Fanfic Ángel Ciego 3. Vacaciones en Namek

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Retomamos la actividad de los fanfics, Izbet https://www.wattpad.com/user/Izbet46 nos manda la tercera y última parte de su nuevo fanfic en español de Bola de Dragón titulado "Ángel Ciego 3. Vacaciones en Namek"

Resumen:

Izbet sigue entrenando en el Templo Sagrado, y les propone a sus habitantes ir de vacaciones por unos días al nuevo Planeta Namek. Va con Piccolo y Dende, al llegar ella se hace amiga de un pequeño de nombre Jattyta, quien es del Clan del Dragón, pero quiere aprender a luchar, la mujer tratará de ayudarlo, pero por eso se enfrentará  a Piccolo. Todo se complica más todavía con la llegada de unos invasores.

Habían pasado unos meses desde que Piccolo dejó de ser humano, Izbet seguía entrenando en el Templo Sagrado, ya hablaba fluido namek, a raíz de eso se le ocurrió una de sus locas ideas.

— ¿Qué les parece ir de vacaciones al Planeta Namek? — sugirió de repente la fémina.

Los tres la miraron como si no comprendieran lo que dijo.

— Me han hablado tanto de ese lugar ¿Por qué no ir? — insistió la mujer ciega.

— Queda muy lejos para viajar allí en una nave — le replicó Piccolo.

— Una vez me contaste que Goku los llevó ¿Hace cuánto que no van? Iremos todos ¿Verdad?

— Mr. Popó no ila — respondió el hombre de piel oscura.

— ¿Y tú, Dende? ¿Irás? Apóyame — le suplicó.

— No sería mala idea, por unos días — aceptó el joven dios.

— ¿Qué pasará con la Tierra? — se preocupó el guerrero namek nacido en la Tierra.

— Por unos días el planeta no correrá peligro, además, si pasa algo Goku puede ir a buscarnos. Anímate grandote.

No muy convencido Piccolo aceptó ir a Nuevo Namek, con la medio demonio y Kami Sama, el sayayin los llevó con su teletransportación, al llegar fueron rodeados por los habitantes del lugar, el nuevo Gran Patriarca los recibió con los brazos abiertos.

— Que alegría volver a verlos amigos.

— Gracias Gran Patriarca — respondió Kami Sama.

— ¿Pasa algo malo? ¿A qué se debe su visita? — preguntó preocupado el soberano del lugar.

— Gran Patriarca, le presento a nuestra amiga Izbet — dijo el dios de la Tierra.

— Un gusto conocerlo, Gran Patriarca — saludó hablando en el idioma namek.

— El gusto es mío, que agradable sorpresa, habla perfectamente nuestro idioma.

— Gracias, todo es mérito de Dende, él me enseño, quisiera conocer más de su cultura ¿Le importaría que nos quedáramos unos días con ustedes?

— Gran Patriarca, entendemos si nos dice que no — Piccolo quería que no los quisiera recibir, para volver inmediatamente a la Tierra.

— Será un honor para nosotros tenerlos por el tiempo que quieran — recordó cuando estuvieron en la Corporación Cápsula y lo que le explicó Bulma de las mujeres de la Tierra — a la Srta. Izbet tendremos que acomodarla en una casa para ella sola.

— No se preocupe, traje una para mí en esta cápsula — le explicó sonriendo.

— Ya que se van a quedar me voy ¿Cuándo debo volver a buscarlos? — preguntó Goku.

— En 15 días. Gracias, adiós — le respondió Izbet antes que cualquiera de los viajeros, el sayayin se despidió con la mano y se fue.

— Se suponía que eran sólo un par de días — replicó Piccolo molesto.

— Si pasa algo, él vendrá a buscarnos, tranquilo. Disculpe, Gran Patriarca, yo no puedo ver, uso varios equipos especiales que me permiten moverme sin chocar ¿No hay problema por eso? — espero que se hubiera ido el único que podía devolverlos, así aunque no quisieran, deberían quedarse.

— Por eso sus ojos son blancos — sonrió — no creo que sea ningún inconveniente, Dende ¿Puedes cuidar de ella este tiempo?

— Sí, pero cuando se ubique bien en la aldea verá que no necesitará ayuda de nadie.

— De nuevo gracias por dejar quedarme Gran Patriarca.

— La llevaré donde pueda instalarse, me imagino que quiere descansar un poco — propuso el líder.

— La verdad no estoy cansada, pero es una buena idea.

