Comenzando una nueva vida by Soncarmela

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  Comenzando una nueva vida by Soncarmela
Summary:

Cuando Eidran nació, su madre murió, luego a sus siete años su padre se pego un tiro en la cabeza, ahora estaba solo con sus hermanos, que después le dicen que tiene poderes, su poder es el fuego, su sorpresa al saber que su mejor amiga lo tiene también es maravillosa.

¿Son solo amigos? Lo descubriran con el tiempo, tendrán que librar batallas inesperadas, monstruos con diferentes formas quieren matarlos, ¿Lo conseguiran?

Las batallas y luchas sabran si son buenos en el combate, o si mueren en el intento de tirar un ataque.



Categories: LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura, Drama, Fantasía, Misterio, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje, Tortura

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 18 Completed: No Word count: 34390 Read: 1073 Published: 08/08/2011 Updated: 31/10/2011
Summary:

Cuando Eidran nació, su madre murió, luego a sus siete años su padre se pego un tiro en la cabeza, ahora estaba solo con sus hermanos, que después le dicen que tiene poderes, su poder es el fuego, su sorpresa al saber que su mejor amiga lo tiene también es maravillosa.

¿Son solo amigos? Lo descubriran con el tiempo, tendrán que librar batallas inesperadas, monstruos con diferentes formas quieren matarlos, ¿Lo conseguiran?

Las batallas y luchas sabran si son buenos en el combate, o si mueren en el intento de tirar un ataque.



Categories: LITERATURA Characters: Ninguno

Generos: Accion/Aventura, Drama, Fantasía, Misterio, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje, Tortura

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 18 Completed: No Word count: 34390 Read: 1073 Published: 08/08/2011 Updated: 31/10/2011
Story Notes:

Se me borró y tuve que ponerla de nuevo, así que el resumen es diferente, voy a poner los capítulos de nuevo.

Story Notes:

Se me borró y tuve que ponerla de nuevo, así que el resumen es diferente, voy a poner los capítulos de nuevo.

En la nieve by Soncarmela
Author's Notes:

Aquí empieza el primer capítulo. Espero que os guste y dejen comentarios.

Author's Notes:

Aquí empieza el primer capítulo. Espero que os guste y dejen comentarios.

1 En la nieve (Eidran)

 

Eidran nació en una casa vieja, era de madera y en ese preciso momento su padre estaba metiendo leña en la chimenea.

Él miraba desde atrás, era un chico de estatura baja, aunque en su edad eso era normal, tenía siete años y era flaco, pero eso era debido a que su familia no ganaba mucho dinero y casi no tenían para comer.

Era pelirrojo, pero su pelo no era normal, era rojo sí, pero rojo como el mismo fuego, y a veces eso pensaban y la gente temía por él, mas no le importaba, tenía una mejor amiga y erar suficiente.

Tenía el pelo largo y rebelde, sus ojos son verdes, un verde claro que eran iguales que a los de su madre, que, murió al darle a luz.

Ahora vivía con sus dos hermanos, Daniel y Martín, pero como eran diez años mayor que él no le prestaban mucho atención.

Su padre ya era un hombre mayor, o, al menos eso decía él, tenía una edad de cuarenta y siete años pero el trabajo le hacía parecer más viejo.

Después de que su padre hiciera el fuego se levantó y miro a su hijo.

Su padre tenía la tristeza en su cara, se notaba y a veces Eidran se sentía culpable, pues, por su culpa su madre había muerto, y aunque sus hermanos le decían lo contrario, él seguía pensando así.

Su padre no era pelirrojo como él, al contrario, era rubio al igual que sus dos hermanos, y eso era algo que hacía que el padre estuviera bastante triste, Eidran era la viva imagen que su mujer, pelirrojo y de ojos verdes.

Mario, que era el nombre del padre del niño, dio un suspiró y fue afuera,  de la cueva, con paso lento, Eidran fue detrás de él, pero siempre a distancia.

Había nieve, a Eidran le encantaba la nieve y por extraño que pareciera, él nunca tenía frio y no le hacía falta calentarse las manos en la chimenea, pero le encantaba el fuego, era como su amigo no parlante.

El niño, pudo divisar a lo lejos a su amiga, Claire, que corría sobre la nieve con una sonrisa, ella tenía seis años y tenía el pelo moreno, unos ojos dorados y una sonrisa envidiable.

-Te busqué-Susurró la muchacha al acercarse y recuperar aire-¿Dónde estuviste? Habíamos quedado esta tarde.

El chico abrió los ojos, se había olvidado por completo.

-Lo siento-Murmuró Eidran-Te recompensaré.

La chica sonrió, eso solo podía significar una cosa.

Eidran, sabía por experiencia, que su amiga adoraba la nieve, pero más cuando su amiga hacía muñecos, eran grandes, sí, pero cuando Eidran los hacía, conseguía poniendo su mano en la segunda bola, un agujero inmenso.

Fueron corriendo detrás de la casa, pero para su mala suerte, estaban los hermanos de Eidran jugando a tirarse bolas, aunque eran mayores a veces se comportaban de manera bastante infantil.

Claire no retiró su sonrisa, cogió de la mano a su amigo y se lo llevó corriendo, él la siguió sin replicar.

Cuando se pararon, Eidran pudo ver, que su amiga lo había llevado a la tumba de su madre, él sonrió, pero era una sonrisa forzada, pues no le gustaba mucho ir allí.

-No hace falta que finjas-Dijo la chica, soltando la mano de su amigo.

-¿Por qué me has traído aquí?-Preguntó, girando la cabeza para encontrarse con los ojos dorado de su amiga.

Su amiga no contestó, se arrodillo, y de su abrigo saco flores, que las depositó en la tumba con lentitud.

Eidran hico lo mismo, se arrodillo, pero ahora no traía consigo nada para dejarle, había intentado no llorar, pero una lágrima cayo en la nieve, su amiga se dio cuenta y lo abrazó.

Su amiga, había sido durante muchos años, un gran apoyo y aunque eran pequeños, sabían lo duro que era vivir el día a día.

Después de algunos minutos aun abrazados, se separaron y siguieron mirando la tumba, los minutos pasaban sin que ellos se dieran cuenta y ya estaba empezando a  hacerse  de noche.

-Lo mejor será que vuelva ya-Susurró la muchacha, rompiendo el silencio que había habido.

-Está bien-Se levantó del suelo-Yo haré lo mismo.

Eidran, miró por donde se iba su amiga corriendo, hasta qué ya no pudo ver su silueta, decidió caminar a su casa, cuando entró, encontró a su padre en el sofá, no haciendo nada como siempre, miraba el fuego y solo lloraba, como todas las noches, eso ya se hacía diario.

Sus dos hermanos estaban en la cocina, preparando algo de cenar, per Eidran no tenía hambre, siempre que veía así a su padre se le quitaban las ganas de comer cualquier cosa.

Era temprano, pero en invierno los días acababan antes y así la noche salía de nuevo.

Eidran subió las escaleras de madera lentamente, mirando como nadie se percataba de que acababa de llegar, a veces se preguntaba si a su familia le importaba algo.

Se encerró en su habitación y cogió una foto, en la que estaba su madre, su padre y sus dos hermanos de pequeños.

La estrecho con fuerza en su corazón y se fue a la cama, aun con la foto en el corazón.

Su madre era pelirroja, y con ojos verdes, igual que él, por eso su padre le dolía tanto verle.

Eidran soltó un suspiró, se sentía muy solo en su casa, en total oscuridad y con solo una vela y la llama de compañía, pero aun así, se sentía bien, el fuego era en sí, un amigo más.

Siempre había pensado, que con los años, su padre volvería a ser el de siempre, el mismo que según sus hermanos era un bromista, pero ahora solo era un hombre viudo con tres hijos y ya nadie hablaba bien de él.

Pensando en todo eso, Eidran se durmió, con la foto en la cama, aun había una lágrima en su casa cuando cerró los ojos e intentó dormir.

