Noche Eterna by Alexa Cullen

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  Noche Eterna by Alexa Cullen
Summary:

Edward Cullen nos cuentas su version  de Luna Nueva.

                               PREFACIO        

 

Ya nada quedaba para mi.

Junto a ella se desvanecía  la vida,  los sueños y esperanzas.

No estaba dispuesto a vivir entre sombras como si mi vida fuera  una noche eterna.  Sin ella no me quedaba nada. 

A unos metros  el gentío lanzaba  gritos de alegría mientras mi corazón lloraba lo que mis ojos no podían.  

Apreté mis puños, pronto el sol tocaría mi torso desnudo y todo terminaría.  

Sol, voy hacia ti.  

…Sol… hazme  tuyo…

 

 

 



Categories: LITERATURA Characters: No

Generos: Fantasía

Advertencias: No

Challenges: No

Series: No

Chapters: 11 Completed: No Word count: 25437 Read: 6664 Published: 18/04/2009 Updated: 16/06/2009
Summary:

Edward Cullen nos cuentas su version  de Luna Nueva.

                               PREFACIO        

 

Ya nada quedaba para mi.

Junto a ella se desvanecía  la vida,  los sueños y esperanzas.

No estaba dispuesto a vivir entre sombras como si mi vida fuera  una noche eterna.  Sin ella no me quedaba nada. 

A unos metros  el gentío lanzaba  gritos de alegría mientras mi corazón lloraba lo que mis ojos no podían.  

Apreté mis puños, pronto el sol tocaría mi torso desnudo y todo terminaría.  

Sol, voy hacia ti.  

…Sol… hazme  tuyo…

 

 

 



Categories: LITERATURA Characters: No

Generos: Fantasía

Advertencias: No

Challenges: No

Series: No

Chapters: 11 Completed: No Word count: 25437 Read: 6664 Published: 18/04/2009 Updated: 16/06/2009
Story Notes:

Todos los personajes son y pertenecen a la Señora S. Meyer.

 

Claro que en mis sueños Edward es todo mio.

Story Notes:

Todos los personajes son y pertenecen a la Señora S. Meyer.

 

Claro que en mis sueños Edward es todo mio.

Capítulo 1, "Verano" by Alexa Cullen

Capítulo 1

 Verano    

 

 

Los días que siguieron al baile fueron  simplemente perfectos.  La primavera estaba llegando a su fin y pronto empesaría  el verano.  

—Creo que ya  es hora de  que me saces esto—   Le había dicho  un día a mi padre,  mostrándole su pierna. Despues de pensarlo un momento,  el accedió  y así terminó su convalecencia.  

En esos días Alice  práctica mente vivía en casa de Bella.   De verdad que era un tanto irritante.  Charlie le tenía mucho cariño y su cara siempre se iluminaba cuando  le abría la  puerta.   Ya quisiera yo que fuera lo mismo para mi. 

Alice hacía las veces de enferma y   le ayudaba  a tomar sus baños diarios.

Le había  pedido,  le había rogado que no lo hiciera.   

—¿Le pediste a Alice que no me mirara? — 

—¿Como te iba a mirar a los ojos,   después de espiarte?

—¿Eso quiere decir que nunca lo hiciste? — 

—¿A que te refieres? — 

—Ya sabes, cuando estaba en el hospital y todo eso— 

—Bueno Bella te explicare.   Para mi ya es demasiado con tener  tu recuerdo en mi boca,  creo que no podría soportar  tener tu recuerdo en ….    Tu sabes a lo que me refiero— 

El silencio se sintió entre nosotros. 

—¿Tu creías que te había espiado? — 

—Bueno he tratado de no pensar en ello.  Creo que estaba resignada— 

—Jamas te faltaría el respeto de esa manera—.  Le dije solemnemente 

—De eso estoy mas que segura—.  Se quejó entre dientes  

Contrario a lo se creyera,   ese verano fue inusualmente lluvioso.  Lo que nos permitío disfrutar con plenitud los días.  Cuando el sol brillaba,   solíamos pasarlos en  nuestro prado,   escondidos de todos y de todo.  

Solo una  cosa empaño mi felicidad ese verano. 

Lamente terriblemente la partida de Emmett y  Rosalie.  Se dirigirían a África.  El estaba loco por cazar algunos leones y leopardos.  En realidad solo lamentaba la partida de Emmett,   se  había encariñado mucho con Bella.   La encontraba muy graciosa y al parecer  ella también le tenía cariño.  Pero con Rosalie la situación era distinta.  

—No pienso quedarme aquí mientras ella entra y sale como  si esta fuera su casa— 

—Pero si lo es Rosalie—.   Le había dicho mi padre. —También es su casa—. 

—Pues bien,   entonces me marcho— 

—Rosalie, por favor—   Le rogaba  Esme.  —Las cosas no tienen que ser de este modo.    Emmett por favor… — 

Pero el y todos sabían que no había nada que pudieran hacer.   Rosalie había tomado la  desición y  nada la haría cambiar de idea. 

Claro que Emmett la siguió,  eran inseparables,  se amaban.   No sabía como alguien podía amar a Rosalie, pero lo hacía. 

—Cuida a nuestra pequeña Bella.   Me dijo antes de marcharse—. 

—Rosalie,  no sabes cuanto lamento que las cosas sean de esta manera,  pero la amo.   Es todo lo que  puedo decir—.          

Le dije antes de marcharse. Pero ella nada dijo y en su mente no  existían reproches,  solo tristeza.   Ya nos extrañaba. 

A Bella nada de esto se le contó,   era innecesario.    Solo le dijimos que estaban de viaje y punto.  Claro que con los meses, el viaje se fue alargando y alargando.  Pero ella nunca dijo nada,  ni volvió a preguntar por ello.

                                                                                Ese verano también tomé mi decisión.  Creo que había logrado mantener el deseo a  raya.   Existía un limite que no me permitía cruzar.  Hacerlo sería una estupidez. 

Bella solía  no poner ningún tipo de  problema  cuando rompía su  abrazo o me separaba rápidamente de su labios.  Pero claro,   no siempre era así. 

—Quisiera que por una vez dejaras de ser tan estricto con esto de mi proximidad—. 

—Bella, es la única manera—.   Le había contestado  sujetando sus muñecas, lejos de mi cuerpo.  Su contacto  resultaba ser una tortura.  No podía evitar anhelarla. 

—Por favor, no me hagas las cosas mas dificiles.  Si supieras  cuanto te  deseo…— 

Y me perdía nuevamente en sus ojos.   Ella aprovechaba cualquier muestra de duda en mi rostro y saltaba sobre mi nuevamente.  Me sentía embriagado de sus besos.    Su mano se metía debajo de mi camiseta y  no podía evitar dar un saltó al contacto de su  ardiente palma.    Con rapidez la sostenía nuevamente por los puños y volvíamos a empesar con la discusión. 

Pero resistirme a ella siempre  me llenaba de dolor.   Con el tiempo me costo menos  ser inflexible pero el deseo  no disminuía,  quemaba siempre de igual manera.  

Y de esta manera transcurrió el verano.  Entre caminatas tomados de la mano,   de visita en  casa de mis padres o de paseo en la ciudades aledañas. 

En muchas oportunidades la invitaba a  Port Angels a ver alguna película,  claro que yo siempre la veía a ella,  o a cenar a algún  restaurant.   Ella siempre protestaba,  decía que no era justo que malgastara mi dinero, si al fin y al cabo yo nunca comía.  Pero me gustaba darle todo y de todo lo mejor.

De ser por mi ya habría  cambiado su viejo coche hace mucho tiempo.  Pero Bella se negaba rotundamente.

Cuando comenzaron nuevamente las clases se le metió entre ceja y ceja que quería trabajar para tener dinero para el coche y todos los gastos.  Trate de convencerla que yo podía hacerme cargo de  todos sus gastos y que  también correría con los gastos de la Universidad,  que ya debíamos ver este semestre,  pero argumentaba que sería imposible explicarle eso  a Charli.                

