Esclavos de Hoenn by KTTR

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 Esclavos de Hoenn by KTTR
Summary:

Ruby llega a Hoenn, donde rápidamente comete un crimen horrible y toma la decisión de su vida: Liberar a todos los pokemon de Hoenn de su esclavitud. Ambientado en un mundo Gijinka de Pokemon (o sea, los pokemon tienen forma humana y pueden hablar).

Advertencia: Escenas violentas y sangrientas.

Advertencia: Spoilers de los juegos Pokemon: Ruby, Zafiro y Esmeralda



Categories: VIDEOJUEGOS Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura

Advertencias: Spoilers

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 61 Completed: No Word count: 170733 Read: 9875 Published: 24/07/2013 Updated: 24/06/2014
Summary:

Ruby llega a Hoenn, donde rápidamente comete un crimen horrible y toma la decisión de su vida: Liberar a todos los pokemon de Hoenn de su esclavitud. Ambientado en un mundo Gijinka de Pokemon (o sea, los pokemon tienen forma humana y pueden hablar).

Advertencia: Escenas violentas y sangrientas.

Advertencia: Spoilers de los juegos Pokemon: Ruby, Zafiro y Esmeralda



Categories: VIDEOJUEGOS Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura

Advertencias: Spoilers

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 61 Completed: No Word count: 170733 Read: 9875 Published: 24/07/2013 Updated: 24/06/2014 Prólogo: El Color del Peligro by KTTR

 



Ciudad Malvalona era una gran ciudad, llena de vida y energía. Contaba con un casino, una tienda de bicicletas, y más importante aun, en el centro se encontraba el gimnasio pokemon. Ahí era el lugar donde varios entrenadores iban a retar al líder de gimnasio Wattson, y continuaban en su viaje para convertirse en el próximo campeón pokemon.



Sato era uno de esos entrenadores jóvenes, valientes y llenos de energía. Su pelo negro, su tez tostada, su chaqueta azul. Con dos medallas ya dentro de su estuche de medallas, él y sus dos compañeros, Plusle y Minum, se levantaron temprano esa mañana para dirigirse directamente al gimnasio. Nada ni nadie podía detenerlos, o eso se imaginaban.



Mientras Sato caminaba por la calle, los rayos del sol iluminaban sus lustrosas pokebolas, lo cual le indicaba a todo quien pasara a su lado que él no era cualquier persona, era un entrenador pokemon. Los niños menores lo miraban con silencioso respeto, mientras que los adultos le sonreían al rememorar viejas aventuras por las que ellos pasaron.



Sato suspiró, emocionado y nervioso a la vez. Se sentía afortunado de ser lo que era; un entrenador pokemon en un mundo pokemon. Se sentía afortunado de ser hijo de sus cariñosos padres, de haber capturado a sus dos pokemon él mismo, de tener dinero para comer bien todos los días y de ser lo suficientemente bueno para ganar la mayoría de las batallas pokemon en las que participaba. Todo parecía felicidad en su vida… hasta ese fatídico día.



Decidió acortar el camino atravesando un callejón vacío y un tanto escondido del resto de la ciudad. Se veía oscuro a pesar de ser de día, aunque no especialmente peligroso.



De pronto, para su sorpresa, advirtió a un muchacho caminando en sentido contrario al suyo. Ese muchacho parecía unos años mayor, aunque cubría su cuerpo con una misteriosa capa y parte de su rostro con un ancho sombrero. Sato no pudo evitar mirarlo detenidamente, más de lo que se debe mirar a las personas, con lo cual advirtió sus ojos color rubí contestándole la mirada. Eran ojos intensos y peligrosos, escondidos en una fina capa de calma. Sin embargo, Sato no era muy observador, y por lo tanto no se fijó en todos estos detalles. Algo que le llamó mucho más la atención fue el pokemon que caminaba alegremente junto al muchacho; un Trapinch.



Sato no era muy estudioso, pero sabía que los Trapinch eran tipo Tierra, el cual es inmune al tipo eléctrico. Aun así, su impulso de entrenador pokemon era demasiado fuerte. Tenía que desafiarlo a una batalla, aunque fuera para liberar tensión antes de la gran pelea contra el líder del gimnasio eléctrico.



-¡Oye, amigo!- llamó Sato al muchacho misterioso, cuando se cruzaron.



Mas el chico no se detuvo, siguió de largo como si fuera sordo. Sato, frustrado, hizo lo que siempre hacía cuando alguien no hacía lo que quería: Insistió. Se plantó frente al muchacho misterioso y estiró sus brazos a los lados para detenerlo. El muchacho comprendió entonces la imponente voluntad de Sato de hablarle, por lo que se detuvo.



-¿Qué quieres?- le preguntó secamente.



-¡Quiero desafiarte a una batalla pokemon!- exclamó Sato, sacando una de sus pokebolas y mostrándosela.



-No.



Inmediatamente el muchacho misterioso dio un paso al frente, intentando rodear al entrenador, mas este se apresuró a volver a impedirle el paso.



-¡Espera, no te vayas! ¿Por qué no quieres pelear? ¿No sabes que es una regla de los entrenadores batallar en cuanto se miran a los ojos?



-No soy un entrenador pokemon- contestó el muchacho, aparentemente comenzando a irritarse.



-¡Mentiroso! Si no eres un entrenador ¿Qué hace ese Trapinch a tu lado?



El chico misterioso cruzó miradas con el Trapinch que tenía al lado, y luego se volvió hacia Sato.



-Él viaja conmigo.



-¡Entonces es tu pokemon! ¡Tan simple como eso! Ahora te reto a una…



-No.



-¡¿Pero por qué no?!



-No participo en “batallas pokemon”, niño. Ahora hazte a un lado.



Sato comenzaba a irritarse. No era tanto la actitud de ese tipo, sino el negarse a cumplir el reglamento de todos los entrenadores que se preciaban como tales. Era la regla dorada, se la habían enseñado desde que tenía memoria. No lo dejaría marcharse así como así.



Deseoso de tener una batalla pokemon con alguien que se la negaba, Sato dio unos cuantos pasos hacia atrás para hacer distancia del muchacho misterioso, y antes que este tuviera tiempo para irse por otro lado, lanzó una pokebola. La cápsula rebotó en el suelo y se abrió revelando a un humanoide de baja estatura, grandes orejas y dorados cabellos.



-¡Minum, usa Ataque Rápido contra ese Trapinch!



El pokemon obedeció. Sin titubear, echó a correr a toda velocidad hacia el Trapinch. Este apenas logró reaccionar de la impresión que se llevó, sin embargo el muchacho misterioso atrapó al Minum en medio de su carrera, lo levantó con una mano y lo lanzó contra la cara de Sato.



El entrenador, consternado y adolorido, atrapó a su pokemon luego de que este hubiera chocado contra su nariz, y lo depositó a salvo en el suelo.



-¡¿Qué te pasa?!- reclamó Sato- ¡No puedes hacer eso en una batalla pokemon! ¡Va contra las reglas!



-Ya te dije que no participo en batallas pokemon- contestó el muchacho- Sin embargo, no acostumbro rechazar peleas de verdad.



-¿Peleas de verdad?- repitió Sato, sin comprender al principio.



Mas antes de poder hacer la conexión en su cabeza, el muchacho misterioso se le adelantó, se plantó delante de él y le dio un combo tan fuerte que lo arrojó al piso, metro y medio más atrás.



Sato se llevó una mano a la mejilla, mientras levantaba el torso, asustado.



-¡¿Qué te pasa?! ¡Nunca dije que YO quería pelear contigo!- alegó.



El muchacho misterioso lo agarró del cuello y lo levantó con la sola fuerza de su brazo. Entonces Sato logró ver el peligro en sus ojos color rubí, y deseó no haberse despertado tan temprano esa mañana.



-Pues entonces deberías comenzar a escoger mejor tus batallas, niño.



Sin más, el muchacho agarró la otra pokebola de Sato y la arrojó por sobre su hombro, con lo cual Plusle fue liberado.



-¡¿Qué haces?!- alegó Sato.



-Algo que tú nunca harías.



Entonces el muchacho misterioso se volteó hacia los pokemon, los miró con sus ojos peligrosos, pero luego les sonrió y les ofreció la cara más cálida que pudo.



