La Isla de Cristal by paulipao

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 La Isla de Cristal by paulipao
Summary:

Tristán Hadley ha vivido durante toda su vida como un niño rico y mimado del Upper East Side de Manhattan, sin embargo, con dieseis años, debe hacer frente al hecho de que tres personas han asesinado a sus padres y lo han secuestrado arrastrándolo a una aventura que nunca se imagino llegar a vivir.

Ailish Dulac ha vivido toda su vida alejada del mundo real, viviendo únicamente para la misión que le ha sido conferida y que ahora deberá compartir con un jovencito arrogante, que lleva en sus venas la sangre perdida hacia cientos de años atrás.

La Isla De Cristal es la representación del mundo celta actual, donde jóvenes guerreros son la esperanza de mantener los límites entre lo real y lo imaginario para que todos nosotros, simples mortales, podamos vivir en paz.



Categories: ORIGINALES, LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura, Fantasía, Romance, Universo Alternativo

Advertencias: Lenguaje Obsceno, Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 2 Completed: No Word count: 7239 Read: 188 Published: 06/08/2013 Updated: 11/08/2013
Summary:

Tristán Hadley ha vivido durante toda su vida como un niño rico y mimado del Upper East Side de Manhattan, sin embargo, con dieseis años, debe hacer frente al hecho de que tres personas han asesinado a sus padres y lo han secuestrado arrastrándolo a una aventura que nunca se imagino llegar a vivir.

Ailish Dulac ha vivido toda su vida alejada del mundo real, viviendo únicamente para la misión que le ha sido conferida y que ahora deberá compartir con un jovencito arrogante, que lleva en sus venas la sangre perdida hacia cientos de años atrás.

La Isla De Cristal es la representación del mundo celta actual, donde jóvenes guerreros son la esperanza de mantener los límites entre lo real y lo imaginario para que todos nosotros, simples mortales, podamos vivir en paz.



Categories: ORIGINALES, LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura, Fantasía, Romance, Universo Alternativo

Advertencias: Lenguaje Obsceno, Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 2 Completed: No Word count: 7239 Read: 188 Published: 06/08/2013 Updated: 11/08/2013
Story Notes:

100% original

Story Notes:

100% original

Capítulo 1 by paulipao
Author's Notes:

Espero les guste 

Author's Notes:

Espero les guste 

Cuando Tristán oyó al conductor de la furgoneta decir algo acerca de lo oscuro estaba el camino aquella noche, sus pensamientos derivaron  hacía posibles escapes.

Le habían quitado la mordaza tras la última parada policial, para que bebiera algo y ahora podía hablar con sus captores libremente, pero llevaba sin emitir palabra cerca de un mes o eso creía, así que no sabía si en verdad podría decir algo convincente, aunque decidió intentarlo de todas maneras.

-Mis tobillos… ¿No pueden… sacarme estas cosas?-soltó, su voz era suave, pero lastimera, ya que tenía la garganta tan reseca que cada palabra dolía como el infierno al ser pronunciada.

-No.

Bien al menos lo había intentado, pensó.

-¡Oh, vamos Korbis! El niño no se escapara ni nada por el estilo, sus manos siguen atadas-dijo la voz de una mujer.

-¡Metete en tus asuntos Stena!-contesto el hombre

Tristán pensó en que estos tipos no debían tener ningún tipo de experiencia secuestrando gente por que se suponía que no debían decir sus nombres, aunque, ¿Realmente eran esos sus nombres? ¿Stena, Korbis? La verdad lo dudaba mucho, tal vez esperaban que si él fuera a la policía y dijera “Me secuestraron un grupo de personas y dos de ellas se llamaban Stena y Korbis” los policías se reirían en su cara, o era que de todas maneras él no tendría oportunidad de denunciarlos, tal vez no cuidaban ese detalle porque lo matarían, aunque en realidad no entendía que ocurría exactamente con aquellas personas, es decir, si de todas maneras lo iban a matar, ¿Para que secuestrarlo? De verdad que esos tipos estaban locos o demasiado enfadados con sus propias vidas.

Bueno, si su nombre fuera Korbis él seguro estaría muy enfadado.

-A mi no me amenazas grandulón, estúpido-gruño la mujer- me he hecho abrigos de piel de cosas más grandes que tú

-Por… favor-volvió a pedir Tristán

Si tenía suerte la mujer seguiría a su favor en ese tema.

-¡Cállate niño o te lanzare en el lago!-le gruño el hombre

-¿Ves lo idiota que eres?-dijo Stena- Como si el niño no pudiera salir nadando…

-No…no se nadar-argumento Tristán, pensando que tal vez Korbis pudiera cumplir su amenaza, aunque le molestaba un poco que le dijeran niño, demonios, él ya tenía dieciséis años, no era ningún niño, aunque que lo subestimaran era en realidad algo bueno para él, en el agua tendría alguna oportunidad, dado que era un buen nadador, gracias a todas esas clases que su madre le había obligado a tomar, dándole una brazada ágil y fuerte, pero el simple hecho de pensar en su madre le hico entristecer.

-¡Lo ves! -se defendió Korbis- Y de todas maneras iba a lanzarlo atado

-Hazle caso a Stena-dijo una tercera voz- quítale las amarras de los tobillos al niño.

Tristán sintió los vellos de sus brazos erizarse con solo escuchar esa voz profunda, por que podía reconocer al hombre que la poseía.

Él era quien había disparado a sus padres.

Sintió un escozor en los ojos, pero ya no quería llorar, había llorado mucho desde que lo sacaron de su casa a rastras, luego de haberlo golpeado para tranquilizarlo, había llorado también en todo el trayecto, recordando los cuerpos tendidos en la sala, frente a la chimenea, recordando que su madre ni siquiera había llegado a abrir su obsequio de navidad, recordando que había perdido a la única familia que había tenido en su vida.

