El barco de la muerte-El origen by Sg91

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 El barco de la muerte-El origen by Sg91
Summary:

Secuela de una película de los 80, "Death Ship" de Alvin Rakoff



Categories: PELICULAS Characters: Ninguno

Generos: Horror

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 6 Completed: No Word count: 7545 Read: 1353 Published: 07/06/2011 Updated: 10/06/2011
Summary:

Secuela de una película de los 80, "Death Ship" de Alvin Rakoff



Categories: PELICULAS Characters: Ninguno

Generos: Horror

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 6 Completed: No Word count: 7545 Read: 1353 Published: 07/06/2011 Updated: 10/06/2011 Capítulo 1 by Sg91
Author's Notes:

Historia original de Artemis Films; como no puedo poner más de una advertencia, pongo el resto aquí: la historia implica muertes de personajes y alguna que otra tortura.

 

Iré poniendo progresivamente todos los capítulos poco a poco

Author's Notes:

Historia original de Artemis Films; como no puedo poner más de una advertencia, pongo el resto aquí: la historia implica muertes de personajes y alguna que otra tortura.

 

Iré poniendo progresivamente todos los capítulos poco a poco

 

Un hombre iba acompañado por otro hombre de color, en galardonado por miles de premios y enguantado en un traje de la marina de los EEUU; el pasillo, todo de blanco, se hacía más largo a cada paso que daban y sus pisadas sonaban como un martillo pilón chocando contra una larga plancha de acero. Era rubio, de ojos claros y se le veía visiblemente nervioso.

-Tranquilo, señor Murdock, va a ser menos difícil de lo que parecía en el informe-le aseguró el hombre de color.

-En eso mismo estaba pensando, oficial…-murmuró Murdock.

-No se apure, no pondrá un pie en él-insistió el oficial.

Finalmente llegaron a una sala de reuniones, donde una serie de personas esperaban impacientes.

-Al fin… ¿podemos empezar de una vez?-inquirió todo un señor general.

-Al punto, señor, cuando quiera-dijo el oficial.

-Vale-murmuró éste.

Apagó las luces delanteras, dejando las traseras a luz tenue; un proyector se encendió y en la pantalla se mostró un barco mercante muy antiguo y destartalado, al menos de los años 20.

-El Reiseziel, barco mercante alemán, botado en 1925 en el puerto de Hamburgo; al principio cubría la ruta del atlántico, haciendo negocios con los EEUU. Pero en 1939 fue adquirido por los nazis por la suma de 350000 marcos; toda una ganga-comenzó a relatar un hombre.

-Y lo hubiera sido si su propósito hubiera sido otro del que les vamos a explicar a continuación-agregó otro.

La diapositiva pasó y una foto mostró una imagen horrenda; un cadáver con al menos más de treinta años de putrefacción estaba reseco y esquelético, pero aun con la piel en su sitio. Estaba en unas literas, con muchos más a su alrededor. Tenía una expresión atroz. Muchos bufaron y miraron a otro lado, Murdock se quedó tan impactado que no pudo dejar de mirar.

-Esta foto es la única que hay de lo que alberga en su interior… la gente que se ha topado con él… la mayoría de ella no ha podido llegar a contarlo. Tener esta foto de por sí ya es un milagro-explicó otro hombre.

-El barco estuvo en manos de los nazis hasta su caída; tras ésta, el barco no volvió a atracar en ningún puerto y se dio oficialmente desparecido en 1954. A partir de esa fecha, con mucha disparidad, una serie de barcos de todo tipo comenzaron a desaparecer sin razón aparente; enviaban un mensaje de auxilio muy confuso, y para cuando los servicios de rescate llegaban, el barco no estaba y no había ningún tipo de superviviente. Hubo excepciones en algunos casos, pero casi nunca había supervivientes; ahora sí, los pocos que ha habido no han querido dar ningún tipo de detalle acerca de lo ocurrido realmente. Muchos demostraron haber sufrido algo inhumano de explicar, pero nunca quisieron decir nada a nadie. Se investigaron las causas del hundimiento a parte y en algunos barcos, haciéndose inmersiones. Todos coincidían en lo mismo: rotura de casco, a babor o estribor, consecuencia de un choque muy fuerte. En algunos casos pudieron sacar un molde del impacto, mostraba el frontal de una proa muy prominente y resistente, y además, casi todos los barcos embestidos presentaban unos destrozos considerables como para ser un choque leve-explicó otro hombre.

Murdock tomó la palabra momentáneamente.

-Perdone, pero… ¿Qué tiene que ver todo esto acerca del Reiseziel?-inquirió.

-Todo-anunció el primero que habló.

El que contaba la historia la retomó.

-Uno de los casos de naufragio más recientes fue el del “Endeavour”, un crucero de lujo que tuvo una colisión similar en marzo de 1980; se recibió su mensaje de auxilio, pero los servicios de rescate no encontraron nada… hasta la tarde del segundo día tras la desaparición. Una balsa con una familia a bordo era lo único que quedaba del Endeavour; sus miembros no explicaron nada acerca de lo sucedido, pero según el servicio de rescate estaban demasiado asustados y en estado de shock como para explicar nada. Y por no atormentarles más, lo dejaron estar. Como ya era el decimosegundo barco que se hundía sin razón aparente, la CIA decidió tomar cartas en el asunto y comenzó a investigar a fondo el origen de todos esos naufragios sinsentido; los agentes encargados de la investigación pensaron en los pocos supervivientes en la mayoría de los casos e interrogaron a los primeros de todos. Con un poco de insistencia y algo de mano dura, pudieron sacar algo concluyente; todos los supervivientes, entre sollozos y miradas de puro terror, relataban como poco después del hundimiento aparecía un barco muy viejo de la nada, subían a él… y vivían una pesadilla.

Otro hombre tomó el relevo.

-En términos generales, todos coincidían en que el barco estaba vivo e intentaba matarlos; se sucedieron muchos asesinatos, según supervivientes, muchos de ellos se volvían locos, otros demostraban comportamientos impropios, psicóticos y extraños. Muchos afirmaron que oían voces en alemán poco antes de morir… Otros eran echados del barco con las poleas de carga… otros desaparecían por el barco sin dejar rastro… Y además, todos coincidían también en la descripción del barco.

