Ayuda Divina by Jenni_Black

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 Ayuda Divina by Jenni_Black
Summary:

*El destino de Ryoma y Sakuno está en peligro, y un ángel tiene la misión de juntarlos. Pero Sakuno nunca debió haberse enterado de la existencia de este ser. Ahora, el destino se alterará más de lo planeado. ¿Podrá la ayuda divina de este ángel unir a la joven pareja?



Categories: ANIME/MANGA, PRINCE OF TENNIS Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 19 Completed: No Word count: 49309 Read: 7486 Published: 20/07/2012 Updated: 26/07/2013
Summary:

*El destino de Ryoma y Sakuno está en peligro, y un ángel tiene la misión de juntarlos. Pero Sakuno nunca debió haberse enterado de la existencia de este ser. Ahora, el destino se alterará más de lo planeado. ¿Podrá la ayuda divina de este ángel unir a la joven pareja?



Categories: ANIME/MANGA, PRINCE OF TENNIS Characters: Ninguno

Generos: Romance

Advertencias: Lenguaje Obsceno

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 19 Completed: No Word count: 49309 Read: 7486 Published: 20/07/2012 Updated: 26/07/2013 Perseguida. ¿Quién eres tú? by Jenni_Black
Author's Notes:

Hola! Hace mucho tiempo que tenia ganas de escribir y publicar un fic por lo que finalmente me decidí a hacerlo. Lean mi primer capítulo y espero que les guste. Con el tiempo se irá poniendo muy interesante se los aseguro ;) A leer!

Author's Notes:

Hola! Hace mucho tiempo que tenia ganas de escribir y publicar un fic por lo que finalmente me decidí a hacerlo. Lean mi primer capítulo y espero que les guste. Con el tiempo se irá poniendo muy interesante se los aseguro ;) A leer!

Se encontraban en una habitación blanca, no tenía ventanas ni puertas. A simple vista parecía que se encontraban en la nada, parados sobre un suelo que no se veía, y rodeados de cuatro paredes que no existían.

Simplemente era un fondo blanco, pero el extraño ambiente era normal para ambos, y ellos solo se concentraban en su conversación.

—Lo has hecho muy bien todos estos años, ángel. —habló una voz grave y potente.

—Gracias señor.

—Y por eso te he encomendado una nueva misión.

El joven que se encontraba frente a él sonrió con deleite. Ya llevaba mucho tiempo de vacaciones, y comenzaba a aburrirse. Nada era mejor que hacer el trabajo para el que fuiste especialmente creado.

—Aceptaré con gusto.

—Cuento contigo para cumplir el destino de estas personas. —dos fotos aparecieron frente a los ojos del chico.

—¿Eh? ¡Pero si son muy jóvenes! Será divertido. —agregó ampliando su sonrisa. Con tanto tiempo libre se le habían ocurrido varias ideas y planes para su trabajo que él tanto adoraba. Y estaba ansioso por ponerlos en práctica con sus nuevas víctimas.

—Muy bien. Enseguida te daré toda la información que necesites para conocer a los destinados.

—¡Pues entonces comencemos! No puedo esperar.

**

Las flores de los árboles anunciaban que era la primavera, la ciudad anunciaba su época más próspera. La felicidad simplemente andaba en el aire, contagiando a todos los habitantes de Tokio; al menos a la mayoría.

Por suerte, Sakuno Ryuzaki era una de las contagiadas. Le encantaba esta época del año, y que mejor forma de disfrutar que saliendo un día domingo por la mañana a tomar aire fresco.

Con una falda mezclilla, una blusa de color blanco invierno, una delicada y pequeña cartera colgada al hombro y sus características trenzas; Sakuno caminaba radiante por las calles de Tokio.

Tenía 18 años, por lo que su cuerpo ya estaba bien formado, pero su infantil peinado no le favorecía mucho.

Había llegado a la academia Seigaku hace dos años, y al ver a Ryoma Echizen jugar un partido de tenis se enamoró perdidamente de él. Pero este nunca mostraba ningún interés en ella, cada vez que trataba de hablarle el tenista le respondía con monosílabos y no se limitaba a verle a los ojos. Y lo más deprimente era que este era su último año, pronto se acabarían las clases y nunca más se volverían a ver. Cada uno iría ala Universidady haría su propia vida. Eso le frustraba aún más, porque ella quería hacer su vida precisamente con Ryoma.

Suspiró al volver a pensar en ese futuro. Pero no dejó que eso le deprimiera ahora. Borró aquellas tristes imágenes de su cabeza y siguió caminando a buen ritmo, sonriente.

Hoy era un día especial, no sabía por qué, pero se sentía más feliz que en otros días. Estaba con ánimos, ansiosa, como si algo emocionante fuera a pasar.

Y como no, si desde hace unos cuantos minutos un extraño sujeto le estaba siguiendo.

Vio unos jeans en la vitrina de una tienda que le llamó la atención, y decidió entrar. Adentro observó mejor el pantalón que el maniquí llevaba puesto.

Pero su atención se fijó en otro cosa. Afuera de la tienda había un chico, más o menos de su edad, parado al frente del vidrio de la vitrina, mirándola inexpresivo.

El joven le pareció un poco extraño puesto que tenía el cabello blanco y unos potentes ojos amarillos que no dejaban de mirarla. Sin mencionar que estaba vestido con una camisa y pantalón, ambos de color blanco. Al parecer no se había dado cuenta de que ella lo miraba también.

Decidió salir a paso rápido de la tienda. No estaba acostumbrada a que los chicos se le quedaran viendo, puesto que nunca había llamado la atención entre sus compañeros.

Se compró una bebida por el calor y siguió con su paseo. Este era un día solo para ella, por lo que tenía pensado hacerse unos cuantos regalitos.

Pasaron solo unos diez minutos y ya comenzaba a cansarse. Ya se había tomado toda la bebida y quería más.

Fue a botar la lata vacía al basurero más cercano. Cuando se detuvo para desecharla divisó no muy lejos al mismo chico extraño. Observándola entre la multitud.

Nerviosa, le dio la espalda y tomo rumbo en otra dirección.

Pasó menos de un minuto y miró para sus espaldas. Y allí estaba él, siguiéndola.

Era aterrador. Cada vez que mirada hacia atrás le veía. Caminando hacia ella, y sin quitarle los ojos de encima. Definitivamente se estaba desesperando. Tenía que hacer algo.

Aunque sentía miedo tenía que enfrentarlo, debía enfrentarlo, saber quién era y por que la estaba siguiendo. Lo que no sabía era que al descubrir a su acosador su vida cambiaría por completo y jamás volvería a ser la misma.

**

Los nervios recorrían todo su cuerpo. Su corazón se aceleró a tal punto que sentía que se le saldría por la garganta.

Hace un buen rato que se había cuenta de que era seguida por un joven. Y por más que intentaba disuadirlo, no lo conseguía.

Optó por tratar de mezclarse con la gente varias veces, y aún así no lograba perderle de vista.

No quería que le siguiera hasta su casa, no podría dormir con la idea de que ese extraño supiera donde vivía. Tendría que enfrentarlo.

Comenzó a caminar más lento para que el perseguidor estuviera un poco más cerca. Todavía no sabía que es lo que iba a hacer.

Siguió con su andar lento por unos minutos. La gente pasaba a su lado murmurando insultos que ella no alcanzaba a entender. De seguro que su lentitud molestaba a los que iban detrás suyo. Poco le importaba.

Poco a poco disminuyó el paso aún más, hasta llegar al punto de ni siquiera moverse. Se quedó totalmente inmóvil, entre la multitud.

Sus ojos observaban el suelo y las manos le temblaban. ¿Dónde estaría el chico ahora? ¿Se habría ido? O quizás estaba justo ahora detrás suyo. O tal vez se había detenido también, esperando a que ella volviera a caminar.

Tomó una gran bocanada de aire y se dio vuelta bruscamente. Bueno, al menos no estaba justo tras su espalda. De hecho, se encontraba a unos diez metros. Guardando distancia, como siempre; y al igual que ella se había detenido.