Se acomodó cerca de la orilla de un lago, puso un tubo que dejó en el líquido, así tendría agua fresca durante su estadía, luego paseo con Dende del brazo por la aldea, era la curiosidad de los más pequeños, que nacieron luego que se fueron de la Tierra, ya que era la primera vez que veían una mujer, a pesar de eso se mantenían alejados, sólo los adultos conversaron con ella.

Mientras en las afueras de la aldea estaban los namek pertenecientes a la casta guerrera, entrenando, Piccolo estaba cerca observándolos.

El líder del grupo era Tochat, un joven con expresión de suficiencia en su mirada hacía todos, él estaba entrenando con cada uno de los demás por turnos, orgulloso de ser el mejor de todos, a pesar de ser el más joven, deseaba lucirse al tener a este legendario guerrero cerca. Cuando llegó Izbet y Dende, el muchacho estaba expulsando del lugar de forma muy prepotente a un niño, que se fue llorando y por ir sin prestar atención a nada, chocó con Izbet.

— Se supone que quien no ve soy yo.

— Lo siento — la miró con sorpresa — usted debe es la humana que llegó esta mañana, mis amigos me avisaron, querían que los acompañara a verla, pero yo deseaba... — volteó hacia los luchadores y volvió a sollozar.

— Calmate pequeño ¿Cómo te llamas? — le preguntó Izbet, que se arrodilló a su lado para secarle las lágrimas.

— Jattyta — respondió más tranquilo.

— ¿Por qué te hecho de esa manera ese tipo?

— Es que quiero aprender las técnicas de los guerreros, pero no me dejan porque soy del Clan Dragón.

— ¿Es así, Dende? Algo creo recordar pero no estoy segura — tenía abrazado al niño.

— Sí, recuerda que te conté de las castas, un guerrero no pueden manejar los poderes del Clan Dragón, y nosotros no luchamos.

— Qué ridículo — le sonrió al pequeño — ¿Quieres acompañarme a conocer tu planeta? ¿Serías mi guía?

— Me encantaría — respondió el jovencito contento — ¿Cuál es su nombre?

— Izbet.

En ese momento Tochat se acercó y se presentó con Piccolo, le pidió entrenar con él, el namek terrestre cortésmente se negó, el joven insistió un par de veces más, entonces la mujer intervino en la conversación, dejando a un lado a Jattyta y a Dende.

— Este joven da la impresión de ser fuerte, será un buen entrenamiento para ti, amigo.

Piccolo se mantuvo callado, vio los ojos de la ciega plomos, señal que estaba muy molesta, aunque por fuera se viera tranquila.

— Pero primero tendrás una pequeña lucha conmigo ¿Cómo te llamas? — preguntó suave la del mechón blanco.

— Tochat, pero no quiero combatir contigo, sino con él, no me rebajo a pelear con seres tan débiles.

Kami Sama iba a intervenir, poniendo en su lugar a ese arrogante pero Izbet se le adelantó.

— Si soy tan débil como dices, no te costará vencerme, te propongo algo, si ganas, Piccolo entrenará contigo todos los días hasta que nos vayamos, pero si pierdes no volverás a insistir, ganará quien logre sentarse al menos 5 segundos en su oponente ¿Estás de acuerdo? – consultó dirigiéndose al terrestre de piel verde, quien solo dijo sí y se preparó para ver qué ocurriría.

— No luchó con seres inferiores, pero contigo haré una excepción — rió el muchacho celebrando anticipadamente su triunfo.

Mientras la pelea fue a nivel de piso, al ser más pequeña la mujer se escabullía fácilmente, incluso detenía sus golpes solo con su bastón, varias veces le puso el pie en el trasero y lo botó aparatosamente al suelo, entonces ella podría haberse sentado los 5 segundos, pero no lo hizo, quería seguir desesperando al joven que escuchaba a sus amigos murmurar entre ellos.

— Ten Dende — la terrestre le tiró el bastón — cuídamelo por favor. A ver si es más fácil para ti así.

Pero las cosas siguieron iguales, al rato ella se elevó en el aire, Tochat la siguió.

— Tal vez el aire es mejor para ti, "campeón" — dejó que tomará algo de aire un minuto — espero que estés listo.

Apenas terminó la frase, desapareció, el joven la buscó con la vista, pero no la pudo encontrar, tampoco su ki, hasta que la del mechón blanco carraspeó, estaba debajo de él, apenas Tochat bajo la vista ella subió y lo golpeó en la barbilla con su cabeza. Mientras el muchacho se recuperaba la medio demonio se quedó frente a él, quieta, de brazos cruzados, apenas se le pasó algo el mareo el joven guerrero le tiró varias bolas de energía, pero la terrestre las desviaba con sus manos. Rápidamente el namek se traslado a la espalda de su contrincante para tirarle más energía, ella está vez no se movió, solo hizo aparecer sus alas y bloqueo los ataques.