-Las últimas víctimas fueron los pasajeros de un crucero de lujo que cubría la ruta de los mares del norte de Europa; según declaraciones de un antiguo superviviente, su rumbo continuo es en círculos amplios y concéntricos por todo el Atlántico. El plan es localizarlo poniendo una serie de cebos colocados estratégicamente por todo el océano, y usted, señor Murdock será el responsable de uno de ellos; si el barco les capta, huyan inmediatamente y dejen constancia de su posición. En una hora y media, cuando todo esté listo y preparado, ese barco dejará de embestir y llevarse vidas ajenas-acabó el oficial, mirándole al susodicho.

-Pe… ¿¡perdón?! Nadie me dijo de que esta fuera una misión para tratar de localizar y destruir un barco fantasma ¿es alguna especie de broma?-inquirió éste.

-No, esto es real señor mío, ese barco lleva matando y asesinando desde que los nazis lo compraron; ¿sabe qué? Ese barco era un barco de interrogatorios, a ese barco llevaban los judíos que no cabían en los campos de concentración para continuar allí con las torturas; y ahora, en el 2010, sigue matando y asesinando, provocando naufragios ¿y cree que ahora nos vamos a poner gallitos? Está claro que posee un marcado carácter sobrenatural, pero eso no nos va a parar, no hoy ni mañana ni pasado, ese barco tiene las horas contadas desde ya-finiquitó el asunto el general.

Murdock no se atrevió ni a pestañear; se vio obligado a aceptar. Y es que, en teoría, lo que dice el general va a misa. Y él ya no podía dar marcha atrás, aceptó colaborar en el caso desde el primer momento; y, por supuesto, no sabía dónde se estaba metiendo.

 

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Regresar al índiceCapítulo 2 by Sg91

 

Ya llevaba tres días en la mar, en un barco de investigación de la marina americana de nombre "Knowledge". Aunque la idea de que el barco maldito apareciese se le antojaba muy remota y algo descabellada, tampoco dejaba de considerarlo; era tan inverosímil de creer en todo lo que se había embarcado casi sin proponérselo... Por un momento pensó que todo era un mal sueño y despertaría a los pocos segundos; pero luego se daba cuenta de la triste realidad.

 

Desde que zarparon se establecieron las coordenadas donde ellos debían de estar; un compendio de zonas marítimas, escogidas al azar por ordenador, les había emplazado a varios cientos de millas de distancia de las costas de Labrador, cercanos al mar del Labrador. Su ir y venir era constante, casi navegaban en zigzag continuamente; si algún barco mercante les viera, seguro que pensaría: "¿Qué hacen esos dando vueltas como pasmarotes?" Menos mal que estaba en un barco de investigación y eso de por sí ya era excusa, que si no... El ejército había tomado en cuenta la posibilidad de que el Reiseziel les detectara y fuera a por ellos, como presa fácil que eran, así que fletó el barco de investigación más antiguo y menos usado de la flota. Evidentemente no iban a poner a uno prácticamente nuevo para que un barco fantasma se lo hundiera a las primeras de cambio; por algo los americanos son así de previsores. Por ahora no había indicios de que fuera a aparecer y eso le calmaba parcialmente; además, había un montón de barcos más desperdigados por todo el Atlántico a la vista, y ya sería mucha casualidad de que el barco maldito les detectara precisamente a ellos. Prefería no pensar en ello y mataba el tiempo jugando al ajedrez o a las damas con Nicholson, un marino del barco con el que entabló buenas migas. Nicholson era bastante hablador, en menos de media hora le contó toda su vida y le daba tiempo a enfatizar también; era rubio, de ojos claros y mirada profunda. Se hizo marinero ya que desde pequeño se enamoró del mar; vio en el todo un mundo en el que se podía encontrar cualquier cosa. Y vaya que sí, ahora iban en busca de un barco fantasma. Él era consciente del motivo de que su barco zarpara cuando no era temporada de salir a la mar; también era consciente de la posibilidad de que fuera el último viaje. Pero eso no le desanimaba lo más mínimo; su optimismo levantaría la moral a cualquiera. Y con su compañía, su misión se hacía más llevadera.

Al día siguiente, un helicóptero aterrizó en el helipuerto del barco y de él salió el oficial, acompañado de varias personas.

-Hola, oficial, ¿Qué hace aquí?-le preguntó Murdock.

-Le traigo una serie de personas que estarán con usted por si el Reiseziel aparece; Murdcok, le presento a los señores MacCann, dos eminentes parasicólogos, muy enfocados en su trabajo. Y esta es la señorita McCaligan, socióloga-hizo las presentaciones.

-Bueno, yo me voy ya, que tenga suerte en su misión, Murdock-le deseó el oficial.

Montó de nuevo en el helicóptero y desapareció en la lejanía del horizonte; Murdock se reunió con ellos para hablar de la misión. Al parecer estaban enterados de todo, y esperaban realizar una investigación profunda si el barco maldito se cruzaba en su camino. Los hermanos MacCann tenían mucha fe en poder realizarlo todo saliendo enteros del asunto, cosa que no convencía demasiado a Murdock. Pero él prefirió no pensar en eso, y olvidarse un poco de toda esta mierda conversando con ellos.

 

 

Mientras tanto, a través del lánguido mar, un barco carguero de más de veinte años y muy, muy viejo, navegaba por las aguas del atlántico; a simple vista no parecía que hubiera nadie en él, pero navegaba. A los lados de la esquina de la proa había un nombre, pero ya casi ilegible. Una rueda de timón muy antigua se movía sola en el puente de mando, donde había una fina y gruesa capa de polvo; le faltaba uno de los agarraderos. Otra rueda de timón, en el techo del puente, se movía lentamente. Cualquiera podría pensar que era por la presión que el agua sometía al timón, pero parecía como si alguien estuviera meciéndola con cuidado. Por los pasillos del navío reinaba un silencio sepulcral, no como en la sala de máquinas, donde las levas se movían sin descanso, mientras los niveles de fuel permanecían a cero. En la sala de radio, un leve zumbido corroboraba que una radio de más de cuarenta años seguía funcionando, tratando de captar señales; la agujaba de la frecuencia se movía sola hacia los lados, buscando la frecuencia buena, sin nadie que manejara el dial. Fue entonces cuando se quedó quieta de repente, y de golpe, se comenzó a oír por toda la nave.

