Orgullo y Prejuicio. by MonnyMcpico

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 Orgullo y Prejuicio. by MonnyMcpico
Summary:

Con la llegada del rico y apuesto señor Uchiha a su región, las vidas de los Haruno y sus cinco hijas se vuelven del revés. El orgullo y la distancia social, la astucia y la hipocresía, los malentendidos y los juicios apresurados abocan a los personajes al escándalo y al dolor, pero también a la comprensión, el conocimiento y el amor verdadero.



 



Es una adaptacion Sasusaku: Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.



Categories: ANIME/MANGA, NARUTO Characters: Hinata Hyūga, Ino Yamanaka, Naruto Uzumaki, Sai, Sakura Haruno, Sasuke Uchiha

Generos: Drama, Romance, Universo Alternativo

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 10 Completed: No Word count: 15259 Read: 2720 Published: 13/07/2013 Updated: 05/10/2013
Summary:

Con la llegada del rico y apuesto señor Uchiha a su región, las vidas de los Haruno y sus cinco hijas se vuelven del revés. El orgullo y la distancia social, la astucia y la hipocresía, los malentendidos y los juicios apresurados abocan a los personajes al escándalo y al dolor, pero también a la comprensión, el conocimiento y el amor verdadero.



 



Es una adaptacion Sasusaku: Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.



Categories: ANIME/MANGA, NARUTO Characters: Hinata Hyūga, Ino Yamanaka, Naruto Uzumaki, Sai, Sakura Haruno, Sasuke Uchiha

Generos: Drama, Romance, Universo Alternativo

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 10 Completed: No Word count: 15259 Read: 2720 Published: 13/07/2013 Updated: 05/10/2013 Capítulo 1 by MonnyMcpico
Author's Notes:

Bueno aqui mi nueva historia...

Espero la disfruten...

Author's Notes:

Bueno aqui mi nueva historia...

Espero la disfruten...

CAPÍTULO I

 

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de lasfamilias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.

––Mi querido señor Haruno ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?

El señor Haruno respondió que no.

––Pues así es ––insistió ella––; la señora Li ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.

El señor Haruno no hizo ademán de contestar.

––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa.

––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

Esta sugerencia le fue suficiente.

––Pues sabrás, querido, que la señora Li dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Sarutobi; que antes de San

Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.

––¿Cómo se llama?

––Uzumaki.

––¿Está casado o soltero?

––¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!

––¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?

––Mi querido señor Haruno ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.

––¿Es ese el motivo que le ha traído?

––¡Motivo! Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.

––No veo la razón para ello. Puedes ir tú con las muchachas o mandarlas a ellas solas, que tal vez sea mejor; como tú eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejor el señor Uzumaki te prefiere a ti.

––Querido, me adulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo común. Cuando una mujer tiene cinco hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza.

––En tales casos, a la mayoría de las mujeres no les queda mucha belleza en qué pensar.

––Bueno, querido, de verdad, tienes que ir a visitar al señor Uzumaki en cuanto se instale en el vecindario.

––No te lo garantizo.

––Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del partido que sería para una de ellas. Sir Inoichi y lady Yamanaka están decididos a ir, y sólo con ese propósito. Ya sabes que normalmente no visitan a los nuevos vecinos. De veras, debes ir, porque para nosotras será imposible visitarlo si tú no lo haces.

––Eres demasiado comedida. Estoy seguro de que el señor Uzumaki se alegrará mucho de veros; y tú le llevarás unas líneas de mi parte para asegurarle que cuenta con mi más sincero consentimiento para que contraiga matrimonio con una de ellas; aunque pondré alguna palabra en favor de mi pequeña Saku.

––Me niego a que hagas tal cosa. Saku no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que Hinata, ni la mitad de alegre que Karin. Pero tú siempre la prefieres a ella.

––Ninguna de las tres es muy recomendable ––le respondió––. Son tan tontas e ignorantes como las demás muchachas; pero Saku tiene algo más de agudeza que sus hermanas.

––¡Señor Haruno! ¿Cómo puedes hablar así de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mis pobres nervios.

