El laberinto del Vampiro by Carmi

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 El laberinto del Vampiro by Carmi
Summary:

Todo parecía ser aparentemente normal, ese día solo íbamos a visitar un laberinto que tenía unas bellas estructuras en su interior, siendo llevados por un guía experimentado… pero todo cambio cuando aquel grito resonó por los pasillos del túnel…

Fue el descuido de mi madre lo que me condeno… si mi madre no hubiera corrido ni me hubiera soltado la mano… quizás esto jamás hubiera pasado.

Susan es una joven de 17 años que termina perdiéndose en un laberinto, sin darse cuenta que realmente no estaba sola… aunque aquel extraño ser que siempre la vigilaba desde que entró al laberinto, jamás podrá ser visto, pues Susan desde hace 2 años…

Era ciega

 

Ahora ella con su enorme desventaja, tendrá que buscar la manera de salir de aquel laberinto tan peculiar que es como una trampa mortal custodiado por un ser bastante especial… un vampiro.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Lemon

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 7 Completed: No Word count: 17035 Read: 1963 Published: 20/08/2010 Updated: 15/09/2010
Summary:

Todo parecía ser aparentemente normal, ese día solo íbamos a visitar un laberinto que tenía unas bellas estructuras en su interior, siendo llevados por un guía experimentado… pero todo cambio cuando aquel grito resonó por los pasillos del túnel…

Fue el descuido de mi madre lo que me condeno… si mi madre no hubiera corrido ni me hubiera soltado la mano… quizás esto jamás hubiera pasado.

Susan es una joven de 17 años que termina perdiéndose en un laberinto, sin darse cuenta que realmente no estaba sola… aunque aquel extraño ser que siempre la vigilaba desde que entró al laberinto, jamás podrá ser visto, pues Susan desde hace 2 años…

Era ciega

 

Ahora ella con su enorme desventaja, tendrá que buscar la manera de salir de aquel laberinto tan peculiar que es como una trampa mortal custodiado por un ser bastante especial… un vampiro.



Categories: ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Lemon

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 7 Completed: No Word count: 17035 Read: 1963 Published: 20/08/2010 Updated: 15/09/2010
Story Notes:

Bueno, este fic lo tuve en un sueño, espero les guste y dejen review

Story Notes:

Bueno, este fic lo tuve en un sueño, espero les guste y dejen review

Laberinto "oscuridad infinita" by Carmi
Author's Notes:

No olviden dejar review

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No olviden dejar review

- Vamos Claudia, Susan, apresúrense que vamos a llegar tarde - Dijo aquella señora de 40 años que estaba apretando el claxon varias veces, siempre viendo a través de la ventana del auto, deseando que sus dos hijas hicieran su aparición.

- Ya vamos mamá… - Gritó Claudia desde la puerta, a la vez que jalaba suavemente a su hermana mayor de la mano.

- ¿No se nos olvida nada? Clau - Preguntó dulcemente Susan, siendo guiada por su pequeña hermana.

- No lo creo, además, solo nos iremos una semana, estoy emocionada, desde hace mucho que quería ver aquel laberinto tan famoso, escuche que es igual de grande que una ciudad… -

Una leve sonrisa se formo en los labios de Susan.

- Seguro es un lugar hermoso… ojala pudieras verlo - Lo último lo susurró con cierta lastima, llegando finalmente hasta el auto. Abrió la puerta y su hermana fue la que subió.

- ¿Traes los lentes oscuros? Susan - Preguntó la madre a la vez que comenzaba a revisar sus discos para ver que pondría de música durante el camino.

- Si madre, siempre los traigo - Respondió con algo de molestia, frunciendo ligeramente el ceño. Tomó los lentes y se los puso, haciendo que sus ojos fueran ocultados nuevamente por la oscuridad, la misma que estaba presente desde hacia años.

- Si no se les olvida nada, vámonos, que los pases para ir a ese laberinto son para hoy mismo -

Las dos hermanas asintieron desde la parte trasera del auto.

- Estoy tan emocionada, ya quiero que lleguemos hermana - Dijo Claudia con aquel tono tan divertido como siempre. Susan solo sonrió y aproximó su mano a donde suponía se encontraba la cabeza de Claudia, la acarició suavemente y luego suspiró.

- Si practicas la paciencia ahora que tienes 9 años, seguramente cuando seas mayor serás bastante paciente -

Claudia bufo al escucharla, odiaba que le dijeran que tuviera paciencia, pero en ese instante nada tenía que hacer. La pequeña Claudia se asomo a través de la ventana, para poder llegar hacia la ciudad donde se encontraba aquel laberinto, primero debían pasar por diferentes granjas y Claudia como siempre le emocionaba ver a las vacas, chivas o caballos que estuvieran afuera.

-Susy, Susy, mira esa vaquita, esta pequeñita - Gritó Claudia casi brincando en el asiento, lamentablemente, a su corta edad, solía olvidar que su hermana era ciega.

- Suelen llamarse becerros hermanita - Dijo con una sonrisa, mostrando de esa manera que realmente no le molestaba que su hermana actuara así, era solo una niña y quizás no comprendía a esa edad el porque había terminado sin vista.

- Tardaremos tres horas en llegar, así que pónganse cómodas niñas -

Ambas hermanas asintieron con la cabeza al escuchar a su madre, Claudia seguía admirando las vacas, el paisaje, los demás animales, gusto que su hermana ya no podía darse desde hacia un tiempo atrás.

Susan, durante los primeros 20 minutos, solo escuchaba a su hermana menor contándole todo lo que había por donde pasaba y en su mente se imaginaba todo aquello, aunque después se fue aburriendo de escuchar el panorama, así como años atrás que se aburría de ver el paisaje, fue por ello que saco sus audífonos y se puso a escuchar música de todo tipo.

Apoyo su espalda por completo en el respaldo del asiento y se puso a tararear la canción que pasaba en ese momento, moviendo a veces el pie al ritmo de la música, imaginando todo lo que quería en medio de la densa oscuridad que había en sus ojos.

Cuando una era ciega, le era todavía más difícil percatarse cuando fue que realmente una terminaba dormido, simplemente para ella la música se fue haciendo lejana y había terminado en aquel oscuro y profundo sueño. Las primeras semanas que duro sin vista, tenía sueños normales, aún podía recordar con claridad varias cosas que sus ojos llegaron a ver…

Lamentablemente, después de dos años, los recuerdos se tornan borrosos y poco recordables, provocando que sus sueños se trataran siempre de lo que veía…

Oscuridad…

Irónicamente, el lugar a donde iban se llamaba en cierto modo así “el laberinto oscuridad infinita” aunque los guías llevan siempre varias linternas para poder alumbrar el camino del interior del laberinto, y de esa manera poder admirar la belleza del lugar.

Esa era la razón por la cual Claudia y su madre estaban tan emocionadas en llegar, siempre quisieron ver un laberinto hecho de manera natural, pues las rocas de manera desconocida se movieron y formaron aquel enorme laberinto que parecía en parte una cueva.

Sintió una pequeña mano sacudirla suavemente por los hombros y fue por ello que izo una mueca y lentamente abrió los parpados, aunque como siempre, todo estaba oscuro…

Suspiró pesadamente y se enderezo un poco en su asiento a la vez que se retiraba los audífonos de los oídos.

- Llegamos Susy, ya llegamos, anda, vamos rápido - Decía emocionada Claudia a la vez que bajaba corriendo del auto. Susan suspiró pesadamente y estiro un poco la mano para localizar la puerta, al lograrlo, salió del auto y sintió los rayos del sol dar directo en su cuerpo, provocándole una calidez agradable.

- vámonos niñas - Su madre tomó la mano de Susan y comenzaron a caminar dirección a la cueva que estaba ya a unos cuantos metros delante de ella.