-No sé cómo es su relación con este niño, sin embargo sé que pokemon como ustedes no deberían estar subordinados a ningún individuo. Váyanse, y experimenten la libertad.



Ambos pokemon lo miraron sorprendidos, paralizados de la impresión. Les tomó varios segundos comprender el mensaje de aquel muchacho, dado que no era un tema con el que estaban familiarizados.



-Pero…- alegó el Plusle- Sato es nuestro entrenador…



-Un entrenador que los obliga a luchar cuando se le da la gana- el muchacho misterioso arrojó a Sato al suelo, y lo pisó con un pie para evitar que hiciera algo estúpido- ¿Es así como quieren vivir el resto de sus vidas? ¿Atendiendo los caprichos de un niño, ignorante de su sufrimiento? ¡Despierten de una vez!



-¿De qué hablas?- alegó el mismo Sato- Mis pokemon y yo somos un equipo imparable. Nada en el mundo nos puede separar, no importa lo que digas.



-¿En serio?- el chico misterioso le sonrió con sorna.



Sato, alarmado, giró la cabeza hacia sus pokemon solo para descubrir que estos ya se alejaban a toda marcha. Escapaban como cobardes.



Entonces, antes de dar la vuelta en una esquina, se detuvieron y miraron a su entrenador una vez más.



-¿Cómo te llamas?- le preguntaron al muchacho misterioso.



-¿Yo?- pareció sorprendido de la pregunta- Yo soy Ruby, líder de Pokemon Gijinka.



Ambos roedores se despidieron con una ligera inclinación de cabeza, para luego perderse de vista dentro de las ajetreadas calles de Malvalona.



-¿Ruby?- repitió Sato, aún bajo su zapato- ¿”Ruby el pirómano”? ¿Eres ese Ruby? ¿Cómo pudiste llevarte a mis pokemon? ¡Desgraciado!- pronto sus ojos se humedecieron, y las lágrimas se resbalaron por sus mejillas- ¡Estábamos a punto de luchar contra el líder de gimnasio! ¡Todo nuestro esfuerzo, todo nuestro tiempo juntos! ¡¿Cómo pudiste arrebatármelo?!



Ruby lo miró un rato, como preguntándose si valía la pena darse el tiempo para contestarle.



-Sé un buen chico, y no captures más pokemon. De lo contrario volverás a verme.



Sin decir más, Ruby le quitó el pie de encima y continuó su viaje a paso veloz.

End Notes:

 

Aclaraciones:

-Esta es una versión alternativa de la trama presentada en los juegos de Pokemon: Rubí, Zafiro y Esmeralda. El enfoque, las personalidades de los personajes y las relaciones entre estos pueden variar.

-Sato no es un personaje importante en la historia. Digan lo que digan, no lo volveré a usar.

-Este prólogo se encuentra cronológicamente ubicado en medio de la historia. Solo lo digo para que no se confundan.

-Algunos personajes serán nombrados por su versión en inglés y otros por su versión en español. Depende de cuál me guste más

-Este fanfic que desarrolla en un mundo donde solo hay pokemon Gijinka (con forma humanoide). Los pokemon podrán hablar y expresarse, y no serán muy distintos de los humanos.

-Agradezco a WikiDex por recopilar y proveer de información sobre el mundo pokemon. Todos los datos y curiosidades que vean en este fanfic habrán sido extraídos de esa gran página (solo espero que no me demanden por esto).

 

 

Separadores

Cambio de escena:                -/-/-/-/-/-

Fin del capítulo:                 -/-/-/-/-0-----

Cambio de perspectiva dentro de la misma escena:                 […]

End Notes:

 

Aclaraciones:

-Esta es una versión alternativa de la trama presentada en los juegos de Pokemon: Rubí, Zafiro y Esmeralda. El enfoque, las personalidades de los personajes y las relaciones entre estos pueden variar.

-Sato no es un personaje importante en la historia. Digan lo que digan, no lo volveré a usar.

-Este prólogo se encuentra cronológicamente ubicado en medio de la historia. Solo lo digo para que no se confundan.

-Algunos personajes serán nombrados por su versión en inglés y otros por su versión en español. Depende de cuál me guste más

-Este fanfic que desarrolla en un mundo donde solo hay pokemon Gijinka (con forma humanoide). Los pokemon podrán hablar y expresarse, y no serán muy distintos de los humanos.

-Agradezco a WikiDex por recopilar y proveer de información sobre el mundo pokemon. Todos los datos y curiosidades que vean en este fanfic habrán sido extraídos de esa gran página (solo espero que no me demanden por esto).

 

 

Separadores

Cambio de escena:                -/-/-/-/-/-

Fin del capítulo:                 -/-/-/-/-0-----

Cambio de perspectiva dentro de la misma escena:                 […]

Regresar al índice1- La Muerte del Profesor Birch by KTTR

Ruby era un chico de diecisiete años, que recién se había mudado desde Johto. Había sido el sueño de su madre vivir en Hoenn, pero ella había muerto años atrás, antes de cumplirlo. Ciertamente eso había mermado la relación padre-hijo de Norman y Ruby.

 

Este asomó la cabeza desde el camión de mudanza sin muchas expectativas. Se mudaron a un pueblo con dos casas y un laboratorio, y un par de personas paradas como si no tuvieran nada mejor qué hacer.

 

-Pues es tal y como me lo imaginaba- se dijo.

 

Al saltar desde el camión para darle paso a los impacientes Vigoroth para sacar las cajas de mudanza, Ruby se fijó en que una muchacha a la lejanía lo miraba con curiosidad. Él era apuesto, y lo sabía perfectamente, por lo que no tuvo pudor en sonreírle. Ella se sorprendió, y se marchó.

 

-Qué tímida- se dijo el muchacho, pero le restó importancia. No se quería estancar en ese pueblo, y ciertamente no lo haría por una mujer.

 

Caminó por el pueblo sin mucho rumbo, pensando en las aburridas tardes que pasaría ese verano. Hoenn se caracterizaba por ser una región cálida y tropical, y el calor húmedo del aire se lo hizo saber a Ruby enseguida.

 

-Bueno…- se rascó la cabeza, intentando pensar en algo que hacer mientras los pokemon terminaban de llevar las cajas a su nueva casa, cuando reparó en el laboratorio.

 

Interesado, decidió ir a echarle una mirada. Tenía entendido que su padre tenía un amigo llamado Birch, y que este era profesor de un prestigioso laboratorio, pero en ese momento le pareció que Birch debió haber presumido mucho frente a su padre, porque un laboratorio en medio de un pueblo que nadie conocía no se consideraba realmente prestigioso, o al menos eso le pareció a Ruby.

 

Como sea, fue a echar un vistazo. Tocó a la puerta, pero ahí no se encontraba nadie. Miró hacia la casa del profesor Birch, y se dio cuenta que debía estar almorzando. Ruby se encogió de hombros, abrió la ventana del laboratorio y entró. Siempre hacía eso, entrar a casas ajenas sin avisar, sin pedir permiso. Había tenido varios encuentros con su padre y con la policía al respecto, pero eso nunca le había impedido seguir haciéndolo.

 

Dentro del laboratorio no encontró nada que pudiera divertirlo. Lo exploró completamente, desilusionándose más y más, hasta que en el pasillo del fondo, a la derecha, encontró tres pokebolas reposando en una mesa. Curioso, se acercó para examinarlas mejor, cuando el sonido de la puerta abriéndose lo alarmó. Generalmente no le habría importado, pero ese día andaba alerta por si su molesto padre aparecía.

 

Por eso se escondió en un estante, y aliviado, vio cómo el robusto profesor Birch agarraba a los pokemon, los echaba a un bolso y se los llevaba. Pero su curiosidad no se detenía ahí ¿Con qué propósito iba a usar a esos pokemon? Como no tenía nada más qué hacer, Ruby decidió seguirlo sigilosamente. El profesor caminó hasta el bosque, específicamente a la hierba alta, y ahí se puso a caminar en círculos por un momento.

 

-Qué raro. Yo he visto esto antes- se dijo Ruby, pegado a un árbol para que no lo vieran- ¡Ah, claro! Está buscando pokemon salvajes ¿Pero para qué? ¿Quiere capturarlos?

