Angel Caido by AngelesSexy

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 Angel Caido by AngelesSexy
Summary:

Esta es la historia de una chica simple y común, muy bondadosa, que siempre intentaba complacer a sus padres, aunque nada era suficiente, pero ella amaba mucho a su novio hasta que un día los vio besándose y se entonces ese velo que tenía en sus ojos se cayó completamente y se dio que desde mucho Evaristo y ya no sentía lo mismo que ella, ya no la amaba, que se enamoro de Clarisse nada más y nada menos que su mejor amiga y no los culpo después de todo ella era más… como decirlo… mas alivianada, más divertida y por lo tanto más interesante que Cloe, así que ella decidió suicidarse, pero en el cielo no calcularon muy bien aquello ya que Cloe estaba destinada a ser un ángel y si se podaba bien llegaría a ser un arcángel, pero debido a que el suicido es una falta muy grave se le asigna como un ángel caído que tienen la peculiaridad de tener tatuadas las alas, sentirlas y demás haciendo esto una tortura para los ángeles caídos ya que las sienten pero no las pueden utilizar recortando así su falta.

Lo malo también es que le designan a cuidar a su ex novio y su mejor amiga que ya eran una pareja, según le habían dicho en el cielo iban a tener una descendencia muy buena ya que iban a ser ángeles en cuando fuera su momento.

En el transcurso del tiempo como ángel caído cambia drásticamente y llega a conocer a otros ángeles caídos con sus diferentes historias…



Categories: LITERATURA, PELICULAS, MUSIC, ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Fantasía, General, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 6 Completed: No Word count: 8556 Read: 1149 Published: 12/04/2013 Updated: 21/10/2013
Summary:

Esta es la historia de una chica simple y común, muy bondadosa, que siempre intentaba complacer a sus padres, aunque nada era suficiente, pero ella amaba mucho a su novio hasta que un día los vio besándose y se entonces ese velo que tenía en sus ojos se cayó completamente y se dio que desde mucho Evaristo y ya no sentía lo mismo que ella, ya no la amaba, que se enamoro de Clarisse nada más y nada menos que su mejor amiga y no los culpo después de todo ella era más… como decirlo… mas alivianada, más divertida y por lo tanto más interesante que Cloe, así que ella decidió suicidarse, pero en el cielo no calcularon muy bien aquello ya que Cloe estaba destinada a ser un ángel y si se podaba bien llegaría a ser un arcángel, pero debido a que el suicido es una falta muy grave se le asigna como un ángel caído que tienen la peculiaridad de tener tatuadas las alas, sentirlas y demás haciendo esto una tortura para los ángeles caídos ya que las sienten pero no las pueden utilizar recortando así su falta.

Lo malo también es que le designan a cuidar a su ex novio y su mejor amiga que ya eran una pareja, según le habían dicho en el cielo iban a tener una descendencia muy buena ya que iban a ser ángeles en cuando fuera su momento.

En el transcurso del tiempo como ángel caído cambia drásticamente y llega a conocer a otros ángeles caídos con sus diferentes historias…



Categories: LITERATURA, PELICULAS, MUSIC, ORIGINALES Characters: Ninguno

Generos: Fantasía, General, Romance

Advertencias: Muerte de un personaje

Challenges:

Series: Ninguno

Chapters: 6 Completed: No Word count: 8556 Read: 1149 Published: 12/04/2013 Updated: 21/10/2013 Capítulo 1 by AngelesSexy
Author's Notes:

bueno es el primer capitulo y no se si me haya salido muy bien pero esta historia ha rondado en mi cabeza mucho tiempo asi que si no lo escribia iba a torturarme XD espero que les guste =)

Author's Notes:

bueno es el primer capitulo y no se si me haya salido muy bien pero esta historia ha rondado en mi cabeza mucho tiempo asi que si no lo escribia iba a torturarme XD espero que les guste =)

Cloe estaba lista para lanzarse por aquel puente, no había nada que la frenara en esta miserable vida, a sus padres les valía que su hija estuviera viva o no estaban demasiado ocupados en su vida cuadrada, su novio la había dejado por su mejor amiga ¿para qué continuar en este absurdo mundo entonces?

Así sin mas soltó sus manos del barandal y se lanzo al vacio sintiendo como dejaba atrás todo el peso que la vida le había dado.

Con solo 19 años se suicido. Cuando sus padres se enteraron hicieron un entierro muy simple y no soltaron una sola lágrima por su hija, sus amigos también estuvieron ahí, ellos si sintieron que se suicidara, lloraron un poco y al mes se habían recuperado de la perdida de Cloe aunque siempre la recordaran.

Mientras tanto Cloe se encontraba en el cielo esperando en un tipo de recepción, estaba algo inquieta porque la mayoría estaban sorprendidos y un poco asustado por verla ahí, aún no era su tiempo.

— Señorita Cloe Logan, ya puede pasar —le dijo muy amablemente una ángel.

Ella solo sonrió y se inclino en señal de agradecimiento y fue al despacho de Dios, cuando entro se llevo una gran sorpresa al ver a muchos ángeles ahí reunidos.

Se quedo muda.

— Bueno Cloe como veras es algo muy serio lo que has hecho.

La chica no entendió muy bien lo que trato de decirle así que solo lo miro levemente con el ceño fruncido.

— Veras, Cloe tu muerte estaba programada para mucho después y con tu suicido solo nos has adelantado los planes… —le iba diciendo un ángel que tenia agarrado un tipo de libro o cuaderno y una pluma.

— No es solo eso, sino que has cometido una falta muy grave desorganizando todo.

— Se suponía que no tenías que saltar tan deprisa, solo tenias que esperar unos leves instantes para que alguien te salvara.

— No logro entender nada de lo que intentan decirme.

— Pues que te adelantaste a morir y que yo me adelante en recoger tu alma, es que ultimadamente la gente muere muy seguido y no me da el tiempo suficiente para revisar a cada uno. —dijo un tanto nervioso Azrael, el ángel que la había traído hasta ese lugar.

— ¿Y eso porque importa tanto? —pregunto un tanto nerviosa.

— Cloe estabas destinada a ser un ángel. — le dijo Dios.

— Pero yo… yo que soy una chica de lo más común ¿un ángel?

— Y un arcángel con el tiempo. —susurro Raziel, el que tenía el cuaderno y una pluma en mano.

— Si estabas destina ser un ángel desde tu nacimiento.

Cloe simplemente no salía de su asombro.

— ¿Y porque? —se aventuro a preguntar.

— Por tus acciones y por toda la benevolencia que has demostrado en los años.

— ¿y ahora que pasara conmigo? —pregunto un tanto entristecida por arruinar su futuro.

— Según las leyes de Dios, serás un ángel caído —dijo seriamente Gabriel.

— ¿Qué significa eso?

