Pide un Deseo by TammyTF

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 Pide un Deseo by TammyTF
Summary:

Si pudieras desear lo que sea, cualquier cosa ¿Que seria? ¿Pedirías la paz del mundo? ¿Un auto nuevo? ¿Mayor inteligencia? ¿O simplemente pedirías que esta vez no salieras decepcionado?



Algunos deseos son egoístas, otros demasiado imposibles y los de Abi Fletcher simplemente son ignorados. Al llegar a su decimoctavo cumpleaños, Abi decide hacer un cambio frente a la continua decepción que ha sufrido año tras año. En un arranque de completa amargura y  escepticismo, su mente arrojara el pedido mas irracional en la historia de todos los deseos..."Desearía haber nacido en otra época"



Un mundo nuevo, un hombre y muchas cosas que ni en sus peores pesadillas habría imaginado, Abi deberá afrontar la Inglaterra del siglo XVIII y si sobrevive a ella, tendrá un cumpleaños más para regresar...pero ¿Qué desearías cuando crees tenerlo todo?



Pd: Esta historia esta registrada en Safe Creative.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: General, Viaje en el Tiempo

Advertencias: Lemon, Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 19 Completed: No Word count: 73418 Read: 4207 Published: 13/04/2011 Updated: 05/07/2011
Summary:

Si pudieras desear lo que sea, cualquier cosa ¿Que seria? ¿Pedirías la paz del mundo? ¿Un auto nuevo? ¿Mayor inteligencia? ¿O simplemente pedirías que esta vez no salieras decepcionado?



Algunos deseos son egoístas, otros demasiado imposibles y los de Abi Fletcher simplemente son ignorados. Al llegar a su decimoctavo cumpleaños, Abi decide hacer un cambio frente a la continua decepción que ha sufrido año tras año. En un arranque de completa amargura y  escepticismo, su mente arrojara el pedido mas irracional en la historia de todos los deseos..."Desearía haber nacido en otra época"



Un mundo nuevo, un hombre y muchas cosas que ni en sus peores pesadillas habría imaginado, Abi deberá afrontar la Inglaterra del siglo XVIII y si sobrevive a ella, tendrá un cumpleaños más para regresar...pero ¿Qué desearías cuando crees tenerlo todo?



Pd: Esta historia esta registrada en Safe Creative.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: General, Viaje en el Tiempo

Advertencias: Lemon, Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 19 Completed: No Word count: 73418 Read: 4207 Published: 13/04/2011 Updated: 05/07/2011
Story Notes:

Bueno veamos...Hace unos dias que me surgio esta idea, no me voy a poner a explicar como ni nada. Solo es algo que salio jeje. Me gusto eso de jugar con el tiempo asi que voy a ver que sale. Espero que le den una oportunidad a esta historia y si les gusta, bueno haganmelo saber!! =D

Story Notes:

Bueno veamos...Hace unos dias que me surgio esta idea, no me voy a poner a explicar como ni nada. Solo es algo que salio jeje. Me gusto eso de jugar con el tiempo asi que voy a ver que sale. Espero que le den una oportunidad a esta historia y si les gusta, bueno haganmelo saber!! =D

Nuevo Amanecer by TammyTF
Author's Notes:

Ok aca les dejo este primer capi, si les interesa la historia y les gusta lo que leen me dicen y la sigo. Digamos que esto es como un piloto, si sale... bien y si no tambien jeje. Desde ya muchas gracias por tomarse la molestia!! ;)

Author's Notes:

Ok aca les dejo este primer capi, si les interesa la historia y les gusta lo que leen me dicen y la sigo. Digamos que esto es como un piloto, si sale... bien y si no tambien jeje. Desde ya muchas gracias por tomarse la molestia!! ;)

—¡¡Pide un deseo!!

¿Quién no ha estado en esa situación? Sumido en la oscuridad, rodeado por personas —dícese familiares y amigos— que aguardan por un movimiento tuyo, para poder capturarlo en la fotografía mas ridícula de tu vida. Solo una luz en el centro de la mesa, tambalea errante y frágil frente a tu rostro, que intenta forzar la mejor sonrisa. Esa era su situación y extrañamente a pesar de saber que cada año le deparaba lo mismo, no hacia nada para evitarlo. No es que fuese una atea de los cumpleaños, pero luego de diecisiete apagones en los que vaciaba sus pulmones con ahincó, seguía sin tener resultados. Había descubierto amargamente, que Santa Claus y los Reyes Magos eran ni más ni menos que sus padres, a la tierna e inocente edad de cuatro añitos. Pero por alguna razón siempre había guardado sus pedidos especiales, para el momento que ella definía como el más importante del año, sus cumpleaños. Por supuesto con el tiempo también terminó por perder la fe en ellos, pues nunca vio realizado nada de lo que pedía. La muñeca Barbie de cuando cumplió seis, fue decepcionantemente reemplazada por un libro para conjugar verbos. El pequeño horno con luz y un pollo que giraba en el centro sin necesidad de baterías, jamás llego, en su lugar obtuvo zapatos ortopédicos. Pero bueno, quizás ella fue la responsable en esa ocasión, después de todo no podía servir una cena de comida cocinada en un horno de fantasía con los arcos chuecos ¿Qué clase de ama de casa seria entonces? A medida que fueron pasando los años, sus deseos también fueron aumentando de tamaño e intensidad. A los catorce rogó a todos sus santos que le enviaran un par de pechos para ya dejar de parecer un muchacho, y para su sorpresa eso tampoco ocurrió. Finalmente en el transcurso de entre los quince y los dieciséis sus curvas decidieron hacer acto de aparición, no en los términos en los que ella había pactado, pero algo era algo. Y frente a ese pequeño logro, recobro parte de su antigua emoción por la fecha mas aclamada en su calendario, en esa ocasión tuvo que ser egoísta y soplo la velita con una sola idea. “Que mis padres ya no intenten sorprenderme” “No mas fiestas sorpresas” Llegaron sus diecisiete y con él, otro festejo mal planeado. Viendo que era inútil tratar de disuadir a su familia de festejar el recuerdo de su nacimiento, opto por pedir amor, concentrando todas sus fuerzas en Aarón Mittler. Deseando fervientemente que ese año él finalmente reparara en su presencia y de un día para el otro, descubriera que no podía pasar un segundo más sin estar a su lado. Y entonces fueron los dieciocho, demás esta decir que Aarón aun seguía sin saber como rayos se llamaba e incluso una vez, le llego a palmear la espalda creyendo que era uno de sus amigos. Pero ese año no iba a perder tiempo, ni pensamientos en buscar minuciosamente algo que pedir, pues ya sabía que no iba a ocurrir. No repetiría la misma historia, no aguardaría a que las cosas pasasen producto de una intervención mística.

Todos tenían sus cámaras apuntadas en su dirección, la vela seguía parpadeante esperando que ella le diera un fin a su candente baile. Su padre presionaba su hombro derecho, su madre el izquierdo y el pastel helado se engullía a si mismo producto del calor agobiante propio de la fecha. Soltó un suspiro por lo bajo y cerro los ojos con resignación, aquí iba otro año desperdiciado y otro sueño desahuciado.

—¿Lo tienes Abi?— Insto su madre sonriéndole desde arriba, ella asintió y se inclino sobre la mesa para poder tener un mejor alcance, de ese modo al menos no contaminaría el pastel con sus gérmenes. Se encogió de hombros y dio una última mirada a toda la gente que con rostros anodinos, la observaban como si no supieran a ciencia cierta que rayos hacían allí. Y Abi se pregunto exactamente lo mismo ¿Qué hacia allí? Ella no debería estar soplando velitas, forzada a festejar una farsa, porque seamos honestos. Los cumpleaños no eran más que promesas vacías, tan solo desear aquello que nunca llega, un invento del hombre moderno para lucrar con las pobres victimas que creían en la magia. Se sintió embaucada en esos momentos y tan solo pudo pensar en una cosa, desearía no estar aquí. Desearía haber nacido en otra época. Y el aire dio paso a la oscuridad.