— Mejor volvamos al piso, siento que estás demasiado cansado para seguir en el aire — hizo desaparecer sus alas y lo esperó en el suelo.

El joven trató de golpearla con patadas y puñetazos, pero la mujer solo los esquivaba con los brazos cruzados, ya casi agotado Tochat concentró todas las fuerzas que le quedaban para darle un puñetazo en el rostro, ella esperó hasta el último momento, dobló la cadera, ladeó el tronco, tomó la mano del guerrero con la suya y lo empujo para adelante, con la energía del golpe que quería darle, más la fuerza con que le tiró el brazo, el líder de los guerreros cayó al suelo para no volver a levantarse, Izbet se sentó sobre él y lentamente contó hasta diez.

— Piccolo, no tendrás que luchar contra éste... como fue que dijiste Tochat... — se incorporó en medio de los murmullos de admiración por el enfrentamiento — ya me acuerdo, esté ser débil, inferior. Dende, por favor pasame mi bastón — se lo acomodó en la mano — Jattyta, voy a comer algo, nos vemos en una hora en mi casa, todos en la aldea saben donde es.

Kami Sama se fue con ella, en silencio, caminando despacio.

Piccolo se puso al lado del perdedor para hablarle.

— Luchó con menos del 5% de su poder, lo sé porque yo la entrene. Aprende esta lección, nunca subestimes a tu enemigo por las apariencias, o el aparente tamaño de su ki.

Luego siguió a los demás, dejando al joven sumido en su vergüenza.

— ¿Por qué hiciste eso? — preguntó cuando logró alcanzar al grupo — lo humillante demasiado, te ganaste su odio.

— ¿Me ves preocupada por eso? No me gustó como trató al pequeño, podría haberlo alejado de una manera más amable, fue muy prepotente, me molesta cuando alguien se cree mejor que los demás, y sólo es... un mocoso que tiene la suerte que sus compañeros son más débiles.

— ¿Qué te pasa en realidad? — sabía que había algo más.

La mujer empezó a hablar cuando Kami Sama los dejó solos para ir a saludar a un conocido.

— Fue en un monasterio que estuve luego que mi padre murió que conocí a alguien así, me puso una trampa, por eso tuve que huir de ese lugar, y pase por la peor parte de mi vida — pensó un rato — ¿Es verdad que quién es del Clan Dragón no debe aprender a luchar?

— Exactamente.

— Pero ¿Y tú?

— ¿Yo qué? — preguntó curioso por lo que le iba a decir, era demasiado impredecible cuando quería.

— El Rey Piccolo, tu padre, era un luchador, pero su otra mitad, Kami Sama era del Clan Dragón, ya que tú eres la reencarnación de tu padre, un luchador, pero su parte buena era del Clan Dragón y lo asimilaste, ahora ambos son uno en ti, por lo tanto si se puede ser de ambos clanes — habló de un tirón para que no la interrumpiera.

— No empieces con tu retorcida lógica, el pequeño no debe aprender a luchar y punto — dijo con su voz más firme.

— No puedes decir que no lo intente — volteó la cara para que no viera su expresión, se había propuesto ayudar al pequeño, y lo haría aunque tuviera que enfrentarse al namek terrestre — ¿Me acompañas mientras almuerzo?

— Bueno — se fue contento que ella se dio por vencida sin tanta discusión.

 

Luego de comer, la mujer se reunió con Jattyta, quien la llevó a conocer los lugares cercanos.

— De verdad quieres aprender a luchar ¿Tienes algún poder o no?

— Mis poderes no se comparan a la de los guerreros, no sirven para una pelea, he visto como entrenan y quisiera ser como ellos — suspiró triste.

— ¿Quieres que te enseñe? Son pocos días los que estaré ¿No te importa?

— Se lo agradecería Srta. Izbet — contestó sonriendo Jattyta.

— Dime sólo Iz. Llévame donde no puedan encontrarnos.

 

Fueron a un lugar entre unos cerros, como no se veía ni se sentía a nadie por esos lados, empezó a prepararlo, pero para su mala suerte Tochat los siguió, al ver que pasaba se fue corriendo a contarle al Gran Patriarca. Cuando volvió sola a la aldea el líder del planeta la estaba esperando.

— Quisiera hablar con usted — le dijo serio el hombre mayor.

