Descubriendo sentimientos by robin_hana

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 Descubriendo sentimientos by robin_hana
Summary:

Todo comienza con la llegada a una nueva isla, empiezan a surgir sentimientos, y no todos serán correspondidos, o a lo mejor eso es lo que ellos creen.

Poco a poco los misterios se van resolviendo... Pero no todos serán agradables.

~> Zoro, Sanji, Luffy, Nami y Robin serán nuestros protagonistas, entren y descubran.

Muchas gracias a todos los lectores y lectoras, me encanta ver que me dejais vuestra opinión. Os lo agradezco de verdad! 



Categories: ANIME/MANGA, ONE PIECE Characters: No

Generos: Romance

Advertencias: Sexo Gráfico (Lemon)

Challenges: No

Series: No

Chapters: 6 Completed: No Word count: 11538 Read: 2125 Published: 27/12/2007 Updated: 16/01/2008
Summary:

Todo comienza con la llegada a una nueva isla, empiezan a surgir sentimientos, y no todos serán correspondidos, o a lo mejor eso es lo que ellos creen.

Poco a poco los misterios se van resolviendo... Pero no todos serán agradables.

~> Zoro, Sanji, Luffy, Nami y Robin serán nuestros protagonistas, entren y descubran.

Muchas gracias a todos los lectores y lectoras, me encanta ver que me dejais vuestra opinión. Os lo agradezco de verdad! 



Categories: ANIME/MANGA, ONE PIECE Characters: No

Generos: Romance

Advertencias: Sexo Gráfico (Lemon)

Challenges: No

Series: No

Chapters: 6 Completed: No Word count: 11538 Read: 2125 Published: 27/12/2007 Updated: 16/01/2008
Story Notes:

Espero que les guste mi fan fic, en este primer capítulo no hay mucha acción, pero esperen, lo mejor no se hará esperar mucho...

Ah! Dejen reviews!

Story Notes:

Espero que les guste mi fan fic, en este primer capítulo no hay mucha acción, pero esperen, lo mejor no se hará esperar mucho...

Ah! Dejen reviews!

Llegada a la isla; inicio de sentimientos by robin_hana
Author's Notes:
Los persojanes pertenecen al Sr. Oda, ojalá me los regale algun dia x)
Author's Notes:Los persojanes pertenecen al Sr. Oda, ojalá me los regale algun dia x)

~> Llegada a la isla; inicio de sentimientos

 

Era una mañana fría, un barco de pequeñas dimensiones se abría paso en una espesa niebla matutina. Ese navío llevaba en el palo más alto una bandera con un mensaje muy claro. Una bandera pirata, especialmente, era una calavera con un sombrero de paja.

-Navegante-san… No se ve casi nada, ¿estás segura que vamos en la dirección correcta? –preguntó una voz femenina.

-Simplemente sigo la dirección del Log Pose, espero que no se haya descontrolado justo en este momento –contestó otra mujer con voz cantarina.

Continuaron avanzando, poco a poco, con miedo a chocar con algo y estropear más la cubierta de su preciado Going Merry. Pero por mucho que lo evitaron ocurrió, el barco colisionó con algo. Todos los tripulantes cayeron al suelo, creando un gran estruendo, que asustó hasta al más pequeño insecto.

Pero esa no fue la única sorpresa, la niebla poco a poco se fue dispersando, dejando una imagen poco peculiar en la tripulación. Todos estaban en el suelo. Sanji estaba en una esquina, tocándose la cabeza, le dolía, realmente la madera del Merry era muy dura; Zoro también estaba en el suelo, un poco avergonzado, un hombre no se podía permitir perder su orgullo de esa manera, pero aún así no podía disimular el chichón que le había salido en la cabeza; por otra parte, Chopper se había conseguido sujetar a la barandilla, siendo el único tripulante que no había perdido el equilibrio. Nami estaba en el suelo, con un pequeño morado en el brazo izquierdo, causado por el impacto de una madera, pero Ussop había evitado que la caída hubiese sido más fuerte, ya que la pelirroja cayó encima de él. Robin era la única que no se podía quejar, cuando había perdido el equilibrio alguien la había sujetado, Luffy estaba debajo de ella, cogiéndola por la cintura, ella se sonrojó al verse metida en esa escena, y enseguida se levantó de la prisión de su capitán. Éste, tenía una pequeña herida causada por una astilla de madera que se había salido de su sitio… Realmente ese choque había sido muy malo para toda la tripulación en general.

Los momentos siguientes fueron los de siempre. Chopper como un loco corría de un lado a otro pidiendo la ayuda de un medico, sin darse cuenta que él mismo lo era. Sanji estaba pegando y chillando a Ussop y a Luffy por haber tocado a sus adoradas damiselas. Zoro, por su parte, se distanciaba de la escena, no quería recibir más de lo que ya había recibido. Entre tanto alboroto, la arqueóloga consiguió disimular un leve sonrojo en su rostro, provocado por el contacto de las manos de su capitán en la cintura.

A los pocos minutos decidieron salir del barco e inspeccionar la nueva isla, de la cual no conocían ni el nombre. La isla era una selva, todo eran plantas y árboles… Pero con un aspecto extraño, no hacía el típico clima tropical, sino que hacía frío, mucho frío, y a causa de eso todo estaba cubierto por una gruesa capa de nieve. Todos se encontraban fuera del barco, observando la nueva isla y notando en sus pieles el frío de esa extraña isla.

Luffy se quedó mirando a su nueva tripulante, todavía recordaba el contacto de su cintura, el rubor le volvía a sus pequeños mofletes, y fue entonces cuando se dio cuenta:

-¡Robin! –Exclamó- ¿Qué haces sin abrigo?

La arqueóloga llevaba un jersey de color negro, de manga larga, pero con escote y con aspecto de no abrigar mucho. Robin se explicó:

-Verás capitán-san, no suelo llevar mucha ropa con migo, y justamente en la anterior isla se me olvidó comprar una chaqueta… -dijo esbozando una sonrisa- pero no te preocupes, tampoco hace tanto frío…

Todos se quedaron mirando a la arqueóloga, ¿Qué no hacía tanto frío? Estaban todos tiritando y ella, tan modesta como siempre, no pedía ayuda. Robin no cambiaría nunca. Luffy se acercó a ella por detrás, y con cuidado le colocó su chaqueta, también de color negro, sobre sus hombros.

-La goma nunca pasa frío –dijo el capitán estirando uno de sus mofletes- ¡Venga! Vamos a inspeccionar esta isla.

-Estooo –dijo Ussop por lo bajo- yo me quedaré a cuidar el barco, todavía no he acabado de arreglar los últimos daños, si no os importa…

-Yo me quedaré con él –dijo Chopper- así no estará sólo…

Todos se fueron alejando del barco, despidiéndose con la mano de sus dos compañeros, y deseando saber que les deparaba esa extraña isla.

 

End Notes:
Muchas gracias por leer y espero volver a verlos pronto =)
End Notes:Muchas gracias por leer y espero volver a verlos pronto =)Volver al indexEl agujero; te amo by robin_hana
Author's Notes:

Muchas gracias por seguir este fic, se que soy una tardona, y que tardo en escribir... Pero como no vaía muchas reviews pensé que era que no gustó...

Pero gracias por esas dos reviews! De veras, me han animado a escribir.

Espero no decespcionaros. En este capítulo ya empieza a salir una parejita, pero sobre todo empieza el misterio de la isla.

Os sigo pidiendo vuestra opinión!

Muchas gracias.

Author's Notes:

Muchas gracias por seguir este fic, se que soy una tardona, y que tardo en escribir... Pero como no vaía muchas reviews pensé que era que no gustó...

Pero gracias por esas dos reviews! De veras, me han animado a escribir.

Espero no decespcionaros. En este capítulo ya empieza a salir una parejita, pero sobre todo empieza el misterio de la isla.