- ¿Cómo es? Clau - Susurró Susy a su pequeña hermana, si no iba a poder ver aquel extraño laberinto, quería por lo menos imaginárselo.

- Es… es precioso hermana, por fuera tiene un letrerote que dice “bienvenidos al laberinto de la oscuridad infinita” y hay mucha gente afuera, y… -



Dejo de escuchar a su hermana, sus oídos comenzaron a concentrarse mejor a su alrededor, podía escuchar a las personas hablar entre ellas, a un perro ladrando y a unos guías turísticos dando las indicaciones de lo que deben y no deben hacer durante el recorrido.

- Por favor, lleven agua porque el camino es muy largo

- Siempre deben llevar la linterna prendida

- Por nada del mundo pasen por los pasadizos que tienen una cinta de protección, si llegan a entrar por allí estarán condenados a una trampa mortal, pues son los pasadizos sin salida del laberinto.

- Siempre obedezcan las ordenes de los guías -

Ya no pudo escuchar más, pues su madre la jalo del brazo dirección hacia adelante.

- ¿A dónde vamos? - Preguntó, notando que las instrucciones de los guías se iban oyendo cada vez más y más lejanos.

- Ya se están repartiendo los grupos, vamos a ser los últimos porque llegamos tarde, pero por lo menos entraremos -

- ¿Qué haremos mientras tanto? -

- Esperar -

Susan sonrió al escuchar un berrinche de parte de su hermanita que ya no quería seguir esperando, pero por el momento no le quedaba ninguna otra opción.

Su madre la dejo en una banca, le ordeno que no se moviera del lugar y se marcho junto con la pequeña Susan, pues se fueron a comprar agua para el camino.

Suspiró pesadamente y alzó el rostro, sintiendo los rayos del sol dando de lleno en su cara. Escuchaba a las personas ir y venir de un lado a otro y finalmente sintió a alguien sentarse a su lado.

- ¿Clau? - Preguntó suavemente.

- No - Respondió secamente el hombre. Susan iba a disculparse, pero no dijo nada, solo agacho la mirada y frunció el ceño, sintió una incomodidad en sus ojos. Se quitó los lentes teniendo los ojos cerrados, se los talló y de nuevo se puso los lentes.

- No vas a necesitar esos lentes negros allá adentro, todo esta oscuro -

Susan abrió los labios para decirle que era ciega, pero recapacito, no deseaba que otros sintieran lastima por ser ciega.

- Pero hace mucho sol ¿No? -

- Si… es muy molesto… - Y apenas el hombre terminó de hablar se puso de pie y se retiro. Susan solo bufó molesta y volvió a apoyar su espalda contra el respaldo de la banca, suspirando profundamente.

- ¡Susy! ¡Susy! ¿Quién era ese muchacho? -

- No lo se, Claudi… ¿Cómo era? -

Claudia se sentó a lado de su hermana y dirigió su mirada hacia el chico que se había sentado a lado de su hermana minutos antes. Sonrió para si misma y comenzó a mover los pies de un lado al otro, al no alcanzar por completo el suelo.

- Tiene el cabello negro, lacio, la piel blanquita, los ojos negros y esta todo bonito ¿Te invitó a salir? -

Susan sonrió y negó con la cabeza, intentando imaginarse a aquel chico, pero simplemente no logró imaginarlo, hacia tanto tiempo que no veía a un hombre… y la última vez que vio uno fue hacia tanto tiempo…

Desde aquel día que perdió la vista…

Bufó al darse cuenta de que aquel amargo recuerdo quería volver a su mente, negó para si misma y luego dirigió su rostro a donde suponía estaba su hermana.

- ¿Ya nos vamos? -

- Ya casi, ya compramos agua, toma, te compré una agua de limón, se como te gusta -

Susan sonrió agradecida y extendió su brazo hacia su hermana, recibiendo poro después el envase de agua. Suspiró al sentir la frescura de la botella y luego volvió la mirada enfrente, debía esperar a que fuera su turno de entrar al laberinto.

Mientras esperaba, comenzó a tararear levemente una canción pegajosa, cuando de pronto las pequeñas manos de su hermana se posaron sobre las suyas.

- ¿Sucede algo? -

- Mira lo que leí… - Hubo un leve silencio entre las dos, y Claudia decidió continuar. - Dice que el laberinto esta compuesto por tres “fases”, son 10 kilómetros de recorrido y se calculan mucho más respecto al área total del laberinto, dicen que hay muchos caminos que aún no recorren y que en realidad aun no descubren la verdadera salida y eso que descubrieron el laberinto hace más de 60 años, por eso el recorrido es de ida y venida por el mismo tramo -

Susan sonrió al escuchar a su hermana, luego suspiró pesadamente y volvió a dirigir su mirada al cielo, sintió una fresca brisa y un ligero aroma a humedad, al parecer dentro de poco iba a llover, aun cuando el cielo estuviese completamente despejado.

- Por favor, los del grupo G ya fórmense, saldremos en 15 minutos -

Susan estaba a punto de preguntarle a su hermana si ese era su grupo, pero sintió la mano de su madre levantarla y llevarla dirección a la entrada de la cueva, yendo su hermana menor al otro lado de la madre.

- ¿Estamos listos? - Preguntó el guía, viendo como a algunas personas del grupo se le entregaban algunas linternas.

- ¡Si! - Gritaron en coro todos, estando realmente emocionados y algunos asustados al ver lo oscuro de la entrada.

- De acuerdo, no se vayan a separar, vámonos - Y al terminar de hablar, todos en fila comenzaron a meterse al laberinto. Aunque Susan al parecer fue la única que al entrar se sintió observada…

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Author's Notes:

Actualizo miercoles y/o Sabados.

En mi blog podrán ver unas imagenes de como es el laberinto en la primera fase https://carmilover.blogspot.com

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Actualizo miercoles y/o Sabados.

En mi blog podrán ver unas imagenes de como es el laberinto en la primera fase https://carmilover.blogspot.com

-Como sabrán, este laberinto fue descubierto en 1950 por el descubridor Rafael Dasiel, si alumbran a mi derecha con su linterna, podrán notar que las paredes parecerán brillar por si mismas, ahora a su izquierda notaran un pasadizo, todos los pasadizos que aún no han sido explorados tienen una cinta de precaución para que no pasen, ahora más adelante… -

Y el guía continuo dando su recorrido. Susan mantenía la leve sonrisa en sus labios, ya la sensación de sentirse observada había desaparecido o quizás se había acostumbrado y ya no le molestaba, como sea, ahora solo disfrutaba de la frescura que se sentía en aquel oscuro y desolado lugar.

Su mano repasaba la pared, sintiendo la textura tranquilamente, al parecer estaba mojada y era por eso que brillaba, a veces aspiraba profundamente solo para averiguar los olores, el único aroma que percibía era el de un perfume masculino, pero curiosamente era un olor sumamente agradable pero muy difícil de percibir.

Escuchaba de a ratos al guía y luego escuchaba otras cosas, tanto los murmullos de la gente, como los sonidos naturales, que eran las de una especie de gotera y al parecer leves ruiditos, quizás animales pequeños que habitaban allí por su naturaleza.

-No te alejes mucho Susan -Le susurró su madre, y esta solo asintió, sonriendo, estaba feliz por estar allí, porque en cierta parte todos eran como ella

Ciegos…

No podían ver más allá de su nariz sin ayuda de la linterna, pero por segundos podían percibir la misma sensación que ella sintió cuando perdió la vista para siempre.

Dejo de pensar en eso y solo siguió concentrándose en la textura, la piedra curiosamente era blanda y dura a la vez, había zonas ligeramente sensibles, como lodo o algo así, y por un instante sintió escalofríos ¿Qué pasaría si ese lugar se derrumbaba? La duda desapareció al instante de sentir un pedazo de madera. Al parecer habían reforzado el lugar, después de todo, si el laberinto llevaba tantos años entonces quizás se atrasaron por fortalecerla y hacerla un lugar seguro.