— Dígame Gran Patriarca — se acercó tranquila.

— Sé que hace poco que está aprendiendo nuestro idioma y costumbres.

— Así es.

— ¿Sabe usted que alguien que pertenece al Clan Dragón no debe aprender artes marciales?

— No sabía, disculpe — la mujer puso su mejor voz de inocente — estuve enseñando a Jattyta. Lo siento mucho.

— No se preocupe — sonrió comprensivo — supuse que eso había pasado.

— Todavía me falta aprender mucho de ustedes.

— Cuando quiera la espero en mi casa para conversar.

— Una de estas tardes iré, muchas gracias por su comprensión.

En la puerta de su casa la estaba esperando Piccolo, que escuchó todo.

— Le mentiste al Gran Patriarca — la regañó molesto — debí suponer que harías algo así.

— Una mentira blanca no le hace daño a nadie.

— Te dije que no debías hacerlo.

— No te prometí que no lo haría, es una tontería todo eso, no estoy de acuerdo con que al pequeño lo encasillen sólo por haber nacido en un clan.

— Te guste o no es así, será mejor que no lo sigas entrenando, sino nos vamos a la Tierra enseguida.

— ¿Y cómo llamarás a Goku? — entró a la casa y cerró la puerta con un portazo.

Cuando él se fue, ella se sentó en la cama molesta, le tomó cariño rápido al pequeño, si el namek terrestre la amará y si no fuera por esa "condición especial" como le decían los médicos a lo que le pasaba, podría tener un hijo o hija mitad namek, a quien tal vez le ocurriría lo mismo, por eso no dejaría que le dijeran a Jattyta que podía o no hacer. En eso sintió ruidos en la ventana.

— ¿Quién anda por hay? — preguntó Izbet luego de abrir la puerta.

— Soy yo — respondió el niño en el que pensaba, saliendo de un costado de la casa.

— ¿Jattyta? Sé que los adultos sólo duermen algunas horas en el día, pero los niños deben dormir como los humanos ¿No tienes sueño?

— Todavía no estamos cansados, quería agradecerte que me entrenarás, escuche cuando el Gran Patriarca te dijo que no lo hicieras, no quiero que tengas problemas por mi culpa  — explicó triste.

— No te preocupes, eso lo veremos luego ¿Cómo que no estamos cansados?

— Es que algunos amigos y yo queremos ver como es una casa humana ¿Podemos? — terminó pidiendo algo asustado.

— ¿Y dónde están tus amigos? No los escucho.

De atrás de unos arbustos salieron un par de niños namek.

— Pasen — se apartó dejándoles el paso libre — prometo que no me los voy a comer.

Cuando entraron, tenían curiosidad por todo lo que veían, sobre todo en la cocina y el baño, aunque sólo bebían agua, Izbet dejó descongelando helado, y al rato le dio un poco a cada uno para que probarán. Las horas pasaron y llegaron algunos adultos buscando a los niños, quienes estaban escuchando historias y cuentos de la Tierra. Todos se fueron prometiendo volver al otro día. Jattyta pidió permiso y lo autorizaron a quedarse con la terrícola hasta que se fuera a su planeta. Al otro día apenas desayunó, golpees suaves se sintieron en la puerta. Eran los niños (más que el día anterior) que querían seguir explorando la casa, y escuchar las historias, cuando no entendían algo la mujer trataba de explicárselos, pero se enredaba y todos terminaban riendo, Piccolo y Dende llegaron en ese momento y encontraron la casa convertida en un jardín de infantes.

— ¿Qué pasa? — preguntó el más alto de los recién llegados

— Me vinieron a visitar, les gusta estar acá — respondió la mujer ciega sonriendo.

— Sí, todo es increíble — explicaron los niños a coro.

— No deben incomodarla, ella vino a aprender de nuestro planeta — les dijo Dende suavemente.

— La llevaremos a conocer el lugar y que juegue con nosotros — sugirió Jattyta que la tomó de la mano para salir de la casa, los otros niños iban contentos, riendo y conversando entre todos.

 

Al otro día, la mujer se levanto más temprano con el niño y salieron antes que los otros pequeños llegarán, ella quería enseñarle un poco más de artes marciales, cuando ya llevaban un rato en eso los encontraron Dende y Piccolo.

— Izbet — al escuchar el grito furioso del guerrero, el niño se abrazó a una de las piernas de la mujer.

— ¿Qué pasa? — preguntó tranquila.

— Te dijeron que no lo entrenarás — le recordó enojado.

— Todavía no encuentro que tiene de malo — se puso frente a él con los brazos en jarra.