Os sigo pidiendo vuestra opinión!

Muchas gracias.

~> El agujero; te amo

La isla estaba tranquila. Ningún susto, ningún animal salvaje que los atacara, ningún grupo de marines que los persiguiese, ni ningún pueblo que se viese a simple vista. Todos los tripulantes se dirigían hacía el centro de la isla, con la esperanza de encontrar alguna pista de cuanto tardaría el Log Pose en cargarse. Pero era inútil.

-Nami-swan, ¿estás segura que tenemos que parar en esta isla? –Preguntó el rubio- No hay ni siquiera señales de vida…

-Según el Log Pose tenemos que parar en esta isla, pero no tengo ni idea del tiempo que tenemos que pasar aquí para que se cargue esta maldita brújula. –contestó la pelirroja.

-Cocinero-san, no te preocupes, seguro que encontramos una pista dentro de nada –aclaró la morena con una de sus peculiares sonrisas.

-¡Os adoro mis damiselas! –exclamó Sanji con voz melosa.

Continuaron caminando, adentrándose en aquella misteriosa isla. El suelo empezaba a estar cada vez más helado, incluso comenzaba a resbalar un poco. Cada vez caminaban con más cuidado, el miedo a caerse aumentaba. Iban en dos grupos, delante de todo iban los poseedores de una Akuma no mi: Robin y Luffy. Detrás de ellos iban Nami y Zoro, y en medio iba Sanji, un poco mosqueado por la compañía de sus dos amadas.

-¡Aaaaah! –todos se giraron ante tal grito.

Nami acababa de caer en una trampa, estaba agarrada de la mano de Zoro, que la había salvado de una caída a un agujero en el suelo.

-¡Nami! –gritaron todos acercándose a la chica en peligro.

Robin enseguida creó unos brazos para ayudar al espadachín, pero fue imposible, alguna fuerza extraña empujaba a la pelirroja hacía el fondo de aquel agujero. Pero algo sucedió, algo que ninguno de aquellos piratas podría explicar, de momento.

Una especie de tentáculos de color negro agarraron a navegante y espadachín, empujándolos todavía más hacía aquel agujero, pero aquella especie de tentáculo tenía algo especial, hizo desaparecer los brazos de Robin, y provocó una disminución de la fuerza de Zoro, quien cayó al agujero. Sanji intentó ayudarlos pero fue imposible, también fue arrastrado al agujero.

-¡Luffy! –Exclamó el cocinero- ¡Más te vale que cuides de Robin! ¡Si no, me las pagarás! –dijo antes de ser arrastrado al fondo de aquel agujero.

El capitán agarró a su arqueóloga, apartándola de aquellos tentáculos, que en cuanto vieron esa protección se escondieron en el agujero, cerrándolo con una extraña substancia, que se camufló en el suelo helado.

Luffy estaba abrazando a Robin, sujetándola por la nuca. Estaban tirados en el suelo, el capitán la abrazaba con fuerza, con miedo a que le pasase algo. Se notaban la respiración, agitada por el susto de perder de vista a tres de sus tripulantes.

-Robin… -susurró el capitán- ¿Estás bien?

-Gracias a ti –dijo con un hilo de voz.

Poco a poco se fueron separando, estaban impresionados por lo que había pasado, pero ninguno de los dos entendía por qué, ni que era aquello.

-Capitán-san, tendríamos que ir a por ellos, a lo mejor les han hecho daño… -dijo la morena un tanto preocupada.

-Sería lo mejor, pero está anocheciendo, Sanji me dijo que cuidase de ti, así que será mejor que empecemos la búsqueda mañana ¿no crees? –la seriedad del moreno impresionó a Robin.

-Quizá sea lo mejor… Tampoco tenemos ninguna pista, además, Zoro y Sanji son muy fuertes, no dejarán que le pase nada a la navegante.

Caminaron juntos un rato, buscando cobijo. En un principio pensaron que lo mejor sería ir al barco a dormir, pero les fue imposible. Se habían perdido, y por mucho que Robin intentase ver más arriba de los árboles, sólo conseguía ver nieve y más nieve. A los pocos minutos encontraron una cueva, la cual consideraron correcta para pasar una improvisada noche.

Los dos nakamas estaban en silencio, temiendo por la vida de sus otros nakamas. En la cueva hacía frío, y Robin notó que su apreciado capitán lo empezaba a notar. Estaban de espaldas, él estaba mirando hacía el interior de la cueva, ella estaba justo en la entrada, observando como empezaba a nevar. Con sigilo se quitó la chaqueta, que era de su capitán, y se fue acercando a él.

Luffy se asustó, de golpe alguien le abrazó por la espalda, pero en cuanto notó las cálidas manos de Robin sus músculos se relajaron. Volvía a sentirla cerca, pero algo se interponía entre sus cuerpos.

-Hace mucho frío, y esto te pertenece –dijo Robin al oído de su capitán.

Lo había rodeado por la espalda con la chaqueta, pero en ese momento deseaba abrazarlo, besarlo… Ni se planteaba que su amado capitán sintiese exactamente lo mismo. La arqueóloga se separó de Luffy, dejándole el chaquetón por encima de sus hombros.

-No pienso dejar que pases frío… -le contestó Luffy- ven, nos taparemos los dos, ni para ti, ni para mi… ¿Te parece bien?

Robin asintió, se sentaron uno al lado del otro, tapados por el pequeño abrigo del capitán. Los dos sentían sensaciones imaginables. El contacto de su piel erizaba hasta el cabello más corto de su cuerpo. No hablaban. Casi no respiraban.

Luffy se giró mirando a su arqueóloga, no le salían las palabras. Se había decidido a confesarle todo lo que sentía, pero se veía incapaz. Tenía miedo. Miedo a ser rechazado por la mujer que amaba. Sabía que aquel no era un buen momento, pero sabía de antemano que no tendría otra oportunidad. Sabía que sus compañeros corrían peligro. Pero estaba convencido.

Por otro lado Robin se estaba empezando a ruborizar. Se tapaba con la chaqueta, intentando que su compañero no lo notase. Al estirar el chaquetón hacia sus mofletes sonrojados, sus manos entraron en contacto con las del capitán. Ese era el momento:

-¡Luffy!

-¡Robin!

Los dos hablaron a la vez. Sus nombres se cruzaron. No hacían faltas palabras. Acercaron sus rostros, todavía sin llegar a tocarse, podían sentir la respiración del otro. Sus labios se rozaron. Fue un beso corto, pero lleno de significado. Representaba los sentimientos más profundos de los dos. Para Luffy era su primer beso; para Robin no era el primero, pero si el más sincero.

Después de ese beso vino otro. No hablaban, simplemente se devoraban, se besaban, se deseaban. Dejaron de aguantar la chaqueta, ahora que abrazaban, una de sus manos se entrelazó, mientras que la otra entraba en contacto con el cuerpo del otro.

-Te amo… -susurró la arqueóloga mientras despojaba a su capitán de su alegre chaleco rojo.

-No sé como he podido aguantar hasta ahora sin decírtelo. Yo también te amo, como no he querido a nadie en toda mi vida… -contestó en un susurro el capitán- Pero no sabía que tu…

Robin le puso el dedo índice en la boca, no estaban para palabras, quería que aquella noche fuese especial. Luffy despojó a su enamorada de su jersey, dejando a la vista un bonito sujetador de color negro, que tardó poco en quitárselo. No paraban de besarse, de tocarse. Querían más. Con una mirada se lo dijeron todo. Luffy se tumbó encima de la arqueóloga, separando sus piernas con cuidado, para hacerla suya.

Los gemidos de los dos aumentaban de volumen, al mismo tiempo que las embestidas del capitán. Los dos llegaron al clímax al mismo tiempo, fundiendo sus gemidos, y acabando con un hermoso beso, un beso que recordarían toda la vida.