 

De pronto el profesor se detuvo, y una sonrisa se dibujó en su rostro.

 

-¡Tú, Zigzagoon!- le habló al pasto.

 

En ese instante Ruby vio que algo se movía entre la hierba, escapando del profesor Birch, pero lo siguió de cerca, y Ruby a él ¿Qué tramaba hacer con ese Zigzagoon?

 

Corrieron hasta una zona del camino, en donde Ruby pudo ver al Zigzagoon completamente. El profesor Birch le arrojó pokebolas, pero ninguna de estas atinó. De pronto el Zigzagoon se vio acorralado por el profesor.

 

-¡Por favor, no me atrape!- le rogó- Le daré todas las vallas que tengo, pero no me atrape.

 

-Tú no tienes nada qué decidir, pokemon- el profesor buscó en su bolsillo por otra pokebola, pero al no encontrar nada se dio cuenta que había arrojado todas. Y como todos saben, las pokebolas que no atrapan nada se rompen al chocar contra el suelo.

 

El Zigzagoon vio su oportunidad, y antes que el profesor pudiera abrir su bolso, el pokemon lo embistió. Ambos cayeron al suelo, el bolso demasiado lejos para alcanzarlo con una mano. Ese momento fue revelador para Ruby, pues nunca antes había visto un pokemon atacar a un humano sin su previo consentimiento. Tanta fue su sorpresa que se puso de pie en medio de la hierba alta.

 

-¡Tú, niño!- le gritó el profesor Birch, intentando detener las fauces del Zigzagoon de arrancarle la cara- ¡Rápido, usa una de las pokebolas en ese bolso y ayúdame!

 

Ruby se apresuró a recoger el bolso y abrirlo. Dentro había tres pokemon que nunca antes había visto, todos con el aspecto de niños. Sin embargo intuía su tipo, dados sus colores característicos. Miró nuevamente al profesor Birch. Este y el Zigzagoon lo miraban a él, esperando su movida.

 

Ruby apretó las correas del bolso en su mano, y recordó a su madre. En ese momento Ruby tomó la decisión que cambió su vida. Agarró las tres pokebolas y liberó a los pokemon, comprobando que tenían la altura de un niño de diez años. Estos corrieron a ayudar a su amo, pero Ruby los paró.

 

-¡Deténganse!- exclamó.

 

Los pokemon obedecieron, pues así habían sido criados, para obedecer a los humanos, sin embargo eso no quitaba su confusión. Su amo estaba siendo atacado, y otro humano les ordenaba no hacer nada.

 

-Él mismo se buscó esa pelea- les explicó Ruby- Dejen que él se defienda solo.

 

Mudkip y Treecko miraron al profesor Birch, consternados, y volvieron la mirada hacia Ruby.

 

-Pero lo están atacando- repuso Mudkip.

 

Treecko y Torchic miraron consternados al otro pokemon. Reclamar e intentar desobedecer la orden de un humano era un crimen impensable para un pokemon, era algo que no se debía ni pensar. Sin embargo Ruby sonrió.

 

-Desde este momento los libero. Pueden ayudar al profesor, pueden irse a vivir como quieran, o incluso pueden ayudar a ese pobre Zigzagoon- levantó un puño, mostrando su confianza- Yo ya tomé mi decisión, espero que ustedes hagan lo mismo.

 

No sabía realmente qué estaba haciendo, ni podía medir las consecuencias de sus actos, pero en ese momento Ruby se sentía verdaderamente vivo. Se quedó parado un rato, mirando cómo el Zigzagoon lograba destrozarle la cara al profesor Birch, y luego de unos segundos se marchó tranquilamente. Había sido malvado de su parte, pero ni él tenía estómago para quedarse a mirar tanta sangre.

 

Mudkip, horrorizado, corrió hacia la aldea. Treecko, indiferente, se perdió en el bosque, pero Torchic, curioso, decidió seguir al misterioso muchacho que había dejado morir al profesor.

End Notes:

Torchic, el pokemon Polluelo:

-Peso: 2,5 kg

-Altura: 0,4 m

-Observaciones:

-->Le teme a la oscuridad

-->Sigue de cerca a su entrenador, mientras desarrolla sus patas.

End Notes:

Torchic, el pokemon Polluelo:

-Peso: 2,5 kg

-Altura: 0,4 m

-Observaciones:

-->Le teme a la oscuridad

-->Sigue de cerca a su entrenador, mientras desarrolla sus patas.

Regresar al índice2- Mr. Smoky by KTTR

Ruby siguió caminando hacia el norte. Sabía que había sido culpable por la muerte del profesor Birch, aunque no hubiera testigos, y que podría ir a prisión si lo pillaban. Estaba decidido, desde ese momento tomaría el papel de un criminal, y supondría que a ojos de todos él sería un criminal. No había otra forma de verlo. Después de todo, la decisión que había tomado mientras ese Zigzagoon destrozaba el rostro del profesor lo llevaría a ser uno de los más buscados, si todo salía bien.

 

De pronto reparó en unos pasos que lo seguían, se giró, pero no vio nada. Siguió caminando, pero los pasos volvieron a sonar a su espalda. Se detuvo en seco.

 

-Torchic ¿Cierto?- se giró, encontrándose con una niñita de patas cortas y plumas de un rojo vivo- Eres muy linda ¿Qué hace una niña como tú siguiendo a un tipo como yo en el bosque?

 

-Soy un niño- le corrigió Torchic.

 

-¡Ah, lo siento!

 

Ambos se quedaron en silencio por un momento.

 

-¿Me vas a responder?

 

-¡Ah, disculpa! Es que… quería… quería preguntarte una cosa.

 

-Dime

 

-¿Por qué nos liberaste?- inquirió el Torchic

 

-¿Ah?

 

-¿Por qué nos liberaste?

 

-Sí, si entendí la primera vez- puso sus manos en la cintura y comenzó a pensar- Veamos ¿Por qué lo hice? Porque ese tipo me caía mal.

 

-¿Qué? ¿Solo por eso?

 

-Sí.

 

-Pero nadie libera a sus pokemon ¿Por qué tú lo hiciste?

 

Ruby se agachó.

 

-¿Qué edad tienes, pequeño Torchic?

 

-Diez años, señor.

 

-¿Has vivido toda tu vida en un laboratorio?

 

-Sí, más o menos. Desde que tengo memoria, señor.

 

-¿Y no quieres ir y vivir por tu cuenta? ¿No quieres explorar el mundo?

 

Torchic lo miró con una expresión triste que lo tomó desprevenido.

 

-Si me marcho, alguien más me capturará, señor.

 

-Claro, no pensé en eso.

 

-Pero no me has respondido ¿Por qué nos liberaste? ¿Por qué no ayudaste al profesor Birch?

 

-¿Te acuerdas que les dije que había tomado una decisión?

 

Torchic asintió. Ruby caminó hasta un árbol, y ahí se sentó, indicando que su respuesta sería larga.

 

-Mi madre murió atacada por un pokemon salvaje, tal y como pasó con ese tipo- la cara de Torchic palideció, pero Ruby le restó importancia- Tranquilo, cuando te haces mayor aprendes a aceptar todo eso. En fin, por mucho tiempo odié a los pokemon, más o menos desde que tenía tu edad, pero hace poco, cuando empacaba mis cosas para mudarnos con mi papá, encontré un libro de mi madre, un diario secreto. Revisé ese diario, y me di cuenta que ella había sido una activista que había luchado en contra de la esclavitud pokemon, y a favor de tratarlos como iguales.

 

-¡¿Qué?!

 

-Suena hilarante ¿No? Pero para ella no era nada raro, era su sueño. Ella siempre quiso un mundo donde humanos y pokemon vivieran en igualdad, sin peleas, sino compitiendo en deportes y trabajando codo con codo para vivir tranquilos. Después de leer sus diarios, no pude más que avergonzarme de mí mismo. Fue por eso que al ver al profesor tomé una decisión muy drástica: Voy a derrotar a todos los líderes de gimnasio, y luego al alto mando de Hoenn, y me convertiré en el campeón pokemon para liberar a todos los pokemon.

 

-¡¿Qué?!- exclamó Torchic de nuevo- ¿Y cómo planeas hacerlo?

