —Contestó Harry cruelmente—. Fallaron, tu salvador está muerto. —Harry retrocedió un par de pasos mientras hablaba.

Hermione todavía miraba la cara de su amigo pero apenas podía reconocerlo. Era una máscara suave que no revelaba ninguna emoción. Aparte de sus ojos que brillaban rojos con malicia. El rostro de Harry no debería lucir así. Él siempre había mostrado sus emociones, felicidad, dicha, risa, tristeza, enojo e incluso odio. Pero no esta ausencia de todo sentimiento. Hermione no podía mover ni un musculo. Harry por el otro lado todavía retrocedía. "Espera... ¿retrocede? Voldemort nunca retrocede. Y ciertamente nunca de una sangresucia."

Los ojos de Hermione se dirigieron al suelo. Allí a tan solo un paso de él estaba una varita. La Varita de Saúco. Por supuesto, él estaba desarmado ahora. Harry había, con un último esfuerzo, arrojado su varita lejos. Sabía lo que iba a pasar y había intentado ayudarla.

"¡Termínalo! ¡Termínalo! ¡Termínalo! ¡Termínalo!" Sus últimas palabras se repetían en su cabeza, arrancándola de su estupor y ella apuntó su varita hacia Harry.

—¿Qué estás intentando hacer ahora? ¿Realmente crees que tú puedes pararme? ¿Una sangresucia? —Harry se rió demencialmente.

Ahora él estaba parado justo al lado de la varita, simplemente tenía que recogerla y ella junto al mundo estarían condenados.

—tu preciado salvador falló, yo lo maté. La profecía se ha cumplido. ¡Nadie puede detenerme ahora! —La voz de Harry era ahora dura como el acero.

—No... Estás equivocado —dijo Hermione suavemente con su voz temblorosa—. Él no falló, él ganó. Simplemente tengo que terminar por él.

El agarre en su varita se intensificó, ella todavía estaba temblando, todavía asustada pero al mismo tiempo determinada.

Se miraron a los ojos otra vez. Esos ojos rojos estaban llenos de odio. Hermione estaba asustada hasta la medula. ¿Cómo podría ella derrotar ese odio sin fin? Pero tenía que. Harry contaba con ella y también Ron. Hermione podía sentir a Harry emanar la misma magia oscura que sentía antes de Voldemort. Estaba girando alrededor de ambos. El aire parecía cargado con electricidad.

Luego ella lo vio, un movimiento en sus ojos y de repente él se lanzó hacia la varita.

"¡No!¡No lo harás!" Hermione gritó en su mente, la mano de él ahora cerrada alrededor de la Varita del Destino.

—¡AVADA KEDAVRA!

Una muy familiar luz verde dio en el blanco y otra alma fue arrancada del cuerpo para nunca regresar.

Hermione todavía podía sentir girando dentro de ella el poder de la maldición. ¿Por qué ésta? Ella no lo sabía. Antes nunca había usado una de las Imperdonables. Miró a Harry tirado en el piso, su mano derecha estaba sujetando todavía la Varita de Saúco inútilmente. El color de sus ojos había regresado a verde. Pero estaban vacíos y desenfocados ahora, sin vida. Su piel se estaba volviendo gris y cerosa. Estaba muerto.

Hermione caminó hacia el como si estuviera en trance. Sintiendo un vacío doloroso mientras se arrodillaba junto a él. Cuanto tiempo estuvo junto su mejor amigo muerto no lo sabe, pero ella no estaba llorando. Este dolor estaba más allá de las lágrimas. Su cuerpo estaba todavía respirando pero se sentía como si su alma lo hubiese dejado, marchándose junto a su amigo. Después de un buen rato acercó su mano a su rostro, cerrando lentamente sus ojos por última vez. Luego se inclinó y lo besó en la frente.

—Harry, mi amigo... mi hermano. —Hermione susurró añorante—. Lo logramos, tuvimos éxito. Ha terminado finalmente. No te preocupes Harry. Me ocuparé de ti. Te llevaré junto a tus padres, puedes descansar junto a ellos en Godric Hollow.

Sujetó su mejilla acunada en una de sus manos, mirando su rostro. Él había sido tan valiente y bueno.

Hermione se paró y caminó hacia donde descansaba Ron, también se arrodillo al lado de él. Lucía tan grotescamente pacífico que parecía estar durmiendo.

—Ron, mi amor. No sé qué decir. —Su voz estaba ronca de la emoción—. Tú eras todo para mí. No se cómo continuar ahora. Esto no se suponía que iba a pasar. Se suponía que no me ibas a dejar atrás, teníamos que irnos juntos o quedarnos aquí.

Ella se inclinó sobre él y lo besó en los labios, estaban fríos y sin reaccionar.

—Te llevaré junto a tu familia, Ron. Podrás descansar al lado de tu hermana, tu hermano y tu padre.