 

* * * * * * * * * * * * * * *

 

-Nami, Sanji… -susurró una voz en la penumbra- ¿Estáis ahí? ¿Estáis bien?

El peliverde no obtuvo respuesta alguna, sólo un quejido de dolor. Una luz lo iluminó todo, Zoro ya tenía preparada las espadas para atacar, cuando vio a una pelirroja levantarse poco a poco del suelo, quejándose de un golpe en la cabeza.

Sanji siempre llevaba una linterna encima, y nunca pensó que la utilizaría.

-Dónde… ¿Dónde estamos? –preguntó Nami perpleja.

Estaban en un sitio oscuro, hacía frío, y la humedad traspasaba sus ropas, llegando hasta la médula de sus huesos más gruesos. Parecía haber un estrecho pasadizo a un extremo de donde estaban, también muy oscuro, más que aquel redondel donde estaban, si eso podía ser.

A lo lejos se escuchaban pequeños ruidos, imposibles de identificar, pero que produjeron escalofríos hasta al espadachín. Poco a poco se levantaron, y vieron que la única salida era aquel oscuro pasadizo, no les hizo gracia, pero era la única alternativa.

End Notes:

Muchas gracias, y espero que os haya gustado.

Dejen su opinión! Os lo agradeceré muchísimo.

End Notes:

Muchas gracias, y espero que os haya gustado.

Dejen su opinión! Os lo agradeceré muchísimo.

Volver al indexMás sentimientos; vuelve el peligro by robin_hana
Author's Notes:

Estoy aprovoechando estos días, antes de empezar con los exámenes y a estudiar.

Espero que este cap os guste, y agradezoco muchísimo los reviews, que me animan a seguir con la historia.

 

Author's Notes:

Estoy aprovoechando estos días, antes de empezar con los exámenes y a estudiar.

Espero que este cap os guste, y agradezoco muchísimo los reviews, que me animan a seguir con la historia.

 

~> Más sentimientos; vuelve el peligro

   Caminaban con sigilo, preparados para atacar, pero con la esperanza de no tener que enfrentarse a lo que hubiese en aquel oscuro lugar. Iban en fila india, Zoro delante, con una mano en las espadas por si había que sacarlas, en medio iba Nami, con el Tempo preparado, y a la cola iba Sanji, pendiente de su querida Nami-swan.

   -Esto no me gusta nada –dijo Nami en un susurro- tengo la impresión de que alguien nos sigue.

   -¿Nos siguen? –Exclamó Zoro- no creo, seguramente estarán delante de nosotros esperando para comernos vivos.

   La expresión de Nami cambió de golpe.

   -Es broma tonta –dijo Zoro con una sonrisa, aunque sabía que era cierto, simplemente quería tranquilizar a la navegante…

   El ruido al que ya se habían acostumbrado aumentó de volumen, preocupando a los nakamas. Lo que fuese el causante de aquel ruido se estaba acercando. En unos segundos lo tuvieron delante. Era una mujer, eso estaba claro, pero no era normal. Tenía la piel muy pálida, los cabellos los tenía enredados, creando unas especies de rastas grises, asquerosas.

   Aquella criatura exclamó un grito, más parecido a un alarido que a un grito. Se aproximó a sus rivales. Se encontraba a dos metros de ellos. Zoro había desenfundado sus espadas, puesto su pañuelo en la cabeza y espera a que ese “bicho” le atacase.

   Aquel extraño grito se repitió, pero esta vez más alto. Aquella “mujer” abrió más la boca, dejando ver unos dientes largos y finos, capaces de traspasar la carne humana en segundos y sin apenas esfuerzo.

   -Que… ¿¡Qué es eso!? –Exclamó Nami asustada.

   -No lo sé… -contestó Zoro- Sólo sé que no son amigos, y que está llamando a más, así que preparaos.

   En efecto, a los pocos segundos vinieron dos monstruos más. Esta vez tenían la fisonomía de un hombre, y su pelo era parecido al de la otra “mujer”, sólo que de color negro y con las rastas más cortas. Se colocaron en posición de ataque. No necesitaban decirse nada, llevaban demasiado tiempo juntos, y sabían como repartirse los enemigos.

   Nami se puso delante del primero que apareció, aquellos monstruos parecían ser bastante fuertes, así que, por protección, siempre designaban las mujeres a Nami. Los otros dos les daba igual, los dos monstruos era aparentemente iguales, así que cada uno eligió uno al azar y empezó la batalla.

   No eran sólo apariencias, eran realmente fuertes.

* * * * * * * * * * * * * * *

   -Mmññh… -un gruñido salió de la boca del capitán. Estaba tumbado en el suelo de la fría cueva, encima de unos ¿pantalones?

   Se intentó incorporar, pero algo se lo impidió. Giró su rostro, y vio el de su enamorada. Estaba realmente hermosa. Tenía el pelo revuelto y un pequeño mechón que cruzaba su cara, juntándose con ese flequillo tan perfectamente cortado.

   -Te… Quiero… -susurró Robin, todavía dormida.

   Luffy sonrió. Y por primera vez en aquella hermosa mañana recordó todo lo que había pasado el día anterior: el agujero, la caída, los tentáculos, la búsqueda del barco, la cueva, la chaqueta, los besos, las caricias, las palabras… Se sonrojó.

   Debían buscar a los demás, acababa de amanecer, todavía tenían todo un día por delante, pero debían aprovecharlo al máximo. Con cautela y un leve tono de cariño despertó a Robin, quien le besó con ternura para darle los buenos días.

   Se vistieron deprisa, y después de una larga pelea, Robin llevó el chaquetón de Luffy, pero con el acuerdo de que se lo cambiarían al cabo de un rato. Empezó la búsqueda.

* * * * * * * * * * * * * * *

   Un rayo iluminó toda aquella cueva, seguido de un potente trueno, que alcanzó a aquella especie de bicho de pleno, dejándola extendida en el suelo, inerte, sin poder moverse. Sanji propinó unas cuantas patadas al compañero de la ahora fulminada en el suelo, eren muy rápidos, y era bastante difícil acertarle una patada. Además aquello bichos mordían, y arañaban, y no era poca cosa. Finalmente, una patada en las costillas acabó con aquel otro bicho. Zoro, por su parte, consiguió derribar al último bicho en un par de ataques, con las katanas era realmente fácil.

   -No son tan difíciles de matar –exclamó Nami.

   -Sólo han sido tres –aclaró Sanji- espero que no sean muy inteligentes y que no sepan atacar en manada… Si no necesitaremos la ayuda de Robin-chan y Luffy.

   -Que espero que estén bien –concluyó Zoro, dando por terminada la conversación.

   Continuaron avanzando por aquel túnel, cada vez más oscuro. Parecía no tener salida, avanzan y avanzaban. Los ruidos siempre tenían el mismo tono, pero cada vez tomaban un tono más escalofriante. Nami no hacía más que pensar en una posible salida de aquel horrible túnel, cuando se dio cuenta estaba mirando las katanas de Zoro, se inspiró:

   -¡Chicos! –Exclamó en grito- Ya sé como podemos salir de aquí.

   Era bien sencillo, una vez les explicó el plan todos se prepararon para el ataque. Zoro desenfundó sus katanas, y se preparó para atacar, pero en lugar de lanzar el ataque hacia adelante, lo lanzó hacia arriba. Si Nami no estaba equivocada tendrían que poder llegar al exterior yendo hacia arriba, y así fue. Una vez acabado el ataque todos se protegieron, para evitar que cualquier muesca de roca les hiciese daño, nada más les hacia falta eso. En cuanto el polvo se disipó vieron un pequeño rayo de luz.

   -El exterior –dijeron los tres a la vez.

   -El problema es como llegamos allí… -susurró Nami.