 

Al día siguiente se levantó sobresaltado, alguien había llamado a su puerta, pero no podía ser,  nunca lo habían llamado o despertado con ese ruido, algo pasaba.

(Eidran)

Me puse ropa enseguida, y baje enseguida las escaleras, y la imagen que vi me dejo de piedra, me quedé en mitad de las escaleras, pero desde ahí podía ver todo.

Mi padre estaba en el suelo, cerca de su mano, una pistola y no hacía falta mirar toda la sangre que yacía desparramada en el suelo.

Mis hermanos no estaban, ya que todas las mañanas salían a cazar para poder alimentarnos, estaba solo, en medio de las escaleras, viendo a mi madre muerto y ya no podía hacer nada, por qué mi padre se había disparado en el cerebro.

En esos momentos, no sabía qué hacer, mi corazón latía muy rápido y en mi cabeza aun no asumía que mi padre había muerto, con algo de miedo, baje las escaleras y me acerqué a mi padre, pero alguien, me detuvo.

Alguien me detuvo cogiéndome de los brazos, me gire enseguida, pero no había nadie, ahora si estaba asustado.

-¿Hay alguien ahí?-Susurré, aun teniendo en cuenta que mis ojos no podían ver nada por qué los tenía cerrados del miedo.

Nadie contestó.

En ese preciso momento, mis dos hermanos entraron por la puerta con una sonrisa, habían cazado y traían algunos peces, pero su sonrisa se esfumo enseguida al ver a mi padre, en el suelo.

-¿Qué ha sucedido Eidran?-Me pregunto mi hermano Daniel.

Yo no sabía que contestar.

Mis hermanos dejaron que toda la comida que llevaban cayera al suelo, y enseguida se acercaron, uno de ellos, Daniel, de nuevo se acercó a mí preguntándome, pero yo no podía decir nada, por qué era bastante obvio lo que acababa de suceder, ¡Papa había muerto!

Empecé a llorar sin saber qué hacer, mi hermano me abrazo intentando consolarme, pero era imposible, ya que al notar que mi hermano también lloraba yo lo hice aún más.

Martin se arrodilló y cogió el arma, la tiró al suelo como si fuera una amenaza, pero no era así, las armas solo eran malas cuando alguien las usaba, cuando estaban a manos de alguien.

Eso lo había aprendido hoy, a ver como mi padre había hecho eso y recordé el ruido de mi habitación, nadie había llamado a la puerta, solo había sido el ruido del disparo.

-¿Está muerto verdad?-Pregunté entre sollozos, sabía que la respuesta era una afirmación, pero mi hermano me miró.

-No, ya verás cómo se recuperara-Mi hermano intentaba decir la verdad, pero, yo no era idiota y sabía perfectamente que una bala en el cerebro era muerte asegurada.

-No le mientas-Intervino mi otro hermano apareciendo-Debe saber la verdad, nuestro padre a muerto-Dijo con total naturalidad, como si eso no le doliese y en el fondo era verdad.

Y entonces me di cuenta, que mis dos hermanos sonreían, como si eso fuera una buena noticia, todas las lágrimas de mi otro hermano habían sido mentiras, y yo no entendía nada.

Daniel me miró, y puso un dedo sobre mis labios, aun qué no me lo hubiera no habría dicho nada, hubiera seguido en silencio mirándolos.

Sacaron el cuerpo de la cueva, y yo me quede de pie, mirando a la nada, no comprendía lo que sucedía, pero había una cosa clara, mi padre había muerto y esa noticia les gradaba a mis hermanos.

Cuando llegaron, me puse serio y me acerqué a ellos.

-¿Por qué sonreís?-Pregunté, con las manos  en puño y sosteniendo la mirada, aguantando miles de lágrimas que querían salir, y que ahora parecían llamas dentro de mí.

End Notes:

Aquí el final del primer capítulo, en el segundo será diferente, aunque lo veran muy pronto.

End Notes:

Aquí el final del primer capítulo, en el segundo será diferente, aunque lo veran muy pronto.

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Author's Notes:

Segundo capítulo

Author's Notes:

Segundo capítulo

2 Dejando atrás a mí amiga (Eidran)

 

Han pasado diez años desde que murió mi padre, mis sentimientos en ese día eran de miedo y tristeza, pero cuando mis hermanos llegaron y sonrieron y no pude entender nada.

No, no pude, pero cuando pregunté y me contestaron ya no sentí tristeza, en ese preciso momento toda mi vida cambio, a mejor.

Mis hermanos me dijeron, que mi padre solo era un muro de piedra que no dejaba que viviéramos felices, al principio no lo entendí del todo, hasta que me lo explicaron mejor.

Me enseñaron su, por así decirlo, poder: un poder maravilloso que yo también tenía y el cual he entrenado durante esos diez años.

Si, el poder del fuego lo tenemos yo y mis hermanos gracias a mi madre, ella nos heredó ese poder, pero por culpa de mi padre no podíamos utilizarlo, ya que para él todo eso era brujería y terrorífico, mis hermanos me enseñaron que era algo maravilloso y no se equivocaban.

Yo no sabía que tenía ese poder dentro de mí, pero cuando lo intente sacar fue imposible, con los años aprendí a utilizarlo y sacarlo de dentro de mí.

Daniel era como mi profesor de manejar el propio fuego, rayos, bolas y ondas de fuego podía utilizar, pero yo necesitaba practicar, ya que el entrenamiento era duro y difícil, iba aprendiendo poco a poco.

Mi otro hermano me enseñaba a practicar con la espada, ya que cada persona con poderes tiene una única, yo tenía dos espadas de fuego y me encantaba manejarlas.

Todo esto pasó muy deprisa, en cuanto murió mi padre, Daniel y Martin me dijeron todo y yo sonreí con ellos, después de todo con mi padre nunca habíamos sido felices y ahora lo éramos.

Lo único malo de esto, es que no podía salir de casa, el entrenamiento era toda mi vida y le implicaba demasiado tiempo, así que me distancie bastante de mi amiga Claire.

De vez en cuando ella venía, pero siempre alguno de mi hermano rubio salía y le decía cualquier excusa, muchas veces que estaba enfermo, pero yo, desde la ventana podía ver como se iba no muy convencida.

Quería decirle todo, lo que tenía dentro de mí, pero mis hermanos no me dejaron y el Eidran que antes conocía mi amiga fue abandonado por el nuevo que vivía solo para entrenar.

Con los años crecí, me había hecho más valiente y ya no era el chico tímido que siempre se echaba atrás, incluso a veces me peleaba con alguien y mis hermanos sonreían ya que ellos hacían esas peleas para ver cómo había mejorado.

Había cosas que aún tenía que entender y aprender, y a veces sentía que mis hermanos me ocultaban algo, pero estaba tan sumido en mi entrenamiento que nunca le daba mucha importancia a esas cosas.

Muchas veces practicaba solo, ya que con los años había aprendido a sacar mis alas y poder volar lejos, me alejaba de mi casa, de todos mis amigos y me iba a un acantilado a practicar.

Pero un día cuando estaba entrenando solo, alguien se acercó desde atrás, por suerte yo lo escuche antes de que me viera utilizar mi poder, enseguida me gire para ver quien se atrevía a espiarme.

Iba a lanzarme contra esa persona, ya que ahora todo el mundo me temía por lo feroz que me había vuelto, pero me tranquilice a saber quién era.

-Claire-Susurré, sintiendo como la rabia se iba y la tristeza me envolvía.

-¿Qué te ha pasado Eidran?-Preguntó, como siempre lo hacía cuando me veía, se acercó un poco más, hasta que ya estaba a mi lado.

-Nada-Dije.

Me iba a ir, por qué sabía que si me quedaba y la miraba a los ojos le contaría todo y no podía hacer eso, el secreto de tener un poder era sumamente estricto de esconder y yo debía hacerlo.

Camine un poco, pero ella me detuvo cogiéndome del brazo, me obligo  a que la mirara a los ojos y pude ver como estaba muy preocupada.

-¿Ya no confías en mí?-Me preguntó con un tono dolido, yo baje la cabeza sin saber que decir.