Hermione se paró, el horrible sentimiento de vacío todavía presente dentro de ella. Sus manos temblaban y su cabeza daba vueltas. ¿Cómo podría seguir adelante? Él día que hace tanto estaban esperando había llegado finalmente. Habían ganado. Pero ella estaba sola ahora. Se había perdido tanta gente en la guerra. Había comenzado con Cedric Diggory, luego Sirius y Dumbledore. De ahí en adelante todo fue empeorando. Incluso sus padres muggles habían sido asesinados. Pero sin importar que tan mal se pusieran las cosas ellos siempre habían estado allí para ella, Ron y Harry. Ellos se consolaban unos a los otros. Pero ahora en su triunfo ella estaba sola.

Hermione había comenzado a caminar por el cuarto, y en este momento ella se encontró parada justo en frente de la fuente de toda su miseria. Miró hacia los restos de Lord Voldemort. Sus ojos rojos, ahora vacíos, no tenían ningún rastro de su anterior maldad. Hermione se sorprendió de no sentir ni una gota de odio hacia su antiguo enemigo. Se había acabado. Probablemente muerto junto a sus amigos. Sólo permanecía la tristeza. En esta guerra todo había sido inútil. Nadie había ganado nada. Se arrodilló junto a Voldemort y cerró sus ojos de la misma forma que lo hizo con los ojos de Harry.

—No sé dónde quieres ser puesto a descansar, supongo que ni tú mismo lo sabías. ¿Nunca pensaste que este momento iba a llegar, cierto? —Hermione suspiró. Recopilatorio de partituras para aprender a tocar la flauta dulce de forma progresiva Partyflauta: Partituras para flauta dulce

Ella se volvió a parar. ¿Qué se supone que tiene que hacer? ¿Esperar a que alguien de su lado los encontrara? Miró el cuarto, ya no le quedaban energías para hacer nada. En ese momento su mirada cayó en la varita de Harry, todavía estaba tirada donde él la arrojó cuando Voldemort se apoderó de su cuerpo.

"Él la querría de regreso".

Ella la recogió y luego la llevó hacia la forma quieta de Harry.

—Ten, Harry —la colocó sobre su pecho—. Tú varita vale un millón de veces más que esta cosa malvada.

Ella tomó la Varita de Saúco de sus manos, pero al tocar la suave madera de la varita pudo sentir una corriente de energía recorrer su cuerpo. Sorprendida dio un chillido y se cayó, la varita todavía en su mano. Sintiendo el poder mágico puro recorriendo su cuerpo. Y todo provenía de la varita en su mano.

La miró impresionada. ¿Cómo era eso posible?

"¿La varita está ahora ligada a mí?"

Era un sentimiento agradable tener tanto poder a su disposición. Con esa varita en su mano ella podría hacer cualquier cosa. Corregir todo lo malo. Regresar el mundo a su lugar original.

Pero en ese momento, su mirada recayó en el cuerpo inmóvil de Harry y todo ese sentimiento eufórico la abandonó tan rápido como llegó. Por supuesto que la alianza de la varita estaba ahora con ella. Había matado a su dueño anterior, su mejor amigo. Al regresar su mirada a la varita prácticamente podía verla bañada en sangre. Este pequeño pedazo de madera había costado incontables vidas. Era algo maligno. Súbitamente Hermione sintió un odio irracional hacia la varita.

—¡Nunca nada bueno viene de ti!

Tomó la varita en sus dos manos, cada mano en un lado de la varita, y luego aplicó presión sobre la madera. Después de unos minutos la madera cedió, partiéndose por la mitad con un sonoro crujido. En el momento en que se partió Hermione pudo sentir la magia de la varita, la cual segundos atrás había fluido pacíficamente hacia su cuerpo, volverse loca. Sometiendo su magia, ingresando violentamente dentro de ella, forzando su cuerpo. Oleadas y oleadas de la magia contenida dentro de la varita chocaban y se unían a la magia que ya se encontraba dentro de su cuerpo, intensificando su fuerza. Se sentía como si su cuerpo estuviera totalmente abierto, era mucho peor que la maldición Cruciatus. Cada nervio de su cuerpo gritaba de dolor. Hermione se encontraba tirada en el suelo retorciéndose y gritando. Y todavía quedaba más magia abandonando la varita y entrando a su cuerpo. Hermione intentó soltar los pedazos de la varita pero fue incapaz de abrir sus manos, estaban atrapadas alrededor de la madera. Había tanta magia que encapsuló su cuerpo en una luz dorada. El dolor todavía intensificándose por cada segundo que pasaba. Se sentía como si su piel estuviera siendo arrancada de su cuerpo. Hermione solamente se quería morir. No lo podía resistir más. Su visión se volvió borrosa y apenas podía distinguir lo que la rodeaba. Y entonces el cuarto comenzó a girar alrededor de ella hasta que se transformó en un borrón de distintos colores. Hermione era incapaz de distinguir arriba de abajo. Se sentía como si estuviera cayendo. Pero a donde no lo sabía ni le importaba. El dolor y la sensación de estar cayendo duraron por una eternidad. Ella había perdido toda noción del tiempo. Se sentía como estar muriendo y ella solamente deseaba perder su vida de una vez por todas.