   -Eso no es problema. –contestó Sanji con una sonrisa.

   Dicho esto Sanji salto, hasta cogerse a aquella especia de tierra húmeda. Estaba realmente fría, y sus preciadas manos lo estaban sufriendo, pero merecía la pena. Su adorada Nami estaba en peligro, y no descansaría hasta sacarla de ahí. Cuando finalmente consiguió salir de aquel agujero hizo que Nami estirara su Tempo, para poder cogerlo y arrastrarla hasta el exterior. Al final salió Zoro.

   Todos estaban a salvo, o eso creían ellos.

 

   Finalmente se hizo de noche. No encontraron ninguna cueva, así que los tres nakamas se prepararon para dormir al aire libre. Hacía mucho frío, así que decidieron ir a buscar algunos troncos para encender un pequeño fuego. Sanji se ofreció, y Nami quiso acompañarle.

   -Ni hablar –casi gritó Zoro- esta selva es muy peligrosa, será mejor que te quedes aquí.

   -Pero Sanji no podrá solo, nunca le ayudamos, ni en la comida, ni en la cocina –se defendió Nami- además, no me voy a quedar aquí sola…

   Dicho esto se acercó a Sanji, cogiéndolo del brazo y arrastrándolo hacia el interior de la maleza.

   -Estúpido cocinero… -susurró Zoro.

   Estos últimos días había empezado a notar algo extraño. La relación con todos los nakamas había mejorado bastante, incluso se había vuelto algo más abierto, incluso con Robin. Pero con la otra chica pasaba algo raro. Cada vez que se acercaba a ella su cuerpo se tensaba, y si, por casualidad, su piel entraba en contacto, ya era una sensación inimaginable.

   Zoro siempre había estado con muchas mujeres, eso no era un problema para él. Era guapo, alto, musculoso y siempre estaba dispuesto a ayudar a una dama en apuros. Des de que había entrado en la tripulación no había vuelto a estar con nadie, así que echó la culpa de sus sentimientos de atracción hacia ese motivo. No sabía cuan equivocado estaba.

 

   Entre la maleza se abrían paso un rubio y una pelirroja. Esta última aún cabreada por el comentario del espadachín, mientras tanto el otro se moría por la belleza de aquella hermosa dama.

   Sanji siempre había sido un mujeriego, pero desde que conoció a Nami todo había cambiado. Seguía en las mismas, trataba a Robin como una diosa, pero el aprecio que sentía por la belleza de Nami era diferente. Eran incontables las veces que había soñado que esa pelirroja con ojos café le besaba, le tocaba, le acariciaba el cabello…

   Iba tan embelesado con aquella figura que resbaló, y Nami, en un intento por ayudarle también acabó en el suelo. Ella estaba estirada boca arriba en el suelo, y él encima de ella, a cuatro patas, sólo a unos quince centímetros de su rostro.

   -Sanji… ¿Te has hecho daño?

   El rubio no contestó, su rostro se ruborizó al sentir a su enamorada tan cerca, nunca había tenido esa oportunidad. Poco a poco fue agachando todo su cuerpo, acercando su cabeza a la de Nami, tocando casi sus labios, hasta hacerlo. Fue un beso largo, ninguno de los dos hacía nada, simplemente besarse, saborearse.

   Los dos tenían bastante experiencia, no era nada extraño teniendo en cuenta el cuerpo de los dos. Poco a poco Sanji se apartó de la pelirroja, cuando finalmente se levantó, la ayudó a incorporarse, el contacto de sus manos hizo que sus músculos se tensaran.

   -Vamos, –dijo el rubio- Zoro se estará preocupando.

* * * * * * * * * * * * * * *

   Robin y Luffy caminaban uno al lado del otro. No sabían muy bien que decir, sólo querían encontrar a sus tres nakamas perdidos, o simplemente divisar el barco a lo lejos. Un ruido pareció salir de entre los matorrales. Se había hecho de noche sin que se diesen cuenta, pero esta noche les buscarían, no podían perder más tiempo.

   De golpe algo surgió de las sombras, era un grupo de gente, aparentemente normales. Luffy se acercó a ellos, quería explicarles todo lo sucedido.

   -No… -susurró Robin mientras le cogía el brazo al capitán para impedirle que avanzase- no son personas.

   Un alarido de uno de aquellos individuos hizo que los dos amantes se estremeciesen. Eran los mismos que habían atacado a Nami, Sanji y Zoro, sólo que esta vez eran unos veinte. En un primer momento pensaron en huir, quizás sería lo mejor, pero sería imposible. Aquellos monstruos tenían las patas, o piernas, muy musculosas, y no les costaría nada alcanzarlos.

   -Pues nos enfrentaremos –dijo el capitán sin apartar la vista de ellos.

   Uno de los bichos se abalanzó sobre Robin, quien creo diez brazos, para poder acabar con él. Pero era insuficiente, creó diez brazos más, y cerró los puños. La Hana Hana no mi hizo efecto, produciendo el sonido de unos huesos fuertes y sanos partiéndose en dos. El individuo cayó al suelo.

   -Uno menos –suspiró Robin.

   A los pocos instantes acabaron con ellos. Eran realmente débiles ante una Akuma no mi, y eso era una ventaja para ellos, pero no se esperaban lo que vendría a continuación. Quedaban cuatro de la veintena de bichos que vinieron, pero estos se juntaron en corral, y alzaron sus cabezas, abriendo la boca y aullando como lobos, sólo que no eran aullidos, era gritos.

   Los dos nakamas se miraron, Luffy alargó un brazo, para separar a aquella especie de manada, sabían que estaban avisando a alguien, y sería mucho más fuerte que ellos dos.

   A lo lejos se escucharon unos fuertes pasos, y a los pocos segundos delante de ellos se encontraba un enorme felino, por el color supusieron que era un puma. Su pelaje era negro azabache, y brillaba con la luz tenue de la luna. Aquel animal rugió, y en dos zancadas cogió a Robin por la boca, apretando levemente su delgada cintura.

   El capitán gritó su nombre, pero fue imposible, perdió el conocimiento. Éste fue ataxado por el grupo de monstruos, estaba nervioso, temía por la vida de su enamorada, y una mordida en el costado hizo que cayera al suelo, perdiendo el conocimiento por culpa del veneno.  Notó que lo cogían, no sabía quien, pero alguien lo hacía. Lo último que vio fue a su enamorada, cubierta de sangre.

   -Robin… -consiguió musitar.

End Notes:

Bueno, creo que me he liado un poco con el fic. Se me hizo un poco largo, pero es que no sabía cuando dejar de escribir.

Espero que no os haya liado mucho los cambios de escena, y que mis descripciones sean de vuestro agrado.

Muchisimas gracias por interesaros!

Dejadme vuestra opinión

End Notes:

Bueno, creo que me he liado un poco con el fic. Se me hizo un poco largo, pero es que no sabía cuando dejar de escribir.

Espero que no os haya liado mucho los cambios de escena, y que mis descripciones sean de vuestro agrado.

Muchisimas gracias por interesaros! Horoscopos y tarot para el amor y para los signos del zodiaco Horoscopos y tarot de amor

Dejadme vuestra opinión

Volver al index¿A quién quieres?; La verdad sobre la isla by robin_hana
Author's Notes:

Pues aquí subo otro capítulo, como veis no os hago esperar mucho, aprovecho antes de empezar con los exámenes. Cruel vida del estudiante.

Este capítulo me ha salido mucho más largo que el anterior, pero tambien se desvelan muchos secretos. Espero no aburriros mucho.

Muchas gracias por leer y dejadme reviews! Que me animan a escribir! 

Author's Notes:

Pues aquí subo otro capítulo, como veis no os hago esperar mucho, aprovecho antes de empezar con los exámenes. Cruel vida del estudiante.