Korbis no dudo en obedecer la orden, lo que daba señales que el otro hombre era el matón al mando, libero los tobillos de Tristán al mismo tiempo que la furgoneta daba un violento giro, pero totalmente inútil.

-¡Maldición!

Oyó un golpe seco, sintió una sacudida violenta y luego silencio, mucho silencio.

Tristán trato de sostenerse, pero la oscuridad y sus manos atadas no le permitieron tal cosa, así que simplemente  cayó sobre el cuerpo de Korbis, que al igual que Stena y el otro hombre parecían haber perdido el sentido.

Agradeció que le hubieran atado las manos por delante y se saco con rapidez la venda de los ojos, aunque de todas maneras no podía ver casi nada en medio de la noche, con las luces de la furgoneta apagadas.

Se dio mañas para acercarse a la puerta y abrirla, saltó al exterior, sintiendo el golpe de frio calarle los huesos, sopeso sus opciones.

La luz de la luna le permitía ver que estaban en medio una carretera, rodeada de árboles, muchos árboles, uno de ellos había sido el causante del choque, ¿Qué demonios hacía un árbol en medio de una carretera? Tristán decidió que lo último que necesitaba era preocuparse por eso, así que sacudió la cabeza, despejando la mente.

Pensó que podía esperar a que pasara un automóvil, pero si sus secuestradores no estaban muertos, pronto despertarían, además la carretera era angosta y la furgoneta no le permitiría al otro automóvil pasar y si él aun no había podido encontrar ayuda, pues volverían a llevárselo, podía tratar de volver solo o seguir el camino hasta encontrar ayuda, pero no sabía cuanto tiempo tenía hasta que alguien fuera en su búsqueda.

Dirigió la mirada por entre los árboles y arbustos que lo rodeaban.

No tenía idea de que podía encontrar allí, pero al menos seria más fácil esconderse, esperaría hasta la mañana siguiente, entonces saldría a la carretera y buscaría ayuda.

Forcejeo con las cuerdas que aprisionaban sus muñecas, pero los nudos eran demasiado fuertes para poder liberarse, decidió que luego buscaría alguna forma de hacerlo, ahora no había tiempo que perder y encamino con esa idea hacia el bosque.

La luz de la luna se filtraba por entre las ramas de los árboles más grandes y Tristán empezó a escuchar los pequeños sonidos que emitían los insectos.

Trató de desconcertar su mente de aquél lugar y lo que sea que pudiera lastimarlo allí, ahora lo único que importaba era seguir derecho, adentrarse solo un poco y esperar a que llegara el día, todo sería más fácil entonces.

Camino con paso lento, indeciso, pero entonces lo escuchó.

-¡Por ahí!- la voz era profunda, pero también lejana, sin embargo eso no significaba nada para él, en segundos esa voz podría estar muy cerca y él estaría acabado.

¡Maldición! ¿Acaso eran súper humanos que despertaban tan pronto de un golpe como el que se habían dado? Tristán echo a correr olvidando la línea recta que le permitiría encontrar la carretera luego, dio un esquinazo atravez de los árboles y siguió corriendo, obligando a sus piernas a continuar.

Podía sentir a las tres personas acercándose, los ruidos parecían aumentar y la luz era cada vez más escasa, debido a la altura de los arboles, su estrechez y su inmenso follaje, mientras se adentraba un poco más en el bosque y su corazón amenazaba con salirse de su pecho.

Atravesó un espacio reducido entre dos árboles, raspándose los brazos descubiertos, debido al lamentable estado de la camiseta azul que vestía, el dolor fue ardiente y lo distrajo del camino, haciendo que tropezara y cayera al polvoriento suelo.

Y entonces lo vio.

Un hilo de luz que se abría paso entre los árboles, ridículamente claro y extraño además.

Un camino guiado por la luz de la luna.

Si fuera un chico inteligente no iría por allí, por que si sus secuestradores lo vieran lo seguirían, pero Tristán no era un chico inteligente en esos momentos, era solo un chico asustado, así que hizo lo que no debía, se puso en pie y corrió, haciéndole caso omiso al ardor de sus brazos.

Se detuvo al observar la luna reflejada en un estanque, ¿Era un estanque, cierto? Y eso que estaba al otro extremo, oculto tras la pequeña cascada, ¿Era una cueva? Al parecer si lo era, además de ser el mejor lugar para ocultarse.

Se lanzo al agua sin siquiera pensarlo, olvido que tenía las manos atadas, los brazos adoloridos y que estaba exhausto, se zambullo y empezó a patalear con fuerza, manteniendo la cabeza dentro del agua el mayor tiempo que le fuera posible.

Rogo que Korbis, Stena y el otro sujeto estuvieran lo suficientemente lejos para no escuchar sus chapoteos o que creyeran la mentira sobre que no sabia nadar.

Llego atravesó el estanque de puro milagro, tragando un poco de agua, cierto, pero aun estaba vivo y eso era lo que importaba.

Se apoyó en una de las paredes de la cueva y espero que la oscuridad impidiera que lo descubrieran, se percato incluso que la formación parecía un poco más profunda que a simple vista.

Contuvo el aliento cuando oyó las pisadas acercarse.

-¿Dónde esta?-pregunto Korbis

-Tal vez allí…

Aunque Tristán no sabía a que “allí” se referían su cuerpo se tenso.

-¿Acaso no lo escuchaste cuando dijo que no sabía nadar?

-¡Serás idiota Korbis!-exclamo la mujer- ¡Pudo haber mentido!

-¡Tú fuiste la idiota que quiso que lo desatáramos!-estallo Korbis

-¡Basta ya! Volveremos a la carretera, de seguro el niño saldrá tarde o temprano si es que no esta ya allí y ha conseguido ir hasta el pueblo…

-¿Y si es así?-pregunto la mujer

-Pues lo buscaran de nuevo, pero esta vez no quiero que tarden tanto tiempo…

Escuchó las pisadas alejándose y cerró los ojos con fuerza, completamente agotado, se quedo dormido sin siquiera pretenderlo, con una tranquilidad que no había sentido hasta la noche anterior a navidad.