— Sígueme yo te lo explicare todo —dijo amablemente Raziel. Cuando salieron del despacho el ángel le extendió la pluma y el cuaderno —. Me lo podrías sujetar un momento porque la biblioteca queda lejos y creo que será mejor que vayamos volando. —Cloe solo lo tomo lo que le entrego y asintió. Entonces él le tomo por los hombros y extendió sus blancas y majestuosas alas para ir rumbo a su biblioteca, mientras que Cloe se quedaba maravillada con todo el paisaje tan tranquilo y relajante que era el cielo.

Cloe y Raziel llegaron a la enorme biblioteca de Raziel y el empezó a sobrevolar el lugar buscando los libros de los ángeles caídos, cuando al fin lo encontró, hiso sentar a la chica y le empezó a leer las reglas.

—Pues mira ser un ángel caído prácticamente es como una oportunidad que se te da por tu falta y así poder reasignarte a tu divido lugar, ya que los ángeles caídos viven en la tierra, se les cambia de apariencia y se les tatuara unas alas en la espalda y sientes que son completamente reales pero no las puedes usar, eso siempre te recordara tu falta y te dará una motivación para volver al cielo. Se te asignara una misión o un deber, lo más seguro es que a ti se te de un deber, y deberás cumplirlo al pie de la letra si no, no podrás volver, y cumplirás tu deber durante mas tiempo y en el peor de los casos tu alma será enviada al infierno. Si no quieres aceptar todas estas condiciones estas en el libre derecho de ir a las tinieblas. —Cloe trago en seco al escuchar las últimas partes. —¿aceptas las condiciones?

—Por su puesto.

—Entonces firma aquí y iniciaremos de inmediato —le ofreció su pluma al tiempo que ella leía el contrato. Y sin bacilar firmo.

Luego de firmar el contrato a Cloe le llamo mucho la atención la biblioteca ¿para qué quieren los ángeles una biblioteca?

— ¿Para que esta biblioteca?

Pero Raziel por un instante tuvo la mirada vacía, para luego exclamar.

— ¡Murió un Juan! ¡No puede ser! Acaban de bautizar a 23 Juanes mas ¡Que poco originales que son! —replicaba mas para sí que para Cloe.

La chica no pudo evitar que le saliera una leve risa a ver a Raziel.

— Así que te encargas del conteo… o algo así.

— Algo así, además de llevar el conteo se algo de sus vidas, pero definitivamente el que más los conoce es Gabriel.

— ¿Y eso porque?

— Por ser el mensajero de Dios y el encargado de la conciencia humana. —dijo de pronto Gabriel, apareciendo de la nada. Cloe solo dio un leve saltito.

— Gabriel justo a tiempo. Ya sabes que hacer.

— Claro. Cloe date la vuelta —la chica obedeció al instante. Gabriel rompió la blusa de la chica haciendo que esta se abrasara para no dejar caer toda la ropa—. Esto solo te dolerá un poco. —dicho eso coloco sus tibia manos en la espalda y de ahí se fue desprendiendo las marcas de las alas tatuadas que se extendía en toda su espalda, eran muy negras, y Cloe para no gritar se mordió fuertemente los labios.

Cuando finalizo todo Cloe las podía sentir y quiso probar si las podía extender pero sus intentos fueron en vanos ya que no se abrían por mas que se concentrara, era como tener un yeso en ambas manos de manera incomoda, y lo peor de todo era que tendría esa incomodidad para siempre.

— Enseguida vendrá Miguel para tu cambio de imagen.

Cloe solo asintió.

Solo tuvieron que esperar cinco segundos para que apareciera Miguel.

— Hola Cloe, perdona la tardanza pero ultimadamente no quieren colaborar para los ángeles caídos… en fin, vamos a lo nuestro.

Miguel se puso en frente de la chica y se sintió un poco conmovido por la cara tan triste de Cloe, pero tenía que cumplir con sus obligaciones, y cambio su pelo rubio platino por un color negro azabache al igual que sus ojos, que podrían ser absorbidos y confundidos por la noche, y solo con leves caricias. Apenas sintió el cambio y le extendieron un espejo y al parecer era todo lo que le cambiaron aunque también mejoraron un poco sus orejas y la nariz.

— Casi lo olvido esta es tu ropa —le extendió una maleta y una mochila roja y negra las dos—. Cuando estés en la tierra entenderás que la ropa y el cambio de imagen van a caerte al dedo con tu personalidad. Ah… y esta es la ropa que te pondrás ahora.

Ella simplemente la agarro y se fue a cambiar, aunque se sorprendió pues nunca uso unas cosas así, un jeans negro un tanto ajustado son dos cinturones, uno de cadenas y el otro con calaveritas, una polera que solo dejaba descubierto el ombligo y para terminar unas botas estilo militar.

— ¿Enserio tengo que ponerme esto?

— Te queda bien… —susurro Baraquiel. Que solo llego en unos instantes.

— Mira ahora estas relajada porque en el cielo solo se respira este aire, pero en cuando estés en la tierra podrás sentir todos sentimientos que siempre guardaste.

Eso realmente preocupo a Cloe. Siempre se negó a aquellos sentimientos y ahora le dicen que su esfuerzo no valió nada.

— Baraquiel te llevara por un relámpago a la tierra. —le dijo Gabriel con su acostumbrado tono serio.

— ¿Y mi misión o deber? —en cuanto pregunto esto los arcángeles se sintieron un poco nerviosos, sabían que la respuesta no le iba a gustar.

— Esto es un tanto complicado… mira porque mejor no te sientas y lo lees —le dijo amable Raziel mientras le daba la hoja.

Todos los arcángeles se alejaron un poco de la chica mientras iba leyendo.

— ¡¿Qué?! ¡Esto debe ser una broma!

Nadie se atrevió a contestar solo Gabriel —Son ordenes y si no quieres seguirlas ya sabes cuál es tu segunda opción.

— Acepto ¡pero deben admitir que es una completa locura que cuide a mi ex novio y su novia que fue mi mejor amiga! —volvió su lectura después de haberse recuperado un poco— esperen ¿si no cumplo la misión y no sigo las reglas cuidare a su descendencia?

— Baraquiel llévala.

— No esperen…

Ya fue demasiado tarde la envió como un rayo y lo peor de todo muy lejos del pueblo donde vivía.

— Gracias —dijo sarcásticamente al cielo.

Pero de pronto fue como que le quitaran una venda nublosa en los ojos, y sus sentimientos fueron como una gran ola se azotaba en la playa. Y ya todo cobro sentido, el porqué la ropa tan roquera y la imagen, todo lo buena que era desapareció por completo y solo quedo, el sarcasmo, la ironía, la maldad, cuando sea necesaria, y la demasiada honestidad entre otras cosas que descubriría con calma. Solo sus sentimientos de antes quedaron como ahogados  pero aun seguían ahí y seguramente saldrían cuando realmente los necesitara.

Tuvo que caminar horas y horas hasta que se hiso de noche pero logro llegar a una carretera donde estaba pidiendo quien la llevara. Hasta que al final hubo una pareja de ancianos que la llevaron y ella quedo muy agradecida.