Este capítulo me ha salido mucho más largo que el anterior, pero tambien se desvelan muchos secretos. Espero no aburriros mucho.

Muchas gracias por leer y dejadme reviews! Que me animan a escribir! 

~> ¿A quién quieres?; La verdad sobre la isla

  Todo estaba oscuro. Luffy entreabrió los ojos, y lo único que pudo sentir fue su respiración… Y la respiración de otra persona. Gritó su nombre, con la esperanza de que abriera los ojos. Pero era imposible. El capitán se temió lo peor. La arqueóloga estaba cubierta de sangre, seguramente causada por las heridas de aquel puma gigante. Recordó aquel momento. Su enamorada entre los colmillos de aquel enorme felino, y él, abatido por los espantosos bichos albinos.

   Una lágrima cayó por su rostro. Había sido incapaz de salvar a su enamorada. En aquel momento quiso moverse, abrazarla… Y pedirle perdón, pero le fue inútil. Por mucho que tiraba sus brazos estaban atados a unos grilletes a la pared, con cadenas bastante resistente.

   -¡Gomu Gomu no! –el moreno estiró sus brazos, hasta que fueron lo suficiente delgados para colarse por aquellos grilletes.

   Con cuidado se acercó a Robin, y con cautela le cogió el rostro, y la abrazó.

   -Perdóname –susurró a su oído- he sido incapaz de… de…

   -No tengo… que perdonarte… nada…

   Luffy se sorprendió, su enamorada estaba despierta, y eso era buena señal. Quería quitarle aquellos horribles grilletes, pero le fue imposible, por mucha fuerza que tuviese le era imposible. Robin empezó a hablar en susurros, le faltaba el aire. Por lo poco que pudo entender el capitán, aquel enorme puma tenía una especie de sustancia en los colmillos que anulaba el poder de las Akuma no mi, y suponía que ese efecto todavía le duraba.

   La morena levantó la cabeza, y vio que su capitán también estaba sangrando, hizo ademán de acercarse, pero sus manos quedaron inmóviles por los asquerosos grilletes.

   -Capitán-san… ¿Qué te ha pasado? ¡Esos bichos también tienen veneno en los colmillos! –casi gritó Robin, notaba como el efecto de aquel veneno iba desapareciendo.

   -Eeeeh… ¿esto? –Dijo señalándose hacía la mancha de sangre- No es nada, el poder de los colmillos de los bichos no es tan potente, simplemente consiguieron hacerme perder el conocimiento y traerme hasta aquí…

   Robin se sorprendió, ¿él se había dejado atacar? No lo entendía. ¿Tal vez se había puesto nervioso al verla entre los colmillos de aquel felino? Rió para si, nunca imaginó que aquel alocado capitán la pudiese querer tanto.

   -Hana Hana no… -dijo Robin mientras se incorporaba.

   De repente una treintena de brazos brotaron de las cadenas de los grilletes, apretando con fuerza a la vez que la morena cerraba los puños. Las cadenas se partieron en cachitos.

   Luffy se la quedó mirando, era increíble. Nunca descubriría hasta que punto podría llegar el poder de aquella arqueóloga misteriosa, aunque cada vez menos para él.

   Se dirigieron hacia los barrotes de la celda, Luffy recibió órdenes de su amada, y le hizo caso, Con cuidado enrolló sus brazos en dos de los barrotes, entrelazándolos, para después hacer presión y así conseguir que se doblaran, y crearan suficiente espacio para que cupiese una persona.

   -Vamos capitán-san, tenemos que encontrar a los demás. –dijo Robin antes de echar a correr.

   -De acuerdo,- contestó el capitán- pero con una condición, llámame Luffy, ¿creo que ya somos algo más que amigos no?

   La morena se sonrojó, y agachando la cabeza asintió poco a poco. “Luffy”, susurró. Nunca nadie le había permitido llamarle por el nombre, por eso tenía esa fea manía de llamar a todo el mundo por su oficio. Corrieron por aquellos pasadizos oscuros, un poco asustados, por el miedo de no saber que se podían encontrar, y el temor del veneno de aquel extaño felino.

* * * * * * * * * * *

   Los dos nakamas andaban sin articular palabra. Sanji llegó a arrepentirse de lo que había hecho, las cosas ahora cambiarían, y no sabía si para bien o para mal. Había soñado muchísimas veces con ese momento, con tenerla cerca, con poder acercarse sin su lujuria habitual de pervertido. Y lo había conseguido, pero nunca se imaginaría que había otra persona que también soñaba con lo mismo…

   -¡Zoro! –Exclamó Nami cuando divisó al peliverde a lo lejos.- No hemos conseguido mucha leña, pero espero que sirva. –concluyó con una sonrisa aprendida de Robin.

   -Yo me voy un rato, –dijo Sanji- no puede ser que en esta maldita isla no haya una sola cueva, no me iré lejos.

   Zoro asintió con la cabeza, se volvería a quedar solo, y eso no le iría mal. Pero algo le sorprendió, su adorada pelirroja estaba allí, a su lado, no se había ido con el rubio. Eso le alegró el rostro. La chica estaba con la cabeza gacha, mirando al suelo, o al nuevo fuego encendido, Zoro no sabría decir bien a que miraba.

   -¿Por qué no has ido con el cocinero baboso? –preguntó Zoro con su habitual tono de arrogancia.

   No obtuvo respuesta. La navegante ni se inmutó, no movió ni un músculo. El espadachín pensó que a lo mejor había pasado algo entre ellos dos. No podía ser. Ese estúpido cocinero era incapaz de querer a alguien por encima del hecho de ser una mujer. Insistió:

   -¿Qué te pasa? ¿Te has dado cuenta de que ese cocinero sólo te quiero por tu físico? ¿O prefieres quedarte a buen recaudo a mi lado?

   -¡Cállate! –el grito se debió escuchar a cien leguas.

   Nami estaba de cara a Zoro, mirándole, mientras dos enormes lágrimas le caían por las mejillas. No sabía por qué lloraba, simplemente no estaba contenta. Robin y Luffy estaban perdidos en aquella isla llena de monstruos, habían estado a punto de morir, y encima aquel cocinero le había dicho, a su manera, lo que realmente sentía. Eso no era problema, el problema era que ella no sabía exactamente lo que sentía. Y eso le dolía. No quería hacer daño a ninguno de sus compañeros, y menos al más servicial de todos, al que siempre la recibía con los brazos abiertos para cualquier cosa.

   Zoro se la quedó mirando. Se derretía por aquellos ojos cafés empapados en lágrimas. Escuchaba la fuerte respiración de Nami, no era uno de los típicos arranques de furia, le pasaba algo, y él estaba dispuesto a saber que era, y hacerle pagar al cocinero por ello, si era necesario.

   -Nami yo… Lo siento, no sabía que… -la chica volvió a llorar, esta vez tapándose los ojos con las manos, por las cuales resbalaban miles de lágrimas que brotaban de sus ojos.

   Se acercó a ella. Y la abrazó. No sabía por qué lo hacía, pero siempre tuvo el remordimiento de no hacerlo aquél día con Kuina, y esta vez no perdería la ocasión. Estuvieron un rato así, abrazados. Nami se sentía protegida. Notaba las manos de Zoro a su espalda, notaba sus fuertes brazos alrededor de su cuerpo, notaba el latir de su corazón. Poco a poco se fue incorporando.

   -Soy una estúpida… -dijo Nami entre los últimos sollozos.- No sé ni por qué lloro, sólo sé que te agradezco lo que has hecho por qué…

   La pelirroja no pudo acabar la frase, de golpe, el imponente cuerpo de Zoro se acercó a ella, besándola con pasión, con furia. Nami articuló un pequeño “no” antes de ser alcanzada, pero una vez entró en contacto con el peliverde se dejó llevar. Sabía que eso empeoraría las cosas, pero le daba igual.