 

Tristán abrió los ojos en medio de la nada.

Bueno, en realidad no era la nada, pero se sentía muy parecido.

Trato de ponerse de pie, apoyando sus manos atadas en unas rocas cercanas, pero sentía el cuerpo tan adolorido que lo único que consiguió fue sentarse sobre ellas.

No recordaba cuanto tiempo había dormido, pero sus labios estaban resecos y su estomago rugía por comida.

Movió sus manos e hizo una mueca de dolor por lo ajustadas que estaban las cuerdas, la noche anterior con toda la adrenalina que su escape le había provocado no había sentido dolor pero ahora…ahora su cuerpo le pasaba factura del maltrato que había recibido.

Pensó por un momento que lo mejor seria adentrarse un poco más en la cueva, solo un poco, al menos uno o dos días para asegurarse de que sus perseguidores se fueran, o lo creyeran muerto, si es que seguían buscándolo allí, pero para entonces la sed o el hambre le matarían y ya no habría sentido para esconderse.

Logro ponerse de pie con pura fuerza de voluntad y camino tropezando hasta la salida.

La brillante luz del sol le cegó por un momento.

Había pasado un mes, maso menos, con una mascada sobre los ojos, hasta que había escapado aún de noche y se había ocultado aquí, por lo que esta era la primera vez que veía el sol nuevamente.

Sus ropas estaban hechas girones, por tantas veces que lo habían arrastrado de un sitio a otro y mojadas por el chapuzón que se había dado por llegar hasta la cueva, juntó con sus manos un poco de agua del estanque y la llevo a sus labios, soltó un suspiro sintiendo la frescura recorrer su garganta.

Se puso a pensar en su viejo hogar, que hasta hace un mes atrás no había sido tan viejo, si estuviera allí tal vez la señorita Jackson, el ama de llaves, le habría limpiado la herida cuidadosamente y le habría ofrecido una taza de chocolate caliente de receta especial, lo que ella opinaba, curaba cualquier lesión.

Pensó en que a estas alturas ella habría vuelto de sus vacaciones y la policía ya habría descubierto los cuerpos de sus padres dejándolo  tal vez ahora a él como sospechoso numero uno de los asesinatos y no la victima de un secuestro.

Después de todo, que sentido tenía que los asesinos se llevaran un rehén si no tenían forma de pedir el rescate o incluso por que tardarían tanto tiempo en pedirlo.

Tristán no podía creer aún el giro macabro que había dado aquella navidad.

Se suponía que ahora debería estar paseando en su nuevo porche rojo por Nueva York, tal vez con alguna chica linda en asiento de al lado, en lugar de estar en medio de un estanque, en un lugar completamente desconocido, escapando de las personas que mataron a su familia, pero no, eso era justamente lo que hacia.

Recordó con amargura los cumplidos del entrenador de Soccer de su exclusivo colegio en el Upper East Side, sobre su habilidad física, sobre su resistencia y fuerza, ¡Ja! ¡Incluso le había convencido de entrar en el equipo de lucha! Sí, claro, ¿Con que resistencia y fuerza, no?, aquello no le había servido de nada cuando tenía que escapar de sus captores o defender a sus padres.

Tenía los músculos entumecidos por el frio de la noche anterior, además del cansancio de atravesar parte de ese bosque corriendo, pero había escapado, había logrado liberarse de esas personas y ahora... Y ahora estaba aquí, sin saber de que ciudad hablaban sus captores, ni si era grande o pequeña o donde irían a buscarlo cuando descubrieran que no estaba allí, tal vez a una ciudad algo más alejada o regresarían a por él al bosque.

Levanto la vista, adaptándose a su entorno, desde ya podía notar que estaba en medio de un amplio bosque, aunque tenía algo diferente, bueno bastante diferente, Tristán no era capaz de decir cuantas cosas habían cambiado con exactitud, empezando por que el estanque que ahora ya no parecía un estanque, sino un una gran laguna que se abría paso por en medio de algunas árboles formando unos pocos riachuelos , también noto que habían unos cuantos montes que se veían desde donde se encontraba, colinas completamente verdes, que no estaban allí la noche anterior, habían más árboles también y muchos sonidos, pero de seguro había sido todo de esa manera la noche anterior y él simplemente no había notado esos detalles por la adrenalina y el cansancio, además de la poca luz, obviamente.

Trató de recordar que peligros podía encontrar allí, pero nunca había accedido a los ruegos de su madre para ser un niño explorador ni había tomado mucha atención en clases de biología, después de todo, nunca había entendido para que le serviría todo aquello.

Bien hecho, se felicito con sarcasmo.

-¿Y ahora qué?

Trato de pensar, también, en posibles soluciones, pero no tenía ni idea de que hacer.

Podría volver a la carretera nuevamente, si es que recordaba como hacerlo, sin embargo, era probable que algún animal lo atacara mientras recorría el bosque.

Pero… ¿Y si volvía a la carreta y sus secuestradores estaban esperándolo allí? O si conseguía que alguien lo auxiliara y llevara  al pueblo por atención médica, ¿No podrían también atraparlo entonces? En el mejor de los casos, sus secuestradores no conseguirán acercársele, pero… ¿La policía le creería?

Tristán estaba cansando de pensar.

Tenía que hacer algo, cualquier cosa, las dos ideas, deambular por el bosque o buscar la manera de volver a la carretera, eran igual de peligrosas, pero ninguna era más peligrosa que simplemente quedarse allí y esperar a que volvieran a por él.

Volvió a ponerse de pie y a prepararse para nadar,  al menos, extrañamente, no hacia frio, nada de frio.