-No se ha descubierto la salida, es por eso que después de caminar otra hora, nos regresaremos -Dijo el guía después de unos segundos.

-¡disculpe! -Gritó Claudia, dando pequeños brinquitos -Pero ¿Cómo sabe como regresar? Ya pasamos por muchos caminos -

Todos comenzaron a murmurarse cosas con algo de temor, temiendo que aquel hombrecillo se haya perdido o algo parecido.

-Si alumbran con su linterna al techo, verán que una línea roja se nota, solo debemos seguirla y listo -

Todos suspiraron de alivio y continuaron en paz con su caminata.

Susan solo suspiró pesadamente, a su hermanita siempre le gustaba armar un alboroto haciendo preguntas que preocupaban a otros, o hacía comentarios que hacía que uno se preocupara. Bufó para si misma y solo siguió prestando atención a la textura de las rocas, fue entonces que la piedra de su mano desaparecio.

-Un pasadizo… -Musitó con emoción, se mordió el labio y se vio tentada a entrar… ¿Por qué no hacerlo? Sonrió divertida e intento entrar a ese pasadizo, no se alejaría mucho al final de cuentas… Aunque nada pudo hacer, pues al nivel de su cintura logró sentir una cinta.

Arqueó una ceja y dirigió su mano hacia la cinta que le prohibia la entrada, quizas eran esas cintas de precaución de las que había hablado el hombrecillo. Suspiró pesadamente y retrocedio unos pasos, lo mejor sería seguir las instrucciones del guia.

-Vamos Susy, vamos -Dijo Claudia emocionada a la vez que le tomaba la mano y la jalaba hacia el grupo, soltandola poco después de dejarla a lado de su madre, no paso mucho, cuando de forma repentina tanto Susan como todos los demás escucharon un grito desgarrador.

Todos se detuvieron y miraron a sus lados con temor, comenzando a murmurar cosas, cuando de pronto el grito se desapareció pero izo eco varias veces, causando escalofríos en las personas.

-¿Qué fue eso? -Preguntó una de las señoras que estaban en ese grupo. El guía simplemente no supo que responder, ni siquiera el pretexto de “son los animales de aquí” podría salvarlo, pues eso definitivamente eso no fue un animal.

-No fue nada, quizás alguien del grupo de adelante se asusto y ya, así que continuemos, me quede en que en esta cueva habitan… -

Pero un nuevo gritó que se escucho esta vez más cercas provoco que todos se estremecieran en su lugar.

-Eso… no fue nada… -

Pero ni el mismo guía estaba seguro de eso, estaba a punto de dar instrucciones para volver, pero los del grupo que habían entrado antes que ellos comenzaron a correr dirección a ellos, todos dirigiéndose a la salida, gritando al unísono “vampiro”.

El caos se expandió rápidamente, todos comenzaron a correr a la salida, siempre alumbrando la linea roja del techo. La madre de Susan, rápidamente le tomó la mano y empujo a la pequeña Claudia para que comenzara a correr a la salida, junto a las demás familias que habían entrado en caos por culpa del grito.

-¡Madre, espera! -Gritó Susan que se aferraba con todas sus fuerzas a la mano de su madre, sus piernas le estaba fallando, ya casi tropezaba por culpa de unas piedrecillas y le era sumamente difícil igualar la velocidad de su madre… lamentablemente por culpa de todos los gritos de las personas aterradas impidieron que su madre le escuchara.

Fue un charco lo que le izo caer de frente y soltarse al mismo tiempo de la mano ajena. Su madre se detuvo y la busco con la mirada, pero las demás familias la empujaban, haciendo que terminara por correr junto con los demás, abandonando a su hija en ese lugar, teniendo la tonta creencia de que su hija ya estaba corriendo a la salida.

-¡mamá! -Volvió a gritar, pero esta vez su grito izo eco, de forma veloz todos se habían marchados. Se estremeció y tragó grueso ¿Qué estaba pasando? Intentó ponerse de pie y fue entonces que se dio cuenta que se había encajado una piedra filosa en la pierna.

Bufó molesta y tomó asiento en el suelo, acariciándose la pierna entera para calcular lo gravedad de la herida, podría caminar pero… le dolería y bastante. Se mordió el labio y respiró profundamente, ya no se oía absolutamente nada, con esa velocidad todos se habían ido… olvidandola… ¿Ahora como saldría de ese lugar? Ya ni siquiera recordaba cual era el lado de la salida. Se puso de pie con mucha dificultad, poso su mano en una de las paredes e intento apoyar la pierna, le dolía demasiado…

Se acarició la frente y se dio cuenta que se había golpeado la cabeza, pero al parecer no sentía mucho dolor allí, puesto que le dolía muchísimo más la pierna.

-¿Hola? -Dijo en un tono elevado, pero lo único que se regreso a ella fue el eco. Se mordió el labio y comenzó a caminar a donde creía era la salida, yendo demasiado lento por culpa del dolor de su pierna. volvió a repetir el saludo pero la única respuesta fue la de su eco ¿Qué estaba pasando?

De repente dejo de sentir la pared, al parecer había un pasadizo, bajo un poco la mano, y al no encontrar ninguna cinta de precaución, decidió entrar, esa sería una buena forma de encontrar la salida… o al menos eso esperaba.

-Tranquila Susy… no pasa nada, todo esta bien… no hay nada aquí -Se decía a si misma, no le tenía miedo a la oscuridad, estaba acostumbrada a ese color con el cual tubo que aprender a vivir desde hacia dos años, pero lo que temía era encontrarse con aquel ser que provoco aquellos gritos de terror… Aun podía recordar lo que algunos gritaban…

Vampiro…

Pero era imposible, esos seres ni siquiera existían… ¿O si? Mejor no pensar en ello, pues terminaría más nerviosa que antes. Suspiró profundamente intentando relajarse, y solo siguió caminando, pero el dolor en su pierna se izo todavía mayor. Solo quería pensar que se trataba de una mala broma de alguien… si, seguramente era eso.

-¿Alguien? -Preguntó y nuevamente el eco se regreso, sin darse cuenta las lagrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, estaba asustada, tenía demasiado miedo ¿Ahora que iba a hacer? Estaba perdida en aquel laberinto ¿Cómo la iban a encontrar?

Se volvió a sentar en el suelo y comenzó a sobarse la pierna, le dolía demasiado. Se mordió el labio inferior y su mano finalmente toco la piedrecilla que aún estaba encajado en su pierna. Respiró profundamente y de un movimiento rápido se quito la piedra de la herida.

-¡Ahh! -Gritó a los cuatro vientos al sentir un tremendo dolor en su pierna. Comenzó a sollozar y rápidamente posó su mano sobre la herida, sintiendo como la sangre comenzaba a correr rápidamente.

-Por favor… no, no -Decía varias veces, si seguía sangrando a aquella velocidad, iba a terminar por morir desangrada. Se rasgó una parte de su blusa y se amarró la pierna, ahora por lo menos la sangre no corría tan rápidamente.

Apoyo su espalda contra la pared, sujetándose con fuerza la pierna, ¿Ahora que iba a hacer? Lo único que le quedaba era caminar, pero bajo su condición era imposible.

-¡Ayuda! -Gritó fuertemente, pero de nuevo se regreso el eco, quizás solo debía quedarse quieta, tarde que temprano su madre se daría cuenta de que ella no salió y volvería por ella, o al menos eso esperaba… su madre no podía ser tan irresponsable…

Bufó ante la idea… recordando que cuando tenia siete años, se había perdido en la tienda comercial y la persona que la recogio fue su abuela… su madre ni siquiera se había dado cuenta de que no estaba a su lado. Ante aquel recuerdo solo sintió mas pavor, solo rogaba porque su pequeña hermana si notara su ausencia y ella le avisara a su madre, esa opción era más probable.