- Achtung, Achtung, Feind in Sicht, Feind in Sicht, die alle auf ihren Posten.

 

Feindliche Stellung, vierzig Grad nördlich, westlich fünfzig. Geschätzte Ankunftszeit am Tag und eine halbe.

 

Ein vollem Gange! Alle nach Steuerbord!

Y tras esas palabras, la rueda de timón del puente viró sola hacia estribor, mientras el telégrafo se accionaba sólo para indicar nueva marcha a la sala de máquinas, donde las levas no dejaban de moverse. Y así, el barco cambió de rumbo, dirigiéndose hacia el norte.

 

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Regresar al índiceCapítulo 3 by Sg91

 

Al día siguiente, no hubo más novedades que la misma calma y tranquilidad que ayer; al menos podría haber suerte y ese barco maldito no se fijaría en ellos. Sería toda una suerte; mejor tocar madera.

Esa misma tarde, cuando el sol estaba a punto de esconderse, inteligencia contactó con ellos; Murdock y los demás se reunieron en el puente de mando del "Knowledge", donde les informarían de todo.

-¿Qué ocurre?-inquirió Murdock.

-Nuevo mensaje de inteligencia para ustedes, al parecer se trata de algo importante-aclaró el capitán.

Activaron la video llamada y pudieron ver al general Mills, el mismo general que vio en la primera reunión y el cabeza de la operación.

-Buenos días a todos-saludó.

-Buenos días-respondieron ellos.

-Quiero comunicarles todo mi apoyo y ánimo en esta misión, la necesitarán. Todos sabemos a lo que nos enfrentamos y el riesgo que ustedes están corriendo también lo tengo en cuenta; así que quiero repasar con ustedes las órdenes y acciones reglamentarias. Bien, primera norma-pidió el general.

-Comunicar nuestra posición-corearon los cuatro.

-Bien, segunda.

-Huir inmediatamente.

-Ajá, bien, norma de emergencia.

-Señalar nuestra posición mediante bengalas rojas cada veinte minutos.

-Bien... prohibición expresa.

-No subir al barco bajo ningún concepto.

-De acuerdo, así me gusta, pues nada más, suerte y que Dios los bendiga a todos-dijo el general antes de colgar.

Al menos esa noche cenarían un poco más a gusto; en cuanto cayó, el barco se iluminó por entero para señalizar bien su posición. No se podía negar que estaban expuestos incluso por la noche; pero por si acaso, mejor tocar madera. En el puente iban más alertas que nunca, el contramaestre no quitaba ojo del sonar y el capitán escudriñaba entre la oscuridad con sus prismáticos, por si veía una gran silueta acercándose a ellos.

-Parece todo en calma-comentó.

-Parece-recalcó el timonel, sin dejar de sostener el timón, un joystick de dirección.

Todos guardaron silencio, como si esperaran a que pasara algo.

-Bueno, no se queden tan callados... Daniels, usted es fan de los New York Yankees, ¿no?-inquirió el capitán a su contramaestre.

-Ajá...-asintió éste sin dejar de mirar a la pantalla del sonar.

-¿Cómo quedaron en el último partido?-preguntó el capitán, para aliviar tensiones.

-Perdieron contra el Philadelphia Phillies-reveló él.

-Jugaron de puta madre-comentó el sobrecargo.

-Sí, pero ni por asomo tienen el nivel de los Yankees-se apremió a decir el contramaestre. El silencio volvió a caer en el puente como una losa; nadie decía nada, el nerviosismo se podía palpar en el ambiente. Estaba todo demasiado en calma. En ese momento, el contramaestre palideció y contuvo un gemido.

-Ca... capitán...-musitó.

Éste le miró y su segundo asintió.

-Ya está aquí... radio, envíe nuestra posición, ya-indicó él.

-Ahora mismo, señor-avisó el encargado de radio.

-Daniels ¿a cuanta distancia está de nosotros?-inquirió.

-A cincuenta millas, señor, y acercándose con rapidez-indicó el contramaestre.

El capitán se apoyó en la baranda de la cristalera, mirando al suelo, sin decir nada.

Voy a avisar a todos-indicó el sobrecargo, pero entonces el capitán le paró.

-¡Espera!

-Pero señor, no podemos perder más tiempo...-murmuró el sobrecargo.

-¡Me trae sin cuidado! Que cojones, lo he estado pensando, llevo dirigiendo este barco durante diez años seguidos, ¿y se supone que tengo que dejar que me lo hunda un maldito barco fantasma nazi? ¡Y una mierda, todo a babor!-exclamó.

-Pe... pero, capitán, tenemos ordenes de...-quiso decir el contramaestre.

-¡¡Me la suda, Daniels, no pienso dejar a mi barco, todo a babor y a toda máquina!!!-chilló, algo quemado.

Los marineros, no muy seguros de obedecer, se miraron entre sí y al final, acataron las órdenes; el barco aceleró hasta su máxima velocidad y viró toda a babor, huyendo del barco maldito.

-¡Nos sigue, capitán, está virando a estribor, quiere embestirnos a toda costa!-exclamó el contramaestre mirando por el sonar.

-¡¡No le dejaremos!!-exclamó el capitán.

La velocidad máxima del “Knowledge” era de 26 nudos, suficiente como para dejar atrás a un viejo carguero; pero el contramaestre se quedó helado al ver que de repente, el barco maldito doblaba su velocidad.

-No me lo puedo creer… es imposible…-musitó.

-¿Qué pasa?-inquirió el capitán.

-El barco… ese barco de mierda ha doblado su velocidad de golpe, de 20 nudos a 22, no tiene sentido…-explicó en contramaestre.

-¿Qué? ¡Es un carguero de los años 20, veinte nudos de por sí ya son muchos para él!-exclamó el capitán.

Revisó el sonar y lo confirmó él mismo; incluso triplicó la velocidad en segundos. Estaba ya solo a cinco millas de ellos.

-¡No podemos ir más rápido, nos alcanzará por popa, debemos dar la alarma y marcharnos todos!-urgió el contramaestre.

El capitán acusaba de todo su autocontrol para no explotar; pero no podía negar lo inevitable. Ese hijo de la gran puta les acabaría embistiendo.

-¡¡Maldición!!-gritó, impotente.