Tuvo que quedarse en el hotel pueblo que no era muy de su agrado y tuvo que ir a buscar a la feliz parejita, pero como ya no pensaba como antes se decidió que mientras los cuidara podría volver a enamorar a Evaristo.

— Muy bien adiós antigua Cloe y Hola nueva yo. Prepárense porque ya me harte de ser una simple chica y se que esta es una segunda oportunidad pero no me importa quedarme un poco más a cambio de poder cobrar un poco de venganza, todos aquí me pagaran todo lo que me hicieron, ojo por ojo y diente por diente. —dijo con una voz dulcemente amenazante.

End Notes:

espero sus comentarios =)

End Notes:

espero sus comentarios =)

Regresar al índiceCapítulo 2 by AngelesSexy

Capítulo 2

 

 

—Por fin estoy en la tierra y a decir verdad estoy mejor que antes. Este flequillo hace resaltar más mis labios y vuelve a mis ojos más misteriosos. Sin duda esto es demasiado genial, aunque claro la molestia de las alas es demasiado estresante. —decía Cloe mientras se admiraba en el espejo. Daba una media vuelta admirándose más, cuando de pronto sonó un teléfono, ella se sobresaltó para luego mirar con fastidio al bolso que había traído, o mejor dicho que los arcángeles le habían achancado.

—Hey que no estás en la tierra para arruinar la vida de los demás, eres un ángel caído, no un ángel oscuro… —decía la voz ya conocida de Raziel. Al parecer la estaban vigilando muy de cerca.

—Ok, ok lo que ustedes digan. —respondió en tono sarcástico.

—Oye niña que si piensas que no te vamos a estar vigilando, estas muy equivocada.

—Eh… que dejaron esta misión, o lo que sea a mis manos, y ahora me dicen ¿que no lo podre hacer a mi manera?

—Sera mejor que te comportes. —esa última voz ya no correspondía a Raziel. Esa voz fría y de cierta forma amenazante era del arcángel de la muerte, Azrael. Después de esa última frase solo se escuchaba el acostumbrado bip… bip… que significaba que la llamada ya se había cortado.

Miro al techo como sabiendo de que ángulo la veían.

—Los odio. Grandes imbéciles.

Si pensaban que las amenazas de los arcángeles iban a terminar con toda la venganza que ella ya tenía un poco preparada, estaban muy equivocados. Ya que si lidiar con una mujer enfadada no era una buena idea… imagínense lidiar con una ángel caída, que casi su futuro y protección está en sus manos. Sin duda eso no suena a una buena idea.

 

 

Salió a regañadientes, en realidad salió entusiasta pero tenía que fingir. Recorrió la calle poco maravillada, la calle en realidad no había cambiado mucho en todos esos años ya que conservaba esa acostumbrada fachada de antigüedad-bizarra. Las personas con su misma cara de miedo y prejuicios, los jóvenes con la cara de niños buenos y rebeldes, sin no mucho entusiasmo en serlo. Todo era correcto que parecía que los años no hubiesen avanzado en aquel pequeño condado.

¿Cuánto tiempo había pasado desde su muerte?

Por el momento no quería averiguarlo. Si quería ir a ver su propia tumba y a la vez no.

Sus nuevos ojos le permitían ver más allá, ya no los veía como a las personas amables, eso cosa del pasado, ahora los veía con sus defectos, casi lo sabía todo de las personas que estaban ahí. Sabia de los engaños, las palabras que se dedicaban a sus espaldas, los robos que habían cometido, incluso sabía quién era un criminal en potencia, sabia de los pedófilos que casualmente solían ser la mayoría de los maestros. Qué asco, era todo lo que pensaba Cloe.

En el fondo Cloe no había cambiado, era buena solo que… ya no había esa venda que ella misma se había puesto para sobrevivir en este mundo, porque ese pequeño pueblo fuese una mínima parte del mundo, ella estaba segura que todo el mundo era exactamente igual solo que multiplicados. Y era demasiado enfermizo ver el mundo así, así que solo se puso la venda para protegerse.

Se puso la capucha y camino sin saber que iba pasar con ella de ahora en adelante, sobre todo porque al parecer su vida ya no era suya, tenía que dedicarse a las personas que más quería y que más odiaba.

Los chicos que estaban por la plaza la miraron de reojo. Sabían que era nueva y muchos ya pensaban llevársela a la cama. Sobre todo el más prepotente de todos en el pueblo, Jesse Oꞌconell, el hijo del alcalde. Típico.

Jesse y Cloe tuvieron una historia juntos, el insistía  que dejara a Evaristo y estuviera con él. Ella le dio calabazas cada que insistía, incluso en una fiesta trato de emborracharla. Jesse no estaba acostumbrado a las respuestas negativas y fue el quien hiso que viera que su novio le estaba engañando.

Sus miradas se cruzaron cuando estuvieron lo suficientemente cerca. Se sentaron en el mismo banco.

—¿Cómo te llamas? —pregunto sin poder ocultar su entusiasmo.

—Cloe. —fue lo único que dijo.

—Soy Jesse. Eres nueva ¿no?

—Sí, vengo del sur Francia.

—No tienes ese acento.

—Soy perfeccionista.

—¿Quieres que te invite a tomar algo?

—Ahora no, espero a alguien.

El soltó un bufido y se acercó al oído de la chica.

—No estoy acostumbrado a un no, así que te lo pondré más sencillo. Vienes conmigo y no los pasamos muy bien o me encargo luego de ti… a solas. —resalto el “a solas”. La morena ya no le tenía miedo, es más, estaba segura que era el que estaba un tanto intimidado. Así que sonrió y al igual que el chico puso sus labios en su oído.

—Escúchame bien niño de papá, yo solo salgo con hombres —luego se alejó de su oído para mirarlo a la cara y darle una sonrisa—. Será mejor que busques a otra para que te haga de niñera.

Él, la miro indignado le lanzó una leve amenaza y se fue.

Es todo un fastidio volver a tratar con los mortales, pensaba Cloe mientras trataba de visualizar a los que iba a “cuidar”.

 

 

Por fin, la parejita se animó a salir del cuarto o donde quiera que se metan. La morena los veía con un montón de sentimientos contradictorios dentro de ella. En su imaginación ya había ido hacia ellos y habría empleado su fuerza contra los dos. En la vida real solo se les quedo mirando. Tenía que ser lista y controlar sus impulsos, además el dolor de querer despegar sus alas era simplemente frustrante y doloroso. Era como ver a la persona que más aprecias morir y saber que la puedes salvar, pero te quedas quieta por alguna fuerza mayor a ti… si tal vez era la mejor forma de describir el dolor que trasmitía las alas. Y el dolor físico era igual de insoportable, tuvo que apretar sus labios para no gritar, era como ser azotada con un látigo lleno de agujas sin descanso.

