El otro Yōkai by Naomie Az

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  El otro Yōkai by Naomie Az
Summary:

Diez años han pasado desde que Naraku fue destruído. Seis en los que Lin no ha visto a Sesshomaru. Su ausencia la abruma y decide que es momento de dejar la calma de la aldea y salir en busca de lo que necesita, en busca de algo propio.

En las profundidades de los bosques será donde descubra que la paz que se sentía no era más que ficticia. Será en los límites de las más remotas tierras donde lo encuentre, y no sólo a él.



Categories: INUYASHA Characters: Rin, Sesshoumaru

Generos: Accion/Aventura, Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 12 Completed:Word count: 26650 Read: 6272 Published: 03/03/2012 Updated: 11/06/2012
Summary:

Diez años han pasado desde que Naraku fue destruído. Seis en los que Lin no ha visto a Sesshomaru. Su ausencia la abruma y decide que es momento de dejar la calma de la aldea y salir en busca de lo que necesita, en busca de algo propio.

En las profundidades de los bosques será donde descubra que la paz que se sentía no era más que ficticia. Será en los límites de las más remotas tierras donde lo encuentre, y no sólo a él.



Categories: INUYASHA Characters: Rin, Sesshoumaru

Generos: Accion/Aventura, Romance

Advertencias: Ninguno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 12 Completed:Word count: 26650 Read: 6272 Published: 03/03/2012 Updated: 11/06/2012
Story Notes:

InuYasha y sus personajes pertenece a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomo prestados.

Story Notes:

InuYasha y sus personajes pertenece a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomo prestados.

El viaje by Naomie Az
Author's Notes:

 

 

   Acá me aventuro con mi primer fic del mundo de InuYasha. Espero que sea de su agrado.

Author's Notes:

 

 

   Acá me aventuro con mi primer fic del mundo de InuYasha. Espero que sea de su agrado.

 

 

El viaje

 

¿Realmente quieres irte? Sí, siempre. ¿Por qué? Porque aquí no hay nada que me retenga. Es por él, ¿cierto? Es por mí. ¿Estás segura? Ha pasado demasiado tiempo ya. Él no puede ser mi motivo. No has respondido la pregunta.

La voz calló finalmente, sosegando su sueño intranquilo. Le sudaba la frente y jadeaba. Sus noches habían dejado de ser tranquilas cuando su mente descubrió que para él ya no significaba nada. Cuando a sus manos dejaron de llegar sus obsequios. Cuando sus noticias sesaron permanentemente. Él se había convertido en un espejismo, en el oasis que no encontraría jamás. Bagaba en su mente por las noches, sus recuerdos lo llamaban al presente. No había un día que no pensara en él. Todo era por él. Todo le recordaba a él.

No debes buscarme, había dicho su voz profunda, observando el horizonte, nunca a sus ojos. Quiso preguntarle porqué pero sus gestos pétreos no le permitieron pronunciar palabra. El Señor Sesshomaru no puede cuidar siempre de ti, Lin, serías un estorbo. ¿Eso había sido siempre? ¿Un estorbo? Se dijo que no lloraría frente a él, jamás le mostraría el vacío que habían dejado sus palabras. No dejaría expuesta su debilidad. Se haría fuerte, valiente. Crecería y se defedería sola. No necesitaría de él...

—¿Lin?

Volvió el rostro y sonrió al ver a Aome, quien a su vez la observaba con preocupación. Ambas trabjaban el cultivo, en silencio, cada quien con sus propios pensamientos. Hasta que la sacerdotisa advirtió sus ojos húmedos y su rostro contraído por el asecho de los recuerdos y la pesadumbre de la noche anterior.

—Dime. —era ridículo intentar ocultar las emociones de Aome, ya que ella tenía un poder de persepción muy poderoso.

—Aún piensas en él, ¿no es así? —dibujó una débil sonrisa— Incluso InuYasha se lo ha estado preguntando. Ha pasado mucho tiempo.

—Eran sólo recuerdos. —quiso explicar, evitando la mirada de su interlocutora.

—Me dijo Kaede que quieres irte.

Sí, esa era una gran verdad. Hacía cuatro meses había llegado a la edad de diesiocho años y desde hacía cuatro meses que había comenzado a pensar en su vida, monótona y triste. Quería conocer más allá de lo que había visto con el Señor Sesshomaru y el Señor Jaken. Expandir sus límites, verlo con sus propios ojos.

—Será por un tiempo.

Aome le dedicó su mirada extraña, esa mirada que emplea cuando quiere saber qué es exactamente lo que ocurre dentro de la otra persona. Lin la distrajo haciendo su trabajo con más esmero.

—¿Irás sola? —preguntó.

Lin solía ser la más habladora cuando viajaba con Sesshomaru y Jaken, por su curiosidad innata y por la dulce inocencia que la había salvado. Pero cuando ellos partieron y se vio obligada a llevar el resto se sus años en una casi soledad, las cosas cambiaron. Sus labios no sonreían como antes y sus preguntan había dejado de ser frecuentes. Y su alma fría había dado lugar a una belleza única; había crecido, su cabello negro caía denso sobre su espalda hasta su cintura, sus ojos mudos tenían luz propia. Lin era hermosa pero triste.

—Sí.

—¿Estás segura?

—Sí.

 

Kaede la observaba, con esa mirada de sacerdotisa que hacía sentir desnuda a Lin. Ella, para calmarla, le sonrió. Sabía que Sesshomaru se la había encargado, como algo especial, ella sería responsable de su bienestar. "Cuida de ella", fueron sus únicas palabras, áridas pero anciosas. Él jamás lo habría admitido frente a ella, simple humana, pero le pesaba dejarla, aún sabiendo que era necesario.

Kaede había visto la pesadumbre aferrarse a los hombros de Sesshomaru, pero dejarlo en evidencia no le habría causado gracia. No dijo palabra, simplemente asintió y tomó su trabajo muy en serio. Pero la independencia ya era de Lin y no podía retenerla más, siempre supo que aquel día llegaría y que no habría elocuencia que la detuviera de emprender ese viaje. Por lo que la anciana Kaede le sonrió también, consintiedo sus deseos. Ella ya sabía qué hacer.

—Eres muy valiente, Lin, al decidir emprender este viaje sola.       

—Gracias, anciana Kaede.

—Sabes que si quieres compañía, hay gente dispuesta a serlo.

—Lo sé —asintió—, pero esto es algo que quisiera hacer sola.

—Entiendo.

Se despidió de ella en la tranquilidad de su hogar. Se dijeron pocas cosas pero sus miradas fueron más que suficientes. Diez años de convivencia había sido mucho tiempo y supieron compartir los buenos y malos momentos, aprendieron la una de la otra, fueron amigas. Ahora, el momento de Lin de encontrar lo que buscaba había llegado y eso sólo dependía de ella.

No muy lejos de allí estaban los demás: InuYasha, Aome, Sango y Miroku. Los últimos tres tenían sonrisas en sus rostors, era como si también siempre hubiesen sabido que aquel día llegaría, y como si supieran el motivo de aquella necesidad de partir. InuYasha, como siempre y con su dificultad para expresar sus emociones, la observaba muy serio. Él había insistido, hacía mucho tiempo, que aprendiera el arte del sable, que supiera de su particular uso y que aprendiera a luchar con él.

Aome se sintió contrariada por la idea, ya que Lin era todavía una niña y ya no existía la necesidad de empujarla a aprender formas para su defensa; pero había sido la “indefensa” Lin, de tal sólo diez años, quien había tomado el emprendimiento como algo personal y aceptó ser alumna y se tomó de la mano con la fuerte displicina que su maestro impuso en ella. Y aprendió. Fue una aluman formidable, capáz y con potenciales impresionantes. InuYasha jamás lo dijo pero se asombraba de la aptitud de la pequeña humana.