 

***

 

Con un brazo se cubrió la cara en un vano intento por apartar la luz que se colaba por la ventana, impactando directamente en sus ojos. No recordaba cuando había sido la última vez que se había embriagado, incluso ni recordaba haber comenzado a beber. Pero ¿Qué otra explicación existiría para ese retumbar en su cabeza? Tal vez los festejos de su cumpleaños se le habían ido ligeramente de las manos, después de desear desaparecer parecía que su mente se lo había tomado demasiado enserio. Y en esos segundos que se encontraba entre la conciencia y el país de los sueños, no podía precisar nada, ni el momento de los regalos, ni siquiera el sabor que tenía su pastel helado. Nada. Se incorporo ligeramente, ya resignada al hecho de que el sol no desistiría en fastidiarle la mañana, tirito inconscientemente y aun con los ojos cerrados busco a tientas sus mantas. Al parecer el maldito calentamiento global mostraba su feo rostro una vez mas, haciéndola amanecer en un día de verano innecesariamente frío. Abi soltó un bufido cuando su mano choco con algo húmedo y pastoso, abrió los ojos a regañadientes y espió con un poco de recelo aquello que había tocado.

—Lodo…genial—. Dejo caer la cabeza tras expresar su enfado y su golpe de frustración contra la almohada termino su viaje en algo mucho, mucho mas duro. —¡Auch!— Grito esta vez, reparando en lo que había dicho antes ¿Lodo? Volvió a mirar y fue entonces cuando sus ojos casi saltan de sus orbitas, se puso de pie abruptamente. ¿Dónde estaba su cama? Se giro en busca de la misma y también en busca de… su habitación ¿Dónde estaba? Extendió una mano temblorosa con el objetivo de posarla sobre el árbol en el que su cabeza había golpeado. Sí, era real de eso ya no le cavia duda. —Bien…—Murmuro para calmarse un poco, seguramente esto era una broma de Jules. Ella siempre le jugaba bromas de cumpleaños, aunque iba a admitir que estaba vez se había superado con creces. —¡Ok Jules! ¡Me atrapaste, ya sal de donde estés boba!— Exclamo poniendo sus manos alrededor de su boca, para acrecentar el volumen de su voz.  Se giro sobre su eje buscando por entre los arboles la silueta curvilínea de su amiga, no reconocía el lugar donde estaba. Y eso era extraño dado que en su pueblo no había bosques, solo la reserva de aves y ese era un sitio que Abi conocía como la palma de su mano. —¡Oye vamos! ¡Tengo frio!— Volvió a gritar ya un poco cansada de ese jueguito, en realidad estaba calada hasta los huesos, no era una mañana fría, era polar. Su fina blusa sin mangas y sus shorts de jean no podían considerarse como apropiados para ese clima. Se froto los brazos con las manos, intentando sacarse la piel de gallina. Dio unos cuantos pasitos en la dirección que le pareció ver menos arboles, se iba a mantener bajo el sol o moriría congelada. Y Jules no aparecía por ninguna parte, se detuvo a mirar mejor los alrededores, no veía nada que le indicara el camino hacia la civilización.  Su amiga jamás se apartaría tanto era tan miedosa que temía ir al baño sola por las noches, ya que tenia que bajar al piso inferior. Por alguna razón dejo de creer que esto era alguna artimaña de Jules y sin que pudiera controlar los impulsos de su cuerpo, se hecho a correr. De esa forma entraba en calor y buscaba una salida, no podían decir que no era una chica práctica. La idea de morir de frio no le era tentadora y esperar porque alguien se presentara parecía una completa perdida de tiempo. Solo restaba que encontrara un camino que seguir, una persona o la casita de la bruja de Hansel y Gretel. Después de todo, tarde o temprano le daría hambre y comerse a la “supuesta” persona que encontraría, no seria bueno para entablar una futura relación de camaradería. Mientras mantenía un paso acelerado saltaba y esquivaba ramas, todo el tiempo escaneando con sus ojos el lugar, buscando algo que fuera remotamente útil. Abi se consideraba una persona con buen estado físico, no fumaba, no comía en exceso y tenia sexo con regularidad, pero en ese momento se sentía como una anciana con reumas. Tras correr no más de diez minutos, sus pulmones colapsaron obligándola a detenerse tratando de coger el aire del suelo. Sus piernas se sentían flácidas y el cuerpo le pesaba una tonelada. No comprendía, ella era de las mejores en atletismo de su escuela ¿Qué le estaba pasando? ¿Podía ser a causa del frio? En ese instante le hubiese gustado haber puesto mayor atención en sus clases de biología. Se posiciono en una fría rama y comenzó a inspirar con lentitud. —Inhalo…exhaló…—Se repetía mientras alzaba sus brazos con la intención de expandir la caja torácica. Esa parte la tenia más que sabida. Tras varios minutos en los que se replanteo varias veces su situación, decidió continuar pero esta vez caminando. Se froto las manos una con otra y en ese instante comenzó a temer por sus dedos, los tenia violetas y prácticamente no los podía mover. —Ok no entres en pánico Abi, solo recuerda que te has visto todos los episodios de “Aprueba de todo” ¿Qué haría Bear?— Pregunto en voz alta, porque de alguna manera oír el sonido de su voz la tranquilizaba y la hacia sentir menos sola. Giro la cabeza en todas direcciones, debía de haber algo en ese condenado bosque que le sirviera de abrigo. Matar a un oso seria un poco complicado y ese día había olvidado su rifle en su otro short. Entonces se topo con su salvación, arqueó una ceja al mirarla con mayor detenimiento pero bueno, era eso o la muerte. Se acuclillo y comenzó a tomar el lodo entre sus manos, lo esparció por su rostro, sus brazos y piernas desnudas. Extrañamente funcionaba bastante bien como aislante térmico, Abi sentía menos frio ahora que llevaba una capa mullida de lodo. Comprendió muy bien las razones del Yeti al salir vestido así frente a las cámaras. Mientras ese pensamiento cruzaba por su mente, esbozo un ligera sonrisa, podía sentirse extraviada, helada y sola, pero nunca perdía su sentido del humor. Tal vez esa era la única razón, por la cual aun no había despotricado y comenzado a hacer un berrinche como una mujer entrada en pánico. Siempre que pudiera reírse de la situación, Abi lograba salir bien librada tan solo tenia que verle el lado positivo. Ponerse histérica ¿Qué resolvería? Se volteo buscando el camino más idóneo para continuar y su boca casi se le desencaja del lugar. —Uhh…—Dejo ir en un leve susurro, el animal… gato, puma, pantera, jaguar o lo que sea, la miraba fijamente con sus ojos de líneas verticales. Abi dio un paso hacia atrás, hundiendo el pie en su salvador pero no se inmuto continuo retrocediendo. El bicho seguía cada movimiento suyo con ojo avizor, como aguardando a que diera un paso en falso y devorársela de un solo mordisco. Pues eso no iba a ocurrir, se dijo internamente, ella también tenia apetito y si se iban a intentar comer, pelearía con uñas y dientes. Después de todo para eso los tenía, su pie golpeo algo duro y Abi bajo la vista en un parpadeo para divisar de que se trataba. Un grupo de rocas, una sonrisa surco sus labios y el felino decidió acortar sus distancias, ella se acuclillo tomando un buen montón. Y aguardo. El animal continúo avanzando y Abi apretó las rocas con mayor intensidad entre sus manos, cuando lo tuviera a una distancia en que no pudiese fallar lo asustaría, entonces correría como los mil diablos. Sí, en teoría su plan parecía estupendo, en teoría todo le suena bien a ella. Pero con lo que no contaba era con que el animal, se movía más rápido y que podía brincar dos metros en tan solo una milésima de segundo. Soltó un grito agudo y se llevo las manos al rostro intentando cubrirse de las garras que se dirigían hacia ella. Abi pensó solo una cosa…Odio a los gatos. Luego llego el golpe seco y desorientador.