—¿Y que le voy a decir a Charlie por tu regalo,  me puedes decir? —   

Era siempre su defensa al hablar sobre un coche nuevo.            

—Le podemos decir que te lo ganaste en una rifa—            

—¿Y  quien la organiza,  si se puede saber? —            

—¿Mi padre? —            

—Edward, eso esta fuera de discusión.  Por favor no empieces de nuevo.  Mira  el coche viene con migo,   si no aceptas mi coche entonces…—  

Eso era cierto,  ¿Como explicaría que su novio le regala una tarjeta de crédito y un auto nuevo? A el seguramente tampoco le haría mucha gracia. 

En fin,  estaba seguro que no existirian muchas posibilidades de encontrar trabajo en un pueblo tan pequeño como Forks,  pero estaba equivocado y fue en  la tienda de deportes local,  que para mi desagrado pertenecía a los padres del blandengue Mike Newton, que encontró trabajo.

A si que no solo tenía que soportar que estuviera lejos de mi tres veces por semana  después del Instituto,  si no que también tenía que aguantar que aquel estúpido anduviera tras de ella como una mosca. 

Lo único bueno de todo esto es que  estaba ahorrando para la universidad,  claro que yo no dudaría en ayudarla,  anonimamente claro esta,  a que entrara en la universidad  que  mas nos conviniera y digo “nos” porque pretendía ir con ella,   ojala a  alguna lo mas al norte posible. 

Pero de eso aun no hablabamos mucho.  Quizás mas adelante,  tenía otras cosas en  mi mente. 

Por ejemplo que se acercaba su cumpleaños y me había obligado a no   comprarle ningún presente.            

—Escuchame Edward y escuchame bien.    NO…QUIERO… REGALOS—            

—Pero Bella,  se supone que  de eso se tratan los cumpleaños— 

Y de esa postura nadie la sacaba,  estaba tercamente obstinada.            

—Edward,—  Me dijo dulcemente un día que tratábamos nuevamente este tema. 

—¿De verdad quieres hacerme un regalo?— 

Sus ojos me miraban dulcemente, y no pude comportarme con un tonto.            

—Pues claro que quiero amor,   no sabes lo feliz que me haces.  He pensado en algunas cosas que me gustaría regalarte…—            

—Si quieres hacerme algún obsequio,  existe una cosa que quisiera que me des—            

—Claro dime,  lo que tu quieras—            

—¿Lo que yo quiera?   Hay  algo que deseo hace mucho.  Y como es mi cumpleaños…— 

Tome sus manos entre las mías esperando sus palabras.  Por fin me dejaría   darle algo.            

—Quiero…  quiero ser como tu.  Quiero que me transformes. — 

Demasiado tarde comprendí su truco,  y como un pes en una red había caído. 

—No,  no eso esta fuera de discusión.   ¿Como puedes hacerme esto Bella,  acaso no me amas? —            

—Claro que te amo.   ¿Es que no puedes entender que quiero estar a tu lado siempre? 

—Pero si siempre estaremos juntos tontita— 

—¿Así?  ¿Y que pasará en unos veinte  años mas?  ¿Pretenderás ser mi hijo para poder vivir juntos? ¿Y cuando sea una anciana  me darás mis medicinas  y  deberé llamarte nieto?  Comprende Edward, no estoy dispuesta a pasar por ello—            

—Amor, solo cumpliras 18,  no es tan grave—.            

—No lo es ahora, pero lo será Edward,  por mucho que me ames no puedes detener el tiempo humano,   solo existe una forma de hacerlo—            

—Eso esta fuera de discusión.   Ni siquiera se por que estamos teniendo esta discusión—. 

—Edward Cullen.   Si no puedo tener lo que quiero es mejor que  ni se te ocurra saludarme ese día.    ¿Soy lo suficiente mente clara para ti? — 

—Si, lo suficiente—.  Le dije muy molesto.  

Y  así fue como perdí esa batalla.  Ella tenía razon,  el  tiempo  no perdonaba  y  pronto llegó el otoño. 

¿Porque  las horas o los días felices se desvanecen tan pronto y los de agonía perduran pareciendo eternos?

 

 

 

Volver al indexCapítulo 2, El desastre by Alexa Cullen

Capítulo 2                                                                   El desastre              

 

—Te quiero—  Dijo Bella mientras cambiaba de posición en su  pequeña cama.  

—Duerme amor—  Le dije  besando   su frente,  tan sedosa, tan cálida y delicada.

Mañana sería el gran día.     Volví para verla por ultima vez y dando un suspiro salte por su ventana.    No lograba acostumbrarme  a estar lejos de ella. 

Corrí por el  espeso  y oscuro  bosque.  Que  después de todo,  no era tan oscuro para mi  y como de costumbre no tarde en llegar a casa. 

Pude escuchar las voces familiares de mis hermanos que habían vuelto de su viaje. 

—Nada mejor que un gran león para levantar el espíritu,    de verdad  Jasper,     deberías probarlo—. 

—Claro Emmett,   lo que tu digas—.   Le contestaba Jasper riendo alegremente. 

—Heeey,   bienvenidos  hermanos—.   Les dije caminando hacia ellos  con los brazos abiertos.  

Las imágenes  pasaban en sus mente como en un álbum fotográfico. 

—Veo que  lo han pasado genial estos últimos meses—

—Si es verdad, pero nada se compara con la familia—.  Me contestó Emmett.  

—Es bueno estar de vuelta—.   Decía Rosalie mientras me abrazaba.  —Lo siento Edward he sido una tonta, de verdad los he extrañado— 

—Es bueno tenerlos de vuelta—.  Le dije cariñosamente. 

—Te prometo que tratare…—   Sabía que eso ya era mucho para ella,    sabía que  era sincera y  lo mucho que le costaba decir aquellas palabras. 

—Y….  ¿todo listo para mañana? —   Preguntó Emmett . 

—Casi,  solo faltan algunos detalles—   Decía Alice en medio de una gran sonrisa.

Estaba  haciendo todo  lo posible por controlarse con respecto a este tema. 

—Esperemos que quiera asistir la festejada—.  Les dije haciendo una mueca. 

—No te preocupes,   si es necesario la traeré amarrada— 

—Aquello no me haría mucha gracia—.   Le dije   secamente.  Pero Alice   sacó su pequeña lengua  y se fue tras Esme.  

Después todos volvimos a nuestras actividades.   Yo  debía preparar mi presente  para Bella.   Me había obligado a prometer que no le compraría nada.   Pues bien,  no le compraría nada.  

  —o—  

 

Podía escuchar perfectamente el sonido de su  viejo monovolumen.    Seguramente estaba  a menos de dos cuadras del Instituto.

Alice se encontraba junto a mi,  había insistido en saludar a Bella a primera hora del día. 

Lentamente   ingresó al aparcamiento.  Contuve mis ganas de ir por ella al coche,  seguramente no se encontraría de muy buen humor y el portazo  que dio a su auto me lo confirmó. Claro que no  pude controlar a Alice,   dando un salto  se adelantó para recibirla. 

—¡Feliz cumpleaños, Bella!—  Le dijo alegremente. Como lo había previsto ella no se encontraba de buen humor, pero Alice seguía presionándola. Ya la podía ver explotando en cualquier momento. Le preguntaba por los regalos,  que le habían parecido y todo eso.    

Estiré  mi mano para recibir la suya.   Sus latidos nuevamente  se aceleraban mientras levantaba su cabeza para encontrarse con mis ojos.  Con mi pulgar sostuve  su barbilla, acariciando con el índice sus rosados y  suaves labios.  

—Así que,  tal y como me impusiste en su momento, no me permites que te felicite por tu cumpleaños, ¿correcto?  

Realmente no era una pregunta,   ya sabía su respuesta.   

—Sí, correcto —  Agregó un tanto molesta. 

