Take the pain away from me by SilentDreamer

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 Take the pain away from me by SilentDreamer
Summary:

¿Qué es el dolor? Dolor físico, emocional...¿qué es? ¿por qué lo sentimos? ¿que pasaria si dejara de existir? o...¿que pasaría si la simple y mera presencia de una persona te impidiera sentirlo? ¿acaso la dejarías marchar? ¿te quedarías a solas con tu sufrimiento?

 

La pequeña historia de Renesmee



Categories: LITERATURA, CREPUSCULO Characters: Alice, Bella, Carlisle, Edward, Emmett, Esme, Jasper, Rosalie

Generos: Drama, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 8 Completed: No Word count: 11390 Read: 1152 Published: 12/08/2013 Updated: 22/06/2014
Summary:

¿Qué es el dolor? Dolor físico, emocional...¿qué es? ¿por qué lo sentimos? ¿que pasaria si dejara de existir? o...¿que pasaría si la simple y mera presencia de una persona te impidiera sentirlo? ¿acaso la dejarías marchar? ¿te quedarías a solas con tu sufrimiento?

 

La pequeña historia de Renesmee



Categories: LITERATURA, CREPUSCULO Characters: Alice, Bella, Carlisle, Edward, Emmett, Esme, Jasper, Rosalie

Generos: Drama, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 8 Completed: No Word count: 11390 Read: 1152 Published: 12/08/2013 Updated: 22/06/2014 Dolor by SilentDreamer

Extendió la mano y un pequeño copo de nieve cayó sobre la blanca piel. Lo miró durante un par de minutos, mientras se derretía con el calor, apenas perceptible, de su cuerpo. Una sensación pesada dentro de su pecho la sacó de sus pensamientos. Lo llevaba sintiendo desde hacía ya mucho tiempo y cada vez era peor. Algo que se revolvía dentro de ella, algo vivo, algo suyo y a la vez tan desconocido. No sabía cómo describirlo, lo había intentado de todas las formas posibles pero no había manera

El copo terminó de derretirse del todo hasta terminar siendo sólo una pequeña gota de agua en su mano. La pesadez seguía allí. Por detrás oyó risas de sus tíos.



Una brisa helada llevó hasta ella el olor de un ciervo y sin esperar ni un segundo más voló entre los árboles hasta el animal. 



Mientras corría el viento helado la atacaba, pero era una sensación agradable, ella volaba, ella era libre, hasta aquella cosa molesta que tenía dentro dejaba de tener importancia en momentos como aquel.



El ciervo notó que lo perseguían y empezó a huir al instante. "Es pequeño" pensó ella "Será fácil cogerlo, con un buen salto se podrá alcanzar". 

Corrió unos segundos más y después se impulsó con fuerza. Se sentía maravillosamente bien en aquellos momentos, le encantaba correr, pero cuando saltaba era algo imposible de describir, era una sensación única. De repente sintió algo raro. La cosa dentro de ella se hizo más y más grande. Quería gritar pero no podía. Aquello empezó a extenderse por su cuerpo, invadiéndola, ocupando cada célula de su cuerpo. Cayó al suelo con un golpe sordo.



-¡¡¡RENESMEE!!!- oyó gritar a su tía desde lejos



Pero no le prestó importancia, notaba como dentro, eso que antes era sólo una pequeña molestia, crecía y crecía hasta convertirse en un dolor insoportable. Un dolor profundo que impedía pensar, como mil agujas clavándose en su cuerpo.



Notó una mano en su hombro y como le daban la vuelta poniéndola boca arriba. Vio a Rosalie encima de ella y oyó que le decía algo. Pero ese sonido le llegó amortiguado, apenas distinguió nada. El dolor seguía creciendo. Y llegó un punto en el que ya no pudo aguantar más. Gritó. Como nunca lo ha hecho en su vida. Con tanta fuerza que le dolió la garganta. Hasta quedarse sin aire. Hasta no poder más.



Oyó exclamaciones asustadas a su lado y se fijó que su piel empezaba a brillar con un tenue color dorado, hasta hacerse cada vez más y más intenso. La piel empezó a quemar y ella volvió a gritar retorciéndose sobre la nieve. 



De repente, todo aquel dolor salió bruscamente al exterior iluminándolo todo a su alrededor. 



Por unos momentos no sintió nada, absolutamente nada. Ni las manos de Rosalie agarrándola en ademán protector, ni las miradas preocupadas de su familia posadas en ella, ni la voz de su madre llamándola mientras corría hacia allí, ni la nieve que tenia debajo, ni siquiera los pequeños copos de nieve que caían sobre su cara para convertirse después en pequeñas gotas de agua. 

 

* * *

Lejos de allí una mujer sentada sobre un banco de mármol blanco contemplando las rosas del precioso jardín donde estaba levantó bruscamente la cabeza. Ya no sabía si alegrarse o angustiarse. Otro niño o niña...

 

Su piel era casi tan blanca como el mármol sobre el que estaba sentada, y brillaba como un diamante cuando el sol se posaba sobre ella. 

En otras circunstancias jamás habría venido a ese lugar a mediodía con el sol en alto, pero los humanos estaban lejos, y las rosas lo llenaban todo de esa fragancia tan tentadora....

Se habría quedado allí todo el tiempo posible, pero tenía trabajo que hacer, a si que se levantó con un movimiento elegante, y se dirigió al bosque donde encontró casi enseguida a su compañero. Con una sola mirada se entendieron. Sin perder más tiempo corrieron hasta su casa para coger todo lo necesario, y después se dirigieron al país de las lluvias, Inglaterra.



* * *



Demetri sintió aquel pequeño golpe de calor. "Por fin" pensó. 



A veces percibía aquellas pequeñas anomalías, pero no sabía a qué atribuirlo exactamente. A veces era extremadamente desagradable, a veces era frío, a veces hasta podía llegar a ser doloroso. Pero aquella vez era inmensamente agradable. Por una vez en muchos años, se sintió en paz y se olvidó de todo, hasta del molesto y eterno dolor de su garganta. 



Por unos segundos aquella cálida sensación lo envolvió por completo y se sintió el hombre más feliz del planeta.



Pero todo lo bueno termina, y cuando acabó, se volvió a sentir como la piedra que era, dominada por su eterna sed de sangre.



Ahora descubriría la causa. Después de hablar con Aro y de rechazar por completo cualquier tipo de ayuda por su parte, voló hasta el lugar donde se resolverían todas sus dudas de una vez.

Regresar al índiceNada importa si estáis conmigo by SilentDreamer

Todo estaba a oscuras. No veía nada y tan sólo podía oír su respiración agitada. Intentó hablar. Pero las palabras se perdían, los sonidos que salían de su boca se mezclaban y lo que se formaba al final eran galimatías sin sentido. De repente, justo enfrente de ella, en algún punto lejano se encendió una luz, que le permitió ver que no estaba sola en ese sitio. Veía a dos hombres de pie, espalda con espalda. Veía los perfiles de los dos, uno un poco más alto, con la cabeza un poco más gacha, y con los hombros levantándose ligeramente al compás de su respiración. Y el otro, con la cabeza levantada bien alto, inmóvil como una roca.

"Renesmee" oyó. "Renesmee”, una voz grave y aterciopelada la llamaba susurrando. Metiéndose en su cabeza, llegando hasta las entrañas, la voz era alegre y melancólica a la vez, tan familiar y tan desconocida...¿pero de quién era?

Se sintió terriblemente angustiada y decepcionada, quería ir y encontrar al propietario de aquella voz.

- Renesmee- escuchó una voz mucho más conocida que sonaba desde fuera de aquel lugar- Renesmee.

Cuando abrió los ojos vio que estaba en su habitación, tumbada en su cama al lado de su madre.