Comenzó a tararear una canción en un leve intento por relajarse, sentía que su pierna seguía sangrado y fue entonces que se dio cuenta de que no podía esperar, debía encontrar rápido la salida para que le atendieran esa herida.

Se ajusto todavía más la tira de tela que cubría su pierna y se puso de pie, soltando algunos quejidos de dolor. Comenzó a caminar de nuevo, apoyando ambas manos contra la pared, manteniendo el rostro hacia adelante solo para orientarse, si de por si el lugar era oscuro, siendo ella ciega vería mucho menos o mejor dicho… no veía nada.

-¡Alguien! ¡Estoy aquí! -Gritó con fuerza, y una vez más, su eco fue lo único que regreso, ahora que lo pensaba… era sorprendente ver que en apenas segundos ya habían desalojado el lugar ¡pero claro! Ellos tenían una forma para irse… la línea del techo.

Se mordió el labio, la única forma de poder irse de allí era siguiendo la línea, pero dichosa línea no podía verla. Rogó mentalmente por que la línea fuera una cinta o algo parecido en vez de pintura. Se agachó un poco y comenzó a buscar alguna piedra grande, y al encontrar una se subió sobre esta con algo de dificultad y luego estiro sus brazos hacia el techo, pero ni siquiera sintió como si sus manos lo rozaran… debía encontrar otra roca más grande.

Se bajo de la piedra y volvió a buscar otra roca, caminando agachada pero con las manos a su alrededor. Nuevamente sintió otra piedra, la sintió más grande que la otra. Se subió a la roca ahora con más dificultad y se puso de puntillas, intentando alcanzar el techo, esta vez si lo rozo, pero no sintió nada.

-¿La línea estará en el centro o en las esquinas? -Se preguntó a si misma mientras se cruzaba de brazos, estando parada sobre la roca, definitivamente no ver nada era todo un problema.

-¿Tendré línea? -Se preguntó nuevamente a la vez que sacaba su celular, presionó dos veces el boton de llamar para que se marcara el último numero marcado, el cual era el de su madre.

“Esta fuera de servicio”

Frunció los labios al escuchar aquel mensaje, quizás la estructura de aquel laberinto impedía que las llamadas salieran.

-¡Mamá! -Volvió a gritar, pero nadie más que su eco le respondió. -OK… esto no esta funcionando -Se dijo a si misma, cuando se ponía nerviosa siempre se ponía a hablar consigo misma solo para no sentirse sola. Suspiró pesadamente y se bajo de la roca con cuidado para no lastimarse la pierna, la cual por fin había dejado de sangrar. Comenzó a caminar por los extensos pasillos del laberinto, manteniendo sus manos pegadas a la pared, debía encontrar la salida pronto.

Nuevamente encontró otro pasadizo. Tragó grueso y estiro un poco los brazos para ver si ese pasadizo tenía alguna cinta… nada. Sonrió y se metió a ese pasadizo, creyendo que por allí se encontraba la salida, manteniendo sus brazos ligeramente hacia adelante por si algún muro se le atravesaba.

Con amor te lo quice dar todo a ti

Te di mi corazón, te regale mi alma

Era capaz de darte hasta mi vida

Solo por verte a mi lado sonreir



Comenzó a cantar dulcemente, en un intento por mantenerse tranquila, manteniendo siempre sus manos rozando las paredes, hasta que encontró otro pasadizo. Suspiró profundamente y una vez que se aseguro que no había ninguna cinta, siguió cantando a la vez que entraba

¿Por qué me has abandonado?

¿Por qué de ti me has apartado?

Mirame, lloró por ti, por mi error

Por haberte amado con todo el corazón

Dejo de cantar porque se tropezó con una piedra, lastimándose todavía más la pierna, se dejo tirada en el suelo, sujetándose con fuerza la pierna y apretando tanto los ojos como los dientes en un intento por no soltarse en llanto. Tragó grueso y continuó cantando a la vez que se iba poniendo de pie

Ahora me doy cuenta que para ti

Solo fui alguien para que te pudieras divertir

Estas sonriendo y yo por dentro estoy muriendo

Como hacer para decir que sin ti puedo vivir

Se sentó al haberse cansado de caminar, ya la pierna se le estaba durmiendo por lo apretada que estaba por la cinta y para el colmo, la sangre perdida influía en eso. Se encogió de hombros y comenzó a acariciarse la pierna, continuando cantando.

Me engañaste, me mentiste y te creí

Que facil fue decirte que si

Te aprovechaste de mi

Hiciste que me enamorara de ti

Tragó grueso y se puso de pie de nuevo, escuchando unos pasos a la distancia, se estremeció en su lugar.

-¡¿Hola?! -Exclamó, pero el grito se convirtió en eco y las pisadas dejaron de escucharse. Suspiró asustada y siguió caminando y a la vez cantando.

Me preguntaste que sería capaz de darte a ti

Te dije que te daría mi vida

Te dije que hasta te daría mi vista

Todo por verte sonreir

La respiración se le izo un tanto más agitada y sintió un fuerte ardor en la pierna, se acarició la pierna lastimada en un intento por sentirse mejor, pero fue imposible, el dolor era tremendo. Las lagrimas comenzaron a liberarse de nuevo.

-¡mamá! -Volvió a gritar, pero no hubo respuesta, se dejo caer de rodillas, soltándose en llanto, ya se sentía completamente perdida, nadie la encontraría, había cometido el error de seguir caminando y ahora estaba todavía más que perdida, si se hubiera quedado en donde soltó a su madre quizás ahora ya la hubieran encontrado.

Apoyo su cabeza en sus brazos que hacían de almohada en el suelo, comenzando a llorar, mojando sus lentes negros con sus lagrimas, pero ya nada le importaba, quería olvidar todo. Aunque dejo de llorar en el instante en que volvió a sentirse observada… no estaba sola.

End Notes:

La canción que canta Susan es inventada PERO tiene algo que ver con su pasado. Nos vemos en el siguiente cap.

End Notes:

La canción que canta Susan es inventada PERO tiene algo que ver con su pasado. Nos vemos en el siguiente cap.

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Author's Notes:

Actualizo miercoles y/o sabado.

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Actualizo miercoles y/o sabado.

Se comenzaron a escuchar pasos, fue por ello que se fue enderezando de a poco hasta terminar sentada, con sus puños cerrados se comenzó a limpiar las lagrimas, prestando atención a los pasos que se escuchaban.

 

-¿Hola? -

 

Esta vez el eco no fue tanto, pues como supuso, el lugar ya no estaba tan solo. Los pasos se detuvieron y ella se preocupo de que no la encontraran y se marcharan… quizás habían ido por su búsqueda, quizás era su madre.

 

-¿Mamá? -

 

El eco se regreso ahora más fuertemente, significaba que esa persona se estaba alejando, rápidamente se puso de pie y comenzó a correr dirección a donde había escuchado los pasos, aguantando con toda su alma el tremendo dolor en su pierna y teniendo sus brazos hacia adelante para no chocar de frente contra una pared.

 

-¡Espere por favor! -

 

Gritó, logrando escuchar de nuevo los pasos aunque muy ligeramente, pero nuevamente paso lo inevitable, piso otro charco y terminó resbalando, volviéndose a lastimar todavía más su pierna herida además de ahora rasparse el brazo derecho, impidiéndole esta vez levantarse.