 

***

 

No había tenido tiempo de gritarle que corriera, pero vamos ¿Qué idiota no se apartaría del camino de un panthera hambriento? William traslado su arco hacia la espalda y descendió del caballo. Había tenido la dicha de atinar en el disparo, pero al parecer el joven al que el animal tenia pensado cenarse, no había corrido con la misma gracia. Saco una flecha de su soporte y aparto al felino con cuidado, lo único que faltaba era que no hubiese muerto. Pero como lo había sospechado desde que su flecha había abandonado su arco, el tiro había sido certero y letal. El era un excelente arquero y no había nada que disfrutara mas que salir de caza, sus tierras estaban infestadas de animales deseosos de hacerle la vida interesante y el los aprovechaba a sus anchas. Observo con detenimiento el cuerpo herido de la persona ¿estaría muerto? Un leve quejido escapo del bulto en el suelo, automáticamente respondiendo su pregunta. William lo tomo por un hombro, llenándose la mano de suciedad, entonces se replanteo la idea de ayudarle. No tenía qué, después de todo el extraño estaba invadiendo su propiedad y lo justo seria castigarlo, o terminar con su sufrimiento y matarlo. Ese no era tan mal plan, tan solo un flechazo en la cabeza y fin de la discusión. ¿Pero que clase de aristócrata seria si matara a sangre fría a un idiota indefenso? Resoplo por entre los dientes y se acuclillo para intentar reanimarlo, solo evitaría tocarlo, estaba completamente sucio y era asqueroso. Incluso podría tener la peste ¿o quien sabe? Todo era posible tratándose de los campesinos.

—¡Despierta!— Llamo empujándolo ligeramente con la punta de su bota, el bulto soltó otro gemido pero no dio mas señales de querer obedecer. —¡Vamos, despierta!— Exclamo rodándolo con el pie hasta ponerlo boca arriba, por un segundo tan solo se quedo admirando los rasgos de ese hombre sucio. Y comenzó a dudar ¿Era hombre? Era difícil decirlo, teniendo en cuenta de que parecía demasiado pequeño y el lodo que lo cubría no ayudaba a determinar nada. Saco de su bolsillo uno de sus pañuelos y tras frotarle por unos minutos el rostro evitando rozar los pequeños cortes, logro encasillarlo en una definición. Mujer. ¿Pero donde estaba su vestido? ¿Acaso solo estaba cubierta por barro? Arqueo un ceja divertido con esa idea, seria interesante descubrirlo.

—Ahmm…— Ella llamo su atención al volver a emitir tan peculiar sonidito, parecía el ronroneo de un gatito. William busco el lugar mas adecuado para levantarla, en realidad no quería ensuciar su ropa pero al parecer iba a tener que hacerlo. Se quito la capa y recordando que en alguna parte de su ser, había algo que lo asimilaba a un caballero, la cubrió con ella. La mujercita se retorció ligeramente en sus brazos, mientras el emprendía el camino de regreso a su caballo. —¿Qué…?— Murmuro con la voz en un suave susurro.

—Shh…—La calmo apretándola mas a su cuerpo, estaba congelada y cómo no estarlo, si prácticamente no llevaba ropa. —Vendrá conmigo…tranquila.

End Notes:

Oki es solo un capi introductorio, ustedes diran que les parecio!! Saludos!! =D

End Notes:

Oki es solo un capi introductorio, ustedes diran que les parecio!! Saludos!! =D

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Author's Notes:

Bueno hoy estoy trantado de actualizar mis historia y ahora le toco a esta. Espero q les guste este nuevo capi y gracias a todos los que se tomaron la molestia de leerme y dejarme comentarios. Son muy buenos conmigo jeje!! Ok espero q sea de su agrado!! =D

Author's Notes:

Bueno hoy estoy trantado de actualizar mis historia y ahora le toco a esta. Espero q les guste este nuevo capi y gracias a todos los que se tomaron la molestia de leerme y dejarme comentarios. Son muy buenos conmigo jeje!! Ok espero q sea de su agrado!! =D

Era imposible pero por un instante había creído tener un sueño, en el que se despertaba en un bosque frio y un felino enorme intentaba devorársela. Pero solo había sido su imaginación demasiado estimulada por el azúcar, pues se encontraba en su confortable cama, cubierta por las mantas correspondientes. ¡Momento! ¿Por qué las mantas se apartaban? Abrió los ojos abruptamente, para encontrarse delante de ella a un extraño, que tenia las manos justamente encima de su blusa. Grito afanosamente y retrocedió hasta darse la cabeza contra el respaldo de la cama, él dio un brinco poniéndose de pie y hasta parecía un poco sorprendido por haber sido atrapado infraganti. Intentó acercarse midiendo sus pasos y ella volvió a soltar un chillido dándole a entender que no lo quería cerca.

—No grite—. Le espeto mirándola con recelo.

—¡No te acerques!— Replico Abi, mientras se echaba un rápido vistazo para corroborar que todo estuviera en su lugar. Si notaba una mínima arruga en sus shorts, ese tipo se las vería negras.

—¿Todo en orden?— Inquirió al percatarse de lo que ella hacia.

—¿Quién eres?— Pregunto ignorando sus palabras anteriores.

—Soy el que salvo su vida y debería mostrarse mas agradecida al respecto—. Abi aparto la mirada de su rostro y no pudo mas que sonrojarse avergonzada.

—Lo lamento amigo, es que me tomaste desprevenida…—Explico gesticulando con las manos para restarle importancia, algo que había aprendido en su curso de lenguaje corporal. Siempre que se conocía a alguien nuevo, para crear una relación de pares y tranquila, debía mostrar sus palmas de modo que dejara implícito que ella era fuente de paz. ¿A que no es un curso genial ese? Él la observo arqueando una ceja y paso de hacer un comentario, quizás lo de las palmas había funcionado para que no se pusiera a la defensiva. Abi aprovecho ese momento de silencio para dar una miradita al lugar donde se encontraba, era una habitación bastante austera, poco amueblada pero amplia. Al igual que la cama, no podía emitir queja alguna pues era súper mega comodísima, se arrelleno en los almohadones probando su textura. Entonces noto que alguien media cada uno de sus movimientos, alzo la cabeza y sonrió de medio lado en disculpa, por un instante se había olvidado de él. Pero fue el simple hecho de verlo que una pregunta se hizo lugar, hasta ocupar la totalidad de su mente. —¿Por qué me estabas sacando la ropa?— El extraño apretó los ojos en finas líneas y la escruto a profundidad con esa mirada tan oscura. En ese instante reparo en el color negro refulgente de su mirar y un calor ascendió desde su estomago para situarse justamente en sus meguillas. Abi se olvido de lo que le estaba reclamando y tan solo llevo su atención a cualquier otro punto. Pero por más que intentaba no mirarlo, sus ojos regresaban inexorablemente a aquel tipo vestido de traje negro, al igual que un empleado mortuorio. Eso desentonaba un poco con su imagen, pues parecía joven, no mas de veintitantos y la cara de amargura también le restaba atractivo. Ella podría jurar que sonriendo, el hombre aquel seria devastadoramente apuesto.

—No puede meterse al agua con ropa—. Musito en respuesta después de lo que parecieron horas de silencio.

—¿Al agua?

—Usted y su ropa, están causando estragos en mi cama…—Espeto paseando con la mirada por la susodicha, Abi se miro las manos y las piernas cubiertas de lodo, sutilmente apoyadas sobre unas sabanas que supieron ser blancas antes de su llegada.

—Hay lo siento…—Susurro y si podía ser posible se puso aun mas roja. —¿Dónde puedo limpiarme?

—Allí—. El apunto una puerta de madera y luego se metió las manos en los bolsillos, en todo rato no le quito la mirada de encima. Como si ella fuese alguna especie de ladrona o algo por el estilo, Abi se puso de pie y lentamente se dirigió a donde le había indicado.