- Mamá...-susurró con voz débil

Sólo entonces se dio cuenta del dolor. No era como antes, la pequeña molestia en algún lugar cercano al corazón. Era parecido a lo que sintió en el bosque pero no tan fuerte... el bosque....

Recordó todo lo que pasó y se dio cuenta de la magulladura que tenía en su brazo.

Lo siguiente que notó fue su mano en la mejilla de su madre. Ella sabía lo que había soñado.

Se apartó un poco y se incorporó. Sin saber ella misma porque se sintió un poco molesta con su madre por ello.

Llevaba puesto su pijama favorito, el pelo desgreñado y unas ojeras terribles. Se acerco al espejo para mirarse mejor.

-¿Qué día es hoy?- le preguntó a su madre, que seguía mirándola sentada en la cama

-Sábado - contestó ella -¿cómo te encuentras?

- He estado durmiendo casi un día entero- se dijo más a sí misma que a su madre después de mirar el reloj- me encuentro bien-mintió Renesmee

-Tenemos que hablar- dijo su madre pausadamente- dúchate y baja...¿necesitas ayuda?- preguntó

-No, gracias mamá. De verdad que estoy bien.

Necesitaba estar a solas. En el cuarto de baño se desnudó y se contemplo en el espejo. Un gran hematoma cubría casi toda la mitad derecha de su cuerpo. Le resultaba prácticamente imposible levantar el brazo, que se llevó la gran parte del impacto. Suspiró y se metió en la bañera, a la que le dio tiempo de llenarse de agua caliente.

Se habría pasado una eternidad allí, pero Alice entró haciéndola salir con el argumento de que todos la estaban esperando abajo.

Al salir del cuarto de baño, vio que su tía le había dejado ropa preparada en la cama. Se puso el pantalón como una autómata, y el jersey suave también habría corrido la misma suerte si no se llega enganchar con la pequeña pulsera que llevaba. Con cuidado terminó de ponérselo y acarició con cariño el pequeño lobo que prendía de una cadena de plata, idéntico al que tenía su madre. Jacob. Le echaba tanto de menos.

Con el corazón en un puño recordó como un agente de policía entró para avisarles de que Jacob y otra gente a la que Renesmee no conocía había muerto a causa de un ataque de un animal salvaje, probablemente un oso.

Después su madre le explicó lo que había pasado en realidad. Un grupo de neófitos atacaron la manada. No sobrevivió nadie. Y tampoco se pudo encontrar al creador de aquellos seres. Aquel recuerdo era aún más cruel que el dolor que ahora no la abandonaba ni un segundo.

Depositó un suave beso sobre el lobo y bajo por la escalera de madera hasta el salón principal.

 

Toda la familia estaba reunida en aquella estancia acogedora. Después de un corto silencio, Reneemee procedió a relatarles todo lo que sintió en aquel momento durante la cacería. Cuando terminó nadie dijo absolutamente nada.

-No sé qué podemos hacer- dijo Carlisle- el único que podría solucionar nuestras dudas es Nahuel, pero con su desaparición no podemos hacer nada.

Renesmee recordó a aquel extraño personaje. Nahuel, fue el único semivampiro que había visto jamás, pero nunca llegó a tener la oportunidad de conocerle.

Después de la huida de los Vulturi y de la marcha de todos los vampiros que actuaron como testigos, Nahuel y su tía tuvieron la intención de quedarse, pero en el último momento cambiaron de opinión y se fueron, prometiendo volver más tarde, lo que evidentemente nunca sucedió. Nahuel desapareció de la faz de la tierra y nunca llegaron a encontrarlo.

-Recuerdo- empezó Edward- que Nahuel, al marchar, intentaba ocultar algo de mi, pensaba en cualquier tontería, con tal de que no me enterase del verdadero motivo de su marcha.

-Podríamos volver a intentar con la búsqueda- propuso Bella

-Lo dudo-comentó Alice- hemos recorrido prácticamente el mundo entero y no hemos encontrado ni a Nahuel ni a nadie como el y Renesmee, ni siquiera aparecieron sus hermanas de las que nos habló. Además-continuó-no veo nada...no consigo ver ni su futuro ni el nuestro.

-No puedes ver el futuro de Renesmee porque nunca has sido semimortal, al igual que no podías ver el futuro de los metamorfos- argumentó Carlisle

 

Otra vez el recuerdo de Jacob golpeó dolorosamente la conciencia de Renesmee.

 

-Pero el hecho de que no puedas ver nuestro futuro es un tanto extraño- terminó la frase el cabeza de la familia.

-¡No le veo sentido a todo esto!- exclamó Renesmee

-¿A qué te refieres cariño?- preguntó Bella

-A esta conversación, lo único que podemos hacer es esperar y ver lo que pasa- dijo, un tanto molesta - el lunes iré al instituto y continuaremos con nuestra vida como si no hubiese pasado nada...

- ¿Y si vuelve a repetirse?- le interrumpió Rosalie a mitad de la frase

-No podemos hacer nada, y tú lo sabes, Carlisle ha intentado administrarme algún que otro analgésico para el dolor pero no ha funcionado- dijo con un par de notas de abatimiento de su voz- pero en realidad no sabemos nada ¿y si todos los semivampiros somos así?

-No entiendo cómo no hemos podido encontrar a nadie más como tú en todos estos años-comentó Jasper.

-¡No!-casi gritó Bella- no vas a ir a ninguna parte el lunes, te duele todo el cuerpo y dudo que lo mejor para ti sea mezclarte con humanos.

-No puedo estar encerrada en casa toda la vida- le contestó con voz suave su hija- iré al instituto y continuaremos como si no hubiese pasado nada. Si me vuelve a ocurrir, vosotros estaréis a mi lado.

Nadie dijo nada. Pero aunque a nadie le gustase esa idea, todos sabían que lo mejor sería hacer lo que decía la menuda semivampira sentada en un sofá enfrente de ellos.

 

 

Regresar al índiceNo me abandones by SilentDreamer

La noche era clara y silenciosa. La luna coronaba la cúpula nocturna y parecía sonreírles a las estrellas que estaban esparcidas a su alrededor como lentejuelas.

Apenas era una sombra en la oscuridad. Se movía con tanto sigilo, que ni el oído del vampiro más atento habría reparado en el susurro de sus pasos ágiles al pisar la nieve. Había cambiado su capa y el resto de la ropa que usaba en la residencia de Volterra por algo menos llamativo. Un simple pantalón negro con camisa de manga larga y chaqueta del mismo color.

Todos los sonidos del bosque se silenciaron, él era el cazador y buscaba a su presa. Estaba en un pequeño bosquecillo al norte de Francia, casi casi en su frontera con Bélgica.

Le faltaba muy poco para llegar a su objetivo, pero necesitaba alimentarse, estaba muy débil. En apenas un par de segundos llegó a un pequeño claro. Estaba iluminado por la luz azulada de la luna, y casi en el centro de este había una pequeña caseta de madera maltratada por el tiempo.

La pintura agrietada y casi deshecha indicaba que en otros tiempos mejores la vivienda fue de color amarillo claro. Algunos cristales de las ventanas sucias estaban rotos y sustituidos por tablas de madera y trapos para evitar corrientes de aire frío.

Una parte del techo estaba prácticamente derrumbada y los cuatro escalones que llevaban al porche de la casa y a la puerta principal estaban totalmente cubiertos de musgo y otras malezas.

Pero a pesar del estado de la casa, una fina columna de humo se elevaba desde la chimenea medio derrumbada indicando que el lugar aún estaba habitado.

Con un salto se encaramó a una de las ventanas altas quitó las tablas sin apenas esfuerzo y entró. Una vez dentro, enseguida percibió el chisporroteo de las llamas en la chimenea de la planta baja. No se molestó bajar por las escaleras. Con otro salto acabó en el suelo de un pequeño salón calentado por el fuego del hogar. Enfrente de este, un humano estaba sentado en un sillón de terciopelo verde desgastado, de respaldo ancho. Una tabla de madera bajo sus pies crujió delatándole.