 

-Aún no lo sé. Tengo que estudiar a mis enemigos primero.

 

-¿No necesitarás pokemon muy fuertes para hacerlo?

 

-Ahí está el truco. Podría requerir la ayuda de algún pokemon, pero la gracia no es ir y pelear con ellos de la forma que ellos quieran. Si voy a derrocarlos, quiero dejar en claro que no será bajo sus reglas, sino bajo las mías.

 

-¿Y cómo lo harás sin pokemon?

 

Ruby miró en todas direcciones, y luego se encogió de hombros.

 

-¿O sea que no tienes idea?

 

-Ya se me ocurrirá algo, pero voluntad me sobra. Si quieren detenerme, tendrán que matarme y asegurarse que estoy bien muerto.

 

Torchic se cayó de poto, impresionado con las palabras de ese tipo.

 

-Quiero ir contigo- le dijo al fin.

 

-¿Qué?

 

-Déjame ir contigo. Quiero ir y liberar a los pokemon, también. Y quiero ver el mundo.

 

-¿Estás seguro? Mi pelea será muy difícil y larga.

 

-Entonces me entrenarás, y me haré fuerte para asegurarme que seas el campeón. Déjame ir contigo.

 

Ruby sonrió, conmovido.

 

-Como quieras, pequeño valiente- le acarició la cabeza con una mano- ¿Cuál es tu nombre?

 

-Torchic, señor.

 

-¿Y de qué especie eres?

 

-De los Torchic, señor.

 

-¿O sea que nadie te puso un nombre verdadero?

 

-Torchic me parece bien, señor. Todos me llamaban así en el laboratorio.

 

Ruby suspiró.

 

-A ver. Eres un tipo fuego ¿No? El fuego produce humo, y además puedo ver que tienes un alma bien candente, así que… te llamaré Smoky. Mr. Smoky.

 

Smoky se descolocó, pero de inmediato sonrió.

 

-¡Smoky!

End Notes:

Ruby, humano rebelde

-Peso: 65 kg

-Altura: 1,72 m

-Observaciones:

-->Le gusta entrar a las casas ajenas sin permiso

-->Usa un gorro blanco que todos creen que es su pelo.

 

Equipo de Ruby:

1._ Torchic: Mr. Smoky. Naturaleza Gentil

End Notes:

Ruby, humano rebelde

-Peso: 65 kg

-Altura: 1,72 m

-Observaciones:

-->Le gusta entrar a las casas ajenas sin permiso

-->Usa un gorro blanco que todos creen que es su pelo.

 

Equipo de Ruby:

1._ Torchic: Mr. Smoky. Naturaleza Gentil

Regresar al índice3- Mucha Rabia by KTTR

Ruby y Smoky llegaron a un pueblo, bastante cerca de Villa Raíz, el pueblo de donde habían salido. En la entrada se leía un cartel: “Bienvenidos a Pueblo Escaso”. Miraron el lugar, y se dieron cuenta de inmediato por qué le habían puesto ese nombre. Dos casas, una tienda y un Centro Pokemon. Pasaron a ver cómo era, cuando advirtieron que la gente los miraba raro.

 

-¿Qué les pasa?- inquirió Smoky

 

-Es extraño ver a un pokemon caminando junto a su entrenador- le explicó Ruby.

 

-¿No sería mejor que me metieras en mi pokebola? Así no nos mirarían feo.

 

-Que se mueran, no me importa lo que piensen. No voy a meterte en esa cápsula otra vez.

 

-Pero si quieres lograr tu objetivo de vencer al alto mando, debes primero evitar que te atrape la policía por llevar un pokemon fuera de su pokebola ¿No?

 

-Vale, como quieras- Ruby metió a Smoky en su pokebola, y la guardó en su bolsillo.

 

Seguidamente se dirigió a la tienda, en donde compró una mochila, y de ahí siguió hacia el norte, hacia la ruta 103.

 

-¿Qué buscamos?- le preguntó Smoky, cuando abandonaron Pueblo Escaso.

 

-A alguien

 

-¿A quién?

 

-Ah, nadie en particular. Es que supuse que como ya soy oficialmente un criminal, podría dedicarme a robarle a la gente. Digo, necesitamos dinero si queremos viajar, y no creo que trabajando honestamente pueda mantener mi vida criminal.

 

-Ah.

 

Caminaron y caminaron, y de pronto un gruñido los alertó. Ambos miraron hacia la hierba alta, en donde encontraron a una Poochyena gruñéndoles junto al cadáver de un pokemon de aspecto similar, pero más maduro. Antes que cualquiera de los dos pudiera hablar, Poochyena corrió para atacarlos.

 

Smoky se interpuso entre el pokemon salvaje y Ruby, pero este lo apartó de un manotazo y dejó a Poochyena morderle el brazo. Inmediatamente comenzó a brotar abundante sangre. La Poochyena rabiaba para destrozar la mayor cantidad de carne posible, pero Ruby no intentó quitársela de encima. Smoky corrió para ayudarlo, pero este lo detuvo con un gesto de la mano que tenía libre.

 

-Estoy bien- le dijo- No te acerques- entonces se dirigió a Poochyena- Estás enojada ¿Cierto?- no pudo evitar una mueca de dolor.

 

Ella mordió y mordió hasta que sintió algo duro, pero Ruby no se alteró. Cuando comprendió que su ataque no iba a hacer más efecto, lo soltó y retrocedió para hacer distancia, pensando en alguna otra forma de atacarlo.

 

-¡Ruby!- exclamó Smoky, alarmado.

 

-Estás enojada ¿Cierto?- repitió. Luego miró al pokemon muerto- ¿Esa de ahí es tu madre?

 

Comprendió que había dado en el clavo, puesto que los ojos de Poochyena se llenaron de lágrimas.

 

-Ya veo- abrió sus brazos, y se arrodilló- Ven, atácame como te guste.

 

Tanto Poochyena como Smoky se sorprendieron, y este último decidió dejar a Ruby hacer lo que fuera que planease.

 

-Mi mamá también murió- continuó él- Sé por lo que estás pasando. Así que adelante, te permito descargarte cuanto quieras. Solo te pido una cosa a cambio: No me mates. Aún tengo un sueño qué cumplir. Así que adelante.

 

La Poochyena estaba sorprendida, pero se sacudió esto y volvió a gruñir. Comenzó a rodear lentamente a Ruby, imitando torpemente a su madre cuando esta cazaba. Smoky retrocedió, amedrentado por lo que pudiera ocurrir. Finalmente ella arañó las costillas de Ruby y retrocedió instantáneamente, comprobando que este mantendría su palabra. No se movió para esquivarla ni contraatacarla en ningún momento, por lo que ella aprovechó de arrojársele encima y morderlo por todas partes. Estaba furiosa, tan furiosa que podía matar a alguien. De pronto se le encaramó al cuello y lo mordió con todas sus fuerzas, antes de ser arrojada hacia atrás por Smoky.

 

-¡Suficiente!- exclamó este- ¡No voy a dejar que le hagas más daño!

 

Smoky se interpuso entre Poochyena y Ruby. Esta gruñó como el cachorrito que era, intentando parecer amenazante, pero él estaba mejor alimentado que ella, y era ligeramente más fuerte. Hubieran comenzado a pelear inevitablemente, de no ser por la aparición de otra humana.

 

Zafiro se abrió camino entre la hierba alta, furiosa. Smoky y Ruby la vieron llevando de la mano a Mudkip y plantándose frente a ellos, y cuando estos miraron otra vez hacia Poochyena, se dieron cuenta que esta se había marchado.

 

Ruby se puso de pie, a pesar de lo maltrecho que estaba, y se acomodó el gorro.

 

-¿Es cierto lo que Mudkip dice?- le preguntó la chica. Free Games for Mac, Free Games for ipad and Free Games for Iphone, without in app purchases or something like that Free Browser Games

 

-Tú debes ser Zafiro, la hija del profesor Birch- adivinó Ruby- Claro, me han hablado de ti. Yo soy Ruby, encant…

 

-¡Respóndeme!- vociferó- ¿Es cierto lo que este pokemon dice?- señaló a Mudkip.