––Te equivocas, querida. Les tengo mucho respeto a tus nervios. Son viejos amigos míos. Hace por lo menos veinte años que te oigo mencionarlos con mucha consideración.

––¡No sabes cuánto sufro!

––Pero te pondrás bien y vivirás para ver venir a este lugar a muchos jóvenes de esos de cuatro mil libras al año.

––No serviría de nada si viniesen esos veinte jóvenes y no fueras a visitarlos.

––Si depende de eso, querida, en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos.

El señor Haruno era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso, que la experiencia de veintitrés años no habían sido suficientes para que su esposa entendiese su carácter. Sin embargo, el de ella era menos difícil, era una mujer de poca inteligencia, más bien inculta y de temperamento desigual. Su meta en la vida era casar a sus hijas; su consuelo, las visitas y el cotilleo.

End Notes:

Se que es corto pero espero que les agrade.! :3

 

Mattane... .

CAPÍTULO IX

Sakura pasó la mayor parte de la noche en la habitación de su hermana, y por la mañana tuvo el placer de poder enviar una respuesta satisfactoria a las múltiples preguntas que ya muy temprano venía recibiendo, a través de una sirvienta de Naruto; y también a las que más tarde recibía de las dos elegantes damas de compañía de las hermanas. A pesar de la mejoría, Sakura pidió que se mandase una nota a Longbourn, pues quería que su madre viniese a visitar a Hinata para que ella misma juzgase la situación. La nota fue despachada inmediatamente y la respuesta a su contenido fue cumplimentada con la misma rapidez. La señora Haruno, acompañada de sus dos hijas menores, llegó a Netherfield poco después del desayuno de la familia.

Si hubiese encontrado a Hinata en peligro aparente, la señora Haruno se habría disgustado mucho; pero quedándose satisfecha al ver que la enfermedad no era alarmante, no tenía ningún deseo de que se recobrase pronto, ya que su cura significaría marcharse de Netherfield. Por este motivo se negó a atender la petición de su hija de que se la llevase a casa, cosa que el médico, que había llegado casi al mismo tiempo, tampoco juzgó prudente. Después de estar sentadas un rato con Hinata, apareció la señorita Uzumaki y las invitó a pasar al comedor. La madre y las tres hijas la siguieron. Naruto las recibió y les preguntó por Hinata con la esperanza de que la señora Haruno no hubiese encontrado a su hija peor de lo que esperaba.

––Pues verdaderamente, la he encontrado muy mal ––respondió la señora Haruno––. Tan mal que no es posible llevarla a casa. El doctor Fukai dice que no debemos pensar en trasladarla. Tendremos que abusar un poco más de su amabilidad.

–– ¡Trasladarla! ––Exclamó Naruto––. ¡Ni pensarlo! Estoy seguro de que mi hermana también se opondrá a que se vaya a casa.

––Puede usted confiar, señora ––repuso la señorita Uzumaki con fría cortesía––, en que a la señorita Haruno no le ha de faltar nada mientras esté con nosotros.

––Estoy segura ––añadió–– de que, a no ser por tan buenos amigos, no sé qué habría sido de ella, porque está muy enferma y sufre mucho; aunque eso sí, con la mayor paciencia del mundo, como hace siempre, porque tiene el carácter más dulce que conozco. Muchas veces les digo a mis otras hijas que no valen nada a su lado. ¡Qué bonita habitación es ésta, señor Uzumaki, y qué encantadora vista tiene a los senderos de jardín! Nunca he visto un lugar en todo el país comparable a Netherfield. Espero que no pensará dejarlo repentinamente, aunque lo haya alquilado por poco tiempo.

––Yo todo lo hago repentinamente ––respondió Naruto––. Así que si decidiese dejar Netherfield, probablemente me iría en cinco minutos. Pero, por ahora, me encuentro bien aquí.

––Eso es exactamente lo que yo me esperaba de usted ––dijo Sakura.

––Empieza usted a comprenderme, ¿no es así? ––exclamó Naruto volviéndose hacia ella.

–– ¡Oh, sí! Le comprendo perfectamente.

––Desearía tomarlo como un cumplido; pero me temo que el que se me conozca fácilmente es lamentable.