Y entonces se detuvo. Ella golpeó el suelo, con mucha fuerza. Pero no dolió tanto. Nada comparado al dolor anterior. Hermione abrió sus ojos pero no podía enfocar su visión. Estaba brillante y ella yacía sobre algo verde pero eso fue todo lo que pudo ver antes de caer inconsciente.

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Ella no sabía cuánto tiempo estuvo tirada inconsciente, pero después de un rato recuperó sus sentidos. El cuerpo de Hermione estaba adolorido y ella se sentía mareada. ¿Qué había pasado? ¿Qué le había hecho esa estúpida varita? Abrió sus ojos todavía acostada donde había caído y se estremeció por el brillo que la rodeaba. Cuando el mundo se volvió a enfocar se dio cuenta que estaba tendida en un prado. Incluso a la distancia había unas cuantas bacas pastando en la distancia. El prado se extendía y extendía, en algunas partes había más bacas, en otras, estaba cubierto por maleza amarilla. Hermione podía escuchar pajaritos cantando y el sol brillaba. Ella estaba en el medio de una postal de las colinas del campo idílicas. ¿Pero cómo había llegado aquí? Primero estaba en la destruida oficina del Ministro de magia rodeada de sus amigos muertos y conocidos, luego experimento el dolor más espantoso que jamás haya existido y a continuación, despertó en este pacífico escenario. Hermione no entendía que estaba pasando aquí.

Bueno, ella no podía quedarse tendida allí para siempre, y el suelo estaba un poco frío. Cuando intentó incorporarse un dolor lacerante recorrió su brazo izquierdo. Hermione jadeó por el dolor repentino. Ella se sentó y examinó su brazo herido. El antebrazo estaba en un ángulo extraño, apenas podía mover los dedos de su mano izquierda. Enrolló la manga y su acción envió nuevas oleadas de dolor a través del brazo. Un gran moretón de un morado oscuro cubría su piel y el hueso estaba obviamente roto. Pudo haber pasado cuando aterrizó aquí. Apenas recordaba que su aterrizaje había estado bastante alejado de ser gentil. Por suerte su varita estaba todavía en su funda amarrada en el brazo derecho. Movió su mano rápidamente y su varita aterrizó en su mano. Luego murmuró un hechizo y apretó sus dientes mientras el hueso roto se reacomodaba correctamente. Después conjuró un par de vendajes y envolvió su brazo con ellos. No había nada más que ella realmente podría hacer en ese momento. Para fusionar sus huesos necesitaría un par de pociones. Todavía sentada en el pasto examinó su cuerpo en busca de otras heridas. No pudo encontrar nada más que requiriera su atención inmediata. Su cuerpo estaba cubierto por hematomas, cortes y sangre seca pero nada demasiado serio. Examinó nuevamente su alrededor, nada había cambiado. Todo permanecía pacífico, calmado. Ningún enemigo a la vista. Hermione estaba acostumbrada a estar siempre alerta. Había vivido viajando los últimos dos años. Harry, Ron y ella habían estado escapando. Había sido esencial estar siempre atento de lo que les rodeaba, porque nunca se sabe cuándo el enemigo dará su siguiente ataque. Al pensar en Harry y en Ron los recuerdos de la última batalla invadieron su miente, Hermione vio la forma inmóvil de su novio frente a ella. Después estaba Harry siendo golpeado por la maldición asesina que había surgido de su propia varita. Hermione cerró sus ojos. La desesperación y tristeza destruían su corazón otra vez. Ella respiró profundo para estabilizar sus emociones nuevamente.

"¡Vamos! ¡Levántate!". Se ordenó a sí misma. "Debo alejarme de aquí. Donde quiera que sea aquí."

Se levantó e inmediatamente fue golpeada por una oleada de nauseas, Hermione necesitó un par de minutos para recomponerse. Se sentía enferma. Tan débil que ni siquiera se atrevía a aparecerse. El riesgo de escindirse era muy alto. Pero siempre se podía usar la manera muggle. Entonces ella caminó lentamente del campo verde. Media hora después de estar deambulando llegó a una pequeña calle pavimentada. Decidió que la mejor opción era seguir el camino, porque eventualmente debería llegar a una villa o pueblo. Allí podría encontrar algún transporte de regreso a Londres. No deseaba realmente regresar al ministerio pero aún tenía cosas que hacer allí. Los aurores ya deberían haber llegado. Hermione tenía que explicarles que es lo que había pasado. Y, por supuesto, un golpe frío chocó su pecho, tenía que recuperar los cuerpos de Harry y Ron.