—¿Qué?— Pregunto ya cansada de ese escrutinio tan intenso, el sacudió la cabeza en una suave negación y por un momento ella pensó que no le respondería.

—Nada…solo que, si es mujer…—Apunto pareciendo desilusionado al respecto, Abi lo observo arqueando una ceja. No le había parecido, pero quizás su radar de homosexuales estaba averiado por tantos golpes en la cabeza.

—Oh…—Respondió no muy segura de que decir. —Tal vez tengas mejor suerte la próxima—. Y sin mas, ingreso en el cuarto de baño.

 

En el lugar tan solo había encontrado una enorme tina que desbordaba de agua calientita, un biombo y un espejo de cuerpo entero en el que ella no quería verse. Al parecer el tipo iba a bañarla se despertase o no, pues ya tenia todo listo para meterla, que bueno que había reaccionado antes. Que estuviese para como para comérselo no lo habilitaba para ciertas tareas, ella aun tenía algo de dignidad. Se metió sin sacarse la ropa, pues el frio continuaba siendo demasiado fuerte como para andar desnudándose así como así. Luego de tallarse cada parte de su cuerpo y de dejar el agua teñida de negro, se sintió lista para salir. En el transcurso de su baño había intentado lavar sus prendas y luego las dejo colgadas en los laterales de la tina, aun estaban bastante sucias pero al menos las podría usar una vez que se secaran. Entonces se percato de un pequeño faltante, no tenia nada con que secarse o para el caso no tenia nada que ponerse. Al menos que se arriesgara a pescar un resfriado y volviera a usar las ropas que traía, pero primero necesitaba secarse. Observo en todas direcciones, ni siquiera tenía una cortina como para cubrirse y salir en busca de alguna prenda seria demasiado teniendo en cuenta que no conocía el lugar. Bueno solo quedaba una opción y era pedirle ayuda al señor X, pues lo llamaría así hasta que le diera un nombre con el cual tratarlo.

—¡Oye!— Exclamo con toda la delicadeza que pudo, después de todo era una damisela en apuros. —¡¡Chico!!— No hubo respuesta, ni siquiera un mísero sonidito que le indicara que había sido oída. Se arrodillo en la tina para poder ampliar el alcance de su grito, coloco sus manos alrededor de su boca y lo intento una vez más. —¡¡Hey!! ¡¡Hola!!— La delicadeza se le había ido con el baño pues ya hasta parecía un camionero gritando a todo pulmón ¿Es que no había nadie en ese maldito caserón? —¡¡¡Oyeeee!!!— Y entonces la puerta se abrió, Abi se quedo tiesa admirando al hombre que la observaba sorprendido y de alguna otra forma, que ella prefirió no averiguar. Él bajo la vista mas allá de su cuello y ella acompaño el movimiento, fue cuando noto como se le estaba exhibiendo y completamente gratis. Prácticamente se hecha un clavado en la tina para que el agua volviese a cubrirla. Él se quedo allí sin mover un musculo, Abi asomo la nariz y un cachito de su boca fuera. —Podrías darme una toalla—. Murmuro y volvió a sumergirse con el cuerpo en llamas, pues no podría haber causado peor impresión. El tipo la había visto desnuda ¿Qué podría ser mas humillante? Oyó el sonido de sus pasos y unos minutos después la puerta volvió a cerrarse, Abi emergió de su entierro acuático y a tientas tomo la toalla que reposaba inocentemente a un costado. Luego de secarse a conciencia una y otra vez, quizás con el simple echo de hacer tiempo y no tener que salir a verlo, opto por dejar de actuar como niña. Sí la había visto desnuda ¿Y que? No tenía un cuerpo por el cual debería avergonzarse, y no era el primer hombre que la veía de esa manera. Que va, solo eran un par de pechos, seguramente el también había visto algunos en su vida y los de ella no serian algo trascendental. Convencida de que ese pequeño incidente no dictaminaría la relación entre el desconocido y ella, logro salir con la frente en alto. Se encontró con la cama limpia e incluso las marcas en el piso ya estaban borradas, vaya que el no había perdido tiempo. Ataviada en una toalla no se sentía muy cómoda, pero no había visualizado nada de ropa por lo que iba a tener que pedirle ayuda una vez más. Alguien se aclaro la garganta a sus espaldas y ella dio un respingo antes de volverse. —Emm…me preguntaba…si…—Ok sin importar cuanto se hubiese querido convencer, nada iba a lograr que se sintiera menos incomoda en su presencia.

—¿Qué?— Musito sin dejar de analizarla, Abi apretó con mayor fuerza la toalla y entonces cualquier duda en su cabeza se disipo. Este hombre no era gay, ningún homosexual la calentaría tanto con una mirada.

—Tienes algo que pueda usar…—El arqueo una ceja y sin decir nada se dio la vuelta, ella soltó un suspiro por lo bajo. No estaba acostumbrada a que la observaran de esa forma y con tanta seriedad, él parecía de semblante frio pero sus ojos contaban una historia muy diferente.

—Es lo único, no tengo nada para una mujer—. Le extendió una camisa blanca que podría cubrirla hasta las rodillas, era larguísima y asemejaba más a un camisón.

—Gracias—. Susurro y luego tan solo se quedaron mirándose, como si ninguno supiera que hacer a continuación. Tras un largo minuto de vacilación, él opto por dar el primer paso y rápido desapareció por la puerta de madera dejándola completamente sola. Abi se apresuro a echarse la prenda encima y aunque ya no estaba desnuda, tenia el pequeño detalle de que estaba descalza y con mucho frio.

—Hay unas pantuflas del otro lado de la cama y puedes usar esto—. Ella casi da un brinco al oír su voz, es que se movía como un fantasma sin emitir sonido. Siguió sus indicaciones y se puso las pantuflas, luego tomo la bata azul que indiscutiblemente le pertenecía a él pues el aroma masculino era demasiado penetrante. Y una vez que hubo completado su atuendo el frio mermo considerablemente, toda enfundada en ropas masculinas alzo la mirada y le obsequio una sonrisa en agradecimiento. El continúo con su semblante inexpresivo, sin emitir juicio por lo que ella decidió romper el hielo.

—¿Cómo te llamas?— Pregunto mirándolo fijamente, no hubo alteración ni siquiera una mínima muestra de interés, pero aun así le respondió.

—William Warenne, Marques de Adler.— Pronuncio como si presentarse de esa forma fuese una molestia, Abi se quedo con sus ojos clavados en él. ¿Había dicho Marques? Tentativamente ella podría decir que parecía demasiado joven para ostentar un titulo nobiliario, pero ella no sabia mucho del tema. Eso de los títulos era algo muy del viejo continente, en América no existían y hasta creía que en Europa eran algo ya pasado de moda. Pero si el quería ser Marques ¿Quién era ella para negárselo?

—Yo soy Abi…—Se detuvo y pensó que si William tenia tanta ceremonia para presentarse, ella también podría intentarlo. —Abigail Fletcher, sin titulo—. Añadió medio en broma pero al parecer el no capto la idea, pues le devolvió una mirada reprobante. —Mis amigos me dicen Abi—. Murmuro, dado que él no lucia muy dispuesto a continuar con la charla.

—Muy bien señorita Fletcher.— El asintió a nadie, algo muy similar a una rápida reverencia y se dio la vuelta para dejarla una vez más sola. 

—¡William espera!— Lo llamo haciendo que el se detuviera en el quicio, tan solo le dirigió una mirada para que ella supiera que tenia su atención. —Me preguntaba…si podrías indicarme el camino más directo a Long Beach.—Él se volvió por completo y por primera vez pareció confuso.