Sin siquiera notarlo, su ex mejor amiga y su ex novio estaban sentados a su lado. Su respiración se volvió más intranquila, tenía tanto dolor por la rabia que tenía hacia ellos, otra cosa de que culparlos, pero sentía que iba a desmallarse. ¿Pueden los ángeles caídos desmallarse? Al parecer era muy posible ya que Cloe se desplomo frente a ellos.

 

 

 

Evaristo y Clarisse estaban intranquilos en la sala de espera, no sabían porque pero se sentían culpables de ver a esa chica desmayarse junto a ellos.

Cuando el doctor binó a decirles que no era nada grave quedaron un poco tranquilos pero no del todo.

Entraron al cuarto donde estaba y se sorprendieron de verla como a una muñeca de porcelana, estaba dormida, pero ni un solo pelo fuera de lugar, su maquillaje estaba intacto. Parecía una verdadera muñeca que Clarisse tenía en su alcoba. Lo único que era diferente en ella fue la vestimenta, todo lo contrario a lo que le demostraba su apariencia al dormir. Les recordó a Cloe por una extraña razón que ellos no entendían.

—Se parece a ella —dijo de pronto Evaristo—. ¿Crees que tuvimos la culpa?

La rubia sabia a que se refería.

—Ya hemos discutido eso antes y dijimos que ella fue la que tomo la decisión. Nosotros somos inocentes.

—Debimos haberle dicho la verdad desde un principio.

—Si… pero ya es demasiado tarde para eso. Ya paso un mes y es mejor que la recordemos como la gran persona que era, dejemos de pensar que la traicionamos.

El solo asintió.

La pelinegra estaba empezando a revolverse entre las sabanas. Soñaba con la noche en la que caía en el vacío recordando a su novio y su amiga besándose y susurrando promesas de amor.

Despertó viéndolos a los dos, al principio pensó que formaban parte de sus sueños.

—¿Estas bien? ¿Llamamos al doctor?

Sin poder evitarlo les dio una mirada ponzoñosa y toda la paz mientras estaba dormida se había desvanecido. Ya no era una muñeca de porcelana, bueno tal vez si, solo que era la muñeca de porcelana más furiosa que habían visto.

Tenía que controlarse ya que el dolor estaba volviendo.

—¿Por qué estoy aquí? —pregunto tratando de controlarse con los azulejos de la habitación.

—Te desmallaste.

La morena se incorporó y empezó a ponerse sus zapatos. Tenía que alejarse y tranquilizarse. El doctor entro antes que ella se levantara por completo.

—Como va… Deberías guardar un poco más de reposo. —le dijo en un tono muy serio el doctor.

—Estoy bien y ya no quiero causar más problemas.

—Solo acuéstate un rato más y ya te podrás ir. Ese desmayo se podría repetir si no lo haces.

La morrena se atrevió a mirar al doctor a los ojos para enfrentársele, gran error. Era uno de sus primeros amores platónicos que tuvo. Jaden Lincoln, doctor. Decidió obedecer.

—Ah… gracias por preocuparse por mí. —dijo refiriéndose a la pareja que tenía en frente.

—Es lo menos que podríamos haber hecho. Nosotros ya nos tenemos que ir pero ya nos estaremos viendo. —se despidió Evaristo, mientras su chica solo se despidió con la mano. Ambos salieron de la habitación.

El doctor seguía ahí y revisaba sus ojos.

—¿Sabes la razón de tu desmallo?

Como iba saberlo, ahí el medico era él no ella.

—No.

—Te hice unas pruebas y descubrí que estas muy sana. Luego pensé que lo habías fingido. O simplemente fue algo psicológico.

—¿Psicológico?

—Que involucraste demasiados sentimientos o algo así.

Ella no sabía que responder a eso. Sin duda la perspicacia no la había perdido.

—Otra cosa que me sorprendió fue el tatuaje que tienes en la espalda.

—¿Por qué?

—Aún eres joven y ya te sometiste a tanto dolor… y eso me llego a preguntar porque lo habías hecho.

—Eso no le concierne. —por mucho que fuere guapo y que en su vida de mortal estuviese estuviera enamorada de él, eso no dejaba atrás que estaba muy entrometido.

—Se quien eres…

Regresar al índiceCapítulo 3 by AngelesSexy

Capítulo 3

¿Cómo que sabía quién era? ¿Acaso sabía que era Cloe Rumsfeld Wells? La chica intachable de una familia intachable y perfecta. ¿La más respetada del condado o Cloe Caelum, la que se convirtió en un ángel caído? Ambas distintas pero al final la misma persona.

En cualquiera de los casos como lo sabría si solo es un simple mortal.

Sabes Al principio me sorprendí y pensé que no eras tú confeso, sorprendiéndola un ángel caído toda tu apariencia a cambiado incluso tu voz Cloe ¿sabes quién soy? pregunto de cierta forma esperanzado.

No mintió, claro que sabía quién era, como olvidar a esos ojos verdes pálidos que él poseía. Como olvidar a su amor platónico, que beso una vez. Solo sé que eres un doctor que no me deja ir.

Ãl se levantó con sus sentimientos conflictivos, se dirigió a la ventana para poder calmarse un poco suspiro, se retiró un poco de la ventana y la miro de costado solo para verla con el ceño fruncido, volvió su vista al frente y empezó a desabotonarse cada botón de su bata, Cloe se dio cuenta por el moviente que daban sus codos. Cuando se la quitó la puso en el sofá que tenía al lado y prosiguió con su camisa celeste, pero esta vez ya no de espaldas sino de frente para ver como reaccionaba con eso, y noto su sonrojo.

Cloe lo veía atónita. ¿Cómo se atrevía a desvestirse tan sensualmente frente a ella? Estaba consiguiendo que entrara en un estado de shock.

Tiro la camisa en el sofá y se acercó a ella, le acaricio la cara y la vio como la chica mortal que era antes, con esos encantadores risos de oro y su mirada esmeralda llena de felicidad. Su sonrojo hacia que su imaginación volara más, permitiendo que tuviera un poco más de confianza con ella.

Cloe se había quedado sin aire en los pulmones y tampoco conseguía hacerlo entrar. Lo miraba y se sentía como aquella vez que se besaron mariposas en la panza, corazón acelerado y el mundo ya no existía.

No tengas miedo. le susurro.

Se alejó un metro y ambos se observaron bien. Jaden le dio la espalda para que le pudiera admirar ahí estaba el mismo tatuaje que ella tenía alas hermosas, alas como si estuvieran a punto de expandirse. Era hermoso. Juguetes infantiles: Tienda Gormiti, Monster High, Trompos Cometa, BeyBlade, Bakugan Juguetes infantiles: Tienda Gormiti, Monster High, Trompos Cometa, BeyBlade, Bakugan y muchos más

Tú eres

Un ángel caído interrumpió, completando la frase. Como tú.

Ella parpadeo varias veces para cerciorarse que no fuera un sueño. ¿Cómo? Era la única pregunta que rondaba la cabeza de Cloe. Ãl era la persona más decente que había cometido, ¿Cómo puede ser un ángel caído?