Cuando Aome adviritó la pasión que Lin ponía en su aprendizaje, decidió hacerle un obsequio, algo que pudiese llevar con ella para siempre. Entonces visitó al viejo herrero, Totousai y le pidió que forjara un sable de acuerdo a quien sería su dueña. El anciano no preguntó para quién sería pero supo de inmediato qué tenía que hacer. Y cuando InuYasha dio por finalizado su instrucción, cuando dijo que ya no había más por enseñarle, Aome le dio su sable, Benzaiten1, y le dijo: “Será tu guía y tu compañera; cuidarás de ella porque ella cuidará de ti.”

—Nos vemos pronto. —dijo Lin, sin perder la luz propia que emanaba al sonreír.

—¿Estás segura que quieres hacer esto sola? —cuestionó InuYasha, con su tono áspero de siempre, pero que en realidad ocultaba una gran consternación.

—Sí —asintió—. Gracias por tu preocupación.

—Yo no… —el semi demonio se vio puesto en evidencia y sólo se sonrojó, imposibilitado de decir algo en su defensa.

—Cuídate mucho, Lin. —dijo Sango.

—No olvides las palabras de la señorita Aome sobre Benzaiten. —agregó Miroku.

Lin hizo un saludo, cruzó su sable en su cinturón y montó su caballo, Meiyo2, emprendiendo su viaje, finalmente, a galope tendido, perdiendo la aldea tras su espalda. Dejando de forma momentánea aquellas personas que se habían convertido en una parte tan importante de su vida. InuYasha, que en un principio evadía una conversación con ella y terminó convirtiéndose en su maestro, en una persona que ella respetaba enormemente. Aome, que con su corazón tan puro intentó ayudarla en incontables situaciones, principalmente cuando perdió de manera definitiva el contacto con Sesshomaru; aquella había sido una época abrumadora y negra.

Sango, con su alma de madre y su devoción por los demás, le había enseñado las cosas pequeñas de la vida, pero que tenían un valor incalculable. Lin aprendió junto con ella lo que significaba el arte de hablar con la mirada, luego de ayudarla con sus hijos. Juntas observaban en silencio el sueño pacífico de los bebés o cuando ellos analizaban lo que los rodeaba, juntas observaban sus ojos, su boca, el movimiento de las manos. Pasaban mucho tiempo juntas. Y Miroku, con su incuestionable sabiduría, la había instruído en inmurables destrezas, desde la observación artística de la naturaleza, hasta las más lejanas etapas de meditación.

Pero nos los perdería con su partida. Sabía que los volvería a ver, sólo que no sabía cuándo.

 

Aome fue la última en irse de allí. Quería qudarse y observar el horizonte hasta que no hubiera nada. Tenía el presentimiento de que Lin encontaría muchas cosas, buenas y malas. Se preguntó si Sesshomaru se cruzaría en su camino otra vez. Sería estupendo que así fuera, Aome sonrió pícara. Tenía una corazonada al respecto.

—¿Tú crees que Sesshomaru aparezca? —preguntó una voz en su espalda.

—Sí —sonrió—. Creo que se encontrarán otra vez.

La sacerdotiza giró sobre sí misma y miró a InuYasha con una expresión diferente en el rostro; era raro escucharlo hacer preguntas de esa índole. Claramente le había tomado mucho cariño a Lin.

End Notes:

 

1 Benzaiten se caracteriza por ser la diosa japonesa de la fortuna del conocimiento, las artes y la belleza; existen siete dioses de la fortuna.

2 Meiyo significa “honra” en japonés. Creo que es una buena descripción para un caballo, ya que normalmente se los tiene como criatures nobles, honradas y orgullosas.

End Notes:

 

1 Benzaiten se caracteriza por ser la diosa japonesa de la fortuna del conocimiento, las artes y la belleza; existen siete dioses de la fortuna.

2 Meiyo significa “honra” en japonés. Creo que es una buena descripción para un caballo, ya que normalmente se los tiene como criatures nobles, honradas y orgullosas.

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            Caminaba detrás de él, en absoluto silencio, aspecto inusual; incluso llamó su atención. Pero, desde luego, desde que Lin había dejado de ser compañía para ellos, Jaken se había convertido en una criatura taciturna, poco era lo que comentaba y raras veces cuestionaba. Sesshomaru se dijo que aquella debía ser la denominada “tristeza”. Miraba a Jaken por el rabillo del ojo mientras caminaban, le irritaba imaginar que no pudiese desempeñarse favorablemente cuando pudiese ser necesario si pensaba en la niña.

Se descubrió intentando pensar cuáles habían sido los cambios que había sufrido Lin con el paso de los años. Claramente había dejado de ser una niña. Y lamentó haber desaparecido de forma tan abrupta de su vida, pero fue lo que creyó conveniente. Porque Sesshomaru había encontrado un rival digno, uno que codiciaba a Bakusaiga y su propia alma.

Otro daiyōkai.

Al toparse sus caminos, Satsujin, su semejante, había sido claro con sus palabras:

—Tendré a Bakusaiga, aunque eso signifique acabar con un hermano —era hablador y altanero, y eso molestó a Sesshomaru, no le gustaban los petulantes—. No tendré compasión de aquellos que te rodean, Sesshomaru, y si es necesario, los utilizaré para mi fin.

—¿Me amenazas? —preguntó, con una serenidad que rompía los hielos— ¿Te atreves a amenazar al gran Sesshomaru?

Satsujin sonrió. Ya había oído decir que el magnánimo hijo del gran General Perro había adquirido ciertas facultades relacionadas con los sentimientos de los humanos, características de los débiles, para ser más precisos. Se aferraría de aquellas habladurías para quebrar el temple del tan reconocido daiyōkai.  

—Eres pretencioso —comentó—, en eso eres muy parecido a tu madre.

Sesshomaru entornó la mirada, desconfiado.

—Y tú has de conocerla… —dijo, expulsando cada palabra con cinismo.

—He tenido el honor, en efecto.

Satsujin respiró profunda y ruidosamente, se cruzó de brazos y adquirió una postura que hacía bullir de frustracion a Sesshomaru. No sólo perdía su valioso tiempo, sino que además pretendía adueñare de su espada. Ningún daiyōkai merecía ser su rival si pretendía necedades, tales como apropiarse de Bakusaiga, era sencillamente inconcebible. Aunque Sesshomaru no pudiese negar el importante factor de que aquel era, en realidad, el oponente que había estado esperando.

Sólo que allí había algo que no le resultaba confiable.

—Oh, sí —sonrió con burla—. Veo que ya te has perctado de su presencia.

—Desde el instante en que te sentí a ti, a kilómetros de distancia, supe que estabas acompañado.

—Vaya, eres muy hábil, Sesshomaru.

—No sabes cuánto. —comentó con sorna.

Estaba ganando tiempo, necesitaba pensar qué haría exactamente con dos daiyōkais en su contra. Él era el más poderoso, se jactaba de ello, y tenía ese respaldo, pero no conocía a estos semejantes, ignoraba por completo las verdaderas dimensiones de su poder.

—¿Te gustaría conocerla? —preguntó Satsujin.

Sesshomaru guardó silencio. Pensó que había sido una suerte dejar a Jaken atrás, aquella charla, burla de la diplomacia, terminaría en un enfrentamiento y preocuparse por él era algo que no se podía permitir, necesitaría toda su concentración para luchar.

En unos segundos otra criatura apareció frente a los ojos expectantes de Sesshomaru. Era de una belleza sin igual y su cabello plateado caía en una trenza detrás de su espalda; de ojos fríos e inexpresivos, de finos rasgos y manos delicadas.

—Ella es Hitsuna, mi hermana.

Otra vez, Sesshomaru no dijo nada. Se sostuvieron sus miradas de ámbar por largo rato, analizándose.

—Con que tú eres el famoso Sesshomaru.

El aludido dibujó una sonrisa sarcástica. Demasiado habían mencionado su indiscutible poder y reconocimiento, no se cansaban de recordárselo.