-Claire…-Empecé a decir, pero ella me soltó el brazo.

-¡Deja de decirme que es un secreto que debes guardar!-Me grito, cortándome lo que iba a decir-Creí…creí que éramos amigos-Empezó a sollozar y yo me sentí fatal.

-Y lo somos-Me apresuré a decir-Tengo que irme.

No me detuvo como antes, se quedó parada sin decir nada, sin gritarme, y yo empecé a caminar, no quería verla, no podía, era mi mejor amiga pero desde hacía muchos años me había distanciado de ella, después de todo, no quería hacerla daño, a veces mi poder era un poco difícil de controlar.

Suspiré, ya que estaba pensando en girarme y contarle todo, pero era mejor así, sin mirar atrás, me fui caminando a paso lento, escuchando más fuertes los sollozos de Claire.

-Has cambiado-Alcance a escuchar, y así, ella también se fue.

Cuando vi que nadie me estaba mirando o rumoreaba por aquí, saqué mis alas y empecé a volar.

Echaba de menos poder hablar con mi amiga normalmente, siempre que lo intentaba, ella sacaba el tema de preguntarme y yo no podía responder a esas preguntas.

Con los años, yo ni intentaba hablar con ella, y siempre que me veía se acercaba para preguntar y yo la verdad me iba sin decir nada.

Había sido mi única amigo durante todos estos años, y gracias a ella no me sentía tan solo, pero ahora necesitaba estar solo y entrenarme.

Aunque me preguntaba, ¿Para qué tenía que entrenar? Eran preguntas sin respuesta ya que mis hermanos siempre evadían esa pregunta y yo no podía hacer nada, salvo quedarme callado y entrenar y entrenar hasta hacerme más fuerte.

La persona que sentí que me cogía del brazo cuando me iba a cercar a mi padre nunca más la volví a sentir, y aunque nunca la había visto, sentía que la iba a volver a ver.

Cuando llegué a casa mis hermanos no se encontraban en ella, así que me quité la ropa y me metí en la ducha, aunque tenía el poder del fuego, el agua de la ducha no lograba dañarme y menos mal.

Suspiré, estaba un poco cansado, manejar este poder era bastante difícil pero cada vez lo controlaba mejor.

Me puse unos pantalones y las zapatillas, debido a mi poder siempre tenía calor y era en casa cuando podía estar sin camisa, ya que en la calle, con nieve era algo extraño.

En cuanto salí del baño, mis ojos se abrieron de par en par.

-¿Qué haces aquí?-Le pregunte a Claire, que estaba en mi casa mirándome-¿Cómo has llegado tan pronto?

No lo entendía, yo me alejaba mucho y aun volando tardaba media hora, mi amiga había llegado demasiado deprisa.

-Estoy harta de que nunca contentes mis preguntas-Contestó, acorralándome en una pared, nunca pensé que tuviera tanta fuerza.

-¿Qué quieres saber?

-Quiero saber que paso con tu vida cuando tú padre murió-Me dijo, alzando la vista, yo suspiré, no sabía que decir.

Se cruzó de brazos, esperando mi respuesta, yo la miré, sin saber muy bien que decir

-No puedo decírtelo-Susurré, ella me miró con los ojos chispeantes de furia.

-Si yo tuviera un secreto te lo contaría-Murmuró.

En esos momentos, me vino algo a la cabeza.

-¿Cómo has llegado tan rápido del acantilado?

Lo había conseguido, ahora ella era quien no sabía que decir, estaba moviendo los dedos rápidamente, estaba nerviosa, ¿Qué le sucedía? Cerró los ojos para suspirar.

Me iba a responder cuando mis dos hermanos llegaron, enseguida le dije adiós, y la obligue a que se fuera.

Por suerte ella no replicó y se fue dándome un beso en la mejilla como si todo fuera algo normal, no entendía absolutamente nada, me quede mudo en la puerta hasta que mis hermanos me llamaron.

-¿Le has contado algo?-Me preguntó mi hermano Daniel.

-No-Dije, negando con la cabeza y subiendo las escaleras.

En cuanto estuve en mi habitación, como siempre hacía miré la foto donde se encontraba mi madre, pero ya no hacía como cuando era pequeño que cogía la fotografía y me la ponía en el corazón.

Miré por la ventana, no era de noche, pero yo ya quería irme a dormir para levantarme temprano y empezar a entrenar.

Estaba un poco confuso por la reacción de mi amiga al llegar mis hermanos, era la primera vez que pasa algo así, y unos cinco años que se despedía de esa manera.

Me acosté en la cama y empecé a jugar con una bola de fuego en forma de mini, lanzándola de una mano a otra, era como un amigo mío: El fuego.

 

Me levanté a las tres de la mañana, seguro mis hermanos estarían durmiendo, y yo aprovecharía para salir a la calle y pasear tranquilamente, más adelante podría entrenar, aún quedaba muchas horas para que saliera el amanecer.

La nieve era blanca como siempre, pero como estaba un poco nervioso, cada pez que daba un paso, la nieve se derretía, debido al fuego que hay en mi interior.

En el cielo había muchas estrellas, y yo recordé como mi padre me decía que mi madre era una de ellas, con los años descubrí que eso solo era una simple mentira, pero en parte era agradable haber creído eso.

Cuando empecé a caminar no había propuesto ir a ningún sitio, pero las casualidades de la vida eran bastante grandes, ahora me encontraba delante de la casa de mi amiga.

Debido a muchas cosas, ahora ella vivía sola, con una animal como compañía, la verdad es que mi amiga era alguien especial y había sido un idiota al romper esa amistad.

Eran las tres de la mañana y aunque sabía que me iba a matar por despertarla a estas horas, me acerque a su puerta y llamé.

-¿Quién?-Preguntó con voz adormilada.

-Eidran-Dije solamente, ella abrió.

Estaba decidido, iba a contarle todo, era mi mejor amiga y quería que supiera todo de mí, no quería distanciarme más.

End Notes:

El final de un  nuevo capítulo, ¿Os gusta?

End Notes:

El final de un  nuevo capítulo, ¿Os gusta?

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Author's Notes:

Esto de que sin querer haya borrado todo y tenga que ponerlos de nuevo es un poco aburrido, por qué no recuerdo que puse anteriormente en cada capítulo.

Author's Notes:

Esto de que sin querer haya borrado todo y tenga que ponerlos de nuevo es un poco aburrido, por qué no recuerdo que puse anteriormente en cada capítulo.

3 La persona invisible (Eidran)

En cuanto entré en la casa, la vi, con los brazos cruzados, y una cara de enojada, sonreí para intentar quitarle esa cara del rostro, pero fue un intentó inútil.

Tenía las manos metidas en los bolsillos, e intentaba disculparme con la mirada, pero ella seguía impasible mirándome con cara malhumorada.

-Necesito hablar contigo-Susurré, me senté en una silla, ella se sentó en otra delante de mí.

-¿Ahora?-Pregunto con enojo, y sin dejar de tener los brazos cruzados.

-¿No querías respuestas?-Ella rodó los ojos, yo me reí con lo que hico.

Se puso firme y se acercó más a mí.

-¡Pero no a las tres de la madrugada!-Gritó, me tapé los oídos con las manos.

-Vete a dormir si quieres-Susurré para que se tranquilizara-Yo me quedaré aquí hasta que despiertes.

-Ya me he desvelado-Yo asentí, se levantó-Ahora vengo.

En cuanto se levantó, me di cuenta cuanto había crecido mi amiga, mi tiempo con el entrenamiento no me había dejado estar con ella, verla crecer y jugar con ella, ahora me daba cuenta que la había echado de menos.

Ahora era una mujer, con dieciséis años de edad, su pelo moreno ahora era más largo que antes, pero seguía teniendo esos ojos dorados que tanto le gustaban a él.

Suspiré y me echa hacia atrás, podría ser que me gustara mi amiga, también, que era la única chica con la que había mantenido una conversación y eso era algo que atribuye a que la quiera tanto, como amiga o algo más.