¿Te dolió? fue lo único que se atrevió a preguntar.

Ãl ya dándose la vuelta le dedico una sonrisa ladeada y se sentó a su lado.

Solo un poco con la molestia que tienes que acarrear con ellas el problema de cuando te lo ponen parece un cosquilleo.

Ella lo seguía mirando con asombro. No había cambiado nada, absolutamente nada, era el mismo solo unas alas tatuadas y nada nuevo en él

¿Cómo? pregunto, realmente esperando la respuesta.

Yo mate a alguien no estaba bien del todo La separación y tal vez no volverte a ver eran demasiado, simplemente demasiado. Luego me entero que mi madre había muerto y tantas otras cosas sin importancia, pero contribuyeron mucho. se empezó a masajear la cien al recordar todo aquel tormentoso pasado. Después de mi muerte regrese, me propuse encontrarte y cumplir mi objetivo llegue demasiado tarde ¿verdad?

Estaba apenado ¿y cómo no estarlo? Estaba frente a la chica que amo y tal vez lo sigue haciendo todo era demasiado y casi se podía ver una neblina de tensión en el pequeño cuarto de hospital. Los se dedicaron una mirada llena de todas sus dudas, pasadas y presentes, sus sentimientos entrelazados conflictivamente. Era demasiado que procesar.

Le había confesado tanto

Ni un día en la tierra y su vida estaba siendo un verdadero desastre.

Había tanta historia entre ellos, pequeña o tal vez larga- pero profunda. Ah si las cosas hubiesen sido distintas, si no se hubieran entregado a los prejuicios. Estarían juntos, con su amor  y lo más importante; vivos.

Arrepentimiento, duda, sentimientos removidos ¿rencor? ¿Odio?

Tantos sentimientos en dos ángeles caídos tratando de volver al cielo.

Regresar al índiceCapítulo 4 by AngelesSexy

Capítulo 4

La razón le gano a los sentimientos. Los dos lo pensaron.

Jaden se levantó para volver a ponerse la camisa, mientras que Cloe se recostaba en la cama, entremezclándose en las sabanas… era mucho que procesar y en muy poco tiempo.

Sus exꞌs. en generan eran su problema, su ex-amiga, ex-novio y ex-amor platónico.

Él estaba cometiendo una falta que le iba a pasar multa pero no lo podía evitar… cuando tienes la oportunidad es ahora o nunca, y quería su ahora. Sabía que esto también acarrearía problemas para ella, lastimosamente se dejó llevar.

—Se que es difícil de procesar todo lo que te he dicho pero debes entender que yo no he dejado de pensar en ti… —explico de pronto, quería decir algo mas pero al verla tan inofensiva decidió que era mejor dejarla sola.

Cloe solo escucho la puerta cerrarse. Quería llorar, gritar, salir huyendo de aquella realidad tan sub real que vivía.

Todo, se amontonaba… todo.

Los arcángeles estaban viendo toda la situación. Jehudiel, administrador de los astros y fenómenos naturales, estaba tan conmovido por la pequeña Cloe que modifico el clima como describiendo como se sentía. Zadquiel el ángel de la benevolencia y la misericordia, estaba totalmente afectado, una de las que se suponía iba a ser su “colega” estaba en las manos de la desgracia. Sin duda todos estaban afectados y hasta Azrael el ángel de la muerte. Todos y cada uno de los arcángeles estaban desmotivados sintiendo una pequeña parte de los sentimientos de Cloe. El cielo ya no lucia tan feliz.

Para olvidar su triste realidad decidió dormir.

Jaden estaba furioso con siguió mismo, no podía creer lo impulsivo que había sido… todo lo que le había dicho era verdad pero se lo soltó tan de golpe que apenas y le dio tiempo de procesarlo… la ahogo solo pensando en él.

 

 

En el cielo se estaba armando un verdadero lio, Raziel estaba andando de aquí para allá con las notas de los ángeles caídos ya que no solo Cloe estaba en tiempos malos, cada que bajaban a la tierra los nuevos reclutas, siempre se enfrentaban con sus tormentos y algunos ya no podían y se volvían al lado oscuro. Por salir del paso se tomaban medidas y drásticas de las que no hay pasos atrás y tarde se daban cuenta del gran error.

Los enemigos siempre están al asecho de la caída de alguien y una de las que se las esperaba era de Cloe.

Dios decidió llamar a un consejo a todos los arcángeles del cielo.

Los gobernadores de los siete cielos ya estaban reunidos esperando las ordenes de Dios.

Raziel como siempre con el libro y una pluma en sus manos, anticipando la anotación de todo lo que iba a ocurrir. Como principio anoto a los que ahí estaban.

   ü  Miguel, gobernador del cuarto cielo y Juez de almas.

   ü  Gabriel, fuerza de Dios y gobernador del primer cielo.

   ü  Rafael, la medicina de Dios y gobernador del segundo cielo.

   ü  Uriel, fuego de Dios, protector de la verdad y centinela de las puertas del Paraíso.

   ü  Baraquiel, relámpago de Dios y jefe de las virtudes.

   ü  Zadquiel, rectitud de Dios, ángel de la benevolencia y la misericordia.

   ü  Jehudiel, administrador de los movimientos de los astros celestes y gobernador de los fenómenos naturales en el segundo cielo.

   ü  Azrael, ángel de la muerte.

Todos sentados extremadamente pacientes.

—La misión Raziel. —dijo Dios.

—Mantener en el camino correcto a Cloe, porque pese a lo que pese ella debe llegar a ocupar su lugar en el cielo.

—Me quieren explicar cómo esto perdió su rumbo.

—Señor, no podemos estar siempre al pendiente de ella cuando cada uno tiene mil asuntos que atender. —explico, Azrael.

—Azrael, tu y yo sabemos que podrías tener una infinidad de tareas en un día pero al final siempre logras cumplirlas todas, así que no entiendo tu falta de colaboración a una de las que va ser tu hermana.

—Ella jamás llegara a ser una arcángel, esto es solo una pérdida de tiempo.

—¿Y qué opinan ustedes, muchachos?

—Principal mente, Dios, creo que lo mejor es ayudar a Cloe… la primera fallo y sé muy bien que ella cumplirá los estandartes, hasta ahora lo ha llevado muy bien. —objeto Miguel.

—Sí, lo ha llevado bien hasta ahora ha sido todo porque ustedes la han ayudado. —murmuro Azrael.

—¿Cómo pudimos ayudarle? Apenas y cruzamos palabras—pregunto Uriel.

—Solo lleva un día en la tierra… estas siendo muy injusto con ella. —le planto Zadquiel.

—Tú solo estas resentido por lo de Leila. —le dijo Jehudiel.

—Debo volver a mis deberes. —dijo inmediatamente levantándose. Antes que alguien le dijera algo levanto vuelo.

—Azrael, aún no hemos terminado esta junta. —le dijo Dios. Él volvió pero solo para dedicar unas palabras.