Llevaba caminando un buen rato al costado de la carretera, cuando escuchó el lejano sonido de un motor detrás de ella. Se volvió y rápidamente vio un automóvil andando en su dirección. Todavía estaba muy lejos. Hermione se sintió aliviada, estaba realmente cansada a esta hora. Sería agradable si ese auto pudiera llevarla al siguiente pueblo. Con fortuna el conductor sería lo suficientemente amable para darle un aventón. Sin demora usó la manga de su túnica para limpiar la sangre seca de su rostro y la suciedad. Luego se envolvió completamente con sus ropas negras de bruja, para cubrir la ropa destrozada que llevaba debajo. No necesitaba asustar al conductor con su apariencia.

Unos momentos pasaron y el auto ya casi la alcanzaba, ella se paró al costado de la calle y le hizo señales automóvil. El coche parece ser una antigüedad, Hermione observó. Pero obviamente estaba bien cuidado. A medida que se acercaba Hermione pudo ver al hombre sentado en el asiento del conductor. El coche bajó la velocidad y ella se sintió aliviada cuando se detuvo a su lado. El conductor tenía la ventana bajada y ahora se asomaba levemente fuera de la venta para mirarla.

—Hola, señorita. ¿Necesita ayuda? —preguntó el hombre.

El observó su extraña apariencia pero parecía bastante amistoso. Estaba en sus cuarenta, un poquito relleno y tenía su pelo café corto, peinado en un estilo pasado de moda.

—Sí, me preguntaba su podía ser tan amable de llevarme al siguiente pueblo, señor. .Hermione preguntó educadamente.

Ella podía ver que él estaba observando su ropa con la duda grabada en sus ojos. Pero ella no podía culparlo. Tenía puestas ropas de bruja y él era claramente un muggle. Por supuesto que él iba a encontrarla extraña. Él meditó su petición por un momento y luego pareció llegar a una decisión.

—Ese sería Steepleton, señorita. Es justo a donde me dirijo. —El hombre señalo el asiento a su lado—. Por favor, tome asiento.

—Gracias, señor.

Hermione rodeo el auto y se sentó en el asiento del copiloto. El automóvil volvió a arrancar, y ella se recostó en el asiento.

—Faltan tan solo unos quince minutos hasta Steepleton. —El hombre le informó—. Así que, ¿qué estaba haciendo, deambulando sola? ¿Se perdió? —le preguntó.

—Sí, algo así. —contestó Hermione.

Ella no quería hablar de cómo llegó allí, ni siquiera sabía dónde estaba exactamente. Él hombre pareció sentir su incomodidad y no le preguntó nada más durante los siguientes diez minutos. Él camino alcanzó la cima de una colina y Hermione pudo ver la villa más adelante en el valle.

—Ese es Steepleton. —el hombre dijo—. Bonito pueblo, he vivido aquí toda mi vida.

Hermione asintió.

—Podrías ir con la Sra. Janeson. —El hombre le sugirió amablemente.

Hermione estaba confundida. "¿Quién es la Sra. Janeson?"

Él hombre contesto su pregunta silenciosa—. Ella es el mejor sastre que conozco, estoy seguro que tiene algo para ti.

Él observó sus ropas otra vez, Hermione alzó una ceja. Bajó su mirada y se miró a sí misma. Claro, su capa de bruja era un tanto extraña, pero cubría su rota y sangrienta camiseta. Y su jeans eran perfectamente normales. Un poco sucios, de acuerdo, pero aparte de eso estaban perfectamente bien.

—Y ella no es tan costosa. —El hombre añadió.

"Mira quién habla". Hermione pensó mirando al hombre otra vez. Él era obviamente un amante del vintage. Primero el coche, después su pelo y finalmente estaba vestido totalmente con ropa antigua.

Pero ella contestó, —Sí, probablemente la visite. Gracias.

Él hombre le sonrió amablemente. Él automóvil alcanzó la villa. Era tan pequeño como se veía desde lejos. Pero Hermione podía ver una pastelería justo al frente de ellos.

"¡Perfecto! Solamente necesito algo para comer y seré capaz de aparecerme de regreso a Londres,"

—¿Puede detenerse aquí señor? —Hermione preguntó.

—Por supuesto. —El hombre llevó el auto a un lado del camino.

—Gracias por llevarme. —Hermione se bajó del auto.

Él hombre detrás del manubrio la miró preocupado.

—¿Va a encontrar su camino ahora? —le preguntó.

Hermione encontró que era amable de su parte estar preocupado, pero él en realidad no tenía ninguna razón para estarlo.

—Sí, lo creo. —dijo ella—. Gracias otra vez por traerme. Que tenga un buen día.

—Sí, a Dios. —El hombre contestó y sonrió en su dirección. Se fue conduciendo por el camino.