––Es como es. Ello no significa necesariamente que un carácter profundo y complejo sea más o menos estimable que el suyo.

––Saku ––exclamó su madre––, recuerda dónde estás y deja de comportarte con esa conducta intolerable a la que nos tienes acostumbrados en casa.

––No sabía que se dedicase usted a estudiar el carácter de las personas ––prosiguió Naruto inmediatamente––. Debe ser un estudio apasionante.

––Sí; y los caracteres complejos son los más apasionantes de todos. Por lo menos, tienen esa ventaja.

––El campo ––dijo Sasuke–– no puede proporcionar muchos sujetos para tal estudio. En un pueblo se mueve uno en una sociedad invariable y muy limitada.

––Pero la gente cambia tanto, que siempre hay en ellos algo nuevo que observar.

––Ya lo creo que sí ––exclamó la señora Haruno, ofendida por la manera en la que había hablado de la gente del campo––; le aseguro que eso ocurre lo mismo en el campo que en la ciudad.

Todo el mundo se quedó sorprendido. Sasuke la miró un momento y luego se volvió sin decir nada. La señora Haruno creyó que había obtenido una victoria aplastante sobre él y continuó triunfante:

––Por mi parte no creo que Londres tenga ninguna ventaja sobre el campo, a no ser por las tiendas y los lugares públicos. El campo es mucho más agradable. ¿No es así, señor Uzumaki?

––Cuando estoy en el campo ––contestó–– no deseo irme, y cuando estoy en la ciudad me pasa lo mismo. Cada uno tiene sus ventajas y yo me encuentro igualmente a gusto en los dos sitios.

––Claro, porque usted tiene muy buen carácter. En cambio ese caballero ––dijo mirando a Sasuke –no parece que tenga muy buena opinión del campo.

––Mamá, estás muy equivocada ––intervino Sakura sonrojándose por la imprudencia de su madre––, interpretas mal al señor Uchiha. Él sólo quería decir que en el campo no se encuentra tanta variedad de gente como en la ciudad. Lo que debes reconocer que es cierto.

––Ciertamente, querida, nadie dijo lo contrario, pero eso de que no hay mucha gente en esta vecindad, creo que hay pocas tan grandes como la nuestra. Yo he llegado a cenar con veinticuatro familias.

Nada, si no fuese su consideración por Sakura, podría haber hecho contenerse a Naruto. Su hermana fue menos delicada, y miró a Sasuke con una sonrisa muy expresiva. Sakura quiso decir algo para cambiar de conversación y le preguntó a su madre si Ino Yamanaka había estado en Longbourn desde que ella se había ido.

––Sí, nos visitó ayer con su padre. ¡Qué hombre tan agradable es sir Inoichi! ¿Verdad, señor Uzumaki? ¡Tan distinguido, tan gentil y tan sencillo! Siempre tiene una palabra agradable para todo el mundo. Esa es la idea que yo tengo de lo que es la buena educación; esas personas que se creen muy importantes y nunca abren la boca, no tienen idea de educación.

–– ¿Cenó Ino con vosotros?

––No, se fue a casa. Creo que la necesitaban para hacer el pastel de carne. Lo que es yo, señor Uzumaki, siempre tengo sirvientes que saben hacer su trabajo. Mis hijas están educadas de otro modo. Pero cada cual que se juzgue a sí mismo. Las Yamanaka son muy buenas chicas, se lo aseguro. ¡Es una pena que no sean bonitas! No es que crea que Ino sea muy fea; en fin, sea como sea, es muy amiga nuestra.

––Parece una joven muy agradable ––dijo Naruto.

–– ¡Oh! sí, pero debe admitir que es bastante feúcha. La misma lady Yamanaka lo dice muchas veces, y me envidia por la belleza de Hinata. No me gusta alabar a mis propias hijas, pero la verdad es que no se encuentra a menudo a alguien tan guapa como Hinata. Yo no puedo ser imparcial, claro; pero es que lo dice todo el mundo. Cuando sólo tenía quince años, había un caballero que vivía en casa de mi hermano Touya en la ciudad, y que estaba tan enamorado de Hinata que mi cuñada aseguraba que se declararía antes de que nos fuéramos. Pero no lo hizo. Probablemente pensó que era demasiado joven. Sin embargo, le escribió unos versos, y bien bonitos que eran.