 

-Depende. Hasta el momento yo no le he oído decir nada- se defendió Ruby.

 

-Diles lo que me dijiste a mí- le exigió Zafiro- ¡Diles!

 

Mudkip, amedrentado, se paró frente a la muchacha y repitió las palabras que le había dicho a ella.

 

-Un hombre con el pelo blanco dejó que un Zigzagoon matara al profesor Birch- dijo, tembloroso.

 

-Ah, eso- Ruby se rascó la cabeza- No, no es cierto. Este es mi gorro, aunque todos lo confunden con mi pelo

 

-¡No estoy aquí para bromear!- Zafiro se acercó a Ruby, lo agarró del cuello de la camisa y lo levantó del suelo- ¿Tú dejaste que ese maldito pokemon salvaje matara a mi papá? ¿Cómo pudiste? ¡¿Cómo te atreves?!

 

-El señor Birch se metió solo en ese lío. Es cierto que me pidió ayuda y yo me rehusé, pero quien verdaderamente cavó su tumba fue él mismo.

 

Zafiro soltó a Ruby, casi escupiendo espuma de la boca por la rabia que sentía.

 

-Vamos a librar una batalla pokemon. Vas a pagar por esto ¡Vas a sentir lo que mi papá sintió, maldito! ¡Mudkip, ve!

 

-Quieres pelear ¿Eh?- Ruby se levantó las mangas en señal de prepararse para la pelea, pero en eso Smoky lo detuvo.

 

-Déjame esto a mí- le pidió.

 

-No voy a dejar que…

 

-¡Te estás desangrando! Además, soy el único que tiene el derecho de pelear contra Mudkip.

 

Ruby resopló. Sentía que en cualquier momento iba a desmayarse, por lo que le concedió ese deseo.

 

-Entonces Smoky, yo te elijo.

 

-¡Mudkip, embístelo!- le mandó Zafiro.

 

El Mudkip obedeció, y corrió hasta chocar contra Smoky. Ruby intentó pensar en una forma de que Smoky pudiera atacar. Sabía que todos los ataques tenían nombres específicos, y que no todos los pokemon podían usar todos los ataques. Peor aún, no sabía qué ataques podría saber Smoky a su corta edad y sin experiencia, por lo que decidió observarlo por un momento, y reparó en las garras de sus patas. Sus manos estaban ocultas bajo sus plumas, pero se imaginó que de todas formas estarían afiladas.

 

-Aráñalo, Smoky.

 

El Torchic se recuperó del golpe, saltó contra Mudkip y arañó su cara con sus patas. No era precisamente lo que Ruby tenía en mente, pero funcionó. Luego Mudkip se preparó para embestirlo de nuevo.

 

-Aléjate, rápido- le mandó Ruby, a lo que Smoky obedeció.

 

Mudkip embistió contra Smoky, pero como había más distancia entre ambos, este logró esquivarlo fácilmente.

 

-¡Ahora, aráñalo otra vez!

 

Smoky volvió a arañar a Mudkip, tomando la delantera. Repitieron el mismo proceso un par de veces hasta que Mudkip se desmayó, y Zafiro lo devolvió a su pokebola.

 

-Maldito ¡Maldito!

 

Corrió encolerizada hacia Ruby, preparando sus puños para matarlo a golpes, cuando una lengua de fuego estalló contra su pecho. La muchacha cayó de poto y rodó para apagar el fuego en su ropa, con lo que se le cayó su bolso. Seguidamente se levantó, y se fue corriendo a toda velocidad.

 

Ruby se fijó en que Smoky era el que había lanzado esa lengua de fuego, y le sonrió.

 

-No sabía que podías hacer eso.

 

-Yo tampoco- admitió.

 

-Entonces es cierto.

 

-¿Qué cosa?

 

-Se dice que un pokemon solo se hace más fuerte peleando contra otros pokemon, pero que el único momento real en donde aprende y gana experiencia, es justo después de la pelea. Al hacerlo, además de hacerse más fuerte puede aprender nuevos ataques o incluso evolucionar. Supongo que hay algo que nos hace reflexionar a todos después de una experiencia fuerte, y nos hace aprender.

 

-Puede que tengas razón.

 

Ruby miró el suelo, en donde se había caído el bolso de Zafiro. Lo revisó, y encontró dinero, pociones, unas cuantas pokebolas y un aparato electrónico que quizás pudiera vender en el mercado negro.

 

-¡Mira! La señorita nos dejó unos regalos- guardó el dinero, el aparato y las pociones, pero dejó las pokebolas.

 

Smoky observó esto, y él las tomó y las dejó en la mochila de Ruby.

 

-No necesitaremos esas cosas. Serán una carga.

 

-Sí las necesitaremos. Hasta que seas el campeón, tendrás que actuar como alguien normal. Eso significa llevar a tus pokemon en pokebolas cuando haya gente a tu alrededor ¿Quién sabe? Quizás haya más pokemon que quieran acompañarte, además de mí.

 

Ruby asintió.

 

-Sí que eres un chico listo- se puso de pie, y se roció una poción encima para detener el sangrado por el momento- ¿Vamos?

 

Smoky asintió, más contento. Juntos, ambos partieron de vuelta hacia Pueblo Escaso, pero al poco tiempo de caminar, se encontraron una figura conocida.

 

La misma Poochyena de antes los esperaba detrás de un árbol. Cuando ellos caminaron cerca, ella salió a cortarles el paso. Ruby la miró, sonriente. Poochyena se veía arrepentida, por difícil que pareciera.

 

-¿Sigues enojada?- le preguntó Ruby.

 

-Sí- contestó ella- Los espié después de irme.

 

-Sí, me di cuenta.

 

Poochyena intentó disimular su sorpresa.

 

-¿Es cierto que dejaste a ese científico morir?- le preguntó.

 

-Sí, es verdad

 

-¿Y por qué quisiste pelear en vez de tu pokemon? ¿Por qué no le dijiste que me atacara?

 

-Porque no puedo permitir que una niña resulte lastimada. No me perdonaría eso.

 

Poochyena guardó silencio, pero no se quitó de en medio. Ruby se agachó, y acarició su cabeza con una mano.

 

-¿Qué harás de ahora en adelante?- inquirió el entrenador.

 

-No sé- masculló Poochyena, a punto de largarse a llorar.

 

-Oye, oye, tranquila…- Ruby miró a Smoky- ¿Quieres venir conmigo? Yo te cuidaré hasta que seas grande y fuerte, y puedas morder a todo el mundo.

 

Poochyena no se hizo de rogar. Simplemente abrazó a Ruby cuando no aguantó más las lágrimas.

 

-¿Cómo te llamas, pequeña?- le preguntó Ruby después de un buen rato, cuando ella se hubo calmado.

 

-Mi mamá me decía hija. No conocí a mucha gente además de ella.

 

-¿Qué edad tienes?

 

-Once años.

 

-Pues me parece bien. Eres valiente, eso se nota. Y además eres feroz, muy feroz. Por eso te llamaré Fiercy. Ms. Fiercy.

 

-¿Fiercy?

End Notes:

Poochyena, el pokemon Mordisco:

-Peso: 13,6 kg

-Altura: 0,5 m

-Observaciones:

-->Son desconfiados, pero cuando se les entrena bien, suelen ser muy leales.

 

Equipo de Ruby:

1._ Torchic: Mr. Smoky. Naturaleza Gentil

2._ Poochyena: Ms. Fiercy. Naturaleza Audaz

End Notes:

Poochyena, el pokemon Mordisco:

-Peso: 13,6 kg

-Altura: 0,5 m

-Observaciones:

-->Son desconfiados, pero cuando se les entrena bien, suelen ser muy leales.

 

Equipo de Ruby:

1._ Torchic: Mr. Smoky. Naturaleza Gentil

2._ Poochyena: Ms. Fiercy. Naturaleza Audaz

Regresar al índice4- Ciudad Petalia by KTTR

Ruby entró en el Centro Pokemon de Pueblo Escaso, le pasó sus pokebolas al robot detrás del mostrador y le mostró su brazo sangrante.



-¡Oh, déjame curar eso!- exclamó el robot con aspecto femenino, antes de hacerlo pasar.