Tal vez  se debía a que ya no estaba en los Estados Unidos, quizá habían encontrado la forma de sacarlo del país, de llevarlo a otro lugar donde el clima era tan cambiante que podían pasarse de un extremo al otro, pero no estaba seguro, en sus condiciones no podía estar seguro de nada.

Nado con la cabeza fuera esta vez, por que ahora no debía esconderse, o eso creía.

Tosiendo salió del agua y se encamino por los árboles.

Trato de oír el canto de los pajarillos que tanto se mencionaban en las películas y cuentos, pero no pudo escuchar nada, nada excepto el crujir de las ramas que habían dispersadas por los alrededores.

Podía jurar que las hojas de los arboles, sobre todo los manzanos, que habían en exceso al parecer, los troncos, los arbustos y lo que sea que estuviera a su alrededor emitía una especie de luz, un brillo especial, que le recordó a esas historia de polvo de hadas y bosques encantados, también observo que el camino estaba lleno de pequeños hongos coloridos, que según recordaba no había visto la noche anterior, aunque después de todo, al igual que con el supuesto estanque, no había visto mucho, bueno, podía ser que era una área distinta del bosque  o probablemente se debía al cansancio, al hambre y a que su mente le estaba pasando una mala jugada.

Siguió caminando, girando con violencia la cabeza, ante cada sonido nuevo, apuntando sus ojos azules a las posibles amenazas, pero era inútil, por que no alcanzaba a ver nada.

¡Ciervos!, pensó por un momento, mientras recorría el lugar con la mirada sin un punto fijo, habían ciervos en los bosques, o al menos eso recordaba de Bambi.

Vale, las películas infantiles de Disney no eran tan buenas fuentes de información pero era lo único que se le ocurría, aunque a ser verdad, si se guiaba por ellas, podía terminar en una casa con siete enanos, como Blanca nieves, jugando a ¿Por qué tienes… mejor que…? Con un lobo disfrazado de abuela, como caperucita roja, o con tres osos molestos por que un rubiecillo se había comido su avena, dado que el color de oro de cabello lo tenía, solo le faltaban los ricitos.

-¡Basta!- se dijo para sí, lo último que necesitaba era pensar en tonterías como aquellas cuando su vida corría peligro, tal vez se había golpeado en la cabeza o algo por el estilo, eso explicaría muchas cosas.

Trató de contar los manzanos que encontraban, para distraerse un poco en cuanto a historias infantiles, pero… vaya que si habían muchísimos, la fruta colgaba de ellos tentando con su color rojizo, pero a Tristán nunca le habían gustado las manzanas y además, seguro que Blanca nieves no se lo recomendaría.

Camino con cuidado hasta que se topo con unos arbustos, con pequeños frutos guindos. ¿Serían comestibles? Tal vez no… había visto de pequeño varios documentales con su padre, donde hablaban de frutos silvestres venenosos, pero el rugido que dio su estomago le hizo decidirse.

Se acercó y tomo uno entre sus manos, lo llevo a su boca y se deleito con el sabor dulce. ¡Genial! Toco los bolsillos de sus pantalones vaqueros y vio que uno de ellos aún estaba intacto.

Escucho un pequeño sonido, algo sutil.

¿Una campanilla?

No. Estaba alucinando de nuevo, seria mejor que tomara esos frutos ya por que si seguía así su mente terminaría por acabar con sus posibilidades de sobrevivir.

Cogió todos los frutos que cupieron en su bolsillo y los guardo con mucha dificultad, gracias a que aun no había logrado librarse de la ataduras en sus manos, luego comió unos cuantos más y decidió que era hora de arriesgarse un poco y volver hacia la carretera, o intentar hacerlo, dudaba mucho que se orientara adecuadamente, después de todo, ante sus ojos, aquel lugar era totalmente distinto, pero cuando llego a dar un paso, escucho un rugido surgiendo de entre los árboles tras él, volteo de inmediato.

Vale, gracias a su brillante teoría de caperucita roja y el lobo vestido de abuelita, Tristán ya estaba bastante asustado pero hubiera preferido mil veces un lobo a lo que sea que había delante suyo.

Abrió los ojos como platos y sintió el golpeteo nervioso de su corazón descontrolándose.

En frente, Tristán vio a una criatura que no aparecía en ninguna película, ni infantil, ni de aventuras, ni de terror, aunque hubiera concordado excelente con la ultima categoría, por el simple hecho de ser demasiado horrenda para que alguien pudiera siquiera imaginársela, menos aun en un bosque bañado en polvo de hadas, con sonidos de campanillas y risillas infantiles.

La criatura abrió su ancha boca y dejo ver sus afilados dientes, como si el resto de su cuerpo no fuera ya lo suficientemente aterrador.

No era nada más ni menos que una pierna deforme, ancha y alargada de la que se desprendía un brazo, justo por debajo de lo que parecía una cabeza, con un único ojo negro en el centro, tenía también una larga melena de plumas negras insertadas en la parte superior, un par de orejas largas y puntiagudas como las de los duendes pero que caían a los costados, su piel era del color de la mostaza añeja, una mezcla de amarillo, café y negro que resultaba repulsiva a la vista, al igual que todo el monstruo en conjunto.

Soltó un nuevo rugido y abrió su enorme palma estirando el brazo hacia él.

Tristán puso sus piernas en marcha y comenzó a correr.

Escucho los golpes secos de los saltos que la criatura daba tratando de alcanzarlo.

Podía oír los rugidos tras él, indicándole que su perseguidor se estaba impacientando y enfadando y eso no era nada, pero nada bueno. Noticias sobre apple,mac, osx, iphone,ipad,apple watch, juegos para mac y appletv Todo sobre Apple, Mac e Iphone

La persecución debía de llevar cerca de diez minutos porque las piernas de Tristán comenzaban a revelarse por el esfuerzo físico de mantener el paso, mientras la maldita criatura, para tener solo una pierna, seguía igual de veloz.