Sus marineros le miraron, con mirada comprensiva; tantos años en el mar para que al final un jodido barco fantasma te los hunda.

El barco maldito acortó millas, tres.

-Abandonad… el barco…-murmuró el capitán.

Encendieron la alarma y Murdock y los demás se pusieron en alerta; subieron a cubierta, pero  no vieron por ningún lado al barco fantasma. Se reunieron con el capitán y la tripulación al lado del bote salvavidas número cinco.

-¿Y el barco?-inquirió Murdock.

-¡Nos alcanza por popa, vámonos ya!-indicó el capitán.

Pero pasó algo que no se imaginarían ni en todos los días de su vida; miraron al frente y vieron la proa del barco maldito acercándose a ellos a una velocidad endiablada. Ésta tenía la misma forma que la sacada en las inmersiones; pronunciada y redondeada. Y además, muy desgastada y corroída.

-Su puta madre-soltó el capitán.

El barco consiguió su propósito: una colisión. El “Knowledge” cabeceó a babor, hacia donde todo el mundo se dirigió raudo; aun así, el impacto había sido tan fuerte que debió de haber abierto una brecha enorme, puesto que comenzó a escorarse con rapidez hacia estribor. Todos trataron de llegar a la otra cubierta, pero era tal el escore que difícilmente se podía dar un paso. Finalmente, el Knowledge colapsó y acabó dándose la vuelta como el Poseidón; sólo consiguieron salvarse Murdock, sus compañeros, Nicholson y el contramaestre, agarrándose a un bote que pudo soltarse de su cabrestante. Y así, confusos y asustados, lanzando cada veinte minutos las bengalas rojas, esperaron a que amaneciese. 

 

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Regresar al índiceCapítulo 4 by Sg91

 

Murdock abrió los ojos, cegado parcialmente por los rayos de sol; recordó todo lo que había ocurrido la noche anterior enseguida. El barco maldito consiguió embestirles y ahora el Knowledge era historia, como todos los barcos con los que se encontró; daba gracias a que los botes salvavidas de hoy en día eran más modernos, cerrados y con provisiones a bordo, que si no… Abrió un poco la puerta de acceso y se quedó helado; delante de ellos, parado y expectante, estaba él, esperando a que subieran. Claro lo tenía.

-Ey, ey, despertad, despertad todos-indicó a todos, igual de dormidos como él antes.

En cuanto se despejaron, les contó a todos la situación; para cerciorarse, todos se asomaron, viendo la prominente proa del barco. Parecía que les mirase atentamente por los ojos de buey de las anclas.

-¡Vámonos, vámonos pero ya, no pienso subir!-exclamó Nicholson.

-Ni tú ni nadie, Nicholson, tranquilo, no subiremos-le calmó su amigo.

-Evidentemente no vamos a hacer lo mismo que hicieron otras víctimas años atrás, sería estúpido-apoyó uno de los hermanos MacCann.

-Sí, será mejor poner pies en polvorosa… este bote tiene motor ¿no?-inquirió McCaligan, la socióloga.

-Sí, déjenme echar un vistazo-pidió el contramaestre.

Abrió un pequeño compartimento en el otro extremo del bote, junto a un pequeño timón y lo estuvo revisando; trató de arrancarlo, pero no podía.

-Joder… vamos… vamos…-musitaba el contramaestre, haciendo esfuerzos para encenderlo.

Pero todos sus esfuerzos fueron en vano.

-¡Mierda! Debió salir golpeado en la caída…-trató de justificar la situación.

-¡Estupendo! ¿Y ahora qué hacemos?-inquirió ella.

-Hay remos bajo las banquetas, ayúdenme a sacarlos-pidió el contramaestre, levantándose.

Pero mientras sacaban los remos, no se dieron cuenta de que la corriente arrastraba al bote hacia el barco; se ladeó hacia babor y en cuanto estuvo bajo el ancla de estribor, una ventana bajo el puente se cerró y el cabestrante de proa se puso en movimiento. El ancla bajó de golpe y cayó sobre el bote, atravesándolo por completo; todos sus ocupantes dieron un salto del susto, pero ninguno salió herido. El bote comenzó a hacer aguas en menos de cinco segundos, y la cadena del ancla se puso en movimiento de nuevo, subiéndola.

-¡¡Cojones, que susto!!-exclamó Nicholson.

-¡Mierda, nos hundimos!-dijo el contramaestre.

En cuanto el ancla subió hacia la superficie comenzó a arrastrar el bote hacia arriba.

-¡Salid todos, rápido!-apremió Murdock.

Todos saltaron a las heladas aguas del Atlántico, pero Nicholson se quedó, por miedo a tener que subir al barco maldito; se asomó por la puerta, viendo a los demás en el agua.

-¡¡Nicholson, salta, maldita sea!!-le dijo su mejor amigo.

-¡¡No, no quiero subir a él, me niego!!-se excusó.

El bote estaba a menos de cinco palmos del ojo de buey de la cadena del ancla, que subía imparable.

-¡¡Tienes que saltar, el ancla romperá el bote de todos modos, salta!!-exclamó Murdock.

 Nicholson se lo pensó rápidamente y por un momento optó por la opción más sensata; saltó y se reunió con los demás. El ancla terminó de subir y el bote crujió; tras unos segundos enganchado, finalmente se soltó y cayó al agua, inservible.

-¡Joder, mierda!-gritó Murdock.

-Quiere que subamos, no nos va a dejar marchar…-murmuró uno de los hermanos MacCann.

-¡Y una mierda, no voy a dejar que se tome el gusto de matarme, prefiero morir ahogado antes de que mate una panda de ectoplasmas nazis!-espetó el contramaestre.

-¡Oh, habla por ti, si el capitán nos hubiera avisado desde el primer momento, estaríamos todos a salvo y lejos de él!-le recordó el segundo hermano, señalando al barco. Todo sobre Egipto y Tutankhamon exposicion, historia, turismo Tutankhamon exposicion

-¡Bueno, tranquilos, con peleas absurdas no vamos a ninguna parte y este no es el mejor momento para empezar a culpar!-calmó McCaligan.

Murdock estuvo pensando rápidamente; el barco quería que subieran, eso estaba claro. Y dudaba en que se moviera aunque se quedasen en el agua, esperando a la ayuda…

-¿Cuándo mandaron nuestra posición?-inquirió él.