—Sí, soy yo.

—Tú tienes a Bakusaiga.

—Esta charla comienza a aburrirme —interrumpió Sesshomaru, sintiéndose burlado—. Si lo que quieren es a Bakusaiga, piénsenlo una vez más, porque no la entregaré y tendrá que enfrentarme quien pretenda llevársela en contra de mi voluntad.

—¿Satsujin?

—Pensé que tú lo harías, hermana, eres tú quien tiene la espada más poderosa.

—Habría sido tuya desde un principio si hubieses callado tu lengua cuando debiste.

—Bah. Nuestro padre siempre sintió un especial afecto hacia ti, yo era el rebelde.

—¡Silencio! —exclamó Sesshomaru— No habrá espadas en este combate. Quiero ver tu verdadero poder.

—¿Me retas, gran Sesshomaru? —cuestionó Satsujin, sonriendo ampliamente.

La respuesta a su pregunta fue la transformación a su verdadera apariencia como demonio; liberando al gran perro blanco, Yako. Satsujin se sentía complacido con lo que había logrado. Vencería a Sesshomaru y poseería su poderosa arma. Se enfrentaron ambos demonios en las alturas e iluminados por la luna llena. Hitsuna admiraba el implacable combate desde el suelo, impresionada con lo que veía.

Se preguntó si su hermano tenía forma de vencer, tomando en cuenta que Sesshomaru era hijo del General Perro, el mismísimo Inu no Taisho, todos los daiyōkais sabían que él era el más poderoso, eran concientes de que había superado a su padre en fuerza.

El hijo del General tenía evidente ventaja en aquel enfrentamiento. Su hermano estaba resultando ser un completo inútil y lo único que conseguiría sería quedar como un hablador incompetente frente a Sesshomaru. No podían fallar en aquella misión. La obtención de Bakusaiga era primordial, su padre les había encomendado aquella tarea, depositando toda su confianza en ellos. Si fallaban, se ganarían la desepción de su familia y vivirían con aquella humillación.

Habían transcurrido unos pocos minutos cuando Sesshomaru decendió, ocultando su verdadera apariencia. Apareció rápidamente frente a ella, a una corta distancia. Satsujin permanecía en las alturas, en su forma de perro, observando.

—Dile al incapaz de tu hermano que le daré tiempo para que se prepare. No perderé mi tiempo en una lucha que sé que ganaré.

—Tu amabilidad me enternece.

Sesshomaru la observó contrariado. Era extraño ver daiyōkais por aquella zona, especialmente dos y lo que despertaba su curiosidad: que codiciaran Bakusaiga; aquella espada tenía la facultad de acabar con aquellos que eran de su misma especie, pero, ¿quién podía desear acabar con su propia gente?

Él elevó más la vista, dio media vuelta y desapareció.

 

Benzaiten. Su empuñadura era magnífica, de bronce trenzado, con ligeros detalles en cuero. La hoja era como la hoja de cualquier katana, larga, curva y extremedamente afilada. Sin embargo, y aunque conocía cada mínima particularidad, ignoraba el verdadero poder que escondía; pero sentía su energía vibrar cuando la utilizaba, era como si se intentara comunicara con ella.

Era un obsequio de Aome, debió suponer desde un principio que aquella no sería una espada ordinaria.

Era una tarde agradable y había encontrado un sitio a la vera de un arroyo. La calma y la paz era sobrecogedoras; la acompañaban el murmullo del agua, el canto de las aves y el silbido de la brisa. Se sorprendió de sí misma, estaba resultando más valiente de lo que se había imaginado. Habían pasado casi dos meses desde que había dejado la monotonía de la aldea y se encontró cómoda entre los laberintos que ofrecía el bosque. Además, la compañía de Meiyo era de gran ayuda.

Se puso de pie, había decidido que era momento de buscar algo para cenar, cuando escuchó un delicado campaneo, volteó y se encontró con que Benzaiten se agitaba en el suelo, en el sitio donde la había dejado. Se acercó, desconcertada con aquel espectáculo; la desenvainó y orientó el filo hacia arriba, intento descrifrar a qué se debía aquello.

La espada se soltó de su mano y permaneció suspendida en el aire; había comenzado a liberar un destello grisáceo. Lin observaba estupefacta. Benzaiten luego se posicionó de manera horizontal y su filo apuntó hacia el oeste. Ella captó el mensaje y sonrió, fascinada con el poder que había resultado tener.

 

—¿Este? —cuestionó— ¿Por qué habría de ir hacia el este?

—Es el báculo, amo Sesshomaru, nos indica que debemos ir en esa dirección.

Comenzó a caminar, vencido por el enigma del báculo. No sabía qué podía haber en el este; la última información que había encontrado sobre la ubicación de los otros daiyōkais se encontraba hacia el norte. Norte era su ruta, empero, se había presentado en su camino una bifurcación seductora. Si el báculo indicaba un camino, lo más probable es que allí hubiera algo de suma importancia.

Pero ¿qué?

 

Los trancos de Meiyo eran tranquilos, se ahogaban en la espesura de la maleza, allí el bosque era más tupido y cerrado. Lin comenzó a hacer una lista mental de todas las criaturas posibles que pudiese encontrar en su camino, intentó no retroalimentar sus temores que habían permanecido tan convenientemente ocultos dentro de su cabeza.

Sonrió, burlándose de sí misma.

 

Sesshomaru se detuvo abruptamente. Jaken se percató a tiempo de aquella parada, antes de chocar de frente con su amo. Ah-Un venía más atrás y justo cuando Sesshomaru paró la marcha, ellos también lo hicieron. Habían sentido la misma presencia. O más bien, el mismo aroma. Tan familiar, tan añorado. El dulce perfume que emanaba la piel de Lin.

—Amo bonito, ¿qué ocurre? ¿Por qué se detuvo?

—Imposible. —susurró.

 

Benzaiten comenzó a vibrar nuevamente, pero esta vez con más intensidad. Lin la desenvainó, pensando que indicaría otro camino pero nada ocurrió, sólo se agitaba. La enfundó, confundida. ¿Qué podía significar aquello?

Lin dejó el pensamiento de su espada de lado unos minutos, distraída por un claro que estaba atrvezando, estaba perfectamente iluminado por el sol y su calidez la cautivó. Pensó en quedarse allí unos momentos por lo que desmontó. Acarició la cabeza de su animal y caminó hasta la piedra más cercana y allí se sentó.

 

Sin dar explicación, sin pronunciar palabra, Sesshomaru se movió con rapidez a través del bosque, incapaz de creer que Lin estaba en algún lugar cerca de allí. Tantos años, tan pesado y largo que había sido el tiempo… La vería otra vez.

Se detuvo a unos metros.

 

Maiyo relinchó, llamando la atención de Lin. Ella se acercó, percibiendo el nerviosismo del caballo.

—¿Qué ocurre, amigo?

 

La criatura ya se había percatado de su presencia. Relinchó y en ese momento, Lin apareció junto a él, para calmarlo. Sesshomaru perdió el habla y su cuerpo se congeló. Permaneció segundos, pero que para él parecieron milenios, observándola. Su cabello azabache, largo hasta su cintura; sus manos finas, delicadas. Sonreía.

Qué ridículo se sintió al permanecer oculto.

 

—No te preocupes, no hay peligro aquí.

Benzaiten vibrara con locura y Lin trató de ignorarlo, pero fue imposible cuando su espada sola se desenfundó y el filo indicó una dirección nuevamente.

 

La espada lo estaba señalando. ¿Qué significaba aquello? ¿Qué clase de arma era aquella? Dio un paso hacia delante, tentado de exponerse.

 

Ya no señalaba el oeste, era el este lo que ahora indicaba, y el sable seguía agitándose. ¿Sería que se había acercado a algo o alguien? Lin lo pensó muy bien antes de caminar en ese sentido; pero lo hizo, como una fuerza interna que le indicaba que estaba bien hacerlo.