—Sólo me estaba asegurando —  Dije con resignación mirando el cielo.    —Podrías haber cambiado de idea. La mayoría de la gente disfruta con cosas como los cumpleaños y los regalos—. 

Alice fue la única que encontró divertidas mis palabras.  Creía que  Bella verdaderamente disfrutaría este día con todas las sorpresas que le tenía preparadas.  Al  fin de cuentas ¿Qué podría ocurrir de malo? Pero la preocupación de Bella no era ser mayor,   lo que temía era ser mayor que yo.  Aunque eso fuera imposible, ya que sus  18 años no eran nada en comparación con  mis casi  noventa años de existencia. 

 —¿A qué hora vendrás a casa? —  Le preguntó Alice de pronto.   

“Maldición Alice”, pensé.   Quería tratar de convencerla antes,  no llegar  y soltar la bomba a primera hora.  Pero con Alice todo era de esa manera.   Siempre a su modo y a su tiempo. 

—No sabía que tuviera que ir allí— 

Sería un verdadera lastima que se encaprichara y no quisiera  asistir a su propia fiesta de cumpleaños.  

—¡Oh, por favor, Bella, no te pongas difícil! .   No nos irás a arruinar toda la diversión poniendo esa cara, ¿verdad? — 

Le reprochaba mi hermana.  

—Creía que mi cumpleaños era para tener lo que “Yooo  deseara”—.  Dijo  poniendo cara de pocos amigos. 

Ignoré su comentarios y le aseguré a Alice que la llevaría después de clases.  Claro que Bella no dejaría la batalla tan pronto y  argumentó que  debía trabajar esa tarde.  No sabía que Alice ya había hablado con la señora Newton y esta le había dado la tarde libre. 

—Pero... pero es que no puedo dejarlo —.  Tartamudeo graciosamente.   Parecía un gatito acorralado.    —Lo cierto es que, bueno, todavía no he visto Romeo y Julieta para la clase de Literatura— 

Alice ya comenzaba a impacientarse con la actitud de Bella.   Le recordó que ya se sabía la obra de memoria.  Pero Bella no se daba por vencida   ¿Verdaderamente creía que ganaría sobre este tema? Dijo que debía ver la película, cuando ya todos sabíamos que también la había visto…   ¿Unas diez veces?  No esta seguro de cuantas veces la había visto en realidad, pero sabía que eran bastantes. 

—Pero si ya has visto la película —   Le dijo ahora molesta Alice. 

—No en la versión de los sesenta. El señor Berty aseguró que era la mejor—. 

—Mira, puedes ponértelo difícil o fácil, tú verás, pero de un modo u otro... —   

Wowwww,   eso era completamente innecesario de parte de mi hermanita pequeña.  Amablemente le pedí que se tranquilizara y que si  ella quería ver la película, la vería ya que era su cumpleaños… 

—Así es —  Dijo  Bella moviendo su dedo índice rápidamente a Alice.  

—…  y la  llevaré después de  las siete,   así tendrás mas tiempo  para  preparar lo que falta—

Alice rompió a  reír muy animada y alegre por mi intervención.  Se despidió, no sin antes  prometerle a Bella  lo bien que lo pasaría.   Le pellizcó tiernamente la mejilla y salió corriendo lo mas humanamente que le fue posible. 

—Edward, por favor... —  Comenzó a decir Bella. Puse mis dedos sobre sus  exquisitos labios.  No estaba dispuesto a comenzar de nuevo. 

—Shhhhh,  ya lo discutiremos luego Bella. Vamos a llegar tarde a clase—   

—o—   

 Ese fue otro día más en el instituto.   Claro que era infinitamente mejor que  el año pasado a esa misma fecha. Ahora  compartíamos la mayoría de nuestras clases.   Y era increíblemente mas llevadera la monotonía de las  asignaturas. Mike Newton aun no perdía sus esperanzas.     Al parecer su madre había sido lo suficientemente  discreta  al no informale  sobre  cumpleaños de  Bella.   Seguramente habría sido la escusa perfecta para que pudiera poner sus manos sobre ella. 

Sin duda ese semestre nos encontrábamos mas “integrados” a la comunidad escolar, pero los humanos seguían manteniendo  una  instintiva y razonable distancia de nosotros.     Como de costumbre la acompañe hasta su coche cuando terminaron las clases.  Le abrí la puerta del copiloto pero  se cruzo obstinadamente de brazos bajo la lluvia que caía copiosamente. 

—¿Es mi cumpleaños y ni siquiera puedo conducir? — 

—Me  comporto de la forma que tu pediste Bella,   como si no fuera tu cumpleaños— 

—Bueno si no es mi cumpleaños, no tengo  porque ir a tu casa esta noche... — 

—Muy bien —.  Le dije  dando la vuelta  coche para abrirle la puerta del conductor. —Feliz cumpleaños—  Le dije entre dientes. 

—Calla —  Me dijo  mientras  ingresaba al coche.   

Verdaderamente se encontraba de muy mal humor,  pero  era tan divertido mirarla.    Aferraba el volante  con todas sus fuerzas  y   con regularidad resoplaba por la nariz. 

—Tu radio se oye fatal—   Le dije presionando un poco más su animo.  Dentro de poco tendría una sorpresa. 

—¿Quieres un estéreo que funcione bien? Pues conduce tu propio coche —   Me respondió sin mirarme. 

Tuve que  recurrir a toda mi fuerza de voluntad para contener la risa que me causaba contemplarla  en ese estado. 

Cuando por fin,  por fin logramos llegar a su casa,    tome  cuidadosamente su rostro entre mis manos,   acariciando lenta y suavemente su rostro.  Su frente, sus pómulos, el contorno de sus labios y la linea de su mandíbula. 

—Deberías estar de un humor estupendo, hoy más que nunca —  Dije susurrandole al oído.   Y ahí estaba otra vez… el deseo quemando mi cuerpo. 

—¿Y si no quiero estar de buen humor? —  Dijo entrecortadamente. 

Nada me provocaba más que  comprobar   que ella me deseaba de igual manera.  Bueno no exactamente igual,  yo la desearía siempre de una forma mucho más peligrosa para ella. Le mire a los ojos,  sus pupilas estaban dilatadas y sus labios entre abierto por donde  se colaba su  esencia. 

—Pues muy mal—   Le dije acercando mi cuerpo hasta el suyo. Con mi  mano izquierda tome su cuerpo por la cintura,  apretándola  contra el mío.   Mi mano derecha  acariciaba  su nuca al mismo tiempo que me acercaba lentamente para besar sus labios.

Bella respiraba  en mi boca casi jadeando.  No pude evitar estremecerme.   No podía evitar desearla como lo hacía.   ¿Cuánto tiempo podría  mantener aquella  desesperante situación?

Todo mi cuerpo gritaba por poseerla,  por    perderme entre sus cálidos brazos.  

Bella levantó sus brazos  enroscando uno en mi cuello  mientras  su mano libre  acariciaba impetuosamente mi espalda.   Comenzo a besarme  apasionadamente.  Podía sentir como trataba de aferrarse aun más a mi cuerpo…  Como si eso fuera posible.

Me sentía mareado y extasiado.   Debía detenerme  ahora que aun podía hacerlo. Recordé  que este no sería su último cumpleaños como humana.  Me obligué firmemente a separarme  de su  boca. 

—Pórtate bien…por favor —  Le dije jadeando contra su mejilla. El cuerpo de Bella  parecía una estufa,  sus labios habían  adquirido  un exquisito  y sensual color rojo intenso. 

Rápidamente me separe completamente de ella.   Podía leer en su rostro la frustración que le producía mi comportamiento.

Odiaba verla insatisfecha.  ¿Cuanto mas podríamos aguantar  de esta manera?  Para mi las cosas no eran  mas fáciles que para ella.Yo siempre debía batallar contra dos tipos de deseo.   El de mi cuerpo y el de mi sed.   Siempre iguales,  siempre terribles. 