—Me temo que no estoy familiarizado con ese sitio.— Una vez más intento irse y Abi fue un tanto más agresiva en ese momento, lo tomo por el saco y de un jalón lo regreso a su sitio. William le devolvió una mirada cargada de impaciencia y resoplo ya mostrándose receloso. Todo sobre juegos NFT, cuanto puedes ganar, si son entretenidos, Axie infinity y mucho mas Todo sobre juegos NFT

—Pues…el camino a la ciudad mas cercana.— Insistió, deteniéndose por un segundo al notar que no tenia idea de donde estaba. —¿También podrías decirme donde estoy?

—Esta en mis tierras y también esta agotando mi paciencia, la ciudad más cercana es Londres y es un viaje de cuatro días ¿Contenta?— Abi soltó una carcajada frente a esa broma, porque el estaba bromeando. Por un instante ella había pensado oír Londres.

—Vamos, no juegues—. Le espeto sonriendo pero no obtuvo ninguna respuesta satisfactoria. —Necesito ir a casa antes de que alguien note mi ausencia.— El apretó los ojos en finas líneas y soltando un suspiro, se acerco hasta que tan solo los separaron unos centímetros.

—Primero—. Señalo con la voz en un tajante susurro. —Yo no juego, segundo no le he permitido dirigirse hacia mi con tanto desenfado. Para usted señorita Fletcher, soy Lord Adler y que no se le olvide.— Ella abrió los ojos como platos, ese idiota realmente no estaba bromeando, pretendía que ella le digiera Lord ¡Que locura!

—Es…—El sacudió una mano frente a su rostro para callarla, claramente no había terminado con su pequeño discursillo y ella lo estaba interrumpiendo.

—Mandare alguien al pueblo para que le consiga ropa y tendrá un carruaje a su disposición para que la lleve a donde a usted se le ocurra ir. Mientras, le agradecería que no se entrometiera en mi camino y que guarde silencio, estoy intentando trabajar—. Sin decir más giro sobre sus talones y dejándola con la boca abierta la abandono en aquel lugar, con ciento de preguntas retozándolo en la mente.

 

Abi ya no sabia si salir de la habitación era una buena idea, tal vez el “Lord” se enfadaría de tan solo verla. Tras pasar un tiempo considerado admirando el cielo raso, decidió estirar los músculos. Ese lugar era mortalmente aburrido, no había una televisión o siquiera un libro. Se arrimo a la ventana y descorrió las cortinas sin ninguna parsimonia, el sol estaba ligeramente cubierto por nubes y el día lentamente comenzaba a caer. Repentinamente comenzó a sentirse nerviosa, no tenía intención de pasar la noche en aquel sitio y menos con ese hombre extraño. Pero sin ropa no podría llegar lejos y tras echar un rápido vistazo, verifico que la casa estaba rodeada por bosque. No podía ver nada en las cercanías, solo un establo en el que había dos hombres bastantes sucios trabajando. Alguien golpeo la puerta logrando que ella se pusiera en alerta, si se trataba de William esperaba que solo viniera a traerle la ropa que le había prometido. Pero no era él, cuando ella dio la señal para que ingresaran una mujer entrada en edad, cruzo exponiéndole una tímida sonrisa.

—Buenos días señorita—. Le hizo una pequeña reverencia y luego se quedo viéndola con esos pequeños ojos azules amigables, Abi sonrió y dio unos pasos vacilantes en su dirección.

—Hola, soy Abi.

—Yo soy Catrina…—Señalo con un tono de voz regio pero a la vez maternal, al segundo Abi se sintió cómoda en su presencia. La mujer fue hasta la cama y hasta ese momento ella noto, que traía una caja en sus finos brazos algo pálidos sentenció, mientras la observaba desplegar alguna tela sobre la misma. —No sabía su talla, pero creo que esto le sentara bien—. Sin poder ocultar su emoción, prácticamente brinco hasta ponerse a un lado de Catrina. No le importaba si le iba pequeño, ella lo haría entrar a como de lugar. Pero entonces su entusiasmo pareció huir por la ventana, pues tan solo vio un vestido y uno que parecía ser bastante…viejo. No que estuviera gastado, sino más bien anticuado, algo que habría estado de moda en los años de su bisabuela o quizás antes.

—Amm…—No sabia como decirle que eso no era lo que ella acostumbraba, después de todo Catrina la observaba con impaciencia, como si no pudiera esperar a verla enfundada en esas telas. —No suelo usar vestidos—. Musito evitando su mirada, la mujer dio un respingo y se llevo una mano a la boca.

—Pero…¿Qué es lo que usted usa?— Insto con la curiosidad adornando su arrugado rostro.

—Pantalones…jeans o quizás una falda—. Catrina chasqueo la lengua y levanto el vestido de la cama, haciendo caso omiso a sus palabras.

—Aquí no podrá utilizar esa clase de atuendos, usted es una señorita y su ropa debe reflejar su condición—. Abi soltó una carcajada.

—A nadie le importa eso, todo el mundo sabe que soy chica—. Señalo dado que era algo tonto pensar que si no llevaba vestido, se vería menos femenina.

—Por supuesto—. Acordó Catrina, haciéndola levantar los brazos para pasarle el vestido por la cabeza, Abi se dejo hacer ¿Qué más daba? Siempre había sentido curiosidad por saber como seria llevar algo con corsé. —Pero a mi Lord no le agradaría verla llevar cualquier atuendo…él a escogido este específicamente para usted—. Comento risueña, Abi hizo un alto y la observo ceñuda.

—No me voy a poner un vestido para él—. Espeto, ya tratando de salir del revoltijo de telas. —Me interesa absolutamente nada su opinión.— Catrina bufo y lucho por volverle a bajar el vestido, ella se aparto y la mujer la persiguió por el lugar en un vano intento por atraparla.

—Por favor señorita, no debe correr en esas ropas…podría enfermar—. Abi no hizo caso de su advertencia y cubierta tan solo por su camisola, escapo del vestido, de Catrina y de la habitación. Ya no le importaba enfrentar el frio, tan solo quería salir de allí, nunca se rebajaría a cumplir los caprichos de un loco que se creía Marques.

 

***

 

Llevaba horas estudiando la misiva, jamás había esperado recibir noticias tan exasperantes. Pero como si no fuera suficiente tener que atender todo los asuntos de la finca, ahora también tendría que concentrarse en nimiedades. Cualquiera pensaría que con su pasado ya estaría exentó de cumplir con protocolos, pero claramente había subestimado a su familia. Releyó la carta de su madre y soltando una maldición entre dientes la arrojó a un lado, atendería ese asunto luego. Ahora tenía cosas más importantes en las que pensar, le importaba una mierda que su hermano menor se casara y le importaba incluso menos que estuviera en carrera por su titulo. Era insultante que el simple hecho de poseer una esposa lo habilitara a tomar posesión de un titulo que claramente no le pertenecía. William alzo la cabeza de entre sus papeles al oír un ruido en el piso superior, salió de su estudio y con paso apresurado se dirigió a las escaleras. Cuando alcanzo el primer escalón, noto como una persona bajaba a trompicones y la misma no observaba hacia adelante, el intento hacerse a un lado pero no logro su cometido. La chica le impacto de lleno logrando que ambos descendieran el ultimo tramo con una fuerte caída, él se llevo la peor parte pues ella aterrizo sobre su cuerpo. Maldiciendo su mala suerte se puso de pie y la puso de pie, tomándola por los hombros le dio una sacudida.

—¿Eres estúpida?—Ella lo observo con los ojos como platos y se volvió sobre su hombro dirigiendo su atención a la escalera, William se vio obligado a observar también y vio como Catrina descendía a la misma velocidad con un vestido colgado en el brazo.

—¡Oh por Dios!— Exclamo la criada tomando a la chica por un brazo y alejándola de su lado. —Mi Lord…yo… —Ella intento explicarse, pero William sabia que la culpable era aquella mujercita de mirada tan extraña.