 

Se estaba acercando. Cerró sus ojos. ¿Qué era lo correcto?

Sesshomaru se recordó quién era y que no existía circunstancia que pusiera en tela de juicio su valor; por eso salió al descubierto, siendo iluminado de lleno por el sol poniente.

Lin paró en seco, en estado de estupefacción y escuchó el sable caer detrás de ella. Sus ojos se abrieron en toda su capacidad, imposibilitados de ocultar su asombro; aquello era demasiado para ver. Habían pasado seis calamitosos y nefastos años, seis años en los que creyó que lo había perdido todo, lo poco que había conseguido. Setenta y dos meses pensando que toda su vida junto a él había sido una mentira.

Y tenerlo frente a sus ojos otra vez…

End Notes:

¡Qué tal! Bueno, no aguantaba más y decidí actualizar la historia. Muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz :)



Bien, a saber: los significados de los nombres de los hermanos. Él: asesino. Ella: desgarradora. Son palabras negativas y como son una familia de “asesinos” creí que vendría bien darle esa significación a sus nombres, datos importantes.



¡Hasta la próxima!

End Notes:

¡Qué tal! Bueno, no aguantaba más y decidí actualizar la historia. Muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz :)



Bien, a saber: los significados de los nombres de los hermanos. Él: asesino. Ella: desgarradora. Son palabras negativas y como son una familia de “asesinos” creí que vendría bien darle esa significación a sus nombres, datos importantes.



¡Hasta la próxima!

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Simple humana

 

—Lin —sentía asombro, molestia y duda—, ¿qué haces aquí?

Ella perdió cualquier rastro de pasmo y frunció el ceño, justo en ese momento pensó que aquella actitud la había aprendido de Aome. Molestarse con él por ser esa su primera pregunta, cuando en realidad tendría que haber dicho algo como perdón.

—También me alegro de verte. —musitó, dolida por la indiferencia que aún profesaba por ella. ¿Aquellos seis años habían sido completamente irrelevantes para él?

Sesshomaru se sorprendió con la exposición de confianza, ya no era el “señor Sesshomaru”, se dirigía a él como un igual, lo tuteaba. Él la observó con más atención, sus ojos, tan expresivos hacía unos instantes, se habían apagado y apartó la mirada. Podía sentir una especie de aflicción que provenía de ella. Y de repente la vio hermosa. ¿Qué había hecho el tiempo con ella que la había transformado en un ser bellísimo y la había apartado de él? Maldito el tiempo, maldita la distancia y maldito él por haber provocado aquella tristeza.

Lin se arrepintió de haber emprendido aquel viaje. Tanto que había anhelado ese encuentro para que resultara ser una terrible desepción. Pensó que aquel golpe del destino, de poner a Sesshomaru frente a sus ojos después de tanto tiempo, significaba la innegable despedida. Buscarlo había sido una terrible idea.

Sesshomaru se acercó más a ella, hechizado por una energía extraña que emitía. Ella parecía molesta por algo y se alejó, sorprendiéndolo.

—Desapareciste —dijo Lin—. Seis años pensando en todas las cosas que te pudieron haber ocurrido, o las excusas que te habías inventado por haberme abandonado. Noche tras noche buscando una explicación, una sola. Y aquí estas, luciendo exactamente igual que siempre, haciéndome preguntas tontas, el gran Sesshomaru.

—Este no es momento para caprichos.

—¿Caprichos? —Lin luchaba contra las lágrimas, se había dicho que no lloraría nunca frente a él— ¿No consideras que merezco una explicación?

—Tuve que hacerlo —habló, sintiendo que efectivamente no tenía nada coherente para decirle—, no tuve otra opción.

—Se supone que eres el más fuerte--

—Lo soy. —le interrumpió, molesto con el uso del “se supone”.

 —¿Entonces? ¿Qué puede haber allá afuera que te haya impedido decirme siquiera “Lin, no volveré”? —se le quebrabra la voz, pero estaba resistiendo— Así, al menos, no te habría esperado.

No podía creer su valentía de hablarle así, en su mismísima cara, al hombre que tanto respeto le tenía, o que le supo tener. Siempre había dicho las palabras justas, siemrpe había guardado silencio cuando él se lo pidió, siempre obedeció, siempre, siempre. Pero su lejanía la había hecho madurar, y quien merecía respeto era ella.

—Corres peligro aquí, Lin, tienes que volver a la aldea.

—Sí —sonrió con ironía—, tal vez eso sea exactamente lo que haga. Al menos ahora sé que ya no te volveré a ver.

Sesshomaru abrió más los ojos. No tenía registro de haber sido tratado así antes. Lin estaba siendo sarcástica y lo miraba desafiante, aún con las lágrimas acumuladas en sus ojos. Le hablaba directamente y elevaba el tono de la voz. Esa osadía, esa audacia… no comprendía por qué no le enfurecía.

Lin estaba canalizando todo su dolor en frustración. A pesar de que su travesía había sido fructuosa y liberadora, todo lo bueno que había recolectado en esos dos meses, de repente lo perdía con aquella particular reunión. Él no parecía tener nada sensato para decir y la miraba inescrutable, luciendo tan…

Lin, ¿en qué piensas?

Qué caso tenía ignorar el hecho. Ella ya no era una niña pequeña, ni indefensa o débil; era una mujer que había decidido dar comienzo a su vida. Sus sentimientos hacia Sesshomaru eran otros, eran más fuertes, más duros de ocultar, pero maravillosamente reveladores.

—Lin, vuelve. —dijo con severidad.

No, no regresaría en ese instante. Lo haría cuando así lo sintiera, pero no iniciaría una discusión con él, otra no. Dio media vuelta para acercarse a Meiyo, buscaría un sitio para pasar la noche, ya que el sol se había puesto; en la mañana pensaría en algo, tal vez decidiera ir hacia el este, rumbo al océano… Cualquier cosa era mejor que volver. Cualquier cosa era mejor que… Lin giró y su corazón dio un vuelco cuando se encontró sola, otra vez. Y en esa oportunidad, sumida en la más triste soledad, lloró todo cuanto pudo llorar, sin escatimar dolor o lágrimas. Qué estúpida se sentía. Sesshomaru había representado una parte principal en su vida, él la había vuelto a la vida, él cuidó de ella, él la defendió… ¿Por qué había cambiado así?

 

No tenía por qué dar explicaciones. Ella no lo entendería, sería terca e insistiría en poner su vida en peligro, innecesariamente. Había visto el cambio sustancial en ella, tanto físico como de personalidad. Se había llevado varias sorpresas. Lin era otra persona, y su forma de ser lo había desconcertado. Percibió su tristeza y el cambio abrupto a la irritación. En un momento pensó que la vería llorar y al otro sonreía, no con aquella sonrisa que recordaba, tan dulce e inocente, pero era una sonrisa al fin.

Se planteó si había sido prudente dejarla sola. No sabía que tan asesinos eran los otros daiyōkais, ni que tanto odiarían a los humanos, pero no pensaba que la dejaran pasar por su camino sin antes intentar algo. Frunció el ceño, molesto consigo mismo, con la situación y con Lin por ser tan imprudente; sólo a ella se le podía ocurrir salir a vagar completamente sola por sitios que no conocía.

—¡Amo Sesshomaru! —escuchó la voz de Jaken no muy lejos de allí— ¡Amo Sesshomaru!

—Aquí estoy, Jaken. —dijo, retomando su sitio al frente y comenzando a caminar, como si nada hubiese ocurrido. Tribu de la Roca Gormitis Luxion

—Amo bonito, lo estuvimos buscando.

—Ya regresé. —y así zanjó el asunto, porque no respondió a las preguntas que le hacía.