— No debes hacerlo porque él es namek, y nuestras costumbres son estas, si tanto quieres mandar en la vida de un niño, entonces ten uno propio.

La del mechón blanco tenía 11 años y había presentado algunos problemas "femeninos", por eso su abuelo la acompañó al ginecólogo. Luego que la revisó y le mandó hacer algunos exámenes le tenía una terrible noticia. Curso gratis de Reparación de Máquinas de Coser 1000 Cursos Gratis

— Sus ovarios presentan algunas irregularidades, por eso solo tiene su período una o dos veces al año, además tiene varias cicatrices causadas por la viol... bueno ustedes me contaron lo sucedido, unidas a varias malformaciones en el útero, hacen imposible que en el futuro pueda ser madre.

El anciano se mostró muy abatido con el diagnóstico, pero la joven estaba muy tranquila.

Cuando llegaron a su casa.

— Lo siento mucho mi niña.

— No te preocupes abuelo, no me importa no tener hijos.

— Pero...

— Luego de lo que viví, y al ser ciega, creo que es lo mejor ¿Te imaginas yo cuidando un bebé? Toda mi vida deberé tener alguien que me ayude, las cosas ocurren por algo, voy a mi dormitorio.

Caminó sin problemas guiada por el sonido de una campana de viento que estaba colgada del descanso de la escalera, se tomó del pasamanos, y subió calmada al segundo piso.

"Te juro mi niña que encontraré la manera de que seas totalmente independiente".

Unos meses después él le regalo sus primeros dispositivos para poder moverse con ayuda del ultrasonido.

— Lo siento Jattyta, no podré seguirte entrenando — estaba pálida luego de recordar porque no podía tener hijos, le dolió demasiado que justamente él le haya hecho recordado eso — ¿Igual quieres estar conmigo estos días que quedan?

— Por supuesto — el niño entendió que era mejor así, para que ella no se metiera en problemas.

— Vamos a casa, estoy algo cansada, además ya deben estar por llegar tus amigos.

Se fue en silencio en compañía del pequeño, solo por su autocontrol no se puso a llorar en ese mismo momento.

— No debió decirle eso — le recriminó Dende cuando ya estaba solo con Piccolo.

— Es la verdad, no es de nuestra raza, es una entrometida.

— Iz no puede tener hijos.

Una tarde de sábado la ciega fue al Templo Sagrado aunque el guerrero namek no estaba.

 Hola Dende.

— Hola, pensé que hoy no vendrías.

— ¿Por qué el grandote está en ese torneo fuera de la Tierra? Prefiero quedarme acá que en mi casa ¿Puedo?

— Por supuesto — se acomodaron al borde de la plataformala notó algo triste — ¿Te pasa algo?

— Hay amigo — luego de un rato en silencio — hoy fui a un Baby Shower, una de las empleadas de la empresa va a tener mellizos, igual asisto a esas fiestas, trato de divertirme, pero al volver a casa me deprimo.

— ¿Por no tener un hijo? Pero eso no debe ser un problema para ti, estoy seguro que debes tener muchos pretendientes — dijo para tratar de animarla.

— Ojala ese fuera el problema — una lágrima rebelde cayó por su cara — tengo unos problemas, por mi organismo y... algunas cosas que me pasaron en el pasado, no podré nunca ser madre, cuando era joven no me importaba pero ahora... me duele — lloró en silencio.

— Lo siento... no quise...

— Lo sé, por eso prefiero venir y no quedarme en casa, triste, comiendo una tonelada de helado para sentirme mejor.

— Hay amiga — la abrazó un rato hasta que ella se calmó.

— Una vez me contó que no puede concebir — dijo Kami Sama triste al recordar su conversación.

Ahora que pasó el momento de furia, y al saber porque ella se puso tan pálida con sus palabras, Piccolo se sintió terrible, quería que ella entendiera que no debía meterse en la forma como ellos educaban a sus niños, pero no al precio de hacerla sentirse así de mal.

 

Durante un par de días, Izbet evitó encontrarse con Piccolo, estaba muy dolida con sus palabras, así que pasaba las horas con los niños, y alguno de los jóvenes que también querían conocer sobre la Tierra, luego caminaban por los alrededores y le explicaban todo lo que le llamaba la atención.

Pero la paz del lugar fue rota. Llegaron pobladores de las otras villas, unos atacantes que llegaron del espacio los estaban atrapando, tenían figura humana, pero de al menos 2 metros de altura. Piccolo fue a investigar con los guerreros del lugar, se acerco solo y descubrió que embarcaban a los capturados en grandes naves. En ese mismo instante algunos de los invasores, con su líder, Duma, llegaron a la aldea principal donde el Gran Patriarca trató de razonar con ellos.