-Casi a medianoche, ya habrán pasado como unas seis horas-reveló el contramaestre.

-¡Además, no podemos quedarnos, será bombardeado en una hora y media!-recordó uno de los hermanos.

-¿Y desde que se mandó no se ha hecho ya? El mensaje fue mandado a medianoche, ya tendría que estar en el fondo-obvió Murdock enseguida.

Entonces, todo el mundo comenzó a discutir y a echarse la culpa; Daniels, el contramaestre, se sentía desfallecer. Tampoco sabía qué hacer, le habían entrenado para superar cualquier adversidad en el mar, pero claro, no le habían entrenado en medidas de seguridad en caso de embestida por parte de un barco fantasma. Se quedó callado, mientras todos culpaban a todos; pero entonces, le pareció oír algo, una voz.

-Bootsmann Daniels, hörst du? Hörst du mich, Herr Hauptmann? Ja, denn jetzt sind Sie der Kapitän.

Miró hacia la cubierta del barco, esperando a encontrar a alguien; no entendió nada de lo que le dijeron, la voz continuó.

- Was machst du im Wasser? Heben Sie die Brücke jetzt, Herr Hauptmann. Das Boot braucht.

Daniels se tuvo que apretar la cabeza para no escuchar; miró arriba de nuevo y la voz desapareció. Los demás seguían discutiendo hasta que él tomó la palabra.

-Basta… ¡Basta, basta todos!-exclamó.

Los demás pararon sus disputas y le miraron.

-Bueno, no podemos quedarnos en el agua, eso lo primero, podríamos coger una hipotermia-obvió él.

-¿Insinúas que subamos?-inquirió Nicholson.

-¡Es una locura!-opinó McCaligan.

Murdock le miró fijamente, algo extrañado. Todos coincidieron en que subir al barco maldito era una locura y una estupidez, sería repetir la historia una vez más, era absurdo.

-Hombre, pero todos sabemos lo que pasó ahí dentro gracias a las declaraciones de los supervivientes, nosotros mismos podemos evitar que se repita si somos fuertes y estamos unidos-anunció Murdock.

-¿¡Qué, has perdido el juicio, apoyas su decisión?!-inquirió Nicholson, alucinado al ver como su amigo se contraponía a todos.

-¡Escuchadme todos, vale que podemos ser víctimas del barco, lo sé, no creáis que no lo tengo en cuenta! ¡Pero estamos informados, miradlo así, podemos hacer frente al barco si nos lo proponemos y nos unimos todos!-trató de animarlos.

El contramaestre Daniels le miró fijamente; por un momento, pensó que le apoyaba por alguna razón. Pero tenía razón, era cuestión de proponérselo y ser fuerte de espíritu; él mismo se lo juró, sobreviviría, aunque tuviera que hacer frente a los terrores más terroríficos. Finalmente votaron acerca de si subir o no, y finalmente ganó el sí; rodearon el barco entero y vieron que a babor habían bajado una escala. De uno en uno y con cuidado, subieron a la cubierta del barco maldito; todo estaba en silencio, como había estado desde siempre. Contemplaron la desierta cubierta y las antiguas grúas de carga que poseía el barco; sus altas vigas y sus balanceantes ganchos le daban un aire mucho más espectral. Entraron en él y buscaron un camarote donde secarse y cambiarse; por un momento, Murdock pensó si había sido una buena idea apoyar al contramaestre. Él quería pensar que así fuera.

 

 

End Notes:

Espero que les guste

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Espero que les guste

Regresar al índiceCapítulo 5 by Sg91

 

Buscaron un camarote lo suficiente amplio como para poder estar todos; encontraron uno entre los muchos que había, tenía cinco camas, un sofá, una mesita y varias estanterías, todo de los años 20. Parecía más un salón que un simple camarote; se quitaron sus ropas para que se secaran y encontraron más en un cajón de un camarote individual cercano. Mientras pasaban el rato, Murdock curioseó por los estantes, encontrando un parchís, unas damas y una revista de los años 30 de nombre Spiegel. Contaba como Hitler aprovechó el descontento de los alemanes para asegurarse una subida meteórica al poder. Y ostias que si lo consiguió; también contaba del famoso incendio del Reichstag. McCaligan también curioseaba y sacó un tarro lleno de caramelos de lo que parecía de fresa y nata.

-¡¡No toques eso!!-exclamó al verla.

-¡Tranquilo, tampoco pensaba comérmelos!-le tranquilizó.

-¡Por si acaso! En uno de las declaraciones de uno de los supervivientes, explicaron que una señora tuvo la maldita ocurrencia de comerse tres y acabó envenenada, con pústulas del tamaño de pelotas de tenis en la cara y con un color amarronado que la daba aspecto de monstruo-explicó Murdock.

La socióloga de quedó de una pieza y dejó el tarro donde estaba.

-Que estupidez, ¿a quién se le ocurre comerse unos caramelos con más de veinte años?-murmuró uno de los hermanos MacCann.

-Hay gente que no piensa-comentó su hermano.

Nicholson y el contramaestre no dijeron nada.

-Por cierto, ¿no sois vosotros los expertos en parasicología? Podríais poneros a trabajar-les sugirió la mujer.

-Nos encantaría, pero hemos perdido casi todo el equipo en el Knowledge-se excusó uno de ellos.

-Sólo nos queda varias cámaras Panasonic, un reflector gráfico, dos videocámaras de alta definición y una grabadora para psicofonías-explicó el otro, mirando en su mochila; luego añadió.

-Y está todo en perfecto estado, increíble.

-Podríamos intentar una psicofonía en algún lugar estratégico… como por ejemplo, el puente de mando-sugirió el primero.

El contramaestre dio un bote al oírlo, pero nadie lo vio; aun así, se quedó como impactado. Entonces, volvió a oír esa voz que le hablaba.

-Kapitän, alles ist bereit zu gehen, was es macht auch hier? Gehen Sie auf die Brücke, sofort.

-Yo lo llevaré-se ofreció acto seguido.

Todos lo miraron, algo extrañados.

-¿Seguro? Mejor ir todos ¿no?-obvió la socióloga.

-Tranquilos, iré a dejarlo y volveré-aseguró.

Murdock le miró fijamente.

-Te acompaño, mejor no ir solo-le dijo.