La persona que estaba sentada se levantó bruscamente y miró a Demetri.

-¿Quién es usted?- preguntó el anciano de pelo blanco y barba de un par de días-¿Cómo ha entrado?

La luna dejó de sonreír y un grito rasgó el silencio de la noche.

 

***

Los días cálidos empezaron a reemplazar el frío invierno, pero a pesar de todo, la gruesa capa de nubes de color gris plomizo, como siempre cubría la ciudad y no dejaba pasar ni un rayo de sol.

Había pasado casi una semana desde el incidente pero el dolor seguía allí y la monotonía de la ciudad donde vivía no ayudaba a afrontarlo. Y por otro lado estaba la preocupación creciente de sus familiares que la trataban como a una muñeca de porcelana, que se podía romper de un momento a otro. Sonó el timbre y empezó a recoger sus libros para dirigirse al comedor.

Cuando estaba a punto de entrar por la puerta de cristal para dirigirse a la mesa donde se solía sentar con sus tíos y sus padres, una mano la paró agarrándola del hombro. Al girarse, vio el rostro demacrado de una de las humanas más maravillosas del mundo.

 

Mary era definitivamente una extraterrestre. Era una de las personas más originales que conocía Renesmee, su imaginación no tenía límites, y todo lo que imaginaba acababa dibujado en algún trozo de papel, en algún mueble, al final de una libreta o en cualquiera de los libros de texto del instituto.

Llevaba el pelo negro corto y casi siempre despeinado y pintarse las uñas o maquillarse para ella era equivalente a morir entre terribles torturas.

Pero tampoco le hacía falta maquillaje. Tenía las pestañas largas y espesas y los labios de alguna forma mágica siempre rojos, la cara - un óvalo perfecto y la piel sin la mínima imperfección.

Su lengua era la más afilada de todo el instituto y no había profesor, que no se haya tenido que enfrentar a ella.

Otra de sus aficiones era la música y su voz era algo extraordinario.

Era alta y esbelta, y su forma masculina de andar y el mínimo interés que prestaba a cualquier chico, provocaba muchos rumores que Mary se limitaba a ignorar olímpicamente.

Era terriblemente vaga y la organización era una palabra que había eliminado de su vocabulario hacía ya tiempo, pero era una de esas pocas personas que tenía suerte prácticamente siempre, que confiaba en su intuición al cien por cien y que ante todo, era optimista.

Por eso al verla seria y con ojeras, Renesmee tuvo el presentimiento de que algo iba terriblemente mal.

-¿Qué te pasa?- preguntó sin querer oír la respuesta.

- He estado llamándote pero no contestabas -empezó insegura

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué?

-David ha tenido un accidente con la moto...está en el hospital...inconsciente

 

End Notes:

Bueno, pues esto son los tres primeros capítulos de la historia que os voy a contar. Espero oír críticas y opiniones constructivas.

¡Muchas gracias Un abrazo!

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Bueno, pues esto son los tres primeros capítulos de la historia que os voy a contar. Espero oír críticas y opiniones constructivas.

¡Muchas gracias Un abrazo!

Regresar al índiceSiempre a tu lado by SilentDreamer

Intentaban avanzar lo más rápido posible, pero algo más allá de su comprensión, parecía haberse confabulado en contra de ellos. El frío fue reemplazado por el calor y el sol intenso, que algunas veces hasta llegó a impedirles continuar el viaje de día. Empezaron fiestas primaverales y las calles permanecían abarrotadas de humanos día y noche, cosa que una vez casi provocó que los descubrieran.



Intentaban evitar cualquier núcleo de población, pero a veces era imposible. 



Como aquella vez. Avanzaban con cuidado entre las calles llenas de risas, música y alegría mientras Marta recordaba con añoranza aquel jardín de rosas tan bonito. Se prometió a sí misma que volverían a aquel lugar cuando acabaran con todo aquello. Miró a su compañero, que avanzaba a su lado silencioso, evitando cualquier roce con aquellos mortales tan despreocupados que los rodeaban, celebrando su fiesta, sin sospechar siquiera a quién tienen al lado.



La verdad es que no sabía qué habría sido de su vida sin Jared. Se podría decir él que le ha dado sentido y color a su existencia.



El vampiro se percató de la mirada de su amada y rozó suavemente los labios de esta con la yema del dedo pulgar, para acercarse después y besarla con ternura.



- Todo irá bien mi vida -le susurró al oído tranquilizándola.



-Si...todo irá bien - le contestó insegura.



Marta suspiró y se apoyó en su hombro mientras él la rodeaba con los brazos.



En esos momentos tenía la impresión que podía superar cualquier obstáculo, tenía la impresión que podría con cualquier cosa, hasta con la odiosa caja que llevaba en la pequeña mochila a su espalda. Siempre y cuando, él estuviese a su lado y la mirase de esa forma sincera, de esa forma tan suya.

 

 

***

 

No importaba nada ya. Absolutamente nada. Ni su amiga hecha pedazos en el instituto, ni los profesores extrañados con su desaparición, ni su familia, ni siquiera el dolor aullante de todo el cuerpo. Corría con todas sus fuerzas, como si le fuese la vida en ello a través del claro bosque. David, David, David, David. No pensaba en nada ni en nadie más. David. Era lo único que le importaba en aquel momento. David. Necesitaba verle. David. Necesitaba saber que no era tan grave como se lo había descrito Mary y que todo iría bien.

Corrió hasta quedarse tan exhausta que el cerebro empezó a jugarle malas pasadas. Muchas veces, sólo de reojo, en algún punto lejano de bosque, a su izquierda, veía o creía ver una efímera sombra negra, que desaparecía nada más Renesmee miraba a aquel lugar. Pero deshecho aquellas imaginaciones y continuó el camino.



Quería llorar cuando por fin llegó al enorme pero antiguo edificio que era el hospital de la pequeña ciudad donde vivía. Una gran carretera servía de frontera entre él y el espeso bosque.



Renesmee salió como una bala de este casi provocando un accidente de coche.

 

-Pero, ¡¿quieres mirar por donde vas?!¡¿estas ciega o qué?!- le llegó la voz del conductor, que tuvo que hacer un frenazo brusco para no atropellar a la chica.



Pero aquel sonido llegó amortiguado a su cabeza. Estaba concentrada en la puerta de cristal y en la enfermera que había detrás del mostrador. Entró corriendo y sin molestarse por la cola se acercó directamente a la humana sentada enfrente del ordenador y preguntó:



-David Anderson, ingresado hoy por accidente de moto ¿dónde está?-preguntó de carrerilla mirando a la enfermera prácticamente sin pestañear.-Señorita, lo siento pero tendrá que respetar el turno, hay mucha gente que está esperando- le contesto la señora con voz un tanto cansina. Renesmee reparó en las quejas, ya bastante audibles, a sus espaldas. La mujer la miraba indiferente por encima de sus gafas con la montura dorada.-DAVID. ANDERSON. INGRESADO. HOY. POR. ACCIDENTE. DE. MOTO. ¿DÓNDE.ESTÁ?- rugió rabiosa inclinándose por encima de mostrador y enseñando los colmillos.



El corazón de la enfermera dio un vuelco y la miró con los ojos como platos. Renesmee era capaz de cualquier cosa en aquel momento. Era capaz de sacar a aquella humana estúpida a rastras de allí para que le enseñara el camino hacia David. Era capaz de recorrer todo el edificio, habitación por habitación para encontrarle. Cualquier cosa.



De repente una mano se posó en su hombro. Al girarse Renesmee vio a Carlisle con su bata de médico y una preocupación evidente pintada en los ojos dorados.



-Acompáñame- le dijo sencillamente y dando media vuelta se encaminó por uno de los interminables pasillos blancos- creí que sabías controlarte- le dijo a Renesmee cuando esta estuvo a su altura.