¿Cómo era posible que no se diera cuenta de que ya lo había descubierto? ¿O es que ese era parte de su plan? ¿Y si él quería que ella se le enfrentara?

—Supongo que solo hay una forma de averiguarlo. —susurró débilmente.

Con cuidado, comenzó a caminar. Al principio apenas avanzaba, pero luego fue apresurando el paso poco a poco. Iba directo hacia él y este ni siquiera se movía. Seguía observándola con una mirada serena.

No fue hasta que estuvo a unos cinco metros de distancia cuando el extraño se dio cuenta de la situación. La castaña pudo notarlo al ver la expresión horrorizada del joven.

La castaña siguió caminando a paso apresurado mientras que el de cabellos blancos observaba con horror como ella se dirigía directo hacia él.

Había parecido una eternidad para ambos, pero al fin se encontraban frente a frente. Y ninguno decía una palabra.

Sakuno no había pensado en eso, ¿qué le diría? En un momento así solo se le ocurrió preguntar lo obvio.

—¿Estás siguiéndome? —habló tratando de subir el tono para parecer más ruda, pero el temblor en su voz le delató.

—Eh —los amarillos ojos de él iban y venían nerviosos. Mirando en todas direcciones, hasta que al final se posaron en los carmín de ella—... no.

Esa respuesta molestó a Sakuno.

—¿Cómo dices que no? Te he visto atrás mío hace media hora.

—¿Entonces para qué preguntas? —comentó con tono divertido.

La de trenzas se quedó perpleja. El chico no era como se lo imaginaba. Creía que al enfrentarlo el huiría para que no le delatara.

No supo que responder en ese momento, y le tomó varios segundos recordar que era lo que quería saber de ese sujeto.

—¿Qué… qué es lo que q-quieres? —preguntó tímidamente al verse invadida por esos grandes ojos que la miraban curiosos.

—De ti nada. —respondió encogiéndose de hombros.

Era más extraño de lo que creía. No lograba entender por qué mentía si era tan obvio que había estado tras ella todo este tiempo.

—Entonces, ¿por qué me seguías? —habló con impaciencia.

—Yo no… —sus ojos volvieron a dudar, nerviosos—. No te seguía.

Sakuno suspiró. No estaba consiguiendo nada, y se comenzaba a impacientar. El chico le miraba de una forma extraña, casi con fascinación.

Ella le devolvió la mirada, y se le comenzó a formular una confusión en el rostro.

—¿Quién eres tú? —preguntó, ahora con verdadera curiosidad.

Había tantas respuestas para esa interrogante. Sin embargo, ninguna era apta para la chica en frente suyo. Pero no por nada era uno de los mejores en su trabajo.

Aunque, desde que empezó con todo esto unas décadas atrás, se impuso una regla a si mismo. Si bien, esa regla no era aprobada por Dios, se le perdonó con la condición de que pasara desapercibido. Y sabía cómo hacerlo, al menos la mayoría de las veces.

—Me llamo Hiro —se presentó con una sonrisa.

Ella le miró inspeccionándolo.

—¿Por qué esa extraña apariencia? —sin poder evitarlo esas palabras salieron de sus labios.

—¿Qué? —la expresión de Hiro le causó gracia. Mostraba claramente sorpresa y preocupación—. Mi apariencia es absolutamente normal.

Sakuno enarcó una ceja.

—¿En serio? Entonces, ¿por qué tu cabello es blanco

—Es de nacimiento —respondió el chico completamente seguro. Esa era una respuesta ya bastante ensayada.

—¿Por qué estas vestido completamente de blanco? —siguió ella con el interrogatorio—. Y sobre todo… ¡¿Por qué no llevas zapatos?!

Oh... no había practicado tanto para esas preguntas, nunca las consideró importante.

—Ah, pues… Es una tradición —tratando de recordar que era lo que debía decir—, de mi... ¿cultura?

Bueno, ahora sí que Sakuno no sabía que más decir. A pesar de que las respuestas de Hiro eran extrañas, aunque le dijera la verdad no era seguro de que le sirviera de algo.

Además, si le preguntaba de por qué le estaba siguiendo él se negaba, y seguro que si le pedía que dejara de molestarla él insistiría en que es inocente.

—De acuerdo —dijo al fin—, volveré con mi camino y más te vale que no te encuentre andando atrás mío otra vez.

Sin esperar respuesta se dio media vuelta y comenzó a alejarse.

—Pero Saku… —tan pronto tomo terminó de alegar se dio cuenta de lo que había dicho.

La aludida se paró en seco, el horror se apoderó de ella en el instante en que escuchó su nombre.

—C-cómo —pronunció apenas— ¡¿Cómo sabes cómo me llamo?! —gritó histérica al tiempo que se volteaba y se enfrentaba a los amarillos ojos.

—Y-yo —el nerviosismo se notó en la voz de Hiro—... no puedo decirlo.

La castaña le miró por unos segundos y se dio media vuelta repentinamente, alejándose casi a trote. Caminó lo más rápido que pudo, con sus ojos de color carmín fijos al frente, sin mirar atrás. Se iba a su casa, y esperaba que ese tal Hiro hubiera perdido de vista entre la gente.

Para su suerte, el joven no trató de ir tras ella. Se quedó allí, observando el lugar en donde Sakuno había desaparecido de su vista.

—Diablos —no debería haber dicho esa palabra—, ya perdí el toque.

Está bien, lo admitía. Lo había arruinado, cometió un descuido que se suponía jamás debía suceder. Esa era la condición para que pudiera caminar entre la gente, a diferencia de sus compañeros que hacían todo desde el cielo.

Pero él era uno de los mejores, ¿no? Se merecía algo de libertad. Es más, para esta misión se daría el gusto de hacer algo que jamás había hecho. Puesto que estaba prohibido.

Pero si también lo estaba caminar en el mundo como un humano y aún así Dios se lo permitió, entonces no veía por que esta maravillosa idea supondría un problema. De seguro que Él entendería.

Listo, ya estaba decidido. Comenzó a recorrer el mismo camino que Sakuno había tomado anteriormente.

No perdería una oportunidad así.

—Hace demasiado tiempo que no hablaba con humanos.

 

End Notes:

Y? que les pareció? 

Quien sera este chico y por que seguia a Sakuno? En el suiguiente capitulo sabran todo con mas detalles.

Por favor dejen sus review para saber si les gustó o no y me animan a seguir con esta historia que ya la tengo formulada en mi cabeza, depende de uds que la escriba ^^

Nos vemos!! 

End Notes:

Y? que les pareció? 

Quien sera este chico y por que seguia a Sakuno? En el suiguiente capitulo sabran todo con mas detalles.

Por favor dejen sus review para saber si les gustó o no y me animan a seguir con esta historia que ya la tengo formulada en mi cabeza, depende de uds que la escriba ^^

Nos vemos!! 

Regresar al índiceYo deseo algo, y tu también. by Jenni_Black
Author's Notes:

Hola ^^  Estoy aqui con el segundo capitulo de esta historia. 

Primero que nada quiero agradecer a los que se tomaron la molestia de comentar y dar su opinion a mi fic jiji, muchas gracias Angel_Angy_Demon, bgagawa y jossie_chan por sus comentarios, hasta el mas pequeño me anima a seguir con esta historia.

Bueno no los aburro mas, aqui les dejo la conti, que la disfruten!! ^^

Author's Notes:

Hola ^^  Estoy aqui con el segundo capitulo de esta historia. 

Primero que nada quiero agradecer a los que se tomaron la molestia de comentar y dar su opinion a mi fic jiji, muchas gracias Angel_Angy_Demon, bgagawa y jossie_chan por sus comentarios, hasta el mas pequeño me anima a seguir con esta historia.

Bueno no los aburro mas, aqui les dejo la conti, que la disfruten!! ^^

Ya era un nuevo día, ninguna nube en el cielo se asomaba para oscurecer los intensos rayos del sol que anunciaba que sería un día caluroso.

Ryuzaki comenzaba a despertarse con desgana, sus cortinas antiguas y desgastadas dejaban que la pequeña habitación se iluminara apenas salía el sol. Por lo que siempre se despertaba antes de que sonara el despertador.