––Y así terminó su amor ––dijo Sakura con impaciencia––. Creo que ha habido muchos que lo vencieron de la misma forma. Me pregunto quién sería el primero en descubrir la eficacia de la poesía para acabar con el amor.

––Yo siempre he considerado que la poesía es el alimento del amor ––dijo Sakura.

––De un gran amor, sólido y fuerte, puede. Todo nutre a lo que ya es fuerte de por sí. Pero si es solo una inclinación ligera, sin ninguna base, un buen soneto la acabaría matando de hambre.

Sasuke se limitó a sonreír. Siguió un silencio general que hizo temer a Sakura que su madre volviese a hablar de nuevo. La señora Haruno lo deseaba, pero no sabía qué decir, hasta que después de una pequeña pausa empezó a reiterar su agradecimiento al señor Uzumaki por su amabilidad con Hinata y se disculpó por las molestias que también pudiera estar causando Saku. El señor Uzumaki fue cortés en su respuesta, y obligó a su hermana menor a ser cortés y a decir lo que la ocasión requería. Ella hizo su papel, aunque con poca gracia, pero la señora Haruno, quedó satisfecha y poco después pidió su carruaje. Al oír esto, la más joven de sus hijas se adelantó para decir algo. Las dos muchachitas habían estado cuchicheando durante toda la visita, y el resultado de ello fue que la más joven debía recordarle al señor Uzumaki que cuando vino al campo por primera vez había prometido dar un baile en Netherfield. Todo sobre juegos NFT, cuanto puedes ganar, si son entretenidos, Axie infinity y mucho mas Todo sobre juegos NFT

Karin era fuerte, muy crecida para tener quince años, tenía buena figura y un carácter muy alegre. Era la favorita de su madre que por el amor que le tenía la había presentado en sociedad a una edad muy temprana. Era muy impulsiva y se daba mucha importancia, lo que había aumentado con las atenciones que recibía de los oficiales, a lo que las cenas de su tía y sus modales sencillos contribuían. Por lo tanto, era la más adecuada para dirigirse a Naruto y recordarle su promesa; añadiendo que sería una vergüenza ante el mundo si no lo mantenía. Su respuesta a este repentino ataque fue encantadora a los oídos de la señora Haruno.

––Le aseguro que estoy dispuesto a mantener mi compromiso, en cuanto su hermana esté bien; usted misma, si gusta, podrá señalar la fecha del baile: No querrá estar bailando mientras su hermana está enferma.

Karin se dio por satisfecha:

–– ¡Oh! sí, será mucho mejor esperar a que Hinata esté bien; y para entonces lo más seguro es que el capitán Nara estará de nuevo en Meryton. Y cuando usted haya dado su baile ––agregó––, insistiré para que den también uno ellos. Le diré al coronel Hatake que sería lamentable que no lo hiciese.

Por fin la señora Haruno y sus hijas se fueron, y Sakura volvió al instante con Hinata, dejando que las dos damas y el señor Uchiha hiciesen sus comentarios acerca de su comportamiento y el de su familia. Sin embargo, Sasuke no pudo compartir con los demás la censura hacia Sakura, a pesar de la agudeza de la señorita Uzumaki al hacer chistes sobre ojos bonitos.

Regresar al índiceCapítulo 10 by MonnyMcpico

CAPÍTULO X

El día pasó lo mismo que el anterior. La señora Yakushi y la señorita Uzumaki habían estado por la mañana unas horas al lado de la enferma, que seguía mejorando, aunque lentamente. Por la tarde Sakura se reunió con ellas en el salón. Pero no se dispuso la mesa de juego acostumbrada. Sasuke escribía y la señorita Uzumaki, sentada a su lado, seguía el curso de la carta, interrumpiéndole repetidas veces con mensajes para su hermana. El señor Yakushi y Naruto jugaban al piquet y la señora Yakushi contemplaba la partida.