-¿Cómo está?- le preguntó la joven ignorando por completo la llamada de atención del cabeza de la familia.

- Lo han traído esta mañana



-¿Y?- exigió la respuesta ansiosa- Carlisle por favor- dijo parándose por completo



Carlisle se giró para mirarla. Tenía el pelo desgreñado y lleno de hojas y ramitas, las mejillas rojas y el corazón acelerado por el esfuerzo. Los zapatos estaban llenos de barro, y las manchas en las rodillas y los rasguños de las manos indicaban que se había caído un par de veces. Las ojeras ya eran normales en ella, desde aquel episodio durante la caza en el bosque. Pero en sus ojos, que eran una copia exactamente idéntica a los de su madre cuando era humana, se podía ver un profundo abatimiento,poco usual en ella. Apenas se  mantenía en pie y miraba a Carlisle suplicando aquella repuesta.



- David está en coma cariño-dijo por fin el vampiro



-Pero...Pero...va a despertar verdad?- tartamudeó la chica



- Renesmee, ya sabes lo que es la coma...puede despertar hoy, puede despertar mañana, puede despertar dentro de veinte años o...puede no despertar nunca-le contestó



-¿Puedo verle?-susurró



El médico asintió y le guió hasta la habitación donde una de las personas más importantes para ella se jugaba la vida.



Cuando entró le vio tumbado sobre una camilla y conectado a multitud de aparatos. Un gran hematoma cubría casi toda su mejilla derecha y la venda en la cabeza estaba manchada de sangre seca. Su piel era tan terriblemente pálida que si no llega a ser por los constantes pitidos de la máquina más grande Renesmee se habría creído lo peor.

Se acercó a él y le cogió la mano dejándose caer en el único sillón que había en el cuarto. Una vez sentada ya no pudo aguantar más y se echó a llorar desesperadamente.



Intentó cerrar los ojos y respirar hondo, pero el intenso olor siempre presente cualquier hospital le impidió serenarse.



La pequeña habitación estaba bien iluminada por la gran ventana, cercana a la única camilla que había en el cuarto.

Había perdido la noción del tiempo y no sabía cuántos días había pasado allí, sentada enfrente de lo que quedaba de una de las personas que más la había apoyado. Sabía que un par de veces Alice, le trajo ropa limpia y que Carlisle se encargaba de que le trajesen comida, que dejaba intacta siempre, pero nada más.



Habían intentado persuadirla de todas las formas posibles para que se fuera a casa, pero ni los gritos ni las súplicas habían servido.



Mary había venido un par de veces, pero nunca se quedaba mucho tiempo. No soportaba verlo así. Renesmee tampoco. Pero estaba allí al lado de su cama,día y noche, sujetándole de la mano, mirando como su pecho sube y baja con un esfuerzo titánico al compás de la respiración y escuchando los latidos de su corazón.



David estaba mal. Realmente mal. Carlisle no se molestó en infundirle falsas esperanzas, cada minuto que pasaba podría ser el último para él.



Recordó con angustia, cómo le pidió a su familia que convirtiesen a David, después de enterarse del estado de este. Después de una larga discusión su madre zanjó el asunto con una frase bien simple y clara: "No pienso convertir a cualquier humano por un enamoramiento estúpido". Allí tampoco sirvieron ni los gritos ni las súplicas.



Se sentía impotente mientras miraba como la vida se escapaba gota a gota del cuerpo cada vez más débil de David. No estaba enamorada de él. O por lo menos no era ese tipo de amor. Él era lo más parecido a un hermano que había tenido jamás.



Muchas veces, sus padres, sus tíos y sus abuelos le habían explicado que no tenía que cogerles cariño a los humanos. Eran demasiado efímeros. Apenas un destello infinitamente corto comparado con lo que sería su vida.



La gran mayoría de ellos engañan. A los demás o a sí mismos, eso realmente no importa. La otra gran mayoría, a pesar de tener ojos, no ve a nada ni a nadie más que a sí mismo. Para Renesmee el mundo era como un cielo y los humanos como las estrellas. La gran mayoría frías, pero si te paras a mirar, encuentras luces cálidas y acogedoras o estrellas fugaces como David, que parecen saber de antemano lo que necesitas y hacer prácticamente cosas imposibles sólo por hacerte feliz.



La radio, dejada por una enfermera amable en la mesilla de noche, llenaba la habitación de notas melancólicas de una canción desconocida para Renesmee.

 

 

 

"...Dancing slowly in an empty room

Can the lonely take the place of you

I sing myself a quiet lullaby

Then you go and let the lonely in

To take my heart again..."

Por un momento se dejo acunar por la suave melodía y pensó apenada lo bien que pegaba con el momento. Vio por la ventana como una madre salía del hospital y corría a reunirse con un hombre y un niño pequeño.



Su mirada volvió hacia su amigo. Acarició con la mirada cada rasgo de su cara. Se agachó y besó suavemente la mano cálida que tenía cogida.



-Por favor no me dejes sola- susurró agachándose por encima de él-quédate conmigo un poco más- y rozó suavemente con los labios la mejilla magullada.

 

 

 

Regresar al índiceLo más lejos de ti, a tu lado by SilentDreamer

Sólo la había visto de lejos. No se había atrevido acercarse más. Pero estaba seguro de que era ella. Ella era la fuente de lo que sintió aquella vez. De aquel golpe de calor.

Cerró los ojos y el recuerdo afloró en su mente otra vez. El largo pelo suelto ondeando al viento mientras el sol le arrancaba destellos color caoba, las mejillas de un adorable color rosado por el esfuerzo y el corazón...aquel corazón que latía con fuerza dentro de su pecho, haciéndola parecer tan viva, nada en comparación de lo que era él u otros vampiros.

Sólo la había visto de lejos. Se limitó a espiarla, como un ladrón escondiéndose para no ser visto, sintiéndose culpable. Pero, ¿qué haría ella si lo llega a ver? Se asustaría, huiría de él, avisaría a su familia y todas las posibilidades de acercarse a ella otra vez desaparecerían para siempre. Hasta podían darle caza, como hacía Aro cuando alguien le molestaba demasiado.

La encontró por casualidad. Estaba cazando, buscando una posible presa, cuando la vio. En aquel momento sintió algo extraño y por mucho que lo intentase no conseguía deshacerse de aquella molesta sensación.

La siguió hasta aquel hospital y observó como entraba por la puerta de cristal para abalanzarse sobre una estúpida humana.

Luego Carlisle se la llevó y Demetri la perdió de vista. Se había quedado allí para verla otra vez, al salir, pero de pronto, llegó un coche con prácticamente todo el clan de los Cullen y se vio obligado a irse.

Varios días después, también por un milagroso golpe de suerte, la vio mirando la calle por una de las ventanas del hospital.

Su mirada perdida delataba sólo un sentimiento que Demetri identificó como dolor. Estaba sufriendo. ¿Por qué sufría? Aquella idea se le hacía insoportable. Quería verla feliz. Quería ser la causa de su felicidad.

Otro recuerdo vino a su mente. La primera nieve ya había caído y todo el clan se deslizaba por ella en absoluto silencio. Las capas negras contrastaban con ella y susurraban mientras jugaban con el viento. Todo sobre plantas: cuidados, tipos, trucos Todo sobre plantas

Demetri recordaba cada detalle de aquella ejecución que nunca se llegó a producir. Por aquel entonces era apenas una niña que se agarraba al pelaje rojizo de aquel lobo enorme. Ahora la joven sólo tenía seis años, pero ya era una mujer.

Estaba alojado en un hotel harapiento de los barrios bajos de la ciudad. El dormitorio estaba pintado de un color verde limón oscurecido por la suciedad acumulada durante años. La vieja cama chirriante estaba cubierta por una colcha agujereada y remendada de cualquier manera y la mesita de noche que estaba al lado de esta tenía las patas tan podridas, que lo extraño era que no se hubiese derrumbado aún bajo el peso de la oxidada lámpara que tenía encima.