—¿Crees que esto mejorará algún día? —  Me preguntó. 

Pero de una cosa estaba seguro,   mi  deseo por ella nunca podría ser saciado.  No si quería que ella siguiera con vida. 

—Anda, vamos a ver cómo los Capuletos y los Montescos se destrozan unos a otros, ¿Quieres? —  Le dije  mientras abría la puerta del coche y saltaba fuera para llenar mis pulmones de aire puro.  

—o— 

 

   “¡Ah! Más peligro hay en tus ojosque en veinte espadas suyas. Mírame con dulzuray quedo a salvo de su hostilidad” 

 

 Recitaba suavemente en su oído.  Su corazón latía rápidamente mientras se olvidaba de respirar.

Cuando terminó la película,  Bella se encontraba emocionada hasta las lágrimas.  Las sequé  con un mechón de su cabello, mientras le confesaba  la envidia que despertaba en mi Romeo.  

—Ella es muy guapa— 

—Lo que envidio  de el no es Julieta, totita.   Envidio su facilidad para suicidarse.  Para ustedes, los humanos es muy fácil.  Solo tienen que   tomar  un extracto de plantas… 

—¿Qué? —  Dijo Bella ahogando  un repentino grito. 

—  Bueno es algo  que tuve que pensar una vez.  Se, por lo que me ha contado mi padre,  que no es muy sencillo para nosotros.  Cuando Carlisle comprendió en lo que se había convertido,  decidió  terminar con su existencia antes de hacer algún tipo de mal.  Lo intentó de muchas y diferentes maneras,  pero todas fueron inútiles.  Y no cabe duda de que sigue con una salud excelente—. 

—¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con eso de que tuviste que pensarlo una vez? — 

—La primavera pasada, cuando tú casi... casi te mataron... —  Trate de continuar,  ocultando  el súbito dolor que me provocó recordar lo sucedido.   —Claro que estaba concentrado en encontrarte con vida, pero una parte de mi mente estaba elaborando un plan de emergencia por si las cosas no salían bien. Y como te decía, no es tan fácil para mí como para un humano—.  

Bella sacudió su cabeza al mismo tiempo que dejaba de  acariciar la cicatriz  que le había dejado aquella experiencia. —¿Un plan de emergencia? —. 

—Siemplemente no estaba  dispuesto a vivir sin ti—  Le dije   moviendo lentamente mi cabeza de lado a lado.   —Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían..., así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis—. 

Era la primera vez que pronunciaba  aquel  nombre delante de ella.   Yo no los conocía personalmente,  nunca había estado en  Italia.   Solo sabía lo que nos había contado mi padre sobre aquella corte. 

—¿Qué es un Vulturis? —.  

—Son una familia —.     Bueno,  no exactamente.  Pero no era necesario entregarle mas detalles… Por ahora…  —Una familia muy antigua y muy poderosa de nuestra clase. Es lo más cercano que hay en nuestro mundo a la realeza, supongo.  Carlisle vivió con ellos algún tiempo durante sus primeros años, en Italia, antes de venir a América. ¿No recuerdas la historia? 

—Claro que me acuerdo— 

Ellos no compartian nuestra forma de vida.   La  encontraban excentrica, por llamarla de alguna manera.  Sin conocerlos personalmente me había formado una idea sobre ellos.  Al parecer eran criaturas  sombrías que veían a los humanos como una simple fuente de alimento.   Jamás se habían tomado la molestia de   interactuar con ellos para poder comprender lo complejos y  fascinantes que podían llegar a ser. 

Aquel que osaba  desobedecer sus mandatos, no vivía para contarlo.  Y siempre,  siempre  tenían lo que querían,   contaban con  toda la eternidad para lograrlo de una u otra manera. 

—De cualquier modo, lo mejor es no irritar a los Vulturis —   Le dije ahorrandome el resto.    —No a menos que desees morir, o lo que sea que nosotros hagamos —

 Los ojos de Bella parecían  dos platos,   se pronto se había puesto mas  pálida que de costumbre.

Con  una fieresa que me hizo estremecer, tomo mi rostro entre sus manos y me dijo: 

—¡Nunca, escuchaste,  nunca vuelvas a pensar en eso otra vez! ¡No importa lo que me ocurra, no te permito que te hagas daño a ti mismo! — 

—No te volveré a poner en peligro jamás, así que eso es un punto indiscutible—   Mi resolución era inamovible.  Haría cualquier cosa con tal de evitarlo, pagaría cualquier precio. 

—¡Ponerme en peligro! ¿Pero no estábamos de acuerdo en que toda la mala suerte es cosa mía? —   Dijo aquello casi  gritando.   Me recriminaba por pensar  en ello.    

—¿Qué harías tú si las cosas sucedieran a la inversa? —   Le pregunté tratando de  defender mi punto de vista.   

Aquello  era algo que venía postergando.   Todas la noches mientras la veía dormir trataba de imaginar mi vida junto a ella.     Año tras año,   amando cada cambio que surgiera en su fisonomía humana.  Contemplándola  madurar, crecer.    La idea de privarla de una  vida normal  me quemaba el  corazón.  Pero por otro lado no podía ver el futuro sin  ella.  Ahora era   la única razón para mi existencia.  

—No es lo mismo—  Me dijo molesta.  

Claro que no era lo mismo.    Su naturaleza le permitiría olvidar facilmente.    En cambio yo, tendría que vivir  década tras década.   Siglo tras siglo  recordándola nitidamente, sufriendo  todos los días como si fueran el primero sin ella.    Aquello me hizo reír amargamente.    Nunca sería lo mismo. 

—¿Y qué pasa si te ocurre algo,   querrías que me suicidara?—. 

 Aquello tampoco me entregaba consuelo.  No podía   soportar aquellas dos ideas.    Una era peor que la otra,  pero no sabía identificar cual.    

—Creo que veo un poco por dónde vas... sólo un poco.   Pero ¿qué haría sin ti? —

No era una  pregunta realmente.     Sabía perfectamente la respuesta.  Mi vida sin  ella sería un eterno bagar  en el desierto de la vida.  Soñando con ella como un sediento sueña con un manantial.   ¿Cuanto podría vivir sin sumergirme en la total y completa locura? 

—Cualquier cosa de las que hicieras antes de que yo apareciera para complicarte la vida—  

—Tal como lo dices, suena fácil— Pero ella insistía en que así era.   Claro que  no compartía su punto de vista.   Solo desolación y tristeza infinita tendría el día en que ella dejara de existir. Su padre estaba llegando a casa  y no tardaría en  entrar por  la puerta.      

 

—o—    

 

Conduje lo mas rápido que me fue posible.    Después que  Bella y Charli  cenaron  le pedí autorización a su padre para llevarla a casa de mis  padre.    Al parecer  fue una muy buena idea para el, ya que   estaría todo lo que quedaba de tarde viendo un partido  por la television. 

—¿Sabes qué te gustaría un montón? —  Le dije feliz con la idea.    —Un precioso y pequeño Audi Coupé. Apenas hace ruido y tiene mucha potencia... — 

—No hay nada en mi coche que me desagrade. Y hablando de caprichos caros, si supieras lo que te conviene, no te gastarías nada en regalos de cumpleaños—.  Me dijo con su mejor voz amenazante. 

—Ni un centavo —   Le prometí.    

—Muy bien—  

Le pedí que  fuera  tolerante sobre su cumpleaños.   Toda la familia estaba muy emocionada al respecto.  No habíamos tenido un cumpleaños en muchos, muchos años.    El último había sido el de Emmett en  1935.           

—Vale, me comportaré—   Me dijo cambiando de tono.  

Le advertí que “toda” la familia estaría reunida.    Su cara cambio drasticamente.    Le asegure que  Rosalie se comportaría, que no tenía de que preocuparse.  

—Así que, si no me dejas regalarte el Audi, ¿no hay nada que quieras por tu cumpleaños? —  Le dije tratando de cambiar de tema.   Prefería verla enojada que  asustada. 