 

-Por favor, no se vaya -

 

Rogó en un susurró lastimero, apenas conteniendo las ganas de soltarse en llanto por el dolor. Su mano se dirigió hacia su herida, sintiendo de nuevo la sangre correr, otra vez se había abierto la herida de su pierna, y esta vez no podía hacer nada, si rasgaba de nuevo su blusa, esta vez terminaría más descubierta, si de por si ahora la blusa parecía ombliguera por lo que había cortado la última vez. Todo sobre plantas: cuidados, tipos, trucos Todo sobre plantas

 

Sin soltarse la pierna, apoyo su frente contra el frío suelo, resignándose a que aquella persona se hubiera marchado al no haberla escuchado, pero por un lado no se sentía tan mal, eso significaba que la estaban buscando, ya solo era cuestión de tiempo para que la encontraran.

 

-¿Qué haces allí? -

 

Se sorprendió al escuchar aquella voz. Levantó el rostro hacia adelante solo para poder escuchar mejor, ya que definitivamente no veía nada, se preguntaba como fue que aquella persona llegó tan pronto sin siquiera hacer ruido.

 

-¿Quién eres? -

 

Hubo un largo silencio, definitivamente aquella persona era callada, ya que lo único que podía escucharse de él eran sus suspiros llenos de pesadez.

 

Susan repitió la pregunta y la respuesta fue la misma: Silencio… aquel hombre simplemente no planeaba responder. Escuchó como los pasos de aquel hombre se iban alejando, fue por ello que rápidamente se puso de pie, pero solo tres pasos pudo dar antes de terminar de nuevo en el suelo, la herida estaba empeorando.

 

Gimió de dolor, resignándose a que aquel ser no le iba a ayudar, pero de forma repentina sintió una mano en su espalda, acariciándole suavemente como un intento de hacerla sentir tranquila.

 

-¿Por qué estas aquí? -

 

Susan suspiró tristemente y en parte en forma de alivio, intentándose reincorporar, pero todo lo que logró fue terminar sentada, con el rostro dirección al hombre que recién acababa de llegar.

 

-Es que… cuando todos se fueron corriendo yo me caí y ya no veía nada… Por favor, ayúdeme a salir de aquí… -

 

Hubo un largo silencio, en el cual, él había dejado de acariciarle la espalda y se había puesto de pie, mirando desde esa altura a aquella chica, haciendo que ella sintiera su mirada de superioridad.

 

-En dos horas verás algo increíble… el agua que cubre las rocas brillaran por si mismas y así podrás salir, solo sigue la línea roja del techo -

 

Susan tragó grueso, aunque siguiera sus indicaciones, le era imposible hacerle caso, sobre todo porque no podría ver la línea, cuando escucho como este se daba media vuelta para irse, rápidamente extendió una de sus manos, logrando alcanzar el pantalón de él.

 

-Por favor, no se vaya… estoy herida, casi no puedo ni caminar, ayúdeme a salir… -Suplico sintiendo como sus mejillas de a poco se iban inundando en lagrimas.

 

-¡Entonces arrástrate! No creo que seas tan estupida como para no hacer eso por ti misma -

 

El gritó sin duda sorprendió a Susan, ¿por qué se había enojado de esa manera? Sintió como él intentaba soltarse del agarre, pero ella se mantuvo firmemente aferrada, el miedo que sentía por terminar atrapada en ese lugar muchos años o peor aún… morir en poco tiempo, era sin duda mayor que el miedo que le daba aquel hombre.

 

-¡No puedo hacerlo! Por favor… -

 

-Si serás… ¡Suéltame! -

 

-En serio no puedo salir sola, ayúdeme… -

 

Se aferró con más fuerza de la pierna, definitivamente a cualquier vista pensarían que le estaba rogando al muchacho de rodillas y en realidad… eso era lo que hacía, le rogaba por ayuda, rogaba por su ultima oportunidad de sobrevivir.

 

-¡Tú no eres mi problema! ¡Arréglatelas por ti sola! -

 

Susan se mordió el labio, sabía que debía arreglárselas sola, pero esa vez no podía, estaba ciega y el lugar era oscuro ¿Cómo iba a salir de esa? Negó con la cabeza y se aferró con más fuerza del pantalón de este, pero él dijo aquellas palabras que lograron que se quedara estatica…

 

-¡Ya suéltame! ¡Mocosa inútil! -

 

Inútil…

 

Aquella palabra se regreso con eco tanto en el exterior como en su mente, siempre la consideraron inútil solo por faltarle la vista… era ciega pero no tenía ningún problema mental ni fisico más allá de sus ojos. Su mano soltó el pantalón del chico y lo dejo ir, bajando la mirada, no quería aferrarse a alguien que ni siquiera la iba a tratar con respeto, pero sin duda prefería mil veces estar encerrada que estar tanto tiempo con alguien que le llamo inútil, era orgullosa… pero otra cosa era ser estupida y seguir a aquel idiota.

 

Escuchó los pasos del chico alejarse y finalmente el silencio regreso.

 

-Encontrare la salida yo solita, sin tú ayuda niño idiota -Dijo con un tono berrinchudo a la vez que le sacaba la lengua al aire, ella sabía mejor que nadie que no estaba en condiciones para andar diciendo esas cosas, pero tenía fe en encontrar la salida por si sola.

 

Suspiró pesadamente e intento ponerse de pie, le ardía terriblemente la pierna al apoyarla, así que tendría que evitar eso.

 

Estiro sus manos hacia los costados como buscando la pared, y al tocarla se apoyo en ella, para comenzar a caminar de manera extremadamente lenta, brincando con su pierna sana e intentando no lastimarse más su brazo que sangraba minimamente.

 

No supo verdaderamente cuanto tiempo paso, pero simplemente la pierna que recibía todo su peso le empezó a doler y sus manos ahora lastimadas pedían tregua. Suspiró profundamente y se fue sentando en el suelo, comenzando a sobarse la pierna herida que había dejado de sangrar minutos antes.

 

Todo el cuerpo le dolía y tenía hambre y sed… Respectó al último problema lo soluciono rápidamente, saco de su pequeña mochila aquella botella de litro de agua de limon que su madre había comprado para ella. Sonrió y la abrió, bebió apenas un poco y la guardo, durante las proximas horas esa agua iba a ser su salvación y debía ser cuidadosa.

 

En dos horas verás algo increíble… el agua que cubre las rocas brillaran por si mismas y así podrás salir, solo sigue la línea roja del techo

 

 

Sonrió con ironía al recordar las palabras de aquel muchacho, seguramente ya habían pasado las dos horas y ahora todo a su alrededor brillaba y la línea roja estaría completamente luciente… su salvación estaba allí y no podía verla… estaba tan cercas y no podía tocarla.

 

Se secó dos lagrimas que escaparon de sus ojos, ahora más que nunca lamentaba lo que había pasado haceaños cuando perdió la vista… Sacudió la cabeza en un intento de alejar aquel horrible recuerdo de su mente, cuando había tanta quietud y silencio le era tan difícil mantener alejado ese recuerdo.

 

Bufó e intento ponerse de pie, retomando la caminata, preguntándose si aquel hombre ya se había marchado o… quien sabe, no le importaba. Izo una mueca de desagrado de tan solo recordar aquel tono tan irritante… pero de pronto recapacito… el tono de voz de aquel hombre ya lo había escuchado antes pero… ¿Dónde?

 

Se mordió el labio inferior intentando recordar, en esos dos años que había durado sin vista, había agudizado sus sentidos lo mejor que podía, y era por eso que ya tenía una gran memoria auditiva… y fue por eso que lo recordó.

 

No vas a necesitar esos lentes negros allá adentro, todo esta oscuro

 

¡Claro! ¿Cómo no se dio cuenta antes? Era el mismo chico odioso que se sentó a su lado cuando esperaba a su madre, pero que pequeño era el mundo, de todas las personas con las que se pudo topar, tenía que ser ese chico que por su tono de vos ya había comenzado a odiar desde el principio.

 

-¡Es solo un mocoso idiota! -Exclamó a los cuatro vientos, estaba enrabiada de pensar que él no le hubiera ayudado. Se mordió el labio inferior con ira y sin darse cuenta comenzó a caminar más rápidamente, a veces despegando las manos de la pared.