El contramaestre no puso inconveniente.

-Bueno, vosotros no os mováis de aquí bajo ningún concepto-les dijo él a los demás.

Todos negaron con la cabeza y los dos se encaminaron al puente de mando; subieron unas escaleras hasta el nivel superior, de ahí al segundo nivel de la cubierta y llegaron a una de las puertas. Miraron por el cristal, todo estaba normal, aparentemente; entraron con un chirrido por parte de la puerta, el lugar estaba sucísimo y una capa de polvo de tres dedos campaba a sus anchas. En una mesa, varias cartas de navegación permanecían abiertas, la silla del capitán miraba al frente, vacía, en la pared había un informe con órdenes de navegación y al timón le faltaba un agarradero. Parecía que se lo habían arrancado de cuajo.

-¿Quién lo habrá echo?-murmuró el contramaestre.

-Más bien, qué lo habrá echo… y tiene toda la pinta de haber sido un rifle de repetición… dispararon desde aquí… y la bala arrancó el agarradero. De hecho, sigue incrustada ahí-dedujo, señalando una muesca en la pared, debajo de las órdenes de navegación.

Miró al telégrafo, que estaba su derecha; tenía claramente el impacto de una bala y el cristal estaba roto. Mientras el contramaestre dejaba la grabadora en la mesa, Murdock se acercó al timón y trató de moverlo, pero no pudo, estaba atorado.

-Nada, no puedo…-murmuró, desistiendo.

Iba a irse, cuando el contramaestre fue a intentarlo y anunció.

-Pues sí que se puede.

Se dio la vuelta y le vio moverlo como si tal cosa; en ese momento, el telégrafo tintineó y señaló a la sala de máquinas avante toda. En segundos, la flecha pequeña dio constancia de la orden y en menos de dos minutos, el barco se puso en movimiento de nuevo. El contramaestre miraba al timón fijamente, mientras esa voz volvía a su mente.

-Nun, Sir, nehmen dieses Boot zu Ewigkeit.

-Vámonos… venga, vámonos-le apremió Murdock.

Mientras tanto, en el camarote-salón, todos esperaban a que Murdock y en contramaestre volvieran de su incursión al puente; en ese mismo momento, se comenzó a oír una música proveniente de uno de los camarotes del nivel inferior.

-¿Oís eso?-inquirió la socióloga.

La música era cada vez más clara y se podía oír con facilidad.

-Es… música…-murmuró Nicholson.

Todos se quedaron escuchando por un momento esa embriagadora melodía, que parecía decirles a todos: “Buscadme, encontradme” Uno de los hermanos MacCann sacó un aparato que tenía y dijo.

-Mediciones fuertes… podría ser una trampa.

Aun así, la música les incitaba ir a ella; Nicholson se levantó y fue a encontrarla, pero los demás le pararon.

-¡Espera, debemos permanecer juntos!-le recordaron.

-Ya, pero… quiero saber de dónde viene esa música-murmuró, no muy convencido de querer ir.

-¿Otra vez? Que seguro que es una trampa, no podemos dejar que nos engañen tan sutilmente-insistió uno de los hermanos MacCann.

Finalmente, decidieron ir todos juntos por unanimidad, exceptuando el hermano insistente.

-¡Me niego a ser servido en bandeja, maldita sea!-exclamó.

-Muy bien, pues espéranos aquí-le dijeron, incluido su propio hermano.

Pero la idea de quedarse solo, no le molaba lo más mínimo, así que al final aceptó ir con ellos.

-Pero un vistazo rápido y volvemos ¿eh?-recordó.

Bajaron al piso inferior y en uno de los camarotes del fondo a la derecha, encontraron un gramófono más antiguo que el propio barco; en ese momento estaba sonando “Carmina Burana” de Carl Off.

-Vaya, vaya, una pieza muy apreciada en la Alemania Nazi…-murmuró la socióloga.

-¿Es una indirecta?-aprovechó Nicholson para hacer un chiste.

Todos se rieron del chiste, bastante acertado; ella apartó el lector y la música cesó.

-Vale, volvamos-indicó ella.

Pero en cuanto cruzaron el umbral, se encontraron en un pasillo diferente; éste giraba a la derecha, cuando por el que cruzaron era todo recto.

-Mierda…-soltó Nicholson.

-¡Lo sabía, lo sabía, era una puta trampa!-musitó el hermano MacCann.

Por otro lado, Murdock y el contramaestre volvieron al camarote-salón pero se llevaron una sorpresa al ver que estaba vacío.

-Pe… pero… ¿¡a dónde coño han ido?!-soltó éste.

El contramaestre no dijo nada.

-¡¡Joder, joder, mira que se lo dije, no sé para qué cojones digo las cosas, ostias!!-gritó cabreado, pateando una papelera.

Pero entonces, oyeron como una conversación cerca de donde estaban; se quedaron extrañados y fueron a ver de dónde provenía ese ruido. Unos camarotes más atrás se encontraron con una sala de audiovisuales, un proyector de los años 20 pasaba no una película, sino un informe sobre el estado de la nación alemana. Todo estaba en alemán, pero pudieron ver que anunciaba el repliegue de las tropas alemanas hacia Berlín, así que tendría que ser un informe de mediados del 45.

-Curioso… ¿Cuándo conseguirían la película?-murmuró Murdock.

La curiosidad hizo que mirara en el proyector, pero la película no se correspondía con las tomas.

-Qué raro… no son las mismas tomas… ¿Qué opinas, Daniels?-inquirió él, pero cuando levantó la vista, vio que había desaparecido.

-¿Pero qué…?-musitó, incrédulo.

Entonces se dio cuenta de una cosa; el barco sabía desde el principio que tratarían permanecer juntos, pero él quería lo contrario. Y ya lo había conseguido.

 

End Notes:

Y voy avanzando, se va poniendo interesante...

End Notes:

Y voy avanzando, se va poniendo interesante...