— Somos gente de paz.

— Así será más fácil llevarlos a todos — rió tranquilo el comandante.

— ¿Qué quieren de nosotros? No tenemos tesoros, vivimos de nuestro entorno.

— Ustedes son lo valioso para nosotros. Somos de otra dimensión, venimos a buscar esclavos y estoy seguro que ustedes serán buenos trabajadores — miró de un lado para otro.

"Qué raro, todos se parecen al Supremo Demonio, que coincidencia tan grande, pero no tienen su porte, su gran energía, ni su color — sonrió — mejor para nosotros — miró para todos lados — este lugar es muy extraño, solo hemos visto hombres y niños — al ver a Izbet — por fin una mujer".

La ciega al escuchar todo quedó pensativa ¿Otra dimensión? ¿Buscan esclavos? ¿Serán del pueblo de mi padre?

— He preciosa, ven conmigo, será mejor que ir en la bodega con los demás, serás mi esclava personal — se adelantó hacía la mujer para tomarla del brazo, entonces el pequeño Jattyta se puso frente a ella para protegerla — que tierno, tienes un pequeño renacuajo de mascota jajaja.

— ¡¡¡Cómo te atreves a decirle así!!! Maldito — su ki subió de golpe.

— Tienes temperamento — al ver que se ponía en guardia — además eres una guerrera, me gustan las mujeres así, verás cómo logro doblegarte antes de un día, cariño.

— Que todos se pongan atrás de mí, rápido — gritó Izbet a todos en el idioma namek para que los invasores no supieran que les estaba diciendo, entonces generó un campo de fuerza para cubrirlos con una mano, y atacó con rayos de energía con la otra.

Por suerte llegó Piccolo, con los de la raza guerrera. Se desató la batalla. La medio demonio llamó a su "maestro", pero siempre en el idioma del planeta, así los atacantes no sabían que se estaban diciendo.

— Dime si quien los manda tiene una especie de guadaña bordada en el hombro izquierdo, y un tridente en vez de espada.

— Así es — lanzó un masenkkosappo — ¿Sabes quiénes son? — siguió esquivando ataques y luchando.

— Son el pueblo de mi padre — por un segundo pensó como derrotarlos — tengo una idea para que se vayan para siempre, luego te explicaré todo bien, por favor confía en mí.

— ¿Qué debo hacer? — bajó al lado de la terrestre.

— ¿Alguien puede mantener el campo de fuerza? Necesito mis manos libres — algunos tomaron su lugar, ella se llevó a Piccolo donde no pudieran verlos, le pasó parte de su energía oscura, he hizo que el cuerpo de él empezará a brillar, con un tono bronce antiguo — ahora dile a quien los dirige que eres el Supremo Demonio, y que este universo es tuyo, es una de sus leyendas, por suerte tu raza se parece físicamente al dios — le tomó la parte de arriba de su traje de pelea y se lo rompió — ese ser usa el torso descubierto, ve tranquilo, cuidaré de todos, promesa.

El namek disfrazado de uno de los dioses de los atacantes se paró frente al comandante.

— Detén el ataque, este universo me perteneces, VÁYANSE, soy tu dios ¡¡Como te atreves a atacar mi hogar!!

— Te pareces a él — el brillo y lo oscuro de su energía eran como se decía las que pertenecían al dios — pero no creo que seas él — aunque igual se puso nervioso — veamos que tal peleas — quería que sus hombres vieran que no tenía miedo, ni siquiera a un posible ser supremo.

El guerrero disfrazado se alejó de la aldea para evitar que alguno de los pobladores fueran dañados en la batalla. El Comandante lo siguió un rato, pero luego se adelantó, y le lanza una pequeña esfera de energía, más para que se detuviera que para dañarlo.

— Acá está bien, empecemos — dijo Duma.

El namek terrestre se preparó expulsando su Ki, se lanzó y logró golpear al Comandante con un Makankosappo, que al estar mezclada con la energía negativa de Izbet, formó una espiral, un lado verde y el otro negro. Al recibir el ataque el demonio fue impulsado contra una montaña, dejando su silueta en ella. Rápidamente volvió al frente de su supuesto dios.

— Eres hábil — dijo mientras se limpiaba la sangre que le manó de la boca — reconozco que tu energía se parece a la mía, pero sigo sin creer que seas el Supremo Demonio.