   Ese beso había sido diferente al de Sanji, toda la ternura del rubio había desaparecido, y se había convertido en la furia de un peliverde. Poco a poco se separaron, Zoro quería decir algo, dejar claro aquel impulso, pero no pudo.

   -Imposible –dijo el rubio apareciendo de entre la maleza- no hay ni una minúscula cueva, me parece increíble que en esta isla tan grande no encontremos nada para dormir cubiertos.

 

   El tema no se trató más. Ninguno de los hombres hizo ningún comentario de lo sucedido con Nami, y eso ella lo agradecía. Sabía que Zoro no lo hacía por vergüenza, y que Sanji no lo hacía por respeto. Zoro y Sanji estaban sentados, con los ojos cerrados, a Nami le hubiese gustado saber si realmente dormían.

   La pelirroja estaba hecha un lío. Desde hacía bastante tiempo se había dado cuenta que Sanji la trataba muy bien, pero ella no era la única, Robin también era tratada como una reina, pero nunca olvidaría aquella frase de la morena: “Si, ya lo sé que trata a todas las mujeres igual… ¿Pero a abrazado a alguna más sin motivos lujuriosos?”

   Nami sacudió la cabeza… Eso no era el problema, ella sabía que sentía algo muy especial hacia el cocinero, pero nunca se planteó que él sintiera también algo. Eso no era ningún problema, porque conociendo a Sanji el nunca le metería prisa en esas cuestiones. El problema era Zoro. Nami siempre se estaba peleando con él, pero era inevitable. Cada vez que se acercaba a él todo su cuerpo se excitaba, adoraba estar a su lado, y que por accidente sus pieles entrasen en contacto.

   Pero en ese inmenso mar de dudas había una cosa clara. No quería que por ella sufriera más gente. En aquellos momentos echó de menos a Robin, y se acordó que hacían en aquella isla. No habría más tonterías. Tenían que reunirse e irse lo antes posible de aquella misteriosa isla.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *

   -Luz –dijo la morena sin dejar de correr.

   Una sonrisa se marcó en la cara de Luffy, sabía que Robin le sacaría de ahí. Pero la sonrisa de Luffy se esfumó, y paró de correr, mirando la pared. La arqueóloga no se dio cuenta, así que este alargó un brazo, cogiéndola por la cintura para acercarla hacía lo que él miraba.

   -Luffy… ¿Qué haces? –calló, y dirigió su mirada hacia la pared.

   La pared era de roca lisa, seguramente pulida con mucho desdén, pero eso no llamó la atención de la arqueóloga, sino que fue otra cosa: los signos gravados en la pared. La morena puso una mano sobre las inscripciones, eran parecidas a las letras del Ponelgliph, sólo que más pequeñas y difíciles de entender.

   -Robin, ¿qué pone? ¿Lo entiendes? –preguntó Luffy animado. Adoraba ver a su amada así, concentrada en cosas imposibles de entender para él.

   La morena empezó a explicar. En esas pintadas se explicaba detalladamente la historia de aquel antiguo pueblo. Según lo que Robin entendió, antes era una isla muy visitada, tanto por piratas como por marines, pero esa isla tenía una norma, en ningún caso, sin ninguna excepción, se podía capturar a un pirata, y menos podían haber peleas entre estos. Todo parecía normal, hasta que Robin siguió leyendo.

   -No puede ser –exclamó la morena, siguió relatando el pasado de aquel pueblo.

   Un buen día unos piratas, aprovechándose de la buena fe de los habitantes, atacaron el pueblo, provocando miles y miles de muertes y millones de heridos. Por supuesto capturaron a todos los piratas, con el fin de cobrar su respectiva recompensa. Pero algo falló. Por algún motivo, muchos de los fallecidos en aquel extraño pueblo volvieron a la vida, cubiertos en sangre.

   -Una especie de conjuro –musitó Robin- algún antiguo brujo maldijo está isla, con la condición de que si eran atacados por piratas y asesinados a sangre fría, volverían a la vida. Pero siendo personas totalmente diferentes.

   Luffy estaba impresionado. Así que era eso, todos esos monstruos fueron una vez personas asesinadas a sangre fría. Y ahora, tienen como orden matar a todo individuo que entre en la isla. Y esos eran sus nakamas.

   -Tenemos que ayudarles… -dijo el capitán- Se que corremos peligro, pero tiene que haber alguna forma de ayudar a estas gentes.

   -No… -dijo Robin muy seria- Todos estos están muertos, así que no hay forma, si les quitamos el maleficio morirán igualmente… No hay manera de salvarles.

   Pero había una cosa que no quedaba del todo clara; ¿qué era aquella especie de puma? No creía que fuese una persona… Pero a lo mejor era un animal… ¡Claro!

   -Luffy… -dijo Robin dirigiéndose a su capitán- no era un puma, era un simple gato negro… Lo que pasa, que en lugar de convertirse en una especie de zombi albino, se convirtió en un gato gigante, adoptando la forma de un puma…

   Luffy la miró impresionado. Su amada era genial. Era muy inteligente, en esos momentos la envidiaba. Pero el quería ayudar a esa pobre población, y sabía que Robin encontraría la respuesta, lo malo es que no sabía donde.

   -La encontraremos, encontraremos la manera de salvar a esta gente. Según dice aquí, tiene que haber otras inscripciones en el exterior… -dijo Robin con una sonrisa- ahora lo mejor será salir de aquí.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

   Se había hecho de día. La pelirroja casi no había dormido, las dudas invadían su cabeza, y dos nombres la atormentaban: Sanji y Zoro; Zoro y Sanji… Se incorporó del suelo, acabando sentada en el frío suelo. Intentó ver a sus dos compañeros, sólo había uno.

   -Por fin te despiertas –dijo Zoro sarcásticamente- Si buscas a tu apreciado cocinerito no está, se fue a fumar uno de sus cigarrillos…

   La pelirroja se levantó del suelo, le dolía todo, entre el frío de la noche, el suelo duro y las dudas estaba hecha polvo. Se dio media vuelta, para mirar de frente a Zoro y pedirle explicaciones por el beso del otro día. Pero lo que encontró fue el torso musculoso de éste, mientras le abrazaba. El corazón de la pelirroja empezó a palpitar más fuerte, y se dejó llevar.

   El peliverde al ver que Nami no oponía resistencia la besó, la tocó, la acarició, mordisqueó su cuello. Los gemidos de la navegante le excitaban cada vez más. Se quitaron la ropa, la justa, aunque estaban muy excitados, seguían notando el frío.

   Los gemidos de los dos aumentaban, Nami en el fondo quería que pasase algo entre ellos dos, pero ¿y Sanji? ¿También lo quería? Las manos del espadachín tocando sus senos le hizo olvidarse de todo, y dejarse llevar. Zoro llevaba el mando, tocaba todos los puntos sensibles de la chica, hasta llegar por debajo del ombligo. La chica no sabía si quería más. Pero Zoro no se dio cuenta. Los gemidos de la muchacha le incitaron a seguir, en pocos minutos Zoro estaba totalmente dentro de ella, balanceándose, y disfrutando de los gemidos de la pelirroja. Esta disfrutaba como nunca. Nunca pensó que ese rudo espadachín le fuese a robar el corazón, y a acabar en una situación así.

   Llegaron al clímax casi al mismo tiempo, juntando sus gemidos. Con la esperanza de que nadie les oyese, sólo gemían para ellos dos.

   Una vez acabado Nami se incorporó, y tan rápido como pudo se levantó y se vistió, impresionando a Zoro… ¿Tal vez no le había gustado? Este la abrazó por la espalda, acercándola hacia su musculoso torso. Y pronunció la desdichada pregunta para la pelirroja:

   -Yo te amo… ¿Tú? –le dijo al oído…

End Notes:

Espero que os haya gustado, y lo hayais podido acabar de leer i que no os haya aburrido mucho.