—Ya sabes lo que quiero—   Me dijo en  un susurro sin mirarme.   

De pronto el molesto era yo.       

— Por favor Bella,  esta noche  no. — 

—Bueno, quizás Alice pueda darme lo que quiero— 

La sola idea golpeó fuertemente en mi cabeza.    No pude evitar  gruñir de rabia.     

Ya estábamos llegando a casa y le advertí que este no sería su último cumpleaños. 

—¡Eso no es justo! —        

Apreté mis  afilados dientes,    sentía la rabia  hirviendo en mis venas.     

Claro que Alice no hacía que las cosas mejoraran. Bella dejo escapar un gemido mientras  ingresábamos por el pequeño camino, que se encontraba enmarcado por pequeños faroles. Trate de tranquilizarme,  concentrándome en  inhalar y exhalar.  Le recordé que aquello era una fiesta y que intentara ser comprensiva.    

Una vez estacionado el  “coche”  me dispuse a abrir su puerta.   

—Tengo una pregunta— Me dijo mientras extendía mi mano hacia ella.  

—Si revelo esta película  ¿aparecerás en las fotos? —. 

Reí por su  tonto comentarío.   Siempre me  causaban  risa  los mitos sobre  los  vampiros.  Existían tantos, tan variados y uno mas ridículo que el otro. 

La tomé  de la mano  y la conduje hacia el salón.

     «¡Feliz cumpleaños, Bella!»,    dijeron todos a coro.    Alice había echo un  delicado trabajo con la  decoración.    Era simplemente de muy buen gusto. Simple pero muy elegante. 

            “Te gusta, cierto”.    Me decía   mi hermanita en su voz mental.     Técnicamente no  era una pregunta,   solo  era una confirmación.

Moví mi cabeza, afirmando.    El cuerpo de Bella se estremeció levemente mientras recorría con la vista  la amplitud del salón.   Habían  tantas  cosas, tantos detalles.

La tome por la cintura y besé su cabeza  tratando de tranquilizarla un poco. Cuando sus latidos se normalizarón un poco mis padres se adelantaron para  felicitarla. 

 Esme, cariñosamente la beso en la frente. —Felicidades cariño—.   Le dijo. 

Mi padre  le dio un abrazo mientras le pedía disculpas en un susurro por no poder contener a Alice.

 Después vino el turno de Rosalie y Emmett.    Bueno, solo de Emmett.   Rosalie no se acercó  a ella.  Pero agradecí que tampoco le  ladrara. 

—No has cambiado en nada —  Le dijo   Emmett juguetonamente.   — Esperaba alguna diferencia perceptible, pero aquí estás, con la cara colorada como siempre— 

La cara de Bella  adquirió un tomo aun mas rojo del que ya tenía mientras  le agradecía sus comentarios. 

—He de salir un minuto —   Dijo  Emmett guiñandole un ojo a Alice.  —No hagas nada divertido en mi ausencia.—

—Lo intentaré—  Le dijo Bella  bajando la mirada. 

Alice, que se encontraba  al otro lado de la sala,  se acercó a ella de un salto.    Jasper tampoco se acercó.  Aun se sentía  inseguro  sobre la presencia de Bella.   No molesto,  solo inseguro.  

Una vez a su lado,  Alice  decidió que  ya era hora de abrir los regalos.  La tomó por el codo y la condujo hacia la mesas donde se encontraba un enorme pastel rosado y los  regalos. Bella puso  su mejor cara de martir  mientras le recordaba que  había pedido nada  de regalos.

Pero ella la interrumpió   para decirle que no le había escuchado  y que debía  abrirlos de todas formas. Realmente era muy gracioso de observar,   cada una muy obstinada a su manera.  Era muy fácil el ver   por que eran tan buenas amigas. 

No pude evitar retorcerme  un poco   con la imagen. 

Le entregó el primer obsequio.   Luego que rompió  el envoltorio  miró detenidamente la caja.     Seguramente no podría adivinar de que se trataba.   La abrió  pero el interior estaba vació. 

—Mmm... gracias—    

Todos nos reímos de su expresión y de su respuesta.

—Es un estéreo para tu coche —  Le dijo Alice.    —Emmett lo está instalando ahora mismo para que no puedas devolverlo—

 Aquello había sido por sugerencia mía.   Ya podía verla  tratando de hacerlo. 

Agradeció  a todos el regalo, nombrandolos  uno por uno.     —Gracias, Emmett —  Dijo  en un tono mas alto.     Emmett la escucho  facilmente y    pudimos oír  como se reía.

Llegó el turno de  abrir el regalo de Alice y mio.   Bella me lanzo una fiera mirada, mientras me  recrimibaba  por faltar a mi promesa. En ese momento volvió Emmett. 

—¡Justo a tiempo! —  Dijo mientras se  situaba detrás de Jasper que se había acercado para ver mejor.  

Yo también me acerque a ella mientras le decía que no me había gastado un solo  peso.  Sobre su cara caía coquetamente un mechón de cabello,  lo aparte  mientras acariciaba su rostro suavemente. Se volteo hacia Alice y le pidió  la pequeña y cuadrada caja en medio de un suspiro  resignado.Todos volvimos a reír.   

Solo un  segundo bastó para que toda aquella  alegría se  evaporara  en menos de un parpadeo humano. 

—¡Maldita sea! —  Dijo Bella entre dientes.   Alzaba su mano para examinar su dedo mientras de el salia un pequeña gota de sangre. 

 Casi al instante  la atmósfera se cargo  completamente con  el  intenso  perfume de su sangre.    La primavera pasada  había sido muy parecido, solo que en aquella oportunidad todos estábamos  completamente  enfocados  en protegerla y salvarla.   Pero ahora era muy distinto.   Y solo eso basto para desatar  la siempre inestable sed de Jasper. 

Pude ver en sus  pensamientos el monstruo que dormía dentro de el. 

—¡No! —  Dije en un rugido, al mismo tiempo en que me  arrojaba frente a ella,  interponiéndome entre su cuerpo y el de Jasper, solo un segundo antes que este lograra  alcanzarla.

Nuestro choque fue como el de dos grandes rocas.   Jasper salió repelido por mi cuerpo y se agazapo unos metros  delante de mi.   Estaba listo para atacar nuevamente.     Estaba listo para atacarme.  

Utilizando todas sus fuerzas trato de hacerme a un  lado mientras yo cortaba su avance hacia Bella. 

Ella  y Alice habían caído sobre la mesa donde estaba el pastel.   Seguramente se había echo daño pero lo mas importante es ese momento era  evitar que Jasper la alcanzara. 

Podía ver en sus ojos  el descontrol.    Nada le importaba,   solo el olor,  el sabor de su sangre  en su garganta.

La imagen de su  sed hacía eco en mi mente y en mi sed.    Pero Bella era solo mía.   No dejaría que el terminara con ella.  

Los dientes de Jasper  estuvieron muy cerca de mi rostro, solo a unos cuantos centimetros.  Emmett  lo agarró  por el cuello,  jalando fuertemente, utilizando toda su fuerza.  Pero Jasper  peleaba  desesperadamente  contra su agarre.   

Voltee para  comprobar el estado de Bella.   Había caído con los brazos extendidos sobre un montón de cristales rotos.

Trató de levantarse y en ese momento  el aroma a su grande golpeo mi cuerpo como el primer día en el Instituto.  Pude escuchar  la conmocion  mental que esto generó en el resto de mi familia. Lance un fiero y gutural gruñido.   Advirtiendo, amenazando,   aquel que osara acercarse pagaría las consecuencias.

 

 

 

 

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Capítulo 3

La decisión    

 

Nunca pensé que las cosas terminarian de  esta manera. Si,   es verdad,    siempre estuvo presente en mi mente que algo podría pasar,   pero nunca algo como esto. Estaba  mas que dispuesto a  evitar que algo le  sucediera.   No dudaría en acabar con cualquiera que intentara arrancarla de  mi lado nuevamente.    Pero que podía hacer  si  el enemigo,   si el atacante, provenía de mi propia familia. 