—Si ustedes quieren ayudarme me parece bien pero yo no planeo contribuir en esto. —apenas termino lo dicho se fue rápidamente y por un instante quiso usar la tele trasportación, pero era demasiado riesgo. Alas por aquí, aureolas por allá… en fin era afortunado si no llegaba quemado al lugar que tenía que ir.

Gabriel se levantó con ganas de querer ir a enfrentarlo pero Zadqueil lo detuvo, y con una sola mirada indicando todo, él solo asintió.

—Volvamos a la junta chicos. Quedan muchos puntos por resolver. —dijo tranquilamente Raziel, sin dejar de anotar en su libro.

 

 

 

Mientras que Cloe estaba despertando de un sueño tranquilizador. Vio a su alrededor y al principio se asustó… de pronto todo le cayó como un balde de agua fría, y se volvió a sentir vulnerable ante todo el mundo, sus lágrimas no tardaron en llegar y se desahogó en la almohada todo lo que había aguantado en ese corto-eterno día.

Jaden abrió la puerta y la vio, lo único que se le ocurrió hacer es abrázala. No sabía que más hacer, le destrozaba verla así, sobre todo porque en su vida mortal siempre la veía feliz. Pero ¿era ella en realidad o su simple reflejo? ¿En que creer ahora?

Él sabía las reglas, un ángel caído llega a la tierra como la forma que realmente es, por eso él no había cambiado en nada.

Ella se sintió tan protegida entre sus brazos, era como lo imagino… sus brazos el mejor refugio en el mundo. Solo en sus brazos se sintió realmente a salvo. Sintió el peso, el calor, la forma del chico que alguna vez estuvo locamente enamorada.

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Capítulo 5

La puesta de sol y las luces de la ciudad extendiéndose por el horizonte, el olor de la cena flotando en el aire. A estas horas el aire de la calle es más nostálgico, aunque tiene algo especial. En momentos como este Cloe recordaba su infancia, su nana ya fallecida, los árboles en los que jugaba, sus amigos… recuerdos del pasado que nunca volverán.

Se escondía debajo de la capucha de su chamarra. Decido levantar la vista un segundo, y de pronto se dio cuenta de en donde se encontraba… su casa. Por más que quisiera no paraba de ver el que era su hogar. Seguro sus padres seguían ocupados fingiendo algo que no eran, ocupados en sus negocios que siempre ocuparon un lugar preferencial.

 

 

—Nana, ¿Por qué mis padres no vinieron a mi presentación de hoy? —preguntaba la niña 7 años que traía el vestido de la bella durmiente.

—Mi dulce niña, ya te dije que ellos tienen cosas que hacer. —le respondió su nana ya mayor, ¿y cómo no? Si la nana ya llevaba dos generaciones cuidando de los Rumsfeld.

—Lo que pasa es que ellos no me quieren.

Su nana se inclinó para poder verla mejor y le acuno la carita en sus manos. —Ellos te quieren muchísimo, solo trabajan para que tú tengas todo lo que necesitas.

—Pero si yo lo único que necesito es que ellos estén.

—Mi niña, a veces no podemos tener lo que deseamos… la vida suele ser así.

La niña inflo sus cachetes, haciendo su acostumbrado puchero. Su nana se rio por aquella actitud y siguieron caminando hacia su hogar… si es que a esa casa se le podía llamar así.

 

 

 

La única que siempre estuvo a su lado fue su nana, Ofelia… era la única a la que verdaderamente extrañaba. Tan solo si fuera una simple mortal hubiera muerto y descansado eternamente y tal vez se hubiera reencontrado con su querida nana.

Deseaba no sentir, no sentir nada en absoluto. Deseaba con todas sus fuerzas que todo esto fuese un mal sueño… viendo bien su casa y recordando el tormentoso pasado, no sabía que era peor… tener todos esos sentimientos ahogándola o ahogándose en su vida llena de pretensiones, donde el dinero maquilla lo monstruosos que pueden llegar a ser.

¿Fingir algo que no es solo por los demás? o ¿retar al mundo con la persona que realmente era?

¿Los demás o ella?

Todo se limitó a eso… ser egoísta o velar por los demás.

En el mismo momento que reflexiono sobre todo eso, llego a inundarla una fuerza incomprendida. Tenía que salir de este mundo, solo tenía que aguantar, eso sin duda iba a costar muy caro pero hoy más que nunca se dio cuenta que necesitaba cumplir su legado, su gran objetivo.

Pensó en todo lo que iba a hacer a lo largo del tiempo que habitaría la tierra.

De pronto alguien interrumpió sus pensamientos… Justin, el hermano pequeño de Evaristo, estaba corriendo con algo en el brazo. Él corría mirando que nadie lo siguiera y fue así que choco con Cloe.

—¿Estas bien? —le pregunto mientras le ayuda a pararse, y vio que lo que traía era un gorro que ella se había olvidado en casa de Evaristo, pero cuando fue por ella vio a Evaristo y Justin estaban peleando porque el pequeño se quería quedar con la gorra y fue así como él se la quedo.

—Qué bonita gorra.

Él abrazo la gorra con posesión. —Es mía.

—Claro que es tuya, y dime porque estas corriendo.

—Me la quieren quitar. —dijo con mucha tristeza y agarrando mas fuerte a su gorra.

—¿Y dime pequeño quien te la quiere quitar?

—Mi hermano.

Cloe miro por detrás de él y vio que nadie le estaba siguiendo.

—¿Quiere que te invite un helado?

—No debo hablar con extraños.

—Me llamo Cloe, ahora ya no soy una extraña.

—Soy Justin. Tengo que volver a mi casa, mi mamá y mi papá se preocuparan.

—¿Puedo acompañarte?

Él le extendió su manita y ella lo tomo gustosa.

—Te llamas igual a una amiga que tenía.

—¿Y qué paso con ella? —sabia la respuesta pero quería saber que tanto le extrañaba este pequeño, quería saber que por lo menos alguien notaba su falta.

—Está en el cielo… tal vez sea un ángel.

Ella no supo que más decir, ya que era irónico que pensara en eso.

 

 

 

 

Cuando llegaron a su casa del pequeño, con él cantando canciones infantiles y ella cantando con él. Ese pequeño le había hecho olvidar de sus problemas y pensó que los únicos ángeles son los niños; sin complicaciones y llenos de inocencia. Ver la sonrisa de un niño siempre contagiaba, y sobre todo Cloe valoro el cómo amaban los niños… ya que ellos aman sin preguntar el porqué.

Toco el timbre de la casa, una ya mayor señora abrió la puerta. Cloe no la recordaba tan envejecida.

—Gracias al cielo que volviste, ya estaba por buscarte.

—Ella es Cloe. —dijo el pequeño sonriente.

—Perdona que no te allá saludado antes, pero este pequeño se vuelve un dolor de cabeza en cuanto más crece.

—No se preocupe… solo quería ver que volviera bien.

La señora la miro bien y aunque se la pasaba en su casa sabía que la chica que estaba frente a ella era nueva.