Pero… estaba seguro que en cuanto le contase mis poderes, tendría miedo de mí y ya nunca volverías a ser ni amigos.

Estaba tardando demasiado, así que me levanté de la silla y empecé a andar hacia la habitación, la puerta estaba abierta, pero cuando iba a entrar, algo me paro.

Era la misma cosa de hace diez años, alguien estaba poniendo sus manos en mi pecho, deteniéndome, así que no podía pasar a la habitación de mi amiga, aunque no era eso lo que más me importaba en esos momentos.

El ser invisible intentaba echarme hacia atrás, pero al parecer no tenía tanta fuerza, ya que no había conseguido moverme mucho.

Cuando intente cogerle, ya que se suponía que estaba delante de mí, tropecé y casi me caigo al suelo.

-¿Qué haces?-Me preguntó mi amiga, yo me gire enseguida.

Había caído en el suelo, por no ser que me había sujetado en la pared, así que cuando me gire, mi cabeza se mareo un poco.

-Yo… nada, no hago nada-Sonreí y mes rasque el pelo, ella me miro con una ceja levantada.

Ella me miro, muy poco convencida.

-Ibas a entrar a mi habitación, ¿Para qué?

-Tardabas mucho-Dije, apartando todo lo que me había pasado con ese ser invisible.

No preguntó nada más, se sentó en el sofá, dejándome un lado para que yo hiciera lo mismo, así que con algo de vacilación, me acerqué y me senté junto a ella.

Nunca pensé que me podría gustar mi amiga, hacía demasiado tiempo que no la veía y hablaba con ella, y ahora me había llegado todo de sopetón, y aunque sé que el amor no llega como si nada, hace diez años que la conozco.

Estaba esperando a que ella dijera algo o preguntara, pero se quedó en silencio esperando a que yo hablase.

-Perdóname por no haberte hablado durante todos estos años-Susurré, yendo directo al grano para quitarme ya este peso de encima.

Ella asintió aceptando mis disculpas, y acomodándose empezó a preguntar.

-¿Por qué te distanciaste?

Si, al parecer iba a tener que decirle todo más rápido de lo que imaginaba.

Suspiré, y retorciéndome las manos por los nervios la miré a los ojos, en ellos se notaba el cansancio y me sentí un poco culpable haberle despertado a estas horas.

-No te asustes, ¿Vale?

Claire no entendió.

-Tú solo no salgas corriendo hasta que te explique todo-Ella asintió, con un poco de burla en su mirada.

Me relajé, cerré los ojos y empecé a llamar el fuego, enseguida respondió a mí y de mis manos brotaron bolas de fuego, que las mantenía en alto para que no cayeran al suelo.

Miré a mi amiga, cuando ya había deshecho el ataque, y no vi nada extraño en ellos, estaba tranquila.

Y tampoco dijo nada, se quedó impasible, mirando mis manos, yo volví hacer lo mismo de antes, mis manos ahora eran fuego y de nuevo la miré, pero seguía igual que antes.

Ya estaba un poco harto, ¿Por qué no decía nada? A lo mejor ahora estaba creyendo que seguía durmiendo y todo esta era un sueño.

La cogí de los hombros, para que me mirara, pero parecía que estaba en otro mundo, hasta que sonrió y me abrazó, ahora si estaba confundido.

-¿No te doy miedo?-Pregunté en su oído, ya que aún seguíamos abrazados.

-Claro que no-Susurró, separándose de mí, yo me volví a sentar bien en mi sitio-Por fin encuentro a alguien como yo.

Yo abrí los ojos, muy sorprendido.

-¿Cómo yo? ¿Tienes el poder del fuego?

Mis preguntas le hicieron algo de gracia, pero contestó enseguida.

-Tengo poderes-Empezó a seguir, yo la miré deseando que continuase, prosiguió-Pero no el fuego, si no el aire.

A mí aun me costaba creérmelo, mi mejor amiga era como yo, alguien con poderes a la cual le podía contar todo, ella había tenido durante todos estos años el mismo secreto que yo, y no había sido tan tonta de distanciarse.

Mis ojos brillaban de felicidad, por qué seguía sin creérmelo, me acerqué pero ella sonrió y me apartó un poco, y enseguida se levantó.

-Te quiero enseñar algo-Me susurró al oído.

Me acomodé en el sofá, mientras que ella andaba hasta el medio del salón, luego, como yo había hecho antes cerró los ojos.

Ante mis ojos, mi amiga empezaba a desaparecer, empezando por sus piernas, y finalmente ya no pude verla, había desaparecido por completo.

Me quedé sorprendido, mirando a la nada, ya que ya no había ninguna persona delante de mí.

Sentí unas pisadas acercarse a mí y como alguien rozaba mi mejilla, y me estremecí.

-Puedo hacerme invisible-Escuché detrás de mí, me giré enseguida.

-Entonces eras tú la que me paró cuando iba acercarme a tu habitación-Ella, que acababa de aparecer asintió lentamente-¿Por qué me detuviste cuando me iba a acercar a mi padre?

Claire pareció un poco aturdida, cerró los ojos, como recordando ese día, finalmente abrió los ojos, y de nuevo se sentó a mi lado.

-Tu padre…-Se trabó diciendo algo, suspiró-Tus hermanos no son buenas personas Eidran.

-¿Cómo? Empieza del principio-Le pedí, mirándola a los ojos.

-Tu padre era como tu protector, llamémoslo así-Empezó a decir-Tus hermanos solo quieren tu poder, pero para ello tenían que entrenarte y hacer que ese fuego que había en ti despertara para poder tenerlo para sus propios fines.

Yo no entendí del todo sus palabras, había cosas que no comprendía, ella prosiguió.

-Si te hubieras acercado a tu padre, de la rabia de verlo así o tristeza, todo tu poder habría despertado, tus hermanos solo quieren tu poder Eidran, no puedes volver y seguir entrenando junto a ellos.

Yo entrecerré los ojos, asimilando todo lo que me acababa de decir, después de estar algunos segundos sin decir nada, dije algo.

-Si sabías que yo tenía ese poder, ¿Por qué no intentaste hablar tanto? Y además, ¿Por qué antes te sorprendiste tanto si ya lo sabías?

-Te equivocas-dijo rápidamente- yo lo sabía, pero alguien había hecho que lo olvidara, solo que cuando tú lo mencionaste lo recordé, pero ese recuerdo no estaba en mi mente, alguien no quería que supiera que tú tenías ese poder-Finalizó, mirándome sin pestañear-Y no te miento.

-¿Quieres decir que mis hermanos te borraron es parte de la memoria?-Pregunté, todo eso era bastante increíble.

Ella solo asintió, y mientras que yo seguía pensando en todo lo que acababa de decirme, ella me cogió las manos y me las examinada, yo la miré sin entender su examen.

-¿No te quemaste?-Preguntó de pronto con la cabeza agachada mirándome las manos.

Sus caricias en mis propias manos era algo que me estaba poniendo muy nervioso y a la vez eran muy apetecibles, así que hasta que ella me volvió a repetir la pregunta yo no respondí.

-Sí, muchas veces, pero se curan bastante rápido-Ella asintió, yo respire hondo para poder aguantarme las ganas de acariciarle la mejilla.

Nos quedamos en silencio sin decir nada, ahora ella estaba sentada, empezando a dormirse, mientras que yo estaba muy despierto, me levanté y la tumbe para que estuviera más cómoda y me senté en una silla.

Creo que estuve como unas dos horas mirándola, era lo único que podía hacer ahora y pensar en todo lo que me acababa de decir mi amiga.

Aun me costaba asumir que mis hermanos se estaban aprovechando de mí, pero mirándolo bien tenía lógica, ellos seguro sabían que Claire tenía poderes y por eso no me dejaban contarle nada.

Cuando empezaba a comprender todo, alguien llamó a la puerta, y enseguida note como Claire ya estaba levantada del sofá e iba a abrir la puerta, yo la seguí desde atrás.

End Notes:

Otro capí que llega a su fin.