 

Benzaiten comenzó a vibrar nuevamente. Lin había estado intentando dormir, y entre esporádicos momentos de sueñ y vigilia, la recibió el amanecer. Se incorporó, curiosa por la actividad de su espada. La observó vibrar y vio como salía otra vez ese destello grisacéo desde la funda. La desenvainó y esperó indicaciones una vez más, y eso fue exactamente lo que sucedió, sólo que el resplandor se oscureció.

Aquella era una novedad.

Su caballo se puso de pie y comenzó a moverse inquieto junto a ella. Lin se puso alerta, se paró y tomó a Benzaiten, dispuesta a utilizarla si era necesario.

—No te preocupes por mí —dijo una voz—, no te haré nada.

Era un desconocido y sabía que estaba oculto justo en frente de ella, le inquietaba pensar de quién podía tratarse y cuáles podían ser sus intenciones. Ser valiente no le serviría de nada si no tenía la fuerza necesaria para defenderse en caso de ser necesario.

—Entonces, ¿por qué te ocultas?

Su espada se calmó, dejó de agitarse y el fulgor desapareció. Lin no supo si aquello era bueno o malo. Comenzó a sentir cómo se aceleraba su corazón. Se dijo mil veces que debía mantenerse serena, que nerviosa no conseguiría nada.

—Tienes razón —habló el hombre, exhibiéndose—. Me parece justa tu observación.

Lin sintió una opresión en su pecho tan grande que superaba cualquier situación anterior, incluso cuando vio a Sesshomaru después de seis años. Aquella sensación no se comparaba con nada. Porque aquel hombre, esa criatura de pie frente a ella, era como él. El mismo cabello plateado, igual de largo, los mismos ojos ámbar que la hacían vagar por un limbo de delirio, las mismas marcas distintivas en su rostro, aquella luna en su frente… Aquella particular belleza que lo hacía tan propio.

Bajó el filo, completamente asombrada. Nunca pensó que vería a alguien como Sesshomaru o, en su defecto, como InuYasha.

—Mi nombre es Satsujin. —se presentó, con una cordial sonrisa en el rostro.

Lin volvió en sí, recordando que aquel no dejaba de ser un desconocido y que no debía fiarse de una sonrisa; aunque advirtiendo que pertenecia a la misma raza de Sesshomaru, no había nada que pudiera hacer por ella si ese tal Satsujin pensaba matarla.

—Lin. —dijo al fin, recobrando la compostura.

—Eres valiente, Lin, al aventurarte por esta zona tú sola.

—¿Debería preocuparme?

—Siempre hay criaturas dispuestas a hacerte daño. —era locuaz y guapo, una convinación peligrosa.

—¿Y tú eres una de esas criaturas? —se reprochó por ser tan cruda y directa.

El denominado Satsujin dibujó una media sonrisa en sus labios. Aquella humana era muy intrépida y decidida, le agradaba.

—No —dijo al fin, con un deje de socarronería—, en todo caso te protegería.

Lin no pudo evitar abrir más los ojos, asombrada por la exposición patética de hombría. ¿Quién se creía que era para llegar a conclusiones de este tipo? Podía defenderse sola, que lo supiera.

—¿Tan débil me veo?

Satsujin no dijo nada, pero desvió la mirada hacia la espada que sujetaba la niña. No era ordinaria, podía sentir su místico poder. La había visto vibrar y destellar, era una comunicadora. Esa arma le había indicado a Lin que él estaba cerca; se preguntó si serviría con cualquier criatura.

Lin se dio cuenta del nuevo interés del daiyōkai.

—Benzaiten —dijo, alzándola con el fielo hacia abajo.

Él sonrió por ser indiscreto, y agachó la mirada, disculpándose por su intromisión. En ese momento, la espada comenzó a vibrar en la mano de Lin, ambos la miraron intrigados, Satsujin más asombrado, ¿quién se acercaría? Hasta que él solo se percató. Aquello no podía ser nada bueno, Hitsuna no sería tan comunicativa. Lin era humana, no representaba ninguna complicación, y si tenía que asesinarla, lo haría sin vacilar.

—Vete —dijo, mirándola. Ella no entendía—. Tienes que irte de aquí.

—¿Por qué?

La espada detuvo cualquier actividad.

—Oh, hermano —un voz femenina resonó con burla entre los arboles—, eres patético.

Satsujin cerró los ojos, lo había escuchado. Lin, por su parte, no podía creer que hubieran más como Sesshomaru, ¿dónde habían estado todo ese tiempo? Empuñó Benzaiten, decidida a morir defendiéndose.

—Hitsuna —saludó, mirando a Lin—. Creí haberte dicho que te quedaras con los demás.

¿Los demás? Lin no cabía en su desconcierto.

—No seas ridículo —ella apareció, totalmente iluminada por el sol naciente, era espectacularmente bella—. No olvides que soy tu hermana mayor, no recibo órdenes.

—Por supuesto que no. —parecía resignado con aquella realidad.

—Oh, mira lo que haz encontrado —sonrió siniestra—, una pequeña humana, y está armada, tendremos que ser cuidadosos.

Liberó una risa que generó un escalofrío por la espalda de Lin.

—Sí —habló Satsujin—, pero no tiene nada que sea de nuestro interés.

—¿Estás seguro? —cuestionó, desconfiada— A mí me parece que esa espada que tiene es bastante particular.

—Yo no lo veo así.

—Ay, hermanito —suspiró—, ¿eres ingenuo o simplemente comenzaste a encariñarte con los humanos?

—¿Encariñarme con los humanos? ¿Acaso estás loca?

            —Simplemente preguntaba —sonrió con burla—. No tienes por qué ponerte sensible.

Lin creyó por un momento que se irían sin causar problemas, pero Benzaiten empezó a agitarse y con violencia. Los hermanos miraron la espada, Lin vio temor en los ojos de Satsujin, pero Hitsuna parecía embelesada con la singularidad del sable.

—¿“Nada de nuestro interés” habías dicho? —susurró— Yo creo que eso es atractivo. Oye, humana, ¿por qué vibra?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes? ¿Acaso no es tuya esa espada?

—Sí, pero…

—Da igual —habló, comenzando a acercarse a Lin—, porque me la llevaré.

—Hitsuna, déjala. Nosotros estamos buscando otra cosa.

—Guarda silencio, Satsujin, últimamente lo único que has hecho es causar molestias. No opines.

Lin supo que ella no desistiría de apoderarse de Benzaiten; adiquirió una posición más desafiante, dipuesta a luchar. Su espada se detuvo, pero podía sentir la energía fluír hacia ella, era como una corriente que se expandía por todo su cuerpo. Era momento de luchar.

—¿Acaso pretendes luchar contra mí? —quiso saber con sorna— No quieras hacerme reír.

—Acércate un paso más y me defenderé.

—Eso quiero verlo.

Hitsuna terminó por cerrar el espacio que quedaba entre ambas y tomó del brazo a Lin, inmovilizándola. Ella pasó su espada a la otra mano, la que le quedaba libre, y aunque era más difícil, intentó utilizarla. Pero su rival era claramente más veloz y fuerte, y sujetó el arma, empujando a Lin con fiereza.

Satsujin hizo ademán de acecarse a ella, pero hacerlo frente a su hermana traería terribles consecuencias. Miró a Hitsuna analizar la espada con atención. Lin se incorporó lentamente.

—A ti no te servirá. —la escuchó decir.

—¿Disculpa?

—Benzaiten sólo me responde a mí.

—¿Benzaiten? —repitió interesada.

—¿De qué hablas? —preguntó Satsujin.

—Dame mi espada.

—Eres muy insolente, ¿lo sabías? —escupió Hitsuna, comenzando a perder la paciencia.

—¡Que me la des!

La daiyōkai resolvió que ya era momento de darle muerte a esa humana habladora y cuando comenzó a acercarse sintió un dolor como nunca antes había sentido en su mano. La mano que sujetaba a Benzaiten. La soltó, como un impulso, y ésta se elevó frente a los ojos de Hitsuna, liberando aquel destello oscuro, el mismo que anunció a Satsujin hacía unos momentos. Hitsuna obsvervaba asombrada, no se explicaba a qué se debía aquello.