Sakura se dedicó a una labor de aguja, y tenía suficiente entretenimiento con atender a lo que pasaba entre Sasuke y su compañía. Los constantes elogios de ésta a la caligrafía de Sasuke, a la simetría de sus renglones o a la extensión de la carta, así como la absoluta indiferencia con que eran recibidos, constituían un curioso diálogo que estaba exactamente de acuerdo con la opinión que Sakura tenía de cada uno de ellos.

–– ¡Qué contenta se pondrá la señorita Uchiha cuando reciba esta carta!

Él no contestó.

––Escribe usted más deprisa que nadie. ––Se equivoca. Escribo muy despacio.

–– ¡Cuántas cartas tendrá ocasión de escribir al cabo del año! Incluidas cartas de negocios. ¡Cómo las detesto!

––Es una suerte, pues, que sea yo y no usted, el que tenga que escribirlas.

––Le ruego que le diga a su hermana que deseo mucho verla.

––Ya se lo he dicho una vez, por petición suya.

––Me temo que su pluma no le va bien. Déjeme que se la afile, lo hago increíblemente bien.

––Gracias, pero yo siempre afilo mi propia pluma.

–– ¿Cómo puede lograr una escritura tan uniforme?

Sasuke no hizo ningún comentario.

––Dígale a su hermana que me alegro de saber que ha hecho muchos progresos con el arpa; y le ruego que también le diga que estoy entusiasmada con el diseño de mesa que hizo, y que creo que es infinitamente superior al de la señorita Yuno

–– ¿Me permite que aplace su entusiasmo para otra carta? En la presente ya no tengo espacio para más elogios.

–– ¡Oh!, no tiene importancia. La veré en enero. Pero, ¿siempre le escribe cartas tan largas y encantadoras, señor Uchiha?

––Generalmente son largas; pero si son encantadoras o no, no soy yo quien debe juzgarlo.

––Para mí es como una norma, cuando una persona escribe cartas tan largas con tanta facilidad no puede escribir mal.

––Ese cumplido no vale para Sasuke, Kin ––interrumpió su hermano––, porque no escribe con facilidad. Estudia demasiado las palabras. Siempre busca palabras complicadas de más de cuatro sílabas, ¿no es así, Sasuke?

––Mi estilo es muy distinto al tuyo.

–– ¡Oh! ––Exclamó la señorita Uzumaki––. Naruto escribe sin ningún cuidado. Se come la mitad de las palabras y emborrona el resto.

––Las ideas me vienen tan rápido que no tengo tiempo de expresarlas; de manera que, a veces, mis cartas no comunican ninguna idea al que las recibe.

––Su humildad, señor Uzumaki ––intervino Sakura––, tiene que desarmar todos los reproches.

––Nada es más engañoso ––dijo Sasuke–– que la apariencia de humildad. Normalmente no es otra cosa que falta de opinión, y a veces es una forma indirecta de vanagloriarse.

–– ¿Y cuál de esos dos calificativos aplicas a mi reciente acto de modestia?

––Una forma indirecta de vanagloriarse; porque tú, en realidad, estás orgulloso de tus defectos como escritor, puesto que los atribuyes a tu rapidez de pensamientos y a un descuido en la ejecución, cosa que consideras, si no muy estimable, al menos muy interesante. Siempre se aprecia mucho el poder de hacer cualquier cosa con rapidez, y no se presta atención a la imperfección con la que se hace. Cuando esta mañana le dijiste a la señora Haruno que si alguna vez te decidías a dejar Netherfield, te irías en cinco minutos, fue una especie de elogio, de cumplido hacia ti mismo; y, sin embargo, ¿qué tiene de elogiable marcharse precipitadamente dejando, sin duda, asuntos sin resolver, lo que no puede ser beneficioso para ti ni para nadie?

–– ¡No! ––Exclamó Uzumaki––. Me parece demasiado recordar por la noche las tonterías que se dicen por la mañana. Y te doy mi palabra, estaba convencido de que lo que decía de mí mismo era verdad, y lo sigo estando ahora. Por lo menos, no adopté innecesariamente un carácter precipitado para presumir delante de las damas.