End Notes:

Otro capí que llega a su fin.

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Author's Notes:

Este es uno de los que más me gustaron, pero creo que haré mejores en los que combatan, la acción me encanta.

Author's Notes:

Este es uno de los que más me gustaron, pero creo que haré mejores en los que combatan, la acción me encanta.

4 Mi verdadero ser (Eidran)

En cuanto Claire abrió la puerta, mi corazón se paró, como  cuando ves algo tan decepcionante o preocupante, pues eso mismo estaba sintiendo yo ahora, mi corazón se había parado y mis ojos estaban clavados en una persona.

En mis hermanos.

Los dos estaban en la puerta, con os brazos cruzados y mirándome con rabia, enseguida, entrando y cerrando la puerta, Claire no dijo nada, solo me miró y yo estaba paralizado.

-Coge a la chica-Ordenó mi hermano Martín.

Mi otro hermano cogió de los brazos a Claire y la sostuvo así, ella se movía violentamente pero mi hermano era más fuerte y podía controlarla fácilmente.

-Suéltame-Decía Claire moviéndose, mientras intentaba pegarle una patada

-Tranquilízate guapa-Mi hermano la sostuvo más fuerte, apretándole las muñecas.

Mis manos estaban en puño, el fuego que estaba dentro de mí estaba explotando en mi interior, pidiendo salir violentamente, mi otro hermano, se acercó a mí.

-No debiste haberle contado tu poder-Dijo mi hermano de pronto-Has sido muy idiota y por tú culpa, ella va a morir.

Martin hico una cuerda de fuego y me ató en la pared, clavando esa cuerda en las paredes, yo me debatía para poder arrancarlas, pero mi hermano era más poderoso que yo.

De repente, sacó su espada de fuego y se acercaba a Claire, ella lo miraba con terror intentando huir, pero mi otro hermano la sujetaba para que no pudiera ni moverse.

-¡No!-Grité con furia.

Algo me estaba pasando, mi piel ardía, me estaba quemando yo mismo con mi propio fuego, todo mi poder quería salir y yo no podía retenerlo, la furia hacía que no lo pudiera controlar como siempre.

Mis manos estaban rojas, llenas de fuego, todo mi cuerpo estaba envuelto en una gran llama y la cuerda se rompió en dos.

Podía notar como mis dientes eran más afilados al igual que mis uñas, y como mis alas acababan de salir, todo mi cuerpo era una gran llama ahora, vi la cara horrorizada de mis hermanos.

-¡Soltadla!-Ordené, pero mi voz pareció un gruñido muy potente y furioso.

Mis hermanos obedecieron, tiraron al suelo a Claire, que cayó desmayada, pero ahora tenía sed de sangre, quería matar a mis hermanos  con todo mí ser.

Cuando iban a abrir la puerta para echar a correr, yo di un salto y me puse delante, enseñando los dientes, todo mi cuerpo era diferente, me sentía como un animal rabioso a punto de morder a una persona, mi piel no era blanca si no roja, mi pelo estaba ardiendo y mis uñas eran largas y afiladas al igual que mis dientes.

-Tiene los ojos rojos-Murmuró mi hermano Martin.

-Pe…pero eso es…imposible-Tartamudeo mi otro hermano con terror en su tono de voz.

-No puedo controlarme-Susurré.

Mis manos se movieron solas, y di un arañazo a mi hermano Daniel, que cayó al suelo con una grave herida en medio del pecho.

Martin miró a su otro hermano rubio en el suelo, la herida que acababa de decir ahora estaba empezando a sangrar.

Yo no podía controlarme, mi mente estaba en otro mundo y la de una bestia  se apoderaba de mi razón, me movía solo y no podía hacer nada, tenía en mente que quería matarlos y no podía negarme, por qué en cierta razón yo también quería.

Agarré a mi hermano que seguía en pie de la cabeza, y lo lancé contra la pared con mucha fuerza, seguidamente lancé una bola de fuego que impacto en su corazón y lo traspaso.

Baje la mirada para encontrarme con mi otro hermano, que tenía una mano en herida sangrante y con la otra intentaba coger la espada de mi hermano muerto.

-Prefiero que vivas-Gruñí, me acerqué a la espada y la quemé entera.

-Te encontraré-Dijo mi hermano en el suelo-Y el día que lo haga te mataré.

Ahora que tenía un poco de razón de mí mismo, cogí a Claire que estaba en el suelo, la puse en mi hombro y salí de la casa rompiendo la puerta, sin mirar atrás eche a volar.

Ya eran las cinco de la mañana, y todas las casas seguían con las luces apagadas, aun que habíamos echo mucho ruido en la casa de Claire, nadie se había asomad y eso era una buena noticia.

Por suerte, Claire no tenía ningún familiar aquí y me atrevería a asegurar que tampoco tenía amigos, al igual que yo no dejábamos nada a atrás.

Seguro me mataría cuando despertara y me viera transformado así, además de haberla  llevado a otro sitio sin su consentimiento.

Bajo esta forma era mucho más rápido y en menos de cinco minutos me encontraba a muchos kilómetros de donde estaban.

Busqué con la mirada algún bosque para poder estar tranquilamente sin que nadie nos encontrara.

Baje y la deje con cuidado en la yerba verde, con cuidado para no despertarla.

Era increíble que ahora mismo consiguiera controlarme, hacía diez minutos no era yo y solo quería matar a mis hermanos.

Poco a poco volvía a ser como antes, mis dientes ya no eran tan alargados y afilados y mis uñas ya eran como siempre, pero mi piel seguían siendo roja y sentía como mis ojos seguían siendo rojos, ya que aún seguía ardiendo.

Esto ya me había pasado, pero era cuando tenía once años, nunca se lo había contado a mis hermanos ni a nadie, ya que pensé que era lo mejor, menos mal que no me equivocaba.

Me senté en un árbol, apoyando la cabeza para poder controlarme y ser normal de nuevo.

A unos tres pasos estaba tumbada Claire, seguía dormido y respiraba rápidamente, pero con los años había aprendido que nosotros, lo que teníamos poderes éramos diferentes a los demás

Cerré  los ojos un momento, cada vez que me transformaba en esta bestia, luego tenía mucho sueño, ya que utilizaba todo poder y me agotaba.

-¿Qué has hecho con Eidran?-Preguntó de pronto una voz.

Abrí los ojos, ella me miraba con horror en su mirada, yo seguía teniendo la piel roja y mi pelo seguía ardiendo, era normal que no me reconociera, con total tranquilidad respondí.

-Soy yo Claire-Dije suavemente.

-Has cambiado desde la última vez-Bromeó, yo suspiré, al menos no sentía miedo, no me temía.

Me acerqué un poco más a ella, para que notara que podía controlarme y seguía siendo yo.

-Tú puedes hacerte invisible, yo me transformo en esto.

Creí que ahora iba a chillar y correr, pero en vez de eso se acercó a mí y me abrazó con fuerza, yo correspondí al abrazo, el pelo ya no me ardía y mi piel poco a poco se tornaba a un color carne.

-Gracias por ayudarme-Susurró cerca de mi oído.

-Entre los amigos se ayudan-dije solamente.

Cuando ya era yo completamente, rompimos el abrazo.

-¿No me tenías miedo?-Pregunté con curiosidad.

-Que va-Murmuró como si fuese muy obvio-Tú serías incapaz de hacerme algo.

-¿Eso crees?-Pregunte juguetonamente.

Ella me miró con la ceja levantada.

Me lancé a ella, haciendo que cayera en el suelo y yo encima, y empecé a hacerle cosquillas, ella intentaba quitarme pero la tenía bien cogida para que no consiguiera pararme.

-jajaja, para, para-Pidió entre risas.

Yo paré, pero no me moví de donde estaba, puse mis brazos a cada lado de su cabeza y me acerqué a su rostro.

-¿Sigues creyendo que no sería capaz de hacerte algo?-Pregunté en su oído.

-Si-Susurró.