Trató de abrir los ojos, pero la luz matutina le cegaba.

Con pereza, se sentó en la cama al tiempo que se restregaba sus ojos carmín. Bostezó ruidosamente y se puso de pie con la cabeza gacha. Estaba cansadísima después de lo mucho que le costó quedarse dormida con lo ocurrido el día anterior.

Dio unos cuantos pasos arrastrando los pies y bostezo otra vez mientras se estiraba, levantando la cabeza lo más que podía. Abrió los ojos completamente y se llevó el susto de su vida.

Hiro estaba allí. Sentado en la silla de su escritorio y le sonreía tiernamente como si fueran amigos desde siempre.

−¡Ah! −llegó a saltar del susto.

Le tomó sus buenos segundos asegurase de que lo que veía era verdad, y cuando lo hizo no lo podía creer. Estaba en completo shock.

Permaneció inmóvil por un tiempo bastante prolongado, tanto que al chico se le borro la sonrisa. ¿Acaso era normal que alguien pudiese quedar como una estatua por tanto tiempo?

Iba a levantarse de la silla para confirmar que aun respiraba. Pero Sakuno dio señales de vida. Su expresión comenzó a mostrar claramente que estaba enojada.

−¿¡Tú!? −gritó con desprecio.

Hiro reaccionó ante el elevado tono de voz.

−Shhh... no grites −susurró al tiempo que se ponía de pie.

−¿¡Qué haces aquí y cómo me encontraste!? −estaba aterrada, histérica y totalmente consumida por el pánico−. ¿!Cómo entraste a mi casa!? −comenzó a retroceder.

−Si te callaras un momento… −dio unos cuantos pasos hacia la chica con las manos en alto, tratando de hacerle entender de que no le haría daño.

−¡No te me acerques! −le advirtió Sakuno subiéndose a la cama de un salto.

−Por favor, Saku −habló con calma, procurando calmarla mientras avanzaba lentamente hacia el catre. Pero sus intentos eran en vano.

La castaña pegaba su espalda lo mas que podía a la pared, puesto que la cama se encontraba en una de las esquinas de la habitación, tratando de permanecer lo mas a salvo y lejos posible de Hiro.

−¡No me llames Saku! −si seguía así despertaría a sus papas, y él no podía permitir que eso ocurriera.

No podía dejar que Ryuzaki les contase a todos sobre él, si sucedía de seguro que se metería en problemas.

Dio un ágil salto a la cama, donde se encontraba Sakuno y le tapó la boca con la mano.

Ella, al ver que subía a la cama con intenciones de hacer algo abrió la boca para gritar, pero la mano de Hiro actúo antes de que pudiera emitir algún chillido.

−Déjame explicarte −pidió casi rogándole.

Sakuno sujetó el brazo con el que le tapaba la boca, y con la otra mano trató de empujar su cuerpo lejos de ella. Pero por más que forcejeaba no conseguía mover ni un centímetro la mano ni el cuerpo de Hiro.

−Por favor, no voy a hacerte daño −comenzó él, a ver si con esas palabras la tranquilizaba−. Necesito que no grites y que me escuches, ¿de acuerdo? −le dijo suavemente sin quitar su mano de la boca de la castaña.

Ella ya no forcejeaba, pero lo miraba con el ceño fruncido. Dejando bien claro que, aunque desde ahora guardaría silencio, estaba sumamente molesta y ofendida de que le hubieran hecho callarse como, ella suponía, se lo harían a una malcriada.

Hiro, al ver una mejoría en el comportamiento de la castaña, prosiguió con sus palabras. Las cuales debían ser lentas y suaves para que no tomaran por sorpresa a Sakuno, al menos no demasiado.

Todavía cubriéndole la boca, siguió:

−Vine aquí para ayudarte −ella iba a comenzar a alegar de nuevo, pero él la interrumpió−. Estoy aquí para ayudarte a ti y a Echizen.

La expresión de Sakuno se volvió confusa. ¿Cómo conocía a Ryoma? ¿También habría estado siguiéndolo a él?

Hiro suspiró, ahora venia la bomba. Estaba listo para decirle el secreto a pesar de haber estado ocultándolo el día de ayer. Ese repentino cambio de opinión se debía a que la interacción que había tenido con Sakuno le había fascinado, por un momento había creído que pertenecía otra vez a este mundo.

Es por esa simple razón que decidió experimentar con un nuevo plan que le vino a la cabeza segundos después de que la chica se fue y desapareció entre la gente.

Tomó aire para hablar.

−Soy… un ángel −le dijo como si se sacara un gran peso de encima, y así era.

Como era de esperarse, Sakuno se alteró y de un manotazo apartó el brazo de Hiro, dejando su boca libre para protestar.

−¿¡Qué!? ¿Esperas que me crea esa estupidez? −histérica otra vez, saltó de la cama y corrió a la puerta de la pieza. Pero cuando iba a tomar el picaporte para abrirla y salir gritando, Hiro ya se encontraba allí, obstruyéndole la salida.

−Tú no sales de aquí −le dijo con un evidente tono de estrés en la voz.

Estaba allí, pegado a la puerta, con los brazos extendidos a los lados lo mas que podía dejándole claro que no la dejaría salir y con los ojos abiertos del espanto, aterrado por lo que pudo haber pasado si ella hubiese salido.

En ese momento Sakuno no supo si reírse o preocuparse por la evidente locura de ese sujeto. Que resultaba ser algo cómica, debía admitir.

Pero la verdad es que la reacción de Hiro no era para menos. Le había contado que era un ángel y lo primero que hace es correr con claras intenciones de huir y gritar en busca de ayuda porque un maniático que dice ser ángel la esta acosando desde ayer.

Cuantas consecuencias inimaginables podrían traer eso. Le perjudicaría en su trabajo, podrían expulsarlo del cielo. O peor… no, no quería si quiera imaginar en que eso pudiese llegar a pasar algún día.

Pero aparte de que acabarían con su vida, y ni siquiera estaba vivo, la misma Sakuno podía salir perjudicada. Ella… y también Ryoma. De alguna forma cambiaria pequeñas cosas que después irían provocando consecuencias en cadena y hasta podría destruir el destino de los dos. El destino que Hiro debía asegurarse se cumpliera.

−Ahora escúchame bien, porque esto no es fácil para mí, ¿de acuerdo? Estoy estresado, tengo muchas cosas en la cabeza y la verdad es que ni siquiera debería estar aquí.

−¡Pues entonces vete! −y trató de despegarlo de la puerta.

−¡No! −gritó Hiro de tal forma que Sakuno retrocedió y guardó distancia otra vez. Hiro suspiró−. ¿Jamás has querido algo con anhelo y casi desesperación?

A Sakuno casi se le escapa un gemido al pensar que por supuesto que quería algo. Con tanto anhelo y desesperación como decía él que daría cualquier cosa por conseguirlo.

−¿Jamás has deseado permanecer a ese algo… ese algo que te llena el espíritu, el alma, los pulmones, el autoestima; y que de pronto ya nada mas parece importante? Solo quieres seguir así, y no quieres que acabe nunca, como un sueño del que no quieres despertar. ¿Nunca lo has sentido?

Pero Sakuno ya no se encontraba allí. Viajaba a otro lugar, en donde todo era tal como ella soñaba. Un lugar tan lejano, tan inalcanzable que no tardó en regresar a la habitación. En donde Hiro la esperaba ofreciéndole un pañuelo. ¿De dónde lo habrá sacado?

Ella lo miró sin entender.

−Estás llorando −le aclaró él.

Entonces se tocó una mejilla con las yemas de los dedos y la sintió húmeda. Ni siquiera se había dado cuenta de que había soltado una lágrima.

−Lo siento −sin saber por que se disculpaba−. No se ni por que estoy llorando −dijo riéndose nerviosa mientras se secaba la mejilla con la manga del pijama.

Hiro dejó caer el brazo que tenía el pañuelo y cerró la mano en un puño. Al abrirla ya no había nada en ella.