Sin darle tiempo al otro para prepararse empezó a golpearlo con patadas y puñetazos por mucho rato, pero a pesar de eso, ninguno lograba acertarle un golpe definitivo al otro.

En un movimiento rápido, Piccolo desapareció de la vista del Comandante, quien lo buscó por todos lados en el aire, en ese momento el "dios" se materializó en su espalda, le lanzó un rayo de electricidad desde sus antenas, que lo atontó, luego se clonó hasta rodearlo, y le atacó con poderosísimos haces de energías proyectadas desde ambas manos, cuando iba cayendo el líder de los invasores, el namek desapareció a los clones, con una mano agarra la muñeca de su otro brazo y disparó varios poderosos rayos de energía que terminaron de estrellar a su enemigo contra el piso, levantando una gran nube de polvo. Con eso por fin lo derrotó, el ser de otro universo ya no pudo moverse, frente a él, en el aire, Piccolo seguía con su brillo de bronce, que lo hizo recordar la estatua del Supremo Demonio que había en el planeta de los demonios, vuelto a la vida.

 

Mientras tanto en la aldea, Izbet usaba el campo de fuerza para proteger a todos los aldeanos, varios namek tuvieron que ayudarla, los ataques se volvieron más intensos y ya su energía, luego de pasarle parte a Piccolo, estaba muy baja, y la tenía cansada.

En ese momento Tochat fue golpeado por un rayo y cayó en medio del campo de batalla, inconsciente. Jattyta apenas vio lo que pasó salió del campo de energía para tratar de ayudarlo, lo arrastró para llevarlo a la protección donde estaban los demás, en eso uno de los esclavistas les disparó un rayo, el niño formó una barrera de energía sin necesidad de mantenerla con sus manos levantadas, así logró llegar con sus amigos.

Media hora después el comandante de los demonios ordenó a su gente que terminará la lucha, que se irían para siempre de este universo, porque le pertenecía al Supremo Demonio.

Cuando los invasores embarcaron para irse, el Gran Patriarca, el "Supremo Demonio," todavía con el tono bronce en su piel, Dende e Izbet ya habían revisaron las naves, y se aseguraron que no quedó ningún namek prisionero.

Al despedirse Duma se arrodilló ante ellos.

— Fue un placer y un honor haber luchado con usted, dios. Nunca volveremos a su universo, avisaremos para que nadie lo vuelva a incomodar.

Piccolo se dio cuenta que el demonio miraba de reojo a la mujer, y en un gesto posesivo inconsciente la abrazó de la cintura y la apegó a él.

— Señora — Duma bajó la cabeza ante la pareja — debí suponer por su prestancia y poderes, que era la esposa del dios. Mis disculpas si mis palabras la ofendieron. Adiós para siempre.

Hasta que las naves se perdieron en el cielo, todos estuvieron quietos, en ese momento la medio demonio se afirmó en Piccolo para no caer, estaba agotada, cuando él la tomó en sus brazos, se desmayó.

— Ocupó demasiada energía, sólo necesita descansar — Dende calmó a todos — por favor puede llevarla a su casa — le pidió al que se hizo pasar por el dios, y sujeto a Jattyta que ya iba atrás de la pareja — es mejor que la vayamos a ver más tarde — en realidad Kami Sama esperaba que ellos pudieran conversar y solucionar el problema que los había tenido separados esos días, por eso se alegró que nadie se haya acordado que él podía ayudarla.

 

Cuando el namek terrestre llegó a la casa de la mujer, la acostó y le devolvió parte del poder que le había pasado hasta que perdió el color bronce en su piel, unos minutos después Izbet despertó.

— ¿Todo salió bien Piccolo? — fue lo primero que preguntó.

— Sí, se fueron y nunca volverán.

— Sé que podías ganarle sólo con tu poder y la ayuda de los demás, pero al tener mi energía oscura sería fácil hacerte pasar por el Supremo Demonio y lograr que nunca más volvieran a buscar esclavos en este universo — por un rato se quedó callada — gracias por tomarme de la cintura ¿Tanto se notó que estaba débil?

— Sí... — respondió en un susurro — lamentó lo que te dije el otro día...

— No te preocupes — puso sus dedos en los labios verdes haciéndolo callar — tenías razón, me guste o no son las tradiciones y costumbres de tu pueblo, no tengo porque entrometerme, es que a veces soy muy obstinada.

— ¿A veces? — sonrió irónico.

— Casi siempre.

— Descansa, Jattyta y los demás deseaban estar contigo, pero es mejor que descanses un poco.