Demetri tenía dinero suficiente como para alojarse en el hotel más lujoso de la ciudad todo el tiempo que quisiese. No era la economía lo que le había hecho escoger aquel lugar olvidado por dios. Dudaba de su autocontrol. Aquel hotel estaba lleno de prostitutas, borrachos y otra gente a la que nadie se molestaría en buscar en el caso de que muriese. Por eso era el lugar idóneo. En cualquier otra ocasión habría comprado una casa para él solo, pero necesitaba mezclarse con humanos, acostumbrarse a su olor, acostumbrarse a convivir con ellos. En un momento hasta llegó a replantearse su forma de alimentación.

Recordó su olor. Olía a algo parecido a manzana verde y canela. Esa mezcla le hacía delirar, pero lo extraño era, que no quería probar su sangre. Simplemente quería sentir aquel olor, sentirlo cerca y durante todo el tiempo que fuese posible. En el edificio que tenía enfrente un hombre de edad avanzada veía "Moulen Rouge" y el agudo oído de Demetri captó perfectamente la letra de la canción que sonaba.

"...How wonderful life is

Now you're in the world..."

 

***

Los suaves sonidos de una melodía interpretada a piano acunaban la gran casa. Desde fuera parecía que todos sus habitantes ya estaban dormidos. Pero casi siempre, las apariencias engañan.

La menuda vampira danzaba por el enorme salón al compás de la música arreglando los pequeños jarrones con flores que había por todas partes. La mirada de su compañero no se apartaba de ella, pero su mente estaba muy lejos de allí. Resultaba cada vez más complicado apaciguar los sentimientos de toda la familia, teniendo en cuenta que él mismo estaba igual de preocupado que ellos.

Nunca habrían podido imaginar que la vida de un simple humano, igual que otros miles y miles, podría llegar a ser tan importante. Habían debatido decenas de veces sobre si convertirlo o no pero siempre se paraban en un punto muerto.

David era realmente importante para Renesmee, pero también tenían que tener en cuenta lo excesivamente sensible que era la joven. No era la primera vez que pedía que salvasen a uno de sus amigos. Pero nunca, jamás, la muerte de un humano la había afectado tanto hasta aquel momento.

Se quedaba al lado de su cama día y noche. Dormía y comía lo justo como para aguantar otro día y así sucesivamente.

No habían podido llevarla a casa, lo habían intentado de todas las formas posibles, hasta a fuerza bruta, pero resultaba imposible.

Y además estaba aquello que sentía. Aquel dolor que no la abandonaba. Todo iba de mal en peor, su tranquila vida se estaba hundiendo y nadie podía hacer nada para evitarlo.

-¿Estás bien?-oyó un susurro muy cerca de su oído mientras Alice se sentaba en sus rodillas y enterraba la cara en el hueco de su cuello. La chica había abandonado el intento de distraerse con flores. La rodeó con los brazos y aspiró aquel olor tan familiar, notando unos suaves labios acariciando su cuello.

-Sí, estoy bien - le contestó.

Pero cuando Alice le miró a los ojos, Jasper supo que no había conseguido engañarla. Pero ella no dijo nada. Tampoco hacía falta. Después de tanto tiempo juntos se entendían sin necesidad de palabras. Permanecieron así hasta que un suave carraspeo los sacó de sus pensamientos.

Emmett estaba apoyado en el marco de la puerta y sonreía de esa manera suya como diciendo "Sé lo que queríais hacer".

-Necesitamos hablar- dijo solamente desapareciendo en la oscuridad.

Cuando toda la familia se reunió en el comedor, alrededor de la pesada mesa de cerezo, Edward comenzó a hablar.

-Desde hace unos días he investigado leyendas africanas que nos pueden ayudar con respecto lo que siente-empezó

-¿Qué leyendas exactamente?-preguntó Carlisle

-Nada en concreto-contestó Edward- tratan sobre demonios eternos que se alimenten de sangre, que engendran con humanas seres mestizos, y estos seres son castigados por los pecados de sus padres con un dolor con el que tendrán que vivir toda su existencia.

-¿Dice en alguna parte cómo acabar con eso? - intervino Rosalie.

-En algunos libros antiquísimos dice que son seres incompletos o algo así, no hemos conseguido sacar nada en claro, esos libros están demasiado deteriorados y el texto completo no se ha podido restaurar-dijo Bella abatida.

-Lo que hemos pensado-continuó Edward- es que deberíamos ir al sur de África e investigar todo lo que podamos.

Después de un corto silencio, en el que todos asumían la información y cavilaban sobre el asunto Carlisle dijo:

-Estoy de acuerdo con vosotros, deberíamos ir y acabar con todo esto de una vez. Dudo que la niña aguante mucho más, tal y como va.

Esme quiso decir algo pero la conversación se vio interrumpida por el sonido del timbre. Alguien llamaba a la puerta. Tenían una visita inesperada a las dos de la madrugada.

 

***

A veces se quedaba adormilada en aquel incómodo sillón. Era horroroso para ella abrir los ojos y verle allí tumbado, pero cuando los cerraba era aún peor y le resultaba imposible aguantar las pesadillas. Controlaba el tiempo sólo por la luz u oscuridad que veía por la ventana. De vez en cuando, una amable enfermera le traía un zumo o algo caliente al ver que no tocaba la comida sólida. Renesmee no se acordaba del nombre de la humana, pero esta le había traído la cálida y suave manta con la que se cubría. No era una manta de hospital. Estaba hecha a mano, era de diferentes colores con dibujos alegres y olía a galletas caseras. Era prácticamente un salvavidas en medio de aquellos olores a medicamentos, muerte y agonía.

Ahora que se detenía a pensar, un hospital habrá oído muchos más rezos sinceros que una iglesia.

Y él seguía allí. Inmóvil. Algunas veces, le había parecido que movía los ojos bajo los párpados, pero segundos más tarde se daba cuente de que sólo eran malas pasadas de su cansada mente.

Era de noche y la habitación estaba a oscuras. Por el pequeño cristal de la puerta de entrada se colaba la luz blanca del pasillo, cayendo justo sobre la mano de David que ella tenía cogida.  A lo lejos se oían pasos de enfermeras, susurros de batas, pequeños sorbos de café, las teclas de un ordenador...

Nada fuera de lo común una noche, en un hospital.

Por un momento apartó sus pensamientos de David y recordó a a su familia. Les quería. Les quería mucho pero el rencor seguía allí, acurrucado en algún lugar de su pecho. No querían salvarle. Podían, pero no querían salvar a David. Una lágrima corrió por su mejilla.

De repente, los ruidos comunes del hospital se vieron rotos por el sonido de unas pisadas demasiado suaves como para pertenecer a humanos. Pocos segundos después, la puerta se abrió y Carlisle apareció en ella. A Renesmee le costaba mucho mirarlo a contraluz.

-¿Puedes salir un momento?-preguntó en un susurro inaudible para cualquier oído humano.

Renesmee salió envuelta en aquella manta al pasillo, cerrando un poco los ojos cegada por la luz. Y entonces se dio cuenta. Un olor distinto. Un olor desconocido. En una décima porción de segundo su mirada encontró a la inmortal que acompañaba a su madre y a Carlisle.

-Debes de ser Renesmee- dijo con voz melódica extendiendo la mano hacia ella-soy Martha y tengo mucho que contarte.

End Notes:

Aquí os traigo el siguiente capítulo de la historia de Renesmee. Como siempre, os pido vuestra opinión. Me esfuerzo mucho para hacer los capítulos y me gustaría oír críticas constructivas.