Su mente seguía a los latidos de su corazón y trataba de maquinar posibles refugios pero dudaba que algo pudiera escaparse del alcance de la criatura, ahora ni siquiera una cueva oscura en medio de un lago, si es que pudiera volver, podría refugiarlo.

Vio una formación de rocas grandes y alargadas, colocadas una junto a otra dejando un espacio estrecho, lo suficiente para que esa cosa no pudiera pasar atravez de las misma pero él sí, como no tenía un mejor escondite decidió probar suerte, consiente que sus piernas no aguantarían mucho más.

Las rocas formaban un círculo perfecto, paso entre ellas y observo como la criatura se acercaba.

Vio su ojo apuntar directamente hacía él y su boca torcerse en una grotesca sonrisa, coloco su mano sobre una de las rocas y empujo hacia adelante.

Tristán retrocedió para evitar ser aplastado.

Escucho un nuevo rugido, que en su mente sonaba como una risa burlona, que trataba de decirle “No puedes contra mi chiquillo” mientras una segunda roca caía al suelo.

Tristán pensó en que tal vez el monstruo tenía razón.

La criatura avanzo hacía él.

Tristán cayó de espaldas al suelo y se arrastró hacia atrás  con sus piernas hasta chocar contra una de las piedras que permanecían en pie.

El grotesco monstruo alargo la mano y apoyando una alargada uña sobre la pierna derecha de Tristán, hizo un corte fino, algo profundo.

El chico chilló por el dolor lacerante que sintió. La bestia soltó un sonido parecido a una carcajada.

Lo mataría lentamente.

Tristán escuchó pasos, pisadas, pero no podía pensar con claridad, ni mucho menos saber de donde proveían, casi deseo que fueran sus secuestradores, tal vez Korbis fuera un manjar más apetecible para la bestia que tenía en frente, o ellos pudieran intentar evitar que lo devorara, aunque dudaba seriamente de que unos cuantos disparos mataran a esa cosa.

Pensó en que al menos ahora estaría con sus padres, porque si aquél adefesio no se lo comía, terminaría por desangrarse.

Al menos podría estar tranquilo en donde sea que estuvieran sus padres, sin asesinatos, secuestros o criaturas terroríficas salidas de un bosque mágico, con arroyos por doquier y pequeños montes, donde se oían risillas y sonidos de campanas.

Vio la ancha boca abrirse e inclinarse sobre él, pero entonces… un silbido, una flecha que se clavo justo en el ojo de la amenaza que cayo de espaldas al suelo.

Tristán no era capaz de hilar ningún pensamiento.

Su pierna derecha ardía como el infierno y su cabeza estaba comenzando a dar vueltas por la sangre que perdía atravez del corte.

Escucho la voz de una chica.

-¡Un Fachen!-gritaba

Los ojos de Tristán empezaron a cerrarse, logro ver una cabellera roja brillante, un par de ojos verde esmeralda, piel blanca como porcelana, una nariz respingona cubierta de pequeñas pecas, tenía la cara pintada con azul, con líneas algo extrañas que enmarcaban su rostro.

¡Genial! Una princesa amazona.

La chica pelirroja se inclino hacia él y Tristán volvió a pensar en Blanca nieves y el beso de su príncipe para despertar, pero no, ella simplemente tomo su rosto entre las manos examinándolo.

Tristán trato de aferrarse a la vista de ella para no cerrar los ojos, por que no sabía si tendría la oportunidad de volver a abrirlos.

-Estas herido…-dijo para él y luego elevo el tono gritando- ¡Tenemos un herido! ¡Allen! ¡Griffin! ¡Traed ayuda!

De repente sus ojos se cerraron, y vino la oscuridad…la paz.

End Notes:

PAO

End Notes:

PAO

Regresar al índiceCapítulo 2 by paulipao
Author's Notes:

Espero les haya gustado

Author's Notes:

Espero les haya gustado

2

-Deja de mirarlo con tan mala cara, Ailish, eso no hará que se ponga mejor -dijo Miss Ginebra mientras acomodaba la almohada donde descansaba la cabeza del joven rubio.

-¿Quién dijo que quiero que se ponga mejor?-respondió la muchacha de forma insolente

Miss Ginebra examino las heridas que el muchacho presentaba, de seguro en poco tiempo el recobraría el sentido, el corte en su pierna estaba sanando más rápido de  lo que ella hubiera pensado y el resto de las heridas, que en realidad no eran más que rapones por caídas y movimientos bruscos, pues esas ya habían sanado, así que en su opinión, quien quiera que fuera ese muchacho, tenía mucha suerte, como ella la había tenido hacia algún tiempo atrás.

Sonrió con melancolía pensando que ella y ese chico tenían mucho más en común que el color del cabello.

-Entonces, querida, ¿Por qué no te has despegado de él desde que lo trajeron?

-Solo estoy alerta-contestó Ailish- porque este dormido y herido no significa que no sea una amenaza…y aquí nadie parece preocuparse por las amenazas…

La niña apoyo sus caderas sobre el escritorio que Miss Ginebra usaba para escribir las recetas que repartía entre los estudiantes, o donde se sentaba a tomar su taza de café matutina.

-¿Acaso no fuiste tu la que lo salvo del Fachen?-le preguntó

-Solo hacia mi trabajo-Ailish levanto las caderas del escritorio, ofuscada, y camino hacia la puerta-Además, muerto no puede hablar y quiero respuestas…

-Me refería a que si realmente fuera peligroso no habría necesitado tu ayuda…

-Tenía las manos atadas-dijo Ailish- hasta donde se, no le atan las manos a alguien que es inofensivo…

-Ha de haber explicación a eso-la chica gruño

Miss Ginebra vio a la muchacha abrir la puerta de la enfermería.

-¿A dónde vas?