Nos levantamos del suelo, el bosque se extendía ante nosotros con un viento fuerte, pero a mí no me importaba, el fuego de mi interior me hacía no sentir frio nunca.

Miré a Claire, que estaba mirando el bosque al igual que yo, sus ojos dorados estaban fijos en una montaña, era aquel acantilado donde habíamos hablado y donde yo me entrenaba.

Así que desde aquí se podía ver ese acantilado, suspiré, la última vez que hable con ella en ese acantilado acabamos muy mal, casi rompemos nuestra amistad, por una simple tontería que yo intentaba esconder.

Era extraño, ahora estaba aquí sentado y estaba dejando toda mi vida atrás, en esa casa donde nací y viví mis días, con mi padre, que ahora estaba muerto y que ahora sabía que me protegía de mis hermanos.

Mis hermanos, eso resonaba en mi cabeza, me habían mentido, diciendo que entrenaba para protegerme de toda la gente que quería eliminarme, ya que ellos decían que mucha gente paga por matar a gentes como nosotros.

Puede que eso fuera cierto, pero la maldita verdad era que solo querían tener mi poder.

-No te lo he preguntado antes-Dijo Claire, haciendo que yo despertara de mis pensamientos-¿Qué vamos hacer ahora?

Me giré para mirarla a los ojos, la verdad es que no había pensado en eso, me había ido para alejarme de mis hermanos, para alejarla de mis hermanos, ya que ellos ya tenían en mente matarla, solo por qué le había contado mi secreto.

-No lo sé-Confesé.

Me tumbé en la yerba, ella no me hico más preguntas, y se lo agradecí, tenía que pensar en lo que íbamos hacer ahora, ya que yo no podía volver y ella tampoco.

-Entonces-Dijo una voz desconocida-Podéis venir con nosotros.

End Notes:

Como dije en el anterior capítulo, antes de borrar todo, ¿Quien sera esa voz desconocida?

End Notes:

Como dije en el anterior capítulo, antes de borrar todo, ¿Quien sera esa voz desconocida?

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Author's Notes:

Este capítulo esta escrito en primera persona de Claire, pero en este capitulo me centrare en contar un poco sobre su vida.

Author's Notes:

Este capítulo esta escrito en primera persona de Claire, pero en este capitulo me centrare en contar un poco sobre su vida.

5 Un resumen de mi vida (Claire)

Cuando era pequeña, siempre pensé que viviría en ese pueblo para toda mi vida, para siempre…

Mi hermana mayor era la que cuidaba de mí, ya que mi madre se había ido cuando yo tenía tres años, así que mi hermana tuvo que cuidar de mí, Elena, que era como se llamaba mi hermana, tiene cinco años más que yo.

Cuando tenía cinco años conocí a un chico, que más o menos tenía la misma historia que yo, salvo que su madre había muerto.

Desde el primer día que nos saludamos compartimos una gran amistad, que era muy tierna y graciosa a la vez, con él era diferente, no la chica tímida y triste que siempre era cuando estaba en casa, junto a él cambiaba radicalmente, convirtiéndome en una chica que bromeaba.

A los seis años, mi hermana me dijo que teníamos poderes, claro está yo no la creí, salvo cuando fuimos a un sitio abandonado y me enseño como ella podía hacer un remolino, me quedé muda.

Con los días, practicaba poco a poco mi poder,  me gustaba tenerlo y manejarlo, y yo misma me apode, “La chica del viento” mi hermana sonreía cada vez que yo conseguía hacer algo, y yo estaba muy feliz.

Con seis años, mi hermana me comentó que mi mejor amigo le iba a pasar algo, al principio entendí que iba a morir, pero mi hermana me lo explicó mejor.

Me dijo que cuando él tuviera siete años, algún día su padre moriría y sus hermanos intentarían explotarle a entrenar, (No me dijo que tipo de entrenamiento) y que se alejaría de mí.

Un día pude convertirme en invisible, y fue el mismo día en que el padre de Eidran murió, mi hermana me pidió que fuera  a su casa y no dejarle que se acercara a su padre, no lo entendí pero obedecí.

Fue doloroso ver el rostro de mi amigo ese día, pero igualmente lo cogí de los brazos, hasta que llegaron sus hermanos.

Uno de ellos, creo que se llamaba Martin, pudo verme, ya que por un segundo se me perdió la invisibilidad.

Se lo conté a mi hermana, y ella me explicó todo lo que sucedía, a las pocas horas los hermanos de Eidran llegaron , y nos borraron a mí y a mí hermana la memoria, al menos nos borraron todo lo que no debíamos saber de ellos.

Con los días, iba a casa de Eidran para jugar y hablar, pero siempre estaba entrenando, como me había dicho mi hermana, y yo ya no sabía qué hacer para poder ver a mi amigo.

Algunos días lo encontraba en un acantilado e intentaba hablar con él, preguntarle por lo que le pasaba, pero nunca me contestaba y todo eso hacía que mi cabeza me doliera, como diciéndome que yo ya sabía la respuesta, pero no la sabía.

Cuando tenía quince años, mi hermana se tuvo que ir a un sitio, y no me dijo para qué, yo solo asentí y me quede en esa casa, trabaja en una panadería para poder sacarme algo de dinero y comer.

Siempre iba a casa de Eidran para poder hablar con él, pero sus hermanos me impedían pasar a su casa, así que me iba a mi casa.

Yo había crecido, al igual que Eidran, que ahora era un hombre de diecisiete años, tenía el pelo rojo, y como siempre había sabido ese color de pelo no era normal, pero en esos tiempos no sabía por qué, sus ojos eran verdes y bonitos.

Cuando era pequeña, creía que me iba a casar con él, pero cuando fui mayor supe que mis sentimientos solo eran de amistad, era mi mejor amigo y no sentía nada amoroso hacia él.

El día en que lo encontré en el acantilado, pude ver algo de fuego desde el otro lado, pero no lo mencione, solo le pregunte que le sucedía, pero siempre me evadía.

Me puse a llorar de impotencia, por no saber que le ocurría e incluso estaba pensando en enseñarle mi poder para que confiara en mí.

Pero mi hermana me había advertido que nunca podía contar ese secreto y por eso no lo hice.

No me iba a ir de ese acantilado sin saber que le pasaba, pero cuando intente buscarlo ya no estaba, me sorprendió, nadie podía irse tan rápido de estas montañas rocosas.

Suspiré y saqué mis alas, enseguida me puse a volar, otra ventaja de la gente con el poder del viento, era que cuando volábamos íbamos más rápidos que los demás, así que si teníamos que huir podríamos hacerlo sin problemas.

Cuando llegué, la puerta de la casa de Eidran estaba abierta así que entré y espere, ya que al oír agua, supuse que se estaba bañando.

Me quedé en la puerta de pie, hasta que la puerta del baño se abrió y me puse sería de golpe, lo acorrale en una pared sin dejarle huir y le pregunte de nuevo, qué que le sucedía.

No me lo dijo, pero fui bastante tonta al decirle que yo le contaría todo, y me sentí un poco mal, por qué le estaba mintiendo, y entonces su pregunta resonó en mi cabeza.

>>¿Cómo has llegado tan rápido?>¿Contenta?>Luego, hay unos llamados Feros, se podía decir que si no tienes el poder del agua, son bastante peligrosos, son feroces, pero totalmente quemados, tienen dos cabezas y cuernos, a mí me dan un poco de miedo.

Después de hablar y hablar, nos contó que había cada monstruo con un poder, y la verdad, yo solo tenía miedo al monstruo de agua, que según había dicho él, se llamaban Aquetos, un nombre bastante raro, pero eran como peces, que podían andar y tenían espadas, además de que el fuego no les afectaba para nada.

Luego estaban los de trueno, que eran los más peligrosos para Claire, estos se llamaban Trenos, y les pegaba un poco son su poder, eran como robots, pero en toda su armadura había electricidad, además de que de sus manos podían salir ráfagas de rayo, para alguien de poder volador eran peligrosos.