Después de un rato, Ruby se sintió como nuevo, por lo que se fue. Tenía que moverse rápido, o la policía podría comenzar a buscarlo. Zafiro ya se había enterado de la muerte de Birch, por lo que no faltaría mucho para que se corriera la voz.



Tan solo salir del pueblo, liberó a Smoky y a Fiercy, y se encaminó con ellos por la ruta 102 hacia Ciudad Petalia. No le gustaba la idea de ir por ahí, pero no tenía de otra. Según Fiercy, la ruta 103 estaba bloqueada por un río, y no se podía pasar a menos que tuviera un pokemon de agua lo suficientemente experimentado.



También, después de todo lo que habían pasado ese día, les cayó la noche por sorpresa, por lo que decidieron dormir a la intemperie. Ruby no era un muchacho muy amigo de lo silvestre, pero con las altas temperaturas de Hoenn no le importó echarse en el suelo y dormir junto a sus pokemon.



Para su sorpresa, despertaron sin problemas a la mañana siguiente. Cogieron algunas bayas para desayunar, se lavaron en un charco por ahí cerca, y continuaron su viaje. Era una linda mañana ¿Qué podía salir mal?



Pero de repente Ruby detuvo a sus pokemon, y con un gesto les hizo observar el camino por delante.



-¿Qué pasa?- inquirió Smoky.



-¿Ven esos entrenadores?- les preguntó.



Ambos pokemon se fijaron en unas cuantas personas paradas a los lados del camino, casi sin moverse, como si esperaran algo.



-¿Qué les pasa?- se preguntó Fiercy



-Algunos entrenadores pokemon se quedan junto a los caminos para “asaltar” a los novatos que aparezcan. Cuando pierden una batalla pokemon, están obligados a entregar la mitad del dinero que llevan.



-¿Entonces estos entrenadores usan a sus pokemon para ganar dinero?- inquirió Smoky.



-No sería la primera vez que ocurre, ni la forma más baja de hacerlo.



Fiercy sonrió malévolamente.



-Parece que quieres hacer algo al respecto.



-Por supuesto. Nadie se espera un ataque desde el bosque. Ustedes espérenme, puedo tomarlos por sorpresa y robarles su dinero antes que ellos puedan sacar sus pokebolas.



-¿Pero no usarán sus pokemon contra ti?- alegó Smoky



-No lo harían si ven que no tengo pokemon. Así funcionan estas reglas tontas.



Smoky y Fiercy se miraron, pensando lo mismo.



-Ruby, nos necesitas- le aseguró Smoky- Úsanos, no hay otra forma de quitarles el dinero.



Ruby se encogió de hombros. Sabía que al fin y al cabo tenía pocas posibilidades, pero no quería simplemente usar a sus pokemon como máquinas cuando el día anterior había descubierto que eran seres con sentimientos.



-De acuerdo, me pueden ayudar, pero solo si la gente saca a sus pokemon. Y si la ven muy negra, corran sin mirar atrás.



Ambos estuvieron de acuerdo, por lo que se prepararon para asaltar al primer entrenador. Se escondieron entre los árboles para acercársele por la espalda. No era más que un niño, no había forma en que pudiera hacerle frente a Ruby.



Este miró por todos lados antes de lanzársele, y agarró un palo que se había caído de un árbol. Más confiado, se acercó al chico, esgrimiendo el palo con un aspecto siniestro.



-¡Oye, chico!



El aludido se giró, sorprendido de que alguien se hubiera acercado tanto sin que él lo notara.



-Dame todo tu dinero, o te mato a palos.



-¡Me gustan los shorts!- contestó el niño- ¡Son cómodos y fáciles de usar!



-¿Qué?



-¡Ve, Poochyena!



Arrojó su pokebola, de la cual apareció un Poochyena muy parecido a Fiercy.



-Oh, rayos.



Smoky y Fiercy aparecieron de inmediato para darle una paliza a la Poochyena, la cual, confundida por verse contra dos pokemon en vez de uno, no tuvo muchas oportunidades de ganar. En poco tiempo Ruby derribó al chico, y lo obligó a darle todo su dinero. El chico se fue llorando, y se perdió en la lejanía.



Entonces Ruby se giró hacia sus pokemon



-¿Qué les dije?



-El tipo empezó una batalla pokemon ¿O no?- alegó Fiercy- ¿Qué querías que hiciéramos?



-¿Quedarse al margen, quizás?- contó el dinero, apenas le alcanzaba para un trago- Tenemos que pensar en otra estrategia.



Los tres se pusieron a pensar. Podrían atacar a la gente por sorpresa, noqueándola desde el principio para evitar una pelea, pero eso les podía causar traumas severos y la muerte, y no querían simplemente matar a todo el que se les interpusiera. Podrían ir a las ciudades y robar bolsillos, pero para eso necesitarían práctica. Podrían estafar a la gente… ¿Pero cómo estafar a alguien? Ninguno de los tres tenía idea de cómo hacerlo.



-¿Y si los tres corremos como locos hacia los transeúntes y les quitamos el dinero cuando estén muy asustados para pelear?- sugirió Fiercy.



Ruby y Smoky la miraron pensativos por un momento. Fiercy pensó que quizás su idea era muy tonta, pero luego ellos le sonrieron.



-¡Entonces está decidido!



-¿Y eso no es lo mismo que una batalla pokemon?- alegó Smoky.



-No. Esto es una acorralada pokemon- le corrigió Ruby- Rápido, pongan las caras más horrendas que puedan hacer.



Fiercy de inmediato moldeó una expresión grotesca y amenazante, propia de su tipo, sin embargo Smoky por más que intentó, todo lo que le salía era una tierna carita de pollito. Fiercy se rió de él, pero Ruby la cortó.



-No nos burlamos de nuestros compañeros, Fiercy- luego se dirigió a Smoky- Intenta con una cara desafiante. No tienes que dar miedo, simplemente la impresión de que vas a atacar.



Smoky frunció el seño, pero lo único que consiguió fueron las carcajadas de Fiercy y Ruby.



-¡Dijiste que no nos burlábamos!- alegó Smoky



-Lo siento, lo siento. Es que eres muy tierno. A ver, no lo volveré a hacer.



-¿Y qué tal una sonrisa?- inquirió Fiercy



-¡Pero si quiero verme malvado!- alegó Smoky



-Exacto, una sonrisa de maniático- buscó en el suelo, se cubrió las manos de tierra y se levantó para pasar las yemas de sus dedos contra los párpados de Smoky.



-¿Qué haces?



-Maquillaje



-¡Eso es para niñas!



-¿Quieres verte malvado o no? Listo, ya está.



La tierra oscureció los contornos de los ojos de Smoky, dándole un aspecto más lúgubre. Al sonreír, realmente parecía la caricatura de algún sicópata que se hubiera fugado del manicomio



-Sí que sabes sobre esto, Fiercy- la felicitó Ruby



-Mamá siempre decía: Si tu rival te teme, se convierte en tu presa.



-Tiene todo sentido- Ruby miró hacia el resto del camino- ¿Están listos? El próximo entrenador no debe estar muy lejos.



-¡Sí!



Pocos minutos después de eso, Cazabichos Ricky se encontraba parado junto al camino sin mucho qué hacer, cuando algo entre los árboles llamó su atención. Se fijó, intentando identificar la fuente del movimiento que había oído, cuando de repente, desde la oscuridad, aparecieron tres figuras envueltas en hojas corriendo y gritando hacia él. Asustado, intentó echar a correr, pero las figuras fueron más rápidas, y en poco tiempo lo alcanzaron.



-¡No me coman!- les rogó Ricky.



La figura más grande se sentó sobre él, y comenzó a hacer extraños ruidos y movimientos que confundieron al muchacho. Le pareció que las otras dos figuras, más pequeñas, intentaban pegarle en sus pantalones, pero al cabo de un rato los tres sujetos misteriosos se pararon y se fueron, perdiéndose en el bosque. El cazabichos partió corriendo hacia el pueblo para pedir ayuda, sin notar que le habían quitado su billetera.



-¡Lo hicimos!- exclamó Ruby



-¡Lo hicimos!- exclamaron los pokemon



Ruby levantó la billetera del joven para que todos la vieran. Apenas tenía para otro refresco, pero eso no los desilusionó, pues desde ese momento supieron que podían ganarse la vida como criminales.