—No—. Callo a la mujer mayor con un ademan y llevo su atención a la chica. —¿No fui claro antes?— Ella asintió ligeramente y su labio inferior tembló amenazando con romper en un llanto. —Olvídalo—. Rezongo dando por terminada esa ridícula reunión. Se volvió hacia Catrina para dar una última orden. —La quiero fuera de esta casa, ahora mismo—. La criada no respondió pero sus ojos expresaron cuan en desacuerdo estaba con su decisión, William se encogió de hombros con desinterés. El no iba a dar refugio a cualquiera que encontrara vagando por ahí y esa chica solo auguraba problemas. Regreso a su estudio y una vez mas enfrento su realidad, si continuaba lejos de la sociedad terminaría por perder su prestigio. Se sirvió un vaso de whisky y observo el fuego crepitar en la chimenea, no era tan importante, su vida no cambiaria si perdiera el titulo. Seguiría siendo él, tan miserable como de costumbre, tal vez con el tiempo terminaría por rendirse y dejaría que la muerte lo atrapase. Hacia mucho tiempo que había perdido el deseo de vivir y lo único que lo mantenía ocupado eran sus obligaciones. Si dejaba que su hermano tomara el control, él ya no tendría que preocuparse, ya no tendría que intentar mantenerse aferrado a nada. Podría desligarse y dedicar lo que restara de su existencia a pensar, pensar en todo lo que había perdido y pensar en ella. Recordarla e incluso soñarla, podría darle todo ese tiempo que no supo aprovechar, todo ese tiempo que le había negado. Entonces quizás en algún momento regresaría a su lado y dejaría de sentir ese vacio, que hacia tanto crecía en su pecho. Ese que había invadido cada centímetro de su ser, desde el mismísimo día en que se había despedido de Marian.

End Notes:

Que les parecio??

Ok ya los dejo y pronto voy a seguir con un nuevo capi, intento alternar uno y uno. Para poder darle su tiempo a cada una de mis historias.

Saludos!!

Mi Blog donde subi picks, de "Algo mas que palabras" Y mañana voy a subir picks de esta historia.

https://world-magic-words.blogspot.com/

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Regresar al índiceAbi en el País de las Maravillas. by TammyTF
Author's Notes:

Buenas!!! Ok aca les traigo el nuevo capi, muchas gracias a los que estan leyendo esta historia. La verdad que me puse en la tarea de refrescar mi memoria del periodo de la Regencia, y ya me siento mas calificada para seguir con la historia. Como ya saben los lectores q me siguen, me gusta mantenerme lo mas fiel a la realidad y por eso me he re educado jaja. Asi que espero q disfruten del capi y me dejen su apreciacion, comentario o lo que sea!!!

Author's Notes:

Buenas!!! Ok aca les traigo el nuevo capi, muchas gracias a los que estan leyendo esta historia. La verdad que me puse en la tarea de refrescar mi memoria del periodo de la Regencia, y ya me siento mas calificada para seguir con la historia. Como ya saben los lectores q me siguen, me gusta mantenerme lo mas fiel a la realidad y por eso me he re educado jaja. Asi que espero q disfruten del capi y me dejen su apreciacion, comentario o lo que sea!!!

No sabia cuanto tiempo llevaba dando vueltas en esa habitación, pero sus pies estaban por traspasar el piso por tanta fricción. Abi se regañaba internamente por ser tan insensata, por supuesto que siempre se arrepentía de las cosas cuando era demasiado tarde. Sus padres continuamente le recuerdan que ser tan impulsiva la mete en problemas constantemente, el asunto es que ella aun no lo recordaba. ¿Por qué simplemente no se había puesto ese condenado vestido? ¿Qué perdía con seguirle el juego? Bueno, ahora ya sabía lo que perdía y era su oportunidad de pasar la noche en un lugar calientito. Pero ya estaba hecho y no pensaba rogarle, si tenia que ir a la calle lo haría con la frente en alto. Tan solo buscaría un teléfono publico y llamaría a sus padres, o quizás ni siquiera fuese necesario. Una idea centello en su mente y Abi prácticamente pego un brinco para alcanzar el cuarto de baño. Sí estaba mojado y embarrado, pero también tenía su carcasa protectora. Presiono las teclas con los ojo cerrados, rogando internamente que aun tuviera vida útil.

—Por favor…por favor…—Y entonces el sonido celestial que anunciaba en la pantalla brillante “Buen día Abi” —¡¡Siii!!— Mientras aguardaba a que el celular consiguiera señal, tomo asiento en la cama dejando sus pies colgar libremente.

—Señorita…— El llamado fue acompañado por el ingreso de Catrina, la señora la observo con un gesto apesadumbrado que podía trasmitir mucho más que mil palabras esgrimidas.

—No te preocupes Cat ya encontré mi teléfono, pronto llamare a mis padres—. Ella arqueo una ceja al parecer no muy convencida y fue a sentarse a su lado.

—Antes debería vestirse—. Ofreció con una sonrisa propensa a escapar de sus labios, Abi bajo la vista al vestido y la regresó hacia Catrina.

—Mmm…—Estaba por negarse pero el rostro que le expuso Cat fue demasiado como para decir que no. —Bien.— Término por acceder y la mujer le sonrió de oreja a oreja.

—Ya va a ver lo guapa que queda—. Se encogió de hombros, ni que fuera el vestido mágico de Cenicienta. —¿Cómo se pondrá en contacto con sus padres?— Insto mientras le anudaba las distintas tiras del corsé, apretando sistemáticamente sus pechos. Abi dirigió su vista al espejo y quedo sorprendida por el rápido efecto de aquella cosa, jamás en su vida habría pensado que podía llegar a tener escote. Pero allí estaba, a la vista de cualquiera que quisiera apreciarlo. Sí la cosa le quitaba el aire, pero los resultados de su presencia eran mas que evidentes. No pudo responder al instante pues de un segundo a otro se vio inmersa en un montón de tela, que por su suavidad delataba ser de alguna especie de seda. De un color celeste agua, algunos lo llamarían turquesa pero ella pensaba que simplemente era una variación del celeste y no se tomaba el trabajo de diferenciarlos todos. El vestido caía majestuosamente en finas capas, desde la faja, a tono, que realzaba su busto hasta sus tobillos. 

—Traje mi celular así que no será problema—. Respondió volviendo su cabeza en dirección donde reposaba el susodicho y al mismo tiempo recuperándose del pequeño shock que le produjo descubrir lo bien que podría lucir enfundada en telas tan exquisitas. Desmintió en ese momento el tonto dicho “Aunque la mona se vista de seda…” Pues definitivamente aquel vestido podría obrar milagros, incluso para esa desdichada mona.  

—¿Celular?— A través del espejo Abi pudo notar el seño fruncido de Catrina, pero no se molesto en dar una amplia explicación pues aun se encontraba ensimismada en sus pensamientos.

—Sí, me será un poco difícil explicarles donde estoy…—Hizo una pausa súbitamente notando que aun no se lo había preguntado a ella, quizás Catrina no le jugaría bromas y le diría la verdad. —Por cierto…¿Dónde estoy?

—Esta en la ciudad de Bath, al oeste de Londres.— La mujer se detuvo para recoger algo de la cama y al instante la hizo sentarse en la pequeña silla que reposaba frente al tocador. Abi se quedo muda, por un momento pensó volver a oír Londres, pero esta vez no había sido su imaginación, realmente le estaban informando que estaba en aquel viejo país. Pero ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?

—¿¡Dijiste Londres!?— Catrina asintió muy concentrada en su trabajo, sus manos se movían hábilmente en su cabello, levantando mechones y ajustándolos correctamente con peinetas. —Pero eso queda en Europa—. Explico en un susurro aun sin poder creer lo que oía.

—Así es—. Respondió sin inmutarse, incluso sonreía, Abi casi suelta un bufido.

—¡No puedo estar en Europa!— Exclamo dándose la vuelta para mirar a aquella mujer, que tenia que estar mintiendo. Dios, no la dejaría creer tremenda mentira. Catrina pareció desconcertada por su reacción, pero volvió a exponerle una sonrisa con la esperanza de que Abi se relajase. ¡Al demonio! Pensó en un exabrupto, jamás se relajaría, no estando en Londres, no estando tan lejos de su casa de su familia.