Luego, por supuesto, estaban los del tipo volador, que eran bestias que podían volar, con alas y una gran velocidad, sobre todo en ataques en el aire eran mejor que nadie, había que tener cuidado con ellos, en un combate volador.

Parecía que había de todo tipo y yo sin saberlo, luego estaban los de tipo roca: Los Golems, eran gigantes, y con una fuerza sobrenatural, pueden lanzar rocas y tienen una puntería genial, la verdad estos eran los más robustos y difíciles de ganar.

Y luego había muchos más que no conocían, pero que estaba seguro que algún día tendríamos que encontrarnos, por una parte yo deseaba pelear contra todos y comprobar mi fuerza.

-Como ves hay muchos-Dijo Leo-Pronto veremos a los demás, yo creo que hay de todos los poderes.

-¿Hay algo más que debamos saber?-Pregunté para asegurarme.

Parecía que tenía un poco de sueño y explicarme todo sería mucho tiempo, así que me dijo lo primero que se le vino a la mente.

-Ahora nosotros estamos descansados, ya os contaremos todo-Sonrió y le dio un codazo a Víctor.

Él y Víctor subieron las escaleras hasta encerrarse en sus habitaciones, ahora yo y mi mejor amiga estábamos sentados, en una casa que no conocíamos.

Claire parecía que tenía frio, después de todo estábamos protegidos por una gran bola de hielo, y como ella no tenía el poder del fuego el frio la afectaba, y aún más que tenía el poder del viento.

La abracé y puse su cabeza en mi pecho, ella al principio no pareció entender, pero luego concentré mi calor interno y ella cerró los ojos. Ya no tenía la piel helada como antes.

-¿Mejor?-Pregunté al cabo de unos minutos.

Ella abrió los ojos pero no se levantó, se quedó sentada y con su cabeza en mi pecho.

-Sí, gracias-Susurró, yo la abrecé más fuerte.

Nos quedamos abrazados un buen rato, y aun no nos separábamos, mas a mí no me importaba, estaba a gusto, y cada rato que pasaba más con ella sentía como el cariño aumentaba, aunque no estaba seguro si ella sentía lo mismo, pero me daba igual, prefería no decirle nada de mis sentimientos y conservar esta amistad tan tierna.

Después de yo también cerré los ojos, pero con ninguna intención de dormir, solo iba a descansar un poco la vista, bueno, un poco más, ya que había dormido mucha siesta, pero aun así necesitaba pensar todo esto.

Estaba claro que teníamos muchos enemigos, los que me habían contado y otros que ni siquiera estas personas conocían, con los que yo más quería luchar era los de roca, me parecían los más duros, ya que contra los de agua no iba a tener ninguna oportunidad, bueno, a lo mejor con mi forma de bestia podría ganarlos.

-Eidran-Susurró de pronto mi amiga, yo abrí los ojos.

Seguíamos en la misma posición.

-¿Qué pasa?-Pregunté.

Claire se levantó y se quedó sentada, luego me miró a los ojos.

-¿Por qué no confía en estas personas?

-Son demasiado amigables-Dije, ella me miró sin comprender aún-Nadie es tan bueno el primer día si no quiere algo.

Ella rodó los ojos, yo sonreí, al parecer sus acciones siempre hacía que me tranquilizara.

Yo me levanté, ella me miro con la ceja levantada, fui hasta donde estaban las cartas y la cogí, ella sonrió, al parecer también tenía las mismas ganas que yo de jugar a algo, estábamos demasiado aburridos aquí a solas.

Empezamos a jugar, y yo creo que hacía trampas, de vez en cuando movía un dedo y estaba seguro de que una carta, la que quería iba a sus manos, aun qué no le decía nada, me gustaba verla sonreír cada vez que ganaba.

-Eres muy malo jugando-Dijo, bromeando, esta vez yo no me calle.

-Tú, que haces trampas-Repliqué enseguida.

Ella abrió los ojos, pero enseguida pareció a estar normal, aunque yo ya me había dado cuenta.

-No es mi culpa que te toquen cartas malas-Se defendió, enseñando sus cartas.

Claro, era muy lista, sus cartas ahora eran normales, pero su poder del viento era muy rápido, y en menos de dos segundos conseguía coger la carta que quería, a mí no me podía mentir.

-¿Sabes?-Pregunté después de otra partida perdida-Ya me cansé de jugar.

-No te gusta perder, ¿Verdad?-Preguntó con una sonrisilla.

-Mientras que seas tú la que me gane-Dije.

Cogí las cartas y las guardé donde estaban antes, luego me senté de nuevo al lado de mi amiga.

Verla jugar había sido gracioso, de vez en cuando hablaba y mientras cogía la carta que la haría ganar, la verdad, que jugando contra alguien que no tiene poderes y sus sentidos no están más avanzados como la gente como nosotros, seguro sería la ganadora de todos los juegos.

Y si hiciera apuestas, ahora sería alguien rica y no le haría falta trabajar, ya que su dueño no me caía muy bien, aunque no le di importancia, su hermana siempre hacía algo para bajarle los humos.

No sé qué pensaba Claire, aunque verla, con el pelo un poco revuelto y con los ojos brillantes, era una imagen para mí, muy especial.

-¿Has escuchado eso?

La voz de Claire me hico despertar, ya que había estado mirándola y me había perdido en mis pensamientos.

Me puse atento y escuche algo, era como algunas cosas golpeando el muro de hielo, y bastante fuerte.

Enseguida bajaron los otros tres, con sus armas en las manos ya.

Al parecer iba a haber otra lucha ahora, aunque yo tenía ganas de combatir, después de todo, para eso me había entrenado.
End Notes:
!Siii! Lucha. Bueno no me insulten muy mal cuando escribe el combate, ya me diran que les parece.

Nos leemon.

End Notes:!Siii! Lucha. Bueno no me insulten muy mal cuando escribe el combate, ya me diran que les parece.

Nos leemon.

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Author's Notes:

He tardado en ponerlo ya que no tenía internet, pero teniendo en cuenta que no sé si alguien lo sigue, estoy empezando a pensar que nadie lo lee.

Author's Notes:

He tardado en ponerlo ya que no tenía internet, pero teniendo en cuenta que no sé si alguien lo sigue, estoy empezando a pensar que nadie lo lee.

9 Luchando (Claire)

 

Era interesante saber que había tantos monstruos en esta vida, con tantos poderes y formas,  a mí me había parecido impresionante saber todo eso, y pensar que este poder solo lo teníamos como un juego.

Aunque es normal, si tienes un gran poder es para que puedas defenderte, y en mi caso, que me he entrenado algunas veces, y que desde entonces manejo muy bien el aire, es normal que tenga que protegerme de bestias o monstruos así.

Aunque parecía muy fáciles ganarles, yo pensaba que si eran igual de débiles que como los que había luchado en el bosque, sería fácil poder sobrevivir, aunque con los de tipo Trueno sería un poco más difícil para mí, pero para eso tenía a Eidran, para que me protegiera de los monstruos con los cuales yo no podía luchar.

Leo me parecía un chico simpático, en cambio Víctor era más serio, pero a mí parecer creo que el chico moreno tiene un pasado bastante doloroso, siento un poco de lástima por él.

He notado como a Eidran no le cae bien ninguno, será por qué sigue sospechando de qué sean malas personas, pero para mí no, ellos son como nosotros y utilizan sus poderes para poder sobrevivir, al parecer no es algo que pueda comprender aún mi amigo.

Cuando Eidran me abrazó para infundirme calor, fue algo más que un simple abrazo, por qué al sentirme en su pecho me puse un poco colorada, y por ello cerré los ojos, para no mirarle a la cara, se sentía muy calentito, era bueno tener el poder del fuego en estos casos.

El abrazó había durado bastante, pero no me importaba, me agrada mucho estar a su lado, era mi mejor amigo y me sentía a gusto a su lado, pero empezaba a verle de otra manera y eso me asustaba, no quería sentir esas cosas, no quería romper nuestra amistad, pero al parecer mis sentimientos no me hacían ni caso.