Hermione se sintió mareada otra vez ahora que estaba parada. Miró añorante la pastelería. Ella realmente necesitaba un par de nutrientes si quería llegar a Londres otra vez. Miró alrededor, había un hombre mayor sentado en una banca, unas cuantas casas de donde ella estaba parada. Pero estaba dormido. Una pequeña mujer vino por la pequeña calle junto a Hermione y entró a la pastelería. Así que Hermione caminó hacia la sombra de una de las casas. Con un giro de su muñera su varita estaba en su mano otra vez. Tocó su cabeza con la varita y experimentó la familiar sensación de huevos cubriendo su cuerpo. Ahora era invisible para los ojos de los muggles y la mayoría de los magos. Se dirigió hacia la pastelería y a través de la ventana pudo ver a una mujer pagando. Cuando la mujer dejó la pastelería Hermione se coló dentro.

_._._._._

Hermione estaba sentada en una delgada muralla que rodeaba un jardín. Una parra grande a su lado la ocultaba de la vista curiosa de los transeúntes. Su pequeño viaje a la pastelería había sido un éxito. Nadie la había notado. Por desgracia el botín no había sido muy grande. Solamente consiguió unos trozos de pan viejo y un poco de pie de manzana. Pero como se había sentido hambrienta hasta el punto de la fatiga, todo lo encontró con un sabor maravilloso. Ahora ella estaba con su espalda apoyada contra la pared, tomando un poco de sol. Realmente se sentía mejor, su fuerza había retornado a ella. Definitivamente no toda, pero la suficiente para atreverse a realizar la aparición.

"¿Ahora a donde me aparezco?"

Lo más fácil sería aparecerse dentro del Ministerio porque ese era su destino. Pero no estaba segura si los aurores lograron controlar la situación o no. Puede que Voldemort haya sido derrotado pero sus mortífagos continúan allí afuera, sueltos. No, Hermione no quería acabar nuevamente en un campo de batalla.

"¿Quizás el Callejón Diagon?"

Sí, eso podría funcionar. Había un punto de aparición en el Callejón Diagon. Después ella tendría que encontrar un oficial del Ministerio y con suerte toda esta pesadilla llegará a su fin.

Con la decisión tomada, Hermione se paró y se concentró en aparecerse en el Callejón Diagon. Giró en su lugar mientras la familiar sensación de presión la rodeaba. No era realmente una sensación agradable, pero Hermione le daba la bienvenida, se sentía aliviada de poder dejar esa villa. No podía averiguar exactamente que era, pero ese lugar tenía algo extraño.

Al llegar al punto de aparición del Callejón Diagon, se corrió inmediatamente de allí porque no quería perturbar a otros viajeros. Hermione había dado un par de pasos cuando se dio cuenta que algo no encajaba. La librería Flourish y Blotts estaba donde debería ser, pero en el cartel sobre el local se leía Flourish y Geare. Bajando más allá en el callejón se podía ver una nueva tienda donde Florean Fortescue debería estar. Por lo que pudo ver cuando pasó por allí era ahora una tienda de Antigüedades. Era bastante extraño. Habían otras tiendas ausentes u otras nuevas que nunca había visto antes. Ahora que pensaba en ello otra cosa estaba fuera de lo común. Los compradores y vendedores que pasaban a su lado la observaban intensamente. No era una mirada de reconocimiento, no, ellos observaban sus ropas. Algunos incluso sacudían sus cabezas en reprobación y murmuraban algo para ellos mismos. ¿Qué era tan extraño en ella? Todavía traía su capa negra abierta al frente, debajo tenía su camiseta y sus jeans ajustados. Realmente nada fuera de lo ordinario, al menos no en el mundo mágico. Las demás personas vestían túnicas tradicionales de mago o bruja. Hermione no podía ver a nadie más con ropa muggle, pero eso no le sorprendía. Ellos todavía no sabían que Voldemort había sido derrotado, así que no querían parecer magos nacidos de muggles. Pero lo que sea que le pasaba a esa gente que la observaba, a Hermione realmente no le importaba en ese instante. Existían asuntos más importantes, ella todavía tenía que contactar a los aurores.

"¿Cómo hacerlo? Tal vez podría usar el transporte hacia el Ministerio."

Sumida en sus pensamientos, Hermione pasó un local de periódicos. Le lanzó una mirada distraída al Profeta y se detuvo de golpe cuando algo llamó su atención. Retrocedió un par de pasos y miró uno de los ejemplares expuestos, el titular decía:

Grindelwald golpea otra vez — Nuevo ataque en Francia.

Eso no era posible. Hermione tomó uno de los diarios en sus manos. Grindelwald estaba muerto. Voldemort lo mató cuando buscaba información sobre esa maldita varita. Pero aquí se decía que él obviamente había atacado una comunidad mágica apartada en el norte de Francia, tan solo unos días atrás. Resultando varias víctimas muertas e incluso muchos más heridos. ¿Es esto una broma?

—¡Hey, lo lees, lo compras! —El vendedor le gruñó.