−Yo deseo algo, y tú también. Así que déjame explicarte con calma quien

soy, por que estoy aquí y que es lo que quiero; porque aunque no lo creas, me mandaron aquí con una sola misión: Hacer cumplir tu destino.

Una extraña sensación de duda, desconfianza y curiosidad… mucha curiosidad pasó por la mente de Sakuno. Expresándose en sus facciones cada una de ellas.

−¿Y cuál es mi destino? −en verdad la curiosidad era demasiado grande como para preguntarle ¿De que diablos habla este tipo?

Ante esa pregunta Hiro no pudo evitar sonreír.

 

La inmensa curiosidad de Sakuno por saber cómo conocía Hiro a Ryoma; cómo cumpliría  su sueño y cual era su destino, hizo que olvidara por completo que él era un perfecto extraño en su casa, a la cual todavía no sabía como había entrado, y que la había estado siguiendo todo el día de ayer. 

Estaban sentados en la cama platicando cómodamente. Sakuno se sentía en confianza con él, no sabia por que, si recién lo conocía, pero de pronto eran amigos de toda la vida.

Hiro le había repetido la historia de que era un ángel, mandado del cielo para cumplir su destino, en el cual no había entrado en detalles todavía.

−Entonces, ¿por qué no hacemos un trato? −le ofreció él−. Déjame quedarme contigo, vivir tu vida, ser tu amigo e ir a tu instituto. Y yo haré realidad tu sueño.

Sakuno se le quedó mirando un rato, como si quisiera encontrar algo oculto en sus palabras.

−¿Por qué me harías ese favor? −preguntó después de un tiempo.

−Por que para eso me mandaron.

Ahora se le empezaban a cruzar los cables.

−No. Me dijiste que te mandaron para completar mi destino, ¿no es así? Que es totalmente distinto a lo que quiero.

El ángel sonrío ampliamente. Ahora venia la mejor parte.

−¿Y cómo sabes que tu destino no tiene nada que ver con ser feliz? Sakuno, piensa en eso que tanto anhelas y deseas. Piensa que ya estás allí, en ese lugar con ese algo que te falta para estar completa.

Y de inmediato comenzó a imaginarse en ese mundo, según ella tan lejano. Ese mundo… con Ryoma Echizen, en donde la amaba tanto como ella a él. Un lugar en donde estaban juntos y todos estaban felices por ellos, felices de que al fin fueran novios.

De pronto comenzó a imaginarse con Ryoma después del instituto, incluso después dela Universidad.

Hiro dejó que ella soñara y se imaginara todo lo que siempre había querido por tanto tiempo.

Claro está, que él ya sabía hasta el más mínimo detalle de esos deseos. Y desde luego que debía ser así. Debía saber como se suponía que seria todo tanto ahora como en el futuro. Así, si ocurría alguna alteración en el destino él se encargaría de arreglarlo.

Notó que Sakuno volvía a la realidad.

−Ahora, justo y exactamente todo lo que imaginaste, cada momento, cada día y cada sentimiento... ese es el destino que está escrito para ti.

**

Se había vestido lo más rápido posible, pero después del shock de enterarse que su destino era estar con Ryoma, había sido bastante torpe al momento de ponerse la blusa y los calcetines.

Los brazos no le achuntaban a las mangas y saltó por toda la habitación en un pie tratando de colocar el calcetín izquierdo que le estuvo prestando algunos problemas.

Con el desayuno ocurrió lo mismo. Se atragantaba con la leche y más de una vez se mordió la lengua al comerse los cereales.

Pero al fin había terminado y salido de su casa, en donde se reunió con Hiro y se fueron caminando juntos.

Ella iba con su uniforme de Seigaku y él… bueno, vestido con camisa y pantalón blanco… y a pie descalzo.

Caminaban en silencio, pero Sakuno pronto rompió el hielo. Habían demasiadas cosas que necesitaba saber, así que empezó con lo primero que le daba curiosidad en ese momento.

−Hiro, aun no me dices muy bien que es lo que tu quieres.

Él permaneció callado por al menos unos minutos. Su mente iba y venia en pensamientos y recuerdos no precisamente buenos.

−Bueno, yo solo quiero interactuar con otros humanos. Quiero sentir que soy de este mundo, otra vez.

¿Otra vez? ¿Acaso ya había pertenecido a ese mundo antes? ¿Había sido alguna vez humano?

Se lo iba a preguntar pero él habló primero.

−Pero eso no es lo importante. Necesito explicarte algunas cosas para dejar todo en claro. Primero, me mandaron aquí por que hay un problema. El destino tuyo y de Ryoma no se está cumpliendo. 

Sakuno se paró en seco y miró a Hiro desconcertada.

−Relájate, es por eso que estoy aquí. Mira, normalmente me toca cumplir el destino de parejas un poco mayor de veinticinco años. Jamás me había tocado con alguien tan joven como ustedes. Bueno, no es que yo sea tan mayor tampoco. Tengo 19 años, al menos antes de… ser ángel.

Entonces no siempre había sido un ser divino. Estaba casi segura de que él había sido humano antes, pero ¿Qué habrá pasado con su vida? ¿Cómo había llegado a ser lo que era ahora?

Observó a Hiro y percibió algo de tristeza en sus ojos de color amarillo, por lo que intentó distraerlo.

−¿Y cuál es la razón por la que te fuimos asignados tan jóvenes?

−Pues, primero por el simple hecho de que se conocieron a una temprana edad. No son muchos los casos en donde las parejas que están destinadas a estar juntas se conocen tan jóvenes. Y la segunda razón es la que ya te mencioné antes −y retomaron el paso−. Su destino no se está cumpliendo. Según lo que esta escrito, tú y Ryoma ya deberían ser novios.

−¿En serio? −Sakuno no podía estar mas sorprendida, ¿ellos novios? Lo veía tan lejano.

−Dime, ¿Por qué no fuiste al cumpleaños de Oishi?

¿Y qué tenia que ver eso? No había ido porque se sentía mal ese día y simplemente no quiso ir. Aunque debía admitir que andaba un poco deprimida esa semana y no le apetecía ver a Ryoma ese día.

−En fin, por esa decisión que tomaste es que ahora estoy aquí. Se suponía que irías al cumpleaños de Oishi en el restaurante de sushi de Kawamura, y ahí seria cuando… bueno, te lo dejo a tu imaginación.

Sakuno se quedó sin habla. Esa celebración había sido hace solo dos meses. ¿Tan cerca había estado de tener algo con Ryoma? Y al final nada había pasado porque ella tan estúpida no quiso asistir. Le dieron ganas de tirarse las trenzas hasta arrancárselas.

−Asi que, como no fuiste ese día, resulta que ya estamos en Junio y aun no son novios, y el año se pasará muy rápido, por lo que vine aquí para solucionar las cosas. ¡Voy a juntarlos y me encargaré de hasta el último detalle para que salgan dela Seigakujuntos, como pareja!

El repentino entusiasmo de Hiro la animó y de pronto sintió esperanza de que en realidad lo que el ángel decía se podía cumplir.

Entonces, comenzó a analizar y llegó a una conclusión imposible para ella.

−Eso quiere decir que Ryoma, ¿siente algo por mí? −lo pregunto más para si misma que para Hiro.

−¿Y por qué no? Que sea demasiado orgullosos, egocéntrico, frió e indiferente no significa que no tenga corazón.

−Pero si él nunca ha mostrado algún interés en mí y apenas me habla. −la castaña comenzó a recordar esos frustrantes momentos, en donde ella se esforzaba por formar una frase sin tartamudear y él le respondía “Si” o “No o “No se”. Encuentra los mejores productos en amazon categorizados Bueno, bonito y barato

−Saku, debes entender que a pesar de todas las terribles cualidades que dije de él, también tiene su lado bueno. El problema es que lo tiene escondido, muy adentro. Por ejemplo, que es un poco tímido cuando se trata de ti, por eso no se te acerca mucho.

¿Ryoma tímido? Si, claro.

−¿Y como vas a juntarnos si él lo pone tan difícil?