Jasper  continuaba luchando contra el agarre de Emmett. La voz de mi padre se alzo en la sala,  grave, severa y autoritaria. 

—Emmett, Rosalie,   sacad a Jasper de aquí— 

Usando toda  aun   mas fuerza de la hasta ahora había usado,   Emmett tiró fuertemente  de Jasper pero el  contrarrestó su fuerza jalando   hacia adelante. Por un momento creí  que lograría escapar  del  inclemente brazo de   Emmett.

Rodé sobre mi cuerpo,   abrazando a Bella,  protegiéndola en el centro de mi cuerpo.   Sentía  todo su cuerpo latir contra el mio.     El aroma de su sangre golpeaba mis sentidos.   No  tengo noción de cuanto tiempo permanecimos así.   Los pensamientos de Jasper seguían girando en torno a su  sangre. 

—Edward,  permite que me  acerque—  Dijo entonces mi padre.  Me pedía  mi padre.     Sin embargo no podía moverme. Traté de incorporarme, pero mi cuerpo no respondía.    Sabía que Bella necesitaría atención médica.  Me levante lentamente,  obligando a cada músculo a  relajarse. Creo que fue  mejor no llevarla a un hospital,   aquello sería muy difícil de ocultar.   Charlie terminaría enterándose. La lleve a la cocina.  Mi padre  extraía los pequeños fragmentos de vidrio que habían quedado incrustados en su brazo.

Por un momento recordé  lo que le sucedía cuando olia la sangre.  Aunque estaba pálida, no demostraba signos de  querer desmayarse. Su sangre llenaba por completo  el amplio espacio de la cocina.   Había tratado de no  respirar, sin embargo había  tenido que hacerlo al moverme para cubrir su cuerpo con el mio. Su aroma estaba grabado en mi memoria. 

—Sal, Edward —  Bella me  miraba con ojos suplicantes. Les dije que estaba bien y que podía manejarlo.   Sin embargo ella  tenía presente cuan  irresistible era mi su sangre.  Dijo que no tenia porque comportarme como un héroe,    que mi padre podría perfectamente ocuparse de ella. En ese  momento mi padre  estaba limpiando la herida y  ella esbozo una mueca de dolor. 

—Me quedaré — Le dije firmemente. Bella insistía en que me fuera,   alegaba que era masoquista.   Pero creo que debía serlo.

Mi padre se unió esta vez a ella.  Creía que  debía buscar a  Jasper.   Quizás tenía algo de razón,   busqué la voz mental  de este.     El aire puro había   limpiado su razón.    Solo el remordimiento ocupaba su mente en ese momento.  Bella, Alice y mi padre me  incentivaban a salir de la cocina.   ¿ Hoy era el día contra Edward? Pero pude  en sus mentes,  no había confabulación.   Sabía que Alice moría por ver y hablar con Jasper,  pero creía que Carlisle la necesitaba mas  que el. “Tu ve por el y yo me quedo con ella.¿Vale?”  me dijo su voz mental. Me dirigí  hacia la puerta trasera,   dándole una ultima mirada al amor de mi existencia. Eso era ella para mi.  Pero aun así,   la había expuesto mortalmente.  

La suave briza golpeo mi rostro.  Cerrando los ojos me apoye  contra la pared. Las imágenes volvían a mi mente,  apreté los puños moviendo mi cabeza de un lado a otro.  Trataba de borrar las imágenes  pero no podía,  como no podía borrar lo sucedido. 

“Uff.  Tu puedes, tu puedes, tu puedes”  Decía la mente de Alice. Pero en realidad no pudo y salio  en dirección a la sala.  Corría a ver a Jasper. Se suponía que yo haría lo mismo,  pero, es solo que…  no podía.  

Tic, tic, tic.  Me distrajeron los fragmentos de vidrio al caer en la mesa de la cocina,  pero la distracción  desgraciadamente no duro mucho. Tendría que enfrentarme a el, a mi hermano.    Lo amaba,   pero no podía dejar pasar lo sucedido.  No podía pararme junto a el   y decir:                                  

 “Hey Jasper,   wow que ha estado cerca.  Ya sabes, eso de querer  cenar a mi novia.    ja-ja-ja.    Trata de controlarte la próxima vez,  por favor”  

Simplemente no podía. 

El sonido de  los pequeños  fragmentos al caer en la mesa,  me  distrajo nuevamente de mis estúpidos pensamientos. Tan  cerca había estado.    Apreté mis dientes.     No tenía sentido quedarme escondido por mas tiempo.   

Jasper  trataba de  ingresar a la casa.   Alice   lo tenía por la mano,  le pedía que no lo hiciera.  Emmett y Rosalie le cortaban el paso, mientras Esme le pedía que se calmara.Pero en su mente no existía sed,  solo había vergüenza. Quería con todo su ser  hablar con migo,  disculparse.  Buscaba algo que yo no podía darle. 

—Hooo,  Edward.     Por favor,    yo… yo.   No tengo palabras.  No tengo excusa.    Solo pensar en que podría  haber….— 

—Detente Jasper—   Le ordené.    —Has atacado a Bella.    ¿Como  pudiste Jasper?   Eres mi hermano y ella es… es todo, todo para mi.     ¿Como has podido? — 

Agarré mi cabeza,  trataba de exprimir la respuesta.   ¿Que debia hacer?    ¿Como podrían las cosas ser como antes? Mi mayor temor, lo que yo más temía  había sucedido.     Sin embargo, Jasper era solo víctima de su naturaleza.    No  sabia si estar molesto con el.      Pero en fondo  podía ver la respuesta,   en mi interior si lo sabía.    Aquello no era su culpa.  

— Estoy tratando,  me estoy esforzando por  tratar encontrar la manera correcta,    estoy tratando  con todas mis fuerzas de hacer lo correcto. Eres mi hermano,  mi familia.   Pero no encuentro la forma… — 

—Edward, por favor se comprensible—.   Me pedía Alice.   

—Alice, no.   No esta vez—   Dijo seriamente Jasper. 

—Tan solo dejame explicarl…—  Trato de decir Alice, pero Jasper  levantó su mano,  haciendo un gesto para que  no continuara. 

—¡No Alice!.   Esto  lo enfrentaré solo.  Haré lo que sea necesario—  Agregó  bajando la mirada. 

—Estoy segura que lo harás—.    Dijo tomando su mano.   —Haremos lo que sea necesario—

 Ver aquello, esa complicidad.   Esa entrega del uno por el otro, terminó  con  todo tipo de esperanza. Me había engañado, solo como un tonto lo hace.    Había despertado de golpe para comprender que nunca, nunca podría compartir mi vida con Bella.   Ella no era mi compañera, no era mi igual.  Nunca lo sería. ¿Sin embargo por que me fue permitido este efímero sueño?  ¿Porque me permiten ver el paraíso si me cierran las puertas en la nariz? Dios si debía existir y me estaba castigando por ser un verdugo, por ser un asesino. Sacudí los pensamientos de mi mente,   ahora lo único que debía  preocuparme era  sacar de  ahí a Bella. 

—Este no es el momento—.    Les dije secamente.    —Debo llevar a Bella a su casa—. 

Preste atención a la voz mental de mi padre.   Al parecer  estaba terminando. Sin decir nada mas, di media vuelta rumbo a la cocina. Traté de desprenderme, de  dejar fuera mi dolor.    Ya tendía tiempo mas tarde. 

—Yo lo haré —Le dije a mi padre que se ofrecía en ese mismo momento para llevarla a su casa. Su aroma  aun estaba presente en la cocina,   podía distinguir  el aroma al alcohol que seguramente había utilizado mi padre.  Pero en el fondo aun  podía encontrar su esencia. Posiblemente se debía a que su blusa  estaba empapada de ella, o quizás  el aroma llegaba desde la sala,  donde se había caído.  Definitivamente debía  sacarla de casa lo antes posible. 