A continuación idearon varias otras formas de robarle a la gente que venían por el camino, como hacerlos caer en trampas de cuerdas o distraerlos mientras les hurgaban los bolsillos. Casi a la hora de almuerzo llegaron a Ciudad Petalia, un lugar bastante campestre para llamarse ciudad, según la opinión de Ruby.



Al norte de la ciudad se erigía un gran edificio, el más grande e imponente de todos. Su techo era amarillo, y frente a este había un cartel.



-¿Qué es eso?- inquirió Smoky



-Es un gimnasio pokemon ¿Nunca habían visto uno?



Smoky y Fiercy negaron con la cabeza. Ruby se encogió de hombros.



-En todas las regiones del país, el gobierno tiene un campeón pokemon, que gobierna como un monarca. Cualquier entrenador pokemon puede ir y desafiarlo a una batalla con la aspiración de convertirse en el nuevo campeón, pero para llegar hasta él se necesita pasar por un enorme filtro, que es el alto mando. Esos cuatro sujetos lo único que hacen es combatir contra los entrenadores que llegan a sus puertas. Y para llegar a enfrentar al alto mando hay primero que vencer a todos los líderes de gimnasio. Los gimnasios administran una ciudad cada uno, y por lo mismo están llenos de entrenadores aspirantes a convertirse en el líder de gimnasio. Es toda una sociedad basada en el poder.



-Vaya ¿Así que nos enfrentaremos al líder de ese gimnasio?



-Yo nunca dije nada sobre enfrentarnos a los líderes de gimnasio. Yo los destruiré.



-¿En serio?- exclamó Fiercy



-Piénsenlo: Lo único que se hace en los gimnasios es obligar a los pokemon a pelear ¿A ustedes les gustaría estar bajo las órdenes de un tipo que los haga pelear hasta que ya no puedan tenerse en pie, día tras día? A mí me parece una tortura. No, no lo soportaría, ni me parece bien que cualquiera lo tenga que soportar.



-¿Y cómo los destruirás?- inquirió Smoky- Aunque rompas los edificios, volverán a construirlos.



-Entonces tengo que destruirlos a todos y dejar claro qué les pasará si vuelven a construirlo… pero no comenzaré con esta ciudad.



-¿Por qué?- inquirió Fiercy, pero en ese momento alguien se le acercó a Ruby



-¡Ruby!- exclamó una voz potente y masculina, a lo lejos.



Los pokemon del chico volvieron a sus pokebolas, y este se giró hacia quien lo llamaba.



-Hola, padre.



-Por fin te apareces- masculló Norman, con la cara de pocos amigos que siempre tenía- Disculpa por no ir anoche a casa, tuve mucho trabajo.



-No te preocupes- le contestó, aunque se alegró de que fuera así.



-¿Esos que vi antes son tus pokemon?- le preguntó su padre



-Ah, sí.



-¿Así que piensas comenzar tu viaje pokemon otra vez? Al fin te estás comportando como un hombre- le dio la espalda y comenzó a caminar- Ven conmigo, mis pupilos quisieran conocerte.



Ruby suspiró, y se encaminó hacia el gimnasio de su padre, pero este se detuvo de repente.



-Ruby, he oído sobre un criminal de pelo blanco que anda suelto que ha robado y asesinado  por aquí cerca- el muchacho se alarmó por segundos, y mucho más cuando su padre señaló su gorro- Ten cuidado. No vaya a ser que alguien confunde este ridículo gorro con el pelo de ese hombre. Tener un hijo en prisión me traería muchos problemas- entonces se alivió. Su padre no era precisamente el hombre más listo del mundo.



Al entrar al gimnasio, se dio cuenta que parecía un palacio, con varias habitaciones ambientadas para darle un toque del estilo de Norman. Sin adornos innecesarios, sin decoros estúpidos. Ese lugar estaba hecho para que los entrenadores se valieran únicamente de la fuerza de sus pokemon para triunfar.



Ruby tuvo que presentarse a varias personas que le cayeron mal por el simple hecho de verlas peleando con sus pokemon como si fuera un juego. Recordó que él hacía lo mismo a la edad de ellos, y se despreció por un momento. Pero no todo fue tan malo; una grata sorpresa lo esperaba detrás de una puerta.



-¿Ruby?- inquirió una voz



Este se giró, y se encontró con una cara conocida. Era Wally, su rubio, flaco y debilucho amigo de antaño, del que todas las niñas estaban enamoradas en secreto cuando eran niños. Wally había sido uno de sus mejores amigos.



-¡Wally!- exclamó Ruby, sorprendido- ¿Qué haces aquí?



-¿No te acuerdas que me mudé hace años? ¡Pues mi destino era Hoenn!



-¡Oh!- exclamó Ruby- ¡Oooooooooooooooh! ¡¿Cómo sucedió esto?!



-¿Y sabes qué?- Wally le mostró una pokebola- ¡He decidido convertirme en un maestro pokemon!



La cara de Ruby se ensombreció, aunque solo por un momento.



-¡Qué bien!



-Ruby también está empezando su aventura- explicó su padre, con un tono que muchos podrían haber confundido con orgullo, pero que Ruby comprendió, se trataba de vergüenza.



-¿En serio? ¿Ya tienes pokemon?- preguntó Wally entusiasmado



-Sí… ¿Y tú?



-No, todavía no. Justo vine hoy para pedirle al señor Norman si podía regalarme uno.



-Pero sabes que yo no regalo nada- le indicó Norman- Ruby, tú ya sabes cómo capturar pokemon ¿Por qué no le enseñas a Wally a hacerlo?- Norman le pasó a Wally una pokebola ocupada- Llévate este joven Zigzagoon, te será útil. Pero devuélvemelo una vez tengas a tu pokemon ¿Entendido?



-Sí, definitivamente. Muchas gracias.



Wally agarró a Ruby de la mano, y lo arrastró lo más rápido que pudo de vuelta a la ruta 102.



-¡Qué emoción!- exclamó Wally, mirando el paisaje lleno de tierra, árboles y hierba alta- ¿Qué se hacía primero?



-¿Caminas en círculos por la hierba alta?



-¡Claro! ¡Eres tan inteligente, Ruby!



Wally siguió las indicaciones de su amigo, y al poco rato se encontró con un pokemon bastante extraño. Parecía estar vestido con ropa mucho más grande de lo que podía levantar, su pelo era verde y de forma semiesférica, y en el centro de su cabeza tenía un par de cuernos rojos y curvos. Wally, emocionado, arrojó al Zigzagoon.



-¿Y qué se hace ahora, Ruby?- inquirió Wally.



Ruby se fijó en el Ralts salvaje, se veía asustado. Comprendió que estuvo a punto de cometer un error fatal, por lo que intentó redimirse.



-Mejor vámonos, Wally. Seguramente alguien tendrá un huevo pokemon que podrás criar.



-¡¿Qué?! ¡Pero mira a ese pokemon! ¡Yo lo quiero!



-¿Lo quieres capturar, chico?- le preguntó el Zigzagoon



-¡Claro!- contestó Wally- ¿Tú sabes cómo hacerlo?



-Déjamelo a mí.



El Zigzagoon se lanzó contra el Ralts, listo para morderlo en la cabeza, pero en medio del salto, Ruby lo agarró de la cola y lo arrojó hacia otro lado. Sin embargo, al hacer esto también recibió el ataque psíquico de Ralts. De repente un gran dolor en su cabeza le hizo perder la orientación de todo. Sus ojos se nublaron, y las voces y sonidos parecieron ahogados. Necesitó de unos cuantos segundos para recuperarse.



-¡Ruby! ¡Ruby!- exclamaba Wally- ¿Estás bien?



-Sí…- se limpió la sangre que le caía de la nariz- Rayos ¿Qué fue eso?



-Parece que era un pokemon psíquico- dedujo Wally- ¿Por qué no me dejaste capturarlo?



Ruby lo miró inquisitivamente, luego se irguió y se arregló el gorro.



-No puedo permitir que la gente capture pokemon, como si su vida fuera un juego.



-¿De qué estás hablando?



-No importa que no lo entiendas, ni siquiera yo lo entiendo del todo. Simplemente intenta no capturar pokemon.