−Tengo mis dones. Tú no te preocupes, te daré algunos consejos, pero aparte de eso yo me encargaré de todo. Además, para facilitar las opciones me haré pasar por un alumno nuevo y no iré a tu misma sala de clase, sino que seré compañero de clase de Ryoma. Así podré acercarme a él y me será más fácil cumplir la misión. Por supuesto que no le diré mi secreto y tú tampoco debes decírselo a nadie −una vez creyó haberlo dicho todo anunció−. ¡Esto será emocionante! Siempre quise volver a ser estudiante.

En definitiva eso confirmaba las dudas de Sakuno. Si había sido humano antes. Estuvo un buen rato pensando en como preguntarle algo que seguramente seria delicado para el de cabellos blancos.

Pero sin darse cuenta, ya habían llegado a la entrada de la Seigaku.

Sakuno miro al ángel y quedo estupefacta al ver que tenia puesto el uniforme del instituto. ¿En qué momento se había cambiado?

−Bueno, será mejor que vayas a tu sala de clase, yo ya tengo todo listo. Ayer arreglé todo y ahora soy un alumno nuevo que fue asignado casualmente a la sala de Ryoma −rió con aire travieso.

−¿Desde ayer? ¿Y como sabias…?

−Saku −le interrumpió−, tengo que advertirte que conmigo te llevarás varias sorpresas. 

End Notes:

Pues vaya que se va a llevar sorpresas Sakuno jeje

Que les parecio? Les gustó? Espero que si!

Que tendra planeado hacer Hiro para juntar a Sakuno con Ryoma y como reaccionará este al concocerlo, esperemos que se lleven bien! 

Por favor apoyenme con esto y dejen sus reviews con su opinión, con gusto los responderé ^^ es lo que que me animará a poner conti!

Nos vemos!

End Notes:

Pues vaya que se va a llevar sorpresas Sakuno jeje

Que les parecio? Les gustó? Espero que si!

Que tendra planeado hacer Hiro para juntar a Sakuno con Ryoma y como reaccionará este al concocerlo, esperemos que se lleven bien! 

Por favor apoyenme con esto y dejen sus reviews con su opinión, con gusto los responderé ^^ es lo que que me animará a poner conti!

Nos vemos!

Regresar al índiceEs complicado by Jenni_Black
Author's Notes:

Hola como estan?

Yo muy bien ^^ muy feliz y animada escribiendo esta historia.

Muchas gracias a los que comentaron, en verdad se agradece su apoyo y que se tomen el tiempo para darme su opinión :) Me hace muy feliz ^^

Ya, nos los aburro mas, aqui les traigo el tercer capitulo!

Ojala lo disfruten!

Author's Notes:

Hola como estan?

Yo muy bien ^^ muy feliz y animada escribiendo esta historia.

Muchas gracias a los que comentaron, en verdad se agradece su apoyo y que se tomen el tiempo para darme su opinión :) Me hace muy feliz ^^

Ya, nos los aburro mas, aqui les traigo el tercer capitulo!

Ojala lo disfruten!

Había decidido que esa era la clase de inglés mas aburrida de toda la historia de los tenistas.

Ryoma Echizen estaba que se dormía, o peor, moría de aburrimiento. Miraba al profesor con furia y sueño al mismo tiempo. Sus ojos ámbar, medio entrecerrados por el cansancio, lo seguían mientras se paseaba dando clases por la sala. Daba la impresión de que quisiera asesinarlo con la mirada.

Estaba harto de levantarse temprano los lunes para más encima tener que soportar las aburridísimas clases de inglés.

Con los brazos extendidos sobre su pupitre y la espalda encorvada hacia adelante, intentaba no quedarse dormido de nuevo. Puesto que el profesor ya le había llamado la atención hace solo diez minutos.

Pero el aburrimiento junto con el sueño ganaron territorio. Cerró sus ojos y se quedó profundamente dormido, dejando caer su cabeza sobre el pupitre y dándose un fuerte golpe en la frente.

Solo cinco minutos después, el profesor fue interrumpido por el toque de la puerta. Al abrirla se encontró con la inspectora, y a su lado un chico de ojos amarillos con el uniforme de Seigaku y que cargaba con una mochila.

−Ha llegado un alumno nuevo −le anunció la mujer.

El profesor miró al chico extrañado, quien le dedicaba una sonrisa.

−¿En Junio?

La mujer suspiró.

−No me haga repetir la historia, si quiere después se lo pregunta a él.

−Bien, no importa. Entra muchacho, no seas tímido −él obedeció−. Muy bien alumnos, tenemos un compañero nuevo, se llama… −se quedó con la boca abierta.

−Kinugasa, Hiro Kinugasa.

Sus nuevos compañeros igual encontraron raro que alguien llegara en Junio y más encima en el último año que les quedaba, y rápidamente todos comenzaron a comentar y susurrar entre ellos.

Todos menos alguien. Ryoma apenas se daba cuenta de lo que pasaba en la sala, y mucho menos de que ahora un alumno nuevo se sentaba detrás de él.

Hiro saludó a la chica que se ubicaba al lado de donde él se sentó, ésta estaba embobada. Apenas vio los cabellos blancos del chico quedó fascinada. Con un gran esfuerzo pudo juntar las letras y decir, por lo menos como se llamaba. Su nombre era Eirin; tenía el pelo muy oscuro, casi negro y le llegaba a los hombros. Era de tez clara y tenía unos bellos ojos claros.

Su nuevo compañero de puesto se dio cuenta del estado de Ryoma, sentado delante de él. Frunció el ceño, el chico casi roncaba, tenía la frente apoyada en su pupitre, los brazos tirados sobre éste y con la boca semiabierta.

−No puedo entender como Saku se fijó en… esto −susurró antes de tocar con mucho cuidado el hombro derecho del dormido.

Al hacerlo, Ryoma se despertó de golpe y medio sobresaltado, como si hubiera despertado de una pesadilla, pero sin gritos.

Se fregó los ojos con desgana y se dio cuenta de que aun estaban en la sala de clase. Intentó quedarse despierto de nuevo.

Hiro tuvo que aguantarse la risa, Ryoma parecía ebrio.

−¿Cómo hiciste eso? −preguntó Eirin asombrada−. Tiene el sueño muy pesado.

Él se encogió de hombros y prestó su atención al profesor. Aunque ya no fuera importante saber inglés a esas alturas de su vida, le emocionaba ver que podía ser parte de un curso. Sólo que esta vez no le restaría importancia a lo verdaderamente importante, como antes. No desperdiciaría su tiempo en algo que no tiene caso, como lo había hecho cuando había sido humano. Desperdició su vida, su corta vida. Si sólo hubiera sabido que solamente le quedaban unos meses.

**

Había olvidado lo latoso que era tomar apuntes, aunque la emoción que sentía por volver a la vida de estudiante permanecía, no logró sacar nada importante de lo que los profesores decían.

Le preguntó a Eirin si podía anotar algo de lo que ella había escrito para no tener su cuaderno vacío. Ella aceptó gustosa.

En la primera hora de descanso Hiro se juntó con Sakuno, pero ella no pudo hacerle preguntas por que él sólo hablaba de lo genial que era poder hablar con humanos otra vez, en este caso con Eirin.

Le dijo que no sabía como Ryoma no quedaba repitiendo cada año, se dormía casi todas las clases y ya se había aburrido de despertarlo tocándole en el hombro, cuello, cabeza y espalda.

Sakuno deseaba ver a su príncipe, quería comprobar si lo que le había dicho el ángel era cierto. Aunque, ¿por qué le mentiría sobre eso? No tenía ninguna razón para hacerlo. ¿Y si simplemente era ella quien no podía asimilarlo? Es que en realidad, le era sumamente difícil de creer el hecho de que el chico del cual ha estado locamente enamorada durante poco más de dos años, resultaba que al parecer él también sentía algo por ella.

Pero no lo vio en ninguna hora de descanso, ni en la hora del almuerzo.

−Está durmiendo en la azotea −le dijo Hiro cuando estaban almorzando.

−¿C-cómo sabes que lo estaba buscando? −preguntó la castaña vergonzosa de que se le notara tanto.

Hiro rió por lo bajo.