Hermione lo miró y luego buscó en sus bolsillos para darle al hombre unos cuantos sickles. Con el papel fuertemente apretado en sus manos, caminó hacia una banca que se encontraba frente a las puertas de Gringotts para sentarse en ella. Tragó y volvió a abrir el periódico.

Todavía estaba allí, ese artículo que por su puesto tenía que ser una falsificación. Sus ojos escanearon la hoja en busca de más información. En ese instante sus ojos captaron algo que le quitó el aliento. Allí, sobre el titular, estaba impresa la fecha de publicación. Hermione se sintió como si alguien la hubiese golpeado en el estómago. La fecha indicaba:

Oct. 12, 1943

"De acuerdo, ¡No entres en pánico!" Hermione pensó, tratando desesperada de lograr su propia orden pero fallando estrepitosamente. "Tiene que existir una explicación totalmente lógica para todo esto."

Entonces empezó a examinar el periódico, parecía nuevo. Si fuera realmente de los cuarenta debería estar ya completamente amarillento. Pero no lo estaba, incluso desprendía el inconfundible olor a tinta nueva. ¿Era esto una broma o algo por el estilo? Aunque ella se había topado con el mostrador de periódicos por pura coincidencia. Nadie podría haberlo sabido de antemano. E incluso habían más copias de ese ejemplar. ¿Por qué alguien inventaría algo así?

Hermione se sintió enferma; ahora que lo pensaba, estaban todos esos pequeños detalles que había notado desde que se despertó en ese campo, pero solo en este momento se preocupó de prestarles atención: el conductor del automóvil antiguo y su estilo vintage, la villa de Steepleton y su extraña pastelería. Los innegables cambios del Callejón Diagon.

Eran extraños, pero podían ser explicados si ella estaba realmente en... "Pero no, eso serían," Hermione hizo un cálculo rápido. "¡54 años!"

Eso simplemente no era posible. Nadie podía viajar tan lejos en el tiempo. Ella había investigado sobre los viajes en el tiempo en su tercer año. Ese año, la profesora McGonagall le entregó su giratiempo, Hermione se había obsesionado un tanto con todo lo relacionado con el concepto de viajar en el tiempo. En realidad leyó varios libros que hablaban sobre el tema, usando un giratiempo era la única forma posible de retroceder en el tiempo, y ella no había tenido uno desde el término de su tercer año. Incluso si tuviera uno, sólo podría retroceder unas cuantas horas. Esa era la forma en que un giratiempo funcionaba: un par de horas, no un par de décadas. El inventor de los giratiempos, Arctus Blimble, era quien había retrocedido más horas en el tiempo. Él retrocedió 63 horas, si Hermione recordaba correctamente. ¿Pero 54 años? Totalmente imposible.

Se puso a pensar tratando de reconstruir sus acciones, quizás había algo que estaba pasando por alto en este momento. Siempre ayudaba recapitular las cosas cuando algo no encajaba. Primero había peleado contra Harry/Voldemot y ella resultó vencedora. Hermione no pudo evitar sentir aquella acusadora culpa en su interior. Al derrotar a Harry —no Voldemort—, ella obtuvo la lealtad de la Varita de Saúco. Sintió su poder cuando recogió la varita. Luego guiada por un impulso de ira la había partido por la mitad. La magia de la varita entonces la atacó. Hermione se estremeció al recordar el dolor que le había ocasionado. Se había desmayado del dolor y despertó en un campo. Pero había habido algo más, ahora recordaba. Una sensación ligeramente familiar. Aparte de la sensación de estar siendo despellejada viva, la había invadido la sensación de caer y girar. Aquello estaba intensificado diez veces, pero se podía comparar a sus experiencias con el giratiempo. Hermione sintió un escalofrío recorrer su espalda y apretó el profeta en sus manos haciendo que este se arrugara. Su rostro estaba muy pálido.

Pero era aún una suposición, todavía. Tenía que verificarla. El mundo mágico era muy estático así que no existía mucho desarrollo en las costumbres y estilos. El mundo muggle, por otro lado, había sufrido cambios drásticos los últimos cincuenta años. Si realmente estaba en los años cuarenta, lo reconocería en el Londres muggle. Así que Hermione se paró, arrojó el periódico en un basurero y caminó por el Callejón Diagon hacia el Caldero Chorreante. Las personas continuaban mirándola inquisitivamente, Hermione de repente se sintió muy consciente de ella y sus alrededores, incómoda. Al alcanzar el Caldero Chorreante pasó por la barra acompañada de la mirada constante de los clientes y salió por la puerta principal.

Hermione se encontraba parada en medio de Londres al borde de las lágrimas. Su cara, pálida como el papel, había perdido todo rastro de color. Este no era su Londres. Los autos en las calles, que eran pocos, eran antiguos y los edificios estaban simplemente mal. Algunos estaban destruidos. Lo peor eran las personas y lo que llevaban encima. Todas las mujeres vestían faldas y blusas, algunas incluso sombreros diminutos y los traían pantalones de vestir y traje. Todos usaban el inconfundible estilo de los cuarenta y miraban curiosos a la extraña mujer parada frente a un local abandonado.