—¿Qué tiene de malo?

—¿Qué tiene…?— Repitió incrédula. —¡Yo vivo en América! No pude simplemente haber aparecido aquí de un día para el otro—. Abi se levanto de un brinco y giro en la habitación de un lado a otro, como si no estuviese segura de a donde ir o que hacer, finalmente se dejo caer en la cama con un gesto de rendición. Su cabeza golpeo sus manos tratando de alguna forma mantenerla sobre su cuello, pues de un minuto a otro pensaba que simplemente escaparía y la dejaría a su buena suerte. —¡Oh Dios! Tal vez me secuestraron…tal vez me vendieron…—Mientras divagaba en las distintas hipótesis, se pregunto como era posible que sus padres no la estuvieran buscando. ¿Cuántos días llevaría lejos de su casa? —Puedes…—Levanto la vista un tanto abrumada, hacia la mujer que la observaba con compasión. —¿Qué fecha es?— Insto sin poder contener el temblor de su labio, tan solo necesitaba de un mínimo estimulo y rompería en llanto. Sí, se consideraba fuerte y una mujer capaz de afrontar casi cualquier cosa, pero ¿Londres? Eso era otro país, otra costumbre ¡Rayos! Era otro maldito continente.  

—17 de Febrero—. Abi soltó una carcajada irónica, al parecer no estaba mostrándose demasiado desesperada pues Catrina pretendía seguir con el absurdo.

—Imposible—. Musito poniéndose lentamente de pie, la mujer lucio un rostro de verdaderamente contrariedad. —No puede ser 17 de Febrero, porque eso fue ayer…porque eso significaría que aun es mi cumpleaños y es más imposible aun, porque yo no pude atravesar todo el mundo en unos segundos—. Catrina no pareció feliz con su respuesta y se volvió con el objetivo de recoger algo en la cómoda, Abi la observaba pero su mente estaba proyectando distintos escenarios. ¿Habrían sido secuestradores de chicas? No lo recordaba y eso la asustaba aun más, tal vez la habían drogado o quizás habían utilizado su cuerpo para transportar droga. Todo podía ser probable, todo y a la vez nada, quizás los dementes de esa casa pretendían unirla en su grupo y le exponían esa sarta de idioteces. Sí, se dijo mentalmente, ellos estaban mal seguramente eso era lo que ocurría. Al menos esa teoría la tranquilizaba un poco, ahora solo restaba salir de allí cuanto antes, o tal vez terminaría contagiándose.

—Aquí tiene, es el periódico del día—. Lo recogí esta mañana en el pueblo, puede verificar la fecha allí. Le apunto la parte superior del gran periódico y ella frunció el seño antes de ponerse a leer.

—Esto esta mal—. Señalo con convicción y aunque en su voz no hubo vacilación, la teoría del engaño masivo tambaleo notoriamente.

—No señorita, la fecha es correcta…estamos al día 17 del mes segundo del año 1765 de nuestro señor—. Por un instante tan solo se quedo con la mirada fija en la boca de Catrina, sus labios se habían movido de eso no cavia duda pero sus palabras…sus palabras simplemente carecían de sentido. Entonces ¿Por qué repentinamente sintió como si la realidad viniera a golpearle la puerta? Abi giro la cabeza abruptamente en todas direcciones, buscando algún indicio que le ratificara que estaba en el siglo XXI. Pero sus ojos viajaron desde las cortinas de brocado, a la cama con dosel de cuatro postes y por ultimo termino posándose en la mujer enfundada en un vestido estilo regencia o victoriano, no podía precisarlo. Y sus recuerdos de las horas anteriores centellaron como burlándose de su falta de atención, la tina con patas de metal como garras, la ropa extraña del Lord. ¡Por Dios del cielo! El lord mismo, él y su manera tan formal de hablar, sus movimientos calculados y su porte tan masculino. Estaba todo tan obvio frente a sus ojos, que solo ella seria incapaz de verlo. Solo faltaba que le agitaran un cartel en la frente y que el mismísimo Rey viniera a estrecharle la mano. Abi comenzó a hiperventilarse, por alguna extraña razón ya no se sentía muy capaz de seguir con el trabajo simple y mundano de respirar. Entonces su cuerpo simplemente se desentendió de su mente y huyo, no tenia destino o quizás tan solo pretendía abrir una puerta y llegar irremediablemente a su época.

 

***

 

—¿Dónde dices que fue?

—No estoy segura milord, estábamos hablando y luego simplemente salió corriendo—. William no tenia voluntad ni entusiasmo para afrontar aquello, tan solo deseaba su paz, pero al parecer últimamente la misma estaba demasiado sobrevalorada.

—Quizás solo fue a tomar aire—. Siseo en un vano intento de desentenderse del menester, Catrina bufo sin ánimos de ocultar su desagrado.

—Yo la note bastante contrariada…—Espeto y sus ojos viajaron a las ventanas que convenientemente él mantenía cerradas, pues la luz del sol lo perturbaba causándole largos dolores de cabeza. —La noche esta cayendo milord y se trata de un joven asustadiza y confundida—. Con esa frase pretendía despertar su compasión, algo que claramente no funciono. William se puso de pie dirigiéndose a su lustrosa vitrina de bebidas y escogió entre las distintas licoreras el mejor brandy que el dinero podía conseguir. Directo de Francia, y a pesar de que obtener mercancía de un enemigo tan asiduo, podría considerarse como una falta de respeto a la corona, le importaba un bledo. Amaba su Armagnac y ni mil reyes lo obligarían a dejar de obtenerlo, por los medios legales o ilegales que se le presentasen. —Lord Adler—. Lo llamo apartándolo del laborioso y metódico trabajo de agitar correctamente su bebida. Nadie se percataba de la necesidad que esto conllevaba, pues alcanzar la temperatura adecuada era un don que no muchos poseían. Dio un rápido sorbo, comprobando que el toque nunca se le iría, sus manos siempre tenían el calor indicado. Un tanto mas relajado, observo por sobre la copa a Catrina que con su expresión ceñuda aparentemente intentaba implantarse.

—Dime—. Espeto regresando a la cómoda superficie de cuero que lo mantenía horas pegado a su escritorio y a sus tareas.

—La joven, por favor.

—Si ella decidió retirarse, yo no soy quien para detenerla— Y con esas palabras dio por zanjado el asunto, tomo los papeles que esperaban por su atención y rápidamente volvió a sumergirse en su trabajo. Un carraspeo casi insonoro lo arrastro de nuevo a aquello, a lo que el no tenia ningún interés en regresar. Puso los ojos en blanco y analizo el semblante de su ama de llaves con un gesto despectivo. Que claramente dejaba entrever el mensaje oculto en su mirada, un firme y contundente “déjame solo” —¿Necesitas algo mas?— Insto pero su voz no admitía replica, su tono era una invitación para que se retirara. Y contra todo pronóstico Catrina se planto en su lugar y asintió con convicción. —¿Qué?

—Búsquela— Pidió y rápidamente bajo la mirada al piso, como si acabara de pronunciar la peor de las blasfemias frente al mismísimo papa.

—No— Respondió, con un movimiento de su mano le indico que se retirara y ella hizo una rápida reverencia antes de cumplir su orden. Pues sin importar cuantos años llevara trabajando con él, nada, ni la relación de confianza mas profunda que ellos pudieran tener, le dejaba espacio para desobedecerlo.

—Un caballero jamás ignoraría a una dama en aprietos…—Y con ese ultimo comentario cerro la puerta detrás de si. William alzo la vista dispuesto a soltar una retahíla de insultos, su propia criada acaba de ponerlo en su sitio y sintió como la rabia crecía en su interior. Pero se vio obligado a aplacarla, quisiera admitirlo o no, él se había comprometido de cierta forma a poner a la señorita Fletcher a salvo. Después de todo la había rescatado de una muerte segura y lo mas sensato era actuar como la diplomacia dictaba, seria mal visto volverle la cara en esos momentos. Aunque ella hubiera decidido irse por voluntad propia, no era digno de un verdadero hombre dejar que una señorita vagara por las calles sin la adecuada protección. Se levanto de su sillón resoplando por lo bajo, maldiciendo su condenada educación y a su estúpida condición que lo obligaba a actuar, bajo reglas de etiqueta nunca establecidas.