−Eres muy obvia −le dijo con una sonrisa en los labios.

Sakuno sintió que los colores se le subían a las mejillas. ¡Que horror! No podía creer que fuese tan obvia, ¿y si Ryoma se había dado cuenta de lo patética que era cuando trataba de hablar con él?

−Dios mío, que vergüenza −pensó para sus adentros.

−¿Por qué no vas a verlo?

−¿A-a la azotea? −sentía como las mejillas le ardían a más no poder−. N-no… mejor no.

−Esta bien −dijo Hiro encogiéndose de hombros−, lo dejaremos para otra ocasión.

Las clases ya habían terminado y Sakuno no había visto a Ryoma en todo el día. Así que decidió ir a verlo a las prácticas de tenis.

Hiro la buscaba para que se fueran juntos. No la había encontrado cuando fue a buscarla a su sala de clase, así que la buscó afuera, pero sin éxito. Iba a rendirse cuando se acordó.

−Maldición.

Se dirigió a las canchas de tenis, allí estaba ella, junto con Tomoka, viendo a Ryoma. Se molestó.

−¡Saku! −caminó hacia ella a paso firme.

−Hola, Hiro. −le contestó la de trenzas sin quitar la vista de las canchas.

−¿Qué haces aquí? −medio serio.

−Veo jugar a Ryoma, nunca falto a ninguna de sus partidos −le dijo casi orgullosa de eso−. Y menos ahora que es él capitán del equipo, y solo juega un partido de vez en cuando.

−No, Saku. Desde ahora nunca más volverás a venir a las canchas.

−¿Qué?

Despegó su vista del partido amistoso que tenía Ryoma con un novato. Obviamente le ganó enseguida. Pero Sakuno no pudo verlo porque ahora miraba atónita a Hiro.

−¿D-de que hablas? −preguntó con temor.

−Tienes que dejar de hacer esto. De seguro que él ya está acostumbrado a que vengas todos los días. ¡Pues eso está mal! −alzó la voz más de lo debido… o quizás debía ser así.

Ahora, unos ojos ámbar se posaban en el chico que había gritado.

−¿Tiene el pelo blanco? −fue lo primero que pasó por su mente. Pero luego se dio cuenta de con quien estaba hablando−. Ryuzaki −susurró.

Al otro lado de las canchas Hiro seguía explicándole a Sakuno por que no debía ir más allí para ver a Ryoma.

−Tienes que hacer que él te busque, no estar siempre donde él está. Haz que él vaya por ti, ¿entiendes?

−Creo −le respondió dudosa−. Pero… ¿Por qué querías que lo fuera a ver a la azotea, entonces? Si se supone que no debo buscarlo.

−Eso es distinto, porque si vas a la azotea, nadie va a pensar que vas a buscar a Ryoma, sólo vas ahí porque quieres ir. En cambio, es muy distinto si vienes a las canchas, porque es obvio que lo vienes a ver a él. Que vienes a alentarlo junto con Tomoka y todo ese… −miró con un poco de miedo a la masa de chicas que gritaban el nombre de Ryoma hasta quedar afónicas−, club de Fan’s.

Sakuno se quedó pensando por un momento, tratando de poner todo en orden dentro de su confundida cabeza.

−Así que ahora nos vamos −dijo él.

−¿Y a dónde vamos?

−No sé. A tomarnos un helado −le tomó la mano y se la llevó.

En la canchas, Echizen observaba la escena mientras tomaba agua. Quizás para disimular. Notó que ese extraño chico de cabello blanco, a quien  nunca había visto en su vida, se llevaba a Sakuno… de la mano.

−Mmm −cerró la botella, sin despegar su vista de la pareja, que se alejaba cada vez más. Se dio la vuelta, dándoles la espalda, y se concentró en supervisar a los chicos. Ahora que todos los otros titulares habías ya salido del instituto y ahora iban ala Universidad, todo era muy diferente. Ahora él era el Capitán, y tenía nuevas responsabilidades demasiado importantes como para estar pendiente de la nieta de la entrenadora.

**

Se encontraban en una pequeña heladería, no muy lejos de la Seigaku. Había unas cuantas mesitas alrededor del negocio para que la gente se sentara a disfrutar sus helados. Hiro y Sakuno estaban en una de ellas, pero por más que intentara distraerse, la castaña seguía sintiéndose incómoda.

—Me siento mal —protestó—, siento que de alguna forma lo estoy traicionando, o defraudando por no estar allí para apoyarlo. —dijo tristemente refiriéndose a Ryoma.

—Te lo tomas muy en serio, ¡Solo es tenis! —trató de calmarla mientras disfrutaba de un helado de chocolate—. Saku, tienes que entender. No puedes estar siguiéndole para todos lados, tienes que tú hacer tus cosas. Que él vea que tienes otras cosas más importantes que hacer. Y con todo esto resulta obvio que tampoco le vas a preparar ningún tipo de bocadillo ni almuerzo, como normalmente haces.

—¿Qué? ¿Tampoco eso?

Pero entonces no iba a hacer nada. Todo lo que ella siempre hizo durante años para que él se fijara en ella, ahora el ángel, que supuestamente iba a juntarlos, le decía que no debía hacerlo

—¿Y cómo voy conquistarlo, entonces?

—Tranquilízate, Saku. Si ya lo tienes loco —y comenzó a reírse a carcajadas.

La de trenzas no podía sentirse más avergonzada. El tan solo hecho de imaginarse a Ryoma loco por ella le hacía hervir las mejillas.

—¡Huf! —se quejó de pronto Hiro—. Ya no lo soporto —se sacó los zapatos y los calcetines, quedando descalzo—. Mucho mejor —dijo aliviado, moviendo los dedos de los pies.

Sakuno rió divertida.

—Eres tan raro —dijo entre risas, terminándose su helado de vainilla.

—Hace demasiado tiempo que no uso zapatos, estaba incómodo —se excusó encogiéndose de hombros.

Sakuno volvió a reírse, pero esta vez la risa se la contagió a Hiro. Y ambos comenzaron a reír hasta el punto de no poder parar. Hiro movió los deditos de los pies y se rieron aún más.

Y así siguieron hablando y riendo por un buen rato. Sakuno vio la hora en su celular y decidió que debía ir a su casa, o sus padres la llenarían de preguntas de donde había estado.

Se levantaron de las sillas y tomaron rumbo.

—¡Esperen! —les llamó un camarero que trabajaba en la heladería y que los había atendido—. Creo que olvidaron sus… ¿zapatos?

—¿Ah? —Hiro miró sus pies descalzos— Ah, claro —y corrió a buscarlos—. Muchas gracias —tomó sus zapatos, los calcetines y se fue con Sakuno.

El camarero se les quedó observando extrañado mientras se alejaban.

—Que raro es.

Iban caminando de lo más bien. Hablando tranquilamente. Bueno, al menos Hiro, porque Sakuno estaba un poco preocupada por la hora. Llegaría una hora más tarde. Solo esperaba que pudiera saltarse el interrogatorio de sus padres y escaparse a su habitación.

De pronto se le vino a la cabeza una idea brillante para llegar más rápido.

—¿Hiro?

—¿Si, que pasa?

—Tú… podrías —no sabía cómo decirlo—, bueno, eres un ángel, ¿no? Y quisiera llagar más rápido a mi casa.

—¿Y? —sin entender a donde iba eso.

—Y bueno, ¿tú podrías… ya sabes, sacar tus alas y llevarme volando? Ya que… eres un ángel, y yo pensé que…

—No puedo —le interrumpió él cortante.

—¿Eh? ¿Por qué? —pero Hiro no respondió— Bien, si no quieres hacerlo no importa. Lo entenderé.

—No es que no quiera o no deba —volvió a hablar él atropellando las palabras—. Simplemente no puedo.

Sakuno se dio cuenta de que él había comenzado a caminar más lento. Había agachado la cabeza y sus ojos miraban al suelo. Ella disminuyó también el paso para ir al ritmo de su amigo.

Vio algo sombrío en sus ojos, y aun así le preguntó:

—¿Por qué no?