-Usted podrá perfectamente cuidar de él-respondió Ailish mientras salía- ya que no es tan peligroso-añadió con sarcasmo y Miss Ginebra escucho el sonido de la puerta cerrase tras ella.

Meneo la cabeza contrariada con la vista puesta en la salida.

Ailish Dulac era todo un abanico de sorpresas.

Era una de las estudiantes más dedicadas y nobles que había conocido, pero tenía un problema muy serio con la desconfianza y el orgullo, que podía resultar fatal en el campo de batalla.

Miss Ginebra solo esperaba que la niña pudiera resolverlo por ella misma, antes que aprendiera la lección por las malas.

Trato de ser un poco benevolente con ella, después de todo, ser la hija de Miss Arwen no debía de ser fácil para Ailish, del mismo modo que ser madre de ella no debería ser fácil para Miss Arwen.

 

La galería principal del Camulodunum, que llevaba directamente a los dormitorios parecía estar vacía, como sucedía cada día a la hora del almuerzo, así que Ailish enfilo por ese camino.

Aun no entendía porque nadie más parecía preocupado por la aparición de aquel chico.

Estaba segura que era un error dejarlo quedarse allí, no importaba que le dijeran paranoica o lo que sea, bastaba con curar sus heridas, para eso ella lo había llevado, desatarle las manos y dejar que sobreviviera solo en el bosque,  después de todo la historia decía que era un error confiar en alguien por el simple hecho de verlo inofensivo, pero a nadie le importaba la opinión de una estudiante cuando ni siquiera la directora del Camulodunum se había opuesto.

Trato inútilmente de pensar en por qué su madre, que era tan estricta en cuanto a la seguridad de sus estudiantes, no se había opuesto a aceptar al rubiecillo, después de todo, las trenzas que tenía a un costado de su cabello no eran suficientes evidencias de que compartiera la misma sangre que todos los estudiantes que allí se albergaban.

-¿Ya despertó?

Ailish pego un salto hacia atrás al ver a Allen salir desde una de las columnas de la galería.

-¡No hagas eso de nuevo!-le grito- me pagaste un susto de muerte

-Pero si tú eres la que esta siempre alerta-se quejo el chico - ¿En que pensabas que estabas tan distraída?

-Eso no te incumbe…

-Vale, entonces, responde mi pregunta… ¿Se despertó?

Ailish negó con la cabeza, empezó a caminar de nuevo con Allen siguiendo sus pasos, muy a su pesar.

-¿Quién crees que sea?-continuo Allen

-No tengo idea…

-¿Uno de los nuestros?

-No tengo idea…-repitió

-Seria genial tener un nuevo compañero…

-No es un compañero nuevo…

Allen se paro en frente suyo.

-¿Cómo lo sabes, si ni siquiera lo conoces?

Ailish dejo escapar un suspiro de exasperación, cosa que hacia muy seguido cada vez que tenía a Allen cerca.

-Déjala tranquila, Allen, sabes como se pone cuando hay algo que no entiende- de todas las persona que Ailish no quería ver en ese momento, dos ya estaban allí.

Allen Dagonet y Griffin De Maris eran buenos amigos y compañeros excelentes durante una misión pero ella no quería ni buenos amigos, ni excelentes compañeros en ese momento.

Quería únicamente estar sola, pensar un poco sobre el chico que había salvado del Fachen y porque de alguna manera le resultaba conocido cuando sabía que era imposible haberlo visto antes.

-Pero si solo he hecho una pregunta-se defendió Allen

-Pues ella no quiere contestarla…

-Pero que tiene de malo hacer una pregunta…

-Molestar a Ailish, eso tiene de malo, así que basta-continuo Griffin.

-Pero… joder, Griffin, es solo una pregunta…-insistió Allen una vez mas

-Te dije que basta- Ailish detecto el tono de voz amenazador que usaba Griffin cuando quería dar una advertencia y pensó que aunque fuera su mejor amigo, a veces exageraba en defenderla, además…Allen era impertinente siempre y Griffin no podía simplemente golpearlo todo el tiempo.

-Tío, si que tienes mal carácter…

-Te demostrare lo que es mal carácter - Griffin dio un paso hacia él

-¡Basta ya!-Ailish coloco su mano sobre el pecho de Griffin, empujándolo levemente hacia atrás.

-No necesito un guarda espalda, ¿Esta claro?-le pregunto

-Vale-respondió Griffin aunque Ailish escucho más un gruñido que una respuesta.

-Y ya te dicho que no tengo idea de quien sea ese rubiecillo-dijo volteando la cara hacía Allen.

Allen frunció el ceño ante la palabra “Rubiecillo”

-Eso fue ofensivo…e innecesario-dijo el muchacho- no olvides que también soy un rubiecillo

Ailish soltó un suspiro y siguió caminando, deseando que ese par se quedara atrás discutiendo y no la siguieran, pero aquel día no era el mejor precisamente.

-¿A dónde creéis que vas?-escucho el par de tacones detenerse y la voz autoritaria tras suyo- ¿Y ustedes?-pregunto Miss Arwen Dulac, directora de la Academia Camulodunum  o Camelot para los que detestan el gales antiguo, como casi todos los estudiantes - deberían estar en el comedor, como todos, ¿O es que tienen privilegios?- termino la ultima pregunta mirando directamente a Ailish.

¿Privilegios? Sí, como no.

Desde que tenía memoria ser hija de la Directora era más un martirio que un privilegio.

-Si señora-dijo levantando la barbilla- allí íbamos…

-Pues creo entonces, señorita Dulac, que se estaba equivocando de camino…

-Es que encontrar a ese chico la dejo desorientada-comento Allen.

Si las miradas mataran, Allen estaba ya doblemente muerto, por que Griffin y Ailish eran expertos en ese tipo de intimidación.