Y por último me gustaría agradecerle a WetRain, autora de la maravillosa historia "Por toda la eternidad", su apoyo y la inspiración que me ha dado para escribir este capítulo. Sin ti no habría sido posible¡Gracias! :3

End Notes:

Aquí os traigo el siguiente capítulo de la historia de Renesmee. Como siempre, os pido vuestra opinión. Me esfuerzo mucho para hacer los capítulos y me gustaría oír críticas constructivas.

Y por último me gustaría agradecerle a WetRain, autora de la maravillosa historia "Por toda la eternidad", su apoyo y la inspiración que me ha dado para escribir este capítulo. Sin ti no habría sido posible¡Gracias! :3

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-No pienso irme de aquí ahora - dijo tranquila pero firme.

Martha la admiraba. A primera vista, era tan pequeña, pálida y frágil, que daba la impresión de que se rompería en cualquier momento. Pero nada más intercambiar un par de palabras con ella comprendió, que aquella chiquilla que tenía delante podría llegar a ser incluso más fuerte que todo ellos juntos. Su madre discutía con ella, pero en vez de responderle con lo mismo, la miraba de forma calmada y le contestaba de forma decidida.

Cuando Martha estaba a punto de decirles que le contaría todo lo necesario en el hospital, Renesmee accedió ir a hablar a casa y la mirada que Bella le dirigió a Carlisle, indicaba que eso era lo último que se esperaba que haría su hija a pesar de la discusión.

Salieron del hospital acompañados de la mirada hostil de la enfermera sentada detrás del mostrador, probablemente dirigida a Renesmee. Se sentaron en el coche y sin decir ni una palabra más se dirigieron a la mansión de los Cullen.

 

***

Cuando el hospital se perdió de vista, a Renesmee le dieron ganas de salir corriendo de aquel maldito coche,  volver a pasar enfrente del mostrador, con la humana que seguía guardándole rencor, subir por las escaleras de mármol blanco, entrar en su habitación y volver a coger aquella mano cálida. Pero la vampira que vino a buscarla acompañada de su madre y Carlisle y la sinceridad de su mirada terminaron de convencerla. Sólo sería un momento, pensó.

 Cuando entraron al gran salón, Renesmee vio que Martha no era la única invitada. En el sofá de cuero, estaba sentado un vampiro que se levantó nada más verla y le dirigió una sonrisa cortés. Martha se acercó a él y abrazándole por la cintura dijo:

-Renesmee, te presento a Jared, Jared, esta es Renesmee.

Jared era muchísimo más alto que Martha, y esta a su lado, parecía una muñeca. Tenía la piel blanca muy pálida que contrastaba enormemente con el pelo negro corto. Era delgado pero fuerte y Renesmee se dio cuenta que estaba muy tenso a pesar de su aparente estado de relajación.

Se sentó en el sofá e invitó a Martha y a su compañero a hacer lo mismo en el de enfrente.

-Bueno-dijo un poco insegura y un tanto intimidada por la atenta y calculadora mirada de Jared- supongo que no tiene sentido perder tiempo y ya me podéis contar lo que queríais.

Martha se limitó a esbozar una media sonrisa y después de dirigirle una corta mirada a Jared le contestó:

-Exacto, no vamos a perder tiempo y te contaré algo que te interesa saber, pero antes me gustaría que me contestes a una preguntas-continuó mirándola fijamente.

-Por supuesto-dijo la joven

-¿Sientes dolor ahora mismo?-aquella pregunta fue como un jarro de agua fría para Renesmee.

¿Cómo sabía aquella mujer lo del dolor? Quizá se lo habían contado sus padres, pero ¿cómo les ha encontrado? A sus padres aún no les había dado tiempo de hacer el viaje planeado a África. Un montón de preguntas formaron un remolino en su cabeza y junto con el cuerpo dolido la marearon más aún.

-Sí-se limitó a contestar

-¿Es fuerte?-fue la siguiente pregunta

-Insoportable, la gran mayoría del tiempo-contestó y oyó las exclamaciones de sus padres detrás. Llevaba mintiéndoles prácticamente cuatro meses.

-¿Sabes a que se debe? ¿Por qué sientes eso? ¿Cómo contrarrestarlo?

-No

-¿Quieres saberlo?

-Por supuesto- dijo serena, aunque estaba más irritada que nunca. Si aquella mujer sabía realmente lo que sentía ¿por qué hacía esas preguntas tontas, perdiendo el tiempo?

-Entonces prepárate y escucha atentamente- contestó ignorando olímpicamente el enfado de la semivampira.

-Todos los seres vivos tienen algo dentro de ellos que les permite vivir. Yo llamo a ese algo energía. Pero no te confundas, no te hablo de la energía que necesita un ser vivo para realizar sus actividades vitales, es algo mucho más profundo, mucho más desconocido. Algunos lo llaman alma.Todos los seres vivos tienen esa energía en un perfecto equilibrio, dos partes que se compensan, lo que les permite vivir en absoluta tranquilidad, sin percatarse incluso, de que algo así existe.El caso es, que los vampiros no tenemos esa energía, o ese alma y los humanos sí. Y el problema es, que los niños, nacidos de una humana y un vampiro, sólo tienen una parte de esa energía, que les corroe por dentro si no le hacen entrar en equilibrio. Eso se puede conseguir buscando a otromestizo como tú que pueda equilibrar la energía que llevas dentro.No siempre se ha conseguido a tiempo y a veces los resultados han llegado a ser trágicos. Si conseguimos encontrar a alguien compatible contigo, todo irá bien.

 

-No hemos podido encontrar a nadie más como ella- interrumpió el relato Rosalie.

-Hace tantos años, que ni el más longevo de nosotros podrá recordarlo, había miles de personas como tú, Renesmee, por todo el mundo. Algunos vivían entre humanos, otros preferían apartarse de ellos, eso no importa mucho. El caso es que era una raza enorme.

Todos encontraban enseguida a su otra mitad, intercambiaban energía y vivían absolutamente felices. Pero un día, un vampiro, descubrió que los semimortales podían aliviar el dolor de la garganta y las ganas de sed de los vampiros también.

Esa noticia se extendió por todo el mundo y los vampiros comenzaron a buscar semimortales, esclavizándoles. Siglos de guerra y millones de muertes, provocaron vuestra práctica extinción e hicieron que los pocos supervivientes se escondiesen del mundo.

-¿Cómo podíamos nosotros quitar el dolor de los inmortales?-dijo Renesmee cuando Martha hizo una pausa- tengo entendido que dos mestizos compatibles intercambian energía, la equilibran y paran el dolor.

-Exacto-sonrió la mujer satisfecha de que la joven la entendiese-cuando un humano se convierte en inmortal, pierde su alma. Por eso la conversión es tan dolorosa y después de ella siguen sintiendo dolor, concentrado en la garganta. Cuando un mestizo es capaz de transferirle su energía a un inmortal, eso significa que esta se parece mucho o es casi idéntica a la que una vez poseyó el vampiro.

Fuera, las primeras luces del alba comenzaron a asomarse por encima de las copas de los árboles, llenando la estancia de una suave luz.

-¿Cómo podemos encontrar a alguien compatible conmigo?- preguntó Renesmee después de la larga pausa.

Entonces fue cuando la chica se dio cuenta de la bolsa negra de cuero que llevaba Jared. Martha sacó de ella una caja de un material irreconocible que tenía un extraño brillo metálico.

Era pequeña. Su base medía quizás un poco más que la mitad de un folio y tampoco era muy alta, pero cuando Martha la acercó a Renesmee para que esta la cogiese, la joven tuvo que hacer un esfuerzo enorme para que esta no cayese en la mesa de cristal que había entre los dos sofás en los que estaban sentados.

La caja tenía flores y filigranas talladas en los cuatro laterales y en la parte superior tenía grabado un mapamundi en miniatura con el relieve de las montañas. No tenía cerradura, ninguna junta, ni nada que indicase que se podía abrir. A primera vista sólo era un trozo cuadrado de algún metal con dibujos grabados.