 

-¡Espero jamás encontrarlo de nuevo! -Volvió a decir a los cuatro vientos, estaba completamente enfurecida, ni siquiera sabía porque tanta molestia, quizás porque podía recordar con tanta nitidez como aquel chico le había llamado inútil.

 

-¡Es solo un maldito desgraciado! -Volvió a gritar con aquel tono enfurecido, definitivamente cualquiera que la viera pensaría que esta loca por gritar en mitad de un laberinto con un tono tan excesivamente alto, pero ya nada le importaba, quizás hasta por gritar le iban a encontrar.

 

Suspiró pesadamente y comenzó a andar más rápido, la rabia que había explotado de forma tan repentina, había logrado que olvidara el dolor de su pierna momentáneamente, solo deseaba seguir caminando con dichosa velocidad y encontrar la salida de una vez por todas.

 

Tropezaba con algunas piedras en el camino, pero rápidamente recobraba el equilibro y volvía a andar, pasando de caminar a trotar, sentía una brisa, eso significaba que la salida no estaba lejos. Sonrió triunfante, había encontrado la salida a ciegas, y sin ayuda del tonto que la abandono.

 

-¡En su cara! -Exclamó ya casi logrando sentir la calidez del sol exterior… pero ¡Un momento! Se freno de golpe y luego frunció el ceño, se habían metido a la cueva a eso de las siete u ocho… si ya habían pasado las dos horas entonces eso significaba que ya era más tarde quizas las once o doce de la noche ¿Cómo iba a sentir la calidez del sol?

 

Se llevó las manos al rostro, se sentía caliente ¿Tenía fiebre? No… no era eso, extendió una de las manos hacia las paredes y sintió esa calidez más intensamente…

 

el agua que cubre las rocas brillaran por si mismas

 

¡Claro! Las paredes iban a brillar, sonrió para si misma, suspirando levemente, como desearía poder ver aquel espectáculo, ver el agua brillar no era algo que se veía todos los días. Suspiró suavemente y volvió a retomar la caminata, a pesar de ser ciega podía disfrutar sin problemas el presente, y sentir la calidez que había en aquel laberinto ignorando que estaba perdida claro…

 

De un momento a otro, toda la ira que había acumulado minutos antes desapareció… y con ello el dolor de pierna regreso. Suspiró profundamente y tomó asiento en el suelo, comenzando a sobarse la pierna una vez más, le ardía constantemente, eso significaba que estaba infectada, después de todo no se había puesto ningún tratamiento.

 

Puso una mano sobre una de las paredes y la acaricio, llenándose los dedos de aquella extraña sustancia liquida, se llevó la misma sustancia primero a la nariz, la olfateo, no olía a nada peligroso… o al menos eso rogó, pues finalmente se llevó los dedos húmedos a la pierna herida como si se tratara de crema. La frescura del liquido le izo sentirse mejor, al menos por el momento ya no le iba doler y eso significaba que no iba a morir por una reacción química o radiación o lo que sea que haya sido aquel liquido que estaba en las rocas.

 

Mientras se untaba aquella “crema” provisional, comenzó a prestar atención a su alrededor, podía escuchar muy ligeramente la respiración de alguien… no estaba sola. Se mordió el labio inferior y lentamente se fue poniendo de pie.

 

-Solo se trata del idiota… si, solo eso -Se dijo a si misma en un suave susurró, debía permanecer tranquila y no entrar en pánico solo por escuchar una respiración, lo más seguro es que se trataba del chico que no la quiso ayudar…

 

Jum ¿Ahora la acosaba? Frunció los labios ante la mera idea y comenzó a caminar de nuevo, ahora cojeando, aunque al comenzar a escuchar pasos dirigiéndose a ella se comenzó a angustiar y empezó casi a correr.

 

-¡Oye! ¡Espera! -

 

Gritó aquel muchacho, y Susan se sintió tranquila, al menos con eso aseguraba que se trataba del mismo idiota, pero esta vez no le haría caso, él no la iba a ayudar pues no tenía motivos para detenerse.

 

Comenzó a casi correr, ignorando por completo el dolor en su pierna y manteniendo los brazos un poco extendidos, lo último que quería era chocar de frente contra alguna pared.

 

Dejo de escuchar los pasos del chico, pero aún así no se detuvo, solo siguió corriendo… sin darse cuenta que iba directo hacia el vacío… y como no detuvo su andar, paso lo que tenía que pasar… el suelo desapareció bajo sus pies.

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Al instante en darse cuenta de que ya no había camino, era demasiado tarde, por reflejo alcanzó a gritar cuando repentinamente unos musculosos brazos la rodearon por la cintura y la jalaron hacia atrás, haciendole tocar suelo una vez más.

 

-Eso… estuvo cercas -Susurró el muchacho casi sobre el oído de Susan, la misma que no había soltado desde que la tomó por la espalda.

 

Susan no dijo nada por el instante, aún estaba reponiéndose del susto que había pasado, hasta podría jurar que ese iba a ser su fin. Respiró profundamente y apoyo por completo su espalda sobre el pecho de su heroe.

 

-G-Gracias… -Fue lo que salió de sus brazos, podía odiarlo y todo, pero la había salvado, así que lo mínimo que podía hacer era agradecerle.

 

-¿Estas ciega acaso? Fíjate por donde andas, boba -

 

El titulo de héroe hubiera permanecido perfectamente en él de no ser por su bocota. Susan casi le hecha en cara que si era ciega, pero no… no le daría el gusto de que lo supiera y le tomara como una verdadera inútil o peor aún… le diera sus condolencias y le mirara con lastima, lo de mirar con lastima quizas no le molestaría, era ciega y no podía ver las miradas pero… podía sentir la diferencia de cuando la miraban como a una chica normal a una chica ciega, además seguramente este la trataría como una completa inutil.

 

Forcejeo contra él para liberarse de su prisión que eran los brazos del muchacho.

 

-¡Ya suéltame! ¡imbecil! -Gritó mientras seguía moviéndose. El muchacho obedeció y la soltó y esta se fue de espaldas dirección al vacío, aunque rápidamente sus manos fueron tomadas por las manos ajenas.

 

-Boba… fíjate por donde andas -

 

Contuvo las ganas de darle una cachetada, cuando recobró el equilibro, empujó al muchacho con todas sus fuerzas y avanzó solo unos pasos para alejarse del acantilado, ¿por qué ese acantilado no tiene cintas de protección? Sería muy peligro que alguien anduviera por allí…

 

Empezó a caminar y choco de frente contra el pecho del muchacho.

 

-Sabía que el lugar estaba oscuro… pero esto es una exageración ¿Qué no ves más allá de tu nariz? -

 

¡OK! Un chiste más sobre los ciegos y su puño se estamparía en el rostro del chico, gruño bajo y lo empujo con la fuerza que todavía poseía y una vez que este se apartó de su camino, continuó caminando. ¿Así que la brisa venía de ese vacío? Bueno, que más daba, al menos había aprendido algo nuevo; si se siente una brisa, se debe andar con cuidado, pues puede ser la salida… o un acantilado.

 

-¿Por qué no aprovechaste la hora en que las luces se prendieron? -

 

-¡Deja de seguirme! -Exclamó con su tono molestó, empezando a andar más rápido, lo último que quería era platicar con aquel muchacho que solo sabía enrabiarla.

 

-Oh vamos, antes te arrastrabas porque te siguiera -

 

Sus mejillas ardieron intensamente al recordar la humillación que había pasado horas antes solo por un minuto de desesperación, pero definitivamente ahora lo último que deseaba era la compañía de él.

 

- ¡Ya dejame en paz! ¡Marchate!