Hiro suspiró. Era un gemido de pura anhelación, entre esperanza y desconsuelo. Pero no respondió después de varios segundos de angustia para Sakuno.

—Verás, el asunto de las alas resulta de una gran responsabilidad. No todos los ángeles las tienen como los humanos creen, porque solo los suficientemente maduros y con experiencias podrán sacar sus alas al fin. El problema es que una vez lo hayan hecho, nunca mas podrán esconderlas, las alas permanecerán desplegadas y extendidas en todo su esplendor para siempre, a la vista de todos. Por eso se requiere de una gran responsabilidad.

Sakuno estaba asombrada, jamás pensó que las cosas podrían ser tan complicadas para los ángeles. Pero no sabía que esa no era la peor parte, jamás en toda su vida podría imaginarse los problemas por los que su amigo tendría que pasar. Las alas eran lo de menos.

—Bueno, pero de seguro que pronto tendrás tus alas, Hiro —le animó con una sonrisa.

—No, no lo creo —pero la desanimada voz de él le borró el dulce gesto del rostro—. Ando caminando de lo más normal por las calles de Japón, como si fuera un humano. Obviamente así Dios no me permitirá obtener mi alas, y aunque lo intente no podré hacerlo por mí mismo, porque las alas se encuentran guardadas dentro de mí. Y no puedo obligarlas a salir, saldrán cuando sea el momento.

Sus ojos tristes se posaron en los carmín de ella.

—Tengo un amigo llamado Shuto que tiene trescientos años. Recién pudo desplegar sus alas hace unos tres meses.

A Sakuno se le erizaron los pelos de la nuca.

—¿Cu… Cuántos años tienes tú?

—¿Cómo ángel? Tengo como cincuenta años apenas.

—¿¡Como que apenas!?

—Cincuenta años no es nada, recién estoy empezando.

—Pero no aparentas tener cincuenta.

Hiro suspiró.

—Eso es porque tenía diecinueve años en mi vida pasada —dijo rápidamente—, antes… del morir. Y bueno, los ángeles no envejecemos.

A Sakuno se le cortó la respiración, no podía creerlo. Hiro había sido en verdad humano, y había muerto a la corta edad de diecinueve años.

—¿Co… Cómo pasó? —casi involuntariamente se le escapó la pregunta. No podía evitarlo, pero tampoco quería ser grosera.

—Accidente automovilístico. Iba con mi papá. Él sobrevivió, pero yo no —habló como si no le importara. Y en cierta parte así era. Aun que debía admitir que extrañaba su antigua apariencia.

A Sakuno se le formaron demasiadas incógnitas con tanta rapidez que no podía pensar con claridad. ¿Ósea que si uno moría se convertía en un ángel? El no saber que viene después de la muerte siempre había dado inseguridad en ella.

Notó la tensión en el aire y recordó que ese no era el tema del que estaban hablando antes. Después le preguntaría de lo que viene tras la muerte, pero ahora…

—Hiro, ¿tú quieres obtener tus alas?

Él sonrió ampliamente.

—Sí, es lo que más deseo. Es el sueño de todo ángel, porque solo así sientes que estás completo. Solo así eres un ángel de verdad, y demuestras que todos los años que estuviste trabajando al fin dan sus frutos. Nuestras alas son la mitad de nuestras almas. Nuestro ser, nuestro existir. Sin ellas no estamos completos.

—Entonces, ¿por qué haces lo que no debes? —eso si que le era curioso—. ¿Por qué te haces pasar por humano, si con eso nunca vas a conseguir tus alas? —se cruzó de brazos, esperando una explicación.

—Porque me gusta la gente, no puedo evitarlo. Me gusta caminar en la multitud y ser parte de ella. Podría caminar siendo invisible y todo estaría bien y quizá así podría conseguir mis alas, pero odio que la gente no me vea y que no sepa que estoy ahí —al ver el rostro desconcertado de Sakuno, Hiro aclaró —. Los ángeles podemos ser visibles o invisibles para los humanos, y los que no tenemos nuestras alas aun podemos decidir. Y yo decido ser visible todo el tiempo.

Sakuno iba a decir algo pero él continuó con su discurso.

—Y aunque me encantaría poder sacar mis alas, sé que no será hasta dentro de varios siglos porque aun no estoy listo para vivir solo en el cielo, o siempre siendo invisible para ustedes.

»» Sé que suena raro, pero así soy yo. Me gusta ser ángel, me encanta, pero me aburro en el cielo y prefiero estar en la tierra, como un simple humano. Y de seguro pensarás que si tanto me gusta estar en la tierra, ¿para qué quiero las alas si estas, al ser permanentemente visibles, me impedirán volver a la tierra?

Sakuno trató de defenderse y quiso alegar que ella nunca se había pensado esa pregunta, pero como siempre él siguió hablando sin siquiera tomar pausa para respirar.

—Pues como ya te dije, soy un ángel complicado y no muchos me entienden. Ya te expliqué por que deseo tanto mis alas, pero aún no estoy preparado para recibirlas. Quiero seguir en la tierra, pero sé que algún día tendré que resignarme a ser un ángel normal y vivir en el cielo, o hacerme invisible —esto lo dijo con un tono de desaprobación—, pero esto no será hasta dentro de muchos años —pareció terminar cuando suspiró—. Quiero experimentar lo mejor de los dos mundos.

Al fin, había terminado. Se había desahogado todo lo que pudo. Y Sakuno, al verlo sonreír no hizo más que imitarlo. Siguieron caminando a paso lento y no hablaron mucho hasta llegar a la casa.

—Bueno, aquí nos separamos —le dijo el ángel repentinamente feliz—. Nos vemos mañana, debo ir al cielo a preparar tus movidas para atrapar a Echizen. —soltó una risita.

Sakuno entró a su casa con el rostro rojo de la vergüenza.

Tal y como lo había previsto, sus padres le comenzaron a interrogar de una forma tan rápida que solo alcanzó a responder la mitad.

Finalmente pudo escapar a su habitación. Terminó una tarea de Matemáticas y se metió a la cama para tomar una pequeña siesta para reponerse. Solo quería descansar un poco y luego buscaría que hacer.

No se despertó hasta el otro día.

**

Ryoma se encontraba recostado en su cama, mirando el techo de su habitación. No podía evitarlo, pero no dejaba de pensar en la escena que había presenciado desde la cancha esa tarde.

¿Quién diablos era ese chico?

 

End Notes:

Les gustó? Espero que si ^^

mmm Ryoma se estará poniendo un poco celoso quizas? como reaccionara los siguientes dias?

Plis dejen sus comentarios para saber que le pareció y si quieren seguir leyendo la historia, es muy importante para mi :D

Se cuidan, nos vemos! Gracias por leer n.n

 

End Notes:

Les gustó? Espero que si ^^

mmm Ryoma se estará poniendo un poco celoso quizas? como reaccionara los siguientes dias?

Plis dejen sus comentarios para saber que le pareció y si quieren seguir leyendo la historia, es muy importante para mi :D

Se cuidan, nos vemos! Gracias por leer n.n

 

Regresar al índiceReglas a seguir by Jenni_Black
Author's Notes:

HOLA! QUE TAL?

Como han estado lectores espero que bien!! Justo hoy terminé de escribir este capitulo, ojala les guste jeje

En serio muchas gracias a los que comentaron mi capitulo anterior me animan mucho, saber que leen mi historia :') en verdad lo agradezco 

Bueno les dejo la conti, que la disfruten!!

Author's Notes:

HOLA! QUE TAL?

Como han estado lectores espero que bien!! Justo hoy terminé de escribir este capitulo, ojala les guste jeje

En serio muchas gracias a los que comentaron mi capitulo anterior me animan mucho, saber que leen mi historia :') en verdad lo agradezco 

Bueno les dejo la conti, que la disfruten!!

—Suéltate el pelo.

—No.

—Suéltate el pelo —insistió.

—No.

—¿Por favor?

—Dije que no.

—Tú eres la que se perjudica.