Renesmee quiso preguntar cómo funcionaba, pero tanto los dos huéspedes como su familia, miraban fijamente el pequeño mapa. Ella hizo lo mismo.

Pasaron un par de minutos y empezó a notar movimientos nerviosos de su familia detrás de ella. Quiso dejar el objeto en la mesita de cristal e irse otra vez con David cuando de repente, notó calor en sus manos.

Las yemas de sus dedos se iluminaron por un breve momento, con una conocida luz dorada que le recordó la caza en el bosque aquel día en que todo empezó.

Prácticamente enseguida la caja absorbió esa luz iluminando el mapa, para concentrarlo después en un único punto en alguna parte del este de Rusia.

-¿Es allí?-preguntó Renesmee- ¿él está allí?

- O ella - le contestó Martha.

A Renesmee le daba igual, él o ella. Sólo quería acabar con todo aquello cuanto antes. Pero aún tenía muchas preguntas a las que Martha no había dado respuesta.

-¿Qué es esta caja?- preguntó

-Te puedo decir que se llama grant, percibe tu energía y busca a alguien que emita una energía complementaria, señalando su localización en el mapa- dijo la mujer- lamentablemente no te puedo contar ni de qué está hecho, ni quién lo hizo, ni cómo. Hace siglos había muchísimos por todo el mundo. Ahora sólo queda este y toda la información perdida.

-¿Entonces qué pasará cuando se rompa o deje de funcionar por cualquier motivo?- preguntó Esme

-Estamos intentando localizar otro grant, o buscar una forma de fabricarlo por nosotros mismos, pero es una tarea bastante complicada. Lo único que puedo deciros es que si le pasa algo a este objeto, muchas vidas acabaran destrozadas.

- Si podemos ayudar en algo, quiero que sepa que cuenta con todo la ayuda que podamos prestarles- comentó Carlisle

- Se lo agradezco mucho, pero creo que podremos hablar de ello después ¿no?- le contestó con una sonrisa- tenemos a una persona que buscar-continuó guiñándole el ojo a Renesmee y sacándole la lengua.

-¿Va a ir a Rusia?-preguntó Edward

-Sí.No vamos a perder más tiempo y empezaremos el viaje ahora mismo- comentó Jared interviniendo en la conversación, lo que les sobresaltó a muchos, ya que algunos hasta se olvidaron de su presencia.

-Le acompañaremos- dijo Bella

-Oh gracias, pero es absolutamente innecesario- rechazó la propuesta Martha- es nuestro trabajo y no nos cuesta en absoluto realizarlo-dijo mirando a Jared mientras este le sonreía.

-Insisto

-De acuerdo- intervino Jared otra vez- vendréis con nosotros y buscaremos a esa persona, en el caso de que se niegue a venir a aquí, es necesario mantenerse en contacto para que la chica vaya a Rusia.

-Puedo ir directamente con vosotros, equilibrar mi energía y venir- dijo Renesmee

-Dudo que estés en condiciones de hacer un viaje tan largo ahora- comentó Rosalie- estás muy cansada.

-Renesmee, ¿cuánto crees que dura ese intercambio de energía?-le pregunto Martha seriamente

-Pues... no lo sé, pero supongo que alrededor de un día ¿no?- dijo insegura

-Cariño-comenzó con voz pausada- la persona que encontremos estará contigo el resto de tus días. Se necesita contacto constante para mantenerse equilibrado. Prácticamente todos acaban como pareja, casándose, formando una familia o como mejores amigos o como hermanos.

Cada palabra fue como un mazazo en la cabeza de la chica. ¿Qué quería decir? Lo entendía todo perfectamente, pero no quería aceptarlo. Aborrecía los matrimonios sin ningún tipo de sentimiento y ahora le decían que le iban a traer a una persona que no conocía en absoluto y que tendría que pasar con ella el resto de su vida. ¿Y si al final resultaba ser una chica?

Pensó que podrían ser amigos. Claro, se dijo, serían amigos y nadie interferiría en su vida amorosa. Punto. Sí, así sería.

Sus padres, Alice, Jasper, Martha y Jared partieron inmediato a Rusia. Ya era medio día, y el cielo, como siempre, seguía cubierto de nubes sin dejar pasar ni un rayo de sol. Quería volver al hospital enseguida, pero Rosalie le convenció quedarse a dormir un poco en casa. No le gustó mucho la idea de pasar tanto tiempo lejos de David, pero se dijo que dormiría sólo unas pocas horas.

Entró a su habitación y al tumbarse, el familiar olor de su cama le dio la bienvenida. Rosalie tenía razón, estaba agotada. "Sólo unas horas" pensó y cayó rendida por el sueño

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Las sábanas eran imposiblemente suaves. Tenía las piernas alrededor de su cintura y  enredaba las manos en su pelo mientras él le susurraba al oído su nombre, abrazándola. "Renesmee".

Otra vez aquella voz grave y aterciopelada que la acunaba. Notó como unos dedos cálidos recorrían su cuello. Un aliento agitado en la mejilla. Su propio corazón desbocado. Era maravilloso.

La habitación estaba iluminada débilmente por una luz cálida cuya procedencia no supo localizar. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior disfrutando de cada caricia y arqueando ligeramente la espalda. "Renesmee" sería capaz de oír aquella voz toda la vida y no cansarse jamás. Notó una boca sobre la suya y se dejó llevar por ella. No existía nada más, no importaba nada más.

De repente la piel con la que estaba en contacto, tersa, suave, y cálida se empezó a volver fría y dura. Cada vez más y más. Los brazos alrededor de su cintura empezaron a cerrarse amenazando con romperle las costillas. Unos dientes afilados se clavaron en su cuello. Ya no estaba en su habitación. Todo estaba a oscuras, intentaba gritar pero los brazos la oprimían y le impedían coger aire. Se estaba ahogando. Intentaba soltarse, pero no tenía fuerza suficiente. Empezó a llorar mientras aquello la arrastraba a la oscuridad más profunda.

 

 

Se despertó empapada en sudor frío con las sábanas pegadas al cuerpo. Respiró hondo intentando tranquilizarse pero aún tenía la impresión de que algo la agarraba con fuerza. Miró a su alrededor asegurándose que estaba sola.

Se había prometido dormir sólo unas horas, pero ya era de noche y la lluvia golpeaba furiosa las puertas de cristal cerradas que llevaban al balcón. Aún tenía puesta la misma ropa con la que había venido del hospital y las horas de sueño no le habían ayudado absolutamente nada. Tenía el cuerpo dolido y su cabeza estaba a punto de reventar.

De repente vio una nota de papel doblada sobre la mesita de noche al lado de la cama. Al cogerla se dio cuenta de que le temblaban las manos. "Tranquilízate" se dijo. Sólo es un sueño.

La nota, escrita con la pulcra caligrafía de Esme decía:

 

Renesmee,

Carlisle ha recibido una llamada urgente del hospital y ha tenido que irse. Emmet, Rosalie y yo hemos ido de caza. Descansa por favor y no te vayas corriendo a ver a David, está bien. En la nevera hay comida preparada intenta comer algo, estás muy delgada.

                                                                                                                   Un beso, Esme

Dejó caer la nota al suelo y quitándose la ropa por el camino se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba despejarse.

Después de una ducha larga se puso ropa interior limpia y una camiseta blanca holgada que dejaba un hombro al descubierto. Mientras revolvía los cajones buscando su pantalón vaquero favorito oyó como le rugían las tripas, así que decidió no darse por vencida y reanudar su búsqueda después de tomar algo.Cerró el cajón con un golpe de cadera y salió de su habitación pasando por encima de las cosas sucias tiradas en el suelo. 