El periódico no había sido una estúpida broma. Ella estaba realmente atrapada en una década totalmente diferente a la suya. Hermione no sabía que hacer ahora. En las últimas horas su vida se había puesto de cabeza. Primero la muerte de sus amigos y única familia que le quedaba viva, y ahora esto. Era simplemente mucho más de lo que ella podía soportar, demasiado, todo esto había sido demasiado.

Después de otro minuto de observar aquella extraña ciudad y de negarse a creer lo que estaba viendo, se dio media vuelta y volvió a entrar al Caldero Chorreante. No estaba en condición de tomar decisiones importantes en estos momentos. Estaba cansada y adolorida, no había dormido en siglos y sinceramente necesitaba descansar. Quizás el mejor plan de acción era conseguir una habitación en el Caldero Chorreante y descansar un poco. Y si tenía suerte esta pesadilla probaría ser tan solo eso, una pesadilla.

Pero antes de obtener un cuarto, fue al Callejón Diagon en busca de una botiquería porque necesitaba lagunas pociones sanadoras. Encontró rápidamente la tienda y compró algunas pociones crece-huesos, unas reponedoras de sangre, ungüento para moretones y cortadas, además de una botella de poción para dormir sin sueños. Después de eso regresó al caldero Chorreante, una vez adentro fue directamente hacia el barman.

—Disculpe. —preguntó cortésmente—. ¿Tiene algún cuarto libre que pueda arrendar?

El barman era alto y musculoso, en sus cuarenta con cabello oscuro corto. Él la observó pero no parecía importarle su apariencia, por eso Hermione estaba agradecida.

—Por supuesto señorita, ¿Necesita un cuarto con cama simple o uno con una cama de dos plazas? —Preguntó con una voz grave y agradable.

—Simple, por favor. —Hermione contestó.

—Muy bien, serían dos galeones la noche, señorita. —Hermione asintió aceptando el trato del barman y él contestó—. Puedes tomar el cuarto número cuatro. Llamaré a alguien para que te muestre el camino. —Él le pasó a Hermione una llave y gritó hacia la cocina—. ¡Louisa, muéstrale a esta clienta su habitación!

Momentos después una mujer salió de la cocina, parecía ser apenas un poco mayor que Hermione. No era muy bonita pero tenía una sonrisa amigable en su rostro.

—Así que, ¿Te quedarás con nosotros? —Le preguntó—. ¿Qué cuarto te dio?

—El número cuatro. —Hermione levantó su llave.

—ah, eso es arriba. ¡Sígueme! —La mujer comenzó a subir por una escalera estrecha.

—Así que, ¿De dónde eres? Nunca te había visto antes por aquí. —La mujer le peguntó a Hermione cuando llegaban al segundo piso—. Tus ropas son muy exóticas.

Esta mujer parece ser muy conversadora, Hermione observó. No necesitaba gente husmeadora en este instante a su alrededor. ¿Qué se suponía que debía responder? "No, en realidad soy de Londres, pero retrocedí en el tiempo más de cincuenta años, esa es la razón de por qué mi ropa es distinta". Sí, eso saldría bien. Hermione casi rodó sus ojos exasperada.

—Sí, llevo un par de años viajando ya. —No era exactamente una mentira—. Siempre quise ver Londres, ¿Es agradable aquí?

Hermione esperaba que su pregunta distrajera la atención de la mujer.

—Oh, sí. Y el callejón Diagon es muy interesante. —Contestó entusiasmada—. Tristemente el Londres muggle no es seguro actualmente. Con la guerra y todo eso.

Hermione estaba confundida por un momento hasta que recordó donde, mejor dicho cuando estaba. Por supuesto, la Segunda Guerra Mundial estaba sucediendo en ese instante. Y no iba a terminar dentro de otros dos años más.

—Bien, esa es tu habitación. —La mujer había parado en frente de una puerta de madera—. Que tengas una agradable instancia aquí.

—¡Gracias! —Hermione contestó y abrió la cerradura con la llave de la habitación.

El cuarto era bastante pequeño, con una cama al costado izquierdo. La ropa de cama era vieja y gastada, pero estaba limpia. Al otro lado de la habitación había un closet de madera. Lucía como si se fuera a deshacer en cualquier momento y que lo único manteniéndolo en una pieza fuera la magia. Una pequeña ventana opuesta a la pared de la puerta mostraba una vista del Callejón Diagon. Había otra puerta junto al closet, esa guiaba al baño el cual no tenía ninguna ventana y era minúsculo, pero lo suficientemente limpio. Hermione removió su capa, dejó en el sueño su bolsa con las pociones y se sentó en la cama. Sacó su varita y conjuró varios hechizos protectores, un encantamiento que la alertaría de posibles intrusos y otro sellador hacia la puerta y la ventana. Hizo los hechizos de forma mecánica, sin siquiera pensar en ellos.