 

Tras merodear por los alrededores cuidando de no tomar un camino equivoco, pues aunque se mantenía en sus tierras nada lo eximia de perderse, se reprocho por no traer su arco o mínimamente su pistola. Conocía el lugar como la palma de su mano, cada vuelta y cada esquina, pero su limitación acaecía una vez que se internaba en las profundidades del bosque. Le agradaba llevar cuenta clara de la extensión de sus dominios, pero también debía recordar que aquellos lugares eran frecuentados por animales que reclamaban así como él, el poderío. Unos golpecitos repetidos y un tanto nerviosos lo fueron guiando, William aguzo los sentidos para determinar su procedencia. Él era muy bueno moviéndose en la oscuridad. Factor que parecía crecer a medida que se dejaba atrapar más y más por las sombras. Si ya de por si detestaba la luz del sol, su condición era como la excusa perfecta para que él pudiera mantener un retiro casi completo de la sociedad y sus petulancias. Eso incluía los paseos interminables bajo el fiero escrutinio del astro rey, cosa que convenientemente no echaba para nada de menos.

—¿Por qué?— Un golpe. —¿Por qué?— Otro golpe seguido por un ligero sollozo. —¿Qué hice? ¿Qué he hecho? ¿Qué hare?—La voz frustrada de la señorita resonaba sutilmente perdida en el murmullo del viento. William continuo con paso firme, directo a los constantes reproches que parecían desbordar de la boca de la damisela Fletcher. Pues dudaba que otra persona estuviera allí en las inmediaciones de su finca, injuriándose tan filosóficamente sobre su situación actual. 

—¿Señorita Fletcher?— Ella alzo su rostro enrojecido del sopor que le prodigaban sus rodillas y lo observo con gesto contrariado. Luego movió su pie repentinamente hacia adelante, haciéndolo chocar contra el árbol que la enfrentaba. Un sonido hueco emergió del susodicho y él pudo determinar de donde venían esos ruidos que había escuchado antes.

—Déjame sola—. Dijo volviendo a dar una patadita. El típico berrinche de una niña, pensó en su fuero interno y contradiciendo su pedido termino de recorrer los metros que los separaban.

—Levántese— Ordeno con voz firme pero ella no dio indicios de oír sus palabras. William la tomó de un brazo y con un movimiento limpio la tuvo de pie frente a él. La señorita Fletcher, no objeto, no dijo nada se limito a quedarse tiesa al parecer sin ánimos de presentar batalla. —Vamos— Le indico, pero en ese momento ella no se movió tan dócilmente como antes.

—¿Con que objeto?— Murmuro sorbiendo por la nariz, le era difícil determinar si lloraba o no, pues la luz era endemoniadamente pobre en ese lugar. Y ella se observaba los pies como si temiera que de momento a otro estos desaparecieran.

—Esta helando y no pienso quedarme a discutir en medio de la nada, muévase— Ella se libero de su amarre con un tirón que lo agarro desprevenido.

—Pediste que me fuera y lo hice, ahora déjame en paz. ¿A ti que te importa si muero congelada o devorada por algún animal?— Se obligo a ignorar esa manera tan poco correcta que utilizaba para dirigirse a él, William no era demasiado puntilloso con los asuntos de etiqueta. Pero dado su titulo y su nombre exigía al menos el mínimo de los respetos, algo que claramente la señorita no poseía.

—Tiene razón, su vida no es de particular interés para mí. Pero me niego a tener que venir a recoger su cadáver en la mañana y por sobre todo, me niego a tener que estar explicando las razones de su deceso— Se detuvo cuando ella clavo sus extraños ojos en el, no podía determinar su color…no eran negros, pero si bastante oscuros. Sacudió la cabeza restándole importancia y recordó que en ese momento estaba presentando un alegato. —Si quiere morir, lo hará lejos de aquí y preferentemente lejos de mí— La boca de ella comenzó a temblar descontroladamente y sus extraños ojos se abnegaron en lágrimas, luego simplemente se dejo caer sobre su trasero rompiendo en un llanto desgarrador. William sintió la necesidad de patearse, no había querido ser tan duro pero detestaba cuando las personas ponían cuestionamientos ilógicos. Él le había dado una respuesta racional, algo que al parecer no había sido bien aceptado por su interlocutora. —¡Levántese!— Volvió a gruñir ya yendo por su brazo, ella se revolvió debajo de su mano y soltó un chillido que lo detuvo en seco. Era imposible que una mujercita tan pequeña gritara de esa forma, no se daba una idea de cómo hacia para ser tan contundente. —¡Deje de gritar!

—¡¡Deja de intentar tocarme!!— Exclamo en respuesta. —¡¡Quiero volver a casa…quiero volver a casa…por favor!!— Ella alzaba la vista al cielo, como si le estuviera rogando a Dios e ignorando por completo su presencia. William cansado de su actitud infantil estuvo a punto de desistir de sus intentos, cuando volvió a soltar un sollozo. Regreso los pasos que se había alejado y soltando un suspiro se acuclillo a su lado, con paciencia sacada de no sabe donde. La tomo de las manos y las aparto lentamente de su rostro, ella a pesar de que tenía los ojos húmedos, no parecía realmente alterada sino más bien lucia como alguien inmerso en un pensamiento concreto.

—Relájese— Pidió con su voz mas solicita. —Dígame que ocurre…¿Por qué llora?— Se mantuvo en un silencio analizador por largo rato, hasta que lleno sus pulmones y lentamente dejo ir el aire por entre sus labios. La misma golpeo el rostro de William y el no escapo al suave aroma femenino de su respiración.

—Mi casa…—Espeto en un susurro velado, él la invito a continuar con un asentimiento. —Quiero volver, pero no se como…estoy muy lejos— William rápidamente recordó la charla que tuvo con Catrina minutos antes de abandonar la finca, su criada le había mencionado que la señorita Abi provenía de las colonias. Bien, entonces ella estaba en lo cierto, en realidad estaba bastante lejos, pero no era un imposible. Los viajes a las colonias podían ser arreglados. Claro que costaría por las pequeñas pujas que había en esos momentos, entre los coloniales y los peninsulares, pero se podía hacer. 

—No debe preocuparse por eso, estoy seguro que puedo conseguirle un modo de llegar—. Ella sacudió la cabeza sin siquiera oír su propuesta.

—No entiendes—. Le replico a modo de reproche. —No puedo volver, no hay ningún lado a donde ir…¡Oh Dios! Realmente no quería esto—. Termino su frase con la cabeza una vez más inclinada hacia arriba, en un ruego al ser celestial. William no supo como responder, si ella no tenia familia que la aguardase del otro lado del mundo, el no podía solucionarlo. El no era capaz de darle una dote y conseguirle un marido que cuidara de su persona, después de todo ese era el trabajo de un padre, de una madre o de una institutriz.

—¿Qué edad tienes?— Espeto tratando de hallar una forma de escape, si ella era menor podía apelar a la caridad del estado o incluso podría ser acogida como una pupila.

—Dieciocho— Musito como si no creyera en sus propias palabras, William maldijo entre dientes. Era una edad demasiado complicada y el ni siquiera estaba seguro de lo que una señorita debía hacer entonces. ¿Ya se lo podía presentar en sociedad o aun era demasiado joven? No, definitivamente estaba apta para casarse y para presentarse en una temporada. El había conocido mujeres que con dieciocho años ya eran esposas o incluso madres, así que podía conseguirle un pase. Entonces finalmente se libraría de ella, pero el no tener una familia que la respaldara no la volv

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