Dejadme una review!

Besos.

End Notes:

Espero que os haya gustado, y lo hayais podido acabar de leer i que no os haya aburrido mucho.

Dejadme una review!

Besos.

Volver al indexLas otras escrituras: elige, elige... by robin_hana
Author's Notes:

Aquí subo el siguiente capítulo... ¡Ya es el cinco! No me lo creo ni yo.

Muchas gracias por leer y siento no haber subido antes el fic. Ya he empezado con trabajos y exámenes y un poco de todo, pero intentaré sacar tiempo de debajo de las piedras para seguir escribiendo.

Espero que os guste

Author's Notes:

Aquí subo el siguiente capítulo... ¡Ya es el cinco! No me lo creo ni yo.

Muchas gracias por leer y siento no haber subido antes el fic. Ya he empezado con trabajos y exámenes y un poco de todo, pero intentaré sacar tiempo de debajo de las piedras para seguir escribiendo.

Espero que os guste

 

~> Las otras escrituras; elige, elige…

   Luffy bostezó. Había pasado la noche en vela, por culpa de aquellos monstruos. Pero valió la pena, habían conseguido salir de aquel espantoso túnel, y además Robin estaba a salvo. Ya habían decidido lo que tenían que hacer. En primer lugar intentarían encontrar al resto de los nakamas, y después salvar a aquel pueblo. Sabía que con la ayuda de la arqueóloga lo conseguirían.

   Caminaron durante un buen rato, todo lo que encontraban eran plantas y más plantas, pero ninguna señal del resto de sus compañeros, ni del Going Merry.

   -¿Dónde crees que puede estar escrita la solución para salvar el pueblo? –preguntó Luffy, le había estado dando vueltas durante un rato, aquella isla era muy grande.

   -Pues la verdad es que no lo sé –contestó Robin con su habitual tranquilidad- pero seguramente tiene que estar a la vista, en un sitio claro, que se vea con facilidad…

   Luffy la miró impresionado, adoraba su constante tranquilidad, pero también le gustaba cuando, de vez en cuando, se dejaba llevar, y era casi tan infantil como él… O incluso más. Cuando se quiso dar cuenta, Robin le estaba mirando con esos ojos azules tan profundos, con esa mirada que le derretía.

   -¿Tengo algo? ¿Qué pasa? –dijo la morena preocupada.

   Luffy no contestó, simplemente la cogió por la mano, suavemente, y acercó su rostro al suyo. La besó. Fue un beso apasionado, hacía tiempo que no le daba ninguno, y lo echaba de menos. Los dos disfrutaron de aquel beso. Cada vez que lo hacían se olvidaban de todo, sólo se acordaban de ellos dos, de sus sentimientos, siempre correspondidos.

* * * * * * * * * * * * *

   La pregunta daba vueltas en la cabeza de la pelirroja: ¿amaba al Zoro? ¿O por el contrario amaba a Sanji? Estaba hecha un lío. En aquel momento agradeció no tener a Zoro de cara, éste la estaba abrazando por la espalda, esperando impaciente la respuesta. Pero no llegaba. La pelirroja sabía que quería a Zoro por encima de todo, pero también quería a Sanji. No sabía que contestar.

   -Zoro… -susurró bajando la cabeza- yo… yo… -el espadachín esperaba paciente la respuesta- yo no sé si te quiero, bueno, sé que te quiero… Pero creo que también quiero a otra persona.

   El peliverde se apartó de Nami, ésta echó en falta sus brazos, su pecho. Tenía miedo que Zoro se hubiese enfadado. Estuvieron callados, sin mirarse, él estaba detrás de ella, observando toda su belleza, y asimilando, poco a poco, lo que ella le había dicho.

   -Sabía que había pasado algo cuando fuiste con Sanji, pero tenía la esperanza que no hubiese significado nada para ti, pero veo que no. –Zoro se puso delante de ella- No quiero que me digas que me quieres por compromiso, quiero que seas sincera con tigo misma, no quiero forzarte a nada.

   Nami empezó a llorar. No sabía muy bien por qué, era como la otra vez, cuando Zoro la besó por primera vez, cuando empezaron las dudas. Nunca habría imaginado que el espadachín pudiese ser tan comprensible, que le diese tiempo para pensárselo, aunque supiese que la respuesta podría ser un rotundo no. La navegante esperaba a que Zoro le abrazase, como la última vez, pero la espera fue inútil.

   -No voy a abrazarte –dijo Zoro adivinando lo que pensaba y en consecuencia desviando la mirada- no sin saber lo que sientes exactamente, si lo hago, tus dudas crecerán ¿Me equivoco?

   Nami abrió los ojos como platos, ¿Cómo podía ser que ese rudo espadachín supiese más de sus sentimientos que ella misma? Le parecía imposible. Ese espadachín al que todo el mundo temía le había abierto el corazón, y lo único que había conseguido habían sido esas palabras tan amargas de su enamorada.

   -¡Nami-swan, Zoro! –Gritó Sanji acercándose a los dos, sin saber lo que había pasado entre ellos.- Mirar lo que he encontrado.

   El rubio los guió. Cuando llegaron al lugar concreto, Sanji señaló el suelo. Había unas inscripciones, parecidas a las de los libros de Robin, pero a la vez diferentes. Concluyeron lo correcto, que en aquellas escrituras se explicaba algo sobre esa misteriosa isla, pero ni se les ocurrió pensar que el resto de los nakamas las estaban buscando.

   De golpe escucharon un ruido procedente de la maleza, se prepararon para atacar: Zoro desenfundó sus tres espadas, Sanji se colocó en posición de ataque y Nami preparó su Tempo. Quizás eran aquellos horribles bichos, o tal vez sería otra cosa más poderosa… No podían saberlo.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * *

   -¿Qué ha sido eso? –Preguntó la morena separándose de aquel apasionado beso- Hay algo cerca…

   -No sé lo que es… Pero que se prepare por estropear un momento tan bonito –exclamó Luffy enfadado.

   La morena rió ante esa reacción, eran esos momentos los que le recordaban porque quería tanto a su capitán. Prestaron atención al ruido, y lo siguieron, preparados para usar sus Akuma no mi. Avanzaron poco a poco, con sigilo, esperando atacar a los bichos sin que ellos los escuchasen. Entre las plantas pudieron divisar que eran tres. Pero no distinguían sus rostros, simplemente divisaban una silueta oscura.

   -Robin –susurró el moreno- ¿podrías atraparles con tus brazos?

   La arqueóloga asintió, eso era tarea muy fácil para ella. En un sigilo musitó su ataque, y seis brazos brotaron en los cuerpos de los bichos, esta vez no les atacarían ni les apresarían. El primer par de brazos lo utilizó para taparles la boca e impedir que aullasen, o gritasen. El segundo par se colocaba a dos niveles de la columna, para poder ejecutar el ataque y romper esos huesos. El último par se colocaba en las piernas, para impedir que echase a correr y huyesen.

   Pero algo les sorprendió. Se escuchó un leve ruido, sus quejidos intentando gritar, y el sonido de algo chocando contra el suelo. Era algo metálico. ¿Llevarían armas sus oponentes? Con más seguridad que antes se acercaron a sus oponentes, y cuando finalmente los tuvieron delante… Robin empezó a reír, seguido de Luffy, pero esta vez la carcajada fue más sonora. La arqueóloga hizo desaparecer sus brazos.

   -¡A mí no me hace ninguna gracia! –Exclamó Zoro enfadado- pensábamos que erais esos bichos horrorosos- ¡Pero queréis dejar de reíros!

   -Lo siento espadachín-san –dijo Robin todavía riendo- pero es que era una escena realmente cómica.