Ahora que estaba sentada en un cuarto relativamente seguro y nada necesitaba su atención inmediata, el momento que tanto había temido finalmente llegó. Desde el duelo en el ministerio ella no tuvo tiempo para pensar en lo todo lo que pasó. En realidad había intentado suprimir todos pensamientos sobre ello. No quería pensar en todo lo que perdió este día. Al cerrar sus ojos, todo lo que podía ver eran sus rostros muertos, ellos la miraban acusadoramente. Ella los había matado a ambos.

Lagrimas recorrían sus mejillas, ella permitió q

Regresar al índiceCapítulo 2. Bienvenida a Hogwarts by esyaba

Estimada Señorita DeCerto

He recibido su solicitud. Esta situación es bastante particular porque en Hogwarts nunca hemos tenido un estudiante transferido. Pero, por supuesto, se tienen que tomar en cuenta los tiempos difíciles que estamos viviendo, lamento en gran medida las cosas horribles que ha tenido que vivir.

Como no es mi intensión empeorar sus circunstancias le ofrezco una plaza en Hogwarts. Adjunto a esta carta envío la lista de materiales que necesitará durante su estadía en Hogwarts.

Por favor use la red Floo para llegar a Hogwarts, estará habilitada para usted el 18 de Octubre a las 4 de la tarde.

Se despide,

Armando Dippet

Director de Hogwarts.

Hermione recibió la carta dos días después de enviar su mensaje a Hogwarts, se había sentido aliviada. Ahora estaba en la fila de espera para poder usar la red floo en el Caldero Chorreante. Sujetaba su baúl con una mano, lleno con las cosas que iba a necesitar en Hogwarts. Cuando fue su turno tomó un poco del polvo floo y entró en las llamas. Luego arrojó el polvo a la vez que decía claramente:

—Hogwarts, ¡Oficina del director!

Unos segundos después ella salió elegantemente de la chimenea de la oficina del director. Observó lo que la rodeaba en una ojeada rápida, era la oficina que recordaba pero la decoración era totalmente diferente. La oficina de Dumbledore era desorganizada, con pequeños objetos delicados repartidos aquí y por allá. Uno de los costados estaba recubierto con una librería. La oficina de Dumbledore era acogedora pero esta era algo completamente diferente. El cuarto estaba perfectamente ordenado, nada parecía estar fuera de sitio. En el medio se erguía un imponente escritorio de madera oscura. Detrás del escritorio había una vitrina cubierta por medallas, trofeos y premios. La atmósfera del lugar era absolutamente opuesta a lo que ella conocía de su propio tiempo. El propósito del lugar estaba claro: impresionar. Detrás del escritorio se sentaba un hombre. Tenía el pelo gris y cortado con un elegante estilo corto. Su rostro estaba arrugado y sus ojos grises la miraron severamente.

—Ah, Señorita DeCerto. Bienvenida a Hogwarts. —Dijo Dippet, mientras se ponía de pie y se dirigía hacia Hermione.

Le ofreció su mano a Hermione y ella la estrechó.

—Es agradable estar aquí. Gracias Director, por aceptarme. —Dijo Hermione educadamente.

—Sí, es bastante inusual aceptar un estudiante transferido. Pero tenemos que ayudar a nuestros compañeros brujos y brujas del continente. —Dippet contestó pomposamente. A Hermione le recordó a Percy Weasley, pero no de la buena manera.

—Ahora, señorita DeCerto, ¿escribió que deseaba ingresar a sexto año cierto? ¿Qué edad tiene?

Hermione tuvo la impresión de que Dippet quería terminar con esto rápido.

—Tengo diecisiete ahora señor. —mintió.

Hermione tenía en realidad dieciocho pero quería asistir a sexto. Eso le daría dos años antes de la graduación. Podría usar ese tiempo para investigar y obtener la Varita de Saúco.

—Eso la clasificaría para entrar a sexto año. Pero debes entender que debo evaluarte. —Dippet se sentó en su silla, sin ofrecerle a Hermione tomar asiento.

—Sí, por supuesto señor. —Hermione no estaba preocupada, confiaba en su conocimiento de hechizos.

—Antes de eso, serás sorteada a uno de nuestras casas. ¿Conoces sobre nuestro sistema de casas?

Hermione asintió.

—Tu Jefe de casa te evaluará y ubicará en la casa adecuada.

Hermione no estaba sorprendida que él derivara esa tarea en otra persona. Dippet ondeó su varita perezosamente y el Sombrero Seleccionador salió de la vitrina aterrizando sobre el escritorio. Luego Dippet le indicó a Hermione que se lo pusiera, ella tomó el sombrero y lo posicionó en su cabeza. En su primer año le quedaba tan grande que se había deslizado sobre sus ojos, ahora todavía le resultaba grande pero no llegaba tan abajo.

—Ah, ¿Una nueva estudiante?

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