Lin estaba sobre sus pies, firme. Estiró la mano y su espada fue hacia ella. La sujetó con fuerza y apuntó a la mujer con el filo. La espada brilló con más intensidad y la cegó; el fulgor duró unos pocos segundos y cuando todo fue más visible, los hermanos daiyōkais admiraron con estupefacción un campo de energía que la espada había creado en torno a Lin. Ella, a sabiendas de que no tenía oportunidad contra ellos, y de que tenía la posibilidad de irse, montó su caballo y se alejó a galope tendido.

Satsujin exhaló con alivio. Aquella mujer de nombre Lin había podido escapar de su hermana. Sólo pensaba que debería buscarla otra vez, algo dentro de él deseaba verla nuevamente.

End Notes:

¡¡Ayyyy!! ¡Cómo me gusta escribir esto! Y ver que hay respuesta, y favorable encima, me hace inmensamente feliz; así que muchísimas gracias por sus comentarios, me dan aliento para seguir escribiendo.

¡Besos!

End Notes:

¡¡Ayyyy!! ¡Cómo me gusta escribir esto! Y ver que hay respuesta, y favorable encima, me hace inmensamente feliz; así que muchísimas gracias por sus comentarios, me dan aliento para seguir escribiendo.

¡Besos!

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Solos

 

Sesshomaru volvió el rostro, mirando el camino que había hecho. Había tenido la sensación de que una energía muy grande se había desplegado no muy lejos de allí. Entornó la mirada, intentando concentrarse en ese poder. Lin cruzó por sus pensamientos, y luego Satsujin e Hitsuna. Un mal presentimiento se apoderó de él. Ahogó un improperio y controló su ira; era más que evidente que Lin hubiera desobedecido, era más que probable que hubiese continuado con ese viaje suicida. Si esos dos la encontraban, la asesinarían.

—Jaken —habló—, quiero que continúes hacia el norte.

—¿Y usted qué hará, amo Sesshomaru?

No respondió, simplemente se marchó de allí. Se movió con gran agilidad, de repente inquieto por el bienestar de Lin; sentía una opresión en el pecho que no podía explicarse. Tenía la necesidad de saber si se encontraba a salvo.

 

Galopó por largo rato, el pelaje de su caballo estaba completamente mojado por el sudor y fue su cansancio lo que determinó la interrupción de la carrera. Lin lo dejó descansar. El campo de la espada había desaparecido pero se encontraban muy lejos de aquel sitio donde había tenido el infortunio de toparse con aquellos seres.

Esa tal Hitsuna era sin lugar a dudas una asesina que gozaba de su trabajo. Sin embargo, tuvo la impresión de que su hermano no había querido lastimarla en ningún momento. Tal vez su táctica era hacerla confiar en él para arrebatarle a Benzaiten; aunque con el descubrimiento de que ellos no podían sujetarla sin ser heridos, era probable que desistieran de ello. Ahora seguramente querrían matarla por haber representado un contratiempo.

Qué más daba. Morir antes o después. Tarde o temprano llegaría su día, de una forma u otra. Después de todo, no volvería a ver a sus amigos. Eso era lo único que lamentaba.

 

Permaneció más alejado que la última vez, no quería que aquel sable advirtiera su presencia. Desde aquella distancia podía sentir su fragancia. Se dijo que la observaría unos momentos, tan sólo unos pocos. No podía perder el tiempo con ella, tenía daiyokais que asesinar.

 

Se sentó en el suelo, agotada de repente. Dos meses sin nada interesante para destacar y en unas pocas horas había visto más de lo que podía manejar. ¿Por qué había tenido que ver a Sesshomaru si terminaría por alejarse definitivamente de él? El dolor de aquella revelación era atroz. Porque lo amaba, tanto que no le cabía en el pecho. ¿Qué pensaría él de ella?

Le ganó la angustia y le ganaron las lágrimas. Otra vez.

 

Lin no dejaba de sorprenderlo. Aquella mujer le hacía sentir cosas que antes no había sentido; como impotencia, en ese caso, por verla llorar. Desconocía el motivo y le encolerizaba contemplar el hecho de que no había nada que pudiera hacer. No debería estar con ella, si esos daiyokais descubrían que la conocía, la utilizarían en su contra y verla en peligro era algo que no estaba dispuesto a tolerar.

Detestaba verla llorar. Por qué tenían que pasar esas cosas. ¿Dónde estaba su frialdad, su mente calculadora y despiadada? ¿Por qué no era capáz de apreciar aquella escena y sentir nada? ¿Qué rayos eran esos sentimientos?

Cerró el puño con fuerza.

 

De sus labios escapó su nombre. Un débil y lastimoso:

—Sesshomaru —y entre sollozos, dejaba escapar su tristeza—, maldito seas.

 

—Lin. —susurró, vencido por su llanto.

Odiaba con todo su ser no saber qué demonios ocurría con él. El gran Sesshomaru no era así; era objetivo, era táctico, juicioso, inteligente y estratega. Él siempre sabía qué hacer y cómo, cuándo y dónde. Pero las respuestas y las posibilidades en aquella situación se habían condensado a una única cosa, algo que él consideraba insignificante y prejuicioso, algo gigante que iba más allá de su comprensión, como bien se había percatado. Esa cosa, ese sentimiento de humanos, era lo que lo estaba convirtiendo en un ser piadoso y complaciente.

Era amor.

Sólo que él, el gran Sesshomaru, no lo sabía todavía.

 

En ese instante, ambos sumidos en sus propios pensamientos, apareció uno de los asesinos. Ella, la que había sido herida gravemente en su orgullo, la que buscaba venganza, la que quería la muerte de esa humana en sus manos.

—¡¿Cómo no te maté cuando tuve la oportunidad?! —exclamó Hitsuna, tomando a Lin por entera sorpresa.

Incluso Sesshomaru fue tomado con la guardia baja, porque abstraído en la contemplación de Lin, no la había sentido acercarse.

Todo fue tan rápido. Ella, la homicida, se aproximó con sorprendente velocidad a Lin, tomándola por el cuello y alzándola con salvajismo. Reía en su cara, disfrutando de su momento de gloria. Lin sentía que se le escapaba la vida, ya no podía respirar. Y antes de perder el conocimiento, su mente le jugó una mala pasada, porque creyó ver a Sesshomaru aparecer por detrás de Hitsuna. Luego, todo se volvió negro.

Sesshomaru clavó su mano en el torso de Hitsuna, exparciendo todo el veneno que fue capáz. Ella soltó a Lin inmediatamente, ya se sentía débil y no tuvo la fuerza para defenderse, fue entonces cuando el autor terminó su labor con el poder de Bakusaiga. Sólo después de ese episodio tan fugaz, Sesshomaru advirtió que la espada de Lin había estado vibrando y destellando; pero cuando mató finalmente a Hitsuna, el sable cesó sus acciones.

Observó el cuerpo inerte de Hitsuna, aquella daiyokai que lo hizo temblar de miedo al pensar que acabaría definitivamente con la vida de Lin. La miró con infinito desprecio y se alejó, para aproximarse a Lin, que yacía inconciente sobre la hierba. Se arrodilló junto a ella y la cargó en sus brazos; prestó suma atención a sus facciones, hacía muchísimo tiempo que no estaba así de cerca de ella. Era sencillamente hermosa. Comenzó a caminar, seguido por el caballo. Tenía que buscar un sitio seguro.

 

—¡¿Qué has dicho?! —bramó su voz, resonando en un tenebroso eco que atravesó la caverna en cuestión de segundos.

—Sesshomaru acabó con su vida, padre.

—¿Estás seguro que fue él?

—Sí.