Hiro y Sakuno iban llegando a la academia Seigaku, y el ángel había estado insistiendo todo el camino para que ella se soltara las trenzas. Pero Sakuno se negaba rotundamente, eran sus queridísimas trenzas, a las que tanto cariño les tenía. Además sin sus trenzas, ¡no era ella! Simplemente no se imaginaba sin ellas.

Llegaron a la academia, por lo que les tocaba separarse, ya que cada uno debía ir a su respectiva sala de clase.

Sakuno se dirigió a la suya dejando a Hiro atrás.

—¡Hey, Saku! —le susurró Hiro. Ella se dio vuelta— ¡Sueltooo! —volvió a susurrar revolviéndose los cabellos fuertemente con las manos.

—Estás loco —le dijo ella mientras soltaba una risita.

El ángel se despidió con la mano y se volvió para tomar rumbo a su salón.

Al llegar se sentó al lado de Eirin, e intentó prestar atención al profesor. Lo cual le era un poco difícil a veces puesto que tenía que asegurarse de Ryoma no se durmiera. Sin contar que Eirin le hablaba muy animadamente y él no podía ser grosero y no contestarle. Por lo que tuvo que dividir su atención en esas tres cosas durante toda la primera clase.

Mientras tanto, en otro salón, Sakuno no paraba de pensar en todo lo que comenzaría a pasar. Ya se imaginaba su vida perfecta con Ryoma.

De seguro que Hiro sabía perfectamente lo que hacía. Solo esperaba que no ocurrieran cosas que pudieran cambiar su destino. Hasta el momento, por suerte, todavía no había pasado nada.

Bueno… quizás algo.

Después de todo Hiro se había infiltrado en su vida, algo que nunca debió haber pasado. Pero en realidad había resultado algo bueno. Después de todo lo único que había provocado era que ella, al estar consiente de todo, ayudaría y pondría mas de su parte para que la “misión” se cumpliera los antes posible. Beneficiándola a ella, a Ryoma y a Hiro.

De pronto un pensamiento le vino a la mente, ¿Y si el destino de alguien más se alteraba por conocer a su amigo? Eso podía pasar, y no ser muy bueno.

Era preocupante en verdad, Hiro podía hacerlo infiltrándose en la vida de esas personas. ¿Podría ser posible que el hecho de conocer a alguien, que supuestamente jamás  debiste conocer, sea algo tan grave que altere por completo tu destino? Se quedó pensativa toda la clase.

Finalmente tocó el timbre para el primer receso. Sakuno salió a paso rápido en dirección al salón del ángel. Tenía que hablar con él, preguntarle sobre sus dudas. 

Él iba justo saliendo de su sala, cuando Sakuno casi choca con él en la puerta.

—Hiro —dijo sobresaltada—, necesito hablar contigo.

—¿Qué ocurre?

—¿Será muy grave que otras personas te conozcan? ¿No alterarás el destino de alguien si te haces su amigo?

Hiro lo pensó por un momento. Su mirada se fijaba en un punto invisible sobre la cabeza de Sakuno.

Se encogió de hombros.

—No en realidad. Todos a los que voy a conocer —porque ya sabía a quien conocería a lo largo de las semanas. Estaba totalmente informado— van a encontrarse con su pareja definitiva en la Universidad o después. Ni siquiera tienen ángeles vigilándoles todavía por que aun no lo necesitan.

Por lo que si me conocen ahora, no les afectara en nada.

Sakuno se le quedó mirando por un momento, procesando lo recién dicho por su amigo.

—Por eso te dije que ustedes eran un caso especial, nunca antes me había tocado una pareja tan joven, además yo…

La castaña se quedó esperando a que él continuara, pero ya no hablaba. Sino que miraba con asombro hacia su derecha. Había levantado la vista  hacia su hombro derecho y hablo como si se dirigiera a alguien.

—¡Shuto! —exclamó extrañado, ¿le hablaba a alguien?—. ¿Qué haces aquí? No deberías estar… ¡Auch!

Salió repentinamente de la sala, casi trotando con el brazo derecho extendido hacia adelante, como si alguien le estuviese tirando de este.

—¡Hiro! ¿A dónde vas? —Sakuno lo siguió sin entender.

—Es Shuto —le dijo él mientras era arrastrado por una fuerza invisible—. No lo puedes ver porque está siendo invisible para los humanos, él es el amigo del que te hablé, él que tiene las alas, ¿recuerdas? Por eso no lo puedes ver.

—¡Hiro, espera! Estaba hablando contigo.

—Es que Shuto quiere hablar conmigo en privado —dijo mientras seguía siendo arrastrado por el otro ángel.

—Yo soy la que quiere hablar contigo ¡No te vayas! —lo siguió hasta que su amigo fue arrastrado hasta el baño de hombres.

Maldición. Solo hasta ahí podía llegar, así que esperó en la puerta.            

Dentro del baño Shuto metió a Hiro en una de las cabinas para poder conversar…

—¡¿Como se te ocurre hacer esto?! —o quizás discutir—. ¡Eres un idiota! ¡Perderás tu alma! O lo que te queda de ella.

Shuto se hizo visible. Era un más alto que Hiro, cualquier persona que lo viera podría decir que tenía unos veinticinco años aproximadamente. Vestía de blanco y andaba descalzo. Tenía el cabello de un color dorado claro y poseía unos ojos oscuros, casi negros.

—Tranquilízate —respondió el menor—, Dios no puede ser tan malo —dijo con tono cómico.

—Tú… ¡Tú me sacas de mis casillas!— cerró los ojos y suspiro fuertemente, tratando de controlar su furia—. Dios me mandó para decirte esto y también que te avise que quiere hablar contigo ¡¿Sabes lo que eso significa?!

—¿Ahora? —tomado por sorpresa.

—¡Si, ahora!

—Pero no puedo, estoy en clases.

—Ah, verdad que estas en clases —Hiro asintió—.  Ahora vámonos.

—¿Qué? Pero si te dije que no… —alegó a su amigo antes de partir.

Afuera del baño Sakuno se estaba impacientando. Tardaban demasiado. ¿Qué estaría pasando allí dentro? ¿Sería algo grave? ¿Tendría que ver con ella? ¿O con Ryoma?

—Suficiente, voy a entrar —decidió—. No me importa, necesito saber qué es lo que sucede —iba a empujar la puerta, pero esta se abrió antes. Dejando ver quién iba a salir.

—Ryo… Ryoma —sintió como la sangre hervía en sus mejillas.

—Hum— un tanto extrañado —el baño de chicas es por allá, Ryuzaki —le señaló con el dedo pulgar.

—Yo…Yo… —los nervios se apoderaron de ella—. Yo… espero a… alguien.

El frunció el ceño.

—¿A quién?— no pudo evitar sentir curiosidad.

—Un amigo —el timbre de vuelta a clases sonó.

—Pues ya no puedes seguir esperando, tienes que ir a clases.

—Pe…pero es que…

—Llegarás tarde —le cortó él.

Sakuno dudó un momento, volvió su mirada a la puerta del baño deseando que Hiro apareciera por ella. Pero no pasó nada, al parecer iba a estar ahí dentro un buen rato.

—Si… t-tienes razón —y se fue junto con Ryoma, aunque él actuó como si ella no estuviera allí durante todo el trayecto.

De vez en cuando, sin que ella se diera cuenta, la miraba e inspeccionaba de reojo. ¿Por qué siempre se sentía así cuando estaba con ella? Sentía la necesidad de hablarle, acercársele; pero su orgullo no lo dejaba.

Sakuno caminaba tratando de seguirle el paso. Si realmente él estaba interesado en ella ¿Por qué tenía que ser tan frío? Justo ahora que necesitaba a Hiro este estaba cotorreando con su amigo en el baño, igual que un par de chicas.

Pero ella no sabía que su amigo había abandonado la tierra hace varios minutos, nunca se imaginaría que en este momento el ángel estaba pasando por un mal momento.

**

Estaba un poco molesta puesto que Hiro no volvió a aparecer en todo el día. ¿Qué es lo que querría ese tal Shuto?

Ahora iba de regreso a su casa y en verdad esperaba encontrarlo allá.

Cuando llegó se dio cuenta de que no había nadie

Ayuda Divina by Jenni_Black

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