   -Robin-swaaaaan! –Exclamó Sanji sin importarle el ataque- ha sido perfecto, ¡nos has paralizado a todos!

   Robin esbozó una sonrisa, seguía siendo el mismo cocinero halagador de siempre. De golpe algo la abrazó, Nami estaba cogida a ella con fuerza, lloraba desconsoladamente. Tenía ganas de ver a su mejor amiga.

   Todos se dirigieron hacia donde habían pasado la noche, y se dedicaron a relatar todo lo sucedido. Las cosas les cuadraban más o menos, ya que a todos les había pasado lo mismo, los bichos, los túneles… Lo único diferente era el enorme puma y las escrituras.

   -¡Claro! –Exclamó la pelirroja- Nosotros encontramos las otras, estaban donde nos… ¿atascasteis? –dijo con una sonrisa.

   -Debemos ir cuanto antes, y salvar a este pueblo… Aunque nos hayan atacado no ha sido intencionadamente. –ordenó Luffy- Iremos todos a ver.

   -Esto… No creo que sea buena idea –dijo Nami cortando a Luffy- Iremos Robin y yo… Yo la podré guiar y Robin descifrará el escrito. Vosotros quedaros ahí por si aparece alguien, o algo…

   -Pero navegante-san –protestó la arqueóloga- creo que sería mejor que alguno de ellos nos acompañara, aunque fuese Luffy- dijo la morena, incapaz de pasar un minuto sin su enamorado. Pero algo la hizo cambiar de idea. Los ojos de Nami estaban intentando decirle algo. Quería hablar con ella. A solas.- Aunque… -corrigió- creo que será mejor que os quedéis aquí –finalizó echándole una mirada a Luffy, el cual la entendió sin problema.

 

   Llevaban un rato caminando. El lugar de las escrituras no estaba tan lejos, pero las dos chicas llevaban un paso muy lento. Robin había comprendido que había pasado mientras ellos no estaban, pero no se imaginaba hasta que punto llegaba lo que había pasado.

   -No me has traído sólo para ver la escrituras ¿verdad? –preguntó Robin para darle un empujón a Nami para que hablase. Pero fue inútil. La pelirroja no contestaba.

   Robin paró en seco. Se estaba pensando lo peor. La morena era bastante inteligente, y se había dado cuenta que Zoro sentía algo especial por esos cabellos anaranjados.

   -Robin –dijo la pelirroja sacando se sus pensamientos a la arqueóloga- estoy hecha un lío.

   Le relató todo lo sucedido. El primer beso, el segundo, las dudas… Lo que pasó aquella noche. Todo lo hizo entre lágrimas y más lágrimas. No podía parar de llorar. En su interior sentía que estaba haciendo daño a sus dos amados, sabía que tenía que elegir… La morena la abrazó, intentando darle un mínimo de consuelo, era lo único que podía hacer.

   -Navegante-san, sé que es difícil, pero tú sabes mejor que nadie que tienes que elegir –dijo la morena todavía abrazándola.

   -No sé que hacer. Sanji siempre me ha tratado tan bien, y Zoro siempre me ha estado protegiendo y preocupándose por mi… Nunca pensé que pudiese llegar a querer a los dos.

   -Nami, tienes que hacer caso a tu corazón, tienes que hacer lo que él te pida…

   La  conversación finalizó con las palabras de Robin. No se entretuvieron más, y fueron directas hacía las inscripciones. Robin las leyó con atención, varias veces, hasta conseguir memorizarlas. Efectivamente explicaban la manera de salvar a aquel pueblo, sólo faltaba saber como llevarla a cabo.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *

   Era un lugar oscuro. Sólo se veían millones de puntos rojos resplandecientes. Todos aquellos bichos albinos estaban reunidos, y lo único claro que se diferenciaba eran sus ojos, color sangre. Formaban una especia de círculo, dejando en medio un pequeño espacio, en el cual se encontraba uno de ellos, pero tenía algo extraño. No era como todos los demás. Su cabellera no era negra, estaba sucia y hecha polvo, pero su color rojo se mezclaba entre los ojos de los monstruos. Llevaba puesta una especia de capa, simplemente para tapar una de sus debilidades, su inexistente brazo. Lo único que quedaba de él era un pequeño muñón, causado por la mala cura de la herida.

   -Tenemos que arreglar esto –dijo con voz quebrante- nunca unos piratas se nos habían escapado… ¡Ni yo fui capaz de escapar! –su última frase hizo explotar a toda la congregación de bichos en un extraño grito.

   Ya tenían el ataque preparado, sólo faltaba que pasasen unos días, y que cayera la noche. Todos los nakamas estaban reunidos, excepto dos, pero esos ya no eran un problema.

* * * * * * * * * * * * * * * * *

   -Robin –Luffy se levantó del suelo para recibir a su enamorada. En ningún momento lo habían acordado, pero prefirieron mantener en secreto su relación, al menos hasta que saliesen de aquella misteriosa isla.

   -Capit… digo Luffy –corrigió la morena un tanto sonrojada por la reacción del moreno- Lo hemos encontrado, navegante-san estaba en lo cierto, aquellos escritos explican la manera de salvar a la gente de esta isla.

   Todos se sentaron, dando paso a la joven arqueóloga a hablar. Esta mostraba una expresión extraña en la cara. Lo que había leído no era muy agradable, además, estaba el tema de Nami. Quien se había sentado a un extremo, al lado de Luffy, para no crear ningún tipo de conflicto entre sus dos amantes.

   -Veréis, -empezó Robin- ya os expliqué el origen de la isla, así que sencillamente os explicaré la solución. Los monstruos viven en aquellos oscuros pasadizos, no les agrada la luz del sol, así que prefieren vagar por la noche, como vampiros. En un principio pensé que esa sería la respuesta: exponerlos a luz del sol, pero eso les debilita, no les hace nada más.

   >>La otra manera de vencerlos es… matando al jefe de la manada. –Todos la miraron expectantes, su tono de habla no era muy normal.- El mandamás de ellos es un pirata, que llegó a esta isla, y sin poder evitarlo acabó prisionero de esas bestias, y ellas, con sus venenos lo convirtieron en uno de ellos. Él es el jefe. –Robin se entristeció, no lo había dicho a nadie, pero sabía que aquel pirata le era familiar, no sabía por qué, pero lo sabía.

   >>Así que nos tenemos que enfrentar a él, y todo volverá a la normalidad. No sé si hay que matarlo o no, lo único claro que decía aquel escrito era el nombre de quien lo había escrito y, a la vez, jefe de los bichos… -Robin miró a los ojos a sus nakamas- pero eso no es importante ahora, sólo nos tenemos que preocupar de salvar al pueblo.

   -¿Matando al jefe bastará? –preguntó Luffy con una de sus habituales amplias sonrisas.

   -No –contestó la morena- hay que derramar su sangre encima de una escultura que hay en el interior de los pasadizos, por eso no estoy segura que haya que matar al jefe…

 

   Estuvieron hablando durante mucho rato, discutiendo sobre su plan de ataque, y sobra la hora que se efectuaría. No llegaron a nada claro, así que decidieron acostarse un rato, no les iría nada mal dormir.

   Luffy se entristeció al saber que dormirían todos juntos, ya que no podría abrazar a su enamorada, si estaban todos deberían mantener en secreto su relación.  

   Todos estaban aparentemente dormidos, pero una sombra se levantó, y con sigilo encendió un cigarro, mientras se alejaba del grupo. Sanji había estado pensando en lo sucedido con Nami, la amaba, como nunca había amado a una mujer, pero se sentía rechazado. La pelirroja sentía algo muy fuerte por el espadachín, y no sería él quien lo estropease.

   -Sanji –una voz melodiosa lo sacó de sus pensamientos- he intentado hablar con tigo sobre lo del otro día… Pero parecía que me

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