 

Aunque él no izo caso, suspiró pesadamente y una burlona sonrisa se mostró en sus labios, comenzó a seguirla con facilidad, pero se percato de algo bastante poco común… Ella traía lentes oscuros dentro de un laberinto realmente oscuro.

 

-Quítate los lentes, es humillante verte con lentes estando en un lugar donde los rayos del sol no llegan -

 

-Si no te gustan mis lentes pues fastídiate que no te haré caso -

 

-Con razón estas tan ciega, si te quitas los lentes verás mejor -

 

Okay… y hasta allí llegó su tolerancia, se dio media vuelta y dirigió su puño directamente hacia donde suponía estaba el muchacho, logró golpearlo en el pecho, haciendo que este apenas retrocediera medio paso.

 

-¡Ya déjame en paz! ¡No te necesito! -Y nuevamente se hecho a correr, solo quería estar lejos de aquel tonto que tanto odiaba, sin embargo su propia conducta tan testaruda le recordaba sin duda a alguien… a un muchacho…

 

 

-Oye, no sientas lastima por mi, puedo andar solo -

-Por favor Mike, solo quiero ayudarte a cruzar la calle -

-Susan, en serio, estoy ciego, no invalido -

 

 

Se mordió el labio inferior y finalmente dejo de correr, agacho la mirada y sintió como las lagrimas humedecían sus mejillas y así mismo sus lentes oscuros. Al ya no escuchar los pasos de aquel muchacho comenzó a caminar más tranquilamente, no quería volver a encontrarse con otro abismo o… quien sabe, cualquier cosa era posible a esas alturas.

 

Sintió otro pasadizo, suspiró pesadamente y extendió un poco sus manos en busca de la cinta preventiva, suspiró al notar que no había nada, eso significaba que era el camino, avanzó apenas dos pasos y piso algo que le izo caer pero al menos esta vez no se lastimo.

 

Soltó un leve quejido y luego puso sus manos en el suelo, en busca de aquello que le había provocado la caída, después de unos segundos de búsqueda, su mano sintió algo extraño, lo agarró y lo alzo apenas un poco… tardo menos de un minuto en darse cuenta de que se trataba… era la cinta preventiva.

 

-No… puede… ser -Susurró entrecortadamente, era imposible, ¿qué hacia la cinta rasgada en el suelo? Se mordió el labio y comenzó a buscar más con las manos en el suelo y encontró los restos de la cinta, era como si alguien hubiera pasado por allí y hubiera hecho añicos la cinta… lo peor era que posiblemente era no era la única cinta destrozada. Quizas todo se trataba de una maldita broma del estupido…

 

Se puso de pie asustada, retrocediendo algunos pasos, no podía creerlo, ¿cuántas pasadizos prohibidos habrá atravesado? Ya no estaba en la ruta y las posibilidades de que la encontraran pasaron de bajas a nulas… ¿Por qué rayos no se había quedado en donde se cayó por primera vez? Seguramente ya la habrían encontrado desde hacia horas.

 

todos los pasadizos que aún no han sido explorados tienen una cinta de precaución para que no pasen

 

Rompió la regla y ahora estaba en una zona nunca antes explorada, suspiró tristemente y comenzó a caminar lentamente hacia donde suponía era el regreso, había una muy minima posibilidad que recordara por donde llego y así finalmente terminaría cercas de la entrada, pero… quien sabe, su única luz de esperanza se había apagado cuando había tocado esos trozos de cinta.

 

Suspiró completamente desilusionada, sintiendo como las lagrimas seguían acumulándose en sus orbes, ya al no tener ni la más minima esperanza de salir podía decirse que extrañaba a su pequeña hermana, a su madre… quería estar en la seguridad de su casa y no en ese oscuro y frío lugar.

 

Se sentó en el suelo después de algunas horas, estaba agotada. Suspiró pesadamente y saco su bote de agua, moviéndole levemente para calcular cuando le quedaba.

 

-Ahh… haya va mi última reserva de agua -Musitó tristemente, comenzó a beberse el último trago que le quedaba y luego dejo el bote en el agua en el suelo, abrazando con fuerza sus rodillas, liberando silenciosamente las lagrimas, se sentía tan desolada, no tenía forma de cómo regresar…

 

Cualquiera en su situación se hubiera vuelto loca, la oscuridad en todos lados, escuchando ruidos repentinos y arriesgándote a cada segundo a caer de un abismo… definitivamente esas eran razones para volverse presa de la desesperación, pero ella solamente mantenía la cordura porque ya había vivido dos largos y dolorosos años en la oscuridad.

 

Sollozó y se retiro los lentes apenas un momento para secarse las lágrimas, se volvió a ponerse los lentes y apoyo su espalda contra el muro, deseando dormir, quería permanecer dormida eternamente… para su suerte casi loga su cometido, pues termino ligeramente dormida.

 

El muchacho que tiempo atrás le había hecho hervir la sangre de coraje, caminaba de forma sumamente silenciosa por esos rumbos, dirigió su mirada a la dormida Susan y se acercó apenas un poco a ella.

 

-Oye -Dijo en un tono muy bajo, pero ella no respondió, repitió la palabra pero la respuesta fue la misma… silencio. Él se encogió de hombros y se hinco frente a esta, mirándola fijamente, cuando tenía los lentes puestos le era difícil saber si estaba dormida o estaba ignorándole. Pensó que era la primera, pues de ser la última seguramente se hubiera ido toda molesta y ofendida como la última vez.

 

Sonrió ante la sola imagen, aquella chica de verdad que era rara y a la vez divertida.

 

-M-Mike… -Dijo ella de forma repentina pero sumamente clara.

 

-¿Eh? -

 

-Mike… -Murmuró ella por segunda vez y finalmente guardo silencio, dejando al muchacho confundido ¿Quién será el tal Mike? Seguramente nadie de su importancia. Negó para si mismo y se puso de pie, mirando a todos lados dispuesto a seguir su camino, pero un aroma peculiar le izo fruncir el ceño molesto.

 

Empezó a caminar, pero después se detuvo, dudó un segundo y se dio media vuelta, dirigiéndose de nuevo hacia donde la chica yacía dormida. Se hinco y sin dificultad alguna la tomó en brazos dejándola sobre su hombro como si fuera un costal de papas, sorprendentemente la joven no despertó.

 

Comenzó a caminar rápidamente ahora con la chica literalmente sobre él, manteniendo la mirada hacia adelante, dio vuelta en varios pasadizos y finalmente se detuvo al sentir como la muchacha despertaba.

 

-¿Qué… paso…? -Musitó ella al no sentirse en la misma posición en la que había dormido. Frunció el ceño e intento liberarse de donde fuera que estaba y fue entonces que se dio cuenta que era cargada de una manera muy extraña por alguien.

 

-No vayas a gritar… -Casi suplicó él, pero ella no obedeció.

 

-¡¡Oye!! ¡¡suéltame!! ¡¿Qué te pasa?! ¡No soy una niña chiquita como para que me secuestres! -

 

Rápidamente él la dejo caer haciendo que Susan se lastimara la parte baja de la espalda al haber caído de lleno contra el suelo, por culpa del dolor termino por acostarse por completo en el suelo estando boca arriba, estaba a punto de reclamarle, pero él se puso encima y le tapo la boca con una mano, impidiéndole moverse al estar completamente sobre ella.

 

-Escúchame… este lugar no es para nada seguro, no deberías estar aquí, cállate y solo habla cuando algo pase, ¿Entendiste? -

 

No hubo respuesta, ella estaba demasiado sorprendía por lo que acababa de pasar que solo se quedo quieta, sintiendo la respiración del desconocido sobre su cara.

 

Este al notar que ella no respondería, prefirió no arriesgarse a que ella saliera corriendo y gritando y fue por ello que permaneció encima hasta que ya no oliera peligro.