—Tu trabajo será vengar la muerte de tu hermana, Satsujin. También quiero que me traigas a esa humana; si Sesshomaru la defendió es porque significa algo para él. Ella será la herramienta que utilizaremos encontra de ese maldito.

—Sí, padre.

 

¿Qué era lo que se suponía debía hacer? Tenerla consigo sólo complicaría la situación; ya era seguro que esos daiyokais supieran que había asesinado a Hitsuna protegiendo a una humana. Pero desafortunadamente ella no era cualquier humana, era la única por la que él se preocupaba. Si asesinarlos a todo significaba la salvación de Lin, estaba dispuesto a hacerlo. No vacilaría.

Aún permanecía dormida y él la observaba desde la distancia. Estaba confundido respecto a lo que le sucedía cuando la tenía cerca; qué era lo que le pasaba, era tan raro. ¿Qué le diría cuando despertara? ¿Con qué cara le diría que había sido un cobarde al dejarla sola, sabiendo las consecuencias? Porque sus temores habían sido confirmados. Aquellos asesinos estaban tras ella ahora también.

La había involucrado en una batalla cruenta. ¿Cómo había podido hacer eso?

Esperó a que despertara y eso sólo ocurrió unas horas más tarde. Estaban cerca del mediodía y con el sol vigoroso sobre sus cabezas, Lin comenzó a dar las primeras señales de que estaba volviendo en sí. Sesshomaru había visto las marcas rojas y sangrantes en su cuello, era claro que Hitsuna había utilizado sus potentes garras, lo que no comprendió fue por qué no empleó el veneno.

Le dolía la cabeza y las marcas en su cuello eran lacerantes. Tocó con delicadeza la zona afectada pero prefirió no intentarlo nuevamente, aquel daño era mayor del que aparentaba. Se incoroporó lentamente, cerrando los ojos con fuerza debido al dolor de cabeza y trató de recordar que había sido exactamente lo que había ocurrido. Y lo primero que vino a su mente fue aquel espectro, aquella imagen burla de su cabeza: Sesshomaru. No pudo haber sido él, él se había marchado, la había dejado, se habían dicho adiós terminantemente, de una manera extraña, pero había sido definitivo.

Se puso de pie con parsimonia. Su caballo estaba cerca de allí pero el lugar era otro, se sintió desconcertada por el cambio de geografía. Miró en torno suyo, analizando el área y vio, de pie, tan impactante, en silencio y bajo la sombra de un árbol a Sesshomaru. La miraba en silencio, inalterable, con unos ojos afilados llenos de nada, sólo duda y preocupación.

—Creí haberte dicho que regresaras a la aldea. —dijo con un tono de voz que le provocó un escalofrío.

—Desafortunadamente ya no obedezco tus órdenes. —tenía ganas de correr a sus brazos y sentirlo cerca suyo, pero controló cada impulso.

Sesshomaru se enfadó y no se molestó en ocultarlo. Cada músculo de su cuerpo se posicionó para acercarse y así lo hizo. Caminó lenta y peligrosamente hacia ella, tenía el ceño fruncido y los puños cerrados. No podía creer en lo que se había convertido Lin; los años no habían sido tan amables como pensó.

—Por tus caprichos pudiste haber muerto hoy. —habló con la voz afilada, estaba enfurecido.

—¿Quiénes eran ellos? —preguntó, ignorando su comentario— Eran como… tú.

            Sesshomaru guardó silencio, entre menos supiera, mejor. Pero hasta qué punto sería capáz de dejarla en la ignorancia, ella era astuta y buscaría la manera de averiguar todo lo que quisiera. También sabía que aquel no sería el último encuentro que tuvieran con el enemigo; ese tal Satsujin la había dejado con vida, no había intentando nada en contra de ella. Eso le hizo sospechar.

            —Regresa a la aldea, Lin. —ordenó.

            —Basta de huír, deja de evadir la explicación que me debes y no olvides que no he sido yo quien comentió los errores. No merezco que me trates así.

            —Ser valiente no lo es todo —comenzó— y ser habladora no te mantendrá a salvo. Estoy seguro de que provocaste a esa mujer y mira a dónde te llevó. Creí que morirías.

            —¿Te preocupaste por mí? —preguntó en una voz apenas audible.

            Él la miró otra vez con aquellos ojos ámbar que tanto la hacían desvariar. En su contemplación, se percató de que nada ocurría en su cerebro, que cuando estaba cerca de ella, que cuando sentía su aroma, su mente se calmaba y la tempestad se convertía en paz. Podía sentir los latidos de su corazón regresar a la normalidad, y de a poco liberaba la presión de los puños. Relajó los hombros y suspiró.

            —¿En qué estabas pensando? —preguntó, con una modulación más sosegada.

            —En ti. —automáticamente se reprochó por haberse dejado hechizar por sus encantos. Se ruborizó sobremanera y agachó la mirada, avergonzada.

            Sesshomaru permanecía en estado de sosiego y fue por ello que no apreció de primera mano la declaración tan espotánea de Lin. Pero a los pocos segundos su corazón envió el mensaje al cerebro y sintió un ligero estremecimiento por toda su espalda. Había estado pensando en él; el significado de aquellas palabras escaban su comprensión, nuevamente. Él también pensaba en ella, más de lo que acostumbraba, pero eso qué quería decir. Tampoco lo sabía.

            Lo que hizo a continuación no fue por una desición que haya tomado él mismo, sino algo más, una voz en su cabeza que le decía exactamente cómo proceder. Fue por eso que con una mano sujetó el rostro delicado de Lin y lo elevó, para observar los detalles de sus facciones con más cuidado, y cuando finalizó aquella apresiación, acercó sus labios a los de ella y el resto no supo por qué se dio.

            Sintió el sabor dulce de su boca y fue como una exploción dentro de su pecho que no había experimentado nunca. Ella correspondía con ternura, parándose sobre la punta de sus pies para sentirlo con más afán. Él se descubrió sujetándola con más firmeza, sintiendo su fragancia tan característica, dejándose embelesar por las caricias de su cabello, que se movía sereno con la brisa suave del mediodía.

            La besaba porque tenía la necesidad, porque su mente y su corazón la pedían a gritos. No quería que aquella experiencia acabase jamás, que los recibieran la luna y las estrellas, y luego el sol, y que por siempre así fuera. Ellos dos besándose, sin nada que preocuparse, sin temores, sin separaciones.

            Aquello tenía que ser amor. Nada había más grande que ese sentimiento que hubiera impulsado a Lin a abandonar la seguridad y la regularidad de la aldea. Sólo el amor podría ser capáz de reunirlos, después de tanto tiempo, después de tanto dolor, y que ambos tuvieran la necesidad de no alejarse el uno del otro nunca más.

            —Ya no quiero perderte de vista. —le dijo, una vez que se separaron.

            Ella sonrió, y vio de nuevo la ternura y el afecto desinteresado en su rostro. Lin volvía a ser la de antes, al menos frente a sus ojos.

            En ese momento, sumido en la más perfecta atmósfera, sintió una presencia oculta tras los arboles y arbustos. Se posicionó delante de Lin y permaneció en silencio.

            —No voy a hacerles nada. —dijo la voz de una mujer.

            —Entonces deja de ocultarte. —espetó con dureza.

            De entre las sombras salió otra daiyokai, vestía ropas oscuras y ocultaba su cabello en una amplia capucha negra; estaba desarmada y parecía como si se estuviese ocultando de alguien.

            —Vengo a advertirles. —habló.

            —¿Soy yo o estás traicionando a tu familia?

            —No comparto los ideales de mi familia.

            —¿Entonces? ¿Qué haces aquí?

            —Ya saben que asesinaste a Hitsuna —comenzó sin vacilaciones—. También que proteges a esta humana y la utilizarán para arrebatarte tu espada.

            Sesshomaru no dijo nada porque no confiaba en ella, aunque no creía que aquellas palabras estuviera muy alejadas de la realidad.