-Solo decía…

-¡Al comedor!-ordeno Miss Arwen- y nada de comentar sobre nuestro huésped, ese es tema únicamente de la directiva, ¿Esta claro?

Asintieron con solemnidad y Ailish rechino los dientes mientras acompañaba a Griffin y Allen al comedor.

-Al menos el menú de hoy no esta mal-dijo el rubio

Vale, aquel debía de ser el sueño más raro del mundo, o bueno, al menos era el sueño más raro que Tristán había tenido en toda su vida.

Se estaba planteando seriamente seguir el consejo de su madre y dejar de comer tantas gomitas de ositos verdes, sus favoritas, por que realmente tanto dulce le estaba afectando al cerebro y no es que estuviera muy bien que digamos de por si.

O era eso, o eran las películas que Miranda le había hecho ver la noche anterior, mucho terror y acción le habían hecho daño.

Tan pronto como abrió los ojos se dio cuenta de un par de cosas.

Su pierna derecha ardía como el infierno.

El dolor de cabeza que sentía le hacia frente al dolor de su pierna.

El techo era de color blanco, no azul oscuro como en su habitación.

Y lo más importante de todo. Nada había sido un sueño. Absolutamente nada.

Soltó un gruñido y trato de moverse, pero se dificultaba mucho por que sus músculos parecían estar en una huelga general.

 -Relájate…-escucho la voz delicada y un poco ronca de una mujer- aún estas débil, querido, si intentas moverte te fatigaras, además los puntos de tu pierna derecha también pueden sufrir complicaciones.

“¿Señora Jackson?” quiso preguntar, pero iba a ser demasiado bueno para ser verdad.

Decidió hacerle caso a la mujer de todas formas, al menos ya no tenía a lo que sea que fuera aquello que lo había dejado en tan mal estado, frente a él.

 Sintió una compresa fría sobre la frente y le agradeció mentalmente a aquella mujer por lo que hacia.

-Eso te ayudara un poco a bajar la fiebre, estas mejorando considerablemente, pero aun estas muy débil por toda la sangre que perdiste…

-¿Do-donde…estoy?-preguntó Tristán, sorprendiéndose así mismo por lo delicada que sonaba su voz.

-Luego vendrán esas respuestas, lo único que necesitas saber es que estas en buenas manos…nosotros te vamos a ayudar…

Tristán movió el rostro hacia la voz y se sorprendió con lo que vio.

Aquella mujer no solo era hermosa, era hermosísima, con muchas “sisimas” más de las que podrían entrar en una palabra común.

Tenía la piel delicada y un poco bronceada, con unas pocas arruguitas en los costados de los parpados, tenía los ojos de una mezcla entre dorado y verde que hechizaba y su cabello rubio ondulado caía sobre sus hombros, su rostro era agradable, con facciones aristocráticas y dulces, vestía un mandil blanco de enfermera y tenía un estetoscopio puesto en el cuello, parecía…una doctora.

Pensó en la princesa amazona que había sostenido su cabeza luego de matar a esa cosa que lo había perseguido.  ¿Lo había llevado a un hospital? ¿Un hospital? ¿Estaba en un hospital, realmente? No, no podía estar en un hospital, por que si eso fuera cierto tendría que haber un policía al lado de esa mujer tratando de entrevistarlo por el secuestro o algo parecido, al menos la chica pelirroja debía de estar allí. Tal vez sus secuestradores lo habían capturado nuevamente, tal vez su princesa amazona trabajaba para ellos y lo había salvado para entregarlo.

No. No podía pensar en eso, ni la princesa pelirroja, ni esta mujer rubia podían pertenecer a una banda de criminales como aquellos, era imposible.

Observo como la mujer se acercaba a un pequeño aparatito que había en una de las paredes blancas y pronunciaba solo dos palabras.

-Esta despierto…

Tristán abrió sus ojos como platos, “Esta despierto” ¡Esa mujer tenia algo que ver con su secuestro!

De repente olvido por completo que estaba adolorido, que su cabeza parecía querer estallar por la fiebre o que su pierna derecha podría ser completamente inservible en esos momentos, por que en su mente solo había una idea clara, una que había manejado por todo un mes “ESCAPAR”.

Dirigió sus ojos a la puerta y espero que la mujer se acercara de nuevo a él. Ella así lo hizo.

-Incorpórate, ¿De acuerdo? Tomaras una pastilla para bajar el dolor…-dijo mientras retiraba la compresa de su frente.

Tristán hizo lo que le pidió, la mujer se volteo hacia el escritorio tomando una pequeña pastillita blanca y se volteo hacía Tristán.

-Abre la boca-quería decir que no, pero aun no era recomendable, así que ha regañadientes obedecía, ella coloco la pastilla en su boca y pareció recién percatarse de que había olvidado de servir el vaso de agua para pasar la pastilla, por lo que se volvió nuevamente hacia el escritorio y Tristán pensó “Perfecto”.

Puso sus pies sobre el suelo, arrastrando la manta que lo cubría y corrió hacia la puerta, afortunadamente, sin seguro, mientras la mujer solo lo observaba atónita.

Cuando volvió el rostro hacia el frente, se quedo helado con la vista.

Estaba en un edificio, pero no uno cualquiera. Ante sus ojos aparecían un enorme patio con cuatro caminos de piedra que dirigían a una enorme fuente que estaba justo en el centro, hecha completamente de piedra gris,  de lo que parecía ser un patio, tenía algunos faroles de aspecto antiguo esparcidos por entre los rosales que había entre medio de los caminos y unos pocos bancos también del mismo color gris que la fuente, había además algunos manzanos.

También podía ver que el lugar estaba lleno de pasadizos y galerías, era de cinco pisos y estaba completamente hecho de roca maciza, incluso alcanzo a ver la copa de algunas torres redondas y cuadradas que sobre salían, con banderas de color rojo y dorado en las puntas, con un emblemas extraños, un escudo de esos que había visto mientras avanzaba sobre las colonias medievales en la clase de historia del profesor Macabíes.