 

Duraron en esa posición por lo menos 10 minutos, antes de que él después de soltar un suspiró profundo en forma de alivio, la soltara y se le quitara de encima, extendiéndole la mano para intentar ayudarla.

 

-¿No te lastime? -Preguntó finalmente, esperando que ella aceptara la ayuda de levantarse, pero no pudo evitar sentirse ofendido al ver como esta se levantaba por si sola, sin siquiera dignarse a mirarle la mano o agradecer la intención.

 

-No, pero me gustaría saber porque actuaste así -Se sacudió el trasero y todo rastro donde sintiera que tenía polvo, manteniendo la mirada baja.

 

-Sucede que te dormiste en el camino que suelen tomar ciertos “animales” peligrosos, te tuve que cambiar de lugar antes de que te hicieran algo -El tono indignado de él no paso desapercibido por Susan, la cual solo seguía sacudiéndose.

 

-Ya veo… gracias de nuevo - Musitó ligeramente apenada por haber gritado como desquiciada. Se estiro algo aflojerada y apenas contuvo un bostezo, se sentía completamente agotada.

 

-Por cierto ¿Cómo te llamas?

 

-Marcos -

 

-Lindo nombre Marcos, me llamo Susan -Extendió una mano hacia donde suponía estar el muchacho, y este más por educación que por gana, estiro su mano hacia ella, estrechándola levemente, provocando que por el contacto Susan se estremeciera.

 

-Huy, estas frío -Avanzó apenas unos pasos hacia este y alzó apenas un poco la mirada. -¿Me dejas? -

 

-¿Qué cosa? -Se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño, mirando sin mucho interés a la chica.

 

-Tocarte… -

 

Su rostro entero se tiño de rosa ¿A que venía tanto cinismo de parte de ella? Se mordió el labio y estaba a punto de negar, pero ella continuo la oración.

 

-Esta muy oscuro aquí… y otra forma de conocer el rostro de mi acompañante es mediante el tacto -

 

Él suspiró pesadamente y asintió con la cabeza, aunque al ver que ella no hacia nada creyó que no le había visto por estar muy oscuro, así que avanzó otro paso hacia esta y asintió con un seco pero claro “Esta bien”.

 

Ella sonrió emocionada, desde que perdió la vista solo había podido conocer el rostro de apenas unos cinco o seis que se dejaban, pero la gran mayoría preferían evitar cualquier contacto con la ciega, como si se tratara de una enfermedad contagiosa y peligrosa o algo parecido.

 

Avanzó otro paso y estiro sus manos un poco hacia adelante, llegando a tocar finalmente el pecho del varón. Se mordió ligeramente el labio inferior mientras examinaba su pecho de forma leve, sin notar el sonrojo de él, este tenía algo húmedo en la camisa, podía percibirlo por el contacto, pero prefirió no darle importancia.

 

Llevó las manos a los costados contrarios hasta encontrarse con los brazos de este, se sorprendió levemente, puesto que estaba muy frío, además al parecer tenía puesto una camisa sin mangas, pues sus brazos estaban descubiertos.

 

Ladeó la cabeza a un costado y apretó apenas un poco sus brazos sintiendo que estaba bastante musculoso, pero nada sobresalía cuando el contacto era leve. Fue subiendo las manos lentamente de sus brazos hacia sus hombros hasta llegar a su cuello.

 

Enderezó la cabeza y pudo notar un detalle peculiar, en la parte derecha de su cuello había apenas dos agujeros… como si le hubieran clavado dos clavos y allí hubiera terminado la cicatriz que se podía sentir con facilidad, prefirió no indagar sobre eso y subió un poco más las manos hasta llegar al rostro de este, allí fue donde prestó más atención.

 

Recorrió suavemente de su mentón a sus mejillas las cuales eran la única parte de su cuerpo que se sentía mínimamente calido. Examinó sus facciones con mucha delicadeza, según lo tocaba en su mente se lo imaginaba al parecer era un muchacho apuesto y de finas facciones.

 

Finalmente llegó a la última parte del cuerpo ajeno; Su cabello. Tal y como Claudia había dicho, el cabello de este era un poco largo, lacio y suave al contacto, obviamente desconocía el color, pero se lo imagino negro, tal y como Claudia le había dicho.

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Al terminar de “manosearlo” sonrió tranquilamente y retrocedió apenas dos pasos, manteniendo la sonrisa en sus labios.

 

-Vaya, eres demasiado alto -Comentó con una sonrisa mientras entrelazaba sus manos por delante de ella, alzando la cabeza dirección a donde supuso se encontraba la cabeza de este.

 

-No es que yo sea alto, es que tu eres muy baja -Sonrió triunfante al ver la mueca de molestia de Susan, la misma que desapareció poco después al ser cambiada por una tierna y hermosa sonrisa.

 

-De todos modos, gracias por permitirme conocerte, ahora si puedo decir mas tranquila; Es un placer conocerte -

 

 Él sonrió y tomó la mano de esta suavemente, llevándola hasta sus labios, plantando un breve beso sobre la misma.

-El placer es todo mío… -

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Una tierna sonrisa se izo notar en sus labios al instante de sentir como aquel muchacho le besaba la mano, desvió la mirada al sentir como sus mejillas ardían, siempre era lo mismo cuando le besaban la mano o se presentaban de esa manera tan “formal“. Suspiró profundamente y sin más se cruzó de brazos, manteniendo la mirada en cualquier lugar, daba lo mismo, ni sabía lo que miraba.

 

-Veo que te gusta, ¿Es hermoso no? -

 

Frunció el ceño confundida ¿De que hablaba? ¿Qué cosa se suponia que miraba? Se mordió el labio nerviosa sin saber verdaderamente que responder.

 

-Pues… -

 

Pensó que quizas esa era la oportunidad de decir lo de su ceguera… pero una vez más prefirió callar y solo se quito los lentes, abriendo apenas un poco los ojos, sentía una calidez en el rostro, quizas el brillo se había hecho presente.

 

-Tienes unos bonitos ojos… -Musitó él al lograr ver por primera vez los ojos de ella, esta apenas logró sonreir con nostalgia a la vez que se ponía de nuevo los lentes.

 

-¿Verdad que sí? La primera vez que los mire quedé hipnotizada -

 

Él definitivamente no entendió a que venían sus palabras, era algo demasiado extraño sin duda.

 

-¿Te hipnotizaste con tu mirada? -

 

Ella comprendió el error de sus palabras y solo alcanzó a sonreir mientras se rascaba una mejilla pensando alguna forma de remediar su error.

 

-Si, los ojos oscuros como los mios son atrayentes… me encantan mis ojos café oscuro, son tan negros… jamás había visto unos como los mios -

 

-Entonces no has visto mis ojos -

 

Se puso enfrente de ella pero al ver que esta iba a retroceder, le tomó suavemente de la cintura con una mano, mientras que con la otra le retiraba lentamente los lentes, obligandola a “mirarle” sus ojos.

 

-Mira mis ojos y dime de que color los ves -

 

Ella dudo… si él decía eso quería decir que sus ojos eran oscuros ¿verdad? Se mordió el labio inferior con duda y luego suspiró profundamente a la vez que sonreía.

 

-Son completamente negros… -

 

Lo escuchó reir y luego separarse de ella ¿Esa era buena señal no?

 

-¿Verdad que mis ojos son más negros que tu conciencia? -

 

Ella sonrió y solo escuchó la sonrisa varonil del muchacho. Volvió a ponerse los lentes que se le habían quitado y luego desvió el rostro hacia otro lado, escuchando la melodiosa risa del varón.

 

-Bueno, ya, lo admito, tus ojos son más negros que los mios, pero eso es lo de menos -

 

Él sonrió al escucharla… se había dado cuenta de que ella era ciega, después de todo sus ojos en ese instante estaban de un rojo in

El laberinto del Vampiro by Carmi

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