Sofía y los otros dos se habían ido a descansar, y era comprensible, después de todo habían estado despiertos mientras que nosotros dormíamos, y si recordaba bien, nos acostamos como a las siete de la madrugada, hasta las ocho de la noche, habíamos dormido mucho.

Cuando rompimos el abrazo y yo me levante para saber algunas cosas y conversar un poco con Eidran, me sentí un poco tonta al estar allí sin hacer nada.

Y como Eidran estaba pensando en sus cosas, me puse a pensar en algo un poco extraño, en mi hermana, ¿Dónde estaría ahora? O mejor dicho, ¿Qué estaría haciendo ahora? La verdad es que la extrañaba mucho, quería saber de ella, por qué ni siquiera sabía dónde se encontraba, quería verla, aunque solo fuera una vez.

Algo resonó en mis oídos, era un ruido fuerte, pero al parecer Eidran estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta, a lo mejor era mi imaginación, así que no le hice mucho caso a ese extraño ruido.

Pero sonó de nuevo y me asuste, entonces enseguida le pregunte a Eidran, este pareció reaccionar y se puso a escuchar, ahora los ruidos eran más frecuentes y fuertes.

Enseguida bajaron los tres que estaban durmiendo con sus armas, y yo me puse alerta.

Me levanté para verles la cara, estaban serios, y en Leo no era normal, ese chico siempre estaba sonriendo, pero ahora parecían estar dispuestos a  pelear.

-¿Qué sucede?-Preguntó Eidran.

Primero, Sofía miró afuera, luego nos miró a nosotros y respondió.

-Son Feros, como tenemos una barrera de hielo, con sus ataques de fuego la tiraran enseguida-Explicó con rapidez.

Enseguida hice aparecer mi arma, una espada de viento, la cual había aprendido a utilizar yo sola.

Eidran hico lo mismo, e hico aparecer sus dos espadas de fuego, las cuales brillaban con ese intenso poder del fuego, la verdad me encantaba el poder que tenía mi amigo.

-Yo iré arriba y empezare a lanzar flechas-Murmuró Sofía.

Se fue por otra puerta que no conocía, y enseguida se escucharon sus ataques, al parecer su combate ya había comenzado, mi oído pudo escuchar como tres monstruos habían caído al suelo.

Los cuatro salimos del bloque de hielo, y nos encontramos con muchos Feros delante de nosotros, me daban un poco de miedo, eran terroríficos e iguales como nos los había explicado Leo.

Pude ver desde arriba, como Sofía peleaba con dos que se acababan de subir para eliminarla, pero la chica se protegía bastante bien con sus ataques de trueno, yo quité la mirada de ese combate y me centré en el mío.

Pero fue demasiado tarde, uno acababa de tirarse a por mí y yo estaba desconcentrada, Eidran tiro una de sus espadas, y se la clavo a ese monstruo en la mitad del cuerpo, por suerte cayó al suelo.

Eidran se acercó y cogió esa espada, me miro muy serio, era la primera vez que le veía así.

-No te desconcentres-Me dijo con una mirada seria-Puedes morir.

-Lo siento-Me disculpe.

Enseguida otro se lanzó contra nosotros, pero esta vez, una flecha de Sofía le dio en el corazón, de nuevo otra bestia de esas cayó al suelo, tanta sangre me daba nauseas, pero no era momento de pensar en esas cosas, empecé a mover mi espada, y como hacía bastante viento, poco a poco cortaba en pedazos a los monstruos.

Víctor lo estaba pasando muy mal, su hielo no conseguía hacer casi nada a esos monstruos de fuego, pero Leo le ayudaba a eliminarlos, ya que al tener el poder de la roca, el fuego no le hacía mucho daño.

El chico del poder del hielo se protegía con su escudo, pero yo podía ver desde mi posición como uno había conseguido romperle la espada, así que ahora se dedicaba a lanzar bolas de hielo, pero con el calor intenso que había en la piel de esas bestias, era imposible congelarlas.

Así que desde donde estaba, empecé a tirar ráfagas de aire, que cortaban por la mitad al enemigo, y de vez en cuando cerraba los ojos para no ver tanta sangre, pero no podía desconcentrarme y morir.

Por supuesto Eidran estaba a mi lado, luchando como si fuera un caballero, y la verdad es que lo hacía genial, parecía que lo tenía todo planeado, y ninguno le hacía daño, ni siquiera le rozaba, era maravilloso verle luchar, parecía un maestro con la espada, pero de nuevo tuve que recordarme que estaba en un combate y no podía desconcentrarme o Eidran me mataría.

Sofía había eliminado a los que habían subido arriba, la verdad es que es chica también peleaba muy bien, y una parte de mi deseaba ser como ella, alguien que no tiene miedo a ver sangre.

Alguien hico un muro de fuego, y me encontré con Eidran delante de mí, nadie podía atravesar ese muro que acababa de hacer mi amigo.

-¿Se puede saber qué te pasa?-Preguntó, haciendo desaparecer su arma y poniendo sus manos en mis hombros.

Yo cerré los ojos, verle de esa manera no me gustaba nada, pero estaba preocupado y le entendía.

-No me gusta ver sangre-Confesé, con algo de vergüenza.

Eidran me soltó y soltó un bufido, como si lo acababa de decir le molestara, me recordé a mí misma que lo único que le sucedía era que estaba preocupado.

-En el bosque no sentiste lo mismo-Me recriminó.

-En el bosque no podía ver la sangre, esos monstruos estaban muy lejos-Le respondí.

El pareció pensar en algo, pero podía ver, que mantener ese muro le estaba agotando poco a poco, me sentí culpable.

-Claire-Dijo mi voz en tono grave-Piensa de este modo, tienes que luchar para vivir, si no morirás, y si tú mueres yo voy detrás, yo me dejo morir.

Ante sus palabras, no pude hacer más que llorar, que un amigo te dijera eso era muy bonito y más, si te lo decía alguien al que conocía de toda la vida, quise abrazarle pero su cuerpo estaba un poco ardiendo, me acerqué a él pero sin rozarle.

-Está bien, deshaz este muro, que es hora de pelear-Le mire con decisión, y Eidran con una sonrisa, deshizo el miro.

-Yo te protegeré siempre-Me susurró antes de hacer reaparecer sus armas y empezar a luchar.

Eidran estaba muy agotado, pero aun así lucho con valentía, sin dejar que nada le asustase, yo saqué mi arma y empecé a correr, llevándome a todo lo que podía conmigo, con velocidad y elegancia, por suerte ninguno pudo hacerme nada, tenía algunos quemaduras pero no eran nada graves.

Sofía acabó con el último, con una flecha más, sonrió satisfecha y enseguida guardo su arma, esta batalla había sido reñida.

Yo me deje caer al suelo, estaba agotada, y aunque me parecía increíble, Eidran estaba de pie con una sonrisa, me costaba creer que estuviera menos cansado que yo.

-Víctor está herido-Escuche decir a Leo.

Me levanté, pero me tambalee un poco, Eidran me cogió de la cintura para que no me cayera, mis energías eran mínimas ahora, pero tenía las suficientes para poder caminar, salvo que alguien me tenía sujeta y eso ayudaba.

Sofía bajo enseguida con una bolsa, era amarilla y grande, pero lo que ahora me importaba era que Víctor estuviera mejor, después de todo era uno de los nuestros.

Eidran me llevó hasta donde estaban todos y me deje caer, poniéndome sentada, Eidran me imitó y se sentó a mi lado.

Víctor tenía una herida en el brazo, bastante grave, y no paraba de ver sangre, pero con las palabras de Eidran ya no sentía asco ni nauseas, él tenía razón, era parte de la vida y había que acostumbrarse a eso.

Sofía sacó de las bolsa unos polvos verdes, que los esparció por la herida del moreno, que este grito de dolor, pero como Leo lo tenía cogido de las dos manos no se pudo mover mucho.

Fue sorprendente ver como la herida de Víctor cicatrizaba enseguida, en un par segundos, esos polvos eran curativos, pero tenían u

Comenzando una nueva vida by Soncarmela

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