El lugar entero era un monumento a la arquitectura medieval, aunque con un toque moderno que lo dejo obnubilado.

Un sonido de campana resonó en el lugar y Tristán salió de su encantamiento.

¿Seria esa una alarma para avisar sobre su intento de escape? Escucho la puerta tras él volver a abrirse y  sin perder tiempo corrió por su lado izquierdo, hacia una galería mayor pensando que por allí debería estar la salida, pero no llego muy lejos.

 

Ailish miro el reloj con impaciencia.

En unos minutos sonaría la campana para que volvieran a las actividades convencionales, así que se distrajo mirando del vitral sobre su cabeza. Estaba sentada en su mesa favorita, la del rincón izquierdo del nivel superior del gran comedor, que como casi toda la academia estaba hecho a base de roca maciza gris, con el piso cubierto de una alfombra roja bastante opaca.

Se llegaba al comedor cruzando el patio central, luego se debía bajar las gradas que llevaban hacia una gran estancia de cuatro niveles, en el primero estaba la mesada con las bandejas, donde cada alumno recogía su comida, luego venía el nivel llamado Superior pues allí solo comían los estudiantes de ultimo curso, bajo este, unas cuantas gradas a los extremos llevaban hasta el tercer nivel, conocido como Intermedio  y finalmente el nivel Inicial  para los estudiantes nuevos.

Las únicas reglas eran respetar la distribución por niveles y el horario de entrada y salida del mismo. Dejando de lado la ambientación, el comedor podría ser igual que el de cualquier otra academia, pues en los tres niveles había los clásicos grupos diferenciados. Las chicas bonitas, los chicos populares y maliciosos, los que eran el hazmerreir del grupo, los cerebritos intelectualoides y los que no pertenecían a ninguna categoría, como ella.

Volvió a concentrarse en el vitral que tenía frente a ella, donde se veía la imagen de tres caballeros sosteniendo la copa sagrada. Galahad, Percival y Bors. Los tres grandes que habían encontrado el grial. Imagino la misma escena pero en lugar de tres eran cuatro y ella era uno de esos cuatro. Esa era su misión. La exoneración de su sangre.

En su mente quedo grabada la imagen. Ni siquiera noto que todos salían del comedor, ni que ella misma por simple costumbre estaba a la delantera, pero en cambio noto al chico parado fuera de la enfermería, que comenzaba a correr como loco hacia la galería que llevaba a las habitaciones.

-¡Maldición! –dijo antes de empezar a correr también.

A su espalda, todos estaban conmocionados por la escena.

Miss Arwen apareció por un costado contrario y abrió los ojos impresionada por la velocidad a la que corrían el joven y su hija tras él, pero seria impropio que ella se atreviera siquiera a seguirlos, así que hizo lo que pensó correcto.

-¡De Maris, Lionel! ¡Ayudad a la señorita Dulac!-los nombrados salieron de en medio de la muchedumbre ubicada en la puerta del comedor.

Erian y Scott, al igual que Sayer se adelantaron para seguir a Quinn y Griffin, pero se detuvieron en seco al escuchar la varonil voz de Mrs. Kennett.

 

-¡El resto ha de quedarse aquí!-sentencio y nadie, ni siquiera Scott, trato de contrariar su decisión.

-¡Vuelve aquí!

Sí, como no…pensó Tristán, sintiendo el ardor en la pierna derecha. ¡Aquello acabaría matándolo! Siguió corriendo y doblando en las esquinas mientras escuchaba las pisadas tras él.

Estaba completamente aterrado. La persecución, el dolor en la pierna, el cansancio y la sensación de extravió era tan intensa como había sido en aquel bosque.

Giro por un segundo la cabeza sobre su hombro y vio a su princesa amazona corriendo tras él.

No llevaba la misma ropa que la ultima vez que la había visto, una especie de uniforme verde pegado al cuerpo como una armadura, tampoco tenia las marcas azules en su rostro pero seguía estando igual de hermosa, con el cabello rojo vivo y los ojos esmeraldas, que ahora precian puñales de jade apuntando a su objetivo y su objetivo… era él.

La galería lo llevó hasta un pasillo lleno de puertas, pero no se animaba a probar ninguna para buscar donde ocultarse, debía seguir corriendo si no quería que la chica lo alcanzase, giraba en las esquinas, que como había dicho eran muchísimas, ¡Joder, aquel lugar parecía un maldito laberinto!

Tristán soltó otra maldición al ver que su camino actual terminaba en unos escalones que tenía total seguridad de no poder subir, no sin abrirse los puntos de la pierna, si es que no se habían abierto ya por su carrera.

Volteo para enfrentarse a su cazadora y luego sintió el golpe de su espalda en el suelo y se quedo paralizado, pero no por dolor, sino por la vista.

Aquellos ojos eran aún mucho más hermosos de lo que había pensado y para Ailish, los ojos azul profundo de Tristán parecían tener el mismo efecto.

-¡Arriba Ailish, solo debías cazarlo, no coquetear!-gruño la voz de un chico tras ellos.

Tristán alzo la vista y vio a un joven alto y musculoso, mayor que él sin duda, con el cabello oscuro y los ojos miel brillantes por la furia, que iba únicamente dirigida hacia él, a su lado, había otro chico, este un poco más tranquilo, más delgado y de estatura promedio, con el mismo tono rubio de cabello que él tenía, pero sus ojos eran más claros y tenían un brillo distinto, pura curiosidad sobre algo que se desconoce, eran de un celeste típico del cielo en los días del verano.

La chica amazona se levanto y coloco su pie sobre el pecho de Tristán.

 

-No puedes escaparte, rubiecillo tonto-dijo- no sin darnos un par de respuestas al menos.

End Notes:

Pao

End Notes:

Pao

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