Había dejado de llover y ahora todo estaba en absoluto silencio. Mientras caminaba por el largo pasillo, se quitó la goma para el pelo, que siempre llevaba en la muñeca y se recogió el pelo en un moño desenfadado bajo.

Bajó por la escalera de caracol y abrió la puerta blanca deslizable de la cocina. No se molestó en encender las luces y se dirigió enseguida a la enorme nevera plateada. Como siempre esta estaba abarrotada de cosas. Tal y como prometió Esme, había comida preparada para calentar. Macarrones con tomate y queso.

En otro momento no se lo habría pensado dos veces y habría vaciado el plato en un abrir y cerrar los ojos, pero decidió buscar otra cosa. Cerró la nevera y abrió la puerta de un armario abarrotado de dulces y pastelitos de todo tipo. Revolvió todo, haciendo ruido con los envoltorios hasta que encontró sus galletas con chocolate favoritas. Pensó que estarían geniales con un poco de leche, pero cuando quiso volver a la nevera algo la paró en seco.

Al principio pensó que era otra mala pasada de su mente absolutamente agotada por las noches prácticamente sin dormir al lado de la camilla de David. Pero no. Era real. Tan real como la caja que tenía entre las manos que cayó al suelo con un golpe seco mientras se tapaba la boca con las dos manos. Al fondo de la habitación, protegido por las sombras, un hombre de pie la miraba fijamente.

 

 

***

 

Los Cullen resultaron ser una compañía de lo más agradable. No habían tenido ningún incidente hasta aquel momento y aquello parecía un viaje de amigos. Los chicos congeniaron enseguida y Alice resultó tener un don sorprendente para ver el futuro. Martha entendió que habrían preferido mantener aquello en secreto, pero la chica había tenido una visión nada más empezar el viaje y no les había quedado otra opción que contárselo, pidiendo máxima discreción.

Habían salido al mediodía y pocas horas después, su objetivo empezó a moverse. Los Cullen se extrañaron ante esto un poco, pero al fin y al cabo era normal, buscaban a una persona viva que era perfectamente capaz de desplazarse. Al principio pensó que aquel chico o chica sólo había ido a cazar, por eso el puntito dorado en el mapa de la caja se movía, pero pronto descaró la idea. Se mudaba o huía de alguien. Nadie tardaba tanto tiempo en cazar, ni nadie iba tan lejos a hacerlo.

Tardaron alrededor de cuatro horas en llegar al este de Rusia, en aquel momento el punto amarillo se movía hacia México cruzando Estados Unidos. El sol estaba en alto pero las copas de los árboles apenas dejaban pasar luz mientras cruzaban el bosque.

Aceleraron el paso y siguieron la ruta que indicaba el puntito dorado. No hablaron prácticamente nada en todo el trayecto a partir de allí. A veces chispeaba un poco y la única distracción era el cambio de paisaje y del clima.

Cuando estuvieron en alguna parte de América Central oyeron gritos que procedían de algún punto lejano de la selva. Martha, que iba delante aminoró la marcha, ahora sólo el crujido de alguna rama traidora delataba su presencia allí.

Pronto divisaron entre las ramas de los árboles una pequeña aldea de casitas minúsculas. La gente corría y gritaba, pero no alcanzaban a ver el motivo de aquel alboroto. Entre la multitud se oyó un rugido que arrancó aún más llanto.

De repente, sombras negras llovieron sobre los humanos desesperados y empezaron a matarlos. Matarlos de forma metódica rápida y eficaz. Martha ya sabía exactamente lo que estaba pasando, pero en las cabezas de los Cullen una misma pregunta giraba silenciosa ¿qué hacía ese grupo de semivampiros allí vestidos de negro y matando humanos?

 

***

La misión que habían tenido en Rusia fue fácil. Tan sólo un par de alborotadores que no cumplían las normas. No tardaron nada en eliminarlos, pero nada más terminar de borrar todas las huellas, el clan les adjudicó que se encargasen de otro asunto más. No tardaron nada en llegar al lugar indicado y tampoco les costó demasiado localizar el pequeño pueblo.

Los humanos corrían aterrados intentando escapar de las garras de los cazadores. Eran cuatro. Tres semivampiros y un inmortal.

-El inmortal no es asunto nuestro- oyó en alguna parte la voz aguda de Sarah

-Nuestro asunto es proteger la seguridad de los semimortales- le contestó Alexander- si le dejamos escapar puede hablar demasiado.

Erik levantó la mano y con una corta y rápida señal atacaron. Los humanos no tenían culpa de nada, pero nadie podía quedar vivo, habían visto demasiado. En apenas unos instantes el olor a sangre llenó el aire húmedo. La lucha no duró demasiado. Les superaban claramente en número, sin tener en cuenta que ellos habían sido entrenados durante prácticamente toda su vida.

Mataron al vampiro sin una sola pregunta, pero estaban obligados a saber los nombres, edades, procedencia y nombres de familiares de los ejecutados semimortales.

-Sarah, encárgate- ordenó Erik

Todos estaban a su mando, un grupo de siete personas, cuatro chicos y tres chicas que llevaban luchando a su lado desde que se puso el uniforme por primera vez.

El suelo estaba completamente rojo por la sangre y en algunos lugares aún se oían los gemidos de los pocos supervivientes. Erik notó algo raro pero no supo identificar qué era. 

Alexander y otros dos se dedicaron a terminar con los gravemente heridos.

-Lo mejor será quemar todo esto-dijo Dana - una hoguera descontrolada puede ser perfectamente el motivo de todo esto.

-Puede ser- le contestó Alexander- pero algunos cuerpos tienen los huesos molidos además vendrá gente si ve mucho humo.

-Esconded los cadáveres destrozados debajo de escombros, si están realmente mal, tiradlos al río y haced que esto se queme rápido. Estaremos lejos ya cuando lleguen los humanos- ordenó Erik- tened cuidado con no incendiar toda la selv...

Y entonces se dio cuenta de que unos ojos dorados le miraban entre las ramas de los árboles. El grupo entero percibió su tensión y se pusieron en guardia.

-¿Quiénes sois?- preguntó en  apenas un susurro.

-Tranquilo, Erik-le contestó una voz familiar- soy Martha y sólo traigo un par de amigos.

Cuando seis personas salieron al claro, sólo la presencia de Martha evitó un ataque y otra masacre. Pronto se dieron cuenta que uno de ellos era Jared y la tensión entre los dos grupo amainó aún más. Y cuando Martha sacó de su bolsa de cuero el grant, todos se olvidaron por completo de los desconocidos.

En grupo estaba formado por siete personas. Sarah y Alexander estaban juntos. Eva y Dana también eran dos personas que se equilibraban.

Los restantes eran Darren, Jean Pierre y él. Él tenía treinta y cinco años y sentía dolor desde los seis. Durante todos aquellos años no han podido encontrar absolutamente a nadie que pudiese complementarlo. Sabía que no tenía que emocionarse, no era la primera vez que Martha venía a buscar a alguien.

Sarah se acercó a Darren y le pasó un brazo por el hombro. Eran hermanos pero lo único que tenían en común era quizá los ojos de color marrón chocolate, heredados de su madre. Darren estaba claramente nervioso y Jean Pierre jugaba con las correas correas de su chaleco, impaciente.

Todos miraban a Martha, y mientras Erik observaba a sus acompañantes. Probablemente en aquel grupo de personas estaría el padre de la chica o el chico, a no ser que este decidiera quedarse con su hijo o hija en casa. Pero lo siguiente que dijo Martha les dejó de piedra a todos:

-Erik ¿nos acompañas?

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Sólo ahora se daba cuenta de aquel olor extraño flotando en la habitación como un fantasma. Una mezcla de madera, bosque y  hierba, que no pertenecía a nadie de su familia.

La sombra permanecía quieta en aquel rincón mientras ella permanecía en el mismo sitio p

Take the pain away from me by SilentDreamer

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