-¿Qué? Pero si yo quiero capturarlos, y tener una aventura pokemon, tal y como tú lo hiciste hace años.



-Es distinto. Ahora todo es distinto.



-No te entiendo, Ruby. Lo siento- se giró hacia el bosque- En todo caso, quizás deberíamos ir a buscar a tu Poochyena



-¿Mi qué?



-Tu pokemon, esa perrita gris con la cara negra. Se fue tras ese Ralts ¿No la viste?



-¡Fiercy!- exclamó Ruby, antes de ir en la dirección en que miraba Wally.



Para su alivio, los encontró no mucho después. Fiercy se encontraba sobre el Ralts, amenazándolo con sus colmillos.



-¡Fiercy!- exclamó Ruby, y la apartó- ¿Qué haces?



-¡Él te atacó!- señaló al Ralts- No me iba a quedar de brazos cruzados.



Ruby exhaló su tensión.



-Oye, no te metas en peleas porque sí. Me atacó, pero solo fue un dolor de cabeza.



-Te golpeaste a ti mismo tres veces- aclaró Smoky, saliendo de su pokebola.



-¿En serio? Debió haber sido confusión- se giró hacia el Ralts, pero este ya había desaparecido.



-Aún puedo rastrearlo- alegó Fiercy, pero antes de poder arrancar, Ruby la agarró en sus brazos.



-Tú no vas a ninguna parte. Nos volvemos al centro pokemon.



-¿No vas a ir tras ese pokemon?- inquirió Smoky



-¿Para qué? Se veía bastante feliz en el bosque. Ahora vamos, ambos. Caminen.



Los tres caminaron desde ahí a la ciudad, tomando más tiempo del que pensaron, cuando de repente, justo antes de atravesar los últimos árboles del bosque, Fiercy se volteó.



-¿Sucede algo?- le preguntó Ruby



-Escuché un grito- contestó- pero es muy agudo para ser de una persona.



-¿No creerán que sea…



-¿Tu amigo Wally tratando de capturar a ese pokemon?- terminó Smoky- Sí, suena muy probable.



-Lo mismo digo- opinó Fiercy.



-Maldito Wally- Ruby devolvió a Smoky a su pokebola- Fiercy ¿Puedes guiarme?



-¡Por supuesto! ¡Por aquí!



Corrieron a toda velocidad hacia donde ella indicó, y en breve se encontraron con un lastimado Ralts intentando zafarse de las zarpas de Zigzagoon.



-¡Ahora!- exclamó el pokemon, por lo que Wally arrojó una pokebola hacia Ralts.



Su precisión fue excelente, y hubiera atinado de no ser porque Ruby apareció de repente y pateó la cápsula lejos.



-¡Ruby! ¿Por qué?



-No dejaré que captures a este pokemon, pase lo que pase.



Ruby analizó la situación en ese momento. Wally no iba a entender con palabras, y para evitar que capturase al Ralts tendría que quedarse a pelear o huir con él. No había otra opción, se dio vuelta, devolvió a Fiercy a su pokebola, agarró al machucado Ralts en brazos y corrió como alma que lleva el diablo.



-¡Ruby! ¿Qué haces?- le gritó Wally, consternado.



-No me sigas- musitó para sí- ¡No se te ocurra seguirme!



Corrió todo lo que pudo durante media hora, y cuando creyó que ya no lo seguirían, siguió corriendo hasta que ya no pudo más. Ruby cayó rendido contra un árbol, y depositó a Ralts a su lado. Sin perder tiempo, agarró un par de pociones de su mochila y se las roció por todo el cuerpo.



Ahí esperaron alrededor de una hora, con Smoky y Fiercy vigilando por si Wally aparecía. Como Ruby no tenía nada más qué hacer, comenzó a jugar con el aparato que le había robado a Zafiro.



-¿Qué es eso?- inquirió Fiercy



-Ni idea, pero parece bastante caro. Podríamos venderlo por ahí…



-¡Es una Pokedex!- exclamó Smoky- El profesor Birch estuvo trabajando años en esa cosa. La he visto desde que tengo memoria.



-¿En serio?- Ruby apretó el botón que le pareció funcionaba para encenderla, y esta encendió.



“¿Eres un chico o una chica?”, le preguntó la Pokedex



-Chico- Ruby apretó el botón en donde aparecía un chico



“¿Cuál es tu nombre?”, volvió a preguntarle la Pokedex.



Ruby escribió su nombre. De ahí, el aparato mostró varias luces y algunas barras de espera, hasta que se estableció en lo que le pareció un menú, sin embargo no se quedó ahí por mucho rato.



“Torchic, el pokemon Polluelo” dijo, mostrando la imagen de un Torchic, sus datos y algunas características.



-¡Oh! ¿Qué es esto?- se preguntó Ruby. Quiso apretar un botón, pero en eso la pantalla cambió.



“Poochyena, el pokemon Mordisco” volvió a hablar, esta vez mostrando las características de los Poochyena.



-¡Se parece a mí!- exclamó Fiercy, asombrada.



“Ralts, el pokemon Sensible” aseguró el aparato, mostrando una foto del pokemon que Ruby tenía al lado. Como no sabía nada de él, decidió leer un poco.



-Dice que puede detectar los sentimientos de la gente, y hablar por telepatía- leyó Ruby- Eso es verdaderamente impresionante.



Miró al Ralts, el cual se encontraba despierto y miraba con curiosidad el Pokedex



-¡Ah, ya despertó!- exclamó Fiercy



-Oh… hola- lo saludó Ruby- ¿Te sientes mejor?



Ralts lo miró, pero no dijo nada.



-Quise evitar que ese entrenador te capturara. Supongo que tú tampoco lo querías ¿O sí?



Ralts negó con la cabeza.



-Entonces creo que ya estás a salvo ¿Crees que puedes ir por tu cuenta?



Ralts lo miró, algo confundido.



-¿Qué me garantiza que ese tipo no vuelva a atacarme?- le preguntó a Ruby.



-Ah, pues… la verdad nada- entonces golpeó un puño con su palma- ¡Pero no te preocupes, no es que estés solo en este mundo!



-¿Ah?



-Nosotros vamos a cambiar las reglas del mundo- le explicó Ruby- Vamos a eliminar esa costumbre de capturar y hacer pelear a los pokemon como esclavos. Así que resiste un poco más ¿Te parece?



-¿Y si lo llevamos con nosotros?- sugirió Fiercy- Digo, no hay otra forma de garantizar su seguridad ¿No?



-Pues sí- Ruby analizó las posibilidades del Ralts- Me parece que sí, pero solo te llevaré conmigo si quieres.



-¿Tú me protegerás?- le preguntó el Ralts



-Con mi vida si es necesario



-¿Y me harás pelear?



-No te obligaré a pelear, ni a nada que atente contra tu seguridad.



-Entonces llévame contigo, por favor



-No estoy diciendo que sea así de fácil. Ir conmigo también será peligroso, muy peligroso.



-Es preferible que estar solo. Si harás lo que dices que harás, entonces no me importa librar unas cuantas batallas.



Ruby le acarició la cabeza con su mano.



-Sí que eres un chico listo.



-Soy niña- le corrigió.



-¡Oh, lo siento!



Smoky se echó a reír por lo bajo. Fiercy intentó saber por qué, pero el otro le dijo que le explicaría después.



-¿Y qué edad tienes, chiquilla?



-Once.



-Ya veo ¿Y cómo te llamas?



-¿Ya tienes dos pokemon y no te has dado cuenta? Los pokemon salvajes no tenemos nombres propios, no los necesitamos.



-Ah, ahora entiendo. Eres muy lista, y eres tipo psíquico, y además puedes usar telepatía. Te llamaré Brainy, Ms. Brainy



Brainy sonrió, halagada.

End Notes:

Ralts, el pokemon Sensible:

-Peso: 6,6 kg

-Altura: 0,4 m

-Observaciones:

-->Puede usar telepatía

-->Nadie sabe si lo que arrastra es parte de su cuerpo o alguna prenda

-->Puede percibir los sentimientos de la gente

 

Equipo de Ruby:

1._ Torchic:      Mr. Smoky. Na

Esclavos de Hoenn by KTTR

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