––Sí, creo que estabas convencido; pero soy yo el que no está convencido de que te fueses tan aceleradamente. Tu conducta dependería de las circunstancias, como la de cualquier persona. Y si, montado ya en el caballo, un amigo te dijese: «Naruto, quédate hasta la próxima semana», probablemente lo harías, probablemente no te irías, y bastaría sólo una palabra más para que te quedaras un mes.

––Con esto sólo ha probado ––dijo Sakura–– que Naruto no hizo justicia a su temperamento. Lo ha favorecido usted más ahora de lo que él lo había hecho.

––Estoy enormemente agradecido ––dijo Naruto por convertir lo que dice mi amigo en un cumplido. Pero me temo que usted no lo interpreta de la forma que mi amigo pretendía; porque él tendría mejor opinión de mí si, en esa circunstancia, yo me negase en rotundo y partiese tan rápido como me fuese posible.

–– ¿Consideraría entonces el señor Uchiha reparada la imprudencia de su primera intención con la obstinación de mantenerla?

––No soy yo, sino Sasuke, el que debe explicarlo.

––Quieres que dé cuenta de unas opiniones que tú me atribuyes, pero que yo nunca he reconocido. Volviendo al caso, debe recordar, señorita Haruno, que el supuesto amigo que desea que se quede y que retrase su plan, simplemente lo desea y se lo pide sin ofrecer ningún argumento.

––El ceder pronto y fácilmente a la persuasión de un amigo, no tiene ningún mérito para usted.

––El ceder sin convicción dice poco en favor de la inteligencia de ambos.

––Me da la sensación, señor Uchiha, de que usted nunca permite que le influyan el afecto o la amistad. El respeto o la estima por el que pide puede hacernos ceder a la petición sin esperar ninguna razón o argumento. No estoy hablando del caso particular que ha supuesto sobre el señor Uzumaki. Además, deberíamos, quizá, esperar a que se diese la circunstancia para discutir entonces su comportamiento. Pero en general y en casos normales entre amigos, cuando uno quiere que el otro cambie alguna decisión, ¿vería usted mal que esa persona complaciese ese deseo sin esperar las razones del otro?

–– ¿No sería aconsejable, antes de proseguir con el tema, dejar claro con más precisión qué importancia tiene la petición y qué intimidad hay entre los amigos?

––Perfectamente ––dijo Naruto––, fijémonos en todos los detalles sin olvidarnos de comparar estatura y tamaño; porque eso, señorita Haruno, puede tener más peso en la discusión de lo que parece. Le aseguro que si Sasuke no fuera tan alto comparado conmigo, no le tendría ni la mitad del respeto que le tengo. Confieso que no conozco nada más imponente que Sasuke en determinadas ocasiones y en determinados lugares, especialmente en su casa y en las tardes de domingo cuando no tiene nada que hacer.

El señor Uchiha sonrió; pero Sakura se dio cuenta de que se había ofendido bastante y contuvo la risa. La señorita Uzumaki se molestó mucho por la ofensa que le había hecho a Sasuke y censuró a su hermano por decir tales tonterías.

––Conozco tu sistema, Naruto ––dijo su amigo––. No te gustan las discusiones y quieres acabar ésta.

––Quizá. Las discusiones se parecen demasiado a las disputas. Si tú y la señorita Haruno posponéis la vuestra para cuando yo no esté en la habitación, estaré muy agradecido; además, así podréis decir todo lo que queráis de mí.

––Por mi parte ––dijo Sakura––, no hay objeción en hacer lo que pide, y es mejor que el señor Uchiha acabe la carta.

Sasuke siguió su consejo y acabó la carta. Concluida la tarea, se dirigió a la señorita Uzumaki y a Sakura para que les deleitasen con algo de música. La señorita Uzumaki se apresuró al piano, pero antes de sentarse invitó cortésmente a Sakura a tocar en primer lugar; ésta, con igual cortesía y con toda sinceridad rechazó la invitación; entonces, la señorita Uzumaki se sentó y comenzó el concierto.