—Seguro que recién llegaste a esta ciudad ¿verdad? Deja que te dé la bienvenida. —dijo tendiéndole la mano y luego la abrazo. La señora Saint siempre se distinguió por ser muy cariñosa y atenta.  Y también porque nunca juzgaba a las personas por cómo se bestia o cuales solían ser sus gustos. —¿Quieres quedarte a cenar?

—No quiero ser una molestia.

—Por favor quédate. —le rogo el pequeño, poniendo su mejor puchero. Así no había nadie que se resistiera.

—Está bien. —accedió en parte porque no sabía dónde iba a comer, y a la comida de la señora Saint era algo que no se podía rechazar.

Cuando entro vio que nada había cambiado, la sala tenía sus sofás floreados verdes y la pared estaba tapizada con una papelería de flores rosadas, el candelabro colgando encima del techo, la hermosa chimenea que casi no se usaba seguía adornada con fotos de sus dos hijos, y lo que más le gustaba era el cuadro grande encima de la chimenea de la familia entera. Recordó que Ann siempre solía decir que se tomarían una foto con ella y así la familia estaría completa. También se detuvo a ver las escaleras que dirigían al piso de arriba donde estaban todas las habitaciones, pero en particular recordó la de Evaristo. Pero todo el aire lleno de hogar que desprendía la casa la hiso sentir bien recibida, sintiéndose como cuando era mortal. Una realidad pintada de rosa, eso en parte fue lo que hiso que notara que lo que tenía con Evaristo… ¿fue amor?

Alguien estaba bajando las escaleras, secándose la cabeza con una toalla; Evaristo traía una camiseta celeste con un buzo negro, cuando volvió a ver a la chica misteriosa que se desmallo frente él y su novia se quedó mudo y por un momento se quería esconder en cualquier parte. Cloe por su lado lo saludo con un leve asentimiento con la cabeza.

El hermano pequeño de Evaristo le mostro la gorra negra con azul, sacudiéndola en son de victoria. Su hermano correspondió solo mirándolo mal y moviendo la cabeza negativamente.

—Veo que te sientes mejor. —dijo dirigiéndose a la morrena, apenas estuvo a su altura. Su hermano lo aprovecho para escabullirse a su cuarto y ocultar la gorra.

—Si no fue nada alarmante. Solo un desajuste alimenticio.

—Este pueblo es realmente pequeño… ¿cómo llegaste aquí?

—Bueno… tu hermano me hallo a mí y solo quería ver que llegara a salvo a su casa.

—Eres un ángel.

Cloe se puso tensa apenas escucho ello.

—Es una suerte que diera con él verdad. —dijo de pronto la madre de Evaristo, apareciendo en escena. —La cena ya está servida, ya pueden pasar al comedor.

—¿Te quedaras a cenar? —cuestiono el muchacho de ojos verdes.

—Por supuesto que se quedara a cenar, es nueva y hay que darle una bienvenida apropiada. —respondió Ann en vez de la morrena.

 

 

El pequeño bajo corriendo antes que lo llamaran y se sentó al lado de Cloe.

—Encontrare esa gorra tarde o temprano, renacuajo.

—Que sea tarde. —le respondió sacándole la lengua.

—No te puedes atar a solo recuerdos… déjala ir.

Él pequeño de seis años solo puso mala cara y se cruzó de brazos, eso indicaba que estaba realmente molesto.

—¿De quién es la gorra? —se atrevió a preguntar Cloe.

—Mía. —respondió Justin.

—¿Y porque te la quieren quitar?

—Era la gorra de mi ex-novia, y ella ya no está aquí. —respondió tranquilamente mientras se llevaba un pedazo de puré a su boca.

—¿Y qué tiene de malo que conserve la gorra?

—Que odio que se ate a al pasado.

—Pero no se ata, solo quiere conservar una gorra.

—Eso es precisamente lo mismo, se ata al recuerdo de una persona fallecida que ya no volverá.

—¿Y olvidarla ara más llevadero el dolor? Ese es tu punto.

—Yo no la olvidare, ella era mi amiga. —dijo de pronto Justin.

Evaristo solo suspiro pesadamente.

Antes que volvieran a discutir llegaron los padres de los hermanos Saint, con más comida.

—Quieres más puré Cloe. —le pregunto amable la señora Saint.

Evaristo al oír esa frase otra vez casi se atora con la comida, tomo algo de agua para que eso no ocurriera. —¿Te llamas Cloe?

—Sí. —se limitó a responder la morrena.

—Se me quito el hambre. Me voy a mi cuarto. —dijo y se levantó rápidamente.

—Aun no nos acostumbramos del todo a su partida. —se disculpó la Ann.

—¿Su ex novia?

—Sí, ella fue muy importante para nosotros y en parte nuestro hijo se siente culpable por su muerte. —le respondió el señor Saint.

—Sé que ella está bien. —dijo de pronto Justin, comiendo tranquilamente y rompiendo la extraña tensión.

La cena continuo preguntando a Cloe sobre el porqué vino a ese condado tan pequeño. Ella respondía amable las preguntas y se encariño aún más con Justin.

De pronto antes de terminar por completo la cena la señora Saint le ofreció algo muy particular.

—Sabes Cloe, he estado retomando mi trabajo que por años he dejado, y me preguntaba ¿si te gustaría ser la niñera de Justin?.

 

Eso la tomo realmente por sorpresa… convivir más a menudo con los Saintꞌs, bueno no era un problema convivir con Justin, el problema radicaba en convivir con Evaristo… su ex novio, con el que seguía confundida. En parte la propuesta que le daban ayudaba a que su venganza funcionara, estando en la casa de los Saint iba a ser mas fácil conquistarlo… tendría como sobrevivir con la paga.

—Estaría encantada. —dijo con una sonrisa, mientras Justin la abrazo de improviso.

Genial le daban todas las armas para empezar su venganza, una venganza que no se sabría cómo concluiría. Los pros y los contras luchaban mano a mano.

¿Pero la venganza sería la solución a sus problemas o los agrandaría?

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Capítulo 6

Cloe llevaba trabajando en la casa de los Saint durante toda una semana, el trabajo de niñera era satisfactorio hasta cierto punto. Cuidar a Justin era algo que ella le agradaba, tal vez solo con él se mostraba como era antes ya que a los demás los veía como las peores personas.

Casi no se había cruzado con Evaristo ya que él siempre tenía una cita con su novia, pero en parte ese era parte del plan, estar pasiva por el momento ayudaba. Además tenía planes con los chicos del contado que habían vuelto a conocer. Como el día de hoy que tenía una cita con Damián, para eso uso su vestido rojo que acaba de adquirir, también iba a funcionar para atrapar a Evaristo, al fin y al cabo era un hombre.

Aquel vestido la hacía todo una tentación. La hacía lucir inocentemente provocativa.