—Carlisle me puede llevar —  

—Estoy bien,    pero debes cambiar tu ropa.  Seguramente  Charlie  intentaría matarme si te viera llegar en esas pintas— Salí  rápidamente en busca de Alice,   no tendría  objeción en prestarle algo de ropa. 

Mis hermanos  y mi madre  se encontraban aun reunidos en  el Jardín. 

—Es mejor que aun no entre—.   Les deje a todos, refiriéndome a Jasper.    —Su sangre es demasiado fuerte— 

—Sera mejor que  entre—  Dijo mi madre. 

—Alice,  Bella necesita tu ayuda.  ¿Podrías? —  Le dije sin mirar a Jasper. 

—Si, seguro—   Contesto.  Pero  dudó un momento.   No quería dejar a Jasper. 

—Estoy bien—.  Dijo molesto Jasper. 

—Si no se preocupen nosotros estaremos aquí—.   Nos dijo Emmett. Pero la voz de Rosalie revoloteaba en mi mente.              

 “Supongo que ahora estarás convencido de que todo esto es una locura”  Me decía mientras ingresábamos por la puerta trasera de la cocina. “Por que no me escuchaste.  ¿Que pretendías que pasara?.    Te das cuenta de lo  terrible que hubiera sido si Jasper hubiera logrado atraparla. ¿Que habría pasado con nuestra familia?.    Entiendes ahora a lo que refería.” 

Agradecí que Bella y mi padre  ya no estuvieran en la cocina.  No hacía falta que Rosalie  dijera lo evidente.   Yo era mas que consiente de todo aquello. Había creído en un sueño,   había sido un hermoso y único sueño.   Pero ahora debía despertar. Debía despertar para no soñar nunca más. 

—Edward,  tenemos que hablar—  Me dijo mi padre. — Mañana Carlisle,  por favor,  mañana—  Le rogué a mi padre. 

—Esta bien Edward,   has lo que tengas que hacer—   

 

 —O—    

 

Me había pedido que le dijera algo.   ¿Pero que quería que dijera?  No podía,  nuestros caminos ya estaban marcados. 

—Dime que me perdonas—  Agregó tontamente. Como podía creer que aquello fuera su culpa?  Sus palabras terminaron rompiendo mi tan frágil autocontrol. Ella creía que con un poco mas de  cuidado se habría podido evitar todo. Pero solo se había cortado con un papel.    ¿Pensándolo mejor,  cuales eran las probabilidades de eso?  ¿Y en una casa llena de vampiros?   La teoría de que ella fuera un imán para los peligros era demasiado fuerte.  ¿O  el imán era yo? Veamos,    cada vez que ella había estado en peligro había sido por mi causa,    yo estaba a menos de unos pocos metros  la primera vez,   luego me encontraba a su lado cuando conocimos a James, si no hubiera sido por mi reacción…  Esta vez,   si no la hubiera forzado a ir a casa.   Ella no  quería, pero yo la  había llevado aun en contra de su voluntad y aquí tenia los resultados.  Ella no era la causante de los “accidentes” Yo, yo, yo.     Yo era el único culpable de poner una y otra vez la vida de Bella en peligro.   Y ella ahora me pedía perdón.   ¿¡Perdonarla por que!?  Y creía que la culpa era suya. 

—¿Culpa tuya? — Le dije ahora muy molesto.    —¿Qué hubiera sido lo peor que te hubiera podido pasar de haberte cortado en la casa de Mike Newton, con tus amigas humanas, Angela y Jessica? Si hubieras tropezado y te hubieras caído sobre una pila de platos de cristal sin que nadie te hubiera empujado, ¿qué es lo peor que te hubiera podido pasar? ¿Manchar de sangre los asientos del coche mientras te llevaban a urgencias? Mike Newton te hubiera tomado la mano mientras te cosían sin tener que combatir contra el ansia de matarte todo el tiempo que hubieras permanecido allí. No intentes culparte por nada de esto, Bella. Sólo conseguirás que todavía me sienta más disgustado.   

—¿Cómo es que ha entrado Mike Newton en esta conversación? — Preguntó. 

—Mike Newton ha aparecido en esta conversación porque, maldita sea Bella, él te hubiera convenido mucho más que yo —

Le dije molesto con migo mismo. Claro que según ella,  prefería morir antes de estar con el, o con cualquier otro. Aun sabiendo que era cierto,  le pedí que no fuera melodramática.    Tratando de que mis palabras sonaran duras y  secas.  

 

—¿Te quedarás esta noche? —  Me pregunto cuando apague el motor.  Yo sentía que debía ir a casa.  Pero creo que no hubiera servido de mucho.   La esperé en su cuarto,  claro no sin antes rependerla por su tonto comportamiento  con respecto a su cumpleaños. Había aceptado después de todo, de buena manera los regalos que le había regalado mi familia. Aun no habría el mio y estaba un tanto impaciente. Jugaba con la caja cuando ingresó a su dormitorio. 

—Hola —  Mis palabras salieron  mas tristes de lo que me hubieran gustado.    El rostro de Bella resplandeció ante mis ojos.  Caminó hacia su cama y  quitándome el  regalo de mis manos, se sentó en mi regazo. 

Hola, me dijo  apretándose contra mi pecho.  Su calor… Podía sentir como literalmente  derretía mi alma.  Rodee su cuerpo con mis brazos. 

Quería abrir sus regalos.  Empezamos con el de mis padres y se mostró muy entusiasmada  al ver los boletos de avión. Luego fue  el turno de mi presente.   Había cumplido mi promesa,  no me gasté un solo centavo en el . No era nada,   solo una tontería.  Consistía en un CD,   pero no era cualquier CD.    Había grabado una recopilación con   mis piezas favoritas.   Su Nana, La Favorita de Esme, entre otras. Sus ojos brillaron de la emoción mientras sonaba en su equipo el  disco. Por un momento pesé que  su reacción  se debía  solo al dolor  de su brazo,   pero me aseguró que  se encontraba bien. 

—No, no es mi brazo. Es precioso, Edward. No me podías haber regalado nada que me gustara más. No puedo creerlo— En silencio terminamos de escuchar su  canción.   Pero me sentía preocupado. Mintió al preguntarle nuevamente por su brazo y aunque protestó un poco le di un Tylenol. Me senté junto a ella mientras   la música seguía sonando. Consideré  que ya era tarde.  Con uno de mis  brazos tome su delicado cuerpo, levantandolo sobre la  cama,  por un minuto me  permití disfrutar  su proximidad.Con mi mano libre,  en un fluido movimiento  tire de las ropas de cama, abriéndola para  poder recostarla. La arrope como se hace como suelen hacer los humanos con los recién nacidos. Si permitía que su vida siguiera el curso normal  de la vida humana quizás en unos años ella también aroparía a sus hijos,   sería madre,  tendría familia…  tendría una vida. 

Me recosté junto a ella, teniendo cuidado de que mi cuerpo no tocara el suyo.  Bella apoyó su cabeza en mi hombro y dejó escapar un  suspiro.  Seguramente  tenía mucho  dolor, pero estaba seguro que no me lo diría. 

—Gracias otra vez — Dijo en un susurro humano. Para mi no era una molestia,   era un verdadero placer.   Un placer que ya no podría disfrutar, un placer que  nunca dejaría de recordar. Me golpee mentalmente,   no era la hora adecuada,  aun no.  Solo un poco más, solo un poco…La amaba, la amaba con toda la capacidad que me brinda mi condición inmortal.  La amaría por siempre,  para siempre.  Y cuando mi existencia terminara, seguramente también la amaría.  Fuera lo que fuera lo que existiera  para los de nuestra  especie,  cuando estuviera ahí también la amaría. Quizás el infierno no sería tan malo,  no después de soportar toda una existencia sin ella,  aunque pensándolo bien eso sería mi “vida” sin ella.  Tendría que aprender a vivir en el infierno. 