Regresar al índiceCapítulo 6 by Sg91

 

Murdock salió de la sala, creyendo o al menos tratando de creer que encontraría a todos sanos y salvos; mientras no se aventuraran demasiado podría haber una posibilidad de que se salvaran. O eso esperaba… Por hacer algo, ya que se encontraba solo, se puso a buscarlos él mismo; bajó al nivel inferior, donde había más camarotes, pero no encontró a nadie. En un camarote había un gramófono parado, con señas de que habían estado allí; salió al pasillo y se dirigió directamente a las escaleras que bajaban. Un nivel más abajo la atmósfera estaba más enrarecida y se sentía como cierto aplomo en ella; pero al fondo, vio un brillo rojo saliendo de uno de los camarotes. Se acercó a ver que era esa luz y nada más entrar se encontró en una habitación nazi; miles de banderas con la cruz gamada decoraban la estancia. Todas las paredes eran rojas, de ahí el brillo; a parte habían otro distintivos de la ideología nacionalsocialista, como el águila imperial sosteniendo el repugnante símbolo. Vio que había una cortinilla que ocultaba algo, la desplegó y vio como un pequeño altar con un retrato de Hitler. Por un momento, vio que estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado; más bien, ni debería haberse ido del camarote-salón. En el centro de la habitación, un escritorio con miles de documentos en él le llamó la atención; se sentó en la silla y estuvo rebuscando en los cajones, como si supiera que igual encontraría algo interesante. Y finalmente sí que lo hizo, encontró un diario de navegación; estaba a nombre de Vladimir Gevob, al parecer el primer capitán que tuvo el Reiseziel. Lo abrió por la primera página y comenzó a leer.

“20 de noviembre de 1925, Hamburgo

Hace ya una semana desde que se botó el Reiseziel y yo estaré a su mando; no puedo evitar sentirme algo nervioso, siendo el primer viaje de este pequeño. He de decir que como carguero es sencillamente hermoso, elegante y bastante grande; hasta ahora casi siempre había llevado pequeños ferrys a mi mando, pero en éste momento me ponía al timón de un señor carguero. Justamente hoy por la tarde zarpábamos hacia Carolina del Norte y por la mañana se estuvieron ultimando los preparativos para el zarpe”

En ese momento pudo oír como llamaban a la puerta y se sobresaltó; pero mayor fue su sorpresa cuando se encontró en el camarote nazi totalmente limpio, cuidado y sin tanta ideología nazi. De hecho, las banderas ya no estaban. ¿Qué estaba pasando?

-Adelante-oyó una voz decir.

La puerta se abrió y un marinero se presentó.

-Capitán, ya ha llegado la carga para transportar-anunció.

-¿Es a mí?-inquirió Murdock.

-Ah bien, voy a supervisarla-dijo la voz.

Y de golpe y porrazo, de donde estaba él sentado se levantó un hombre de aspecto cincuentón, con algunas canas y ojos oscuros; él también se levantó y les miró atentamente, al marinero y al capitán.

-Perdonen, no era mi intención molestar-dijo él.

-La carga viene del muelle seis, capitán Gevob-añadió el marinero.

-Espero que no se demoren demasiado-dijo éste.

Salió a tiempo antes de que Gevob cerrara la puerta; Murdock se quedó ciertamente impresionado al ver el barco tan limpio y nuevo. No parecía el Reiseziel al que él abordó hace ni siquiera unos minutos.

Acompañó a los dos a la cubierta y se quedó más impresionado si cabe; definitivamente, algo raro pasaba, el Reiseziel era completamente nuevo. Desde tierra comenzaban a acercar una serie de contenedores herméticos para su subida; usando las grúas que poseía el barco, no costaba lo más mínimo subirlas y empacarlas en las grandes bodegas. Un hombre de tierra embarcó un momento para que Gevob echara una firma de recibo.

-Un cargamento de hierro y cobre para Norfolk… marinero, dígale al sobrecargo que confirme la carga…-pidió Gevob a éste.

-Ahora mismo, señor-dijo éste, bajando a la cubierta inferior.

A una orden rápida del sobrecargo, un grupo de marineros estuvieron abriendo los contenedores y confirmaron toda la carga de vigas de hierro y cobre, posiblemente para la construcción. A una señal de sobrecargo, los contenedores se cerraron y mediante las grúas subieron los que quedaban en tierra. Tras unos minutos más de maniobras con las grúas, le indicaron al capitán.

-Carga completada, señor.

-Bien, zarpamos esta tarde-indicó.

Todos, incluyendo al capitán, entraron en el barco para descansar; Murdock se quedó solo en cubierta y cómo aún tenía el diario en sus manos, se puso a leer.

“26 de noviembre de 1925, Océano Atlántico

Ya llevamos seis días de viaje y aún faltan varios cientos de millas; aun así, he de decir que el viaje es ameno y confortante, el Reiseziel no es muy rápido, pero recorrer el mar es definitivamente a lo que yo siempre he aspirado. Y, por supuestísimo, llevar un barco de estas proporciones no tiene nada que ver con el llevar a diminutos ferrys; me siento contento y feliz.”

Levantó la vista y se vieron en pleno mar, avanzando y rompiendo las olas; estaba en el mismo sitio, levantó la vista y vio a Gevob llevando el barco con el timón que hay arriba del puente de mando. Vaya, así que hay dos timones… subió a dónde él estaba, se podía observar que tenía una mirada profunda. Concluyentemente ese hombre era de mar y le gustaba navegar.

Por su parte, no había nada más relevante a partir de ese año, siempre había navegación normal; pero cerca de 1939 ya empezaban a pasar cosas interesantes.

“20 de abril de 1938

¿Será posible? ¡Van a comprar el barco los nazis! ¡Y no me he enterado hasta hoy! ¿¡Por qué?! ¡¡Llevamos más de diez años de servicio!! ¿¡En que estará pensando el armador?! Menudo idiota redomado, me crispa, juro que me crispa; ¿a cuento de qué quiere venderles el barco? ¿Y por cuánto? No puedo evitar pensar en algo malo. Y no es que sea un mal pensado, es que no se puede pensar en otra cosa tratándose de ellos; no me fío, ni un pelo. Tendré que realizar algunas averiguaciones…”

Levantó la vista y se vio en el puente de mando; Gevob estaba mirando al frente, dando la espalda a otro hombre de mediana edad.

-¿Cómo… cómo puede?-inquirió el capitán.

-Lo siento, Gevob, la decisión ya está tomada, el año que viene pasará a sus manos-se excusó el hombre, que debía de ser el armador.

Gevob siguió dándole la espalda.

-¿por qué lo hace, por qué se fía de ellos?-inquirió.