— ¿Podrías quedarte hasta que me duerma? — él no dijo nada, se sentó en el borde de la cama, le acomodó el cabello, y velo su sueño hasta que ya estaba recuperada.

 

Cuando despertó, ella se relajó un rato sintiendo al hombre a su lado, luego que comió fueron juntos a la aldea donde estaban sus amigos, que se contentaron al verla recuperada.

— ¿Ya te sientes bien? — le preguntó Jattyta preocupado.

— Sólo necesitaba descansar — le sonrió para que viera que estaba recuperada.

— ¿Por qué si tu poder es tan grande como el que vi, no los derrotaste tú?

— No creo que hubiera podido sola, no soy tan poderosa como crees — le acarició la cabeza — al pasarle parte de mi poder a Piccolo, y hacerlo pasar por su dios, usamos sus leyendas contra ellos. Yo era más útil protegiendo a los demás. Ahora este universo quedó para siempre fuera de su campo de caza de esclavos.

— Uso demasiado poder en el campo de protección — le dijo el Gran Patriarca.

— No podía dejar que les pasara algo, han sido tan buenos conmigo que no podía dejarlos a su suerte.

— Por eso queremos demostrarle nuestro agradecimiento. Acá tiene las Esferas del Dragón, puede pedir el deseo que quiera.

— Gracias, se los agradezco mucho.

Izbet invocó al Dragón, y pidió... un galón de helado de tres leches.

— Me siento confundido, pensé que pediría otra cosa — reconoció el líder del lugar.

— ¿Cómo recuperar mi vista?

— La verdad es que eso creí.

— Le agradezco de corazón este grandioso regalo que me dieron, pero ya me han ofrecido eso antes, fue la hija de una amiga en la Tierra, sé que algunos lo consideran un problema, pero por no tener vista logre todo lo que me decían que no podría, fue un aliciente en mi vida, si hubiera sido "normal", tal vez no hubiera logrado nada de lo que soy ahora — meditó un rato — lo considero una característica más de mí, así como hay personas altas, con pecas, de pelo negro, yo soy ciega, si no me acepto y me quiero a mí misma como soy quien lo hará.

— La verdad no lo había visto así — quedó pensativo con lo que escuchó.

— Bien niños, quien quiere ser el primero en comer helado — ofreció la mujer.

Al otro día, temprano en casa de Izbet, de nuevo estaban los niños y jóvenes, entre estos últimos llegó Tochat, quien se disculpó con la medio demonio, y le pidió por favor si podría, antes que ella volviera a la Tierra entrenar juntos.

 

Luego de esa aventura los demás días pasaron volando, entre los niños en las mañanas, y sus entrenamientos con los guerreros en la tarde, hasta Piccolo se animó y participó con gusto, el día pactado llegó Goku a buscarlos.

— Fue un placer haberlos conocidos a todos, espero poder venir otra vez — empezó a despedirse la ciega.

— Será un honor volver a tenerla con nosotros — dijo contento el Gran Patriarca.

— Te echaré de menos — la mujer abrazó a Jattyta — lamento que no puedas ser un luchador.

— Luego de ver lo que hiciste, comprendí que no todos en una pelea ayudan luchando, también hay que proteger a la gente que uno quiere.

— Me alegro que lo tomes de esa manera, tan maduro que es mi niño — le apretó las mejillas y le dio un beso en la frente — además, me dijeron que puedes hacer campos de energía sin tener que dirigirlos con las manos, yo todavía no puedo, cuando seas mayor tendrás grandes poderes, estoy segura. Ten, es un recuerdo de estos días.

— Gracias, es el *libro que me leías para dormir, tiene lindos dibujos.

*El Gigante Egoísta de Oscar Wilde.

Ahora fue el turno de Tochat.

— Gracias por todo lo que me enseñaste — agradeció sincero el joven, que ya no tenía esa mirada de suficiencia.

— De nada, fuerte guerrero, a ti también te auguro un gran futuro.

Cuando ya estaban listos para irse tomados de Goku, Piccolo se acordó de lo que dijo Duma antes de retirarse.

— Podrías decirme que fue lo que pasó con el Comandante, que luego pidió disculpas.

— Me dijo que soy la más bella de los universos que ha visitado — respondió aguantando la risa por lo que se le ocurrió — que quería llevarme con él, casarse conmigo, y hacerme la mujer más feliz de todas.

— Ah bueno... ya pensaba yo que... ¿¡QUÉÉÉÉ!? — dijo el guerrero.

— Jajajajaja te la creíste — rió feliz al estar de nuevo en buenos términos con el namek.

En ese momento volvieron a la Tierra.

FIN

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