—¿En qué estás pensando? — Me preguntó de pronto Bella.    No quería mentir,  no ahora. 

—Estaba pensando en el bien y el mal—  Aquello era lo mas sincero que me permitía ser.  Su corazón de detuvo y esperé su reacción… 

—¿Te acuerdas de cuando decidí que no quería que ignoraras mi cumpleaños? — Pregunto solo un segundo después,   en su voz no había ningún signo de histeria ni nada parecido.   Era como si yo no hubiera dicho o como si no me hubiera escuchado. 

—Siii. —  Dije esperando ver a que se debían tantas tretas.  Era tan graciosa cuando  trataba de engañarme. Justamente como había pensado ella quería, ya que era su cumpleaños, que la besara nuevamente,  añadiendo que no era una obligación,  que no debía hacer nada que yo no quisiera. Como si yo no quisiera  siempre,  por siempre besarla. 

—Que el cielo me impida hacer aquello que no quiera — Le dije tratando de contener la repentina desesperación que inundó mi corazón. Tome su barbilla, alzandola levemente.   Vi mi rostro reflejado en sus ojos,  en ese momento habría llorado si hubiera podido.  Contuve mi aliento y me acerque  lentamente a ella.  Me miraba con amor, con devoción y pasión contenida. Cuando   mi nariz roso su rostro cerro sus ojos,    aquella repentina privación arrancó de mi cuerpo un escalofrío. La bese con mis ojos abiertos memorizando cada linea, cada detalle de su  rostro.   La bese abrazando con mis labios su boca y con mi brazos su cuerpo. Este sería  el último beso que me permitía darle.   Después de esta noche debería dejarla.  Ya nunca mas sería mi Bella,  debía permitirle ser de otro,   de alguien como ella.  Alguien  que no dudara en abrazarla por temor a romperla,  alguien que pudiera entregarse como  ella merecía. Con aquel dolor en el cuerpo y el alma la bese.  Mi lengua acarició sus labios, lamiéndolos delicadamente,  pero atrayendo firmemente su cuerpo contra el mio. La ropas de cama como las que llevábamos puestas, no eran suficientes para separar su calor de mi cuerpo.  Aun así podía sentirlo.  Era una sensación tan agradable y familiar.  Por un momento imaginé su cuerpo desnudo  contra el mio ¿ Como se sentiría? Seguramente  exquisito,  calentando cada  parte de mi ser.  La pasión con la que me besaba Bella no hacia las cosas mas fáciles para mi,   se apretaba mas y mas contra mi cuerpo.  Por un momento sentí que el aire me faltaba,  como si lo necesitara realmente.Pero no podía parar,  deseaba recordarla.   Quizás,  solo quizás,  si tenía un pequeño recuerdo de ella,  solo quizás podría soportar  mejor la eternidad. Mis manos anhelaban recorrer  su cuerpo,  mi boca quería recorrer su cuello y mis dientes querían perforar su  carne.

De golpe me separé de ella,   haciéndola hacia atras  en un seco pero delicado movimiento. Que estúpido había sido,   Bella nunca había sido  mía,   ella nunca lo sería.  Apreté los dientes,  me faltaba el aliento.  Pude sentir como  rápidamente se enfriaba mi cuerpo sin su contacto. 

—Lo…  siento —   Logre decir entre jadeos.   —Esto…  es pasarse de la raya—  

—A mí no me importa en absoluto —  Dijo  en las mismas condiciones. Bien sabía, que ella también me deseaba y eso no hacia mas llevaderas las cosas. Sugerí que sería mejor que intentara dormir,  pero Bella quería que la  desara nuevamente,  subestimaba mi autocontrol. 

—¿Qué te tienta más, mi sangre o mi cuerpo? —  Dijo  desafiante.  Pero eso era muy fácil,  simplemente había un empate, ambas cosas eran tan deseables para mi  y a la vez inalcanzables. Tanto que dolía.   Dolía tenerla y sería aun mas doloroso no  hacerlo. No tardó demasiado en caer dormida.   Seguramente por motivo del fármaco.

Estaba acurrucada contra mi cuerpo. Acaricié su cabello, inclinando mi cabeza para oler su cabello. Trataba por todos los medios de encontrar alguna salida que no me obligara a dejarla.Pero no encontraba  nada,  nada que me indicara que hacer. Sabía perfectamente que era lo correcto,  lo que debía hacer.  ¿Pero que haría Bella?Seguramente no me dejaría,  ella sabía perfectamente lo que sentía por ella.   Sabía que era el sol de mis días y de mis noches. ¿Porque yo no tenía derecho a la felicidad?   ¿Porque el destino se ensañaba  contra nosotros?   ¿A quien  heríamos,    porque la felicidad no nos estaba permitida?¿Porque  no   estaba permitida “Mi” felicidad? Me incorporé en un delicado movimiento.   Arrodillado junto a su cama la contemple una vez mas dormir.   Era fascinante y  tan completamente relajante que por un breve momento deje de lado mis pensamientos.

Podía ver que estaba soñando,  seguramente era un sueño feliz ya que se dibujaba levemente una sonrisa en sus labios.   Quise acariciarlos, hasta estire mis dedos hacia ellos,  pero me  obligue a no hacerlo.  El gélido contacto de mi dedos remirarían despertándola. Caminé por su cuarto,   caminé de lado a lado.   Pero no podía pensar fríamente con ella a menos de un metro.   Sin darme vuelta salte con decisión por su ventana  Era una noche oscura, sin luna.   Ya no llovía pero la niebla era muy espesa.  Caminé por el sendero que se encuentra   en el bosque, detrás de  la casa de Bella.  Recordé el día que  la espié desde la cima de un árbol,   hace tantos meses ya,   pero que parecían solo días.

Recorrí el mismo camino que en esos  días recorría ella.  En el mismo arbol caído me senté  a pensar en el futuro,  en las consecuencias que traería si me quedaba junto a ella.  Lo peor fue descubrir que ese futuro no existiría.Mi familia también  me preocupaba,  pero Bella estaba   atada a ella tanto como a mi mismo.Si quería marcharme no podría permitir  ningún tipo de contacto con ellos,  solo le daría falsas esperanzas de mi regreso y yo no regresaría. Además siempre  estaría el peligro del descontrol de Jasper o del  Enojo de Rosalie.   De ellos podría esperar cualquier cosa.

Volver al indexCapítulo 4 El final by Alexa Cullen
Author's Notes:
Ya es tarde mañana edito.
Author's Notes:Ya es tarde mañana edito.

Capítulo 4

El final





No me sorprendí a escuchar la voz de Alice,  solo ella podría ver que no estaba en casa de Bella,  seguramente me vio sentado en  este tronco cuando decidí saltar por la ventana.  

—Jasper se marcha—.   Me dijo  sin rodeos.   —Y yo me voy con el—. 

Eso era mas que obvio para mi.    Alice nunca lo dejaría solo.   

—Alice,   también me iré, aun no se cuando ni a donde,  pero debo alejarme—. 

—No lo hagas por nosotros Edward,  es por esta razón que nos marchamos.   No queremos ser mas un problema para ti y Bella.   Quiero que sean felices.  No podríamos vivir sabiendo que  por nuestra causa  se separan—. 

—No es culpa vuestra Alice,  es que no lo vez,   si no hubiera sido Jasper habría sido cualquiera—. 

—Edward, por favor le partirás el corazón—. 

—¿Y no crees que estoy consiente de ello? — 

—No,  no me marchare entonces.  Hablare con Jasper para que nos quedemos solo un poco—. 

—Eso no te lo permitiré Alice,   te prohibo interferir.  Vasta de criaturas sobrenaturales en su vida.    Debe tener una vida normal.   Se lo debo, por todo lo que la he hecho pasar—. 

Decir aquell

Noche Eterna by Alexa Cullen

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