-Ni me fio ni me dejo de fiar, sólo son negocios… además, recuerde que la naviera no tira cohetes últimamente-le recordó el armador, con tonito.

Gevob no dijo nada, parecía que trataba de controlarse de alguna manera.

-Harán una remodelación de tripulación… puede que… acaben relevando de usted-anunció el armador.

Gevob se agarró con fuerza a la baranda del cristal.

-Lo siento, Gevob… yo de usted me plantearía el traslado de expediente. Buenos días.

Y tras esas palabras, el armador se fue; Murdock se acercó al capitán y vio a un hombre destrozado, bañado en lágrimas.

Regresó a la lectura, la última entrada de Gevob rezaba así.

“1 de mayo de 1939

No pienso dejar que me quiten mi barco así como así; ese coronel militar, Haussen, vino a mi despacho y me anunció sin reparos que los nuevos propietarios relevaban de mí. Así, como quien no quiere la cosa; ahora el nuevo capitán sería él. Por los cojones. No pienso abandonar mi barco en manos de esos desgraciados. Y tengo un plan.”

Murdock levantó la vista y se encontró en el castillo de popa del Reiseziel; desde donde estaba, pudo ver a Gevob vestido de marinero corriente, uniéndose a la nueva tripulación sin que se percataran de ello. ¿Pretendía colarse en el barco? ¿Sería eso prudente? Le siguió con la mirada hasta que al final embarcó junto con todos los demás; en ese justo momento estaban cargando los contenedores en las bodegas; el coronel Haussen, ahora capitán, se encontraba firmando el recibo de la carga. Gevob le miraba atentamente.

-Muy bien, caballeros, nos vamos-indicó, sin si quiera comprobar la carga.

Gevob se quedó de una pieza; ¿sin comprobar la carga ni checar el estado del barco? Qué raro… Desataron amarras y el barco se fue del puerto sin siquiera despedirse con los tres sirenazos típicos; vio que Gevob se quedó rezagado entre las grúas y bajó a la cubierta inferior junto con él. Se dio cuenta que esperaba una oportunidad para bajar a las bodegas; en cuanto no vio a nadie a la vista, se coló por una escotilla y se dirigió a uno de los contenedores para comprobar la carga. Nada más abrir las puertas, un numeroso grupo de personas rapadas, harapientas y vestidos como presidiarios salieron del contenedor y le miraron, curiosos. Gevob se quedó helado; en una de las etiquetas del uniforme, ponía: “Auschwitz-Birkenau”.

Dio un paso atrás y se chocó con alguien; se dio la vuelta y vio al coronel Haussen mirándole sin expresión alguna en el rostro.

-Señor Gevob… creí haberle dicho bien claro que usted no pintaba nada aquí…-murmuró.

-Son… son… judíos…-musitó Gevob.

-Muy bien… y al parecer ha venido a ayudarles… ¿no será que usted… también es judío?-inquirió Haussen, cambiando la expresión de su rostro de golpe.

-¡No! ¡Yo soy de ascendencia alemana!-exclamó él, aterrado.

-Me parece haberle dejado claro que abandonara el barco, ya no es suyo… pero aun así, ha desobedecido a mis órdenes y ha tratado de liberar a esta escoria-musitó el hombre.

-¡¡No pienso dejar que usen a mi barco como si fuera un campo de concentración más, el Reiseziel es un barco mercante!!-chilló Gevob.

 -¿Su barco? Ja, ja, ja… creo que no ha entendido la situación… y me parece que usted va a estrenar el marcador… lleváoslo-indicó, con furia.

Mientras un grupo de marineros se llevaban a Gevob a rastras, Haussan chilló.

-¡¡Adentro todos, parias asquerosos, aun no os toca!!

Llevaron a Gevob a la enfermería, donde le acostaron en una cama; Murdock les siguió durante todo el camino y en ese momento, llegó Haussan.

Un médico le estuvo mirando los dientes y finalmente anunció a Haussan.

-Tiene uno de oro.

Éste se acercó a Gevob y le dijo.

-Me es de suponer que usted sabe que significa Reiseziel… ¿cree que se lo pusieron por capricho? ¿Quién cree que financió la construcción de este barco, quien cree que lo botó con ese nombre, quien cree que aprobó el proyecto? Sí, es justo lo que está pensando… por cierto, bonito diente de oro…

Y tras esas palabras, se fue del lugar; lo ataron a la cama con cinturones de fuerza, el médico cogió unos alicates del quince y con fuerza y maña, le arrancó el diente de cuajo, sin anestesia. Los gritos de Gevob recorrieron todos los rincones del barco y la sangre salía a borbotones de su encía, desgarrada. Murdock se quedó encogido en un rincón, contemplando la macabra escena con una cara de martirio total; cerró los ojos y pensó con todas sus fuerzas.

-Quiero despertar, si esto es un sueño quiero despertar, quiero despertar, quiero despertar…-se decía.

Abrió los ojos y se encontró de nuevo en la habitación nazi, rodeado de esas apestosas banderas; se levantó de golpe y huyó de allí tan rápido como le fue posible. Corrió y corrió, como si le fuera la vida en ello, aunque la verdad esa era la situación; por un momento se quedó perdido por todos los pasillos de ese horrible barco, tratando de encontrar una salida. Sin mirar por donde iba, siquiera, al final se chocó con alguien con tanta fuerza que se cayó de espaldas; la persona se dio la vuelta y le miró detenidamente.

-¿¡Contramaestre Daniels?!-musitó Murdock.

-Capitán Daniels, si no le importa… ahora yo soy el capitán-le rectificó.

Iba vestido como el coronel Haussan en su visión; no, iba con su traje, el mismo traje.

-¿Ca… capitán, de qué demonios hablas, Daniels?-inquirió Murdock, levantándose.

Daniels se acercó a él y le dijo, arrebatándole el diario.

-No están permitido coger mis cosas sin mi permiso…

-¿¡A que cojones juegas, Daniels?! ¡¡Esto no es ningún juego!!-le gritó Murdock.

-¿Eso cree usted?-susurró Daniels, ocultándose en las sombras.

Por un momento Murdock entendió algo, aunque no al cien por cien; fuera lo que fuera, el barco estaba consiguiendo su propósito. Y dudaba que les dejara marchar a partir de ese momento.

 

 

 

 

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