La señora Yakushi cantó con su hermana, y, mientras se empleaban en esta actividad, Sakura no podía evitar darse cuenta, cada vez que volvía las páginas de unos libros de música que había sobre el piano, de la frecuencia con la que los ojos de Sasuke se fijaban en ella. Le era difícil suponer que fuese objeto de admiración ante un hombre de tal categoría; y aun sería más extraño que la mirase porque ella le desagradara. Por fin, sólo pudo imaginar que llamaba su atención porque había algo en ella peor y más reprochable, según su concepto de la virtud, que en el resto de los presentes. Esta suposición no la apenaba. Le gustaba tan poco, que la opinión que tuviese sobre ella, no le preocupaba. Después de tocar algunas canciones italianas, la señorita Uzumaki varió el repertorio con un aire escocés más alegre; y al momento el señor Uchiha se acercó a Sakura y le dijo:

–– ¿Le apetecería, señorita Haruno, aprovechar esta oportunidad para bailar un reel?

Ella sonrió y no contestó. Él, algo sorprendido por su silencio, repitió la pregunta.

–– ¡Oh! ––Dijo ella––, ya había oído la pregunta. Estaba meditando la respuesta. Sé que usted querría que contestase que sí, y así habría tenido el placer de criticar mis gustos; pero a mí me encanta echar por tierra esa clase de trampas y defraudar a la gente que está premeditando un desaire. Por lo tanto, he decidido decirle que no deseo bailar en absoluto. Y, ahora, desaíreme si se atreve.

––No me atrevo, se lo aseguro.

Ella, que creyó haberle ofendido, se quedó asombrada de su galantería. Pero había tal mezcla de dulzura y malicia en los modales de Sakura, que era difícil que pudiese ofender a nadie; y Sasuke nunca había estado tan ensimismado con una mujer como lo estaba con ella. Creía realmente que si no fuera por la inferioridad de su familia, se vería en peligro.

La señorita Uzumaki vio o sospechó lo bastante para ponerse celosa, y su ansiedad porque se restableciese su querida amiga Hinata se incrementó con el deseo de librarse de Sakura. Intentaba provocar a Sasuke para que se desilusionase de la joven, hablándole de su supuesto matrimonio con ella y de la felicidad que esa alianza le traería.

––Espero ––le dijo al día siguiente mientras paseaban por el jardín–– que cuando ese deseado acontecimiento tenga lugar, hará usted a su suegra unas cuantas advertencias para que modere su lengua; y si puede conseguirlo, evite que las hijas menores anden detrás de los oficiales. Y, si me permite mencionar un tema tan delicado, procure refrenar ese algo, rayando en la presunción y en la impertinencia, que su dama posee.

–– ¿Tiene algo más que proponerme para mi felicidad doméstica?

–– ¡Oh, sí! Deje que los retratos de sus tíos, los Kato, sean colgados en la galería de Pemberley. Póngalos al lado del tío abuelo suyo, el juez. Son de la misma profesión, aunque de distinta categoría. En cuanto al retrato de su Sakura, no debe permitir que se lo hagan, porque ¿qué pintor podría hacer justicia a sus hermosos ojos?

––Desde luego, no sería fácil captar su expresión, pero el color, la forma y sus bonitas pestañas podrían ser reproducidos.

En ese momento, por otro sendero del jardín, salieron a su paso la señora Yakushi y Sakura.

––No sabía que estabais paseando ––dijo la señorita Uzumaki un poco confusa al pensar que pudiesen haberles oído.

––Os habéis portado muy mal con nosotras ––respondió la señora Yakushi–– al no decirnos que ibais a salir.

Y, tomando el brazo libre del señor Uchiha, dejó que Sakura pasease sola. En el camino sólo cabían tres. El señor Uchiha se dio cuenta de tal descortesía y dijo inmediatamente:

–Este paseo no es lo bastante ancho para los cuatro, salgamos a la avenida. Pero Sakura, que no tenía la menor intención de continuar con ellos, contestó muy sonriente:

–No, no; quédense donde están. Forman un grupo encantador, está mucho mejor así. Una cuarta persona lo echaría a perder. Adiós.

Se fue alegremente regocijándose al pensar, mientras caminaba, que dentro de uno o dos días más estaría en su casa. Hinata se encontraba ya tan bien, que aquella misma tarde tenía la intención de salir un par de horas de su cuarto.

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Orgullo y Prejuicio. by MonnyMcpico

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