            —Es sólo cuestión de tiempo antes de que los encuentren y los maten.

            La daiyokai dio por finalizado su comunicado y se fue.

 

End Notes:

Antes que nada tengo que decir que estoy sumamente avergonzada porque cometí un garrafal error. Una persona me hizo verlo y debo confesar que casi me da un infarto cuando efectivamente comprobé que había metido la pata, y la pierna... y la otra pata, y la otra pierna.

En un momento yo hago dos menciones sobre Tokijin. La primera, fue un error de tipeo porque quise decir Bakusaiga en realidad, pero la segunda... Deja muy en claro que efectivamente hablo de Tokijin. El problema es que Tokijin se quebró, como bien deben saber, pero yo no me acordaba de ese detalle.

No sé cómo arreglarlo ya, ya lo leyeron, ya lo saben. No puedo hacer nada, simplemente les pido que me disculpen y que ignoren que alguna vez hice mención de esa espada.

Por otro lado, quiero dar las gracias por sus comentarios. Me hacen muy feliz, de verdad, y cualquier cosa que no les guste: háganmelo saber y lo cambio. Si quieren que agregue algo o que me enfoque más en determinada situación: también siéntanse con la libertad de decirmelo.

¡Muchas gracias, otra vez! ¡Saludos!

End Notes:

Antes que nada tengo que decir que estoy sumamente avergonzada porque cometí un garrafal error. Una persona me hizo verlo y debo confesar que casi me da un infarto cuando efectivamente comprobé que había metido la pata, y la pierna... y la otra pata, y la otra pierna.

En un momento yo hago dos menciones sobre Tokijin. La primera, fue un error de tipeo porque quise decir Bakusaiga en realidad, pero la segunda... Deja muy en claro que efectivamente hablo de Tokijin. El problema es que Tokijin se quebró, como bien deben saber, pero yo no me acordaba de ese detalle.

No sé cómo arreglarlo ya, ya lo leyeron, ya lo saben. No puedo hacer nada, simplemente les pido que me disculpen y que ignoren que alguna vez hice mención de esa espada.

Por otro lado, quiero dar las gracias por sus comentarios. Me hacen muy feliz, de verdad, y cualquier cosa que no les guste: háganmelo saber y lo cambio. Si quieren que agregue algo o que me enfoque más en determinada situación: también siéntanse con la libertad de decirmelo.

¡Muchas gracias, otra vez! ¡Saludos!

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Detrás del odio

 

Hacía muchos siglos, tiempo antes de que InuYasha naciera, Inu No Taisho supo compartir sus vastos dominios con Raibaru, un yokai que se jactaba de ser tan podeoroso como el mismísimo General Perro. En un principio, su convivencia había sido pacífica hasta que las rivalidades se manifestaron entre ellos. Raibaru había querido arrebatarle el territorio a Inu No Taisho y éste, creyendo que un enfrentamiento en el campo de batalla podía ser evitado, lo desterró junto con su familia.

Raibaru sembró su odio por Inu No Taisho en su desendencia, jurando que su enemistad trascendería a través de las generaciones posteriores. Sin embargo, al morir el General Perro y habiendo Raibaru perdido su oportunidad de vengenza, traspasó su odio a Sesshomaru, siendo éste aún muy joven para tomar aquella responsabilidad. Tiempo después, cuando les llegara el rumor de que el gran yokai Sesshomaru habría de adquirir una poderosa arma, superando a su padre en fuerza, Raibaru tomaría aquello como una oportunidad. Hasta que escuchara que él, quien no tenía nada que ver con aquellos problemas arcaicos, había sido el autor de la muerte de su hija.

Desde entonces habían intentado darle caza, sin éxito. Sesshomaru siempre supo de su existencia, mas no había conocido a Satsujin y a Hitsuna hasta hacía seis años, cuando ambos quisieron enfrentarlo. Tsuki, la menor de Raibaru, había conseguido de cierta forma frustrar los intentos de su familia de matar a Sesshomaru y robarle a Bakusaiga; el motivo, ignorado totalmente por Sesshomaru, era un sentimiento, un amor que la había acompañado siempre, desde aquella primera vez que lo vio, en la época de la paz entre sus padres.

Pero Sesshomaru no sabía la historia detrás de su persecución, tampoco conocía a Tsuki, aquella mensajera que lo había estado protegiendo por años; desconocía a sus hermanos, Satsujin e Hitsuna. Él sólo veía que querían robarle su espada y que anhelaban su muerte, y con eso, para él era más que suficiente. No creía necesario exigir una explicación, porque aquellos seres, de su misma raza, le hacían pensar que eran inferiores por sus ridíuculas aspiraciones. Se sumaba, a esto eso, su odio y deseo de acabar con la vida de Lin y aquello era definitivamente algo que Sesshomaru no toleraría.

 

—¿La conocías? —preguntó Lin, incapáz de camuflar su curiosidad.

—No.

—Porque ella parecía conocerte a ti.

El comentario captó ligeramente la atención de Sesshomaru.

—Lo dudo mucho.

—Tal vez sea que reconozco a una mujer enamorada cuando la veo.

Sesshomaru la miró sorprendido.

—Me parece improbable. —señaló.

—¿Mi poder de percepción o que esa mujer esté enamorada de ti?

Nuevamente, una pregunta que lo desconcertaba.

—Creo en el “sexto sentido” femenino, por lo tanto, admito que tal vez tengas razón. En cuanto a esa mujer, difícilmente creo que ame a alguien que no conozca.

—¿Y cómo sabes que no te conoce?

            —Porque yo no la conozco a ella.

—Argumento insuficiente. —sonrió, triunfante.

—Acabas de escuchar que quieren matarte —dijo—. Sin embargo, te ves feliz.

Lin sonrió más ampliamente. Ella estaba sentada sobre una roca y él la observaba de pie, desde aquella altura y con el sol sobre el rostro que lo hacía ver admirablemente magnífico. No importaba cuánto intentara ocultar sus sentimientos, no sería capáz de luchar contra aquel ímpetu que hacía latir su corazón a una velocidad suprahumana. Él, empero, se veía inalterable, parecía un espectro hermoso, de ojos fijos y facciones impávidas.

—¿Acaso tú no eres feliz?

Sabía que la respuesta a esa pregunta era intrincada; vio un ligero cambio en su expresión.

—Cuanto estoy contigo me siento diferente. ¿Te refieres a eso?

Esa era la forma de Sesshomaru de decir que sí, que era tan feliz como ella.

—Quien se alegrará de verte será Jaken. —habló él nuevamente.

—Entonces vayamos con él.

 

—¡Lin! —exclamó con toda su fuerza, corriendo hacia ella y saltando a su cuello para abrazarla— ¡Haz crecido tanto!

—Jaken, ¿estás llorando? —preguntó Sesshomaru.

—Han pasado tantos años, amo bonito, yo disfrutaba cuidar de ella.

—¿En serio, señor Jaken? —sonrió Lin— Siempre pensé que me cuidaba porque él se lo ordenaba.

Lo señaló con un desdén fingido, dibujando una sonrisa pícara. Jaken analizó aquella escena peculiar. La miró a ella con atención y luego a su amo.

—Amo bonito, ¿acaso usted…?

—Vamos. —interrumpió él, comenzando a caminar.

 

Se preguntó infinidad de veces si sería capáz de matarla cuando la tuviera frente a sus ojos. Antes habría sido una tarea sencilla, porque antes lo hacía por un sencillo disfrute, antes cazar humanos contribuía a su diversión. No obstante, aquella mujer había despertado un particular interés en él; le había bastado una señera mirada para cautivarlo de manera profunda. Sus ojos lo habían deslumbrado, su valentía le hicieron sentir respecto hacia ella.

El ocaso se le antojó propicio. Necesitaba de su soledad y de sus reflexiones. ¿Cómo

El otro Yōkai by Naomie Az

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