Cuando fue a su trabajo enfrascada en el vestido, noto como cada hombre que la veía se le caía la baba le dedican miradas indiscretas tratando de ver más allá del leve escote y de la falda, no era corta estaba justo arriba de las rodillas. Algunos jóvenes hasta se daban el privilegio de decirle algunas palabras. Claro que el vestido también llamo la atención de ciertas mujeres que la miraban con desaprobación y envida. Ya quisieran ellas ser tan bonitas como aquella chica nueva.

Tal vez debería ordenar bien sus prioridades, ya había tenido advertencias de los arcángeles y claro también las tubo del doctorcito, que hasta cierto punto la hacía enfadar, le recriminaba solo con la mirada cada que lo veía. Lo que ella no sabía es que el también tenía sus propios planes, que por supuesto la implicaban demasiado...

Llego a la casa de los Saint tocando el timbre. Apenas termino la melodía Justin abrió la puerta, y la recibió.

—Estas muy bonita —le dice inocente el niño.

Ella sonríe con gratitud y pasan juntos a la casa.

Evaristo esta en la sala viendo NCS Miami. Ella con prudencia lo mira y recuerda ya haberla visto y deliberadamente le cuenta el final.

—El que disparo fue el perro.

—Eso es ridículo, ¿cómo puede hacer eso un perro?

—El tipo que cuidaba al perro le enseño a morder el gatillo del arma para así poder deshacerse del aquel tipo y tener la herencia.

Él quiso replicar y se volviendo para enfrentarla, se sorprendió de sobre manera al verla en ese vestido y su pelo recogido decorado con una cinta haciendo caer unos mechones adelante encuadrando su cara. Se veía muy primaveral, él de pronto la comparo con una rosa, es más se atrevía a decir que la reencarnación de una… la hacía ver totalmente inocente a diferencia de como la veía siempre.

La mirada y la leve boca abierta no paso para nada desapercibido a los ojos de la morena, y le brindo una sonrisa algo tímida.

—C-como sea… creo que me voy a mi cuarto.

Ella frunció el ceño. O no tú no te me escapas —¿Hoy no saldrás con tu chica?

—Tenia cosas que hacer. —dijo encogiéndose de hombros pareciendo lo más casual posible.

El pequeño inquieto por no recibir atención empezó a jalar la falda de su niñera. —Quiero jugar…

—Ok, pequeño, ok… ¿qué tal un juego de mesa?

El niño sonrió mostrando sus dientes. —No… Quiero jugar a las escondidas. —pidió haciendo su puchero más adorable.

—Pero… no sé, ¿no quieres jugar otra cosa?

Puso su carita aún más adorable y haciendo brillar sus ojos con el riesgo de que algunas lágrimas se le escapen. Se rindió.

—¿Yo también puedo jugar? —dijo Evaristo sorprendiendo al niño y a la niñera.

Justin se puso contra la pared cerrando sus ojos y contando.

Evaristo tomo la muñeca de Cloe dirigiéndola escaleras arriba, ni ella se esperaba algo así pero le llevo a un recuerdo de su pasado donde él había hecho exactamente lo mismo, solo que en aquella ocasión la esperaba una cena en la habitación del chico.

Las alas le dieron un leve dolor y tuvo que detener su paso. Él la miro de cierta forma preocupado.

—Oye, ¿estás bien? —dijo tomando su cara entre sus manos y viéndola a los ojos con cierta preocupación. Este acto sorprendió a los dos, alejo sus manos con una leve caricia.

¿Qué tiene esta chica? Porque me recuerda a ella… es algo… ella es un imán que me atrae hacia un lado totalmente desconocido y conocido al mismo tiempo.

Evaristo ya se planteó aquel problema mil veces desde que la vio, pero no obtenía ni una sola respuesta. Muchas noches se sorprendió soñando con ella. Se veía a si mismo besándola y jurándole amor eterno, de pronto se convertía en su ex y se lanzaba por el mismo puede mientras el corría, trataba de ayudarla, pero siempre llegaba demasiado tarde.

—Tranquilo estoy bien… será mejor que nos escondamos rápido ya que Justin se está saltando algunos números. —recupero su sonrisa y esta vez ella lo tomo de la muñeca sin estar segura a donde escapar.

Escucharon a Justin llegando al noventa y él volvió a arrastrarla hacia el closet de limpieza. Un lugar pequeño donde apenas cabían ambos y estaban demasiada cerca sintiendo la respiración del otro… el cosquilleo volvió a ellos… el tiempo se detuvo y sintieron el pasado más presente que nunca.

Sus rostros se acercaron levemente, se concentraron en sus labios y cuando estaban suficientemente cerca para el beso que ambos de cierta forman habían ansiado… sus ojos se encuentran y de pronto los dos retroceden bruscamente, sobre todo a él, recordando a su novia… ella lo quería besar pero las alas de su espalda quemaban demasiado como para ignorar el dolor, se veía un poco de sudor recorrer su frente incluso con la leve iluminación de aquel foco que colgaba encima de ellos.

—Lo siento… yo no… —empezó a decir pero se detuvo al verla otra vez mal. —¿Estas bien? —volvió a preguntar, ganándose una mirada ponzoñosa de parte de su compañera de armario.

—No me gustan mucho los espacios cerrados. —dijo inventando su excusa de aquel comportamiento.

Como una señal, Justin abrió la puerta del armario y los encontró.

El dolor de su espalda fue disipándose poco a poco. Evaristo tenía la cabeza completamente enredada. La chica que tenía a su lado era todo un misterio… y una peligrosa tentación.

* * *

El día en su trabajo se hiso realmente pesado y ya no estaba de buen humor.

Escuchaba vagamente lo que el chico que tenía en frente le decía. Ella solo podía pensar en el plan tan desastrosamente se desmoronara… pero que esperaba la vida siempre es incierta y nadie puede cambiar ello, pero no era solo el problema del destino, el problema venia en que tuvo todo servido en bandeja de plata, aun después de las escondidas, solo que se fue frustrando con el dolor en sus alas. Los arcángeles no mentían con sus amenazas y Cloe lo había comprobado con esa leve amenaza… ciertamente no quería experimentar una verdadera lección por ellos.

Damián toco la mano de Cloe trayéndola de nuevo a la tierra.

—Debes estar cansada. ¿Quieres que nos vayamos?

Forzándose le dio una sonrisa y se excusó prometiendo una salida nueva después. Aquel chico era una buena persona, pero como todos tenía sus cosas malas, un secretito que Cloe conocía a la perfección.

Ella solo quería tumbarse tomar una ducha que le aliviara toda la tención de las malditas alas.

Cuando al fin estuvo frente a su cuarto siento un gran alivio y cuando abrió la puerta no pudo estar más sorprendida.

—Te estaba esperando…

Regresar al índiceDisclaimer: All publicly recognizable characters and settings are the property of their respective owners. The original characters and plot are the property of the author. No money is being made from this work. No copyright infringement is intended.Esta historia archivada en https://www.fanfic.es/viewstory.php?sid=38912Angel Caido by AngelesSexy

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